La mayor prueba de amor es dar la vida por los demás

Armando Márquez Ochoa

Cuando se trata de beatificar o de canonizar a un hombre,

es aquí donde se le examina: su amor.

El amor es la santidad y la medida de la santidad.

Si un hombre sabe desprenderse de sí mismo y amar, es santo;

si un hombre habla mucho de santidad pero no sabe amar, no es santo

(Mons. Romero, 13 mayo 1979)

UNA IGLESIA POBRE PARA LOS POBRES

El Papa Francisco que, desde los inicios de su pontificado, expresó su deseo de impulsar “una Iglesia pobre para los pobres” ahora nos propone un modelo de pastor y de Iglesia coherente con ese ideal. En el contexto de involución que, con los dos Papas anteriores, hemos vivido y, con una gran mayoría de cardenales, obispos y sacerdotes conservadores, impulsando un modelo de Iglesia sacramentalista y espiritualista, la canonización de Monseñor es una “buena noticia”.

Nos alegramos porque confirma lo que a nivel popular ya proclamábamos y que Don Pedro Casaldáliga “oficializó” con su poema “San Romero de América”. Desde el Concilio Vaticano II y desde Medellín, venimos soñando y trabajando por una Iglesia más evangélica, más cercana a aquellas primeras comunidades (Hech 2,42-46; 4,32-36); creemos que, el Papa Francisco, está empujando en ese sentido: por ejemplo, escogió para beatificar a Mons. Romero la fecha de Pentecostés (23 mayo 2015), una festividad con un mensaje y un significado especial porque Mons. Romero consideraba Pentecostés como “el cumpleaños de la Iglesia, porque este día nació la Iglesia” (Homilía del 14 mayo 1978); con ello creemos que el Papa Francisco nos ha invitado a “refundar” la Iglesia en el espíritu de Mons. Romero, como “una Iglesia pobre para los pobres”.

Ahora, la invitación se repite: Francisco canoniza a Mons. Romero junto a Pablo VI, el Papa que decidió llevar adelante el Concilio y viajó a Latinoamérica para inaugurar la Conferencia Episcopal de Medellín, de donde emanaron los lineamientos que conformaron la Iglesia Latinoamericana como una “Iglesia pobre para los pobres”. Sin duda, todavía estamos muy lejos de ese ideal; por eso, la canonización no es un punto final, es una etapa para dar seguimiento a los ideales, a la palabra y al testimonio martirial de Mons. Romero.

 

Algunos signos positivos han comenzado a presentarse: Mons. José Luis Escobar Alas, Arzobispo de San Salvador, siguiendo la denuncia del Papa Francisco respecto al martirio de Mons Romero[i] (en el sentido que fue difamado, calumniado, ensuciado, o sea que su martirio se continuó incluso por hermanos suyos en el sacerdocio y en el episcopado), en la homilía[ii] de la eucaristía de acción de gracias por la canonización expresó: quiero hacer un acto de justicia: Públicamente pido perdón en nombre de aquella parte de la Iglesia que maltrató a Monseñor Romero y lo difamó; entre esos sus hermanos obispos, sacerdotes y laicos que lo abandonaron y lo atacaron en una actitud antievangélica. Y no solo en vida, sino aun después de su muerte martirial. Pedimos perdón al santo pueblo de Dios por todo el escándalo que esa actitud injusta le causó. También manifestó, un público reconocimiento y expreso un sincero agradecimiento a todos aquellos que sí supieron responder a ese momento histórico de salvación dando fiel testimonio de su fe al lado de Monseñor Romero, supieron estar junto al Santo,… a las Comunidades Eclesiales de Base… Este reconocimiento público de las CEB´s es importante porque en las últimas 3 décadas, estuvimos ignoradas, invisibilizadas por la jerarquía católica salvadoreña. Además, fue significativa la invitación de Mons. Escobar, a “que, siguiendo las huellas de nuestro Santo, luchemos por la justicia”, para ello actualizó las denuncias de Mons. Romero en 4 temas de actualidad en el contexto social y político salvadoreño: la defensa del agua, el injusto sistema de pensiones, un sistema tributario que castiga a los pobres y beneficia a los ricos, y, finalmente, la defensa del derecho a migrar. Agradecemos al Señor Arzobispo este tono profético en la línea de Mons. Romero y esperamos que marque un cambio de tendencia pastoral, teológica y litúrgica.

 

CARACTERISTICAS DE LA SANTIDAD DE OSCAR ARNULFO ROMERO

 

¿Qué tipo de santidad descubrimos en él?: Sin duda las características tradicionales de santidad, pero, además, Mons. Romero, presenta algunas notas que lo hacen un santo diferente, un santo especial, un santo difícil de comprender y, por supuesto, de seguir:

 

  • SANTIDAD PROFETICA: sin duda esta fue una característica muy especial, específica y novedosa en Mons. Romero; el anuncio y la denuncia que hizo durante sus 3 años como Arzobispo lo han catapultado a nivel mundial, difícilmente encontramos desde los profetas del Antiguo Testamento, un profeta con tanta fuerza: Es obra de Dios, y por eso no tenemos miedo a la misión profética que el Señor nos ha encomendado. Ya me imagino que alguno dice: «¡Ah, se está creyendo profeta!». No es que me crea profeta, es que ustedes y yo somos un pueblo profético, es que todo bautizado ha recibido participación en la misión profética de Cristo… Nunca me he creído profeta como en el sentido de único en el pueblo porque sé que ustedes y yo, el pueblo de Dios, formamos el pueblo profético, y mi papel únicamente es excitar en ese pueblo su sentido profético que no lo puedo dar yo, sino que lo ha dado el Espíritu” (14 julio 79).

 

  • SANTIDAD POLITICA: otra de sus grandes habilidades fue saber iluminar sabiamente la realidad sociopolítica que se vivía en su tiempo: a la luz de la Palabra divina que revela el proyecto de Dios para la felicidad de los pueblos, tenemos el deber, queridos hermanos, de señalar también las realidades; ver cómo se va reflejando o se está despreciando entre nosotros, el proyecto de Dios. Nadie tome a mal que a la luz de las palabras divinas que se leen en nuestra misa iluminemos las realidades sociales, políticas, económicas, porque de no hacerlo así, no sería un cristianismo para nosotros… (23 marzo 1980)
  • SANTIDAD EN FIDELIDAD AL PUEBLO: Pero quiero asegurarles a ustedes, y les pido oraciones para ser fiel a esta promesa, que no abandonaré a mi pueblo sino que correré con él todos los riesgos que mi ministerio me exige… (11 noviembre 1979)
  • SANTIDAD EN LA PERSECUCION Y EL MARTIRIO: la comisión de teólogos aprobó el reconocimiento de la muerte “in odium fidei”. Y es que Mons. Romero vivió la persecución y el martirio por odio a la fe, por odio a la justicia, a la verdad y a los pobres: como rumores los creo también los que me avisaron esta semana que yo también anduviera con cuidado que se estaba tramando algo contra mi vida. Yo confío en el Señor y sé que los caminos de la Providencia amparan a quien trata de servirle (7 enero 1979). Me basta para estar feliz y confiado saber con seguridad que en Él está mi vida y mi muerte, que a pesar de mis pecados en Él he puesto mi confianza y no quedaré confundido” (último retiro 25 febrero 1980)

DESPUES DE LA CANONIZACIÓN

Durante más de 3 décadas estuvimos luchando por visibilizar y reconocer la santidad de Mons. Romero, ahora no podemos bajar la guardia, la canonización no puede servir como estrategia institucional y eclesial para convertir a Mons. Romero en un santo de camerino, tal como lo expresó el cardenal Gregorio Rosa Chávez, hay que evitar presentarlo como un “santo light o descafeinado”.

Con la canonización, la historia y diversos sectores a nivel mundial reivindican la figura de “San Romero de América y del mundo entero”, la realidad se impone: la verdad de Mons. Romero crece cada día más, el Vaticano finalmente ha asumido y acogido el clamor popular expresado en los diferentes ámbitos de la realidad: el arte en sus diversas expresiones, la literatura, el teatro, la música, la academia, la geografía, la jurisprudencia, la teología, las Iglesias, las Naciones Unidas… proclaman universalmente la grandeza única de este santo obispo, mártir, profeta y “doctor” de la Iglesia.

Una de las tareas post canonización es la demanda de justicia, es incoherente e injusto que, mientras la Iglesia universal y el mundo le honran, en El Salvador, su crimen se mantenga en la impunidad. El señalamiento de los Apóstoles a las autoridades judías: “Ustedes mataron al autor de la vida, pero Dios lo levantó de los muertos. ¡Y nosotros somos testigos de ese hecho!” (Hech 3,15), se mantiene, esta denuncia se actualiza en Mons. Romero: nosotros también ahora levantamos el dedo acusador contra los sectores que lo asesinaron, lo que pedimos no es venganza sino justicia; está claro que Roberto D´Abuisson (fundador del partido ARENA) fue el autor intelectual del complot magnicida, él ya falleció, pero, no actuó solo, los sectores que le apoyaron logística y financieramente están vivos y activos políticamente, lo menos que podemos esperar de ellos es que pidan perdón; el Señor Arzobispo ha dado un paso importante, ahora, les toca a otros continuar su ejemplo; pedir perdón no es fácil, tampoco humilla, pero, sí supone mucha humildad, actitud cristiana que dignifica. Así como el dedo de la historia reivindica al santo, así el dedo justiciero de la historia, también señala a sus asesinos: “ustedes mataron al santo, al justo, al profeta, pero, Dios lo ha santificado, la Iglesia lo ha canonizado, el pueblo lo ha resucitado y nosotros somos testigos de ello”

[i] http://w2.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2015/october/documents/papa-francesco_20151030_el-salvador.html

[ii] https://drive.google.com/drive/folders/1hdYSkSsAAaN-Ld1hfEH_HrrX6035vWl7?ogsrc=32