LA MEMORIA BIOCULTURAL

Carlos Pereda

Éxodo 103 (marz.-abr.’10)
– Autor: Carlos Pereda –
La importancia ecológica de las sobidurías tradicionales
 
Conocí a Víctor y a Narciso en la presentación de su libro en Madrid hace más o menos un año y tengo que reconocer que quedé impactado. Lo saben bien mis amigos y mis hijos a quienes regalé su libro convencido de que valía la pena. Los autores son investigadores de la Universidad Nacional de México que han dedicado más de tres décadas a la exploración de los saberes y las prácticas de los pueblos tradicionales e indígenas del mundo y que ahora recogen los resultados de su trabajo en este libro de 230 páginas, editado por Icaria y que próximamente aparecerá en inglés.

La tesis central es que las culturas indígenas, generalmente ignoradas o desvalorizadas por nuestra cultura occidental, alojan sabidurías milenarias donde se concentra la memoria biocultural de la especie humana; sabidurías que pueden ser vitales para esbozar soluciones a escala civilizatoria a los problemas actuales. Desde que el Homo sapiens surgió en África hace unos 200.000 años, la especie humana ha colonizado prácticamente todo el planeta, aprendiendo cada pueblo a utilizar de manera específica los recursos disponibles en su hábitat. El resultado fue una rica diversidad cultural que puede ser entendida desde tres dimensiones básicas: genética, lingüística y cognitiva.

Cada genoma individual es un libro de historia de toda la especie y la interpretación y comparación de genomas de diferentes grupos humanos permite a los especialistas entender los procesos del pasado. Los lenguajes también se han diversificado y evolucionado con el tiempo hasta configurar unas 7.000 lenguas vivas (en el siglo XV eran 12.000). Y sobre la diversidad genética y lingüística aparecen los conocimientos: creencias y saberes, formas de organización y decisión de las comunidades, arte, instrumentos y herramientas, vestimentas y sistemas de alimentos, bebidas y medicinas, etc. De todas estas expresiones destacan los conocimientos sobre la naturaleza, transmitidos por vía oral de generación en generación, por medio de los cuales la especie humana fue moldeando sus relaciones con el medio ambiente (etnoecología).

El libro ayuda a superar prejuicios muy arraigados y a poner en valor a las culturas tradicionales. En primer lugar, no se trata de culturas muertas ya que entre 1.300 y 1.600 millones de personas mantienen patrones tradicionales de producción campesina, que se contraponen al modelo agroindustrial moderno. Unas culturas que se originaron hace 10.000 años, cuando los seres humanos aprendieron a domesticar y a cultivar a pequeña escala plantas y animales y a dominar ciertos metales, en lo que se dio en llamar “revolución neolítica”; se lograron entonces altos niveles de diversidad, autosuficiencia y productividad ecológica, basada en el uso de energía solar y biológica.

En segundo lugar, el conocimiento tradicional tiene carácter científico, resultado de una larga historia de relación y aprendizaje en el uso de los recursos circundantes, que son transmitidos y mejorados por vía oral de generación en generación. Se trata, como reconoció Levi-Strauss, de una aproximación a la naturaleza que “requirió una actitud mental verdaderamente científica, una curiosidad asidua y perpetuamente despierta, un gusto del conocimiento por el placer de conocer… que sigue siendo el sustrato de nuestra civilización” (El pensamiento salvaje, 1962).

Por último, los pueblos tradicionales aportan también sabiduría, que se basa en la experiencia concreta y en las creencias compartidas por los individuos acerca del mundo en que viven. La intuición, las emociones, los valores éticos se encuentran embebidos en la manera de mirar las cosas y de relacionarse con el contexto. La naturaleza y la cultura forman parte del mismo mundo; los valores locales encuentran su raíz en el mundo mítico y los ritos que actualizan tales mitos. La naturaleza es a la vez entendida y respetada, es vista como una fuerza de vida que es imposible de controlar pero que es fundamental para la existencia humana y que es preciso cuidar y mantener como el legado más precioso.