Julio Anguita

Benjamín Forcano

Hacer una entrevista a Julio Anguita es tocar algo nuevo. Si no hay mejor manera de contar la historia que hacerlo a través de las personas, creo que su intensa trayectoria política es camino para llegar a ese objetivo. Por tres claves: por su proyecto de sociedad, por su manera de explicarlo y hacerlo emerger en cada ciudadano, y por la necesaria participación de todos, individual y colectiva.

Acabada la guerra  civil, había problemas que reclamaban urgente solución. ¿Hubo voluntad  para recuperar los sueños negados por el franquismo?

Se referirá seguramente a los problemas creados o derivados del franquismo. Sí, hubo voluntad, porque el franquismo no podía seguir sin Franco. El capital español, que estaba detrás, necesitaba entrar en el Mercado Común Europeo.

Años antes de morir Franco, ya lo decían los directores de los Bancos, la propia Iglesia católica y  parte del Ejército: aquello había sido un régimen de excepción, pero España tenía que incorporarse por necesidades económicas al llamado Mercado Común Europeo y, en consecuencia,  el franquismo no podía continuar, pues de lo contrario no habría entrada en este Mercado.

No obstante, quiero subrayar  que la oposición de la izquierda en tiempos de Franco no tenía  tanta fuerza como el propio franquismo decía. Todo terminó en una componenda: el régimen de Franco se apoyó en una parte importante del pueblo español y en muchísimos trabajadores. Y la oposición democrática se dio, pero nuestros dirigentes, hablo de los del Partido Comunista, hicieron de la necesidad virtud. A lo mejor no se podía hacer otra cosa entonces, pero, cuando no se cumplieron los acuerdos y los pactos de la Moncloa, teníamos que haber estado en la calle, pero no, nos llenamos de solemnidad, de instituciones y empezó la grave decadencia del Partido Comunista.

¿Cómo juzgas la  evolución del PCE?

Las expectativas de cambio,  en el momento en que se tuvo que pactar con el régimen para que éste cambiase, fueron superficiales, pues el grueso del franquismo siguió en pie: las instituciones, los dirigentes, los cuadros del ejército, los jueces que habían condenado a gentes por el delito de rebelión cuando ellos habían sido los rebeldes… El régimen de Franco lo que hizo fue vestirse un poco de lagarterana y pasar a la orilla democrática, entonces el que  creyese que iban a cambiar de fondo se estaba engañando. Luchamos y  conseguimos cosas, pero ya desde dentro de una legalidad que había sido impuesta por el franquismo renovado.

¿El pasado heredado representaba para ti un momento de continuismo, de ruptura o de innovación integradora?

De ruptura no hay nada. Yo  no he visto una conciencia más encallecida que la del pueblo español. Con excepciones, se han tragado los robos de las  altas magistraturas, sentencias indignas, la corrupción de fuerzas políticas gobernantes, el incumplimiento de los artículos más avanzados  de nuestra Constitución, ataques a los derechos humanos.

A nuestro pueblo hay que decirle las cosas claras, y si no le gustan, pues que beban agua, porque hay que despertarlos del sueño. En el pueblo español hay una capacidad de encaje  de las corrupciones tremenda.  Yo no he sido suave hablando.

Tú querías un mundo en el que te bastaba con que se cumplieran los derechos humanos.

Hay una parte de la izquierda en mi partido que considera los derechos humanos como una cosa burguesa, revolucionaria. A mí siempre me han llevado los demonios, pues les he dicho: ¿habéis leído la solemne declaración de los 30 artículos? Cuando los leáis, hablamos: pleno empleo, protección social, pleno derecho a la educación, horas extraordinarias pagadas, que la mujer cobre igual que el hombre al trabajar en el mismo sitio.

De modo que es una asignatura pendiente en España y en otras partes. Cuando  se habla de derechos humanos todo el mundo infla el pecho. Hasta el artículo 22 de los 30 que tiene se habla de los derechos políticos y de las libertades. A partir del 22, 23, 24 y 25, que  son los derechos sociales, esos no se mencionan nunca. Como no se cumplen, los callamos.

Dices que Felipe González convierte su partido en el partido demócrata de USA en España. ¿Tuvo lugar una  fagocitación de Izquierda Unida por el PSOE?

Nosotros no aceptamos Maastricht, estuvimos solos.  Tras 6 o  7 meses de debate con economistas nuestros y extranjeros, vimos que fue una catástrofe.

El primer desastre fue que el Gobierno español elaboró sus presupuestos y después tuvo que pedirle permiso a Bruselas, y luego ésta le dice al Gobierno:  Ud. no puede pasarse del gasto. -¿Y cómo soluciono el problema del paro? –  ¡Ah!, eso es problema suyo. Los instrumentos, que son los presupuestos, Uds. me los controlan.

El euro fue otro auténtico disparate. Todos los países que ingresaron en la Unión Europea junto a España, renunciaron a su soberanía para dársela a  Alemania. Alemania es el cuarto Reich dirigido por Ángela Merkel. El euro es el antiguo marco cambiado de nombre. Nos opusimos, la gente nos dijo barbaridades, hubo un debate interno entre nosotros, lo ganamos 60 a 40. El tiempo ha ido dando razones. Ahí tienen Vds. a la UE.

El Partido Socialista tenía una trayectoria marxista y revolucionaria. ¿Qué hizo  Felipe González? Renuncia al marxismo y lleva a su partido a ocupar la doble visión con el Partido Popular, una moneda de dos caras. El PSOE defiende posiciones que eran impensables en un  partido con una tradición marxista.

España tenía la segunda flota pesquera del mundo, las mejores acerías del mundo, mejores que las de Noruega y Suecia, tenía una red de banca pública, bajo distintos nombres, Banco Exterior de España. A día de hoy, sólo nos ha quedado el turismo.

El Sr. González hizo muchas cosas: el AVE, los Juegos Olímpicos, todo a costa de entregar a Francia la Agricultura, el Agua de Lanjarón a Alemania, fuimos perdiendo trozo a trozo nuestro patrimonio. Somos un país cuya única industria  es el turismo y nosotros de camareros.

¿La fase actual, con partidos nuevos, presenta  posibilidades de  consolidar una España más democrática?

El bipartidismo es como en EEUU, un sistema eficaz para ellos. Los que hemos ido siguiendo la política de España día a día, y la gente se habrá dado cuenta de ello, que cuando se hartaba del PSOE votaban al PP y cuando le pasaba lo mismo con el PP, votaban al PSOE.

La reforma del mercado laboral la hizo el Gobierno de Felipe González, las privatizaciones también y luego las construyó José Mª Aznar, es decir, los dos partidos de acuerdo para alternarse, sujeta la operación como un coche de dos caballos.

Para mí los partidos nuevos o viejos, las siglas, no me dicen nada, yo siempre mido a las personas por lo que hacen. Si alguien me levanta el puño siete veces y me saca la hoz y el martillo, es un ejercicio de gimnasia o de ir al circo que es lo que haces en tú vida privada.

Creo que nos perdemos mucho en declaraciones y  en gestos y esto facilita que venga la extrema derecha. Creo que hay demasiada política palaciega de instituciones y se ha olvidado las cuestiones de fondo: aquí hay parados, gentes sin viviendas, y eso es lo primero, segundo, tercero y cuarto, y si no hay para alumbrado de Navidad, no se pone una puta bombilla, aunque la gente pedirá. Y hay que decirlo así, y el pueblo dirá pues no te voto, y ese miedo a que no te voten no ha de tenerse.

En España muy pocos han leído la Constitución española y los primeros son los periodistas, no la han leído nunca. La Constitución española tiene magníficos artículos, el Título 7º entero, el artículo 128 dice: toda la riqueza del país, sea cual fuese por titularidad está subordinada al interés general,  es decir, que el interés general está por encima de la finca, de  la fábrica. Después dice que los trabajadores pueden acceder a la propiedad de medios de comunicación. Siempre he dicho que la Constitución ha sido el documento más violado en este país.

La periodista Julia Navarro le dijo en una entrevista a Mikel Roca, uno de los padres de la Constitución: -Mire Ud., Sr. Roca, que hable de planificar la economía y que  los trabajadores puedan llegar a la propiedad de los medios de producción, no se ha cumplido. -Y Roca: no se ha cumplido porque aquello  lo pusimos porque está más cerca de la Revolución de los Claveles. Es  decir,  que cuando ellos hicieron esta Constitución sabían que no iban a cumplirla.

En 1992 con Maastricht y en 1999 con la creación del  BCE, todo se concentra en más mercado y menos democracia. “No nos irá bien, dices.  Se volverá contra nosotros”.  

    Al llegar el BCE se prohíbe que los gobiernos pidan préstamos a sus bancos centrales para que lo pidan a la Banca Privada. Consecuencia: entre el 0% y el 0,5% cuando se pedía los préstamos a tu banco y el 5 y 6% a la privada, se da una  diferencia de intereses que nos ahoga. Es decir,  la UE se hizo para la Banca Privada.

Dices: “Señor González, hay algo peor que realizar una mala  política: no  tener ninguna específica”?

El Gobierno del PSOE lo que hizo fue continuar una política que le venía en cierta medida impuesta, no olvidemos que el Sr. González fue el primero que se desdijo de la OTAN, y de pronto pegó un cambio y dijo lo contrario. ¿Por qué?  Porque  ese era el precio para entrar en Europa que fuese atlantista. Pero ¿no lo sabía antes de entrar en el Gobierno? Sí, lo sabía, porque hay entrevistas concedidas por él, en el año 76.

El Sr. González cogió una línea de dependencia que es la que ha continuado José Mª Aznar apoyando la primera guerra del Golfo, reuniéndose con el presidente Bush para la segunda guerra del Golfo. Y por donde quiera que han ido, han hecho barbaridades como en el tema de Yugoslavia, donde la desmembraron, incumpliendo lo que habían acordado en 1991 que no se podía desintegrar ningún país europeo. ¡Un disparate!

¿Entonces, el mal estaría en que Europa se ha convertido en una       Europa de mercado y no de derecho? ¿La OTAN a quién sirve?

La OTAN siempre ha servido a los EEUU, es un instrumento bélico creado por éste país frente al peligro soviético, peligro no solamente frente al poder   militar, sino también para evitar que hubiese tentaciones revolucionarias en los países de la órbita occidental. Estar en la OTAN era aumentar el gasto militar, asumir los riesgos de que en una guerra nuclear te atacasen los otros. Ejemplo, nuestras bases militares españolas en Rota, Torrejón de Ardoz o en Morón, prueba de nuestra inclusión en el engranaje militar.

Pero esto lo ha continuado después  la UE por el Tratado de Lisboa del 2005, los Estados miembros tienen la obligación de tener más gasto militar. Esto se sabe y el pueblo se lo traga.

¿Qué universo promueven  las democracias neoliberales de hoy? ¿Cuáles    son sus valores?

El mercado cambia el valor de uso por el valor de cambio. Las cosas se hacen porque se venden y se crea la necesidad de esas cosas para que se vendan. Y en el mercado de competencia hay que vender más barato. Eso es el Neoliberalismo que está guiado únicamente por el beneficio:  tengo que invertir en lo que me gane dinero.

 “Hoy estamos en una especie de vacuidad absoluta, escribes.  El español se pone delante de un toro, pero no tiene valor de enfrentarse  al  pensamiento.  No lee.  Las grandes masas tienen miedo a pensar. ¿Esto viene de más atrás?

España tuvo la Contrarreforma cuando el protestantismo surgió en Europa, a la gente se le prohibió leer la Biblia, el catolicismo oficial  fue  impuesto por la espada, todo libro de ciencia tenía que pasar por la censura eclesiástica.  Comienza el Siglo XVIII y empiezan a apuntarse unos libres pensadores que conectan con la Ilustración francesa, pero son una minoría. En nuestro país, sólo una minoría de gente ha querido ver, al resto le ha sido impuesto el pensamiento por la Iglesia católica. Y ha habido miedo a pensar por las represalias, y esa forma  es ya una segunda conciencia del español. Y es lo  que imperó en el franquismo.

¿Tú, político, cómo tratas de influir?  

La mejor forma de influir es “fray ejemplo”, ya lo he dicho. Vivo de mi pensión de profesor, no he llegado a coger dinero que no fuera el correcto, el que cobraba de más se lo dejaba al Partido.

En el momento en que el político obre así, la política cambiará, pero si yo me tengo que plegar a que me diga la gente: te voy a votar para que  mañana haya más retransmisiones de partidos de futbol, pues a votar a vuestra abuela, porque yo no voy a retransmitir más futbol,  está claro.

Hay cosas que yo  no haría aunque me votase  la humanidad entera, porque no puedo, iría en contra de mí y eso se nota cuando el político habla.

¿Existe una España a la  que admiras  y  a  la que te  apuntas?

Claro, la España que empezó diciendo: siete llaves del sepulcro del CID cuando perdimos Cuba, la España de que habló Joaquín Costa.

La religión es un asunto privado de la persona y hay que respetar sus creencias, pero la enseñanza no es religiosa. La industria, la agricultura moderna, el comercio, esa es la España que Joaquín Costa, Lucas Mallada, Macías Picavea, Julio Senador, anteriormente el Padre Feijoo, entendieron como el camino para  abrir el país a las cosas nuevas, desde nuestra tradición, sin tener que renegar de cosas que son muy nuestras.

Escribes: “Es verdad que soy ateo, pero tengo un temperamento religioso, en el sentido de un  proyecto donde  la existencia     humana sea el centro.  La religión no me lo dio. La política por lo menos me lo alentó”.

Si  la religión es la búsqueda de las causas últimas. Yo fui creyente, lo fui fervoroso, convencido y buscando siempre. Nunca he estado pegado a la falda de la iglesia, yo era el que creía, iba a misa los domingos, confesaba y comulgaba, pero no he estado nunca en la sacristía de la iglesia ni tampoco en la del partido comunista, no me gusta ninguna.

Fui abandonándolo después, porque las religiones como el judaísmo, el cristianismo y el islam francamente no me dicen nada. No lo digo con acritud, ni odio, es que me son indiferentes, porque hay una etapa en todo aquel que deja de creer que se vuelve contrario o ataca, a mí simplemente no me interesa.

Puedo admirar a esos reformadores religiosos y a Monseñor Casaldáliga dentro de la Teología de la Liberación, y a esos otros curas obreros me merecen un respeto tremendo, pero también hay gente que ha luchado como  ellos sin creer en Dios. Lo que no respeto es la creencia hipócrita, la creencia de quien se da golpes de pecho, pero después no les paga a sus obreros, pero si alguien con su fe religiosa está luchando para cambiar la humanidad le tengo un respeto impresionante, jamás discutiré con él, porque a mí me importa el objetivo, me reconozco en el otro, porque va hacia el mismo sitio que yo.

Soy laico y me molesta mucho que nuestro país sea aconfesional y sin embargo la Iglesia tenga sus privilegios, no me molesta que la iglesia tenga derecho a pisar las calles con sus procesiones, pidiendo el permiso  de ocupación de la vía, que la iglesia critique la política de un gobierno me parece lícito, yo también puedo criticar la política de la iglesia, inclusive puedo no estar de acuerdo con las encíclicas del Papa. La iglesia  no puede ser perseguida, ni doblegada, hay que respetar la creencia, pero la iglesia en su sitio y no debe estar mezclada con el poder. No soporto vivir en la hipocresía y en la doble moral.

  • La entrevista pudo ser grabada y reproducida gracias a la competencia y empeño solidadarios de José Luis Sebastian y Fabri  Prada Belver