BUSCAD EL REINO DE DIOS Y SU JUSTICIA

Comunidad Otra Voz de Iglesia

Exodo 106 (nov.-dic) 2010
– Autor: Comunidad Otra Voz de Iglesia –
 
Somos una comunidad cristiana de base afincada en el barrio de Moratalaz de Madrid. Nos empezamos a reunir en el año 1979 con objeto de estudiar y dialogar sobre el libro “La alternativa cristiana” de José María Castillo. Fue un revulsivo que hizo cambiar planteamientos y actitudes a la mayoría de nosotros.

Comenzamos a descubrir a un Jesús diferente y a situarlo en el centro de nuestra fe. Muy al principio, estábamos con la mentalidad propia de la época del nacional catolicismo. Es decir, prevalecían los ritos, los sacramentos, el sentimiento de culpabilidad, adorábamos a un Dios Juez, que premia a los buenos y castiga a los malos, etcétera.

oco a poco descubrimos a un Jesús que nos va liberando de los miedos porque nos anuncia una “buena noticia”, que quiere que seamos felices, que tengamos vida en plenitud, que pone a la persona por encima de normas, ritos…

Y, por encima de todo esto, descubrimos a un Jesús que lo único que buscó fue el reino de Dios y su justicia; a lo largo de estos años hemos ido profundizando en que ésta debe ser nuestra tarea primordial: promover el proyecto de Jesús, llevarlo adelante, poner las bases para un mundo justo, fraterno, solidario, como lo quería Jesús.

Por eso empezamos a ser sensibles ante el sufrimiento que hay en nuestro mundo: los millones de personas que pasan hambre, los que no tienen asistencia sanitaria ni vivienda, los enfermos, las mujeres maltratadas, los que están en la cárcel, etc., es decir todos los “pequeños”, los excluidos de quienes Jesús dijo siempre que eran sus preferidos.

Al escuchar las palabras de Jesús diciéndonos que somos todos hijos de un mismo Padre, que todos somos hermanos, nos damos cuenta de la profunda injusticia que se ha establecido en el mundo con la existencia de países ricos y otros cuyos habitantes apenas pueden vivir.

Poco a poco hemos ido descubriendo que antes dábamos importancia a cosas que eran intrascendentes y ahora comprendemos que Jesús nos invita buscar el “Reino de Dios y su justicia” como tarea primordial.

Hemos descubierto la radicalidad de Jesús, es decir, que la postura de Jesús ante la vida no fue de medias tintas. Jesús no fue un hombre extremista, sino radical. Hemos visto que sus planteamientos iban siempre a la raíz de los problemas. No se quedaba en las ramas o en cuestiones superficiales. El mensaje de Jesús supone la radical y total liberación de todos los elementos alienantes que se dan en la condición humana.

Y sus enseñanzas iban dirigidas a la gente de a pie. No a los letrados, a las personas doctas, intelectuales, fariseos o saduceos. Enseñaba al pueblo sencillo. Por ejemplo, les decía, “no podéis servir a dos señores a la vez, no podéis servir a Dios y al dinero”. Aquí no hay término medio, no hay posibles componendas entre Dios y el capital o los que siguen al capital. No hay neutralidad posible, hay que escoger entre dos señores. Jesús es radical frente al sistema, lo mismo frente al sistema judío basado en la Ley, que frente al imperio romano basado en la dominación. Jesús se enfrentó al sistema como uno de tantos, fue un profeta laico, y hemos aprendido de él lo que significa ser un ciudadano de a pie sin privilegios religiosos.

Este proceso no fue solamente intelectual, porque estimamos que las creencias deben estar vinculadas con la forma de vivir. El conocimiento y el recuerdo de Jesús es un recuerdo peligroso. El Mensaje de Jesús es revolucionario. En el Evangelio de Lucas, en el interrogatorio ante Pilatos, las masas le gritan tratando de acusarle: “Este solivianta al pueblo enseñando por todo el país empezando en Galilea” (Lc 23,5).

Soliviantar significa mover el ánimo de la gente para inducirla a adoptar una actitud rebelde u hostil en orden a cambiar el orden público y moral, dice el Diccionario de la Lengua. La manera de soliviantar no es violenta, es “enseñando”. La enseñanza es una forma de subvertir el orden establecido: poner las cosas patas arriba. Jesús no estaba de acuerdo con la escala de valores de aquella sociedad que no es muy distinta de la nuestra de ahora. Lo de arriba lo pone abajo. Lo que consideramos como perdido es lo que vale, lo que todo el mundo estima que es bueno, no es tan bueno. Lo que se tiene por poder es debilidad. Siempre prevalece la vida sobre la muerte, la verdad sobre la mentira, la libertad sobre la dependencia. Y siempre el amor por encima de todo.

Jesús está por el cambio, no puede dejar las cosas como están, porque el mundo que él vivía era injusto: unos vivían muy bien a costa de otros que lo estaban pasando mal. Lo cómodo es seguir como siempre sin cambiar nada. Jesús no puede quedarse impasible, mirando para otro lado, al ver las masas arrastrándose por la pobreza y la miseria. “Se me conmueven las entrañas al ver a esta gente” (Mc 8,2). La indiferencia se queda con los brazos cruzados, no hace nada ante el dolor ajeno. Y esto hace más daño que la violencia que causa el sufrimiento humano.

Todo esto nos motivó y nos llevó a la acción. Nuestra comunidad tomó el nombre de “Otra voz de la Iglesia” porque salió al barrio organizando charlas con estos planteamientos (que en muchos temas no coincidían con los de la Iglesia institucional). Por otra parte sus miembros, a título personal, fueron asumiendo compromisos de orden social o político.