LA PROPUESTA CAMPESINA

Jerónimo Aguado Martínez

Éxodo 111 (nov.-dic.) 2011
– Autor: Jerónimo Aguado Martínez –
 
Los organismos multilaterales (BM, FMI, OMC) y los grupos económicos que mediatizan sus políticas, con el beneplácito de la mayoría de los Gobiernos del mundo, siguen poniendo parches a un modelo de desarrollo que hace aguas por todas las partes. El posicionamiento de nuestros gobernantes queda claro, erre que erre con los poderes fácticos que controlan, a través de los mercados financieros, el mundo a su antojo. La mayoría de los pueblos a los que dicen representar viven las consecuencia de sus decisiones, basadas en el mantenimiento de un modelo de desarrollo con una larga experiencia en generar pobreza, desigualdades sociales, sufrimiento humano a raudales, y deterioro medio ambiental a ritmos alarmantes, poniendo en jaque el futuro del planeta.

Las propuestas que poco a poco imponen las instituciones públicas, sin ningún debate social, para salir del atolladero en el que se encuentra el modelo de desarrollo capitalista, son las mismas que las que han generado los problemas socioeconómicos y medioambientales a nivel planetario: crecer y crecer ilimitadamente en la producción y el consumo, para que así crezca la economía y se puedan crear puestos de trabajo, para seguir creciendo y creciendo, consumiendo y consumiéndonos.

El debate pues no está en cómo salir de esta crisis (además, sin cambiar un ápice el modelo que la generó), sino en cómo construir otros modelos de vida, de economía, de trabajo, de empresas, de sociedades y de relaciones humanas, cuidando de los ecosistemas que mantienen la posibilidad de vida duradera para el ser humano, como un ser vivo más que debe de cohabitar con el resto de los seres vivos que pululan en ese espacio común llamado tierra.

Y es aquí donde la Propuesta Campesina toma valor y tiene mucho que aportar; por supuesto, sin dogmatismos y verdades absolutas, simplemente una más en el mundo de las ideas y de los sueños por la construcción de un mundo mejor. El primer desvarío del modelo de desarrollo capitalista ha consistido en alejar a la gente del lugar donde se genera y produce lo imprescindible para supervivencia humana: la tierra, el agua, los bosques, las semillas, las plantas, los animales, los alimentos… Se hace cada vez más difícil poder soportar a medio y largo plazo la irracionalidad de los diferentes procesos (producción, transformación, transporte, etc.) que sufren los alimentos para que éstos recorran miles de kilómetros antes de llegar a la boca de las consumidoras y consumidores. Los costes energéticos de dicha barbaridad son insostenibles y sólo se mantienen dichas prácticas porque en dicho tránsito se especula y se enriquecen unos pocos, a costa de los campesinos y las campesinas, los trabajadores y trabajadoras de la agroindustria, y del medio ambiente, del que se extraen ingentes cantidades de materias primas (petróleo, agua, pescado, minerales, etc.) que nunca se podrán reponer.

la Propuesta Campesina está unida a los principios y valores que determinaron la vida en el campo durante miles de años: vivir con lo imprescindible, con lo que te puede aportar el territorio donde las comunidades humanas están asentadas, gestionando con criterios de sostenibilidad los recursos naturales que están a su alcance. El abandono del campo, planificado para construir con nuestras gentes el capitalismo a escala planetaria, ha llevado a la humanidad a un callejón sin salida. El 20% de la población mundial consume el 80% de los recursos del planeta, dejando el 20% restante para el 80% de la población que también aspira (para el sistema posibles consumidores potenciales…) a alcanzar los mismos niveles de consumo que los privilegiados de este mundo, con lo que necesitaríamos otros dos planetas como el nuestro para saciar el ansia de consumo que el propio sistema nos crea.

La Propuesta Campesina tiene como punto de partida recuperar la alianza perdida con la naturaleza de la que nosotros y nosotras hacemos parte, volver al campo para abrazar la tierra, cuidarla para que nos proporcione los alimentos sanos que nos dan la vida, gestionando los territorios con criterios de sostenibilidad, no agrediéndoles, haciendo de ellos lugares para vivir en fraternidad con todos los seres vivientes. La Propuesta Campesina está relacionada con la experiencia humana de vivir con poco para que todos podamos vivir con dignidad, de forma sencilla y austera, pero donde lo imprescindible nunca podrá faltar.

La Propuesta Campesina no es una teoría nueva, es la praxis cotidiana que desarrolla más del 50% de la humanidad que resiste en sus comunidades y pueblos el envite del neoliberalismo, negándose a abandonar los campos, los cultivos, las formas ancestrales de vida, las culturas de cada pueblo construidas a partir de tener que dar respuestas a las necesidades vitales de los seres humanos.

El mundo campesino en nuestro país, al que se ignora en todos los debates y en todas las instituciones, está viviendo el drama del abandono absoluto. Sin embargo, todos sus territorios están llenos de oportunidades. Frente a la crisis global del modelo neoliberal sólo cabe la construcción de otros modelos a escala local, donde la propuesta de crecimiento sostenible se anteponga al valor del crecimiento ilimitado, donde la solidaridad esté por encima de la competitividad desenfrenada entre pueblos y personas, y la idolatría del consumo irracional desaparezca de la faz de la tierra para dar prioridad a las necesidades básicas de las personas.

En todo este proceso de cambio de rumbo y de valores, el mundo campesino puede aportar mucho: un hábitat donde reubicarse mucha gente a la vez que desmasificamos las grandes ciudades, una cultura que tiene las claves para poner en práctica eso que llamamos sostenibilidad, un territorio donde generar nuevos empleos a partir de la práctica de una agricultura campesina como portadora de alimentos para las personas, una oportunidad para reencontrarse con la naturaleza cuidando de ella como se cuida a nuestra madre, y un espacio para ser soberanos alimentariamente y recuperar la autonomía que nos merecemos como pueblos.