MI ITINERARIO EN EL CUIDADO Y REORIENTACIÓN DE GENTE MARGINAL

Luis Sandalio

Éxodo 115 (sept.-oct.) 2012
– Autor: Luis Sandalio –
 
Entiendo que se me pide para estas páginas una exposición más testimonial que sistemática y desde esta perspectiva voy a hablar en primera persona sin pretender aleccionar a nadie, simplemente ofreciendo un itinerario, aún inacabado, por si a alguno le sirviere.

A la altura pues de mis cincuenta y muchos años, más de la mitad de ellos dedicado al cuidado y reorientación de gente marginal (visitando cárceles, impartiendo cursos de formación de voluntariado, acogiendo en nuestra comunidad a presos de permiso o en sección abierta o en libertad condicional…), otros tantos dedicado como cura a una parroquia y luego a acompañar, estimular y orientar la fe de los que llegan a nuestra comunidad por diferentes caminos…, otros años dedicado a estimular proyectos artísticos (teatro, cine, exposiciones…) que integren un desarrollo de la espiritualidad y un compromiso social coherente…, y después de ir dejando por escrito en diferentes géneros literarios constancia de la evolución de mis experiencias e ideas…

Me atrevo a sintetizar lo que estas dos palabras: espiritualidad y política, representan para mí en base a dos experiencias paralelas…

1ª.- El acercamiento vital y definitivo a los marginados me obligó primero a replantearme mi espiritualidad y después mi pertenencia a una institución (la iglesia oficial) que no responde con sus hechos a los principios que la hicieron nacer, de tal manera que con este replanteamiento creo haber ganado mucho en profundidad y en libertad y lo considero una gracia no merecida.

2ª.- La toma de conciencia cada vez más clara de la criminalidad de un desorden mundial establecido y legalizado, que ha desembocado en esta crisis brutal que sufrimos, me ha obligado también a replantearme un compromiso ciudadano que antes estaba adormecido o supeditado a otros valores que yo consideraba más elevados.

Respecto a la primera experiencia, me sigue afectando cada vez con mayor urgencia el desamparo, la frustración y el vacío de orfandad que ha dejado en una inmensa mayoría de personas la deriva de una iglesia oficial (y otras instituciones religiosas) que ha querido proseguir en un mundo cada vez más consciente de su adultez (no sinónimo de madurez) el trato infantilizante y regresivo aplicado tradicionalmente a sus seguidores. Se empeñan en seguir haciendo de guardería infantil para todas las edades; aunque esto ya solo sirve para la primera infancia y para la ancianidad y cada vez menos.

Esto unido a la práctica ausencia de otras alternativas que ayuden a madurar y crecer humanamente a las personas, a mí (y pienso que también a mucha otra gente) me está demandando un planteamiento nuevo en el que individual y colectivamente se afronte la espiritualidad desde una formación seria y libre, adulta y responsable, capaz de desechar sucedáneos baratos y de comprometerse en un desarrollo plenamente humano, respetuoso y enriquecido con todas las creencias, fundamentado en la búsqueda personal y probado en las batallas sociales y políticas de la vida cotidiana.

La segunda experiencia me ha obligado a estudiar campos que nunca me habían interesado (economía, política, internacionalización de movimientos sociales…) y que me han ayudado a comprender la estafa de que estamos siendo víctimas con el engaño y fracaso de todas las democracias que se han sometido vilmente al poder de las estructuras financieras y de las personas deshumanizadas que las manejan.

Este sometimiento encanallado ha cristalizado en un comportamiento mafioso, desregulador, autodestructivo y suicida que de tal manera aplasta y esclaviza al ciudadano (expoliando al mismo tiempo irresponsablemente al planeta), que nos exige con urgencia una reacción ciudadana comprometida y organizada que devuelva a la política su verdadera función de promover y defender los Derechos Humanos buscando el bien común (o sea el de todos) comenzando por los más débiles.

Esto también nos está demandando una formación exigente y seria para no sucumbir a los cantos de sirena de unos medios de comunicación miserablemente vendidos al mejor postor y poder así armarnos de criterios claros que nos ayuden a valorar el destrozo social que están provocando en el 99% de la población ese 1% de plutócratas enfermos y sus secuaces.

Es preciso cada vez más organizarse para luchar, pues hoy, como siempre, hay razones, situaciones e ideales por los que merece la pena sacrificar no solo nuestra tranquilidad o aparente seguridad (ya que bienestar no nos queda); sino la vida misma.

Para mí, personalmente, el modelo a seguir (entre otros muchos de los que tanto he ido aprendiendo) sigue siendo, y cada vez más, Jesús de Nazaret y su mensaje del Reino.

Ya para finalizar, si me preguntaran qué hacemos nosotros (Asociación Camino de Fe y Esperanza) para concretar algo de todo esto que he expresado, humildemente hablaría:

De nuestras casas abiertas para compartir la vida con los necesitados. De nuestra labor en la cárcel reorientadora de vidas.

De nuestra EXPOCÁRCEL itinerante para mentalizar a los ciudadanos del gran abismo que separa la legalidad de la Justicia y del grandísimo escándalo y daño que provoca la corrupción e impunidad de los magnates de la delincuencia que están por encima y a salvo de la ley.

De “No tenemos miedo”, un documental sobre la crisis de próxima aparición.

No es mucho; pero para nosotros es bastante y nos da energía y luz para seguir viviendo con fe, esperanza y dignidad.