JESÚS Y YAHVÉ. LOS NOMBRES DIVINOS

Miguel Ángel de Prada

Éxodo 99 (mayo-jun.´09)
– Autor: Miguel Ángel de Prada –
 
Harold Bloom es un viejo crítico literario y un judío que se declara agnóstico. ¿Qué puede ofrecer a los lectores de Éxodo este personaje que escribe el texto que comentamos a los 74 años, indicando que es la culminación de lo que comenzó hace 37 años (pág. 37), es decir su preocupación de media vida? El lector juzgará al final si le ha aportado algo pero es seguro que a pocos deja indiferente. Plantea una lectura provocadora tanto para judíos como para cristianos y, también, irreverente. Su propuesta es que no existe una tradición judeo-cristiana, sino que hay dos historias (sagradas), dos dioses e, incluso, dos Biblias y en ningún modo compatibles. Bueno, ya hemos adelantado la conclusión. Quien esté interesado en conocer los argumentos del autor puede continuar adelante.

La obra presenta dos partes, una dedicada a Jesús y otra a Yahvé, como no podía ser menos. Cada una con 10 capítulos y títulos sugestivos como: ¿Quién fue Jesús y qué le pasó?, “El Testamento tardío” y “No la paz sino la espada o la influencia divina”, en la primera, y “¿De qué habla Yavhé cuando habla de amor?”, “El hijo tan distinto del Padre”, “Jesús y Yahvé: el agon por el genio”, “El cristianismo y el judaísmo son irreconciliables”, en la segunda. Un preludio a ambas propone ocho reflexiones en las que inicia los temas que irá desgranando posteriormente. Comencemos señalando dos aspectos claves:

-La relación entre la Biblia hebrea (o Tanakh: acrónimo de las tres partes: la Torá –los cinco libros de Moisés–, los Profetas y los Escritos) y el Nuevo Testamento, y entre el Tanakh y el Antiguo Testamento de los cristianos. La primera y la última de las 8 reflexiones iniciales se dirigen a proponer una lectura de la relación entre dichos textos. Si todos conocemos que Nuevo Testamento (o Nueva Alianza) es una obra tardía literariamente respecto al Tanakh, ¿qué ha ocurrido para que una obra posterior se alce con el rótulo de “nueva” y designe a la Biblia hebrea como Antiguo Testamento? En todo caso parecería que la designación adecuada para el Nuevo Testamento fuera ‘testamento tardío’. Para el autor, la Nueva Alianza funda una relectura (errónea por interesada y manipuladora) del Tanakh precedente pero tan potente que la ha desbancado. Esta operación tiene una base literaria, la reordenación de los libros de la Biblia hebrea en la Biblia cristiana, de modo que el nuevo final sirva de introducción a los tres capítulos del Evangelio de Mateo. El Antiguo Testamento cristiano concluye con Malaquías, el mensajero (Malaquías 4: 5-6), que proclama el regreso de Elías bajo la forma de Juan el Bautista, mientras que la conclusión del Tanakh (II Crónicas 36: 22-23) es una exhortación de aliento a subir a Jerusalén para reconstruir el Templo de Yahvé. Si el Nuevo Testamento triunfó al estilo romano y lo hizo bajo el imperio de Constantino, para el autor, el cautivo al que llevaron en procesión fue el Tanakh reducido a la esclavitud en forma de Antiguo Testamento (p. 62). La reordenación, alteración e introducción de nuevos libros en la Biblia cristiana no se habría tratado sólo de una potente operación literaria sino espiritual y política. Desde entonces nos encontramos con dos Biblias irreconciliables. Tan diferentes que el agon (lucha) entre el Nuevo Testamento y el Tanakh no es posible, pues la Torá es Dios para éste mientras que el argumento central del Nuevo Testamento es que un hombre ha reemplazado las sagradas Escrituras.

Jesús y una biografía es siempre un oxímoron. Con esta línea argumental se recogen los 6 puntos restantes de reflexión propuestos en el preludio. Los evangelios no pretenden ser una biografía sino la conversión del lector; la incensante búsqueda del Jesús histórico ha sido siempre un fracaso. Sin embargo, de Jeshua, el judío entre judíos, se han transmitido aspectos relevantes para la historia literaria y vital de occidente. Así para Harold Bloom los logia y los enigmas de Jesús son originales y no tendrían precedente en la literatura excepto en Sócrates; esta ironía funda la ironía por la que discurren posteriormente Shakespeare, Cervantes, Kierkegaard y Kafka1. Pero ironía de ironías, la inquebrantable fe en la Alianza con Yahvé, que manifiesta Jesús, como ningún judío en la historia, la utilizan sus seguidores para sustituir la Alianza con Yahvé por la nueva Alianza. Pero no sólo Jesús funda la ironía, también inauguró el “yo interior” en constante crecimiento, desarrollado por San Agustín y perfeccionado por Shakespeare. En Jesús aparece como esencial la relación entre el Amor y la Ley, como en San Pablo y posteriormente en Lutero y Freud, o previamente en Moisés y Sócrates. Freud denomina a la Ley como Tánatos, coincidiendo con Pablo y Lutero. Jesús, por el contrario, abraza el amor y la Torá; su genio fusionó el amor al padre, Yahvé como abba, con el amor por la Ley, oral y escrita, y el amor hacia su pueblo. En esto es único.

Leer la Biblia. ¿Qué lectura y qué Biblia?

Llegados aquí y en un número de la revista Éxodo sobre “leer la Biblia hoy” podemos preguntarnos a cuál de las dos Biblias aproximarnos, sabiendo que cada una conlleva lecturas muy diferentes con propósitos religiosos y políticos diversos, tal como se ha indicado. A partir de ahora, siempre que llamemos Antiguo Testamento a la Biblia hebrea sabremos que estaremos incidiendo en la operación que ensalza a una sola de las dos Biblias, la más tardía, la que lee errónea y manipuladoramente a la precedente.

Para Harold Bloom, el carácter de Yahvé tendría más rasgos en común con el Jesús de Marcos que con el Dios Padre de la tradición cristiana o de la tradición rabínica posterior. Es decir, a pesar de las dos Biblias diferentes, la cristiana no puede entenderse sin la anterior. Aquí aporta Bloom su original teoría literaria, dado que para él las obras posteriores siempre leen a las anteriores erróneamente, y en el caso del Nuevo Testamento nos encontramos con la transformación del Tanakh en el Antiguo. Se trataría de la relectura más poderosa de cualquier clásico en la historia de la literatura universal. Es la teoría del proceso de influencia (pág. 57) de una obra en otra o la “ansiedad de la influencia”, entendida la influencia como una enfermedad o contagio; así ve Bloom el contagio del Escritor J. (yahvista) en Marcos y de la Ley y los Profetas en Pablo y en Juan.

El texto que comentamos en sus 242 páginas aborda otros muchos y sugerentes temas como el antijudaísmo de Juan (capt. 7, I Parte), que permite fundar una nueva sublimidad cristiana en la que los judíos mueren y los cristianos viven eternamente (Juan, 8:37-38). Continuidad en la lucha de interpretaciones de las que el autor salva la Carta de Santiago, el hermano de Jesús, en la que aparecería el mejor espíritu de Jesús, tal vez por eso Lutero la quiso excluir de la Nueva Alianza.