LA NOVEDAD DEL DIOS DE JESÚS: QUEDARSE EN LA SUPERFICIE O BUCEAR

Silvia Martínez Cano

Ex106 (nov.-dic-2010)
– Autor: Silvia Martínez Cano –
 
Podemos empezar este artículo diciendo que hoy en día todavía existe una comprensión patriarcal de Dios. Y es que la experiencia religiosa no puede separarse de la comprensión y vivencia de la realidad. Ésta se entreteje con los otros ámbitos de la dinámica personal y social del ser humano: la globalización, las redes de comunicación, el impacto visual de la imagen, la presencia de multitud de narraciones, experiencias y presencias a pequeña escala, la individualidad y el conocimiento de nosotros mismo cada vez más intenso… La estructura social, pese a los cambios de las últimas décadas, sigue conformando una jerarquía de sumisiones a la que llamamos patriarcado. Bajo criterio único (la fuerza, el éxito, el poder) maquilla la multiculturalidad tiñendo también la forma de articular nuestra relación con Dios. Existe una contradicción en la comprensión de Dios desde el poder, la norma y la culpabilidad que encontramos en el Dios de la historia de la Iglesia y las características de ternura y acogida que encontramos en relatos evangélicos como el Padre bueno de la parábola del hijo pródigo o las comidas de Jesús con los pecadores.

La reflexión teológica a lo largo de la historia reconoce este problema, siendo consciente de que los símbolos que se utilizan para hablar de Dios son finitos, y pueden manipularse para proyectar en algunos casos los deseos, las necesidades e intereses del que hace los enunciados. Tillich apunta a que una interpretación simplista de los mismos puede cambiar la identidad de aquello a lo que nos intentamos acercar. Los símbolos participan de aquello que simbolizan, en su significación y poder. Éste funciona, y consolida una estructura compleja, jerárquica, resistente al cambio, sostenido por asociaciones simbólicas que potencian lo masculino.

A) UNA IMAGEN DE DIOS INSUFICIENTE

El desarrollo de la teología a partir del Concilio Vaticano II ha hecho reflexionar acerca de quién es Dios. Invita, aunque no concreta, a valorar las metáforas sobre el Misterio (Gaudium et Spes 57-59) y rechaza aquello que la tradición ha degenerado y la propia comunidad eclesial y oficial ha manipulado (Sacrosantum Concilium 122-123). De igual manera, el esfuerzo de recuperación de las fuentes cristianas, y los métodos hermenéuticos, han hecho cuestionarse aquellas imágenes que no son buen reflejo de Dios y que siguen en nuestro imaginario colectivo. La crítica feminista parte de estas pretensiones, pero también de las experiencias de las mujeres que critican la presencia de un Dios patriarcal que les es insuficiente porque oculta el verdadero Dios Abba- Amma de Jesús.

1. Nos es insuficiente un Dios restrictivo e intervensionista Muchas personas en nuestras comunidades eclesiales conviven con una imagen de Dios legislador y represivo. Se rige por normas, impone caprichosamente lo que es molesto, y manda sistemáticamente lo que es desagradable. Reprime en lo sexual, en lo moral, en el pensamiento y en la praxis colectiva…; establece sus relaciones con la persona desde el “tengo que” o “debo de”. Exige, pide e impone a voluntad. Emerge así un Dios de cuyo capricho dependen las catástrofes y las guerras y éstas se asumen porque provienen de un poder mayor que regula el mundo, con lo que se educa a la persona a la resignación en un mundo determinado por Dios.

2. Nos es insuficiente un Dios utilitario

El encuentro con Dios se entiende como una relación utilitaria, al que sólo se le pide lo necesario y del cual se prescinde si se cree que se tiene todo. Se acude a él cuando la persona vive en un aprieto, para que resuelva el problema de forma casi mágica. Muchas personas acuden a rezar, buscando una intervención sobrenatural de Dios que solucione la enfermedad, la desdicha o el sufrimiento. Hace milagros cuando lo necesitamos. Es un Dios que está pendiente de los caprichos y deseos de los seres humanos, cubriendo sus errores y arreglando lo que no marcha bien. Es un tapa-agujeros. Vive para las personas, a su medida y antojo y resulta arbitrario, porque puede parecer que tiene preferencias por unos más que por otros. De esta manera nos quitamos de encima la responsabilidad de los males del mundo, justificando, así, la pasividad ante la realidad, esperando siempre de otros la transformación de las cosas.

3. Nos es insuficiente un Dios castigador

Dios se presenta muchas veces de forma amenazante, que vigila con severidad el comportamiento de las personas y las amenaza con juzgarlas duramente. Ello permite justificar las injusticias del orden constituido, y mantenerlas como están sin problemas de conciencia. Es un Dios que castiga al salirse de la norma, una norma impuesta mayoritariamente por varones y célibes. Prohíbe y no perdona nuestros fallos, y siempre permanece observándonos a modo de “gran hermano”, para controlar nuestro comportamiento, actitudes y acciones. Es el Dios que mide con distinto rasero a los hombres y a las mujeres y del que nos llegan desgracias (“¡castigo de Dios!”) por culpa de nuestras acciones. En la relación con Dios está siempre presente la culpabilidad.

4. Nos es insuficiente un Dios ausente

Asistimos después de veinte siglos a una reflexión teológica desencarnada, abstracta y cosificante de Dios. Presentamos a un Dios que está en el cielo y que no escucha ni interviene en las vidas de las personas, ni invita a retos en este mundo, ni interroga sobre las actitudes y las acciones del cada día. Mucha gente considera, en una visión pesimista del mundo, que Dios después de crear el mundo se olvidó de nosotros. Esta idea queda reforzada por las nuevas corrientes espiritualistas y esotéricas que entienden a la divinidad como un todo universal y cósmico con el que no se establece relación alguna. Dios se convierte en un ente vacío que se llena de palabras y discursos pero no influye en la vida diaria. Nuestra Iglesia está llena de discursos masculinos de este tipo, olvidando la importancia de la presencia del cuerpo, las relaciones y la presencia material del mundo y de cada uno de los seres que lo habita.

5. Nos es insuficiente un Dios racional

La concepción teológica aristotélicatomista ha producido, especialmente, una laicización y racionalización de la imagen de Dios, ajena a otras dimensiones imprescindibles de la persona como son las de carácter psicológico, antropológico, social, histórico y pastoral. Se trata de una visión de Dios colmada de atributos, relacionados casi exclusivamente con su trascendencia: misterio inescrutable, omnipotente, justo juez, señor de los ejércitos, luz inaccesible…, imagen absoluta, fría y lejana. Esta definición de Dios dificulta en gran medida la experiencia religiosa de las comunidades y creyentes menos formados, que tenderán a repetir estas fórmulas sin entenderlas ni hacerlas suyas, o las rechazarán, prefiriendo en gran medida una devoción popular afectiva-emotiva hacia Jesucristo, la virgen María o los santos. Cuando este vínculo emotivosocial se rompa, la relación con Dios se quebrará definitivamente.

6. Nos es insuficiente un Dios sádico

Las comunidades cristianas tenemos una gran tendencia a responsabilizar a Dios del sufrimiento. Muchas personas vuelcan la respuesta al problema del mal en Dios, como si Él fuera el artífice del mal del mundo 7. Este planteamiento acaba muchas veces en afirmaciones tales como “No hay mal que por bien no venga” o “Dios nos prueba” o “Hay que sufrir para ganarse el cielo”, entendiendo que el sufrimiento nos conviene. Dios se convierte en un ser que necesita de nuestros sacrificios y sufrimientos para convencerse de que merecemos la felicidad. Sólo a través del dolor llegamos a Él. El sometimiento de muchas mujeres pasa por asumir que deben sufrir para conseguir acercarse algo a Dios.

7. Nos es insuficiente un Dios violento, imagen ambigua de lo divino que legitima el uso de la violencia para avalar la interpretación radical de unos pocos. Suele estar vinculada a visiones de la realidad fundamentalista, tanto en el cristianismo como en otras religiones.

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