LA JUVENTUD Y EL ABORTO: UNA VISISÓN DESDE LA PRÁCTICA CLÍNICA

Isabel Serrano Fuster

Éxodo 98 (marz.-abr´09)
– Autor: Isabel Serrano Fuster –
 
Soy ginecóloga y a lo largo de mi labor profesional he tenido oportunidad de atender a muchas jóvenes enfrentadas a un embarazo inesperado que termina en un aborto. Y con frecuencia, como padres, madres, profesores o sanitarios, nos preguntamos ¿cómo es posible que con toda la información que tienen cerca de 15.000 jóvenes menores de 20 años aborten cada año?

El discurso social tiende a dividirse en dos grupos: uno, que sólo piensa en la responsabilidad de los propios jóvenes, basándose en sus típicos comportamientos (sexualidad lúdica, escaso miedo al riesgo…), y otro, que otorga más responsabilidad al conjunto de la sociedad que es la que transmite a sus jóvenes valores negativos (sexo fácil, culto al cuerpo, falta de compromiso…) o la que no pone a su alcance medidas de prevención suficientes.

Aunque me sentiría más cerca del segundo grupo, no se trata de buscar culpables sino soluciones. Aunque seguramente unos y otros, la juventud y la sociedad adulta, tenemos parte de responsabilidad en el aumento de embarazo juvenil y su consecuencia de abortos tempranos, también está en nuestras manos, las de todos, poner las bases para que la situación vaya a mejor.

¿QUÉ VEMOS EN LA PRÁCTICA DIARIA?

Efectivamente, la mayoría de los y las jóvenes inician pronto una actividad sexual coital porque vivimos en una sociedad coitocéntrica que deja poco espacio a las relaciones amorosas basadas en otras formas de relación… y eso cala en nuestros jóvenes.

Respecto a la sexualidad juvenil… La media de edad de inicio de experiencias sexuales coitales ronda los 17 años, lo que quiere decir que aunque algunos empezarán más allá de los 20, otros lo harán a los 14 o a los 15. Debemos ser conscientes de que sus prácticas sexuales se desarrollan muchas veces de forma inesperada, no planificada, en lugares inapropiados y con una urgencia que con frecuencia les hace actuar sin medidas de protección. Por eso es tan importante que seamos capaces de entender el proceso y promover la prevención necesaria.

Respecto a su actitud ante la maternidad y la paternidad… también hay cosas especiales. La mayoría no piensa en ello porque no entra en sus planes, pero no hay que olvidar que para una parte de la juventud, especialmente para la socialmente más vulnerable, tener un bebé puede suponer un medio para tener algo propio, cariño sin condiciones, una pareja consolidada, la autonomía de la que carecen, o para demostrar que no son estériles o que ya son mayores… Por eso, sabiendo que esas fantasías pueden acabar en embarazos irresponsables y en abortos, es tan importante actuar antes de que el problema haya llegado a sus vidas.

Y cuando el embarazo se ha producido, las vivencias se intensifican: terror a decirlo en casa, ambivalencia, culpabilización, miedo al proceso, temor a sus consecuencias…

ALGUNOS EJEMPLOS

María llegó a mi consulta con gran preocupación. Joven responsable, muy cerca de cumplir los 18 años, con escaso apoyo familiar, conviviendo desde hace unos meses con su pareja de 19 años. Ambos tenían claro que no deseaban seguir con un embarazo inesperado, producto de un fallo anticonceptivo. Su decisión había sido más que reflexionada, pues llevaba tres meses tratando de convencer a su madre de que la acompañara a un servicio sanitario y le firmara su autorización. Por motivos religiosos, por supuesto respetables, la madre, se negaba de manera rotunda. Otras alternativas tampoco eran posibles. ¿Conseguir su emancipación legal? Imposible al requerir la presencia del padre, que después de separarse de su madre estaba desaparecido. ¿Viajar a Francia donde la ley permite abortar a menores de 18 años sin autorización paterna? Imposible por falta de dinero. Resultado: esa joven ha sufrido lo inimaginable porque su familia, y el Estado, la han obligado a mantener un embarazo que de ninguna manera quería. No deberíamos pasar por alto, además, el nulo papel de su pareja, al que también se le obliga a ser padre contra su voluntad.

Y hay tantos casos… Jóvenes que tras una rotura de preservativo no saben dónde acudir para conseguir una píldora del día después, que no saben que sucedió porque habían tomado alcohol y no tenían consciencia de riesgo, que se les había olvidado tomar una píldora… Como siempre… unos actúan con responsabilidad y otros no, pero sería injusto decir que eso es propio sólo de la gente joven.

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