Cómo abordar la emergencia climática. Busquemos en el sitio adecuado

Carlos Sánchez Mato

Éxodo 151
– Autor: Carlos Sánchez Mato –

El cambio climático es a todas luces el mayor reto al que se enfrenta la Humanidad en el siglo xxi. La tarea es titánica, y a estas alturas. salvo casos aislados de negacionistas, ya casi nadie pone en duda que es el efecto de la acción humana el que está incrementando de manera progresiva el riesgo de perder el partido más decisivo de nuestras vidas. En ese marco que tiene claro que, a quienes seguimos a Jesús de Nazaret no nos puede dar igual lo que pasa con la Tierra, ha tenido lugar el Sínodo de la Amazonía. El objetivo era poner el foco en la dramática situación de destrucción que afecta a esta región, esencial desde el punto de vista medioambiental para la distribución de las lluvias en las regiones de América del Sur y verdadero pulmón del planeta. Era algo imprescindible. No solo porque es en la actualidad la segunda área más vulnerable del mundo en relación al cambio climático ocasionado por la acción directa del ser humano. También por el efecto que sobre los pueblos indígenas tiene la amenaza sobre la selva amazónica en primera instancia y para el conjunto del planeta.

Como se ha manifestado en el proceso sinodal con una participación activa de más de 87.000 personas, procedentes de ciudades y culturas distintas, de diferentes sectores eclesiales y con aportaciones desde el mundo de la academia y de organizaciones de la sociedad civil, preservar la Amazonía es además reivindicar el “buen vivir”, que se plasma en poder hacerlo en armonía con la naturaleza y con el resto de seres humanos, el uso responsable de los bienes comunes, finitos y preciosos. En definitiva, poner en el centro proyectos de vida dignos de ser vividos para todas y todos.

Y es la vida la que está amenazada por la apropiación de los bienes naturales por parte de unos pocos, empezando por el agua, las concesiones de explotación maderera que derivan en talas masivas y la contaminación que envenena la región causada por la industria extractiva minera. Todo eso ocasiona graves consecuencias sociales, además de las ambientales. Las élites no convencen. Imponen sus intereses económicos con la complicidad de dirigentes políticos y eliminan sin ruborizarse siquiera a líderes y lideresas que se empeñan en defender el territorio y a sus gentes. Las víctimas, como siempre, los más de 33 millones de habitantes, de los cuales entre 2 y 2,5 millones son indígenas. Pero especialmente la diana son los “nadie” los y las más vulnerables, niñas y niños, jóvenes, mujeres y el bosque amazónico.

No es algo casual ni tampoco inevitable. Es la consecuencia de la expansión desaforada de un capitalismo mundializado que muestra a las claras su fracaso a la hora de garantizar la producción de bienes y servicios crecientes e ilimitados para toda la población. Durante tres décadas, los de arriba nos intentaron convencer de que se le podía poner un rostro humano. Sí, era ese “Estado de Bienestar” que sin duda mejoró las condiciones de vida materiales de una parte de la población. Pero había algo que se intentaba ocultar aunque fuera evidente para cualquier observador no alienado. Ese modelo de crecimiento no era universalizable y se asentaba en la explotación de seres humanos de la periferia económica y en esquilmar los bienes naturales que sostienen la vida.

El crecimiento económico ha mostrado sobradamente sus límites sistémicos y estructurales, quedando en evidencia su incapacidad de comprender cómo se pueden asignar de manera justa los bienes escasos. Porque la varita mágica del mercado no es capaz de abordar el desbordamiento de los límites biofísicos del planeta y ofrece como única solución al agotamiento de los recursos básicos y los derechos que solamente las personas enriquecidas tengan acceso a los mismos. Y eso únicamente puede derivar en más y más concentración de poder global y de riqueza monetaria y natural en las élites que supondrán exacerbación de tensiones sociales y geopolíticas. El siguiente paso es más retroceso de los ya “prescindibles” derechos humanos. El caldo de cultivo para el fascismo. ¿Qué futuro tiene la democracia y las libertades en ese marco?

Pero hay muchas y muchos que no se conforman. Cada vez más gente quiere afrontar esta crisis profunda desde la rebeldía, el optimismo vital, la solidaridad, la creatividad y la esperanza en que es posible construir modelos justos, dignos y sostenibles en los que quepamos todas las personas. Y es en ese marco en el que muchas organizaciones y colectivos en marcha recibimos de forma muy positiva que la Iglesia se mueva en la dirección necesaria, denunciando las desigualdades y a los responsables de las mismas. Escuchar el grito del pueblo herido y de la madre tierra amenazada obliga a comprometerse con la casa común con una forma de vida austera y sobria.

Pero no es suficiente. Toca elegir la ecología integral como único camino posible para salvar la Amazonía y eso supone entrar en conflicto con los depredadores. Hay que evitar que la satisfacción de las necesidades y los derechos desencadenen mecanismos de “luchas entre pobres”. La superación de esta dramática situación pasa por una alternativa que proponga una economía viable y justa que ponga en el centro lo verdaderamente importante que no es otra cosa que la sostenibilidad de la vida.

Hay que descabalgar al lucro de ese lugar preeminente del que se ha apropiado para sustituirlo por la vida humana que transcurre inserta en un medio que tiene límites físicos y que no es solo de los que ahora habitamos el planeta. Lo compartimos con las siguientes generaciones y con el resto del mundo vivo y por eso sostenerla precisa de todo un sistema de cuidados que garantice el mantenimiento de las condiciones de vida.

No nos engañemos. Esto es incompatible con el sistema capitalista que precisa de la canibalización y de la extracción coercitiva de la plusvalía para su propia reproducción. Tampoco pensemos ingenuamente que los diseños de laboratorio de las élites para mitigar el calentamiento global que pasan por pactos de despacho que intentan usar los mecanismos de mercado para restañar las heridas conseguirán cambiar algo. La mutación del sistema económico actual hacia un modelo basado en un “Capitalismo Verde” viene a ser algo parecido al juego de la silla pero con una clara diferencia. Sobra demasiada gente en el planeta para que ese modelo pudiera ser factible y solo está pensado para la reconversión de las actuales élites que pretenden perpetuar su statu quo.

Por eso es imprescindible avanzar hacia de manera radical para poner la ciencia económica al servicio de lo que nunca debió dejar de estar, es decir, a situar como prioridad la satisfacción de las necesidades de todas las personas. Para ello hay que reorganizar las actividades y trabajos (incluidos los cuidados de las personas) otorgándoles el valor económico y social que tienen en función de las necesidades y derechos, de su impacto ambiental y de cómo contribuyen a la equidad social.  Es el primer paso para transformar el metabolismo económico de modo que sea compatible con el decrecimiento drástico de la esfera material del mismo para hacerlo compatible con la vida de las generaciones futuras. De poco valdrán las buenas declaraciones de intenciones a la hora de preservar la Amazonía y su biodiversidad si mantenemos un sistema económico que necesita explotarlos para poder continuar con el ciclo de acumulación que permite su reproducción. Y por eso cuidar los bienes comunes limitados tiene que ir acompañado de una distribución equitativa de los mismos y de toda la riqueza existente. Para luchar contra la pobreza es imprescindible erradicar la acumulación de la riqueza y se impone actuar de manera inmediata y ya desde las próximas fases de transición, con reformas tributarias para cambiar las insuficientes aportaciones actuales por renta, patrimonio y sucesiones de las grandes fortunas y por beneficios de las grandes empresas, por una fiscalidad justa. No hay olvidar lo ocurrido hasta ahora y es de justicia reparar la deuda ecológica que tienen los países enriquecidos con la Amazonía y por eso es muy oportuna la propuesta realizada por el Sínodo de la Amazonía en relación a la creación de un fondo mundial para cubrir parte de los presupuestos de las comunidades presentes en la Amazonía que promueven su desarrollo integral y autosostenible. Vamos tarde ya a la hora de establecer objetivos y plazos concretos para descarbonizar la economía. Desde luego antes de 2050 hay que actuar sobre la oferta con la disminución del uso de energía y el cambio de mix energético, y sobre la demanda con la reconversión de sectores como el transporte, la industria, la edificación y la alimentación.

Pero si las medidas encaminadas a la adaptación al cambio climático, se limitan a las planteadas desde la óptica “buenista” del capitalismo con rostro humano, del capitalismo verde, primarán las falsas herramientas en la lucha contra el cambio climático como los mecanismos de compensación de las emisiones o de desarrollo limpio, o los mercados de emisiones o la apuesta por falsas soluciones como las tecnologías de captura y almacenamiento de carbono. En esa vía, las poblaciones más vulnerables y empobrecidas quedarán al margen. Sobran en su ecuación pero son imprescindibles en la nuestra. Y por eso hay que dar prioridad a mejorar sus condiciones de vida y las medidas de conservación y adaptación de los ecosistemas mediante actuaciones blandas que tengan en cuenta la situación de partida.

Para abordar esta verdadera revolución hay que empezar a soñarla y construir el imaginario cultural que permita alumbrarlo en el futuro. Si algo es obstáculo para alcanzar que la emergencia climática sea considerada realmente como algo fundamental y no como el típico simulacro de incendio que ninguna persona toma realmente en serio, es la falta de esperanza. Es imprescindible seguir haciendo trabajo “de hormiguitas” con educación, sensibilización y alfabetización ecológica y social que llegue al conjunto de la población. No partimos de la nada porque si nuestra juventud ha dado la voz de alarma, quiere decir que algo (mucho) hemos hecho bien.

Sin embargo, no podemos ser muy optimistas de la línea en la que se han movido algunos de los líderes internacionales en la Cumbre internacional que se ha celebrado en Madrid. Dicen ser conscientes del riesgo y del reto al que nos enfrentamos. Pero una cosa es una cierta conciencia del riesgo y otra actuar en la dirección adecuada. Tal y como se ha desarrollado la COP25, esto parece asemejarse a aquel bienintencionado individuo que buscaba un anillo perdido a altas horas de la noche debajo de una farola y que, preguntado por un solícito transeúnte, manifestaba con tranquilidad que, aunque no había sido en esa parte de la calle donde lo había extraviado, había decidido buscarlo en la única zona en la que había luz… Por eso, más allá de las buenas intenciones, hay que buscar las soluciones en el sitio adecuado, y estas no van a venir de la mano de un sistema que ha hecho de la explotación de personas y recursos su motor. No. No serán las corporaciones transnacionales y los dirigentes mundiales subordinados a sus intereses quienes encuentren la vía de salida para todo el mundo. ¿Alguien piensa de verdad a estas alturas de la película que vamos a encontrar la solución sin superar un capitalismo depredador incompatible con la vida y el planeta?

Sínodo de Amazonía. Hacia una Iglesia en salida

Xabier Pikaza

Éxodo 151
– Autor: Xabier Pikazao –

El acontecimiento eclesial más importante del año 2019 ha sido la conjunción de dos sínodos, muy distintos, pero muy iguales: Uno en la Amazonía, otro en Alemania. Se sitúan de algún modo en las antípodas sociales, culturales e incluso religiosas de la Iglesia: La Amazonía parece pre-moderna, Alemania es el centro de un tipo de post-modernidad cristiana. Dicen que Amazonía no ha llegado, mientras Alemania se ha pasado, pues ha sido, y sigue siendo, el país de la Reforma Protestante, la Ilustración filosófica y el materialismo económico más puro.

Y, sin embargo, los dos sínodos concuerdan, como pude experimentarlo al ser ponente de la XXIV Asamblea Nacional de los Católicos de Lengua Española de Alemania, celebrada en Mainz/Maguncia, del 7 al 10 de junio del 2019. Estaban de fondo los dos sínodos, y sobre ellos giraron mis ponencias y las reflexiones de los asambleístas, oriundos de Amazonía y de su entorno (desde Chile a México), pero asentados hace tiempo en Alemania, en cuya Iglesia se estaban integrando.

Ellos fueron para mí la prueba viva de la concordancia de ambos sínodos, y así lo sentí a la vera del Rin, como si fuera el Amazonas, bajo la gran torre de la Seo imperial. Supe allí que el tema no era un río u otro (ni los dos a la vez), sino el de las aguas del Jordán, para volver con Jesús a la experiencia del bautismo e iniciar así el camino de Galilea y Jerusalén.

Introducción. Más allá del Cardenal Müller       

Allí, en Maguncia, sentí, como en ningún otro lugar, la sombra alargada del Cardenal Müller que allí había nacido y que ha sido durante cinco años presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe (2012-2017), el mayor adversario de los sínodos de Amazonía y Alemania. Le había conocido hace tiempo en Salamanca, donde venía de profesor invitado. Allí conocí de nuevo su propuesta eclesial, para superarla.

Müller tiene razón cuando afirma que en ciertos estamentos de la Iglesia hay una deriva secular y quizá anti-evangélica, pero no interpreta ese dato a la inversa. La deriva que él condena no proviene del abandono de la autoridad dogmática, sino de un dogmatismo mal aclarado y de una secularidad tampoco bien interpretada.

El problema central del Cardenal Müller y de los adversarios de esos sínodos proviene de su desconocimiento de la historia de Jesús, de su libertad creadora, de su oración, de su compromiso con los pobres… En el fondo, Müller quiere volver a una iglesia imperial, cuando han pasado ya los tiempos imperiales de Maguncia, una iglesia sin verdadera libertad, ni comunión en diálogo de amor.

La visión que tienen Müller y los enemigos de esos sínodos proviene de una comprensión reactiva y peligrosa del “poder cristiano”. Ellos quieren mantener la iglesia como fortaleza amenazada por peligros semejantes en Alemania y Amazonía, y piensan que para mantenerla en vida tienen que cerrarla a todo cambio real, olvidando que en la Iglesia sólo se mantiene lo que cambia, volviendo a la raíz de Jesucristo

En contra de Müller y de sus seguidores, pienso que resulta absolutamente necesario volver al evangelio, no para abandonar la buena y gran tradición, sino para recrearla a la luz del mensaje y vida de Jesús. No se trata de rechazar sin más unos ministerios propios de la vida actual de la iglesia (pues en el fondo el tema acaba siendo el de los ministerios), sino de recrearlos desde el evangelio, al servicio del Reino de Dios, en libertad y comunión de amor.

La tarea más urgente, tanto en Alemania como en Amazonía, consiste en recuperar la historia de Jesús, para recrear los ministerios de la Iglesia, volviendo con Juan Bautista al río Jordán para retomar el mensaje y camino de Jesús en Galilea. No se trata de “secularizar” la Iglesia, en sentido negativo, sino de recuperar la auténtica sacralidad de Jesús, que es la sacralidad del servicio a la vida, con la curación de los cojos, mancos, ciegos y el amor que acoge y transforma a los hombres y mujeres.

Desde ese fondo se entiende la semejanza (casi identidad) de los supuestos y tareas del Sínodo de Alemania y del de la Amazonía, pues en el fondo laten las mismas razones eclesiales y evangélicas al servicio de la reestructuración de la Iglesia universal.  Tanto el documento del sínodo de Amazonía (que el Papa Francisco ha de asumir y publicar), como el proceso sinodal en Alemania, quieren reformar de forma radical un tipo de administración eclesiástica de tipo clerical y jerárquico, no solo porque ha fracasado, sino también (y sobre todo) porque no va en línea con el evangelio.

Tareas básicas del sínodo de Amazonía

  1. El sínodo de Amazonía (lo mismo que el de Alemania) quiere que los cristianos retornen a la vida y mensaje de Jesús, cuando subió del río Jordán a Galilea para anunciar y preparar el Reino, sin templos como el de Jerusalén, sin estructuras clericales, sin diferencias jerárquicas de hombres y mujeres. Lo que importa es retomar el impulso del Jesús, de la vida en libertad, de la sanación de los enfermos y excluidos, empezando así por abajo, no desde las cumbres de una trama de poder económico, social y religioso que quiere imponerse por la fuerza.
  2. Se trata de superar a una visión de Jesús sometido a los principios de una “ontología del poder”, que ha terminado convirtiéndose en servidor de una racionalidad que se impone por la fuerza, de una verdad que se demuestra y prueba con argumentos de personas (clérigos) que se creen superiores, en contra de otros, que serían bárbaros (como los amazónicos…). Para ello hay que volver al Jesús de Gal 3, 28, sin judío ni griego, sin libre ni esclavo, sin hombre ni mujer, sin amazónico ni alemán, en humanidad abierta al respeto de todos, a la admiración de los distintos y a la búsqueda compartida de amor mutuo en libertad.
  3. Se trata de superar al Jesús romano del imperio religioso, que dice estar al servicio de la fraternidad, pero que actúa desde arriba y se impone con poder. Para ello se debe superar la figura de un Jesús jerárquico (contrario a Flp 2, 6-11), hay que rechazar al Jesús feudal que enseña su pretendida verdad desde arriba y se impone por la “fuerza” de sus armas o de su economía; hay que rechazar un tipo de sacralidad dominadora, que termina colonizando a los pueblos en vez de abrir con y para ellos espacios de libertad fraterna. En esa línea, el sínodo de Amazonía constituye una protesta en contra de una iglesia que ha sido (y quiere seguir siendo) colonialista.
  4. Se trata de superar una locura progresista del poder que crea bombas atómicas, pero destruye la tierra, que dice producir bienes de consumo, pero consume el humus o sustrato de la vida. La Amazonía es aún signo de una sostenibilidad ecológica, en equilibrio con la naturaleza, el aire, el río, las plantas y animales…  No se trata de que todos nos hagamos Amazonía en el sentido externo, sino de que aprendamos de ella, renunciando a un tipo de progreso que lleva al infierno de la muerte ecológica, de la destrucción del sistema de vida de la tierra. En ese sentido, la Amazonía contiene más verdad que la filosofía del logos-poder de Grecia y que el derecho del imperio jerárquico de Roma.
  5. Se trata de aceptar la vida con su debilidad y su fragilidad… pero en manos de la Gran Vida, del Dios que es el Viviente, en comunión con la tierra, en comunicación de amor de unos con otros, sabiendo que la muerte no es desgracia absoluta, sino que puede y debe ser fuente y camino de transformación creadora. No se trata de volver a las pequeñas tribus, muchas veces envueltas en guerras provocadas por dueños externos del “sistema”, sino de potenciar la comunicación fraterna, amorosa, de los hombres y mujeres, en comunión con la tierra/divina de la que nacemos, con el Universo que nos abre a la Resurrección, entendida así como fraternidad de los vivientes en el Dios en que vivimos, nos movemos y existimos.
  6. Se trata de superar no el posible celibato de amor en libertad personal, sino un celibato de poder clerical, vinculado a la jerarquía estamental de unos hombres y mujeres que se creen/y sienten superiores por renunciar a un tipo de sexo. Ese celibato del poder es una perversión del celibato por el reino que Jesús admite en Mt 19, 12, y que vincula a los hombres y mujeres que lo aceptan con los disminuidos del mundo (con un tipo de eunucos). Ese celibato impuesto como signo de poder para ciertos jerarcas clericales debe superarse en las iglesias, empezando por la Amazonía, para el posible surgimiento de un celibato libre y carismático por el Reino.
  7. Se trata de superar un tipode unidad/uniformidad de la iglesia, en línea con el poder feudal romano,vinculada hasta ahora a la cultura/del poder dominante, en línea con la colonización religiosa (como la que está reflejada en la bellísima catedral imperial de Maguncia a la que me he referido). En el espejo de Amazonía la Iglesia siente en carne viva los valores, pero también los grandes riesgos, de una misión colonizadora, en la línea de los imperios llamados “cristianos” (Portugal y España, Holanda, Inglaterra, Francia, USA, etc.). Una iglesia que coloniza no es cristiana y colonizar más en concreto la Amazonía… significaría destruir uno de los últimos restos de humanidad autónoma, apelando para ello a un progreso.
  8. El Sínodo de Amazonía busca el surgimiento de unas iglesias autónomas y distintas, que pueden y a mi juicio “deben” mantenerse en unidad católica, con Roma y con el resto de la cristiandad, pero no en dependencia o subordinación, sino en comunión de amor voluntario, en solidaridad, desde los más pobres. Pues bien, en esa línea, la que más debe convertirse es Roma, con su estructura de poder religioso, que quiere tenerlo todo atado. El Sínodo de Amazonía no puede cumplir su finalidad si no se vincula con otros sínodos de Iglesias, como el de Alemania, y de un modo especial con un posible sínodo de la Iglesia romana, que es, quizá, la que tiene más necesidad de transformación. No se trata de que Roma cristianice a Amazonía, sino de que Amazonía cristianice y libere a Roma.
  9. Según eso, el centro de la Iglesia no está en Roma con su “curia” (casa del kyrios, que no es aquí Jesús, sino un tipo de papa-emperador), pues no hay en la Iglesia más centro que Cristo y más autoridad que la de los pobres. Según eso, en un sentido, Amazonía es más autoridad de Iglesia que Roma, pues el centro está en la periferia… Una vez dicho eso, desde la Amazonía (desde los pobres y vencidos) podremos buscar una Iglesia en Unidad, donde Roma (la antigua o una nueva), pueda ser signo de primacía del amor, como decía Ignacio de Antioquía al comienzo de la Carta a los Romanos, un primado que ratifica la autoridad de los pobres y humillados de la tierra, no para seguirles hundiendo en su humillación, sino para ascender con ellos, desde ellos, al encuentro de amor universal, del Dios de Jesús, que se revela así Todo en Todos (Rom 15, 28).

10 En ese sentido, hay que decir goodbye Roma o, de manera más castiza,  arrivederci Roma, con un adiós que no es para negar y romper, sino para desear que a Roma le vaya bien (¡cambiando mucho, pero no para que todo siga igual, como decía el M. de Lampedusa en Gatopardo), sino para que todos podamos encontrar con ella vínculos nuevos de unidad en la diversidad (para vernos así de nuevo, arrivederci), dentro de un mundo que se encuentra entrelazado, donde el agua y el aire, la salud y la libertad son fundamentales para el ser cristiano, en esperanza de resurrección. Arrivederci, nos vemos, nos miramos, nos amamos… desde la Amazonía.

  1. Concreciones
  1. El sínodo de Amazonía retoma el Espíritu del Vaticano II, abrogando (= superando) la interpretación restrictiva de Pablo VI y Juan Pablo II. El Vaticano II dejaba abierto el tema del celibato de los clérigos, estrechado después de un modo jurídico (y a mi juicio anti-conciliar) por esos papas. A diferencia de ellos, el Sínodo vuelve al Vaticano II y a los principios de la Iglesia, con la primacía de la Eucaristía sobre el celibato (teniendo, sin duda, muy en cuenta la problemática afectiva del clero universal, tras el golpe de atención de un tipo de pederastia extendida en algunos ambientes clericales). Esta visión del celibato está pensada en principio desde y para Amazonía, pero tiene un sentido universal que puede aplicarse y se aplicará no solo en África (donde es urgente un sínodo parecido), sino en otros países como Alemania, conforme a su Sínodo.

 

  1. El Sínodo vuelve a la Iglesia primitiva, más allá del “giro gregoriano” imperante en la Iglesia católico-romana desde el siglo xi (como muestra la gran catedral de Maguncia ya evocada). La ley del celibato ministerial (con un sacerdocio jerárquico como nobleza feudal) ha tenido diversos motivos y orígenes, pero su “imposición” viene ligada a ese giro gregoriano, con la interpretación de los ministerios en clave de poder clerical de ministros varones que de hecho no forman parte de las comunidades, sino que se imponen sobre ellas, en virtud de una superioridad y primacía de “orden”. Superando el paréntesis gregoriano, imperial y feudal, con sacerdotes entendidos como nobleza cristiana, el Sínodo resitúa a los ministros (varones o mujeres) en la vida de las comunidades, de las que brotan, no por encima de ellas.

 

  1. El sínodo supera de hecho los seminarios tridentinos, en los que se formaban clérigos para una vida separada (y superior), en celibato. Esos seminarios han realizado un servicio, pero han tenido un carácter ambiguo, de riesgo jerárquico y limitación afectiva. De hecho, están desapareciendo (o han desaparecido) ya, y en esa línea el Sínodo devuelve a las comunidades la tarea de llamar y formar a sus ministros.
  1. El Sínodo vuelve a la praxis de la Iglesia primitiva, tal como se establece en las cartas pastorales (1 Tim, Tito) y de alguna forma en 1 Clemente, en una línea de superación del sacerdocio jerárquico y del patriarcalismo sexual. 1 Tim y Tito ofrecen una primera ordenación de los ministerios, pero en línea comunitaria, no sacerdotal. Hablan de ministros (obispos/presbíteros/diáconos), pero no de sacerdotes. En contra de eso, el Sínodo sigue hablando de “sacerdotes”, pero lo hace en un sentido muy genérico, que deberá precisarse, pues en las iglesias primitivas los ministros no son sacerdotes en sí, sino que participan del sacerdocio común de todos los fieles de Jesús y de la Iglesia (cf. Hebreos, 1 Pedro y Apocalipsis).
  1. En contra de la gran expectación formada por los “viri probati” (varones probados), célibes o casados, el Sínodo no habla de “viri”, sino de hombres (=seres  humanos), de forma que, en sentido estricto, los ministerios se pueden aplicar por igual a varones y mujeres. La tradición de los “viri probati” proviene de  Clemente (1 Cor 44, 2), donde se habla de dedokimasmenoi andres, “viri probati”, que en sentido restringido significa “varones probados”. Tanto el griego como el latín distinguen entre varones (andres, viri) y seres humanos (anthropoi, homines)… De todas formas, el término masculino (andres, viri) se podía aplicar a varones y/o mujeres, como hace la traducción castellana de I Clem 44, 2 (Ciudad Nueva, Madrid 1994, 125). Pues bien, el sínodo traduce ese término por “hombres”, no por varones, de forma que deja abierta la posibilidad de ordenación ministerial de mujeres.

Entendido así, este Sínodo ha dado un gran paso en el despliegue cristiano de las iglesias, en una abierta a la renovación de los ministerios y de la misma estructura de las iglesias católicas, en concordancia con lo que está buscando el Sínodo de Alemania.

Ecología. Una cuestión mayor para la fe

Marcos Villamán

Éxodo 151
– Autor: Marcos Villamán –

Para nadie es ya noticia la centralidad de la cuestión ecológica en la reflexión social del presente. Es que, de un tiempo a esta parte y por razones obvias, la seriedad del asunto ha obligado a prestarle atención desde las más diversas perspectivas y puntos de vista. Como ha sido señalado a manera de llamado de atención, la tierra hoy es «Un planeta bajo presión. A medida que la población mundial se ha duplicado y la expansión de la economía mundial se ha multiplicado por siete durante el último medio siglo, nuestras demandas al planeta se han vuelto excesivas. Estamos pidiéndole a la Tierra más de lo que puede dar en forma continuada, estamos creando una burbuja económica.»  (Brown, Lester, Paidós, 2004, p. 23). El drama ha sido y es planteado angustiosamente por diversos sectores y de diversas maneras, cada vez con mayor intensidad dada la gravedad de lo que viene ocurriendo al respecto.

Las manifestaciones del fenómeno son amplias y diversas, igual que las reacciones de alarma de los diversos sectores sociales. Así, en los diferentes países, la presencia de grupos sociales preocupados por la cuestión es cada vez mayor dada la profundización de lo que parece ser un camino hacia el desastre que se expresa de maneras diversas: el incremento de la temperatura del planeta, el achicamiento de los ríos y de las fuentes de abastecimiento de agua, la cuestión del efecto invernadero, entre otras cosas, han provocado el incremento de una sensibilidad ecológica que crece por todas partes y se expresa cada vez más como alarma sensata ante unos modelos civilizatorios que se expanden generando condiciones que hacen insostenible la reproducción de la vida.

En la región latinoamericana y caribeña, aunque con matices propios, la realidad a este respecto no es diferente. En el caso dominicano, el carácter isleño, como se sabe, introduce rasgos específicos en el desarrollo del fenómeno, sobre todo vía la profundización de la fragilidad ambiental, que se expresa socialmente en la complicación de las condiciones socio-naturales de vida de los sectores sociales más empobrecidos. Así las cosas, de un tiempo a esta parte asistimos a una dramática reducción de las posibilidades de implementación de un desarrollo incluyente que responda a las expectativas de mejoramiento de estos sectores.

Así pues, esta realidad, que parece profundizar los factores de exclusión social, constituye un desafío formidable para los cristianos y cristianas que se esfuerzan por vivir su fe de manera consecuente en este contexto. Se trata de un mundo social marcado por nuevas maneras de expresión de la pobreza que parece haber endurecido los mecanismos de exclusión para amplios sectores sociales. La indiferencia no puede ser en ningún caso la respuesta ante esta nueva realidad. El esfuerzo por hacer presente el Reino al estilo de Jesús se ve así desafiado por estas condiciones actuales y los discípulos y discípulas tendrán que esforzarse por entender los rasgos nuevos de este presente de forma tal que puedan discernir y construir respuestas evangélicas posibles.

La construcción de la fraternidad como estilo de vida estará entonces acicateado por una lectura del presente capaz de reconocer las nuevas dimensiones de esta realidad, las dificultades que ellas parecen plantear a un esfuerzo evangelizador consecuente y, que quiere plantearse, con la ayuda del Espíritu, el descubrimiento de caminos posibles para la fidelidad evangélica en estas nuevas condiciones. Y ello, en un presente que nos ha dejado sin caminos ciertos y en el cual la Incertidumbre y la perplejidad se han establecido como rasgo central característico del mismo. Al respecto, comenta Innerarity: «Si hubiera que sintetizar el carácter del mundo en el que vivimos yo diría que estamos en una época de incertidumbre. Los seres humanos de sociedades anteriores a la nuestra han vivido con un futuro tal vez más sombrío, pero la estabilidad de sus condiciones vitales… les permitía pensar que el porvenir no les iba a deparar demasiadas sorpresas… Podían pasar hambre y sufrir la opresión, pero no estaban perplejos…» (Innenarity, 2018, p. 9).

El desafío ecológico constituye de diversas maneras un espacio fundamental para la generación del desasosiego social que parece cabalgar en contra de la búsqueda de proyectos sociales alternativos y es acicateado por la carencia de respuestas a las cuestiones acerca de las propuestas alternativas válidas para la construcción de un presente humano sin entregarse al fundamentalismo como respuesta tranquilizadora ante una realidad que parece incomprensible e inmodificable.

Lo anterior nos permitirá iluminar el esfuerzo que se deberá realizar en el caso dominicano y caribeño para hacer posible que la práctica pastoral sea uno de los espacios en que se ayude a descubrir las especificidades que habrá de desarrollarse para ser fieles a la misión evangélica en esta temática relevante para el presente y futuro en estas tierras.  Como se sabe, en opinión de muchos el carácter isleño parece complicar severamente el asunto en cuestión. Por lo mismo, en el caso dominicano este se constituye en un desafío mayor y, en consecuencia, en un compromiso inevitable para quienes intentan el seguimiento consecuente de Jesús en estas latitudes.

Así, la práctica de los cristianos y las cristianas en ese ámbito en estas latitudes es de una relevancia fundamental, pues de lo que se trata es de la conservación de las condiciones básicas para la reproducción de la vida de todos, pero sobre todo de quienes se encuentran secularmente en condición de exclusión social. El discurso teológico deberá ser pues herramienta central para la apoyar la experiencia de fe de quienes participan en este ámbito en el esfuerzo de construcción de condiciones dignas para la vida de todos y todas.  Y un apoyo a la práctica de los cristianos y la gente de buena voluntad que trata de hacerse prójimo de los hermanos y hermanas más pequeños y reconoce en el medio ambiente un espacio imprescindible de ejercicio de la Caridad.

El clamor de la Amazonía

Santiago Álvarez Cantalapiedra

Éxodo 151
– Autor: Santiago Álvarez Cantalapiedra –

Quien más, quien menos, conoce la Amazonía: una extensa región de la parte central y septentrional de América del Sur en la que están presentes algunos de los ecosistemas más complejos y heterogéneos del planeta. Ahí se encuentra el mayor bosque tropical en torno a la vasta red hídrica de la cuenca del río Amazonas. Este extenso territorio selvático se encuentra repartido administrativamente en nueve países diferentes y alberga una de las zonas de mayor diversidad biológica y cultural del mundo. Debido a la amplitud, heterogeneidad y complejidad de la Amazonía, se utilizan diferentes criterios para delimitar su extensión. Si atendemos al criterio administrativo, abarca una superficie que supera los ocho millones de Km² (dieciséis veces la superficie de España y el doble que la de la Unión Europea); si utilizamos, más bien, criterios estrictamente hidrográficos y ecológicos, su superficie apenas supera los cinco millones, una extensión que, aunque menor, resulta igualmente inabarcable.

El valor ecológico y sociocultural de esta zona desborda cualquier cálculo. Se observa en ella un significativo endemismo de especies vegetales y animales; cumple una función crucial en la absorción del CO2 y es esencial en la regulación del clima, contribuyendo a los grandes movimientos de aire en el planeta y determinando los regímenes pluviométricos de América del Sur. Es también una realidad pluriétnica y multicultural. Suele coincidir que los centros de alta diversidad biológica son también centros de diversidad lingüística y cultural. No existe un acuerdo en cuanto al número de lenguas habladas en el mundo, pero se estima que ronda entre 6.200 y 6.700. Indonesia y Papúa Nueva Guinea son los países más megadiversos desde un punto de vista lingüístico (solo ellos dos cobijan el 23% de todos los idiomas existentes en el planeta). Les siguen algunos de los más poblados del mundo, como Nigeria, India, México, China o la República Democrática del Congo y, por supuesto, Brasil y todas las regiones amazónicas de los diferentes países que conforman esta cuenca.

Cultura campesina e indígena

El vasto territorio amazónico cobija una realidad social marcada por el indigenismo, el campesinado y el mestizaje fruto de una larga historia colonial. Aunque la zona rural de la Amazonía está experimentando un proceso de despoblamiento y una creciente concentración de sus habitantes en las ciudades, todavía hoy una amplísima mayoría de la población es rural en el sentido estricto de dedicarse a actividades de apropiación de la naturaleza (agricultura, ganadería, pesca, recolección o silvicultura). Hacen lo que hasta hace poco hizo siempre la humanidad a lo largo de su historia: recolectar y cultivar alimentos.

Y lo hacen de una manera tradicional, en el marco de lo que podemos denominar el modo agrario tradicional o campesino, caracterizado por la producción a pequeña escala orientada al autoconsumo o a los mercados locales, con empleo de energía solar (músculo humano o animal, agua, viento y biomasa) y recursos genéticos locales. Constituye un sistema de producción basado en un metabolismo socioecológico perfectamente sostenible en la medida en que adopta una alta diversidad de cultivos, emplea muy pocos insumos externos, es muy intensivo en trabajo manual, devuelve a la tierra los residuos en forma de abonos y emplea unas tecnologías adaptadas al territorio y orientadas a la conservación de los recursos locales. Como todas las sociedades y comunidades campesinas, la amplia mayoría de los habitantes de la Amazonía se organizan en el plano material básicamente a partir de los recursos bióticos presentes en su territorio, siguiendo un modelo de desarrollo acorde con la naturaleza, concebida no solo como el hogar que alberga la vida y proporciona los recursos necesarios para su reproducción, sino también como la maestra que enseña a manejarlos.

En la Amazonía la cultura campesina cohabita con la cultura indígena. Los pueblos indígenas amazónicos, sin tener un peso mayoritario en la población total de la región, representan (al igual que el resto de las culturas ancestrales repartidas por todo el planeta) la principal reserva de alternativa civilizatoria de la humanidad. En un momento como el actual en el que el sistema industrial capitalista nos coloca frente al colapso ecológico, estos pueblos se organizan comunitariamente y ofrecen un modo de vida íntimamente ligado a la naturaleza a través de sus cosmovisiones, conocimientos y prácticas productivas, manteniendo una relación profunda y sabia, en el orden material y espiritual, con su territorio. No hay riesgo de exagerar la importancia cualitativa que representan estas culturas ancestrales si atendemos al mensaje de vida que llevan en su seno. Son hacedoras de ecoarmonías al concebir la vida en plenitud (el buen vivir o vivir bien)$[1] como un equilibrio entre diferentes dimensiones: la subjetiva, la comunitaria, la ecológica y la espiritual.

La Amazonía amenazada

Para comprender lo que está ocurriendo hoy en la Amazonía resulta imprescindible no olvidar lo que acabamos de comentar y contrastarlo con las características de las principales amenazas que se ciernen sobre ella. En efecto, la Amazonía es un espacio megadiverso tanto desde el punto de vista biológico como cultural que está siendo sometido a un intenso proceso de desnaturalización ecológica y social como consecuencia del desplazamiento de la frontera extractivista del capitalismo global.

El modo de apropiación de la naturaleza del sistema campesino está siendo sustituido por un modo capitalista de apropiación y explotación de la tierra basado en la producción a gran escala y orientado hacia los mercados globales en manos de grandes corporaciones trasnacionales de los sectores agroalimentarios y mineros. El régimen de intercambios que una sociedad establece con la naturaleza se está alterando profundamente en la Amazonía. Se transita de manera acelerada desde un régimen metabólico basado en la suficiencia y la sostenibilidad hacia otro que arrasa con los ecosistemas y las culturas de los pueblos que han vivido eco-armónicamente en sus territorios desde tiempos inmemoriales. Este es el drama real de la Amazonía, y todo lo demás meras manifestaciones y partes de este único drama. Una desnaturalización de doble vertiente, ecológica y social, que amenaza a la Amazonía no en sus aspectos circunstanciales, sino en su esencia, en su ser; y que, de paso, dada su magnitud y relevancia, amenaza la estabilidad de toda la biosfera.

El extractivismo

El extractivismo es la otra cara del productivismo y del consumismo imperante. La actividad extractivista se sitúa en la primera fase del largo ciclo de actividad que culmina en el consumismo característico del modo de vida imperial, así llamado porque solo es posible en la medida en que existan colonias a su servicio. Los beneficiarios de este modo de vida (los países ricos y la clase consumidora mundial) contemplan la Amazonía no como un patrimonio inajenable de la biosfera, sino como una enorme despensa de recursos que conviene controlar para salvaguardar determinados intereses geopolíticos y mercadear para obtener pingües beneficios.

El desplazamiento de la frontera extractiva está provocando la destrucción de la Amazonía, de sus ecosistemas y de los pueblos que la habitan. La minería, los hidrocarburos, la industria maderera, las grandes hidroeléctricas, la ganadería intensiva y el monocultivo (donde predominan la soja y los agrocombustibles) están expulsando de sus territorios a indígenas y campesinos, convirtiéndolos en desheredados, en parias de la tierra. Estos desplazamientos forzados son fruto tanto de una violencia estructural como de una violencia directa sobre los pobres: expulsa a la población de su territorio la modernización capitalista exclusivamente orientada por la racionalidad instrumental, el ánimo de lucro y la mentalidad tecnocrática; pero expulsan también las corporaciones mineras chinas y canadienses, las madereras, los grandes ganaderos y hacendados latifundistas, con sus paramilitares y mercenarios, y el apoyo inquebrantable del Estado.

La deforestación es otro de los síntomas de esta enfermedad que consume a la Amazonía. Alcanzó su máximo histórico en el año 1995, con la desaparición de más de 29.000 Km² según los datos del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil. Ese ritmo se mantuvo hasta la llegada del gobierno de Lula en el año 2003. Todavía en el año 2004 el bosque retrocedió en más de 27.700 Km², pero a partir de entonces, y durante todo el periodo gobernado por el Partido de los Trabajadores, el ritmo de deforestación disminuyó sustancialmente hasta alcanzar un mínimo en el año 2012 de 4.571 Km². Una cifra aún alta, pero que reflejaba los avances del Plan de Combate de la Deforestación que impulsaron Lula y Dilma Rousseff. Ahora, en lo que lleva Bolsonaro en el poder (desde enero de 2019), la Amazonía ha perdido 9.700 Km², una superficie comparable a toda la provincia de Navarra, un repunte de más del 30% respecto al año anterior que indica que las colonizaciones y talas ilegales, la suspensión de los marcos regulatorios y la penetración del capital transnacional tienen carta blanca para empujar la frontera extractivista hacia el interior de la selva.

El mensaje del sínodo

En octubre de 2019 se celebró en Roma el Sínodo Amazónico. El Papa Francisco ya había visitado la región en enero del año anterior y venía exhortando, desde la publicación de la encíclica Laudato si, en el año 2015, a la adopción de un paradigma de ecología integral. La «conciencia aguda de la dramática situación de destrucción que afecta a la Amazonía»$[2], «el impacto catastrófico para el conjunto del planeta» que esa destrucción acarrea y la necesidad urgente de lograr una respuesta en línea con el «cuidado de la ‘casa común’ y la defensa de la Amazonía», motivaron la convocatoria y celebración de este encuentro desde la constatación de que «la voz y el canto de la Amazonía como mensaje de vida» apenas se puede escuchar ya ante «el clamor de la tierra y el grito de los pobres»: «la Amazonía hoy es una hermosura herida y deformada, un lugar de dolor y violencia». La crisis ecosocial, que no son dos crisis separadas, sino una única crisis socioambiental, se materializa en esta región como un ecocidio seguido de un etnocidio, ya que «los atentados contra la naturaleza tienen consecuencias contra la vida de los pueblos». Y se precisa aún más: «La codicia por la tierra está en la raíz de los conflictos que conducen al etnocidio, así como al asesinato y la criminalización de los movimientos sociales y de sus dirigentes».

Así pues, nos encontramos ante una situación de injusticia estructural que reclama optar por las víctimas y «presentar a Cristo en toda su potencialidad liberadora y humanizadora». La iglesia que escucha el grito de la Amazonía y el clamor de los pobres (indígenas, campesinos, afrodescendientes y ribereños) está recibiendo la llamada de una «conversión integral», que no solo es personal sino también comunitaria y que debe promover «la creación de estructuras en armonía con el cuidado de la creación». Este es el mensaje central del Sínodo de la Amazonía.

Las estructuras que más contribuyen al cuidado de la creación se encuentran presentes en las sociedades y culturas campesinas e indígenas de la Amazonía. Este tipo de apropiación de la naturaleza y de manejo tradicional de los recursos naturales ha logrado preservar hasta hoy las aguas y los bosques de este vasto territorio. La Iglesia latinoamericana que surge de este sínodo «se compromete a ser aliada de los pueblos amazónicos para denunciar los atentados contra la vida de las comunidades indígenas, los proyectos que afectan al medio ambiente, la falta de demarcación de sus territorios, así como el modelo económico de desarrollo depredador y ecocida» y a «defender los derechos a la libre determinación, la demarcación de territorios y la consulta previa, libre e informada» frente a las iniciativas extractivistas de sus gobiernos.

La misión a la que convoca el mensaje cristiano no parece, pues, que pueda ser privatizada y reducida únicamente al ámbito íntimo de cada persona; es también una llamada a superar por la fuerza del Evangelio los modos de vida que se presentan en contradicción con la Palabra de Dios y el designio de la salvación. Y no hay un modo de vida en más flagrante contradicción con la preservación de la Amazonía que el modo de vida imperial hoy dominante. A través de él arraigan y se hacen cotidianos en los sectores adquisitivos de la economía mundial unos patrones de producción y consumo que, sin llegar a garantizar las necesidades de las clases populares, comprometen las condiciones de vida de toda la humanidad y, en particular, amenazan -como se hace patente en la Amazonía- la vida de los más pobres.

El fundamento de la ecología integral que defiende Francisco se encuentra en el hecho de que todo está íntimamente relacionado y que, por ello, la ecología y la justicia social resultan inseparables. De este nuevo paradigma (expresión de los enfoques sistémicos y de la complejidad de la mejor ciencia actual y en las antípodas del reduccionismo analítico del cientificismo moderno que fragmenta sin lograr articular de nuevo el conjunto de relaciones entre los distintos campos de conocimiento) se desprende la llamada a la conversión ecológica, que es integral en cuanto que «requiere de una profunda conversión personal, social y estructural». Y que, por consiguiente, supone un deber político además de una tarea social y una transformación personal.

[1] Un concepto que está presente en todas las lenguas indígenas: suma kawsay (en kichwa), suma qamaña (en aymara), pénker pujústin (en shuar), shiir waras (en ashuar) o ñande reko (en guaraní).

[2] Todas las expresiones entrecomilladas proceden del Documento final del Sínodo.  Se puede consultar en: http://www.sinodoamazonico.va/content/sinodoamazonico/es.html

 

Pacto de las catacumbas por la casa común

Manuel García Guerra

Éxodo 151
– Autor: Manuel García Guerra –

Las catacumbas. Todo un símbolo. Y los símbolos, decía Paul Ricoeur, dan qué pensar. Portan una perspectiva cognitivo-afectiva que en el caso del «Pacto de las catacumbas» revela la apuesta radical de un grupo de participantes en el Sínodo de los Obispos para la región Pan-Amazónica que el pasado octubre buscó «Nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral».

Faltaba poco para que se cerrase el Concilio Vaticano II, cuando, el 16 de noviembre de 1965, cuarenta y dos padres conciliares celebraron la eucaristía en las Catacumbas de Domitila y firmaron el Pacto por una Iglesia Sierva y Pobre.

Ahora, cincuenta y cuatro años después, estos sinodales para la Amazonía regresan a las catacumbas para renovar aquel pacto con la fortaleza de un comienzo original por una iglesia con rostro amazónico, pobre y servidora, profética y samaritana.

Catacumbas. El Pacto sub-terráneo, un empeño telúrico, radical. Radicalidad que es, al mismo tiempo, personal (y alude a la ascesis), política (y refiere a la necesaria revolución liberadora), religiosa (y remite a la experiencia martirial de los pueblos indígenas y a la conversión) y ecológica, al exigir el cuidado de la casa común.

El Pacto dice así:

Nosotros, los participantes del Sínodo Pan-Amazónico, compartimos la alegría de vivir entre numerosos pueblos indígenas, quilombolas, ribereños, migrantes, comunidades en la periferia de las ciudades de este inmenso territorio del planeta. Con ellos hemos experimentado la fuerza del Evangelio que actúa en los pequeños. El encuentro con estos pueblos nos desafía y nos invita a una vida más simple de compartir y gratuidad. Influidos por la escucha de sus gritos y lágrimas, acogemos de corazón las palabras del Papa Francisco:

«Muchos hermanos y hermanas en la Amazonía cargan cruces pesadas y esperan el consuelo liberador del Evangelio, la caricia amorosa de la Iglesia. Por ellos, con ellos, caminemos juntos».

Recordamos con gratitud a los obispos que, en las Catacumbas de Santa Domitila, al final del Concilio Vaticano II, firmaron el Pacto por una Iglesia servidora y pobre. Recordamos con reverencia a todos los mártires miembros de las comunidades eclesiales de base, de las pastorales y movimientos populares; líderes indígenas, misioneras y misioneros, laicos, sacerdotes y obispos, que derramaron su sangre debido a esta opción por los pobres, por defender la vida y luchar por la salvaguardia de nuestra Casa Común. Al agradecimiento por su heroísmo, unimos nuestra decisión de continuar su lucha con firmeza y valentía. Es un sentimiento de urgencia que se impone ante las agresiones que hoy devastan el territorio amazónico, amenazado por la violencia de un sistema económico depredador y consumista.

Ante la Santísima Trinidad, nuestras Iglesias particulares, las Iglesias de América Latina y el Caribe y de aquellas que son solidarias en África, Asia, Oceanía, Europa y el norte del continente americano, a los pies de los apóstoles Pedro y Pablo y de la multitud de mártires de Roma, América Latina y especialmente de nuestra Amazonía, en profunda comunión con el sucesor de Pedro, invocamos al Espíritu Santo y nos comprometemos personal y comunitariamente a lo siguiente:

  1. Asumir, ante la extrema amenaza del calentamiento global y el agotamiento de los recursos naturales, un compromiso de defender en nuestros territorios y con nuestras actitudes la selva amazónica en pie. De ella provienen las dádivas del agua para gran parte del territorio sudamericano, la contribución al ciclo del carbono y la regulación del clima global, una incalculable biodiversidad y una rica socio-diversidad para la humanidad y la Tierra entera.
  2. Reconocer que no somos dueños de la madre tierra, sino sus hijos e hijas, formados del polvo de la tierra (Gen 2, 7-8), huéspedes y peregrinos (1 Ped 1, 17b y 1 Ped 2, 11), llamados a ser sus celosos cuidadores y cuidadoras (Gen 1, 26). Por tanto, nos comprometemos a una ecología integral, en la cual todo está interconectado, el género humano y toda la creación, porque todos los seres son hijas e hijos de la tierra y sobre ellos flota el Espíritu de Dios (Génesis 1: 2).
  3. Acoger y renovar cada día la alianza de Dios con todo lo creado: «Por mi parte, estableceré mi alianza contigo y tu descendencia, con todos los seres vivos que están contigo, aves, animales domésticos y salvajes, en resumen, con todas las bestias de la tierra que salieron del arca contigo» (Gen 9: 9-10; Gen 9: 12-17).
  4. Renovar en nuestras iglesias la opción preferencial por los pobres, especialmente por los pueblos originarios, y junto con ellos garantizar el derecho a ser protagonistas en la sociedad y en la Iglesia. Ayudarlos a preservar sus tierras, culturas, lenguas, historias, identidades y espiritualidades. Crecer en la conciencia de que deben ser respetados local y globalmente y, en consecuencia, alentar, por todos los medios a nuestro alcance, a ser acogidos en pie de igualdad en el concierto mundial de otros pueblos y culturas.
  5. Abandonar, como resultado, en nuestras parroquias, diócesis y grupos toda clase de mentalidad y postura colonialistas, acogiendo y valorando la diversidad cultural, étnica y lingüística en un diálogo respetuoso con todas las tradiciones espirituales.
  6. Denunciar todas las formas de violencia y agresión contra la autonomía y los derechos de los pueblos indígenas, su identidad, sus territorios y sus formas de vida.
  7. Anunciar la novedad liberadora del evangelio de Jesucristo, en la acogida al otro demás y al diferente, como sucedió con Pedro en la casa de Cornelio: “Usted bien sabe que está prohibido que un judío se relacione con un extranjero o que entre en su casa. Ahora, Dios me ha mostrado que no se debe decir que ningún hombre es profano o impuro” (Hechos 10, 28).
  8. Caminar ecuménicamente con otras comunidades cristianas en el anuncio inculturado y liberador del evangelio, y con otras religiones y personas de buena voluntad, en solidaridad con los pueblos originarios, los pobres y los pequeños, en defensa de sus derechos y en la preservación de la Casa. Común
  9. Establecer en nuestras iglesias particulares una forma de vida sinodal, donde los representantes de los pueblos ariginários, misioneros, laicos, en razón de su bautismo y en comunión con sus pastores, tengan voz y voto en las asambleas diocesanas, en los consejos pastorales y parroquiales, en resumen, en todo lo que les cabe en el gobierno de las comunidades.
  10. Comprometernos en el reconocimiento urgente de los ministerios eclesiales ya existentes en las comunidades, llevados a cabo por agentes pastorales, catequistas indígenas, ministras y ministros de la Palabra, valorando especialmente su atención a los más vulnerables y excluidos.
  11. Hacer efectivo en las comunidades que nos han confiado el paso de una pastoral de visita a una pastoral de presencia, asegurando que el derecho a la Mesa de la Palabra y la Mesa de la Eucaristía se haga efectivo en todas las comunidades.
  12. Reconocer los servicios y la real diaconía de la gran cantidad de mujeres que dirigen comunidades en la Amazonía hoy y buscar consolidarlas con un ministerio apropiado de mujeres líderes de comunidad.
  13. Buscar nuevos caminos de acción pastoral en las ciudades donde actuamos, con el protagonismo de laicos y jóvenes, con atención a sus periferias y migrantes, trabajadores y desempleados, los estudiantes, educadores, investigadores y al mundo de la cultura y de la comunicación.
  14. Asumir frente a la avalancha del consumismo con un estilo de vida alegremente sobrio, sencillo y solidario con aquellos que tienen poco o nada; reducir la producción de residuos y el uso de plásticos, favorecer la producción y comercialización de productos agroecológicos y utilizar el transporte público siempre que sea posible.
  15. Ponernos al lado de los que son perseguidos por el servicio profético de denuncia y reparación de injusticias, de defensa de la tierra y de los derechos de los pequeños, de acogida y apoyo a los migrantes y refugiados. Cultivar amistades verdaderas con los pobres, visitar a los más simples y enfermos, ejerciendo el ministerio de la escucha, del consuelo y del apoyo que traen aliento y renuevan la esperanza.

Conscientes de nuestras debilidades, nuestra pobreza y pequeñez frente a desafíos tan grandes y graves, nos encomendamos a la oración de la Iglesia. Que nuestras comunidades eclesiales, sobre todo, nos ayuden con su intercesión, afecto en el Señor y, cuando sea necesario, con la caridad de la corrección fraterna.

Catacumbas de Santa Domitila

Roma, 20 de octubre de 2019

La gran encrucijada. Crisis ecosocial y cambio de paradigma

Miguel Ángel de Prada

Éxodo 151
– Autor: Miguel Ángel de Prada –

El final de 2019 está siendo prolífico en acontecimientos referidos al tema del texto que vamos a comentar. El propio autor, Santiago A. Cantalapiedra, comienza citando el 6º Informe de la ONU sobre Perspectivas del medio ambiente mundial, presentado en Nairobi en el mes de marzo, en el que «los resultados obtenidos son tan claros como desalentadores: la situación global del planeta ha empeorado sustancialmente desde que se publicó la 1ª edición hace más de 20 años». Se constata que ha avanzado la concienciación sobre algunos problemas, pero también que los países no están caminando en la dirección adecuada. En suma, «la gravedad y celeridad del deterioro ecológico hace que solo podamos actuar ya sobre la amplitud de la tragedia».

En noviembre, la revista BioScience publicó un nuevo informe sobre el cambio climático que revisa la literatura de los últimos 40 años y ha sido avalado por más de 11 mil científicos de todos los países. El informe declara la “emergencia climática” ante la cual «los científicos tienen la obligación moral de avisar con claridad a la humanidad de cualquier amenaza catastrófica». Para salir al paso de esta emergencia proponen 6 medidas dirigidas al cambio de ‘modelo energético’, los ‘contaminantes’ (también los de corta vida), el cuidado de la naturaleza, el cambio de modelo de producción y consumo de alimentos, el cambio en la medida del crecimiento y el modo de conseguirlo (energías limpias); y el reto dispar de la demografía en el Sur y en el Norte. Pero los 6 puntos, en opinión de D. Vieites, del CSIC y uno de los científicos firmantes, se reducen a uno: ‘la necesidad de un cambio social masivo’. También para P. Acebes, de la UAM y firmante del documento, los 6 puntos están íntimamente unidos y son interdependientes, por lo que todo se resumiría en una idea: ‘el planeta es finito, y los recursos, limitados’. La consecuencia es nuestra responsabilidad. Y qué decir de la celebración en Madrid de la COP25 en los primeros días de diciembre. ¿Otra COP política y otra decepción ciudadana? Ante eso se ha celebrado una antiCumbre ciudadana con una gran movilización intergeneracional, exigiendo actuar ya ante la ‘emergencia climática’ declarada recientemente por la UE y el propio gobierno español.

El texto de Santiago A. Cantalapiedra, como el informe de los 11 mil científicos, recoge y sistematiza las múltiples perspectivas que presenta en el momento actual la denominada ‘emergencia climática’ para incidir en que no se trata de crisis aisladas, sino que constituyen una ‘crisis de civilización’. Crisis general que estalla en diferentes frentes y atañe a todo el sistema capitalista. En feliz expresión «No existen dos crisis separadas, una social y otra ambiental, sino una única e inseparable crisis o la crisis de las muchas crisis» (p. 12). A ello se dedica la I Parte. La crisis Ecosocial (pp. 17-65). Las formas de denominar esta situación pueden parecer grandilocuente, pero se ajusta a lo real: la gran Fractura; la gran Recesión, la gran Involución y el gran Vaciamiento. Como conclusión, ‘la democracia se encuentra asediada por el capitalismo’.

En la Parte II. Cambio de época y Nuevo orden (pp. 67-139), se aborda el gran cambio producido en la ‘era del antropoceno’, cuando la acción humana incide tan negativamente en el equilibrio ambiental, y el ‘nuevo orden social’ resultante está siendo autoritario, involutivo y motor de expulsiones de población de sus tierras y hasta la propia biosfera estaría siendo expulsada de su espacio vital, como recuerda S. Sassen, ‘para encontrarnos con tierras y aguas muertas’.  El ‘nuevo orden‘ supone la era de las consecuencias del cambio producido: las pulsiones extractivistas y el modo de vida imperial. Ahora ya nos encontramos ante el reto de asumir responsabilidades y lograr articular otras propuestas, que será el tema de la III Parte. Pero antes quisiera volver sobre el capítulo 7 de la II Parte por la novedad temática que puede suponer para algunos lectores: ‘El capitalismo en la era digital’. Partiendo de la situación actual de una ‘economía de los datos’, gestionados por el big data, y de la mercantilización del nuevo espacio de la información y el deseo humano, llegando al modelo de capitalismo de plataformas que no producen valor, sino que lo extraen, las consecuencias son ahondar la crisis ecosocial, la precarización laboral y la inseguridad social. La última Parte reclama El cambio de Paradigma (pp. 141-203): pasar de las necesidades del capital a las necesidades humanas, y saltar desde el desarrollismo al ‘buen vivir’. En suma, se proclama que los recursos económicos estén al servicio de la calidad de vida de las personas y de los pueblos.

Llegados hasta aquí podemos decir que el texto de Santiago A. Cantalapiedra ha conseguido presentar de modo breve (en menos de 200 página) un recorrido bien articulado, bien documentado y bien presentado de la preocupación que da lugar al título La Gran Encrucijada. Un texto recomendable como introducción a los retos y a las posibles salidas, implicativas de cambios personales y sociales. Pero, además, los lectores se van a encontrar con un último capítulo; todo un descubrimiento: Capt. 11. Las religiones como eco-sofías (págs 171-203). Escribir de religiones, hoy día, puede llegar a ser un acto de valentía en el debate sobre la conservación del planeta y es casi una extrañeza. Decimos ‘casi’ porque el autor presenta las múltiples fuentes en que se basa: K. Löwy, K. Armstrong, X. Zubiri, J. Riechman, T. Eagleton, I. Gonzalez Faus, J. Mª Mardones, Jon Sobrino, H. Küng, R. Díaz Salazar, Z. Bauman, E. Torralba, B. Sousa de Santos, L. Boff, J. Dominguez, M. Fraijo, I. Ellacuría, E. Dussel, F. Houtart, J. Hinkelammert, y tantos otros que han ido cimentando el camino. Entre ellos, los lectores de Éxodo podrán reconocer a muchos colaboradores habituales. La aproximación que se realiza a la religión tiene que ver con la situación actual, con la valoración de éstas como saberes sapienciales y con la necesidad de generar nuevas subjetividades para afrontar el atolladero civilizatorio en el que nos encontramos. El eje central de este capítulo y la conclusión es que «vivimos tiempos críticos en los que desperdiciar experiencias y saberes puede ser, además de un acto de ignorancia, un grave error» (p. 197). La reflexión trata de recuperar conceptos tradicionales de las religiones, como conversión personal y colectiva, pero el redescubrir estos conceptos y las herramientas de las religiones como sabidurías que sirvan de eje a las conductas y mentalidades hacia la sostenibilidad, no debe hacerse como un retorno al pasado, sino una vuelta por el pasado en dirección a un futuro emancipador. Incluso se precisa integrar las cosmovisiones de pueblos colonizados con lo mejor de la modernidad (no eurocéntrica) y del pensamiento científico y técnico. Tenemos el reto de elaborar una ecología de saberes. En suma, para afrontar la gran crisis no sobra nada. Pero no toda religiosidad es válida, sino las que proclaman valores y visiones contrahegemónicas: las teologías liberadoras, políticas en el sentido de cerrar las fisuras entre discursos y prácticas. Las teologías y religiosidades pluralistas, de la liberación, poscoloniales y feministas pueden alumbrar una ética planetaria donde la espiritualidad y la ética de la tierra, de la Gran Madre, del universo como una realidad pan-relacional, serán hermanas gemelas.

Casi como un apéndice de este cap. 11, se aborda la encíclica de Francisco Laudato si (pp. 197-203), de la que se resalta ser la primera encíclica ecosocial de la historia con una visión de la ecología integral, que culmina en la llamada a la ‘conversión ecológica’: cambios en la forma de percibir la naturaleza y cambios profundos en los estilos de vida, modelos de producción y consumo, y en las estructuras consolidadas de poder en el sistema actual (capitalista). Bueno, esta categoría no aparece en todo el texto de la encíclica y sería uno de los límites, al no entender el sistema existente como sistema de explotación y dominación, junto con la falta de reconocimiento de las mujeres. Pese a todo, las aportaciones son más que las limitaciones y la ‘sabiduría que destila’, siguiendo a J. Hinkelammert, surge de la experiencia de una derrota como la esperanza cristiana surge de la experiencia de un fracaso (…). La esperanza que alienta las religiones proféticas permite mirar al futuro sin negar los nubarrones que se ciernen sobre el presente’. Es el núcleo de la espiritualidad de la esperanza.

El sínodo Amazónico visto con ojos de mujer

María Luisa Berzosa

Éxodo 151
– Autor: María Luisa Berzosa –

Introducción:  Mi segundo Sínodo

Por esos avatares de la vida y porque Dios va tejiendo mi vida con hilos misteriosos, el año pasado fui invitada a participar en el Sínodo dedicado a “La fe, los jóvenes y el discernimiento vocacional”, celebrado en Roma en octubre de 2018.  Formé parte de la Comisión de Expertos/as.

Este año, al ser nombrada por el Papa Francisco Consultora de la Secretaría General de Sínodo en el mes de mayo, recibí la invitación a participar de nuevo en calidad de tal nombramiento.

Cuando me indican el lugar que debo ocupar veo, con alegría, que somos un buen número de mujeres: laicas, consagradas, aborígenes…

Consciente e inconscientemente he ido comparando los dos Sínodos de mi vida y aunque la dinámica metodológica ha sido básicamente la misma, sí que he encontrado diferencias interesantes de reseñar por su significativa incidencia.

I. Escenarios diversos

De la celebración inicial en la Basílica merece destacar, sin duda, la homilía que nos regaló el Papa. Su lenguaje directo, claro, aterrizando en la vida cotidiana la Palabra fue un excelente inicio que infundió gran ánimo y alegría.

Comentando los textos de ese domingo, Francisco dijo algunas cosas que me tocaron especialmente y que no me resisto a explicitar:

Hemos recibido un don para ser dones. Un don no se compra, no se cambia y no se vende: se recibe y se regala. Si nos aprovechamos de él, si nos ponemos nosotros en el centro y no el don, dejamos de ser pastores y nos convertimos en funcionarios: hacemos del don una función y desaparece la gratuidad, y así terminamos sirviéndonos de la Iglesia para servirnos a nosotros mismos. Nuestra vida, sin embargo, por el don recibido, es para servir.

Y continuaba afirmando:

Para ser fieles a nuestra llamada, a nuestra misión, san Pablo nos recuerda que el don se reaviva. El verbo que usa es fascinante: reavivar literalmente, en el original, es “dar vida al fuego” [anazopurein]. El don que hemos recibido es un fuego, es un amor ardiente a Dios y a los hermanos. El fuego no se alimenta por sí solo, muere si no se mantiene vivo, se apaga si las cenizas lo cubren. Si todo permanece como está, si nuestros días están marcados por el “siempre se ha hecho así”, el don desaparece, sofocado por las cenizas de los temores y por la preocupación de defender el statu quo.

Con esta homilía tan profunda y al mismo tiempo tan aterrizada de Francisco, recibimos un intenso impulso para introducirnos en la aventura eclesial del Sínodo Amazónico, de de no poca responsabilidad e incidencia para la iglesia y el mundo.

El comienzo de actividades con la procesión tan viva y colorista, con danzas, canciones e instrumentos… me transmitía la experiencia de universalidad de nuestra iglesia: todos y todas cabemos simbólicamente junto a la tumba de Pedro… Y las palabras escuchadas a Francisco abriendo esta asamblea, fueron también un increíble empuje para entrar en este Sínodo tan especial en sí mismo y con repercusiones universales.

Días intensos de escucha activa de tantas y tan ricas intervenciones como se dan en el Aula. Partiendo del Documento Preparatorio, bastante aterrizado, pero no obstante documento mártir –en palabras de Francisco–, destinado a morir en estas semanas para que nazca uno nuevo, vamos escuchando a los ponentes, que muestran una gran dosis de valentía, claridad y firmeza, partiendo de una realidad sufriente, poniendo ante nuestros ojos y haciendo resonar en nuestro corazón los gritos de una inmensa parte de la humanidad.

Esta manera de hablar con tanta libertad y de modo directo es una base indispensable para que el discernimiento vaya encontrando su camino, ya que la realidad es el punto de partida ineludible para seguir con los oídos del corazón abiertos y dejarnos conducir por territorios, quizá desconocidos, que nos invitan a la búsqueda conjunta para ir descubriendo el sueño de Dios para su humanidad.

Los espacios de silencio entre las intervenciones ayudan más de lo que a primera vista puede parecer. Dan ocasión para el silencio profundo y fecundo que envuelve el Aula en esos momentos y nos posibilita registrar los movimientos internos que se van produciendo.

II. Mi trabajo en equipo

Personalmente, en nuestro grupo de comunicación colaboro en la preparación de textos, sobre todo en discernir los que proceden de fuentes fidedignas y descartando los que se nutren de rumores, que no ayudan a que tomen cuerpo de noticia y de verdadera información y comunicación de los temas sinodales que son los que nos interesan, pero también de otros que forman parte de lo que llamamos “información sensible” y por tanto hay que cuidar con mucho respeto para que lleguen a buen puerto.

Lamentablemente, tuvimos que afrontar repetidamente ataques al Sínodo desde dentro de la iglesia. Pero cuando se están escuchando las intervenciones en directo y se profundiza en el documento preparatorio, se intuye fácilmente que son otros los motivos de esas críticas tan negativas y del modo de hacerlas.

Cuando iniciamos la oración matutina, dos versos de salmos me llaman la atención porque sin duda tocan los sentimientos que me habitan: “el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”, y otro, “no juzgará por apariencias, sino con justicia y equidad”.  Esto me deja en paz para continuar escuchando a mis hermanos y hermanas sinodales y también a lo que Dios va dejando en mi corazón a través de la diversidad de voces tan ricas y desafiantes.

Y de fondo, siguen las palabras de Francisco en la homilía de apertura: “Sínodo es caminar juntos bajo la guía del Espíritu Santo, Él es el actor principal, no lo echemos de la sala”.  Y más adelante continuaba: “Que el Espíritu Santo se exprese entre nosotros, con nosotros, a través de nosotros y pese a nuestras resistencias, es normal que las haya”.

A lo largo de los días escuchamos voces femeninas, indígenas, y otras que traen la Amazonía en su corazón porque, de nacimiento o de adopción, se sienten parte y contagian las necesidades de nuestros hermanos y hermanas.  Y mucho más lo hacen las personas originarias, varones y mujeres, vestidos con sus trajes típicos que visualizan otras tradiciones, otra cultura, otro modo de expresar y vivir su fe con un cúmulo de sabiduría ancestral que nos conecta con la tierra de una manera cósmica.

Hay voces sobre la Amazonía, en su inmensidad y riqueza, con la problemática socio-política y económica de esta región que abarca nueve países; pero también se escucha con fuerza la dimensión pastoral, porque no se puede dejar sin ayuda espiritual a tantas personas ante la carencia de sacerdotes. Seguro que el Espíritu va a suscitar otras maneras de respuesta, y ciertamente, con una nueva e intensa participación de la mujer.

Intervienen también personas invitadas especialmente para este Sínodo, así como hermanos de otras iglesias no católicas, todos y todas desde el diálogo interreligioso buscando lo que nos une: la Amazonía y otras zonas de nuestro planeta nos necesitan a todos unidos para afrontar el complejo mundo que habitamos

Los moderadores de las sesiones nos ayudan a la escucha activa y al silencio profundo Otras veces nos invitan a cantar. Cada uno según su estilo nos ayudan a la escucha activa y al silencio profundo, evocando algún texto bíblico o invitándonos a cantar algunos de los mantras que ya se nos han hecho familiares: “tudo está interligado como se fossemo um, tudo está interligado nesta casa comum”.

Otro espacio de trabajo son los círculos menores, así llamados los grupos por lenguas donde la dinámica es totalmente distinta: mucho diálogo con gran libertad y respeto para expresar los propios puntos de vista que se van volcando en forma de enmiendas y que son los insumos para el documento final, una vez trabajados y dialogados intensamente en los grupos.

III. Resonancias desde el corazón

En este apartado quiero mencionar los temas que más han resonado, que me parecieron especialmente luminosos y que fueron luego recogidos en el Documento Final (DF). Pero también otros que hubiera deseado se ahondaran más y llegaran a cuajar conclusiones.

Sin duda, la voz a favor de la mayor presencia femenina en la iglesia fue una de las más intensas y recurrentes. Voz que provenía no solo de nosotras, las mujeres, sino también de los varones, laicos, obispos, arzobispos… Creo sinceramente que en ello el Espíritu se hizo especialmente presente en el Sínodo. Obedeciendo a Francisco, “no le hemos echado de la sala”… Cada vez había más intervenciones de laicas y laicos, de indígenas, de mujeres que se hacían eco de la urgencia de abrir caminos nuevos en la iglesia, con más y mayor protagonismo de las mujeres.

Las aportaciones en favor de la mujer me han dado fuerza y esperanza para los nuevos espacios que necesitamos en la iglesia y en el mundo.  Me siento amazónica en Europa y agradezco tanta sabiduría de la que seguir aprendiendo.

Pero ha habido fuertes subrayados, en algunos temas, sobre todo: la interconexión, el “buen vivir”, entendido como la integración con uno mismo, con los demás, con la creación, con Dios… articulados en torno al eje transversal de la ecología integral. De alguna manera este Sínodo ha explicitado y puesto en valor la Laudato Si: el cuidado de la casa común, atendiendo a la naturaleza y la vida humanas tantas veces violentadas y muertas.

Y sobre todo,  el tema de “la mujer en la iglesia”, con un manifiesto sentido crítico ante las evidentes limitaciones: el poco reconocimiento a todo su hacer y la escasa visibilidad de la misma, sobre todo en los campos de toma de decisiones, la desigualdad enorme por la desproporción entre jerarquía y el resto del pueblo de Dios;  y de la mano,  la necesidad de que haya ministerios nuevos en la iglesia porque hay mucha carencia de sacerdotes, lo que deja abandonadas a  muchas comunidades…, suscitando la urgente pregunta de gran relevancia pastoral: ¿cómo podemos preocuparnos de todas las necesidades de las personas, desde el alimento a la atención espiritual… ¿Es que si no hay un varón, célibe y ordenado, ¿no se le puede proporcionar? ¿Es que el Espíritu no va a suscitar nuevas formas de ministerios cuando las que tenemos se agotan?

No fue un tema menor el cambio climático que está afectando al planeta, y por tanto la Amazonía aparece como un punto focal para el resto del mundo.

Se ha puesto también un acento muy fuerte en la cultura de los pueblos originarios, en respetar su cultura, tradiciones, espiritualidad, sabiduría…

Han estado muy presentes dos temas que son urgentes en la Amazonía y más allá y más acá: Migraciones y juventud.

«Dado su incremento y volumen, actualmente el fenómeno de las migraciones se ha convertido en un inédito reto político, social y eclesial (cf. DAp 517, a). Ante eso, muchas comunidades eclesiales, han recibido a los migrantes con mucha generosidad, recordando que: “fuí forastero y me hospedaste” (Mt 25,35). El desplazamiento forzado de familias indígenas, campesinas, afrodescendientes y ribereñas, expulsadas ​​de sus territorios por la presión sobre los mismos o por la asfixia ante la falta de oportunidades, exige una pastoral de conjunto en la periferia de los centros urbanos».  (DF 29).

Es hora también de abordar nuevas formas de evangelizar, incluso con el servicio de la tecnología, y así ayudar al joven indígena a lograr una sana interculturalidad, a ser conscientes de la crisis de antivalores que viven y les hacen perder su identidad y autoestima.

Finalmente, habría que mencionar dos temas que me han dejado un poco insatisfecha:   la vida consagrada y la formación sacerdotal, que merecían más atención y reconocimiento, sobre todo el servicio pastoral de las religiosas y su participación en el ámbito de la toma de decisiones, por una parte, y el tema de la carencia de vocaciones, por otra. ¿No será que se están agotando unos formatos y hemos de crear otros?   El Papa mismo nos insistía al clausurar el Sínodo: “sean creativos, no tengan miedo, busquen nuevas formas”, pero gastamos energías en mantener lo de siempre –que ya no sirve– en vez en arriesgarnos a ser creativos.

Hay que reconocer que este Papa es el que más está haciendo porque los pasos hacia delante que vamos dando vayan siendo significativos. Sin embargo, es un largo camino el que tenemos por hacer, y mi opción decidida es seguir empujando y llamando a cuantas puertas sea necesario, y, si se me abre una pequeña rendija, entrar por ella, no dejar espacios libres ni vacíos porque van a ser ocupados enseguida, y no precisamente por las mujeres.

 IV. Conclusión inacabada

Una mirada de conjunto al Documento Final del Sínodo nos da idea de que este es un proceso que no ha terminado, no solamente porque el Papa hará o no, una Exhortación, sino porque en sí mismo el Documento es un paso más de este itinerario y que ya el post-Sínodo está escribiendo la página siguiente.

Las cuatro conversiones que habla dicho Documento: integral, pastoral, cultural y ecológica constituyen el cuerpo del mismo y concluyen, como no podía ser de otra manera, con los nuevos caminos de conversión sinodal.

Y el primer capítulo contempla, también como reflejo de lo que se ha vivido, la escucha de la Amazonía para llegar a la conversión.  Fue, creo yo, la nota dominante tanto en el Aula como en los grupos de lenguas; escuchar todo y a todos y todas, con respeto, con acogida, más allá de coincidir o no con lo que se decía. Me atrevería a decir una escucha acogedora desde el corazón: a la diversidad, a los contextos, a las experiencias, a la realidad vivida y expresada en primera persona de los y las indígenas, voces proféticas, denunciadoras, firmes y claras, expresando la urgencia del momento, del clamor de la tierra.

Como no podía ser de otra manera, la Laudato si ha estado muy presente en el desarrollo del Sínodo y yo diría que es el sustrato del Documento Final. El planteamiento de “la casa común” es una columna vertebral alrededor de la cual se construye -y se entiende- todos los demás puntos y aspectos de dicho Documento.

Y el capítulo final al contemplar los nuevos caminos y la insistencia en la sinodalidad, está expresando que seguimos así: en camino porque una iglesia sinodal es un anhelo ferviente de muchas personas –del Papa en primera instancia– pero sabemos que encuentra sus resistencias. La riqueza espiritual y evangélica de ejercer el gobierno de manera colegiada, no unipersonal, que fue el deseo del Concilio Vaticano II, no está siendo fácil, seguramente por eso es más del Espíritu que se va abriendo espacio nuevo entre luces y sombras.

Todos los puntos finales: espiritualidad, vida consagrada, nuevos ministerios, la hora de la mujer, una fe inculturada… están hablando de nuevas sendas, de rostros distintos, de lenguas múltiples; cada uno de ellos constituye uno o muchos desafíos. Pero es el momento, el “Kairós” de la historia que no puede esperar. Estamos gestando nuevos tiempos y algo nuevo va naciendo. Es necesario mantener la espera y la esperanza de forma activa y la fe en el Dios que hace historia a nuestro lado.

Willian Lucitante

Benjamín Forcano

Éxodo 151
– Autor: Benjamín Forcano –

Willian Lucitante vive en la reserva Ecológica Kofan, en la comunidad Kofan AVIE, de 55.000 hectáreas, en la Amazonía norte del Ecuador. Es coordinador de la Unión de afectados por petroleras TEXACO

 Pregunta. Importa, en primer lugar, Willian, que sitúes al lector en el contexto real de tu vida. Naciste y vienes del Amazonas del Ecuador: extensión de esa zona, indígenas que habitan en ella, cómo creciste en ella, tu tarea actual.

Respuesta. El 16 de abril de 1984 nací en la comunidad Kofan Dureno en medio de la actividad petrolera de la empresa Texaco, hoy Chevron, en la provincia de Sucumbíos, en la Amazonía norte del Ecuador. En ese lugar, el agua, que es elemento fundamental para nuestras vidas, fue contaminada.

Al principio, nuestros padres no conocían si eso afectaba su salud; ya que nunca en sus vidas habían vivido un desastre como ese. Luego, mis padres fueron huyendo de los problemas a 10 horas de vía fluvial a Cuyabeno; en donde el agua está sumamente contaminada, pero había cacería y pesca en abundancia. Aún teníamos problemas por esa razón.

Cuando yo tenía 8 años, mis padres me llevaron al norte de la provincia, en donde hay menos contaminación del agua por el río San Miguel, en la frontera con Colombia. Hoy vivo dentro de la reserva Ecológica Kofan Bermejo, en la comunidad de asentamiento y conocimiento ancestral Kofan AVIE. Tenemos 55.000 ha, el total del territorio indígena Kofan es de 430.000 ha, muchas de ellas se encuentran contaminas; habitamos apenas 1.200 habitantes. En las provincias de Sucumbíos y Orellana vivimos más de 30.000 personas afectadas; entre ellas estamos los pueblos Kofanes, Siekopai, Siona, Kichwa, Shuar, Waorani y campesinos, quienes somos afectados directos.

Cuando tenía 12 años, veía cómo mis abuelos y mis padres luchaban para defender sus vidas. A los 18 años fui participando poco a poco hasta decidir empoderar la defensa de mi pueblo, así es cómo fui demostrando mi capacidad de enfrentarme y empecé a conocer todas las comunidades kofanes; luego las comunidades de otros pueblos indígenas y campesinas. Con el tiempo, en 2017, me eligieron coordinador ejecutivo de la Unión de Afectados por las operaciones Petroleras de Texaco. Buscamos justicia ambiental y social; a los 25 años de litigio hemos logrado ganar la sentencia a favor de los afectados y hoy buscamos homologar la sentencia ecuatoriana en otros países para poder cobrar la deuda.

Pregunta. Como comunidades periféricas del Ecuador, ¿os sentís extraños o integrados? ¿Cómo son vuestras relaciones con los gobernantes de las parroquias, provincias y con el Estado?

Respuesta. Durante mucho tiempo, nuestra participación en los beneficios del estado ha sido vulnerada, por la razón de que los gobernantes no conocían nuestra existencia.

También nos consideraban personas pobres que carecen de estudios académicos; así nos han tenido marginados, hasta que empezamos a tomar decisiones.

Desde el año 2005, empezamos a exigir la participación de las comunidades kofanes y hoy en día tenemos claros nuestros derechos. Por lo tanto, tenemos relaciones muy cercanas con las autoridades locales; pero, con el gobierno nacional, siempre hemos tenido dificultades, ya que toman decisiones que afectan a las vidas de los pueblos indígenas. Por lo tanto, siempre estamos, y estaremos, a la defensiva.

Pregunta. Hoy el mundo vive globalizado. Y la globalización es neoliberal, con enorme presencia en la Amazonía. ¿Cuál sería vuestra voz –vuestros gritos y lágrimas– frente a la política del Primer Mundo?

Respuesta. Hay muy pocas personas que creen sistemas en los cuales toda la humanidad esté inmersa. Más allá de eso, están viendo a la Amazonía, ya que esta región es la que tiene recursos naturales para explotar; y, dentro de ella, estamos nosotros, los pueblos indígenas que estamos siendo atropellados día a día. Nuestros conocimientos, cultura y vidas están en peligro de extinción.

Por eso, queremos llevar un mensaje al mundo, ya que la humanidad depende o es parte de la naturaleza. Tenemos que hacer un poquito de esfuerzo para generar conciencia, que entre todos salvemos la Amazonía; y que ayudemos a mitigar el cambio climático y a poder equilibrar los ecosistemas. Creemos que es importante que conozcamos de parte en parte y equilibrar la contribución para la humanidad, unos contaminan el ambiente y nosotros lo cuidamos. Creemos que el alimento es lo más importante y que debemos mejorar la producción orgánica, y que esos productos tengan valor.

Pregunta. ¿Hubo un tiempo preciso en el que comenzasteis a ver que vuestro hábitat, con su vida y derechos, estaba amenazado? ¿Cuál ha sido vuestro mayor enemigo en las últimas décadas?

Respuesta. Nuestro principal enemigo es la empresa petrolera; ya que, desde que inició su operación en la provincia de Sucumbíos, en el año 1967, empezó la destrucción ambiental, contaminando la fuente vital que es el agua.

Pasó mucho tiempo; entonces, en el año 1993, de forma organizada se plantea una demanda a la trasnacional Texaco por crimen ambiental. A pesar de que la comunidad kofan tiene el territorio con título de propiedad, en 1987, la Texaco entró con una vía de 8 Km para perforar un pozo; el mismo que contaminaba los ríos. Empezaron a morir los peces, de los cuales la comunidad se alimentaba. Cada vez aparecían más problemas y mis abuelos, con toda la comunidad, empezaron a pensar que ellos no podían entrar así no más porque nosotros teníamos un título de propiedad. No pueden entrar sin consultarnos.

Por lo que la comunidad se organizó y empezaron a enfrentarse a la empresa y sacamos a la compañía petrolera, logrando que el pozo Dureno 1 se cerrara en el año 1998.

Pregunta. ¿Cómo valoras el papel que ha jugado la Iglesia en todo el proceso de vuestra lucha?

Respuesta.  La Iglesia jugó el papel del bueno y del malo. Al principio, era una Iglesia que ayudaba a defender, y después mostró oposición a las decisiones de las comunidades indígenas.

Se convirtieron en los negociadores con las empresas petroleras, de esa forma, fueron perdiendo la confianza que los pueblos indígenas teníamos. Tras varios años, fueron llegando nuevamente a congregar a unas familias y, por último, hay muy pocos indígenas religiosos.

Pregunta. En el camino de esa vuestra lucha por asegurar el respeto a lo que es nuestra Casa común, habéis sufrido sin tregua la explotación y represión. ¿Con mártires de por medio?

Respuesta. En realidad, todas las luchas por hacer respetar nuestros derechos han sido con muchos sacrificios, ya que, la explotación de algún recurso natural por parte de alguna empresa llega con el aval de un gobierno; utilizan fuerzas públicas para intimidar, y los protestantes somos desarmados.

Siempre ha habido persecuciones políticas, encarcelamientos y desapariciones; pero seguimos luchando para generar conciencia humana, para que tengamos los mismos derechos y respeto al derecho humano.

Pregunta. Como hijos y cuidadores de la Tierra y no como dueños, ¿qué valores son los que tratáis de defender frente al egoísmo y codicia de las multinacionales?

Respuesta. La humanidad debe entender que somos parte de la naturaleza. Las multinacionales son muy pocos, y se enriquecen a base de sacrificar los derechos humanos.

Por eso, es importante generar conciencia a la población general. Dependemos de la madre Tierra, que es la naturaleza, y en ella cultivamos los alimentos que se consumen en las ciudades y todos los países desarrollados; de esa forma, podemos valorar la vida y compartir los derechos en la supervivencia de la humanidad. Las multinacionales también deben ser responsables de sus actos y entender que todos tenemos derecho a la vida.

Pregunta. Ecuménicamente hablando, ¿qué propuestas de cambio y renovación consideras como más urgentes para las Iglesias? ¿Cuáles debiera hacer en concreto la iglesia católica?

Respuesta. Las iglesias deben trabajar para recuperar la confianza, demostrando su trabajo en la comunidad, generando conciencia, defendiendo la vida, dando la esperanza para que las futuras generaciones puedan vivir en armonía con la naturaleza.

Pregunta.  Por vuestra parte, estáis promoviendo una serie de proyectos para el autobastecimiento y medios de producción sostenibles. ¿En qué consisten, quiénes participan, quiénes ayudan y qué esperáis de ellos?

Repuesta. Con la llegada de las empresas, y la presencia de los gobernantes, ya se han desvalorizado sus medios y hemos perdido la esperanza de ser felices o vivir con dignidad.

Estamos buscando alternativas de vida, por eso hoy tenemos la propuesta de autobastecimiento; para que las familias indígenas empecemos a valorar lo que tenemos en el medio.

Para ello hemos construido un plan operativo, en el cual identificamos qué es lo prioritario para nuestras vidas; de esa forma, hemos empezado a valorar los conocimientos ancestrales y recuperar sus valores, mantener el idioma propio, recuperar las especies nativas tanto los peces, como plantas medicinales, plantas frutales, animales, etc.

Al principio, esta idea nació de la comunidad Kofan Avié, a la cual pertenezco; ahora contamos con el acompañamiento y el asesoramiento de algunos voluntarios, algunos de ellos nuestros amigos Jose Picot y María de los Ángeles Picot, contactos en Europa.

Esperamos lograr algún financiamiento para contribuir a esta iniciativa, para conservar nuestra cultura e identidad; también para la conservación del bosque y los recursos naturales, ya que nuestras vidas tienen relación con la naturaleza.

Pregunta. En el Sínodo, ¿crees que se ha hecho un análisis con participación desde la base, real por tanto, y que se han adoptado compromisos y propuestas para resolver los grandes daños e injusticias cometidos y, desde ese pacto de amor cósmico, ratificado por vuestra gente en las catacumbas, avanzar con el protagonismo de ser guardianes de la creación?

Respuesta. Es importante el tema, aunque todavía no hay participación de toda la base, ya que la Amazonía es una zona importante y geográficamente muy amplia. Esperemos que esta iniciativa del Sínodo Amazónico tenga apoyo de todos, porque la Amazonia es la casa común.

Crónicas del Sínodo: El tiempo en que el Amazanas desbordó el Tíber… pasando por el Rin

Jesús Bastante Liébana

Éxodo 151
– Autor: Jesús Bastante Liébana –

Cuando leas este artículo, querido lector, seguramente el Papa Francisco haya promulgado su exhortación post sínodo de la Amazonía, un texto que, aseguran los expertos, irá mucho más allá de lo aprobado por los padres (al final, no por las ‘madres’) sinodales, y abrirá muchísimas puertas, en un camino de renovación que nace del impulso del Concilio Vaticano II y que durante décadas estuvo congelado por una Curia vaticana poco preocupada por el Evangelio y obsesionada por mantener sus cuotas de poder.

Y es que el Sínodo de la Amazonía ha ido mucho más allá de una mera (y vital) discusión sobre el futuro del planeta. Escribo estas líneas mientras, en Madrid, los líderes políticos del mundo supuestamente civilizado tratan de cerrar un ‘acuerdo de mínimos’ en la COP25 que no solucionará los problemas de nuestro planeta pero que tal vez, solo tal vez, ponga las bases para tomar conciencia, de una bendita vez, de que no hay planeta B.

Por primera vez, hasta los católicos españoles y sus instituciones se han unido a la causa común, y han salido a la calle no para protestar contra el matrimonio igualitario o Educación para la Ciudadanía, sino para sumarse a la lucha contra el cambio climático. Algo que no habrían hecho sin este Sínodo, sin este Papa y su Laudato Si.

Todo comenzó en Puerto Maldonado

El Sínodo de la Amazonía se celebró en Roma, a orillas del Tíber, en octubre de 2019, pero hunde sus raíces en el impulso que la Iglesia latinoamericana ha querido dar a este Pontificado; en los incendios de la madre Tierra, el neocolonialismo de los terratenientes y los asesinatos de activistas como Berta Cáceres; en la lucha de los pueblos indígenas por proteger su identidad; en el cambio climático; en las políticas proteccionistas de Estados Unidos, China o Brasil; y, también, en el sueño del Papa Francisco, que dio comienzo al proceso sinodal no en Roma, sino en Puerto Maldonado (Perú), en enero de 2018.

Por primera vez en la historia, un Sínodo universal no tenía como único centro Roma. Un proceso sinodal que se prolongó durante meses, con encuestas a todas las diócesis del mundo (las españolas no fueron especialmente activas, se ve que pensaban que el tema de la Amazonía no iba con ellas), y un especial cuidado en lo que opinaban los indígenas y los jóvenes. Por primera vez, aquellos indios evangelizados cinco siglos atrás tenían la oportunidad de ‘evangelizar’ a la Vieja Europa. Y a fe que lo consiguieron. El instrumentum laboris da buena cuenta de ello.

Laudato Si y un Papa global

El Amazonas es el río más caudaloso del mundo. Sus aguas recorren el mayor espacio verde de la Tierra. Es, sin lugar a dudas, el pulmón del planeta. A él dedica Francisco su magnífica Laudato Si, la primera encíclica ecologista de la historia de la Iglesia. Sus palabras proféticas, recordando al poverello de Asís, lo han convertido (con permiso de Greta Thunberg) en el principal líder global en defensa de la Casa Común. Mal que les pese a los Trump o Bolsonaro de turno, que atacan una y otra vez al Pontífice argentino.

El Amazonas, se vio en octubre, arrasó el Tíber. «El sínodo ha sido un diagnóstico desgarrador en cuanto al desastre ecológico, la vulneración de los derechos de los pueblos indígenas y una llamada de atención a colaborar en su solución», relata el obispo de Puerto Maldonado, el dominico español David Martínez de Aguirre, quien ha acompañado el proceso sinodal desde el comienzo y hasta su final. Él ha sido uno de los hombres clave, junto al cardenal Claudio Hummes y el obispo amazónico-alemán Erwin Krautler.

Y es que, como veremos, el cauce del Amazonas ha recorrido el Tíber, pero también se ha dejado navegar por las aguas del Rin, donde la Iglesia alemana ha comenzado su propio proceso sinodal, de modo paralelo al universal, y con muchos conceptos comunes, desde la toma de decisiones compartida, el papel de los laicos, el sacerdocio para casados o los avances –tímidos, muy tímidos aún– para que sea reconocido el ministerio de las mujeres.

Protagonismo de los pueblos originarios… y de la mujer

En el Aula Pablo VI, la presencia indígena fue constante. Sus palabras, escuchadas por los viejos cardenales europeos, que no terminaban de entender cómo hombres –y mujeres– llegados del fin del mundo les explicaban qué debían hacer, tan acostumbrados como están a que su palabra sea ley y palabra de Dios. También, un protagonismo especial de las mujeres.

Hasta 35 participaron en el Sínodo, con voz… y, finalmente, sin voto, pese a que un nutrido grupo de obispos solicitó formalmente al Papa esta posibilidad. Mujeres, como la española María Luisa Berzosa, incluida en el equipo de la secretaría general del Sínodo, o como Patricia Gualinga, Marlene Betlinski, Birgit Weiler, o Alba Teresa Cediel, que admitió, sin tapujos, que las mujeres «acompañamos a los indígenas en los diferentes eventos cuando el sacerdote no puede hacer presencia y se necesita que haya un bautismo, nosotras bautizamos, si alguien se quiere casar, nosotras hacemos presencia y somos testigos de ese amor, y muchas veces nos ha tocado escuchar en confesión, no hemos dado la absolución, pero en el fondo de nuestro corazón hemos dicho: “Con la humildad de que este hombre o mujer se acerque a nosotras, por situaciones de enfermedad o ya próximos a la muerte”, nosotras creemos que Dios Padre también actúa ahí». Una realidad que, más tarde o más temprano, la Iglesia tendrá que reconocer también en los papeles. Y que habrá de extenderse mucho más allá del corazón de la Amazonía, comenzando por la España vaciada y terminando en la mismísima Santa Sede. ¿Mujeres dirigiendo congregaciones? Seguro. ¿Diaconisas? Es probable. ¿Sacerdotisas?… en eso, hasta este Papa revolucionario se muestra prudente, casi temeroso. Veremos.

Según cuentan quienes estuvieron presentes en el Aula sinodal, los obispos europeos estaban abrumados. Al comienzo, sin saber exactamente qué se iba a abordar. Con el paso de los días, la perplejidad se tornó en actitud de escucha y, salvo los opositores de siempre (a los que se sumaron, quitándose descaradamente la careta, los prefectos de la Congregación de Obispos, Marc Ouellet –quien admitió posteriormente haber votado en contra de los puntos más polémicos del documento final–; o Propaganda Fide, Fernando Filoni, recientemente depuesto para colocar en su lugar al filipino Luis Antonio Tagle), todos fueron tomando conciencia de la importancia de que la Iglesia católica tuviera una sola voz, fuerte y presente en todo el planeta, para el cuidado de la casa común; y que era preciso abrir la mente a posibilidades solo cerradas por el derecho canónico, no por el Evangelio de Jesús.

Cuatro momentos simbólicos

Hubo cuatro momentos simbólicos a lo largo del mes de octubre. El primero, previo al mismo Sínodo, con la celebración, en los jardines vaticanos, de una oración dirigida por varios líderes indígenas y en la que participó el propio Francisco, junto a unas imágenes que algunos identificaron con la Pachamama y que provocaron el disgusto de los más radicales.

El segundo, con la emotiva procesión desde la basílica de San Pedro hasta el Aula Pablo VI en la primera jornada. Con los indígenas arropando al Papa, en una procesión en forma de barca. Francisco no presidía ni cerraba el camino, sino que iba junto al pueblo. Y es que, como no se cansa de repetir el Pontífice, los verdaderos pastores tienen que saber cuándo caminar delante y detrás de la gente, pero siempre dentro del Pueblo Santo de Dios.

El tercer momento vino con el robo de las imágenes indígenas y su lanzamiento al Tíber para regocijo de los sectores ultracatólicos y rigoristas, que multiplicaron el efecto difundiendo el vídeo de la profanación. Por fortuna, el río devolvió las tallas sanas y salvas, que presidieron la última jornada del Sínodo, en la que se aprobó el documento final.

El Pacto de las Catacumbas

Finalmente, y poco antes de culminar el Sínodo, casi un centenar de sinodales hicieron un gesto simbólico, congregándose en la Catacumba de Santa Domitila, el mismo lugar en el que, medio siglo antes, se congregaron obispos como Dom Helder Cámara, que cambiaron el rumbo del Concilio Vaticano II. Allí tras una emotiva Eucaristía, suscribieron el Pacto de las Catacumbas por la Casa Común, en un deseo de asumir una Iglesia con rostro amazónico, pobre y servidora, profética y samaritana.

Un texto en el que se apuntan quince compromisos, que pretenden mostrar “un sentimiento de urgencia que se impone ante las agresiones que hoy devastan el territorio amazónico, amenazado por la violencia de un sistema económico depredador y consumista”. Los compromisos tienen un claro cariz ecológico, que nace del hecho de “reconocer que no somos dueños de la madre tierra”, algo que compromete a los firmantes a “acoger y renovar cada día la alianza de Dios con todo lo creado”.

Así, en continuidad con el Pacto de 1965 se renueva el compromiso con los pobres, hoy representados en los pueblos originarios, llamados a “ser protagonistas en la sociedad y en la Iglesia”, lo que demanda respeto y acogida en pie de igualdad, abandonando “toda clase de mentalidad y postura colonialistas”, y la denuncia de “todas las formas de violencia y agresión” contra los pueblos indígenas, su identidad, sus territorios y sus formas de vida.

El Pacto insiste en cambiar el modo de hacer pastoral en la Amazonía, pasando de la visita a la presencia, asegurando que “el derecho a la Mesa de la Palabra y la Mesa de la Eucaristía se haga efectivo en todas las comunidades”, en una clara apuesta por la ordenación de hombres casados, a lo que se une la necesidad de “reconocer los servicios y la real diaconía de la gran cantidad de mujeres que dirigen comunidades en la Amazonía hoy y buscar consolidarlas con un ministerio apropiado de mujeres líderes de comunidad”.

La pastoral en las ciudades, el protagonismo de laicos y jóvenes, la atención a las periferias y migrantes, trabajadores y desempleados, los estudiantes, educadores, investigadores y el mundo de la cultura y de la comunicación, son elementos abordados en el texto, que hace una llamada a dejar de lado el consumismo y asumir “un estilo de vida alegremente sobrio, sencillo y solidario”, con actitudes de cuidado de la Casa Común y compromiso con los profetas y los pobres.

El Sínodo, día a día

¿Cómo se desarrolló el Sínodo? Ya durante la misa de apertura, el Papa Francisco mostró su reconocimiento a las “cruces pesadas” que cargan “muchos hermanos y hermanas en la Amazonía”, que “esperan la consolación liberadora del Evangelio y la caricia de amor de la Iglesia y es por ellos y con ellos que debemos caminar juntos”.

Después de la primera semana de los trabajos sinodales, uno de los temas tratados a forma de pregunta fue: ¿cuántas personas conocen el Evangelio? De hecho, la proclamación de la Buena Nueva debe ser central, y no solo en la Amazonía, sino en todo el mundo. Frente al tema de la falta de vocaciones, el sínodo habló más de una vez de los viri probati y del diaconado femenino, que acabaron convirtiéndose en los dos temas estrella fuera y dentro del aula sinodal. Con el riesgo de que la defensa del medio ambiente o de los derechos de los pueblos originarios quedaran orilladas en una esquina del documento, y de la actualidad informativa.

Al término de la segunda semana, ya parecía claro que estos temas iban a aparecer en el documento final, y que la presión de los ultraconservadores (que por primera vez en un Sínodo de estas características no eran mayoría) no podría evitar un llamamiento a la defensa de los más vulnerables. Fuera del aula del Sínodo, multitud de organizaciones del tercer sector, vinculadas al trabajo en la Amazonía, también hicieron sentir su voz, con presentaciones de libros, conferencias y, especialmente, un memorable Viacrucis en memoria de los mártires de la Amazonía

Antes de concluir, la Red Eclesial Panamazónica (REPAM), que supo dirigir los debates, desde dentro y desde fuera, emitió un comunicado abogando por seguir navegando, desde el Tíber hasta el Amazonas, por una cuádruple conversión: pastoral, cultural, ecológica y sinodal. Una Iglesia más centrada en la atención al necesitado, inculturada con el lugar –y el pueblo– donde realiza su misión, sostenible y garante del cuidado del medio ambiente, y realmente participativa.

El 26 de octubre, poco antes de que se conociera el documento final y las votaciones de cada uno de los puntos, el Papa quiso cerrar los trabajos del Sínodo, comprometiéndose a tener la instrucción postsinodal publicada antes de fin de año, y a “ir más allá” en las propuestas que se hubieran lanzado. Y es que será el documento papal –con valor magisterial– quien habrá de concretar las propuestas lanzadas por el Sínodo, y quienes le conocen sostienen, sin lugar a dudas, que recogerá muchas de las inquietudes formuladas en los documentos de trabajo previos y que el consenso sinodal afeitó convenientemente.

Claves del documento final

En el documento final, cuyos 120 puntos fueron aprobados por mayoría de dos tercios –en casi todos los puntos, excepto en el de los curas casados, las mujeres o el ‘rito amazónico’, con la práctica unanimidad de los presentes–, quiso destacar “la integración de la voz de la Amazonía con la voz y el sentir de los pastores participantes. Fue una nueva experiencia de escucha para discernir la voz del Espíritu que conduce a la Iglesia a nuevos caminos de presencia, evangelización y diálogo intercultural en la Amazonía”.

“El reclamo, surgido en el proceso preparatorio, de que la Iglesia fuera aliada del mundo amazónico, fue afirmado con fuerza. La celebración finaliza con gran alegría y la esperanza de abrazar y practicar el nuevo paradigma de la ecología integral, el cuidado de la “casa común” y la defensa de la Amazonía”, tal y como señala el punto 4.

El texto final consta de cinco capítulos, más una introducción y una breve conclusión. ¿Cuáles son las claves del Documento? Tras tres semanas de trabajo intensas, los 185 padres sinodales junto a 35 madres sinodales proponen al Papa la ordenación sacerdotal de hombres casados, sin olvidarse de la mujer, para la que han propuesto la creación del diaconado femenino y del ministerio de “la mujer dirigente de la comunidad”.

El Sínodo comenzó cuando el Papa fue a la Amazonía, a Puerto Maldonado, y concluye con la Amazonía entrando en el Vaticano. Y haciéndolo con fuerza, con un impactante documento de 120 puntos, todos ellos aprobados por la práctica unanimidad de los padres sinodales, entre los que se incluyen la petición del sacerdocio para casados, el diaconado permanente femenino o la creación de un “rito amazónico”.

Incluso, los tres puntos más polémicos contaron con una mayoría que supera, con mucho, los dos tercios. Así, el punto 111, el que habla de la ordenación de hombres casados, fue el que tuvo mayor contestación, si bien nimia (128 a 41); mientras que el 103, en el que se propone el “diaconado femenino permanente” cosechó apenas 30 votos negativos. En los 117 y 119, que hablan del rito amazónico, no se llegó a la treintena de ‘noes’. Todos alcanzaron la mayoría de dos tercios, fijada en 120 votos.

Y es que, por mucho que los rigoristas –los de la ‘elite católica’, como los definió Francisco en su discurso final– han presionado, dentro y fuera del aula sinodal, para evitar un Sínodo progresista, lo cierto es que la derrota ha sido sonora. Apenas quedó un borrón en una jornada festiva: finalmente, las mujeres no pudieron votar.

¿Qué dice el documento final del Sínodo de la Amazonía? Muchas cosas, que a buen seguro formarán el corpus doctrinal de la exhortación postsinodal que el Papa ha anunciado publicará antes de fin de año. Una nueva muestra de la velocidad que Bergoglio ha imprimido a este pontificado durante los últimos meses.

Diaconado femenino

Uno de los puntos más especiales es el del papel de la mujer, que ocupa varios espacios del texto: “La Iglesia de la Amazonía quiere ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva en la Iglesia”, se lee en el punto 99. En el 101, se afirma que “la sabiduría de los pueblos ancestrales afirma que la madre Tierra tiene rostro femenino”, por lo que “se pide que la voz de las mujeres sea oída, que ellas sean consultadas y participen en las tomas de decisiones y, de este modo, puedan contribuir con su sensibilidad para la sinodalidad eclesial”.

¿Qué supone esto? Que “es necesario que asuma su liderazgo en el seno de la Iglesia, y que ésta lo reconozca y promueva reforzando su participación en los consejos pastorales de parroquias y diócesis, o incluso en órganos de gobierno”.

El texto va avanzando, y camina más allá, especialmente en los puntos 102 y 103. “Reconocemos la ministerialidad que Jesús reservó a las mujeres”, asumen los padres sinodales, que piden “revisar el Motu Proprio de San Pablo VI Ministeria quedam, para que también mujeres adecuadamente formadas y preparadas puedan recibir los ministerios del Lectorado y el Acolitado, entre otros, a ser desarrollados”. Y más aún: “Pedimos que sea creado el ministerio instituido de la mujer dirigente de la comunidad, y reconocer esto, dentro del servicio de las cambiantes exigencias de la evangelización y la atención a las comunidades”.

Pero, sin duda, el párrafo clave es el siguiente: “En las múltiples consultas realizadas en el espacio amazónico, se reconoció y se recalcó el papel fundamental de las mujeres religiosas y laicas en la Iglesia de la Amazonía y sus comunidades, dados los múltiples servicios que ellas brindan. En un alto número de dichas consultas, se solicitó el diaconado permanente para la mujer”, siempre desde la óptica que plantea el punto 93, que clama “por la igualdad de todos los bautizados y bautizadas”.

Curas casados: hacer realidad lo que se vive

“Considerando que la legítima diversidad no daña la comunión y la unidad de la Iglesia, sino que la manifiesta y sirve, lo que da testimonio de la pluralidad de ritos y disciplinas existentes, proponemos establecer criterios y disposiciones de parte de la autoridad competente (…) de ordenar a hombres idóneos y reconocidos de la comunidad, que tengan un diaconado fecundo y reciban una formación adecuada para el presbiterado, pudiendo tener familia legítimamente constituida y estable, para sostener la vida de la comunidad cristiana mediante la predicación de la Palabra y la celebración de los sacramentos en las zonas más remotas de la región amazónica. A este respecto, algunos se pronunciaron por un abordaje universal del tema”, se dice en el punto 111. Un paso definitivo a la ordenación de hombres casados, y no solo en la Amazonía, sino también en el ámbito universal, algo que ya ha reconocido el proceso sinodal abierto en la Iglesia alemana. Y quien habla de las necesidades específicas de la Amazonía, no podrá obviar las similitudes de estas realidades con las que vivimos en la España vaciada, los territorios de misión o aquellos lugares donde la presencia católica es muy reducida.

Lo ideal sería reconocer, con San Pablo, que todo bautizado es sacerdote y apóstol, o como el propio Cristo, que dijo que allá donde dos o más se junten a su nombre, allí estaría él. O a la propia tradición de la Iglesia, que impuso el celibato a partir del segundo milenio: solo uno de los doce apóstoles no estaba casado. De los oficiales: a día de hoy, nadie duda que entre los discípulos de Jesús se encontraban hombres y mujeres. Pero la prudencia exige ir paso a paso, mal que nos pese a los que defendemos una Iglesia en la que todos los bautizados sean plenamente iguales en derechos, obligaciones… y ministerios.

En el documento, los sinodales propusieron “que sea establecida una Universidad Católica amazónica”, así como “crear un organismo episcopal que promueva la sinodalidad entre las iglesias de la región, que ayude a delinear el rostro amazónico de esta Iglesia y que continúe la tarea de encontrar nuevos caminos para la misión evangelizadora (…) Se trataría de un organismo episcopal permanente y representativo que promueva la sinodalidad en la región amazónica, articulado con el CELAM (…) y también articulado con la REPAM”.

Por otro lado, el Sínodo reclama voz y voto para los laicos, “ya sea en la consulta como en la toma de decisiones, en la vida y en la misión de la Iglesia” (94). Otra de las propuestas importantes realizadas en dicho Documento ha sido la de incluir “el pecado ecológico”. “Proponemos definir el pecado ecológico como una acción u omisión contra Dios, contra el prójimo, la comunidad y el ambiente” (82), se lee en el documento final, en el que también se explica que es un pecado “contra las futuras generaciones” y se manifiesta “en actos y hábitos de contaminación y destrucción de la armonía del ambiente, transgresiones contra los principios de interdependencia y la ruptura de las redes de solidaridad entre las criaturas y contra la virtud de la justicia”.

No al colonialismo eclesial

Y es que la ecología integral, afirman los sinodales, “no es un camino más que la Iglesia puede elegir de cara al futuro en este territorio” sino “el único camino posible”, pues no hay otra senda viable para salvar la región (67). En este punto, los Obispos además llaman a la comunidad internacional para que proporcionen “más recursos económicos”, “un modelo de desarrollo justo y solidario” y “herramientas para frenar el cambio climático”.

El Sínodo rechaza “una evangelización de estilo colonialista” (55) y sostiene que la Iglesia tiene la oportunidad histórica de diferenciarse de las nuevas potencias colonizadoras “escuchando a los pueblos amazónicos para poder ejercer con transparencia su actividad profética” (15). Además, para hacerla frente, los sinodales proponen procesos claros de inculturación de sus métodos y esquemas misioneros. También proponen a los centros de investigación y pastoral que estudien “las tradiciones de los grupos étnicos amazónicos” para defender su identidad y cultura a través de “acciones educativas” (57) que favorezcan la inculturación.

Finalmente, el documento realiza una histórica petición de un rito para los pueblos originarios, para “dar una respuesta auténticamente católica a la petición de las comunidades amazónicas de adaptar la liturgia valorando la cosmovisión, las tradiciones, los símbolos y los ritos originarios que incluyan dimensiones trascendentes, comunitarias y ecológicas”, y que “pueda celebrarse y vivirse según las lenguas propias de los pueblos amazónicos. Urge formar comités de traducciones y redacción de textos bíblicos y litúrgicos en las lenguas propias de los diferentes lugares”.

A la espera de la exhortación papal

Un documento para leer, pensar y trabajar. Y para esperar a la exhortación papal. Caminando juntos, sin marcha atrás, por una Iglesia más participativa, más pobre y más centrada en el cuidado de la naturaleza. Un camino que, como decimos, no debe quedarse únicamente en la Amazonía.

El caudal de esperanza que recorrió, desde el Amazonas, la Roma y su Tíber, llegará en los próximos meses a Alemania, con un Episcopado que, a diferencia del español o el italiano, no tiene miedo de arriesgar y proponer nuevos desafíos para la evangelización. La marea amazónica tiene que llegar a toda la Iglesia: sólo así podremos volver a entender la Iglesia como una Casa Común, en la que todos rememos en la dirección del Evangelio, que es manantial del agua viva, y que últimamente no mana en abundancia entre la Curia. Como sucede con el medio ambiente, la pregunta queda abierta: ¿Llegaremos a tiempo, o cuando tomemos conciencia el daño será irreversible? Nos jugamos mucho. En materia de fe, y de planeta.

Sínodo amazónico. Cuidar la casa común

Editorial

Éxodo 151
– Autor: Editorial –

En esta ocasión centramos la reflexión de Éxodo en la Amazonía. Pero no para abordar directamente su realidad física o sociocultural, su ecosistema o su riquísima biodiversidad con su esencial aportación al equilibrio climático en el planeta. Nuestro propósito es distinto. Queremos centrar la reflexión en el acontecimiento que, por diferentes y diversos motivos, ha mantenido durante bastante tiempo la atención mediática de gran parte de la Comunidad Internacional.

Nos referimos al Sínodo Amazónico, celebrado en Roma durante el pasado mes de octubre 2019. Un evento que levantó grandes expectativas no sólo sobre los posibles y necesarios cambios que afectan a la estructura interna de la iglesia, sino también, y sobre todo, en la esperada postura oficial de ésta frente a la gravedad del cambio climático y su repercusión en la ecología del planeta.

La Amazonía, debido a sus características medioambientales, socioeconómicas, estratégicas y políticas, representa un lugar emblemático, cuidadosamente elegido por los estrategas de la Iglesia católica para lanzar, a nuestro juicio, un doble mensaje al mundo y a la propia institución eclesial: la urgente necesidad de encontrar alternativas sistémicas para salvar la vida en el planeta y la necesidad, también urgente, de hacer cambios sustanciales en la estructura organizativa de la propia Iglesia católica para responder a su actual crisis y a los nuevos retos del mundo de hoy.

En las páginas que siguen ofrecemos, de entrada, un relato-reportaje bien ajustado al recorrido que ha seguido este Sínodo religioso desde sus inicios hasta su clausura (Crónicas del Sínodo, lo titula el periodista Jesús Bastante, su autor). Este relato se completa con la entrevista in situ a Willian Lucitante que, desde la Reserva Ecológica de Kofan, en Ecuador, nos trae las luchas de los pueblos indígenas defendiendo su hábitat contra las explotaciones petroleras y madereras que desertizan la selva y contaminan sus aguas. Luego, penetrando a fondo en el entramado conceptual y pastoral del documento final del Sínodo, ofrecemos cuatro miradas críticas y complementarias desde los ojos de una mujer, de un ecologista, de un teólogo y de un economista político.

María Luisa Berzosa, participante en tanto que Consultora de la Secretaría General del Sínodo, comienza destacando el gran impacto causado por el discurso inaugural del papa para centrar luego su reflexión en la desigualdad y la enorme desproporción que existe en la visibilidad y toma de decisiones en la Iglesia católica entre la jerarquía y el resto de los fieles. Desproporción que es aún más llamativa tratándose de las mujeres.

Santiago Álvarez Cantalapiedra, director de FUHEM ecosocial, centra su bien fundamentada reflexión en las consecuencias de la producción a gran escala y de los mercados globales para la Amazonía: el extractivismo, la deforestación y el desplazamiento de los pueblos originarios, están causando un verdadero ecocidio y etnocidio en la zona. Frente a estas prácticas agresivas o “modo de vida imperial” el autor hace un llamado urgente, siguiendo el espíritu de Sínodo, a respetar las culturas campesinas e indígenas capaces de frenar la destrucción de la vida en esta región del planeta.

El teólogo Xabier Pikaza descubre el contraste profundo que existe entre los dos sínodos recientes, amazónico y alemán, y la posición doctrinal de un cualificado represente de la jerarquía eclesiástica como el cardenal Müller. Contra la opinión del purpurado, Pikaza ve en ambos sínodos la superación de la crisis actual de la Iglesia no por la vuelta a la Iglesia imperial, colonizadora y asentada sobre la “ontología del poder”, sino por la vuelta a las aguas del Jordán para rescatar el espíritu originario de Jesús y de su evangelio y el establecimiento de la autonomía de las iglesias desde la igualdad de las personas y la comunión desde los pobres.

Carlos Sánchez Mato, profesor de Economía aplicada, considera un acierto del Sínodo al poner el foco en la dramática destrucción de la Amazonía, verdadero pulmón del planeta y se pregunta directamente “cómo abordar la emergencia climática”. La respuesta, a su juicio, debe partir desde el “sitio adecuado” que ya no puede ser el capitalismo mundializado y depredador de la vida y el planeta, que está mostrando sobradamente sus límites sistémicos y estructurales, sino desde la “ecología integral” defendida en la Laudato si y afirmada abiertamente por el Sínodo Amazónico.

Recogemos además en la tercera sección de la revista, en la brecha, tres aportaciones directamente relacionadas con el tema:  la reactualización, 54 años después, del Pacto de las Catacumbas por una iglesia sierva y pobre, realizado entonces por 42 participantes en el Concilio Vaticano II; en esta ocasión un nutrido grupo de integrantes del Sínodo Amazónico regresaron a las catacumbas para renovar aquel pacto por una iglesia con rostro amazónico, pobre y servidora, profética y samaritana.

Por su parte, el obispo, poeta y profeta Pedro Casaldáliga, nos invita, con su Proclama Indígena, a volver la mirada a esa Amerindia, pródiga y olvidada, maestra inevitable de nuestra ciencia fracasada y profeta de nuestra suficiencia sin salida.

Y desde la región caribeña, Marcos Villamán, teólogo y sociólogo, refleja, con matices propios, la centralidad de esta propuesta ecológica del Sínodo tanto en la reflexión actual como en el ámbito de la fe de las personas y de sus instituciones.

Cerramos este número de Éxodo con la presentación que hace Miguel A. de Prada del libro de Santiago A. Cantalapiedra, La Encrucijada, crisis ecosocial y cambio de paradigma; un breve y bien articulado texto que nos permite penetrar en los grandes retos que nos presenta este tema y en las posibles salidas a esta gran encrucijada.

Feliz año 2020.