ÉXODO EN CAYUCOS: “MÁS ALLÁ DE LA MUERTE”

Esteban Tabares

nº 85 octubre 06
– Autor: Esteban Tabares –
 
Desde el mes de mayo, “Sevilla Acoge” participa en el Plan de Acogida de Emergencia de africanos llegados a Canarias, mediante un convenio suscrito entre el ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales y diversas entidades humanitarias. Cada diez o doce días venimos recibiendo grupos de 15-20 personas, senegaleses la mayoría. Tras unos días de acogida y “descanso” con nosotros, continúan su ruta hacia otras partes del país para reunirse con algún familiar, amigo o paisano, cuya dirección o teléfono traen en el bolsillo. Muy pocos se quedan por Andalucía; su meta es Madrid o Barcelona principalmente. ¡Ya están en España! Ya alcanzaron su sueño, aunque residirán aquí sin “papeles”.

Roberto, que gestiona nuestros proyectos de co-desarrollo, viajó en agosto pasado a Senegal y ha vuelto tan impresionado que cuenta y no acaba. Dice que si él fuese senegalés haría lo mismo: subirse a un cayuco y venir para acá. Las condiciones de vida se han deteriorado tanto que no hay esperanza de futuro y la gente más joven y cualificada no aguanta más el presente. ¡Se acabó el tiempo de la resignación! Salen y saldrán como sea. Roberto mantuvo bastantes entrevistas con jóvenes de diversos niveles: analfabetos, universitarios, los camareros del hotel, taxistas, profesores… y todos respondían sobre la inmigración que “No tenemos otra salida; no hay otra alternativa. Nos gustaría quedarnos en Senegal, pero ¿qué se nos ofrece?”… Quedó muy impresionado con una pintada que se repite en las paredes “AUDELÀ DE LA MORT. MOURIR OU BARCELONE” (“Más allá de la muerte. Morir o Barcelona”), lo cual muestra el nivel de desesperanza y nulos horizontes de futuro.

N’Demba M’Baye, senegalés y mediador intercultural, nos cuenta que la gran mayoría de la población de Senegal sobrevivía de la agricultura, ganadería y pesca. Pero la sequía que padecen desde hace varios años hace imposible la agricultura y el ganado se pierde. Además, ¿para qué cultivar la tierra si luego no hay a quien vender los productos? “Sólo nos queda la pesca, pero ¿dónde pescar? si la mayoría del mar está “vendido” a las grandes compañías pesqueras de otros países”. Los jóvenes se movilizaron para quitar al anterior gobierno, pero el país no avanza, retrocede cada vez más. Las madres intentan convencer a los hijos para que no viajen, pero ellos “prefieren morir antes que quedarse y ver la situación que atraviesan sus familias”. Un chico argumentaba: “Aquí ves a una persona andando, pero está muerta por dentro”…

Ousseynou Dieng, senegalés y también mediador intercultural en “Sevilla Acoge”, indica que la democracia allí es muy peculiar: “Es un hombre y a su alrededor un vacío, donde uno dice qué se hace y el resto lo alaban”. Como ejemplo cita a los 76 imanes de las mezquitas que le prometían al presidente del Gobierno senegalés su apoyo incondicional en las elecciones; o el marabú que tiene cuatro millones de seguidores y le promete que lo van a reelegir. En Europa preocupa el envejecimiento de la población, mientras que en Senegal preocupa el exceso de jóvenes: “Son jóvenes desesperados que no ven lo prometido de cara al futuro”.

Ousseynou nos habla también de la “fuga de cerebros”. Por ejemplo, la Escuela de Ingenieros de Senegal ha puesto en el mercado este año 107 ingenieros que después no encontrarán trabajo; ¿a dónde irán?… Senegal se enfrenta a la amenaza del expolio de sus reservas pesqueras. “Acabaron con las reservas del Norte y ahora lo harán con las del Sur”. En los años 80 la pesca era el sector que más riqueza generaba en el país, pero con el paso de la pesca artesanal a la industrial, los pequeños pescadores con cayucos no pueden nada frente a los enormes barcos congeladores europeos o asiáticos. Los cayucos ya no sirven para pescar, sino para emigrar: “Estamos acostumbrados a viajar desde nuestros antepasados”…

Assane Güeye, otro amigo senegalés, se lamenta y dice que “Los inmigrantes son falsos. Porque cuando van a Senegal muestran la imagen del éxito, hacen cosas distintas a las habituales, presumen de coche, casa, no se replantean quedarse, sino retornar nuevamente y regresar al año siguiente a Senegal con más dinero, lujos… Con ello invitan al vecino a venir a España, quedándoles como única alternativa el cayuco al estar cerradas las fronteras. La gente allí los mira como héroes y llegar aquí es un aplauso para ellos”.

Podíamos seguir con más testimonios. Ellos saben mejor que nadie qué pasa allí y por qué vienen aquí. Los europeos no tenemos ni idea y nuestros gobiernos tampoco. Sólo saben imponer medidas policiales de control de fronteras y usar la inmigración como boomerang electoral de unos contra otros. Una opinión pública fragmentada que fomenta las posiciones más conservadoras y anti-inmigrantes y despierta nuestros viejos miedos.

La emigración, igual que el hambre, es efecto del empobrecimiento. Sólo se logrará frenarla favoreciendo un desarrollo endógeno y un comercio internacional justo: “Dejaos de oenegés y pagadnos mejor el café”. Es una injusticia que África sea un continente muy rico y que tenga 24 de los 25 países más empobrecidos del mundo. Si África no va a mejor, nadie podrá detener el éxodo migratorio. Ahora hay 936 millones de africanos y dentro de veinte años serán 1.500 millones.

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