Hipótesis democracia. Quince tesis para la revolución anunciada

Miguel Ángel de Prada

El texto que reseñamos en Éxodo se presenta a sí mismo como un “libelo” (p. 20) y ¿qué mejor calificativo para encuadrar lo que se plantea desde las primeras líneas del Preámbulo?: “Apuntar hoy a una revolución o, peor aún, a una asociación entre revolución y democracia, como hipótesis política, no deja de ser una afirmación extemporánea y alucinada” (p. 15). Las diferentes partes del libro están atravesadas por esta apuesta fuerte o hipótesis, es decir, se asume que el momento actual es y se debe reconocer como un momento revolucionario y, a la vez, que la renuncia a dicha oportunidad es mantener una confianza ciega en la imposible regeneración interna.

El propósito del texto es aproximarse a cómo afrontar esta decisión y desde su propio método histórico se pregunta por qué hoy es tan difícil plantear la pregunta por la democracia y por qué cuesta tanto pensar en términos estratégicos en la era internet, incluso por qué se está volviendo tan confusa esta coyuntura a los mismos actores que tras el 15M han decidido apostar por la misma. Si el centro del debate político de los últimos 250 años (¿qué es ganar y cómo hacerlo?) se ha ido oscureciendo en las últimas décadas, este libro quiere hacer el esfuerzo por recuperar la memoria de las experiencias políticas en las que se probaron diferentes hipótesis en relación con interrogantes que básicamente fueron en su momento idénticos a los que nos hacemos en la actualidad. Pero, de forma modesta, dice contentarse con “justificar suficientemente la necesidad de apostar por una ‘revolución democrática’, tal y como parece seguirse del espíritu del primer 15M”, aun sabiendo que tal proyecto sólo puede ser el producto de la política en acto (p. 19); se asimila la emergencia del 15M a esos momentos en que democracia y revolución aparecen, a un tiempo in nuce y de forma concreta, como poder constituyente (p. 16).

El título del libro alude directamente a la apuesta por la “democracia” y el subtítulo especifica quince tesis que avalarían la “revolución anunciada”. El propio autor propone una división del texto en tres bloques para su lectura. El primero, desde la Tesis I a la V, expone la crisis europea del capitalismo financiero y la onda expansiva hasta la crisis del capitalismo en general, desembocando en el diagnóstico sobre la situación actual: que la crisis es de naturaleza política y que está determinada por el bloqueo de los mecanismos de regulación económica; también que es una crisis revolucionaria en cuanto otra salida es inexistente. Dado que esta parte es las más técnica, se recomienda al lector menos avezado que comience la lectura por el segundo bloque, de la tesis VI a X. En esta segunda parte se interroga directamente por la cuestión de la democracia y sus aporías desde el 68’ hasta ahora, es decir cómo se canceló la apertura del 68’ pero, también, cómo se puede producir de nuevo la misma. El tercer y último bloque, tesis XI a XV, plantea la cuestión de la radicalización democrática en España y la articulación de un proceso constituyente, sin olvidar que el marco político es la Unión Europea (tesis XV) y que el propósito es la fundación de una nueva República (ver Epílogo) a escala continental.

Si el autor ha propuesto un guión de lectura, alterando el orden de las partes del texto, se pueden también observar otras disposiciones del texto que permiten nuevas aproximaciones a los lectores. Nos encontramos así en el “modelo para armar”, de Julio Cortázar. Como en aquél, algunos lectores advertirán diversas trans-gresiones a las convenciones, en este caso de la corrección política, mientras que otros apreciarán además a-gresión, pro-gresión y re-gresión, connaturales al final del capítulo 62 de “Rayuela” y que explican el título del libro de Cortázar, como explican la escritura del presente texto los debates y aportaciones de diversos colectivos, entre ellos la propia Fundación de los Comunes, Traficantes de Sueños y el Observatorio Metropolitano de Madrid a los que el propio autor pertenece. Por nuestra parte señalamos otras aproximaciones posibles: leer simultáneamente la primera y la última tesis, que abre y cierra el análisis con la situación europea (1ª “la crisis europea no tiene solución” y la 15ª “la revolución será europea o no será”), dado que propone el contexto geopolítico inmediato e ineludible de la apuesta. Del mismo modo encontramos en la tesis V y la Tesis X la explicitación de la idea central argumentativa: 5ª “esta crisis es una crisis revolucionaria” (no hay posibilidad de salidas dentro del sistema) y 10ª “decir revolución es decir democracia”, y por tanto pueden servir de eje de la lectura, mientras que, tal como ha propuesto el autor, a partir de la tesis XI se trata de la concreción a España. El Epílogo podría parecer como un exordio pero dado que aborda la cuestión de la forma de Estado en Europa, adquiere una importancia central: se señala la falta de análisis rigurosos sobre su arquitectura institucional, así como de perspectivas que conjuguen la crítica de la economía política con la potencia de movimientos europeos. En suma, el análisis echa en falta proyectos institucionales alternativos, precisamente cuando la historia recuerda que las dos grandes oleadas revolucionarias precedentes de la del 68’, la de 1917 y la de 1848, vincularon su suerte al triunfo de una revolución a escala continental. La apuesta por la democratización de la U.E., para el autor, en términos institucionales debería fundarse en el doble movimiento de centralización y descentralización, a partir de la constitución de un poder federal (de “abajo arriba”, es decir, en las antípodas de las cartas otorgadas) y de un poder republicano (“de abajo abajo”: separar el poder todo lo que sea separable). República, democracia y federalismo deben animar la discusión sobre el diseño institucional europeo pero, sea cual sea su forma, “el destino de la U.E. se jugará entre la revolución democrática o la involución bajo la dictadura del capital financiero” (p. 369). Por ello, las última palabras del texto marcan todo un programa europeo: “Y así, por primera vez será posible una democracia que lo sea, sin rapiña exterior, sin esquilmación ecológica. Una democracia sentada sobre los únicos pilares de la decisión directa del cuerpo social, el reparto de la riqueza y la unión libre de sus viejas regiones” (p. 370).

Pero hay más paralelismo con el “modelo para armar”, dado que no sólo permite permutar el orden de las partes, sino que apunta al nivel del sentido en el que “la opción del lector, su montaje personal serán en cada caso el libro que ha elegido leer”, tal como señala Cortázar. Esto pretende esta reseña, animar a cada lector a elegir el libro, la lectura que le haga comprender la elección que debe realizar en este tiempo de deslegitimación del modelo de la transición española. Porque, ¿quién no ha visto un significado simbólico en la coincidencia temporal entre el día en que se dijo “adiós” al primer presidente de la transición otorgada y el día en que Madrid recibió con un “hola” de bienvenida a las marchas reivindicativas de miles de personas que proclamaban una nueva carta de la democracia?

 

22 de marzo Marchas de la Dignidad – Manifiesto

Pan, trabajo y Techo para tod@s

No al pago de la deuda, ni un recorte más, fuera los gobiernos de la Troika, Pan,  trabajo y techo para todos y todas

En 2014 nos encontramos ante una situación extremadamente difícil, una situación límite, de emergencia social, que nos convoca a dar una respuesta colectiva y masiva de la clase trabajadora, la ciudadanía y los pueblos.

Millones de trabajadores y trabajadoras se encuentran sin empleo. Tener unas manos para trabajar; tener una carrera terminada; disponer de tu capacidad tanto manual como intelectual y no encontrar un trabajo digno es humillante. Se está desperdiciando el talento colectivo de una sociedad, hipotecando indefinidamente su futuro. Los trabajadores y trabajadoras no se merecen este atropello a nuestra dignidad colectiva.

Cientos de miles de familias han perdido su casa. No hay nada más inhumano que desalojar a una familia de su hogar, solo para alimentar la voracidad insaciable de unos banqueros sin escrúpulos. Banqueros a los que los Estados siervos de la Troika alimentan a costa de empobrecer aún más a la clase trabajadora y a las personas más indefensas.

Mientras, la patronal, aprovechando el drama del paro masivo, aprieta las tuercas a la baja de los salarios y de las condiciones de trabajo a las personas que aún tienen un empleo. Trabajadores y trabajadoras que, ante la difícil situación, no pueden ni siquiera cuestionar su papel de meros explotados/as por el capital. El sistema intenta obligarnos a mostrar agradecimiento a los empresarios, convertidos por el sistema en benefactores de la sociedad. Es hora de repartir el trabajo y la riqueza, y que las personas trabajadoras puedan sentirse dueñas de su futuro.

Nuestra juventud no tiene posibilidad de forjar un proyecto de vida digno con las actuales políticas y  se ve abocada a buscarse la vida en el extranjero como antes hicieron nuestros padres y abuelos.

Decimos no a un sistema patriarcal que nos arrastra a épocas del pasado, quitándonos el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, negándonos la capacidad para decidir sobre si queremos o no ser madres, provocando la vuelta a los hogares para dedicarnos a la crianza.

Estamos sufriendo las políticas ejecutadas por el gobierno del PP al dictado de la Troika (Fondo Monetario Internacional, Banco Central Europeo y Comisión Europea), consistentes en el robo de derechos y el empobrecimiento generalizado de la mayoría social. Estas políticas que se fundamentan en el pago de una deuda ilegítima que no han con­traído los ciudadanos y ciudadanas, son producto de la especulación bancaria y los excesos de los distintos gobiernos.

Privatizan lo rentable mientras nos recortan el presupuesto en salud, educación, dependencia, transportes públicos, agua, energía, comunicaciones, servicios sociales, etc., lo que redunda negativamente en nuestros derechos ciudadanos. Se ríen de nuestros mayores que sufren una enorme pérdida de su poder adquisitivo, mientras ven cómo sus ahorros de toda la vida están secuestrados por la estafa bancaria de las preferentes y otros productos financieros delictivos.

El gobierno del PSOE, con el apoyo del PP, modificó el artículo 135 de la Constitución para que se priorice el pago de la deuda frente a los derechos y necesidades de las personas. Lo justificaron diciendo que habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades y que había que ser austeros y, por tanto, era imperativo recortar el déficit. Sin embargo, no ha habido ningún recorte a la hora de inyectar decenas de miles de millones de euros para salvar a los bancos y especuladores.

Están aprovechando la crisis para recortar derechos. Estas políticas de recortes están causando sufrimiento, pobreza, hambre e incluso muertes y todo para que la banca y los poderes económicos sigan teniendo grandes beneficios a costa de nuestras vidas.

Porque nos han robado la libertad. Al capitalismo le sobran las libertades y los derechos de la mayoría social. Es un sistema que busca exclusivamente el beneficio privado de unos pocos y que nos lleva inexorablemente a una catástrofe medioambiental y social de alcance incalculable.

Para la mayoría social esta crisis-estafa está significando un gigantesco drama humano. Sin embargo, para una insignificante minoría supone un gran negocio. Y cuando se protesta, siempre obtenemos la misma respuesta: la represión y criminalización del sindicalismo de clase y de los movimientos sociales. Es un sistema que necesita la represión para mantenerse y que debe ser superado con la lucha en la calle.

La descomposición del régimen surgido de la Constitución del 78 se hace evidente debido a los mismos elementos presentes en su nacimiento, el cual tuvo lugar en contra del pueblo, está corroído por la corrupción y no tiene ninguna legitimidad. Los derechos y libertades nos han sido robados para favorecer los intereses de una minoría y asegurar sus beneficios, los mismos que nos han llevado a este estado de excepción social, a base de desmantelar la educación y la sanidad públicas, de reducir drásticamente las pensiones de nuestros mayores, de apoderarse de nuestras  viviendas y de cerrar empresas, y despedir a miles de trabajadoras y trabajadores.

Los distintos Gobiernos se sitúan fuera de la legalidad, convierten en negocio los derechos que tanto costaron conquistar y sustentan la corrupción, un hecho generalizado pero no independiente del sistema económico, que forma parte de la estructura misma de esta sociedad y es indispensable para su desarrollo. Tanto los corruptores como los que se dejan corromper forman parte de este sistema injusto de producción y distribución de la riqueza.

Llamamos a los pueblos a que ejerzan su soberanía, alzando su voz de abajo arriba, democráticamente, para construir un proceso constituyente que garantice realmente las libertades democráticas, el derecho a decidir y los derechos fundamentales de las personas.

Desde la MARCHA DE LA DIGNIDAD 22M, consideramos que es importante articular una movilización unitaria, masiva y contundente contra las políticas que atentan contra los derechos humanos y la justicia social.

Una movilización contra el pago de la deuda, por el empleo digno, por la renta básica, por los derechos sociales, por las libertades democráticas, contra los recortes, la represión y la corrupción, por una sociedad de hombres y mujeres libres, una movilización contra un sistema, un régimen y unos gobiernos que nos agreden y no nos representan.

Exigimos, por tanto, que se vayan. Que se vaya el Gobierno del PP y, también, todos los gobiernos que recortan derechos sociales básicos, todos los gobiernos que colaboran con las políticas de la Troika.

Por eso hacemos un llamamiento a llenar de dignidad y rebeldía la capital del Estado español, Madrid, el 22 de Marzo. Ese día llegaremos columnas de todas las latitudes de la Península a Madrid y convocamos a los madrileños y madrileñas a salir a la calle e incorporarse a esa gran movilización de la mayoría social.

¡ PAN TRABAJO Y TECHO A

LA CALLE, QUE YA ES HORA!

Carta por la Democracia*

Más de 200 personas de todo el Estado

Esta Carta nace desde un profundo malestar, pero también desde una profunda alegría. Malestar por la falta de confianza en un sistema político carente de legitimidad que desoye de manera reiterada las exigencias sostenidas por la inmensa mayoría. Alegría, por la certeza de la potencia de la movilización ciudadana, la que habla en primera persona del plural y trata de construir, para todo el mundo, una vida que merezca la pena ser vivida. Sin duda su presupuesto es el de la misma democracia: la gente, las personas, tienen capacidad para inventar otras formas de gobernarse a sí mismas y vivir en común. Este texto nace con la certeza de que las luchas de hoy son la base de la democracia que está por llegar.

Sin embargo, a pesar de las importantes movilizaciones que se han sucedido, las demandas expresadas se han visto reiteradamente desoídas. Ante este bloqueo institucional, solo cabe una salida: una profunda ampliación de la democracia basada en el control ciudadano sobre el poder político y económico. Esta Carta nace con el deseo de contribuir a este proceso de democratización. Nace con la vocación de apostar por un cambio de las reglas del juego: un cambio democrático orientado a devolver a la sociedad la capacidad efectiva de decisión sobre todo aquello que le concierne. Las alternativas a la democracia actual no son el caos o la dictadura. Es posible una democracia hecha entre todas las personas, una democracia no reducida al mero voto electoral, una democracia fundada en la participación, el control ciudadano y la igualdad de derechos.

Esta Carta nace con el deseo de contribuir a este proceso de democratización y, para ello, se presenta como un texto inacabado, abierto a su construcción permanente y a la participación de cualquiera. Esta Carta no quiere ser un programa político ni un catálogo exhaustivo de derechos, al igual que tampoco se pretende como un modelo de Estado terminado. Simplemente apunta los elementos básicos que, en una apuesta por la democratización, resultan necesarios para reconstruir un nuevo modelo institucional abierto a los deseos colectivos, las propuestas y la capacidad de autogobierno que desde hace tiempo están siendo expresados.

En definitiva, esta Carta se propone abrir un nuevo proceso de discusión que culmine en una reordenación política y económica dirigida a garantizar la vida, la dignidad y la democracia. Se presenta como contribución a la constitución de un nuevo acuerdo social, de un proceso de refundación democrática en el que las personas, los y las cualquiera, seamos los verdaderos protagonistas.

El texto se divide en cuatro partes: derechos y garantías, democracia política, democracia económica y democracia territorial.

DERECHOS Y GARANTÍAS

Una democracia digna de tal nombre exige el reconocimiento universal de una amplia constelación de derechos relativos a todos los ámbitos de la vida pública y de la reproducción social.

Esta Carta propone unas bases comunes para la definición de un nuevo sistema de derechos, derechos surgidos de las demandas y luchas de la propia sociedad, a través de sus múltiples formas de organización y participación.

Estos derechos redefinen las relaciones sociales, la producción y distribución de la riqueza y las relaciones entre los Estados nacionales, de acuerdo con una concepción del ser humano como sujeto con derecho a la autonomía pero en profunda relación de interdependencia con el espacio común que habita. En esta medida, se oponen a la concepción de los mismos como una mera atribución individual. Estos derechos deben ser reconocidos tanto desde su dimensión universal como desde su dimensión singular.

La garantía de estos derechos requiere de un marco institucional que ha de reconocer y promover el acceso a una vida política activa y democrática, el reconocimiento del derecho a la participación colectiva y directa como posibilidad real de expresión de un deseo ciudadano para poder decidir sobre todo aquello que afecte de forma significativa a la comunidad. Un marco que a su vez se haga cargo de que esa vida, la nuestra, es interdependiente y por lo tanto requiere de un sistema de protección colectiva.

El nuevo sistema de derechos debe reconocer a la sociedad misma como fuente de derecho y es por ello que se debe considerar abierto y modificable, si bien distinguimos entre los derechos universalmente reconocidos y aquellos que están en proceso de elaboración, ampliación y definición constante por la propia sociedad. Los principios básicos que inspirarán la nueva Carta con el objeto de dotarla de la mayor solidez y garantía institucional posibles son: la universalidad, la singularidad, la no regresividad, la igualdad y la suficiencia financiera.

DEMOCRACIA POLÍTICA

Los límites del actual sistema democrático no pueden resolverse desde el mismo lugar de donde surgen. Resulta pues necesario promover su refundación a fin de instituir una verdadera democracia.

La presente Carta apuesta por una democracia capaz de devolver el poder de decisión a la población sobre los aspectos fundamentales de la vida. Una democracia basada en la participación en la vida social y política, que permita decidir en común cómo queremos vivir. Esta Carta se presenta, así, como una apuesta por un nuevo acuerdo político construido de forma abierta y con la participación activa de la ciudadanía. Un acuerdo basado en el reconocimiento de la capacidad de la sociedad para organizarse, crear instituciones y gobernarse.

La construcción de esta democracia requiere de una serie de mecanismos ágiles, eficaces y transparentes articulados en distintos niveles y dirigidos tanto a profundizar en la participación directa como en el control de la delegación, vía representación, según se considere conveniente. Algunos de los mecanismos que podrían dar forma al nuevo ordenamiento político democrático son:

1. Democratización de los poderes públicos: control de la representación y reforma del sistema de representación electoral, democratización que se aplicará de manera extensiva no sólo a los poderes públicos sino también al resto de organizaciones sociales.

2. Reconocimiento y extensión de las formas de participación y democracia directa: ampliación de los instrumentos de democracia directa, reconocimiento de instrumentos de control ciudadano, desarrollo de mecanismos de deliberación colectiva en la vida pública y en todos los ámbitos relacionados con los bienes públicos y comunes.

3. La sociedad como fuente última de la Constitución y de los poderes del Estado: un modelo de constitucionalismo abierto, nuevas instituciones democráticas para la autotutela y el desarrollo de sus propios derechos.

El desarrollo de la democracia política permitirá no solo una separación real y efectiva de los diferentes poderes del Estado, sino también el control directo de la ciudadanía sobre los mismos. Por esta Carta la judicatura y los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado quedarán también sometidos a los mismos requisitos de transparencia, democratización y control ciudadano.

DEMOCRACIA ECONÓMICA

No se puede concebir una sociedad democrática sin la garantía del sustento material necesario para el de­sarrollo de una vida digna y políticamente activa. No se puede concebir una sociedad democrática sin un acceso igualitario a la riqueza.

Esta Carta se propone recuperar los recursos sociales privatizados y concentrados en pocas manos con el fin de ponerlos a disposición de un proceso democrático real. Es por ello que se requiere una completa reconsideración de las funciones de las políticas económicas a fin de implantar el principio de bienestar de las poblaciones por encima del beneficio privado, financiero y corporativo. Se trata del reconocimiento real y no solo formal de que las leyes del mercado han de quedar supeditadas a la función social de la economía.

Con el objetivo de promover la democracia económica, esta Carta considera cinco pilares básicos:

1. Democracia financiera: Auditoría Ciudadana de la Deuda, creación de instituciones de utilidad pública conformadas por los activos financieros e inmobiliarios resultantes de las sucesivas reestructuraciones.

2. Reforma fiscal: la restauración de los principios de proporcionalidad y progresividad tanto para las rentas del trabajo como para los beneficios empresariales, la aplicación de nuevas tasas a la circulación financiera y de los tipos más altos a las rentas de capital y de patrimonio, la disminución de los impuestos indirectos y al consumo de los bienes básicos y la persecución del fraude fiscal.

3. Bienes público-comunes: la aplicación del estatuto de público-común a todos aquellos bienes e infraestructuras de interés general y también a los recursos y sectores estratégicos de la economía, que no podrán ser alienables y que deberán ser administrados de forma democrática.

4. Promoción de la economía social y de la democracia en las relaciones económicas: el desarrollo de un nuevo modelo de empresarialidad basado en los principios de la economía social, el cooperativismo y el respeto al medio ambiente; todas las empresas deberán organizarse progresivamente sobre los principios de: equidad, respeto al medio ambiente, transparencia y desarrollo sostenible. Y, además, serán recogidos los principios fundamentales del derecho laboral.

5. Ampliación de la protección social, reconocimiento de la riqueza común y derecho a una existencia digna: ampliación del sistema de pensiones hasta niveles dignos y suficientes, así como la ampliación de los mecanismos e infraestructuras de apoyo al cuidado colectivo.

DEMOCRACIA TERRITORIAL

La actual crisis económica y financiera ha puesto en evidencia la debilidad de la democracia a todas las escalas, así como la fragilidad de los mecanismos de reparto de la riqueza territorial. Los dictados del gobierno financiero a través de políticas de austeridad han establecido una particular geografía de la desigualdad, precipitando a algunos países y regiones al abismo económico y social.

Esta Carta propone a discusión un nuevo acuerdo territorial a todas las escalas basado en un modelo radicalmente democrático. Parte del presupuesto de que las decisiones y la gestión de los recursos y servicios se deben desarrollar en el nivel mínimo de unidad territorial, pero también que las formas de reparto de la riqueza han de estar organizadas de forma común para garantizar la equidad entre los territorios.

El nuevo modelo de acuerdo territorial será el resultado de un trabajo de consulta democrática y cooperación entre las distintas unidades territoriales. Deberá reconocer la mayor pluralidad posible y formarse a partir del derecho de los residentes en cada territorio a decidir democráticamente la pertenencia o no a las distintas unidades territoriales.

La democracia territorial se basará en los principios de: corresponsabilidad e igualdad, subsidiariedad, autonomía y suficiencia financiera.

El desarrollo institucional de las diferentes escalas territoriales se desarrollará a partir de los siguientes fundamentos:

1. Profundización de la democracia política, el autogobierno: de acuerdo con el principio de subsidiariedad se tenderá a desarrollar la democracia local y directa a la escala más cercana a las personas: los municipios y las ciudades.

2. Reconocimiento de las distintas escalas y realidades territoriales y solidaridad entre las mismas: las nuevas formas de unión política tomarán como objetivo el rechazo de las actuales formas de competencia territorial, así como la redistribución de la riqueza en todas las escalas.

3. Escala europea: en este ámbito se establecerá una verdadera unión fiscal, presupuestaria y bancaria y así como en el Estado español, en los que serán aceptados el principio de igualdad fiscal, la existencia de un presupuesto conjunto y la redistribución de la riqueza según métodos equitativos de reparto territorial. Una nueva constitución europea deberá garantizar todos los derechos fundamentales en cada una de las partes de la Unión.

De las plazas y las redes hemos aprendido algo simple y definitivo, que cambia para siempre nuestra forma de estar en el mundo.

Hemos aprendido que sí se puede.

…………………………….

* La Carta por la Democracia es un documento abierto en el que han participado hasta ahora más de 200 personas de Madrid, Málaga, Barcelona, Zaragoza, Pamplona, Valladolid, Sevilla, Valencia… Su intención es elaborar colectivamente un texto vivo que recoja las principales demandas, anhelos y necesidades de la ciudadanía en los últimos años. El texto íntegro de la carta se puede seguir en www.movimientodemocracia.net.

Covocatoria Cívica

Laura Ruiz, Miembro de Convocatoria

El diálogo y los puntos en común: el camino de Convocatoria Cívica para la transformación social

Son muchas las propuestas que se han presentado en los últimos años para cambiar lo que estamos viviendo. Unas centradas en parcelas de la vida muy concretas –como la vivienda, la sanidad o la educación, entre otras– y otras que han ido a lo genérico, dándose cuenta de que las desigualdades están unidas en muchas ocasiones. Así hemos podido ver cómo se han creado plataformas, asociaciones e incluso partidos que muchas veces tienen muchos de los puntos en común pero luchan por separado. Organizaciones que empiezan y otras que ya tienen batallas ganadas, pero no cooperan entre ellas pese a tener el mismo objetivo.

En esta realidad nace Convocatoria Cívica, con el deseo de ser ese punto en común de todas las formaciones y asociaciones que pelean por políticas progresistas. Se trata de crear un espacio de diálogo y debate en el que se alcance la convergencia, para que al final todos los ciudadanos que apuestan por una auténtica democracia y que quieren seguir disfrutando de los derechos sociales conquistados tengan una alternativa con fuerza por la que apostar. Se trata de política, sí; pero también de activismo, de participación y, sobre todo, del bien común.

Catalizador de ideas y propuestas para la transformación social

Desde que presentó en julio de 2013 esta plataforma en Madrid y los posteriores actos como el de Sevilla, Convocatoria Cívica viene desarrollando una función de catalizador de ideas y propuestas por la transformación social. De la mano de alguno de sus promotores, como el ex director de la UNESCO Federico Mayor Zaragoza o el magistrado Baltasar Garzón, se han hecho llamamientos a la lucha frente a la corrupción, contra los grupos plutocráticos o en favor de la Jurisdicción Universal, entre otros. Economistas como Lina Gálvez, Angels Castells o Juan Torres, docentes como Carlos Berzosa, Carmen Durán o Juan Manuel Faramiñán Gilbert, o periodistas como Rosa María Artal o Jesús Maraña entre otros muchos, han querido apostar por un sendero en el que se consiga una alternativa entre y para todos y todas.

A estos nombres se unen otros de sectores muy diferentes, como el teólogo Benjamín Forcano, los escritores Almudena Grandes y Luis García Montero o nombres de la política y el sindicalismo como Gaspar Llamazares, Antonio Gutiérrez o Rodolfo Benito.

 Voluntades que se unieron en un contexto de recortes en el Estado de Bienestar, de crisis económica y de valores y en punto de inflexión donde la mayoría absoluta del Partido Popular no quiere escuchar lo que la ciudadanía reclama en la calle. Como el propio manifiesto reclama: “Queremos que España sea de la gente común y que nos gobiernen políticos identificados con las personas honradas y bien preparadas que día a día, a base de decencia y eficacia, sacan adelante nuestra sociedad, los centros educativos, los hospitales, las empresas y la vida de millones de familias”.

Formalizar la unión

Para llevar a cabo esta tarea hemos decidido formalizar Convocatoria Cívica con la forma jurídica de asociación, lo que nos permitirá seguir recogiendo y de­sarrollando propuestas de cambio y ser punto de reunión para todos los que buscamos la transformación social. Y somos muchos. Así lo ha demostrado el enorme respaldo que ha cosechado Convocatoria Cívica desde que se presentó el manifiesto, documento firmado ya por 9.000 personas.

El deseo de involucrarse de muchas personas ha hecho que tengamos ya 600 voluntarios repartidos por todas las comunidades autónomas e incluso fuera de España. Con este paso dado, al constituirnos como asociación buscamos tener una infraestructura que nos permita llegar a más gente, no sólo de manera virtual sino también en la calle.

Gracias a los más estrechos colaboradores y promotores hemos podido definir nuestra propuesta de la siguiente manera:

Constituimos la ASOCIACIÓN Convocatoria Cívica, cuyos fines son de­sarrollar, promover y apoyar ideas, proyectos y políticas desde una posición ideológica progresista, entre otras: trasparencia de la gestión pública; la participación activa de los ciudadanos en la vida política; la promoción de políticas económicas sociales y desarrollo sostenible; la lucha contra la pobreza y exclusión social; igualdad entre todas las personas; la promoción de la Justicia Universal; una revisión de las instituciones europeas profundizando en la unión social y política; refuerzo de las relaciones entre los países de Iberoamérica; el avance en Memoria Histórica y el fomento de la unidad entre asociaciones, movimientos o plataformas con los mismos fines.

Por Un Mundo + Justo

Miguel Ángel Vázquez, candidato a las europeas

La ley es como la serpiente, sólo muerde a los que van descalzos. La frase, expresada por Óscar Romero hace ya más de treinta años, sigue de plena actualidad, tiene toda su vigencia. En este mundo confuso y desigual que hemos construido, las leyes nos siguen sirviendo para aprovecharnos de los más débiles, de los desprotegidos, y exprimirles hasta la última gota de sus recursos, cuando no de su sangre.

Nuestro mundo parece apoyarse en una lógica mediante la cual el Norte (ya no únicamente el geográfico) necesita devorar al Sur (quizá ya hoy los sures) para seguir creciendo a cualquier precio en su escalada constante de avaricia. Para ello, crea códigos, sistemas económicos, filosofías, organismos supranacionales y sistemas de control que velen para que su conciencia quede no sólo intacta, sino debidamente justificada. Mientras, los empobrecidos y empobrecidas de la tierra no pueden más que asumir lo que los enriquecidos a su costa les dictan. A los pueblos oprimidos del mundo no les queda otra que resignarse a unas normas de juego que se deciden fuera de sus fronteras y sobre las que ellos no pueden votar ni expresar su voz.

En ese contexto, hará el próximo mes de abril 10 años, nació de la mano de unos soñadores el partido Por Un Mundo + Justo. De la cabeza de Antonio Sieira, participante del movimiento de acampadas por el 0’7% en Madrid, surgió la idea de traspasar las reivindicaciones de las organizaciones y movimientos sociales que exigían el fin de la pobreza al plano político. Crear un partido que pudiera servir de herramienta a estos y que tuviera como fin específico erradicar las causas de la pobreza desde la mesa donde se tomaban las decisiones que afectaban a los más desfavorecidos. En menos de tres meses se presentarían a sus primeras elecciones europeas sin casi recursos y con una campaña sencilla que obtuvo unos resultados sorprendentes: más de 10.000 votos en todo el Estado. Esta inesperada reacción de los votantes, muy por encima de las expectativas iniciales, motivó a las primeras personas reunidas en torno a este proyecto a seguir trabajando por él y haciéndolo crecer hasta llegar a ser lo que hoy somos.

Mucho hemos crecido desde entonces y muchos son los nombres y los rostros que se han ido sumando a este sueño de justicia. Por el camino nos hemos presentado a todos los comicios que se han ido sucediendo desde entonces logrando esperanzadores resultados, como los más de 126.000 votos al Senado alcanzados en la anteriores Generales. En todo este camino, nuestros programas, nuestras propuestas, nuestros comunicados y nuestras denuncias han seguido respondiendo a un mismo mensaje: El fin de la pobreza es una decisión política.

El partido Por Un Mundo + Justo aspira a ser el altavoz de las reivindicaciones del Sur. La voz y el voto de sus intereses en las políticas que terminan rigiendo sus destinos y se deciden tan lejos de sus fronteras. Ese Pepito Grillo que le recuerde a la sociedad española y europea que no podemos crecer si es a costa de nuestros hermanos y hermanas del Sur y que la defensa de los Derechos Humanos sólo es real cuando se aplica a todos por igual, sin importar procedencias ni fronteras pintadas sobre un mapa.

Para lograr una justiciabilidad real de esos Derechos Humanos y no quedarnos simplemente en la utopía (necesaria) de los mensajes, hemos trabajado a lo largo de todo este tiempo por presentar alternativas reales y factibles basadas en la coherencia de políticas y en un paradigma económico que se apoye en la prosperidad compartida. Dentro de nuestras campañas más activas se encuentran el desarrollo anual de los Presupuestos Justos del Estado, el impulso de la plataforma Transparencia x la Paz contra el comercio de armas y la redacción de la Carta de los Derechos Sociales que busca hacer exigibles judicialmente para todos los habitantes del planeta lo que hasta ahora sólo son principios jurídicos como el derecho a la vivienda, al trabajo, a la educación o a la salud.

Actualmente nos hallamos inmersos en un proceso que está resultando muy emocionante y enriquecedor. Una de nuestras metas principales como partido, aparte de la ya expresada, es ni más ni menos que desaparecer. Así es, no ha leído mal: desaparecer. Desaparecer porque nuestra función se haya visto cumplida en la tierra. Desaparecer por no ser ya necesarios. Desaparecer porque la lucha contra la pobreza y por los derechos del Sur no sea una reivindicación de un partido alternativo sino de toda la sociedad consciente y esperanzada. Desde esa perspectiva de renuncia a cualquier tipo de ego, y entendiendo nuestras siglas y estructura como un medio para un fin, estamos trabajando durante estos meses en un proyecto de coalición junto a los partidos Equo y Compromís con la intención de llevar una propuesta conjunta a Europa. Una alianza de partidos afines que, desde la base de la necesaria unidad para luchar por el mundo más justo que ansiamos, cobre fuerza en las próximas elecciones europeas para lograr que se escuche con fuerza la voz de los empobrecidos y las empobrecidas en Estrasburgo.

Para ello, y como viene siendo nuestra costumbre desde el principio, queremos seguir siendo herramienta abierta en manos de todas las personas y organizaciones que llevan años luchando por esta causa justa. Es por este motivo que me atrevo a aprovechar estas letras para invitaros desde este preciso instante a hacernos llegar vuestras reivindicaciones concretas y propuestas si así lo veis conveniente. Queremos seguir haciendo este camino juntos, cada uno desde su trinchera, enriqueciéndonos de nuestras particularidades y experiencias.

Comenzaba este texto ubicando el nacimiento del partido en un mundo “confuso y desigual”. No quiero terminarlo sin remarcar su posicionamiento claro en ese Otro Mundo Posible. Un mundo de esperanza. Un mundo necesario. Un mundo que, desde la lucha común, será un mundo más justo.

Un abrazo cargado de revolución y poesía.

Red Ciudadana Partido X

www.partidox.org

La Red Ciudadana Partido X se define como un pacto ciudadano de mínimos, basado en la lógica y el pragmatismo, que trabaja mediante la colaboración en red, una forma cooperativa, respetuosa y efectiva de hacer las cosas.

Surgimos como un grupo de ciudadanos organizados que nos hemos cansado de que la clase política nos dé la espalda, legislando en contra del sentir popular y del bien común. Ante ello, nuestra iniciativa aborda la necesidad de cambiar esta dinámica y dar respuesta a los problemas que estamos sufriendo de una manera efectiva.

Mucha gente sigue preguntándose si realmente somos un partido de verdad. La respuesta es sí… aunque podemos explicarlo. Y es que nuestra misión es cubrir uno de los frentes de batalla que tiene ante sí la sociedad civil organizada y que se nos venía atragantando hasta ahora: el frente electoral. El objetivo es claro: permitir que la ciudadanía sea soberana sobre gobiernos e instituciones, de modo que las propuestas de amplio consenso surgidas del saber experto de la sociedad civil se lleven a cabo sin sufrir el bloqueo al que actualmente las someten nuestros gobiernos.

En definitiva, el instrumento administrativo del partido existe en el Registro de Partidos Políticos del Ministerio de Interior para poder concurrir a unas elecciones, pero la manera de funcionar, el trabajo, la toma de decisiones, etc., son los propios de la Red Ciudadana.

Para conquistar la democracia del siglo XXI, la democracia que nos merecemos, la Red Ciudadana Partido X ha creado el programa “Democracia y Punto”, que establece cuatro mecanismos con los que recuperar la soberanía ciudadana y el control de las instituciones, y que sirve además de hoja de ruta para nuestro propio trabajo interno. Transparencia en la gestión pública, control ciudadano del gobierno y el poder legislativo ciudadano -lo que llamamos Wikigobierno y Wikilegislación-, derecho a voto real y permanente y referéndum vinculante. Estos cuatro mecanismos en su conjunto permiten a la ciudadanía mantenerse informada, tomar decisiones y participar en los asuntos públicos que le afectan. Así, se acaba con la corrupción y se permite que dejemos de ser los que sufrimos los problemas, para empezar a ser quienes los solucionamos.

“Democracia y punto” es un modelo democrático único que, implementado en su totalidad, garantiza una verdadera democracia. Dicho modelo ha sido creado a partir del reconocimiento de las herramientas y mecanismos más avanzados utilizados de manera efectiva en otras partes del mundo. Y es que no hay que partir de cero ni reinventar la rueda a cada paso: las soluciones que necesitamos ya están creadas y trabajadas por expertos de la sociedad civil y de la comunidad científica, siempre bajo la pertinente vigilancia de ciudadanos competentes. En otras palabras, la Red Ciudadana no representa una solución en sí misma, sino un catalizador de soluciones basado en un método riguroso y eficaz.

En cuanto a la organización de la Red Ciudadana, hay que subrayar que frente a los consabidos modelos horizontales o verticales, no­sotros funcionamos en red, lo que nos permite un crecimiento robusto y escalable, a la vez que nos permite ser eficaces en la toma de decisiones y conseguir objetivos con precisión y en tiempos razonablemente cortos.

En cuanto a nuestro método de trabajo, se basa en dos normas básicas a la par que sencillas: la participación secuenciada y la federación de competencias. La primera permite la secuenciación y calendarización del trabajo para marcarnos objetivos abordables y cumplirlos; la segunda se apoya en el reconocimiento entre iguales de la diversidad de capacidades, lo que permite que a cada tarea se dediquen aquellos que la propia red reconoce como más válidos. Lo que más importa son los hechos, no los nombres. Por eso, aunque siempre habrá caras, no se reconocerá entre nosotros a ningún líder carismático, sino a ciudadanos reconocidos por su trabajo, por sus competencias, por lo que saben hacer.

El pasado 24 de febrero presentamos en Madrid las herramientas con las que la ciudadanía podrá decidir su futuro, también en Europa, tras una gira que nos llevó por 15 ciudades en la que compartimos con toda la sociedad el trabajo realizado durante el último año.

Igualmente hemos abierto la adaptación de nuestro programa y hoja de ruta a las competencias y agenda europea para que cualquier ciudadano pueda enmendarla; hemos explicado las condiciones con las que trabajará un eurodiputado de la Red Ciudadana, equiparando su salario al del resto de la población; y hemos puesto en marcha un proceso de confección de listas verdaderamente abiertas, invitando a todos los ciudadanos a proponer quiénes desean que sean sus representantes.

También hemos lanzado el “Manual de uso para la Democracia del Siglo XXI”, un libro blanco donde sintetizamos los contenidos (procedentes de la condensación de las mejores propuestas de la sociedad civil y posteriormente enmendados por la ciudadanía) y el método de trabajo de la Red Ciudadana Partido X, partiendo de Democracia y Punto hasta llegar al Plan de Emergencia para Salir de la Crisis y a todas las Soluciones a Emergencias Concretas.

En nuestra web se puede encontrar información detallada de todo lo expuesto brevemente aquí: por qué surgimos, cómo funcionamos, la hoja de ruta, los contenidos recogidos en el manual y, en definitiva, todo el resultado de un trabajo que nos permite situar la Red Ciudadana Partido X como una evolución de la política convencional a la altura de la democracia que queremos para el siglo XXI.

Podemos, el eterno retorno de los Derechos Humanos

Pablo Iglesias, Secretario General de Podemos

 

«La victoria del fascismo no sólo es la ruina del movimiento socialista, es el fin del cristianismo en general, salvo en sus formas más degradadas. […]

 

El fascismo es aprobado como la salvaguarda de la economía liberal. La convicción común de los fascistas “intervencionistas” y “liberales” es que democracia conduce a socialismo. […] El capitalismo y la democracia han llegado a ser incompatibles entre sí; y los socialistas de todas las corrientes denuncian la embestida fascista contra la democracia como un intento de salvar por la fuerza el sistema económico actual.

 

Básicamente hay dos soluciones: la extensión del principio democrático de la política a la economía o la completa abolición de la “esfera política” democrática.»

 

Kar Polanyi, La esencia del fascismo, 1935[1]

 

En este texto de 1935, durante la otra gran crisis económica y política que, junto con la actual, conectan un siglo de historia europea, Polanyi explicaba con claridad que el fascismo es la solución adecuada a toda gran crisis del capitalismo: cuando éste se revela como radicalmente incompatible con la democracia, mientras que ésta en su desarrollo conduce inevitablemente al socialismo, entendiendo por tal la puesta en práctica de unos “derechos naturales” del hombre, compartidos tanto por el socialismo como por el cristianismo. El capitalismo puede convivir con una democracia adulterada; si la ciudadanía (siempre, según Polanyi, espontáneamente socialista allí donde echó raíces sociológicamente el cristianismo) exige una democracia real, política y económicamente real, entonces el capitalismo recurre al fascismo. Cristianismo y socialismo son, pues, la versión teológica y la atea del respeto incondicional por la dignidad humana y el carácter innegociable (insobornable a consideraciones “superiores”, históricas, económicas, técnicas, etc.) de los Derechos Humanos.

Aquélla fue la enseñanza legada por la Europa antifascista, principio de nuestros llamados “estados del bienestar”, con derechos políticos y sociales garantizados. Una Europa que ya no se reconoce en la actual, convertida en una cárcel crecientemente totalitaria donde democracia y derechos humanos son sacrificados en el altar tecnocrático de una economía independiente de nuestras necesidades y derechos.

Podríamos decir que son dos los datos fundamentales de nuestro tiempo político, a partir de los cuales nos es posible pensar y actuar. Se trata de dos datos indiscutibles y preeminentes, si bien el sentido, calado y peso específico que se les otorgue es ciertamente interpretable. El primero es la crisis del régimen del 78, la quiebra de la legitimidad del consenso político de la Transición. El segundo es el anticapitalismo espontáneo de los pueblos, que en España podríamos denominar el “dato 15m”.

La crisis de régimen es, como poco, doble. Por un lado nos encontramos con la incapacidad material del mismo para garantizar dignamente el sustento de sus ciudadanos, condenados a la miseria, el paro y la precariedad. Por otro, con la radical pérdida de legitimidad sufrida por la erosión, corrupción y contradicción estructural de las instituciones de la vieja política heredadas del consenso de la Transición (partidos, administración, sindicatos, etc.), postradas ante otras instancias radicalmente antidemocráticas que se han revelado como la sede real de la soberanía política: los poderes financieros y la Troika. Nos encontramos pues, según este dato, ante un momento político estrictamente excepcional, un momento destituyente.

El “dato 15m” constituye el hecho político más novedoso y fundamental de las últimas décadas, el punto de apoyo de la palanca de la nueva política, sin el cual nada sería posible. No es sino la enésima expresión histórica (al menos desde que fue redactada la primera Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano) de que si la ciudadanía toma la palabra, siempre lo hace de un modo espontáneamente anticapitalista, un hecho subterráneo de gran calado, que la izquierda no siempre ha sabido interpretar y anticipar 2. Consiste en cierto movimiento geológico, completamente lúcido, del sentido común ciudadano por el cual hoy en día preguntas como “¿Cree usted que habría que nacionalizar los bancos y ponerlos al servicio del interés general?” son respondidas afirmativamente por un 80% de la población, con independencia de los símbolos políticos con los que se identifiquen. Este dato nos da un contenido real con el que caminar hacia un momento constituyente.

Un momento político como el actual requiere audacia, y ello en un sentido muy preciso: los viejos significantes pierden vigor, y es preciso anticiparse y pelear los nuevos. Los nuevos significantes (símbolos) sólo se pueden constituir desde significados (principios, contenidos) más altos. En un momento político normal, se disputa por ejemplo una ley orgánica, en el marco de un régimen político sólido. En dicha disputa es fácil distinguir la izquierda (quienes pelean por lo universal, por la realización de los principios) de la derecha (quienes desde cierto realismo apuntalan los intereses de una parte). En un momento político anormal, en cambio, el régimen se desmorona y las pequeñas disputas desembocan invariablemente en una apelación a los grandes principios morales, puesto que ni las leyes ni la Constitución misma garantizan lo que pretenden.

Por ello los DDHH siempre retornan históricamente como bandera. Son la expresión que en la modernidad toman los procesos de emancipación, de empoderamiento colectivo y dignidad ciudadana, de ese sentido común moral de la humanidad que siempre es una tarea pendiente que exige realizarse.

De algún modo, la historia efectiva de los Derechos Humanos, como primer gran marco moral secularizado, legado por la Ilustración, concede una importante enseñanza para la izquierda: el fondo moral de la pedagogía política que la izquierda pretende hacer entre la ciudadanía en momentos de quietud política, cuando la tarea de la izquierda es defender ciertas ideas contra la ideología dominante, estalla de una manera redonda y recurrente en cada momento y lugar que un pueblo asume las riendas de su propio destino, empoderándose políticamente y tomando conciencia radical de su dignidad y su libertad.

Por ello no hay que tener miedo al pueblo. Por ello la izquierda tiene que reconocerse en su más alto significado y no en sus significantes, y reconocer que es ella la que ahora tiene que ser arrastrada por el empoderamiento ciudadano. La unidad de la gente es más importante que la unidad del “significante izquierda”, o mejor dicho: la unidad democrática contra la tecnocracia neoliberal es pues el “significado izquierda”. Dicen que, precisamente, una gran diferencia entre Robespierre y el resto de diputados era que él hablaba la lengua del pueblo, porque era del pueblo, un pueblo que al escribir los DDHH no pretendía estar inventando nada particularmente “francés” sino “recordando” unos derechos “olvidados” durante siglos, válidos para todo momento y lugar. Sólo una audacia tal puede hoy prepararnos para ganar. Y cuando lo que está en juego en cómo se salga de esta crisis es nuestro futuro entero, cuando la historia nos ha enseñado que el capitalismo no sabe salir de su propia zancadilla sin una solución fascista (que hoy se presenta como el imperio de las decisiones meramente técnicas, presuntamente no ideológicas, contra el reino de la política y los DDHH), entonces ganar es una necesidad. Por todo ello hoy Maquiavelo y Kant se dan la mano. Debemos ganar, y Podemos.

 


[1] Polanyi, Karl. La esencia del fascismo. Trad. De César Ruiz, ed. Escolar y Mayo, Madrid, 2014.

[2] Santiago Alba Rico lo expresa con toda claridad en su nuevo libro ¿Podemos seguir siendo de izquierdas? Panfleto en sí menor. (Madrid, Pollen ed. 2014): «La izquierda no ha sabido defender el programa anticapitalista de la mayoría mientras la derecha capitalista, que lo traiciona y lo hace imposible, se apropia siempre sus votos. Hay gente que se cree de izquierdas y que es de derechas y gente que se cree de derechas y que es de izquierdas. Esta es la mayor parte de la gente. El problema es que votamos con lo que creemos que somos y no con lo que somos realmente».

Objetivos políticos del 15 M

Carlos Pereda y Felipe Aguado, Asamblea de Tetuán (Madrid)

El 15M surgió como un movimiento netamente político que apuntaba a los núcleos del poder (políticos, banqueros, mercados), identificados como el origen de la crisis y sus principales beneficiarios. Sin embargo, ya en la acampada de Sol de mayo de 2011 el debate político se escindió en dos comisiones, llamadas de “corto” y “largo” plazo. La primera se centraba en el cambio de la ley electoral, la reforma fiscal y de la banca, la defensa de los servicios públicos, etc.; la segunda abordaba la necesidad de cambios económicos y políticos más profundos, como la autogestión de la producción y el consumo, o la democracia participativa de base asamblearia.

Casi tres años después la confrontación se mantiene y, tal como reconoce el propio movimiento, “hay dos líneas de trabajo abiertas (reformismo o cambio radical del sistema)… estamos en un cierto bloqueo que hemos de resolver si queremos mantenernos y progresar como 15M” (Balance y perspectivas del 15M). La Asamblea general que tuvo lugar en Sol el 25 de mayo de 2013, con la participación directa de 21 asambleas de barrios y pueblos, constataba este “bloqueo” y, a la vez que aprobaba por consenso el documento de Balance y perspectivas del 15M, tomaba la decisión de abrir un nuevo proceso de debate en torno a los objetivos políticos del 15M. Un debate todavía no concluido pero que avanza a buen ritmo.

El método de trabajo está siendo horizontal a partir de las asambleas que quieren participar en el seno de la APM (Asamblea Popular de Madrid). El primer paso fue consensuar un guion de trabajo que finalmente se redujo a tres puntos: 1) ámbitos de acción más urgentes en la sociedad actual; 2) objetivos, estrategias y medidas concretas para avanzar; y 3) herramientas y aliados a tener en cuenta.

La mayoría de aportaciones aspiran a integrar los objetivos globales de transformación social y lo que se puede hacer ahora mismo, o sea, superar la tradicional distinción entre objetivos a corto y largo plazo. Se prefiere hablar de “objetivos políticos” sin más. Este cambio implica la necesidad de plantear en las luchas concretas actuales los objetivos globales. Evidentemente no en el sentido de la revolución total ya, sino en el de impregnar las acciones concretas que se realizan en el día a día con los objetivos utópicos a los que se aspira: en el plano de las acciones, procurando que sean asamblearias; en el plano de los contenidos, procurando que se descubran las causas reales de los problemas; en el plano de la organización, procurando que las formas de lucha sean horizontales e igualitarias.

La acción política se plantea a la vez como cambio social en beneficio de la mayoría y como proceso de educación y emancipación de las personas: vivir ya la solidaridad, el apoyo mutuo, la amistad, poniendo a las personas por encima de todo. Por eso, al plantear los objetivos políticos, no se trata de hacer un listado de reivindicaciones sin más, que las puede hacer cualquier organización política de izquierda, sino de enmarcarlas en unos objetivos de fondo que dibujan un escenario alternativo de sociedad, tal como consensuaron todas las asambleas en el documento Balance y Perspectivas:

 * “Un modelo económico, de propiedad colectiva y autogestión comunitaria de los bienes de producción, distribución y consumo, que elimine la acumulación de riqueza y la especulación, y asegure las necesidades universales de las personas de forma sostenible.

 * Un modelo social que no permita las relaciones de dominación entre personas o grupos, no jerarquizado y basado en la construcción de empatía emocional, de cooperación y de autodeterminación.

 * Un modelo político, igualmente horizontal, basado en relaciones entre iguales, con participación colectiva y toma de decisiones directa (sin representación ni delegación de poder) y por tanto fundado en la organización asamblearia.

*  Un modelo orientado al de­sarrollo del conocimiento, el pensamiento autónomo, crítico, científico y la formación cultural, en armonía con el medio ambiente”.

Un punto controvertido en el proceso de debate ha sido la participación en procesos electorales. Las asambleas de San Blas/Canillejas, La Elipa y La Conce plantearon abrir la discusión en julio de 2013 y propusieron al resto, a través de la APM, debatir un manifiesto en apoyo de “un bloque electoral contrario a las políticas desarrolladas por el bipartidismo… con el objetivo de abrir una esperanza para la mayoría social de nuestro país”. La reacción de las asambleas fue muy tibia. Después de cuatro sesiones de intercambio, que se pueden seguir con detalle en las actas de la APM, sólo dos asambleas (Fuenlabrada y Hortaleza) apoyaron debatir el manifiesto; siete lo rechazaron (Lavapiés, Malasaña, Lucero, Retiro, Moratalaz, Carabanchel y Villa de Vallecas); y otras siete plantearon disensos propositivos (Chueca, Vicálvaro, Tetuán, Plaza de Dalí, Villalba, Las Rozas-Las Matas y Barrio del Pilar). Finalmente, se decidió trasladar el tema al debate que se estaba iniciando sobre los objetivos políticos del 15M.

En el polo opuesto a construir propuestas políticas organizadas desde el 15M se sitúa una de las asambleas de Malasaña que defiende el “ejercicio directo y sin intermediarios de todos los derechos políticos”. No haría falta proponerse metas políticas comunes ya que el pueblo lo hace desde sí mismo en las propias luchas. Una orientación “espontaneísta” de la acción política, próxima a la defendida en el entorno de la Asamblea General de Sol, que es poco compartida entre las asam­bleas que participan en la APM.

La mayoría plantea la necesidad de comprender la política y actuar en consecuencia, lo que requiere trabajar un proyecto político coherente y alternativo, tal como intentan los textos que se están presentando en el debate de “objetivos políticos”. En este marco, que implica la acción a corto plazo pero con un horizonte de cambio global, el fenómeno electoral se va entendiendo como un elemento más de la destrucción política de los desposeídos. En las elecciones no se dirime el poder sino el sometimiento de los pobres a estructuras de control social, político e ideológico de los poderosos de verdad. Como se ha visto en el abordaje de la crisis que estamos viviendo, los gobiernos son meros virreyes del poder financiero mundial. Por ello no se plantea la construcción de una plataforma electoral propia del 15M y se critican como oportunistas algunas candidaturas que difuminan la crítica necesaria y obstaculizan la lucidez del pueblo.

La actuación en el campo político debería ponerse como objetivo principal la construcción de organizaciones de poder popular y no de plataformas electorales. No obstante ello no impide que se puedan analizar en el aquí y ahora propuestas electorales concretas y que se pudiera optar por apoyar a alguna con un voto que podría denominarse de “defensa”, pero siempre en el marco de un proyecto político propio y coherente, cuyo eje sea la democracia directa.

Marea ciudadana, un movimiento inclusivo

Mariano Aragonés, Representante de ATTAC

Inclusividad. Es la principal característica de la Asamblea Marea Ciudadana, donde caben desde veteranas organizaciones de la sociedad civil hasta movimientos en lucha por sus derechos laborales y sociales. La Asamblea no veta a ningún colectivo, siempre que cumplan los principios de horizontalidad democrática y respeto a las opiniones de los demás.

Otra característica es la articulación. Es cada vez mayor el número de grupos que se incluyen. Por supuesto faltan muchos, y algunos de los que faltan tienen fuertes discrepancias con Marea Ciudadana, que se han puesto de manifiesto en más de una ocasión. Pero poco a poco, creo, caminaremos hacia la unidad. Al fin y al cabo, sólo han pasado tres años desde la primera gran manifestación de oposición ciudadana al neoliberalismo y su ataque contra la ciudadanía y sus derechos, aquel 15 de mayo de 2011 que supuso la extensión de la práctica de la democracia directa.

Marea Ciudadana se constituyó a principios de 2013 con el objetivo de organizar la manifestación del 23 F cuyos lemas definen sus principales objetivos: “Por nuestros derechos y libertades… Contra el golpe a la democracia… No a la represión”. Más adelante se organizaron amplias manifestaciones contra la Troika (1 de junio del mismo año) y en defensa de lo público (23 de noviembre). Ya en 2014 se ha organizado a nivel estatal otra movilización el 23 F, que ha sido más modesta que el año anterior pero que ha significado la consolidación y el reconocimiento de Marea Ciudadana a nivel estatal.

En su primer encuentro estatal la Marea acordó como principales compromisos de acción la justicia social y ambiental; la transparencia y la democracia participativa; la defensa de unos servicios públicos y universales; y la auditoría ciudadana de la deuda. Más allá de desacuerdos puntuales, en algunos casos importantes, pero que se pueden considerar normales en la naciente democracia participativa, esos compromisos obtienen un amplio consenso.

Marea Ciudadana es el conjunto de las organizaciones de todo tipo que participan en la Asamblea. Por supuesto, hay luchas que nos afectan de forma general como las de la sanidad y la enseñanza, la oposición a la ley de seguridad ciudadana, la reforma laboral que ha supuesto empobrecimiento de salarios y pérdida de derechos, la conversión de la deuda en una especie de cruel dios, el dominio de la economía financiera sobre la economía real, la instrumentalización de los cuerpos femeninos que supone el proyecto de ley del aborto, el olvido de los crímenes del franquismo, los recortes sobre el gasto público en cultura…

 Y también hay luchas particulares, pero que también nos afectan a todos, por pura solidaridad: la de los trabajadores de Coca Cola, amenazados con el cierre de cuatro plantas embotelladoras y el correspondiente ERE, la de los trabajadores del Centro de Transfusiones de la Seguridad Social, amenazados de despido, por la entrega de esta actividad a Cruz Roja. Por cierto, una entrega que supone el pago de millones de euros que ahora no hay que desembolsar. También la batalla de los trabajadores de Telemadrid para evitar el cierre, o la entrega por cuatro perras a un grupo privado; la de los bomberos del Ayuntamiento y de la Comunidad de Madrid, recortados y ninguneados por los responsables políticos, etc. Estos y otros grupos han participado activamente en las manifestaciones de Marea Ciudadana, portando sus pancartas y reclamando sus reivindicaciones.

Marea Ciudadana reúne y amplifica todas y cada una de estas luchas por los derechos de la ciudadanía. Los últimos ejemplos han sido la manifestación contra la ley del aborto de Gallardón el 8 de marzo, el acto de la Plataforma en Defensa de la Cultura el 9 del mismo mes y la Marcha de la Dignidad del 22 de marzo. Además de la difusión a través de los instrumentos de comunicación de la Marea, cada uno de sus grupos participantes difunde la información de los demás. Solidaridad y multiplicación del mensaje. Inclusividad y articulación. Son conceptos que definen Marea Ciudadana, y que impregnan su actividad.

Hay mareas en muchas ciudades de España y una asamblea estatal que tiene sus reuniones presenciales en Zaragoza pero que sobre todo se reúne virtualmente utilizando mumble. La asamblea virtual está organizada en dos grupos: coordinación-extensión y comunicación. Del grupo de comunicación forman parte representantes de Asturias, Cartagena, La Rioja, Madrid, Navarra, Zaragoza, Murcia, Palencia, Teruel y Granada.

Cada Marea establece su calendario de reuniones. Lo normal es cada tres o cuatro semanas. En las fechas próximas a una convocatoria de manifestación los encuentros son semanales y, excepcionalmente, se duplican en una semana.

Existe una sensación compartida de que la inmensa mayoría de los ciudadanos y ciudadanas está sufriendo un golpe de estado aparentemente incruento, perpetrado por la muy minoritaria clase dominante, que no dirigente, aprovechando los instrumentos formales que les proporciona el sistema democrático. Democracia para ellos –Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, Unión Europea, gobiernos nacionales, comunitarios, municipales, grandes empresas financieras e industriales multinacionales–, dictadura para el 99% de las personas.

La nueva política hecha en y desde los movimientos sociales

Montserrat Galcerán, Universidad Complutense y Universidad Nómada

Vivimos un momento de cambio de ciclo. La crisis, que se inició como una crisis financiera en 2007, se ha transformado en una crisis económica amplia que afecta al sistema productivo en varios países europeos y se acompaña de una crisis política e institucional. En esta situación no basta con elegir “buenos gestores”, aun en el caso de que tal cosa fuera posible, sino que tenemos que encontrar nuevas vías para proteger a las empobrecidas poblaciones actuales y revertir el exceso de poder de las elites gobernantes. Y aunque avancemos a tientas, esto es justamente lo que estamos haciendo: explorar formas organizativas nuevas y promover los cambios insoslayables en la comprensión de la política que nos permitan reforzar el poder colectivo. Para ello tenemos que cuestionar un sinfín de prejuicios.

El cuestionamiento de la distinción entre lo “económico” y lo “político”: de la economía política a la política económica

Los discursos tradicionales sobre la estructura de la sociedad capitalista suelen establecer una fuerte distinción entre el ámbito de “lo económico” y el ámbito de “lo político”, de tal manera que el primero atendería a la producción de los bienes y servicios que, intercambiados por el mercado, sirven para cubrir las necesidades de las personas mientras que el segundo tiene que ver con aquellas cuestiones que afectan al conjunto de los ciudadanos que habitan un mismo territorio y son responsabilidad del Estado. Mercado y Estado se conciben teóricamente como esferas separadas con sus lógicas específicas: la del dinero y la del poder.

Sin embargo esta distinción nunca ha sido una realidad constatable. Los historiadores nos indican que ni siquiera cabe encontrar esta separación en el despegue acelerado del capitalismo hace ya más de dos siglos. La crisis reciente y las políticas económicas con los múltiples rescates de que han sido objeto las corporaciones financieras ilustran, de nuevo, la tesis de que política y economía discurren en cercanía y que la capacidad del mercado para “auto-regularse” no es más que una utopía liberal imposible. Otra cosa es qué tipo de política económica se precisa para garantizar buenas condiciones de vida en un marco global.

En la segunda mitad del siglo pasado la introducción del Estado del bienestar inauguró una forma no liberal de política económica. Como resultado de las guerras mundiales, temerosas de los acontecimientos en la Europa del Este y en cierta forma aleccionadas por el modelo americano puesto en marcha con el New Deal, las elites europeas aceptaron formalizar el llamado Estado del bienestar, cuya implantación coincidió con el acceso a las instancias de gobierno de los Partidos Socialdemócratas en diversos países. No es cosa de señalar punto por punto las distintas variables que inciden en su puesta en cuestión. Baste decir que ya desde finales de los 80 y con mayor radicalidad si cabe con el Consenso de Washington (1990) se pone en marcha una estrategia neoliberal que ha resultado triunfante. En él se adopta un listado de tareas y objetivos que, aunque al inicio, según afirma uno de sus protagonistas, John Williamson en A short History of the Washington Consensus, estuvieran dirigidas solamente a resolver el problema de la deuda en los países latinoamericanos, han acabado por adoptarse como receta general en todos los países.

Estas tareas son: “disciplina fiscal, reordenamiento de las prioridades del gasto público, reforma impositiva, liberalización de las tasas de interés, introducción de una tasa de cambio competitiva, liberalización del comercio internacional, liberalización de la entrada de inversiones extranjeras directas, privatización, desregulación, derechos de propiedad” 1#. Su implementación coincidió con la llamada “globalización”.

Pero la creación del “mercado global auto-regulado” de dimensiones planetarias en la década de los 90 no fue dejada a su propio albur sino que fue acompañada por el reforzamiento de espacios supra-nacionales o regionales y por las agencias internacionales, de todos conocidas, que aparecen como los nuevos gestores globales: el FMI, BM, OMC, OCDE, el G-8, luego G-20 y, en nuestro contexto, la propia 2 Unión Europea#. Entre uno de sus primeros críticos cabe mencionar a Samir Amin cuando señaló que “la disimetría entre el mercado global y la permanencia de los Estados nacionales hace que haya desaparecido cualquier coincidencia entre los conflictos y compromisos de clase, por un lado, y la política por el otro” 3#.

A varios años de distancia, diversos autores juzgan este proceso como “una transferencia de poder a esferas más altas” 4#, o como un “salto de escala” 5# que deja la política económica en las manos de una combinación de gestores nacionales e internacionales, inaugurando una época de dominio indiscutido de los intereses capitalistas a escala mundial. Como dijeran G. Arrighi, T. K. Hopkins e I. Wallerstein en un libro ya relativamente antiguo, este proceso sólo se puede analizar como “una escalada estratégica de la lucha de clases efectuada por el capital” 6.

Su consecuencia ha sido un complejo desplazamiento de la confrontación entre capital y trabajo que pasa a desarrollarse sobre el espacio planetario. Esto dificulta las negociaciones a nivel territorial-nacional y a nivel local, y refuerza el chantaje patronal. A su vez, con la financiarización aumenta el poder de los inversores y accionistas que imponen sus condiciones a la rentabilidad de las empresas 7.

El proceso de endeudamiento de muchos Estados actuales como resultado de las políticas de salvamento de las corporaciones financieras en los primeros años de la crisis agudiza todavía más la situación. Pero desmiente la tesis sobre la división entre “lo económico” y “lo político” anteriormente mencionada: las decisiones de salvar la Banca y de hacerlo sobre las espaldas de los ciudadanos fueron decisiones políticas que tomaron los gobiernos, por muy presionados que estuvieran por las entidades financieras globales y, por tanto, es su responsabilidad haber provocado el empobrecimiento reinante. A pesar de las dificultades, las instancias políticas tanto a nivel nacional-estatal como regional-europeo podían haber tomado otras medidas menos perjudiciales para el conjunto de la población y menos beneficiosas para los acreedores.

La configuración del poder político y las formas de representación

Si no se tomaron, no fue sólo por las presiones de los grandes poderes económicos sino también porque la configuración del poder político es mucho más proclive a atender el mandato de esos sectores que a los reclamos de la propia población a la que dice representar.

Es éste un problema central de la política contemporánea. Los mecanismos de representación operan un curioso trastocamiento: en teoría las poblaciones, dado su amplio número, no pueden participar directamente en la toma de decisiones políticas y deben dejarse representar por un número de personas mucho más reducido. Pero en la práctica esto produce una enorme reducción de la capa de los políticos activos que acaban configurando una elite íntimamente ligada a las elites económicas. La democracia representativa funciona como una oligarquía de elites que debe someterse cada cierto tiempo a refrendo popular sin que la población, sin embargo, tenga capacidad alguna de decisión sobre los asuntos políticos.

Con el agravante de que estos asuntos son cuestiones vitales, ya que se trata de gestionar, financiar, asegurar o desmantelar complejos institucionales que permiten la propia vida de las personas: hospitales y centros de salud; centros escolares y Universidades; infraestructuras y viviendas sociales; parques públicos; zonas de ocio; espacios de cultura y otros muchos, por no mencionar todas las cuestiones relativas a la política laboral y las cuestiones salariales. La política, hoy, tiene un amplio cometido de regulación de los asuntos comunes que afectan al vivir de las personas y, en este sentido, subordinar los criterios de dicha regulación a los mandatos de las oligarquías político-económicas atendiendo solamente a su capacidad de negocio atenta directamente contra el vivir común. Y esto es así porque la lógica de acumulación económica no respeta la especificidad de las actividades y necesidades humanas que no pueden ser monetizadas y reducidas a su valor monetario sin someterlas a una violencia extraordinaria. Los “bienes comunes” son especialmente resistentes a esta reducción y se encuentran, por tanto, en el centro del conflicto 8.

Se da así la paradoja de que las propias autoridades elegidas para gobernar en aras del “bien común” son las que lo destrozan con todas sus fuerzas o lo supeditan al enriquecimiento personal o corporativo, convirtiendo el propio Estado en un privatizador de los bienes públicos. Y todo esto bajo la cobertura de la representación.

El hecho de que los representantes sean elegidos no es garantía de respeto por los intereses comunes de los ciudadanos ni de protección de los mismos dada la propia configuración del espacio político. Este puede, además, diseñarse de modo que introduzca dispositivos que prácticamente neutralicen la eficacia de la voluntad de cambio de dichos representantes en el caso de que la tuvieran. Tenemos un ejemplo paradigmático en la Unión Europea donde un gobierno mixto, formado por la Comisión Europea y el Consejo –no electos– y el Parlamento –elegido pero sin capacidad legislativa– es capaz de blindar una política neoliberal autoritaria y claramente orientada a proteger los beneficios de la minoría más rica 9.

Los movimientos sociales como creadores de acontecimientos políticos

Una situación política tan cerrada no parece dejar lugar a la esperanza. Y sin embargo una vía de apertura se encuentra en la acción y la eficacia de los movimientos sociales, que no sólo emergen en eventos de mayor o menor calado, sino que constituyen procesos durativos largos, que abren el hueco en el que ocurre, propiamente, el acontecimiento.

Podríamos decir que la continuidad de sociedades fuertemente estructuradas viene marcada por los ritmos impuestos en su reproducción diaria. La sensación que tenemos en muchas ocasiones los/as ciudadanos/as de que “no se puede hacer nada” es resultado de la muy fuerte compartimentación y regulación a que estamos sometidos/as, unida a la escasez de espacios y tiempos públicos no regidos por la premura del trabajo, por la lógica del entretenimiento y del consumo, o por los tiempos de la política institucional –las campañas electorales, por ejemplo.

En esta rejilla no hay momentos para el encuentro social “desinteresado” ni para la discusión abierta de los problemas comunes. El secuestro de la política por los “representantes legítimos” supone, como su otra cara, la clausura de las posibilidades de “hacer política” del común de los mortales y de la creación de esos lugares de encuentro no ritualizados ni presididos por el respeto sagrado hacia las instancias del poder.

En este marco los movimientos sociales propician una situación inesperada que suspende las reglas de la interpretación y de la gestión de los asuntos públicos y reactiva la capacidad para enfrentarlos de otro modo, buscando, con la intervención directa de los/as afectados/as, formas de tratarlos, diversas y más ajustadas a sus intereses.

Los acontecimientos políticos “se crean” insistiendo sobre los aspectos cruciales de una situación. Como señalara Marta Malo, una compañera de la Universidad Nómada, en relación al movimiento de las plazas en el 15M: “la plaza sólo se crea insistiendo, profundizando, los elementos que la hicieron posible -la crítica del poder político (¡democracia real ya!) y de su gestión del poder económico (¡que la crisis la paguen sus responsables!) como mínimo común múltiplo; la cooperación de muchos como fuerza práctica que hace la plaza real y tangible, que hace ese mínimo común múltiplo no sólo habitable, sino gozoso, algo por lo que merece la pena apostar. Contra la (auto)representación de los mil colectivos y luchas preexistentes, con los riesgos de balcanización de la plaza, el acontecimiento Sol invita a buscar el punto de conexión, el lugar desde el que podemos aportar a ese común, a partir de lo que somos, sin duda, pero también de un compromiso con eso que nos hace estar juntos” 10.

Lo mismo podríamos decir de acontecimientos recientes como las “Marchas de la dignidad”. “La plaza, las marchas se crean”, no son un resultado espontáneo aunque sí sean abiertas y, diríamos, en devenir o en proceso. Cuando los primeros cuarenta compañeros y compañeras se quedaron en Sol no sabían lo que iba a ocurrir; pusieron en marcha todas sus fuerzas para que el acontecimiento creciera pero dependía de la interacción de muchos otros y otras el que eso fuera a ser así. Cuando empezó la campaña de las marchas o cuando, ahora mismo, se inicia el proceso de difusión del movimiento “Carta por la democracia”, no sabemos todavía a dónde nos va a conducir pero ponemos en marcha procesos complejos de agregación colectiva.

Estos procesos se crean agarrando los puntos calientes de la situación: el descrédito de los políticos profesionales –¡democracia real ya!– y la mala gestión del poder económico –“que la crisis la paguen sus responsables”-. Estos dos elementos aglutinan a las personas porque son posiciones básicas compartidas cuyo refuerzo parece posible de conseguir por la existencia en la práctica de una cooperación en acto, que es ya una forma de “democracia real ya”. Sin embargo esa forma en germen exige huir de la segmentación y nos invita a buscar lo que hay de común en las diferencias y singularidades de cada lucha. Nos exige además un “compromiso” con la radicalidad y potencialidad de los eventos. Se trata de una forma nueva de hacer política, que rebasa la lógica de la representación y que intenta buscar los puntos de conexión entre los diferentes desde una posición de apertura e igualdad de todos los participantes.

En ella es importante tener en cuenta estas diferencias que son debidas a las tradiciones de lucha de los diversos colectivos así como a sus diferencias de composición. La composición técnica de las capas trabajadoras actuales es profundamente heterogénea. La desindustrialización, el crecimiento de una economía de servicios y la financiarización hacen que actualmente los actores de las luchas puedan reconocerse en rostros “no idénticos” al trabajador tipo como son las mujeres, los migrantes y extranjeros, los jornaleros del campo o los precarios urbanos. Aprender a componer esta diversidad es la clave de la política actual en los movimientos sociales.

Democracia “de la presencia” y proceso constituyente

Así pues estamos redefiniendo la democracia, dándole un nuevo contenido a esta vieja palabra, apartándola de una mera gestión, aparentemente neutra, por parte de los gestores elegidos y acercándola a la implicación directa de las personas afectadas.

Un defensor de la sociología histórica como Charles Tilly la define como “un régimen […] que mantenga una ciudadanía amplia, igual y autónoma, que posea mecanismos de consulta a la ciudadanía en su conjunto que sean vinculantes para el gobierno y que los ciudadanos cuenten con una protección ante acciones arbitrarias de agentes gubernamentales” 11. La abstracción de la definición y su carácter procedimental permiten definir como democráticos un amplio espectro de regímenes con tal de que se dé algún asomo de consulta popular pero, desde la perspectiva de los movimientos sociales, resulta demasiado general y no pone en cuestión la diferencia sustancial entre “gobernantes” y “gobernados”.

 Por el contrario, más bien habría que decir que las formas democráticas por las que luchamos, antes que estar basadas en la representación, por todos los problemas que ya hemos mencionado, tienen que estarlo en la cooperación, en la creación de instituciones compartidas con capacidad decisoria. Es en este sentido que los movimientos sociales se vuelven decisivos puesto que en ellos encontramos una práctica, ya en acto, de creación de tales instituciones.

Se trata de una democracia que podríamos calificar “de la presencia” física o virtual, surgida de un “proceso constituyente” de un nuevo sujeto político ampliamente participado y repetidamente sometido a un proceso de revitalización. En su constitución son decisivas las experiencias de estos últimos años en la creación de redes cooperativas materiales y virtuales, de protocolos de toma de decisiones, de búsquedas de rescatar el vivir de su supeditación al capitalismo dominante con iniciativas de todo tipo. En ellas es esencial no sólo la crítica de lo existente sino la formulación de puntos de coincidencia y de alternativas.

Al “poder de mando”, a la lógica del “gobernar y ser gobernado” esta democracia le opone la creación de espacios de cooperación basados en la empatía, el reconocimiento de las dependencias mutuas y de la heterogeneidad de la composición así como en la continuidad del compromiso con los procesos en que estamos inmersos. Dichos espacios se empeñan en crear ecosistemas sostenibles que practiquen una muy distinta economía colectiva. Con ello iniciamos el camino para construir un poder singular y colectivo de decisión sobre nuestras vidas, lo único a lo que propiamente podemos llamar democracia. Transformarla en formas prácticas y eficaces de acción colectiva empieza a ser una tarea urgente.

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[1] Williamson, J., What Washington Means by Policy Reform, reproducido en A short History of the Washington Consensus, Paper de la Fundación CIDOB para la conferencia “From the Washington Consensus towards a new global Governance”, Barcelona, 24-25 septiembre 2004, accesible en http:/www.iie.com/publications/papers/williamson0904-2.pdf.

[2] Obviamente muchas de estas instituciones ya existían – el Banco Mundial por ejemplo había sido creado para asegurar los préstamos que permitieron la reconstrucción después de la segunda guerra mundial o el Fondo Monetario tenía como misión los préstamos para países con problemas de liquidez – pero cambiaron sus objetivos y sus programas.

[3]El capitalismo en la era de la globalización, Barcelona, Paidós, 1999, p. 87.

[4] George, S., Un autre monde est possible si…, Paris, Fayard, 2004, p. 8 (hay trad. cast. Barcelona; Icaria, 2004).

[5] Jessop, R., El futuro del Estado capitalista, Madrid, Los libros de la Catarata, 2008, pp. 331 y ss.

[6]Movimientos antisistémicos, Madrid, Akal, 1999, p. 63.

[7] Los estudios a nivel europeo constatan la pérdida de peso de los salarios en la renta nacional, la desindustrialización de la zona euro, tanto mayor cuanto menor sea el rango tecnológico de las industrias, y el crecimiento concomitante del endeudamiento como forma de acceder al consumo o garantizar la inversión. V. entre otros Alvarez Peralta, I., Luengo Escalonilla, F. y Uxó González, J., Fracturas y crisis en Europa, Madrid, Eudeba, 2013.

[8] En este punto es importante tener en consideración las tesis de Polanyi sobre las “mercancías ficticias”, es decir sobre la violencia que implica tratar únicamente como mercancías bienes que no son producidos como tales; entre ellos sitúa la tierra, el trabajo y el dinero, pero podríamos ampliar la lista con otros, por ejemplo, el conocimiento. Polanyi, K., La gran transformación, Madrid, La Piqueta, 1989.

[9] Durante la crisis esta estructura le está permitiendo a la Unión europea imponer políticas claramente sesgadas a favor de las elites económicas europeas e internacionales obligando a adoptar medidas de austeridad que repercuten directamente contra las poblaciones. Eso está aumentando el escepticismo frente a Europa y favoreciendo posiciones de repliegue nacionalista sin advertir que la colusión entre las elites nacionales, las europeas y las internacionales constituye un auténtico “bloque de clase” que es independiente de su adscripción nacional.

[10]Democracia distribuida, e-book, accesible en internet, http://es.scribd.com/doc/156647605/Democracia-Distribuida-eBook-UNIVERSIDAD-NOMADA.

[11]Dynamics of Contention, Cambridge, Cambridge University Press, 2001, p. 265.En Democracia (Madrid, Akal, 2010) encontramos una definición muy parecida: “Por democracia seguimos queriendo decir la medida en que el régimen se caracteriza por una consulta vinculante, protegida, igual y amplia a los ciudadanos sobre las actuaciones del Estado”, p.67.