LA WEB 2.0: HERRAMIENTA Y RETO

Cristina Ruiz Fernández

Exodo 108 (marz.-abr.) 2011
– Autor: Cristina Ruiz Fernández –
El potencial de las redes sociales como canal de comunicación horizontal y participativo
 
Anadie se le escapa que Internet ha provocado que cambien, en las últimas dos décadas, innumerables aspectos de nuestras vidas cotidianas y del conjunto de la sociedad. Desde el modo de comprar un billete de avión hasta las reuniones de alto nivel en gobiernos o empresas, pasando por las conferencias de un lado a otro del mundo, los ritmos de trabajo e incluso las estructuras mentales a la hora de leer y escribir.

Ese cambio ha ido más allá, especialmente en el último lustro. La revolución la han provocado los sistemas de autopublicación y gestión de contenidos conocidos como CMS (por las siglas en inglés Content Management System). Estos sistemas hacen posible que cualquiera, con unos conocimientos mínimos de informática, pueda publicar sus escritos o imágenes de manera rápida y sencilla.

Nacen así las páginas personales, los foros y los cuadernos de bitácora modernos –conocidos como blogs– que han provocado un cambio en el paradigma de la comunicación. Ya no existe un solo emisor del mensaje, sino que cualquiera –con tal de que tenga un ordenador con acceso a Internet, cosa que no siempre se cumple en los países empobrecidos del Sur– puede convertirse en emisor y crear discurso público, con mayor o menor audiencia.

Un paso más allá son las llamadas redes sociales, la famosa web 2.0. Actualmente las que están en boga son: el omnipresente Facebook, el cada vez más poderoso Twitter y varias más, que tienen mayor éxito en unos países que en otros; Tuenti en España; Orkut en América Latina y especialmente en Brasil; LinkedIn, especializada en contactos profesionales… Hoy son estas y mañana serán otras, puesto que se trata de un mundo en constante movimiento y avance.

COMUNICACIÓN HORIZONTAL

Lo importante no es la red social “de moda” del momento, sino el cambio en el esquema de comunicación que se está produciendo y el ritmo al que podemos acceder a la información hoy en día. Se trata de una comunicación con una horizontalidad mucho mayor, en la que ya no somos espectadores pasivos, por ejemplo, ante una pantalla de televisión, sino que tenemos la posibilidad de comunicarnos de forma directa e inmediata con los medios, las marcas, las instituciones o los personajes públicos, prácticamente en un diálogo de igual a igual.

Otra cosa es la fuerza que esa comunicación pueda tener de facto aunque, cuando son muchas las personas que se unen espontáneamente en torno a un tema, sí se ha demostrado que es posible ejercer una presión real. Uno de los casos recientes ha sido la protesta –que se convirtió en un clamor en Twitter– contra la decisión de los eurodiputados de no volar en turista ni reducir sus dietas, pese a la crisis. Una cascada de críticas obligó a algunos políticos y partidos a dar explicaciones y reconsiderar su voto sobre este asunto en el Parlamento Europeo. Es solo un caso entre muchos que demuestran el poder creciente de estas herramientas que, como ya se ha repetido en numerosas ocasiones, también han tenido un papel clave en las revoluciones del Magreb en los últimos meses.

UN PATIO DE VECINOS GLOBAL

Además del carácter horizontal de este tipo de medios de comunicación, otro de sus aspectos más destacados es la forma en la que potencia el clásico efecto “boca a boca”. Es lo que recientemente se ha llamado “efecto viral”, ya que se extiende pasando de una persona a otra como un virus.

Son muchas las empresas que han aprovechado esa cualidad de las redes sociales para emprender campañas de publicidad originales y con resultados muy positivos. Para estas iniciativas virales la clave está en la confianza que depositamos en aquellas personas que conocemos. Si un artículo, charla, producto o idea nos viene recomendada por un amigo que es de nuestra confianza prestaremos mucha más atención que si nos llega sin referencias. Es la recomendación “de patio de vecinos” ampliada a un recinto mucho más extenso que el patio de nuestra casa, pero con las mismas características y resultados.

Por supuesto que estas nuevas herramientas de comunicación presentan problemas y limitaciones. Uno de los principales es su carácter efímero –algunos estudios cifran la “vida” de un mensaje enviado en Twitter en trece minutos–, otro es la apabullante cantidad de información, que puede terminar provocando una saturación y también una cierta desinformación por no poder abarcarlo todo.

Hay también quien critica el hecho de que estas herramientas estén controladas por grandes empresas, que manejan el discurso mundial. Otro punto negativo es, en ocasiones, la información falaz o poco contrastada que pueden difundir los usuarios, dado que estos instrumentos no están sometidos a las normas de la ética periodística. Pero, en contraposición a ello, son las propias personas que utilizan las redes sociales quienes ejercen un fuerte autocontrol, evidenciando los casos de manipulación y alzando su voz cuando lo que se dice no es correcto o no está contrastado. Un paradigma de ello es la enciclopedia colaborativa Wikipedia en la que cualquier internauta puede escribir libremente y donde, desde el trabajo voluntario, miles de personas trabajan para contrastar y corregir los datos que se publican.

¿Y EN LA IGLESIA?

Aunque a menudo la Iglesia católica presenta resistencia a los avances de la sociedad, en el caso de las redes sociales sí se están llevando a cabo intentos tímidos y, fundamentalmente, desde la Iglesia más institucional. Esto plantea un reto, porque la horizontalidad y la libertad de expresión que caracterizan este ámbito no suelen ser rasgos frecuentes en la iglesia jerárquica.

Hay posturas encontradas y, mientras Benedicto XVI bendijo las redes sociales e instó a los cristianos a unirse a ellas el pasado mes de enero en su mensaje para la 45ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, Antonio María Rouco las estigmatizó diciendo que “propician un estilo de vida virtual, vacío de encuentros y relaciones verdaderamente personales”. Opiniones contrastadas, pero ambas coinciden en otorgarle importancia a estas herramientas, que cuentan con un gran poder de influencia.

Por este motivo, eventos como la Jornada Mundial de la Juventud no han dudado en potenciarlas y, a la fecha (en la fecha) de redacción de este artículo, contaban con más de 245.000 seguidores en las páginas de los distintos idiomas en Facebook, 120.000 de los cuales en la versión en castellano, 43.000 en la versión en inglés y 12.000 en la versión en francés, por citar algunos idiomas, aunque hay unos veinte más (desde el tagalo al árabe o al checo).

También los grupos de presión vinculados a los sectores más conservadores están haciendo uso de estas herramientas, muy especialmente de los blogs que se abren como tribunas de opinión para las voces más reaccionarias. En ocasiones bajo el anonimato y en otras con nombre y apellidos, las bitácoras en Internet se están convirtiendo en amplificadores de los movimientos de derecha en cuestión religiosa.

Sin embargo, la Iglesia de base y los movimientos sociales más críticos en su seno tienen más dificultades para desarrollarse y contar con una presencia fuerte en el ámbito de las redes sociales. La falta de presupuesto y de dedicación temporal son las dos causas principales, así como la poca presencia de jóvenes que puedan manejar con más facilidad estas herramientas, aunque, con un poco de dedicación y mente abierta, hay personas de más de 90 años manejando blogs y perfiles en Facebook.

Se trata de una herramienta cuyo potencial, en este sector, se está desaprovechando y que se debería fomentar como instrumento para tener voz y para alzarla. Para aprovechar esa viralidad que pueda extender el Reino de Dios y el mensaje de Jesús, al tiempo que para visibilizar otro tipo de Iglesia abierta, dialogante y progresista.