Filosofías de algunas prácticas solidarias

Varios Autores

En esta sección, y como acompañamiento a las prácticas solidarias que ya se están llevando a cabo por muchas instituciones, tanto de ámbito local como estatal, de carácter privado o público, hemos querido pulsar la filosofía que subyace a dichas prácticas.

Por falta material de espacio hemos tenido que limitar nuestra encuesta a solo tres instituciones que pueden representar, salvando las peculiaridades de cada una, a otras muchas implicadas en una terea similar. Son estas tres: Banco de Alimentos 15 M de Tetuán (Madrid), Red de solidaridad Popular y Cruz Roja.

A todas ellas les hemos hecho el mismo cuestionario que figura a continuación.

CUESTIONARIO

  1. Derecho a la alimentación. El derecho a la alimentación, un derecho avalado por tratados internacionales firmados por el actual gobierno. Un derecho humano que se garantiza mediante los servicios sociales públicos, entendiendo que facilitar el acceso a los alimentos forma parte también de dichos servicios.

¿Desde su organización, qué medidas crees que se deben tomar para responsabilizar a las instituciones de su obligación de hacer efectivo tal derecho? ¿Consideras que se deben promover presupuestos municipales y/o autonómicos específicos para atender a la población que necesita alimentos?

  1. Modalidades de reparto. En Madrid, junto a los comedores que sirven comida preparada, el sistema de mayor cobertura es la distribución familiar y periódica de un paquete de alimentos. Pero existen otras modalidades.

[Read more…]

I Conferencia contra el hambre en Madrid

Evaristo Villar, Carlos Pereda, Nuria Rosado y otros

 

Presentación. Evaristo Villar

La I Conferencia contra el Hambre, promovida por las organizaciones que apoyan la Carta contra el Hambre, tuvo lugar en la sala madrileña de la Comisión Europea el 10 de abril de 2015.

Tres fueron los objetivos que se perseguían: en primer lugar, tomar conciencia del drama que está suponiendo en muchas familias la presencia de la plaga del hambre en la capital y en la Comunidad de Madrid; en segundo lugar, defender el derecho que acompaña a todo ser humano –por el mero hecho de haber nacido– a la alimentación como algo irrenunciable y fundamento de todos los demás derechos; y, finalmente, reclamar la complicidad de la opinión pública para exigir al Ayuntamiento y a la Comunidad el compromiso político de dedicar una partida específica, en sus presupuestos generales, para erradicar el hambre de nuestro espacio social.

Durante la Conferencia se presentaron tres ponencias con el fin de establecer el marco teórico del problema. La primera, a cargo del sociólogo Carlos Pereda, versó sobre “El alcance de la pobreza severa en Madrid”; la segunda, de la sanitaria Nuria Rosado, se centró en “Las necesidades alimentarias y la salud”; y la tercera, a cargo de Evaristo Villar, hizo una presentación detallada del contenido, propuestas y perspectivas de la Carta contra el Hambre. Presentamos a continuación las dos primeras ponencias, habida cuenta de que la tercera ya está asumida en la Carta contra el Hambre.

La Conferencia contó además con dos importantes Mesas Redondas, ambas centradas en el “Análisis, posibles soluciones y propuestas” para erradicar el hambre en nuestra ciudad y su entorno. En la primera mesa, constituida por instituciones de ámbito estatal, participaron el Banco de Alimentos, Caritas, Cruz Roja y Mensajeros de la Paz. En la segunda, organizada en torno a iniciativas más locales, intervinieron Despensas Solidarias, Bancos Populares de Alimentos y la parroquia de San Carlos Borromeo. Algunas de estas instituciones han expresado por escrito su orientación y propuestas respondiendo al cuestionario que le hemos hecho, desde Éxodo, en la siguiente sección “En la brecha”.

I. El alcance de la pobreza severa en Madrid. Carlos pereda

Buenas tardes. Una de las necesidades más apremiantes de los seres humanos es la alimentación, sin la que no podemos sobrevivir. Por eso, el derecho a la alimentación, la disponibilidad de alimentos en cantidad y calidad suficientes, aparece como un derecho fundamental que España, como país, se ha comprometido a garantizar en el marco de Naciones Unidas. Para hacer efectivo este derecho, el primer problema con el que nos encontramos es que no sabemos cuántas personas están malnutridas porque las encuestas de España y de la comunidad de Madrid no registran esta información con suficiente precisión y, como dice el refrán, “ojos que no ven… corazón que no siente”. Sin embargo, hay claros indicios de que el hambre afecta a un sector relativamente amplio de población, que se ha incrementado de manera notable en los recientes años de crisis.

Un indicio directo son las personas que reciben alimentos en las instituciones y bancos de alimentos, más de 100.000 en Madrid, según los datos recabados por la Red de Investigación y Observatorio de la Solidaridad, a partir de informes del Banco de Alimentos, Cáritas y Cruz Roja. Una cifra que, aun siendo elevada, probablemente se queda corta si tenemos en cuenta un indicador indirecto en el que me voy a centrar: la escasez de recursos económicos de muchos hogares a causa del paro, el empleo precario y los recortes sociales. Evidentemente, la falta de alimentos tiene que afectar sobre todo a aquellas familias cuyos ingresos económicos son tan bajos que no pueden hacer frente a sus necesidades básicas, no sólo de alimentación sino también de vivienda, vestido, transporte, electricidad, agua y cualquier otra cosa que se tenga que comprar con dinero. Los datos que voy a resumir a continuación pretenden aproximarnos a esa población abocada a vivir en una situación agobiante de falta de ingresos.

En primer lugar, el paro:

  • Según la Encuesta de Población Activa, uno de cada diez hogares de Madrid emplea menos del 20% de su fuerza de trabajo, en la mayoría de los casos porque todas sus personas activas están en paro. Es lo que Eurostat, la oficina de estadística de la Unión Europea, llama “hogares con baja intensidad laboral”, un indicador que sitúa a España a la cola de los 28 países europeos, solo por delante de Grecia e Irlanda. ¿Cuántos hogares de Madrid se ven afectados por esta situación de paro masivo?: 232.000 en el cuarto trimestre de 2014, donde viven casi 600.000 personas. Desde 2009, estos hogares se han incrementado un 82%.
  • Podríamos pensar que, después de todo, las personas en paro están cubiertas por la prestación de desempleo. Pues no, la mayoría no tiene esa cobertura: si cruzamos los datos de la EPA con los de la Seguridad Social, el 59% de las personas en paro de Madrid, 360.000 en números absolutos, no recibe ninguna prestación, ni contributiva ni asistencial. Son sujetos en búsqueda y disposición para trabajar, pero que no tienen oficio ni beneficio y se ven obligados a malvivir de sus exiguos ahorros, del apoyo de los parientes y amigos, de las ayudas privadas de ONGs, de la mendicidad, de la rebusca en la basura o de cualquier otra fórmula que les permita mantenerse en pie. Ese colectivo se ha incrementado un 42% desde 2009.
  • Como saben todos ustedes, el grupo social más afectado por el paro es la juventud: desde el cuarto trimestre de 2011 en que se inició la presente legislatura hasta el cuarto trimestre de 2014, la comunidad de Madrid ha destruido 156.000 empleos de quienes tienen entre 16 y 34 años. ¿Alguien se puede extrañar de que nuestra juventud, dicen que la mejor formada de la historia, tenga que emigrar a Alemania, Reino Unido o Francia? De paso, además, se reduce la cifra de paro en nuestro país, que eso vende mucho en campaña electoral.
  • En segundo lugar, están los salarios bajos o la llamada pobreza laboral:
  • A partir de la última Estadística de salarios de la Agencia Tributaria, sabemos que la cuarta parte de las personas empleadas en la comunidad de Madrid percibe retribuciones, en cómputo anual, por debajo del Salario Mínimo Interprofesional y que el 15% cobra menos de la mitad del Salario Mínimo, o sea, por debajo de 322 euros/mes.
  • Interesa especialmente este último grupo de asalariados muy precarios, ¡ya me dirán qué vida se puede construir y qué nivel alimentario pueden tener los hogares con ingresos salariales por debajo de 322 euros/mes! Una situación que afecta a 396.000 trabajadoras y trabajadores de Madrid que seguramente alternan períodos de paro con empleos de temporada, a veces de cortísima duración y poco retribuidos. El peso de este colectivo en la población asalariada madrileña ha crecido un 15% en los últimos cuatro años y es quizás el que permite a algunos políticos alimentar la ilusión de que estamos saliendo de la crisis.
  • En tercer lugar, las pensiones que perciben 1,2 millones de personas mayores en nuestra comunidad y representan un ingreso importante para muchos hogares:
  • Pero también en este caso la cuarta parte de esas pensiones se sitúa por debajo de la Pensión Mínima de Jubilación fijada por el gobierno y el 12% cobra menos de la mitad de la Pensión Mínima, o sea, por debajo de 345 euros/mes.
  • Este último tramo de 144.000 pensiones muy muy bajas, en aquellos casos en que no disponen de otros ingresos en el hogar, se tiene que encontrar muy probablemente en situación de déficit alimentario.
  • Por último, la Renta Mínima de Inserción de la Comunidad de Madrid:
  • Esta renta se considera un derecho de última instancia para personas en situación de extrema necesidad, un objetivo que parece muy razonable. Sin embargo, aparte su baja cuantía (393 euros mensuales por hogar en 2013), sólo llega a la sexta parte del colectivo que pretende proteger, como veremos más adelante.
  • La mayoría de las solicitudes de RMI son rechazadas en la fase de tramitación, que además es lentísima, por lo que muchas familias en situación de extrema necesidad (también alimentaria) se desesperan en el proceso y lo viven habitualmente, no como un derecho, sino como una carrera de obstáculos.
  • Todas estas situaciones apuntan a la existencia de hogares con muy bajos ingresos, es decir, hogares pobres, de los que nos informa con precisión la Encuesta de Condiciones de Vida, del Instituto Nacional de Estadística. Los indicadores más importantes para la comunidad de Madrid son los siguientes:
  • El 13,4% de los hogares se encuentra en riesgo de pobreza y el 4,7% en situación de pobreza severa. Este último grupo es el que más nos interesa, ya que recoge a aquellas familias cuyos ingresos medios se sitúan por debajo del 30% de la mediana de ingresos, es decir, por debajo de 339 euros/mes por unidad de consumo en 2013. Se trata de 117.000 hogares (300.000 personas), que han aumentado un 62% entre 2009 y 2013, y que perciben unos ingresos bajísimos con los que es imposible vivir y comer en condiciones dignas. Atención, gran parte de estos hogares muy pobres ya no responden a la imagen tradicional de los pobres de solemnidad, sino a familias muy normales que se han visto afectadas por situaciones de desempleo de larga duración y han dejado de percibir la prestación de desempleo u otras ayudas públicas; entre los grupos especialmente afectados están la inmigración no comunitaria y las familias monoparentales, en su mayoría madres solteras, separadas o viudas con hijos pequeños).
  • Otros datos de interés de la Encuesta de Condiciones de Vida son que el 37% de los hogares de Madrid, más de un tercio, llega con dificultades a fin de mes, y el 38% no tiene capacidad para acometer gastos imprevistos. Casi una de cada cinco familias reconoce que llega a fin de mes “con mucha dificultad”, lo que en alguna medida también tiene que incidir en su dieta alimentaria.
  • El 9% no puede mantener la vivienda con la temperatura adecuada en los meses fríos, es decir, padece pobreza energética.
  • El 8% no puede pagar las cuotas o gastos fijos asociados a su vivienda, situación que está en el origen de los desahucios y afecta a casi 200.000 hogares de nuestra comunidad.
  • Y el dato más relacionado con la alimentación: un 3% –185.000 personas– no puede permitirse una comida de carne o pescado al menos cada dos días. Esta tasa se ha incrementado un 67% desde 2009.

Se podría pensar que todas estas situaciones de pobreza y carencias materiales son inevitables pero no es así. El problema es el reparto. Y aquí, para terminar, me van a permitir hacer un poco de ciencia-ficción para llamar a así a algo que los poderes establecidos consideran iluso, utópico o ingenuo pero que, en mi opinión y así lo propongo a ustedes, debería ser el principal objetivo de la política: conseguir una distribución equitativa de la riqueza que nuestra sociedad es capaz de producir.

Según la Contabilidad Regional de España, la comunidad de Madrid es la que tiene más renta por persona, exactamente 31.000 euros “per cápita” en 2014 según datos publicados hace menos de un mes. Teniendo en cuenta que el tamaño medio del hogar es de 2,6 miembros, si esa renta producida en nuestra comunidad se distribuyera a partes iguales entre todas las familias supondría unos ingresos de 81.000 euros/año, o 6.750 euros/mes. Evidentemente de ahí podríamos detraer los impuestos necesarios para las políticas sociales que benefician a todos y todavía nos quedarían unos recursos sobrados para vivir con dignidad. Pero esto no cuadra con la partida de beneficios de las empresas que en el mismo ejercicio de 2014 han acaparado el 40% de la renta producida en la comunidad (77.300 millones de euros); ni cuadra tampoco con el sistema fiscal regresivo existente en España, ni con las últimas reformas laborales, ni con los recortes de las políticas sociales para pagar la deuda, etc., etc., etc. Excusas no les faltan para justificar la desigualdad, la pobreza y, en última instancia aunque se trate de ocultar, el hambre de los sectores más frágiles y excluidos.

Un segundo dato muy positivo de Madrid es que registra el salario medio más elevado de todas las comunidades autónomas, exactamente 24.571 euros/año, o 2.050 euros/mes. ¿Imaginan lo que pasaría si este promedio se aplicara efectivamente? Para empezar, los mileuristas y los seiscientoseuristas pasarían a la historia. Sin embargo, eso no cuadra con la desigualdad salarial existente en Madrid, que es la más elevada de las 17 comunidades autónomas. Las 100.000 personas mejor remuneradas tienen un promedio salarial, en cómputo anual, superior a 6.000 euros mensuales, veinte veces más que las 700.000 con salarios más bajos, que sobreviven con un ingreso medio, también en cómputo anual, de 320 euros mensuales.

Y podemos aplicar el mismo criterio al trabajo: si en el reparto del empleo existente, entraran las 612.000 personas que se encuentran en paro, podríamos trabajar todas 30,6 horas en lugar de 37. ¿Por qué dicen que tal cosa es imposible?

Y lo mismo pasa con las políticas sociales, que son especialmente cicateras con los sectores más pobres y vulnerables de la sociedad. ¿Por qué los parados de larga duración no cobran una prestación adecuada?, ¿por qué la cuarta parte de las pensiones son inferiores a la Mínima fijada por el gobierno?, ¿por qué la Renta Mínima de Inserción sólo cubre a la sexta parte del colectivo para el que fue creada?, ¿por qué no se asegura alimentación, vivienda digna y sobre todo un empleo digno a todas las personas?

La solución a estos problemas es posible. Y sabemos que algunos sectores sociales tienen más responsabilidad que otros (“Políticos y banqueros” se decía en la Puerta del Sol en mayo de 2011). Pero en mayor o menor medida todas y todos tenemos alguna responsabilidad y estamos implicados, por acción o por omisión. Muchas gracias.

II. Necsidades alimentarias y salud. Nuria Rosado Muñoz

Salud, ¿cómo podríamos definirlo? Es una palabra que ha ido evolucionando a lo largo de la historia, enriqueciéndose poco a poco y creciendo en su definición.

Ya no se trata de “ausencia de enfermedad” ni de “el silencio de los órganos”, sino de algo más amplio, según la OMS sería “el logro del máximo nivel de bienestar físico, mental y social y de la capacidad de funcionamiento que permiten los factores sociales en los que viven inmersos el individuo y la colectividad”.

Es un término que habla del individuo desde una perspectiva bio-psico-social, y de un individuo metido y funcionando en una comunidad, en un contexto.

Es un término condicionado por la influencia de muchos determinantes, que resultaría muy difícil delimitar el ámbito de cada uno de ellos, por la integración y la relación tan intensa que hay entre todos:

– biológicos (herencia genética, sexo, edad,…)

-sociales (familia, religión, medio ambiente, cultura, políticas,…)

– estilos de vida (forma de vida, educación, cultura gastronómica, modas, conductas saludables o no,…)

– sistemas de asistencia sanitaria (la seguridad social , el ayuntamiento, la sanidad privada, …)

La salud es algo muy amplio y muy influenciable, hay muchas formas de tener salud, pero igualmente, hay muchas formas de perderla, todos estos factores pueden prevenir la enfermedad y curarla, pero también pueden promover la salud, apoyando el dicho popular y sabio: “Más vale prevenir que curar”, que en estos tiempos en que la economía manda, tendría que valer de referente.

Respecto a la alimentación, la parte “bio” de la definición de salud, anteriormente dada, se puede decir, que es una acción vital, un derecho humano. Los alimentos tienen el poder de cambiar la vida de las personas. Nos permiten llevar una vida sana y activa y determinan en gran medida nuestro futuro.

Al mismo tiempo, la forma que producimos y consumimos alimentos aumenta la inequidad o desigualdad y malgasta los recursos naturales con los que convivimos.

Nuria1-Frutas: Aportan agua, azúcares, vitamientas y carotenos,

minerales como potasio, selenio y fibra.

-Verduras y hortalizas: Vitaminas, minerales, fibra,

antioxidantes.

-Leche y derivados: Contienen proteínas de elevada calidad,

lactosa, vitaminas, calcio.

-Cereales: Base fundamental de nuestra alimentación, los hidratos de carbono aportan energía. Pan, pastas, arroz, cereales, patatas y demás tubérculos, siendo los alimentos integrales más ricos en fibras, vitaminas y minerales que los refinados.

-Agua: Imprescindible para el metabolismo del organismo (1,5-2 litros/día).

-Aceite y grasas: Necesarias para las estructuras celulares, hay que consumirlas con moderación, cantidad y calidad adecuada, evitando los ácidos grasos TRANS y consumiendo mejor grasas insaturadas (poliinsaturadas y monoinsaturadas).

-Legumbres: Aportan hidratos de carbono, fibra, vitaminas, minerales, proteína vegetal, previenen cánceres como el de colon, y reducen los niveles de colesterol.

-Frutos secos: alto contenido energético, ácidos grasos insaturados, fibra proteína y grasa vegetal, vitamina E.

-Huevas: Proporcionan proteína de alta calidad, vitaminas y minerales.

-Pescados: Proteínas, vitamina D, yodo, ácidos grasos poliinsaturados.

-Carnes y embutidos: Proteínas, vitamina B12, hierro, potasio, fósforo y cinc.

Basándonos en la pirámide de la NAOS, se podrían analizar qué actividad física deberíamos hacer y que alimentos son necesarios para una vida saludable y en qué cantidades deberíamos consumirlos.

Resumiendo lo anterior:

*El consumo de cereales y derivados, de verduras y hortalizas, de frutas, de lácteos y de aceite de oliva, debería ser diario.

*Varias veces a la semana, las fuentes de proteínas, legumbres, frutos secos, huevos, pescados y carnes.

*Consumo moderado u ocasional, de pastelería, bollería y bebidas alcohólicas.

*Teniendo una importancia considerable, el consumo de agua y el ejercicio físico moderado.

 

Todo esto, en contacto con la realidad que nos rodea, con el contexto en que vivimos, está variando. ¿Cuál será la causa y cómo está siendo ese cambio?

Para hablar de la parte “psico” de la definición, la parte mental, también se puede usar otra pirámide, basada en las necesidades humanas (pirámide de Maslow), se trata de una teoría psicológica, en la que se acomodan las necesidades humanas en una jerarquía, en la parte inferior de la pirámide están las necesidades humanas básicas, que a medida que son satisfechas, aparecen otras que son superiores, hasta llegar a los deseos más elevados.

Nuria2 

 

 En la parte inferior está la alimentación, ¿cómo podremos llegar a sentirnos seguros, a querer, a que nos respeten, a autorrealizarnos, si nos está fallando una de las necesidades básicas?

 

 

 

Respecto a la parte “social” de la definición de salud, en este espacio, se produce un autoconocimiento que puede garantizar las relaciones de igualdad y equidad, que puede garantizar una convivencia, una participación en la ciudadanía, que se puede aprender la autogestión de las relaciones, desarrollando capacidades como la sensibilidad, la responsabilidad, el desprendimiento y la solidaridad.

Esta pieza del puzle, se tambalea considerablemente.

Hay muchos aspectos que se engloban, pero empezando por las políticas, actualmente de recorte, se bombardean tres pilares básicos para el individuo, la educación (becas, falta de apoyo en el sistema público, creando desigualdades educativas, que en un futuro repercutirán de manera segura), la sanidad (recortando en la atención universal, en la prevención y promoción de salud, en las vacunas, creando desigualdades en salud entre la población, y las políticas sociales (sobre todo en la dependencia y en las ayudas más básicas).

Si se continúan con los “precios del vivir”, todo lo básico que se necesita en el día a día de una familia, ha ido encareciéndose, en contra a los ingresos que han ido disminuyendo o incluso desapareciendo. Los desahucios, la pobreza energética, la malnutrición, son términos que tienen cara y sentimientos.

Respecto al trabajo, es escaso, es casi siempre temporal y las condiciones en las que se trabaja han empeorado notablemente en estos últimos años. Se considera la primera fuente de ingresos en una familia, sin la cual, en la sociedad actual, es muy difícil desarrollarse.

Falla lo “bio”, lo “psico” y lo “social”, falla la capacidad de funcionamiento, afloran sentimientos de tristeza, de miedo, de enfado, de ira, de locura, se pierden los pilares básicos, se pierde la salud.

Desde el inicio de la crisis económica, social y ambiental, se ha mostrado lo frágil, injusto e insostenible que es nuestro sistema alimentario. En España, el hambre se ha hecho visible, como consecuencia a la crisis económica y de unas políticas de austeridad, que han llevado a más pobreza, a más exclusión social y a más desigualdad.

Uno de cada cuatro españoles está en situación de pobreza y riesgo de exclusión, ya en 2011, UNICEFF alertaba que un 44,5% de los niños de 6 a 9 años, tenían problemas de obesidad y sobrepeso, caracterísitica que se relaciona con una dieta barata e insana.

Siguiendo con las definiciones, ante esta realidad, se hacen indispensables hablar de términos que día a día conviven con nosotros:

Nuria4 Consumo alimentario inadecuado

aumento de peso, aparición de obesidad, diabetes, osteoporosis, HTA, enfermedades cardiovasculares,…

enfermedades con mayor frecuencia, mayor gravedad y mayor duración

Sedentarismo, aislamiento, déficit de cuidados, mayor depende

 

-Hambre: Escasez o el acceso restringido a suficiente cantidad de alimentos y carencia de nutrientes esenciales y necesario para el desarrollo de los niños y niñas y para la salud de las personas.

El hambre tiene repercusiones en las facultades físicas y mentales.

El hambre está en nuestros barrios y ciudades, es una realidad cada día más real y más visible desde que comenzó la crisis, día a día se reducen los derechos sociales de los ciudadanos más vulnerables, generando un aumento de desigualdad y de la pobreza, poniendo en riesgo el derecho a la alimentación.

-Malnutrición: Estado fisiológico que incluye un rango más amplio de desequilibrios, de inadecuación o de exceso de nutrientes, incluye tanto la desnutrición como la sobrealimentación, así como las deficiencias de micronutrientes.

Es un estado patológico por déficit, exceso o mala asimilación de los alimentos.

-Desnutrición: Por dieta deficiente, falta de proteínas, calorías, energía y micronutrientes. Puede ser aguda (es muy rápida y limitada en el tiempo, delgadez extrema y deficiencia de peso para la altura) o crónica (situación de pobreza crónica, con consecuencias para el aprendizaje y menos desempeño económico, hay retraso de altura para la edad, disminución del crecimiento).

-Subnutrición: Insuficiente ingesta de alimentos para satisfacer las necesidades de energía.

-Inseguridad alimentaria: Situaciones en que las personas no consumen lo suficiente para desarrollar un vida activa y sana. No sólo está relacionada con la falta de ingresos (desempleo) sino también con el problema de la vivienda (falta de instalaciones para cocinar).

Se puede ir entendiendo la relación directa entre la alimentación y la salud. Las consecuencias pueden ser igual de malas, ya sea por defecto o por exceso de ingesta.

Este diagrama, estas relaciones, estas consecuencias, empeoran todavía más, cuando falla la educación en la alimentación y en el ejercicio físico. La fruta y la verdura son piezas clave de esta, no debería concebirse un desayuno sin fruta o una comida sin ensalada. Hay claramente un problema de economía, pero también, el problema de la alimentación se enfatiza cuando falla este aprendizaje, cuando falla la educación, cuando falla saber lo importante que es una alimentación adecuada y un ejercicio adecuado para tener salud y no enfermar.

El recorte en el gasto alimentario va acompañado también de hábitos alimentarios poco saludables que favorecen la obesidad. La Sociedad Española Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS) en el 2014, expone que las familias buscan ahorrar en alimentación, y esto aumenta la inseguridad alimentaria, y esto conlleva a la malnutrición (desnutrición y alimentación excesiva). También hace referencia a que cambian las pautas de consumo, primero se cambia el lugar donde se compra (lo determina el precio), luego se cambia el volumen de alimentos consumidos/persona, se reduce el volumen de alimentos adquiridos, y tercero se cambian los productos comprados (se consume menos carne, menos ternera, más pollo y carne transformada y congeladas, se consume menos pescado, menos fruta y verdura, menos cereales y más legumbres, aunque quedan por debajo de las recomendaciones)

Todo esto conlleva a una carencia de hierro, ácido fólico, vitamina A y Yodo, estas deficiencias de micronutrientes esenciales en la dieta, afecta a la inmunidad y al desarrollo saludable. En las mujeres embarazadas, pueden causar malformaciones en los fetos. Pueden existir problemas en el crecimiento y en el desarrollo óseo, en el sistema inmune y en la visión. Si hubiera carencia de Yodo, se producirían alteraciones en la glándula tiroides, y por tanto en todas las funciones fisiológicas.

También se produce un aumento de sobrepeso y obesidad, con ello, aumentan las enfermedades crónicas, como el cáncer, las enfermedades cardiovasculares, diabetes,… , la polipatología, pluripatología, enfermedades crónicas múltiples o complejas, son situaciones que conllevan una mayor pérdida de autonomía, un mayor grado de dependencia y de discapacidad. La cronicidad y multimorbilidad tienen una gran repercusión en los costes del sistema sanitario, que ya se supone que está sobrecargado.

Otra consecuencia, es el aumento de patología mental (ansiedad, trastornos del ánimo, depresión,…), cuando baja la capacidad económica, los ciudadanos presentan un aumento en los trastornos mentales (estudio SSCREEN, IMPACT y SESPAS), aumento del abuso de alcohol, aumento del consumo de psicofármacos,…

Y por último, se observa un cambio de hábitos, no sólo en la actividad física, sino también en la manera de preparación de los alimentos, hay falta de instalaciones adecuadas, hay pobreza energética, hacinamiento, desahucios, todo hace que se aumente el consumo de productos menos nutritivos, altamente procesados, ricos en calorías y envasados.

Se va mostrando con todas estas afirmaciones, el nexo complejo entre el aumento de pobreza, la inseguridad alimentaria, la malnutrición, la obesidad y por tanto, con el aumento de la enfermedad.

Es necesario prestar una atención especial a la infancia, dependientes e influenciados totalmente por cuatro factores de los que se está hablando, la educación, la familia, la salud y en entorno social.

UNICEFF en el 2013, estimaba 2.306.000 menores en España viviendo en la pobreza, condición social que incluye malnutrición y dietas desequilibradas.

Cuando todo apunta a las desigualdades en las condiciones de vida, los niños sin opciones se convierten en adultos sin opciones, que a su vez, encuentran grandes dificultades para hacer progresar a sus propios hijos.

Una educación universal y gratuita no significa equidad educativa. ¿De qué sirve que un niño disponga de un aula y un profesor, si le faltan los libros, el material escolar o el desayuno?

SESPAS advierte del grave daño que la privación y la desigualdad social dejará en la salud de los niños a lo largo de su vida. Según evidencia científica, cuando hay exposición en la infancia a privaciones materiales, hay peores resultados en salud, a corto, a medio y a largo plazo.

Ya existen depresiones reactivas, trastornos metabólicos como la diabetes y problemas cardiovasculares,…

Dañar la salud infantil, proyecta una larga sombra hacia adelante, dañando la salud en la edad adulta.

Frente a estas realidades, el Estado debería responder.

Los bancos de alimentos, de alguna manera, pueden asegurar la ingesta de productos no perecederos, ¿pero qué pasa con la ingesta de los productos frescos?, ¿qué pasa con la ingesta de proteína animal?, ¿qué pasa con la fruta y la verdura? ¿qué pasa cuando estas estructuras no son suficientes? No es más lógico que el derecho a una alimentación correcta se distribuya desde las instituciones públicas, de una manera centralizada (comedores escolares, comedores sociales estatales, ayudas directas para la alimentación y energía,…)

Además, no tenemos que olvidar, que las personas a título individual, tenemos mucho que aportar, todos somos un recurso, un activo y debemos aprovecharnos de ello, compartiendo y ofreciendo, ya que existe un sentimiento importante de vergüenza, de inferioridad, a la hora de pedir ayuda.

Tenemos mucho que ofrecer, tanto como profesionales, como agentes sociales, como vecinos, como padres y sobre todo como personas.

III. Conclusiones de la I Conferencia contra el Hambre en Madrid. Fernando González (Gonzo), Margarita Sáenz, Rosa Moro y Nacho Duque.

Todas las personas podemos ver los datos y estadísticas del hambre, pero son una generalización a la que hay que poner caras y nombres. En la Comunidad de Madrid hay 300.000 personas empobrecidas severas, de las cuales, en 2014 al menos 106.000 personas en la ciudad de Madrid tuvieron que acudir a bancos o despensas de alimentos. Si a la pobreza no le ponemos cara, y solo ofrecemos cifras, no podremos conseguir que esta ciudad deje de ser una de las capitales de la pobreza de Europa.

El problema del hambre en Madrid es tan grave que toda la gente que en Madrid necesita ayuda para comer cada día llenaría la ciudad de Vigo; la ciudad más grande de Galicia.

¿Vamos a seguir siendo indiferentes? No puede seguir siendo una palabra prohibida. ¿Es o no es el hambre un problema lo suficientemente grave como para que forme parte de la agenda política de Madrid y general?

Es necesario que el poder político lo reconozca y cese en su negacionismo; que deje de criminalizar y multar la pobreza. Es un derecho que debe garantizar a toda la ciudadanía, según el art. 9 de la Constitución y según los tratados internacionales que nuestro Estado ha ratificado. ¿O es que el gobierno no reconoce a personas como Carmen que ha dicho que ha comido durante dos años en un comedor social y va a ser desahuciada? Y Carmen no es la única, como ella hay cientos de miles de personas.

Desde las organizaciones solidarias de ciudadanas y ciudadanos que luchan día a día contra el hambre, hay propuestas de soluciones, a corto y largo plazo..

A corto plazo, distribución de alimentos, teniendo en cuenta la dignidad de todas las personas. Exigir a las autoridades que se haga cargo de sus responsabilidades.

A largo plazo, exigir empleo digno, sueldo justo, renta básica, hay que combatir la evasión y el fraude fiscal porque a mayor fraude, más hambre.

Que la solidaridad por parte de la ciudadanía no oculte la obligación de las autoridades. Mientras éstas se deciden a asumir sus responsabilidades, las entidades deben fortalecer el consumo de proximidad; de esta manera, en la dinámica de ofrecer ayuda puede radicar también parte de la solución. Debe relacionarse a personas perceptoras y voluntarias para que se involucren de manera conjunta formando redes de solidaridad horizontales.

No permitamos que la administración delegue su responsabilidad hacia redes de caridad, convirtiendo a las ciudadanas y ciudadanos sujetos de derechos en personas serviles que reciben la gracia de quien manda

Tener hambre significa que todo lo demás es secundario. El hambre anula las facultades de las personas para obtener una vida digna de forma independiente. Genera desigualdades insalvables. El hambre avergüenza. Es la vergüenza de la sociedad entera.

Debemos transformarnos de víctimas de la crisis en protagonistas de la transformación de este sistema que ha vulnerado nuestros derechos.

Ahora que los políticos están en campaña electoral, sabiendo que muchos han sido invitados a esta jornada, lamentamos que no estén entre nosotros, escuchando a la ciudadanía.*

* Agradecemos a Nacho Murgui de Ahora Madrid su asistencia a la conferencia.

 

 

 

Carta contra el hambre

Evarito Villar y otros autores

I. Presentación, apoyos y pacto contra el hambre en Madrid.  Evaristo Villar

Un documento es relevante no tanto por la importancia de sus orígenes cuanto por el pedazo de realidad que representa y por las vías de superación que ofrece.

El documento que presentamos a continuación, la Carta contra el Hambre, nos pone ante los ojos una realidad penosa y sangrante. Dramática en la inmensa mayoría de los casos. Pero no se limita a presentarnos solo una fotografía de una realidad humillada —lo que ya sería una buena denuncia, un grito profético—. Más aún, consciente de las múltiples dificultades que esta parte de la realidad encierra, nos ofrece, con modestia pero con firmeza, algunas vías de superación.

Vale la pena decir que para la “buena sociedad” la porción de realidad que presenta esta Carta le resulta una humillación y para los gestores de las administraciones públicas es la confirmación del fracaso estrepitosos de las políticas sociales que están aplicando. Hablar de hambre en estos contextos, fuera del mal llamado Tercer Mundo, es todavía un tabú hasta para organismos como la FAO. Se trata de una palabra maldita, prohibida. Pero, por más que se quiera ignorarla, el hambre, como los muertos de Don Juan Tenorio, “goza, por desgracia, de buena salud”.

Hasta ser asumida y firmada por todos los representantes de los partidos políticos (excepto el PP) que concurrieron a las pasadas elecciones del 24M en Madrid, capital y comunidad, La carta contra el Hambre ha tenido un largo recorrido. Iniciado en los entornos del 15M de Carabanchel (Madrid) en el 2013, con sus parones e inevitables retoques, ha seguido sumando adeptos hasta el día de hoy. Esta carta está apoyada por cerca de 40 colectivos de ámbito local y estatal cuya lista es la siguiente:

FRAVM, Comisión de Servicios Públicos A.P. 15 M de Carabanchel, Asociación Éxodo para la Transformación Social, Red de Investigación y Observatorio de la Solidaridad, Redes Cristianas, Foro de los Servicios Sociales, CECU Madrid, Asociación Mayores XXI, Asociación UMER (Universidad de Mayores),Club de Debates Urbanos, Redes de Solidaridad Popular, Red de Huertos Urbanos Comunitarios, AMPA Juan Gris, Asociación de Vecinos Madrid Sur, Asociación de Vecinos Lucero, Asociación de Vecinos PAU Vallecas, Evangelio, Justicia y Derechos Sociales, HOAC, Asociación de Vecinos Cuatro Caminos, Asociación de Vecinos Barrio Zofio, AFUVEVA, Asociación de Vecinos Valle Inclán-Prosperidad, AMIVIFI, Asociación de Vecinos Orcasitas, Asociación de Vecinos Pradera Tercio Terol, Asociación de Vecinos Las Cárcavas San Antonio, Plataforma vecinal San Blas, Asociación de Vecinos Fleming Coslada, Asamblea de Tetuán del 15M, Asamblea del Barrio del Pilar del 15M, Pan Para Todos, MCPP Movimiento Contra el Paro y la Precariedad, ACSM Asambleas Ciudadanas Somos Más, Prosalus, Movimiento ATD Cuarto Mundo, Europa Laica, Asociación de Ateos y Librepensadores.

Pacto contra el hambre desde las instituciones de Madrid

A propuesta de la plataforma de asociaciones de la Carta contra el Hambre, 9 candidaturas (Ayuntamiento y Comunidad de Madrid) de seis partidos: PSOE, IU, UPyD, Podemos, Ahora Madrid y Ciudadanos han firmado un  Pacto contra el Hambre,  con las siguientes medidas concretas que los firmantes  pondrán en marcha tras las elecciones del 24 de Mayo

  • Llevar a cabo los estudios y trabajos necesarios para realizar un diagnóstico a fondo de las raíces y realidad del problema de la malnutrición y desnutrición en el Municipio de Madrid, y en el conjunto de la Comunidad Autónoma, así como de las capacidades de los poderes públicos para hacerle frente. 
  • Una vez definidas las necesidades reales y la población afectada, habilitar una partida específica dentro de un  fondo de emergencia social. Dicha partida englobará todos los gastos e inversiones que se requieran -evitando la dispersión en diversos departamentos- incluidas posibles transferencias finalistas de la Administración Autonómica.
  • Dar cabida a la participación ciudadana – comenzando por la de las propias personas afectadas – y la coordinación con los agentes sociales implicados para el seguimiento, evaluación y colaboración en la ejecución presupuestaria. 
  • Coordinar desde la Comunidad de Madrid la transferencia a los Ayuntamientos de los fondos necesarios para paliar  las necesidades  alimentarias, dentro del conjunto de recursos necesarios para hacer frente a la situación de emergencia social actual.Es un paso adelante en el que se ha demostrado la eficacia de un movimiento popular.  El primer resultado será la apertura de los comedores escolares el próximo verano, dado que todos los firmantes están de acuerdo con esta medida, y tendrán la mayoría suficiente tanto en el Pleno Municipal como en la Asamblea de Madrid.
  • Madrid 20 de mayo de 2015

II. Carta abierta contra el hambre. Varios autores

Diagnóstico de situación

La palabra hambre está prohibida en el lenguaje políticamente correcto, en la creencia de que evitando la palabra se oculta la realidad; una situación de pobreza que lleva a las familias a la penuria extrema de tener que depender de la caridad, cuando falla la justicia. Y cuando la realidad estalla a la cara de los políticos con mando en plaza, ésta se minimiza como una situación puntual que ya está suficientemente atendida por las organizaciones de caridad.

Madrid, junto con Atenas y Lisboa, son las capitales de la pobreza en Europa. La voz de alarma ya está dada, la sociedad está demostrando que es sensible ante el problema, pero las instituciones callan. Hoy los comedores sociales madrileños están desbordados, a la vez que se vacían los comedores escolares; el reparto de alimentos está a la orden del día, pero no consiguen ofrecer una respuesta adecuada, ni en cobertura a todos los que lo necesitan, ni en regularidad del abastecimiento, ni en cantidad y calidad suficiente, ni en dignidad para los afectados. No hay más que visitar los centros parroquiales a lo largo y ancho de la ciudad y de la Comunidad Autónoma donde se agolpan semanal o mensualmente hombres y sobre todo mujeres con una bolsa para llevar algo a casa. Su vergüenza es una vergüenza colectiva, un castigo más al proceso de empobrecimiento causado por la crisis en primer lugar, pero agravado por la ausencia de mecanismos de justicia distributiva. Una crisis que no es producto de ningún mandato divino, ni es inevitable, sino que tiene su origen en la imposición de unas políticas concretas que han hecho de los recortes públicos, el sacrificio de las clases medias y la pérdida de derechos sociales y ciudadanos, su modus vivendi.

La red municipal de Servicios Sociales de Atención Social Primaria, se ha visto desbordada ante el aumento en la demanda de las ayudas para cobertura de Especial Necesidad –reguladas en la Ley de Servicios Sociales de la Comunidad de Madrid– así como de la solicitud masiva de la Renta Mínima de Inserción. Ambas constituyen la única cobertura pública, que se ha mostrado insuficiente e ineficaz ante el endurecimiento de los requisitos de acceso, demoras en los tiempos de gestión y respuesta para la ciudadanía.

De no variar la situación actual, lo que no va a ocurrir mientras sigan aumentando el desempleo y se sigan perdiendo las prestaciones, el reparto de alimentos se hace crónico, como saben y reconocen los principales actores del reparto: Banco de Alimentos, Caritas, Cruz Roja y Despensas Solidarias.

La sociedad está respondiendo solidariamente, son cientos los voluntarios que atienden los comedores sociales y centros de reparto. Son miles los mdrileños que atienden las llamadas a la solidaridad entregando su kilo de comida a las organizaciones filantrópicas o a las demandas de activistas que, sensibles al problema, recogen alimentos en sus barrios. Esta solidaridad vital, espontánea, no debe servir de excusa para no abordar el tema central, ni mucho menos para acostumbrar a la administración a la privatización de la ayuda, con el consiguiente debilitamiento de la red de servicios sociales públicos.

El derecho a la alimentación

Pues lo que está en juego es el derecho a la alimentación, un derecho avalado por tratados internacionales firmados por este gobierno, entre cuyas obligaciones se cita: “Cumplir el derecho a la alimentación de forma directa cuando existan individuos o grupos incapaces, por razones que escapen a su control, de disfrutar el derecho a la alimentación adecuada por los medíos a su alcance.” * Un derecho que es sobre todo un derecho humano, que se garantiza mediante el derecho a los servicios sociales públicos, al mismo nivel que el derecho a la educación, a la sanidad, a la vivienda o al empleo. Un derecho que, como han señalado organizaciones y movimientos globales, se garantiza con la estrategia de soberanía alimentaria, que centra su atención en la producción para las necesidades y no para el máximo beneficio.

El poder político ha abjurado, una vez más, de sus obligaciones en el contrato social con los ciudadanos. Deja de ser garante de derechos sociales poniéndose al servicio de las grandes corporaciones, incumpliendo tratados internacionales, y traspasando su responsabilidad a la caridad privada; utilizando los fondos públicos europeos para la compra de alimentos a favor de las grandes corporaciones agroalimentarias, en detrimento de los pequeños productores, y prefiriendo que sea la industria agroalimentaria la que asuma la gran donación de alimentos, según sus intereses comerciales y sus desgravaciones fiscales. De esta manera, los supuestos benefactores son los primeros beneficiarios, y el palo en la rueda del derecho a la alimentación.

Solo el empleo y los sueldos justos junto con la reivindicación de la renta básica –lo que supone un cambio drástico en el sistema económico– eliminará la pobreza que obliga a tantos y tantas a depender del reparto de alimentos. Pero ante la inexistencia de voluntad política esto no va a ser así en demasiado tiempo; por ello se hace imprescindible asumir la necesidad de distribuir alimentos, y esta misma necesidad nos obliga a levantar la voz exigiendo que se tomen medidas que, siendo de muy bajo coste, aliviarían mucho la situación de las familias y alejarían definitivamente el riesgo de desnutrición infantil.

Programa mínimo

Reconociendo el importante papel que hasta ahora han jugado las organizaciones filantrópicas civiles o religiosas, y los activistas populares que trabajan en comités locales solidarios, llamamos a todos los actores, como parte interesada, a la defensa activa del derecho a la alimentación, evitando convertirse en sustitutos del sector público. A la vez que afirmamos que los Ayuntamiento son las instituciones idóneas para organizar la distribución y el acceso de los alimentos como un servicio público, acorde con el conjunto de sus propios servicios asistenciales.

Por ello exigimos con carácter urgente:

– Dotación presupuestaria suficiente por parte del poder público para la compra de alimentos que la población empobrecida necesita, reforzando la cobertura de las ayudas económicas temporales y de emergencia social recogidas en la Leyll/2003 de Servicios Sociales de la Comunidad de Madrid.

– Reposición urgente de las becas de comedor, cubriendo el lOO% del coste para las familias en situación de emergencia alimentaria, desde la Consejería de Educación.

– Apertura de los comedores escolares en el período vacacional, unido a actividades extraescolares. Garantizar servicio de comedor a menores en todos los centros escolares que realicen actividades extraescolares en período vacacional.

– Exigir el cumplimiento del plazo máximo legal de tres meses, en el reconocimiento del derecho a la Renta Mínima de Inserción para todas las familias que cumplan los requisitos.

A corto plazo

Considerando que el acceso a los alimentos –bien sea en especie o mediante un cheque alimento– es un derecho básico de las personas necesitadas, defendemos:

– reconducir el reparto hacia otras formas más ágiles y acordes con la necesaria defensa de la dignidad de los afectados,

– y convertir los centros de distribución en centros de organización social con la participación de los afectados

Nuestro compromiso

Las organizaciones firmantes de esta carta somos conscientes de que el problema del reparto de alimentos se resuelve conjuntamente con otros derechos y en una economía que busque el bien común y proteja a los más débiles.

Entendemos por tanto que el compromiso solidario con los más necesitados debe tener trascendencia política y convertirse en una reivindicación permanente. Una reivindicación que tiene su soporte

  • en la desvinculación del pensamiento paternalista y del asistencialismo,
  • en la resistencia a la manipulación mercantil, a la permanente privatización de lo que son responsabilidades y servicios públicos, y a la legitimación del negocio alimentario que prefiere hacer donaciones que pagar impuestos
  • y en la solidaridad activa y práctica, pues el hambre no espera.
  • Sostenemos que la lucha por el acceso a los alimentos forma parte del conjunto de luchas populares contra el empobrecimiento, contra los recortes, y por la emancipación social, y nos comprometemos a :
  • Promover colectivamente acciones en defensa del derecho a la alimentación
  • Presentar mociones de apoyo en los ayuntamientos de la Comunidad de Madrid
  • Convocar, junto con las organizaciones que se adhieran, una campaña de difusión social que partiendo del sentimiento popular de solidaridad lo convierta en conciencia crítica y en herramienta de transformación social.
  • Estudiar la posibilidad y, en su caso, apoyar la presentación de una IP en la Asamblea de Madrid para hacer efectivo el derecho a la alimentación mediante el reconocimiento de la Renta Básica Ciudadana.  Madrid, 10 de abril
  • Conferencia contra el Hambre
  • * En el mes de diciembre de 2008 la 63ª Asamblea General de Naciones Unidas aprueba el protocolo voluntario para la aplicación del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, ratificado por el Gobierno de España en Agosto del 2013.

 

El hambre y la inversión de los hambrientos en la Biblia

Xabier Pikaza

La Biblia no contiene unos códigos legales sobre el hambre y la alimentación, pero ofrece unos caminos para interpretarla, de manera que con ella pueda trazarse un mapa de territorios del hambre, y una guía práctica para superarla. La Biblia sabe que “el hambre es la primera cosa que se aprende… Reaparece la fiera, recobra sus instintos, sus patas erizadas, sus rencores, su cola” (M. Hernández, Poesías completas, Buenos Aires 1976, 326-327); pero sabe, además, que esa posible animalidad reactiva del hambriento responde a la hartura codicia diabólica de los ricos que crean el hambre de los pobres.

La Biblia no incluye códigos impositivos sobre el hambre, pero abre unos caminos de comprensión y cambio mucho más valiosos, para trazar un mapa de territorios del hambre, ofreciendo unos medios para superarla, como indiqué en Fiesta del Pan, Fiesta del Vino (Estella, 1999) y, como indicaré Dios mediante, en otro libro titulado Historia del hambre en la Biblia, del que ofrezco aquí un resumen a través de las once estaciones (reflexiones) que siguen:

1. Éxodo, rebelión de los hambrientos. La historia bíblica empieza con la abundancia de la tierra (Gen 1), un paraíso, regalo de Dios y objeto del cuidado/trabajo de los hombres (Gen 2). Pero el hambre aparece muy pronto, con la historia concreta de los hombres. No dice por qué ha venido el hambre, pero trazando el camino de la primera persona histórica, ella recuerda: “Hubo entonces hambre en la tierra (de Israel); y descendió Abrahán a Egipto para vivir allí, porque era mucha el hambre en la tierra” (Gen 12,10).

El texto supone que (a diferencia de lo que sucede en Israel) los egipcios han logrado racionalizar la producción y reparto de alimentos, de forma que en esa tierra no existía hambre. La Biblia supone, con cierto orgullo, que fue un israelita (José) el que inventó los sistemas de seguridad imperial alimenticia, de manera que los pobres de otros países venían allí en busca de pan (ajos y cebollas), aunque después solían ser esclavizados (cf. Gen 37-41). En esa línea, los clanes de Israel bajaron a Egipto por hambre, pero allí se volvieron esclavos de un sistema opresor que les utilizaba para construir grandes obras de seguridad nacional. Éste es el primer argumento del final del Génesis y del principio del Éxodo.

2. Ana, utopía de la saciedad. Ana, matriarca israelita, ha creado un canto (1 Sam 2, 1-10) de inversión del hambre. Frente a los que dicen que no pueden cambiar las condiciones actuales de la vida, ella proclama (e inicia) la rebelión de los hambrientos, abriendo una utopía de solidaridad y abundancia que sigue siendo ejemplar todavía:

Se rompen los arcos de los fuertes guerreros, mientras los antes oprimidos se ciñen de valor. Los hartos deben trabajar duramente por su pan, mientras se sacian los hambrientos (1 Sam 2, 4-5).

Estas palabras proclaman la utopía de la liberación de los hambrientos. El viejo sistema imperial, dirigido por militares y propietarios ricos que oprimen a los pobres (condenándoles al hambre), empieza a quebrarse en Israel, y de esa forma surge en la tierra prometida una experiencia política más alta, fundada en la solidaridad de los hambrientos y oprimidos, que se unirán creando estructuras de solidaridad abiertas a todos (incluso a los opresores antiguos).

3. Ley fundamental: forasteros, huérfanos y viudas. Había en Israel diversas instituciones al servicio del reparto de bienes y para saciar el hambre de los pobres (jubileo y año sabático: cf. Ex 23, 10-12; Lev 25), pero la más significativa es la proto-ley que manda sostener (ayudar) a los hambrientos, que en aquella sociedad son sobre todo huérfanos, viudas y extranjeros:

Cuando siegues la mies de tu campo… no recojas la gavilla olvidada; déjasela al forastero, al huérfano y la viuda… Cuando varees tu olivar, no repases sus ramas; déjaselas al forastero, al huérfano y la viuda. Cuando vendimies tu viña… (Dt 24, 19-22; Cf. Ex 20, 22-23; Dt 10,12-18)).

Esta proto-ley de los alimentos “sobrantes” reaparece en otros lugares del Pentateuco y de la tradición profética para garantizar la comida de los no propietarios de tierra, siempre amenazados de hambre. Por encima de la propiedad privada existía en Israel una ley fundante de solidaridad con los hambrientos.

4. Ayuno profético: dar de comer al hambriento. En su origen, el ayuno ocupa en Israel un lugar parecido al que tenía en los pueblos del entorno. Pero la tradición profética añade que su esencia (como gesto religioso) está en dar de comer al hambriento:

¿Acaso es éste el ayuno que yo quiero: doblegar como junco la cabeza, vestirse de sayal, dormir sobre ceniza?… ¿No será que compartas tu pan con el hambriento, que a los pobres errantes albergues en casa, que viendo al desnudo lo cubras y no te escondas de tu hermano?… (cf. Is 58, 6-10).

Ésta es la esencia del ayuno entendido en forma de justicia (mishpat, eleemosyne), como ha puesto de relieve Mt 6, 1-18, retomando elementos fundamentales de la tradición profética del judaísmo. El ayuno se identifica así con la limosna, que no es dar “por caridad” algo sobrante, sino compartir por justicia aquello que somos y tenemos, para que puedan comer los hambrientos.

5. A los hambrientos los colma de bienes. María, la madre de Jesús, retoma de manera clásica el Canto de Ana, proclamando de manera más intensa la inversión de los hambrientos. Ésta es gran revolución de la historia humana: tiene que caer y caerá el sistema dominante de los potentados y ricos (política y economía satánica), para que puedan saciarse los hambrientos (y con ellos todos los seres humanos):

Derribó del trono a los potentados y exaltó a los oprimidos, a los hambrientos les colmó de bienes y a los ricos los despidió vacíos (Lc 1, 51-53).

Estas palabras anuncian y despliegan (como verdad ya cumplida) la profecía mesiánica de Israel, que culmina en el nacimiento de Jesús. Ellas proclaman la victoria de María, que se centra en el destino salvador de Jesús, anunciando la derrota de los poderes diabólicos personificados en los soberbios (potentados, ricos) con la inversión de los hambrientos. La única victoria verdadera de la humanidad es la superación del hambre, que va unida a la derrota de los ricos, que han de quedar vacíos, no por venganza, sino para compartir la comida con los otros seres humanos.

6. Jesús: No sólo de pan vive el hombre. Esta es la respuesta de Jesús en su primera tentación (Mt 4, 1-4 par), un relato simbólico que nos sitúa ante el tema radical de la comida. Mientras ayuna con los penitentes y pobres de su pueblo, buscando la voluntad de Dios, después que ha sido bautizado por Juan (Mt 3), Jesús escucha la palabra del Diablo que le dice: “Si eres Hijo de Dios, di que esas piedras se conviertan en pan…”.

Este Diablo tentador puede suscitar pan material, pero no sabe compartirlo. Produce pan para dominar y someter a todos, no para saciar a los hambrientos (como quería María). Hay, según eso, un pan que siendo en sí bueno, puede ponerse y se pone al servicio de la opresión, como supieron los hebreos antiguos (el pan de la economía egipcia servía para mantener sometidos a los pobres). Este Diablo de Mt 4 aparece así como un Faraón universal, que garantiza un tipo de pan material para saciar el hambre exterior de los pobres, pero que lo hace para tenerles de esa forma sometidos.

El pan, en sí bueno, se vuelve Capital opresor, como muestra el capitalismo actual, peor que el Diablo de la tentación de Jesús, pues no alimenta a todos, sino a sus privilegiados (y a los que necesita para producir y vender sus productos), dejando morir a otros muchos (los prescindibles en una economía de consumo). Pues bien, Jesús rechaza no solo el pan del capitalismo actual, sino el pan del diablo de las tentaciones, que parece bueno (da de comer a muchos), pero impone su dictadura sobre todos. Por eso dice Jesús: “no sólo de pan vive el hombre”, sino de toda palabra… Un pan material sin palabra compartida se vuelve esclavitud.

7. Hambre de pan y de justicia. Para superar el pan del Diablo y dar de comer a todos no hace falta más dinero de tipo diabólico/capitalista (que sigue creando hambrientos), sino una experiencia nueva de solidaridad, como indican las bienaventuranzas de Jesús, que son una proclama de felicidad y solidaridad compartida:

Felices los pobres, porque es vuestro el reino de Dios, felices los que ahora estáis hambrientos, porque seréis saciados,felices los que ahora lloráis, porque reiréis (Lc 6, 20-21).

Jesús dirige estas palabras, de manera muy concreta, a los pobres campesinos galileos, en el límite del hambre. Pero en vez de lamentarse de (o con) ellos (los hambrientos), les ofrece la felicidad del Reino (Dios), diciéndoles que asuman y desplieguen precisamente ahora ese camino de felicidad, saciando así el hambre, sin esperar que las cosas se resuelvan mágicamente en el futuro. Ésta es la revolución de los hambrientos, que no necesita más dinero o comida de ricos (en línea de Diablo), pues ese pan/dinero sirve para crear más opresiones

El camino del Reino se expresa como rebelión de los hambrientos, no para volverse fieras (patas erizadas, rencores…, como decía M. Hernández), sino para transformar desde abajo las condiciones de la historia. No quiere Jesús más riqueza opresora (más de lo mismo), sino un cambio de vida desde los pobres/hambrientos, a quienes ofrece y con quienes inicia un camino de felicidad que se expresa en la comunión del Reino (el pan compartido). El evangelio de Mateo retoma, traduce y promueve ese motivo diciendo: “Bienaventurados los hambrientos y sedientos de justicia porque ellos serán saciados…” (Mt 5, 6). Sólo a partir de los pobres y hambrientos se puede iniciar el verdadero camino de humanidad solidaria.

8. El hambre importa más que toda ley y religión. Éste es el argumento de Mc 2, 23-28 par. Unos discípulos caminan un día de sábado y, como tienen hambre, recogen y desgranan espigas, para así comerlas, cometiendo dos “pecados”: Roban espigas de un campo que no es suyo y además lo hacen (trabajan) en sábado. Los fariseos que lo ven les critican, sobre todo porque “trabajan” para saciar el hambre en sábado. Pero Jesús les defiende, diciendo que el hambre es anterior a las leyes de propiedad particular y religión: Ante el hambre todas las cosas son comunes, por hambre deben superarse las mismas leyes religiosas.

En la línea anterior se sitúa la escena de disputa de Mc 7, 24-30 par donde el mismo Jesús empieza diciendo no puede darse a los perros (de otro grupo social, nación o cultura) el “pan de los hijos” (de la buena familia de Dios) para transformar luego de forma sorprendente esa sentencia. Sin duda, en un sentido externo, ese pasaje no trata del hambre y del pan material, sino de un tipo de comida religiosa. Pero en un sentido radical viene a ponernos ante todo alimento que sirve para la vida.

Precisemos la escena. Un mujer siro-fenicia, pagana, pide a Jesús que cure a su hija, y Jesús le responde con la doctrina oficial del judaísmo cerrado: “No es bueno tomar el pan de los hijos y dárselo a los perros”, es decir, a los gentiles. Pero la mujer pagana rebate ese argumento, diciendo que ante el hambre y la enfermedad no hay distinción entre buenos hijos y malos perros, de manera que si él, Jesús, viene de Dios tiene que curar también a su hija. Jesús descubre así, al escucharla, que no hay dos tipos de hambre y comida (una de hijos, otra de perros), sino que el hambre es igual en todos: en USA o España, en Congo o Brasil. El hambre (la necesidad) nos iguala a todos.

9. Tenían hambre, les dio de comer. En ese fondo se entienden las multiplicaciones (Mc 3, 35-44; 8, 1-9 par), en especial la segunda que insiste en el hambre de la gente, de la que Jesús se compadece, pues llevan tres días con él y no tienen qué comer. Dos son los temas que destacan en estos relatos. (a) Jesús, mesías de Dios, se ocupa del hambre. Ciertamente, él sabe que el hombre no vive solo de pan (Mt 4, 4), pero sin pan compartido el hombre muere, y toda religión o cualquier teoría económico-política se vuelve ideología. (b) El hambre no se arregla solo con dinero, para que compre pan y coma aquel que pueda (mientras los pobres sin dinero pasan hambre), sino compartiendo en igualdad los panes. El Diablo de Mt 4, 1-4 podía producir pan, pero no compartirlo.

Proclamar el evangelio y no compartir el pan es una mentira y también una “blasfemia” (un insulto contra Dios). Pues bien, como hombre de comida compartida, Jesús despidió a sus amigos prometiéndoles: “Tomaremos juntos la próxima copa en el Reino” (Mc 14, 25). Desde ese fondo, la primitiva comunidad cristiana ha simbolizado la presencia de la vida y obra de Jesús entre los suyos (en la historia de los hombres) a través de la Eucaristía (comida compartida, en nombre de Jesús).

10. Pan compartido, la verdad del evangelio. Pablo, Santiago. En el primer plano de la experiencia de Jesús, tal como ha sido asumida en diversas perspectivas por la Iglesia, sigue estando la comida compartida, entre comunidades y grupos, de tal forma que Pablo ha podido afirmar que la verdad del evangelio consiste en “synesthiein” (comer juntos: Gal 2, 5.14). No se trata de comer cada uno en su mesa (saciando solo el hambre material), sino de hacerlo juntos, compartiendo el pan y la palabra, es decir, la humanidad. En esa línea, con elementos distintos de los que ha puesto de relieve Pablo, pero con una misma inspiración de fondo, Santiago ha podido recuperar la experiencia profética de Israel, diciendo:

Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe y no tiene obras?… Si un hermano o hermana están desnudos y tienen necesidad de la comida de cada día, y alguno de vosotros les dice: “Id en paz, calentaos y saciaos”, pero sin darle las cosas que necesita para el cuerpo ¿de qué aprovecha eso? (Sant 2, 14-16, cf. 1 Jn 3, 13.17).

La oración de Jesús (Padre nuestro) nos situaba ante el pan nuestro de cada día, que sacia el hambre de todos (¡nosotros!). Ante la misma exigencia nos sitúa Santiago, el “hermano” de Jesús, insistiendo en la comida de cada día, que hemos de compartir con los hambrientos. Quien se cierra ante el hambre del prójimo (de cualquier hombre o mujer del mundo) no puede llamarse cristiano.

11. Tuve hambre y me disteis de comer (Mt 25).Todos los hilos anteriores de la trama del pan y del hambre, en el Antiguo y el Nuevo Testamento culminan para los cristianos en el juicio de Jesús, que dirá el último día: Tuve hambre y me disteis (o no me disteis) de comer (cf. Mt 25, 31- 46). Ésta es la norma central, el único “código” de conducta que permanece hasta el fin, vinculando a los seguidores de Jesús con todos los hambrientos del mundo.

Jesús, Cristo de Dios, viene a revelarse en los hambrientos, de manera que la forma de “ayudar a Dios” (confesar la fe en el Cristo) es darles de comer, en gesto básico de solidaridad humana (que es divina). La Biblia no defiende con ello ningún tipo de pauperismo, creando así una “república de hambrientos”, sino todo lo contrario: Quiere que los hombres tengan pan y casa, pero no para dominar a los demás, sino para compartirlo todos.

Soberanía alimentaria en España

José Ramón González Parada

Qué es soberanía alimentaria

Hablar de soberanía alimentaria es hablar de la capacidad de un país de producir los alimentos que su población necesita y de la voluntad de hacerlo. No es lo mismo la soberanía alimentaria que la seguridad alimentaria [1]; esta última se construyó desde la perspectiva de la demanda, cómo alimentar a una población, pero no trata el tema de la producción; no entra en el problema de cómo se producen, dónde y por quién, esos alimentos necesarios. Su mensaje inicial va en la dirección de reclamar el aumento de la producción mundial de alimentos para enfrentar las hambrunas, crear un sistema internacional de ayuda alimentaria –el Programa Mundial de Alimentos– y la gestión de las reservas mundiales de granos. Centrada en una “perspectiva de escasez”, las dimensiones de disponibilidad y acceso a los alimentos, utilización y estabilidad, representan los principios bajos los cuales se han diseñado y financiado los proyectos y programas orientados a la contención de la crisis alimentaria y a la disminución del hambre en las últimas décadas.

La noción de “soberanía alimentaria” [2] surge a finales del pasado siglo en las filas de los movimientos sociales, campesinos e indígenas, como concepto político pensado para dar determinado contenido al concepto normativo de seguridad alimentaria, en el marco de contestación global al neoliberalismo, y ante la incapacidad y abandono de los gobiernos nacionales de políticas a favor de la agricultura local.

La soberanía alimentaria no se afirma desde el estado frente a otros estados, sino desde un sujeto frente al poder transnacional que domina la producción y distribución de los alimentos. La soberanía que se reivindica como medio necesario para asegurar la alimentación lo es ante los monopolios, el latifundio, el agronegocio y el macro mercado global. Aborda por tanto el debate sobre la agricultura, el cambio de modelo económico, la oposición a los transgénicos, la denuncia de los efectos en la salud de los agrotóxicos y el acaparamiento de tierras, como idea fuerza con dimensión internacional, como utopía que se manifiesta con toda su fuerza transformadora, hasta convertirse en un programa político de gran calado.

Soberanía alimentaria es ante todo una estrategia que garantiza la no dependencia de las importaciones ni de los mercados financieros que controlan el flujo mundial de alimentos, y por tanto es una estrategia que se enfrenta al mercado internacional controlado por el agronegocio, incluidas las corporaciones de matriz nacional. Una estrategia que en cambio defiende al campesinado local como la garantía para mantener la capacidad productiva propia y su acceso a los mercados locales, disminuyendo drásticamente los miles de kilómetros recorridos por los alimentos globalizados desde su cultivo a los consumidores. Por eso, la soberanía alimentaria es ante todo el resultado de un movimiento campesino representado especialmente por Vía Campesina [3]. Y es también un modelo productivo que evita depender de los agroquímicos y del petróleo.

Soberanía alimentaria en el caso español

No hay una fórmula para indicar de cuánta soberanía alimentaria dispone un país, pues en cada momento se podrá determinar qué intercambios, qué comercio internacional de alimentos son los mas convenientes, sin por ello perder la capacidad de producir los propios alimentos. Que España es capaz de producir todos los alimentos que la población necesita queda fuera de toda duda. Dispone de tierra en abundancia, de costas, de una agricultura bien diversificada, de cultura agraria y de la suficiente capacidad de transformación para alimentar a toda la población. Que esto sea lo que prefieren los que controlan el comercio de productos agrarios ya es harina de otro costal, pues el negocio es la importación y exportación de los alimentos, no garantizar el abastecimiento nacional.

Una ojeada al comercio de alimentos

Algunos alimentos básicos nos sirven para valorar el modelo agrario del país, y para acercarnos a conocer el grado de dependencia o autonomía de que disponemos. Uno de estos productos es el maíz, protagonista principal de la elaboración de piensos para la ganadería, pero se debe enfatizar que también se lo destina en pequeña medida para la elaboración de biocombustibles, siendo una variedad de maíz transgénico el más utilizado para la producción de energía. Este maíz, la variedad bt176, fue prohibido en el año 2005 por la Unión Europea, pero como señala el Servicio Internacional para la Adquisición de Aplicaciones Agrobiotecnológicas (ISAAA) para entonces España ya se había convertido en el país con mayor cantidad de hectáreas cultivadas con maíz transgénico de Europa, y uno de los 14 países del mundo con más de 60.000 hectáreas dedicadas a estos cultivos [4].

A pesar del impulso dado al cultivo del maíz fuera de sus hábitats tradicionales de la Cornisa Cantábrica –que obliga a una sobreexplotación del acuífero para el regadío en las áreas de secano– este grano no satisface ni el 50% de la demanda de piensos para las granjas, por lo que hay una gran dependencia de las importaciones. La rentabilidad de la producción de maíz, en cambio, ha comenzado a elevarse desde el año 2010 debido a la concentración de tierras en manos del agronegocio y a la aplicación de técnicas intensivas muy agresivas ambientalmente con la consiguiente degradación de los suelos. Esta rentabilidad no llega a los pequeños y medianos productores, que optan por abandonar un cultivo al que fueron impelidos por el sistema de ayudas de la PAC.

Un cultivo tan tradicional y localizado, como ha sido el maíz, es hoy un ejemplo de la reconversión agraria y del comercio de alimentos en manos de las grandes compañías.

Una mirada a la humilde patata también nos informa de la creciente dependencia externa de nuestra agricultura. Un producto que con la crisis vuelve a recuperar su papel en la dieta popular, sin embargo su producción se ve amenazada. El área destinada al cultivo de la patata está disminuyendo (disminución del 15,25% en el período 2006 al 2012) a consecuencia de los costes de producción que no compensan los precios pagados al productor. Por eso, cada vez dependemos más de las importaciones.

Estos ejemplos bastan por el momento para señalar el rumbo de nuestra agricultura, cada vez más integrada en el mercado internacional, produciendo alimentos elaborados para la exportación, e importando productos básicos para el mercado interior. Llama la atención el trasiego internacional del trigo, pues, a pesar de contar con una extensa superficie cerealista, importamos nada menos que 5,3 millones de toneladas en el año 2012; más o menos el equivalente de una barra de pan por persona y día fue elaborada con trigo importado. Una agricultura cada vez más controlada por las grandes cadenas alimentarias. Un ejemplo paradigmático de la pérdida de control de la producción es la compra de una conocida marca de embutidos por un inversionista chino.

Estos procesos tienen repercusión directa en el patrón alimentario que se impone por la influencia de las grandes superficies de distribución. Los hábitos alimenticios están cambiando, pasando a ocupar parte de nuestra dieta productos elaborados o semielaborados, envasados, bebidas, reconstituyentes y toda suerte de novedades que sustituyen una alimentación más sana, pero que choca con el estilo de vida, la prisa, y la pérdida de conocimientos culinarios. Una aparente variedad de formas, que ocultan la paulatina pérdida de diversidad de los productos autóctonos, de temporada, cercanos, apenas ya reconocibles.

Los hábitos alimenticios introducidos por las grandes cadenas comerciales tienen un protagonista, la soja. Es un componente habitual en multitud de alimentos industriales y sobre todo un producto del agronegocio. Los pocos productores españoles que se aventuraron en el mercado de la soja se ven altamente perjudicados por la caída de los precios internacionales, por lo que poco a poco van perdiendo terreno en el mercado de consumo debido a que ya no pueden ni cubrir sus costos de producción. La producción local apenas supone el 1% de la demanda interna. Dos tercios de las importaciones de soja provienen de Brasil, Paraguay y Argentina, donde Monsanto introdujo la soja transgénica. Un sistema agroalimentario que condiciona la demanda, orientándola hacia productos preparados ofrecidos por las grandes cadenas, y cada vez más alejada de la producción campesina local.

Una tendencia general, basada en atractivos nuevos sabores conseguidos químicamente y en los precios de oferta, frente a la que está surgiendo un movimiento de productores y consumidores que se asocian para volver a degustar alimentos cultivados por campesinos con procedimientos ecológicos, un movimiento muy interesante, pero también muy minoritario.

La PAC contra la soberanía alimentaria

Cualquier valoración del sistema agrícola español no puede olvidar que nuestra agricultura depende de las decisiones europeas emanadas de la Política Agraria Común, la PAC, cuyo objetivo nunca ha sido la soberanía alimentaria de los países miembros. Como señala Maite Arístegui, campesina vasca y diputada de Amaiur en el Congreso (Esbozos nº 7):

“La Comisión europea sigue cavando en el mismo agujero: organizar la producción para el mercado mundial, en cantidades industriales, impulsando la especialización de cada país y la uniformización de la alimentación, en suma, la industrialización de agricultura. Consecuencias directas: alarmante pérdida de empleo agrario, disminución clara de la capacidad productiva, pérdida impresionante de la autonomía de las explotaciones, cuyo control pasa a manos de las industrias y grandes estructuras, dificultad para la transmisión e instalación en las explotaciones, imposibilidad de lograr rentas dignas y vivir del campo, desertificación de campos y culturas…” [5]

La propiedad de la tierra, y no su producción, pasa a ser el eje de la rentabilidad, participando los propietarios de forma muy desigual en el beneficio de las subvenciones de la PAC [6]. Las subvenciones se han dedicado a la erradicación de cultivos, a la sustitución de otros, y a la reconversión de la tierra a la producción ecológica. En este último caso, las subvenciones no favorecieron la producción ecológica, sino a los grandes terratenientes de la dehesa española naturalmente ecológica, que ha recibido subvenciones sin ninguna inversión.

Las ayudas desacopladas de la PAC han generado resultados desalentadores, desfavoreciendo en gran medida a los pequeños y medianos productores. A pesar de esta inequitativa realidad, las subvenciones de la PAC ascienden a más de 6,7 mil millones de euros, representando aproximadamente el 30% del total de la renta agraria española, estableciendo que, a excepción de los bancos y la energía, ningún otro sector de la economía española se ha beneficiado con tan cuantiosa cifra, pero, a pesar de ello, existen problemas de pobreza para los productores agrícolas, ya que en ciertos casos no alcanzan ni a cubrir sus costos.

Aproximadamente el 75% del total de los subsidios adjudicados en el año 2009 fueron acumulados por tan solo el 16% de los productores más importantes. En varias partes del país existe una sustitución alarmante de los cultivos variados por amplios monocultivos, generando impactos colaterales al medio por la utilización de químicos abrasivos para el suelo y otras sustancias utilizadas para “intensificar la producción”. El sistema de subsidios de la PAC favorece la concentración de la propiedad de la tierra, y no ayuda a la incorporación de jóvenes agricultores ni a la sostenibilidad de la economía campesina.

¿Qué dicen los campesinos?

El campesinado español vive en una situación de perpetua reconversión, a la vez que el capital extranjero invierte en extensas áreas de cultivos en invernaderos. Un menor peso del PIB del sector primario se consideró un indicador de modernidad y competitividad del país, ya que eran los servicios y especialmente la construcción las locomotoras de la economía. De ahí surge la presunción de que a menos campesinos más prosperidad. ¿Habrá que alegrarse de que actualmente haya 296.000 obreros agrícolas en paro? La disminución del número de explotaciones agrarias, del empleo y de la tierra cultivada ha supuesto una disminución de la producción para las necesidades de alimentación de la población.

La Alianza por la Unidad del Campo en la que confluyen los sindicatos UPA y COAG señala el año 2012 como un año aciago. Nos informa de los precios al productor que en casos como el de la leche no cubren los costes de producción, de la pérdida constante y progresiva para los productores, del consecuente abandono de la actividad. “Paralelamente, continúan aumentando de forma escandalosa los márgenes comerciales de la cadena de distribución. Y si preocupante es este panorama en sí, lo es más aún el hecho de que el 2012 haya estado marcado por la aplicación de unas políticas agrarias nocivas para los verdaderos agricultores que en cambio favorecen a las grandes empresas y terratenientes. Y prosiguen: Por eso, seguimos exigiendo precios rentables para nuestros productos y frenar las importaciones sin control y los costes abusivos que nos arruinan. Exigimos acabar con el dominio de la industria y la gran distribución que especulan y se enriquecen a nuestra costa” [7].

Por su parte. el Sindicato Andaluz de Trabajadores impulsa la ocupación de tierras para dar trabajo a los jornaleros, defiende la explotación de las tierras ociosas con métodos agroecológicos y promueve la toma de conciencia sobre el problema del empleo agrario en Andalucía y otras regiones, y sobre el impacto de la crisis en el empobrecimiento generalizado. La preocupación del SAT por el hambre fue de amplio conocimiento público con las acciones simbólicas de requisa de alimentos en supermercados, poniendo así de manifiesto la relación entre emergencia alimentaria, subutilización de las tierras y empleo agrario. En otras palabras, la relación entre el derecho a la alimentación y la soberanía alimentaria.

Hay experiencias en marcha que intentan contrarrestar la creciente dependencia del sector agrícola a través de los grupos de consumo –alianzas entre productores y consumidores en un mercado cercano– o los intercambios entre productores de una misma región para aprovechar mejor los recursos (cerealistas con ganaderos en el País Vasco), asumiendo que no solo el precio debe determinar la producción, sino también el mantenimiento del empleo rural y la protección ambiental.

La producción y el acceso a los alimentos en condiciones de equidad social y sostenibilidad ambiental es una revolución de la economía y un desafío a los poderes constituidos, por ello soberanía alimentaria deberá ser un concepto que forme parte del corpus de la filosfía política del siglo xxi, como lo fue la idea de soberanía nacional en siglos anteriores.

La soberanía alimentaria en la agenda política

Las anteriores referencias sobre la produccion y comercio de alimentos en España nos indican que el país marcha en dirección contraria a su soberanía alimentaria. Transgénicos, dependencia de agroquímicos, concentración de la propiedad en manos de las grandes empresas del agronegocio, compra de empresas locales por capital extranjero, deslocalización de la producción y creciente dependencia de las importaciones para satisfacer la demanda interna, son sus indicadores.

A pesar de toda esta tendencia –o precisamente por eso– la demanda de soberanía alimentaria va calando lentamente en el mundo agrario. Son referentes de Vía Campesina y, por tanto, han adpotado la estrategia de la soberanía alimentaria los sindicatos agrarios COAG, EHNE, SAT y el Sindicato Labrego Galego. Junto con ellos una constelación de organizaciones sociales y ONGs agrupadas en la Plataforma Rural, editan la revista Soberanía Alimentaria, Biodiversidad y Culturas, principal y casi único órgano difusor de la soberanía alimentaria, que también ha logrado ingresar en algunas –muy pocas– universidades como materia de especialización. La Cátedra Tierra Ciudadana de la Universidad Politécnica de Valencia es su principal referencia académica.

En la esfera política, IU, Bildu y Equo incluyen la soberanía alimentaria en sus programas. El área federal de Ecología y Medio Ambiente de Izquierda Unida propone “la soberanía alimentaria en el sector agrícola y ganadero, mediante la defensa e impulso de la explotación agrícola familiar, potenciando la recuperación de los espacios agrícolas tradicionales y reconociendo el aporte medioambiental y de preservación de la biodiversidad que realizan la agricultura y la ganadería extensivas” [8].

Más allá de las declaraciones de intenciones, por el momento la reivindicación alimentaria queda circunscrita a pequeños sectores campesinos y a una minoría militante. La crisis puso en la agenda otras urgencias, pero la secuela de más de dos millones de personas que hoy dependen del reparto de alimentos debe hacer reflexionar sobre la estrategia de la soberanía alimentaria, que anuncia un tiempo postcapitalista.

[1] Seguridad Alimentaria en Emergencia Alimentaria, Grecia, Portugal, España. Icaria. RIOS.

[2] Soberanía alimentaria, ibídem

[3] Para más información: www.viacampesina.org

[4] Para más información: www.isaaa.org

[5] La PAC, una Política Agraria Común agonizante, en Esbozos, nº 7, octubre 2012.

[6] Según la Alianza por la Unidad del Campo (UPA-COAG), el 59% de los solicitantes de subsidios de la PAC en Castilla-León no son ni agricultores ni ganaderos.

[7] Alianza por la Unidad del Campo. Informe 2012.

[8] Documento aprobado por el Pleno del Área Federal de Izquierda Unida el 20 de junio de 2009.

Jean Ziegler

Benjamín Forcano

 

Jean Ziegler, suizo (1934), creció en un ambiente extremadamente conservador. A sus 18 años, con bachillerato hecho, huyó de este ambiente a París. Allí ganó su vida cargando cajas en los mercados y pudo conocer a estudiantes cercanos al escritor Jean-Paul Sartre, que editaba la revista “Les Temps Modernes“ y que fue para Ziegler “algo como las palabras divinas“. Leyó a Marx, Rosa Luxemburgo, Plejánov.

                En 1961 se fue por dos años para el Congo como asistente de un Delegado Especial de la ONU. Su estancia en África le supuso un cambio radical: “En aquel momento me juré a mí mismo, que nunca más en la vida, ni siquiera por pura casualidad, me hallaría de la parte del verdugo“.

                Brigadista internacional en Cuba, llegó a conocer al Che Guevara, a quien reencontró después en Ginebra y le acompañó como chófer y tutor. Al querer unirse al Che para África en la guerra de guerrillas, el Che, señalando a los bancos, le dijo: “Aquí está el cerebro del monstruo, aquí tienes tú que luchar“.

                Diputado ginebrino por 28 años, profesor de Sociología en la universidad de Ginebra y catedrático invitado permanente en la Universidad de Sorbona en París; por nueve años (2000-2009) Relator Especial de la ONU para el derecho a la alimentación. Viajó mucho para conocer la situación en cada país: cárceles, campamentos de refugiados, orfanatos y encontrarse con personas afectadas, políticos y científicos antes de presentar su informe a la Asamblea General de la ONU.

                Ethecon – Fundación Etica & Economía le confiere el Premio Planeta Azul 2012 Internacional de Ethecon.

Algunos libros suyos: La victoria de los vencidos, Suiza lava más blanco, El oro nazi, Los señores del crimen, El hambre en el mundo explicado a mi hijo, los Nuevos amos del mundo.

*Ante la dificultad de entrevistar al autor en directo sobre el gran tema del hambre, hemos optado por formularle las preguntas y respuestas con la mayor fidelidad a lo por él vivido, escrito y hablado, especialmente en su libro “El hambre explicada a mi hijo”.

Su respuesta ha sido:

“Merci, cher ami, de ce très bon interview”

“Gracias, querido amigo, por esta muy buena entrevista”.

 

Así, de entrada, estupefacto como su hijo, le haría la pregunta: ¿Por qué en nuestro planeta tierra, si hay bienes sobrantes, mueren de hambre 40 millones de seres humanos al año?

Jean Zigler: Porque en Occidente hemos convertido este hecho, que es un horror, en un hecho normal, tan normal que en nuestras conciencias nada llega a rebelarse.

En siglos pasados, puede entenderse que considerasen irremediable la muerte de muchos por hambre: no había bienes objetivos suficientes. Hasta el mismo Marx llegó a pensar que esa carencia era provisional y se solucionaría con los nuevos avances científicos y tecnológicos.

Marx se equivocó radicalmente. Hay sobreabundancia y, sin embargo, aumenta el escándalo del hambre. Lo que actualmente mata es la distribución injusta de los bienes disponibles. Millones y millones mueren porque no pueden acceder a una alimentación suficiente, carecen de medios económicos u otros.

–¿Pero es cierto que la Tierra podría alimentar cada día a todos su habitantes?

–No solo eso, sino que podría alimentar por lo menos al doble de la población actual. Hace como 30 años que la FAO elaboró un Informe en el que señalaba que las fuerzas de producción podían alimentar sin dificultad a más de 12.000 millones de seres humanos. Hoy no hemos llegado todavía a los 7.000 millones.

–Entonces, ¿la hambruna es una fatalidad?

–No, ese es el mito que hemos creado, un pensar perverso. El mito consiste en creer que ese es un mal inevitable, que sirve para regular el aumento creciente de la humanidad, la cual se asfixiaría si no fuera por la eliminación que la naturaleza hace de todos esos seres sobrantes.

–O sea, que la culpa es de la naturaleza.

–Esa es la justificación que hacen los europeos y los blancos; la agonía de tantos niños asiáticos, africanos, latinoamericanos… estaría dictaminada por la sabiduría de la naturaleza. ¡Selección natural! Los más fuertes sobreviven, los más débiles mueren.

–Pero, eso es una teoría más que una fatalidad.

–Eso es una teoría del siglo xviii que formuló el Sr. Thomas Malthus: “El aumento de la población es geométrica y se dobla cada 25 años, el de los bienes es aritmético. Por eso, las familias pobres deben limitar el número de hijos y toda ayuda a los necesitados debe suprimirse. Enfermedades y hambre son dolorosas, pero necesarias como función natural para reducir el número de seres humanos en la tierra. Su libro Ensayo sobre la población tuvo gran éxito y no ha dejado de tener fuerza. Es una teoría falsa, pero se la acalla y desvía hacia la pasividad y el olvido, no pudiendo evitar la mala conciencia.

–¿Explica entonces como resultado de esta teoría que los países democráticos dejan a miles y aun millones de niños y de ciudadanos morir en países de África?

–No. Las tragedias del hambre se explican también por la tiranía y odios de los potentados locales, por las guerras fratricidas, la inestabilidad institucional, las catástrofes naturales, la falta de carreteras y de estructuras portuarias, el rechazo de colaboración con la ONU y otras organizaciones humanitarias.

En este sentido, y aunque sean alimentadas por la teoría antes mencionada, hay hambres y hambres. Una cosa es el hambre conyuntural, producida por hechos imprevistos: una sequía, un huracán, una guerra…. que súbitamente generan carencia de alimentos, ausencia de mercados, indigencias extremas y muertes; y otra el hambre estructural a causa de una permanente inexistencia de una alimentación adecuada, del subdesarrollo de la economía de un país, de infraestructuras y fuerzas de producción insuficientes, que no dejan de producir enfermedades y muertes aunque sea más lentamente.

–¿A Vd. le ha tocado experimentar en directo el drama de alguna de esas hambres?

–Sí, en Etiopía. Y, jamás, mientras viva, podré olvidar la Navidad que allí pase en 1985. En el hospital, los niños sobre todo –los que llegaban, pues en el largo caminar morían más de un centenar diario– se morían por falta de agua, de granos, de raíces, de alimentos, de medicinas… Los médicos evaluaban cuáles podían salvarse o no, por tener ya dañados irremediablemente el cuerpo y el cerebro. Y se veían obligados a seleccionar despiadadamente. La enfermera decía a no pocas madres: “Su hijo está demasiado mal, nuestras raciones son limitadas, no puedo darle”. Y esto que yo vi en Agordat (Etiopía), se reproduce a la entrada de centenares centros de acogida, del Chad a Sudán, de Sierra Leona a Somalia, por todo el Tercer Mundo.

–Cuando se trata de una hambruna conyuntural, debe ser fácil combatirla, ¿no?

–Pues no. Las víctimas de esta hambruna suelen descubrirse demasiado tarde y, además, los mecanismos de socorro requieren tiempo y personal especializado, la administración de la ayuda de emergencia conlleva muchos peligros, pues una administración indiscriminada de alimentos puede matar a corto plazo a las víctimas; la ayuda de emergencia es una operación logística y médica extremadamente complicada y delicada.

–¿Entonces, deduzco que la hambruna estructural es mucho más difícil de entender y combatir?

–En la hambruna estructural, los cuerpecitos de los niños mueren casi inmediatamente, después de unos días de existencia dolorosa. Para estos niños no hay lugar en los cementerios oficiales, sino en vastos campos, enterrados como “criaturas anónimas”. De los doscientos cincuenta niños, que nacen cada minuto, ciento noventa y siete lo hacen en uno de los ciento veintidós países del Tercer Mundo. Son, dice Regis Debray, “crucificados de nacimiento”.

–Si sobran las riquezas en este mundo, ¿por qué los Estados ricos y las organizaciones internacionales no aseguran una distribución equitativa de los alimentos?

–Mira, existe y sabemos cómo funciona el PAM (Programa Alimentario Mundial), que depende de la FAO, y en la actualidad dispone de ochenta despachos en todo el mundo y dos mil funcionarios y expertos. La ayuda se busca hacerla en términos lo más eficaces: en dinero o en alimentos que las personas asistidas tienen costumbre de comer y, sobre todo, en donación de “salarios” a los campesinos para rehabilitar las estructuras que hagan productivas grandes extensiones de terreno.

Aun así, son dos los factores que hacen imposible una distribución equitativa: las guerras en zonas más o menos conflictivas, que provocan hostilidades, ruinas, millones de refugiados, sin alimentación suficiente para los más pobres; y el hecho de que el volumen de alimentos disponibles en el mercado para esta finalidad es limitado.

–Esta falta de alimentos , ¿a qué se debe? ¿No hay cereales, por ejemplo, en el mercado mundial?

–Sí y no. Los hay, pero su compra es especulativa, se hincha artificialmente, porque la Bolsa de las materias primas agrícolas está dominada por un grupo de banqueros infinitamente poderosos, que disponen de sucursales de compraventa en todo el mundo y sus flotas privadas surcan los mares. Es el caso del “Chicago Commodity Stochk Echange”. De modo que una cosa es el tamaño de las cosechas y otra el precio de los cereales que los especuladores de la Bolsa de Chicago imponen a los compradores de las Naciones Unidas. Los señores especuladores de la Bolsa pueden crear una penuria artificial, retienen grandes cantidades de productos alimenticios y suben los precios, a ellos solo les preocupan los mayores beneficios posibles. No les importa nada si los gobiernos de Etiopía, del Chad o de Haití no pueden pagar esos precios.

–¿Y qué me dice de esa política de países ricos que obliga a destruir masivamente alimentos o a limitar severamente su producción?

–Es la lógica absurda del dinero. Ganaderos que pueden producir más leche por ejemplo y se les obliga a limitar la producción. Y si producen más, son multados. La Unión Europea destruye periódicamente montañas de carne y de toneladas de productos agrícolas de toda clase. ¿Con cuánto dinero se subvenciona a los campesinos, ganaderos y agricultores de Europa para garantizar el precio elevado de los productos agrícolas? Podría contestar seguramente el Sr. Franz Fischler, el mayor destructor de alimentos del planeta. Ahora, parece que la estrategia consiste en pasar una renta a los campesinos para que dejen de producir, una especie de prima a la pereza. Cuesta menos esto que lo invertido en la destrucción masiva de toneladas y toneladas de alimentos.

–¿Por qué cree que nada de esto –de la hambruna y de quienes la provocan o combaten- se dice a los alumnos en colegios e institutos?

–El hambre mata a más gente que todas las guerras del planeta. Es verdad que conyunturalmente se les informa a los adolescentes cuando se declara una hambruna, se hacen colectas y se fomentan sentimientos de solidaridad. Pero, no sé de ningún lugar donde se hagan análisis serios del hambre y de las causas para combatirla. No se transmite conocimiento ni conciencia sobre este gravísimo problema. Es como un tabú, que avergüenza y cuyo escándalo tratamos de ocultar con un tupido silencio, silencio compartido por colegios, Gobiernos y todos nosotros. Las batallas que en muchas partes ganan otros contra el hambre, quedan anuladas por esta gran derrota en las conciencias de nuestros adolescentes y de la sociedad.

Compare, y solo hago mencionarlo, la movilización que se hace en torno al deporte del futbol, con sus eventos y concursos nacionales e internacionales, achicando y banalizando la conciencia de los niños –y no sólo de ellos– con los miles de millones de euros sacrificados a este ídolo y la criminal orgía que en torno a él montan sus millonarios organizadores.

–¿Tan difícil es dar a conocer los informes de la FAO?

–La FAO es una organización política, pero tiene profesionales y colaboradores de gran competencia. Funciona desde 1945 y forman parte de ella más de 174 Estados y vive de las contribuciones de ellos. Sin embargo, La FAO adorna las conclusiones de sus informes con frases ilusorias. Lo hace para que los países ricos no dejen de contribuir. Sus promesas de que en unas decenas de años no habrá hambre o que se reducirá a la mitad: “Para el año 2015 conseguiremos que el número de personas que padecen hambre en el mundo disminuya a la mitad” (World Summit, 1996, en Roma) no solo se han mostrado falsas, sino que se han mostrado contrarias: el hambre ha aumentado.

De todos modos, quiero dejar claro que la FAO sólo observa, analiza y predice, no tiene poder ni para fijar los precios ni para la distribución de los alimentos.

–¿Qué otras causas, además de las indicadas, serían responsables del hambre?

–La guerra, sobre todo en África, donde con un 15% de la población mundial, produce más de un 25% de la hambruna. Guerras movidas por los odios tribales, la voluntad de controlar las riquezas locales (diamantes, oro, petróleo…) A veces son las potencias extranjeras las que arman en secreto a los señores de la guerra, que entonces se convierten en auténticos mercenarios. Algunas de las guerra africanas son mucho más horribles de lo que te puedes imaginar.

–¿Y no se pueden parar esas guerras?

–¿Quién podría pararlas? Se hizo en 1990 en Kuwait, por una fuerza multinacional poderosa. Sólo que Kuwait y su petróleo son esenciales para las economías de los países occidentales, mientras que la mayor parte de las guerras de África se desarrollan en regiones de escasa importancia para los dueños de nuestro planeta.

Y, por otra parte, la guerra hace muy difíciles, y a veces imposibles, el traslado y la distribución de la ayuda alimentaria internacional. Y, lo más paradójico, no pocas veces la ayuda se la quedan milicias, grupos, dirigentes que son verdaderos asesinos de los desplazados, refugiados o prisioneros. A pesar de lo cual, apruebo la conducta de los que luchan contra la hambruna. La vida de un niño no tiene, por muy contradictorias y hasta insuperables que parezcan las circunstancias, precio. Y tanto peor si los asesinos se apropian de una parte del cargamento.

–¿Podría documentarnos acerca del “arma alimenticia” utilizada como arma para someter e imponer políticas que prosperen, no solo por Estados, sino por sociedades multinacionales privadas?

–Un solo ejemplo. En 1970, Allende es investido presidente de Chile por el Parlamento. Una de sus primeras medidas, dada la desnutrición infantil en su país, fue aprobar la distribución gratuita de medio litro de leche diario a todos los niños menores de quince años. Pero la sociedad Nestlé dominaba el mercado, tenía todo en su poder: fábricas, productores, distribuidores. La medida de Allendé era imposible si no colaboraba Nestlé. La dirección general de Nestlé (Vevey-Suiza) en febrero de 1971 negó toda colaboración con el gobierno democrático de Chile.

–Dejando aparte otros aspectos muy importantes (combatir la desertización que empuja a millones de personas a huir (llamados refugiados ecológicos), la deforestación, la destrucción del Amazonas (seis millones de kilómetros cuadrados), las sequías… me temo que al final hay que concluir que no hay salida

–No la hay, de hecho. Las tragedias se multiplican hasta el infinito. Hay que reconocer que las acciones de ayuda de emergencia, las ayudas para la rehabilitación de los suelos, la lucha contra la desertización, la puesta en marcha de estructuras estables en los barrios de chabolas, la ayuda a la agricultura y la construcción de pozos no son más que operaciones paliativas, medidas provisionales y temporales que cualquier nueva catástrofe puede arruinar en un abrir y cerrar de ojos. Ni siquiera la autosuficiencia alimenticia puede evitar una hambruna.

–Entonces, ¿qué habría que hacer?

–Habría que cambiar el orden asesino del mundo. Una banda internacional de especuladores bursátiles, sin alma ni corazón, ha creado un mundo de desigualdad, de miseria y de horror. Es urgente poner fin a su reinado criminal.

–¿Podría resumirme la argumentación fundamental sobre el tema del hambre y lo que podríamos hacer para evitar la destrucción del ser humano por el hambre?

–Es un epílogo con dos preguntas.

Primera: Hay suficientes alimentos para que nadie muera de hambre y es función del comercio mundial hacer que esos alimentos lleguen a todos.

Si a una persona le falta el alimento, muere: no puede desarrollarse, ni crecer sano, ni llegar a la edad adulta, ni dar vida a sus descendientes. Es lo que hicieron desde el principio hombres y mujeres: trabajar e inventar para lograr la alimentación necesaria.

Asentados en territorios propios, cada grupo lo cuidaba y trataba de defenderlo de la codicia de otros grupos. En un estadio post-agrario, surge la necesidad de intercambiar los productos, comerciar y viajar. En nuestra era industrial producimos, distribuimos y transportamos alimentos a todos los rincones del planeta. Además, tenemos cada vez más claro que los niveles de salud y prosperidad corresponden a los niveles de alimentación.

Pero, desde el principio también, sucedió que el más fuerte se apropiaba de la comida que necesitaba. Hoy, los más poderosos siguen apropiándose de la comida, siendo evidente que la sima de desigualdad entre unos y otros está creada por la globalización de un comercio que está en manos de una oligarquía transnacional. Ya ni reparamos en las cifras: millones de personas que mueren al año por el hambre; millones de niños que pierden la vista por falta de alimentación; ciento cuarenta seis millones de ciegos que viven en África, Asia y América latina. Las doscientas mayores fortunas del planeta poseen lo equivalente a los ingresos anuales de dos mil quinientos millones de personas. Cifras estas que esconden una realidad de sufrimiento y desesperación. Tenemos, pues, un poder oligárquico ilimitado y, al mismo tiempo, la falta de vida, la desesperación y la hambruna vividas por cientos de millones de seres anónimos.

Segunda pregunta: ¿Qué podemos hacer?

  1. Intentar que la ayuda humanitaria de emergencia sea más eficaz.
  2. Una acción revolucionaria, que sea capaz de transformar a las víctimas en autores. Pasar de la sopa popular a la revuelta. El derrumbamiento de las estructuras sociales injustas es una necesidad urgente en muchos países del tercer mundo.
  3. Implantar una ayuda urgente para crear nuevas infraestructuras. Estas medidas requieren una rápida movilización de la opinión pública mundial, una voluntad política de intervención y de solidaridad de los actuales gobernantes de nuestro planeta. El que tiene dinero, come. El que no tiene, muere lentamente de hambre. Se trata por tanto de civilizar la actual jungla del capitalismo salvaje. La economía mundial es fruto de la producción, la distribución, el intercambio y el consumo de alimentos. Afirmar la autonomía de la economía en relación a la hambruna es absurdo, peor aún: es un crimen. No puede abandonarse al libre juego del mercado la lucha contra esa catástrofe. Todos los mecanismos de la economía mundial deben someterse a este imperativo primordial: vencer el hambre, alimentar convenientemente a todos los habitantes del planeta. Para imponerlo ha de crearse una estructura jurídica internacional, a base de tratados y normas.

La libertad total del mercado es sinónimo de represión; la ley es la primera garantía de la justicia social. El mercado mundial necesita de normas y de una restricción por la voluntad colectiva de los pueblos.

El capital remonta el vuelo y se empobrecen las condiciones de vida de la mayoría

Carlos Pereda y Miguel Ángel de Prada

Una característica estructural del modelo social capitalista es la desigualdad en el reparto de los recursos económicos y en la distribución del poder. Una situación que provoca profundos desequilibrios y da lugar a crisis periódicas que permiten reajustar el modelo. El último período de crisis, iniciado en 2008, formaría parte de la onda larga neoliberal iniciada a mediados de la década de 1970, momento en que se pasó en los países centrales del capitalismo “fordista” de postguerra a las políticas desreguladoras y privatizadoras aplicadas con mayor o menor intensidad en las últimas décadas. La desaceleración de la productividad se salda con el estancamiento o disminución del salario real en casi todos los países [1], en paralelo con un incremento correlativo de la tasa de ganancia del capital.

Se pasa de la etapa dorada del Estado de bienestar, con sus implicaciones de reforma social y democratización política, al neoliberalismo conservador, que se asienta sobre el individualismo consumista, la desregulación laboral y financiera, los recortes sociales y la privatización de los servicios públicos. Estas medidas se habían aplicado en toda su extensión en determinados países periféricos en los años 80-90 del siglo pasado (consenso de Washington, crisis de la deuda externa, planes de ajuste auspiciados por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, etc.). En el contexto español, en cambio, su introducción fue más pausada y no lineal, hasta que estalló la crisis actual y los sucesivos gobiernos, al dictado de la troika y de los mercados financieros, han decidido aplicar la receta también en los países centrales. En expresión de Eric Toussaint, estamos ante “la mayor ofensiva realizada desde la segunda guerra mundial a escala europea por el Capital contra el Trabajo”.

El capital sale de la crisis

El valor del capital empresarial se puede medir en términos de renta y de patrimonio. Por una parte, en términos de renta, el capital se apropia de una parte de la producción anual generada por la actividad económica (“excedente bruto de explotación”, en la terminología de la Contabilidad Nacional de España). Por otra, la cotización o valor monetario de las acciones empresariales sube y baja de acuerdo con la lógica de la oferta y la demanda de cada momento.

En 2013, último año con datos oficiales, el capital se apropió del 43,7% del Producto Interior Bruto del país (458.590 millones de euros), correspondiendo el resto al conjunto de la masa salarial (46,7%) y a los impuestos a la producción y las importaciones (9,6%). En los primeros años de crisis (2008-2010) los beneficios se redujeron a un ritmo tres veces mayor (–6,2%) que la masa salarial (–1,9%), pero en los tres años siguientes (2011-2013) los salarios bajaron cuatro veces más (–15,5%) que los beneficios (–4%). De esta manera las políticas económicas de los tres últimos años han provocado que el peso de los beneficios en relación al PIB haya subido 2,5 puntos mientras los salarios han bajado 3,4 (un punto de PIB en 2013 equivale a 10.500 millones de euros).

En segundo lugar, el valor monetario de las acciones empresariales –tanto las cotizadas en Bolsa como las no cotizadas, registradas por el Banco de España– creció de manera extraordinaria entre 1994 y 2007, pasando de 0,4 a 2,7 billones de euros, a precios constantes, lo que multiplicó por siete su precio de mercado (ritmo interanual medio del 16%). Al llegar la crisis, las acciones perdieron el 18,6% de su valor entre 2008 y 2014 (497.000 millones de euros), aunque las mayores pérdidas se concentraron sólo en el primer año del ciclo (2008) con una bajada de las cotizaciones del 27%. Entre 2009 y 2012 el descenso interanual medio fue del 3% para volver a revalorizarse un 18% en el bienio 2013-2014. La revalorización de estos dos últimos años equivale a 331.000 millones de euros lo que, unido al auge de los beneficios empresariales antes aludido, permite atraer de nuevo capital extranjero a nuestro país en busca de rentabilidad. Para la minoría social detentadora del capital que opera en España, resulta incuestionable que se ha salido de la crisis.

Empeoran las condiciones de vida de la mayoría

En contraste con la revalorización del capital, el salario medio de la población trabajadora quedó casi congelado entre 1994 y 2007 (aumento del 1,9% en euros constantes) y se ha reducido un 10% entre 2008 y 2013. No obstante, el conjunto de la masa salarial hasta 2007 creció el 81% debido al extraordinario incremento de la ocupación (de 12 a 20 millones, según la EPA entre 1994 y 2007), para reducirse después en un 22% entre 2007 y 2013 como consecuencia de la destrucción de empleo. De este modo, la participación de los salarios en la renta nacional, que había descendido continuamente durante el último ciclo de crecimiento, ha vuelto a caer con la adopción de políticas “de ajuste” desde 2010. En suma, se está perpetuando una tendencia estructural a la redistribución regresiva de la renta.

Según Eurostat, España es, después de Letonia, el país con mayor desigualdad en el reparto de la renta, situación que se ha agudizado en los últimos años en coincidencia con las últimas reformas laborales y la política de recortes sociales iniciada por el gobierno del PSOE en la primavera de 2010 y profundizada en los años siguientes por el Partido Popular.

La desigualdad en el reparto de la renta remite a un modelo social cada vez más jerarquizado en el que la rentabilidad de las grandes empresas tiene como correlato el estancamiento o disminución de los salarios y la pérdida de derechos sociales. Frente a la opinión mayoritaria de que “la distribución de los ingresos en España es injusta” (siempre por encima del 80% en las encuestas del CIS), la política económica adoptada por los sucesivos gobiernos ha favorecido el incremento de dicha desigualdad a favor de la banca y de las grandes empresas y en contra de la mayoría de la población.

El efecto más grave de la crisis ha sido la destrucción de 3,6 millones de empleos entre 2008 (primer trimestre) y 2014 (primer trimestre), llevando la tasa de paro al record histórico del 26% de la población activa. Se trata del problema social más sentido por la población española según los barómetros mensuales del CIS, que sitúan a España junto a Grecia como farolillos rojos de la Europa comunitaria en esta materia. En el último año (del 2º trimestre de 2014 al 1º de 2015) se han creado 504.000 empleos, una cifra sin duda importante peo que sólo representa el 13,7% de los empleos perdidos en los seis años anteriores.

Tanto la creación de empleo antes de la crisis como su destrucción posterior han tenido lugar con una intensidad mucho mayor que en el resto de la Unión Europea: en 2005 y 2006 la tasa española de desempleo llegó a situarse en la media comunitaria, para pasar a ser más del doble en la actualidad (Gráfico 1). Ello se debe principalmente a la elevada tasa de temporalidad y a la precariedad de los puestos de trabajo en sectores muy sensibles al ciclo económico (construcción, comercio, servicios no cualificados, etc.), donde se aplicó un modelo de explotación extensiva de la mano de obra que afectó en mayor medida a la juventud y al colectivo inmigrante.

Las políticas antisociales adoptadas para abordar la crisis han generado graves problemas para un amplio sector de la clase trabajadora, muy especialmente para quienes se encuentran en paro, sobre todo si no reciben ninguna prestación de desempleo (3,2 millones de personas) o cuando todos los miembros de su grupo de convivencia se encuentran sin trabajo (uno de cada diez hogares). A partir de 2010 la renta disponible de los hogares cae a ritmo creciente y el reparto de esa renta escasa es cada vez más desigual, lo que provoca un aumento de las tasas absoluta y relativa de pobreza. Las subidas del IVA, de la luz o del transporte, junto a la congelación de las pensiones, contribuyen por su parte a reducir el nivel de vida de la mayoría de la población.

El INE ha publicado en junio de 2015 la última Encuesta anual de Condiciones de Vida, con un módulo de Carencia Material, sólo aplicado en 2009 y 2014. Esta fuente confirma con toda claridad el deterioro de las condiciones de vida, en especial de los segmentos más frágiles:

    • La renta anual media por persona ha perdido el 16% de poder adquisitivo entre 2008 y 2013, al pasar de 12.400 a 10.400 euros (en valores constantes, con base en 2013) [2]. En el caso de las personas en paro, la reducción de poder adquisitivo de sus hogares ha sido del 26,3%, y en el caso de extranjeros no comunitarios del 22,1%.
    • La tasa de riesgo de pobreza (renta inferior al 60% de la mediana de ingresos de los hogares), que mide la desigualdad relativa de los ingresos, se ha situado en torno al 20,5% entre 2008 y 2012, subiendo de repente 1,8 puntos en 2013 (22,2%). Esto supone que en un solo año 821.000 personas han cruzado la línea roja del riesgo de pobreza, sumándose a los 9,6 millones de años anteriores. Entre los colectivos más afectados están de nuevo las personas en paro (45,1% en riesgo de pobreza en 2013, 5,2 puntos más que el año anterior) y las personas extranjeras no comunitarias (55,4% y 7,6 puntos más, respectivamente).
    • El descenso de ingresos provoca que cada vez sean más los hogares que llegan con dificultad a fin de mes. En 2007, al final del ciclo de crecimiento, se encontraban en esa situación 12,7 millones de personas (28% de la población); en 2014, son 18,4 millones (39,1%), es decir, casi seis millones más. El agobio por no llegar a fin de mes es mucho mayor en el 10% de hogares más pobres (decil con renta anual más baja): tres cuartas partes llegan a fin de mes con dificultad (23,2%) o mucha dificultad (49,4%). Por su parte, el 60% de los hogares de las personas en paro llega con dificultad en 2014 a fin de mes (en 2007 el 47%), mientras padece esa situación también el 60% de la población extranjera no comunitaria (en 2007 el 44,6%)

 

    Entre las carencias materiales recogidas por la Encuesta del INE, destacan las que tienen que ver con la vivienda, la alimentación, el uso de la calefacción y la capacidad para afrontar gastos imprevistos. En todos estos casos se observa un empeoramiento general, que se ha acelerado en los últimos años y afecta con mayor intensidad a los colectivos más frágiles:

    • Los retrasos en el pago de gastos relacionados con la vivienda principal (hipoteca o alquiler, recibos de gas, agua, comunidad…) han pasado del 6,6% en 2007 al 11,7% en 2014. En los hogares de personas en paro, los retrasos en 2014 afectan al 23,9% y en el colectivo de extranjeros no comunitarios al 29,2% (en 2007 la tasa era del 13,9 y 16,5%, respectivamente). Pero el colectivo con mayores carencias en este punto es el decil de hogares más pobres que en más de un tercio de los casos no puede afrontar dichos pagos (35% en 2014, 26% en 2008).
    • Subalimentación: 1.555.000 personas (3,3% de la población) no podían permitirse en 2014 una comida de carne, pollo o pescado al menos cada dos días. En 2009 este colectivo no llegaba al millón (2,1%), lo que supone que se ha incrementado en torno al 50% en sólo cinco años. La insuficiencia alimentaria afecta en mayor proporción a los colectivos frágiles recogidos por el INE (8% entre los extranjeros no comunitarios; 7,5% los parados; 7,1% los hogares monoparentales con hijos dependientes) y, sobre todo, a los hogares más pobres, situados en los deciles bajos de renta. En 2014 se encontraría subalimentado el 13,2% del decil con menos ingresos y el 7% del segundo decil de ingresos; hace cinco años, esas tasas eran del 7,1 y 3,9%, respectivamente. Teniendo en cuenta que un decil representa a la décima parte de la población, podemos aplicar las anteriores tasas a las cifras de población de 2009 y 2014 para saber con más precisión el aumento de personas que se encuentran subalimentadas en los dos deciles con menos ingresos: en 2009 eran 515.000 y habrían pasado a 952.000 en 2014. O sea, entre la población más pobre del conjunto de España la incidencia del hambre habría experimentado un crecimiento del 85%.
    • Algo más de la décima parte de las personas (11,1% en 2014) no puede permitirse mantener la vivienda con una temperatura adecuada, es decir, padece “pobreza energética”. Este problema afectaba cinco años antes al 7,2%, lo que supone un incremento del 54%. En los hogares más pobres (decil con menos renta), la prevalencia de pobreza energética entre 2009 y 2014 ha pasado del 20 al 27%, y del 11 al 21% en el segundo decil. Por su parte, los hogares de las personas en paro que no ponen la calefacción han pasado del 13 al 21% y en los que viven extranjeros no comunitarios del 19 al 26%.
    • Casi la mitad de la población residente en España reconoce no poder afrontar gastos imprevistos, una carencia que en 2007 afectaba al 31%, en 2009 al 37% y en 2014 al 42,6%. Como en los casos anteriores, los grupos más frágiles padecen esta limitación con mucha más frecuencia, llegando al 81% en el decil de hogares más pobres y al 75% en el segundo decil, al 72% entre los extranjeros no comunitarios, al 68% en los hogares donde hay parados y al 63% en las familias monoparentales con hijos dependientes. En todos estos casos se ha producido un importante bajón del nivel de consumo con respecto al inicio de la crisis, en 2008, cuando tales tasas eran del 68, 62, 60, 50 y 47% respectivamente.

 

    El Módulo de Carencia Material, aplicado en 2009 y 2014, recoge información sobre algunas privaciones cotidianas, en las que también se observa un significativo descenso del nivel de vida en los últimos años:

 

  • La proporción de hogares con niños en los que éstos no pueden disponer de ropa nueva ha crecido del 3,8% en 2009 hasta el 6,5% en 2014, llegando al 17,4% en los hogares pobres (deciles 1º y 2º de ingresos) y al 19% en los de extranjeros no comunitarios. En la misma línea, los hogares en los que viven los niños que no pueden celebrar su fiesta de cumpleaños con los amigos por falta de recursos ha pasado del 6,5% al 10,4% (27% en los hogares pobres, 35% en los de extranjeros no comunitarios).
  • La proporción de personas adultas que no pueden permitirse reunirse con amigos o familia para comer o tomar algo al menos una vez al mes ha pasado del 6,6 en 2009 al 11,8% en 2014. Una tasa que sube del 15 al 30% en los hogares más pobres, del 14 al 26% entre los parados y del 18 al 28% entre los extranjeros no comunitarios.

La política de recortes incrementa el malestar social

Los impuestos y cotizaciones a la Seguridad Social son la base de las políticas sociales públicas que constituyen el salario indirecto de los hogares. Tales políticas constituyen el principal mecanismo de redistribución social y suponen para los hogares una importantísima vía de ingresos, sea en prestaciones dinerarias (como las pensiones o las prestaciones de desempleo) o no dinerarias (como la sanidad o la educación públicas. Desde una perspectiva histórica el gasto social experimentó un importante crecimiento en los 25 primeros años de régimen democrático (1975-1990), al pasar del 16 al 23% del PIB, para estabilizarse después entre el 25 y el 30% en función del ciclo económico. No obstante, el gasto social de España en relación al PIB ha sido siempre inferior a la media de la Unión Europea, incluso después de la ampliación a 28 países.

La evolución en euros constantes del gasto público por persona creció a un ritmo interanual del 3,4% entre los años 2000 y 2007, pasando al llegar la crisis por dos fases: crecimiento interanual del 6% en 2008-2009 y bajada en picado en el trienio siguiente (-0,6% en 2010, -3,4% en 2011 y -5,5% en 2012) a raíz del cambio de rumbo introducido por el gobierno del PSOE en junio de 2010.

La tesis oficial de los últimos gobiernos ha sido que las políticas sociales están sobredimensionadas en relación a la capacidad económica de la hacienda pública y que, por tanto, es imprescindible introducir recortes en las prestaciones y servicios, así como procesos de privatización que impliquen una reducción del gasto. Entre otras medidas, ha quedado sin efecto el Pacto de Toledo sobre Pensiones, se aplican drásticos recortes en sanidad, educación y servicios sociales, se da marcha atrás a la ley de dependencia, se bajan los salarios del funcionariado, se privatizan servicios públicos, incluso aquellos que son rentables como la canalización y distribución del agua, etc. Por otra parte, se amplían los impuestos indirectos que afectan a toda la población y se llevan a cabo sucesivas reformas laborales que frenan la negociación colectiva y favorecen los despidos con baja indemnización, a la vez que se proporciona dinero público y avales del Estado para salvar a la banca. En definitiva, se despliega sin restricciones el modelo social de capitalismo neoliberal y la crisis se aprovecha para profundizar en esta estrategia.

En este contexto crece el malestar social que se manifiesta en el rechazo de la clase política (considerada el tercer problema del país en los sondeos mensuales del CIS, por detrás del paro y los problemas económicos) y en las movilizaciones de amplios sectores de la sociedad (mareas de los diversos colores, cumbre social, dos huelgas generales, diversos frentes críticos), que reclaman otros escenarios para salir de la crisis. Entre otras medidas, se plantea la necesidad de orientar los recortes hacia el gasto militar (uno de los que generan más deuda por las inversiones en armamento e I+D) e incrementar los ingresos públicos, recuperando o ampliando impuestos derogados (de sociedades, a las grandes riquezas, de sucesiones), evitando el fraude y los paraísos fiscales, e introduciendo nuevos impuestos (al turismo, ecológico), etc.

Surgen también movimientos de base como el 15M o partidos y plataformas electorales que plantean un cambio de paradigma en la economía y en el ejercicio de la política, y reclaman una participación directa de las poblaciones en los asuntos que les conciernen, a la vez que se reabre un debate instituyente que parecía cerrado en torno a las causas estructurales que impiden el desarrollo de una democracia real y una economía socialmente justa, en armonía con la naturaleza y solidaria en el plano internacional.

[1] Colectivo Ioé forma parte del grupo cooperativo Tangente y es autor del Barómetro Social de España.

[2] OIT (2012): Informe Mundial sobre Salarios 2012-2013. Ginebra; y OCDE (2012): “Partage de la valeur ajoutée entre travail et capital: Comment expliquer la diminution de la part du travail?. En Perspectives de l’emploi (Chapitre 3).

[3] La publicación de la ECV por parte del INE recoge la evolución en euros corrientes de cada año, lo que altera la evolución real del poder de compra pues no tiene en cuenta la inflación. En euros corrientes el descenso de la renta por persona sería exactamente la mitad (-8,1%) que si se tiene en cuenta la inflación (-15,9%).

Carta contra el hambre

Por más que se la quiera ocultar como palabra maldita, prohibida en el lenguaje políticamente correcto, el hambre es una incómoda realidad que nos interpela cada día. Junto a la guerra, la peste y vecina de la muerte, el hambre vuelve a cabalgar con todo su poder destructor, como los cuatro jinetes del Apocalipsis, sobre los azarosos comienzos del siglo XXI.

Y no es fácil librarse de esta plaga. Porque, entre otras poderosas razones, en una sociedad secularizada como la nuestra, ya no disponemos del fácil concurso de una veleidosa y vengativa divinidad que descarga toda su ira sobre la perversión y egoísmo de los humanos. Las causas reales del hambre, hoy como ayer, se encuentran más a ras de tierra. Y la solución también: es cuestión de repartir con justicia y solidaridad.

Pero, bien miradas las cosas, lo cierto es que, mientras sigamos asistiendo impasibles a la muerte de la democracia en aras de un sistema del capital injusto y despiadado, estaremos asumiendo el empobrecimiento de millones de personas, y, como consecuencia, el hambre.

Contra la sorpresa y posterior silenciamiento de la FAO –no hablamos del mal llamado Tercer Mundo– el hambre ya ha rebasado los poderosos muros de la UE. Madrid, Atenas y Lisboa se han convertido hoy día en capitales de la pobreza en Europa. Y España, según el último informe de Eurostat, es, después de Letonia, el país con mayor desigualdad en el reparto de la renta.

Y lo que resulta más preocupante de una sociedad, que se considera desarrollada y moderna, es que ésta se permita desentenderse institucionalmente del grito de esta injusticia y que vuelque todo el peso de la responsabilidad sobre la espalda de instituciones privadas, filantrópicas y/o religiosas. Desde Éxodo denunciamos esta práctica irresponsable porque consideramos que no es justo ni razonable reservar al voluntariado y a la caridad lo que se debe hacer por derecho.

No deja de ser significativo, a este propósito, que una de las primeras urgencias a que han tenido que atender las nuevas administraciones locales, surgidas del 24 M en España, haya sido, junto a la paralización de los desahucios, la atención a los comedores escolares y al reparto de alimentos en los barrios precarizados. Solo en la Comunidad de Madrid, según la última Encuesta de Condiciones de Vida, se cuentan más de 330.000 personas bajo el umbral de la pobreza severa.

La Carta contra el Hambre, en cuya gestación y difusión ha estado implicada esta revista desde el principio (ver páginas interiores) ha cosechado no solo el apoyo de múltiples instituciones privadas de ámbito local y estatal, sino que ha conseguido también el compromiso por escrito de la práctica totalidad de los nuevos administradores locales en orden a erradicar esta lacra que a toda la sociedad nos humilla. Desde la Plataforma de la Carta contra el Hambre vamos a seguir vigilando para que estos compromisos escritos empiecen a ser, desde ya, una realidad.