EL MERCADO NEOLIBERAL COMO MEDIADOR DE SALVACIÓN

Franz Hinkelammert

– Autor: Franz Hinkelammert –
 
El capitalismo surge con la pretensión de ser instancia de salvación. Surge como tal en los siglos XV y XIV, pero en la segunda mitad del siglo XVIII, con Adam Smith, esta creencia aparece explícitamentre y quizás por primera vez en la historia humana se expresa a través de teorías del mercado.

Las sociedades anteriores desarrollan ya en alto grado las relaciones mercantiles. Sin embargo, las ven con sospecha. Inclusive se las ve como peligrosas para la convivencia humana. Se les reprocha subvertir las relaciones humanas. Jesús las ve como dominio de un dios falso, Mamon, contrario al reino de Dios que él anuncia. En los escritos de San Pablo la polarización es vista como entre amor al dinero y amor al prójimo. El amor al prójimo es considerado lo contrario del amor al dinero y el mercado es la esfera en la cual rige el amor al dinero. El mundo de la ley por un lado y el mundo del sujeto que se enfrenta a la ley por el otro. Sospechas parecidas aparecen en la tradición griega, especialmente en Aristóteles.

En el surgimiento del capitalismo todas estas posiciones se invierten. Se invierten en el interior de varias corrientes cristianas como en el puritanismo calvinista de los siglos XVII y XVIII en Inglaterra y pronto en EEUU, pero igualmente se invierten en el pensamiento secular de la iluminación, lo que se hace presente en Mandeville y sobre todo en Adam Smith.

Resulta una espiritualidad del mercado. Su expresión a la vez teórica y moral más impactante se encuentra en la tesis de Adam Smith de la mano invisible. La expresión mano invisible viene de la Stoa y se refiere al Dios del cosmos. Vuelve a aparecer en Newton en referencia al sistema planetario, que según él es guiado por esta mano invisible. Smith la aplica ahora al mercado.

De lo que se trata es de sostener que en el mercado hay un automatismo que lleva todas las acciones – a coondición de que se mantengan en las leyes del mercado – hacia la realización del interés general. El mercado deja de ser la esfera del egoismo. Al contario. El interés propio no es egoista, sino que es portador del interés general, entendido como interés de todos. Imponiéndose al mercado, todos son llevados por sus leyes a comportarse mutuamente como servidores uno del otro. La sociedad del mercado no es egoista, sino que es sociedad de servicio mutuo. Además, es la única manera realista de lograr que los seres humanos acepten ser servidores de los otros, teniendo además ventajas mutuas de esta relación.

Es fácil ver que puede aparecer un cristianismo que entiende el mercado como el ambiente eficaz del amor al prójimo, lo que precisamente hizo el puritanismo de aquellos siglos. Amor al dinero y amor al prójimo llegan a ser lo mismo, Dios y Mamon se identifican. Lo moralmente malo es no someterse a las leyes del mercado por ser eso resistencia a la introducción del amor al prójimo – por fin realista – en la sociedad.

El neoliberalismo lleva estas tesis al extremo y a su aplicación universal y global. Su religiosidad y promesa de salvación es omnipresente hoy, aunque se amortigüe un poco en los últmos a ños como consecuencia de las experiencias que se tienen de los efectos desastrosos de la estrategia de globalización neoliberal. Pero la promesa sigue.

Uno de sus máximos representantes ha sido y sigue siendo el presidente del Fondo Monitario Mundial (FMI) en los años 90, Michel Camdessus. Él es hoy miembro del consejo de Justicia y Paz en el Vaticano, en Roma.

A Camdessus le gustaba dar conferencias a empresarios católicos o empresarios cristianos en general, en las cuales desarrolló una teología correspondiente a esta promesa de salvación. Hablaba un lenguaje que tomaba de la propia teología de la liberación y puso en el centro de su teología la opción por los pobres. El título de estas conferencias era: el mercado y el reino de Dios.

Pero la ajustaba. Según Camdessus, la única manera realista de efectuar esta opción es precisamente la política del FMI y sus mposiciones de los ajustes estructurales. Todo intento de escapar a estas políticas lo denunciaba como ilusorio y por tanto “populismo”, que hacia un daño mucho mayor que los problemas que se pretenden solucionar. Según Camdessus, los problemas que el mercado deja sin solución, habría que aceptarlos como consecuencia de la propia “conditio humana”. Lo que no tiene solución por la imposición del mercado neoliberal, no tiene solución ninguna. El mercado no es el reino de Dios, pero el mercado total es el acercamiento mayor que podemos lograr en este mundo imperfecto al reino de Dios. No hay salvación fuera del mercado. Aunque esta sigue limitada, es obligación humana dejar en las manos de Dios la realización definitiva del reino de Dios.En la tierra vale: extra mercatum nulla salus.

Es una teología que da la buena conciencia a aquellos que están destruyendo nuestro mundo y que no quieren tolerar ningún cambio de las cosas. De hecho, la salvación que promete es la renuncia a la salvación hasta post mortem. Es el amor al prójimo del corazón endurecido.