ISLANDIA. LA REVOLUCIÓN SILENCIADA.

Benjamín Forcano

Éxodo 112 (en.-feb) 2012
– Autor: Benjamín Forcano –
 
Sin que nadie lo esperara, Islandia quebró también en el 2008, sin que perteneciera a la Unión Europea. La quiebra alcanzaba a un país entero y no parecía haber nadie que pudiera administrarle la imprescindible medicina del dinero. ¿Era una fumarola pasajera o el símbolo de que otras soluciones eran posibles para la crisis que se extendía por toda Europa?

¿QUÉ PAÍS ES ISLANDIA?

Islandia es un país localizado en el extremo noroeste de Europa, entre el resto de Europa y Groenlandia. Cuenta con una población de cerca de 331.000 habitantes y un área de 103 000 km2. A causa de su localización en la dorsal mesoatlántica, es un país con gran actividad volcánica y geológica. Desde 1262 a 1944 formó parte de los reinos de Noruega y, posteriormente, de Dinamarca.

A partir del 20 de mayo de 1944, los islandeses votaron en un referéndum de cuatro días. Su voto de un 95 % logró poner fin a la unión personal con el rey de Dinamarca y convertir a Islandia en una República el 17 de junio de 1944.

Hasta el siglo XX, Islandia fue uno de los países más pobres en Europa occidental. Sin embargo, su gran crecimiento económico le llevó a ocupar el primer lugar en el informe de la ONU sobre el Índice de Desarrollo Humano de 2007/2008, y la 14ª esperanza de vida más alta en el mundo con un promedio de 80,67 años.

Muchos partidos políticos siguen estando en contra del acceso de Islandia a la Unión Europea, principalmente debido a la preocupación de los islandeses por perder el control sobre su economía y recursos naturales.

Islandia es considerado políticamente como uno de los países nórdicos, y participa en la cooperación intergubernamental a través del Consejo Nórdico. También es miembro del Espacio Económico Europeo (EEE), que permite el acceso del país al mercado interior de la Unión Europea. Sin embargo, Islandia no es un miembro de esta organización, ni cuenta con ningún ejército permanente.

EL SUEÑO NEOLIBERAL

Sin embargo, presa por los años 1980 del furor neoliberal, conoció un gran despegue económico. Las privatizaciones y los muy bajos impuestos, la apuesta en las nuevas empresas por la energía verde y la tecnología de un futuro permitieron el enriquecimiento de los islandeses, entre los que no existía ningún paro. Y la prosperidad la costeaban a base de compras y más compras de coches, casas, barcos, etc., endeudándose en divisas extranjeras. Se privatizaron también sus tres bancos en el 2003. Y los nuevos propietarios, sin regulación alguna que lo exigiese, querían rendimientos rápidos aunque fuera pagando intereses altos, por más que eran irreales. Y a la cita acudieron numerosos inversores.

Islandia pasó a vivir una orgía neoliberal. La especulación les había impedido ver que la prosperidad era aparente, pues se había traficado con aire y no con dinero real, cosa que la crisis internacional puso al descubierto: no se podían pagar los intereses desmesurados de los inversores, en su mayoría británicos y holandeses, quienes lógicamente reclamaban su dinero. Y las autoridades británicas decidieron requisar los intereses islandeses en la islas británicas (9.600 millones de euros). Miles de ciudadanos no podían retirar su dinero de sus cuentas en Londres.

En octubre de 2008 las autoridades islandesas buscan resolver el problema por sí mismas, dejan caer a sus bancos y vuelven a nacionalizarlos. La Autoridad Supervisora Financiera de Islandia utilizó el permiso otorgado por el Althing para nacionalizar los tres bancos.

Pero ya era tarde: el dinero de más de 30 banqueros, empresarios y políticos –que habían saqueado a Islandia y vivían bacanalmente– había desaparecido. Las arcas de los bancos estaban vacías y acumulaban pérdidas por valor de doce veces el Producto Interior Bruto.

Dentro de esta bancarrota, los islandeses se encuentran con que su dinero no vale nada fuera. No les queda más salida que emigrar, pero ¿con qué dinero? Y, además, los prestamistas exigen el pago de la deuda (unos 3.468 millones de euros) con un 5,5 % de intereses.

LOS CIUDADANOS SE ORGANIZAN Y DICEN NO

La economía de Islandia fue gravemente golpeada por la crisis económica de 2008-2010, debido al colapso de su sistema bancario y la subsecuente crisis económica. Antes de la quiebra de los tres bancos más grandes del país, Glitnir, Landsbanki y Kaupthing, su deuda combinada excedía en más de seis veces el PIB nacional (19.000 millones de dolares).

El 28 de octubre de 2008, el gobierno islandés aumentó la tasa de interés a un 18%, un movimiento obligado para poder conseguir un préstamo del Fondo Monetario Internacional. La inyección de dinero por parte del FMI resultó insuficiente, y produjo una gran devaluación de la moneda islandesa. El gobernador del Banco Central de Islandia declaró que el gobierno también acudió a Rusia para obtener un préstamo adicional de 4.000 millones de euros.

Consecuentemente, el país resultó terriblemente afectado por la crisis financiera de 2008, que se extendió hasta 2009. Esta crisis ha producido la emigración más grande de Islandia desde 1887.

En enero de 2009 estalla en volcán la población. El gobierno conservador se ve obligado a dimitir. A los pocos días se formó un nuevo gobierno de izquierda que inmediatamente encausó al anterior ministro de Islandia Geir Haarde, destituyó al gobernador del Banco Central, Davío Oddsson, y a varios de sus homólogos de otros bancos privados en quiebra.

En las elecciones generales de abril de 2009, una mayoría de izquierdas se instaló en el parlamento y Johanna Siguroardottir fue elegida para encabezar el gobierno, quien propicia una consulta a los ciudadanos acerca de si quieren pagar la deuda de sus bolsillos –unos 13.300 euros por cabeza– . El voto masivo, un 98 %, dice no. En 2010 se establece una asamblea constituyente de 25 miembros, “ciudadanos de a pie”, para reformar la Constitución del país.

¿BULO O REAL LA RESISTENCIA DE LOS ISLANDESES?

¿Era Islandia un precedente peligroso para el sistema que se defiende? ¿Se debía a esto el silencio que caía sobre ella?

En abril del 2010, un mes después de producirse el referéndum, entra en erupción el volcán Eyjafjallajokul e inunda de cenizas Europa. Se paraliza el tráfico europeo por semanas con una pérdida de 1.500 millones diarios. Europa entera estuvo en jaque, no se podía volar.

Islandia sigue en 2011 con la deuda enquistada. Convocados de nuevo a referéndum, un 57,7 % de islandeses rechaza pagarla, aun cuando los acreedores han hecho una considerable rebaja, ahora el interés solicitado es del 3 % (no ya el 5,5 % ) y a reintegrar en 37 años (no en 15 como la primera vez).

¿QUIÉN TOMA LAS RIENDAS EN ISLANDIA?

Los islandeses dicen no al pago de la deuda, pues el endeudamiento de sus bancos no pueden pagarlo. ¿Cómo entonces resolver el problema? ¿Puede Islandia vivir aislada o deberá entrar en la Unión Europea para valerse? ¿A qué precio? ¿Le va mejor a Grecia, Irlanda, Portugal, Italia, España?

La sociedad islandesa ha logrado que se juzgue a algunos responsables, entre ellos al jefe del Gobierno cuando se produjo el fraude. Todo un precedente. Islandia quebró, pero sus directivos pueden ir a la cárcel. No pertenecen a la Unión Europea que aprisiona a la Europa Real y por eso mismo han creado todo un mito que parece haberles permitido escapar al inmenso poder fáctico que hoy manda en el mundo.

¿Este poder se conformará o dictará replesalias?

Podemos concluir con estas palabras de Rosa María Artal: “La única salida viable es que el malestar ciudadano que emerge en volcanes aquí y allá una sus fuerzas, como comienza a hacer. Islandia fue el primero. Siguieron otros países. Y un día, aunque tarde, las cenizas de su indignación se hicieron visibles para mostrar la expresión de un malestar que a todos, de alguna manera, nos concernía” (La energía liberada, Aguilar, Madrid, 2011, p. 161).