La Europa desencantada: los/as maginados/as del proyecto europeo

Andrés G. Castillo Sanz

A pesar de la riqueza global de la Unión Europea, la pobreza en la UE se encuentra todavía en un nivel relativamente alto. Casi una de cada siete personas están en riesgo de pobreza. Las cifras son aún mayores para algunos grupos como los niños y las personas mayores. Sin embargo, el alcance y la gravedad del problema a menudo no se entienden ni por parte de los políticos o por los ciudadanos. Esto hace que no se dé la suficiente urgencia a su erradicación. A menudo esto se debe a que la gente solo piensa en la pobreza como algo que es tan extremo que amenaza la existencia misma de las personas, por lo cual asocian estas situaciones principalmente con los países en desarrollo. Sin embargo, la realidad es que la pobreza en la UE es un problema muy real que trae miseria a la vida de muchas personas.

El debate sobre la pobreza en la UE suele estar estrechamente asociado con la exclusión social. El término exclusión social se usa para enfatizar los procesos que empujan a las personas a los márgenes de la sociedad, lo que limita su acceso a recursos y oportunidades, reduce su participación en la vida social y cultural normal, lo que les hace sentirse marginados, impotentes y discriminados.

Uno de los problemas con respecto a la pobreza es aclarar lo que significa y cómo se puede definir.

La pobreza absoluta se da cuando las personas carecen de la posibilidad de cubrir las necesidades básicas para la supervivencia. Las personas pobres pueden estar muriendo de hambre, carecen de agua potable, vivienda adecuada, ropa suficiente o medicamentos y su día a día es una pura lucha para mantenerse con vida. Esto es más común en los países en desarrollo, aunque todavía existen personas en la Unión Europea (UE), por ejemplo, las personas sin hogar, muchos inmigrantes o los gitanos en algunos asentamientos, que siguen experimentando este tipo de pobreza extrema.

La pobreza relativa se refiere básicamente a un estado de vida en el que los ingresos de las personas son mucho menores que el nivel general de vida en el país o la región en la que viven. Lo que esto significa variará de un país a otro, dependiendo del nivel de vida de la mayoría. Aun no siendo tan extrema como la pobreza absoluta, la pobreza relativa sigue siendo muy grave y perjudicial para las personas que la sufren y para la sociedad en cuyo seno se da y se mantiene.

Vivir en la pobreza suele significar:

  • Terminar por estar aislado de la familia y los amigos.
  • Una vida carente de esperanza y con una sensación de impotencia y de ser excluido, de poseer poco control sobre las decisiones que afectan a su propia vida.
  • Falta de información sobre las ayudas y los servicios que están disponibles para las personas con carencias.
  • Tener problemas para conseguir tener satisfechas las necesidades básicas, poder llegar a acceder a una vivienda digna, disfrutar de los servicios médicos y de la educación en las escuelas, y elimina las oportunidades de aprendizaje en cualquier etapa de la vida.
  • Vivir en un vecindario inseguro con altos niveles de delincuencia y violencia junto con malas condiciones ambientales o en una zona rural remota y aislada.
  • Prescindir de necesidades muy básicas, ya que puede no ser capaz de pagar los servicios públicos esenciales como el agua, el gas y la electricidad, ni tiene para comprar alimentos saludables o ropa nueva o utilizar el transporte público.
  • No poder permitirse comprar medicinas o visitar al dentista.
  • Vivir día a día sin ahorros o reservas para tiempos de crisis, como la pérdida de un trabajo o si se cae enfermo y, por lo tanto, tener muchas probabilidades de incurrir en deudas.
  • Ser explotados y obligados a trabajar o a vivir en situaciones ilegales.
  • Experimentar el racismo y la discriminación;
  • No poder participar en la vida social y en las actividades recreativas normales, como ir al bar o a eventos deportivos o de cine o a visitar a los amigos o salir a comprar los regalos de cumpleaños para los miembros de la familia.

En general, la realidad de la pobreza en la UE es tal que afecta a muchos aspectos de la vida de las personas y limita el acceso de las personas a sus derechos fundamentales. Por ejemplo, los niños que crecen en la pobreza son más propensos a sufrir problemas de salud, avanzar más lento en la escuela y convertirse en la próxima generación de adultos en riesgo de desempleo y de pobreza a largo plazo.

La medición de la pobreza de ingresos relativa capta solo una parte de la realidad y no describe plenamente la complejidad de la pobreza. También es importante medir otras cosas que puedan reflejar la naturaleza multidimensional de la pobreza. Entre estos se incluyen aspectos tales como el nivel de endeudamiento, el nivel de desempleo y la falta de trabajo, el grado de deterioro de la salud o desventaja educativa, el número de personas que viven en viviendas inadecuadas y malas condiciones ambientales y el grado en el que las personas tienen un acceso inadecuado a los servicios públicos.

En términos de individuos, algunos de los factores clave que se consideran que hacen que una persona esté más en riesgo de caer y permanecer en la pobreza, son:

  • Estar en paro o tener un trabajo de mala calidad (es decir, mal pagados o precarios), porque esto limita el acceso a un ingreso digno y mantiene a la gente fuera de las redes sociales.
  • Tener bajos niveles de educación y formación profesional, porque esto limita la capacidad de las personas para acceder a puestos de trabajo dignos que les permitan desarrollar sus capacidades y participar plenamente en la sociedad.
  • El tamaño y el tipo de familia. Las familias numerosas y las familias monoparentales tienden a estar en mayor riesgo de pobreza porque suponen costes más altos, menores ingresos y mayores dificultades para obtener un empleo bien remunerado.
  • Las mujeres sufren, por lo general, un mayor riesgo de pobreza que los hombres, ya que es más difícil que sean contratadas en un trabajo remunerado, tienden a tener menores pensiones, están más involucradas en las responsabilidades que implican cuidados no remunerados y cuando están en el trabajo, con frecuencia se les paga menos.
  • Discapacidad o mala salud, porque esto limita la capacidad de acceder al empleo y también conduce a un aumento de los costes en el día a día.
  • Ser miembro de los grupos étnicos minoritarios, como los gitanos y los inmigrantes o migrantes indocumentados, ya que sufren particularmente por la discriminación y el racismo, y, por lo tanto, tienen menos posibilidades de acceso al empleo, a menudo se ven obligados a vivir en entornos físicos peores y tienen un menor acceso a los servicios esenciales.
  • Vivir en una comunidad remota o muy desfavorecida, donde es peor el acceso a los servicios.

Todos estos factores crean barreras y dificultades adicionales, pero deben considerarse dentro del contexto general de la estructura de cómo un país en particular elige organizarse para distribuir la riqueza y combatir la desigualdad.

En 2014, 122,3 millones de personas, o el 24,4% de la población en la UE-28 estaban en riesgo de pobreza o exclusión social, en comparación con el 24,5% en 2013.

La cifra para la tasa riesgo de pobreza o de exclusión social para la media de la UE-28, calculada como media ponderada de los resultados nacionales, enmascara variaciones considerables entre los Estados miembros de la UE. En 2014, más de un tercio de la población se encontraba en situación de riesgo de pobreza o exclusión social en tres Estados miembros de la UE: Rumania (40,2%), Bulgaria (40,1%) y Grecia (36,0%). En el otro extremo de la escala, los porcentajes más bajos de las personas que están en riesgo de pobreza o exclusión social se registraron en Finlandia (17,3%), Suecia (16,9%), los Países Bajos (16,5%) y la República Checa (14,8%).

En general, la tasa de riesgo de pobreza ha disminuido ligeramente en al ámbito de la UE-28 entre 2013 y 2014 en 0,1 puntos porcentuales (pp). Se elevó en 1,9 puntos porcentuales en España y 1,3 pp en Finlandia, disminuyendo en 7,9 pp en Bulgaria y 3,5 pp en Lituania.

Con una tasa del 27,8% en la UE-28, los niños estaban en mayor riesgo de pobreza y de exclusión social en 2014 que el resto de la población en 20 de los 28 Estados miembros de la UE. Las brechas más grandes entre los niños y la población total se observaron en Rumanía, Hungría y Malta. La situación era relativamente mejor para los niños que en los adultos en Dinamarca, Chipre, Eslovenia, Alemania, Finlandia, Suecia, Croacia, Estonia, así como en Noruega.

El porcentaje de niños que viven en hogares en riesgo de pobreza o exclusión social varió de 14,5% en Dinamarca, el 15,6% en Finlandia y el 16,7% en Suecia y más del 40,0% en Hungría, Bulgaria y Rumanía. Los principales factores que afectan a la pobreza infantil son la situación del mercado laboral de los padres, que está vinculada a su nivel de educación, la composición del hogar en el cual los niños viven, y la eficacia de la intervención del gobierno a través de apoyo a los ingresos y la provisión de servicios de capacitación. Existen también otros grupos de niños más vulnerables, como son los que tienen padres migrantes, los cuales merecen especial atención.

Las personas mayores enfrentan un menor riesgo de pobreza o exclusión social en 2014 que la población en general, tanto a nivel de la UE-28 (17,8% frente a 24,4%) y en 23 de los 28 Estados miembros de la UE. El riesgo de pobreza o exclusión social que sufren las personas de 65 años o más en 2014 osciló entre el 6,4% en Luxemburgo al 47,8% en Bulgaria. Estas diferencias en la situación relativa de los ancianos dependen de una serie de factores, incluyendo las características de los sistemas de pensiones actuales y la estructura por edad y sexo de la población de edad avanzada, ya que las mujeres de edad avanzada y los muy mayores tienden a enfrentarse a un riesgo mucho mayor en algunos países.

En cuanto a cada uno de los tres elementos que contribuyen a que una persona esté en riesgo de pobreza o exclusión social, el 17,2% de la población en la UE-28 en 2014 estaba en riesgo de pobreza después de recibir transferencias sociales, lo que significa que su renta disponible estaba por debajo de su umbral nacional. La tasa de riesgo de pobreza después de transferencias sociales ha aumentado ligeramente en la UE-28 en comparación con 2013. Las mayores tasas de riesgo de pobreza se observaron en Rumanía y España (25,4% y 22,2%, respectivamente), Grecia (22,1%), Bulgaria y Estonia (ambos 21,8%), y la menor en Finlandia (12,8%), Eslovaquia (12,6%), Dinamarca (11,9%), los Países Bajos (11,6%) y la República Checa (9,7%). Al considerar las situaciones específicas de cada país, donde aumentó más el riesgo de pobreza (después de las transferencias sociales) en 2014 fue en Rumanía (3,0 pp) y donde disminuyó más fue Lituania (–1,5 pp).

En Chipre, a pesar de la caída del 9,3% en el ingreso medio entre 2013 y 2014, la tasa de riesgo de pobreza después de transferencias sociales solamente se redujo en 0,9 pp, de lo que se puede deducir que la situación de las personas por debajo del umbral solo evolucionó ligeramente. El ingreso medio en moneda nacional también se redujo en un 8,3% en Grecia entre 2013 y 2014, al igual que su tasa de riesgo de pobreza. Esto implica que un número de personas en estos dos Estados miembros de la UE que se encontraban alrededor de la línea de pobreza en 2013 se trasladó por encima de ella, aunque de manera significativa su situación no cambió en el año 2014 debido a la disminución del umbral causada por la caída de la renta mediana. Exactamente lo opuesto es cierto para España, para la que el ingreso medio se redujo en un 1,9% mientras que la tasa de riesgo de pobreza se incrementó, lo que implica que el número de personas expuestas en riesgo de pobreza ha aumentado en 2013-2014 y en general su situación –desde una perspectiva de ingresos– ha empeorado.

El análisis de las carencias materiales complementa la imagen de la exclusión social, proporcionando una estimación de la proporción de personas cuyas condiciones de vida se ven muy afectadas por la falta de recursos. La tasa de privación material grave representa el porcentaje de personas que no pueden pagar al menos cuatro de los nueve siguientes elementos:

  • tener atrasos en pagos de hipoteca o alquiler, facturas de servicios públicos, pago de compras a plazos u otros pagos de préstamos;
  • poder permitirse vacaciones anuales de una semana fuera de casa;
  • poder permitirse una comida de carne, pollo, pescado (o equivalente vegetariano) cada dos días;
  • poder afrontar gastos financieros inesperados;
  • poder comprar un teléfono (que puede ser también un teléfono móvil), una televisión en color, una lavadora y/o un coche;
  • tener calefacción en la casa.

En la UE-28, el 9,0% de la población sufrían privación severa de bienes materiales. La proporción de las personas con privación material grave varió significativamente entre los Estados miembros de la UE. Por un lado, el 3,2% en los Países Bajos y Dinamarca, 2,8% en Finlandia, el 1,4% en Luxemburgo y solo el 0,7% de la población se vio gravemente privado de recursos materiales en Suecia. Por otro lado, la tasa de privación fue mayor que 26,3% en Rumanía y que 33,1% en Bulgaria.

Aunque en general, a nivel de la UE, la privación material grave disminuyó en 0,6 pp entre 2013 y 2014, en algunos Estados miembros de la UE la situación era diferente; Grecia aumentó en 1,2 pp, en España en 0,9 pp, en Bélgica en 0,8 pp, en Malta y los Países Bajos en 0,7 pp, en Finlandia un 0,3 pp y en la República Checa un 0,1 pp.

En 2014 el 38,9% de la población de la UE-28 informó de dificultades para hacer frente a dichos gastos inesperados. Hay variaciones considerables entre los Estados miembros de la UE en este aspecto. El porcentaje de personas que informan de tales dificultades varió de 24,0% o menos en Bélgica, Alemania, Austria, Luxemburgo, los Países Bajos y Suecia, y más del 60,0% en Hungría, Letonia y Croacia. En comparación con 2013, la proporción de las personas que han tenido que hacer frente a esos gastos inesperados aumentó donde más en Grecia (+4,7 pp) y Chipre (+5,5 pp). Al mismo tiempo se redujo en sustancialmente en Bulgaria (–14,5 pp) y en más de 2 puntos porcentuales en Estonia (–2,8 pp), el Reino Unido y Lituania (cada uno –2,2 pp) y Letonia (–2,1 pp).

La pobreza y la desigualdad representan un ataque directo a los derechos fundamentales de las personas, limitan las oportunidades que tienen para alcanzar su potencial plenamente, ocasionan un alto costo para la sociedad y constituyen un obstáculo para el crecimiento económico sostenible. La pobreza también refleja los fallos de los sistemas de redistribución de los recursos y de las oportunidades. Estos fallos conducen a desigualdades profundamente arraigadas y es la causa que está en el origen del contraste entre la riqueza excesiva concentrada en las manos de unos pocos, mientras que otros se ven obligados a vivir vidas restringidas y marginadas, a pesar de que han nacido o habitan en una región del mundo que es económicamente rica.