Cocina familiar comunitaria en el Polígono del Valle (Jaén). Autodeterminación en clave alimentaria

Mª Carmen Cruz García

Los efectos de la crisis económica han provocado que cada vez sean menos las familias que no padecen ningún tipo de vulnerabilidad o de exclusión social. La crisis ha afectado de manera especial a las familias con menores a su cargo, observándose un crecimiento notable de niños que viven en hogares con ingresos por debajo del umbral de la pobreza al igual que del número de niños que viven en hogares con privación material severa. La falta o reducción de ingresos puede dar lugar a un empeoramiento de la calidad de la alimentación, relacionada con el consumo de menos productos frescos o de una dieta equilibrada. Muchas de estas familias son beneficiarias de ayudas procedentes de entidades dedicadas al reparto de alimentos no perecederos, y manifiestan continuamente que están aprovisionadas de una gran cantidad de legumbres o pasta, pero que o bien no disponen de los recursos económicos para poder adquirir el resto de ingredientes necesarios para poder cocinarlas, o no pueden permitirse una dieta variada que suponga la elaboración de otros menús con ingredientes distintos a los que reciben a través de las ayudas de emergencia o de la beneficencia.

Esta situación de vulnerabilidad o exclusión social tiende a concentrarse en zonas geográficas determinadas, en las que los efectos de la crisis económica, no sólo afectan a la destrucción acelerada de empleo, sino en las que cada vez son más las familias en las que todos sus miembros se encuentran en desempleo, sin ingresos, y con las redes de apoyo saturadas por el esfuerzo solidario hasta la fecha, afectando además a la salud emocional de las personas que más lo están padeciendo.

El Polígono del Valle de Jaén es una de esas zonas geográficas a las que nos referimos. En este contexto, la mayoría de las entidades se unen en una red colaborativa llamada Comunidad de Barrio. Las entidades realizan diversos proyectos de intervención, pero todas con gran experiencia y cercanía con los vecinos y personas que atienden. Con la creación de esta red colaborativa se pretende establecer un espacio común a todas, capaz de aunar y coordinar sus esfuerzos para optimizar sus recursos.

A través de este proyecto de intervención se atienden las necesidades vitales de alimentación, a la vez que se genera una respuesta digna (alejada de las colas de los comedores sociales), sostenible, y que ayuda a promover la atención de otras necesidades de carácter emocional, relacional, laboral y psico-sociales. Un planteamiento de intervención integral que favorece el empoderamiento de la persona beneficiaria, incorpora la participación del voluntariado y de la comunidad pero, sobre todo, facilita el proceso de participación de los/as destinatarios/as, auténticos/as protagonistas de su futuro.

Quiero destacar lo que creo que ha ayudado a que la intervención sea un éxito:

    * En primer lugar, ha sido clave que hayan sido las propias familias las protagonistas de su alimentación. Por grupos y días, las familias junto a las educadoras elaboran diariamente la comida que van a consumir en sus casas, además de la comida que van a consumir el resto de familias beneficiarias del proyecto. Al diseñarlo, se apostó porque las personas contratadas fueran educadoras y no cocineras. Las educadoras en las tareas de la cocina han estado al mismo nivel que las familias, han realizado las mismas tareas por lo que han estado consideradas como unas más, lo que ha hecho que se consiguiera un alto grado de confianza que ha facilitado que en todo momento haya habido un clima muy bueno en las actividades, que las personas se hayan sentido cómodas y no avergonzadas de participar en el proyecto, y como ellas mismas lo han expresado: NOSOTRAS NOS LO GUISAMOS Y NOSOTRAS NOS LO COMEMOS.
    *Se han sentido como grupo y se han identificado como tal, siendo todos corresponsables de la consecución de objetivos del prójimo. No hemos trabajado un solo aspecto o problema con ellos: hemos acompañado a la persona de la familia parada, al niño con problemas en el cole, al joven que no quiere ir al Instituto y lo deja, a la mujer con ansiedad o con problemas de baja autoestima, al marido que le da vergüenza ir a por la comida y con el paso de los meses acompañaba ya a la mujer…

* Lo que no hemos conseguido: las familias en su casi totalidad siguen necesitando del proyecto para poder   garantizar su alimentación debido a que no tienen trabajo o si lo tienen es muy precario, no tienen prestaciones sociales y si las tienen desde que las solicitan tardan casi un año en que les lleguen y tienen grandes carencias económicas para pagar el alquiler, la hipoteca, la luz, el agua, el gas, los medicamentos…

* Como trabajadora social, este proyecto de intervención me ha ayudado a trabajar en el entorno de la persona beneficiaria, evitando el asistencialismo y las acciones puntuales y teniendo como horizonte principal la movilización de las personas con necesidades alimentarias, a la vez de promover también la movilización de muchos más de los que inicialmente lo ejecutan, generando una cultura de solidaridad con cuantos se relacionan con el mismo.