MÁS ALLÁ DE LA CRISPACIÓN: RECUPERAR LA JUSTICIA

Juanjo Sánchez

nº 85 octubre 06
– Autor: Juanjo Sánchez –
 
El viernes, 23 de junio, moría inesperadamente JOSÉ MARÍA MARDONES. La noticia nos dejó a todos sin palabras, sin aliento. Dura noticia, la pérdida de un creyente auténtico y de un pensador infatigable, que derrochó toda su energía precisamente en tender puentes entre la fe y la razón, entre el cristianismo y la cultura en que irremisiblemente se halla encarnado. Una labor imprescindible de diálogo, de autocrítica y de crítica constructiva, de mediación y reconciliación, de la que tan necesitados andamos justamente en estos momentos de dura crispación e incluso división en la sociedad española. La ausencia de esa labor, de ese trabajo callado, riguroso, constante y esperanzador, difícilmente podrá compensarse.

Pero su memoria nos incita a seguir trabajando en los caminos que dejó abiertos para “otro mundo posible”, para una sociedad justa y reconciliada.

Al pensar en algún libro que pudiéramos presentar en este número de ÉXODO, dedicado a la crispación y la división en nuestra sociedad española, en un momento de lucidez nos vino al recuerdo uno de los últimos que nos dejó MARDONES y que ya presentamos en la revista con motivo de la temática, cercana a la que en este número nos ocupa, de las difíciles relaciones entre religión y la laicidad. Me refiero al libro Recuperar la justicia. Religión y política en una sociedad laica (Sal Terrae, Santander 2005).

Volver a comentar este libro adquiere hoy el sentido de un homenaje de reconocimiento y gratitud a JOSÉ MARÍA MARDONES por su generosa y rica colaboración con nuestra revista. Pero tiene sentido hacerlo, además, porque frente a la situación de crispación y polémica permanente, estratégicamente inducidas, Chema señalaba con lucidez y valentía a la cuestión esencial, al imperativo que debiera ocupar y preocupar verdaderamente tanto a creyentes como a laicos, a políticos como al resto de ciudadanos, si es que de verdad les mueve, como diría Kant, el interés por la humanidad: recuperar la justicia. Este imperativo atañe, en verdad, tanto a la política como a la religión. La política –denunciaba Mardones- ha perdido en gran medida su pasión por la justicia, ha sufrido un adelgazamiento o vaciamiento democrático que la reduce peligrosamente a mero ejercicio pragmático de poder o que la lleva a abordar preferentemente las cuestiones culturales, de identidad o religiosas dejando intactos los problemas de fondo como son la economía capitalista globalizada, el trabajo precario, la injusticia y el sufrimiento que origina a las mayorías empobrecidas y excluidas. Algunas medidas que se han tomado últimamente obligarían a matizar esta crítica, pero el diagnóstico sigue siendo en lo esencial certero.

Esta situación se agrava, según Mardones, porque a la misma responde la religión con otra miopía imperdonable, de graves consecuencias. La religión, el cristianismo, ha perdido en no menor medida su pasión mesiánica por el reino de la fraternidad, el compromiso recio por la justicia y una genuina praxis de transformación del mundo, de lucha por una sociedad justa y humana, por “otro mundo posible”, y se ha refugiado en una falsa religiosidad, en un viraje hacia la intimidad y el sentimiento, combinada con una velada –o descaradamente abierta- lucha por recuperar no tanto la justicia cuanto el poder perdido.

Nada debe extrañarnos por eso –comentaba ya entonces Mardones que nuestra sociedad esté irritada, crispada, por cuestiones que cada parte se permite magnificarlas como diferencias que definen lo progresista o lo genuinamente religioso, tales como aquellas sobre las que inciden justamente las que en este número denominamos las “leyes de la discordia”. Si Chema hubiera podido escribir en este número de ÉXODO, posiblemente hubiera endurecido su juicio crítico sobre algunas actitudes y actuaciones de partidos, medios de comunicación e iglesia institucional. Sobre todo de ésta, por lo que a ella le unía como creyente comprometido. Con respeto, pero con lucidez y valentía, denunciaba abiertamente: “Produce pena advertir la insistencia de nuestros obispos y grupos tradicionales en las cuestiones de degradación moral de nuestra sociedad y no señalar el vínculo existente entre el capitalismo consumista y la degradación de la moral que deploran… Si se advirtiera la estrecha vinculación de unos fenómenos y otros… quizá fuéramos menos estentóreos en las acusaciones de algunos aspectos morales y más proféticos en la denuncia de otros que se ocultan o pasan inadvertidos” (pág. 261).

Recuperar la justicia, abordar las grandes cuestiones, los grandes problemas que aquejan a los humanos, sería la genuina respuesta evangélica que conduciría a superar la actual situación de crispación de nuestra sociedad. El diagnóstico crítico y las propuestas de JOSÉ MARÍA MARDONES siguen plenamente vigentes.

N.B. A los que quieran bucear en las raíces históricas de la actual crispación y división de la sociedad española, de esas “dos Españas” –“una muerta, hueca y carcomida y otra nueva, afanosa y aspirante, que tiende hacia la vida”-, que, como dijo en su momento Ortega, “están trabadas en una lucha incesante”, nos atrevemos a recomendar la lectura del excelente estudio de Santos Juliá, Historia de las dos Españas (Taurus, Madrid 2004).