ESPIRITUALIDAD ECOLÓGICA. NUEVA RELACIÓN SINERGÉTICA CON LA TIERRA

Leonardo Boff

Éxodo 88 (marz.-abril’07)
– Autor: Leonardo Boff –
 
La marca registrada de la Iglesia de la liberación, y de su correspondiente reflexión, consiste en la opción preferencial por los pobres, contra la pobreza y en favor de la vida. En los últimos años empezó a percibirse que la misma lógica que explota a las personas, a otros países y a la naturaleza, explota también a la Tierra como un todo, a causa del consumo y de la acumulación a nivel planetario. De ahí la urgencia de incluir en la opción por los pobres al gran pobre que es la Tierra. Hoy lo más importante no es la opción por el desarrollo –ni aunque fuera sostenible–, ni por los ecosistemas en sí, sino por la Tierra. Ella es la condición previa para cualquier otra realidad. Hay que salvar la Tierra.

El informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) que involucró a 2500 científicos de 130 países, reveló dos datos aterradores. Primero, que el calentamiento planetario es irreversible y que ya estamos dentro de él; la Tierra está buscando un nuevo equilibrio. Segundo, que el calentamiento es un fenómeno natural, pero que se aceleró enormemente después de la revolución industrial debido a las actividades humanas, hasta el punto de que la Tierra ya no consigue autorregularse.

Según James Lovelock, en La venganza de Gaia (2007), anualmente se lanzan a la atmósfera cerca de 27 mil millones de toneladas de dióxido de carbono, que, condensadas, equivaldrían a una montaña de un kilómetro y medio de altura con una base de 19 kilómetros de extensión. Es la causa del efecto invernadero que, según el Grupo, puede elevar todavía la temperatura planetaria en este siglo entre 1,8 y 6,4 grados centígrados. Con las medidas que tal vez se lleguen a tomar, es posible que el aumento se quede en 3 grados, pero no menos de eso. Las consecuencias serán incontrolables: los océanos subirán de 18 a 59 cm., inundando ciudades costeras como Rio de Janeiro; habrá una devastación fantástica de la biodiversidad y millones de personas correrán peligro de desaparecer.

Jacques Chirac, presidente de Francia, a la vista de estos datos ha dicho con acierto: «Ha llegado la hora de una revolución en el verdadero sentido de la palabra: una revolución de las conciencias, de la economía y de la acción política». Efectivamente, como no podemos detener la marcha del calentamiento, podemos por lo menos desacelerarlo mediante dos estrategias básicas: adaptarnos a los cambios -quien no lo haga, correrá el peligro de morir-; disminuir las consecuencias letales, permitiendo la supervivencia para Gaia, para los organismos vivos, y, especialmente, para los humanos.

A las tres famosas erres (reducir, reutilizar y reciclar) hay que añadir una cuarta: rearborizar todo el planeta, ya que son las plantas quienes capturan el dióxido de carbono y reducen considerablemente el calentamiento global.

Esta cuarta erre es fundamental para la conservación de la Amazonia. Sus selvas húmedas son las grandes reguladoras del clima terrestre. El desafío es cómo combinar el desarrollo con el mantenimiento de la selva en pie. No podemos deforestar al nivel en que lo estábamos haciendo. Pero no somos ni de lejos los campeones de la deforestación, como recientemente ha revelado E.E. Moraes en su libro Cuando el Amazonas desembocaba en el Pacífico (2007): África mantiene sólo el 7,8% de su cobertura forestal, Asia el 5,6%, América Central el 9,7%, y Europa, que es la que más nos acusa, apenas el 0,3%. Brasil aún conserva el 69,4% de sus selvas primitivas y el 80% de la desempleo estructural, nunca hemos selva amazónica. Esto no disculpa tenido tanta riqueza, pero nunca la nuestros niveles de deforestación ni es hemos tenido tan pésimamente motivo de orgullo, es un desafío a distribuída, la sociedad se dualiza en nuestra responsabilidad mundial para el ricos cada vez más ricos y en pobres bien del clima en todo el Planeta.

VUELTA A LA CASA COMÚN: MARCO PARA UNA ESPIRITUALIDAD ECOLÓGICA

Los datos expuestos nos hacen ver que el momento de la civilización actual presenta distorsiones y anomalías graves que deben ser diagnosticadas y curadas con urgencia si queremos sobrevivir.

Hay quien habla de la crisis señalando en ella un doble aspecto: el estructural y el terminal. Estructural, porque afecta a la totalidad y terminal porque no parece que el sistema disponga ya de mecanismos internos para restañar sus contradicciones y superarlas.

La alarma, pues, la tenemos encima: está amenazado el patrimonio común de la vida, crece la pobreza, se degrada el ambiente, progresa el desempleo estructural, nunca hemos tenido tanta riqueza, pero nunca la hemos tenido tan pésimamente distribuida, la sociedad se dualiza en ricos cada vez más ricos y en pobres cada vez más pobres, podemos dañar gravemente la biosfera y destruir las condiciones de vida de los seres humanos. La Tierra es como un corazón. Gravemente lesionado, el resto de los organismos vitales se verán afectados, los climas, las aguas potables, la química de los suelos, los microorganismos, las sociedades humanas. La sustentabilidad del planeta, tejida por millones de años de trabajo cósmico, puede verse desbaratada.

RAZONES PARA UN CAMBIO DE MODELO DE ESPIRITUALIDAD

Afortunadamente, está surgiendo la conciencia de que nosotros no podemos seguir actuando con la mentalidad que hasta ahora hemos poseído. Nuestra visión cartesiana-newtoniana de la naturaleza nos ha hecho dualistas, en el sentido de contraponer el hombre a la tierra. Nosotros estaríamos sobre la tierra y contra la tierra, como seres extraños y hostiles, mirándola como un conjunto de recursos y materias primas que se pueden explotar indefinidamente.

En este sentido, se nos han venido abajo dos ilusiones, la de creer que la Tierra es inagotable y la de que nuestro pogreso hacia el futuro es ilimitado. Llevamos así 400 años y el modelo ha hecho quiebra. El objetivo que perseguíamos se ha vuelto contra nosotros: de dominadores hemos pasado a ser dominados.

Sencillamente, estamos descubriendo que, por delante, por encima y por más abajo de todos los hallazgos y laberintos tecnológicos, se halla nuestra casa perdida, nuestro común hogar olvidado: la Tierra, la Comunidad Humana y Cósmica. Ya no admitimos que la Tierra sea una simple reserva físico-química de materias primas. Es un organismo extremadamente complejo y dinámico. Es la gran Madre que nos nutre y transporta. El destino común exige un cambio de rumbo.

CAUSAS, DE TIPO RELIGIOSO, DE LA CRISIS

Pero, para acertar en este cambio, debemos preguntarnos cómo ha sido posible que hayamos llegado a esta situación de guerra entre el ser humano y la naturaleza. Ha habido unas causas. Y, si no damos con las causas, difícilmente podemos dar con el remedio.

Quiero fijarme principalmente en la incidencia que la religión cristiana ha ejercido en esta crisis.

En la tradición cristiana podemos descubrir dos orientaciones: una integradora y otra desintegradora.

La primera es la que, partiendo de que Dios es el Creador y el Bienhechor, no puede haber creado algo hostil a la vida y a los sistemas vitales. La revelación de Dios es positiva y benéfica, profundamente integradora del ser humano con la naturaleza.

La segunda es la que le atribuye una buena responsabilidad en todo este proceso de distorsión, al haber propiciado la secularización , la falta de veneración a la Tierra y el resurgir del proyecto de la tecnocracia.

Señalo algunos puntos de esta tradición cristiana de carácter antiecológico.

Patriarcalismo:El patriarcalismo se caracteriza porque ensalza los valores masculinos y hace que ocupen los principales espacios sociales, en tanto que las características femeninas quedan marginadas. Dios mismo es presentado como Padre y Señor absoluto. Se da aquí, indudablemente, un reduccionismo que afecta al equilibrio de los sexos y que condiciona una ruptura de la ecología religiosa con la social.

Monoteísmo: Existen razones más que suficientes para sustentar el monoteísmo, pero tal como se formuló psicológica y políticamente supuso una lucha incansable contra el politeísmo de cualquier signo, negando en él cualquier momento de verdad.

La radicalización del monoteísmo desacralizó el mundo, contraponiéndolo y distinguiéndolo de Dios, separó excesivamente al mundo de Dios, no supo discernir las energías divinas en el universo y especialmente en el ser humano.

Políticamente se lo invocó para justificar el autoritarismo y la centralización del poder: un solo Señor en el cielo, un solo Señor en la tierra, un solo jefe religioso, una sola cabeza ordenadora de la familia.

Esta visión destruyó el diálogo, la equidad y la comunidad universal que supone el ser todos hijos e hijas de Dios. Se afirmó que únicamente el ser humano ha asumido la representación de Dios en la creación, sólo él es prolongador del acto creador de Dios. Se relegó al olvido a la gran comunidad cósmica, portadora del Misterio y por ello reveladora de la Divinidad.

Antropocentrismo: El texto bíblico de “sed fecundos, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad sobre los peces del mar, las aves del cielo….” (Gn 1, 28) es una invitación a la demografía ilimitada y al dominio de la tierra ilimitado. Otros textos (Gn 9,7; 9,2; Sal 8,6-8…) expresan un claro sentido antiecológico.

Ideología tribal: Me refiero a la ideología que ha hecho que, tanto hebreos, cristianos como mulsumanes se considerasen pueblos elegidos de Dios, con lo que no supieron eludir el riesgo de la arrogancia y la lógica de la exclusión. De hecho así ha ocurrido en las guerras de unos contra otros, en el intento de querer imponer las propias convicciones a los demás en nombre de Dios, llegando a vivir en una fraternidad del terror contra toda diversidad del pensamiento (inquisición, fundamentalismos, guerras de religión).

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UN MORDISCO EN LA MANZANA

Pilar Yuste

Éxodo 88 (marz.-abril’07)
– Autor: Pilar Yuste –
Una aproximación a la espiritualidad del cuerpo
 
Espiritualidad del cuerpo. Parece contradictorio. No lo es. Lo parece por el peso de siglos de una teología y una piedad basada en la negación e incluso en el castigo corporal. Acaban siendo más significativos que la reflexión liberadora sobre el cuerpo, y por ello ésta resulta especialmente necesaria, aunque es triste dedicar tiempo en hablar de algo obvio.

Somos cuerpo, y sólo desde esta realidad podemos articular nuestra experiencia religiosa, nuestra liberación, nuestra felicidad. Sólo desde ahí nuestra identidad, la vida. En este artículo pretendo reflejar la trascendencia, nunca mejor dicho, de un tema que, afortunadamente está comenzando a ser muy bien abordado especialmente desde la teología feminista. Son muchos los interrogantes que suscita, muchos caminos que se abren como análisis y como itinerario espiritual. Toda realidad puede ser reinterpretada en clave corporal, pero esa nueva mirada no es neutra: -La perspectiva paradójica de una sociedad que comienza a reconciliarse con la corporeidad, pero que por un lado llega a rendir culto al cuerpo, y por otro lo cosifica y mercantiliza. Personas que se someten cada año a varias intervenciones quirúrgicas para transformarse a base de bisturí y silicona, turismo sexual, niñas que prefieren morir a engordar, etc. -La misma teología que durante siglos ha recelado de toda sensación y realidad corporal y especialmente sexual (y en ello sigue, haciendo una auténtica cruzada contra algo tan teológicamente secundario como el preservativo), es la que ha fundamentado un secular compromiso de una Iglesia que con amor ha acogido, limpiado, sanado, alimentado y liberado a tantas personas en sus necesidades, tal como aborda Benedicto XVI en la segunda parte de la encíclica Deus caritas est.

1. NEGAR

Nuestra tradición ha negado y pecaminizado todo lo relativo al cuerpo de un modo que ahora incluso provoca risa, pero que durante siglos (y aun en el fondo de lo que somos) sigue pesando como un lastre de plomo, que además de pesado es tóxico.

Sin duda también socialmente hacemos una terrible negación del cuerpo. Nuestro hedonismo, materialismo y consumismo tiene el precio no sólo del desastre ecológico actual, sino de millones de muertes y un terrible dolor. Sólo si analizamos los rentabilísimos cánones de belleza, usados como señuelo publicitario de cualquier producto, como industria del adelgazamiento, de alimentación, estética o cirugía, origen de patologías alimentarias mortales y una permanente fuente de infelicidad, comprobamos las consecuencias que esto tiene.

Necesitamos elaborar una buena teología para poder fundamentar una necesaria denuncia profética. Sólo con sabernos imagen viva de Dios (Gn 1,27), la autoestima, el respeto sagrado a cualquier persona y la felicidad podrían ser más fáciles. En vez de eso seguimos con la fábula inventada de una supuesta suculenta manzana roja con la que una lasciva Eva seducía sexualmente al inocente Adán. Y en esas estamos, con la manzana de marras rondando por el imaginario colectivo católico, victoriosa frente a cualquier exégesis: C. G. Jung 1, Fuente Yahoista.

Y obviamos el hecho de que el pecado de la desobediencia al comer el fruto prohibido (ni manzana ni sexual) es la consecuencia de la mayoría de edad, nuestra salida del Edén-guardería, el comienzo de una nueva etapa en la que seguimos a tiempo de reconciliarnos con ese Dios que nos ama. El Paraíso más que un origen es un destino por construir.

Sigamos hablando con honestidad. Es la sociedad la que nos ha regalado también en este aspecto un auténtico signo de tiempos. La normalización, la dignidad de lo corporal, la importancia del placer, la cultura del respeto a los derechos humanos (en su camino de ida y vuelta, que no podemos obviar que nacen en y por el sustrato judeocristiano de la dignidad humana). Socialmente la mayoría de edad se ha impuesto a los siglos de condena del cuerpo que siguen pensando en el contexto católico. Y es este aire fresco el que estamos incorporando en la teología posconciliar.

Pero no resulta fácil. Pesa una tradición de castigos corporales como forma de expiación y crecimiento espiritual. Todavía pesan la concepción de que los pecados graves son los relativos a la sexualidad pese al silencio evangélico sobre estas cuestiones y la radicalidad de la moral social cristiana. Pesa la negación del propio cuerpo como espacio de salvación y se identifica a alguien espiritual con quien no pisa tierra (fuga mundi como única ascesis). Pesa la visión de la actividad sexual como algo negativo si situamos la castidad y la tradición eclesiástica del celibato como las formas sublimes de consagración a Dios, y se hace de la renuncia afectiva, de ese sacrificio, algo sagrado, incluso con talante sacramental. Pesa una mariología que exalta a María como virgen y madre biológicas, y propone este único camino a toda mujer. Pesa una teología moral que pecaminiza toda relación que no esté dentro de un matrimonio heterosexual canónico e indisoluble y rechaza los métodos de planificación o profilaxis. Sería conveniente analizar los necesarios matices de cada cuestión citada, pero lo incuestionable es su influencia.

Una de las causas de esa situación es el dualismo Cuerpo/Alma. La negación del cuerpo era la forma de cultivar lo espiritual. Además de ello, se suele jerarquizar los dos polos del binomio y asignarles género, el cuerpo corresponderá a las mujeres y el alma a los varones. Lo mismo sucede con otro dualismo paralelo a éste y que tan brillantemente ha desarrollado C. AMORÓS, Naturaleza/Cultura, la naturaleza se feminiza y se subordina, sin saber si la naturaleza o el cuerpo se minusvaloran por asociarlas con las mujeres, o se feminizan porque se consideran inferiores.

PERO, ¿ES ESTA PERSPECTIVA CRISTIANA?

Sin exaltar la teología judía, ésta es sin duda más unitaria e integral que la platónica. Desde ella el 60% de los versículos del Evangelio tienen que ver con el cuerpo. Jesús camina, come (le critican por comilón y bebedor), sana cuerpos y lo hace con su propio cuerpo, con sus manos, con su saliva. No es de extrañar que la exaltación espiritualista de docetas o gnósticos fuera considerada herética, y se defina a Jesucristo como totalmente Dios y totalmente Hombre (Concilio de Calcedonia).

Los dos misterios centrales del cristianismo, Encarnación (la Palabra se hizo Carne –sarks– Juan 1,14) y Resurrección (en cuerpo y alma) van mucho más allá de tener relación con el cuerpo. Como nuestro sacramento central, la Eucaristía es signo de comunidad compartiendo Cuerpo y Sangre de Jesús.

¿Cuál es entonces el origen de una teología dualista? Además de la influencia de corrientes filosóficas y teológicas que incluso se vislumbran en el Nuevo Testamento y que tan brillantemente ha estudiado U. RANKE-HEINEMANN, será San Agustín el que incorporará a la teología cristiana el neoplatonismo de Plotino. El cuerpo como cárcel del alma, el cuerpo de las mujeres como objeto de pecado. Nuevamente la responsabilidad de la seducción de Eva ante la cual, y desde San Ireneo, nacerá un nuevo binomio Eva/María. Dos madres contrapuestas por su supuesto pecado/pureza sexual

2. AFIRMARSE

Juan XXIII reconoció en la Pacem in terris a los movimientos obrero y de mujeres como auténticos signos de los tiempos. Una de las mayores aportaciones del feminismo es sin duda la dignificación del cuerpo femenino y su entidad de sujeto moral y político. Libros como Nuestros cuerpos, nuestras vidas expresan la revolucionaria aportación epistemológica y sociológica que supuso desde los finales de los sesenta. La teología feminista ha recogido estas aportaciones en el terreno abonado de la antropología cristiana: el cuerpo de mujer además de espacio de salvación (M.T. PORCILE) es sujeto y libro de agente de liberación. Cuerpo resucitado, las mujeres de lugar privilegiado de gracia.

Y en el Pueblo de Dios se verifica un auténtico sensus fidelium. Más allá de lastres y tradiciones que siguen pesando, una imparable mayoría de edad hace que las decisiones morales sean cada vez más contrastadas en lo relativo a la corporeidad, la afectividad y la sexualidad. Un ejemplo que suelo poner es el de una España mayoritariamente católica que durante años ha sido el país de menor natalidad del mundo, algo que no debía suceder por la eficacia de los métodos Billins u Ogino, sino por mujeres que, tras escuchar las condenas a los métodos de planificación familiar, tomaban las decisiones que ellas consideraban moralmente adecuadas en su vida. Una mayoría de edad ejercida, a veces, con no pocos conflictos personales. Lo cierto es que los avances teológicos son más lentos de lo que quisiéramos pero más rápidos de lo que pensamos. El propio Magisterio comienza a hablar del eros de un modo impensable hace unos años:

En realidad, “eros” y “agapé” –amor ascendente y amor descendente nunca llegarán a separarse completamente. Cuanto más se encuentran ambos, aunque en diversa medida, la justa unidad en la única realidad del amor, tanto mejor se realiza la verdadera esencia del amor en general. Y se plantea una teología corporal y desde y para la Resurrección, incluso en el ámbito litúrgico. No en vano Ratzinger ha sido un eminente teólogo antes que Pontífice:

AI cuerpo se le pide mucho más que el traer y llevar utensilios, o cosas por el estilo. Se le exige un total compromiso en el día a día de la vida. Se le exige que se haga «capaz de resucitar», que se oriente hacia la resurrección, hacia el Reino de Dios, tarea que se resume en la fórmula: «hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo». Donde se IIeva a cabo la voluntad de Dios, allí está el cielo, la tierra se convierte en cielo. Adentrarse en la acción de Dios para cooperar con Él: esto es lo que se inicia con la liturgia, para después desarrollarlo más allá de ella. La Encarnación ha de conducirnos, siempre, a la resurrección, al señorío del amor, que es el Reino de Dios, pero pasando por la cruz (la transformación de nuestra voluntad en comunión de voluntad con Dios). El cuerpo tiene que ser entrenado», por así decirlo, de cara a la resurrección. Recordemos, a este propósito, que el término «ascesis», hoy pasado de moda, se traduce en inglés sencillamente como «training»: entrenamiento.

Hoy día nos entrenamos con empeño, perseverancia y mucho sacrificio para fines variados: ¿por qué, entonces, no entrenarse para Dios y para su Reino? Dice san Pablo: «Golpeo mi cuerpo y lo esclavizo» (1 Cor 9,27). Por cierto, fue precisamente san Pablo el que puso la disciplina de los deportistas como ejemplo para el entrenamiento de la propia vida. Este entrenamiento forma parte esencial de la vida cotidiana, pero debe encontrar su punto de apoyo en la liturgia, en su «orientación» hacia el Cristo resucitado. Digámoslo con otros términos: se trata de un ejercicio encaminado a acoger al otro en su alteridad, de un entrenamiento para el amor. Un entrenamiento para acoger al totalmente Otro, a Dios, y dejarse moldear y utilizar por Él.

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NOCHE Y ARTE EN ORACIÓN

Pedro Jesús Domínguez

Éxodo 88 (marz.-abril’07)
– Autor: Pedro Jesús Domínguez –
 
En la Noche de la Iglesia, el Arte y la Vida de todos se ofrece en Oración en espera que el sol de justicia, que nace de lo alto, nos visite y nos haga SER con todos “Una sola tierra y un solo corazón”.

La NAO: “¿Algo más que arte?,¿algo más que oración?,¿algo más que una noche?: Un estado permanente del alma que, desde lo desapercibido, busca ser de todos y para todos.” Un espacio de arte y oración. Vigilia de oración y arte. Talleres y foros sobre arte cristiano y evangelio. Mesa redonda sobre el profetismo de la unidad y del Reino que manifiesta la Palabra. Exposiciones de artistas, congregaciones, parroquias, comunidades, movimientos, ecumenismo. Teatro, danza, canción. Seglares, sacerdotes, vida religiosa y contemplativa. Todos juntos hacia el Todos Uno.

Un poco de historia: “Todo en la iglesia tiene sentido si todo en ella se convierte en testimonio y signo del Evangelio”. La NAO (barca, nave) es un resultado de la búsqueda, inquieta y serena, de Dios en todo. Comenzó sin pretensión alguna y surgió la primera sin programarse, como final de una Misión Parroquial en Madrid auspiciada por la archidiócesis y animada por la comunidad “Pueblo de Dios” en el año 1998. Lo que en principio se había previsto que fuese la actuación de un grupo de canto – Brotes de Olivo – se vio la necesidad de ampliarlo ante un millar de personas, animaron la oración más de cuarenta artistas y grupos. Se hizo a la mar buscando el Espíritu de Dios que siempre pulula sobre las aguas.

Entre todos, Dios ha hecho que la NAO se haya convertido en su corta pero intensa singladura (cumplimos en la próxima 10 años) en una pequeña «Nave de comunión y espiritualidad abierta, eclesial, universal y ecuménica».

Y las noches y arte en oración se prodigaron en distintos lugares, diócesis y en distintos años. En Zaragoza, Salamanca, Málaga, Sevilla, Cartagena-Murcia, Granada, Costa Rica, y en parroquias de distintas diócesis. Hoy son una pequeña referencia de Espiritualidad del Evangelio.

La nao se hace a la mar con la necesidad : a) de un encuentro largo de oración ante la Palabra de Dios; b) de una Iglesia Comunidad Servidora y Centinela que vele, ore y se encarne, ante tantos hermanos empobrecidos y sufrientes; c) de tomar juntos conciencia de que somos antes Cuerpo que miembro, Iglesia que parcela, antes de Cristo que de Pablo, Cefas o Apolo. El cristianismo no puede afrontar el porvenir, ni el siglo XXI con la realidad actual de las iglesias divididas, esto es una violación de la voluntad del mismo Jesucristo.

¿Dónde encontrar espacios de humanidad y comunión con todo el género humano?¿Qué espacios significativos hay en la Iglesia hoy donde se palpe y se favorezca la experiencia liberadora del Dios de Jesús? ¿Dónde están los espacios en la Iglesia donde el Pueblo de Dios y sus pastores, el seglar y el religioso, el matrimonio y la comunidad contemplativa, el arte y la teología, el adulto y el joven, el presbítero católico y el pastor de una iglesia hermana se encuentren y ofrezcan al mundo una casa común de acogida, justicia, unidad y fraternidad para rescatar la Palabra y la vida en todo y en todos? ¿Cómo hacer que nuestros lugares y carismas – familias, comunidades, movimientos, parroquias, diócesis, etc.- sean cada vez más universales, siembren humanidad, construyan cuerpos totales y no partes del mismo y que podamos decir, cuando nos pregunten ¿dónde está tu Dios?, ¡ven y lo verás!?

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OTRA ESPIRITUALIDAD ES POSIBLE

Varios Autores

Éxodo 88 (marz.-abril’07)
– Autor: Varios Autores –
 
HACER hoy día una reflexión seria y serena sobre la espiritualidad parece un empeño delicado y complejo. Delicado porque supone, para quienes están en posesión pacífica de una idea suficientemente clara en este tema, levantar una tormenta de incertidumbres y descalificaciones del agresor. Delicado también porque la misma palabra espitualidad, amén de las sospechas que levanta en ciertos sectores por su historia, se muestra insuficiente para abarcar toda la semántica que la nueva visión proyecta sobre esta dimensión del ser humano. No obstante, nos vemos forzados a seguir utilizando este vocablo hasta que otro nuevo llegue a ser capaz de sustituirlo.

Pero, además de delicado, se trata también de un intento ciertamente complejo. Raíz fontal de toda civilización y fundamento esencial de las culturas diversas, la espiritualidad casi siempre se ha presentado estrechamente vinculada a las religiones. Éstas le han prestado a la espiritualidad una visibilidad concreta de la que ella carece; le han dado, además, verticalidad y horizontalidad y han proyectado sobre ella diversas axiologías y hasta una teodicea. En contrapartida, la espiritualidad le ha prestado a las religiones arraigo y fundamento en el ser humano sin lo cual serían imposibles, y le ha proporcionado historicidad y la posibilidad de ir relativizando, con el cambio propio del ser humano, sus creencias más cerradas y paralizantes.

Durante muchos siglos se ha mantenido este matrimonio casi indisoluble que se ha mostrado socialmente eficaz, aunque no siempre humanamente ventajoso y justo. Con la llegada de la modernidad y el acelerado ritmo de la ciencia y los saberes actuales este matrimonio secular ha entrado en crisis. La nueva racionalidad ha ido bajando a la religión desde la cumbre de la aceptación social hasta sumirla en la perplejidad y la incertidumbre. Sólo para el 34% de los españoles, según el último eurobarómetro sobre la Realidad Social Europea, la religión es importante, lo que representa el porcentaje más bajo entre los 25 miembros de la UE, exceptuadas Dinamarca y Suecia . Por más que algunos diagnósticos quieran ver en la floración de expresiones religiosas, surgidas del pentecostalismo protestante y del carismatismo católico, un “retorno a lo sagrado”, los analistas más críticos descubren, más bien, un crecimiento constante del ateismo y de nihilismo, es decir, del abandono de la religión.

Pues bien, si la crisis de la religión es tan cierta como parece, será legítimo que nos preguntemos por la suerte que está corriendo su contraparte, la espiritualidad. Y por una serie de indicadores, como veremos, la situación en este campo se muestra más halagüeña.

Para aclararnos sobre estos temas de enorme importancia hemos añadido a la clave meramente especulativa o racional, en la que generalmente nos movemos, otra que, siendo muy real, le va muy bien a este tema: el sentir o la emoción, la experiencia. Por esta ruta, vamos a preguntarnos sobre el sentir al otro como experiencia de lo sagrado; sentir la tierra como casa común y madre de la vida; sentir el cuerpo como vía para recuperar el gozo, el placer y la ternura; sentir las religiones como maestras del camino a seguir hacia la Realidad. Ante la dificultad de hacer con nuestros medios un diagnóstico completo y acabado sobre un problema tan delicado y complejo como el que abordamos, sólo pretendemos apuntar modestamente hacia el foco u origen del desconcierto actual.

ESPIRITUALIDAD SIN EVASIÓN ACCIÓN DOBLEMENTE RADICAL

Ana María Schlüter Rodés

Éxodo 88 (marz.-abril’07)
– Autor: Ana María Schlüter Rodés –
 
En su momento fue muy importante descubrir, con ayuda de las ciencias, que en la raíz de los problemas sociales hay un problema estructural. Hay estructuras que reproducen constantemente situaciones de injusticia. Existe pecado convertido en estructura. Ahí no basta con zurcir el mantel cuando aparece un roto; es decir, es necesaria pero no suficiente la ayuda inmediata cuando hay hambre o pobreza de todo tipo. Cuando el entramado, no vale se ha de ir a la raíz y sustituirlo por otro nuevo, ha de trabajarse por un cambio estructural.

Pero ni siquiera esto basta. Muchos se han entregado con generosidad a la tarea, pero salieron quemados. A la hora de actuar, algo no respondía a la naturaleza humana, en el nivel antropológico se estaba pasando por alto y violando algo esencial, la dimensión espiritual del ser humano. Es necesaria además una segunda radicalidad, la de actuar desde las raíces del ser humano. De lo contrario se dan palos de ciego, uno se cansa mucho, se quema y su acción no lleva fruto duradero. Hace años, trabajando como secretaria en una Asociación de Vecinos de un barrio periférico de Madrid cuando surgían enfrentamientos en la junta directiva, se decía “nos estamos equivocando de enemigo” perdiendo fuerzas que estarían mejor empleadas de otra manera. Se hablaba de que alguien se “quería colgar medallas”. La acción basada en móviles egocéntricos se desvirtúa. Para que una acción sea verdaderamente eficaz es necesario que surja de un corazón liberado de ataduras interiores. Así se aprecia en Gandhi, en Oscar Romero y muchas otras personas que supieron entender y vivirlo así.

Se impone una doble fidelidad que consiste en responder desde el fondo del corazón, de el ser humano es libre de sí mismo, a la raíz de las interpelaciones que le llegan de su entorno, un entorno que hoy día adquiere dimensiones mundiales.

No se trata tampoco de irse al otro extremo, a una espiritualidad de evasión. Cerrarse a las interpretaciones, ni siquiera verlas o ignorarlas conscientemente, no es obrar desde el fondo del corazón sino desde el miedo o la comodidad. Se comprende que la situación crítica y vulnerable que se está viviendo en un mundo muy inestable y cambiante como el nuestro sea el origen de muchos miedos, sobre todo en una del parte de la Tierra que tiene mucho que perder; otros ya no tienen nada que perder.

El miedo también se explica por una situación peculiar que atraviesa actualmente la conciencia humana. Según J. Gebser nos encontramos en un momento de transición de la conciencia mental a otra conciencia, a veces llamada mística o espiritual o también integral, por englobar las anteriores conciencias mágica, mítica y mental. H.M.,Lassalle SJ escribe en su libro ¿A dónde va el hombre?: -“La vida espiritual que caracteriza al ser humano aún es muy débil. Falta mucho para que el hombre se convierta en el ser espiritual que está destinado a ser. Un largo camino nos queda por delante… por medio del cambio radical de conciencia”

En Occidente la urgencia se agrava por el hecho de que, aproximadamente desde el siglo XIV, la dimensión espiritual mística quedó cada vez más desde desplazada y marginada por las ciencias, hasta llegar al extremo de quedar en entredicho. El momento histórico actual, de un cambio de conciencia a nivel mundial, especialmente crítico en Occidente, va precedido, como en situaciones anteriores similares, por una etapa en que la conciencia que está en ocaso se manifiesta de forma desorbitada.

Esto trae consigo convulsiones sociales y ecológicas y produce una gran inseguridad. La tentación de agarrarse a lo conocido, a cosas, a ideologías, a fundamentalismos seudoreligiosos es grande y asoma por todas partes. Otra tentación es echar las tradiciones religiosas por la borda, por no encontrar en ellas el acceso al misterio. A veces en su lugar se acogen otras tradiciones religiosas, convirtiéndolas a su vez en ideologías, cuando podrían ayudar si se acogieran en profundidad.

Atrincherarse en ideas de una u otra forma no es el camino. El miedo es mal consejero. La solución no está en algo de fuera, ni siquiera en una religión si ésta se vive como mera creencia, sino en arraigar en lo que no cambia, que no es una cosa o una idea sino vida. Hay que descubrir el ser humano como templo del Espíritu y que el reino de los cielos está dentro, como dice el evangelio. Hay que saber que el tesoro familiar no entra por la puerta, como dice un maestro zen chino; el tesoro que el ser humano es de siempre, no entra ni por la puerta de los sentidos ni por la del entendimiento; está ya, y se descubre con una facultad que trasciende el entendimiento.

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ISLAM COMO EXPERIENCIA MÍSTICA DE LOS SUFÍES

Mehdi Flores

Éxodo 88 (marz.-abril’07)
– Autor: Mehdi Flores –
 
Nuestra comunidad de Junta Islámica nació en Granada hace ya treinta años, fruto del acuerdo de un grupo de jóvenes andaluces recién convertidos al islam y practicantes del sufismo, corriente de la espiritualidad islámica que mejor colmaba las expectativas de experiencia religiosa de aquel conjunto de amigos, muchos de los cuales provenían de la militancia política de izquierdas y de movimientos alternativos.

Hace una docena de años la comunidad compró unos terrenos en Almodóvar del Río, en la provincia de Córdoba, donde tiene su sede actual y desde donde viene desarrollando una intensa labor de producción de pensamiento islámico que se ha concretado en numerosas publicaciones, en especial la revista Verde Islam y el sitio de internet Webislam, que se ha convertido en uno de los referentes informativos islámicos a nivel internacional.

Junta Islámica es una comunidad de creyentes musulmanes abierta al diálogo interconfesional, a los encuentros ecuménicos y a la colaboración entre las distintas maneras de entender y vivir la fe en un Dios único, en la tradición del profeta Abraham, los profetas de Israel y del profeta Muhámmad, que para los musulmanes confirma y completa el ciclo de la revelación profética e integra el resto de las revelaciones pasadas.

Junta Islámica ha promovido la organización de varios congresos señalados, tales como el primer congreso de musulmanes hispanos que tuvo lugar en Sevilla, hasta congresos de feminismo islámico, así como cursos de cultura y religión islámica en la UNED, cursos de árabe en Marruecos y Libia, y distintos encuentros interreligiosos, juveniles y culturales.

Durante más de diez años, Junta Islámica lideró la Federación de Entidades Religiosas Islámicas (FEERI) y tomó parte activa en la elaboración del Acuerdo de Cooperación entre el Estado español y la Comisión Islámica de España, máximo órgano de representación musulmana en nuestro país, cuyo Secretario General fue Mansur Escudero, presidente a su vez de nuestra asociación.

Otro campo en el que nuestra comunidad destaca por su labor es en la certificación de productos halal, es decir, productos certificados como legales según los criterios de la ley islamica, tanto alimentarios como de otro índole, como por ejemplo, de carácter bancario. El Instituto Halal es una de las instituciones más prestigiosas en el mundo en este sector.

Nuestra espiritualidad, como se ve, no está reñida con una acción social comprometida con la realidad social en la que vivimos, sino al contrario, creemos que es parte fundamental de nuestro camino espiritual, una parte que vivimos como servicio a los hermanos y a la sociedad en general.

Con excepción de unas pocas familias que viven en Almodóvar del Río, la mayoría de los miembros de la comunidad viven en localidades diferentes conectados por una intranet propia que nos permite estar comunicados e informados al instante de todas las decisiones y noticias que afectan al grupo. Mediante un sistema de consulta o shura islámica se toman las decisiones de manera democrática y efectiva.

Nuestra fuente de espiritualidad es el Corán y la Sunna o modelo de vida del profeta Muhámmad tal como nos ha sido enseñada por maestros espirituales que se reclaman de la vía o camino sufí.

El sufismo es el corazón del Islam. La palabra sufismo proviene del adjetivo árabe sufí. ‘Ali ibn ‘Uzman al- Hujwiri (siglo XI) en su libro ‘Kashf al-Mahjub’ (El desvelamiento de lo velado’) el tratado más antiguo sobre el sufismo persa expone las distintas etimologías de la palabra sufí:

“Algunos afirman que el sufí es llamado de esta forma porque lleva un vestido de lana (suf), otros afirman que se le llama así porque es del primer rango (saff), otros dicen porque los sufíes dicen pertenecer a la Familia del Banco (Ahl al-Suffa) que se reunían alrededor de la mezquita del profeta. Otros afirman que el nombre deriva de safà, pureza”.

En los diccionarios árabes la palabra sufí aparece mencionada dentro de la raíz swf de donde proviene la palabra suf que significa ‘lana’.

Según una interpretación habitual, muchos sufíes se abstenían de ponerse vestidos finos y en su lugar vestían, como los pobres, ropas hechas de lana burda. Del profeta Muhámmad se sabe que vestía como los más pobres y que a veces vestía de lana basta. Fátima, la hija del profeta y esposa de Alí, también usaba vestidos de lana burda, en concreto uno compuesto de doce partes remendadas con fibra de palmera.

Los sufíes hablan de sí mismos con más frecuencia refiriéndose a «los pobres», al-fuqarà, plural de faqir, en persa darvish, lo que ha dado en Occidente «fakir» y «derviche ».

La pobreza en cuestión no es otra que la de las Bienaventuranzas: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque suyo es el reino de los cielos.» Pero el origen del término que usan los sufíes es un versículo del Corán: Dios es el Rico y vosotros los pobres (XLVII, 38).A diferencia de la Bienaventuranza, éste se refiere a la humanidad en general, expresando un hecho del que ninguna persona puede sustraerse.

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OTRA ESPIRITUALIDAD ES POSIBLE Y NECESARIA

Marià Corbí

Éxodo 88 (marz.-abril’07)
– Autor: Marià Corbí –
 
LA CUALIDAD ESPECÍFICA HUMANA

En las nuevas sociedades industriales las religiones resultan inviables para la mayoría de la población. El desinterés por la religión es casi completo en las generaciones más jóvenes. Para ellos la religión no es ni problema. Sin embargo, el interés por la espiritualidad no ha decaído con la decadencia de las religiones, sino que ha crecido notablemente.

Vamos a abordar este problema. El dato histórico y sociológico es que cuando aparecen en Occidente las sociedades industriales, empiezan a darse serias dificultades colectivas con las religiones. Antes las dificultades se habían dado entre religiones diferentes o entre las elites científicas y filosóficas y las religiones, pero no entre colectividades amplias y las religiones en general.

En el Occidente desarrollado, la mayoría de la población se ha alejado por completo de la religión. Nunca antes había ocurrido algo semejante.

Para comprender lo que está pasando con la religión, tendremos que volvernos a lo que son las características de nuestra condición de vivientes.

Las restantes especies animales tienen determinado genéticamente su estructura de necesidades, su mundo, lo que deben ser sus actuaciones en el medio, su relación con el entorno intraespecífica y extraespecífica, etc., con pequeños márgenes de aprendizaje.

La adaptación al medio de las restantes especies animales es lenta, puede durar millones de años. La vida inventó, en nuestra especie, un procedimiento rápido de adaptación al medio e incluso de modificación del medio. Determinó genéticamente nuestro organismo, nuestra condición sexuada, nuestra condición simbiótica y el habla. Dejó indeterminado, por el contrario, cómo tendríamos que actuar en el medio para sobrevivir, cómo organizar la sexualidad y la crianza, y cómo vivir y organizar la simbiosis; pero al mismo tiempo nos dotó de un instrumento para completar nuestra programación, insuficiente para resultar animales viables.

Con el habla completamos nuestra inacabada programación. Hablando nos autoprogramamos, según las condiciones del medio y según las formas de sobrevivir en él. Podríamos decir que gracias al invento biológico del habla, la especie humana puede adaptarse al medio, o modificarlo, tan rápido como convenga.

Esta es nuestra característica específica y nuestra ventaja.

Nos relacionamos con el medio, hablando entre nosotros. Gracias al habla podemos distinguir dos aspectos diferentes de nuestro acceso a la realidad, -un aspecto que está en relación a nuestras necesidades y que es el significado que las cosas tienen para nosotros, -y otro aspecto que no está en relación a nuestras necesidades, que es gratuito y absoluto, porque está ahí independientemente de nosotros y de la relación que pueda o no tener con nosotros. Como especie tenemos una doble experiencia de la realidad, una relativa y modelada según nuestro interés, y otra absoluta. Gracias a esta doble experiencia, podemos cambiar nuestro programa y nuestra interpretación y valoración de la realidad cuando convenga. Si tuviéramos una sola experiencia de lo real, estaríamos tan clavados a un modo de vida como el resto de los animales.

Por consiguiente, la doble experiencia de lo real es la característica esencial de nuestra especie.

A lo largo de la historia humana, ha habido varias maneras de vivir y representar esta doble dimensión de lo real; todas ellas dependientes de las diversas formas de complementar nuestra indeterminación genética, que siempre han estado en relación directa con los procedimientos que los humanos han usado para sobrevivir en el medio. Como los restantes animales, nuestras programaciones colectivas, que han sido maneras de interpretar y valorar la realidad, han tenido que ver directamente con nuestras maneras de sobrevivir en el medio.

Durante la larga etapa de la historia de la humanidad en la que se vivió en sociedades preindustriales, la socialización o programación colectiva se hizo mediante narraciones sagradas, mitos, símbolos y rituales que decían cómo habían determinado los antepasados y los dioses que había que interpretar la realidad, cómo había que valorarla, actuar, organizarse y vivir.

LA PRETENSIÓN PRIMARIA DE LAS NARRACIONES SAGRADAS, MITOS, SÍMBOLOS Y RITUALES DE LAS RELIGIONES

La pretensión primera de esas narraciones, mitos, símbolos y rituales no era describir la realidad, sino imprimir en la mente y en el sentir de las sociedades cómo había que ver la realidad, sentirla y actuar en ella en unas condiciones determinadas de vida, para sobrevivir con éxito. Desde esa lectura de lo real se vivía, concebía y cultivaba la dimensión absoluta de lo real.

Los mitos, símbolos y rituales eran sistemas de socialización y programación colectiva, propios de sociedades que vivieron durante milenios haciendo fundamentalmente lo mismo, y excluyendo el cambio. Puesto que eran sistemas de programación colectiva, debían tomarse como descripciones de la realidad, aunque no lo fueran, de lo contrario no podían cumplir con su función de programa colectivo indudable. Eso significa que imponían una epistemología que sostenía que lo que decían mitos, símbolos y rituales era como era la realidad, tanto en lo referente a la dimensión relativa de la realidad, como en lo referente a la dimensión absoluta.

Esta es la epistemología mítica. Desde esa epistemología mítica se volvían intocables los modos de vida, interpretación, valoración, acción y organización. Se sostenía que todo eso era revelado, que procedía de los antepasados sagrados y de los dioses.

Así la programación colectiva determinaba el modo de vida y, a la vez, bloqueaba el cambio.

LAS RELIGIONES Y LA ESPIRITUALIDAD RELIGIOSA

Las religiones fueron, pues, la peculiar manera de vivir y expresar la dimensión absoluta de la realidad en sociedades preindustriales, extáticas, que excluyen el cambio. En ellas había que someterse, con creencia inviolable, al programa colectivo que se imponía como voluntad y revelación divina. En virtud de la epistemología mítica, debía creerse que lo que decían los mitos, símbolos y rituales de la dimensión absoluta de la realidad, era una descripción fidedigna, y con garantía divina. El proyecto de vida, individual y colectivo, diseñado y construido por Dios mismo, era también un proyecto de vida sagrada y espiritual.

Si definimos espiritualidad como el cultivo y la vivencia de esa segunda dimensión de la realidad, la espiritualidad, en la época preindustrial, tuvo que vivirse desde la religión y, por tanto, tuvo que ir vehiculada, expresada y vivida a través de las creencias.

Cuando la industria se convirtió en el modo de vida de la colectividad, tuvo que apoyarse en las ciencias y las técnicas y, consiguientemente, se tuvo que sustituir la socialización y programación colectiva mítica, simbólica y ritual, por la programación ideológica.

Las ideologías interpretaban la realidad y creaban proyectos de vida sin apoyarse en narraciones sagradas y revelaciones divinas, sino apoyándose en teorías científicas y, sobre todo, filosóficas, que también pretendían describir la realidad. Las ideologías fueron arrinconando poco a poco a la religión, en la misma medida que se extendía la industrialización de la vida de los colectivos.

Durante la primera gran revolución industrial, que se fue implantando en Occidente a lo largo de más de siglo y medio, se vivió en una sociedad mixta. La mayoría de la sociedad, hasta los años 70 del pasado siglo, vivió todavía en sociedades preindustriales, con sus sistemas míticos, simbólicos y rituales de programación y, por tanto, con la religión tradicional. Una minoría, que fue creciendo paulatinamente, vivió de la industria y su sistema de cohesión y programación colectiva propio de la ideología.

Durante este tiempo, la espiritualidad continuó ligada a la religión y a las creencias.

La generalización de la industrialización que marginó por completo en Occidente los modos preindustriales de vida; más la aparición e implantación de la segunda gran revolución industrial, la sociedad de innovación continua, alteraron para siempre esta situación.

¿QUÉ ESTÁ OCURRIENDO EN LAS NUEVAS SOCIEDADES INDUSTRIALES? E

En las nuevas sociedades industriales se vive de la continua creación de ciencias, lo cual supone un continuo cambio de las interpretaciones de la realidad. La continua creación científica conduce a constantes creaciones tecnológicas; lo cual supone, a su vez, cambiar continuamente las formas de trabajar y, por tanto, de organizarse; todo esto empuja a la revisión continua de los sistemas de cohesión y valoración colectivos.

En las nuevas sociedades todo cambia continuamente, porque el éxito económico depende de la creatividad, la innovación y el cambio.

Estas nuevas sociedades tienen que excluir la epistemología mitológica y su prolongación en las ideologías, y tienen que estructurarse apoyándose ya no en revelaciones divinas o en descubrimientos de la naturaleza misma de las cosas desde las ciencias y las filosofías, sino apoyándose sólo en postulados axiológicos, que ellas mismas construyen, y en los proyectos colectivos diseñados a partir de esos postulados axiológicos.

En las nuevas sociedades los postulados axiológicos y los proyectos tenemos que construírnoslos nosotros mismos, a nuestro propio riesgo y contando sólo con nuestra propia calidad individual y colectiva. Los postulados y los proyectos tendrán que cambiar, cuando convenga, al ritmo que impongan nuestras innovaciones científicas y tecnológicas y las consecuencias que se deriven de ellas.

Resulta lógico y evidente que la manera de vivir la dimensión absoluta de la realidad y la espiritualidad, modeladas por las religiones y las creencias, entren en una crisis mortal, en unas condiciones culturales como éstas.

Las religiones y el modo tradicional de cultivo de la espiritualidad entran en crisis por cuatro razones principales:

1ª. Cuando los colectivos tienen que vivir del cambio continuo en todos los niveles de la vida, tienen que excluir la epistemología mítica y las creencias, porque fijan, porque bloquean y deslegitiman el cambio.

2ª. Este tipo de sociedad, a medida que se implanta y crece, crea una conciencia colectiva, explícita o implícita, de que nada nos viene de fuera, ni de Dios ni de la naturaleza misma de las cosas; que todo nos lo tenemos que hacer nosotros mismos a propio riesgo. Esta conciencia resulta incompatible con las religiones y las creencias.

Esta conciencia se difunde desde la vida cotidiana de cambios constantes, desde la globalización de las comunicaciones, desde los periódicos, la televisión, las películas, las comunicaciones por Internet, etc.

Esta mentalidad se difunde por todas partes, en los países desarrollados, en los que están en vías de desarrollo e incluso en los más atrasados

3ª. Todas las tradiciones religiosas conviven en nuestro mundo global, en nuestros países y en nuestras ciudades, con sus grandes textos al alcance de todos. Todas las tradiciones están unas junto a las otras, tanto por efecto de la mundialización de las comunicaciones, como por efecto de los grandes movimientos migratorios.

4ª. La globalización científica, tecnológica, económica, cultural, del ocio y de las comunicaciones quiebra las fronteras entre las culturas y las religiones y ponen frente a frente sus pretensiones absolutas.

La misma globalización hace patentes los riesgos que esas pretensiones absolutas comportan para la convivencia, para la economía, para la política, para la seguridad, para la paz. Las tradiciones religiosas, puestas unas al lado de las otras, se relativizan mutuamente y resbalan hacia las concepciones generales y preponderantes de que todo nos lo construimos nosotros mismos, también esas formas de vivir la dimensión absoluta de la realidad.

Estos procesos han sido muy rápidos, se han producido en menos de 30 años. Se puede decir con fundamento, que, por regla general, en el Occidente desarrollado, los que tienen menos de 45 años, en su gran mayoría, ya no quieren saber nada de la religión tradicional. Y es lógico, porque la religión es una forma de vivir la dimensión absoluta de la existencia y la espiritualidad propia de sociedades preindustriales, estáticas, patriarcales, jerárquicas y provincianas. Esas formas de vida han desaparecido o están en vías de extinción.

También las mujeres, que se han incorporado ya a la cultura y al trabajo, han abandonado la religión. Sólo las generaciones más ancianas continúan interesándose por la religión, y aún ellas también han iniciado el éxodo.

Estos cambios y transformaciones no suponen que vayamos claramente a mejor. Hemos sustituido una explotación, la propia de las sociedades de la primera industrialización, (sociedades de clases y coloniales), por otra explotación, la de las sociedades de conocimiento e innovación (creadoras de exclusión y marginación de grupos sociales y países enteros). También el medio está resultando gravemente dañado.

Las nuevas sociedades no han encontrado todavía formas económicas y políticas adecuadas a su poder científico, tecnológico, comunicativo y globalizador. Todavía estamos en manos de un capitalismo financiero sin entrañas.

Hemos sustituido una desigualdad e injusticia por otra. Pero las nuevas injusticias tendrán que combatirse con nuevas formas.

El hecho innegable es que, a causa de estos cambios, las religiones y la espiritualidad a través de creencias, han entrado en una crisis que tiene rasgos de muerte.

NECESIDAD DE UNA NUEVA ESPIRITUALIDAD

No obstante esta crisis, la dimensión absoluta de la realidad y la posibilidad de espiritualidad, continúan siendo una cualidad y condición específicamente humana, irrenunciable e inevitable, por nuestra condición de vivientes que hablan, que tienen que autoprogramarse y que, a causa de ello, tienen un doble acceso a lo real.

La nueva y urgente tarea es hacer posible el cultivo de esa dimensión de nuestra estructura humana, en las nuevas condiciones culturales. Estas nuevas condiciones culturales podríamos resumirlas así: vivimos en sociedades de innovación y cambio constante, cohesionadas y programadas mediante postulados axiológicos y proyectos colectivos construidos, desde esos postulados, por nosotros mismos. Por tanto, vivimos en sociedades sin creencias (aunque con muchos supuestos acríticos) y, por tanto, sin sacralidades, ni religiones. En resumen, vivimos en sociedades dinámicas, laicas, sin creencias, ni religiones, ni dioses.

Sin embargo, muchos hombres de estas sociedades están interesados en la espiritualidad. Y ese interés crece y crece.

Una nueva espiritualidad es posible; y más que eso, es necesaria. La nueva espiritualidad no podrá apoyarse en creencias, ni estará vehiculada o expresada por medio de creencias. No será religiosa, si por religión entendemos sistemas de creencias que son sistemas de interpretación, valoración, acción y organización revelados por Dios e intocables o entendemos proyectos de vida colectiva revelados e inalterables.

La nueva espiritualidad, si no se apoya en creencias, ni es religiosa, carecerá de sacralidades, será laica.

Sin embargo, precisamente porque no es ni religiosa ni creyente, podrá heredar toda la riqueza espiritual de todas las tradiciones religiosas de la humanidad. Esa herencia universal no tiene por qué conducir a una espiritualidad sincretista o a la carta. Hemos heredado toda la música de la historia, toda la poesía, toda la pintura, escultura y arquitectura; somos capaces de apreciar y gozar la belleza de todos los tiempos y todas las culturas, y aprendemos de todas ellas. Y eso no nos lleva a crear un arte que consista en tomar un rasgo de aquí y otro de allá, sino que, aprendiendo de todos, construimos nuestro propio arte. Algo así está ya ocurriendo con la espiritualidad.

Siempre se puede hacer un mal uso del legado de nuestros antepasados, pero si ocurre, no será por culpa de la globalización y universalización de todas las grandes tradiciones religiosas de la humanidad, sino por nuestra falta de calidad.

Haya riesgos o no los haya, esta es la situación en que nos encontramos y que no podremos hacer volver atrás, por más que nos empeñemos. Nos hemos tenido que alejar de una vida articulada sobre creencias, tanto religiosas como laicas; con ello, nos hemos alejado de las religiones tradicionales y sus sacralidades y hemos tenido que ir a parar a sociedades laicas.

Esta situación no es el fruto de la elección de nadie, es el fruto de la evolución de la cultura y la historia de Occidente. Llevamos muchos siglos caminando en esta dirección, con frenazos y aceleraciones. No podemos rehacer el camino hecho; no se puede volver a vivir la vida de nuestros antepasados.

Haber perdido la forma de vivir la espiritualidad propia de sociedades preindustriales, estáticas, que excluían el cambio, patriarcales, jerárquicas y provincianas, no significa que hayamos perdido la posibilidad de vivir la espiritualidad en una forma nueva y adecuada a nuestras nuevas condiciones culturales.

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CETR, UNA APROXIMACIÓN AL CULTIVO DE UNA ESPIRITUALIDAD LAICA

Marta Graners

Éxodo 88 (marz.-abril’07)
– Autor: Marta Graners –
 
CETR, Centro de Estudio de la Tradiciones Religiosas, es un centro laico que trabaja en el seno de la sociedad laica ; no parte de ninguna institución confesional ni pretende conducir a ninguna institución confesional u ortodoxia. Nació en Barcelona, en el año 1999, por iniciativa de un grupo de personas que llevaban más de 20 años estudiando textos de las diferentes tradiciones religiosas así como las repercusiones epistemológicas y valorales que acarrea la nueva sociedad de innovación y cambio continuo en la que estamos immersos.

En el trasfondo de la iniciativa se encuentra por un lado la preocupación por el hecho de que las tradiciones se hayan vuelto opacas para la mayoría de los ciudadanos de hoy, lo que les ha llevado a desinteresarse por ellas; y por otro lado el reconocer que en las tradiciones religiosas se encuentra una de las fuentes principales de cultivo de la calidad humana que la historia de la humanidad nos ha legado. ¿Por qué consideramos las tradiciones religiosas como fuente de calidad humana, a pesar de los grandes desastres de los que han sido responsables? Porque en ellas se muestra de manera explícita que la egocentración fruto de nuestra condición de seres necesitados, es el impedimento fundamental que los humanos precisamos erradicar para poder tener un acceso directo, desinteresado, lúcido a la realidad. En las tradiciones, en todas ellas, se nos habla de que si dejamos de lado la egocentración, bien sea por conocimiento de la verdadera naturaleza de la realidad, o por amor a los demás, o por amor a la divinidad, nuestra visión del mundo y de los otros cambia radicalmente. Las cosas se trasforman hasta el punto de poder ver en toda realidad una dimensión de sutilidad, presente, existente y masiva que es conocida y totalmente desconocida a la vez.

Nuestra sociedad vive de la innovación y el cambio continuo cuyo dinamismo afecta nuestra vida individual y colectiva. Un cambio continuo en ciencia y tecnología que repercute en flexibilidad de las formas de vida. Hoy sabemos que nos organizamos, a todos los niveles, mediante proyectos acordados entre nosotros y no por designios venidos de fuera. Los proyectos de las nuevas sociedades ya no proceden, como los de nuestros antepasados preindustriales de Dios, ni proceden, como los de los hombres de la primera industrialización, de la naturaleza misma de las cosas. Nosotros mismos somos los únicos responsables de nuestro destino y, con él, del destino de todo lo que vive en este planeta. Por ello las religiones entendidas como garantes de proyectos de vida proclamados como venidos de Dios, convertidas en fundamento de la moralidad y del comportamiento de individuos y grupos, como legitimadoras de sistemas sociales jerárquicos han dejado de tener sentido para gran parte de los conciudadanos de hoy.

Lo que ofrezcan las venerables tradiciones religiosas a las sociedades industriales desarrolladas tiene que ser compatible con las estructuras de sociedades que viven del movimiento continuado en todos sus niveles. Por consiguiente, las que hasta ahora hemos llamado religiones, o dan algo real, ya, aquí, ahora o dan creencias y preceptos. A nuestras sociedades no les interesan ni las creencias ni los preceptos, no porque sean decadentes sino porque no pueden ni someterse ni creer, debido a que se ven forzadas a vivir de la innovación continua, y la innovación continua es creación continua y cambio continuo. Al no poder interesarse por lo que se presenta como un cuadro de creencias se tira al niño junto con los pañales.

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SENTIR AL OTRO COMO EXPERIENCIA DE LO SAGRADO

Jorge Carvajal Posada

Éxodo 88 (marz.-abril’07)
– Autor: Jorge Carvajal Posada –
 
¿QUÉ ES LO SAGRADO?

Lo sagrado es aquello que toca la esencia que en ti vive, y evoca un sentimiento de pertenencia a algo que está más allá de tus propios límites. Lo sagrado es aquello que te lleva, más allá de las cambiantes olas superficiales, al océano insondable de tus propias profundidades.

Es sagrado aquello que te eleva del deseo a la aspiración y de la posesión al amor. Es sagrado ese sentimiento gozoso de comunión, que te hace sentir que el otro es el sendero que te conduce a Dios.

Sagrado es el fuego que inflama súbitamente tu corazón, cuando puedes sentir adentro la llama inmanente de un Dios interior. Es sagrado ese sentimiento de trascendencia, que nos lleva a participar con reverencia de la danza del Creador.

Sagrado es tanto el nacimiento, como la muerte, cuando aprendemos que son parte del agua abundante de esa Vida que nunca muere.

Sagrado es ese fuego consumidor, que libera del madero de la materia la claridad de la luz y el calor del amor. Sagrada es la mirada de los niños, que reflejan la inocencia del alma. Sagrado es el instante de la oración, que convierte al ser en chispa de una única llama. Sagrado es el tiempo eterno de los instantes vividos con devoción, que hacen de la vida un arte mayor.

Sagrado es aquél presente, único e irrepetible, en el que sólo el amor ha sido posible. Sagrada es la conciencia, cuando refleja, como agua en calma, la luz del alma.

Sagrado es lo profano, cuando es auténtico.

Sagrado es todo acto humano, cuando es de verdad humano. Sagrado es el hogar, cuando es aún hoguera. Hacemos sagrada la tierra cuando comprendemos que es un organismo vivo y que, nosotros todos, somos sus células.

Lo sagrado es como agua en el agua que no se inunda; es como fuego que el fuego no puede quemar. Como es sagrado ese amor que nunca juzga y ya no tiene nada que perdonar.

Así como en todo huracán existe un centro de paz, las tormentas de la vida se pueden experimentar desde ese centro sagrado del ser, donde reina esa paz profunda de la serenidad. De ella nace ese potencial sagrado de amar que nos lleva a darnos en todo dar.

Hay un derecho sagrado que es a la vez un sagrado deber. Es el deber derecho de Ser. No es el derecho a morir, no es aquél de nacer, no es ni siquiera el de vivir, pues todos esos derechos suponen el deber y el derecho sagrado de Ser.

¿DÓNDE SE CONCENTRA LO SAGRADO?

Lo sagrado se concentra en ti, cuando de veras vives, te vives, y dejas a toda vida vivir. Lo sagrado afluye a través de la luz reflexiva de la conciencia de si.

Lo más sagrado de la creación se concentra en la unión creativa de los opuestos, que revelan su unidad esencial en el sexo. Aunque lo reducimos a términos antropomorfos y pretendimos aprisionarlo en el cuerpo, el sexo nada tiene que ver con esa genitalización que ha corrompido el amor. Cuando el amor de verdad es el punto de encuentro, el sexo es una unión creativa que tiene el poder renovador de la vida.

El proceso de la fusión en el sol que lleva a la tierra luz y calor, todo el sendero de ascenso de la conciencia, desde el nivel de moléculas y células al de las sociedades complejas, hace parte del sagrado misterio del sexo.

Lo sagrado está también concentrado en la chispa de la pasión, cuando Eros puede ascender al calor de un fuego de amor genuino. Lo sagrado surge de cada lección aprendida, cuando el dolor revela el amor y da sentido a la vida.

Son sagradas las emociones cuando podemos canalizar su energía de Eros a Logos, para revelar en nosotros el ser que somos.

Lo sagrado se ha concentrado en la piedra preciosa que revela la belleza de la luz. Es sagrada la sabiduría que en la vida recrea la virtud como una forma sutil de esa luz.

Cuando el primer paso en cada jornada se da desde la vida, el espíritu de lo sagrado nos ilumina. La meta es sagrada cuando en ella también alcanzamos el alma.

Más que cada partida o llegada, lo que es sagrado de toda jornada, es el mismo sendero. Cuando nos convertimos en ese sendero, cada uno de nuestros pasos es huella del tiempo eterno, un espacio interior donde cabe el cosmos entero.

El aquí y el ahora son el espaciotiempo de aquello que es sagrado.

¿DE DÓNDE SE DERIVA LA ARTIFICIAL SEPARACIÓN DE LO PROFANO Y LO SAGRADO?

La separación de lo profano y lo sagrado viene de nosotros mismos, cuando separamos la materia del espíritu y desconocemos que cada partícula material es en esencia espiritual.

Del separatismo, que ha dado existencia a la sombra, no sabiendo que la sombra es ausencia de la luz.

De la dualidad, que nos ha dividido entre buenos y malos y se ha inventado el limbo para los tibios.

Esta desafortunada separación de lo profano y lo sagrado es el método del exclusivismo, que conduce al poder de los unos sobre los otros, a través de la explotación, el juicio, y el invento de un castigo eterno. Es el resultado de esa política que reparte el cuerpo de la tierra entre unos pocos; de esa extraña concepción del Karma en que se considera que el hambre y la injusticia, más que nuestra responsabilidad, son un asunto de predestinación.

Esa disociación proviene de la falsa separación de la ciencia y la conciencia. Y una ciencia sin conciencia es como una Física sin materia, o una biología sin vida.

Nada más sagrado que lo profano, cuando reconocemos la corriente de la conciencia como un río continuo de vida que ha partido del mismo átomo. Nada más conmovedor que el encuentro del físico y el místico en las profundidades del mundo subatómico, donde ambos parecen percibir ese pulso de la vida. Cuando podemos ver conmovidos las imágenes de una explosión de supernova, asistimos, desde el mundo profano de la ciencia, al ritual sagrado de la muerte de la estrella que genera las semillas de la nueva vida. Nada más sagrado que el ritual cotidiano de nacimientos y de muertes que a cada instante generan el arte insondable de la vida permanente.

La noche y la oscuridad serían profanas si no advirtiéramos la luz de miles de galaxias; las miradas serían todas profanas si no reconociéramos en toda mirada la luz del alma. La vida sería profana si no tuviera sentido, y todos los sentidos perderían su sentido si no estuvieran dirigidos por el sentido de la mente, que los conecta al inconsciente colectivo.

Todo lo que hemos dado en llamar profano, está unido al cosmos sagrado de los significados, porque todo cuanto percibimos es apenas el símbolo exterior de un orden implícito.

En la profundidad de los significados, todo aquello que una vez llamamos profano es sagrado.

JESÚS DE NAZARETH SUPERÓ ESA DICOTOMÍA

La vida es una corriente que da sentido a las orillas, es un estado de cambio permanente en el que se resuelven todas las dicotomías.

La vida de Jesús simbolizó en su humanidad la esencia divina, enseñándonos que el sendero espiritual no puede ser para nosotros otro que el de ser humanos. ¿ Y, si en lugar de ser mejores o perfectos, simplemente fuéramos humanos ? ¿Y si fuéramos sensibles al amor y así, en vez de la sensiblería de víctimas y verdugos, desarrolláramos la responsabilidad que conduce a la humanización de la vida?

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POR QUÉ SOY CRISTIANO

José Antonio Marina

Éxodo 88 (marz.-abril’07)
– Autor: José Antonio Marina –
José Antonio Marina
 
Cuando escribo estas líneas está en plena efervescencia el conflicto planteado por la decisión del arzobispado de Madrid de cerrar la emblemática parroquia de San Carlos Borromeo. ¿Cómo se ha podido llegar a “esto” en la Iglesia? Por supuesto que “esto” tiene un contenido muy distinto según el ángulo desde el que se mire. Desde la óptica conservadora, “esto” es el hecho inaudito de que unos ministros de la Iglesia se salten a la torera las normas litúrgicas y desobedezcan abiertamente a su sagrado pastor. Desde el campo progresista, “esto” es el escándalo de que los pretendidos sucesores de los apóstoles pongan el ritual por encima del Evangelio. Precisamente para comprender cómo se ha podido llegar a “esto”, el libro de José Antonio Marina que reseñamos nos presta una ayuda muy valiosa.

Antes de dar razón de su opción religiosa, por qué soy cristiano, lo que hace Marina es tratar de comprender ese cristianismo que arranca de una figura perturbadora e intensa, un judío enigmático que no pasó de reunir un puñado de discípulos en los aproximados tres años que duró su predicación, que no salió de un apartado rincón del Imperio Romano, que no dejó ni una palabra escrita y que acabó de una manera desastrosa, pero que supuso la conmoción seguramente más fuerte experimentada por la humanidad en todo su devenir.

Afirma Marina que «El cristianismo, como todas las creaciones culturales, no tiene esencia, sino historia, y no es posible comprenderlo sin conocer su genealogía ». En el estudio de esa genealogía nos introduce con una mirada sencilla y profunda. La genealogía arranca de unos pescadores y campesinos galileos abrumados y desconcertados por el final dramático de su maestro, pero que a continuación irrumpen en el mundo proclamando con absoluta firmeza que Jesús está vivo y en él está la salvación.

Los recuerdos del maestro, la huella que dejó en sus vidas, la profunda, indecible experiencia que les llevó a la fe en la resurrección, la fuerza del Espíritu que les empuja, todo eso quieren transmitirlo a los hombres de su mundo, anunciarles la buena noticia de Jesús, y lo hacen como pueden, con los recursos narrativos propios de su cultura. «Unos Hombres trastornados por una experiencia que no acaban de comprender, pero que les relaciona de nuevo con Jesús, tienen que explicarla a los demás. Y lo hacen, inevitablemente, acudiendo a los modelos, a las ideas vigentes en su mundo cultural, e intentando acomodarse a las creencias aceptadas por las sociedades en las que quieren penetrar». Sus continuadores recogen el testigo, se esparcen por el mundo y se enfrentan a otras culturas. En este agitado ambiente va tomando cuerpo «el cristianismo». Para Marina «Los dos primeros siglos de nuestra era fueron un intenso y decisivo periodo en la historia de la humanidad».

Pronto empiezan los relatos más pintorescos y las interpretaciones más diversas del mensaje de Jesús. Los evangelios apócrifos son una buena muestra. Una de las desviaciones más fuertes con que tiene que lidiar la naciente Iglesia es el gnosticismo. Marina señala que, en su oposición a las corrientes gnósticas, la misma Iglesia cayó en una cierta deriva gnóstica. Se procuró ante todo asegurar la “verdad” en vez de practicar el “bien”.

El libro, en una página interior, lleva como subtítulo: teoría de la doble verdad. Expone la distinción entre verdades privadas, derivadas de una experiencia personal, que pueden tener una importancia decisiva en la vida de cada uno, pero no pueden reivindicar el estatus de verdades universales que deben ser aceptadas por todos. Esta distinción tiene una gran importancia en la reflexión sobre el papel de la verdad en las religiones. La Iglesia no tuvo en cuenta que «Jesús “reveló la verdad”, pero esa verdad no era gnóstica, sino práctica, no llamaba a la contemplación sino a la acción». La consecuencia es un giro en la orientación del mensaje de Jesús, de la “ortopraxia” se pasa la “ortodoxia”, defensa de verdades absolutas. Y cuando la ortodoxia se une al poder el resultado es muy triste.

Sólo en las últimas páginas da cuenta de la cuestión planteada en el título: Por qué soy cristiano. Su respuesta se mueve en el terreno de esas verdades privadas que no se pueden demostrar, ni menos imponer a nadie, pero pueden ser las más decisivas en la vida de una persona. Es una respuesta breve, pero optimista y luminosa. Es la admiración ante la capacidad humana para la creatividad y la bondad lo que abre al más allá. Y el cristianismo expresa la culminación de esa calidad humana.