ECONOMÍA. MENTIRAS Y TRAMPAS

Evaristo Villar

Éxodo 113 (marz. abr.) 2012
– Autor: Evaristo Villar –
 
Economía. Mentiras y trampas, de Juan Francisco Martín Seco, es un gran libro didáctico sobre ese tsunami que está barriendo las confiadas playas de las sociedades occidentales, la economía.

Aparece esta obra en un contexto rabiosamente neoliberal, cuando la economía se ha impuesto abiertamente sobre la política, la libre circulación de capitales y mercados sobre los Estados, las especulación sobre la producción, la estabilidad presupuestaria y la reducción del déficit sobre el crecimiento y la generación de empleo, los recortes y la privatización de los servicios básicos (sanidad y la salud) sobre los bienes y servicios comunes y el incipiente estado de bienestar. Es pues un libro sobre las mentiras de la economía en el neoliberalismo.

En un abrir y cerrar de ojos, bajo la cobertura de la crisis que justifica todos los tijeretazos, nos hemos despertado con una clase política agresivamente decidida a hacer de capataz de unos mercaderes y banqueros sin entrañas que actúan de forma despiadada contra las mayorías sociales y el mundo laboral.

En este contexto deprimido y cada día más enrabietado, Martín Seco nos advierte que el dogma que nos están vendiendo es una “mentira y una trampa” porque, según él, “quizás en ningún otro ámbito como en el de la Economía el lenguaje se ha convertido en un medio para camuflar e incluso distorsionar la realidad, construyendo un mundo artificial, irreal y falaz, alejado de las reglas de la lógica y orientado exclusivamente a garantizar y potenciar los intereses de las clases dominantes” (p. 12). Más que nunca, hoy día, piensa el autor, la Economía ha dejado de ser una ciencia para convertirse en una idolología o “juego de leguaje”. Esta trampa, sin ir más lejos, se advierte fácilmente en la intencionada confusión que introduce la presidenta de la Comunidad de Madrid entre lo público y lo privado para justificar las privatizaciones, en concreto, la del Canal de Isabel II. Se trata, según la Sra. Aguirre, de privatizar el canal para “devolverlo –hasta ahora empresa pública, y bien rentable por cierto- a los madrileños”. Se trata del mismo engaño que ese prócer del neoliberalismo más duro que es Aznar, cuando, después de haber privatizado todas las grandes empresas públicas, no tuvo ningún rubor en decir públicamente desde Menorca en 2001: “Ya no hay empresas públicas que manejar porque las hemos devuelto a la sociedad. Ya no hay monopolios que proteger, porque los hemos abierto a la competencia. Ya no hay muchas de las reglamentaciones que hace unos años hacían de los gobernantes verdaderos señores de los sectores económicos” (p. 205). Verdadera y descarada ceremonia de la confusión.

Tampoco la UE, construida a espaldas de la ciudadanía, se escapa al juicio crítico del autor: no se puede hablar románticamente de Europa sin advertir que, de lo que en realidad se trata, es de la unión de los mercaderes. Desde el Acta Única de 1989 que introdujo la libre circulación de capitales sin armonización en materia fiscal, social o laboral hasta Maastricht, que proyectó la Unión Monetaria con un banco central cercenado en competencias y sin armonización fiscal y presupuestaria, la Unión es más una ensalada de contradicciones y carencias que de la ciudadanía y de los pueblos. Y el engaño se continuó con el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, donde ambos elementos han fallado estrepitosamente, y con el Sistema Monetario Europeo y la Unión Monetaria que ha entrampado gravemente a los países de la eurozona (p.152). En todo este proceso, fundamentalmente mercantil, con un Banco Central Europeo independiente del poder político, son los países centrales, la metrópoli, los que están empujando al resto, a las colonias, a la división y al desastre: “La canciller Merkel, afirma Martín Seco, pretende entronizar en Europa la dictadura alemana, y está imponiendo en todos los países de la Unión Monetaria una política económica radicalmente conservadora, solo comparable a la que defienden los neocom o el Tea Party en Estados Unidos” (p. 25). La actual Unión Monetaria es inviable y necesita un nuevo planteamiento.

En este contexto, Economía. Mentiras y trampas es un libro escrito en forma de diccionario. Mediante treinta y dos términos, relativos a otras tantas realidades de la disciplina económica, pretende desenmascarar “el discurso tramposo que domina hoy la economía, y que intenta dar gato por liebre” (p. 26). En un lenguaje sencillo y accesible, pero sin perder rigor, el autor quiere introducir en la economía, y a mi juicio lo consigue plenamente, aquella rara cortesía que Ortega exigía a la filosofía, la claridad.

La simple numeración de los conceptos económicos que se describen, de forma crítica, en esta obra puede darnos ya una idea de su actualidad y utilidad pedagógica. Son estos: agencias de calificación crediticia, balanzas fiscales, Banco Central Europeo, competitividad, copago sanitario, coste de oportunidad, Curva de Laffer, déficit público, empresa pública, entidades de tenencia de valores extranjeros, fondo privado de pensiones, gestión privada de la sanidad, globalización, impuesto sobre el Patrimonio, Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas, impuesto sobre Sucesiones y Donaciones, inflación, Keynes, libre circulación de capitales, mercado de trabajo, Pacto de Estabilidad y Crecimiento, Pacto de Toledo, privatizaciones, Producto Interior Bruto, Sistema Monetario Europeo, Sistema Nacional de Salud, sistema público de pensiones, sociedad de inversión de capital variable, Tasa Tobin, tipo de cambio, Unión Europea, Unión Monetaria Europea.

Señalo, finalmente, dos impresiones que me han ido creciendo durante la lectura detenida de este libro que, en su conjunto, puede considerarse como el reverso o el “anticredo neoliberal”:

Me ha ido creciendo la indignación, en primer lugar, al ir avanzando en la lectura e ir constatando cómo, detrás de cada verdad, se esconde siempre una mentira. En esta especie de ansiedad depresiva, resulta alentador escuchar el consejo que, sobre la Economía, daba el economista keynesiano Galbraith: “si alguna vez un economista le pide a usted que acepte su punto de vista como si fuera el evangelio con el pretexto de que se basa en la erudición, no le crea una palabra” (p. 27). Cada una de las treinta y dos palabras que se recogen en este diccionario destapa una trampa; no puede usted seguir creyendo a pie juntillas lo que dicen los especialistas en ocultar la verdad con palabras esotéricas.

Y en segundo lugar, también me ha ido creciendo la gratitud hacia estos verdaderos profetas de la economía real que, como el autor de este libro, han asumido el compromiso ético de abrir los ojos a los ciegos en estas materias y de advertirnos de las trampas que nos van poniendo en el camino. Saben que se enfrentan con las solas armas de la palabra a toda la presión mediática que dominan quienes se están apoderando de los bienes y de la conciencia de unas masas anestesiadas bajo la trampa de las grandes y apocalípticas palabras. Estos alternativos en economía merecen todo nuestro reconocimiento. Pero como los profanos necesitamos también herramientas para mover los pies, esperamos y deseamos que los Martín Seco del momento completen su obra escribiendo otro diccionario para una economía alternativa.