GEN-ÉTICA

Benjamín Forcano

Éxodo 98 (marz.-abr´09)
– Autor: Benjamín Forcano –
 
En el mundo de la bioética y de la genética, tan importante para tomar decisiones personales y políticas, reina mucha confusión y poca serenidad. Se está dando una violenta manipulación de los sentimientos de los ciudadanos en el sentido de que la ciencia estaría traspasando los límites de la ética.

Este es el sentir de Federico Mayor Zaragoza, quien, además de coordinar el libro con Carlos Alonso Bedate, lo prologa. El camino a seguir en este campo agitado es el de atender con rigor los argumentos, sin mezclar indebidamente campos tan distintos como el de la ciencia y de la fe, cualquiera que ésta sea. Lo cual no quita sino que supone una interactuante colaboración entre ambos, nunca excluyente ni, menos, condenatoria.

En este terreno de luces y sombras, certezas e incertidumbres se mueven con libertad e independencia de criterio los diecinueve autores que intervienen en la elaboración del libro. Todos ellos son investigadores en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, Universidad Autónoma de Madrid, en la Facultad de Genética de la Complutense y en otros Centros de Biotecnología, de Medicina y de Derecho.

Puede imaginarse el lector que el cuadro de colaboradores citado abordará cuestiones más importantes e interpelantes: aspectos científicos (Alberto Martínez, Carlos Romero Casanobona, Bernart Soria y Alfonso Valencia); aspectos sociales y jurídicos (Ignacio Núñez de Castro y José Luis García); aspectos éticos (Carlos Alonso Bedate, Juan Ramón Lacadena, Diego Gracia Guillén, Yolanda Gómez, Javier Sánchez Caro y María Casado); y sigue un anexo de Federico Mayor Zaragoza (40 páginas) sobre Gen-Ética.

Le sobra razón a Federico Mayor cuando escribe: “Este libro llega en un momento muy oportuno. Y debo decir que el mérito de su articulación corresponde al profesor Carlos Alonso Bedate, que tanto ha meditado sobre esta materia. Juzgo el libro de gran calidad y espero sinceramente que contribuya a la necesaria función de esclarecer cuestiones confusas, más por razones ideológicas que científicas”.

Y concluye comentando la Declaración universal sobre el genoma humano y los derechos humanos: “El compromiso moral contraído por los Estados al adoptar la Declaración Universal del Genoma Humano y los Derechos Humanos es un punto de partida: anuncia una toma de conciencia mundial de la necesidad de una reflexión ética sobre las ciencias y las tecnologías. Incumbe ahora a los Estados dar vida a la Declaración con las medidas que decidan adoptar, garantizándose así su perennidad”.