Ley Wert: la larga mano de la Iglesia católica

CCBM

Tras analizar detenidamente el nuevo proyecto de ley de Educación del PP, LOMCE (también conocido como ley Wert), los CCBM (Cristianas y Cristianos de base de Madrid) consideramos oportuno llamar la atención sobre su carácter regresivo, especialmente en tres grandes áreas: a) su menosprecio por la función integradora de la Escuela; b) su retroceso histórico hacia el neoconfesionalismo, por su tratamiento a la Religión en la Escuela; c) el impulso privatizador de la Escuela, reflejado en las nuevas concesiones ofrecidas para los Conciertos Educativos.

LA FUNCIÓN DESINTEGRADORA DE LA ESCUELA

¿Garantiza la Ley WERT una escuela pública igualitaria, democrática, de todas y para todos?

En su declaración de motivos, la LOMCE en ningún caso considera la Educación como un bien público, un derecho universal de los ciudadanos que el Estado tiene la obligación de garantizar, sino como una actividad orientada principalmente al sistema productivo: fomentar el espíritu “emprendedor” y la formación para el empleo, no la formación integral de las personas. Así, por ejemplo, suprime del Currículo la asignatura de la Filosofía, ya que su centro de interés está en crear buenos empresarios y buenos productores de bienes y servicios.

También en su preámbulo, la LOMCE se encarga muy bien de precisar los límites de la garantía constitucional de enseñanza pública y gratuita: solo de 6 a 16 años. Lo que lleva a preguntarse por la etapa 3-6 años y por el futuro del Bachillerato no obligatorio. ¿Cuánto tardaremos en ver cómo va desapareciendo de la Escuela pública, ofertándose sólo en régimen privado, como ocurre ahora con la Educación Infantil de 0-3 años?

En cuanto a la gratuidad de la educación en su etapa obligatoria, es fácil percibir cómo va disminuyendo. De hecho, en las escuelas concertadas, que pueden llegar a ser las más numerosas, los niños no pagan matrícula, pero tienen que pagar autobuses, comida, Complementarias, uniformes, etc. Según el INE, cada alumno de la escuela concertada acaba pagando de media 800 euros al año. Algo que no está al alcance de muchos, al menos en las circunstancias actuales. La gratuidad deja de ser un objetivo del Estado.

Otro aspecto desintegrador se aprecia en el funcionamiento mismo de los Centros, que pierden en gran medida su carácter democrático. La LOMCE introduce cambios sustanciales en las competencias de los Consejos Escolares, que pasan a ser meros órganos consultivos, en lugar de órganos de gobierno. En el mismo sentido van los cambios orientados a reforzar el poder del Director del centro, y especialmente en la selección del profesorado.

LA ENSEÑANZA DE LA RELIGIÓN EN LA ESCUELA

Lo más significativo de la propuesta del proyecto de LOMCE en esta materia, se resume en:

a) La asignatura de Religión se incluye en el currículo, tanto de primaria como de secundaria, como una materia fuerte, evaluable y computable, con incidencia en el futuro académico de los alumnos.

b) Se impone una asignatura alternativa a la Religión llamada “Valores culturales y sociales”, que, al ser alternativa, priva a los alumnos que opten por Religión de la formación en valores cívicos y éticos, que deberían ser comunes a todos.

c) El Estado abandona sus competencias educativas en esa asignatura de Religión, para dejarlas en manos de las autoridades religiosas, con lo que se legaliza el adoctrinamiento confesional y el acceso al profesorado de estrictos catequistas.

d) Se suprime la materia “Educación para la ciudadanía”, que se impartía de forma común a todos los alumnos. Con ello se pasa por encima del derecho de los alumnos a ser educados en el ámbito de la libertad de conciencia.

Esta propuesta, que evidencia un retroceso histórico en el camino hacia la laicidad del Estado, y por tanto de la Escuela Pública, violenta abiertamente la primacía de la conciencia y los derechos de libertad ideológica que la Escuela Pública debe preservar por mandato constitucional, a la vez que pone de manifiesto uno más de los falsos equilibrios de nuestra Constitución que, de una parte establece que ninguna confesión tendrá carácter estatal” (art. 16.3) y, de otra, ampara “el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral” acorde con sus creen cias (art. 27). Lo que ha permitido que los sectores más reaccionarios hayan logrado imponer ese derecho paterno en el ámbito escolar, cuando la Constitución nada dice sobre dónde deban los niños recibir esa formación religiosa o moral.

La colisión de derechos que el texto de la LOMCE pretende consagrar sólo puede tener solución coherente dando pasos decididos hacia una sociedad más democrática que, por definición, ha de ser una sociedad laica.

Por ello, los CCBM optamos claramente por retirar de la Escuela Pública la enseñanza confesional de la Religión, y avanzar abiertamente en el camino de la laicidad en los centros públicos. Porque para el Cristianismo, el objetivo es transmitir la Fe, no enseñar religión. Y esa transmisión sólo tiene cabida legítima en las iglesias, las mezquitas o las sinagogas.

LA LOMCE FOMENTA LA PRIVATIZACIÓN: LOS CONCIERTOS EDUCATIVOS

Con la nueva ley Wert los Conciertos educativos pasan a ser el instrumento definitivo para la privatización de la Educación y la restauración del confesionalismo religioso.

Los Conciertos no son nuevos. Datan de 1985, cuando el gobierno del PSOE legalizó las subvenciones a los centros privados, en su mayoría de ideario católico. Pero ahora se ofrecen mayores facilidades para las iniciativas privadas, por aberrantes que puedan parecer. Entre otras:

a) Se amplia la duración de los Conciertos, de 4 a 6 años.

b) Se otorgarán con preferencia a centros en zonas deprimidas o que introduzcan iniciativas de interés pedagógico. Con ello, el Estado abandona la prestación del servicio de la Educación en las zonas socialmente más marginadas; hace dejación explícita de su obligación de garantizar plazas públicas en cualquier lugar, y lo transfiere al sector privado.

c) Se aprobarán tan sólo con que exista demanda social de plazas escolares. Lo que significa que bastará con postergar o simplemente no construir centros públicos en barrios nuevos para que la demanda de plazas escolares se encauce inevitablemente hacia los centros concertados o enteramente privados.

d) Se firmarán incluso con centros que implanten la segregación por sexos, algo inadmisible en la actual legislación.

Estamos ante un claro triunfo de las patronales de la Educación que exigen no sólo prolongar y ampliar los conciertos, sino eliminar cualquier condición para recibir subvención pública más allá de la simple “demanda social” (existencia de alumnos), así como tener libre acceso al suelo público.

Y, si tenemos en cuenta que el 70-80 por 100 de los centros privados concertados está en manos de organizaciones religiosas católicas, es fácil entender quién domina en esa Patronal de la Educación.

Por lo que cabe concluir que “…con esta ley, el Estado ya no será el dueño de la Escuela; lo será la Iglesia católica”.

POR TODAS ESTAS RAZONES, CCBM DECIMOS NO A LA LEY WERT.