LA DIMENSIÓN POLÍTICA DE LA ESPIRITUALIDAD QUE EMERGE DESDE EL MEDIO RURAL

Jerónimo Aguado Martínez

Éxodo 115 (sept.-oct.) 2012
– Autor: Jerónimo Aguado Martínez –
 
Evaristo Villar me propone escribir un artículo sobre espiritualidad y política, que nos ayude a reflexionar a partir de cómo vivimos esta dimensión desde los pueblos, en la TIERRA DE CAMPOS, comarca donde trabajo y vivo.

A Evaristo no le puedo decir que no a la propuesta planteada, aunque sí debiera de haberle dicho que un servidor no es la persona indicada para abordar su demanda. Pero lo cierto es que no me atreví a comunicárselo y decidí asumir el compromiso, aun siendo consciente de mi ignorancia sobre el tema que nos ocupa.

Adelanto pues a los lectores/as de ÉXODO que en el presente artículo sólo van algunas pinceladas de mi vivencia personal sobre la dimensión espiritual y la práctica política en el contexto de un mundo rural olvidado.

Hace cinco años el entrañable Leonardo Boff tuvo la gentileza de acercarse a uno de los proyectos en los que estamos implicados en nuestra comarca: AMAYUELAS-MUNICIPIO ECOLÓGICO. La invitación, que aceptó con mucho agrado, tenía como objetivo poder participar en EL FORO PARA EL DIÁLOGO Y LA EXPRESIÓN DE NUEVAS UTOPÍAS, donde nos habló sobre el “AMENAZADO PATRIMONIO CUMÚN DE LA TIERRA. EL DESTINO COMÚN EXIGE UN CAMBIO DE RUMBO”.

En el desarrollo de su magnífica intervención caló hondo en mi interior una de las muchas ideas que allí desarrolló, idea que venía a transmitirnos la urgente necesidad del ser humano en pleno siglo XXI de dar un paso más a lo que han significado las propuestas históricas lideradas por el movimiento ecologista internacional (REDUCIR, REUTILIZAR, RECICLAR…) para abordar los graves problemas medioambientales creados por las formas de vida promovidas por un modelo de desarrollo que se asienta en el principio del crecimiento ilimitado. Leonardo nos proponía incorporar en nuestros idearios una cuarta ERRE (¡REARBORIZAR!) para simbolizar la urgente necesidad que tiene la humanidad de RENCONTRARSE con la naturaleza de la que hacemos parte, y dar una respuesta inmediata a los daños que le hemos causado como fruto de impulsar un modelo de desarrollo económico que ha puesto por encima de todo el dinero y el lucro.

Pero además, Leonardo nos invitaba a la acción inmediata para reponer los daños causados mediante el acto personal y colectivo de REPOBLAR EL PLANETA, LA CASA COMÚN, para así poder borrar el color grisáceo que hoy contemplamos en muchos lugares del mundo, sustituyéndolo por el verde ESPERANZA de nuestros bosques y de una agricultura viva.

Si entendí bien, la propuesta de Leonardo, el acto de plantar árboles, tiene una doble dimensión, la dimensión material (REPOBLAR), que a su vez está íntimamente ligada a una práctica política (cambio de las políticas agrícolas, cambio de modelo agroalimentario y forestal,) y la dimensión espiritual, relacionada con la experiencia vital de recuperar el vínculo que los humanos hemos perdido con la MADRE TIERRA, como fruto del maltrato a la que la hemos sometido a través de todas las agresiones medioambientales que nuestro modo de producción, consumo, y de vida, lleva implícito.

Tierra de Campos es una de esas comarcas donde se puede apreciar cuánto daño hemos hecho a nuestra casa común. A los grupos de personas con los que trabajamos por defender UN MUNDO RURAL VIVO, siempre les invito a conocer in situ nuestra comarca, para que puedan ver con sus propios ojos los impactos de la actividad humana durante los dos últimos siglos, y en el caso que nos ocupa, los impactos del modelo agroexportador que nos impusieron (y nosotros lo consentimos…) haciendo desaparecer las agriculturas a pequeña escala y en manos de las gentes de nuestros pueblos. Su resultado son pueblos y territorios abandonados, culturas ancestrales aniquiladas, ecosistemas destruidos, agricultura sin agricultoras y agricultores, tecnologías agresivas para con el medio ambiente, alimentos contaminados, tierra sin olmos y sin almas…

Después de muchos años de trabajo por defender nuestros pueblos y enfrentarnos a los diversos atropellos de los grupos de poder para frenar todas las agresiones que han planificado y desarrollado contra nuestras gentes y nuestros territorios; después de construir diversidad de microiniciativas (cooperativas, proyectos de autoempleo, educación popular, recuperación de pueblos abandonados…) para dar respuesta a los problemas cotidianos de la gente, sólo la fuerza de la dimensión espiritual me ha ayudado a dar coherencia y sentido a nuestras luchas.

Esta dimensión se va descubriendo (fui descubriéndola) cuando incorporas a tus praxis cotidianas el valor de la vida, generada en la diversidad de ecosistemas donde el ser humano es uno más, y cómo ésta emerge y se multiplica en cualquier resquicio donde la solidaridad se haya antepuesto a la cultura de la competencia y el individualismo, y donde el centro de atención prioritario son las partes débiles (los primeros en ocupar un puesto en el reino siempre serán los últimos), los excluidos/as del modelo neoliberal, especializado en globalizar el hambre y el sufrimiento humano, modelo que sobrevive explotando, excluyendo y extrayendo de la madre naturaleza todo lo posible, sin reponer nada a cambio.

Yo no sé si los tratados teológicos sobre espiritualidad caminan por estos derroteros; pero sí sé que nuestra presencia y praxis política, nuestra lucha POR UN MUNDO RURAL VIVO, en una comarca desértica (humana y medioambientalmente hablando), donde intentamos crear vida donde apenas ya no la hay, sólo es posible entenderla desde una dimensión mucho más profunda que el puro activismo sociopolítico.

Defender nuestra tierra (para que algún día sea tierra de todos y de todas…) conlleva posicionarnos contra el modelo neoliberal que, junto a las grandes corporaciones del agronegocio, poco a poco ejercen un control absoluto sobre los BIENES COMUNES: la tierra, las semillas, el agua y los alimentos.

Pero también, para defender nuestra tierra, lo hacemos construyendo proyectos alternativos en manos de nuestras gentes, plantando árboles, sembrando nuestros campos con semillas locales, produciendo alimentos sanos para alimentar al mundo y no a los mercados financieros, y agradeciendo todos los días al sol la energía que nos proporciona generosa y gratuitamente.

Y todo para que algún día no muy lejano en TIERRA DE CAMPOS hayamos recuperado el verdor perdido, nuestros olmos y nuestras almas.

Gracias, Leonardo, por ayudarme a descubrir la dimensión política de nuestra espiritualidad… Desde nuestro encuentro en Amayuelas, los árboles que planto todos los años tienen otro sentido: hacer de los obstáculos nuevos caminos, pues como muy bien nos dice nuestro amigo Joaquín García Roca, a la vida le basta el espacio de una grieta para renacer.