LA ESCUELA DE SERONDA: NATURALMENTE INTERCULTURAL

Luis Nosti

Número 83 (marz.-abril’06)
– Autor: Luis Nosti –
 
En el año 94, el Consejo de la Juventud del Principado de Asturias puso en marcha la Primera Escuela de Seronda (en castellano Escuela de Otoño), con la intención de crear un espacio formativo y de intercambio de experiencias entre las personas vinculadas al movimiento asociativo juvenil. Pensada en un principio para atender a las necesidades de las asociaciones del ámbito del Principado, con el correr del tiempo ha ido ampliando su campo de visión y acogiendo a personas de muy diversa procedencia.

Año tras año, la Escuela toma forma a través de una sucesión de jornadas, cursos y mesas redondas que transcurren a la par que un programa de actividades complementarias de carácter cultural y lúdico para fomentar la convivencia entre sus participantes. Las temáticas tratadas y los perfiles de los centenares de jóvenes que acuden a ella cada edición, han contribuido a consolidarla como un foro abierto desde el que se pretende reforzar la conciencia ciudadana entre la juventud, teniendo siempre como objetivo último la defensa de la dignidad humana. Organizada en un principio por el Consejo de la Juventud del Principado en solitario, con el tiempo se le han sumado otros consejos locales de juventud y diversas entidades juveniles, lo que ha propiciado que el encuentro se haya abierto de par en par a la sociedad civil, ya que la Escuela también cede sus espacios a aquellas organizaciones que deseen celebrar en su seno sus propias actividades. De este modo, Seronda ha ido ampliando su enfoque y atrayendo a diversos colectivos: feministas, personas que defienden las diferentes formas de vivir su sexualidad, sindicalistas, hablantes de lenguas minoritarias, ecologistas, educadores, gitanos, artistas alternativos, voluntarios europeos, inmigrantes, y todos aquellos que tienen abierta una lucha por un mundo en el que quepamos todos, han pasado y siguen pasando por Seronda para debatir, denunciar, intercambiar experiencias y, en definitiva, hacerse oír.

Edición tras edición, se comprueba que hay temas que siempre tienen presencia en esta Escuela, aunque la manera de enfocarlos evoluciona al mismo tiempo que evoluciona la propia dinámica de la realidad. Así, la igualdad radical entre hombres y mujeres forma parte de las grandes inquietudes y reivindicaciones de Seronda. Y también la dignidad de las personas que, hasta hace poco, no tenían los mismos derechos que el resto de la ciudadanía a causa de su orientación o identidad sexual, por cuyo reconocimiento siempre se ha apostado desde el Consejo de la Juventud. La prostitución y los problemas y necesidades de las personas que viven inmersas en ella, y la educación sexual con especial atención a la prevención del VIH, también son preocupaciones prioritarias en Seronda. Lo mismo sucede con las políticas juveniles, especialmente en lo referente a los problemas de la vivienda y el empleo, con la denuncia expresa y contundente de la precariedad laboral que padecen los jóvenes. Y es que Seronda ha tratado siempre de ofrecer una tribuna a todas aquellas personas que corren el riesgo de ser excluidas en cualquier rincón del planeta. Así, por ejemplo, dentro de la Escuela se ha celebrado el II Encuentro de Inmigrantes en Asturias, diversos colectivos gitanos han organizado sus foros y planteado sus reivindicaciones, representantes saharauis han venido a denunciar la situación de su pueblo, y se ha analizado y evaluado la cooperación con el Sur en la que trabajan numerosas organizaciones juveniles. Igualmente se han estrechado lazos con jóvenes de otros lugares de Europa pertenecientes al Servicio de Voluntariado Europeo y a las diversas entidades juveniles que, en los distintos países de la Unión, mantienen vivas las mismas inquietudes que los jóvenes asturianos y españoles.

De esta forma, la Escuela de Seronda, que jamás se propuso ser un encuentro intercultural, ha terminado siéndolo de hecho y de manera transversal en muchas de sus ediciones, y ello por el mero devenir natural de las sociedades. Porque, afortunadamente, en todos los lugares del mundo hay personas anónimas que, inmersas en la realidad que les ha tocado vivir, trabajan por la causa común de la solidaridad y la dignidad humana: personas que de un modo u otro están llamadas a encontrarse, en esta y en todas las pequeñas y grandes Serondas del mundo.

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