LO QUE ES MEJOR QUE NO SE VEA

Pablo Elorduy

Exodo 108 (marz.-abr.) 2011
– Autor: Pablo Elorduy –
 
El autor, del colectivo editor de Diagonal, reflexiona en torno a los ejes de la comunicación y los medios. El pasado 3 de marzo, el periódico quincenal Diagonal (www.diagonalperiodico.net) cumplió 6 años.

Diagonal quizá no es el periódico más apropiado para diagnosticar el estado actual de la libertad de expresión. Un periódico con pocos medios como el que hacemos tiene dificultades para expresarse libremente en la medida en que su repercusión, aunque crece, es escasa. El muro, o como se le quiera llamar, que blinda a los grupos mediáticos y excluye al resto del panorama de la comunicación, o la expresión, en este caso, separa a unos y otros, se delimita de modo preciso aquello que la gente puede ver y aquello que es mejor que no vea. No hay apenas prohibiciones, pero hay trabas, silencios y confusión. Tan pronto Gadafi es uno más, y así se trataba su nombre cuando aparecía en las páginas salmón, tan pronto se convierte el objetivo y se le bombardea con las mismas armas que aparecen en las páginas salmón. Una confusión, hecha efectiva mediante la descontextualización de problemas y malas noticias, en la que está metida la sociedad en su conjunto: aquello que somos.

En este ruido, se puede decir prácticamente todo, por eso es ruido. Internet y las redes sociales son las nuevas formas de acercarse a aquello que está pasando, desde lo macro hasta lo pequeño. Seguramente, desde el punto de vista tecnológico, nunca ha sido más fácil hacer un periódico; sólo desde el punto de vista tecnológico, claro. La dificultad que tenemos que superar es la de definir aquello que no va a contribuir a generar ruido, a obturar más si cabe las redes de comunicación. En eso estamos, y en ese camino nos topamos con que, de vez en cuando, sí que hay cosas que no quieren que contemos. Ha pasado con los controles de identidad racistas que los fotógrafos de Diagonal han mostrado a la opinión pública en nuestras páginas y en la exposición Fronteras Invisibles. En el caso de Edu León, los nervios de determinados agentes ante la presencia de un cámara de fotos han bastado para que este reportero haya sido agredido y llevado a juicio.

Los medios son un reflejo de lo que pasa, en último caso, y lo que pasa a menudo tiene que ver con la ausencia de redes, de puntos de encuentro, en definitiva, de comunicación Sin resignarnos a ser una mera contraposición a los grandes medios de comunicación, la labor de nuestros medios tienen su propia apuesta organizativa y comunicativa. El fin de un proyecto como el nuestro debe ser la consolidación y creación de redes que dejen indicios en el camino para otras redes, presentes y futuras, para cambiar un sistema que condena a unos y ensalza a otros, un 1% escaso, que tiene derecho a todo contra todos. Recuperar la noción de lo que es común debe ser uno de los objetivos, no de los medios, sino de todos los movimientos que se oponen a la lógica que justifica la guerra y el calentamiento global para que unos pocos podamos seguir viviendo un sueño que se acaba. Nuestros periódicos, radios, web, revistas, etc. serán lo que nosotros queramos que sean. John Downing, teórico y activista de la comunicación alternativa, nos explicaba hace ya casi un año en Diagonal que “los medios comunitarios no son sólo un producto de los movimientos sociales sino que también los nutren, incluso cuando se encuentran en una de sus fases subterráneas”.

Dentro de esta era de la información cibernética, que facilita la proliferación de medios diferentes a los empresariales y donde es más fácil romper su cerco informativo, proyectos que no se pueden considerar alternativos, como Wikileaks, sufren también las consecuencias de la lucha por publicar información que no proviene de ningún servicio de prensa, ni es filtrado por intereses electorales de cara a la siguiente llamada a las urnas. Sin tantas fuentes como Wikileaks pero formados por una base militante, nuestro periódico y otros proyectos parecidos en el Estado Español como La Directa en Catalunya o Novas de Galiza, por citar aquellos que se imprimen en el papel, salen a la calle gracias al apoyo de quienes intentamos formar redes, defender lo común, apoyarnos mutuamente. Muchas más personas de las que hacen el periódico, quienes se manifiestan contra la guerra y nos lo cuentan, quienes denuncian la especulación de turno, quienes se ríen con los chistes o se ponen a pensar con los debates o con un artículo. Pensándonos como vecinos, como colectivo, y no desde la individualidad y el subjetivismo, tendremos ganado mucho como sociedad, y podremos ejercer de otro modo, sin tanto ruido y con más alegría, eso que llamamos libertad de expresión.