Julio Anguita y la ética en política

Antoni Montserrat Sole

En estos momentos los nuevos actores de la política se plantean como primera condición la adopción de un código ético. Y los actores políticos ya existentes intentan demostrar su eticidad con medidas administrativas contra las ovejas negras (o lobos, por mejor decir en muchos casos).

Julio Anguita participa de una tradición política que podemos considerar dominada por el imperativo kantiano tan grato por ejemplo a otro gran comunista como fue Manuel Sacristán.

Imperativo kantiano completado con la idea de solidaridad con los trabajadores y las clases subalternas y seguido con bastante rigor a lo largo de su dilatada carrera política.

En el momento en que entró en política precisamente el término carrera era el menos apropiado para definir la actuación de los comunistas, pues normalmente la militancia, aun sin detenciones, cerraba el paso a muchas carreras profesionales. Digamos que su vocación política fue conscientemente construida a pesar del ambiente militar de sus orígenes familiares. Su padre era un modesto brigada. Con ironía se podría decir que sí le influyó el sentido de servicio implícito en la condición militar, pero la verdad es que globalmente el Ejército franquista no era el mejor ejemplo de servicio al pueblo.

Anguita, buen orador en un país de malos lectores de discursos malos, fue identificado pronto por sus compañeros en el momento de la transición para que encabezara la lista comunista a las elecciones municipales de Córdoba. No esperaba ganar. Cuando vio los resultados se retiró del lugar del festejo inicial y prácticamente lloró al ver la responsabilidad que iba a asumir. Como alcalde frenó algunas de las alegres propuestas del PSOE de Felipe González en materia de urbanismo y exigió el máximo respeto a las normas sobre el suelo. Siempre ha tenido claro que la lucha contra la corrupción era esencial. De ahí sus reticencias ante la coalición PSOE-IU en Andalucía, cuando se sabía ya que la Junta saliente tenía muertos en el armario. También por su sentido de solidaridad se entiende su cercanía a movimientos como el Sindicato Andaluz de Trabajadores y las ocupaciones de fincas.

La idea de la ética ligada a las convicciones ha sido uno de les rasgos distintivos a lo largo de la carrera política de Anguita así como se le acusó de rehuir la ética de la responsabilidad por no caer en la complicidad con la realidad en la que sí cayó el PSOE, como si las ideas de futuro no fueran fructíferas en política. Ceñirse a la realidad, la Realpolitik, ha hundido por ejemplo a la izquierda socialdemócrata europea en el marasmo de apoyar como máximo responsable europeo a un dirigente que durante más de veinte años se ha dedicado en Luxemburgo a favorecer la evasión fiscal. Esta anécdota se corresponde con la categoría de la complicidad aquí y sobre todo en Europa de los socialdemócratas en el desmantelamiento del estado de bienestar.

 La ética de la convicción le ha llevado a Anguita a defender el derecho de autodeterminación en el peor de los contextos, cuando el tema de ETA todavía estaba vivo y a denunciar en la actualidad la manipulación nacionalista de ese derecho en Cataluña.

Anguita pasó por la Universidad de Barcelona en su período de formación en una época en que esa ciudad era símbolo de apertura intelectual y política y siempre ha seguido la situación de Cataluña.

Pero Córdoba ha sido siempre su base de operaciones, su ciudad. Ahí es donde quería haber redactado su tesis doctoral inconclusa. Ahí es donde enseñó durante años hasta jubilarse después de haber pasado por todas sus responsabilidades institucionales.

¿Eran utópicas las propuestas de Anguita? ¿Eran populistas ahora que se ha puesto de moda este descalificativo? Las propuestas anguitianas, resumidas en su programa, programa, programa eran clarificadoras, quizá se presentaban en un contexto que no estaba suficientemente maduro para recibirlas, pero ahora vemos que como en Mayo de 1968 conviene ser realistas y pedir lo imposible, puesto que lo posible es deleznable.

Eran propuestas de una gran exigencia moral. Pedían que se defendieran de manera sistemática y coherente y no a media jornada. El rigor en la militancia y en la apuesta por la transformación social me recuerdan una vez más a Manuel Sacristán en su debate sobre los intelectuales: no se podía ser intelectual comunista a medias, puesto que pensar y actuar se condicionan mutuamente.

Es por lo tanto coherente su relación con el premio Nobel José Saramago y su relato sobre la ceguera, parábola descarnada de las conductas de tanta gente. También es coherente con su manera de ser y de pensar que haya planteado el tema de la república desde hace años. En esa cuestión la idea radical de igualdad aparece ahí para recuperar algunos de los principios ya presentes en la Revolución francesa.

En su oposición a Maastricht también Julio Anguita supo ver la fuente de desigualdades sociales que suponía. Consideraba que Europa sin una fiscalidad ni una política económicas comunes y sin cohesión social no llegaría a buen puerto.

A Anguita le han marcado en los últimos años dos hechos graves y bien distintos: por una lado la muerte de su hijo en su condición de periodista en Irak y los sucesivos ataques al corazón. El asesinato de su hijo en un incidente de guerra del que las tropas norteamericanas no se han querido hacer responsables seguramente ha amargado todos estos años de su vida. Por supuesto, Anguita, con gran dignidad, se refiere muy poco a ello.

Los sucesivos episodios cardíacos han provocado su retirada de la primera línea de la política en cuanto a cargos y responsabilidades, pero Anguita continúa muy activo intelectualmente, como dan fe sus sucesivos libros. No se ha desligado formalmente del PCE ni de IU. Continúa publicando regularmente en Mundo Obrero. Impulsa el Frente Cívico Somos Mayoría e interviene sobre el futuro de Andalucía, siendo crítico inicialmente con la coalición PSOE-IU en el gobierno, pero sobre todo en la línea de poner en guardia sobre las dificultades que entraña la colaboración con un partido que no solo le combatió en Madrid en las Cortes sino en su terreno como alcalde de Córdoba. Para él la traición personal es algo bien distinto a la discrepancia política.

 Termino con una frase actual de Anguita: “Un discurso que para que sea fácilmente compartido debe ceñirse a las cuestiones éticas y morales que están pidiendo solución. El discurso de la ejemplaridad, la persecución implacable de la corrupción y de las prácticas atentatorias contra el erario público y las nuevas formas de hacer política forman parte de un discurso y de unas medidas que deben conformar el conjunto de valores de la mayoría, tanto en el poder como en la oposición.”

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Ser feliz no es caro

Miguel Ángel Revilla Roiz

Manuel Llano (Sopeña 1898-Santander 1938) es mi autor cántabro preferido. Tengo siempre en la mesilla de noche sus obras completas. En 1930 escribió lo siguiente: “La palabra tiene que estar de acuerdo con la conciencia y el discurso con el ejemplo. Ser en la calle la personificación exacta, el reflejo fidelísimo de lo que se dice en la tribuna o en el púlpito. Ejemplo, ejemplo… La falta de ejemplaridad es la engendradora de los grandes fracasos en religión y en política”.

¡No me digan que no siguen plenamente vigentes estas palabras! ¡Son tantos los que dicen una cosa y hacen otra que la gente ya no se cree nada!

Así se produce la sensación de que todos los políticos son unos corruptos. Sinceramente creo que no es así. Conozco a mucha gente honrada en la política, probablemente la mayoría. Pero basta que un pequeño número meta la mano para que cunda la tendencia a generalizar.

El ser humano tiene un componente de egoísmo y avaricia. La diferencia de unas personas con otras está en su escala de valores, en lo que cada uno necesita para alcanzar una felicidad relativa y despojarse de un pecado muy habitual, la envidia. Naturalmente, todos necesitamos un mínimo que nos garantice una vida digna. Pero no todos evaluamos igual esa necesidad.

Para mí, ser feliz no es caro. Me basta con tener salud. Poder salir un día a cualquier río de Cantabria con una caña para pescar unas truchas, jugar una partida de tute con los amigos, recoger setas en mayo, contemplar una puesta de sol sobre los Picos de Europa desde Peña Labra, sentirme querido por muchos… Eso es para mí parte de la felicidad. Muy barato.

Si tu meta es tener una o dos mansiones, un yate, ir de vacaciones quince días a las Maldivas, a pescar salmón en un coto de Islandia o a cazar osos en los Urales la cosa cambia. Eso es carísimo. Si la ambición te ciega, te desliza inexorablemente a meter la mano. Así se llega a la corrupción. Y en esta materia, todo es empezar. Siempre hay un primer día.

Yo también lo tuve. En el año 1987 era portavoz del Grupo Parlamentario Regionalista en el Parlamento de Cantabria, con cinco diputados. Nadie tenía mayoría absoluta. Yo conocía a un empresario, ya fallecido, a quien había saludado varias veces. Se dedicaba al mantenimiento de la obra pública. Uno de mis mejores amigos en aquellos años, compañero de pupitre en los Salesianos, me llama una mañana y me dice: “Nos ha invitado a comer F.R., que es un tío fantástico, y luego jugamos un tute”. Le dije que sí. Como vivía cerca del Parlamento, mi amigo pasó a recogerme en su coche a las dos de la tarde y nos dirigimos al restaurante Rhin, sobre la Segunda Playa del Sardinero. Allí habíamos quedado a comer. En el trayecto sólo me habló de lo buena gente que era quien nos invitaba a comer. Cuando llegamos ya no estaba esperando. Había reservado una mesa en un habitáculo para nosotros solos.

El empresario era parco en palabras. Nos pasamos la primera hora hablando de fútbol, naturalmente del Racing. Cuando ya estábamos en el café y la copa, mi amigo, dirigiéndose a él, dice:

–Oye, se lo cuentas tú, o se lo cuento yo.

–Tú, tú… –replicó rápido.

–Mira, Revilla, de la aprobación de estos presupuestos depende que este amigo gane mucho dinero en un contrato de señalizaciones de obras que le tienen prometido. Tú no tienes que hacer ningún pacto. Basta con que aprobéis los presupuestos y este hombre, que es muy generoso, pone cien millones de pesetas donde tú me digas. Yo me encargo de ello. Yo no daba crédito. Sin acabar el café, ni haber comenzado la copa, me levanté. Sin crispación, lanzando una risotada, le pegué un cachete con la palma de la mano en su amplia calva y le dije:

–Jamás vuelvas a dirigirte a mí.

Y abandoné la mesa. Salí pitando, pero a los pocos metros me alcanzó “mi amigo”, el intermediario.

–Espera, que te llevo en el coche.

Yo ya iba directo a la parada de taxis, pero subí al coche. Se hizo un silencio que duró cinco minutos. A la altura de la calle Reina Victoria, paró el coche y me dijo indignado: “¡Tú eres tonto!”. Me insultaba a gritos, lo cual me hizo pensar que tanto interés por su parte no era debido únicamente a que quisiera tener un amigo millonario. Abrí la puerta del coche y me despedí con un portazo. Jamás he vuelto a saludarle. Hice los dos kilómetros hasta el Parlamento andando.

No tenía testigos para presentar una denuncia. Al final sería mi palabra contra la suya. Pero sí quise hacer una denuncia global del asunto en un lugar que tuviese eco público. Quería dar una rueda de prensa en Madrid. Yo era un perfecto desconocido fuera de Cantabria y recurrí a un íntimo amigo, Miguel Angel Aguilar, que era en aquel momento director general de la agencia EFE. Él me dio direcciones de periodistas para que les invitara y me reservó una sala en un hotel llamado Convención, que me cobró por su uso veinticinco mil pesetas. Convoqué la rueda de prensa a las doce del mediodía. Fui en mi coche desde Santander. A las once ya caminaba por la acera del hotel, nervioso y preocupado por mi capacidad de convocatoria.

La sala tenía una tarima con una mesa, una silla y un micrófono para mí y no menos de cincuenta asientos para los periodistas. A las doce en punto llegó Miguel Ángel Aguilar con una periodista y un fotógrafo de la agencia. Fueron los únicos asistentes. Jamás se había dado en ese hotel una rueda de prensa con menos éxito, a pesar de lo sugerente del motivo de la convocatoria: la corrupción en Cantabria. Me sentí abatido. Sin embargo, mis declaraciones tuvieron difusión, porque la agencia EFE las distribuyó por toda España.

La respuesta a mi denuncia fue brutal. Después de aquel incidente, a nadie se le ha ocurrido jamás tentarme. Si hubiera caído en la tentación, seguro que ahora sería muy rico, pero absolutamente infeliz.

Caer en la corrupción es sencillo y por ello siempre habrá corruptores y corruptos. Por eso es necesario poner en marcha mecanismos disuasorios y ejemplarizantes. Es cierto que hay leyes específicas, pero son lentas y tienen recovecos, gracias a los cuales casi nunca nadie va a la cárcel. Urge pues devolver a los ciudadanos la credibilidad en la política y para ello no basta con practicar al pie de la letra las palabras de Manuel Llano. Como siempre habrá corruptos, porque va en los genes de muchos, urgen mecanismos que garanticen que quien la hace la pague.

Y no todos los delitos son iguales. No es lo mismo quien roba para comer que quien lo hace teniéndolo todo para tener aún más. Ni es lo mismo el robo privado que el robo público. El trabajador que roba a su empresa estafa al propietario o propietarios. Quien roba en la Administración pública roba a todos los españoles. El castigo no debe ser igual.

Miguel Fisac, “el insobornable”

Benjamín Forcano

Un preámbulo que explica muchas cosas

Ocurrió en el año 1999, hace ahora 15 años. Y ocurrió con premeditación, como lo demuestra el hecho de las fechas elegidas: el verano, con el vacío de la ciudad y la ausencia de la gente. Era de esperar: la indignación y las críticas estallaron en la calle, en protestas, en manifestaciones, en rebeldía de los arquitectos, en más de 50 artículos de la prensa. Unos y otros, impotentes, vieron cómo se consumaba lo inexorable: el derribo de LA PAGODA.

Se trataba del edificio más emblemático de D. Miguel Fisac, seleccionado como tal por el Museo de Arte Moderno de Nueva York, como la obra española mejor y más representativa para figurar en una famosa exposición. Y nuestro país lo celebraba metiendo conspiración y piqueta en el autor y en su obra.

Sirven sus palabras, como ningunas otras, para explicar lo que pasó. Yo mismo se lo pude escuchar: “En el caso del edificio Jorba, me ha gustado mucho la reacción de las gentes, de la prensa, de mis paisanos, y sobre todo, de mis compañeros arquitectos. Nunca me comunicaron nada sobre esto, me enteré por otros. El alcalde de Madrid, aunque es amigo mío, me dio la impresión de que estaba decidido a no enterarse. Pasado un tiempo, el concejal del Urbanismo me llamó para decirme: – “El alcalde ha sentido mucho este derribo y dice que estaría dispuesto a comprarle el proyecto y edificarlo en otro sitio”. Le contesté: -No lo acepto, porque si no dirían que me habíais comprado o que yo me había vendido; y eso sería una indecencia”.

“Y como durante la conversación yo le preguntara: -¿Pero tanto dinero tenéis?, él me respondió: – Para reparar ese fallo, todo el que se necesite. Y yo finalicé la conversación diciéndole: – Mejor es que con esos caudales les hagáis unas casitas o unas chabolas a los rumanos. Luego, he pensado que cuando vea al alcalde, dada nuestra amistad, le preguntaré: -¿Cuántas coacciones has recibido para no querer ver ni oír nada durante los numerosos días que ha durado el derribo?” (Pgs. 363-365). “Me consta que en este asunto ha habido muchas presiones y, luego, unos a otros han pretendido echarse las culpas… Más que nada me da pena este asunto, porque he visto las malas intenciones de mis enemigos” (366-367).

Su vocación: yo seré arquitecto o no seré nada

Cuando conocí a Miguel Fisac le recubría el manto de una fama internacional. Lo acreditan sus más de 600 obras realizadas, de ellas más de 36 en Madrid.

Recorriendo su camino biográfico, llama la atención la seguridad con que en el año 1926, cuando apenas tenía 13 años, declara a su padre que quiere ser arquitecto: “Papá, te digo que estoy decidido a ser arquitecto o no ser nada”.

Evolución de la vida religiosa de D. Miguel Fisac

La vida religiosa reaparece con fuerza en la biografía de Miguel Fisac. Claro que D. Miguel atravesó por diversas fases. Él mismo lo dice: “Tuve tres etapas:

- Una primera que iría desde los primeros años hasta bien pasados los 30, y que fue la religiosidad recibida por herencia familiar.

– La segunda, que abarca unos 20 años, todo lo que fue su estancia en el Opus y que se caracteriza por ser una religiosidad totalmente estructural de prácticas y comportamientos de la Obra.

– Y una tercera, largamente pensada y deseada, de romper con todo aquello para dejar reducido el esquema de su espiritualidad –no desvirtuada– a dos puntos simplicísimos: “Decir siempre la verdad y procurar ser un hombre bueno, como reacción a una perenne simulación de todo lo que hacía y a una aparente naturalidad falsa, cada vez más insufrible para mí” (325-326).

Su estancia en el Opus y su relación con él

Tres serían los aspectos fundamentales de esta relación.

Primero: Don Miguel deja bien claro que él trata con respeto a toda persona del Opus, y hasta dice amarlas con cariño y afecto entrañable.

Segundo: D. Miguel sabe también, y de ello habla ampliamente, que toda persona puede evolucionar y evolucionar hasta sentirse incómoda y prisionera dentro del sistema cultural en que ha sido formada.

Tercero, D.Miguel, comenzó a sentirse vinculado a la Obra cuando tenía 22 años, concretamente desde el 29 de febrero de 1936. Esa vinculación se prolongó por 20 años y llegó hasta hacerlo miembro numerario de la Obra. Fisac hubo de oír cómo Mons. Escrivá le dijo que tenía vocación de sacerdote y que, de no serlo, sería el único que como seglar podría ser miembro elector de la Obra.

El fundador de la Obra lo rodeó siempre con especial trato y fue enormemente complaciente con él en espera de que al final acabaría por entrar en el Opus.

Pero, al final, después de todo, Fisac llevó a la práctica lo que siempre había pensado: “Yo nunca me decidí a entrar por mí mismo”. Su situación dramática alcanzó un momento tan agudo que le llevó a plantarse y decir finalmente que se iba de la Obra. Reunido con Álvaro del Portillo en Roma, éste le dijo: “Miguel, quiero pedirte perdón por las coacciones a que te hemos sometido para que no te fueras, pero has actuado durante todos estos años de forma tan generosa que por eso hemos creído que tenías vocación”. Se despidieron y Miguel Fisac pudo exclamar: “Por fin, me vi en la calle. Y respiré. Ese ambiente de secretismo y ese mentir, durante todos los años que estuve en la Obra, me habían agobiado”.

Fisac, artífice de su vida éticO-religiosa

Miguel Fisac tuvo claro desde el principio varias cosas: Su vocación de arquitecto, su anhelo de libertad, su adhesión a la verdad y su opción por la bondad. Arquitecto, sí, pero libre, veraz y bueno.

Brillante y sin tropiezos acabó la carrera y en 1943, a sus 29 años, tenía ya el título de arquitecto. Enseguida en la Escuela de Arquitectura obtuvo un protagonismo indudable, fue consejero nacional en el SEU y obtuvo el “Premio de la Real Academia de San Fernando” .

Fisac tenía obsesión por humanizar la arquitectura : “La arquitectura, definió, es un trozo de aire humanizado” (178). Todo lo demás que se pueda decir, es simple consecuencia de este principio. Cuando en una ocasión le encargaron hacer un rascacielos en una playa española, él lo desechó. Lo calificaron de Quijote y, a propósito de ello, comenta: “He hecho bastantes veces ‘el quijote’, porque moralmente, aunque sabía que lo harían otros, no podía aceptar realizarlo, puesto que iba contra mis principios y opiniones. Los grandes rascacielos son monumentos a la prepotencia de las grandes empresas capitalistas. Y aunque la edificación de esa construcción pueda proporcionar un objeto bello o incluso simbólico para la ciudad, creo que tiene otros factores de inhumanidad más fuertes para ser moralmente rechazados” (258-259).

Creo importante recalcar la importancia de la dimensión ético-espiritual del arquitecto Fisac si atendemos al espectáculo que nos depara la sociedad actual. Seguramente a muchos nos resultará difícil entender el escándalo de una doble moral tan arraigada en la vida pública de hoy.

Esa doble moral no tuvo lugar en Fisac: “Mantuve, dice, como norma mi repetido propósito: Decir siempre la verdad y procurar ser un hombre bueno, y creo que he cumplido, en general, con esa difícil línea de conducta” (250).

El dinero es un medio, nunca un fin

La vida es trabajo, diverso y polivalente, pero siempre en sus diferencias debe estar regido por el amor. Muy simple todo esto, porque nace de dentro y eso es superior a todo intento de borrarlo o deformarlo. De manera que alguien como él, que tuvo mil ocasiones de tirar por otro camino, no titubeó:

“Siempre he considerado que el dinero es un objeto, un medio muy necesario para las transacciones de la vida y para hacerla más cómoda y fácil, pero dentro de unos límites de moderación. Límites que me llevan a admitir que el hombre es un ser en constante incertidumbre y riesgo, que me lleva a una postura continua contra la seguridad y la comodidad. El fracaso de la sociedad actual es que ha basado su esperanza en esa seguridad; y para conseguirla el ser humano se ha hecho esclavo de ella, lo que le ha hecho perder su don más preciado: “la libertad” (250-251).

Será por todo esto que D. Miguel dice cosas tan importantes como éstas: “Yo nunca tuve apetencias de nuevo rico y me refiero a coches, barcos, fincas, mansiones, etc. Tampoco procuré amontonar dinero, ni colocarlo de una manera rentable y conveniente, como se puede demostrar… Repito: Hago verdaderos esfuerzos para no ser rico. Los grandes negociantes de la arquitectura no quieren saber nada de mí, no coopero en negocios sucios… Más de una vez he dicho que pretendo que mi arquitectura sea siempre buena y económica, nunca cara. Sin embargo, no han faltado quienes han creído que yo, debido a la fama, cobraría más que otros profesionales. ¡Simples conjeturas! Yo cobro y he cobrado siempre la tarifa, la que es igual para todos los arquitectos” (250-251).

Fisac, profeta contra los desafueros de una arquitectura deshumanizada

“Desde mi punto de vista conceptual, dice Fisac, la arquitectura es un espacio en el que se puede vivir” (258).

La Verdad va unida al Bien, y cuando el quehacer arquitectónico se hace en contra del bien de la persona y la sociedad, entonces surge el grito de la verdad, de aquel que señala las contradicciones y mentiras del que atenta contra ese bien. En 1972, el periódico ABC en una de sus páginas escribía: “El prestigio de Fisac crece de día en día, y hoy se lo considera como uno de los grandes arquitectos actuales de Europa y un adelantado en la lucha contra la especulación, la contaminación y el degüello de la naturaleza (263).

Es ni más ni menos que la voz del profeta, que denuncia la verdad, que otros callan o temen descubrir. No es fácil encontrar científicos que, como Fisac, alcen su palabra y la conviertan en clamor de denuncia. Sería el momento de aducir numerosos ejemplos, pero no me es dado y los dejo consignados en las páginas del libro Miguel Fisac, ¿arquitecto de Dios o del “diablo”?, recientemente aparecido, para que el lector que lo desee pueda saborearlos (Págs. 62, 256, 265, 275-277…).

Cuando un periodista le pregunta: “¿Qué precio ha pagado para llegar a ser “un genio”?, le contesta:  “No he gozado ni de influencias ni de favoritismos. Soy amigo personal de muchos ministros, periodistas y de muchas otras personas influyentes o conocidas, pero nunca les he pedido ni favores, ni regalos, ni me he apoyado en ninguna de estas personas” (266-267).

Las palabras que Fisac dijo en la Real Academia de Doctores de Madrid, en su discurso “Hombre y Ciudad”, dan de lleno en la crisis de hoy: “En el ritmo inhumano de la ciudad, hemos cambiado la frase de que ‘el tiempo es oro’, por la de ‘el tiempo es dinero’”. (296).

La verdad os hará libres

Acaso sea ésta la dimensión más excelsa de la vida de Fisac: No se es humano si no se obra con libertad. Fisac tenía, como todos, el reto de una vida por delante, en parte recibida y heredada y, en parte, sin hacer y por inventar.

En ese espacio se labra el yo de cada uno: recibir y repetir, o crecer y avanzar desde un nuevo y personal protagonismo. Fisac perteneció a los segundos. Y le horrorizaba pasar por la vida como simple párvulo, en dependencia y repetición eterna, sin activar la energía creativa de su yo. Fue su libertad la que, frente a la muralla y condicionamientos de su vida, le fue dictando el camino a seguir. Y supo demostrar, en las mil situaciones de su vida, opresoras o halagadoras, que él no obraba al dictado de nadie. Fisac fue libre como persona y obró libremente como arquitecto; porque buscar y practicar el bien, conocer y proclamar la verdad, sólo se puede hacer humanamente si ese bien, esa verdad y esa libertad implican el b

  • Jesús Sevilla Lozano, Miguel Fisac, ¿arquitecto de Dios o del “Diablo”? Nueva Utopía, 450 pp., Tapa dura, Madrid 2014, PVP, 25 euros.

ien, la verdad y la libertad de todos.

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Encuentro del papa con los movimientos populares: los pobres ya no esperan, quieren ser protagonistas

Francisco I, papa

Buenos días de nuevo, estoy contento de estar entre ustedes, además les digo una confidencia, es la primera vez que bajo acá, nunca había venido. Como les decía, tengo mucha alegría y les doy una calurosa bienvenida.

Gracias por haber aceptado esta invitación para debatir tantos graves problemas sociales que aquejan al mundo hoy, ustedes que sufren en carne propia la desigualdad y la exclusión. Gracias al Cardenal Turkson por su acogida. Gracias, Eminencia, por su trabajo y sus palabras.

Este encuentro de Movimientos Populares es un signo, es un gran signo: vinieron a poner en presencia de Dios, de la Iglesia, de los pueblos, una realidad muchas veces silenciada. ¡Los pobres no solo padecen la injusticia sino que también luchan contra ella!

No se contentan con promesas ilusorias, excusas o coartadas. Tampoco están esperando de brazos cruzados la ayuda de ONG, planes asistenciales o soluciones que nunca llegan o, si llegan, llegan de tal manera que van en una dirección o de anestesiar o de domesticar. Esto es medio peligroso. Ustedes sienten que los pobres ya no esperan y quieren ser protagonistas, se organizan, estudian, trabajan, reclaman y, sobre todo, practican esa solidaridad tan especial que existe entre los que sufren, entre los pobres, y que nuestra civilización parece haber olvidado, o al menos tiene muchas ganas de olvidar.

Solidaridad es una palabra que no cae bien siempre, yo diría que algunas veces la hemos transformado en una mala palabra, no se puede decir; pero es una palabra mucho más que algunos actos de generosidad esporádicos. Es pensar y actuar en términos de comunidad, de prioridad de vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos. También es luchar contra las causas estructurales de la pobreza, la desigualdad, la falta de trabajo, la tierra y la vivienda, la negación de los derechos sociales y laborales. Es enfrentar los destructores efectos del Imperio del dinero: los desplazamientos forzados, las emigraciones dolorosas, la trata de personas, la droga, la guerra, la violencia y todas esas realidades que muchos de ustedes sufren y que todos estamos llamados a transformar. La solidaridad, entendida, en su sentido más hondo, es un modo de hacer historia y eso es lo que hacen los movimientos populares.

Este encuentro nuestro no responde a una ideología. Ustedes no trabajan con ideas, trabajan con realidades como las que mencioné y muchas otras que me han contado… tienen los pies en el barro y las manos en la carne. ¡Tienen olor a barrio, a pueblo, a lucha! Queremos que se escuche su voz que, en general, se escucha poco. Tal vez porque molesta, tal vez porque su grito incomoda, tal vez porque se tiene miedo al cambio que ustedes reclaman, pero sin su presencia, sin ir realmente a las periferias, las buenas propuestas y proyectos que a menudo escuchamos en las conferencias internacionales se quedan en el reino de la idea, es mi proyecto.

No se puede abordar el escándalo de la pobreza promoviendo estrategias de contención que únicamente tranquilicen y conviertan a los pobres en seres domesticados e inofensivos. Qué triste ver cuando detrás de supuestas obras altruistas, se reduce al otro a la pasividad, se lo niega o peor, se esconden negocios y ambiciones personales: Jesús les diría hipócritas. Qué lindo es en cambio cuando vemos en movimiento a Pueblos, sobre todo, a sus miembros más pobres y a los jóvenes. Entonces sí se siente el viento de promesa que aviva la ilusión de un mundo mejor. Que ese viento se transforme en vendaval de esperanza. Ese es mi deseo.

 Este encuentro nuestro responde a un anhelo muy concreto, algo que cualquier padre, cualquier madre quiere para sus hijos; un anhelo que debería estar al alcance de todos, pero hoy vemos con tristeza cada vez más lejos de la mayoría: tierra, techo y trabajo. Es extraño pero si hablo de esto para algunos resulta que el Papa es comunista.

No se entiende que el amor a los pobres está al centro del Evangelio. Tierra, techo y trabajo, eso por lo que ustedes luchan, son derechos sagrados. Reclamar esto no es nada raro, es la doctrina social de la Iglesia. Voy a detenerme un poco en cada uno de éstos porque ustedes los han elegido como consigna para este encuentro.

 Tierra. Al inicio de la creación, Dios creó al hombre, custodio de su obra, encargándole que la cultivara y la protegiera. Veo que aquí hay decenas de campesinos y campesinas, y quiero felicitarlos por custodiar la tierra, por cultivarla y por hacerlo en comunidad. Me preocupa la erradicación de tantos hermanos campesinos que sufren el desarraigo, y no por guerras o desastres naturales. El acaparamiento de tierras, la desforestación, la apropiación del agua, los agrotóxicos inadecuados, son algunos de los males que arrancan al hombre de su tierra natal. Esta dolorosa separación, que no es solo física, sino existencial y espiritual, porque hay una relación con la tierra que está poniendo a la comunidad rural y su peculiar modo de vida en notoria decadencia y hasta en riesgo de extinción.

 La otra dimensión del proceso ya global es el hambre. Cuando la especulación financiera condiciona el precio de los alimentos tratándolos como a cualquier mercancía, millones de personas sufren y mueren de hambre. Por otra parte se desechan toneladas de alimentos. Esto constituye un verdadero escándalo. El hambre es criminal, la alimentación es un derecho inalienable. Sé que algunos de ustedes reclaman una reforma agraria para solucionar alguno de estos problemas, y déjenme decirles que en ciertos países, y acá cito el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, “la reforma agraria es además de una necesidad política, una obligación moral” (CDSI, 300).

 No lo digo solo yo, está en el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. Por favor, sigan con la lucha por la dignidad de la familia rural, por el agua, por la vida y para que todos puedan beneficiarse de los frutos de la tierra.

 Segundo, Techo. Lo dije y lo repito: una casa para cada familia. Nunca hay que olvidarse que Jesús nació en un establo porque en el hospedaje no había lugar, que su familia tuvo que abandonar su hogar y escapar a Egipto, perseguida por Herodes. Hoy hay tantas familias sin vivienda, o bien porque nunca la han tenido o bien porque la han perdido por diferentes motivos.

 Familia y vivienda van de la mano. Pero, además, un techo, para que sea hogar, tiene una dimensión comunitaria: y es el barrio… y es precisamente en el barrio donde se empieza a construir esa gran familia de la humanidad, desde lo más inmediato, desde la convivencia con los vecinos. Hoy vivimos en inmensas ciudades que se muestran modernas, orgullosas y hasta vanidosas. Ciudades que ofrecen innumerables placeres y bienestar para una minoría feliz… pero se le niega el techo a miles de vecinos y hermanos nuestros, incluso niños, y se los llama, elegantemente, “personas en situación de calle”.

 Es curioso cómo en el mundo de las injusticias abundan los eufemismos. No se dicen las palabras con la contundencia y la realidad se busca en el eufemismo. Una persona, una persona segregada, una persona apartada, una persona que está sufriendo la miseria, el hambre, es una persona en situación de calle: palabra elegante ¿no? Ustedes busquen siempre, por ahí me equivoco en alguno, pero en general, detrás de un eufemismo hay un delito.

 Vivimos en ciudades que construyen torres, centros comerciales, hacen negocios inmobiliarios… pero abandonan a una parte de sí en las márgenes, las periferias. ¡Cuánto duele escuchar que a los asentamientos pobres se los margina o, peor, se los quiere erradicar! Son crueles las imágenes de los desalojos forzosos, de las topadoras derribando casillas, imágenes tan parecidas a las de la guerra. Y esto se ve hoy.

 Ustedes saben que en las barriadas populares donde muchos de ustedes viven subsisten valores ya olvidados en los centros enriquecidos. Los asentamientos están bendecidos con una rica cultura popular: allí el espacio público no es un mero lugar de tránsito sino una extensión del propio hogar, un lugar donde generar vínculos con los vecinos. Qué hermosas son las ciudades que superan la desconfianza enfermiza e integran a los diferentes y que hacen de esa integración un nuevo factor de desarrollo. Qué lindas son las ciudades que, aun en su diseño arquitectónico, están llenas de espacios que conectan, relacionan, favorecen el reconocimiento del otro. Por eso, ni erradicación ni marginación: Hay que seguir en la línea de la integración urbana. Esta palabra debe desplazar totalmente a la palabra erradicación, desde ya, pero también esos proyectos que pretender barnizar los barrios pobres, aprolijar las periferias y maquillar las heridas sociales en vez de curarlas promoviendo una integración auténtica y respetuosa. Es una especie de arquitectura de maquillaje ¿no? Y va por ese lado. Sigamos trabajando para que todas las familias tengan una vivienda y para que todos los barrios tengan una infraestructura adecuada (cloacas, luz, gas, asfalto), y sigo: escuelas, hospitales o salas de primeros auxilios, club deportivo y todas las cosas que crean vínculos y que unen, acceso a la salud –lo dije– y a la educación y a la seguridad en la tenencia.

 Tercero, Trabajo. No existe peor pobreza material –me urge subrayarlo–, no existe peor pobreza material, que la que no permite ganarse el pan y priva de la dignidad del trabajo. El desempleo juvenil, la informalidad y la falta de derechos laborales no son inevitables, son resultado de una previa opción social, de un sistema económico que pone los beneficios por encima del hombre, si el beneficio es económico, sobre la humanidad o sobre el hombre, son efectos de una cultura del descarte que considera al ser humano en sí mismo como un bien de consumo, que se puede usar y luego tirar.

 Hoy, al fenómeno de la explotación y de la opresión se le suma una nueva dimensión, un matiz gráfico y duro de la injusticia social; los que no se pueden integrar, los excluidos son desechos, “sobrantes”. Esta es la cultura del descarte y sobre esto quisiera ampliar algo que no tengo escrito pero se me ocurre recordarlo ahora. Esto sucede cuando al centro de un sistema económico está el dios dinero y no el hombre, la persona humana. Sí, al centro de todo sistema social o económico tiene que estar la persona, imagen de Dios, creada para que fuera el denominador del universo. Cuando la persona es desplazada y viene el dios dinero sucede esta trastocación de valores.

Y, para graficar, recuerdo una enseñanza de alrededor del año 1200. Un rabino judío explicaba a sus feligreses la historia de la torre de babel y entonces contaba cómo, para construir esta torre de babel, había que hacer mucho esfuerzo, había que fabricar los ladrillos, para fabricar los ladrillos había que hacer el barro y traer la paja, y amasar el barro con la paja, después cortarlo en cuadrado, después hacerlo secar, después cocinarlo, y cuando ya estaban cocidos y fríos, subirlos para ir construyendo la torre.

Si se caía un ladrillo, era muy caro el ladrillo con todo este trabajo, si se caía un ladrillo era casi una tragedia nacional. Al que lo dejaba caer lo castigaban o lo suspendían o no sé lo que le hacían, y si caía un obrero no pasaba nada. Esto es cuando la persona está al servicio del dios dinero y esto lo contaba un rabino judío que en el año 1200 explicaba estas cosas horribles.

 Y respecto al descarte también tenemos que ser un poco atentos a lo que sucede en nuestra sociedad. Estoy repitiendo cosas que he dicho y que están en la Evangelii Gaudium. Hoy día, se descartan los chicos porque el nivel de natalidad en muchos países de la tierra ha disminuido o se descartan los chicos por no tener alimentación o porque se les mata antes de nacer, descarte de niños.

Se descartan los ancianos, porque, bueno, no sirven, no producen, ni chicos ni ancianos producen, entonces con sistemas más o menos sofisticados se les va abandonando lentamente, y ahora, como es necesario en esta crisis recuperar un cierto equilibrio, estamos asistiendo a un tercer descarte muy doloroso, el descarte de los jóvenes. Millones de jóvenes, yo no quiero decir la cifra porque no la sé exactamente y la que leí me parece un poco exagerada, pero millones de jóvenes descartados del trabajo, desocupados.

 En los países de Europa, y estas si son estadísticas muy claras, acá en Italia, pasó un poquitito del 40% de jóvenes desocupados; ya saben lo que significa 40% de jóvenes, toda una generación, anular a toda una generación para mantener el equilibrio. En otro país de Europa está pasando el 50% y en ese mismo país del 50% en el sur el 60%, son cifras claras, óseas del descarte. Descarte de niños, descarte de ancianos, que no producen, y tenemos que sacrificar una generación de jóvenes, descarte de jóvenes, para poder mantener y reequilibrar un sistema en el cual en el centro está el dios dinero y no la persona humana.

 Pese a esto, a esta cultura del descarte, a esta cultura de los sobrantes, tantos de ustedes, trabajadores excluidos, sobrantes para este sistema, fueron inventando su propio trabajo con todo aquello que parecía no poder dar más de sí mismo… pero ustedes, con su artesanalidad, que les dio Dios… con su búsqueda, con su solidaridad, con su trabajo comunitario, con su economía popular, lo han logrado y lo están logrando…. Y déjenme decírselo, eso además de trabajo, es poesía. Gracias.

 Desde ya, todo trabajador, esté o no esté en el sistema formal del trabajo asalariado, tiene derecho a una remuneración digna, a la seguridad social y a una cobertura jubilatoria. Aquí hay cartoneros, recicladores, vendedores ambulantes, costureros, artesanos, pescadores, campesinos, constructores, mineros, obreros de empresas recuperadas, todo tipo de cooperativistas y trabajadores de oficios populares que están excluidos de los derechos laborales, que se les niega la posibilidad de sindicalizarse, que no tienen un ingreso adecuado y estable. Hoy quiero unir mi voz a la suya y acompañarlos en su lucha.

 En este Encuentro, también han hablado de la Paz y de Ecología. Es lógico: no puede haber tierra, no puede haber techo, no puede haber trabajo si no tenemos paz y si destruimos el planeta. Son temas tan importantes que los Pueblos y sus organizaciones de base no pueden dejar de debatir. No pueden quedar solo en manos de los dirigentes políticos. Todos los pueblos de la tierra, todos los hombres y mujeres de buena voluntad, tenemos que alzar la voz en defensa de estos dos preciosos dones: la paz y la naturaleza. La hermana madre tierra como la llamaba San Francisco de Asís.

 Hace poco dije, y lo repito, que estamos viviendo la tercera guerra mundial pero en cuotas. Hay sistemas económicos que para sobrevivir deben hacer la guerra. Entonces se fabrican y se venden armas y, con eso los balances de las economías que sacrifican al hombre a los pies del ídolo del dinero, obviamente quedan saneadas. Y no se piensa en los niños hambrientos en los campos de refugiados, no se piensa en los desplazamientos forzosos, no se piensa en las viviendas destruidas, no se piensa, desde ya, en tantas vidas segadas. Cuánto sufrimiento, cuánta destrucción, cuánto dolor. Hoy, queridos hermanas y hermanos, se levanta en todas las partes de la tierra, en todos los pueblos, en cada corazón y en los movimientos populares, el grito de la paz: ¡Nunca más la guerra!

 Un sistema económico centrado en el dios dinero necesita también saquear la naturaleza, saquear la naturaleza, para sostener el ritmo frenético de consumo que le es inherente. El cambio climático, la pérdida de la biodiversidad, la desforestación ya están mostrando sus efectos devastadores en los grandes cataclismos que vemos, y los que más sufren son ustedes, los humildes, los que viven cerca de las costas en viviendas precarias o que son tan vulnerables económicamente que frente a un desastre natural lo pierden todo.

 Hermanos y hermanas: la creación no es una propiedad, de la cual podemos disponer a nuestro gusto; ni mucho menos es una propiedad solo de algunos, de pocos: la creación es un don, es un regalo, un don maravilloso que Dios nos ha dado para que cuidemos de él y lo utilicemos en beneficio de todos, siempre con respeto y gratitud. Ustedes quizá sepan que estoy preparando una encíclica sobre Ecología: tengan la seguridad que sus preocupaciones estarán presentes en ella. Les agradezco, aprovecho para agradecerles, la carta que me hicieron llegar los integrantes de la Vía Campesina, la Federación de Cartoneros y tantos otros hermanos al respecto.

 Hablamos de la tierra, de trabajo, de techo… hablamos de trabajar por la paz y cuidar la naturaleza… Pero ¿por qué en vez de eso nos acostumbramos a ver cómo se destruye el trabajo digno, se desahucia a tantas familias, se expulsa a los campesinos, se hace la guerra y se abusa de la naturaleza? Porque en este sistema se ha sacado al hombre, a la persona humana, del centro y se lo ha reemplazado por otra cosa. Porque se rinde un culto idolátrico al dinero. Porque se ha globalizado la indiferencia: a mí ¿qué me importa lo que les pasa a otros mientras yo defienda lo mío? Porque el mundo se ha olvidado de Dios, que es Padre; se ha vuelto huérfano porque dejó a Dios de lado.

 Algunos de ustedes expresaron: Este sistema ya no se aguanta. Tenemos que cambiarlo, tenemos que volver a llevar la dignidad humana al centro y que sobre ese pilar se construyan las estructuras sociales alternativas que necesitamos. Hay que hacerlo con coraje, pero también con inteligencia. Con tenacidad, pero sin fanatismo. Con pasión, pero sin violencia. Y entre todos, enfrentando los conflictos sin quedar atrapados en ellos, buscando siempre resolver las tensiones para alcanzar un plano superior de unidad, de paz y de justicia. Los cristianos tenemos algo muy lindo, una guía de acción, un programa, podríamos decir, revolucionario. Les recomiendo vivamente que lo lean, que lean las bienaventuranzas que están en el capítulo 5 de San Mateo y 6 de San Lucas,(cfr. Mt 5, 3 y Lc 6, 20) y que lean el pasaje de Mateo 25. Se lo dije a los jóvenes en Río de Janeiro, con esas dos cosas tiene el programa de acción.

 Sé que entre ustedes hay personas de distintas religiones, oficios, ideas, culturas, países, continentes. Hoy están practicando aquí la cultura del encuentro, tan distinta a la xenofobia, la discriminación y la intolerancia que tantas veces vemos. Entre los excluidos se da ese encuentro de culturas donde el conjunto no anula la particularidad. Por eso a mí me gusta la imagen del poliedro, una figura geométrica con muchas caras distintas. El poliedro refleja la confluencia de todas las parcialidades que en él conservan la originalidad. Nada se disuelve, nada se destruye, nada se domina, todo se integra. Hoy también están buscando esa síntesis entre lo local y lo global. Sé que trabajan día tras día en lo cercano, en lo concreto, en su territorio, su barrio, su lugar de trabajo: los invito también a continuar buscando esa perspectiva más amplia, que nuestros sueños vuelen alto y abarquen el todo.

 De ahí que me parece importante esa propuesta que algunos me han compartido de que estos movimientos, estas experiencias de solidaridad que crecen desde abajo, desde el subsuelo del planeta, confluyan, estén más coordinadas, se vayan encontrando, como lo han hecho ustedes en estos días. Atención, nunca es bueno encorsetar el movimiento en estructuras rígidas, por eso dije encontrarse, mucho menos es bueno intentar absorberlo, dirigirlo o dominarlo; movimientos libres tienen su dinámica propia, pero sí, debemos intentar caminar juntos. Estamos en este salón, que es el salón del Sínodo viejo, ahora hay uno nuevo, y sínodo quiere decir precisamente “caminar juntos”: que éste sea un símbolo del proceso que ustedes han iniciado y que están llevando adelante.

 Los movimientos populares expresan la necesidad urgente de revitalizar nuestras democracias, tantas veces secuestradas por innumerables factores. Es imposible imaginar un futuro para la sociedad sin la participación protagónica de las grandes mayorías y ese protagonismo excede los procedimientos lógicos de la democracia formal. La perspectiva de un mundo de paz y justicia duraderas nos reclama superar el asistencialismo paternalista, nos exige crear nuevas formas de participación que incluya a los movimientos populares y anime las estructuras de gobierno locales, nacionales e internacionales con ese torrente de energía moral que surge de la incorporación de los excluidos en la construcción del destino común. Y esto con ánimo constructivo, sin resentimiento, con amor.

Yo los acompaño de corazón en ese camino. Digamos juntos desde el corazón: Ninguna familia sin vivienda, ningún campesino sin tierra, ningún trabajador sin derechos, ninguna persona sin la dignidad que da el trabajo.

 Queridos hermanas y hermanos: sigan con su lucha, nos hacen bien a todos. Es como una bendición de humanidad. Les dejo de recuerdo, de regalo y con mi bendición, unos rosarios que fabricaron artesanos, cartoneros y trabajadores de la economía popular de América Latina.

Y en este acompañamiento rezo por ustedes, rezo con ustedes y quiero pedirle a nuestro Padre Dios que los acompañe y los bendiga, que los colme de su amor y los acompañe en el camino dándoles abundantemente esa fuerza que nos mantiene en pie: esa fuerza es la esperanza, la esperanza que no defrauda, gracias.

Francisco

La ética. Huésped incómodo

Joaquín García Roca, Universidad de Valencia

Instituciones justas, sociedades decentes y comportamientos morales conforman los pilares del espacio ético que se interafectan y se complementan. La corrupción interesa tanto a las leyes y reglamentos que regulan la vida en común como a las organizaciones de la sociedad civil y a las acciones y comportamientos de las personas. En consecuencia, la superación de la corrupción requiere de leyes justas, de inteligencia cívica y de convicciones morales personales.

Las leyes, las normas y los decretos son necesarios pero no suficientes para erradicar la corrupción. Ya Tácito advertía que “cuanto más corrupto es el estado, más numerosas son las leyes”. Y Pablo de Tarso aseguraba que la ley es, a menudo, el pedagogo que induce al mal. Y los juicios contra corruptos muestran a diario cómo la corrupción nace en los intersticios de la legalidad. La corrupción no sólo tiene naturaleza jurídica sino también moral; requiere mayor vigilancia judicial y control policial pero también virtudes privadas y públicas. A la ética le interesan más los maestros que los policías, más la educación para la ciudadanía que los códigos de partido, más las agencias culturales que los juicios sumarios. La perspectiva ética tiene mucho que ver con lo que la gente hace, con la responsabilidad por lo que hace y por la vida que considera buena.

En la situación actual, la ética es el invitado incómodo que existe en todas las fiestas, y no se le puede expulsar ya que, como sugería Nietzsche, se infiltra por todas las rendijas. El huésped inquietante de la ética es utilizado por los corruptores como el lubricante de sus indigestiones económicas y políticas, que se usa para legitimar sus acciones y se tira cuando resulta incómoda. Para las víctimas de la corrupción, la ética cumple tres funciones irrevocables: despierta la energía personal y colectiva ante la ubicuidad del fenómeno corrupto, apuesta por los fines en un universo que reduce la acción a un simple instrumento, y crea cortafuegos ante el sistema injusto que genera corrupción.

En consecuencia, combatir éticamente la corrupción pasa por fortalecer la energía personal, que se despliega en virtudes privadas, por crear una sociedad decente mediante virtudes públicas, que se despliega en participación y vigilancia ciudadana, y un sistema político y legislativo que se despliega en control, transparencia e integridad públicas. El coste moral de la corrupción es la impotencia para construir el desarrollo de los pueblos, la quiebra de la confianza y ruptura de los vínculos sociales, y la contaminación de un sistema que ya no puede garantizar los bienes básicos de los que están peor situados.

Cortafuego personal

La corrupción, en todas sus formas de soborno, prevaricación, extorsión, favoritismo o malversación, tiene una existencia capilar que se extiende por todo el cuerpo social; tan generalizada que llega a representarse a través de códigos de la naturaleza como si fuera un rasgo inevitable a todo ser humano, o una condición irremediable de toda sociedad; una lacra que se reproduce regular e inevitablemente. A través de este mecanismo, se intenta sustraerla a la responsabilidad como si de la ley de la gravedad se tratara. Se considera natural la avaricia del capital, el soborno al funcionario, el engaño en las inversiones especulativas, se considera natural falsear las cuentas ante Hacienda, atender demandas sociales a cambio de recibir favores, buscar el máximo beneficio personal en el ejercicio de la responsabilidad pública, asegurarse a través de un regalo un contrato con el Ayuntamiento.

La naturalización de la corrupción extiende un manto de impotencia ante su tamaño y generalización, hasta creer que no hay forma de librarse de ella: “¿acaso tú no lo harías si pudieras? “El discurso del “tú más”, “tú también” “vosotros hicisteis lo mismo”, impide encontrar cualquier salida razonable, produce una desmoralización colectiva y un decaimiento social y cultural.

La ética arremete contra esta impotencia generalizada y coloca a la corrupción a disposición de cada persona. Y no abandona la pretensión de que la honradez personal es alcanzable, aun reconociendo que el decaimiento acompaña a las voluntades, como proclamaba Pablo de Tarso de sí mismo: “no hago lo que quiero sino lo que aborrezco… no hay en mí cosa buena”. La ética no renuncia al coraje de la acción ni a la resistencia frente al mal. Propone recuperar la iniciativa en el interior del espesor de la realidad corrupta, lejos de sucumbir al contagio del “todos lo hacen” y lejos del optimismo desmedido, del aquí no pasa nada, ya que como sugiere el presidente del Gobierno 40 millones de españoles están al margen.

La ética es un cortafuego que inmuniza ante la impotencia y ante el optimismo; cuando triunfa la impotencia moral, la capacidad degenerativa de la corrupción actúa como un poder enajenado, inapelable e implacable. Siempre habrán cuatro personas que pudiendo utilizar las tarjetas oscuras de Caja Madrid no lo hicieron. Frente al optimismo, se opondrá a cualquier concepción insosteniblemente ingenua de la supuesta bondad humana y presta atención a los gritos de los desahuciados, a las víctimas de las hipotecas preferentes, a los expulsados de sus países por los recortes sociales, a los enfermos sin acceso a las farmacias.

La primera tarea ética anti-corrupción consiste en convertirla en responsabilidad personal, impedir que se convierta en destino, y evitar la tolerancia personal y comunitaria hacia ella. Si se considera un hecho natural, se sustrae a toda responsabilidad personal y colectiva; si es un hecho moral, la eliminación de la corrupción es objeto de las políticas públicas, de la responsabilidad social y de comportamientos humanos.

Pero sobre todo, la ética desnaturaliza la corrupción mediante propuestas alternativas de vida buena y feliz; es la seducción de la bondad el cortafuego más importante de toda corrupción. Asi lo entendió Vasili Grosmann en Vida y destino cuando constata, desde el interior del campo de concentración, que es un espacio de suprema corrupción: “existe la bondad cotidiana de los seres humanos; es la bondad de una viejecita que lleva un mendrugo de pan a un prisionero, la bondad del soldado que da de beber de su cantimplora al enemigo herido, la bondad de los jóvenes que se apiadan de los ancianos, la bondad del campesino que oculta en el pajar a un viejo judío… “Es una bondad sin testigos, pequeña, sin ideología” (Galaxia Gutemberg pag. 517)

Energía social renovable

La bondad, la honestidad y la decencia, como antídotos a la corrupción, no sólo anidan en el sustrato biográfico como virtud personal sino también requieren de un contexto social favorable.. Junto a los comportamientos personales, es decisiva la vigilancia, denuncia, presión, movilización y cooperación de la sociedad civil. Los climas sociales son esenciales en la lucha contra la corrupción como energía colectiva renovable; los sociólogos hablan de capital social e inteligencia colectiva para expresar la existencia de contextos habilitantes, escuelas, familias, empresas y organizaciones que respiran transparencia y otros, por el contrario, cierran oportunidades sociales y decae el ánimo, donde se cumple aquella intuición de Antonio Machado “¡Qué difícil es no caer cuando todo cae!”.

La primera víctima de la corrupción son los vínculos de confianza, que socavan el cemento mismo de la construcción social. En el ambiente, no existe la corrupción sino las corrupciones; unas en forma explícita y otras solapadas. El día que no puedes confiar en tu médico porque puede servir a intereses farmacéuticos, o desconfías de tu gobierno por el mal uso de tus tributos, o sospechas que el funcionario abusará de su autoridad para obtener beneficios personales, o te sorprende el trato discriminatorio del juez, se ha destruido la convivencia cívica y sólo queda la guerra civil molecular, que genera agravios e indignaciones.

La corrupción actual tiene sus yacimientos en determinada atmósfera social y cultural como la invención de la vida privada desvinculada de la comunidad, la cultura popular permisiva del todo vale, el agudo sentido del interés personal que destruye el bien común y el triunfo del pensamiento calculador que sólo sabe acumular en beneficio propio. Los corruptos no son capaces de empatizar con la situación de los otros; convierte todas las capacidades de los seres humanos en instrumentos para sus propios beneficios. Rodeado de mercancías se siente autosuficiente, amontona riquezas para sí y como el rico necio del evangelio al almacenar muchos bienes para muchos años ya no se siente interpelado (Lc. 12,19).

Recientemente, en un juicio sobre los escándalos de corrupción, el constructor tras contar las correrías que le llevaron a la cumbre, confesaba que se hizo constructor porque experimentaba el poder infinito de ir a más, cuantitativamente en número de viviendas y cualitativamente en grandeza y espectacularidad.

La eliminación de la corrupción vendrá por un nuevo nivel de conciencia del vivir ante los descalabros cívicos, nuestros instintos posesivos y destructivos pueden ser domesticados a través de la educación ciudadana. Será la cultura y la educación quien pueda reconstruir el ambiente moral. Es una especia de meta-ética que crea inmunidad ante la agresión y resistencias ante la fragilidad del deseo, siempre que sea interiorizada por la gente. La amistad cívica, basada en la participación ciudadana, en las relaciones de confianza, en el control social, en la rendición de cuentas, es la puerta de entrada a la sociedad decente.

Metástasis del poder

Junto a la dimensión personal y colectiva, la naturaleza de la corrupción posee una estructura sistémica que se despliega en tramas y marañas que preceden y condicionan las voluntades y las atmósferas corruptas. Camina en compañía y complicidad. Detrás de un corrupto hay otro, y otro, y otro en redes y vínculos secretos. Es esta experiencia la que le hizo concluir a Pablo de Tarso “que la humanidad está sometida al fracaso y lanza un gemido universal” (Rom 8, 22). Previo a un corazón corrupto, hay un sistema que corrompe. En la actualidad, hay sistemas intrínsecamente corruptos, como el sistema capitalista, que, en palabras de Francisco, mata y excluye, “la injusticia tiende a expandir su potencia dañina y a socavar silenciosamente las bases de cualquier sistema plítico y social por más sólido que parezca. Es como un mal enquistado en las estructuras de una sociedad que tiene siempre un potencial de disolución y muerte, un mal cristalizado en estructuras sociales injustas” (Evangelii gaudium 59).

Se cumple, de este modo, la predicción de Karl Marx en La miseria de la filosofía (1847): “Llegó, en fin, un tiempo en que todo lo que los hombres habían considerado inalienable se volvió objeto de cambio, de tráfico y podía venderse. El tiempo en que las propias cosas que hasta entonces eran co-participadas pero jamás cambiadas; dadas, pero jamás vendidas; adquiridas pero jamás compradas –virtud, amor, opinión, ciencia, conciencia etc.– en que todo pasó al comercio. El tiempo de la corrupción general, de la venalidad universal, o para hablar en términos de economía política, el tiempo en que cualquier cosa, moral o física, una vez vuelta valor venal es llevada al mercado para recibir un precio, en su más justo valor“.

Junto a la corrupción personal y ambiental, hay un poder corrupto que se sitúa en el corazón mismo de un sistema, corrompe las voluntades, pervierte el desarrollo de los pueblos hasta desposeer a los pobres de sus bienes básicos. Al situar los beneficios privados por encima del bien general, la corrupción se convierte en la metástasis del poder que se extiende incontrolablemente por todo el cuerpo social, de modo que no se conoce un corrupto sin corromper a alguien. Crea extrañas complicidades, redes corruptas y sistemas clientelares, que se reproducen, se extienden, se expanden y se contaminan.

El sistema corrupto tiene su epicentro en un universo de medios, que secuestra los fines y la cuestión del sentido. El corrupto no necesita preguntar el para qué, ni mirar fuera de la lógica insaciable de la acumulación; para él no hay nada exterior a la propia corrupción, ni la conciencia, ni el bien común, ni la solidaridad con los que están peor situados. Todo queda fagocitado incluso el sistema de comunicación que sólo los corruptos entienden. Sólo se preocupa de la reproducción del botín, de ahí que el corrupto nunca tenga bastante; todo se convierte en instrumento para alcanzar más beneficios. Incluso la democracia es un medio para acumular y la competencia se impone en todos los ámbitos.

Nos encontramos en el tiempo de la corrupción general, de la venalidad universal, en el que se representan los procesos y mecanismos de poder. La corrupción es una forma de poder enmascarado y escondido, una máquina destructiva que se envuelve con los ropajes del prestigio, de la ambición, de la reputación.

Uno de los epicentros del sistema corrupto es la idolatría del dinero, con sus satélites de la usura, el robo y el ir a más y mejor. Sin embargo, a causa de la corrupción el crecimiento se convierte en lo contrario, al modo como las células cancerígenas se multiplican y crecen sin orden ni concierto. Crecer es, entonces, algo siniestro, abocado a la autodestrucción que impide hacerse cargo de la propia vida. La corrupción convierte el crecimiento cuantitativo en decrecimiento cualitativo, que manda señales de la deriva y del peligro que sufre un organismo vivo hasta amenazar extinguirse.

Junto a la idolatría del dinero, se cultiva el rendimiento, como valor supremo de las personas: los que sirven o no sirven; los aptos para el trabajo y los inútiles, los que progresan y los que no, los que corren y los que no, los salvados y los hundidos. La prisa en el logro de lo deseado es la hermana menor de la corrupción cuyo vértigo impide pensar, meditar, cuestionar, cooperar. La sobre-aceleración malogra la acción, ya que necesita toda la energía para correr y competir, destruye las barreras morales y los vínculos personales y convierte en competidores a unos de otros. Y sobre todo hay que esconder o despreciar a los que no pueden correr, a los que tienen alguna dificultad (1 de cada 10) ya que ellos ralentizan el proceso de aceleración. En función de estos valores, llega la corrupción que es la forma más rápida de llegar; entonces la corrupción es la forma del dopaje: se dopan los médicos para rendir más, se dopan los jugadores para rendir más, se dopan los banqueros para ganar más, se dopan los empresarios para alcanzar más poder.

Sucede como en la fábula del león y de la gacela. Cada mañana en África, una gacela se despierta. Sabe que tiene que correr más rápido que el león, porque si no, morirá. Cada mañana un león se despierta. Sabe que tiene que superar en velocidad a la gacela porque si no, se morirá de hambre. No importa ser león o gacela, lo que importa es echarse a correr cuando el sol alumbre para llegar primero. La única manera de sobrevivir en la competición política es correr y correr.

La corrupción es un holocausto económico, político y social. Superarla requiere nuevos modos de vida que no estén dominados por el dinero, ni por la competitividad, ni por el rendimiento ni la prisa; es insuficiente que se quiera eliminar la corrupción sólo a través de la simple transparencia, ya que ésta es un simple medio. Es necesaria una transformación radical como propone el papa Francisco en el Encuentro con Movimientos Populares: “Este sistema ya no se aguanta. Tenemos que cambiarlo, tenemos que volver a llevar la dignidad humana al centro y que sobre ese pilar se construyan las estructuras sociales alternativas que necesitamos”

El poder y la ética: ¿es un axímoron la ética del poder?

Asamblea ciudadana "Sí se puede"

El proceso constituyente de Podemos llega a su fin el 15 de noviembre, después de dos meses de intenso trabajo a través de la Asamblea Ciudadana ‘Sí se puede’ y sometido a votación de casi doscientas mil personas inscritas. Por un lado se han elaborado, debatido y votado los tres documentos de principios básicos (éticos, políticos y organizativos); por otro, se han elegido las personas representantes en la Secretaría general (1), el Consejo ciudadano (17 de CC.AA y 62 para Áreas de trabajo) y la Comisión de Garantías (5 titulares y 5 suplentes). Informativamente se ha destacado, sobre todo, la diversidad de posiciones iniciales en el ámbito organizativo (si se proponía o no una secretaría general unipersonal o colegiada) pero ha tenido menos repercusión el trabajo realizado en el ámbito de los principios políticos y, menos aún, en el de los principios éticos.

Del borrador propuesto para cada uno de los tres documentos de principios (éticos, políticos y organizativos), se debatieron más de cuatrocientas elaboraciones y se pusieron todos ellos sobre el panel de votación on-line. El documento de principios éticos es el que menos modificaciones ha tenido y, también, es el más breve (en torno a 5 páginas), menos de la mitad que el de principios políticos y menos de la cuarta parte que el organizativo. ¿Quiere esto decir que es el que menos interés ha suscitado o es el que más adhesión ha suscitado desde el principio?.

La preocupación ética o moralizadora de la vida pública y de la política particularmente es una preocupación básica de Podemos y no se para en las fronteras de la política nacional. Ante el Parlamento Europeo se defiende la llamada ‘Directiva Villarejo’ con tres ejes: 1) erradicar la corrupción política; 2) combatir el fraude fiscal y el blanqueo de capitales; y 3) poner fin a la vergüenza en las fronteras comunitarias, garantizando el respeto a los DD.HH.

El compromiso ‘ético’ en Podemos afecta sobre todo a los representantes políticos de dicho partido, que firman previamente dejar el puesto si los incumplen, pero también a los propios inscritos (militantes y simpatizantes) que firman defenderlos en todos los aspectos de la vida pública. El texto aprobado con el 80,7% de los votos on-line corresponde a la propuesta de ‘Claro que Podemos’ (grupo promotor de la Asamblea ciudadana ‘Sí se puede’):

Preámbulo

La pertenencia a PODEMOS implica un compromiso ético con los valores centrales de la iniciativa que deberá ser suscrito por todas las personas que quieran participar en ella.

PODEMOS nace como herramienta para la participación ciudadana y la unidad popular. Aspiramos a recuperar la política para ponerla al servicio de las personas. PODEMOS es un método: la democracia. Promovemos la participación democrática directa de todas las personas en los ámbitos de la decisión política, así como en la ejecución de las políticas públicas.

Como persona integrante de PODEMOS me comprometo a:

            I.          Defender la aplicación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en los ámbitos social, político e institucional de nuestra sociedad, avanzando hacia la resolución pacífica de los conflictos.

            II.         Promover la participación directa e igual de toda la ciudadanía en los espacios de adopción de decisiones y en los ámbitos de ejecución de las políticas públicas.

            III.       Trabajar a favor de la recuperación de la soberanía popular y democrática.

            IV.       Promover la igualdad tanto en la sociedad como dentro de Podemos, luchando contra toda forma de racismo, de xenofobia, de machismo o de exclusión por identidad de género u orientación sexual. Además se deberá promover la participación política de las mujeres en Podemos y comprometerse con incluir en los reglamentos de cada espacio la necesidad de habilitar guarderías en los actos y asambleas de la organización.

            V.         Velar para que la participación en PODEMOS sea siempre libre, voluntaria y abierta a todas las personas que, sin distinción de su estatus civil o social, comparten la defensa de la Declaración Universal de los Dere­chos Humanos y el método democrático de participación ciudadana y directa.

            VI.       Debatir con honestidad todas las opiniones y respetar a todas las personas con independencia de cuáles sean sus pareceres, fomentando el diálogo y la búsqueda de consenso.

            VII.      Exigir y respetar que la elección de candidatos o candidatas a cualquier institución de representación po­lítica (cámaras municipales, diputaciones provinciales, parlamentos autonómicos, congreso de los diputados, senado, parlamento europeo o cualquier otro) se lleve a cabo mediante elecciones primarias abiertas a toda la ciudadanía, con listas abiertas sólo corregibles mediante criterios de género. Rechazar el transfuguismo y velar para que ningún cargo electo pueda formar parte de PODEMOS si previamente no ha sido elegido para desempeñar tal función en un proceso de primarias abiertas y participadas por toda la ciudadanía.

            VIII.     Exigir y respetar que cualquier pacto previo o posterior a las elecciones con cualquier otra formación política sea sometido a la aprobación democrática mediante la consulta abierta a toda la ciudadanía en todos y cada uno de los niveles territoriales de representación.

            IX.        Exigir y respetar que cualquier cargo electo sea un mero representante obligado a vincular sus decisiones al método abierto y democrático de participación a lo largo de todo su mandato.

            X.         Impedir que Podemos en su gestión económica participe de productos bancarios de financiación de insti­tuciones basadas en el lucro. Se excluye expresamente la posibilidad, por tanto, de financiación bancaria en este sentido.

            XI.        Construir PODEMOS como plataforma para garantizar que la política deja de ser un espacio al servicio de intereses privados, para lo cual todos los cargos electos y cargos internos de PODEMOS aceptarán:

            a) La limitación salarial que se establezca con carácter general para cada nivel de representación, asumiendo la total transparencia de sus ingresos por cualquier concepto y la obligación de rendir cuentas públicas y asu­mir la gestión transparente de su patrimonio.

            b) La limitación que se establezca con carácter general sobre el número de funciones públicas que pueda desempeñar una única persona y a recibir un único salario por las mismas, salvo que sumen menos de tres salarios mínimos.

            c) La renuncia a cualquier privilegio jurídico o material derivado de forma directa de la condición de repre­sentante, proveyendo desde la responsabilidad del cargo público evitar el acogimiento a cualquier figura de aforamiento judicial.

            d) El compromiso de transparencia y la rendición de cuentas a lo largo y al final de su actividad como repre­sentante.

            e) El compromiso de inhibirse en la toma de decisiones y de abstenerse de optar a cargos electos con el obje­tivo de representar intereses personales, económicos o políticos ajenos a los que correspondan en cada caso al cargo electo en cuestión. El Régimen de Incompatibilidades que desarrollará el Consejo Ciudadano tendrá por objeto garantizar este punto no sólo en términos éticos sino también normativos y en cualquier caso reco­gerá la restricción del derecho al sufragio pasivo a cargos orgánicos internos a miembros o afiliados de organi­zaciones políticas de ámbito estatal.

            f) Asumir la imposibilidad de ocupar el acceso después de asumir cargos públicos a la empresa privada cuya actividad haya o hubiera tenido conexión de intereses en sus tareas como representante, con prohibición expresa de asumir durante 10 años responsabilidades ejecutivas en empresas conexas con sus responsabilida­des, y nunca como miembros en Consejos de Administración de empresas que actúen en sectores estratégi­cos o de relevancia económica nacional, así como proveer efectivamente no acogerse a ningún beneficio fiscal que pudiera derivarse de la actuación de cargo público.

            g) El compromiso de renuncia al cargo público, interno del partido o a cualquier candidatura a los mismos en caso de ser procesado o condenado por las faltas y delitos que se determinarán en el Reglamento al efecto que habrá de publicar la Comisión de Derechos y Garantías, y que en cualquier caso incluirán siempre los delitos de corrupción, económicos, acoso sexual, violencia de género, pederastia y maltrato infantil, contra los derechos de los trabajadores, ecológicos y urbanísticos.

            h) Evitar la contratación pública con empresas en las que el miembro de Podemos o sus familiares puedan tener algún tipo de interés económico.

            i) Limitación de mandatos asumiendo la limitación de cargos públicos o internos del partido a una duración de ocho años, que pudiera prorrogarse excepcionalmente a un máximo de 12 años.

            j) Impulsar el laicismo, promoviendo un sistema democrático fundado en la libertad de conciencia, sin apoyar ningún culto o religión.

            XII.      Además, todas las personas         titulares de CARGOS DESIGNADOS POR PODEMOS en cualquier órgano de las ADMINISTRACIONES PÚBLICAS o de cualesquiera de sus ENTES INSTRUMENTALES deberán aceptar:

            a) A desempeñar con lealtad a la ciudadanía, sencillez, moralidad y transparencia los puestos para los que ha­yan sido designados, velando por el buen uso de los bienes públicos y por una gestión de los recursos públicos basada en principios de eficiencia, equidad y eficacia.

            b) A no tener ningún privilegio jurídico o material derivado de forma directa de la condición de representantes proveyendo desde la responsabilidad del cargo público evitar el acogimiento a cualquier figura de aforamiento judicial.

            c) La limitación salarial que se establezca con carácter general para cada nivel de responsabilidad, sin que pue­da superarse en ningún caso el sueldo más alto establecido para el nivel del grupo funcionarial o laboral para el que estén capacitados en función del título exigido para el ingreso (A1, A2, B, C1 y C2) en cada Administra­ción Pública, salvo en lo concerniente a las cotizaciones por desempleo.

            d) A renunciar en las Administraciones y Empresas Públicas a percibir un salario superior a los recogidos en el convenio colectivo o en el régimen retributivo del resto de personas empleadas sin percepción de com­plementos o conceptos retributivos diferentes. No habrá privilegios de ningún tipo, solamente los derechos derivados del Convenio Colectivo que les será íntegramente de aplicación.

            e) A no cobrar sueldos o remuneraciones, cualquiera que sea su denominación, por la pertenencia a los Con­sejos de Administración de ningún Ente u Organismo Público, derivada del ejercicio de sus funciones públicas.

            f) A renunciar a cualquier plan o fondo de pensión que la Administración Pública respectiva pudiese haber contratado al margen de los que tengan derechos los empleados públicos. No habrá más derechos en materia de jubilación con cargo a los fondos públicos que los establecidos en la Seguridad Social, en Clases Pasivas del Estado o aquellos que la Administración Pública tenga contratados para sus empleados públicos.

            g) A no realizar gastos superfluos de los fondos públicos, moderar los costes de transporte y alojamiento ajus­tándose a las dietas e indemnizaciones establecidas para el personal funcionario o laboral. En caso de necesi­tar indemnizaciones por razón de desplazamiento, alojamiento o manutención, no podrán superar las estable­cidas normativamente para el personal funcionario o laboral ni, en el caso de empresas públicas y organismos asimilados, las que cobra el personal de los mismos por Convenio Colectivo. Renunciarán a las dietas de altos cargos de la Administración.

            h) A no percibir ninguna remuneración ni cesantías de ningún tipo una vez finalizada su designación en el cargo. Quienes con anterioridad al cargo fueran titulares de un empleo público serán repuestos con carácter definitivo en el último puesto del que fueran titulares definitivos u otro puesto equivalente en términos de salario, dedicación, área de actividad y localidad, debiendo incorporarse a ellos en los plazos previstos para la toma de posesión en los procesos de provisión de puestos de trabajo. Quienes no fueran titulares de un empleo público cobrarán la prestación que les corresponda.

            i) Las personas titulares de altos cargos renunciarán a la asignación de vehículo oficial de carácter permanente excepto cuando los cuerpos de seguridad del Estado así lo recomienden expresamente por razones de protec­ción personal. En cualquier otro caso, el uso de vehículos oficiales sólo podrá hacerse cuando sea imprescin­dible para el servicio público, en la forma y condiciones similares a las del resto del personal y en ningún caso se utilizarán para desplazarse al domicilio propio o familiar u otros usos no vinculados con lo estrictamente necesario para el ejercicio de las funciones públicas. En lo posible darán ejemplo con el uso de medios de transporte colectivo u otros medios de transporte respetuosos con el medio ambiente.

            j) A no percibir cobro en especie de ningún tipo y en especial a la percepción de ayudas al alquiler cuando estos tengan residencia continuada –bien por alquiler o compra– en la localidad o alrededores donde se en­cuentre la sede en la que ejerzan sus funciones públicas. En el caso de que no tuvieran residencia en la locali­dad del centro de trabajo y tuvieran que percibir ayuda, el montante será justificado y la vivienda será digna y adecuada a las necesidades de su familia.

            k) Respetar el deber de abstención previsto en la legislación vigente.

            l) Los cargos públicos designados por Podemos se comprometen a la democratización del ejercicio de sus funciones, a dar un trato humano y digno a la ciudadanía, especialmente con quienes tengan menos recursos económicos, sociales o culturales y a escuchar a todas las personas que lo soliciten, sin que tal obligación pue­da ser delegada al personal bajo su dependencia.

            m) Las personas titulares de cargos públicos procurarán la participación del personal en el desempeño de su misión, su empoderamiento y la mejora de la organización pública a su cargo, fomentando la asunción de responsabilidades y proporcionando reconocimiento público al personal a su cargo por el buen desarrollo de sus funciones. Se comprometen a evaluar de forma objetiva el desempeño del personal a su cargo, a combatir cualquier forma de discriminación y a perseguir el acoso laboral. Promoverán la mejora del clima laboral, la prevención de riesgos laborales en su ámbito, la mejora de las condiciones de trabajo y el respeto medioam­biental. Promoverán la cultura de mejora de la gestión pública orientada a la ciudadanía, fijarán la misión de la organi­zación a su cargo de acuerdo con los planes y programas previstos y difundirán los valores éticos y democráti­cos para su logro, persiguiendo con firmeza cualquier signo o indicio de fraude o corrupción. Periódicamente se someterán a evaluaciones de gestión y liderazgo.

            n) A crear y facilitar en las áreas de trabajo que tengan bajo su responsabilidad un clima y una cultura adminis­trativa de transparencia, rendición de cuentas y puertas abiertas a la ciudadanía rechazando comportamientos autoritarios y no democráticos.

Suscribo este compromiso en libertad, entendiendo todos y cada uno de los puntos que aquí se seña­lan y asumiendo su defensa como mejor garantía para la construcción de una sociedad más justa en la que todas las personas seamos más libres.

Denuncia del dominio de la economía especulativa

Asamblea de ATTAC Madrid

Los últimos acontecimientos que se están produciendo en el mundo, Europa y España demuestran el dominio absoluto de la economía especulativa financiera sobre todos los aspectos de la vida, como lo demuestran los fondos buitre que se quedan con las viviendas sociales y la sanidad pública, los fondos buitre que especulan con la deuda de los países poniendo en riesgo su propia soberanía nacional, el saqueo constante de empresas y servicios públicos que son privatizados, entregando a entidades y fondos financieros privados las necesidades básicas de la población para que especulen con ellas con el único fin de obtener las mayores ganancias posibles, o el reciente escándalo protagonizado por el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, al revelarse las ventajas fiscales que facilitó a grandes multinacionales en el paraíso fiscal de Luxemburgo. Paraísos fiscales, cuya mera existencia suponen una amenaza para el bienestar de los pueblos del mundo y que desde Attac hemos denunciado desde que empezamos a andar. Muchos sufrimientos, penurias y miserias nos habríamos ahorrado si se hubiera aplicado esta medida y muchos casos de corrupción se habrían evitado porque los corruptos lo habrían tenido mucho más difícil.

Attac ha denunciado, y sigue denunciando, el secuestro de la democracia y la soberanía por parte de organismos supranacionales que representan los intereses de los mercados financieros y no los de los pueblos del mundo. Estos organismos, como estamos viendo en Europa con la Troika, son los que imponen a los Gobiernos, por encima de los Parlamentos o de los organismos elegidos en cada país, las medidas que tienen que adoptar. Hoy, los servicios públicos, los recursos naturales de cada país y los bienes comunes de la humanidad son los bienes codiciados por estos poderes financieros, que los convierten en activos con los que pueden especular en el mercado financiero mundial, de forma que el saqueo llegará a todas partes: no solo la salud, la educación, la vivienda, las pensiones, también los alimentos que comemos, el agua que bebemos, el aire que respiramos o la energía con la que nos calentamos. Esta situación se agravará aún más si se llega a aprobar el Tratado Transatlántico Internacional de Comercio e Inversiones entre Estados Unidos y la Unión Europea (TTIP), que se está negociando con total opacidad y secretismo, ya que desaparecerán las pocas barreras, control y regulación que puedan existir hoy, y se dejará campo abierto sin la menor restricción para que operen las grandes corporaciones internacionales.

La oscuridad, la tergiversación del lenguaje y la manipulación con la que operan los poderes económicos y financieros dificultan que se conviertan en demandas sociales, medidas como la exigencia de que se eliminen los paraísos fiscales o se establezcan medidas de control de los movimientos de capitales (impuesto a las transacciones financieras). Sin embargo, la ciudadanía no es tonta y hace ya tiempo que se ha levantado reclamando su derecho al trabajo, a la vivienda, a la educación, a una jubilación justa, a la salud y ha señalado dónde están los responsables: “no somos mercancía en manos de políticos y banqueros”.

Attac, consciente de nuestra responsabilidad en la denuncia de estos poderes financieros, incrementaremos nuestra actividad en el estudio y denuncia de la economía neoliberal para que la ciudadanía pueda relacionar directamente los problemas cotidianos con los excesos del Casino Financiero y la perversa estructura del Mercado Global que denunciamos, ya que casi todos los problemas que nos afectan tienen una evidente, aunque generalmente ignorada, relación con el proceso de financiarización de la vida, por el que el dominio de los mercados financieros se extiende a prácticamente todos los aspectos de la vida.

Por ello, esta asamblea ha decidido que Attac centre su actividad y dé prioridad a los siguientes

temas:

– Denuncia del TTIP. Denuncia de la negociación secreta, el contenido del Tratado, el mecanismo de resolución de conflictos y las consecuencias tan graves que puede tener para la población en el caso de que llegue a implantarse.

– Justicia fiscal global. Trabajar por la supresión de los paraísos fiscales, ITF, el establecimiento de un Impuesto global a la riqueza, lucha contra el fraude fiscal, defender el establecimiento de políticas fiscales progresivas que supondrán la modificación del IRPF, IVA, I. Sociedades, I. Patrimoniales (Sicav), etc; medidas que permitan también que aflore la economía sumergida y regularice y reconozca los derechos de los trabajadores sometidos a un trabajo clandestino.

– Defensa de los bienes comunes y de los servicios públicos. Estudio y denuncia de la especulación con el agua, el aire, las materias primas, los fondos de pensiones, la sanidad privada o la educación privada…

– Renta básica. Información y debate sobre la Renta Básica Universal.

– Banca pública y Deuda pública. La acción de los grandes bancos, su responsabilidad en la crisis y sus terribles consecuencias. La acción de los bancos y de los fondos buitre en la compra de deuda, los swaps… defensa de una banca pública y de una auditoría de la deuda.

– COP21. Por ser una actividad acordada en la red europea de Attac, trabajaremos en España conjuntamente con los Attac de otros países con ocasión de la Conferencia sobre Cambio Climático que se celebrará en París en 2015.

Este es el plan central de actividad de Attac en Madrid, para el que pedirá el apoyo y la colaboración del consejo científico y de Attac TV.

Attac trabajará e impulsará junto a otras organizaciones y movimientos sociales, como lo ha venido haciendo hasta ahora, todas las formas de organización, coordinación y movilización unitaria en defensa de estas reivindicaciones; y apoyará y se sumará a otras movilizaciones y convocatorias en denuncia de agresiones antidemocráticas.

Attac, que no se propone participar directamente en los órganos de poder –por lo que no presenta candidaturas en los procesos electorales–, mantendrá su independencia y pluralidad. Nuestro programa será presentado y ofrecido a todas las fuerzas que quieran defenderlo.

 Attac colaborará con estas medidas, manteniendo sus propias señas de identidad, en la lucha contra la economía neoliberal y a favor de la ciudadanía. Porque Otro Mundo es Posible.

La servidumbre remunerada

José A. Pérez Tapias y Laura Ascarza Ces

Diez claves de la corrupción política

Democracia y corrupción política son incompatibles. La corrupción, tanto más cuanto más se dé en la realidad política de una sociedad, destruye las bases de la democracia: contraviniendo sus reglas básicas, aquéllas además que se fijan en leyes, llega a afectar a su núcleo ético y a la indispensable confianza de la ciudadanía en sus instituciones y en las personas en las que depositó la responsabilidad por la cosa pública. Por ello, se puede afirmar que a más corrupción, menos democracia. También, es cierto, puede decirse en sentido inverso: a más democracia, menos corrupción. Es decir, cuanto más consolidado y mejor estructurado esté un sistema democrático, no sólo con buenas leyes, sino con eficaces mecanismos de control de quienes ejercen algún tipo de poder, con sistema judicial independiente, con medidas adecuadas de transparencia, con una opinión pública vigilante y con una ciudadanía participativa, menos corrupción política habrá en la sociedad.

Pero aun sabiendo que de casos aislados de corrupción una democracia sana puede defenderse, no admite tibieza alguna la exigencia de mantener una estricta vigilancia para que la corrupción no se dé. El corrupto no sólo se daña a sí mismo como cargo público, devaluando su misma condición de ciudadano al fallar en la confianza que sobre él se puso, sino que lleva consigo un potencial de contaminación sobre el cuerpo político que en ningún caso hay que infravalorar –el mismo término “corrupción” da pie para, desde sus connotaciones, tener en cuenta ese peligro en cuanto a la extensión de unas prácticas ilegales que, si no se atajan, pueden llegar a ser grave patología, no sólo del sistema político, sino de la sociedad en su conjunto–. Por tanto, si se quiere democracia, hay que erradicar la corrupción política. Y por lo mismo, para luchar contra la corrupción es indispensable fortalecer todos los mecanismos propios de un Estado democrático de derecho. Va en ello la credibilidad del sistema y el respaldo sin fisuras a la legitimidad de sus instituciones.

Es en aras de ganar esa credibilidad como se retoma una y otra vez el discurso sobre la regeneración de la democracia, de las instituciones. Sí, de ello viene hablándose desde hace más de un siglo. Así lo hizo en España Joaquín Costa, padre del llamado “regeneracionismo”, que ponía en la oligarquía y el caciquismo los males de aquella sociedad que hacía el tránsito desde el siglo XIX al XX. Pero ya entrado el XXI podemos preguntarnos qué ha pasado para que se haya avanzado tan poco en la lucha contra la corrupción. ¿Cuáles son sus causas y por qué no se llega a neutralizarlas del todo? Hay que atender a todos los factores que inciden en esta llamada “lacra social”, desde los económicos hasta los culturales, desde los nacionales hasta los transnacionales. Y al doble frente de los corrompidos y los corruptores. No cabe duda de que las estructuras oligárquicas de los partidos políticos y las redes clientelares que desde ellas se generan han seguido siendo factores propiciadores de prácticas de corrupción, sea incentivándolas, sea encubriéndolas. Eso requiere aún más que su erradicación se acometa sin ingenuidades y con estrategias políticas adecuadas, aplicadas con la inteligencia y la voluntad necesarias.

No debería ser necesario insistir, pero sí conviene hacerlo, en la necesidad de una cultura política bien asentada en la sociedad en la que, desde su núcleo moral, se generen pautas de respeto a la legalidad, de valoración de lo público y de exigencia ética suficientes para que los hábitos sociales fueran no sólo contrarios, sino hostiles a cualquier forma de corrupción. Como eso requiere una conciencia cívica robusta, el medio para conseguirla no es otro que una acción educativa eficazmente orientada en esa dirección. Cabe pensar que no es casualidad que partidos políticos contrarios a la presencia de una educación para la ciudadanía en el sistema educativo sean los que se ven muy afectados por comportamientos corruptos en sus propias filas, los cuales apuntan a que incluso su propia financiación ha estado lejos de los cauces legalmente admitidos.

La corrupción sistémica como (des)orden de dominio y sumisión

La corrupción que pone en peligro la democracia no es ya la de unos pocos individuos aislados, sino la que se presenta como red organizada, la que cuenta con involucrados en diferentes instituciones públicas y en distintos niveles de las administraciones del Estado. Es entonces cuando hablamos de corrupción sistémica, no atribuible a la mera coincidencia de casos de suyo separados, sino debida a redes de corrupción política que han penetrado en instituciones públicas, en partidos políticos, en sindicatos, etc. En tales situaciones se acrecienta no sólo el componente mafioso que tales redes de corrupción llevan consigo, sino la deriva del poder político hacia un puro poder de dominio que pone lo público al servicio de intereses privados. Lo que ello conlleva es que los implicados en las redes de corrupción forman una trama en la que quedan atrapados por las leyes de la complicidad mafiosa –como la misma omertá–, de modo que a la vez que apuntalan el dominio sobre los ciudadanos a través de un poder que usan en beneficio propio, quedan sometidos al dominio en red del que forman parte. Se establece así un sistema de servidumbre que se puede entender de manera análoga a la servidumbre voluntaria de la que hablaba La Boétie para explicar el sometimiento de los pueblos a los tiranos. Ahora, las voluntades compradas generan una tupida red de servidumbre remunerada, la cual bloquea las mismas condiciones de libertad y de igualdad que un sistema político democrático requiere.

Al amparo de la impunidad: humana, demasiado humana, la corrupción política

Lo diremos con la conocida expresión nietzscheana: la corrupción es humana, sólo que demasiado humana, es decir, a ella se llega desde una lábil condición humana, la cual, en tanto que se deja corromper, entra en procesos de deshumanización. Lo “demasiado humano” se vuelve contra lo humano. Y eso es así en lo humano personal y en esa humanización que implica la democracia en Estados de derecho como logro civilizatorio.

Mas siendo algo a lo que da pie la condición humana, para erradicar la corrupción, de efectos socialmente devastadores por la desmoralización que genera, ésa que ya constataba Ortega en la realidad social, no bastan los discursos moralistas, sino que es necesario adoptar medidas legales con fuerte impulso político –medidas moralmente orientadas– para, desde la dinámica de las instituciones, luchar eficazmente contra la corrupción. Se impone diseñar una legislación que no deje resquicio para la impunidad respecto a ninguna forma de corrupción.

Intereses privados contra bienes públicos

Si Mandeville hablaba de vicios privados y virtudes públicas, y de cómo los primeros, contando entre ellos con la ambición individual, podían dar lugar en el conjunto de la realidad social a virtudes públicas –por ejemplo, como pensaron los liberales, a través de la “mano invisible” de un mercado autorregulado–, ahora, en relación a la corrupción se puede hablar de intereses privados que actúan contra los bienes públicos. Nada, por tanto, de mano invisible que ponga orden en el desorden. Éste se acentúa con tanto “meter mano” en la caja de los fondos públicos o, en general, con la patrimonialización a cuenta de particulares de los bienes que son de todos. Esa privatización perversa, llegando al expolio de lo público, es lo que va en la entraña de la corrupción.

La corrupción y sus variantes: el sometimiento a “poderes salvajes”

Siguiendo al jurista italiano Luigi Ferrajoli, podemos ver en el fondo de todos los casos de corrupción política el sometimiento de la política, a través del comportamiento ilegal e inmoral de los individuos, a los poderes económicos. Éstos, reforzados, mediante la corrupción que inducen se asilvestran aún más, puesto que corrompiendo encuentran un poder político pervertido que se pone a su servicio, aumentando así el deterioro de lo público y su pérdida de valor en todos los sentidos. La primacía de los intereses privados se ve realzada por el carácter absoluto y salvaje reivindicado para sí por los grandes poderes empresariales.

La descomposición del cuerpo político: corrupción y necrofilia

La corrupción, si no se ataja con decisión y eficacia políticas, afecta al conjunto del cuerpo político, al que se extiende como metástasis imparable. El Leviatán se vuelve así un monstruo contaminado, lo cual hace que el Estado vea multiplicarse en su seno los componentes de violencia, de arbitrariedad, de injusticia… La corrupción atenta contra la democracia y significa muerte del Estado en tanto que estructura política para una democracia constitucional. Si nos acordamos de la distinción de Fromm entre biofilia y necrofilia, aplicada a la vida social y a las dinámicas políticas, concluiremos que la corrupción es marcadamente necrófila. Con razón, pues, la ciudadanía, asqueada, reacciona contra el hedor que desprende.

La contaminación del cuerpo social: la corrupción normalizada

No sólo el cuerpo político, es toda la realidad social la que se ve afectada por una dinámica de corrupción expansiva, incluso hasta ser muchas veces sistémica. Esa normalización de la corrupción es la que se convierte en socialmente letal: no es posible con ella lo que el filósofo israelí Avishai Margalit entiende como sociedad decente. La corrupción no sólo supone expolio de bienes públicos, aprovechamiento de lo que es de todos en beneficio de uno, sino que comporta una ofensa social que es humillante para el conjunto de la ciudadanía. Lo grave es que cuando “se socializa” la corrupción se pierde la sensibilidad social para reaccionar ante ella; es más, se genera una permisividad que supone una distorsión grave de la eticidad –dicho al modo hegeliano– que debe acompañar a una sociedad bien ordenada, por supuesto, a una sociedad democrática. En tales circunstancias, como dice el escritor paraguayo Esteban Bedoya, vemos cómo a veces se instala en la sociedad el convencimiento de que la corrupción de los poderosos es inevitable y hasta los ciudadanos de “a pie” se suman en lo que pueden pensando que es lo que toca con los nuevos tiempos. En épocas de economía en alza, todo eso lo alienta el síndrome de nuevo rico al que muchos se apuntan -el ensayista Javier Gomá lo subraya con buen tino-, corolario de la otrora denominada “cultura del pelotazo”.

De las campañas electorales a los apaños particulares

Sabido es que la enfermedad mortal de la corrupción política tiene una de sus causas estructurales en la financiación de los partidos políticos. Por ahí empieza en muchos casos, bajo la coartada de una “causa noble”, en aplicación extrema del principio, atribuido a Maquiavelo, de que el fin justifica los medios. Lo que comienza como práctica irregular de cobro de comisiones para financiar costosas campañas electorales acaba en muchos casos como comportamiento en beneficio personal de quien, siendo intermediario, se siente con derecho a llevarse su parte: a la corrupción institucional se añade la personal, agravando cada una a la otra. Así, pues, por lo que se refiere a la financiación de los partidos, vista la experiencia, deberían recibir sólo dinero público, añadiendo esa financiación a la obtenida mediante cuotas de sus militantes. Sólo de esa forma, además, se puede competir en época electoral en igualdad de condiciones. Las donaciones posibilitan entradas de dinero descomunales que encumbran sólo al que más fondos recibe para campañas, pero a la par que lo deja sujeto a los que le han aportado, quedando expuesto, sea personal, sea colectivamente, a las presiones de los intereses de quienes financian –¿pagan favores?–, máxime si son lobbies de envergadura notable. Con tales formas de financiación, que nunca dejarán de ser ventajistas para los partidos y políticos mejor relacionados con poderes económicos, será iluso pretender que la atención se dirija en verdad a debates sobre programas electorales. La reglas del marketing electoral impondrán su tiranía, dando lugar quizá a que se pueda hablar de cierta “corrupción legalizada”.

La corrupción política, generadora de antipolítica

Si la corrupción conlleva deshumanización, desde el punto de vista de la mala práctica individual, vista desde el ámbito político al que afecta, la corrupción política es fuente de antipolítica. Esto es, daña tanto a la política que va liquidando las condiciones mismas que en rigor la hacen posible. La despolitización de la sociedad, en ese sentido, corre a favor de que se baje la guardia con respecto a la corrupción y se descuide la vigilancia necesaria para evitar caer en la antipolítica. No extraña, por tanto, que donde abunda la corrupción se induzca despolitización. Si para ello se controlan los medios de comunicación, el círculo puede cerrarse, al modo berlusconiano, como cordón protector de las miradas indiscretas de una ciudadanía que en cualquier momento podría reaccionar. Precisamente para bloquear esa reacción se potencia la desinformación, en vez de la información veraz sobre los mismos casos de corrupción que se presentan, con lo cual se expande la idea, luego aprovechada demagógicamente, de que en la vida política todos son corruptos. Si es cierto que en ésta hay estructuras y prácticas proclives a que la llamada –con notable imprecisión sociológica– clase política sea vista, por la manera como se dispone de los recursos públicos, como “clase extractiva” que los parasita –lo que explica el éxito cosechado al denominarla casta–, no lo es menos que se convierte en prejuicio injusto el considerar corrupta o potencialmente corrupta a toda persona que se dedique a la política. No obstante, salvada la honorabilidad de muchos políticos que desarrollan honestamente su actividad, lo relevante es que nos hallamos no sólo ante un problema de conductas individuales –un abultado número de ellas ya está sometido en España a procesos judiciales–, sino ante un problema estructural que reclama soluciones políticas y medidas jurídicas, en respuesta eficaz ante un deterioro de la vida pública que se agrava a diario con cada nuevo escándalo de corrupción que los medios de comunicación dan a conocer.

Estados debilitados y corrupción globalizada

Hay muchas formas de corrupción. Y situaciones distintas que propician unas u otras. Así, encontramos formas de corrupción política asociadas a determinados usos enraizados en torno al urbanismo y a abusos del mercado inmobiliario, como en España por desgracia ha sido muy frecuente. O formas que se desarrollan vinculadas al narcotráfico, el cual, convertido en narcopoder, puede acabar no sólo sometiendo a personas con responsabilidades en los poderes públicos, sino poniendo a los suyos al frente de los mismos, como ha llegado a pasar en México. Es muy grave en algunas latitudes la corrupción política asociada a la lucha por los recursos naturales, o al servicio de grandes empresas o terratenientes, como ocurre en determinados países de América donde las plantaciones de soja o el cultivo de transgénicos se potencian de la mano de instituciones carcomidas por la corrupción. También se dan formas asociadas a grandes empresas de energía resultantes de privatizaciones a gran escala de lo que eran propiedades estatales, como sucede en Rusia y otros países de la antigua órbita soviética, llevados a esa “economía canalla” tan bien descrita por la economista Loretta Napoleoni.

Por otro lado, no faltan corrupciones vinculadas al monopolio político de un partido único, como podemos ver en China o en otros lugares con tales condiciones políticas. Y es foco de corrupción todo lo que suponen las prácticas especulativas del mercado financiero, entre otras cosas porque los rendimientos de las prácticas corruptas de altos vuelos van de cabeza a paraísos fiscales. Siendo todo ello en un mundo globalizado, nos da la imagen de una corrupción igualmente globalizada…, la cual es enemiga en guerra abierta contra las pretensiones de democracia en serio, donde quiera que se erijan. La debilidad de los Estados en el nuevo contexto de globalización, donde se hace patente su impotencia frente a los mercados, supone un clima propicio para que proliferen comportamientos corruptos al amparo de unas administraciones y unos poderes públicos venidos a menos.

Contra pactar con el diablo. La ciudadanía exige responsabilidades

La corrupción es práctica criminal, que en el caso de políticos corruptos es de lo más grave, por la traición que supone a la confianza puesta en ellos. Es la impunidad la que ampara la corrupción. Es esa impunidad la que debe desalojarse de los sistemas políticos. y frente a ella leyes rigurosas, exigentes, con sistemas judiciales bien dotados e independientes para aplicarlas y perseguir los comportamientos delictivos de ese tipo. E inspecciones fiscales ágiles e insobornables. Pero delimitadas las responsabilidades penales cuando las hubiera, es importante, frente a la corrupción, hacer hincapié en la necesidad de que en nuestras democracias encuentre su sitio una cultura de la responsabilidad política bien asentada y mejor practicada.

Una cultura de la responsabilidad política, como la presencia de firmes actitudes en la ciudadanía contra la corrupción, supone posicionarse claramente contra el cinismo imperante, el que lleva a aceptar la corrupción sin más como hecho consumado o, peor, a darla por “naturalizada” en el orden social y el sistema económico existentes. Frente a eso, y recogiendo la tesis de Max Weber acerca de que la política implica algún pacto con el diablo, pero que en algún punto hay que poner el límite, afrontar la corrupción política es negarse a ese pacto, poner un límite irrebasable, esa línea roja que advierte además que traspasarla con la más mínima permisividad respecto a la corrupción es disponerse a que el diablo se cobre el pacto con él. La negatividad de la corrupción pesará siempre con creces sobre quienes se doblegan en cualquier forma de servidumbre remunerada. Y los ciudadanos y ciudadanas libres nos negamos a ese sometimiento y recusamos a quienes venden su dignidad y ofenden la de todos al servirse de lo público para su beneficio privado.

Corrupción y fraude fiscal: dos caras de una misma moneda

Carlos Cruzado Catalán, Técnico del Ministerio de Hacienda

A principios de este año, los Técnicos del Ministerio de Hacienda agrupados en Gestha presentamos el informe La economía sumergida pasa factura. El avance del fraude en España durante la crisis, en el que analizamos las causas, el tamaño y el impacto que tiene la economía sumergida en España.

El informe, realizado en colaboración con la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona y dirigido por el profesor Jordi Sardà, concluye con una estimación de economía sumergida en España que equivale al 24,6% del PIB o, lo que es lo mismo, más de 253.000 millones de euros y con un aumento de 60.000 millones durante los años 2008 a 2012. En consecuencia, podemos decir que casi uno de cada cuatro euros de nuestra economía escapa del control de Hacienda y la Seguridad Social, con la sangría que eso supone para las arcas públicas, sumando más de 80.000 millones de euros anuales entre impuestos y cotizaciones sociales.

A la vista de estas cifras, la existencia de un nivel importante de economía sumergida es un problema de primer orden que puede distorsionar los valores de diferentes macromagnitudes (como la renta per cápita, que es la magnitud que se utiliza como referencia para el reparto de fondos de ayuda internacional) y, por lo tanto, puede dificultar el diseño de políticas económicas que están basadas, precisamente, en estas magnitudes. Además, la economía sumergida produce competencia desleal entre empresarios; evasión de impuestos (afecta a los ingresos del Estado y, por lo tanto, le debilita); inexistencia de regulaciones; malas condiciones laborales; escasas o nulas medidas de seguridad en el trabajo; no hay pagos a la Seguridad Social e importantes consecuencias a largo plazo (pensiones, derecho a prestaciones, etc.)

Por qué aumenta la economía sumergida

El importante incremento de la economía sumergida en los últimos años, de unos 15.000 millones anuales, se debe en gran medida al efecto “arrastre” provocado por el “boom” inmobiliario, al menos en los primeros años de la crisis, dada la gran dependencia de la economía española del sector del ladrillo en los años anteriores. Y ello, debido a la tradicional fuerza de la economía sumergida y el fraude fiscal en este sector. Hecho que constituye una de las principales causas de la masiva demanda de billetes de 500 euros en nuestro país –muy utilizados por los defraudadores para saldar operaciones al margen del fisco–, que suponen, por su valor, en torno al 75% del total del efectivo emitido en España y el 14% del total de billetes de 500 en circulación en la zona euro.

Al tsunami del ladrillo se sumaron otras causas que influyeron decididamente en el aumento del nivel de fraude, como fueron el espectacular repunte del paro –triplicándose la tasa de desempleo hasta el 26% de la población activa a finales de 2012–, las subidas de impuestos, que no fueron acompañadas de una mejora en el ya hasta entonces ineficiente control de la Administración tributaria, y la multiplicación de casos de corrupción política y empresarial.

Y es, precisamente, la inclusión del factor “corrupción” –referido tanto al ámbito político como al empresarial–, como causa del incremento del fraude fiscal, lo que distingue este informe de otros estudios anteriores en los que no se valora dicho fenómeno en tal dimensión.

Si analizamos los distintos países de la OCDE, en función de su transparencia –y en este sentido tomamos los datos de la prestigiosa organización Transparencia Internacional– y de su nivel de economía sumergida –atendiendo a los distintos informes internacionales al respecto–, observamos cómo existe una relación explícita y directa entre ambos factores, de manera que los países con mayores niveles de transparencia –y, por tanto, con menor nivel de corrupción– tienen siempre unos menores niveles de economía sumergida que aquellos menos transparentes.

En este análisis España no sale muy bien parada, dado que está más cerca de los países de la OCDE menos transparentes que de aquellos con menos corrupción y menos economía sumergida, y todavía en peor situación si comparamos solo países europeos; habiendo descendido desde que comenzó la crisis 12 puestos de un total de 175 países en la lista de corrupción elaborada por Transparencia Internacional, superándonos solo Siria en cuanto a la peor tendencia en el pasado año. Y en este sentido, hay que recordar que España ha aprobado hace menos de un año una ley de transparencia, que entrará en vigor el próximo 1 de enero, frente a la mayoría de los países europeos, que cuentan desde hace décadas con dichas normas.

La corrupción en Europa

Un mes después de la presentación del informe de GESTHA, la Comisión Europea publicó su primer estudio sobre la corrupción en Europa, en el que España figura en el tercer puesto, detrás de Grecia e Italia y al mismo nivel de Lituania y la República Checa en cuanto a la percepción que los ciudadanos tienen de la extensión de la corrupción en sus respectivos países. Un 95% de los españoles opinan que está muy extendida, frente a una media del 76% en la Unión Europea, y tan solo un 11% opina que los esfuerzos del Gobierno español para combatir la corrupción son eficaces.

Estos datos han sido corroborados, desgraciadamente, por la cantidad creciente de casos de corrupción política y empresarial que han ido saliendo a la luz a lo largo del último año, sin que, tal y como también opina la inmensa mayoría de los ciudadanos, se pueda decir que nuestros gobernantes y legisladores estén respondiendo de forma contundente al desafío que supone la extensión de dicha lacra.

Si ponemos la atención en cualquiera de los casos que, casi a diario, vamos conociendo a través de los medios de comunicación, observamos una constante que se repite en todos ellos, de manera que, junto a los distintos delitos que se imputan a los corruptos –malversación de fondos públicos, apropiación indebida, cohecho, prevaricación, falsedad…– siempre concurre el fraude fiscal, sea como infracción administrativa, si no supera los 120.000 euros, o como delito fiscal si supera tal cuantía.

Según cálculos de la Comisión Europea, el coste que la corrupción tiene para la economía de los países de la Unión gira en torno a los 120.000 millones al año, correspondiendo a España, según datos de Friedrich Schneider, 10.000 millones anuales, lo que supone casi un 1% del PIB.

Pero al margen de este cálculo, que sería el perjuicio económico directo que tendrían las actividades de los corruptos -y que otros autores, como los profesores Carmelo J. León, Jorge E. Araña y Javier de León, de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, elevan hasta los 40.000 millones, incluyendo otros efectos indirectos como el coste reputacional y otros perjuicios intangibles-, desde Gestha destacamos el efecto “no ejemplarizante” y su contribución al bajo nivel de conciencia fiscal de los españoles.

Y, hablando de conciencia fiscal, hay que decir que, más allá de nuestras fronteras, no se entiende cómo una economía tan desarrollada como la española, al margen de los problemas ocasionados por la crisis en los últimos años, tiene un nivel de economía sumergida y fraude fiscal tan elevado. Nivel más cercano al de los países menos desarrollados económicamente y, desde luego, tan alejado del que se da en otros estados de nuestro entorno, a los que, sin duda, deberíamos aproximarnos. Y en este sentido conviene destacar que rebajar ese porcentaje del 24,6% del PIB hasta niveles por debajo del 15%, homologables a dichos países, nos reportaría unos ingresos cercanos a los 40.000 millones anuales, suficientes para pagar los intereses de la deuda presupuestados para 2015 y reponer buena parte de los 8.000 millones que el gobierno acaba de tomar del Fondo de Reserva de las pensiones, para pagar las del mes de diciembre.

Un problema de moralidad

Pero más allá de datos económicos es necesario aceptar que en España hay un grave problema de moralidad en todo lo relacionado con el pago de impuestos, muy enraizado en nuestra cultura e instituciones, como lo demuestra el que casi la mitad de los españoles, según las encuestas realizadas por el Instituto de Estudios Fiscales en los últimos años, justifican de alguna manera el fraude fiscal. Y es, precisamente, entre las causas que generan dicho problema, en donde podemos encuadrar, como una de las más relevantes, la falta de transparencia que ha dominado históricamente nuestra Administración pública en el sentido más amplio, incluyendo al gobierno, a los órganos constitucionales y a las más altas instituciones del Estado.

Tampoco hay que olvidar que detrás de la existencia de un determinado nivel de economía sumergida está lo que una sociedad quiere ser. Se trata, básicamente, de un problema de moralidad. Cuando a una sociedad no le parecen condenables ciertas actitudes relacionadas con la economía sumergida (por ejemplo, no está mal visto no pagar el IVA o intentar defraudar a Hacienda en general) es que esta sociedad está optando por una economía con un elevado índice de economía sumergida y con todas las implicaciones que ello conlleva. Al contrario, cuando una sociedad percibe que este tipo de actitudes y comportamientos perjudica a la colectividad y son condenables es cuando el problema de la economía sumergida se minimiza. Y en este sentido, los múltiples casos judiciales que afectan a las élites política y empresarial son un reflejo de esa cultura permisiva con el fraude y su actitud no incentiva a la ciudadanía a pagar sus impuestos.

La falta de interés ciudadano que año tras año se reproduce en relación con el debate anual de los Presupuestos Generales del Estado y que nos separa de la mayoría de los países con democracias consolidadas históricamente, en las que los contribuyentes sí muestran gran interés por conocer el destino que los responsables políticos dan a los impuestos recaudados, es un claro exponente -y asimismo una rémora para cambiar la situación- de la citada falta de transparencia. Y tiene su causa, seguramente, en la opinión generalizada entre los ciudadanos de que nuestros gestores públicos despilfarran en gran medida los recursos, cuando no caen directamente en actividades ligadas a la corrupción, sin que funcionen los mecanismos de control que deberían prevenir y corregir dicha situación.

Dicha falta de transparencia, con el consiguiente nivel de corrupción que conlleva necesariamente, no puede decirse que sea el mejor aliciente para que los ciudadanos cambien esa forma de pensar respecto al pago de impuestos, que ve con buenos ojos, en muchos casos, el hecho de no pagar el IVA en los servicios o suministros que demanda, o escriturar una vivienda por un valor inferior al realmente pagado, por citar algunos ejemplos que, desgraciadamente, se repiten en el día a día, a pie de calle.

Los ya casi innumerables casos judiciales que afectan a las élites políticas y empresariales son el reflejo de esa cultura permisiva con el fraude, que se ha retroalimentado con ese comportamiento ciudadano de desinterés por conocer y poder influir en el destino que los gestores dan a los fondos recaudados a través de los impuestos. Cultura que, afortunadamente, empieza a cambiar, debido en gran medida a la situación de crisis que afecta, a través del desempleo y de los recortes en políticas sociales, a la mayoría de ciudadanos.

Y es esa falta de ejemplo de muchos políticos y empresarios “ilustres”, unida a la de los partidos y organizaciones en las que se encuadran, que tienden, cuando no a justificar sí a minusvalorar la importancia del delito fiscal –con frases tan poco afortunadas como la de que “las infracciones tributarias son como las de tráfico, y en ese sentido, ¿quién no ha cometido alguna vez una?”, pronunciada por el máximo responsable de la patronal de empresarios; o “solo ha sido condenado por delito fiscal y no por otros más graves” que dijo recientemente un diputado nacional en referencia a un compañero de partido condenado por cuatro delitos fiscales– la que influye directamente en la falta de conciencia fiscal del ciudadano de a pie, que justifica de esa manera su comportamiento elusivo frente al IVA o al pago de otros impuestos.

A este respecto, las élites políticas y empresariales de este país deberían tener muy presente la célebre frase de Albert Einstein: “Dar ejemplo no es la principal manera de influir en los demás, es la única”, tantas veces repetida y tan poco secundada.

Un sistema tributario injusto

Muy relacionado también con el bajo nivel de conciencia fiscal de los españoles, debemos hacer referencia, por último, a la percepción que los ciudadanos tienen respecto de la justicia del sistema fiscal. Según los últimos datos del CIS, a julio de 2013, el 87% de los españoles piensan que los impuestos no se pagan justamente, que no paga más quien más tiene. Percepción que se corresponde con la realidad si analizamos los principios que, según el artículo 31.1 de la Constitución, deben informar nuestro sistema tributario (generalidad, igualdad, progresividad y capacidad económica), hoy en entredicho como consecuencia del fraude fiscal, de las SICAV, de las Entidades de Tenencia de Valores Extranjeros y de otros mecanismos de elusión, de la diferencia entre la tributación de las distintas fuentes de renta, de los menores tipos efectivos pagados por las grandes empresas respecto de los pagados por las pymes, de la amnistía fiscal, del funcionamiento de la Agencia Tributaria, etc.

Por todo ello, consideramos necesario un cambio radical en la actuación de los responsables políticos, tanto del poder ejecutivo como del legislativo, en los distintos niveles territoriales, para sancionar y prevenir los comportamientos ligados a la corrupción, así como reformando la actual situación de falta de equidad del sistema tributario, promoviendo un cambio de la opinión pública sobre los impuestos. Para ello, es condición también necesaria e imprescindible actuar desde las primeras etapas del sistema educativo, destacando el valor de los impuestos como el precio en democracia de los servicios públicos, así como la importante función redistributiva que además conllevan, de manera que cualquier ciudadano tenga claro, en todo momento, que quien defrauda, defrauda a todos.

José María Izquierdo

Evaristo VILLAR y Juanjo SÁNCHEZ

José María Izquierdo es un periodista de largo recorrido que últimamente se ha hecho famoso con su blog “El ojo izquierdo” y su presencia diaria en la Cadena SER, en los que describe y difunde los “venenos” de los periodistas, que él llama de la “caverna” (Federico Jiménez Losantos, Carlos Dávila, Isabel San Sebastián, Alfonso Ussía, Pío Moa, Juan Manuel de Prada, Hermann Tertsch, Fernando Sánchez Dragó, César Vidal y Antonio Burgos).

José María Izquierdo, con el que hemos realizado esta entrevista sobre la corrupción en España, acaba de publicar un libro, “Los cornetas del Apocalipsis”, en el que recoge y analiza lo que considera “las mayores barbaridades escritas y pronunciadas por los diez mayores exponentes de la ‘caverna mediática’”. Se trata de una continuación, ampliada y corregida, de aquellos jinetes que publicó El País en los cinco domingos de agosto de 2010.

Muchos dicen que la corrupción es algo endémico al ser humano: siempre ha existido y siempre existirá. ¿No es ésta una apreciación cuando menos engañosa, y sin duda resignada y complaciente con lo que está pasando…?

Claro que hay una parte que es inherente. Todo lo que hace el ser humano tiene que ver con eso. Caín mató a Abel. El crimen está desde muy pronto en el ser humano. Pero lo peor, hoy, es lo sistémico de la corrupción. Tiene un carácter poroso en la sociedad. Es imposible decir que son unos cuantos y que el resto se mantiene limpio. Es verdad que son unos cuantos los que delinquen, pero son muchos más los que lo silencian. Y esto es lo que me parece realmente grave. La corrupción individual ha existido y va a seguir existiendo siempre. Pero ahora está ocurriendo algo que a mí me da mucho miedo. Y es que el propio sistema la tapa y colabora. Ocurrió en los regímenes comunistas, pero que esto pase en el seno de una democracia, donde presumimos de libertad de prensa y demás libertades, me parece más grave.

Desde luego, esta corrupción, la que ahora ha estallado en las manos de banqueros, políticos, empresarios inmobiliarios y arribistas de todo género al sistema, no anidaba en el corazón del ser humano, sino que ha brotado del corazón del sistema capitalista, como lo ha hecho la propia crisis demoledora que estamos sufriendo. ¿Exageramos o ponemos el dedo en la llaga…?

No, no exageráis. Lo que pasa es que el sistema tiende a perpetuarse y se permite una serie de disparates para poder hacerlo. Para reforzarse, el sistema necesita un soporte muy grande, una sociedad que forme piña a su entorno. Esto despierta la ambición personal de todo el mundo. Querer ganar más, querer tener mayores beneficios… y esto, sin lugar a dudas, es una fuente de corrupción. El sistema capitalista, en cuanto tal, no lleva a que la gente se deje corromper… Lo más doloroso es que haya gente que se deja corromper. Pero en el sistema hay otra cosa que es el poder, que corrompe. Y el sistema capitalista, después de la caída del muro, se ha quedado solo y se ha demostrado a sí mismo que es capaz de acabar con el enemigo. Y así se ha afianzado y desbordado, pero con ello se convirtió casi en una caricatura de sí mismo. Reagan, Thatcher le dieron un giro al capitalismo, el denominado neoliberalismo, que ha llevado a la ultraderecha al poder, sin contrapeso, sin que nadie pueda crear unas reglas de comportamiento y de control. Y la sociedad se ha quedado desasistida, sin nadie que la defienda.

Pero no queremos caer en la misma parálisis: cambiar el sistema para superar la corrupción… Vamos por eso a abordar focos concretos de donde ha podido brotar. Y empezando por la economía, ¿fue acaso uno el que la política, es decir, la ciudadanía, primero se aliara con y luego claudicara escandalosamente ante la economía, ante el poder económico y la especulación financiera?…

Es verdad. Pero la economía ha mandado siempre. La economía ha dominado sobre la política. El problema hoy, como antes decía, es que no hay control ni de los políticos, ni de los parlamentos sobre el mundo de la economía. Las multinacionales tienen un poder ilimitado. No hay manera de frenarlas. La globalización, que ha traído cosas indudablemente buenas, ha traído también otras horribles. Una de ellas, ésta: ha creado un sistema mundial único en el que es difícil luchar país por país. Es bastante inútil que España o Grecia intenten oponerse separadamente a algunas cosas, porque no sirve de nada…

La civilización ha conseguido, con el paso de los siglos, levantar una serie de defensas ante el poder casi omnímodo del dinero. Inglaterra con el parlamento, Francia con la revolución. Los parlamentos han creado asimismo formas de control; los bancos centrales han sido, durante años, el control del sector privado… Este control ya fue importante entre guerras, pero, sobre todo, después de la Segunda Guerra Mundial, después del Crack del 29 y del New Deal, se vio la necesidad de crear unos organismos de control. Todo esto como reacción al casino en que los poderosos habían convertido el mundo. Ellos eran los que dictaban las leyes. La socialdemocracia fue una respuesta a eso desde dentro del sistema.

Pues bien, todo eso desaparece con la Caída del Muro. Desde entonces, el capitalismo ya no tiene ningún miedo. Con lo cual, la propia socialdemocracia se encuentra sin terreno. No sabe por dónde actuar porque se enfrenta a un enemigo que se salta todas las leyes. Y las que se han ido creando durante esos años ya no sirven. Los que creíamos grandes logros (la jubilación, la jornada de ocho horas, etc.) van a acabar en menos de diez años…

Es el sistema global el que está haciendo que el obrero de Valladolid y el de Sri Lanca tiendan a igualarse. Todo esto hace que lo que ha avanzado la humanidad en dos siglos lo vaya a perder en pocos años. Progresamos en retroceso: cada día nos estamos acercando más al S. XIX. Los trabajadores vamos a perder todos los derechos.

Suponemos que todo ello explicaría la degeneración de la política: la política, al servicio de la economía, vendida al capital, al negocio, en definitiva, al poder. ¿Dónde queda el nervio y el sentido de la política: la pasión por la justicia, la primacía del bien común, de lo público…?

A mí me da mucho miedo borrar de un plumazo la democracia. Y hay gente que la quiere borrar. Me dan miedo las revoluciones porque el salto que estas suponen, al final, no me parece muy favorable. Indudablemente tienen cosas muy buenas. Pero tengo algunas dudas sobre el saldo final. He vivido tres años en Cuba por motivos profesionales y no sé si la revolución cubana ha sido un gran triunfo para los cubanos. No sé si la revolución Bolivariana ha supuesto unos grandes avances para los venezolanos. Tengo dudas. Ha acabado con algunas corrupciones, pero cuando la gente se perpetúa en el poder…

En nuestros años de democracia hemos tenido todos los problemas del mundo, pero no han sido tan malos para los ciudadanos. Nos han reportado una serie de beneficios, como el sistema universal de salud, de la educación, etc. Yo no permitiría que se dinamitara. Sobre todo, cuando no tenemos claro cuál es la alternativa. No veo una alternativa clara.

Quizás hablar de democracia sin más es un tanto confuso. Cuando hablamos de democracia nos estamos refiriendo, más exactamente, a unas mediaciones, los partidos políticos, focalizados primordialmente en el poder, lo que los convierte en instituciones verticales. Lo que parece contrario al espíritu mismo de la democracia que es esencialmente horizontal. Y, más aún, resulta que estos partidos políticos, gestores o mediadores de la democracia, están hoy día muy afectados por la corrupción.

A mí lo de la casta no es un calificativo que me guste mucho. No soy muy partidario de frases rotundas, porque suelen ser muy imprecisas. En la casta metes al periodista, al político, al banquero, a todo el mundo. Entonces, la casta ¿quién es: los que han estado mandando hasta ahora? Yo tendría algunas dudas. Porque los que no han estado mandando también han sido casta de alguna manera. ¿Todos los ricos son casta? ¿Todos los de Izquierda Unida son casta? ¿Todos los militantes del PSOE son casta? No sé…

Yo hablaría más bien de las cúpulas. A estas hay que obligarlAs a corregir el rumbo y castigarlas con el voto. Porque lo asombroso es que se les ha premiado con el voto. Y eso no lo han captado las cúpulas de los partidos. Y ese es, desde mi punto de vista, el drama. Y no sé qué solución puede tener. Porque, por ejemplo, después de todo lo ocurrido en Valencia, al señor Francisco Camps volverían a votarle. ¿Es esto culpa de la casta? La casta se presentó, pero quienes les votaron fueron otros. A no ser que pensemos que todos los miles de valencianos que les votaron eran casta. Eso es lo que a mí me parece terrible. Que el problema tiene raíces más hondas, en la ciudadanía…

Hay un dicho que afirma que cada país tiene los políticos que se merece…

Sí y no. No del todo. Pero con Camps todo el mundo sabía lo que estaba pasando. Salvo Canal Nou, todos los medios lo estaban diciendo y salió elegido. Pero con Rajoy va a pasar exactamente igual. Se le puede volver a elegir ahora. Felipe, afectado por este mismo tema, volvió a gobernar. Y José María Aznar, no ajeno al mismo problema, volvió con mayoría absoluta. Sarkozy nos puede parecer lo que sea, pero a Sarkozy lo eligieron mayoritariamente los franceses.

Me da mucho miedo eso que frecuentemente se dice: lo que hay que hacer es dejar que la gente de a pie decida. ¡Cómo voy a estar en contra de que decida el pueblo! Lo que digo es que eso habrá que organizarlo de alguna manera. Porque si tú haces un referéndum para ver si se quitan las vallas de Ceuta o Melilla te puede salir que no. Y si lo haces en Ceuta ya te digo que va a salir que no.

El poder para el pueblo. Pues, claro, ¡cómo no vamos a estar de acuerdo! Pero, lo que digo es que deberíamos reflexionar un poco para ver qué puede pasar después de la primera atacada, al día siguiente de las elecciones. No podemos engañarnos. Cuando se vota a Reagan, a Thatcher o a Rajoy ya sabemos lo que nos espera. ¿O es que alguien pensaba que Rajoy no iba a imponer, con 13 millones de votos, duras medidas de reforma laboral, de pensiones, de dependencia, etc.?

Y para cerrar el círculo fatal donde se cuece la corrupción, el aparato de la justicia perdió la venda de los ojos y se entregó en manos de los políticos, a su vez entregados en manos del capital… La justicia, ¿igual para todos? ¿No es una insoportable tomadura de pelo?

Pongámoslo con comillas. Porque también hay jueces de primera instancia que se matan a trabajar. No podemos generalizar.

Pienso que la justicia es de las cosas más importantes porque afecta directamente a la vida de la ciudadanía. El poder que tiene un juez para mandarte o no a la cárcel es tremendo. Hay otra dimensión de la justicia social que es la vigilancia social, es verdad.

Todos sabemos que hay distintos modelos de justicia legal. Hay un modelo electivo en Estados Unidos, donde los ciudadanos eligen al fiscal. Y luego está el de carrera.

Yo no creo mucho en la elección popular de los fiscales. La forma de elección en Estados Unidos es muy complicada, tiene muchos fallos. El primero de ellos es que la elección la hace mucha gente con muy poca calidad jurídica. Aquí tenemos, por ejemplo, el problema del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). El que lo elijan los Diputados engendra muchos problemas. Como se ve, tenemos un CGPJ dividido entre partidos. Cada partido con representación parlamentaria tiene una cuota de poder en esta elección. Ahora bien, yo pienso que es mejor esta elección por los parlamentarios que si lo hicieran los jueces. La Asociación Profesional de la Magistratura (APM), que es la más carca y que cuenta con el 80% de afiliados, haría una elección mucho peor. El que sean los parlamentarios los que eligen tiene la ventaja de que se puede ejercer un cierto control político de la justicia. Pero, claro, el problema es cuando ese control político lo impone una mayoría absoluta. Esto es malo. Pero, si no hubiera mayoría absoluta, iríamos a los pactos. Y el problema de los pactos es que generalmente dejan a mucha gente insatisfecha. Por ejemplo, a mí me parece una aberración una coalición PP-PSOE, pero no puedo ignorar que en Alemania está gobernando una coalición. Me parece un disparate; ahora bien, si no es eso, ¿cómo se gobierna?

Aquí mismo en España nos podemos encontrar, desde el despegue de Podemos, con tres partidos y que ninguno de los tres tenga mayoría. Si se diera ese caso, ¿qué es lo que preferiríamos, que gobernara uno solo en minoría o que hubiera pactos? Si gobernara un solo partido en minoría, tendría que haber algún tipo de pacto para elegir el CGPJ, al gobernador del Banco de España, etc. Porque un partido, gobernando en minoría, no podría imponer su criterio sobre el resto.

En definitiva, yo creo que debemos complicarnos siempre las respuestas. Debemos hacernos preguntas simples para complicarnos las respuestas. Yo no encuentro respuestas sencillas a preguntas complejas. A no ser que tengas, como les pasa a muchos políticos, la misma tecla para responder a todo. Por ejemplo. El decir siempre que lo lógico es que gobierne el pueblo y que no haya intermediarios que se corrompan, ¿quién puede estar en desacuerdo? A mí siempre me ha gustado complicarme más la vida.

Pero con ser una verdadera tragedia lo que está sucediendo con la corrupción, tal vez lo más grave sea que las propuestas más serias de su superación son descalificadas como antisistema y populistas… Un verdadera desgracia para nuestras democracias, según los políticos respetables de (casi) todos los colores… ¿Tiene esto salida?

Yo creo que un problema serio de Podemos es que no tiene una oferta clara. El PSOE tuvo un sistema fiscal progresivo y lo mantuvo con Zapatero. Pero lo que intenta Podemos es gravar una serie de impuestos nuevos que aún no sabemos cuáles son. Aún no sabemos cuál es su propuesta real. Para pagar la Renta Mínima no sirve de nada subir en tres puntos el impuesto. Para esto tienes que subirlo no menos de 30 puntos. ¿Y quién sostiene una subida de un 80% en los impuestos?

Yo no desecho a Podemos. Me parece muy valioso. Lo que hay que ver es si lo desecha el voto. Podemos tiene hoy día mucha más presencia en los medios públicos de la que se le da a los otros partidos. Es verdad que a veces estos la aprovechan para descalificarlo, pero con eso se descalifican a sí mismos. Por su parte, una cosa que debe aceptar Podemos es que, si se mete en política, tiene que jugar en política. Estoy de acuerdo en que Podemos haga una implacable crítica política, pero, a su vez, tiene que estar dispuesto a que le digan lo mismo. Lo que constato en los que yo critico a diario como “la Caverna”, es que tienen una piel muy sensible. Ellos insultan a todo el mundo, y, cuando yo les devuelvo la pelota, resulta que se enfadan. Bueno, pues, Podemos tiene que tener bien claro esto. Ellos llaman corrupto a todo el mundo, ahora bien, que les llamen comunistas no parece demasiado insulto. El que las da, las toma.

Pero, claro, son aún un partido que se está formando, aún no contaminado. Su casa está limpia, no está contaminada…

Bueno, varios de ellos vienen de Izquierda Unida. Y la casa solo se limpia gobernando. Y para gobernar tienes que tener muchas cosas claras: cómo mantienes una política industrial, cómo se mantienen unos acuerdos sobre la deuda, etc. Porque si no, no eres un partido político, eres un movimiento social. Y un movimiento social tiene toda la legitimidad para ser crítico y exigir limpieza. Pero cuando dices que eres tú quien va a hacer esa limpieza, tienes que decir cómo y cuándo la vas a hacer. Y hasta ahora, me cuesta verlo…

Independientemente de Podemos, sea la fuerza que fuere, ¿es posible o descabellado meterle mano a uno de los focos de la corrupción: el sistema fiscal, la evasión…?

Yo creo que, con una mayoría absoluta, sin necesidad de pactos, se puede acabar con las Sicav y los paraísos fiscales. Pero no olvidemos que todo esto de la evasión de capitales, de las sicav y los paraísos fiscales es un problema mundial. El delincuente va siempre un punto por delante del que lo vigila. El ciclista que se dopa ha encontrado una fórmula que no detectan los controladores. Con las leyes pasa igual. Los delincuentes financieros, que tienen los mejores gabinetes de abogados del mundo, siempre van por delante de la fiscalidad. Y siempre han encontrado refugio para su delito (caja B, paraísos fiscales, etc.) que ni los países más justicieros son capaces de eliminar. Recuerdo el drama que tuvo Suecia cuando impuso unos impuestos enormes. Entonces Ingmar Bergman, bastante afín a la socialdemocracia sueca, se fue de Suecia porque le metieron un 80%. Lo mismo ha hecho recientemente Depardieu en Francia. Con esto quiero decir que un país, si tiene voluntad política, puede acabar con la evasión fiscal. Pero el problema es que el capital no tiene país. El capital financiero se va a Barbados, a Suiza, a Mónaco, Luxemburgo, a las Islas Caimán, etc. Es decir, a los paraísos fiscales que se permiten.

En definitiva, se puede mejorar. Hay países que lo han hecho, por ejemplo: los Países Nórdicos. Han establecido mucho mayor control y están mejor. Y si aquí el Banco de España y la Comisión Nacional del Mercado de Valores tuvieran mucho mayor control, nos iría mejor. Pero no se puede olvidar que el dinero es muy volátil y los ricos no están en un sitio fácilmente identificable. Antes estaban haciendo coches en Detroit, allí tenían su dinero y todos sabíamos dónde estaban. Ahora, vaya usted a saber dónde tienen el dinero los ricos. ¿Dónde tiene el dinero Zara? Pues no lo sé. En todo el mundo. Y, con las ventas por internet, pues no te digo. Hoy habla la prensa de Alibabá, que es la web china de ventas por internet. Pues bien, el día de los solteros, Alibabá vendió por internet más que El Corte Inglés en todo el año en todas sus tiendas.

Como el sistema mundialmente está corrupto, resulta muy difícil de atacar. El último caso lo tenemos con el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker. Durante su mandato en Luxemburgo permitió un sistema de fiscalidad a las multinacionales muy ventajoso con referencia a la fiscalidad que tienen el resto de los países. ¡Y a ese hombre, a Juncker, le han hecho ahora presidente de la Comisión Europea, es decir, máximo responsable en estas cosas! ¿Qué gana España exigiendo que Google pague un 70% de fiscalidad? Nada, porque toda su fiscalidad la tiene en Irlanda donde solo paga un 18%. Quiero decir con esto que, si no tenemos en la cabeza la globalización, ningún país va a conseguir casi nada. Y menos un país pequeño como el nuestro. Se podría hacer algo saliendo del euro y tener tu propia moneda. Pero, a mi modo de ver, sería suicida.

¿Se puede hacer algo? Pues claro que sí. Con una mejor administración se puede hacer que funcione mejor la sanidad, la educación, la dependencia. Si no se pudieran hacer mejor las cosas, esto sería la muerte.

¿Eres optimista o más bien pesimista respecto a la renovación de la vida política, concretamente de los partidos, de su configuración cerrada o transparente, de su financiación…? ¿Quién podría llevar a cabo semejante reconversión? ¿Sería para la política real hacerse literalmente el haraquiri, como muchos afirman?

Yo creo que sí. Entre otras cosas, ese es uno de los grandes méritos que Podemos encarna. Es un gran mérito que se hayan puesto las pilas y que el resto le haya visto las orejas al lobo. Yo creo que la única posibilidad de cambio de los partidos políticos está en que vean la posibilidad de perder. Si no ven esto, no van a corregir nada. Y yo creo que ya le están viendo las orejas al lobo y ya están teniendo problemas. En todo caso, creo que no van a cambiar lo suficiente y habrá que seguir luchando para conseguirlo. El problema aquí es que no estamos muy acostumbrados a luchar eficazmente.

¿Ha sido casualidad que fuera este gobierno quien liquidara la “Educación para la ciudadanía” del sistema educativo después de pasarse por el forro la ética en aras del negocio, incluso en nombre del progreso…? ¿Hay alternativa a la corrupción sin la una y sin la otra?

Es un verdadero drama. Coincidamos en que en este país nos cuesta dios y ayuda igualarnos a otros países en esto del respeto y la educación de la ciudadanía. Nos llevan años de distancia. Aquí existe un verdadero desprecio y desvergüenza en estas cosas. Hoy mismo, en “El Ojo Izquierdo”, acabo yo diciendo algo de esto. Solo en un país como este, el gobierno nombra director general de la televisión pública, la de todos los ciudadanos, a un señor del partido que nos gobierna. Y este señor nombra, a su vez, delegado en Cataluña al jefe de prensa del PP en Cataluña. El problema, una vez más, es que no aprenden nada de lo que está ocurriendo. Ni siquiera teniendo a Podemos pisándole ya los talones. Esto es intolerable. No se puede consentir. Aquí, en cuanto alcanzan algo de poder, pierden la memoria. Ya veis, el caso Gürtel ya apenas cuenta con una pequeña referencia en los medios. Se ha imputado al que fue jefe de policía de Aznar, presidente de las Cortes Valencianas, vicepresidente de la Comunidad Valenciana, de la que fue cuatro veces consejero, implicado en el viaje del papa, etc. Pues bien, este caso no ha aparecido en primera página en ningún medio. Ayer la Audiencia Nacional decidió que el PP se ha beneficiado de la Red Gürtel y… nada de nada. Un espacio muy reducido en la prensa. Y Monago… Es que debería estar constantemente ante las narices de todo el mundo hasta que esto se aclare.

Una vez más, da la impresión de que esto a nadie le preocupa. Nos preocupa para insultarles en el bar, pero no para investigar y, llegado el momento, mandarles a casa. La ignorancia de la gente y la pérdida de la memoria son el caldo de cultivo de la impunidad. Y mientras no acabemos con la impunidad de los delincuentes seguirá habiendo corrupción y robo en este país.

Todo esto ocurre en un contexto ciudadano donde la memoria desaparece y el poder no se siente realmente amenazado. ¿Por dónde deberíamos caminar cuerdamente?

Lo que tendríamos que hacer es movilizarnos donde sea. Me da igual con las mareas blancas, con las mareas verdes, con las azules, con un partido como Podemos o Izquierda Unida. Me da Igual. Pero tenemos que acabar con esta complacencia. De lo contrario, volverán a pasarnos por encima. Es incomprensible que la Reforma Laboral de este gobierno nos la hayamos tragado como hemos hecho. Mañana volverán a hacer otra peor y nos vamos a callar igual. No se puede entender esta pérdida de derechos que estamos teniendo y la paralización general de la gente. A lo mejor, para movilizar, tendríamos que exigir a todos los representantes sociales en todos los sitios una renovación radical. La ventaja de Podemos, aparte de su capacidad y la fuerza de su discurso, es que son nuevos. Esto tendrían que entenderlo bien los políticos. No sé lo que dará de sí este Pedro Sánchez en el PSOE, pero parece que en el partido están empezando a pensar que tienen que cambiar. Al menos parece que están entendiendo algo. Pero el PP es que no ha entendido nada.

Y para concluir, ¿dónde quedó la inspiración del cristianismo, que tan importante es para esta revista, y que con tanto ardor como cinismo defendieron como elemento base de la Constitución Europea justamente aquellos que luego se han embarrado hasta el cuello en la corrupción que la niega de parte a parte? ¿Crees que puede ser –está siendo– en alguna medida un elemento de transformación, del cambio que necesitamos?

Sinceramente, no soy el más indicado para hablar del cristianismo. Pero me parece llamativo, no que quienes se dicen cristianos reivindiquen la raíz cristiana de Europa —que, por cierto, los griegos y musulmanes podrían hacer lo mismo–, sino que quienes la reivindican, lo olviden tan fácilmente. Esto es realmente incomprensible.

El cristianismo ha sido una fuerza innegable en Europa a lo largo de las generaciones y lo ha seguido siendo hasta hace bien poco en muchos sitios, por ejemplo en América Latina. Y aún queda por allí algo de eso. El otro día supe que aún sigue viviendo Casaldáliga. Y, mirando estas personas, me inclino a pensar que el cristianismo puede ser un factor importante de transformación en muchos sitios. Pero aquí, en España, sinceramente no sé si existe algo parecido. No obstante, he visto Éxodo y a mí me gusta mucho lo que estáis haciendo.