JOSÉ SARAMAGO

Redacción de Éxodo

Éxodo 96 (nov.-dic.’08)
– Autor: Redacción de Éxodo –
 
Escrita diez años después de la concesión del Premio Nobel de literatura de 1998, El viaje del elefante es la última novela que acaba de publicar este extraordinario escritor portugués, tan conocido y apreciado en España. No se ajusta esta novela a los rígidos criterios de la historia sino a la inventiva de la gran literatura. En ella se aúnan, con ironía y humor, realidad y ficción para hacernos sentir, una vez más, los que quizá sean los dos empeños mayores del autor, la comprensión profunda del ser humano y la necesaria compasión por el mismo.

Ya en el impresionante Ensayo sobre la ceguera del 96 nos situaba en esta doble perspectiva al declarar enfáticamente que “hay en nosotros una cosa que no tiene nombre, esa cosa es lo que somos”, y elevarla luego a imperativo ético al enfrentarnos a “la responsabilidad de tener ojos cuando otros los perdieron”.

En La Caverna del 2000, finalmente, nos asoma a un mundo, el nuestro, que crece y se multiplica con tan extraordinaria rapidez que no parece “tener límites para la ilusión y el engaño”. ¡Qué buena referencia al momento que estamos viviendo! Por aquí orientamos nuestras cuestiones a la sabiduría acumulada del maestro.

Saramago está presentando en estos días El viaje del elefante por medio mundo. Pero entre viaje y viaje ha tenido esta deferencia con Éxodo que agradecemos profundamente. Es más, nos consta que ha tenido que superar en esta ocasión la gran debilidad que le ha dejado una reciente enfermedad, felizmente superada. A este propósito, es enternecedora la dedicatoria que hace de esta novela a Pilar del Río, su esposa (a quien dedica todas sus obras): “A Pilar, que no dejó que yo muriera”. Ella es también la traductora de esta última obra. Gracias, Pilar, porque sin tu empeño no hubiera sido posible contar hoy con las palabras tan certeras de José Saramago.

¿Se trata de una crisis sólo bancaria o de la quiebra del sistema económico mundial? ¿Cómo saldrán de esta crisis el mercado y los Estados en la regulación económica?

Soy solamente un escritor. Mis conocimientos sobre lo que está pasando son más que limitados. En todo caso me parece obvio que no se trata sólo de una crisis bancaria, aunque tampoco creo que el sistema económico mundial haya quebrado. Las medidas que se están aplicando no tienen otro objetivo que salvar el sistema. Sería un error pensar que el capitalismo se ha suicidado.

¿Quiénes van a pagar principalmente la factura que ha generado el neoliberalismo? Los pobres después de esta crisis, ¿serán más pobres?

Como siempre, la factura será pagada por los pobres. Al igual que la religión no puede vivir sin la muerte, el capitalismo no sólo vive de la pobreza sino que la multiplica.

¿Cómo va a afectar esta crisis al futuro de la Unión Europea? ¿Seguirá en su pedestal el Banco Central Europeo?

No leo en el futuro, pero admito que la crisis pueda contribuir a reforzar lo que hasta ahora ha sido la escasísima solidaridad europea. A condición de que los políticos no abdiquen de la inteligencia como tantas veces ha ocurrido.

¿Quiénes deben enjuiciar el verdadero sentido de la crisis, los pueblos del Primer Mundo, explotadores de las riquezas mundiales y causantes de la crisis, o los pueblos del Tercer Mundo, proveedores de riqueza y pasivos sufridores?

El concepto de Tercer Mundo ha cambiado mucho desde los años setenta. Algunos países que integraban el grupo que llamábamos Tercer Mundo ya se desligaron de él. En cuanto a los que se quedarán rezagados y a los que mejor les sentaría el nombre de Cuarto Mundo, no parece que tengan presencia política suficiente para hacerse escuchar.

Las salidas a la crisis que han propuesto USA y la UE, ¿plantean una alternativa o se trata de los mismos perros con distintos collares?

Supongo que, en lo esencial, acabarán por llegar a una posición más o menos común. No tienen otra salida.

¿Cuál debería ser la cuestión de fondo: apuntalar un sistema en crisis o resolver las desigualdades y miserias de las mayorías populares (Tercer Mundo) mediante la creación de un nuevo sistema?

No será posible crear un nuevo sistema si no tenemos una alternativa política, y la verdad manda que reconozcamos que no la hay. Los partidos de izquierda, que en realidad no lo son, que llevan años haciendo políticas neoliberales, son la cara moderna de la derecha. La izquierda, con alguna rara excepción sin demasiado peso en el conjunto, se ha hecho el regalo de una operación cosmética que más o menos le mantiene la fachada, pero nada más que eso.

Si la economía está globalizada y la crisis tiene repercusiones negativas globales, ¿cómo es posible que, a la hora de las soluciones, sólo cuenten los países más poderosos y no los que más injustamente sufren sus consecuencias?

Buena pregunta, tan buena que todos nosotros conocemos la respuesta…

¿Cuál sería, a su juicio, una “alternativa verdaderamente de izquierdas”? ¿Dónde está esa izquierda hoy? ¿Y qué poder de transformación tiene?

Eso vengo preguntando, dónde está la izquierda, pero hasta ahora nadie me ha contestado. De ahí que haya dicho que la izquierda no tiene ni puta idea del mundo en que vive. Ahora se está tratando de resucitar a Marx, pero dudo que tengamos gente capaz de una nueva comprensión de las ideas marxianas al tenor de lo que está pasando. No consuela nada decir que Marx no ha tenido nunca tanta razón como hoy…

¿Qué puede aportar a la resolución de la crisis el movimiento antiglobalización o altermundialista que Ud. tan bien conoce?

Ya me gustaría conocerlo bien… El problema está en que las diversas y a veces opuestas facciones que constituyen el movimiento no han sabido o no han querido, en todos estos años, ponerse de acuerdo con vistas a una plataforma común de acción capaz de movilizar la opinión pública. Y sin ella no vamos a ninguna parte.

Cree que los cristianos de base pueden aportar desde la perspectiva del Evangelio una inspiración y un empuje a la necesaria praxis de transformación del sistema: por ejemplo, ruptura de la lógica del capitalismo y del consumo, compromiso con los excluidos…?

Quizá lo puedan, si lo intentan, aunque, con este papa, no creo que se les permita hacer gran cosa.

¿Se puede esperar razonablemente que la crisis pueda conducir finalmente a una “transformación” tan profunda del capitalismo como para que tenga “rostro humano”?

El capitalismo ya tiene la piel dura y además aprendió a gestionar sus propias crisis, sobre todo ahora, cuando no se enfrenta a ninguna alternativa política viable. Ha tenido la suprema habilidad de hacer creer que fuera del sistema no hay salvación…