LIBROS DE ÉXODO

Rufino Velasco

Número 81 (nov.-dic.’05)
– Autor: Rufino Velasco –
 
Lejos quedan ya aquellos tiempos en que, desde el cristianismo, se lanzaban aquellas palabras contra las religiones en que todo era “error e incredulidad” en sus relaciones con Dios. Baste recordar los primeros años del siglo XX en que Karl Barth trataba de deshacer aquella relación entre revelación y religión, donde ésta sería algo que corresponde al hombre, y aquélla algo que corresponde a Dios. La religión es obra del hombre que trata de salir al encuentro de Dios, mientras que la revelación es obra de Dios que trata de venir al encuentro del hombre. La religión es cosa del hombre que trata de “arrebatar a Dios”, y así pretende autojustificarse y autosantificarse, y la revelación es cosa en que Dios toma la iniciativa y, a través de Jesucristo, se autocomunica al hombre, de modo que todo es obra de Dios que se da por pura gracia a los hombres. La religión trata de atravesar la “línea de muerte” que separa al hombre de Dios, mientras que la revelación es la acción soberana de Dios en la relación con el hombre. Las cosas han cambiado muchísimo, sobre todo en la segunda mitad del siglo XX, hasta el punto de que ya nadie se acuerda de estas disquisiciones de principios del siglo XX.

A esta manera de considerar este asunto responde este libro de Jacques Dupuis.El autor divide en dos partes la distribución de esta obra: la primera trata de la manera de aproximarse el cristianismo a las religiones no cristianas, y la segunda trata de la convergencia de todas las religiones en la misma realidad fundamental: a) En la primera parte se trata, ante todo, de aproximarse a los textos bíblicos y patrísticos que puedan significar una postura positiva respecto a las religiones, para dar enseguida con el famoso axioma “fuera de la Iglesia no hay salvación” que expresa la posición francamente negativa sobre la posibilidad de la salvación para las restantes religiones del mundo. (Pero atención: obsérvese, entre las “actitudes positivas hacia las religiones”, lo que se añade a la actitud pesimista que inunda toda la baja Edad Media, donde aparece la actitud pacifista de Francisco de Asís, y luego la postura de Nicolás de Cusa en aquel tiempo en el concilio de Florencia volvía a recordar el desafortunado axioma). Con la aventura de América se produjo un cambio profundo en la forma de afrontar el problema de las religiones, de modo que aparecen diversos “sustitutos del Evangelio” para dar cauce al carácter positivo del pluralismo religioso. Finalmente el autor llega hasta el concilio Vaticano II, y se detiene en lo que pasa en torno al concilio, para ver cómo se da un cambio histórico en lo que se refiere a la teología de las religiones en el mundo actual.

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