LA CRISIS DE LAS HIPOTECAS BASURA

Carlos Pereda

Exodo 107 (ener.-febr) 2011
– Autor: Carlos Pereda –
¿POR QUÉ SE CAYÓ TODO Y NO SE HA HUNDIDO NADA? Ed. Sequitur/Attac, Madrid, 1010
 
El libro ofrece un análisis preciso y claro –lo que es muy de agradecer- de la compleja crisis financiera y social en la que estamos inmersos. En primer lugar, se presentan los protagonistas: el dinero bancario, las hipotecas basura y los paraísos fiscales –“desagües y vertederos”-; las burbujas financiera e inmobiliaria; los famosos mercados –“carroñeros del parqué”–, los organismos financieros internacionales, los bancos centrales y las cumbres del G-20; la deuda soberana de los estados y las políticas antisociales de muchos gobiernos; y también las propuestas alternativas para salir de la crisis, entre ellas las de bastantes economistas críticos, las del ALBA o las del Foro Social Mundial, etc. (a modo de anexo se presenta y comenta una amplia bibliografía en torno a la crisis).

En segundo lugar, se recogen los efectos sociales de la crisis: recesión económica y sequía del crédito; desempleo creciente; mayor desigualdad en el reparto de la renta y la riqueza; más pobreza y menos salud para los grupos frágiles (mujeres, jóvenes, minorías, inmigrantes); especulación sobre el petróleo y los alimentos; relegación a un segundo plano de la crisis ecológica y el cambio climático…

Se plantea también una explicación sobre el origen de la crisis, que no es otro que la lógica de un capitalismo y un sistema de valores que generan de forma permanente desigualdad económica y política, jerarquización (entre culturas, sexos y etnias), individualismo, confrontación y guerras, pero también crisis periódicas que contribuyen a frenar la carrera desbocada del capital. A grandes trazos se repasa la historia del dinero bancario, las principales crisis del capitalismo y la desregulación financiera de las últimas décadas. La explicación de estos procesos se acompaña de datos y ejemplos concretos de gran interés. Por ejemplo, para mostrar el poder del dinero se alude al proceso judicial por irregularidades y estafas contra el primer banquero de España, Emilio Botín, en 1996, por el que el fiscal pedía 170 años de prisión pero que fue abortado antes de empezar por el propio ministro de Economía Rodrigo Rato con la complicidad de María Teresa de la Vega, a la sazón secretaria de Estado de Justicia. O el dato increíble, esta vez para mostrar la amplitud de los movimientos especulativos, de que las transacciones financieras en el mercado de divisas suman 60 veces más que el comercio mundial.

El libro concluye con un breve apartado en el que se aborda el subtítulo del libro: ¿por qué se cayó todo y no se ha hundido nada? Según los autores, los agentes determinantes de las decisiones políticas para salir de la crisis han sido, hasta ahora, la banca y los especuladores, es decir, los mismos que la han provocado. Esto supone que no se resolverán los problemas de fondo, que los desequilibrios se mantendrán y sobrevendrán nuevas crisis, todavía más graves. La razón no estaría en la falta de ideas sino en el fracaso de la izquierda y de los movimientos sociales críticos de todo el planeta para transmitir sus planteamientos a la población e influir en los cambios políticos de fondo que se requieren. Autocrítica que se vuelve propuesta y proyecto al plantear la necesidad de “un gran proyecto de convergencia muy sincero y fraternal, con gran lucidez y, sobre todo, sin un ápice de sectarismo sino anteponiendo a cualquier otra cosa los elementos transversales que permitan hacer mallas y construir redes para religar y coordinar lo local y lo disperso y para traducir a una única lengua las diferentes voces y discursos de la transformación social” (pág. 262).

COMUNICADO DEL CCRI-CG DEL EZLN SOBRE LA MUERTE DEL OBISPO DON SAMUEL RUIZ

Subcomandante Marcos

Exodo 107 (ener.-febr) 2011
– Autor: Subcomandante Marcos –
 
AL PUEBLO DE MÉXICO: El Comité Clandestino Revolucionario Indígena-Comandancia General del Ejército Zapatista de Liberación Nacional manifiesta su pesar por la muerte del obispo emérito Don Samuel Ruiz García.

En el EZLN militan personas con diferentes credos y sin creencia religiosa alguna, pero la estatura humana de este hombre (y la de quienes, como él, caminan del lado de los oprimidos, los despojados, los reprimidos, los despreciados), llama a nuestra palabra. Aunque no fueron pocas ni superficiales las diferencias, desacuerdos y distancias, hoy queremos remarcar un compromiso y una trayectoria que no son sólo de un individuo, sino de toda una corriente dentro de la Iglesia católica.

Don Samuel Ruiz García no sólo destacó en un catolicismo practicado en y con los desposeídos, con su equipo también formó toda una generación de cristianos comprometidos con esa práctica de la religión católica. No sólo se preocupó por la grave situación de miseria y marginación de los pueblos originarios de Chiapas, también trabajó, junto con su heroico equipo de pastoral, por mejorar esas indignas condiciones de vida y muerte.

Lo que los gobiernos olvidaron propositivamente para cultivar la muerte, se hizo memoria de vida en la diócesis de San Cristóbal de las Casas.

Don Samuel Ruiz García y su equipo no sólo se empeñaron en alcanzar la paz con justicia y dignidad para los indígenas de Chiapas, también arriesgaron y arriesgan su vida, libertad y bienes en ese camino truncado por la soberbia del poder político. Incluso desde mucho antes de nuestro alzamiento en 1994, la diócesis de San Cristóbal padeció el hostigamiento, los ataques y las calumnias del Ejército Federal y de los gobiernos estatales en turno.

Al menos desde Juan Sabines Gutiérrez (recordado por la masacre de Wolonchan en 1980) y pasando por el general Absalón Castellanos Domínguez, Patrocinio González Garrido, Elmar Setzer M., Eduardo Robledo Rincón, Julio César Ruiz Ferro (uno de los autores de la matanza de Acteal en 1997) y Roberto Albores Guillén (más conocido como “el croquetas”), los gobernadores de Chiapas hostigaron a quienes en la diócesis de San Cristóbal se opusieron a sus matanzas y al manejo del Estado como si fuera una hacienda porfirista.

Desde 1994, durante su trabajo en la Comisión Nacional de Intermediación (CONAI), en compañía de las mujeres y hombres que formaron esa instancia de paz, don Samuel recibió presiones, hostigamientos y amenazas, incluyendo atentados contra su vida por parte del grupo paramilitar mal llamado “Paz y Justicia”.Y siendo presidente de la CONAI don Samuel sufrió también, en febrero de 1995, un amago de encarcelamiento.

Ernesto Zedillo Ponce de León, como parte de una estrategia de distracción (tal y como se hace ahora) para ocultar la grave crisis económica en la que él y Carlos Salinas de Gortari habían sumido al país, reactivó la guerra contra las comunidades indígenas zapatistas. Al mismo tiempo que lanzaba una gran ofensiva militar en contra del EZLN (misma que fracasó), Zedillo atacó a la Comisión Nacional de Intermediación.

Obsesionado con la idea de acabar con don Samuel, el entonces presidente de México, y ahora empleado de trasnacionales, aprovechó la alianza que, bajo la tutela de Carlos Salinas de Gortari y Diego Fernández de Cevallos, se había forjado entre el PRI y el PAN. En esas fechas, en una reunión con la cúpula eclesial católica, el entonces procurador general de la República, el panista y fanático del espiritismo y la brujería más chambones, Antonio Lozano Gracia, blandió frente a don Samuel Ruiz García un documento con la orden de aprehensión en su contra. Y cuentan que el procurador graduado en ciencias ocultas fue confrontado por los demás obispos, entre ellos Norberto Rivera, quienes salieron en la defensa del titular de la diócesis de San Cristóbal.

La alianza PRI-PAN (a la que luego se unirían en Chiapas el PRD y el PT) en contra de la Iglesia católica progresista no se detuvo ahí. Desde los gobiernos federal y estatal se apadrinaron ataques, calumnias y atentados en contra de los miembros de la diócesis. El Ejército Federal no se quedó atrás. Al mismo tiempo que financiaba, entrenaba y pertrechaba a grupos paramilitares, se promovía la especie de que la diócesis sembraba la violencia. La tesis de entonces (y que hoy es repetida por idiotas de la izquierda de escritorio) era que la diócesis había formado a las bases y a los cuadros de dirección del EZLN.

Un botón de la amplia muestra de estos argumentos ridículos se dio cuando un general mostraba un libro como prueba de la liga de la diócesis con los “transgresores de la ley”. El título del libro incriminatorio es “El Evangelio según San Marcos”.

Hoy en día esos ataques no han cesado. El Centro de Derechos Humanos “Fray Bartolomé de las Casas” recibe continuamente amenazas y hostigamientos. Además de haber sido fundado por don Samuel Ruiz García y de tener una inspiración cristiana, el “Frayba” tiene como “delitos agravantes” el creer en la Integralidad e Indivisibilidad de los Derechos Humanos, el respeto a la diversidad cultural y al derecho a la Libre Determinación, la justicia integral como requisito para la paz, y el desarrollo de una cultura de diálogo, tolerancia y reconciliación, con respeto a la pluralidad cultural y religiosa.

Nada más molesto que esos principios. Y esta molestia llega hasta el Vaticano, donde se maniobra para partir la diócesis de San Cristóbal de las Casas en dos, un modo de diluir la alternativa en, por y con los pobres, en la acomodaticia que lava conciencias en dinero. Aprovechando el deceso de don Samuel, se reactiva ese proyecto de control y división. Porque allá arriba entienden que la opción por los pobres no muere con don Samuel. Vive y actúa en todo ese sector de la Iglesia católica que decidió ser consecuente con lo que se predica.

Mientras tanto, el equipo de pastoral, y especialmente los diáconos, ministros y catequistas (indígenas católicos de las comunidades) sufren las calumnias, insultos y ataques de los neo-amantes de la guerra. El poder sigue añorando sus días de señorío y ven en el trabajo de la diócesis un obstáculo para reinstaurar su régimen de horca y cuchillo. El grotesco desfile de personajes de la vida política local y nacional frente al féretro de Don Samuel no es para honrarlo, sino para comprobar, con alivio, que ha muerto; y los medios de comunicación locales simulan lamentar lo que en realidad festejan.

Por encima de todos esos ataques y conspiraciones eclesiales, don Samuel Ruiz García y l@s cristian@ s como él, tuvieron, tienen y tendrán un lugar especial en el moreno corazón de las comunidades indígenas zapatistas. Ahora que está de moda condenar a toda la Iglesia católica por los crímenes, desmanes, comisiones y omisiones de algunos de sus prelados… Ahora que el sector autodenominado “progresista” se solaza en hacer burla y escarnio de la Iglesia católica toda… Ahora que se alienta el ver en todo sacerdote a un pederasta en potencia o en activo… Ahora sería bueno volver a mirar hacia abajo y encontrar ahí a quienes, como antes don Samuel, desafiaron y desafían al poder. Porque est@s cristianos creen firmemente en que la justicia debe reinar también en este mundo.

Y así lo viven, y mueren, en pensamiento, palabra y obra. Porque si bien es cierto que hay Marciales y Onésimos en la Iglesia católica, también hubo y hay Roncos, Ernestos, Samueles, Arturos, Raúles, Sergios, Bartolomés, Joeles, Heribertos, Raymundos, Salvadores, Santiagos, Diegos, Estelas, Victorias, y miles de religios@ s y seglares que, estando del lado de la justicia y la libertad, están del lado de la vida. En el EZLN, católicos y no católicos, creyentes y no creyentes, hoy no sólo honramos la memoria de don Samuel Ruiz García. También, y sobre todo, saludamos el compromiso consecuente de l@s cristian@ s y creyentes que en Chiapas, en México y en el mundo, no guardan un silencio cómplice frente a la injusticia, ni permanecen inmóviles frente a la guerra.

Se va don Samuel, pero quedan muchas otras, muchos otros que, en y por la fe católica cristiana, luchan por un mundo terrenal más justo, más libre, más democrático, es decir, por un mundo mejor. Salud a ellas y ellos, porque de sus desvelos también nacerá el mañana.

¡LIBERTAD! ¡JUSTICIA! ¡DEMOCRACIA!

Desde las montañas del Sureste Mexicano

Por el Comité Clandestino Revolucionario Indígena- Comandancia General del EZLN:

Teniente Coronel Insurgente Moisés.

Subcomandante Insurgente Marcos.

FORO SOCIAL MUNDIAL 2011 EN DAKAR

Varios Autores

Exodo 107 (ener.-febr) 2011
– Autor: Varios Autores –
Y en eso… llegó Evo Morales
 
De la lluvia amazónica al ardiente y noble sol de África; el Foro Social Mundial cambia de continente ocupando la merecidamente ganada centralidad que le corresponde, gracias entre otras cosas a las revueltas sociales de Egipto y especialmente de Túnez.

Los protagonistas de esta Marcha han sido sin lugar a duda los negros centroafricanos, los árabes y bereberes del norte del continente, sin olvidar los movimientos protagonizados por mujeres y la contribución latinoamerica, juntos y en pie frente al neoliberalismo y la dictadura de los mercados.

Las revueltas de Egipto y Túnez han estado muy presentes en el ánimo de los marchadores y marchadoras africanos, reconociendo el éxito más rápido y con mayor implicación social de esta última.

Las personas autoras de esta crónica, miembros todos de la delegación de ATTAC España, se han sentido especialmente emocionadas ante la presencia de los numerosos grupos y movimientos sociales presentes, la mayor parte africanos, en los cuales el protagonismo de la mujer africana queda patente. Especialmente llamativas fueron las senegalesas, que con sus ropajes, coloridos, decorados, aguantaron durante más de tres horas cantando, danzando y repitiendo consignas reivindicativas expresadas con cadencia africana. Otro hecho a destacar ha sido la numerosísima presencia de jóvenes a lo largo de la Marcha.

Y cuando se iba acercando el fin y comenzaban las intervenciones públicas de inicio del Foro Social Mundial, hemos podido comprobar la gran imbricación de los movimientos sociales con la política. Los encargados de inaugurarlo y por tanto iniciar las primeras reflexiones han sido el ministro de la Presidencia de Brasil y el antiguo líder cocalero y actual Presidente de la República de Bolivia Evo Morales.

Evo Morales ha hecho un discurso políticamente muy comprometido y con su peculiar estilo ha conseguido que africanos, latinoamericanos, asiáticos y europeos compartamos como propia la ilusión, en base a un programa de ideas muy concretas:

_ Identificar al enemigo tanto interno como externo. _ El adversario fundamental es el neoliberalismo, que genera hambrunas, hace que los pobres paguen las crisis del capitalismo y destruye a la Madre Tierra. _ Ha logrado que el agua sea considerada como un Derecho Humano por la ONU, atacando a renglón seguido las privatizaciones tanto de los servicios públicos como de la apropiación por las transnacionales de los recursos naturales

_ Dejar bien claro que el calentamiento de la tierra y la destrucción del medio ambiente es culpa del capitalismo, en sus propias palabras: hay que enfriar la tierra.

Evo ha demostrado con datos que el empoderamiento ciudadano, si logra democráticamente hacerse con el poder político en una nación, puede mejorar la distribución de los recursos naturales, con lo que ha defendido el papel clave del estado en la distribución de la riqueza.

No podía irse Morales, siendo boliviano y estando en África, sin hablar de la inmigración, criticando la política europea de arrojar a los inmigrantes. Evo ha manifestado muy gráficamente cómo se están haciendo planes para expulsar a los pobres pero no se está haciendo nada para expulsar a los ricos.

Finalmente nos hemos retirado esperanzados y con ganas de empezar un programa cargado de conferencias, asambleas, ponencias y reflexiones, que nos conduzcan hacia lo que ha sido el grito más repetido durante toda la Marcha: “OTRO MUNDO ES POSIBLE”.

EL BUEN VIVIR

Juan Diego García

Exodo 107 (ener.-febr) 2011
– Autor: Juan Diego García –
 
La actual constitución ecuatoriana establece el principio del Buen Vivir como un instrumento que permitiría armonizar tanto el orden social como alcanzar una relación sana con la naturaleza, inspirándose inicialmente en las propias tradiciones indígenas pero con el propósito de sintetizar éstas con las culturas europea y africana, todas ellas presentes en el complejo tejido multiétnico del país.

Armonizar el orden social comienza con la redistribución de la riqueza, garantía material de un Buen Vivir, dando de esta manera satisfacción universal a las necesidades básicas de la población. Socialmente el Buen Vivir supone el fin de toda suerte de exclusión, algo fundamental en una sociedad con un alto porcentaje de población discriminada por su origen racial. De igual forma, el sistema político haría compatibles la democracia representativa con formas nuevas de participación directa de las comunidades en el manejo de los asuntos públicos. La armonía con la naturaleza exigiría un modelo de producción esencialmente diferente al actual y el fin de toda forma de consumismo.

El Buen Vivir de Ecuador guarda estrecha relación con orientaciones similares en Bolivia y Venezuela y es compartido por muchos movimientos sociales en la región. En palabras del presidente Chávez, por ejemplo, el objetivo de la Revolución Bolivariana no es hacer a todos más ricos sino permitir el pleno despliegue de las potencialidades individuales y colectivas, algo que se riñe con la idea tradicional que vincula el simple crecimiento económico con el desarrollo. La idea del “Buen Vivir” tampoco resulta ajena a otros conceptos corrientes hoy en sociedades ricas que ponen en tela de juicio las relaciones de propiedad y poder así como el vínculo entre su modo de vida y el impacto que éste produce en el medio natural. El énfasis en la dimensión cuantitativa, tan ligada al sentido mismo de la sociedad del consumo, parece dar paso a consideraciones más cercanas a la calidad de vida, al cuidado de la naturaleza, a cálculos menos restringidos sobre la explotación de los recursos y a la responsabilidad con las futuras generaciones.

Ahora bien, cualquiera de estas estrategias del Buen Vivir o del consumo responsable y el rompimiento con el mito de asociar automáticamente crecimiento con progreso y desarrollo lleva indefectiblemente a cuestionar el sistema mismo, es decir, a preguntarse si un cambio tan radical en el orden social -casi un cambio de civilizaciónes- compatible con el capitalismo y de no ser así, cuáles serían, entre otras consideraciones, las relaciones de propiedad y poder, la participación ciudadana y el tipo de producción y distribución de la riqueza social en ese nuevo ordenamiento. La respuesta en el Nuevo Mundo es cada vez más clara: los movimientos sociales, en el poder o en la oposición, mayoritariamente desconfían del capitalismo y proponen en su lugar un socialismo acorde con sus propias condiciones y más cercano a la idea del Buen Vivir. ¿Un vínculo acaso con la tradición del movimiento socialista, en particular con ese “ocio creador” que tan magistralmente plasmó en su folleto “El derecho a la pereza” el propio yerno de Karl Marx, casualmente el cubano Paul Lafargue (Santiago de Cuba, 15 de enero de 1842)?.

Los retos que enfrenta esta búsqueda de alternativas al capitalismo no son pocos. Si en el mundo rico algo similar al Buen Vivir supondría drásticos cambios en los patronos de producción y de consumo, en la periferia pobre del sistema las dificultades se multiplican porque no solo se trata de cambiar el modelo capitalista por otro sino satisfacer primero muchas de las tareas históricas que su capitalismo raquítico, deformado y dependiente nunca resolvió. Una reducción de la actividad económica o –en todo caso– un reordenamiento y racionalización de la misma resulta más cómodo cuando se cuenta con múltiples recursos de capital, conocimientos, tecnología y una población cualificada y que mayoritariamente tiene resueltas sus necesidades básicas, pero no sucede así en las difíciles condiciones del atraso. Los recursos de todo orden que permitieron el desarrollo del capitalismo metropolitano o no existen o se presentan de manera muy precaria en los países pobres.

La estrategia del Buen Vivir en países como Ecuador, Venezuela, Bolivia y similares tiene entonces la urgente necesidad de intensificar la producción y no solo de propiciar mecanismos de redistribución que mejoren la vida cotidiana de las inmensas mayorías de la población. Tareas obvias como democratizar la propiedad rural mediante una profunda reforma agraria, industrializar, construir las infraestructuras necesarias, universalizar la educación y la salud, en pocas palabras, acceder a la modernidad, suponen imponer una dinámica y un esfuerzo productivo de dimensiones considerables que exigen abolir los actuales privilegios de las elites (un acto de enorme y revolucionaria violencia en todos los órdenes) y traen consigo un impacto sobre el medio natural que si no median alternativas realizables seguiría los mismos o similares caminos de la modernidad en Occidente. Nada de esto resulta compatible con el Buen Vivir. Seguir el ejemplo de China o India resulta bastante alejado de este ideal y muestra cómo el camino clásico parece indisolublemente ligado a una explotación atroz de los trabajadores y a producir un impacto considerable sobre la naturaleza. ¿Es posible la industrialización y la modernización de la agricultura sin generar altísimos impactos en el medio ambiente? ¿Es viable lograrlo sin hacer uso de los mismos métodos de superexplotación del trabajo, típicos de la acumulación primitiva del capitalismo? Esta es una cuestión central en el debate y constituye un reto no solo teórico sino práctico cuando se asumen responsabilidades de gobierno. Si reformar el capitalismo dependiente ha sido hasta ahora tarea imposible ante las resistencias oligárquicas locales e imperialistas externas no resultará nada fácil desmantelar el sistema mismo y construir otro en su lugar. Las medidas de corte keynesiano podrían ser, en todo caso, una respuesta parcial al actual capitalismo salvaje, pero es muy dudoso que sirvan igualmente para dar satisfacción a los interrogantes centrales que plantea una estrategia como la del Buen Vivir.

Además, contra el Buen Vivir y contra el desarrollo en general actúa el modelo “extractivista” tan típico de los países periféricos (y Ecuador, Bolivia o Venezuela lo son) en los cuales una parte considerable de sus recursos proviene precisamente de la minería, la extracción de petróleo y gas y otras actividades similares que impactan de manera muy agresiva en el medio y no generan acumulación interna de capital; solo se beneficia a las empresas transnacionales. Al mundo pobre se deja en todo caso la industria más contaminante y de menos valor agregado y se le impone un desarrollo agrícola basado en la gran explotación moderna, enemiga acérrima del medio ambiente y que ni siquiera está dirigida prioritariamente al mercado nacional. De esta forma, la economía “extractivista” actúa de lleno contra las intenciones de superar la naturaleza depredadora del industrialismo. Además -y esto resulta de importancia estratégica- el modelo actual no hace más que prolongar en estos países su carácter de economías subsidiarias, complementos menores de las economías metropolitanas, es decir, eterniza la relación de dependencia y agota recursos que serán claves para su desarrollo futuro.

Alcanzar el consenso social necesario para que una estrategia del Buen Vivir cuente con apoyos suficientes no es sencillo cuando se trata de las llamadas “clases medias” acostumbradas al consumismo (sobre todo sus estratos más altos), reacias por tanto a cualquier cambio que suponga renuncias y sacrificios. No por azar allí se anida la mayor reacción contra los gobiernos de progreso. La oligarquía criolla, aun siendo tan minoritaria (no pasará del 1% de la población), consigue en estos estratos su clientela electoral, a la que se suma por lo general el sector social más atrasado políticamente (manipulable por el clero conservador y los mass media en manos de multinacionales). Pero las mayorías tampoco están a resguardo de esta cultura del consumismo tan diferente al Buen Vivir, sujetas como están a la manipulación que identifica bienestar y consumismo, felicidad y modo de vida metropolitano. El sistema cuenta entonces con la ventaja de la cultura predominante, extraña por principio a la idea del Buen Vivir. El sueño de alcanzar los niveles de consumo que observan en la clase dominante y sobre todo el que se transmite por los medios de comunicación puede llegar a dificultar la aceptación de una idea como la del Buen Vivir, aunque considerando el grado de pobreza de las grandes mayorías (inclusive de sectores crecientes de la pequeña burguesía empobrecida por el neoliberalismo y sumida en la desesperanza por la actual crisis) es de suponer que para el pobrerío de estos países será siempre más realista optar por un ideario que se traduce en la satisfacción real de sus necesidades básicas (aunque solo sea eso, ya es mucho) que permanecer indefinidamente viviendo del sueño irrealizable de una vida dorada en el capitalismo.

El apoyo mayoritario de la población, la fuerza que adquieren ideas como las del Buen Vivir, será probablemente la clave del apoyo electoral mayoritario que hasta hoy ha permitido a los presidentes Correa, Morales y Chávez sortear con éxito el juego tramposo que supone la democracia burguesa: “con cara gano yo, con cruz pierdes tú”.

PROPUESTA DEL PROYECTO DE BANCA ÉTICA FIARE

Pedro Tostado

Exodo 107 (ener.-febr) 2011
– Autor: Pedro Tostado –
 
La actividad económica no es neutral. No se desarrolla mediante mecanismos automáticos, involuntarios o sin intención. Toda decisión económica es, en último término, una decisión ética, asumida desde un marco determinado de convicciones y cuyas consecuencias favorecen a unos y perjudican a otros.

Podemos observar que el sistema bancario actual no cubre nuestras demandas como ahorradores, consumidores e inversores. Ya sabemos desde qué criterios invierten las instituciones financieras nuestro dinero: el lucro y el beneficio como objetivo fundamental.

Por todo ello nace el proyecto de Banca Ética Fiare.

La Asociación Fiare nace como punto de encuentro entre personas y entidades que comparten la exigencia de una gestión responsable y transparente de los recursos financieros.

NUESTROS OBJETIVOS

1 . Financiar actividades económicas que tengan un impacto social positivo, apoyando empresas y proyectos sociales, medioambientales, culturales y humanitarios, y prestar especial atención en poner los recursos al alcance de las personas más pobres y a las organizaciones que trabajan con y para ellas, tanto en el Norte como en el Sur del mundo.

2. Ofrecer una opción alternativa al ahorrador e inversor responsable, garantizando la transparencia en el movimiento del dinero y canalizando sus deseos de decidir responsablemente sobre el uso que de éste hace la entidad financiera.

3. Ser sostenible social, medioambiental y económicamente y para ello serán requisitos ineludibles y necesarios la integración del proyecto en su entorno social, el desarrollo de principios de gestión que garanticen el máximo respeto al medio ambiente, así como la viabilidad económica del proyecto y la obtención de excedentes económicos que permitan el crecimiento, la inversión social, la modernización y la cobertura de imprevistos.

Por estos motivos queremos:

A: Desarrollar instrumentos financieros al servicio de iniciativas de interés social promovidas desde las organizaciones activas en el Tercer Sector y la Economía Social y Solidaria.

B: Trabajar para que el dinero esté al servicio de las personas y, por lo tanto, priorizar que las personas excluidas sean beneficiarias y estén en el centro del proyecto.

C: Buscar la rentabilidad a partir del uso social más eficaz del dinero, renunciando al lucro como objetivo máximo para favorecer el interés social, desarrollando instrumentos que no persigan la búsqueda del beneficio en sí mismo sino la promoción humana y social.

D: Contribuir a la consecución de un desarrollo socialmente justo y ambientalmente sostenible, promoviendo iniciativas y proyectos respetuosos y comprometidos con el medio ambiente.

E: Impulsar la inversión financiera y reinversión de los posibles excedentes económicos en ámbitos como la inserción socio-laboral de personas desfavorecidas, el compromiso medioambiental, programas relacionados con la integración de minorías étnicas, la cooperación para el desarrollo, el comercio justo, la atención a personas en riesgo de exclusión social, etc.

F: Ser un proyecto arraigado en su entorno que trabaje creando sinergias con la Economía Social y Solidaria a partir de una implicación mutua en un proyecto de consolidación de instrumentos que favorezcan unas relaciones diferentes en el uso del dinero. G: Gestionar nuestras acciones desde criterios de máxima austeridad y eficiencia, primando la “ley del valor solidario” frente a la “ley del valor monetario”.

El Proyecto Fiare pretende, en un plazo no lejano, la creación de una cooperativa de crédito que funcione de acuerdo con los criterios de la Banca ética. Por ello se firmó un acuerdo marco de colaboración con Banca Popolare Etica S.C. a r.l. de Padova (Italia) (BpE) para la puesta en marcha de un agente financiero que comercializara en el mercado español los productos y servicios financieros de BpE y que funciona desde el año 2005.

Paralelamente al desarrollo de la actividad de agente, el Proyecto Fiare se ha ido expandiendo en todo el estado español, aglutinando diferentes redes sociales, tanto territoriales como de ámbito estatal. Dichas redes sociales, han decidido crear una cooperativa con una base social amplia en toda España. Posteriormente dicha cooperativa se fusionaría con la Banca Popolare Etica y la Sociedad cooperativa francesa La Nef para la creación de una Cooperativa de crédito europea de Banca Ética.

SOMOS LOS CAMBIOS QUE QUEREMOS

Leonardo Boff

Exodo 107 (ener.-febr) 2011
– Autor: Leonardo Boff –
 
Esta frase que parece arrogante es en realidad el testimonio de lo que significa el proyecto «Cultivando Agua Buena», puesto en marcha por la gran central hidroeléctrica Itaipú Binacional en los límites entre Brasil y Paraguay, que involucra a cerca de un millón de personas. Los directores de la empresa, Jorge Samek y Nelton Friedrich, con sus equipos, entendieron sabiamente el desafío mundial que nos viene del calentamiento planetario y resolvieron dar una respuesta local lo más inclusiva y holística posible. Tuvo tanto éxito que se ha vuelto una referencia internacional.

Sus directores-inspiradores lo dicen claramente: «La hidroeléctrica Itaipú adoptó para sí el papel de inductora de un verdadero movimiento cultural orientado a la sostenibilidad, articulando, compartiendo, sumando esfuerzos con los diversos actores de la Cuenca Paraná 3 en torno a una serie de programas y proyectos interconectados de forma sistémica y holística, que componen Cultivando Agua Buena. Fueron creados a la luz de documentos planetarios como la Carta de la Tierra, el Tratado de Educación Ambiental para Sociedades Sostenibles, la Agenda 21 y los Objetivos del Milenio».

Han realizado algo que es verdaderamente difícil: una verdadera revolución cultural, es decir, han introducido un conjunto de principios, valores, hábitos, estilos de educación, formas de relación con la sociedad y con la naturaleza, modos de producción y de consumo que justifica el lema, escrito en todas las camisetas de los cuatro mil participantes del último gran encuentro a mediados de noviembre: «somos los cambios que queremos en el planeta».

En efecto, la gravedad de la crisis del sistema-Vida y del sistema-Tierra es de tal magnitud que ya no bastan las iniciativas de los Estados, generalmente tardías y poco eficaces. La humanidad entera, todos los saberes, las instancias sociales y las personas individuales, deben dar su contribución y tomar el destino común en sus manos. En caso contrario, difícilmente sobreviviremos colectivamente.

Christian de Duve, premio Nóbel de Fisiología 1974, nos advierte en su conocido libro Polvo Vital: la vida como imperativo cósmico (1997) que «nuestro tiempo recuerda una de aquellas importantes rupturas en la evolución, caracterizadas por extinciones en masa». Efectivamente, el ser humano se ha vuelto una fuerza geofísica destructora. Tiempo atrás eran los meteoros rasantes los que amenazaban la Tierra, hoy el meteoro rasante devastador se llama ser humano sapiens y demens, doblemente demens.

De ahí la importancia del proyecto «Cultivando Agua Buena»: mostrar que la tragedia no es fatal. Podemos realizar los cambios que van desde la organización de centenas de cursos de educación ambiental y capacitación, pasando por el afloramiento de una conciencia colectiva de corresponsabilidad y cuidado por el ambiente, la gestión compartida de las cuencas hidrográficas, el incentivo a la agricultura familiar, la creación de un refugio biológico de especies regionales, de corredores de biodiversidad uniendo varias reservas forestales, de más de 800 km de cercas de protección de la vegetación ribereña, la recuperación de todos los ríos, el cultivo de plantas medicinales, la generación de energía mediante los deshechos de cerdos y aves, la construcción de un canal de 10 km para vencer un desnivel de 120 metros y permitir la subida de los peces, hasta la creación de un Centro Tecnológico, del Centro de Saberes y Cuidados Ambientales y de la Universidad de la Integración Latinoamericana, entre otras que no citamos.

La sostenibilidad, el cuidado y la participación/cooperación de la sociedad civil son los pilares que posibilitan este proyecto. La sostenibilidad introduce una racionalidad responsable por el uso solidario de los recursos escasos. El cuidado funda una ética de relación respetuosa con la naturaleza, curando heridas pasadas y evitando futuras, y la participación de la sociedad crea el sujeto colectivo que lleva a cabo todas las iniciativas. Tales valores son siempre revisados y pactados. El resultado final es el nacimiento de un tipo nuevo de sociedad, integrada con el ambiente, con una cultura de valorización de toda la vida, con una producción limpia y dentro de los límites del ecosistema, y con una profunda solidaridad entre todos. Un aura espiritual bienhechora recorre los encuentros como si todos se sintiesen un sólo corazón y una sola alma.

¿No es así como comienza el rescate de la naturaleza y el nacimiento de un nuevo paradigma de civilización?

LA MIRADA CRÍTICA Y NECESARIA DE HANS KÜNG

Manuel Fraijó

Exodo 107 (ener.-febr) 2011
– Autor: Manuel Fraijó –
Doctorado Honoris Causa por la UNED
 
Han pasado 15 años desde que 1.300 personas, emocionadas y puestas en pie, aplaudían la última clase magistral de Hans Küng. No menos emocionado que su auditorio, el gran teólogo enfilaba la salida del abarrotado salón de actos musitando un apenas perceptible “me gustaría seguir contando con su afecto”. Era el día de su jubilación.

España, país que tantas veces ha visitado y donde sus libros alcanzan una extraordinaria difusión, siempre le ha honrado con su afecto; pero estaba pendiente la tarea de plasmarlo en imágenes, de otorgarle relieve y solemnidad. Es lo que se propone hacer la UNED el próximo 27 de enero, a propuesta de su Facultad de Filosofía. Lo hicieron, antes que ella, otras 14 universidades de diferentes países. Hans Küng, además de ser uno de los más destacados teólogos actuales, ha prestado notables servicios a la filosofía, especialmente a la Filosofía de la Religión. Es más: pertenece a una tradición, la alemana, que no separa la teología de la filosofía. Casi todos los grandes teólogos alemanes crearon apasionantes teologías filosóficas. Es posible incluso que el paso del tiempo, tan inmisericorde con las creaciones humanas, solo respete aquellos proyectos teológicos hondamente enraizados en una rigurosa y exigente reflexión filosófica. Es, sin duda, el caso de Hans Küng (Sursee, Lucerna, 1928).

Todo comenzó en 1957 con una fascinante tesis doctoral. Llevaba por título La justificación. Doctrina de Kart Barth y una interpretación católica. Küng se atrevió con un tema que, desde los inicios de la Reforma, había dividido a católicos y protestantes. Con coraje y juventud, tendió puentes de diálogo y comprensión. Barth dio un simpático visto bueno a la obra, calificando a su autor de “israelita sin dolo” y deseándole que viniera sobre él el Espíritu.

En la década de los sesenta suscitaron gran entusiasmo y esperanza obras como Estructuras de la Iglesia (1962) y La Iglesia (1967). Küng dibujaba el perfil de una Iglesia humilde, fiel al mensaje de Jesús, atenta a las necesidades del mundo y siempre dispuesta a reformarse. Ni en los momentos más conflictivos de su relación con la Iglesia pensó Küng en abandonarla. El suyo es un servicio crítico, vigilante, incómodo y arriesgado, pero necesario. En 1965, en el transcurso de una entrevista privada, Pablo VI le hizo una “oferta de trabajo” que hubiera podido cambiar su biografía: lo cuenta, con envidiable maestría literaria, en el primer volumen de sus memorias, Libertad conquistada (p. 553 ss.). “Cuánto bien podría hacer usted (…) si pusiera sus grandes dotes al servicio de la Iglesia”, le dice el Papa. Küng le responde: “¿Al servicio de la Iglesia? Santidad, yo ya estoy al servicio de la Iglesia”. Pero el Papa se refería a la Iglesia específicamente romana y añadió: “debe confiar en mí”. De nuevo Küng: “yo tengo confianza en Su Santidad, pero no en cuantos están en su entorno”. La oferta no fue aceptada y Küng continuó su camino de profesor universitario.

Un camino que le condujo, si seguimos la secuencia cronológica, a un estudio intenso, guiado por el método histórico crítico, de la figura de Jesús. En 1974 vio la luz uno de sus libros más geniales, Ser cristiano. Era, sigue siendo, una obra repleta de información histórica y pasión creyente. Se afirmaba la fe cristiana de siempre, pero se expresaba de forma diferente. Küng no partía de fórmulas abstractas. Su punto de arranque era el gran protagonista de la aventura cristiana: Jesús de Nazaret.

Pero el teólogo sabe que tiene siempre una cita con lo último de lo último. San Pablo dice que Cristo es de Dios. Dios es, en efecto, el asunto final de la teología, su noche y su día, su prueba máxima.

Küng afrontó este reto en su monumental obra ¿Existe Dios? Respuesta al problema de Dios en nuestro tiempo (1978). A sus páginas se asoman todas las sacudidas experimentadas por el tema “Dios” desde que Descartes dio carta de ciudadanía a la duda. Küng responde afirmativamente a la pregunta por la existencia de Dios. Sin Dios, afirma, el ser humano quedaría sin suelo firme bajo los pies. En el horizonte aparecería el sinsentido. Sinsentido al que hacen frente algunas religiones con la promesa de la resurrección. Küng se atrevió también con este tema en su libro ¿Vida eterna? (1982).

Pero el final, la resurrección, conduce al origen, a la creación, al comienzo de todo. Es el tema que aborda en El principio de todas las cosas. Ciencia y religión (2007). Las últi- mas páginas constituyen un rotundo “no” a la “nada”, una apuesta por “la otra vida” que, incluso si al final se pierde, habrá ayudado a vivir esta con más ilusión y esperanza.

Sobre sus ilusiones y esperanzas vuelve, en tono personal, casi confidencial, en el libro Lo que yo creo (2011).

Desde que, incomprensiblemente, un 15 de diciembre de 1979, el papa Juan Pablo II “premió” esta hoja de servicios a la Iglesia retirando a este brillante defensor de la fe cristiana la venia docendi y declarándolo “teólogo no católico”, Küng se adentró en terrenos por los que no suele transitar el teólogo.

Nacieron así sus voluminosos estudios sobre las religiones: El judaísmo (1991), El cristianismo (1994) y El islam (2004). Previamente, en 1984, había visto la luz el volumen El cristianismo y las grandes religiones, en el que se sienta al cristianismo a dialogar con el islam, el hinduismo y el budismo. Küng no olvida que la secularización es un fenómeno casi exclusivamente occidental; en el resto del mundo, las religiones siguen configurando la realidad. Es, pues, necesario contar con su impulso.

Desembocamos, por último, en su más reciente aportación, la dedicada a la ética. H. Küng es fundador y presidente de la Fundación Ética Mundial, con sede en Tubinga y Zúrich, pero con representación en numerosos países. Representantes de la educación, la cultura, la religión y la política acuden a esta fundación en demanda de orientación en valores y compromiso educativo. El sustrato teórico de esta fundación se encuentra en su libro Proyecto de una ética mundial (1990). Su autor está convencido de que, sin un consenso ético básico sobre determinados valores, normas y actitudes, resulta imposible una convivencia humana digna, tanto en pequeñas como en grandes sociedades. Un consenso que solo es alcanzable mediante el diálogo y el mutuo reconocimiento y aprecio. La ética mundial debe partir de un principio tan básico como antiguo: “todo ser humano debe recibir un trato humano”.

Finalmente: dejó escrito Hegel que los grandes hombres no son solo los grandes inventores, “sino aquellos que cobraron conciencia de lo que era necesario”. A tales hombres pertenece, creo, el pensador al que estos días se propone honrar la UNED. Acabamos de enumerar algunos de sus méritos.

Desde luego, Küng nunca podría ser el destinatario del exabrupto que su gran amigo, el antiguo canciller socialdemócrata Helmut Schmidt, espetó a un grupo de periodistas. Cansado de que le reprocharan su realpolitik y su falta de espíritu utópico (gobernó Alemania después del carismático Willy Brandt), les obsequió, medio en broma, medio en serio, con un “el que tenga visiones que vaya al médico”.

Evidentemente la UNED no ha invitado al profesor Küng para “enviarlo al médico”, sino para añadirle a nuestro claustro de profesores y agradecerle su espíritu visionario, sus utopías y sus esperanzas de días buenos, mejores que los actuales, para el futuro de todos los seres humanos.

LÓGICA DEL CAPITALISMO Y LÓGICA DEL REINO

José Arregui

Exodo 107 (ener.-febr) 2011
– Autor: José Arregui –
 
Es el título que me propusieron y así lo mantengo. Pero advierto de entrada que las páginas que siguen, en el mejor de los casos, sólo podrán responder de manera indirecta y difusa a la contraposición “lógica del capitalismo – lógica del Reino”.Para poder desarrollar el tema con rigor, debería saber sobre economía en general y sobre capitalismo en particular mucho más que los cuatro tópicos y vaguedades que todo el mundo sabe (y casi todo el mundo padece). Me limito, pues, a señalar algunos aspectos del anuncio y de la praxis de Jesús que se situaron en su tiempo en franca oposición a la lógica de la ganancia y la explotación y que siguen teniendo hoy tanto valor como entonces.

1. CAMBIAN LOS TIEMPOS, NO LA LÓGICA

Desde la II Guerra Mundial se viene diciendo que nos hallamos en una sociedad postcapitalista y postindustrial, que la información se ha vuelto más decisiva que la producción, que el flujo financiero constante y global ha sustituido al capital estable, que el capital financiero es mucho más internacional que el proletariado, que el proletariado ha desaparecido y dado lugar a una clase media socialmente mayoritaria y bien acomodada (cada vez peor acomodada, por cierto), que la miseria social de la clase obrera del primer capitalismo poco tiene que ver con el actual Estado del bienestar…

Todo eso es verdad. Hoy, sin duda, Marx tendría que reescribir El Capital. Pero no quita que, con todas las transformaciones sociales y económicas que se han dado en la historia, siguen persistiendo –incluso reforzados y agravados por la globalización– algunos mecanismos inhumanos que han caracterizado al capitalismo en todas sus versiones, en todos los tiempos, también en los tiempos de Jesús: el acaparamiento de unos bienes por unos pocos y su explotación por medio del trabajo ajeno, el enriquecimiento de unos pocos gracias a la plusvalía lograda a costa del trabajador, la libertad de mercado sin igualdad de oportunidades, democracia política sin democracia económica, igualdad de voto sin igualdad social, laissez-faire teórico en un mercado (salarios, precios…) fuertemente controlado por unos pocos poderosos…

Todo esto que el actual capitalismo neoliberal exhibe con tanta obscenidad y cinismo ya existía en tiempo de Jesús, aunque todavía no había nacido Marx ni se hablaba de capital. Y todo eso lo supo ver y denunciar Jesús, aunque no había leído a Marx. Pero había leído a los profetas: “Escuchad esto, los que aplastáis al pobre y tratáis de eliminar a la gente humilde, vosotros que decís: ‘Disminuiremos la medida, aumentaremos el precio y falsearemos las balanzas para robar; compraremos al desvalido por dinero, y al pobre por un par de sandalias; venderemos hasta el salvado del trigo’ ” (Am 8,6). Cambian las culturas, pero no cambian apenas las pasiones humanas. Cambian los modelos económicos, pero persisten la explotación de muchos por unos pocos y el enriquecimiento de unos pocos a costa de muchos. Antes robaban falsificando balanzas romanas. Hoy se roba a escala planetaria inyectando o retirando dinero en los bancos, según convenga, para derrocar a un demócrata o sostener a un dictador. Cambian los tiempos, sigue la lógica.

¿Hay esperanza de que las cosas vayan a cambiar? La pregunta es tanto más inquietante cuanto más insegura es la respuesta. Jesús se la hizo también, y optó por la esperanza, es decir, practicó la esperanza. Y, vistos los resultados que obtuvo en su tiempo y vista la situación después de 2000 años, tal vez se pueda decir que Jesús fracasó. Pero ser cristiano consiste en creer que su fracaso, junto con el fracaso de todos los hombres y mujeres de bien, es semilla y levadura de Reino. Ser cristiano consiste en reconocer la pascua (el paso, la presencia, la solidaridad de Dios) precisamente en el fracaso de Jesús y de todos los mártires de Dios, y seguir aplicando la lógica y la praxis compasiva de Jesús a pesar del fracaso, porque así es mejor, porque nos hace más felices, porque es la única forma de que alguna vez la tierra llegue a ser Reino de Dios, tierra sin males. Nuestro tiempo es muy distinto del de Jesús, pero si queremos transformar el mundo de acuerdo a su esperanza, nuestra lógica tendrá que ser la suya.

2. OTRO MUNDO EN ESTE MUNDO

Jesús era un artesano (“carpintero”), como su padre José, pero puede ser llamado con razón “un campesino judío”, no sólo porque estaba plenamente arraigado en una cultura campesina, sino también porque nació, creció y vivió en una aldea rural de Galilea, donde –aparte unos pocos pescadores en el lago de Galilea y de una incipiente industria de salazón del pescado, de la que parecen existir huellas en Magdala, y aparte, por supuesto, de los imprescindibles “artesanos”– la inmensa mayoría de la población vivía del campo.

Y el campo –el campo galileo, en particular– padecía en tiempo de Jesús una profunda crisis estructural, económica, social, familiar. La razón fundamental es fácil de entender: Herodes el Grande (36 a. C. – 4 d. C.) y su hijo Herodes Antipas (4 d. C. – 39 d. C.), que había heredado Galilea, habían gravado a la población con un drástico aumento de impuestos, para poder así hacer frente a sus grandes proyectos y construcciones. Muchos pequeños propietarios, no pudiendo hacer frente a tales impuestos, se vieron obligados a vender sus tierras para seguir explotándolas en calidad de arrendatarios. Esa fue la suerte de la mayoría de los labradores propietarios. Así, todo el territorio, que había estado secularmente distribuido en pequeñas propiedades familiares, sufrió un proceso de intensa latifundización. La familia herodiana, así como las principales familias sacerdotales y la aristocracia político-religiosa (“saduceos”) se hicieron dueños de casi toda la tierra. Los propietarios vivían en Jerusalén o en otras ciudades, que la gente del campo y de las aldeas miraba con profundo rencor.

Por otro lado, la antigua y tan revolucionaria “ley jubilar”, por la que cada “siete semanas de años” (cada 50 años) las tierras vendidas (al igual que otros bienes) debían volver a sus antiguos propietarios (Lv 25,10.13), había quedado prácticamente anulada, si es que alguna vez se había cumplido. Pero apuntaba un ideal y denunciaba la realidad existente como no querida por Dios. ¿No era la tierra propiedad sagrada dada por Dios a los “padres” y a sus descendientes para vivir? ¿Cómo amar la tierra como tierra de Dios, si se había vuelto ajena y motivo de conflicto?

La situación de los arrendatarios no era mucho mejor, pues con lo que producía la tierra apenas llegaba para pagar la renta, y no quedaba para vivir. Las deudas eran una plaga terrible que acababa en hambre, en cárcel, en muerte. Y obligaron a muchos a dejar de ser arrendatarios y convertirse en simples jornaleros, contratados al día por el mísero jornal que el dueño quisiera pagarles. Pero ser jornalero significaba bajar todavía más en la escala de la miseria: la familia solo comía cuando algún señor contrataba al padre de familia; y, por supuesto, no existía ninguna cobertura social. Un jornalero iba camino de convertirse de hecho en esclavo. ¿Cómo era concebible que los hijos de Israel, el pueblo escogido de Dios, fueran esclavos? ¿Cómo Dios podía permitir tanta afrenta? Pero ¿acaso lo permitía Dios?

Jesús nunca pensó que las cosas fueran como eran porque Dios lo permitiera. Tampoco se dedicó a resolver ese tipo de enigmas teológicos. La miseria de los campesinos (y pescadores y artesanos) de Galilea le quemaba las entrañas y la compasión de Dios le encendía. Le animaba una certeza profunda, más allá del optimismo y del pesimismo: la certeza de que Dios es ternura liberadora y transformadora, de que un nuevo mundo como Dios sueña está emergiendo y de que él, precisamente él, es el profeta a quien Dios pide anunciar y encarnar la transformación, la liberación, la recreación del mundo. A eso llamaba Jesús “reino o reinado de Dios”.

El reino de Dios es “la política de Dios en el mundo” (L. Boff). Y de esa “política” liberadora de Dios son elementos constitutivos el consuelo de las lágrimas, la desaparición del hambre, la curación de las enfermedades, la remisión de las deudas, la destrucción de los barrotes, la recuperación de la tierra… No es extraño, aunque no por ello deja de ser revelador, que en sus parábolas Jesús narre historias de pobres hombres vendidos como esclavos con toda su familia para pagar sus deudas (Mt 18,23-35), de pobres jornaleros que pasan el día en la plaza sin que nadie les contrate para llevar un bocado de pan a su mujer y sus hijos (Mt 20,1-16), de arrendatarios que en su ira llegan a matar al hijo del propietario explotador de la viña que cuidan (Mc 12,1-8).

Y no es extraño, pero es muy revelador, que Jesús enseñe a orar diciendo: “Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a los que nos deben” (Mt 6,12; Lc 11,4). En Jesús volvió a reavivarse aquel ideal del año sabático (cada siete años) y del año jubilar (cada cincuenta años) por el que todas las deudas habían de quedar anuladas y las propiedades debían volver a sus dueños originarios. El perdón de las deudas (en primer lugar, por supuesto, el perdón de la deuda exterior de los países pobres) es elemento sustancial del Evangelio, del Reino de Dios, de la fe cristiana (¿cómo es posible que la jerarquía eclesiástica que habla tanto diga tan poco o no diga nada acerca de esto?). Nuestro perdón de las deudas no es condición para que Dios nos perdone, pues no tiene “nada que perdonarnos”, y si tuviera algo que perdonarnos, nos perdonaría aunque nosotros no perdonáramos. No es esa la cuestión del evangelio de Jesús, sino esta otra: ¿cómo encarnaremos en el mundo el misterio de Dios si no es perdonando las deudas? El perdón de las deudas no es condición para Dios, sino sacramento de Dios.

Jesús esperaba otro mundo en este mundo. Esperaba, es decir, respiraba la promesa de Dios, la espiraba en las palabras que pronunciaba, la anticipaba en su praxis sanadora. Esa esperanza espiritual y práxica, anticipadora, Jesús la expresa en los evangelios con el lenguaje apocalíptico común en la época: ángeles y trompetas y un “Hijo del hombre” sentado como juez, terremotos y cataclismos y terribles señales en el cielo… Se discute si Jesús utilizó este lenguaje, si habló del Hijo del hombre, si contó con un fin cósmico del mundo. Lo lógico es pensar que compartió el imaginario y el vocabulario apocalíptico, aunque sin interesarse –como era habitual– por cómputos temporales y cálculos de fechas, y poniendo mucho más el acento en la liberación que en el juicio. Pero lo esencial del lenguaje apocalíptico, al menos en Jesús, no es tanto el fin cósmico de este mundo, sino la transformación de este mundo en otro distinto: “Levantad la cabeza, se acerca vuestra liberación” (Lc 21,28).

Esa esperanza apasionada y activa es la que Jesús compartió. ¿Fue Jesús demasiado optimista? Habría que responder con las palabras que hace poco pronunció Z. Bauman en San Sebastián: “Un optimista es quien cree que este es el mejor de los mundos posibles y no se puede mejorar. Y el pesimista, el que cree que quizás el optimista tenga razón”. Ni el optimismo ni el pesimismo transforman el mundo. ¿Entonces qué? Primero, convencerse de que “el mundo tal vez se pueda mejorar”; y segundo, seguir en el empeño a pesar del fracaso. Es lo que hizo Jesús. Es lo que le hizo feliz. Es la bienaventuranza a la que nos llama: Sé cómo te gustaría que el mundo fuera, y eso te hará feliz. Esa es la experiencia humana, la experiencia ética y también, en el fondo, la experiencia espiritual.

3. EL DINERO COMO MAMÓN

El dinero es un invento antiguo bien práctico. Sería muy engorroso tener que ir al supermercado cargado de cosas, para adquirir unos productos a cambio de otros: manzanas por naranjas, leche por vino, patatas por pan, gallinas por pantalones, queso por aceite y azúcar… Eso fue más o menos bien cuando la mitad del mundo por lo menos vivía del campo y la otra mitad hacía jabón, zapatos o armarios. Pero pronto se complicaron las cosas y a veces faltaba y otras veces sobraba qué comprar o con qué pagar (cosa que, por cierto, también pasa ahora, pero esa es otra historia). El dinero fue, pues, en cualquiera de sus modalidades, un buen invento, pero su historia está, desde el principio, llena de abusos y extorsiones.

Llama poderosamente la atención cuánto y cuán duramente habla Jesús del dinero. Lo denuncia como ídolo que fácilmente se apodera de la vida erigiéndose como fin en vez de ser simple medio: “No podéis servir a Dios y al dinero” (Mt 6, 24). El dinero se erige en señor de manera inconsciente y enmascarada, lo cual lo hace más peligroso aún. El mismo Jesús, dice el Evangelio, experimentó su tentación: “Todo esto te daré si postrándote me adoras” (Mt 4,9). En la discusión sobre la licitud del tributo a Roma, Jesús no se pronuncia directamente sobre la cuestión que le plantean, pero aprovecha para reafirmar la rotunda oposición que existe entre el dinero y Dios, pues el dinero sirve al César, y el César es enemigo de Dios, es decir, de la libertad y de la fraternidad: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.

¿Cuál es la lógica evangélica, la conducta sabia y humanizadora en relación al dinero? Jesús la cifra en una doble vertiente inseparable: no acumular, sino compartir; desprendimiento y generosidad. Acumular –lo que sea, también el dinero– es un mecanismo psicológico que responde al sentimiento de amenaza y a la búsqueda de seguridad. Pues bien, dice Jesús, acumular es “insensato” (Lc 12,20), porque cuanto más se posee, más se desea: “Tened mucho cuidado con toda clase de avaricia; que aunque se nade en la abundancia, la vida no depende de las riquezas” (Lc 12,15). El seguimiento requiere, pues, el desprendimiento radical del dinero y de cuanto significa. Pero el desprendimiento no puede ser real, si no se comparte: “Si quieres ser perfecto, ve a vender todo lo que tienes y dáselo a los pobres. Luego ven y sígueme” (Mt 19,21). No se trata de mero desapego interior, sino de efectivo compartir. En la parábola del administrador sagaz, Jesús califica al dinero de “injusto”, en una expresión que nos podría parecer demasiado categórica: “Ganaos amigos con el dinero injusto” (Lc 16,9), como si la injusticia fuese inherente al dinero como algo constitutivo, y como si la única manera de reparar la injusticia del dinero fuese compartirlo, “hacerse amigos”.

Al final –sea o no histórica la noticia–, Jesús será vendido por unas miserables monedas. El dinero, una vez más, como el símbolo de la gran traición a la justicia, a la humanidad, al Evangelio, a Dios.

4. BIENAVENTURADOS PRIMERO LOS POBRES

“Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios”. Es difícil imaginar cómo se pueda expresar con mayor nitidez y contundencia la “lógica del Reino” en lo que tiene precisamente de más opuesto a la lógica del capitalismo en cualquiera de sus versiones. El capitalismo dice: “Primero el negocio, luego los pobres. Y lo que es bueno para el negocio, eso será lo mejor para los pobres”. Y se aduce como contraprueba el estrepitoso fracaso económico y social del sistema comunista (aunque no se dice que, al fin y al cabo, el comunismo ha sido un capitalismo de Estado, cuando no de Partido). Jesús dice: “Primero los pobres, luego el negocio. Y lo que sea bueno para los pobres, es decir, lo que lleve a que los pobres dejen de serlo, eso será a la larga lo mejor para todos; acabará siendo incluso el mejor negocio, solo que mejor distribuido”. ¿Acaso no ha quedado meridianamente claro que la actual crisis es fruto directo de la aplicación de los principios neoliberales de la economía, de la ganancia como norma fundamental y del laissez-faire en provecho del capital? ¿Acaso no ha escrito recientemente J. Stiglitz que la economía no tendrá remedio mientras no se envíe a la cárcel a los banqueros? Yo no creo en la cárcel, pero hay que buscar el modo de impedir que siga pasando lo que ha pasado y que los que lo han hecho lo sigan haciendo.

Claro, Jesús no se preocupó de la salud de la economía, sino de la salud de las personas y del pueblo en su conjunto. Lo cual no quiere decir que ambas –la salud de la economía y la salud de la gente– no estén en relación. En cualquier caso, Jesús no habló y obró desde análisis teóricos ni económicos ni siquiera teológicos. Él hablo y actuó desde lo que sus ojos veían y sus entrañas sentían, desde la ira profética y desde la compasión solidaria. Y dijo (versión de Lucas): “Dichosos vosotros los pobres, porque Dios os prefiere, porque Dios es rey y está de vuestro lado, porque seréis los primeros beneficiados de su señorío. Dichosos vosotros, los pobres, porque pronto dejaréis de serlo, porque pronto dejaréis de tener hambre, porque pronto dejaréis de llorar. Dichosos vosotros, los pobres, porque cuando dejéis de serlo, seréis los principales artífices del mundo nuevo”. En Jesús hallamos también la llamada profética a las “Bienaventuranzas” como actitud espiritual y práctica (versión de Mateo): “Dichosos los ‘pobres de espíritu’, es decir, los que se pongan de su lado. Dichosos los que lloran con los que lloran, los que sienten y practican la misericordia, los que viven y siembran la paz”.

Jesús miró el mundo, juzgó la realidad, se decidió a actuar desde la perspectiva de los pobres, “pobres económicos” y “pobres sociológicos (J. Sobrino), de aquellos “que se ven privados de sus derechos y son oprimidos por los poderosos” (G. Theissen), desde aquellos “que mueren antes de tiempo” (G. Gutiérrez). El mensaje y las opciones de Jesús están absolutamente determinadas por la prioridad de los pobres. El Reino primero para los pobres. Las Bienaventuranzas primero para los pobres. Y esa prioridad define el contenido del Reino y de las Bienaventuranzas: el Reino de Dios es que los pobres dejen de serlo, que no haya hambre en el mundo ni presos en las cárceles, y eso es lo que anuncian las Bienaventuranzas de Lucas, mientras que las Bienaventuranzas de Mateo proclaman que la solidaridad con los pobres, la no violencia activa, la misericordia, la mansedumbre… son el camino para que el Reinado de Dios se realice y que aquellos que lo recorren serán felices al recorrerlo. La pobreza es un mal, pero los que optan por los pobres son bienaventurados. La verdadera opción a favor de los pobres ha de brotar de la compasión y de la solidaridad, y la compasión y la solidaridad hacen feliz al que las siente y practica. Por eso son bienaventurados los “pobres de espíritu”.

5. BIENAVENTURADOS TAMBIÉN LOS RICOS

Sí, también para los ricos hay bienaventuranza. El Reino de Dios es buena noticia, es evangelio para todos. El Reino de Dios invierte la realidad, pero la inversión no consiste en que los oprimidos se vuelvan opresores y los opresores oprimidos, en que los pobres sean ricos y los ricos pobres, en que los desgraciados sean felices y los felices desgraciados. La inversión consiste en que los opresores se vuelven hermanos y los ricos solidarios y, en consecuencia, ya no hay oprimidos ni pobres.

Los evangelios ponen en boca de Jesús palabras durísimas contra los ricos: “¡Ay de vosotros los ricos, pues ya habéis recibido vuestro consuelo!” (Lc 6,24). “Le es más fácil a un camello entrar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el reino de Dios” (Mt 19,24). ¿Será, pues, imposible? “Para los hombres esto es imposible, pero para Dios todo es posible” (Mt 19,26). El Evangelio es para el rico –empezando por mí– la posibilidad de quedar libres de las garras de Mamón, la oportunidad de ser más dichosos por la solidaridad que por la posesión. El Evangelio es la promesa de que aquello que es posible para Dios sea también posible para el rico.

Jesús no hacía análisis de realidad ni proyectos de acción. Pero contaba parábolas que describen y narran el mundo como es y el mundo como Dios lo sueña. “Había un hombre rico que se vestía de púrpura y lino, y todos los días celebraba espléndidos banquetes. Y había también un pobre, llamado Lázaro, tendido en el portal” (Lc 16,19- 20). Así es el mundo. Nadie nace pobre por voluntad divina ni por ley alguna natural: es el rico el que hace que el pobre deba yacer miserable y llagado. Ahora bien, ese pobre se llama Lázaro, es decir, “Dios ayuda”. Es el único nombre propio que aparece en las parábolas de Jesús y basta por sí solo para revelar la preferencia de Dios.

Pero la preferencia de Dios es tan poderosa que la situación se invierte en “el más allá”: cielo para el pobre, infierno para el rico –anónimo–. ¿Queda el rico condenado a un infierno eterno? No podemos entenderlo así. Jesús no se interesa de describir “el más allá”, sino el mundo nuevo en este mundo que urge a edificar. Y la inversión no significa que se truecan los papeles: si fuera eso, el Evangelio no habría traído nada decisivamente nuevo. La inversión es la tarea a la que la parábola nos llama en el “más acá”: que el rico no acumule, para que el pobre no deba vivir a la puerta echado en su miseria; que el rico deje de serlo, para que también el pobre deje de serlo, y crezca la bienaventuranza de Dios y de todas las criaturas.

Es la historia de Zaqueo, el rico ladrón transformado por el encuentro con Jesús. “Hoy ha llegado la salvación a esta casa” (Lc 19,9). Zaqueo devuelve lo robado –y además “la mitad de mis bienes”– porque se siente feliz, y descubre que es más feliz siendo generoso o, dicho de otra forma, haciendo que el mundo ya no se divida entre pobres y ricos. Esa es la lógica del Evangelio, la lógica de Jesús, contra la lógica del capitalismo.

ECO-SOBERANÍA POPULAR

Luigi de Paoli

Exodo 107 (ener.-febr) 2011
– Autor: Luigi de Paoli –
 
El reciente éxito de la democracia en muchas regiones del mundo ha abierto grandes esperanzas a la humanidad. Pero sería más coherente afirmar que la democracia es una meta noble, aun cuando no haya coincidido con la soberanía popular; y que todas las democracias son genéticamente capitalistas y potencialmente subversivas del orden social y natural.

Aun admitiendo que la democracia puede coincidir con su raíz etimológica (poder del pueblo) debemos preguntarnos, ¿también el pueblo está llamado a ejercer su propia soberanía sobre la flora y la fauna, o, por el contrario, debe aprender de ellas?

Avanzamos la hipótesis de que la única póliza de seguros para pueblos angustiados por las múltiples crisis es la eco-democracia, o sea, un proceso de autogestión de los bienes coherente con la maravillosa evolución que rige la naturaleza. La soberanía popular coincide con la ecodemocracia cuando se adecúa al modelo del sistema viviente en la naturaleza, teniendo en cuenta su auto-formación, su autoconocimiento y su autorregulación.

Aristóteles, hace 2500 años, escribía que la democracia supone diferencias de opinión y de estrategias, pero rechaza las desigualdades entre ricos y pobres, en cuanto eso implica una diferencia de poder que, en un sistema fundado sobre la soberanía del pueblo, debe ser igualitario. El Iluminismo ha destilado el lema “liberté, fraternité, égalité” como propiedades constitutivas de la democracia que florecen con el aprendizaje cotidiano de la solidaridad. No obstante, gran parte de la crítica social actual denuncia una igualdad meramente electoral, como sucede en la democracia con genotipo capitalista, que no impide que se establezcan distancias insoportables entre ciudadanos. Albert Camus señala que “si el hombre fracasa en conciliar la justicia con la libertad, fracasa en todo”.

En la democracia autorregulada todos se reconocen falibles, defectuosos e inciertos, pero con capacidad para evolucionar desde el desorden, como enseñan los sistemas vivientes. La autoorganización parte desde la imperfección, lo que obliga a todos a buscar, como hacen la flora y la fauna desde hace millones de años, nuevas alternativas para seleccionar lo óptimo.

En definitiva, el derecho a la soberanía popular no es de por sí suficiente para garantizar una buena gestión de los bienes colectivos. Se requiere que la democracia sea ecomimética, es decir, que emule el oikos, la casa de la familia terrenal. La biomímesis (mimesis=imitación) es la fecunda imitación de los procesos naturales y conlleva una atención especial hacia los seres más indefensos.

En la mayoría de las actuales constituciones democráticas se afirma que el pueblo es soberano, lo que significa que parlamentos, jefes de gobierno, leyes e instituciones dependen del pueblo, que no admite otra autoridad por encima de sí mismo. La paradoja es que, a pesar de ser titulares de la soberanía, los ciudadanos se sienten solamente súbditos, con el único derecho de votar cada 4 o 5 años. Es urgente que nos metamos todos en la cabeza que la vía para asegurar y hacer evolucionar la vida es incorporar las dinámicas de los seres vivientes, creando desde abajo una conexión autorreguladora.

Considerando las enseñanzas procedentes de las nuevas visiones biológicas, nos atrevemos a presentar algunos rasgos de una democracia eco-mimética (que se completan en capítulos siguientes con la autoorganización y la eco-democracia planetaria).

Una pedagogía infalible para construir una democracia con auténtica soberanía popular consiste en dejarse guiar por el ecosistema, que, desde tiempos inmemorables, aprendió a acoplar violencia y compasión, avidez y frugalidad, memoria del pasado y tensión evolutiva, disgregación y autoconstrucción. El fundamento de una soberanía popular quedaría en pura ficción si la soberanía no fuera simultáneamente monetaria, económica, audiovisual, alimentaria y educativa.

SOBERANÍA MONETARIA

Aun cuando sea fuerte la sospecha de que el verdadero poder reside en el sistema bancario, pocos imaginan que el Estado democrático depende totalmente del binomio crédito-deuda, montado por los bancos centrales.

La paradoja es evidente: las constituciones democráticas alardean del principio de que los electores tienen el poder de decidirlo todo, pero los gobiernos conspiran para despojarlos del derecho a conocer, guiar y controlar la dinámica del dinero. La Unión Europea, por ejemplo, aprueba el nombramiento del gobernador del BCE, a sabiendas de que los verdaderos dueños son grupos “privados”. Con algunas variantes, las mismas consideraciones valen para el Banco Central de los Estados Unidos, la Federal Reserve que, desde hace un siglo, cuenta con el monopolio del dólar como divisa. En definitiva, la creación del dinero –prácticamente ex nihilo– ha sido tácitamente delegada a los empresarios del provecho, a quienes Roosevelt denominaba banksters, feliz acoplamiento de banker (banquero) y gangster (bandido). Henry Ford, entre cínico y sincero, afirmaba: Es bueno que un pueblo no entienda el sistema de los bancos y del dinero ya que, de entenderlo, habría una revolución antes de mañana por la mañana.

En la actualidad no faltan economistas ni movimientos que sugieran una Reforma del Sistema Monetario (www.monetaryreform.com; www.centrostudimonetari.org; www.users.globalnet.co. uk/-bamri).

Millones de norteamericanos ya se han autoorganizado en la Neighborhood Assistence Corporation of America promoviendo la creación de juntas de vecinos, brindando asistencia legal gratuita y montando campañas mediáticas para reformar la legislación vigente. Los bancos chinos tienen como socio mayoritario al Estado, lo que les ha permitido un crecimiento más ordenado. Y el Sistema Bancario Islámico, tendencialmente se desarrolla de acuerdo con las normas del Corán que prohíbe “el interés fijo”, considerado una forma de usura; favorece la coparticipación entre deudores y acreedores; exige que los negocios estén relacionados con actividades económicas productivas; obliga a “purificar” las riquezas personales y las de los bancos, reservando una parte de las utilidades a favor de los pobres.

SOBERANÍA ECONÓMICA

Economía y Naturaleza proceden en paralelo desde siempre. La eco-nomía es pariente cercano de la eco-logía, puesto que los sistemas vivientes siguen rigurosas leyes económicas que los orientan a optimizar los recursos, minimizar el derroche, satisfacer las necesidades de los individuos, mantener el equilibrio del conjunto.

No es necesario ser un científico para entender que una Economía Ecológica no puede prescindir de los tres factores siguientes: el “natural” o la irreversibilidad de los cambios ambientales; la equidad intergeneracional, para no privar de los bienes de la Tierra a los futuros seres vivientes; y la incertidumbre relativa a los éxitos a largo plazo. En este sentido son estimulantes las perspectivas de una economía con bajas emisiones (de gases) y elevada eficiencia; y las fuentes energéticas “dulces” (solar, eólica, biomasa, microhidráulica, geotérmica, etc.), que, estando presentes en gran parte del territorio y al alcance de todos, son potencialmente democráticas, a diferencia de las fósiles que se hallan concentradas en pocos países y dominadas por oligarquías.

En una economía eco-democrática cada ciudadano se convierte en protagonista, reuniendo en sí mismo el homo sapiens (consciente), el homo faber (artífice), el homo laborans (que fatiga), el homo oeconomicus (que administra) y el homo respondens (que sabe rendir cuenta de sus acciones). Conforme a esta perspectiva resulta obsoleta la división, creada por el liberalismo, entre quienes tienen la propiedad del capital financiero y quienes poseen la propiedad del capital transformativo, los trabajadores. La Economía Empresarial Social, respaldada por Stephen Goldsmith, indica que las endémicas deficiencias de las infraestructuras sociales pueden ser superadas, si son encomendadas no al activismo filantrópico ni a las compañías particulares, sino a verdaderos empresarios sociales, que tengan el objetivo de conjugar eficiencia y calidad de servicios.

En África, ministros y jefes de Estado se han reunido en Burkina Faso (2005) para realizar un sueño económico y ecológico a la vez: detener el avance del desierto, creando una “Gran Muralla Verde”, una faja subsahariana de 7.000 kilómetros de largo por 15 kms de ancho, desde el Océano Atlántico hasta el Océano Índico.

El más famoso promotor de una Economía Alternativa, el economista Mohammed Yunus, ha sido galardonado con el Premio Nobel de la Paz (2006). Él es el fundador del Grameen Bank de Bangladesh, entidad difundida en 57 naciones. Su atrevimiento consiste en hacer lo contrario de lo que normalmente hacen los bancos, sin quebrar nunca: otorga microcréditos, poniendo la confianza en las mujeres y no en los hombres; en los pobres (aunque sean considerados “morosos”) y no en los ricos acreditados; en pequeñas entidades (social business) y no en actividades especulativas. Su éxito es tal que Yunus ha promovido cooperativas para la pesca y la cría de animales, siempre a través de microcréditos. Con el Grameen Bank ha proyectado también llevar energía eléctrica a millones de viviendas, financiando la construcción de plantas de biogás y paneles voltaicos.

SOBERANÍA MASS MEDIÁTICA

Otro sector en el cual los pueblos han renunciado a autoorganizarse y a ejercer una legítima soberanía es el de la comunicación de masas (mass media), que se ha transformado en una colosal máquina psicohomologante, dominada interesadamente por unas pocas multinacionales y gobiernos autoritarios.

En Occidente existe el mito de que la información es libre porque hay una amplia selección de periódicos y de canales de radio-televisión; pero, en realidad, existe la autocensura previa, causada por el temor a dañar intereses de gobiernos, banqueros y grupos económicos. Pocos directores de diarios o de emisoras se aventuran a abrir sus espacios a denuncias o noticias que perjudiquen la imagen de sus espónsor publicitarios. La democracia, basada en una real soberanía popular, exige, por el contrario, una absoluta reversibilidad de la información. Lo que es conocido por la cúspide debe serlo también por la base, en analogía con lo que ocurre en el sistema viviente. En la ecodemocracia los medios de comunicación protegen los bienes inmateriales e inconmensurables que son la moral, la cultura, el arte, la sanidad y la justicia. Estos bienes son tan relevantes para la comunidad humana que no pueden depender del interés de unos pocos. A este propósito el filósofo Jürgen Habermas afirma: En el Estado democrático constitucional también hay bienes públicos (como la comunicación política no manipulada) que no pueden ser recortados para satisfacer las expectativas de ganancias por parte de los inversionistas financieros. La necesidad de información de los ciudadanos no puede ser satisfecha por la cultura consumista y desmenuzada por una televisión privada que cubre todo lo posible.

SOBERANÍA ALIMENTARIA

La agricultura mundial, conforme a los datos de la FAO, asegura una elevada ocupación: el 50% de la fuerza laboral mundial, equivalente a 1.500 millones de campesinos, asalariados y estacionales, trabaja la tierra sin derechos sindicales ni protección sanitaria. El sistema agrícola moderno, en la medida en que se aleja del tradicional, consigue un indudable incremento del rendimiento, pero con dos graves daños colaterales: el aumento de los gastos y del consumo de energía. Y todo esto empeorado por los monocultivos que Jean Ziegler califica como “crimen contra de la humanidad”. La agricultura agroespeculativa, además de eliminar a los campesinos, consume grandes cantidades de energía fósil mediante el uso de potentes máquinas. De esta manera, los productores de arroz americanos gastan una cantidad de energía 380 veces mayor a la empleada por los campesinos de las Filipinas.

Los procesos que amenazan a la agricultura han originado vanguardias preocupadas por la soberanía alimentaria, la cual amplía las implicaciones sociales y políticas del asunto. La declaración sobre la Soberanía Alimentaria de los Pueblos (1996) se expresa de la forma siguiente: La soberanía alimentaria es el derecho de cada pueblo a definir sus propias políticas agro-alimentarias; a proteger la producción agro-zootécnica y su propio mercado nacional, con el propósito de alcanzar objetivos de desarrollo sostenible; a decidir en qué medida desean ser autosuficientes; a impedir que sus propios mercados sean invadidos por los excedentes de producción de otros países, introducidos en el mercado internacional a través de la práctica del dumping. La soberanía alimentaria no niega el comercio internacional, pero defiende la opción de cada país a poner en práctica políticas y estrategias comerciales que defiendan mejor el derecho de la población a disponer de métodos productivos y de bienes alimentarios sanos, nutritivos y ecológicamente sostenibles.

Nuevas alianzas transnacionales brotan entre agricultores y consumidores con el fin de oponerse al estrangulamiento practicado por los dueños de la Bolsa de Chicago y por especuladores que hasta apuestan por la probable escasez de alimentos. En el año 2000, personalidades acreditadas de la cultura, bajo la presidencia de Mikhail Gorbachev, elaboran la Carta de la Tierra, que pone a los habitantes de Gaia frente a un dilema ineludible: O creamos una alianza global para proteger la tierra y ocuparnos los unos de los otros, o corremos el riesgo de la destrucción, tanto nuestra como de la de la diversidad de la vida. Diez años después la Asamblea General de la ONU, bajo la presidencia de Miguel D’Escoto, aprueba “La Declaración Universal del Bien Común de la Tierra y de la Humanidad” (2010).

SOBERANÍA EDUCATIVA Y ECO-ALFABETIZACIÓN

El desarrollo de los niños, tras un periodo de protección familiar, continuaba universalmente en el contexto de la comunidad local, mediante la cual entraban en contacto con los distintos aspectos de vida: la siembra de los campos, la cría de animales, la cosecha de frutas, el abastecimiento de agua. Esta progresiva inserción del niño en el ciclo de la naturaleza ha sido rota por las democracias modernas, que han secuestrado la infancia arrinconándola en espacios llamados “escuelas”, donde se divide el saber y el hacer y donde se pierde definitivamente cualquier contacto con el hábitat. Es impresionante la discrepancia con los mamíferos que educan a los hijos a través de la búsqueda de los alimentos, el reconocimiento del territorio, la identificación de los peligros, el contacto con las especies diferentes y la gestión de la rivalidad.

La tarea de una educación ecodemocrática, consecuencia de la soberanía popular, debería ayudar a los niños a integrar el espíritu y la materia, la lectura de los libros y la de la naturaleza, la gramática del idioma y la codificada de la biosfera. “Más vale una cabeza bien hecha que una cabeza bien llena”, afirmaba Montaigne. La eco-alfabetización se sirve de todas las estrategias no para enseñar, sino para descubrir cómo se ahorra energía en las viviendas, cómo vestirse de manera menos costosa, cómo reciclar mercancías y embalajes y cuáles son los materiales más convenientes.

Está suficientemente documentado que las abadías benedictinas supieron crear, durante siglos, sistemas complejos, altamente democráticos y comunitarios, donde la meditación se entrelazaba con los trabajos en el campo, la artesanía con la difusión de la cultura a través del libro, la farmacopea con el estudio de las enfermedades, el saneamiento de los terrenos con la producción de diversas formas de arte, desde la arquitectura hasta la música.

En muchos centros educativos se están creando ya grupos interdisciplinales y multiculturales (con docentes, padres, expertos, voluntarios y otros) que constituyen verdaderos viveros bio-céntricos, donde se aprende a ayudar a quienes tienen dificultades para dominar el oscuro mundo interior, desarrollando actividades culturales, teatrales, deportivas y lúdicas en grupos. Está comprobada la utilidad, sobre todo en los barrios marginales, de los coros y orquestras juveniles que estimulan el buen gusto y la autoestima. En Venezuela, acosada por bandas juveniles violentas, el maestro de música José Antonio Abreu crea “la música para todos, de todos, en todas las aldeas”. Después de 30 años de trabajo apasionado saca a 300.000 niños y jóvenes de la calle y los moldea en las “escuelas de música”, formando 300 orquestas.

En Burundi, azotado por el odio inter-étnico y las masacres indiscriminadas, Mama Maggy, Marquerite Baekitse, recoge a los primeros niños que huyen del horror. Termina adoptando a diez mil de ellos, funda la Maison Shalom, donde afluyen miles de huérfanos, provenientes también de zonas limítrofes. Con ayudas modestas, Mama Maggy monta un hospital pediátrico y varios ambulatorios.

Representan una auténtica novedad las experiencias de diferentes naciones del Atlántico Norte que han creado urbanizaciones planificadas para vivir en forma eco-sostenible y comunitaria, inspiradas en la amistad y en la ayuda recíproca. Un ejemplo significativo es la Ciudad de Ithaca (New York). Muchos de los 28.000 habitantes, de manera autónoma, han ideado un plan de la ciudad, cuyas residencias están ubicadas alrededor de placitas, libres de tráfico y con instalaciones recreativas para los niños. Tienen una moneda local, una Bolsa de Valores y un fondo para Proyectos Ecológicos, una Cooperativa de Crédito y otra de Alimentos, un Fondo Médico para las emergencias y el Servicio Dental, grandes pistas para bicicletas y peatones, producciones de música y casas discográficas. La vida comunitaria se desarrolla en un centro social, donde se realizan seminarios. Todos son invitados a donar 2 o 3 horas a la semana para el buen funcionamiento de la comunidad.

¿HAY ALTERNATIVAS AL SISTEMA OCCIDENTAL IMPERANTE?

Alberto Garzón Espinosa

Exodo 107 (ener.-febr) 2011
– Autor: Alberto Garzón Espinosa –
 
Hay quien trata de analizar la actual crisis económica como si fuese un accidente pasajero en el normal desarrollo del sistema económico. Sin embargo, quienes hacen eso ignoran que esta crisis no sólo es económica sino que también es ecológica, política, social, de valores y, por tanto, sistémica. Y en tanto crisis sistémica, que abarca todos los aspectos y componentes del modo de organizar esta sociedad, los ciudadanos tienen más que nunca la oportunidad de proponer alternativas que permitan construir otro mundo posible. Siempre y cuando, por supuesto, se considere que dicha tarea es o bien deseable o bien incluso necesaria.

Nosotros consideramos ambas cosas. Creemos que el sistema económico actual es responsable de grandes males que afectan a la humanidad y que la solución de estos pasa irremediablemente por transformar el sistema. Con esa aspiración presente, en este artículo nos dedicamos a describir someramente las alternativas políticas y económicas actuales, así como también nos preguntamos por el sujeto social que tendría que dirigir y apoyar dicho proceso transformador.

LA NECESIDAD DE SUPERAR EL CAPITALISMO

El capitalismo siempre está sometido a continuo cambio, si bien nunca deja de operar bajo las mismas leyes de funcionamiento, y no cabe ninguna duda de que hoy es sustancialmente diferente al capitalismo que existía hace cincuenta, cien o doscientos años. Y en todo este tiempo el capitalismo ha conseguido multiplicar la capacidad productiva de la sociedad y nos ha permitido acceder a un sinfín de nuevos productos y experiencias. Sin embargo, tampoco cabe ninguna duda de que históricamente el capitalismo ha mostrado ser una forma de organización social con grandes deficiencias y, lo que es más preocupante, con deficiencias que son cada vez mayores.

La concentración de la riqueza y el consecuente incremento de la desigualdad, ya no sólo entre los llamados tercer y primer mundo sino también incluso dentro de este último, son procesos que vienen acompañados de al menos tres graves fenómenos más: una extensión generalizada de la lógica mercantil que anula los aspectos puramente sociales y humanos; un creciente deterioro del medio natural en el que la actividad económica se inserta; y la decadencia y abandono de la democracia como sistema ideal de coordinación entre los miembros de una sociedad. La evidencia de todos estos males siempre ha despertado un gran número de protestas y ha dado lugar a la creación de numerosos movimientos sociales en todo el mundo y en todas las épocas.

De hecho, la reciente crisis económica generó esperanzas en gran parte del movimiento contestatario, el cual pensó que esta crisis era la demostración de que o bien la deriva neoliberal del capitalismo debía ser corregida, dando paso a una etapa más social y equitativa, o bien el capitalismo llegaba con esta crisis estructural a su fin definitivo y tendría que ser sustituido por algo nuevo. También algunos dirigentes políticos, como Sarkozy, debieron de pensar de forma parecida cuando se vieron obligados a anunciar la necesidad de “refundar el capitalismo”.

Sin embargo, la evolución de la crisis ha demostrado que aquello eran ilusiones y que, al contrario, la tendencia actual del capitalismo es la de acentuar sus rasgos más puros. Y hoy estamos frente a una nueva ola de neoliberalismo radical que pretende sacar al sistema económico de la crisis a través de viejas fórmulas de política económica que nos llevarán sin duda a un nuevo escenario socioeconómico de mayor regresión social. Con ello presente no es extraño pensar que la transformación o sustitución del capitalismo es aún más necesaria que nunca.

EL SUJETO DEL CAMBIO SOCIAL

Si somos conscientes de que tiene que haber un cambio, el siguiente paso es preguntarnos por el sujeto social que lo tendrá que llevar a cabo. En efecto, la historia ha demostrado que “sin base social suficiente no hay sociedad que pueda existir de forma duradera, por muy atractiva que sea en apariencia” (Tablas, 2007), de lo que se deduce que necesariamente el cambio tiene que estar dirigido o, al menos, apoyado por un espectro suficientemente grande de hombres y mujeres.

La versión clásica del sujeto social por excelencia es el movimiento obrero y la organización socialista. En esta opción el colectivo obrero, que en sus inicios hacía referencia a los trabajadores asalariados de las grandes e incipientes industrias, tendría la capacidad suficiente de organizarse y alcanzar el poder del Estado. Y desde allí podría tomar todas las decisiones necesarias para “cambiar al mundo de base”. En una versión alternativa el movimiento obrero puede tomar directamente las decisiones necesarias, sin necesidad de alcanzar el poder del Estado, a través de la colectivización de los medios de producción, es decir, las empresas que determinan la producción de una sociedad. En ambos casos, no obstante, subyace la lógica de enfrentamiento entre capital y trabajo, esto es, entre clases sociales.

Pero el capitalismo, en su desarrollo, ha modificado también la forma en que se relacionan las clases sociales. El movimiento obrero no es hoy en día un colectivo homogéneo y cohesionado, y tampoco es suficientemente numeroso como para guiar un cambio de esta magnitud. En su lugar tenemos un amplio espectro de clases sociales que mantienen muy distintas y divergentes preferencias. De esa forma, incluso aunque en un sentido abstracto pudieran finalmente asociarse cada una de ellas a algunos de los polos de la dicotomía capitaltrabajo, y por ejemplo hablásemos de los “asalariados en general”, no podríamos hacerlo sin perder la homogeneidad y cohesión necesarias como grupo.

Otras posibilidades sobre cuál es el sujeto social del cambio se pueden encontrar en los conceptos de “multitud”, “movimientos de movimientos” o “ciudadanía”. En el primero de los casos nos encontramos con un sujeto social conformado por la totalidad de personas explotadas directa o indirectamente (en un sentido económico) bajo el sistema capitalista. Este colectivo, similar pero todavía más amplio que el de los asalariados, tendría –según los teóricos de este concepto– que construir el nuevo mundo desde la experimentación práctica; desde la calle se comenzaría a sentar las bases de la nueva sociedad a la que empujaría la “multitud”.

En el segundo y tercero de los casos se haría alusión a las diferentes corrientes de oposición al capitalismo que han ido surgiendo en los últimos años y que en un sentido amplio han sido definidos como “antiglobalización” o “alterglobalización”. Aquí se incluirían todos los colectivos que llevan a cabo luchas más o menos sectoriales, como las organizaciones feministas, los sindicatos, los estudiantes, los partidos políticos, las comunidades indigenistas, etc. Hablaríamos entonces de una unión basada en el malestar generado por el capitalismo y por la necesidad de construir “otro mundo posible” sin que ello signifique necesariamente que ya se sabe qué tipo de sociedad se desea crear.

En cualquier caso, sea cual sea el sujeto social que finalmente deba apoyar el cambio social, no parece probable que pueda transformar la sociedad únicamente por medio de la negación del sistema actual. Es necesario un programa estructural.

MODELOS ALTERNATIVOS DE CONFIGURACIÓN SOCIAL

Desde la concepción tradicional de democracia representativa se considera que el Estado es el espacio de encuentro de las diferentes sensibilidades ideológicas y que, por tanto, tras una adecuada y justa suma de las preferencias de los ciudadanos es allí donde tienen que tomarse las decisiones relacionadas con el futuro de la sociedad. En esta concepción el Estado es un mero intermediario entre la voluntad popular y la toma de decisiones final.

No obstante, para entender mejor el proceso político de toma de decisiones no podemos limitarnos a hablar de poder social, referido al que emana del conjunto de los ciudadanos, y poder estatal, el que emerge por los representantes –legítimos o no– de esos ciudadanos. También es necesario hablar del poder económico, aquel que bajo el capitalismo es ejercido por las grandes empresas maximizadoras de ganancias. Esta tríada entre los tres poderes, y las diferentes relaciones institucionales entre ellas, es la que determina la configuración final del sistema social (Wright, 2006).

Si atendemos a las diferentes combinaciones entre estos distintos poderes encontramos entonces bastantes posibilidades. Todas ellas han sido descritas en Wright (2006), y nosotros sólo vamos a destacar aquí algunas de las que nos parecen más interesantes de acuerdo con los propósitos de este documento.

En primer lugar tenemos la opción del “socialismo estatista”, objetivo clave del pensamiento marxista ortodoxo. En esta opción el poder económico no existe y el poder estatal es el que toma las decisiones relativas a la producción. El poder estatal emana de las preferencias del poder social, el cual ha podido dirigirlas a través de unos mecanismos plenamente democráticos.

En segundo lugar tenemos la opción de la “socialdemocracia estatista”, donde el poder estatal influye en la economía a través de su interferencia en el poder económico. Aquí el poder estatal es también una institución representativa del poder social.

En tercer lugar podemos examinar el “capitalismo social”, también llamado en algunos ámbitos el “capitalismo popular”. En esta configuración el poder social influye en las decisiones de producción con intermediación del poder económico, y no teniendo el Estado ningún rol. Los trabajadores asumirían la administración de las empresas, a través de las acciones u otros mecanismos de coparticipación, pero el sistema seguiría manteniendo la lógica de maximización de las ganancias.

En cuarto y último lugar tendríamos la “economía social”, en la que ni el poder económico ni el poder estatal juegan rol alguno. En este caso los colectivos se organizan para coordinar la producción de forma directa pero sin atender ni a la maximización de beneficios ni a la tecnocracia estatal.

Todas estas posibilidades son opciones teóricas ideales de los diferentes grupos políticos, pero algunas tienen más apoyo que otras. A continuación vamos a examinar qué grupos se encuentran actualmente detrás de estas opciones y en qué forma se distinguen los diferentes proyectos.

LAS OPCIONES CON MÁS FUERZA EN LA ACTUALIDAD

Dentro del escenario político actual podemos observar tres grandes opciones que, en abstracto, actualmente aglutinan a gran parte de las personas que se consideran contestatarias al capitalismo o, al menos, a su versión más radical. Las salidas a la crisis que cada uno de estos grupos propone quedan, por tanto, condicionadas por el tipo de sociedad que se postula como ideal.

La configuración de la “socialdemocracia estatal” es probablemente la que más adeptos tiene, y es también un lugar común entre los partidos políticos mayoritarios de derechas y de izquierdas. Las divergencias entre ambas posiciones dentro de esta configuración suelen residir en el papel que juegan los salarios y otras variables económicas en el buen funcionamiento del sistema, pero en ningún caso se realiza una crítica al sistema en sí.

Las medidas progresistas que se proponen para salir a la crisis desde estas coordenadas ideológicas tienen que ver con medidas de distribución de la renta, equidad y justicia social y crecimiento económico sostenible. Se reconoce que un sistema económico capitalista tiene que funcionar con agentes privados –las empresas– que necesitan tener mercados rentables. Por lo tanto, se trata de asegurar esa rentabilidad a través de mecanismos justos y eficientes. En este punto los salarios juegan un rol crucial, y es necesario asegurar tanto que son suficientemente altos como para estimular el crecimiento económico como que están suficientemente repartidos, bien de forma directa como indirecta (a través de los mecanismos de redistribución del Estado). Aunque se reconoce la necesidad de la rentabilidad, se trata de minimizar los efectos perjudiciales de la lógica mercantil a través de la acción del Estado. Así, se deben regular los mercados de trabajo, el sistema financiero y se debe coordinar adecuadamente la actividad económica para evitar que el medio ambiente sufra las consecuencias del crecimiento económico.

Bajo este paraguas se pueden englobar a los partidos políticos socialdemócratas clásicos, a los partidos comunistas que han asumido el marco capitalista y a algunos movimientos sociales que creen en estas opciones.

La configuración del “socialismo estatista” apuesta por una reversión de los postulados marxistas clásicos, donde el Estado asumía el rol de la planificación central y podía desprenderse de la coerción de la rentabilidad. Así, la actividad económica ya no queda subordinada al criterio de la rentabilidad y puede planificarse en el sentido que la comunidad desee.

A pesar del fracaso de sistemas basados en esta misma configuración, se arguye que las nuevas tecnologías y una cultura democrática mucho más avanzada pueden evitar que los Estados pierdan su conexión real con el poder social. Hablamos por tanto de una democracia radical, no simplemente representativa, donde la influencia del poder social sobre el poder estatal es perfectamente directa. Dado que el poder social controla democráticamente la asignación de recursos puede frenar la destrucción medioambiental y llevar a cabo políticas de redistribución económica, acabando con la pobreza y la desigualdad extrema.

Esta opción es defendida explícitamente hoy en día por partidos políticos minoritarios y segmentos de los partidos comunistas que operan en el marco democrático capitalista. De forma implícita es probable que numerosos movimientos sociales que promueven la democracia directa y otras formas de democracia radical se pudieran clasificar en este apartado.

La tercera opción, de más reciente aparición, es una visión particular de lo que antes hemos denominado “economía social”. Aquí podríamos incluir las recientes teorías sobre el “decrecimiento” y el “buen vivir”. En esta configuración lo económico también queda subordinado a la voluntad popular de forma directa, pero con una preocupación acentuada por la evolución del medio ambiente.

En las posturas del decrecimiento se reconoce la incompatibilidad entre capitalismo y sostenibilidad ecológica, y se propone un cambio radical en los modos de producción y consumo. La orientación de la producción debe quedar, bajo esta configuración, subordinada a las necesidades sociales y a una nueva ética del consumo basada en la “frugalidad voluntaria”. Los deseos y motivaciones deben cambiar en un proceso de “deconstrucción de las necesidades” (Sempere, 2010).

En las posturas, similares en todo caso, del “buen vivir” el objetivo es reformular la relación entre Estado y ciudadanía para que los últimos sean los auténticos poseedores de la soberanía. El cuestionamiento del crecimiento económico como sinónimo del desarrollo y la necesidad de adecuar los modos de producción y consumo a las capacidades del medio natural es también un punto central (Acosta, 2010). Aquí se critica el concepto de democracia como “simple rito electoral” y se apuesta por una salida que combine un concepto más amplio de democracia y la libertad de expresión. Sólo con esa combinación es posible conseguir eficiencia económica (respecto a los objetivos del “buen vivir”).

Mientras las teorías del decrecimiento están teniendo una gran aceptación entre los movimientos ecologistas más radicales y gran parte del electorado de los partidos políticos comunistas clásicos, el “buen vivir” está siendo la columna vertebral de los movimientos políticos y ciudadanos que en América Latina se están levantando contra el sistema capitalista.

CONCLUSIONES

En este repaso somero ha podido notarse que las salidas propuestas por las teorías del decrecimiento, el buen vivir y la teoría de democracia radical del “socialismo estatista” no difieren demasiado. De hecho, los únicos matices que pueden encontrarse tienen que ver con la formulación teórica que se esconde detrás y con las diferentes intensidades de preocupación por los problemas. Así, en el “socialismo estatista” podemos encontrar una preocupación menor por la ecología y una mayor por las desigualdades y la pobreza, mientras que en las otras dos teorías sucede al revés.

En nuestra opinión es necesario actualizar y reconciliar ambas ideas, recogiendo la filosofía que se encuentra detrás de ambas y proponiendo salidas conjuntas a la crisis y al actual sistema económico. El principio fundamental, en todo caso y bajo cualquier concepto, debe ser la renuncia a que el criterio de la rentabilidad organice no sólo la producción sino toda la sociedad en su globalidad. En su lugar es necesario insertar en el sistema económico un criterio ecológico y humanista que ponga la satisfacción de las necesidades básicas de la humanidad y la libertad de expresión y creatividad en el centro de la organización social.

Por otra parte, el debate sobre qué sujeto social debe ser el motor del cambio sigue abierto. No podemos confundir, no obstante, el descubrimiento de dicho sujeto social con las estrategias políticas encaminadas al cambio social. Qué duda cabe de que ninguna estrategia política sería exitosa si no se dirige al público adecuado, y que por tanto la revelación del sujeto social es tarea primordial. Sin embargo, incluso aunque descubriéramos al sujeto social objetivo, faltaría redescubrirlo como sujeto social subjetivo, es decir, haría falta desarrollar su conciencia como sujeto social. Y ese paso, muy probablemente, no puede llevarse a cabo sin tener un determinado proyecto de sociedad en el horizonte.