Helena Maleno

Evaristo Villar y Juanjo Sánchez

Helena Maleno (El Ejido 1970) es una periodista española, popularmente conocida por su defensa implacable de los Derechos Humanos especialmente debidos a las migraciones en frontera y a la trata de los seres humanos. Su actividad humanitaria, por la que ha sido frecuentemente amenazada de muerte (“ya me he acostumbrado a vivir bajo esta amenaza”), la ha convertido en la persona “que más vidas humanas ha salvado en el Estrecho”. Por esta labor está siendo sorprendentemente investigada y enjuiciada por las autoridades marroquíes… En medio de su desbordante actividad de este final de verano 2018, Helena ha tenido un pequeño espacio para hablar con Éxodo sobre ella misma y sobre la dedicación del colectivo Caminando Fronteras del que es fundadora.

  1. Naces en El Ejido. ¿Eso fue importante para que surgiera en ti la conciencia que te ha llevado al compromiso actual?

Sí, bueno, nacer en el Ejido me ha marcado para lo bueno y para lo malo. El Ejido es una tierra que ya ha tenido la experiencia de pasar de ser una zona pobre a ser una zona de frontera, con lo que esto supone no solo para las personas sino también para los movimientos económicos que se producen en la frontera. Por una parte, es impresionante constatar cómo se va construyendo día a día el racismo político en la sociedad. Y el Ejido, por desgracia, ha sido un buen ejemplo de este fenómeno discriminatorio. Pero, por otra parte, la zona de frontera es un lugar privilegiado donde crece también y con fuerza la resiliencia o protección y desafío a estas situaciones adversas. Y, todo esto, que se ha dado en el Ejido, me ha marcado profundamente. Por eso sigo queriendo y amando a mi tierra.

  1. ¿Qué te llevó desde el trabajo con los obreros del campo a tu compromiso con lxs migrantes en la frontera Sur?

El trabajo con las personas migrantes nace en mí también de una realidad migrante dentro de la propia familia. Yo soy testigo de cómo el derecho al movimiento está vinculado al mercado de trabajo; he tenido que ver no a personas que se están moviendo, sino a bolsas de trabajadores en un contexto mercantilista (porque el capitalismo mercantiliza a las personas, las despoja de ser sujetos de derecho y las convierte en esclavas de otras personas que tienen privilegios). Cuando empecé a reflexionar sobre conceptos como la externalización de fronteras y las estructuras racistas, sobre la guerra de fronteras y el control migratorio, sobre el mercantilismo de los seres que se mueven… encontré una serie de claves que están definiendo el mundo en la actualidad. Estas son las razones que me empujaron hacia la frontera Sur.

  1. ¿Y a qué te dedicaste desde tu llegada?

Pues a lo que hacemos en el colectivo Caminando Fronteras. Tratamos de monitorear esos espacios de no derecho. Las fronteras se han convertido en espacios de no derecho donde a las personas que circulan por esos espacios le son robados sus derechos, incluso el derecho a la vida.

  1. Se trata de una afirmación muy grave la que acabas de hacer. En la frontera se les está robando a las personas migrantes “incluso el derecho a la vida”. ¿Qué significa esto?

Lo que he dicho. Por esta situación de guerra que estamos atravesando, lo que está muy afectado en las fronteras es el derecho a la vida. Nosotros monitoreamos con llamadas desde las pateras el derecho a la vida, ayudamos a los familiares a la identificación de los muertos y desaparecidos en esta guerra de fronteras. El derecho a tener un nombre después de muerto y a que se te reconozca como víctima; defendemos el derecho de las familias a acceder a la justicia, a la verdad y a la reparación. ¡A que no se repita más!

Este trabajo lo hacemos aprovechando las organizaciones de las comunidades migrantes. Esas organizaciones son muy importantes, no solo porque le plantan cara a las fronteras, sino también porque se enfrentan al poder de las organizaciones criminales que se hacen necesarias para el cruce.

  1. A principios de año fuiste acusada por la policía española por asociación de malhechores y por favorecer la inmigración irregular, y has tenido que defenderte ante el Tribunal de Apelación de Tánger. ¿Cómo has vivido este proceso y cuál ha sido finalmente el resultado?

¿Resultado? Aún no hay ninguno. Estoy esperando a que el juez de instrucción de Tánger decida si archiva las acusaciones tan graves que hay contra mí o bien si abre procedimiento judicial y me juzgan por ello. Espero que, al igual que en la Audiencia Nacional, el proceso se archive también en Tánger.

Mientras tanto, he aprendido a vivir al día, a saber que mi vida no me pertenece y que no sé qué va a pasar conmigo el día de mañana. He aprendido a vivir así y he tenido que enseñar a mis hijos a vivir también de esta manera.

He conocido que durante cuatro años fui investigada sin ningún filtro judicial: Desde el 2012 la ucrif (policía de fronteras del Estado español) —con la colaboración de Frontex (policía de fronteras de Europa) y la policía de Fronteras marroquí— empezó a investigarme, acusándome de traficante; pero, hasta el año 2016 en que lo hizo la Audiencia Nacional, no había enviado ningún dossier a ningún juez.

Mi intimidad y la de mi familia han sido diaria y constantemente violadas. He conocido cómo la policía de mi país enviaba a un tercero un dossier lleno de falsedades, muy difíciles de comprobar en un tercer país. ¡Y eso duele y hace mucho daño! La primera vez que abrí el dossier temblé de miedo, era horrible.

Al final, siempre te queda el resquicio de pensar en la democracia. Pero cuando vi que ese dossier, escrito por autoridades de mi propio país, era más político que policial me sentí con mucho miedo. Aunque, por la ola de solidaridad y apoyo que se levantó en torno a mí, reconozco que soy privilegiada. Otros compañeros y compañeras que transitan por estas fronteras no gozan de esos apoyos que yo he tenido. Tampoco tienen la visibilidad que yo tengo. Reconozco mis privilegios y también sé renunciar a ellos, porque podía haberme ido, pero decidí que tenía que afrontar este proceso judicial y ganarlo para que otros compañerxs no tengan que sufrirlos ahora ni en el futuro.

  1. Estás convencida de que el control de fronteras, además que cuestión ideológica, es un negocio. ¿En qué te basas para hacer tal afirmación?

Es una cantinela que nos han vendido a la ciudadanía. Siempre se nos ha dicho que el control migratorio está por encima del derecho a la vida. Y eso, por desgracia, se ha normalizado. Se normaliza el Tarajal, se normalizan las víctimas de las fronteras… Hubo un amago de reacción mundial favorable a las migraciones, ante la desgarradora imagen del niño Aylan ahogado en la costa turca. Como en Tarifa y Cádiz, en muchas partes la gente acogedora se organiza. Pero, la verdad es que pronto pasó la impresión y las aguas han vuelto a su cauce. Hoy día hay un auge importantísimo de la extrema derecha y de los discursos racistas y xenófobos en los que se aboga por la muerte de las personas antes que por la acogida. El racismo institucional es un grave peligro. No hay más que observar lo que está ocurriendo en estos días en la UE, antes tierra de acogida y asilo.

  1. ¿Cómo afecta especialmente a la mujer la actual política de migración en las fronteras?

La mujer. Bueno, imagínate en una frontera racista, dominada por las industrias de la esclavitud y de la guerra, una frontera neocolonial. La violencia que se ejerce contra las mujeres y contra la infancia que emigra es tremenda. Las mujeres ponen el dinero, pero también ponen el cuerpo.

En el último informe que he trabajado, la alianza por la solidaridad, las mujeres me decían que ya habían normalizado la violencia sexual como un precio a pagar en el camino migratorio. No solo pagas con dinero lo que te cuesta la migración, sino también la pagas con tu cuerpo. Porque, al final, estas son fronteras patriarcales, machistas. Las agresiones no solo vienen de las sociedades de tránsito y de los funcionarios, sino también de los propios compañeros migrantes. Y el cuerpo de las mujeres se mira como una mercancía más en esas industrias de la esclavitud. Como una mercancía más que se pide desde nuestra Europa privilegiada. Hay una demanda de mujeres y, si me apuras, de niñas.

Eso tiene un impacto indescriptible en los cuerpos de las mujeres. Hay mucha gente que se enfada cuando publicamos las cifras de mujeres y de la infancia que está también implicada. Pero, desde nuestro punto de vista, es una estrategia para visibilizar el horror de esa política de fronteras.

  1. ¿Qué hay de bondad y de populismo en la acogida del Aquarius y del Open Arms por parte del Gobierno español?

El Aquarius ha sido pura política del espectáculo. Porque era horroroso ver cómo se les estaba esperando, cómo se les metía en autobuses, abandonándolos luego en ciudades como Granada o Málaga. Y las organizaciones sociales reaccionando ante el inhumano espectáculo de ver cómo se les pagan billetes para que se vayan a Barcelona o Bilbao o intenten irse a Francia y otros países del Norte. Hay que reconocer que nosotros tenemos unos sistemas de acogida muy racistas, deficitarios y muy duros… Mientras tanto, veíamos el triste espectáculo de la España buenista de la que tampoco está ausente el racismo.

Pero el efecto del Aquarius ha durado muy poco. Inmediatamente hemos visto cómo se ha puesto en marcha la otra política, la real. Porque tenemos un servicio público de acogida que está pidiendo ser reforzado para ser verdadero. Y, de momento, se está subcontratando o dejando que alguna ONG vaya y salve a los negros. Esto no se hace con los orgullosos yates cuando se encuentran en peligro. Para estas ocasiones sí que existen recursos; pero para los migrantes se escamotean porque, al fin, son de otro nivel.

Ya sabemos que el ideólogo de la construcción de esta política migratoria de la frontera Sur ha sido siempre el Partido Socialista. El PP les ha seguido con gusto. De hecho, las redadas de migrantes que se están haciendo en Marruecos hoy día nos retrotraen al 2005, cuando las expulsiones al desierto con Moratinos. En definitiva, mera política del espectáculo.

  1. Aunque ya lo has dicho, me gustaría que resumieras en pocas frases la problemática y la política de las administraciones públicas en las fronteras.

Por un lado, ha sido sobre todo un negocio; y, por otro, el control migratorio se ha impuesto sobre el derecho a la vida.

Estamos asistiendo, además, a otros fenómenos muy negativos que ensombrecen la historia humana, como el asentamiento de un racismo institucional que construye una zona de no derechos en la frontera o el incremento de víctimas y muertes; estamos viendo, también, una mayor y denigrante mercantilización de los otros y de las otras en nuestros mercados de explotación laboral y sexual; y es alucinante, constatar, en países democráticos, el crecimiento de la extrema derecha con discursos xenófobos que son asumidos por casi todos los partidos políticos, etc. Todo esto es muy peligroso y puede llevarnos, en pocos años, a una situación insostenible. Pero también, es justo reconocerlo, están surgiendo movimientos humanistas acogedores que saben coordinarse con las organizaciones de migrantes en vistas a abordar este magno problema.

  1. Precisamente, hablando de acogidas, ¿qué tipo de complicidades encuentras/áis en este arduo y humanitario trabajo?

Para nosotros lo más importante es la alianza con esos pueblos que se mueven, los pueblos de la diáspora. De ellos hemos aprendido muchísimo: cómo ser resilientes, cómo ejercer la dignidad, cómo poner el cuerpo despojado de privilegios. Yo he afrontado este proceso judicial con muchísima fuerza porque me he reconstruido con los compañeros y compañeras de la diáspora migratoria. Esas son las solidaridades que más nos protegen.

También hemos recibido con mucha ilusión y esperanza los movimientos espontáneos que se han creado en los distintos pueblos europeos, que se están organizando y están construyendo otro discurso. Se están reinventando ante esta realidad y la clave está en esa alianza entre los pueblos, el de la diáspora y el andaluz, catalán, marroquí, etc. La clave está en que podamos encontrarnos los seres humanos, que podamos rozarnos y romper ese muro que intenta beneficiar a los dirigentes políticos y a las empresas a las que sirven.

  1. Finalmente, ¿qué aporte específico suponen para ti y tu compromiso con la vida las confesiones religiosas?

Lo que me viene a la mente inmediatamente es algo que decir los compañeros y compañeras cuando ya nada queda, cuando el Estado les ha fallado. Pues bien, cuando ese Estado europeo, levantado sobre la razón y que considera al ser humano como centro del mundo, comete las atrocidades que está cometiendo, ¿quién te queda? Solo Dios, c’est Dieu la forst, dicen ellos y ellas. Cuántas veces hemos llamado a una patera, cuando España no podía llegar y el salvamento de Marruecos no llegaba, y oíamos a los familiares decir: “Dios los salvará”. Cuántas veces hemos visto desapariciones y muertes y a los familiares diciendo: “es la voluntad de Dios”.

No, no es resignación, es una forma de resistencia y denuncia de ese Estado racista que, al final, nos ha traicionado a todos. Porque quién me iba a decir a mí que esta democracia del Estado español pudiera llegar a vulnerar mis derechos fundamentales y los de mi familia y llegar a hacer tanto daño como me ha hecho a mí y a los seres a los que quiero. Cuando ya no te queda nadie, te queda Dios, Allah o como quieras llamarlo, esa Fuerza que nos une contra las políticas que nos separan.