UNA NUEVA FORMA DE INFORMARSE, LOS MEDIOS ALTERNATIVOS, UN REPASO AL PANORAMA EN ESPAÑA Y EL MUNDO

Pascual Serrano

Número 84 (mayo-junio’06)
– Autor: Pascual Serrano –
 
La galopante pérdida de credibilidad de los grandes medios de comunicación y el desarrollo de muchas de las técnicas de comunicación, en especial internet, ha desembocado en un amplio panorama de medios de información que podríamos denominar alternativos. Sin duda no hay dos iguales. Cada uno de ellos dispone de su propio modelo de organización, su línea informativa y editorial, su método de recogida y búsqueda de información, su relación con los movimientos sociales, etc… Lo que les une es la firme convicción de que tienen algo que decir y que los medios tradicionales no responden al derecho a la información y la libertad de expresión de los ciudadanos.

Se suele criticar habitualmente que los grandes medios de comunicación han convertido la información en mercancía para su compra y venta y que ese criterio de rentabilidad económica les incapacita para servir a la verdad. Yo creo que esa interpretación es todavía demasiado benevolente. No existen puras empresas de comunicación que busquen rentabilidad, son grupos empresariales que tienen ramificaciones en la construcción, telecomunicaciones, energía y, también, medios de comunicación. Esa estructura permite que las contabilidades financieras de cada sector no sean independientes, y que su departamento dedicado a la inversión en medios no necesariamente tenga que ser rentable en la medida que su función prioritaria es atender a la nueva imagen del resto de negocios del emporio y del mantenimiento de las estructuras ideológicas que permitan mantener el modelo económico en el que se sustentan. La contabilidad de esos medios es ficticia porque las empresas propietarias son también accionistas de otras que son anunciantes y pueden variar las partidas de ingresos publicitarios a su antojo y, por tanto, los balances de cuentas. Y todo ello condiciona los contenidos. Por ejemplo, es normal que el diario El País critique en su editorial el aumento de los impuestos que ha de pagar Repsol en Bolivia si esa misma semana esa petrolera financia con su publicidad un coleccionable de decoración del diario. O es difícil que critique la política de un gobierno, por ejemplo el colombiano, si su ministerio de educación tiene previsto designar a una editorial de ese grupo empresarial como la suministradora de los libros de texto para todos los colegios del país.

Podemos llegar por tanto a la conclusión de que es incompatible la veracidad y el rigor informativo en un modelo informativo de mercado como el actual. Aunque aparentemente todos los medios adopten una apariencia neutral en sus noticias, hace ya mucho tiempo que los expertos determinaron que el primer gran sesgo se establece con la designación de los temas a informar. Dedicar la portada de un periódico a una matanza de civiles en Iraq por el ejército estadounidense o a la entrega de un Oscar cinematográfico supone tomar partido ideológico. Reproducir unas críticas del Premio Nobel de Literatura, José Saramago, a una decisión del gobiernocubano y silenciar los elogios a otras decisiones de ese gobierno, también es tomar partido sin necesidad de mentir.

Ante ese panorama no es difícil entender que iniciativas informativas que surjan sin las servidumbres del mercado, los condicionantes de la publicidad ni las presiones de los gobiernos y grupos políticos y económicos, puedan despertar simpatías masivas entre las audiencias. Más todavía si juegan en un campo con relativa igualdad de oportunidades respecto a los poderosos como es internet.

La pluralidad de estos medios no comerciales es tal, que ni en la denominación hay consenso, mientras unos se consideran alternativos, otros gustan de llamarse de contrainformación. Yo reconozco que prefiero el primer término, puesto que el segundo supone considerar a los medios comerciales como los legítimos de información, y ese es un privilegio del que no les considero merecedores. Incluso creo que el término alternativo debemos aspirar a superarlo. El objetivo a largo plazo es que sean estos medios, no comerciales, democráticos y participativos, los que predominen en el panorama informativo de las sociedades democráticas. Si las revoluciones sociales buscan que los movimientos y los líderes ciudadanos sean los que lleguen al poder y democraticen las sociedades, las revoluciones informativas también deben aspirar a derrocar el modelo vigente de comunicación, dominado por grandes emporios económicos. Es decir, que los actuales alternativos se conviertan en hegemónicos.

De todas las vías comunicativas por las que circula la comunicación alternativa, sin duda internet es la que se ha visto más desarrollada y la que permite un mejor estudio comparativo entre el panorama existente. Su aparición ha permitido que algunos periodistas hayamos pasado en pocos años de estar buscando una publicación alternativa escrita donde colocar un texto para que fuese leído por dos mil personas a “colgarlo” hoy en una web donde será leído por cinco mil y reproducido por una docena de medios. Porque ahí se encuentra otra característica de internet, la facilidad de multiplicación. Los ciudadanos no suelen fotocopiar los artículos de prensa que consideran interesantes para ofrecérselos a sus amigos y conocidos, y menos aún las informaciones de radio y televisión. Sin embargo, sí distribuyen los textos que les interesan por correo electrónico o colocan en otras páginas web. Por tanto, los medios alternativos de la red realizan funciones también de agencia de prensa, suministrando contenidos a otros medios.

Otra característica a precisar es la diferencia entre blogs y medios propiamente dichos. Los primeros no deberían ser considerados medios puesto que, aunque proporcionan información valiosa, son fruto de un trabajo individual y, por tanto, con una capacidad limitada a la disponibilidad de su autor y a la temática que él maneja, no es un equipo coordinado que busque diseñar una alternativa comunicacional amplia.

Existen varias circunstancias que diferencia entre ellos a los medios alternativos en internet. Entre ellas, el carácter más o menos colectivo de la selección de contenidos, la existencia de un espacio para la inclusión de textos por parte de colectivos o ciudadanos y la posibilidad de añadir comentarios a los artículos publicados. Es evidente que cada opción tiene sus ventajas e inconvenientes.

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VATICANO II, ¿UNO O DOS CONCILIOS? Una hipótesis interpretativa

Giulio Girardi

Número 81 (nov.-dic.’05)
– Autor: Giulio Girardi –
 
Me parece una fecunda hipótesis interpretativa, contraria a la interpretación corriente, la que reconoce en el Vaticano II, desde el punto de vista teológico, dos concilios distintos, cada uno con sus protagonistas y su coherencia interna.

Esta hipótesis la sugiere una reflexión sobre la constante contraposición que se verifica al interior del Vaticano II y de sus textos finales, a pesar de su aparente convergencia, entre dos corrientes teológicas, preocupadas la una de valorar las posibilidades de innovación abiertas por el Vaticano II y la otra de salvaguardar su continuidad con “la tradición” y la “ortodoxia” de la Iglesia católica. Paradójicamente, protagonistas de la primera corriente eran los padres de la mayoría conciliar y los peritos que los acompañaban (entre .los cuales cabe recordar a Karl Rahner, a Yves Congar, a Hans Küng y a Josef Ratzinger); protagonistas de la segunda corriente eran los padres de la minoría conciliar, y sus peritos (entre ellos, en primer lugar, los miembros de la curia romana) que los inspiraban. Es importante citar, entre los miembros de esta minoría, la presencia activa de Karol Woijtila, entonces arzobispo de Cracovia, que interpretaba el Vaticano II como una movilización de la Iglesia en el combate contra el marxismo y el ateismo.

Me voy a permitir un testimonio personal. Como perito conciliar, fui miembro, con el arzobispo de Cracovia, de la subcomisión sobre el ateismo, llamada a redactar algunos párrafos del documento “la Iglesia en el mundo actual” (Gaudium et spes). En los trabajos de la subcomisión se hizo evidente el contraste entre la actitud combativa de Karol Woijtila y la voluntad de diálogo manifestada por la mayoría conciliar. Este contraste no se refería únicamente a los temas del ateismo y del marxizmo, sino más en general a la relación de la Iglesia con el mundo moderno. Ahora bien, el diálogo con el mundo moderno fue quizás la actitud característica de la mayoría conciliar y por tanto del Vaticano II. Por cierto, no era fácil en ese momento prever que este obispo llegaría a ser el intérprete “auténtico” del Vaticano II, del cual no había percibido su novedad, y que por esta razón lo interpretaba en perspectiva conservadora.

Además del tema del ateismo, algunos otros ejemplos aclaran el sentido de este conflicto teológico permanente: el tema de la libertad religiosa y el de la iglesia. La libertad religiosa había sido rechazada antes del Vaticano II por la curia romana, que defendía la obligación de subordinarla a “la verdad”, concretamente, a la doctrina católica y al magisterio de la Iglesia. Su argumento fundamental era que no se pueden poner en el mismo plano la verdad y el error. El concilio conservador mantenía la misma postura, mientras que el concilio innovador proclamaba, entre los derechos humanos fundamentales, el derecho a la libertad religiosa.

En la concepción de la Iglesia, el concilio conservador defendía como fundamental su carácter jerárquico, fundado en la infalible autoridad personal (ex sese y no ex consensu eclesiae) del Papa, mientras que el concilio innovador redescubría como fundamental el “pueblo de Dios”, y, por tanto, el carácter popular y comunitario de la Iglesia y de sus autoridades. Se contraponían así dos eclesiologías.

Estos ejemplos obligan a reconocer que los miembros de los dos concilios tenían distintas concepciones del propio Concilio. Pero, ¿cómo se explica entonces la casi unanimidad con que fueron aprobados los documentos conclusivos? El dualismo parecía excluir la posibilidad de documentos comunes entre los dos concilios. En efecto, si se analizan más de cerca estos textos, se descubre que casi todos ellos son fruto de un compromiso, se caracterizan por un cierto “sincretismo” y que, por tanto, ocupan coherentemente su lugar en cada uno de los dos concilios.

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ASPECTOS SOCIO-CULTURALES DE LA CONDUCTA SEXUAL

Santiago Frago Vals

Número 82 (ener.-febr.’06)
– Autor: Santiago Frago Vals –
 
I. SITUÁNDONOS DESDE LA SEXOLOGÍA

Entendemos por sexología la disciplina que estudia y trata de hacer inteligible el hecho sexual humano y sus manifestaciones. La sexología no es una moral sino una disciplina. La sexología ha conseguido que se haya pasado de “hablar de sexo” al “estudio de los sexos”; o lo que es lo mismo, se haya pasado de la morbosidad al conocimiento. _ Los profesionales de la sexología hablamos de los sexos, no del sexo como genital, reproducción, placer, enfermedad, delito, vicio o pecado. Hablamos del sexo como valor, como diferenciación. _ La sexología, en definitiva, es la ciencia que estudia el HECHO SEXUAL HUMANO Y NO EL DERECHO SEXUAL HUMANO. _ Esta realidad nos lleva a definir tres conceptos fundamentales en la ciencia sexológica: sexo, sexualidad y erótica. _ 1. SEXO (proceso y creación de las estructuras): De un modo simple diríamos que el “sexo se es”. El sexo constituye un proceso, una cadena de niveles (genéticos, gonadales, genitales, hormonales y biográficos) que nos hace seres únicos e irrepetibles. _ 2. SEXUALIDAD (vivencias): La sexualidad sería lo que “se vive”. La sexualidad, o mejor expresado, sexualidades, constituye la manera de vivir nuestro sexo, nuestro lenguaje interno. Modos de sexualidad masculino y femenino de cuyos encuentros o desencuentros derivan en homosexualidades o heterosexualidades. _ 3. ERÓTICA/AMATORIA (deseos y conductas)1: O lo que “se hace”, la conducta sexual que se expresa, el “habla sexual”. Erótica que plasmamos a través de deseos, gestos o fantasías. La consecuencia es clara: hay muchas lenguas, muchos dialectos…., infinitas eróticas.

II. ¿DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE RELACIONES SEXUALES?

La sexualidad humana ofrece un privilegiado espacio de encuentros teñidos y tejidos de modo tridimensional: _ 1. Dimensión lúdica / recreativa o de placer. Relacionado con todo aquello que la sexualidad tiene de gratificante, placentero, divertido y saludable. _ 2. Dimensión convivencial / relacional. Relacionado con la magia del encuentro, con la comunicación de amores, sentimientos, afectos y emociones. _ 3. Dimensión reproductiva. Relacionado con el hecho procreativo, con el hecho de ser padres por decisión responsable y compartida. Términos y frases como “hacer el amor”, “tener relaciones sexuales”, “hacerlo”, “la 1ª vez”…., nos adentran en un mundo sexual lleno de equívocos, de restricciones, de limitaciones. ¿Por qué se confunden las relaciones sexuales con las relaciones genitales?; ¿por qué la 1ª vez hace referencia a la 1º vez coital?; ¿por qué mi 1ª vez tiene que ser la misma 1ª vez que la de los demás?; ¿por qué jerarquizamos los juegos eróticos?; ¿por qué existen juegos preliminares de 3ª división y juegos coitales de 1ª división?; ¿por qué un beso íntimo es menos “importante” que un coito, o no es así?. _ Las relaciones sexuales, entendidas, no como relaciones genitales sino como relaciones entre sexos, no sólo son algo que “se hace”, son fundamentalmente algo que “se vive”. En cualquier encuentro erótico (sexual) entre dos personas se dan o pueden dar cita no sólo dos labios, dos genitales, dos manos, dos pieles…, se mezclan sexos, sexualidades, eróticas…, en definitiva, dos biografías. Creo que lo trascendente no es sólo lo que los jóvenes hacen, sino fundamentalmente como da cual lo vive, qué significados le otorgan y qué valores, sentimientos y emociones se ponen en juego. _ A nivel social acontece una falsa jerarquización del “juego erótico”; se considera al primer coito como un acto de especial relevancia y cargado de mucho significado en la vida de una persona. El hecho de que la “primera vez” nos haga pensar en el primer coito y no en otra primera actividad sexual, pone de manifiesto que el resto de actividades sexuales son consideradas como conductas menores o sucedáneos. Y, además, se considera al coito como la frontera que separa la sexualidad completa de la sexualidad inmadura o incompleta.

III. DE LA EDUCACIÓN SEXUAL AL COMPORTAMIENTO SEXUAL

Mi trabajo habitual de campo, impregnado de dinámicas anárquicas, inevitables en mi trabajo diario con gente joven,… me ha permitido y permite estar en contacto con sus emociones, complicidades, expectativas, desasosiegos y deseos. _ Con todo, el radiografiar la erótica o comportamiento sexual de los jóvenes españoles excede de las posibilidades de este artículo que no tiene pretensiones de estudio de investigación sociológica. Por ello intentaré apuntar claves, indicar tendencias, comentar variables comparativas, señalar inquietudes y anotar sus diversas formas de amar más significativas. _ Dentro de los tres registros que dan cuerpo teórico a la sexología, nos centraremos en este Punto de Mira en la erótica o comportamiento sexual. _ Antes de adentrarme en lo relevante de la erótica de los jóvenes en los últimos 30 años deseo teorizar brevemente sobre el amor y la erótica, describiendo la cronología secuencial de ambos valores.

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UNA TRANSICIÓN INACABADA, LA RELIGIOSA

Juan A. Estrada

nº 85 octubre 06
– Autor: Juan A. Estrada –
 
Es hoy bastante frecuente encontrar referencias en los medios de comunicación social sobre el proceso de transición político y económico. La rápida transformación de la sociedad, a partir de la década de los sesenta, está vinculada a la modernización de la economía, que ha hecho que España cuente entre los países ricos, se convierta en una potencia industrial y, progresivamente, se homologue a nuestro entorno europeo. De la misma forma, se propone a España como un modelo de transición, desde la dictadura a la democracia, y también como ejemplo para los países del Este que han entrado en la Unión Europa. Es uno de los Estados que más se han aprovechado del proceso de integración, convirtiéndose en una sociedad abierta ¡y favorable a la Unión europea. Hay un fondo de verdad en estas afirmaciones, aunque se puede objetar al acento triunfalista del enfoque, dadas las lagunas y carencias del actual modelo económico; las dificultades y tensiones políticas que subsisten, y la parálisis actual de la Unión Europea, aquejada de falta de liderazgo y de un proyecto consensuado y dinámico. El balance es claramente positivo, aunque haya problemas de fondo, políticos y económicos, que no se resuelven en cuatro décadas. A esto hay que añadir que ya se está cerrando el ciclo de la transición, una vez establecido el sistema económico de mercado y el político de democracia parlamentaria. Resurgen problemas y voces que hasta ahora habían estado silenciadas o marginadas, poniendo en primer plano tensiones irresueltas como las nacionalidades, el modelo político del Estado y el sistema económico y financiero vigente.

En este contexto ¿Qué ocurre con el cambio religioso? ¿Cuál es la nueva situación de la sociedad cuarenta años después del concilio Vaticano II? ¿Cómo se ha respondido a los nuevos retos que plantea la secularización y la laicización del Estado? ¿Cuáles son los problemas internos y externos que aquejan a la Iglesia española? ¿Ha sido exitosa la transición desde el nacional catolicismo y el Estado confesional concordatario a una situación homologable con los países de nuestro entorno europeo? ¿Se puede hablar de una transición cultural y religiosa exitosa, comparable a la política y económica?

La gran mutación sociocultural que se ha producido en Europa occidental desde la década de los sesenta ha planteando un nuevo reto al cristianismo, y dentro de ese marco se mueve también el catolicismo español que, a diferencia de las otras naciones occidentales, ha tenido que afrontar varias transformaciones simultáneamente y en muy poco tiempo. Lo que nuestros vecinos han ido desarrollando durante un siglo de cambios se ha condensado aquí en cuatro décadas. De ahí la mayor dificultad para una transformación cultural y religiosa. Los problemas del catolicismo en Europa se han agudizado aquí por la rapidez y radicalidad del proceso.

EL VATICANO II: UNA IGLESIA EN TRANSICIÓN

Los cambios socioculturales han ido mucho más allá de los previstos en el Concilio Vaticano II. La reconciliación con la modernidad, concretizada en la Gaudium et Spes y la declaración de libertad religiosa, era el punto de partida para pasar de una Iglesia de cristiandad a otra en estado de misión; del proselitismo eclesiástico a la construcción del reino de Dios en el mundo; de la teología del entorno, al diálogo ecuménico y con las otras religiones; de la iglesia desigual a la del pueblo de Dios; del clericalismo a la plena participación de los laicos y a la emancipación de la mujer. Estos cambios, enmarcados en la llamada conciliar a la renovación de la Iglesia y al discernimiento de los signos de los tiempos, ponían fin oficialmente al antimodernismo, al rechazo de las libertades democráticas y a la impugnación de los derechos humanos.

A finales de los sesenta comenzó a darse la dinámica hacia las sociedades postmodernas, post-industriales y secularizadas. En este nuevo contexto había que avanzar en la línea marcada por el Concilio para responder a los nuevos retos de la sociedad emergente. Pero ya en el final del pontificado de Pablo VI, y luego con Juan Pablo II, se percibía la progresiva involución del catolicismo. El miedo a los cambios, que llevaba consigo la letra y el espíritu conciliar, se acrecentó ante los nuevos retos de las sociedades emergentes. La consecuencia fue que mientras la sociedad occidental, y dentro de ella la española, cambiaba muy deprisa, el catolicismo involucionó hacia el modelo tradicional tridentino, frenando primero y bloqueando en un segundo momento el proceso de renovación comenzado. Tras una época de cambios, en el siglo XX, vino un cambio de época (marcada por la globalización y la postmo-dernidad), mientras que la Iglesia entraba en una etapa de hibernación (según Karl Rahner, la retirada a los cuarteles de invierno).

Lo primero a tener en cuenta es que los cambios en los procesos de socialización y de la identidad colectiva son muy lentos, graduales, y claramente diferenciados de los económicos y políticos. Es mucho más fácil cambiar las instituciones sociales que transformar la mentalidad y la sensibilidad de la gente. La reforma institucional, organizativa y también doctrinal del Concilio, que puso nuevos acentos eclesiológicos, tropezaba con un catolicismo sociológico y tradicional, que impregnaba las mentalidades y las sensibilidades. Esto era especialmente claro en el caso de la iglesia española, para la que el Concilio fue una autentica provocación para la que no estaba preparada desde el punto de vista teológico y doctrinal, ni desde la perspectiva pastoral y sociológica.

En cuanto que la mayoría de la población se había socializado en el contexto del nacional catolicismo, el de una sociedad homogénea, confesional y tradicional, subsistían muchos de los esquemas y pautas de conducta, aunque cambiara el entorno institucional eclesial y de la misma sociedad. La modernización del país no conlleva automáticamente la transformación de las mentalidades, porque educar e inculturar a la población en nuevas pautas de conducta requiere mucho tiempo, para que la nueva socialización desplace a la vieja. Adquirimos una identidad por aprendizaje, imitación e identificaciones afectivas, desde modelos de referencia a los que imitamos y seguimos. De ahí, la mayor dificultad emocional para cambiar de mentalidad y actitud. La europeización” de la población española requiere mucho más tiempo que la de sus instituciones políticas y económicas. Y esto también se da a nivel eclesial, mucho más cuando los cambios venían de fuera y no respondían a la dinámica interna de la iglesia española. Es comprensible que la involución post-conciliar afectara especialmente a la Iglesia española, que se había visto forzada a asumir pautas y reformas eclesiales para las que no estaba preparada, eran indeseadas por un sector importante del catolicismo español y bloqueadas desde el poder político que veía en el Concilio una amenaza para sus intereses y la supervivencia del régimen. Los que asumieron el Concilio contra sus deseos y expectativas, por fidelidad al papa y a la Iglesia universal, se apresuraron a sintonizar con la nueva dinámica conservadora que se impuso desde finales de los setenta.

En realidad las generaciones que hemos vivido el tránsito de un modelo de sociedad a otra, siempre estaremos afectadas por las dos sociedades en las que hemos vivido, la tradicional de cristiandad y la nueva secularizada, laica, democrática y pluralista. Pertenecemos a dos culturas distintas, de ahí la importancia de la generación del tránsito como mediación y puente entre ambas, sin que podamos pertenecer plenamente a una de ellas. Sólo las jóvenes generaciones, los menores de treinta años que no conocieron la época franquista, pueden socializarse en la nueva cultura emergente, aunque no dejan de recibir la influencia y la impronta socializante de las generaciones mayores, que les transmiten valores y modos de conducta establecidos en su cultura. Para la nueva socialización hacen falta referentes y modelos que faciliten la nueva identidad, tanto en la sociedad como en la Iglesia. De ahí que la crisis de los gurús, de los padres y de los modelos, en la educación, la familia, la Iglesia y en la sociedad, sean una de las causas de los problemas de identidad de las nuevas generaciones. O no encuentran referentes en sus mayores, que les sirvan de orientación y de norma, o rehúsan su valor ejemplarizante porque responden a un modelo que les parece superado y con poca afinidad para los problemas actuales.

El Vaticano II creó el marco para un cambio de identidad a partir de una redefinición doctrinal y reubicación del sistema de creencias, prácticas e instituciones La pregunta de Pablo VI a la Iglesia, ¿qué dices de ti misma?, cristalizó en una experiencia nueva, la conciliar, anticipo de una iglesia católica globalizada, y se tradujo en una serie de documentos y una sensibilidad nueva, a la que se llamó el espíritu conciliar. El “nosotros” colectivo se transformó a partir de la reforma litúrgica, la nueva definición de la Iglesia como pueblo de Dios, y la reubicación de la jerarquía y del papado en un contexto colegial, comunitario y laical. Este cambio fue asumido por la opinión pública, suscitando toda clase de expectativas y esperanzas, y también afrontado por el catolicismo más conservador, que luchó por frenar la renovación, alargar el proceso de implantación de los cambios, y minimalizar la interpretación de los textos conciliares. La alarma de la minoría tradicionalista conciliar dejó paso a una crisis de identidad que generó la polarización interna de la Iglesia, y que se saldó con la (involución1)]. En España se tradujo en la pérdida de liderazgo de Tarancón, en la reconquista eclesial de la que había sido minoría conciliar y en la nueva política de nombramientos propiciados por el nuncio Tagliaferri. Al fallar las expectativas de renovación conciliar y enfrentarse a una sociedad mucho más compleja y menos receptiva de lo que se esperaba, se dio la involución postconciliar a nivel mundial, y muy especialmente en la Iglesia española.

De ahí una polarización en la Iglesia española, la de una jerarquía mayor y tradicional, formada en el nacional catolicismo y para la que mayoritariamente el Concilio fue una inesperada y desagradable sorpresa, y las generaciones jóvenes que han crecido en una sociedad e Iglesia que ya no era la de sus padres. La gerontocracia de la Iglesia católica, en la que se considera joven a un obispo a la edad en que cualquier estamento de la sociedad se plantea la jubilación, hizo que les resultase más difícil comprender y asumir los cambios de la mutación sociocultural en Europa. Por edad y formación eran una generación poco propensa a asumir los cambios y los retos que planteaba el nuevo momento histórico. La nueva imagen de Iglesia desbordaba a los católicos tradicionales, hegemónicos en la jerarquía episcopal, pero se revelaba también insuficiente para una gran parte de la sociedad y del mismo catolicismo, que en los sesenta y setenta soñaba con cambiar España y la Iglesia, para dejar paso luego a las generaciones de la sociedad próspera y europea. De ahí, la crisis de la unidad interna y la erosión de la cohesión eclesial, agudizada por la creciente pluralidad sociocultural. La alternativa planteada por la jerarquía a los disconformes con la involución fue la de acomodarse e integrarse en la nueva mayoría tradicional, o la marginación y el gueto. Para ello se reforzó el aparato disciplinario y autoritario que había estado muy limitado durante los años conciliares. La Sagrada Congregación de la Fe se convirtió en clave de la curia romana y en los distintos países se procedió a atacar las instancias progresistas. El miedo se impuso en la teología, favoreciendo la autocensura y el repliegue del clero más abierto y de los movimientos laicales, que sufrieron una pérdida de miembros y un recorte de su autonomía respecto de la jerarquía.

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LAS PERSONAS EN ESTADO DE DEPENDENCIA. ESTADO DE LA CUESTIÓN

Colectivo Ioé

Éxodo 87 (ener.-febr.’07)
– Autor: Colectivo Ioé –
 
Todos los estados europeos han aceptado la definición de “dependencia” dada por el Consejo de Europa en 1998: “necesidad de ayuda o asistencia importante para las actividades de la vida cotidiana”. Tres factores concurren en esta definición: la existencia de alguna limitación física o mental que merma las capacidades de la persona; la imposibilidad de realizar actos corrientes de la vida diaria; y la necesidad de cuidados por parte de otras personas.

Vamos a ofrecer una aproximación general al colectivo de personas en situación de dependencia en España, para indicar después los cuidados que reciben. En general, se puede avanzar que se trata de una problemática creciente en la sociedad española debido, por una parte, al mayor número de personas dependientes y, por otra, al cuestionamiento del modelo tradicional de atención basado en el trabajo doméstico de las mujeres. La Ley de promoción de la autonomía personal y atención a la dependencia, que será analizada en otros artículos de este número de Éxodo, pretende salir al paso de esta problemática.

LA DEPENDENCIA Y SUS GRADOS

El número de personas con problemas de dependencia para realizar actividades de la vida cotidiana depende mucho de la vara de medir, es decir, del grado de dependencia que establezcamos para considerar a una persona “dependiente”. Según el libro blanco del gobierno sobre la atención a las personas en situación de dependencia, la población dependiente en España en 1999 sería de 2,4 millones, de las cuales:

- 1.959.890 tendrían una discapacidad severa o total para realizar actividades básicas de la vida diaria: levantarse y acostarse, desplazarse dentro del hogar, asearse, controlar las necesidades fisiológicas, vestirse o desvestirse, comer y beber, reconocer personas u objetos y orientarse, entender y ejecutar instrucciones o tareas sencillas.

- 1.526.432 tendrían, o bien discapacidad moderada para realizar las actividades básicas anteriores (algo menos de la mitad del grupo), o bien discapacidad para actividades instrumentales: deambular sin medio de transporte, hacer la compra, preparar la comida, limpiar o planchar, limpiar o mantener la casa, cuidar a otros miembros de la familia.

Si tenemos en cuenta el incremento de la población española en los últimos ocho años, el número de personas con dependencia severa y moderada en 2007 se puede estimar en 1,1 y 1,7 millones, respectivamente (2,8 millones en total). A continuación, ampliamos la información disponible en torno a dos factores estrechamente relacionados con la dependencia: la prevalencia de discapacidades y sus causas (las enfermedades crónicas y los accidentes) y el envejecimiento de la población.

DISCAPACIDAD Y DEPENDENCIA

Las anteriores estimaciones del gobierno se basan en la Encuesta de discapacidades aplicada por el INE en 1999, que detectó 3,5 millones de personas con alguna discapacidad (9% de la población total). Trece años antes, en 1986, otra encuesta oficial había detectado 5,7 millones (15% de la población de aquel año). ¿Significa esto que las personas con discapacidades se habían reducido en 2,2 millones?: no, simplemente se había rebajado el umbral para definir algunos trastornos, lo que redujo automáticamente el volumen de personas afectadas (por ejemplo, no poder “correr” dejó de considerarse una discapacidad).

Bajo el concepto de discapacidad se incluyen limitaciones muy diversas que afectan con mayor o menor gravedad las facultades que son habituales para desenvolverse en la vida cotidiana (ver, oír, desplazarse, desarrollar tareas, relacionarse con los demás, etc.). Sin embargo, conviene tener en cuenta que, de las 36 discapacidades recogidas en la encuesta de 1999, las personas afectadas registran un promedio de 6 (el 36% sólo una o dos), es decir, pueden ejercitar normalmente –también como promedio– las 30 facultades restantes. Además, tener una discapacidad no quiere decir que no se pueda realizar la función o actividad correspondiente; esto sólo ocurre en algo más de la cuarta parte de los casos (no ver nada, no oír nada, no tener ninguna capacidad de relacionarse con los demás, etc.). Incluso, cuando tal ocurre, no significa que el sujeto no pueda suplir o compensar su “diversidad funcional” 4 mediante el uso de otras facultades. Es importante hacer estas matizaciones pues en muchos casos las discapacidades representan limitaciones parciales que no tienen por qué impedir una inserción social y laboral normalizada.

Tal como se recoge en el Gráfico 1, las mujeres se encuentran más afectadas por discapacidades que los hombres, si bien esto se produce con un ritmo variable según la edad: hasta los 50 años, la tasa masculina de discapacidades es mayor, en parte como efecto de que padecen cinco veces más siniestros laborales y doble número de accidentes de tráfico que las mujeres; en cambio, a partir de los 50 años la tasa femenina sobrepasa a la masculina como efecto combinado de su mayor morbilidad (tienden a contraer más enfermedades discapacitantes) y menor mortalidad (esperanza de vida siete años mayor que la de los hombres).

Las discapacidades afectan con mayor intensidad a las familias con bajos ingresos debido a que padecen unas condiciones ambientales menos saludables y mayores riesgos de contraer enfermedades y sufrir accidentes. Además, sus posibilidades de rehabilitación son menores al no disponer de suficientes recursos económicos. Tal como se recoge en el Gráfico 2, la prevalencia de personas con discapacidad es tres veces mayor en las familias pobres que en las ricas: la proporción de trastornos correlaciona estrechamente con los tramos de ingresos.

ENFERMEDADES Y ACCIDENTES

Las enfermedades destacan como la principal causa de las discapacidades ya que en ellas tiene su origen el 48% de las limitaciones funcionales masculinas y el 61% de las femeninas. Conviene tener en cuenta que, según la última Encuesta Nacional de Salud (2003), había 18 millones de personas en España con alguna enfermedad crónica o de larga duración diagnosticada por el médico (43% de la población) y, de ellas, 6,4 millones reconocían que les limitaba en sus actividades habituales (15% de la población). Esta prevalencia de enfermedades crónicas que limitan la capacidad para desenvolverse en la vida cotidiana, es mucho mayor entre las mujeres (28,1%) que entre los hombres (12,3%). El Gráfico 3 recoge la diversa incidencia por sexos de las principales enfermedades crónicas.

Los accidentes, por último, están en el origen del 21% de las discapacidades masculinas y del 9% de las femeninas. Además, constituyen la cuarta causa de muerte del conjunto de la población y la primera entre los menores de 35 años. Por tipos de accidente, destacan los laborales, por encima de los de tráfico y los domésticos.

AUMENTAN LAS PERSONAS MAYORES DEPENDIENTES

La edad de las personas es el factor más asociado a la prevalencia de discapacidades. Si la media de personas con discapacidad en la encuesta de 1999 se situaba en el 9%, la frecuencia se elevaba al 32% entre los mayores de 64 años, bajaba al 1,2% entre los menores de 16 años y se reducía al 5% entre los situados en edad laboral (16-64 años). De ahí la importancia que tiene el envejecimiento de la población española como factor explicativo de la dependencia.

El envejecimiento de la población se debe, a su vez, a dos causas: el incremento de la esperanza de vida y la reducción de la tasa de natalidad. La consecuencia es que la proporción de personas mayores de 64 años ha pasado del 10% de la población en 1970 al 17,5% en 2005.

CUIDADOS A PERSONAS DEPENDIENTES

Los cuidados que necesitan las personas dependientes se pueden agrupar en tres tipos, que a veces se compaginan entre sí: la ayuda familiar, a través de los propios parientes, que se basa en las relaciones de reciprocidad; la ayuda mercantil, obtenida en el mercado privado, mediante la compra-venta de servicios; y la ayuda pública, cuando los cuidados son proporcionados por la administración pública.

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I FORO MUNDIAL DE TEOLOGÍA Y LIBERACIÓN. TEOLOGÍA PARA OTRO MUNDO POSIBLE

Evaristo Villar

Números 78-79 (marzo-junio ’05)
– Autor: Evaristo Villar –
Porto Alegre
 
Durante los días 21 al 25 de enero de 2005 tuvo lugar en Porto Alegre (Brasil) el primer Foro Mundial de Teología y Liberación (FMTL). 175 especialistas y observadores, llegados por invitación desde los cinco continentes, intercambiaron durante cinco días análisis y experiencias, confrontaron orientaciones teológicas y afirmaron su compromiso de seguir fundamentando teológicamente la esperanza en la posibilidad de un mundo otro. La Pontificia Universidad Católica de Río Grande del Sur, haciendo honor a su propia identidad -en tanto que institución abierta a los nuevos desafíos de la razón y la fe-, puso a disposición de este encuentro sus magníficas instalaciones. Es muy gratificante encontrar, en los tiempos que estamos viviendo, este aire de libertad en una institución como esta.

1. Inspiración inicial.

La inspiración inicial de este evento surgió durante la tercera sesión del Foro Social Mundial (FSM) en el 2002, también celebrado en Porto Alegre. Muchos de los teólogos y teólogas asistentes, entre quienes se encontraban las emblemáticas figuras de Sergio Torres y Leonardo Boff, vieron la necesidad de acercar la reflexión teológica al nuevo espíritu que está emergiendo en los FSM. Un espíritu que se podría definir como la toma de conciencia de una mayor “sensibilidad por los temas medioambientales”, como el incipiente y espontáneo “diálogo dentro del pluralismo religioso” y como la confluencia física de una “rica floración de movimientos sociales”. Sería un enorme despiste para la teología no acudir a esta cita que Juan XXIII no hubiera dudado en calificar como uno de los “signos de nuestro tiempo”.

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LAICIDAD Y RELIGIÓN EN LA SOCIEDAD ESPAÑOLA

Juan A. Estrada

Número 80 (sept.-octub.’05)
– Autor: Juan A. Estrada –
 
Las múltiples tensiones políticas y socioculturales de la Iglesia tienen como trasfondo un cambio sociocultural que ha cambiado España. En las sociedades tradicionales, como la española hasta la década de los sesenta, lo religioso era determinante de la vida en todos los aspectos. No había acontecimientos personales ni regulaciones colectivas que no estuvieran impregnadas de elementos religiosos (fiestas, costumbres, leyes, valores). Dios era omnipresente en la vida de los ciudadanos, ya que todo se veía desde la perspectiva de la voluntad de Dios, asumiendo los acontecimientos en relación con su providencia. De ahí el enorme poder social de la Iglesia y sus representantes. El Nacional catolicismo no era sólo el resultante de una victoria militar, sino que correspondía a una manera de concebir la sociedad y estaba avalado por una tradición milenaria. El concordato entre el Vaticano y el régimen de Franco consagraba políticamente una alianza del trono y el altar, avalada por siglos de historia. Se trataba de que colaboraran los dos representantes de Dios, el César y el Papa, en la vieja línea del agustinismo político.

Esta situación comenzó a cambiar en la década de los sesenta. El cambio sociocultural se caracterizó por la triple dinámica de la secularización social, la racionalización de la cultura y la laicidad del Estado. El cambio económico y político, poniendo fin a la autarquía y el aislamiento internacional, favoreció la progresiva transformación del estilo de vida, de la mentalidad ciudadana y de la cultura. Y en este contexto, el Concilio Vaticano II marcó el final de una época, la de cristiandad, y el inicio de otra, el de la misión de las viejas cristiandades europeas. A partir de ahí cambió el panorama español, tanto a nivel político como eclesial.

1. LA LIBERTAD RELIGIOSA EN EL CONCILIO VATICANO II

El texto conciliar sobre libertad religiosa es, junto a la Constitución sobre la Iglesia en el mundo, el que transformó la relación de la Iglesia con la sociedad política . Es un texto muy controvertido, el que generó más rechazos de la minoría conservadora junto al capítulo tercero sobre la Iglesia. Hasta el final luchó la minoría tradicional, con un gran protagonismo de algunos obispos españoles, contra el texto propuesto, contra los miembros de la comisión redactora y finalmente contra su votación, intentando aplazarla primero y luego evitarla. Finalmente, por decisión expresa de Pablo VI, que quería una votación indicativa antes de su viaje a las Naciones Unidas y contra la opinión de 165 obispos que la rechazaban, se sometióa una primera votación el 21 de octubre de 1965 con 1.997 votos a favor y 224 negativos. Tras sucesivas modificaciones fue aprobado el 7 de diciembre, la víspera del fin del Concilio, con sólo 70 votos negativos.

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EVALUACIÓN SOCIAL DE ESPAÑA. Un diagnóstico preelectoral

Colectivo Ioé

Éxodo 92 (ener.-feb.’08)
– Autor: Colectivo Ioé –
 
España ha experimentado desde mediados de los años noventa una larga coyuntura de crecimiento económico y del empleo pero presenta también muchos desequilibrios y relaciones de desigualdad, dominación y explotación, al interior del país y en sus relaciones con el resto del mundo. Ante unas nuevas elecciones generales, vale la pena hacer una evaluación desde el punto de vista “social”, más allá de los mensajes publicitarios de los grandes partidos. Un nuevo proyecto de análisis permanente de la sociedad española, promovido por Colectivo Ioé, el Centro de Investigación para la Paz y Traficantes de Sueños, nos puede ayudar en esta tarea.

Aumentan la renta y la riqueza pero también la desigualdad y la pobreza

Entre 1994 y 2006 España ha atravesado una coyuntura económica positiva, que se expresa en un incremento de la renta disponible del 62%, medida en euros constantes, lo que, habida cuenta del aumento de la población, supone un crecimiento del 39% de la renta por persona. En cuanto al patrimonio de los hogares, su valor monetario casi se ha triplicado en el mismo intervalo de tiempo, gracias a la revalorización de los inmuebles y de los activos financieros, los dos principales componentes de la riqueza de las familias.

Sin embargo, el crecimiento general de la renta y del patrimonio no se ha traducido en un incremento correlativo del poder adquisitivo de los salarios y las pensiones, que son las principales fuentes de renta para la mayoría de las familias. Entre 1994 y 2006 el salario medio, en cómputo anual, ha perdido un 2,4% de poder adquisitivo, mientras la pensión media se ha revalorizado un 18%; una evolución positiva en este caso, pero muy moderada a la vista del crecimiento de la renta y de los principales componentes de la riqueza: el patrimonio inmobiliario (162% entre 1994 y 2006) y el valor patrimonial de los activos financieros de los hogares (116% en el mismo período). El Gráfico 1 muestra la evolución interanual de estos indicadores, con base 100 para el año 1994.

La distribución de los salarios, además, ha sido muy desigual a lo largo de todo el período. Si tomamos como referencia la última estadística de la Agencia Estatal de Administración Tributaria, correspondiente a 2006, una élite de millón y medio de trabajadores percibió cerca de cinco mil euros de ingresos al mes, mientras más de la cuarta parte de la clase trabajadora (5,5 millones de personas) cobraban por debajo del Salario Mínimo Interprofesional (541 euros/mes en 2006). Este último segmento constituye una gran bolsa de empleo mal remunerado, en gran medida precario, que se nutre mayoritariamente de jóvenes y mujeres que combinan períodos de paro y empleo temporal. Esta circunstancia explica que sean Extremadura y Andalucía, precisamente las comunidades con mayores tasas de paro y temporalidad, aquellas en las que se perciben los salarios más bajos (casi el 40% de los trabajadores no superó el nivel SMI a lo largo del año).

En tales casos los trabajadores pueden sobrevivir gracias a la cohesión del grupo familiar, en el que se comparten varios salarios, pensiones y otras prestaciones (incluidos los subsidios a eventuales agrarios). Una parte de la inmigración procedente de países periféricos se encuentra también en esta situación, con frecuencia después de pasar una primera etapa en empleos sumergidos, todavía más inseguros y, en general, peor remunerados.

La desigualdad de género en materia de salarios y pensiones se ha incrementado con el paso de los años. En 1994 el salario medio de las mujeres era un 28% inferior al de los hombres y en 2006 la diferencia se amplió hasta el 30%; la pensión media, que era un 29% inferior, ha pasado al 33%. También la edad es una variable que introduce diferencias importantes: el salario medio de los trabajadores jóvenes (menos de 26 años) es un 64% más bajo que el de los adultos (mayores de 35), diferencia que ha permanecido constante a lo largo del período analizado.

En definitiva, en los últimos 14 años la renta media de los hogares ha experimentado un importante avance pero su repercusión ha sido desigual, en función de las fuentes de ingresos: las rentas de la propiedad inmobiliaria y empresarial-financiera han crecido mucho más que las procedentes de los salarios y las pensiones, de manera que las condiciones materiales de los hogares que dependen de estos últimos se encuentran hoy en peor situación relativa. El aumento del número de personas empleadas, y por tanto de salarios, y las facilidades para acceder a créditos con bajos tipos de interés y plazos amplios de amortización, han permitido a estas familias cubrir sus necesidades mínimas –en especial el acceso a la vivienda–, pero ello ha sido a costa de endeudarse y reducir su capacidad de ahorro y, por tanto, de autofinanciación. Entre 1994 y 2006 las deudas de los hogares han crecido seis veces más deprisa que su renta disponible; como consecuencia, la porción de ingresos dedicada al ahorro se ha reducido una tercera parte.

Desde el punto de vista social, uno de los efectos más graves de la desigual distribución de la renta ha sido el mantenimiento y la ampliación de la pobreza en España. La pobreza severa (hogares que perciben por debajo del 40% de la renta media, según la definición de EUROSTAT) afecta a tres millones y medio de personas y el riesgo de pobreza (hogares con ingresos entre el 40 y el 60% de la media) a más de cinco millones. En total, las personas en situación o riesgo de pobreza, en números absolutos, han pasado de 7,6 millones en 1994 a 8,9 millones en 2006. Si en lugar de la renta (ingresos) nos fijamos en el patrimonio (valor monetario de los bienes que se poseen), la desigualdad en el reparto es cinco veces mayor y aumenta como “resultado de la acumulación de los flujos de ahorro y de las transmisiones intergeneracionales” (Banco de España). Las diferencias de patrimonio entre los hogares españoles se reflejan en el Gráfico 2.

Los indicadores de renta y patrimonio dibujan una sociedad segmentada desde el punto de vista del reparto de la renta y la riqueza:

. 17 millones de personas viven con desahogo y tienen capacidad de ahorro. El sector más privilegiado de este grupo coincide con la cuarta parte de hogares más ricos del país que, según la última Encuesta Financiera del Banco de España, concentraba en 2005 doble patrimonio (2,8 billones de euros) que las otras tres cuartas partes de la población (1,4 billones).

. otros 15 millones se organizan para sobrevivir en el día a día, sin apenas capacidad de ahorro pero sin sentirse agobiados los fines de mes;

. y 12 millones llegan con dificultades a fin de mes y no pueden ahorrar, lo que les lleva a endeudarse hasta niveles de riesgo cuando se enfrentan a gastos extraordinarios. Este sector coincide con la cuarta parte de hogares españoles más pobres, cuyo patrimonio total en 2005 era 41 veces inferior al de la cuarta parte de hogares más ricos (tres años antes, en 2002, el diferencial de patrimonio entre ambos grupos era 34). Aunque pueda parecer demagógico, si los extraordinarios incrementos de patrimonio del 25% de familias más ricas del país entre 2002 y 2005 –fruto del extraordinario incremento de los valores inmobiliarios y financieros durante esos años– se hubiesen dirigido a la cuarta parte de hogares más pobres, éstos habrían multiplicado por seis su patrimonio.

Gráfico 2. DIFERENCIAS DE PATRIMONIO ENTRE LOS HOGARES ESPAÑOLES (2005)

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Según varias encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) aplicadas en la última década, cuatro de cada cinco personas encuestadas mantienen la opinión de que España “es una sociedad injusta” debido a las desigualdades existentes.

Asimismo, una gran mayoría comparte la opinión de que “el Estado tiene la responsabilidad de reducir las diferencias entre las personas que tienen altos ingresos y las que tienen bajos ingresos”. Es una cuestión básica, que conmueve los cimientos de la convivencia, pero que no ha figurado en la agenda de prioridades de los gobiernos de España –ni tampoco de la oposición– durante las últimas legislaturas.

Trabajo y empleo: aumenta la ocupación y empeoran las condiciones laborales

Las estadísticas oficiales reducen el trabajo al empleo remunerado y consideran “inactividad” el trabajo que más ocupa a las mujeres, razón por la que no existen series estadísticas consistentes que permitan conocer la evolución del trabajo doméstico. No obstante, la Encuesta de Empleo del Tiempo (INE, 2003) ha mostrado que la carga de trabajo total de las mujeres –incluyendo trabajo doméstico y extradoméstico- es un 20% superior a la de los hombres y que ellas se ocupan del 75% de las tareas del hogar. El cuidado de los niños, que a veces se plantea como razón de esta carga desigual, supone menos de la décima parte del tiempo de trabajo doméstico de las mujeres, que se ven más ocupadas por la cocina (37%), la limpieza (22%), la compra (12%) y el cuidado de la ropa (11%).

El acceso al empleo ha mejorado intensamente desde 1994, registrando una evolución positiva en todos los indicadores: tasas de actividad y ocupación, reducción del paro juvenil y de larga duración, y disminución de los hogares donde todas las personas activas se encuentran en paro. Después de muchos años de estar a la cola de Europa en estas materias, España ha logrado situarse en 2006 en la media comunitaria. Los indicadores de acceso al empleo han mejorado en todas las comunidades autónomas y también por sexos y tramos de edad. Las mujeres, en particular, han sido las principales impulsoras del crecimiento de la tasa de actividad; sin embargo, la desigualdad de género ha aumentado, como ya hemos visto, en las retribuciones salariales y se mantiene en la misma proporción desigual en materia de paro, paro de larga duración y temporalidad laboral. En cuanto a los jóvenes, la tasa de desempleo se ha reducido de manera significativa, aunque en 2006 se encontraban en situación de desempleo el 31% de quienes tenían entre 16 y 19 años y el 14% de los situados entre 20 y 24.

En relación a la Unión Europea, España destaca por ser el país con mayor tasa de empleo temporal (tres veces superior a la media de la UE-15), que se extiende poco a poco como una mancha de aceite desde los tramos de edad juvenil hacia los de edad intermedia (en 2006 afectaba ya al 29% de los asalariados entre 30 y 50 años) y su elevada tasa de accidentes laborales.

En todas las comunidades autónomas la tasa de temporalidad supera el 25%; las cifras son especialmente elevadas en Andalucía, Extremadura y Murcia. Aunque los jóvenes son los más afectados (80% entre los menores de 20 años), tiende a extenderse en las edades intermedias, de manera que hay ya seis comunidades (Extremadura, Andalucía, Canarias, Murcia, Comunidad Valenciana y Castilla–La Mancha) donde más de un tercio de los asalariados de 30 a 50 años son eventuales.

El gasto público en políticas sociales crece menos que la renta

El estado de salud, la educación, la calidad de la vivienda y la protección en momentos de necesidad son cuatro aspectos de la vida que afectan muy directamente al bienestar de las personas y que constituyen otros tantos objetivos de la política social. La atención pública a estas cuestiones, y el presupuesto correspondiente, tiende a aumentar en los países más desarrollados económicamente y eso fue lo que pasó en España en los años 70 y 80 del siglo pasado. El Gráfico 3 recoge la evolución del gasto en políticas sociales en relación al PIB entre 1975, año de la muerte de Franco, y 2005. Se puede observar que entre 1975 y 1993 los gastos sociales crecieron 11,4 puntos del PIB, aproximándose a la media de la Europa de los 15 (la distancia inicial de 13,3 puntos se redujo a 5,6). Sin embargo, entre 1993 y 2005 soplan otros vientos y la inversión en políticas sociales ha bajado 3,5 puntos del PIB (en la UE-15 también ha bajado, pero tres veces menos: 1,2 puntos).

La reducción del gasto público en políticas sociales en relación al PIB se ha producido en paralelo con un relanzamiento de la iniciativa privada en los campos de la sanidad, la educación, la vivienda y las pensiones. La cuota de mercado de la sanidad privada ha pasado del 24,5 al 29%; el 32% de la educación no universitaria es de titularidad privada, un punto más que en 1994, porcentaje que convierte a España, después de Holanda y Bélgica, en el país con mayor proporción de centros privados; las viviendas de protección oficial han pasado del 24% en 1994 al 9% en 2006; y el sistema privado de pensiones, de inscripción voluntaria, asegura ya a más de la cuarta parte de la población mientras pierden peso las pensiones no contributivas o “universales” (ya que no exigen cotización previa), cuya cuantía media en 2006 era de 351 €/mes (menos de la mitad que las contributivas).

Hacemos a continuación una breve valoración de los capítulos de la sanidad, la educación y la vivienda:

Sanidad: España se sitúa a la cabeza de Europa en esperanza de vida y la mayoría de la población valora positivamente el Sistema Nacional de Salud. Mediante la universalización de la cobertura sanitaria y la descentralización de la gestión en las comunidades autónomas se ha logrado una mayor igualdad en el acceso de la población a los servicios sanitarios, lo que ha supuesto también un incremento de las consultas médicas y del uso de fármacos a cargo de la Seguridad Social, agravando los problemas de los servicios de urgencia, las listas de espera y el gasto farmacéutico. La reciente Ley de Dependencia se ha presentado públicamente como un nuevo derecho universal de ciudadanía para aquellas personas que no pueden valerse por sí mismas; se prevé triplicar el gasto actual en atención a la dependencia, hasta llegar al 1% del PIB, contando con la gestión privada de la mayoría de los servicios (residencias, centros de día, ayuda a domicilio, etc.) e introduciendo el sistema de copago, es decir, planteando de entrada una privatización parcial de la nueva prestación. Pero el punto más crítico para la salud de los españoles es el incremento de la morbilidad, debido tanto al envejecimiento de la población como a la persistencia, y en algunos casos el aumento, de hábitos y condiciones de vida y de trabajo poco saludables. Según la Encuesta Nacional de Salud el 40% de la población mayor de 15 años padece alguna enfermedad crónica y, por esa causa, el 15% se encuentra con limitaciones o deficiencias físicas o psíquicas para desenvolverse en la vida cotidiana. En especial, se ha incrementado la morbilidad de las mujeres, que presentan más enfermedades crónicas y discapacidades que los hombres, lo que ha incrementado la desigualdad de género en este punto.

Educación: El nivel de formación de la población adulta ha mejorado en la última década, especialmente entre las mujeres: en seis comunidades (Baleares, La Rioja, Castilla y León, Navarra, Galicia y Castilla-La Mancha) el porcentaje de tituladas superiores supera ya a los titulados varones. El punto más negro en materia educativa se sitúa en los “resultados escolares”, que mejoraron hasta 1999 y empeoraron continuamente desde entonces (la tasa de alumnos repetidores en 2006 es la más elevada de los últimos años). Uno de cada tres jóvenes españoles entre 18 y 24 años están fuera del sistema escolar y no han superado la segunda etapa de Educación Secundaria, proporción que dobla la media europea (16%); como se recoge en las conclusiones del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA), España invierte en educación bastante menos que la media de países de la OCDE, y obtiene unos resultados escolares también por debajo de la media, en proporciones equivalentes.

Vivienda:

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POLARIZACIONES, AUTONOMÍAS, MINORÍAS

Víctor Urrutia

Éxodo 93 (marz.-abril.’08)
– Autor: Víctor Urrutia –
 
Las transiciones política y religiosa han dado paso a una nueva situación de la iglesia católica en España. Si en los años iniciales de la democracia se plantearon como asuntos preferentes el proceso de secularización y la adaptación del “gobierno de la Iglesia” a los “gobiernos de la democracia”, emergen ahora otras cuestiones de gran calado: la confrontación de la jerarquía con los “gobiernos progresistas”, el malestar interno dentro de la propia Iglesia y la creciente significatividad de las minorías religiosas no católicas. Todo ello enmarcado en un contexto en el que las cotas de secularización y de laicidad van configurando una nueva cultura religiosa en la sociedad española. En otras palabras,el pluralismo de la sociedad y la consolidación del Estado laico van estrechando el margen de influencia de la jerarquía que se siente, además,incapaz de articular un mensaje evangélico coherente y una Iglesia más acorde con los nuevos tiempos.

Esta incapacidad, más allá de sus efectos en la comunidad eclesial y de las repercusiones que tenga la Iglesia como agente social en el conjunto de la sociedad civil española, puede afectar también a la concepción y al papel que se asigne a la religión en nuestro país. Estamos,pues ,aquellos que tratamos de vivir la fe de manera coherente con nuestra época y aquellos que,sin tener esa fe,admiten la contribución positiva de las creencias religiosas al acervo humanista de la sociedad,ante una delicada situación.

Toma de posición

Estos últimos cuatro años de gobierno socialista han supuesto una alineación,como no se había conocido antes,de la jerarquía con las posiciones políticas más conservadoras del Partido Popular. Manifestaciones públicas con el partido de la oposición,manifestaciones propias en Madrid (con la familia como excusa) en las que se ha cuestionado la gestión del gobierno y la supuesta crisis de la democracia,declaraciones de destacados miembros de la jerarquía (Rouco, Cañizares,García-Gasco , Martínez Camino),escritos panfletarios de otros obispos (ej. Huesca),así como el altavoz mediático de la cadena COPE,han creado un juego peligroso al poner de manifiesto que la polarización o “frentismo” político tiene su correspondiente polarización religiosa. Por una parte,la jerarquía más conservadora (la que oficialmente aparece en los medios de comunicación) toma una postura inequívoca de apoyo al Partido Popular y por otra genera en el seno de la Iglesia una franja de separación con un importante número de fieles. La transversalidad,un valor social de la reciente historia de la Iglesia en la transición,ha quedado mal parada por la estrategia seguida por los portavoces públicos de la jerarquía. Los creyentes,en sus diversos grados de adhesión eclesial,se están viendo obligados a tomar postura contra las indicaciones de sus pastores. Cada vez se hace más patente el divorcio o el cisma entre aquéllas y las prácticas de los fieles. Parece como si la tolerancia y la aceptación de los nuevos derechos que van introduciendo los gobiernos y que van siendo asumidas por la ciudadanía fueran para unos avances de la sociedad y para otros las grietas que el mal va provocando en la democracia. Todo es “relativismo” y sólo la postura de la jerarquía es la válida.

El gobierno socialista,elegido libremente por la ciudadanía,es merecedor del deterioro democrático (Cañizares dixit) y,sin embargo,el gobierno de los obispos,no elegido democráticamente,no es responsable de nada (de lo que sucede en la sociedad y, específicamente,de lo que sucede en la Iglesia). A esta simplificación de posturas nos está llevando la estrategia calculada de la jerarquía eclesiástica estos últimos años y con ello a una polarización entre “la Iglesia” y “el gobierno”.

Apoyos: internos y del Estado

Cuenta la jerarquía con un sector importante de la sociedad civil eclesial: las llamadas fuerzas neoconservadoras (Comunión y Liberación,Movimiento Neocatecumenal,Opus Dei,entre otras). Paradójicamente,cuenta además con la colaboración económica del Gobierno de España (que no ha denunciado ningún acuerdo de los firmados en 1979) y que mantiene las grandes políticas de financiación de la red educativa católica concertada y de la enseñanza pública de la religión católica. Cuenta también con el apoyo de los gobiernos autonómicos y de los gobiernos locales. Este último,con ser el menos citado,no es el menos importante.

La estructuración del Estado Autonómico está dando lugar a una “nueva relación” entre las iglesias diocesanas y sus correspondientes autoridades locales, sean provinciales,municipales o autonómicas. Relaciones que no pueden entenderse en el sentido estricto de la confluencia o separación de las competencias políticas entre el Estado y la Iglesia pero que en el ámbito de las relaciones informales y de las administraciones ofrecen un marco importante de reflexión.

Está,en primer lugar,el papel que las iglesias locales juegan en la recuperación y fortalecimiento de las identidades colectivas regionales y muy especialmente en aquellas donde plantean problemas las reivindicaciones nacionalistas: País Vasco y Cataluña. Las presiones para “ajustar” los nombramientos de obispos a la ideología hegemónica nacionalista de dichas comunidades es una constante desde hace años (tanto por parte de algunos grupos políticos como por parte de los sacerdotes nacionalistas). Son los casos de rechazo de la elección de Monseñor Blázquez o del cardenal Carles en los años noventa y el más reciente de Monseñor Iceta, obispo auxiliar de Bilbao. Presiones y polémicas que obedecen a la proximidad ideológica de gobiernos y/o partidos que han tenido responsabilidades de gobierno. Igualmente es sintomático el mutuo apoyo entre gobiernos y obispos para el diseño o ejecución de políticas concretas que facilitan sus estrategias ideológicas. Materias tales como la educación (elaboración del “currículum para las enseñanzas primaria y secundaria” o la financiación de centros religiosos) y el desarrollo de determinadas políticas sociales son ejemplo de esa mutua colaboración en el País Vasco,N avarra y anteriormente en Cataluña.

En segundo lugar,en otros ámbitos de carácter más simbólico-cultural puede hablarse también de esta cooperación,más o menos explícita entre los gobiernos autonómicos y locales de Castilla y León y Galicia. Sus imaginarios mítico-colectivos encuentran en las raíces de la historia y de la cultura religiosa valiosas fuentes de recuperación de su identidad política. Identidad necesaria para construir sus comunidades como un factor de acción política,independientemente de la orientación ideológica del gobierno de turno.

Otras versiones matizadas de todo lo anterior pero “útiles”para el apoyo político,en uno u otro sentido,podemos encontrarlas en la Comunidad de Madrid o en la Comunidad de Valencia con gobiernos populares que “se dejan querer” por la jerarquía y “quieren”,junto con ella,una confrontación con el gobierno de España. Está siendo particularmente significativa la cuestión de la asignatura de educación para la ciudadanía,rec hazada por el sector más conservador de la CEE y,simultáneamente,por la propia presidenta de la Comunidad de Madrid,que ha mostrado su apoyo a la objeción de conciencia de la asignatura y está dispuesta a la no aplicación de la Ley de Educación en esta materia.

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LA NECESIDAD DE UN NUEVO RELATO

Antonio García Santesmases

Éxodo 89 (may.-jun’07)
– Autor: Antonio García Santesmases –
 
Treinta años después de las primeras elecciones democráticas vivimos en un clima de crispación que no ha tenido igual en los años que hemos tenido de democracia. Sería fácil afirmar que todo se debe a una competencia feroz entre los partidos que no se corresponde con las diferencias reales entre las distintas opciones políticas. Sería fácil repetir ese diagnóstico pero no lo voy a hacer porque creo que no se corresponde a la verdad. No estamos ante la pelea de una clase política que vive de espaldas a las preocupaciones de los ciudadanos,que está enfrascada en problemas que sólo a esa misma clase política importa.

Pienso,por el contrario,que nos encontramos ante una opinión pública soliviantada,conmovida en su emocionalidad más primaria,a la que se apela a las vísceras para reaccionar y movilizarse ante lo que los medios adictos a la derecha consideran la ruptura de los pactos básicos que dieron lugar a la transición política.

Tengo la impresión de que muchos lectores de la revista Exodo no frecuentan los medios de comunicación de la derecha ni escuchan las emisoras del mundo católico-conservador y,por ello,quizás no perciben de la misma manera la ofensiva ante la que nos encontramos. Una ofensiva que no ha tenido parangón en otros momentos de nuestra historia democrática. Todo comienza con el diagnóstico realizado por estos medios acerca del proyecto del presidente Zapatero. Todos ellos han caracterizado con la mayor dureza su pretensión de efectuar algunos cambios en la cultura política heredada de la transición democrática.

Podemos comenzar con la caracterización realizada acerca del personaje y de sus propósitos para comprender la magnitud del desafío ante el que nos enfrentamos.

¿ESTAMOS ANTE UNA SEGUNDA TRANSICION?

Si uno lee a los columnistas de la derecha la situación que vivimos se resume de la siguiente manera: un presidente del gobierno que accede al poder de una manera inesperada,fruto de un atentado terrorista,que cambia abruptamente la percepción de la población, llega al ejecutivo decidido a realizar la política que no pudo llevarse a cabo por los límites impuestos al proceso de transición.

Según la interpretación de estos medios si bien la izquierda tuvo que asumir los condicionamientos de aquel proceso y aceptar que no era posible realizar su proyecto,en el fondo de su corazón seguía anidando una voluntad de revancha que ha aparecido en cuanto ha tenido ocasión. Ese revanchismo está unido a la reivindicación de los peores elementos de un modelo que los españoles de bien creían definitivamente olvidado: la reivindicación del republicanismo trasnochado; la defensa del laicismo sectario; la apuesta por un federalismo inviable. Todo envuelto en un inconfundible olor a masonería bienintencionada que pretende resolver los graves problemas de la coyuntura internacional con un pacifismo blando,dispuesto a rendirse a cualquier precio ante el enemigo- sea éste el terrorismo etarra,el islamismo radical- e incapaz de defender con vigor los principios y los valores del mundo occidental.

Este presidente incapaz e insolvente,con sus buenas intenciones y sus resentimientos,nos ha llevado al borde del abismo; es hora de acabar con su gestión antes de que sea demasiado tarde; hay que lograr que su etapa de gobierno quede reducida a un paréntesis en la historia de España y en la historia del socialismo. Sólo con la derrota de Zapatero las cosas volverán a su cauce y podremos poner a los nacionalismos en su sitio; combatir de verdad el terrorismo hasta derrotarlo; ocupar el lugar que nos corresponde en la escena internacional; y enterrar todo este conjunto de soflamas moralizantes,tan bienintencionadas – concederán los más benévolos- como inconsistentes.

Esta interpretación de los columnistas liberalconservadores ha ido configurando un clima de crispación que no habíamos visto en España: las recomendaciones a Zapatero para que sin dilación acompañe a su abuelo en el cementerio; la equiparación de la educación para la ciudadanía con el dictado totalitario del nazismo; la confusión en torno a la cuestión nacional,y otras muchas cuestiones han ido modulando los sentimientos del bloque liberalconservador hasta un nivel de excitación emocional tan intenso que cuesta recordar algo parecido.

Algunas personas de izquierda no aceptan este diagnóstico y acostumbran a relativizar la novedad de este comportamiento aludiendo al hecho de que la derecha siempre actúa de la misma manera. Creo que no es cierto. La derecha española fue extremadamente dura con Felipe Gónzalez al final de su mandato; para entonces éste llevaba catorce años en el gobierno y al final de su gestión se habían ido acumulando problemas de corrupción de enorme gravedad. No es habitual que acaben envueltos en escándalos el director de la Guardia Civil,el gobernador del Banco de España y el ex presidente del gobierno de Navarra entre otros. Es bien cierto que los medios de la derecha elevaron la tensión (como reconoció posteriormente Luis María Anson) para lograr la derrota de Felipe Gónzalez porque no veían otra manera de acabar con su liderazgo,dado el apoyo electoral del que éste disfrutó hasta el final.

La situación ahora es muy distinta. A Zapatero no se le reprochan temas de corrupción; lleva muy poco tiempo gobernando,y sin embargo,suscita un odio visceral que no se daba en el caso de Felipe Gónzalez. ¿Cuál es el motivo?

El primero y esencial es que Zapatero aparece Punto de mira ante la opinión pública como alguien que reconoce con orgullo ser heredero de los que perdieron la guerra civil. Zapatero es hijo de un vencido. Al principio parecía que el asunto no tenía relevancia pero eso era lo que creíamos ingenuamente. La realidad ha desmentido nuestros asertos. Zapatero ha removido uno de los puntos clave de la transición. Ha decidido dar cauce a la reivindicación de algunos de los grupos que pretendían hacer justicia a las victimas del franquismo,dev olverles su dignidad y recuperar su memoria. Es verdad que lo ha hecho con suma prudencia pero,sin embargo,la polvareda levantada es tal que refleja mejor que todos los análisis posibles los límites de la democracia española.

La transición se realizó desde el miedo. Miedo a repetir los errores del pasado,miedo a provocar un conflicto fratricida entre los españoles,miedo a polarizar la sociedad y crear un clima de guerra civil. Ese miedo es el que provoca que se decida que hay que echar al olvido los agravios,los recuerdos de la represión,los momentos de dolor,que no es el momento de pedir un ajuste de cuestas ni de dar cauce a una justicia reparativa. Esa política marca la especificidad de la transición española. En otros países el recuerdo remite a lo vivido en una guerra mundial,a la responsabilidad ante el crecimiento y el desarrollo del nazismo,a la claudicación de muchos ciudadanos ante el totalitarismo. Cuesta mucho reconocer que una gran mayoría no supo estar a la altura y decir no cuando todavía era tiempo. Baste con pensar en la polémica suscitada acerca de las últimas revelaciones de G.Grass.

Nuestro caso es distinto. Se afirma que,ante la realidad dramática de una guerra civil,la memoria debe ser total,que no cabe realizar una memoria selectiva, que sólo mire a un lado. Nada más justo pero hay que añadir que uno de los bandos,el que triunfa en la guerra civil,utiliza selectivamente la memoria durante años y años para recordar a los caídos por Dios y por España. El otro bando tiene que exiliarse,viv e en las cárceles,o espera agazapado la oportunidad de ir rehaciendo su vida. Muchas de esas historias particulares,de esos padecimientos específicos, tuvieron que ser olvidados cuando llegó la transición porque la prioridad era consolidar la democracia.

Lo ocurrido con la propuesta de Zapatero demuestra que hay una España republicana que esperaba su oportunidad. En cuanto esa España ha querido levantar la voz,ha sido tan duramente denostada,que hay que concluir que existe un franquismo en España que es cualquier cosa menos residual. No es una anécdota la importancia de escritores como Pio Moa,César Vidal o José María Marco,y su enorme capacidad de ventas. Han estado en el ranking de los bestsellers durante meses.

En todo este enorme y terrible drama hay una dificultad casi imposible de salvar: la incapacidad de la derecha cultural española para equiparar el franquismo con el nazismo y el fascismo italiano. Una imposibilidad que redunda en la dificultad para construir un relato de la historia de España que sea creíble. Los mismos que critican a Zapatero por dar alas a los que quieren reivindicar la memoria histórica son los que,a su vez, reivindican una interpretación exclusiva de la historia de España. Por un lado afirman que a nadie le preocupa lo que ocurrió hace más de setenta años en la guerra civil. Por otro,sin embargo, proclaman con orgullo que somos una gran nación que no tiene complejos en afirmar sus raíces (unos remontan esas raíces a hace más de tres mil años y otros,más modestos,se conforman con quinientos años). La derecha va recuperando el terreno en el campo de la historiografía mientras la izquierda ha ido cediendo el terreno en manos en unos casos de los nacionalismos periféricos y en otro de los cosmopolitas apátridas. Por ello es tan difícil desconectar el tema de la memoria de la cuestión de la nación.

II. ESPAÑA: NACIÓN DE NACIONES

Toda la legislatura ha estado marcada por dos objetivos que hoy están puestos en cuestión: el proceso de paz en el país vasco y la reforma de los estatutos de distintas autonomías,comenzando con la catalana. No era poca cosa conseguir acabar de una vez por todas con la pesadilla etarra y lograr asentar una nueva concepción de la nación española.

Es mucho más doloroso el primer fracaso,pero es mucho más significativo,desde la perspectiva con la que enfocamos este trabajo,el segundo.

Antes de que se produjera el atentado de la T4 en Barajas y el comunicado de Eta del pasado mes de junio se habían acumulado muchos datos que Punto de mira Zapatero ha removido uno de los puntos clave de la transición. Ha decidido dar cauce a la reivindicación de algunos de los grupos que pretendían hacer justicia a las victimas del franquismo, devolverles su dignidad y recuperar su memoria reflejaban lo difícil que era modificar el imaginario español. Desde las elecciones de marzo del 2.004 hasta el 30 de diciembre del 2.006 trascurren casi tres años. Tres años completos si contamos desde las elecciones autonómicas catalanas de noviembre del 2.003 hasta las autonómicas de noviembre del 2.006. Tres años donde Cataluña hace una oferta a España que es recibida con una inequívoca muestra de recelo,de desconfianza,de hostilidad.

Comienza la desazón cuando se descubre que el Conseller en Cap J. L. Carod Rovira ha negociado con representantes de la banda terrorista Eta las condiciones para el abandono de las armas. Cuando se produce el atentado del 11 de marzo del 2.004 y se piensa en las primeras horas que ha sido Eta todo fue responsabilizar a Carod Rovira- Maragall-Zapatero “que estarán contentos con haber evitado la sangre en su tierra y haber logrado que el atentado sea en Madrid”. Todo el que vivió aquellas primeras horas difícilmente podrá olvidar el odio acumulado contra el gobierno catalán.

El descubrimiento de la verdad de la autoría de los atentados provocó el vuelco de la opinión pública que todos recordamos,pero el daño estaba hecho. Un daño que vendría a identificar a Ezquerra Republicana de Cataluña con todo el espectro de la compleja vida política catalana. Si toda Cataluña era igual a Ezquerra y si Ezquerra era igual a Batasuna- Eta la demonización estaba asegurada.

Una población como la española,agotada por años de terrorismo,era continuamente bombardeada con un mensaje simple pero eficaz: el terrorismo etarra tiene su raíz en el nacionalismo vasco; el nacionalismo vasco es etnicista; todos los nacionalismos son perniciosos; el nacionalismo catalán es aún más peligroso que el vasco porque pretende acabar con el Estado y romper España.

Es comprensible que este discurso que ha calado tanto en lugares como Madrid y Valencia (y ello explica algunas de las razones del descalabro electoral de los socialistas) sembrara de inquietud a muchos ciudadanos de la España periférica y a muchos progresistas de la España central,que no entendían cómo se producía esa identificación grosera entre los distintos nacionalismos y esa reducción de todos ellos a una pandemia fruto de una enfermedad peligrosa y violenta.

Sería un buen ejercicio académico estudiar la prensa de Madrid en todo el período anterior y posterior a la negociación del Estatuto de Cataluña y captar la dureza de los comentarios en contra del intento del parlamento catalán. Pondré un ejemplo entre otros muchos. Cuando los representantes del parlamento catalán intervienen en las Cortes Españolas para presentar su proyecto las críticas subieron de tono y se cebaron en la presidenta del Partido de los socialistas de Cataluña,en Manuela de Madre.

El hecho de que esta mujer reivindicara como propia la lengua y cultura catalana; el que mostrara que había emigrado de su tierra andaluza pero había encontrado en Cataluña una tierra de acogida; el que se manifestara a favor de poder simultanear la identidad catalana con la europea y con la española; el que defendiese el modelo cívico de un nacionalismo que logra mantener su identidad sin tener que reivindicar la necesidad de tener un Estado propio…todo ello era demasiado para una mentalidad acostumbrada a polarizar a la opinión pública. Los matices no cabían entre los que piensan que sólo cabe optar entre la defensa incondicional del Estado o la necesidad de contar con un Estado propio para poder realizar en plenitud la identidad nacional. Esta crítica despiadada venía por un lado de los conservadores españoles que seguían defendiendo su tesis favorable a una apuesta por esa España sin complejos que remonta su existencia a más de quinientos años y que no puede admitir otra nación que lo que ellos entienden como nación española. Hasta ahí no había demasiadas sorpresas.

Más grave era lo ocurrido en las filas socialistas. La apuesta parlamentaria del gobierno durante esta legislatura se basaba en alcanzar un acuerdo parlamentario con Ezquerra republicana,con el Bloque Nacional Galego y con Izquierda Unida. Zapatero debía su elección como secretario general del PSOE al voto de los socialistas catalanes. Tenía una deuda con Maragall y había quedado comprometido por unas palabras pronunciadas en plena campaña electoral a las elecciones autonómicas donde se comprometía a apoyar lo que saliera del parlamento catalán.

Esta perspectiva del gobierno no era compartida por muchos de los socialistas que habían sido protagonistas de los gobiernos de Felipe González. Tampoco era compartida por el diario El País.

Para todos ellos el apoyo de los socialistas catalanes era imprescindible si se quería tener una mayoría parlamentaria en Madrid. Aceptaban de buen grado los votos del Psc pero no habían asumido la novedad de la izquierda catalana.

Ese fue,a mi juicio,el mayor handicap. El hecho realmente nuevo de la España de los años setenta frente a la España de los años treinta se basaba en que el socialismo era hegemónico en Cataluña. Esto no había ocurrido en los años treinta. Gracias a la imbricación entre los catalanistas progresistas,que venían de los medios estudiantiles,y de los trabajadores inmigrantes,se había constituido un partido que lograba grandes resultados en las elecciones municipales,que daba mayorías en el parlamento en las generales pero que siempre sucumbía en las autonómicas. Y eso fue así hasta que se juntaron dos elementos: el final del gobierno de Pujol tras veintitrés años y el contar con un líder electoralmente potente como Pascual Maragall.

El proyecto de Maragall era enormemente ambicioso porque pretendía implicar a España en un nuevo relato. Los nacionalistas más radicales siempre le advirtieron que era más utópica la España federal con la que soñaba que la Cataluña independiente a la que ellos aspiraban.

Si algo demuestra el proceso que hemos vivido es lo difícil que es para muchos aceptar la combinación de dos elementos centrales en la reflexión política actual. Me refiero a la nación y al Estado. Ni toda nación para sobrevivir puede tener un Estado propio; ni todo Estado para legitimarse puede contar con una nación homogénea.

Si sólo cupieran esas dos posibilidades entonces tendrían razón los nacionalistas más radicales que piensan que una vez definida la identidad lingüística,cultural,simbólica,histórica,de un pueblo, éste constituye una nación que sólo puede realizarse en plenitud contando con un Estado propio.

Los nacionalistas de Estado piensan que para legitimarse,el Estado necesita homogeneizar la población,reducir sus diferencias,trascender sus particularidades,hasta hacerlas compartir un único relato y un proyecto de vida en común.

Para los que defendemos la posibilidad de una nación de naciones ese modelo no es aplicable a España. No somos Francia. Tenemos un Estado en el que habitan distintas naciones. Unos pensaran que son naciones incompatibles que están a la espera de poder saltar hasta constituir Estados propios. Otros pensamos que cabe entender la propia realidad nacional española como una realidad compleja en la que habitan distintas identidades nacionales en su seno. Por ello era tan importante haber sido sensibles a las palabras de Manuela de Madre – de una inmigrante de Huelva que se marcha a vivir a Cataluña – y vive su nueva tierra y su nueva patria de adopción,como algo propio sin renegar de su tierra andaluza. Era muy importante que esas palabras hubieran sido acogidas de otra manera.

Hubiera sido muy deseable esa capacidad de escucha para acabar con los tópicos acerca de la imposibilidad de mantener distintas identidades y para no seguir pensando que nación como madre no hay más que una. Desgraciadamente no fue así. Fue especialmente dolorosa esa incomprensión por parte de muchos socialistas. Era como si los que en los años ochenta se vivieron depositarios de una tradición nacional,y fueron incluso definidos como un gobierno de jóvenes nacionalistas,no comprendieran que la nación se dice de muchas formas y que en Cataluña se estaba jugando la oportunidad de vivir su propia aventura nacional; de vivir de nuevo embarcados en una nueva travesía que conjugara lo español y lo catalán. Es cierto que no era algo nuevo en la vida española. Era asumir de nuevo la vieja batalla de Azaña favorable a unir la causa del liberalismo español y del nacionalismo catalán.

¿Fue capaz Madrid de entenderlo?; ¿estuvo Cataluña a la altura?; ¿qué refleja lo ocurrido acerca de de la transición política española? Muchas son las preguntas que se acumulan y que el tiempo irá despejando. Un tiempo a la espera de lo que decida el Tribunal Constitucional,pero muchos tenemos un mal sabor de boca por todo lo ocurrido. Dice Pujol que Cataluña se miró en el espejo y no acabó de gustarse tras lo ocurrido. El nacionalismo español más tradicional apareció y mostró su peor faz. La izquierda española no estuvo,creo ,a la altura de las circunstancias.

III. ¿ALIANZA DE CIVILIZACIONES?

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