MARCELO BARROS

Benjamín Forcano

Número 83 (marz.-abril’06)
– Autor: Benjamín Forcano –
 
Brasileño, monje benedictino, biblista y teólogo, fue en la década de los setenta secretario y consejero de D. Helder Cámara para el ecumenismo y relación con otras culturas y religiones. Es confundador del Centro Ecuménico de Estudios Bíblicos en Brasil, Consejero nacional por más de 25 años de la Pastoral de la Tierra y de las Comunidades eclesiales de Base, y miembro de la Comisión teológica de la Asociación Ecuménica de Teólogos del Tercer Mundo(ASETT). Ahora trata especialmente de ahondar y esclarecer la relación entre la teología de la liberación y el pluralismo religioso. Autor de unos 30 libros. La entrevista le ha sido hecha en Vitoria, con ocasión del XIV Foro Religioso.

Es un placer, Marcelo, entrevistarte sobre un tema muy de hoy, que tú lo vives con intensidad. Tu experiencia y reflexiones van a servir, no lo dudo, para orientar a mucha gente. Para comenzar, parece un contrasentido hablar de diálogo intercultural cuando se da como un hecho irremediable el choque de civilizaciones.

Yo no creo en un choque de civilizaciones. Esta es la tesis de Huntington en su libro El choque de civilizaciones, que sirve para legitimar la continuidad de la conquista norteamericasna sobre el mundo, el imperalismo. Nada indica un choque entre civilizaciones. La realidad del mundo, en su contexto más hondo y mayoritario, es de encuentro, de sincretismo, de buscar una especie de sincretismo budista, islámico, cristiano que fraguan un fondo común de espiritualidad, acompañada al mismo tiempo de un gran respeto a la autonomía cultural. ¿Qué ocurrió hace 500 años con América Latina? Fue precisamente un aplastamiento de las culturas locales, negras, indígenas. El hecho nuevo del final del siglo XX e inicio del XXI es la revalorización de estas culturas. Los conquistadores sólo nos aportaron el arma de su cultura superior. Es la tesis de Huntington: los colonizadores tienen una cultura superior y es preciso entonces luchar. Pero yo no creo en un choque entre civilizaciones, sino entre el imperio y las culturas oprimidas. La palabra choque de civilizaciones es una palabra errada.

En este supuesto enfrentamiento, interesadamente irremediable, ¿qué factor sería el más importante?

En el enfrentamiento real, el factor fundamental es el económico. Pero se da también un factor político y estratégico, que hoy los Estados Unidos viven como una crisis económica muy fuerte. La crisis les obliga a hacer valer el factor militar, único en el que todavía mantiene una supremacía militar, pues en los demás -social, cultural y político- la ha perdido.

¿Verías alguna relación del factor económico con el terrorismo?

El terrorismo es un hijo del factor económico, un producto de los norteamericanos, incluso de la familia Bush a través de la industria del petróleo, con la que destacados terroristas han tenido estrecha relación. La historia invita a sacar conclusiones: el imperialismo siempre se sirvió del terrorismo cuando no pudo servirse de armas legales, es decir, cuando el brazo de la ley no puede legitimar la conquista, lo hace con las armas del tipo que sean. Es lo que ha hecho en América Latina, matando líderes o invadiéndola siempre que lo han exigido sus intereses.

Entonces, ¿cómo juzgas que el imperio estadounidense organice una campaña mundial antiterrorista?

¡Paradójico! Estados Unidos parece decir al mundo entero: los únicos que tenemos derecho a hacer terrorismo somos nosotros, vosotros no. El terrorismo es horrible, injusto, inaceptable, venga de donde viniere. Pero los maestros en el terrorismo son el gobierno norteamericano, no los islámicos, ni ninguno de los otros.

Dentro del terreno de las religiones, ¿piensas que entre ellas hay algunas más proclives a la exclusión que al diálogo?

Creo que todas las religiones tienen gracia y tienen lo que llamamos pecado. El pecado de la religión es el autoritarismo y el dogmatismo, su faz inicua, que le lleva a administrar el poder en nombre de Dios. Entiendo lo que puede pasar en determinadas situaciones, como la que yo sufrí junto con el arzobispo D. José M.ª Pérez. Apresados, durante cuatro horas, un paramilitar nos puso un fusil en el pecho, tuvimos miedo, nos sentíamos humillados, sabiendo que en cualquier momento podía dispararnos sin que nada le pudiera pasar. Pero, en mi conciencia, yo me sentía tranquilo y hasta feliz, un poco al estilo de lo que cuentan los Hechos de los Apóstoles, que los discípulos salían contentos de poder ser testigos de Jesús.

Pero cuando es la Iglesia la que hace eso, cuando es el obispo el que oprime, no con un fusil, sino con advertencias, con amenazas, con condenas llamándote hereje, eso es muy duro, porque eso atiza la conciencia. Los militares no atizan la conciencia, el arma del terrorismo no atiza la conciencia, el dogmatismo y el autoritarismo sí. Cuando tú dices a una persona tú eres inmoral, o tu ética sexual no es buena, o tú eres un pecador, entonces hieres lo más sagrado de la persona y, en ese aspecto, esa religión o la misma Iglesia Católica Romana no colabora con la justicia, ni con la paz, ni con la libertad humana. Pero quiero subrayar que todas las religiones, las Iglesias cristianas y las otras, tienen, a la vez, la revelación divina, que es amor, y el pueblo de Dios, que es cada vez más ecuménico.

¿Las deformaciones de las religiones provienen de su matriz original o se deben más bien a su aspecto institucional?

La matriz original de la religión no es la religión, sino la espiritualidad, es una mística, la búsqueda de Dios. La humanidad tiene dos millones de años y las religiones más antiguas que se conocen, las orientales, tienen quizás seis mil años, pero no más, son de la era neolítica. La humanidad, por tanto, tuvo durante dos millones de años hasta seis mil años antes de Cristo, una espiritualidad y una búsqueda de Dios sin religión, tal como la conocemos organizada hoy. Si llamamos religiones a las instituciones religiosas, está claro que, en este aspecto, el corazón de la religión no es la religión.

Veo, Marcelo, que eres optimista. Lo comparto. ¿Tienes razones para defender ese optimismo?

Sí. Hay en todas las religiones unos hilos comunes que les dan consistencia: la búsqueda del amor, la sacralidad de la vida, la ética del cuidado, pero cada una arranca de presupuestos culturales distintos, sin que tengan que ser reducidas a un único codificador, defienden su originalidad; pues no es lo mismo, por ejemplo, la compasión budista que la caridad cristiana, o que la justicia judía o que la misericordia islámica.

¿Cómo pueden colaborar las religiones en un consenso ético universal?

Es más lo que nos une que lo que nos diferencia. Si las religiones logran superar, de hecho, el autoritarismo y el dogmatismo, entonces aceptarán ser parte de una orquesta en la que nadie es el maestro. Todas estamos en la orquesta como maestro de nuestro propio instrumento, yo sé tocar uno, tú sabes otro y así los demás, y todos componemos la orquesta. El maestro de la orquesta no es la religión, son los movimientos alteromundialistas, que buscan otra humanidad, otro mundo nuevo; son los foros sociales o los movimientos por la justicia, la humanidad misma, que va más allá de la religión, pero de la cual la religión es también parte.

En este proceso hacia una integración más universal, ¿en qué quedan las categorías clásicas de raza, patria, nación, lengua, territorio, frontera, estado, religión, etc?

Son cosas muy buenas, partes de una herencia humana hoy revalorizadas. Cada pueblo es uno y diverso. Cuando yo era niño se decía que todos los indígenas eran brasileños, incluso los primeros brasileños. Hoy, no; el xavante es xavante y el karajá es karajá. Pero, al mismo tiempo, la identidad de cada uno de nosotros es ser humano, es ser hermano. En Brasil, un sacerdote, actor schow de misa, ha puesto sobre una camiseta “Tengo el orgullo de ser católico”. Debería sentir vergüenza de poner eso. Nosotros no podemos sentirnos orgullosos de ser católicos, sino orgullosos de ser humanos, de ser hermanos.

El nacionalismo es una plaga, una enfermedad que no ayuda a nadie. Las naciones son, como tales, fruto de organizaciones, de conquistas, de guerras. ¿Cuál es la diferencia para un indio yamonani entre Brasil y Venezuela? Él no conoce esa frontera, el río Amazonas no es un muro, los que están de un lado, que es Venezuela, son sus hermanos, su pueblo, su lengua; e igual los que están del otro lado, que es Brasil, el mismo país. Imagínate ahora Africa, cuántas guerras por fronteras artificiales, por países artificiales que no existen. No es esa, ciertamente, la realidad de Europa, definida por naciones de mucha historia, de 500 o más años. Pero, la realidad es la misma, todos deberían ser humanos. Yo no puedo comprender un mundo en que una mercancía, un producto electrónico, de este o aquel lugar, abres su caja y ves que pone estar hecho en Japón, y entonces es mundial, globalizado, en tanto que las personas no pueden rebasar sus fronteras. La ONU ha declarado en 1948 el derecho de todo ser humano a poder vivir en la tierra, en cualquier parte de la tierra.

¿No te da miedo una cierta idolatría de lo propio sobre la universal?

La modernidad se hizo sobre el individualismo, mientras las culturas antiguas están hechas sobre el pensamiento de que lo de cada uno es de todos, el uno es nosotros. Es otro principio. En cada cultura hay una tendencia a autobastarse. Quedé muy impactado hace ya bastantes años cuando estudié qué quería decir, para la Biblia, Jerusalén: “Jerusalén es la fuente del mundo para todos los nacidos, Jerusalén es el centro”. Cuando tú ves a la India, es lo mismo. Cuando ves al Machupichu, te dicen que es el pico del mundo. Todas las culturas tiene un poco la tendencia a decir somos el centro. En cierta ocasión, pregunté a un indígena cayapó qué significaba la palabra cayapó. Me contestó: humano. Entonces dije: yo no soy cayapó, luego no soy humano.

Hoy la centralidad es la centralidad del ser humano, de todo ser vivo. Junto a la tendencia endogámica de cada cultura, existe también la tendencia de encontrar al otro, de realizarse en el encuentro con el otro, es decir, “yo, para ser yo, necesito de todos”.

¿Cuál sería tu balance sobre la teología de la liberación y sus perspectivas de futuro?

Un amigo mío, diputado, me dijo que en Brasil las diferencias sociales son más fuertes que en Europa. Aquí hay pequeñas élites con casas mucho más ricas que en cualquiera de los países de Europa. Entre los 10 hombres más ricos del mundo hay un brasileño, el que es dueño del GLOBO de la TV.

Si hoy tenemos un Lula en el gobierno se debe en buena parte a la Teología de la Liberación. De propio impulso, esa pequeña élite nunca permitiría que un obrero se presentara a presidente de la República, nunca permitiría que en Bolivia un indígena comoEvo Morales fuera presidente. Sabemos de las luchas contra Chávez en Venezuela. Cuando voy a estos países percibo que eso es fruto de la teología de la liberación.

Respondiendo a tu pregunta de hacer balance, puedo decirte que la teología de la liberación bien puede hasta morir, porque ya dio su fruto: apoyar, fortalecer los movimientos populares y cristianos, religiosos y no religiosos. Ahora estamos viviendo el hecho nuevo de la resurrección de los movimientos indígenas y negros. Hace 10 años, en Brasil, cuando a muchos preguntabas cuál era su raza, contestaban: soy moreno o mulato. Moreno o mulato era para no decir negro, porque negro era una palabra menospreciativa. Nadie quería ser negro, sinónimo de indio, que quiere decir bárbaro. Eso hoy ha cambiado. Hay orgullo de ser negro, hay alegría de ser indio, sin caer en nacionalismos fundamentalistas.

¿Señalarías algunas condiciones para avanzar en esta dirección?

Yo creo que todos necesitamos de todos. En un mundo como éste en el que la globalización económico- política e imperial es un hecho preocupante, necesitamos una globalización de la esperanza que nos traiga un nuevo mundo. Los foros sociales están siendo una semilla grande de esta esperanza. Cuando visito la India y veo que por primera vez los puros, aquellos a los que nadie podía decirles ni los buenos días, ni tocarlos porque queda impuro y son ellos los que, ahora, conducen el proceso de formación mundial, y son ellos los que van a Brasil, a Venezuela, gente de los más pobres de la humanidad, me pregunto ¿por qué van a allá? Y respondo, porque hay europeos solidarios, porque hay una solidaridad internacional. Entonces, la solidaridad internacional es el único camino posible para permitir que África y América Latina puedan dialogar y permitir que la medicina indígena llegue a los enfermos de sida en África, que es producto de la industria química suiza o norteamericana, muy cara, inaccesible para los pobres del Congo y de otros países africanos.

Nos queda, pues, como real esperanza el diálogo intercultural, religioso, social, de la vida, del servicio social, de los valores también y hasta de la espiritualidad del amor que cada uno trae en su corazón, de una espiritualidad antropológica, religiosa o no.

¿Quieres añadir alguna cosa más?

Quiero decir una sola cosa, la importancia que tiene para nosotros, para América Latina, una revista como Éxodo, porque justamente hace este trabajo. Leyendo sus números percibo que es un testimonio de apertura, que en España permite ese mar para avance de los pequeños, porque eso es lo más difícil. Todo lo que es europeo tiene una repercusión buena, muy fuerte y hay cosas maravillosas en todo el mundo. Pero, ¿cómo hacer para que este intercambio, esta reciprocidad pueda realizarse y fortalecerse? La revista Éxodo es, para mí,-y de ello os felicito- un ejemplo de espacio cultural que, a través de entrevistas, artículos, experiencias, ofrece puentes, caminos de convergencia, compromisos de solidaridad.

JOSÉ IGNACIO GONZÁLEZ FAUS

Evaristo Villar y Juanjo Sánchez

– Autor: Evaristo Villar y Juanjo Sánchez –
 
José Ignacio González Faus es un teólogo muy particular. Es uno de esos pocos escritores que desbordan originalidad, imaginación, creatividad. En sus manos la “teología de cada día” adquiere toda esa honda inmediatez y frescura que reflejan los relatos del Evangelio. Puede tratar académicamente los más profundos misterios de la cristología y de la eclesiología, creando adhesión cordial en el lector, sin perder esa fina ironía y esa crítica sana que lo acompañan a lo largo de toda su enorme producción teológica. No es necesario citar aquí la larga lista de obras mayores y menores que jalonan toda su vida. Los amigos de Éxodo, y antes de Misión Abierta, ya tienen suficiente noticia de su fecundo y original trabajo teológico y espiritual. Basta resaltar aquí ese su estilo tan personal en el que la parábola, la metáfora, el relato simbólico, la anécdota histórica, la carta resultan en sus manos géneros literarios que rebosan espíritu y vida. Para muchos de nosotros González Faus es uno de los grandes teólogos creyentes de nuestro tiempo. Buen conocedor del alma latinoamericana y de sus ansias de justicia y libertad, José Ignacio sigue siendo, además de fundador, responsable académico del Centro de Estudios “Cristianisme i Justicia”.

“Si Dios no es salvación, has dicho tú, me interesa tan poco como el saber que en otro planeta hay unos seres con cuatro ojos. Si lo es, entonces no puedo evitar la sospecha de que sea una proyección de mi necesidad de salvación”. ¿Cómo salir de este dilema? ¿Cómo te las arreglas tú?

¡Qué cosas dice uno a veces! Ahora se me ocurre preguntarte: si salimos del dilema, ¿qué queda de la fe?

Es decir, el dilema entre salvación o proyección de deseos, no es exclusivo de la fe religiosa, sino propio de todo lo que yo llamo “estructura creencial” de la persona. Ella nos aboca a que las grandes decisiones que configuran y “salvan” nuestra vida hayan de tomarse mucho más por una forma de opción “creyente” que por la conclusión de un argumento irrefutable (así, el casarse, elegir profesión, apoyar una u otra causa, buscar caminos de superación…). Porque estamos hechos así, todo lo que nos parece salvador nos ha de resultar sospechoso.

¿Quieres ejemplos? Si un hombre le dice a una mujer “te quiero mucho”, y ella no pregunta algo así como “¿de veras?, ¿no me engañas?, ¿no les dirás eso a todas?, etc.”, será señal de que aquel amor significa poco para ella. O, si tú y yo tenemos una quiniela en común, y tú estás fuera, y te llamo para decirte que hemos sacado un pleno al quince y que además somos los únicos… y tú me preguntas qué tiempo hace por aquí en lugar de decir “no me estarás tomando el pelo” o cosa parecida, está claro que el premio significa muy poco para ti. Nos constituye una cierta necesidad de salvación y ello nos da esa estructura creencial a que me refería.

Si el ser humano consigue la salvación por la práctica del amor y la justicia, ¿qué papel juegan entonces las religiones en la salvación?

No sé si te das cuenta de que tu pregunta supone ya una fe en que así se consigue la salvación… Pero dejemos eso. Vista la configuración de nuestro mundo, las religiones han de ser necesarias en algún sentido y no necesarias en otro. Si Dios quiere que todos los hombres se salven ha de ofrecerles caminos, por así decir, “extraoficiales”. En mi experiencia personal, se identifican mi fe y mi seguridad de estar salvado. Pero también me he cansado de escribir, y quizá me lo habrás leído en algún sitio, que Dios (aunque quiera que todos los hombres se salven) no quiere (hoy) que todos los hombres sean creyentes, sino que todos saquen de ellos mismos la mejor versión posible de cada cual. Por eso el amor y la práctica de la justicia, por más que broten necesariamente de la experiencia cristiana de Dios, han de ser accesibles a todos los que (sin ninguna culpa propia) no creen en Dios o creen de otra manera.

La cristología está siendo cuestionada hoy tanto por la crisis interna del propio cristianismo como por la presencia de las religiones y la incipiente teología del pluralismo religioso. ¿Es éste un fenómeno típico de nuestro tiempo?

Aquí hay que ir “pasito a pasito” como aquella mula de Francisco Javier. Lo primero que hay que decir a propósito del tema de las religiones es que, cuando aparece un problema en la historia, de momento nunca hay soluciones sino sólo caminos. Y que las prisas por solucionar son malas consejeras. Las soluciones, cuando las haya, son necesarias pero tienen su tiempo. Enseñando la cristología aprendí que muchas gentes de los primeros siglos vivieron su fe con fórmulas que hoy consideraríamos nosotros erróneas o aun heréticas o que, al menos, eran falsas soluciones del problema que entonces planteaba la cristología. No obstante, quizá fueron mejores cristianos que muchos otros que han podido disponer de aquellas soluciones.

Vale, no hay que precipitarse. Pero, ¿ cómo vivir en la incertidumbre?, ¿qué hacer en el entre tanto?

También he dicho en otros sitios que una actitud cristiana que me parece fundamental, siempre que nos encontramos ante cosas que parecen irreconciliables en el mundo de la fe, y donde creemos ver verdad en ambos campos, es la apuesta por la doble fidelidad. Recuerdo esa misma apuesta, en mi juventud, en el dilema marxismo-cristianismo; la recuerdo en el campo de ciencias y fe (con el admirable ejemplo de Teilhard de Chardin). La apuesta por una doble fidelidad es una apuesta creyente por la meta, que reconoce la provisionalidad de todos los senderos o pasos.

Es así como creo que hay que acercarse hoy al problema que nos plantea el tema de las religiones de la tierra. Es evidente el texto bíblico de que “Dios quiere que todos los hombres se salven”; y parece obligado admitir que eso se refiere no sólo a que su conciencia personal puede ser recta, sino también a que el grupo o religión en que están puede ser camino de salvación (y aquí incluyo incluso algunas formas de ateísmo). Por otro lado, un cristiano se encuentra con la proclamación bíblica de Jesucristo como “único Mediador” y Salvador de todos. ¿Cómo se compaginan? De momento, quizá no lo sabemos aunque podamos intuir algo. Es hora de apostar por la doble fidelidad, aunque sea crucificándose en ella.

“Apostar por la doble fidelidad”. ¡Pues no dices nada! Pero sigamos con el tema, ¿es Jesucristo el único y definitivo Mediador de la salvación de Dios? ¿Cuál es Su originalidad?

Único y definitivo no significan lo mismo. Pero otra vez habrá que ir por pasos. En el caso de que la razón demostrara la existencia de Dios (que a Voltaire le parecía “evidente”) a lo más que llegamos es al Dios del deísmo: una especie de Relojero supremo o de Motor inmóvil con el que el hombre no puede comunicar por su misma grandeza y trascendencia. Surge entonces la pregunta religiosa que es la pregunta por el contacto o la relación con Dios. Y como respuesta a ella aparecen las religiones o lo que cabría llamar “el hecho creyente”.

Estas respuestas son diferentes. En el hinduismo, que es antes que nada una mística, parece que el hombre cree encontrar a Dios en su misma intimidad, en la que cabe una experiencia de unidad (según otros incluso de identidad) con Él. A pesar de la total alteridad de Dios, que los Upansihads subrayan tan radicalmente, persiste la fórmula de identificación “athman-Brahman” (algo así como “alma-Dios”). Y yo no veo, contra lo que opinaba el cardenal Ratzinger, que esa experiencia suponga la impersonalidad de Dios: al menos no necesariamente.

En el judaísmo e islamismo es posible al hombre relacionarse con Dios porque él ha hablado, a través de algún profeta, y como Legislador: entregando la Torah o dictando el Corán. Con la diferencia de que, en el primer caso, Dios habla a partir de una acción liberadora y para garantizar esa liberación conseguida. Mientras que en el caso del Islam se manifiesta más bien para corregir de una vez todas las desviaciones de las religiones anteriores.

Sí, pero a ninguno de los profetas de estas religiones se le atribuye un papel “mediador” como se le atribuye a Jesucristo en el cristianismo…

En el cristianismo, Dios habla mucho más pero habla también mucho menos. Se entrega silenciosamente. Su posibilidad de comunicación se hace “carne”: uno de nosotros. Vive esta misma vida nuestra por solidaridad con la mala trayectoria humana. Se somete a ella y, desde dentro y soportándola, la transforma. Así Dios se da a conocer sobre todo como Amor (esa es Su verdad), mientras que en los otros casos Dios se revela más bien como Legislador o Trasmisor de algún código. Por eso he dicho en algún sitio que el cristianismo “no es una religión del libro” (como las otras dos). Posee un libro (por así decir) pero no es religión del libro…

CARLOS TAIBO: NO ES LO QUE NOS CUENTAN

Benjamín Forcano y Evaristo Villar

número 77 (febrero ’05)
– Autor: Benjamín Forcano y Evaristo Villar –
Sobre el referendum del tratado constitucional
 
Carlos Taibo es profesor de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid. Durante muchos años ha trabajado, ante todo, sobre los cambios operados en la Europa central y oriental. En el último lustro se ha interesado, sin embargo, por materiales más generales, como lo atestugual algunos de sus últimos libros: Cien preguntas sobre el nuevo desorden (2002), Guerra entre barebaries (2002), Estados Unidos contra Iraq (2003), ¿Hacia dónde nos lleva Estados Unidos? (2004), y No es lo que nos cuentan: Una crítica de la Unión Europea realmente existente. Su visión del mundo se inserta en plenitud en lo que podríamos llamar el ala libertaria de los movimientos antiglobalización.

_ Bueno, Carlos, ¿centramos la entrevista en la Europa que se proyecta en la Constitución o vamos al transfondo de lo que está detrás de ella? _ Creo que los movimientos sociales deben aprovechar el momento del referendum para promover un discurso crítico, ya no sobre el Tratado Constitucional, que también, si no sobre la propia Unión Europea, y tienen que hacerlo porque ésta es una tarea pendiente, una especie de bula histórica que ha impedido que a su alrededor naciesen discursos críticos. _ Eso se ha debido en buena parte a su éxito a la hora de demostrar que sus problemas tienen un cariz meramente técnico o burocrático; de tal manera que ya no los ciudadanos, sino los propios políticos no estarían llamados a terciar en su solución o también al hecho de que desde la izquierda hemos concentrado nuestras diatribas en el gigante norteamericano y entonces la Unión Europea ha quedado en una especie de penumbra. _ Hemos concentrado las críticas en lo que hacía Francia en el Africa subsahariana, Alemania en la Europa central o el Reino Unido de la mano de su eterna sumisión a los Estados Unidos, dejando a la Unión Europea en una especie de penumbra, beneficiada por la ausencia de discursos críticos.

_ Nos parece interesante esta reflexión que acabas de hacer, pues la realidad histórica está detrás de la Constitución, pero indudablemente la atención de los ciudadanos se va a centrar ahora en el texto de la Constitución, e interesaría una valoración del texto o del contenido mismo de la Constitución. _ Yo emito un juicio muy negativo de este texto, y lo asiento en cinco grandes ideas. La primera es que no acierto a intuir en virtud de qué extraño mecanismo, al amparo de estas nuevas normas, se va a reducir eso que de manera desafortunada hemos llamado déficit democrático. Me hace gracia que utilicemos la terminología cuantitativa de la economía para describir algo que es mucho más profundo. La segunda es que la Constitución entroniza un modelo neoliberal, en virtud del cual en el mejor de los casos se enuncian derechos sociales que no se acompañan de garantías encaminadas a convertirlos en obligaciones. Una tercera razón es que cancela la representación de los pueblos, algo que a menudo se ha dicho que beneficia a los ciudadanos y a los Estados; pero no, yo pienso que beneficia a los Estados y a su lógica. La cuarta es que el Tratado sigue concibiendo sorprendentemente la inmigración como un problema, un problema que, por añadidura, será encarado en virtud de mecanismos fundamentalmente represivos. La quinta y última razón es que el Tratado describe una política exterior, impregnada de ribetes militaristas, asentada en la supeditación al marco dictado por la OTAN. Y, en ese sentido, sospecho que ratificadora de una relación atávica de sumisión a los Estados Unidos. _ Resumo diciendo que me parece que la Constitución da rienda suelta a los proyectos que en el pasado hemos retratado de manera probablemente planetaria pero razonablemente lúcida: la Europa de los mercaderes por un lado y la Europa fortaleza por el otro.

_ Entonces, ¿tú no estarías de acuerdo con cuanto en la primera y segunda parte de la Constitución se describe como modelo de valores y derechos y que luego pasarían a ser principios reguladores de la convivencia? – Es difícil no estar de acuerdo con esos valores. Pero conviene introducir observaciones que afectan al fondo. Pienso que el Tratado Constitucional se asienta en un proceso de invención de una tradición que describe la historia europea como un proyecto finalista, marcado por el progreso de la libertad y de la riqueza, y, en ese sentido, cancela cualquier consideración crítica de los muchos elementos negativos que han impregnado e impregnan la historia europea; cancela también cualquier consideración de las historias excepcionales, en la medida en que las subsume en esa especie de canon y hace un uso abusivo de determinados datos que son verdad, pero que conviene emplear de manera sosegada. _ Por otra parte, cuando los derechos se enuncian como principios generales, pero no se concretan en medidas precisas, hay algo que induce al recelo. Es el mismo problema de la Constitución Española, que reconoce el derecho de todos los ciudadanos a disponer de un trabajo y de una vivienda digna y, sin embargo, no tenemos ningún conocimiento de que los jueces reciban demandas de ciudadanos que reclaman el vigor de sus derechos. _ Y, además, la tercera parte, incluye una descripción muy prolija de un conjunto de políticas que la Unión Europea debe desplegar. Las políticas precisas cabe suponer que deben dejarse al amparo de la decisión de las mayorías electorales de cada momento concreto, y esto quizás suponga cancelar no pocos derechos nuestros y los derechos de las generaciones venideras; no es una operación precisamente afortunada y tampoco es ni inopinada ni neutral.

_ O sea, tú no ves que haya coherencia entre esos valores y derechos que se afirman en la primera y en la segunda parte y las políticas o competencias que se especifican para asegurarlos; todo quedaría poco menos que en el vacío. ¿El problema está ahí? – Bueno, voy a intentar responderos de la mano de una observación lingüística que me parece que es muy importante, y es muy importante, entre otras cosas, porque no es mía. _ En el Tratado Constitucional se utiliza con harta frecuencia el verbo “promover”. Dice: La Unión Europea promueve tal cosa, y también: el Parlamento Europeo podrá legislar sobre esto o sobre lo otro. _ Cuando se trata de hablar de los derechos de los individuos en el terreno político y social son éstas las expresiones a las que se recurren. Cuando se refiere a la libre competencia y al mercado, el verbo que se utiliza es: la Unión Europea “ofrece”. _ Creo que esta es la trama fundamental en lo que respecta al tratamiento de estos problemas en el marco del Tratado Constitucional. El analista francés Jenner afirma que esta Constitución supone un retroceso con respecto al Pacto Internacional sobre Derechos Económicos, Sociales y Culturales adoptado en 1996, ratificado por los miembros de la Unión Europea y en vigor desde 1976, y no reconoce derechos como el salario mínimo, las pensiones, las prestaciones por desempleo o un alojamiento digno. El derecho a la seguridad y a la ayuda social se reconocen de forma elusiva sin mayores garantías y se niega a los inmigrantes. Los servicios de interés económico general, en fin, quedan a expensas de una ley por aprobar, puesta en manos de una comisión decidida a aplicar a rajatabla las normas de la organización mundial del comercio. _ Mi conclusión es que aquí hay un problema grave que se esconde detrás del lenguaje; los derechos que reclamamos pueden ser objeto de legislación futura, pero no son efectivamente garantizados por este Tratado de Constitución.

_ Tú, ¿qué razones encuentras para que exista hoy día en Europa una Constitución? – Se sobreentiende que allí donde hay un Estado hay una Constitución. Pero en este caso estamos obligados a justificar por qué es preciso generar una Constitución. Pienso que esto guarda relación con dos procesos: primero, la necesidad de dar carta de naturaleza jurídica al orden neoliberal y segundo, ese tipo de proceso es como una bicicleta, es preciso seguir pedaleando, porque sino la bicicleta se cae. _ Los fundamentos de este Tratado son dudosos, porque, cuando se aprueba una Constitución, por detrás debe haber algo genuinamente nuevo. Yo no acierto a apreciarlo, me parece que esta Constitución es más bien un amasijo no particularmente afortunado. No veo el perfil preciso de este Tratado y por eso mi posición es de crítica radical y no precisamente constructiva.

_ ¿La Constitución consagra un proyecto neoliberal en el sentido de dejar libertad absoluta al comercio o hay un encauzamiento y control de todo esto? – Se tiende a cancelar cualquier tipo de intervención política en los flujos comerciales. Hace un par de meses, Laurent Fabius, ex primer ministro francés, publicó un librito en el que recoge una evaluación estadística que de nuevo en términos lingüísticos es muy interesante. La palabra “mercado” aparece 78 veces en el Tratado Constitucional; en cambio la expresión “pleno empleo” hay que buscarla con lupa; si no estoy equivocado, se recoge en una sola oportunidad.

_ Empleo avanzado… – Pues aún más grave me lo pones. En ese magma yo creo que nos engañaríamos si sostuviésemos que la Unión Europea defiende un proyecto de globalización diferente del que avalan los gobernantes norteamericanos. _ Mi tesis es que la Unión Europea defiende un proyecto de globalización asentado en la gestación de lo que entiendo que es un paraíso fiscal a escala planetaria, en virtud del cual los capitales habrán de moverse a lo largo y ancho del globo sin ningún tipo de cortapisa, pudiendo desentenderse de cualquier consideración de cariz humano, social, medioambiental. _ Y en este escenario me parece que es muy significativo que los ámbitos en los cuales los Estados neutros de la Unión renuncian a atribuciones propias, son aquellos vinculados precisamente con la liberalización. _ El dato fundamental lo aporta el llamado acuerdo general del comercio de los servicios que curiosamente no aparece incorporado al Tratado, pero que es aceptado por todos los Estados miembros y que implica en los hechos la perspectiva de la privatización de todos los servicios, exceptuados la policía, lo judicial y la emisión de moneda. Me sorprende que la sanidad, la educación, en un magma de discurso neoliberal extremo, sea acatado por los partidos socialistas europeos. Digo que me sorprende, aunque ya no hay nada que me sorprenda. De nuevo la retórica anuncia medidas sociales, medidas de control y de intervención de los Estados, pero esas medidas no son objeto de ningún tipo de garantía, quedan a expensas de determinadas leyes que el Parlamento Europeo podrá aprobar en su momento. _ Se dice que el Tratado Constitucional no es bueno, pero que, una vez aprobado, se procederá a reformarlo; se nos está engañando. ¿A qué obedece el designio de respaldar un Tratado Constitucional que se dice que no es bueno y que uno intuye se podrá reformar en el futuro en virtud de unas u otras mayorías? _ En la redacción de este Tratado Constitucional han participado tres grandes familias: conservadoras, liberales y socialistas. A mis ojos los socialistas han aportado el lenguaje florido; los conservadores, la retórica ; y los liberales las medidas precisas.

_ Cuando, por ejemplo, se dice en el art. I.2 “La Unión se fundamenta en los valores de respeto de la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, estado de derecho y respeto de los derechos humanos, incluidos los derechos de las personas pertenecientes a minorías. Estos valores son comunes a los Estados miembros, en una sociedad caracterizada por el pluralismo, la no discriminación, la tolerancia, la justicia, la solidaridad, y la igualdad entre mujeres y hombres”,etc., nos encontramos con esa dialéctica entre lo que es y lo que tiene que ser. Pero ese contenido ético-programático no son palabras vanas, ni puramente retóricas, sino faros que guían y sustentan el futuro de la Unión Europea. Hacer que esto se haga realidad va a depender mucho de las sociedades europeas a través de sus respectivos gobiernos, porque ahí estará el Parlamento Europeo que será un reflejo de los diversos parlamentos. Tú parece que acentúas demasiado esa disociación entre lo que podríamos llamar el modelo neoliberal económico-político de la Constitución y el modelo ético-jurídico, sustancia de esa Unión. – Bueno, yo te diría que, en principio, tienes razón, no tengo nada que oponer a ese artículo que has leído, y, si tengo que oponer algo, es en lo relativo al problema de cómo se plasma eso en la realidad. El problema es que se nos está pidiendo que refrendemos un Tratado Constitucional que es extremadamente difícil de reformar y que, junto a esos artículos que son edificantes y merecedores de respaldo, incorpora otros que niegan esos valores; los niega, subrayo. Toda la trama de políticas en el terreno económico y social incorporada en la parte tercera de la Constitución es difícil de digerir desde esos valores. Por eso yo creo que es más inteligente rechazar el Tratado Constitucional, que no puede implicar en modo alguno rechazar determinados tipos de cosmovisiones que están incorporados al Tratado Constitucional. El problema de fondo es quién dirige el proceso matriz de construcción.

_ Evidentemente que hay una distancia entre lo que se propone y lo que existe en la realidad europea; pero eso es lo que hay que distinguir; una cosa es negar y denunciar la política real, tantas veces en desacuerdo con los principios, y otra negar los principios mismos. Ocurre algo parecido en la Iglesia, ¿se puede negar la carta fundacional del Evangelio porque la realización histórica del cristianismo haya sido muchas veces aberrante? Una mala realización no invalida un buen proyecto. – Claro, pero aquí el problema es el valor históricamente que ha sido la Unión Europea. De nuevo, mi juicio es crítico. Yo creo que la Construcción Europea realmente existente es un proyecto económico, asentado en un principio maestro: libre comercio y adobado en virtud de cierta presión político popular de elementos saludables en términos de derechos y libertades, pero en la construcción del discurso oficial y político se nos viene a decir: tenéis que refrendar este Tratado Constitucional porque la Unión Europea es un enclave planetario caracterizado por la prosperidad, los derechos y las libertades en medio de un mar proceloso de problemas por todas partes. Conviene que nos planteamos si esto es así o no. _ Menciono simplemente dos grandes problemas, uno que es el modelo de capitalismo social europeo: al cabo de 20 años de políticas neoliberales está periclitando en provecho de una franca homologación con el modelo competitivo norteamericano. Si hoy entre nosotros perviven elementos característicos de los estados del bienestar, entiendo que es antes por efecto de una inercia que viene del pasado que de resultas de un proyecto político consciente y estrictamente contemporáneo. El segundo gran mito que impregna la construcción comunitaria es que Europa configura, por su cara bonita, un agente internacional comprometido con la causa de la justicia, la paz y la solidaridad, que son, al fin y al cabo, los valores que están por detrás de determinados artículos de la Constitución. _ Creo que basta con echar una ojeada al perfil preciso de la política exterior de la Unión Europea para percatarse de que hay una distancia alarmante entre lo que se anuncia (retórica) y las prácticas precisas. Y por eso me parece mucho más importante referirse a los procesos reales que a los enunciados retóricos.

_ Totalmente de acuerdo. Otra pregunta: ¿interesa a Estados Unidos una Constitución Europea para remodelar otros segundos Estados Unidos? Pero habría que bajar a cosas con más detalle, por ejemplo, cómo quedan los derechos sociales.¿Realmente esta Constitución amplia el margen de desarrollo de los derechos sociales y la apuesta por la paz? ¿ Cómo queda, por ejemplo, esa relación de homologación entre el hombre y mujer? – Lo de los derechos sociales ya dije antes que el problema fundamental es que muchos derechos no se reconocen. Mencioné tres o cuatro y aquellos que se reconocen no se acompañan de garantías, con lo cual no me atreveré a afirmar que el escenario es peor que el de antes, simplemente no es mejor.

_ ¿La Carta de Niza se reconoce, se reasume o queda debilitada? -Desde mi punto de vista, que en este caso es el del ex-presidente del Tribunal Constitucional, Pedro Cruz Villalón, esta parte segunda de la Constitución aparece descafeinada; en la medida en que no tiene el protagonismo que merecería, queda subsumida a lo que rezan otras partes de la Constitución del Tratado Constitucional, con lo cual su papel final es un tanto alicaído. Planteabas la cuestión de la Paz, cómo afecta a este valor el Tratado Constitucional. Yo creo que ratifica a una condición de política exterior de la Unión Europea que invita a recelar mucho de que la Unión Europea apuesta por la Paz.

_ Si la Paz es uno de los objetivos de la Unión Europea, ¿cómo encajarlo con la creación de una Agencia Europea de Armamento, investigación, capacitación militar? – Yo creo que, de nuevo, aquí hay un problema de retórica, el proceso es distinto del que objetivamente la dinámica material de los hechos sugiere. El perfil preciso de la política exterior de la Unión Europea queda fidedignamente retratado en Ramala, Ducarel, Yenin, Nablus, en un puñado de ciudades de la Cisjordania en el mes de Abril del año 2002 cuando acontecimientos infaustos que todos recordamos nuestros países fueron literalmente incapaces de anunciar -¡qué menos!- la retirada de sus embajadores en Israel y la cancelación del sinfín de privilegios comerciales con que obsequian desde mucho tiempo atrás al propio Estado de Israel. Y no es que la Unión Europea no sepa cancelar privilegios comerciales, lo ha hecho en numerosas oportunidades con enorme contundencia y rapidez en el caso de países del tercer mundo, cuyo único pecado es no dar puntillosa satisfacción draconiana al programa de ajuste del Fondo Monetario Internacional. Sólo, cuando un pequeño y pobre país de Africa no satisface las condiciones estatuidas en materia de déficit público, inflacción, inmediatamente ve cómo se le retiran privilegios comerciales. Cuando Israel violenta los derechos humanos más básicos en Cisjordania y en Gaza, cuando Rusia hace lo propio en Chechenia nuestros gobernantes miran hacia otro lado. Hace poco el ministro Moratinos ha visitado oficialmente Israel y se ha comprometido no a cancelar privilegios comerciales, sino a mejorar el estatus de la relación de Israel con los Estados Unidos. Este es el perfil preciso de la apuesta por la Paz de Estados Unidos. _ Propongo un segundo ejemplo. Sabéis que por fortuna la Unión Europea ha acatado la Justicia Penal Internacional. En Enero de 2002 se desplegaron en Afganistán soldados pertenecientes a 19 Estados, la mayoría miembros de la Unión Europea. De manera semiclandestina esos Estados suscribieron con los antiguos afganos un acuerdo en virtud del cual estas últimas se comprometían a no colocar en manos de un tribunal penal internacional a ninguno de los integrantes de esos contingentes militares internacionales. Creo que la conclusión está servida, la posición de la Unión Europea en términos objetivos es aún peor que la de los Estados Unidos. Los Estados Unidos al menos son francos, dicen: “Rechazamos la justicia penal internacional”. La Unión Europea declara retóricamente acatarla, pero en los hechos se comporta como los Estados Unidos. _ Acabo mi observación fundamental al respecto de esto de la paz y es que cualquier persona sensata convendrá en que es saludable que emerjan contrapesos en el camino de la hegemonía norteamericana, pero tenemos que prestarle una atención puntillosísima a la condición precisa de esos contrapesos, no vaya a ser que a su amparo emerjan elementos tan negativos como los que impregnan la política exterior de los Estados Unidos.

_ ¿De nuevo, cuando en la Constitución se dice que “La Unión tratará en sumo grado de consolidar la paz interna, prevenir los conflictos, asegurar la paz”, etc. estamos en la contradicción de lo enunciado y lo realizado? -En este caso no es sólo retórica, es que hay determinadas reglas de juego que reflejan el vigor del proceso real, las reglas del juego estatuidas al amparo de la OTAN.

_ La Constitución no impone a sus miembros el alineamiento con la OTAN, los respeta y deja libres. – Esto de nuevo es retórica, pues la abrumadora mayoría de los miembros son socios miembros de la OTAN, y la OTAN genera obligaciones; aquí la Unión Europea procederá a crear una agencia de armamentos. El Tratado Constitucional incorpora en este terreno, como en el de las políticas económicas, medidas precisas que, desde mi punto de vista, desmienten el vigor de los principios retóricos y saludablemente enunciados.

_ La Constitución habla de la igualdad de retribución en trabajadores masculinos y femeninos. ¿Te parece que esto es una apuesta firme o es otra expresión retórica? – Me imagino que en lo que respecta a la igualdad de género el verbo utilizado es de nuevo “promover” y esto refleja cierta conciencia de que la realidad desmiente el principio enunciado.

_ La Constitución habla de “prohibir” toda discriminación. Hay textos en que el cariz es más que promover. En este caso, el significado e insistencia del lenguaje son claros, sin saber si eso es suficiente para que no quede en mera retórica. Los principios son principios, si luego medidas y políticas concretas son contradictorias nos tocará denunciarlas y corregirlas. Los principios son válidos y, como tú dices, esto es saludable y nos sirve. – Hombre, claro. La disuasión tiene que ver con esto. La Constitución Española reconoce el derecho de todos los ciudadanos a disponer de un trabajo y de una vivienda digna. Aquí está el problema. Nadie discutirá este derecho (aun cuando hay quienes discuten este derecho, se oponen a que se incorpore y por eso algunos de estos derechos desaparecen del Tratado Constitucional), pero, en cualquier caso, me parece que es importante que planteemos la discusión relativa a cómo se plasma la realidad de este principio, cómo se plasma la igualdad de retribución. ¿En virtud del Tratado Constitucional una mujer que recibe un salario inferior al que recibe un varón en su mismo puesto de trabajo puede plantear una demanda ante los jueces? No lo sé, debo confesar que se me escapa el dato, pero intuyo que no, me sorprendería que fuera así, porque esto generaría un cambio objetivo en relaciones muy claramente asentadas.

_ Los principios son claros y quedan abiertos a… – ¿Y las disposiciones ulteriores? Pero, es claro, el derecho a disponer de una vivienda digna entre nosotros está incorporado en la Constitución, algo querrá decir, algún tipo de derecho objetivo generará.

_ ¿Como lo podemos exigir? Porque claro, si ni siquiera tienes esto para poder reclamar… Pero, si en la práctica se me niega, entonces viene la contradicción. – Sí, yo entiendo todo esto. He recalcado que el Tratado Constitucional está lleno de artículos que son irrefutables. ¿Cómo vas a rechazar esto? La cuestión es que tienes que evaluar. En todos los tratados hay un conjunto de elementos que son saludables. Debo confesar que a esta pregunta concreta no sabría responder, no sé cuál es el mecanismo de obligación jurídica que se deriva de este tipo. No lo sé.

_ Parece ser que la política de la Unión se va a basar en principios de cautela y acción preventiva frente a corregir los atentados contra la naturaleza. ¿Los consideras suficientes frente a la postura de quienes contaminan, compran estos derechos y los pagan? ¿Frenarían la degradación a que estamos llegando? – Yo tengo la certeza de que no. Se entroniza una economía de mercado, asentada en las reglas más feroces y los mecanismos instituidos para poner freno a los excesos de esa economía no van a servir. Pero este es un problema general de la lógica de la globalización capitalista. Si uno apuesta por una globalización que implica la gestación de paraísos fiscales a escala planetaria está apostando por una desregulación extrema y los efectos en el terreno medioambiental son dramáticos. Y de nuevo subrayo que se revelan hoy en la UE realmente existente. _ Otro de los mitos que rodean la Unión es que en ella el medio ambiente es objeto de un respeto saludabilísimo. Supongo que uno puede razonar esto en términos comparativos; a buen seguro que el respeto del medio ambiente es mayor que el de los Estados Unidos, pero conviene que no nos dejemos llevar por la conclusión de que es el saludable. Propongo esta disquisición porque tiene mucho que ver con otras políticas de la Unión, la política de ayuda al desarrollo, por ejemplo. Uno escucha constantemente este argumento: La Unión Europea es el principal donante internacional de ayuda al desarrollo. ¿Es esto verdad o mentira? Es verdad. Ahora bien, deducir de eso que los flujos de ayuda al desarrollo de la UE son saludablemente importantes es engañar y engañarse. En el grupo de los ocho países más importantes hay cuatro Estados miembros de la Unión: Francia, Alemania, el Reino Unido e Italia, que están muy lejos del 0,7 % de ayuda. De nuevo nos estamos mirando constantemente al ombligo.

_ ¿Cómo quedan, a tu juicio, las confesiones religiosas, los estatutos de las iglesias dentro de la Constitución? En el art. 51, 1º dice “La Unión Europea respetará y no prejuzgará el Estado reconocido, en virtud del derecho nacional a las iglesias y asociaciones o comunidades religiosas en los Estados miembros”. Se tiene la impresión de que puede haber colisión con la promoción de los derechos humanos desde ciertos puntos de vista de los estatutos de algunas iglesias. ¿Entonces? – La conclusión es inevitable. En efecto, hay un reconocimiento expreso de determinado tipo de privilegio, que corresponde a la presión de determinados grupos, cuyos acuerdos suscritos en el pasado se van a respetar aún en el caso de que introduzcan contradicciones con respecto al contenido del propio tratado constitucional. Me siento en la tentación de subrayar que esto no sólo afecta a las iglesias, afecta a algo que curiosamente en la jerga comunitaria se llaman ONG’s, las grandes corporaciones industriales, estos formidables grupos de presión han pertrechado mecanismos de influencia poderosísimos.

_ ¿También de organizaciones? – Detrás del término ONG’s, que llevan por detrás cierta carga de vinculación con la solidaridad, la Unión Europea pone a estos gigantescos grupos empresariales que operan en la trastienda. Frente a ellos, ha habido una dejación de obligaciones de la UE en relación con derechos básicos.

_ ¿Podría con esta Constitución entrar el Vaticano como Estado a formar parte de la Unión Europea sabiendo que en él no se respetan ciertos derechos de participación y democracia? -Lo iba a decir ahora. De nuevo el lenguaje: lo acordado es fruto de un plan muy consciente, cada grupo de presión ha negociado cada artículo, con un producto final que responde cabalmente a este tipo de cuestiones.

_ Ciertamente no hay una sistematización muy coherente en todo el Tratado. Por una parte, se afirman valores y derechos que estarían en contra del principio de una economía de mercado abierta, no falseada. ¿Qué significa eso? ¿Hay contradicción? Si miramos a la historia ciertamente la marcha de Europa ha sido una marcha hacia el neoliberalismo. ¿Cuál es entonces nuestra tarea? -No sé, a mi me produce cierta preocupación esto que yo llamo el meta-discurso relativo a la Constitución, porque cada vez me deja más perplejo, no por lo que acabais de decir, que me parece respetable. Estoy harto de escuchar a militantes significados del Partido Socialista que fuera de micrófonos enuncian críticas en grado extremo al Tratado Constitucional y con un micrófono delante no dicen absolutamente nada. Uno de ellos me dijo: Carlos, aunque te parezca sorprendente, yo estoy de acuerdo en la mayoría de las críticas que enuncias sobre el Tratado Constitucional, pero ruego encarecidamente que pidáis el sí a favor del Tratado.

¿Encarecidamente? – Que pidáis el sí. _ No sé si soy muy simple. El ciudadano puede leer o no la Constitución, y después decir sí o no. Pero la cuestión de fondo es que hay todo un discurso encaminado a subrayar que la Constitución es muy mala en el terreno social, pero que ya la reformaremos después, una vez aprobada. No lo acabo de entender, además de que es cada vez más urgente que en nuestra sociedad se visualice un segmento importante de la población que disiente con respecto a esto. En este sentido, me parece que el No a la Constitución debe ser un elemento central. Yo nunca le he dicho a la gente lo que debe hacer en una elección o en un referendum, yo estoy contra la Constitución de la Unión Europea, pero no le estoy diciendo a la gente que acuda a un referendum a votar en contra. Y no lo estoy haciendo entre otras cosas porque este referendum huele mucho a quemado como práctica democrática, el Gobierno no parece acatar cualquier perspectiva de discusión democrática. _ Ayer me llamaron de TVE, yo me quedé perplejo, estuve a punto de desmayarme. Me dijeron: “queremos hacerte una entrevista, dar cierta cabida a las gentes que disentís del Tratado Constitucional”. Yo casi estaba emocionado, diciendo, voy a tener que tragarme todo lo que he dicho en las últimas semanas, criticando a los medios de comunicación públicos. Me hicieron la entrevista, y un par de horas después, el mismo periodista, me llamó un poco apenado y me dijo: “Bueno, Carlos, lo siento pero esto, probablemente saldrá en dos minutos la semana que viene, con todas las entrevistas que hemos hecho”. E intuyo que van a meter en las entrevistas a Federico Jiménez Losantos, para que haya cierta turbamulta de contenidos. _En las últimas semanas recibo muchas invitaciones a ir a mesas redondas, en las cuales se invita a gente que está a favor y a gente que está en contra, y las discusiones son florentinas, vamos, un debate muy natural. Todos esos debates los organizan gentes que disienten del Tratado Constitucional. Todavía no ha llegado el día en que yo reciba una invitación de gentes que están a favor del Tratado Constitucional y que en virtud de un ejercicio de consecuencia democrática decidan llamar a alguien que disiente y escuchar lo que piensa. Esto me parece muy grave, en términos de bienestar democrático en una sociedad como la nuestra.

_ Parece que todo el mundo apuesta por Europa, pero el litigio está en averiguar qué tipo de Europa. – Yo creo que se trata de Europa, que el problema es con Europa.

¿Sería entonces otra Europa? – En cierto sentido sí, pero lo que ocurre es que la Europa existente es tan abrasiva, que a lo mejor uno tiene que romper un poco este código. Estamos sosteniendo que conviene incorporar a un buen puñado de Estados, porque son europeos, y a quienes viven en el sur del mediterráneo, en cambio, los dejamos en una especie de segundo orden de cosas. ¿Que es lo que nos induce a pensar que debemos ser solidarios hoy con polacos, estonianos, eslovacos, y no con magrebíes, bolivianos, o habitantes el Oriente Próximo? Yo no estoy diciendo que Europa es antológicamente mala, pero hay un determinado tipo de visión marcada por una especie de falsa filantropía que se asienta además en un discurso etnocéntrico.

_ La Unión Europea no debe cerrarse herméticamente sobre sí misma, pero parece normal una construcción gradual, por etapas, cada vez más amplia. – Yo lo que quiero decir es que si ser europeo es dejar de ser ciudadano del mundo, y hay muchas cosmovisiones de Europa, entonces yo no tengo por qué ser europeo; y además, Europa es un constructo mental. Por cierto, hay aquí una confusión permanente intencionada y malévola, éste es un Tratado Constitucional de la Unión Europea, no de Europa. La Unión Europea y Europa no son lo mismo, ni lo serán nunca, Europa es una construcción mental hilvanada hace 2500 años y la Unión Europea es un proceso institucional que tiene 5 decenios, la determinación de qué es Europa es mucho más complicado.

_ Sabemos cuál es la trayectoria de la Europa histórica, con sus afanes colonizadores. ¿Pero no crees que el lastre de esta perspectiva histórica nos está impidiendo también ver un poco los elementos positivos, más utópicos, que hay que alimentar, y que nos permitirían tirar adelante sin renunciar a la crítica de sus contradicciones internas de la constitución? – Yo creo que el problema es de debate público. Ayer me dijeron: tienes 20 segundos para explicar por qué rechazas el Tratado Constitucional. A mi no me da tiempo para decir lo que has dicho tú, no puedo empezar diciendo hay elementos históricos y otros elementos que….

_ ¿Pero a ti te parece que podemos hacer esta crítica? – Yo estoy a favor de un Tratado Constitucional, pero no de éste. Si tú me pides que profundice en la cuestión, te diría que creo que desde la perspectiva de un discurso crítico es razonable alimentar algunos recelos con respecto al propio producto europeo. Conviene que mantengamos alguna distancia con respecto a esta especie de economía general, que en virtud de un discurso pedagógico nos induce a decir lo que tú has dicho hace un momento y lo que yo he dicho de la mano de esta observación: estoy a favor de un Tratado Constitucional de la Unión Europea, pero no de éste. Contrastemos la realidad, discutamos. _La principal confusión es la que llega del discurso oficial. La retrata la canción de grupo vasco “La polla record”: políticos locos guían a las masas que les dan sus ojos para no ver qué pasa. Ayer hubo en Sevilla una convocatoria de intelectuales y artistas para defender el Tratado Constitucional. Al parecer, el ABC con muy mala leche saca una foto de la platea general del teatro completamente vacía. Entre los intelectuales y artistas estaban los Morancos y Los del Río. Los del Río, que confesaron no haber leído la Constitución, manifestaron que votamos el sí porque lo hace la mayoría, nosotros siempre vamos con la corriente. Señalaron que la Constitución ha de defender nuestros productos, sobre todo el aceite de oliva y la música, y subrayaron que nuestra Macarena triunfó en todo el mundo, fue un producto que salió de nuestro país y por todo esto la Constitución tiene que luchar. Sugirieron a la plataforma que les encargue el tema que abandere el sí a la Constitución. Todo muy respetable, pero música celestial.

_ Pero no sería bueno que a otros les atribuyeran la manía del no. – Hay un texto maravilloso del Padre Feijóo, el ilustrado del siglo XVIII, sobre esto de Europa, que yo a la gente le recomiendo que lea. En un momento determinado se mofa de esta expresión que habéis oído muchas veces, “Africa empieza en los Pirineos” , se mofa de manera muy inteligente y dice: “¿Y qué, qué pasa con que Africa empieza en los Pirineos?”, ¿qué visión del mundo es ésta que nos aconseja pensar que lo que hay en el Norte de los Pirineos en Europa está impregnada de rasgos saludables y lo que queda al Sur es un sinfín de miserias?” El Padre Feijoo, un ilustrado del siglo XVIII, cuando llega el momento de argumentar por qué Africa le parece merecedora de respeto, lo que aduce es que S. Agustín nació en Túnez. Al final, el discurso eurocéntrico emerge incluso en una persona de esta categoría. Europa no es incuestionable y conviene también mantener ciertas distancias.

_ ¿Hacia qué Europa hay que caminar y deben tender movimientos críticos, movimientos sociales y redes de todo tipo? – Hacia una Europa de los ciudadanos, en la cual tengan toda la capacidad de decisión y no haya instancias políticas al margen del convenio democrático; la Europa de los derechos sociales, del equilibrio medio ambiental y de la solidaridad ante la Paz. Mi impresión, y enuncio una paradoja, es que curiosamente quienes hemos decidido acometer la tarea de contestar este Tratado Constitucional, somos los que estamos reflejando nuestra práctica cotidiana esos valores que se enuncian en el Tratado Constitucional, no nuestros gobernantes de la mano de campañas institucionales que lo único que reflejan es el propósito de que la población respalde aquello que desconoce. Las encuestas de opinión revelan que hay una abrumadora mayoría de ciudadanos españoles que declaran su apoyo al Tratado Constitucional y, al mismo tiempo, esa misma mayoría confiesa ignorarlo todo.

El debate, pues, hay que hacerlo. -Lo que pasa es que no se ha entrado a fondo. A mi me gusta distinguir lo que se ha dicho aquí, lo que pasa es que no se distingue. Hay pequeños reductos, pero lo que vamos a tener es la gran parafernalia oficial. Y soy plenamente consciente de que no vamos a salir de esos reductos.

_ ¿Nuestro sino es una vez más perder? ¿Perder en el tiempo inmediato, aunque a la larga…? – Yo hoy voy a San Sebastián y ya sé lo que va a pasar, porque llegar a quien va por la calle en ese mismo momento, es imposible, imposible tal y como están las cosas.

_ ¿Al fin y al cabo la Unión Europea son los Estados o son los pueblos? – Os recomiendo que leáis un libro que se llama “La Constitución Inédita”, de Pedro Cruz Villalón, expresidente del Tribunal Constitucional. En un capítulo analiza críticamente la no incorporación de las comunidades autónomas del conjunto de los pueblos al texto constitucional; le parece una carencia básica.

JOSÉ SARAMAGO

Redacción de Éxodo

Éxodo 96 (nov.-dic.’08)
– Autor: Redacción de Éxodo –
 
Escrita diez años después de la concesión del Premio Nobel de literatura de 1998, El viaje del elefante es la última novela que acaba de publicar este extraordinario escritor portugués, tan conocido y apreciado en España. No se ajusta esta novela a los rígidos criterios de la historia sino a la inventiva de la gran literatura. En ella se aúnan, con ironía y humor, realidad y ficción para hacernos sentir, una vez más, los que quizá sean los dos empeños mayores del autor, la comprensión profunda del ser humano y la necesaria compasión por el mismo.

Ya en el impresionante Ensayo sobre la ceguera del 96 nos situaba en esta doble perspectiva al declarar enfáticamente que “hay en nosotros una cosa que no tiene nombre, esa cosa es lo que somos”, y elevarla luego a imperativo ético al enfrentarnos a “la responsabilidad de tener ojos cuando otros los perdieron”.

En La Caverna del 2000, finalmente, nos asoma a un mundo, el nuestro, que crece y se multiplica con tan extraordinaria rapidez que no parece “tener límites para la ilusión y el engaño”. ¡Qué buena referencia al momento que estamos viviendo! Por aquí orientamos nuestras cuestiones a la sabiduría acumulada del maestro.

Saramago está presentando en estos días El viaje del elefante por medio mundo. Pero entre viaje y viaje ha tenido esta deferencia con Éxodo que agradecemos profundamente. Es más, nos consta que ha tenido que superar en esta ocasión la gran debilidad que le ha dejado una reciente enfermedad, felizmente superada. A este propósito, es enternecedora la dedicatoria que hace de esta novela a Pilar del Río, su esposa (a quien dedica todas sus obras): “A Pilar, que no dejó que yo muriera”. Ella es también la traductora de esta última obra. Gracias, Pilar, porque sin tu empeño no hubiera sido posible contar hoy con las palabras tan certeras de José Saramago.

¿Se trata de una crisis sólo bancaria o de la quiebra del sistema económico mundial? ¿Cómo saldrán de esta crisis el mercado y los Estados en la regulación económica?

Soy solamente un escritor. Mis conocimientos sobre lo que está pasando son más que limitados. En todo caso me parece obvio que no se trata sólo de una crisis bancaria, aunque tampoco creo que el sistema económico mundial haya quebrado. Las medidas que se están aplicando no tienen otro objetivo que salvar el sistema. Sería un error pensar que el capitalismo se ha suicidado.

¿Quiénes van a pagar principalmente la factura que ha generado el neoliberalismo? Los pobres después de esta crisis, ¿serán más pobres?

Como siempre, la factura será pagada por los pobres. Al igual que la religión no puede vivir sin la muerte, el capitalismo no sólo vive de la pobreza sino que la multiplica.

¿Cómo va a afectar esta crisis al futuro de la Unión Europea? ¿Seguirá en su pedestal el Banco Central Europeo?

No leo en el futuro, pero admito que la crisis pueda contribuir a reforzar lo que hasta ahora ha sido la escasísima solidaridad europea. A condición de que los políticos no abdiquen de la inteligencia como tantas veces ha ocurrido.

¿Quiénes deben enjuiciar el verdadero sentido de la crisis, los pueblos del Primer Mundo, explotadores de las riquezas mundiales y causantes de la crisis, o los pueblos del Tercer Mundo, proveedores de riqueza y pasivos sufridores?

El concepto de Tercer Mundo ha cambiado mucho desde los años setenta. Algunos países que integraban el grupo que llamábamos Tercer Mundo ya se desligaron de él. En cuanto a los que se quedarán rezagados y a los que mejor les sentaría el nombre de Cuarto Mundo, no parece que tengan presencia política suficiente para hacerse escuchar.

Las salidas a la crisis que han propuesto USA y la UE, ¿plantean una alternativa o se trata de los mismos perros con distintos collares?

Supongo que, en lo esencial, acabarán por llegar a una posición más o menos común. No tienen otra salida.

¿Cuál debería ser la cuestión de fondo: apuntalar un sistema en crisis o resolver las desigualdades y miserias de las mayorías populares (Tercer Mundo) mediante la creación de un nuevo sistema?

No será posible crear un nuevo sistema si no tenemos una alternativa política, y la verdad manda que reconozcamos que no la hay. Los partidos de izquierda, que en realidad no lo son, que llevan años haciendo políticas neoliberales, son la cara moderna de la derecha. La izquierda, con alguna rara excepción sin demasiado peso en el conjunto, se ha hecho el regalo de una operación cosmética que más o menos le mantiene la fachada, pero nada más que eso.

Si la economía está globalizada y la crisis tiene repercusiones negativas globales, ¿cómo es posible que, a la hora de las soluciones, sólo cuenten los países más poderosos y no los que más injustamente sufren sus consecuencias?

Buena pregunta, tan buena que todos nosotros conocemos la respuesta…

¿Cuál sería, a su juicio, una “alternativa verdaderamente de izquierdas”? ¿Dónde está esa izquierda hoy? ¿Y qué poder de transformación tiene?

Eso vengo preguntando, dónde está la izquierda, pero hasta ahora nadie me ha contestado. De ahí que haya dicho que la izquierda no tiene ni puta idea del mundo en que vive. Ahora se está tratando de resucitar a Marx, pero dudo que tengamos gente capaz de una nueva comprensión de las ideas marxianas al tenor de lo que está pasando. No consuela nada decir que Marx no ha tenido nunca tanta razón como hoy…

¿Qué puede aportar a la resolución de la crisis el movimiento antiglobalización o altermundialista que Ud. tan bien conoce?

Ya me gustaría conocerlo bien… El problema está en que las diversas y a veces opuestas facciones que constituyen el movimiento no han sabido o no han querido, en todos estos años, ponerse de acuerdo con vistas a una plataforma común de acción capaz de movilizar la opinión pública. Y sin ella no vamos a ninguna parte.

Cree que los cristianos de base pueden aportar desde la perspectiva del Evangelio una inspiración y un empuje a la necesaria praxis de transformación del sistema: por ejemplo, ruptura de la lógica del capitalismo y del consumo, compromiso con los excluidos…?

Quizá lo puedan, si lo intentan, aunque, con este papa, no creo que se les permita hacer gran cosa.

¿Se puede esperar razonablemente que la crisis pueda conducir finalmente a una “transformación” tan profunda del capitalismo como para que tenga “rostro humano”?

El capitalismo ya tiene la piel dura y además aprendió a gestionar sus propias crisis, sobre todo ahora, cuando no se enfrenta a ninguna alternativa política viable. Ha tenido la suprema habilidad de hacer creer que fuera del sistema no hay salvación…

MARIA GIOVANNA RUGGERI

Benjamín Forcano

Éxodo 97 (ener.-febr.’09)
– Autor: Benjamín Forcano –
 
Maria Giovanna Ruggieri, nacida en 1952, es profesora de instituto desde 1978. Además, esta italiana, licenciada en Lenguas Extranjeras por la Universidad de Roma y ligada desde su juventud a la Acción Católica italiana, tiene la responsabilidad de representar, desde el año 2000, a la UMOFC en la sede de la FAO (Oficina de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación). En 2006 pasa a formar parte, como miembro activo, del Comité de la UMOFC (Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas) y vicepresidenta de esta organización para Europa. A nivel local, Giovanna está muy comprometida con asuntos medioambientales, actividades con inmigrantes y proyectos de carácter solidario.

Desde tu actividad como delegada para Europa de la presidenta de la UMOFC, ¿qué sentimientos primeros te produce la tragedia del hambre en el Tercer Mundo?

Los mismos que hace 50 años expresaron las mujeres de UMOFC: “Nosotras, mujeres del mundo entero, llamadas por la naturaleza a dar la vida, protegerla y alimentarla, no podemos aceptar por más tiempo que las fronteras del hambre se inscriban en nuestro mundo con trazos de muerte”. Nosotras las mujeres nos sentimos especialmente dispuestas ante estas situaciones de necesidad y urgencia, adelantarnos a las instituciones y hacer nuestra, proféticamente, la denuncia de estas situaciones y proponer respuestas adecuadas.

Y, por supuesto, vemos con claridad que esa situación no es efecto de un fatalismo sino del egoísmo y del afán de acumular riqueza. Como cristianos tenemos que hacer examen de conciencia y preguntarnos si vivimos los valores de un cristianismo encarnado o espiritual y separado del compromiso en el mundo. La pregunta hecha por Dios a Caín es actual también hoy para nosotros.

¿Cómo valoras la indiferencia de los gobiernos ante el intolerable crimen del hambre que, según la FAO, mata en 1999 a 30 millones de personas?

Cada año mueren 26 millones de niños por hambre, enfermedades y guerra. En Europa hemos bajado las prioridades y no hemos sabido o no hemos querido identificar las causas que con nuestro trabajo contribuirían a erradicar la pobreza, la explotación sexual, el trabajo forzado/ ilegal, el mercado de los órganos humanos, el mercado de niños obligados a mendigar. El tráfico de personas implica a 127 países y en primera posición a Europa.

Desgraciadamente el hambre hace mucho más tiempo que existe. Todavía hoy no ha desaparecido. Falta voluntad política por parte de todas las naciones.

La Tierra dispone actualmente de recursos para alimentar al doble de sus habitantes: unos 12.000 millones. ¿Cómo se explica que una de cada seis personas pase hambre?

La perspectiva dominante de los países ricos frente al tema de la pobreza es la de quienes ven todo como objeto y mercancía, y usan y tiran según los esquemas del consumismo más frenético. La humanidad pasa hambre como consecuencia de factores económicos que conectan directamente con la extraña defensa de los privilegios conquistados.

En los intentos de solucionar el problema del hambre, ¿qué significan los planes del grupo de los 20?

El grupo de los 20 no quieren que los países del Tercer Mundo adquieran conciencia de sus derechos para mantener sobre ellos un estatus de dominación económica y en todos los sentidos.

¿Se puede hablar, con rigor, de un terrorismo que encubre la gran injusticia del hambre?

Ciento sesenta y cinco millones de niños entre los cinco y catorce años son usados como pequeños esclavos en fábricas, laboratorios, tiendas por un pedazo de hambre. Millones son objeto de tráfico para la prostitución . ¿No es eso terrorismo nacido de las entrañas mismas de la injusticia?

Ciertamente este terrorismo mata personas y los lugares y padrinos son las multinacionales que esquivan las leyes de cada país porque los gobernantes no se ponen de acuerdo en la legislación que controle sus intereses.

¿Cómo juzgas la responsabilidad de las democracias occidentales?

Nosotras venimos resaltando la importancia de la mujer en el mundo rural, su formación, su salud, el aprovisionamiento del agua. En África, India y China más del 89 % de las mujeres trabajan en la agricultura. Según la FAO, si las mujeres recibieran sólo la educación primaria habría un aumento de la producción agrícola del 24 %. En Kenia, por ejemplo, donde las mujeres se han implicado en un proyecto agrícola con instrumentos adecuados, ha habido un aumento de producción del 28 % del maíz, del 80 % de alubias, del 84 % de patatas.

Pero las democracias occidentales no son capaces de hacer una política a partir de los pobres. Por ejemplo, en la cumbre de Madrid los países participantes expresan preocupación por la inseguridad alimentaria global, pero no expresan un compromiso claro para considerar básico el derecho a la alimentación.

¿Hay ídolos en la sociedad moderna que tienen necesidad de las víctimas del hambre?

El hambre es consecuencia de la extrema pobreza y al mismo tiempo perpetúa la pobreza reduciendo la productividad de los individuos y de las naciones. Cuando las personas se alimentan con suficiente comida nutriente para conducir una vida activa y sana, cesan de estar dependientes y empiezan a contribuir al crecimiento y al desarrollo de su propia nación.

La FAO considera que la disminución del número de personas hambrientas en el mundo produciría una ventaja de millones y millones de dólares al año, ya que los millones de personas liberadas de la cadena del hambre empezarían a poseer una vida más larga y productiva. Además, reduciría la mortalidad infantil, mejoraría la salud de las embarazadas, disminuiría el riesgo de enfermedades infecciosas y alargaría la vida de los enfermos VIH/SIDA. Y, al convertirse en más prósperas, las naciones en vías de desarrollo sacarían ulteriores ventajas en calidad de socios comerciales a nivel mundial.

Tristemente, frente a estas posibilidades reales, se da por parte de las sociedades más avanzadas un estado de idolatría por derechos o privilegios adquiridos a los que no quieren renunciar aun a costa del hambre y de la pobreza de los demás. Estos privilegios están sostenidos por una mentalidad egoísta que no nos deja ver los derechos de los demás, las necesidades básicas y el bien común.

¿Algún criterio básico para que tanto las personas como las Iglesias y los Estados nos empeñásemos en construir un mundo sin pobreza y sin hambre?

Un criterio básico: reconocimiento efectivo de la dignidad y derechos de la persona. El mismo Papa en su mensaje para el día mundial de la Paz 2009 dice: “se necesita una fuerte solidaridad global… un código ético común” …”la lucha contra la pobreza requiere una cooperación tanto en el plano económico como en el jurídico que permita a la comunidad internacional, y en particular a los países pobres, descubrir y poner en práctica soluciones coordinadas para afrontar dichos problemas”.

Y un sueño que, con otros muchos, espero que un día se cumpla: “Los gobiernos deben reconocer en muchos débiles un potencial para el desarrollo y no sólo un problema; se debe mirar a la soberanía alimentaria de un pueblo como primer escalón de todo proyecto, pues la biodiversidad, de la que son propietarias las pequeñas familias más débiles, debe ser una propiedad mantenida en sus manos y no expropiada ni vendida a las multinacionales; esa biodiversidad es un poder real de los más pobres en cuanto que la semilla es reproducible por ellos y responde a costumbres alimentarias, lo que tiene que ver también con la salud y la capacidad de crecimiento de las plantas seleccionadas durante siglos por esos terrenos y esos climas. Que sea valorada la riqueza del conocimiento de las mujeres y que adquieran poder a través de la propiedad de la tierra, acceso al agua, la formación, el acceso a minicréditos y a pequeños proyectos que vean resultados concretos. Y que puedan organizarse para vender , empezando en el propio lugar de residencia”.

¿El Dios cristiano se muestra impotente para resolver la tragedia del hambre?

Nuestra responsabilidad es procurar que las mujeres puedan sacar fuera su creatividad, ese “genio” que les es propio y que, las más de las veces, está siendo frenado y mortificado. Ese genio necesita ser reconocido en la Sociedad y en la Iglesia, con su presencia, participación, diálogo, corresponsabilidad y que se mostrará sin duda en la defensa activa de sus derechos y en combate directo contra la violencia de que son objeto.

Es así como entendemos que el Dios cristiano dijera que la creación era responsabilidad y posesión de todos. Jesús de Nazareth nos dijo: “dadles vosotros de comer”. Somos nosotros los que hacemos eficaz o ineficaz este mandato. Es nuestra responsabilidad.

EMPAR PINEDA

Evaristo Villar y Pepa Torres

Éxodo 98 (marz.-abr’09)
– Autor: Evaristo Villar y Pepa Torres –
 
EMPAR PINEDA, una de las mujeres más destacadas del Movimiento Feminista en España, ha vivido en primera línea los acontecimientos más relevantes de la lucha por la liberación de la mujer en nuestro país. Su actividad política proviene de los últimos años de la dictadura, en los que ocupó un papel destacado en el Movimiento Comunista. Participó en la creación de la Coordinadora Feminista de Cataluña y fue fundadora del Colectivo de Feministas Lesbianas de Madrid. En el 2004 recibió el premio Margarita Borrás 2004, que reconoce el esfuerzo de aquellas y aquellos que se han dedicado a la defensa de los derechos de las minorías sexuales. En la actualidad trabaja en la clínica Isadora de Madrid, estigmatizada por los movimientos antiabortistas por su postura ante los déficit de la sanidad pública en cuestiones de género, interrupción voluntaria del embarazo o intervenciones de reasignación de sexo. Es una de las integrantes de la corriente Otras Voces Feministas

La campaña del lince, ¿qué te sugiere?

Es vergonzosa. Se trata de un chavalín de más de nueve meses. Y quieren hacernos creer que es un feto a punto de ser abortado frente al lince protegido. Es el colmo, nos quieren tomar por imbéciles. O les falta talento o les sobra descaro. Me encanta el icono de la corriente que nos llamamos Otras Voces Feministas: se ve una tiara con la leyenda “que se exterminen ellos”.

Se han filtrado a la prensa algunos datos del Comité de Expertos: hasta las 14 semanas para el aborto libre, hasta las 22 con regulación. ¿Qué te parecen estos datos?

Quienes estamos a favor del aborto somos gente que defendemos la vida, y pensamos que los bebés deseados, con posibilidad de ser criados en condiciones adecuadas -no como si fueran crías de conejos o de gallinas- tienen derecho a nacer. Nos importa la vida digna y las mujeres tenemos que ser responsables.

Desde este posicionamiento, Otras Voces Feministas defendemos la posibilidad del aborto hasta la viabilidad fetal, es decir, hasta las 22 o 24 semanas, que es cuando el feto puede ser viable fuera del útero materno. Hasta entonces, que sea la mujer la que decida libremente. A partir de ahí, solo en casos muy extremos, como puede ser el grave riesgo de la vida de la madre o las graves malformaciones o lesiones fetales que darán lugar al nacimiento de un bebé sin autonomía propia ni capacidad cognitiva, etcétera.

Pensamos también que, aun con la posibilidad del aborto hasta esas semanas, el embrión humano es siempre un bien jurídico a proteger. Y, a partir de su viabilidad, debemos mimarlo en todo el proceso hasta el final del embarazo, ayudando especialmente a las madres en situación difícil. Lo que no se soluciona ciertamente -aunque menos es nada- con el cheque de los 2.500 euros. ¡Fuera hipocresías, por favor!

Vivimos en sociedades abortivas de muchas dimensiones de la vida que culpabilizan y pretenden penalizar sólo a las mujeres que interrumpen su embarazo. Las mujeres, se afirma desde la teología feminista, casi nunca eligen el aborto como primera solución de su embarazo. Su primera opción es la maternidad y se llega al aborto cuando la primera opción se muestra inviable. En el seno de la sociedad y del sistema anida una gran hipocresía, ¿no te parece?

Es cierto. Si la sociedad valorase lo que representa un nuevo ser social tendría que rodear de mayor protección todo el proceso de gestación. La mujer que decide responsablemente llevar adelante su embarazo merece un mayor respeto. Lo que se traduce en la necesidad de una información y formación adecuada sobre salud sexual y reproductiva de la mujer y también del hombre. Se trata no sólo de evitar que los embarazos sean imprevistos, sino deseados y planificados humanamente. Es más, se trata de presentar una antropología donde el ser humano, además de otras cosas, es un ser sexuado y sexual; que no tiene por qué vivir la sexualidad como un tabú ni como algo malo, sino como un gozo, una satisfacción, un forma maravillosa de comunicación entre las personas. Y esto exige una sólida educación de la que aún estamos en mantillas.

En mi trabajo profesional me estoy encontrando con educadoras y educadores que están intentando llevar adelante esta difícil tarea en medio de múltiples dificultades que se levantan a veces desde las mismas instituciones. Por ejemplo, en algunos Institutos de Andalucía y con gobierno socialista… Y no hablo ya de dificultades sino de prohibiciones en otras autonomías donde domina una política educativa más conservadora. ¿Hipocresía? ¿Cómo negarla? Pienso que mientras no se logre que entren en el curriculum de estudios como algo natural estos temas que atañen a la salud sexual y reproductiva seguiremos siendo víctimas del miedo, del peligro y del engaño, terreno abonado para los embarazos no deseados y los abortos no queridos.

Hay quienes piensan que el aborto pertenece más al ámbito sanitario que al jurídico, y mucho menos al Código Penal. ¿Se puede llevar a una mujer a la cárcel por el hecho de interrumpir libremente su embarazo?

Yo creo que el aborto no es ningún delito. Deberían quedar en el Código Penal sólo aquellos abortos provocados contra la voluntad de la mujer. Esto sí sería un delito real. Para mí el límite estaría en las 22 o 24 semanas para poder abortar por decisión libre de la mujer. Porque eso es aborto para la Organización Mundial de la Salud. Luego quedarían esos casos de grave malformación o lesión fetales de los que ya hemos hablado.

Me da pena y coraje que a la ministra de Igualdad se le llene la boca diciendo que ninguna mujer irá a la cárcel con la propuesta del Comité de Expertos. Pues no es verdad, porque, mientras siga en el Código Penal el artículo 145, la mujer podrá ir a al cárcel. La razón es muy sencilla: por un aborto fuera de ley se le condenara a la mujer a pagar una multa; pero, si no paga la multa, irá a la cárcel.

El Movimiento Feminista ha impulsado campañas de autoinculpaciones bajo el lema “Yo también he abortado”. Imaginemos que hay una campaña en contra de pagar la multa por un aborto fuera de ley. Pues irán a la cárcel. No se puede engañar a la gente. Somos ciudadanos, no súbditos.

¿Piensas que los límites que se han filtrado desde la Comisión de Expertos sobre la posibilidad de interrupción del embarazo van a subsanar los desajustes de la actual legislación en el tema?

Yo creo que para “este viaje no hacían falta estas alforjas”. Con la legislación actual, que data ya desde el 1983 y que fue refrendada por el Constitucional en el 1985, no se respeta la libre decisión de la mujer. Es interesante recordar, a este propósito, la incoherencia de un partido político como el PP que ahora se presenta como el máximo defensor de la legislación actual. Pues resulta que, en aquel entonces, cuando se llamaba Alianza Popular, presentó con sus 50 diputados y senadores un recurso de inconstitucionalidad. Pero el alto tribunal falló a favor de la constitucionalidad de la ley.

Pero en la actual ley siempre tiene que haber algún facultativo que dé el visto bueno, el nihil obstat en versión médica a la decisión de la mujer. También es cierto que una mujer puede abortar sin límite. Basta con que cuente con el placet médico. Y esto es lo que se está haciendo actualmente. Por ejemplo, desde el punto de vista de la salud psíquica, si un psiquiatra juzga que, de seguir adelante con el embarazo, esa mujer puede sufrir patologías psiquíatricas, la mujer podrá abortar en cualquier momento de su embarazo. De hecho, hay mujeres que abortan en este país con 23, 24 semanas, aunque son poquísimas, ni siquiera llegan al 1% del total de mujeres que abortan.

Lo que es intolerable es lo que está pasando con las mujeres a las que se les anuncia la malformación fetal grave a las 28, 30 o 32 semanas. Que ante tal despropósito los políticos y los jueces se lleven las manos a la cabeza cuando la legislación vigente está amparando esa práctica, parece hipócrita.

¿Y qué opinión te merece la propuesta de los 16 años sin consentimiento paterno?

Yo estaba conforme con que se le reconociera a la mujer la posibilidad de decidir a los 16 años. Pero, por lo visto, ahora la ministra está reculando. Habla de sí, pero acompañada de alguien mayor de edad, sea quien sea. Esto se presta a la risa. Imagínate, camino de la clínica (y digo de la clínica porque la sanidad pública va a seguir igual) se encuentra con alguien mayor de edad y le dice: ”¿te importaría acompañarme…?”.

Siempre que se ha intentado ampliar la Ley del aborto, los antiabortistas, los pro-vida, junto con la jerarquía de la Iglesia católica y el PP han armado la marimorena. Y una se pregunta, ¿por qué el Gobierno no se decide de una vez por todas a plantarles cara apoyándose en la mayoría de la ciudadanía y el resto de fuerzas de la izquierda? ¿Por el miedo al Vaticano, a la jerarquía católica española, a perder dos millones de votos? Esto me indigna porque no se puede jugar con el dolor de tanta mujer.

En el debate sobre el aborto y su legislación ¿qué aspectos te producen mayor indignación por ser humillantes y dolorosos para la mujer?

Quizás el más importante sea el no reconocimiento de la autonomía y capacidad de decisión en la mujer. Nunca se me olvidará que, a la muerte de Franco, una de las primeras cosas contra la que tuvimos que luchar en el Movimiento Feminista fue contra las leyes franquistas falsamente proteccionistas de las mujeres. Eran leyes que nos sobreprotegían privándonos de autonomía. Pues bien, que a estas alturas el Gobierno socialista plantee, como se ha filtrado del Comité de Expertos, tres días de reflexión para una mujer que ya ha decidido abortar, me parece volver a caer en el falso proteccionismo. Si es para informarle al oído de las ayudas que tendrá si mantiene su embarazo, me parecería indignante. ¿Por qué no hacerlo a todo el mundo por los medios de comunicación pública? Necesitamos autonomía, no protección.

Otro elemento importantísimo sería este: abortar no es una intervención cualquiera, es un acto siempre extraordinario. No voy a dramatizar sobre el tema porque cada mujer va a esta intervención de acuerdo a su psicología, ideología o creencia. Pero no quiero ignorar que hay mujeres que sufren mucho con la interrupción de su embarazo. Conozco por oficio muchos casos en los que se le ha dado la triste noticia de la grave malformación fetal después de las 24 o 26 semanas.

No sé por qué se corrió la voz de que yo tenía acceso a la red sanitaria pública francesa y bastantes parejas se han estado poniendo en contacto conmigo durante los últimos años. Con ellas he establecido una relación muy estrecha. Y he podido constatar no sólo el dolor sino también la desprotección y desamparo en que se encuentran aquí entre nosotros. Pero hay algo más, he constatado también la hipocresía de un sistema sanitario como el nuestro que paga a la sanidad pública francesa hospitalización, gasto clínico y médico de la intervención que ella misma no es capaz de hacer a través de su red hospitalaria pública.

¿Qué piensas del documento “por una maternidad libre y un aborto seguro” de la Coordinadora Feminista? ¿Cuáles son sus propuestas de mayor calado?

Quizás el título sea lo más logrado. Quiero añadir que, cuando comenzamos el Movimiento Feminista, nosotras decíamos “por una maternidad libre y deseada“ (que cierra mejor el asunto) “y por un aborto seguro”.

Son mis viejas compañeras, y, sin embargo, tengo discrepancias con ellas. Ellas no quieren poner plazo a la libre decisión de la mujer y yo sí. Yo creo que hay que llamar a la responsabilidad de las mujeres. Yo no creo que se deba abortar en cualquier momento de la gestación, salvo en casos muy justificados. Mi ética no me permite abortar en cualquier momento. A ver quién es la guapa que le dice al ginecólogo o ginecóloga: “me he despistado, se me han acelerado las semanas y estoy de 30 o 32 semanas y quiero abortar”. ¿Qué puede hacer el ginecólogo? Vamos a ver, que en los comienzos del Movimiento, cuando luchábamos a brazo partido para sacar el aborto del Código Penal, no concretáramos más, me parece normal. Fue entonces necesario. Pero ahora las cosas han cambiado y tenemos mucha más experiencia. Es más, la OMS llama aborto hasta las 22 o 24 semanas; al resto ya no lo llama aborto.

En el conflicto entre la objeción de conciencia por parte del personal sanitario y la obligación de prestar este servicio por parte de la administración pública, ¿por dónde habría que inclinarse a tu juicio?

Yo soy partidaria del reconocimiento de la objeción de conciencia. Hay motivos por los que una persona puede sentirse impedida para prestar este servicio. Pero también tiene que haber garantía por parte de las instituciones públicas de que la existencia de personal sanitario objetor no pone en riesgo el derecho de la mujer a interrumpir su embarazo. Las autoridades sanitarias deben legislar la objeción de conciencia, pero también garantizar el servicio. No se puede perpetuar lo que está pasando actualmente en algunos centros hospitalarios donde es objetor todo el servicio de ginecología y obstetricia. No se puede olvidar que la Constitución que reconoce el derecho a la objeción de conciencia se refiere a un derecho individual, no de un servicio.

¿Cuál es el verdadero problema que yo he investigado a fondo? No es el hecho de que sea objetor o no el personal sanitario de los hospitales públicos. El verdadero problema está en que lo sea el jefe de servicio de ginecología y obstetricia. Los jefes son quienes deciden si en su servicio se puede hacer o no el aborto. En esta situación, no le puedes exigir heroicidades al personal subalterno, que, en verdad, tampoco se siente apoyado por la propia institución. Aún no se les ha borrado de la memoria a los sanitarios la campaña de acoso y desprestigio que la derecha y el Opus Dei desplegaron en Pamplona contra la Dr. Elisa Sesma que, a raíz de la aprobación de la ley, hizo el primer aborto legal en el hospital público Virgen del Camino. La campaña fue tan dura y despiadada que incluso difundió octavillas con la foto de Elisa y la leyenda “Primer asesinato legal en Navarra”. Y ¿qué hicieron las autoridades sanitarias entonces? Absolutamente nada. Ninguna salió en su defensa. Si no hubiera sido por la campaña que hicimos entonces el Movimiento Feminista, la doctora Sesma hubiera dado con sus huesos en la cárcel.

Entonces, “ vente a mi clínica privada”, puesto que hacerlo en un centro público de la Seguridad Social resulta tan difícil…

Es lo que se está haciendo. En tiempos de Felipe González, el Parlamento Europeo mostró su preocupación por la cantidad de ginecólogos de las clínicas privadas procesados por aborto. El presidente González, para resolverlo anunció que se iban a crear seis unidades de reproducción en seis hospitales públicos. En ellas se harían abortos y también fecundación asistida, incluyendo la fecundación in vitro. La intención parecía evidente: atraer a los ginecólogos a la sanidad pública. Pues bien, de las seis propuestas, sólo se creó una, la del Hospital Príncipe de Asturias en Alcalá de Henares. Pero tenemos que añadir que en ese hospital, el anestesista era objetor de conciencia. Por eso en Alcalá de Henares no se hacían más abortos que hasta las 12 semanas. En definitiva, la historia del aborto en nuestro país es una historia de hipocresía. Es cierto que vivimos en sociedades complejas donde la organización de la convivencia y los servicios públicos no son apreciados por todos de la misma manera. Mi ética social me lleva a defender a capa y espada una sanidad pública donde sea posible dar un trato digno a la mujer durante todo el proceso de su embarazo y gestación.

¿Qué es lo que le está faltando a la sanidad pública para poder ofrecer en ginecología y obstetricia un servicio digno, eficaz y seguro?

Para que los abortos puedan hacerse en los Centros hospitalarios y ambulatorios de la sanidad pública tiene que haber, en primer lugar, mucha voluntad política. Ello exigiría introducir cambios sustanciales en los planes de enseñanza de la medicina porque actualmente no se enseña cómo abordar técnicamente el aborto en las facultades de medicina.

Luego, se necesitan recursos. No se puede solucionar ni técnica ni humanamente el aborto sin viabilidad hospitalaria. El aborto no admite listas de espera. Es necesario contar con los ambulatorios que, bien equipados, podrían asumir perfectamente el aborto hasta las 12 semanas.

Finalmente, como en materia sanitaria las transferencias ya están hechas, el color político del cada gobierno autonómico se muestra muy diferente ante este tema. Teniendo esto en cuenta y manteniendo que es un problema que compete fundamentalmente a la sanidad pública, ésta podría llegar a conciertos puntuales con los centros privados, como se está haciendo ya en Andalucía.

La presencia de los y las migrantes ¿está complicando las cosas?

Hay algunos datos que conviene tener en cuenta, por ejemplo, que con la llegada de inmigrantes se ha incrementado el número de abortos; que en la comunidad de Madrid más del 50% de los abortos que se practican son de inmigrantes; que el 25% de los abortos que se han hecho durante el año 2008 en la Comunidad de Madrid los ha financiado la sanidad pública.

A pesar de estos datos, no se puede ignorar que las inmigrantes siguen teniendo muchas dificultades de acceso al sistema sanitario español. Además del frecuente rechazo del médico de atención primaria, la demandante tiene que enfrentarse a una evidente falta de protocolo entre la atención primaria y la llegada al ginecólogo. En honor a la verdad, hay que decir que este problema no representa la misma dificultad para las latinoamericanas y procedentes del Este europeo que para el resto. En unos casos la lengua y en otros la información les ayudan a superar mejor las dificultades.

Un caso muy especial han representado últimamente las mujeres rumanas que han tenido el aborto como método anticonceptivo. Conozco muy bien las dificultades de las trabajadoras sociales del Centro de Especialidades de Carabanchel ante el hecho de tener que enfrentarse ante la repetición del aborto por la misma persona. Gracias al tesón de estas trabajadoras sociales, apoyadas por las funcionarias del servicio de IVE se están consiguiendo algunas cosas. Por ejemplo, acercar a estas mujeres a un plan de control de la natalidad y de planificación familiar. Además, se ha conseguido que el Servicio Madrileño de Salud haya comenzado a financiar inicialmente los abortos con menos recursos, y luego, a través de la intervención del Defensor del Pueblo, de toda mujer emigrante o nativa que decida abortar dentro del marco de la legalidad vigente.

No obstante (y sigo hablando de la praxis en la Comunidad de Madrid), el procedimiento a seguir por una embarazada que quiere interrumpir voluntariamente su embarazo conforme a ley y que sea financiado por la sanidad pública es realmente endiablado. No le puede resultar fácil a una mujer inmigrante que tiene que enfrentarse a tantas dificultades de golpe. Es un protocolo de largo recorrido que complica enormemente el problema. Se precisa un informe psiquiátrico que se debería hacer inicialmente en los Centros de Especialidades del Servicio Madrileño de Salud. Pero como el servicio psiquiátrico de estos centros suele resistirse a hacer informes para abortar, la tarea se traspasa a las clínicas privadas. Se hace luego una ecografía de la gestante. Y con estos informes, el Centro administrativo de la calle Sagasta, 6 autoriza la financiación pública y remite a la mujer a una de las clínicas privadas. El tesón de las trabajadoras sociales y el apoyo de los y las funcionarias de la calle Sagasta han conseguido que todo este proceso sea financiado por la sanidad pública. Pero, ¿cómo puede realizar este recorrido una inmigrante que puede ser, además, trabajadora doméstica? Verdaderamente complicado porque son muchos días y muchos permisos laborales.

A propósito, ¿cómo acabó el conflicto con la clínica Isadora?

No ha acabado, no se ha cerrado aún el sumario. Es increíble, el juez Sierra facilitó que se presentaran como acusación particular todos los grupos antiabortistas, neonazis y demás. Entre ellos, Alternativa Española. Nosotros la rechazamos porque, entre otras razones, iba a tener acceso al sumario, y, con ello, a los nombres de las mujeres que habían abortado en Isadora en aquel tiempo. Recurrimos la autorización por defecto de forma a la Audiencia Provincial. Y, curioso, ante este recurso, el juez dejó en suspenso la autorización. Pero lo curioso es que el juez tendrá que cerrar de alguna manera el sumario llevando el caso hasta la vista oral con estas personaciones o con otras, porque él no ha encontrado nada de qué acusarnos y tampoco el fiscal. Y así estamos.

¿Qué conciencia tienes de las discrepancias que existen dentro de la Iglesia católica sobre este tema?

Estoy muy al tanto y las sigo con interés. No me resulta tan ajeno este ambiente, pues yo hice en San Sebastián el primer Curso de Teología para seglares con participación de Álvarez Bolado, Ricardo Alberdi, Rafael Belda, etcétera. Desde mi actual posición de agnóstica pero de antigua creyente, deseo que los cristianos tiréis para adelante. Hoy más que nunca es necesaria vuestra presencia cristiana frente a esa jerarquía vaticana que lo que está haciendo es llevar por delante lo más hermoso del Evangelio de Cristo. ¡A ver si así posibilitáis que mucha gente recuperemos la fe!

RAFAEL AGUIRRE

Juanjo Sánchez y Evaristo Villar

Éxodo 99 (mayo-jun.´09)
– Autor: Juanjo Sánchez y Evaristo Villar –
 
I. CONTEXTO RELIGIOSO, SOCIAL, CULTURAL

¿Compartes nuestra opinión –y preocupación– de que la Biblia (y no menos otros “textos sagrados”) es actualmente una fuente de violentos fundamentalismos, de peligrosas “legitimaciones” que impiden la liberación humana y la convivencia ciudadana en el mundo?

Una lectura literalista de la Biblia, que la toma al pie de la letra, sin contextualizarla en la cultura de su tiempo y sin recontextualizarla en lo que puede significar en la cultura contemporánea es sumamente peligrosa. Puede utilizarse como legitimación de la violencia y también puede dar pie para visiones incompatibles con la ciencia moderna, pensemos en el caso típico del “creacionismo”, basado en tomarse al pie de la letra el relato de la creación del Génesis, pero sin captar su género literario, su carácter mitológico que transmite una visión religiosa de la realidad, muy profunda antropológicamente por cierto.

En una lectura cristiana de la Biblia se parte de la fe en Jesucristo como palabra decisiva de Dios en la historia a cuya luz se ve el conjunto de la Biblia, como preparación y explicitación de este hecho fundamental, y que en no pocos casos impone la corrección y la crítica de muchas afirmaciones. Por otra parte, una lectura de la Biblia sin la mediación de la razón universalmente compartida es peligrosa: se usa, a veces, para legitimar autoridades, empresas militares, posturas irracionales, quimeras históricas. Ahora bien, el mensaje evangélico, que acepta la mediación de la razón y, por tanto, debe encontrarse a gusto en una verdadera democracia, propone unos valores que son razonables y humanizables, pero que no se imponen por la mera fuerza de la lógica, no pertenecen todos a la racionalidad comúnmente compartida, sino que van más allá (el perdón, la no violencia, la fidelidad en el amor matrimonial…). Estos valores evangélicos hay que saber proponerlos de forma positiva, mostrando su carácter humanizador y su capacidad de ser universalizados, pero sabiendo que, por su propia naturaleza, presuponen una opción libre, que se degrada cuando se pretende imponer. En nuestra sociedad estos valores se proponen en diálogo en el ágora pública y no se proclaman desde la altura de un púlpito.

¿Estás de acuerdo en que estas peligrosas consecuencias del trato con los “textos sagrados” se deben, al menos en gran medida, a una lectura literal, acrítica, dogmática, incluso “iluminada” (es decir, fanática) de los mismos por parte de una inmensa mayoría de creyentes (de una y otra y otra religión…)?

Sí estoy de acuerdo. Pero no diría que la inmensa mayoría de los creyentes cristianos hacen una lectura acrítica y dogmática en el mal sentido de la palabra. Es verdad que hay un problema muy serio: no se trasladan al pueblo creyente los avances que son ya patrimonio de la exégesis científica. Estoy convencido que la inmensa mayoría de la gente acepta estas cosas sin dificultad, cuando se les explica bien, con claridad y pedagógicamente; más aún lo ven como razonable y liberador. Cuando se habla de “no escandalizar la fe de la gente sencilla”, la mayoría de las veces se expresa el deseo de mantenerles en la ignorancia, de impedir un laicado adulto y bien formado porque se piensa que va a ser más difícil de gobernar. El crecimiento en la fe debe suponer siempre –y estoy hablando en la mejor tradición católica– un crecimiento cultural. La crítica moderna de la Biblia vuelve a ser vista en nuestros días por sectores muy importantes de la Iglesia con desconfianza y como amenaza para la fe. Creo que se equivocan: abre posibilidades a la fe en nuestra cultura.

No me meto con lo que sucede con la lectura del Corán, porque no soy experto en la materia y, además, esta entrevista se alargaría demasiado. Pero es evidente que está muy extendida una lectura fundamentalista, que considera que el libro fue dictado literalmente por Dios, de forma que es un libro no inspirado (como se dice en la teología católica de la Biblia), sino revelado y, por tanto, intocable. El intentar colonizar todas las dimensiones de la vida personal y social con unos mandatos divinos expresados inmutablemente en un libro conduce a los peores desvaríos. Por eso son tan meritorios quienes se esfuerzan por introducir la crítica en la lectura del Corán. Se suele decir que “es peligroso el hombre de un solo libro”. Y es verdad, sobre todo si a ese libro se le da un valor sagrado.

¿Sería, pues, una nueva lectura crítica, bien formada, incluso que tenga en cuenta la “tradición” de cada comunidad creyente, una de las grandes y urgentes tareas de este momento histórico?

Sí y creo que he respondido en la pregunta anterior. Añado que trasladar a la gente sencilla los avances de la exégesis científica no es una tarea muy complicada. Primero porque la gente no es tonta. Después porque se trata de proporcionarles unos elementos que les permita situar los textos y no verlos de forma anacrónica. La lectura popular de la Biblia que se hace en muchas comunidades cristianas de Latinoamérica realiza esta tarea. Ha habido buenos exegetas que han estado al servicio de estas comunidades y destacaría a Carlos Mester: se expresa con gran claridad, anima una lectura que llega a la gente, pero fomenta el sentido crítico y detrás de su forma de leer la Biblia hay una hermenéutica muy bien articulada. El sentido de la tradición es también muy importante y, en el fondo, es tomarse en serio el carácter comunitario de la lectura de la Biblia. Aunque la leamos solos y encerrados en nuestra habitación participamos de una corriente vital que ha leído e interpretado la Biblia y que nos condiciona. Confrontamos nuestra lectura con quienes la leen tras haber hecho estudios especializados, con otros cristianos que han descubierto resonancias distintas porque su situación vital es diferente, con otros que se preocupan de transmitirnos los ecos más válidos de nuestra propia tradición. El concepto de tradición no debe usarse como una coraza que nos inmunice a la novedad que podamos encontrar en la Biblia, pero sí para hacernos caer en la cuenta que participamos en un diálogo con interlocutores muy variados en el tiempo y en el espacio, y que nos ayudan a comprender mejor las posibilidades de los textos. Y los pobres tienen una palabra muy cualificada en este diálogo, como decía Jesús: “te doy gracias, Padre, porque has ocultado estas cosas a los sabios y se las has revelado a la gente sencilla”.

II. LA BIBLIA COMO “LIBRO” O TEXTO SAGRADO

Una obra como la Biblia (y podríamos decir lo mismo de otros “textos sagrados”), en la que se han puesto tantas manos, durante tantos siglos, en contextos históricos y culturales distintos, ¿puede mantener alguna coherencia interna? ¿Dónde estaría, a tu parecer, esa coherencia en la Biblia? ¿Dónde su mayor incoherencia?

El creyente cristiano lee la Biblia como testimonio de Jesucristo, como camino que, entre mil titubeos y contradicciones, se dirige hacia él y como expresión de lo que supuso en la existencia de sus primeros testigos. Así se descubre una profunda coherencia interna, en medio del pluralismo y de las contradicciones del camino. Si prescindimos de este criterio teológico, la Biblia es el testimonio de la memoria colectiva del pueblo de Israel, que se ha ido fraguando a lo largo de muchos siglos, con el proceso de idealización de la propia historia, de recopilación de las tradiciones variadísimas que fueron surgiendo en ese pueblo (tradiciones históricas, sapienciales, proféticas, poéticas…). Hay una constante: conferir identidad a un pueblo pequeño y amenazado siempre por los grandes imperios que le rodeaban. La memoria está siempre al servicio de la identidad en el presente del grupo que recuerda. Cuando estas tradiciones se convierten en literatura, fenómeno bastante tardío, le fe en Yahvé, Dios del pueblo, es un patrimonio común de todos los libros, aunque existe una graduación en la importancia que se confiere a cada uno de ellos. Si miramos a la Biblia hebrea, se me ocurre que la resistencia antiimperialista es uno de los hilos conductores claves, capaz de recoger más y mejores tradiciones bíblicas. Había que resistir contra Egipto, contra las ciudades cananeas, contra los asirios, contra la coalición de Efraín con Damasco, contra Babilonia, contra los persas, contra los seleúcidas, contra los romanos… La tentación era confiar en el poder, desconfiar de Yahvé, llegar a alianzas con el imperio, aunque también se evita la resistencia suicida… Creo que Jesús hereda y desarrolla algo muy profundo en la tradición de su pueblo.

¿En qué sentido decimos –podemos decir– que la Biblia es “palabra de Dios”, “revelación”…? ¿O se trata, realmente, de la “experiencia” que los humanos creyentes han hecho de lo que “interpretaron” como tal, como revelación…?

Tema complicado. Antes ya he dicho que la Biblia no es un libro revelado, como el Corán para los musulmanes, sino inspirado, lo que no elimina la autonomía de los autores humanos y, por tanto, deja el campo libre para un estudio crítico por parte de los creyentes. La Palabra de Dios para los cristianos es Jesucristo, la palabra de Dios en cuanto manifestación decisiva de Dios en la vida y la persona de Jesús. En el centro del judaísmo está el pueblo; en el centro del islam está el Corán; en el centro del cristianismo está la persona de Jesucristo. “Palabra de Dios” es una audaz expresión que se dice analógicamente según que acerque o sea testimonio de Jesús, la Palabra de Dios hecha carne.

La Biblia da testimonio escrito de la revelación de Dios en la historia. Las intervenciones de Dios en la historia se verifican a través de experiencias humanas que dan testimonio de ellas. Todas estas experiencias participan del carácter de palabra de Dios analógicamente como ya he dicho, pero también obviamente de una forma limitada y parcial como es siempre el discurso y la experiencia humana del misterio de Dios trascendente.

El texto escrito de la Biblia puede ser letra muerta pero puede convertirse en palabra de Dios cuando se lee con fe, con el corazón abierto a la acción del Espíritu y con la disposición de “escuchar lo que Dios dice hoy a la Iglesia”, como dice reiteradas veces el Apocalipsis.

La Constitución Dei Verbum del Vaticano II dice que “Dios que habló en otros tiempos, sigue conversando siempre con la Esposa de su Hijo amado” (nº 8); “en los libros sagrados, el Padre, que está en el cielo, sale amorosamente al encuentro de sus hijos para conversar con ellos” (nº 21). Es decir, los cristianos nos relacionamos con un Dios vivo, que sigue dirigiéndose hoy a nosotros. De lo que se trata es de discernir lo que Dios dice a su Iglesia y a cada uno de los seres humanos. Digo “discernir”. La Palabra de Dios no se deduce a partir de unos principios teóricos (no proporciona recetas ya hechas de una vez para siempre), sino que se discierne en la historia, escrutando lo que el Concilio llamaba “los signos de los tiempos” y en esta tarea, teológica y espiritual, la confrontación con la Sagrada Escritura juega un papel fundamental. La comunidad creyente lee la Biblia en ambiente de fe, descubre lo que significó esa Palabra de Dios en el pasado, y que es canónica, es decir norma que nos ayuda para ver cómo la Palabra de Dios ilumina nuestra realidad, corrigiéndonos, animándonos, procurando fuerza y esperanza, suscitando respuestas creativas, etc. Aquí entra toda una delicada tarea que es la actualización del sentido del texto del pasado. Hay que evitar el arcaísmo, pero también el subjetivismo a la hora de actualizar. Un texto de hondura humana, lo que llamamos un clásico, siempre dice mucho a todas las generaciones. Con su propia especificidad, pero algo similar sucede con la Biblia. Pese a todas las diferencias culturales y temporales podemos dialogar muy fructíferamente con Pablo, con Juan, con Marcos…: ellos son nuestros ancestros en la fe, estamos en comunión con ellos y su experiencia de Dios y de Jesús nos resultan especialmente interpelantes, pueden convertirse en palabra de Dios para nosotros.

Aceptando que en esa “experiencia” se da “revelación”, ¿es válida universalmente y para todos los tiempos? ¿Dónde termina la “palabra de Dios” y comienza la “interpretación humana”…?

La Palabra de Dios se da en palabras humanas. Dios se dirige realmente a nosotros en la Biblia a través de autores humanos. La Palabra de Dios responde a la economía de la encarnación esencial al cristianismo. En las palabras humanas y a través de ellas es como tenemos los creyentes que encontrarnos con la Palabra de Dios. Las expresiones escritas de la Palabra de Dios son limitadas, no abarcan ni de lejos la riqueza del misterio de Dios. Se abre, además, un complejo problema hermenéutico, en el que no es cuestión de entrar ahora. Si todo autor humano de una obra literaria de hondura humana, por ejemplo un poeta, dice con sus palabras más de lo que conscientemente está diciendo y su texto va desarrollando las riquezas de sentido con las lecturas de tiempos posteriores, también lo que Dios dice a los creyentes a través de los autores bíblicos puede ir más allá de lo que éstos conscientemente están diciendo a las comunidades a las que se dirigen. Cuando un texto bíblico se po- V I S e n t r e v i s t a ne en relación con el conjunto de la Biblia o se le lee a la luz de lo que la tradición ha visto en él (por ejemplo el Cantar de los Cantares es un bellísimo poema erótico que recibió, sin perder un ápice de su realismo humano, un sentido espiritual para expresar la relación de amor entre Dios y los humanos: pensemos en las lecturas de San Juan de la Cruz o de Fray Luis de León) o se le ve a la luz de nuevas experiencias humanas puede ofrecer sentidos nuevos. Insisto en que hay que evitar lecturas arbitrarias y puramente subjetivas y el sentido literal y originario del texto debe servir de control para las actualizaciones posteriores, que deberán guardar alguna coherencia con él.

La Biblia exige siempre un diálogo intercultural, es decir meternos en su mundo cultural, en la problemática de sus comunidades, no imponer en la lectura nuestros modelos culturales, lo que sería incurrir en etnocentrismo, pecado capital de la cultura occidental, que se cree el paradigma de lo humano sin más. En la Biblia hay también muchos elementos transculturales, sobre todo en la poesía y en la literatura sapiencial: las quejas del justo en los salmos, la búsqueda de Dios del sabio… El lenguaje de la Biblia, por su mismo carácter narrativo y poético creo que tiene una capacidad de actualización y una validez mucho mayor que el lenguaje teológico posterior mucho más encorsetado culturalmente. La lectura de la Biblia como Palabra de Dios es siempre actualizante y es una tarea delicada como delicado es siempre acercarse al misterio de Dios. Se requiere lectura inteligente, actitud abierta al Espíritu, clima de oración, contexto comunitario.

De lo que no voy a hablar porque me estoy extendiendo demasiado es de la posibilidad de una lectura religiosa y espiritual de la Biblia, pero no estrictamente creyente; ni tampoco de qué sentido puede tener reivindicar una revelación especial de Dios expresada por los textos escritos de la Biblia y su relación con otras religiones que pueden tener también sus libros sagrados.

III. PARA UNA LECTURA CRÍTICA ANTE LOS RETOS DEL PRESENTE

¿Y “la Biblia tenía razón…”? ¿Puede presentarse la Biblia (u otros textos sagrados) como un camino “diferente” al de la ciencia en la búsqueda de la verdad? ¿Cómo debe ser la relación entre ambas fuentes de verdad?

Costó mucho deslindar la competencia de la Biblia como portadora de un mensaje religioso de sus concepciones cosmológicas, por ejemplo, que eran las propias de su tiempo y que resultan incompatibles con la ciencia moderna. Juan Pablo II pidió perdón públicamente por la actitud de la Iglesia en el caso Galileo. El Concilio Vaticano II dice muy bien que lo que se encuentra en la Biblia es la verdad en lo referente a nuestra salvación (Dei Verbum 11). En efecto, lo que de modos diversos y, en buena parte, de forma progresiva encontramos en la Biblia es el testimonio de la autorrevelación y de la entrega de Dios a los seres humanos a los que quiere hacer partícipes de su amor y de su vida. Lo importante no es que la Biblia informa sobre Dios, dice cosas sobre Él, sino esencialmente que es Él mismo quien asume a los seres humanos y, de algún modo, a toda la creación para que participen de su vida divino-amorosa. Se puede estudiar la antropología y la cosmovisión de los diversos libros bíblicos, como de cualquier otra obra de la antigüedad, por supuesto, pero lo que tiene un valor permanente para el creyente es su mensaje religioso en los términos descritos. Es una aberración usar la Biblia como una alternativa a lo que dicen las ciencias sobre el origen del universo. La fe en la creación se sitúa en otro plano. También se excedería de su competencia una visisón científica que pretendiese negar la posibilidad de que Dios establezca una relación con los seres humanos. Esta última yo la pienso como plenamente respetuosa con las leyes de la naturaleza que no son competidoras de la forma de actuación de Dios, que es de un orden trascendente y totalmente distinto. Creo que en todo esto se han superado muchos malentendidos, pero aún persisten dificultades a la hora de pensar en lo que se suele llamar intervenciones de Dios en la historia. El problema es superar los antropomorfismos sin diluir la realidad de la acción de Dios.

Hay datos en el Antiguo Testamento que se encuentran confirmados por testimonios extrabíblicos. Por ejemplo la campaña del rey asirio contra Judá con la conquista de Lakis se encuentra en los anales del rey Senaquerib y en los detallados y bellísimos relieves de su palacio, que actualmente se pueden admirar en el British Museum de Londres. Pero es un error lo que llamaría “el concordismo apologético”, intentar justificar el valor de la Biblia a base de mostrar la corrección histórica de sus afirmaciones. En primer lugar, porque no es posible hacerlo; por poner sólo un ejemplo, la arqueología, que ha trabajado con especial interés en Jericó, no descubre ninguna destrucción de esta ciudad en el tiempo que la Biblia atribuye a la conquista por Josué. La Biblia tiene numerosas referencias históricas, pero sus relatos pueden estar idealizados, sintetizados o simplemente equivocados. En segundo y definitivo lugar, porque cuando se habla de la verdad de la Biblia no se está refiriendo a su valor como libro histórico, sino al valor de su mensaje religioso considerado de forma complexiva.

¿Qué puede aportar una buena lectura de la Biblia (y de otros textos sagrados) al imprescindible y urgente diálogo interreligioso? ¿O no es ella misma un obstáculo a ese diálogo?

La Biblia puede leerse legítimamente de formas diferentes y esto vale para el diálogo interreligioso. Se puede leer como un libro religioso, que es patrimonio de la humanidad y no monopolio de las iglesias cristianas. Por tanto hay una lectura religiosa, que llamaría abierta por contraposición a la canónica que presupone el valor específico que a la Biblia le atribuye la fe cristiana y que conlleva también unos criterios teológicos propios de interpretación. Isaías, el Génesis, los Salmos, los Evangelios se pueden leer como textos en los que se expresa una profunda experiencia religiosa, que se confronta y dialoga con otras experiencias religiosas. Al nivel de la experiencia, la de los místicos, la religión une; al nivel de las ideologías, la de los teólogos, se discute; al nivel de las autoridades religiosas, las que controlan las instituciones, se pelea. En el diálogo interreligioso se debe explicitar la dimensión experiencial del encuentro con Dios que atraviesa, con luces y sombras, la Biblia. También me parece que en este diálogo se debe hacer presente cómo es posible leer críticamente un texto sagrado y no solamente no perder la fe, sino purificarla y abrirle nuevas posibilidades. Ningún texto sagrado de la humanidad ha sido sometido a estudios críticos tan rigurosos como la Biblia. El diálogo interreligioso debe plantearse la incorporación de la racionalidad humana en el seno mismo de las diversas experiencias religiosas y en esto creo que una lectura creyente y crítica de la Biblia puede hacer una aportación muy valiosa. Si los textos sagrados se toman acríticamente, además de desacreditar culturalmente a la religión, pueden resultar muy peligrosos socialmente.

¿Puede aportar la Biblia –un texto impregnado todo él en gran medida por una cultura “patriarcal” y “kyriarcal” (de desigualdad, sometimiento…)– algo esencial y positivo a la liberación de la mujer? ¿Bastaría el cambio de género de Dios…?

Es claro que la Biblia procede de una cultura patriarcal. Pero en un conjunto tan amplio y heterogéneo de libros se han colado algunos elementos contraculturales en los que la mujer juega un papel descollante. E incluso en el resto de los textos aparecen, con frecuencia, mujeres con una función muy importante, como las matriarcas, Miriam, la hermana de Moisés, Débora, Judith, Ruth, Esther… Existe hoy lo que se llama una hermenéutica feminista, variante de la hermenéutica de la sospecha, que descubre las huellas de las mujeres, tantas veces interesadamente ocultadas, pero que tuvieron una presencia y peso enorme. Y no digamos nada de la presencia de las mujeres en los evangelios y en las cartas auténticas de Pablo. Recuperar la historia de las mujeres, ignorada por una cultura patriarcal (la del tiempo en que se escribieron los libros, pero también la de los exegetas que tradicionalmente han estudiado científicamente los textos), abre posibilidades nuevas para las mujeres cara al futuro de quienes se consideran herederos de la tradición bíblica. El relato de la creación del Génesis afirma con gran penetración antropológica que quien es imagen de Dios es el ser humano en cuanto constituido por varón y mujer.

Dios es un misterio que supera nuestros conceptos, nuestras instituciones y, por supuesto, las diferencias de género. El problema es que cuando pensamos en Dios, cuando recurrimos a conceptos para pensarlo necesariamente tenemos que echar mano también de imágenes. En una cultura patriarcal el ser humano se crea una imagen patriarcal de Dios. Cuando la Biblia ordena “no hacerse imágenes de Dios” no se está refiriendo a los ídolos; prohíbe hacerse imágenes de Yahvé, del Dios verdadero, porque quiere subrayar que es un misterio y que mantener la conciencia del misterio es el primer requisito de la recta actitud religiosa del ser humano, que es un creador continuo de ídolos, de dioses a su imagen y semejanza. Tan adecuado o tan inadecuado es llamar a Dios padre como madre, pintarle como el varón potente que plasmó Miguel Ángel en la Capilla Sixtina como una mujer delicada. Dios es trascendente y nuestro lenguaje es un balbuceo del que no podemos prescindir, pero inmediatamente tenemos que decir “no es eso”, “no es eso”. Es un saber no sabiendo. Jamás insistiremos suficientemente en esto. El misterio nos pone ante Dios, a la espera, y nos cura de todo fanatismo y de todo engreimiento.

Jesús optó claramente por los pobres, los marginados de la religión y la sociedad… para mostrar en esta parcialidad la universalidad del amor de Dios a los seres humanos. Pero, ¿no hay demasiado nacionalismo en la Biblia como para impulsar y alimentar esa opción en los creyentes?

El tema de la “elección” de un pueblo resulta muy difícil de comprender. Diría que si Dios quiso hacerse presente en la historia tuvo que entrar por alguna parte concreta y limitada, porque así es la historia, pero que tenía que acabar desembocando en la universalidad, porque “Dios no hace acepción de personas”. Quizá se podría decir que en Israel la conciencia religiosa de la humanidad maduró de una forma especial y se tomó conciencia de una manera muy peculiar del Dios que quería darse a conocer a toda la humanidad. Y esta experiencia de la revelación está llena de contradicciones, de búsquedas, de aciertos y desaciertos, de gracia y de pecado. En todo caso la “elección” de Israel es un servicio a la humanidad. Pero la gran contradicción, el mayor pecado es hacer de Yahvé un dios que beneficia al propio pueblo, que lucha a favor del propio pueblo, como los demás pueblos que tenían cada uno sus dioses nacionales.

La Biblia cristiana (que contiene el Nuevo Testamento) da cuenta de la difícil superación del particularismo judío hasta llegar a la conciencia de que “Dios no hace acepción de personas y en todo pueblo ama al que practica la justicia”; que para Dios “no hay judíos ni griegos, paganos ni bárbaros”. El universalismo es una de las grandes aportaciones del cristianismo. Jugó un papel clave San Pablo, que abrió el evangelio a los gentiles. Con esto ciertamente fue más allá de la letra del Jesús histórico, pero desarrollaba la dinámica que éste había iniciado. En efecto, Jesús no se limitó a los “puros” y observantes, sino que fue a los tenidos por pecadores, mal vistos e impuros en Israel. Pablo dio un paso más y fue a los más impuros todavía, a los gentiles. El buen discípulo no se limita a repetir al maestro, sino que reinterpreta de forma creativa sus enseñanzas para que sean significativas en un contexto nuevo. San Pablo fue un buen discípulo de Jesús. Creo que el mensaje evangélico es católico en el sentido más genuino, es decir universal. El amor de Dios no tiene fronteras y quiere reconciliar a todos los seres humanos entre sí y con Dios. Apropiarse de Dios para el propio pueblo, legitimar religiosamente el nacionalismo, como vemos continuamente (pienso en el lamentable espectáculo de la Iglesia serbia y de la croata en el conflicto de los Balcanes) es una abominable idolatría. La opción por los pobres no es excluyente. Todo lo contrario. Es dirigirse en primer lugar a los más olvidados, a los que no cuentan, para que la universalidad no se deje a nadie por el camino. La estrategia de Dios en la vida de Jesús, si se puede hablar así, es solidarizarse con los últimos y desde este lugar llegar a todos. Es una fraternidad no excluyente, muy exigente, verdaderamente universal.

PEDRO MIGUEL LAMET

Evaristo Villar y Benjamín Forcano

Éxodo 95 (sept.-oct.’08)
– Autor: Evaristo Villar y Benjamín Forcano –
 
PEDRO MIGUEL LAMET, poeta, escritor y periodista. En 1966 publica su primer libro de poemas, “El alegre cansancio”. En los años 70, crítico y redactor de la revista Cinestudio, redactor-jefe de Razón y Fe, comienza a colaborar en Vida Nueva, Poesía Española, la Estafeta Literaria, Caracola y Cuadernos cinematográficos entre otras publicaciones. En 1981 es nombrado director del semanario Vida Nueva. Crea el primer programa informativo de la Cope en 1975, cadena radiofónica en la que dirige el espacio “Temas candentes” y más tarde “Temas en vivo”. Es actual director de la revista bimestral de desarrollo personal A vivir. Como escritor, ha cultivado la poesía, el ensayo, la biografía, la crítica literaria y cinematográfica. Como poeta ha sido incluido en la “generación poética del posconcilio” y en diversas antologías de prensa (1995). … “porque en realidad sólo soy un átomo de luz de la Luz total y cuando me pierdo, es cuando soy de verdad. Piérdete conmigo, olvida tu pequeño “yo” y di fuerte YO SOY desde ese sueño que siempre fuiste”.

Han pasado como unos 30 años de la transición española. Tú, como permanente cronista del acontecer religioso en España, ¿cómo valoras el papel de la Iglesia en la transición? ¿Encuentras en ella momentos significativos y dispares?

Es evidente que la figura clave en ese período es el cardenal Tarancón, en alianza, como todo el mundo sabe, con el padre Patino. Su postura refleja lo que es entonces la Iglesia española, hace un gran esfuerzo por lograr la independencia entre la Iglesia y el Estado y marca las reglas de juego para su discusión. Logra que la Iglesia abandone la imagen que traía del franquismo y del nacionalcatolicismo.

Dentro de ese proceso, cabe señalar un momento clave, cuando el Papa viene a España, acompañado en su papamóvil por el cardenal y el Papa no le dirige la palabra. Fue una señal clara de la incomprensión del Papa hacia el cardenal Tarancón. El Papa tenía la idea de hacer una especie de sandwisch entre Polonia y España y abarcar así a Europa y recristianizarla desde una visión fundamentalista. No lo consigue y esto le molesta. Al final de su pontificado, cuando vuelve España, viene a decir que la verdad no se debe imponer, pero sigue pensando que hay un retroceso y en su último libro escribe que Polonia tiene una misión providencial en el mundo.

El pontificado de Juan Pablo II influye notablemente en España y se nota en los nuevos nombramientos de obispos, que son obviamente mucho más mediocres que los anteriores. La espiritualidad conservadora predomina sobre el diálogo y el entendimiento con las autoridades civiles.

¿Tú crees que si hubiera estado Tarancón o alguien que siguiera su línea, se hubiera dado la vinculación que la Iglesia ha tenido estos últimos años con el PP?

Evidentemente no. No se puede hablar de futuribles, sino de lo vivido. Si los obispos eran nombrados por Juan Pablo II, lo eran para continuar su línea. Y la de Ratzinger. De hecho, la iglesia jerárquica española es mucho más conservadora que la de muchos países de Europa. La actitud neoconservadora, apoyada en los movimientos Opus Dei, Neocatecumenales, Comunión y Liberación, etc., sigue la línea de Juan Pablo II . Aquí no se ha dado todavía la transición y la prueba de ello es que cuando Benedicto XVI llega a Valencia, los obispos españoles no consiguen que diga lo que ellos quieren, es decir, que dé leña al gobierno español. El Papa se limita a hablar de la familia, en una línea conservadora ciertamente, pero a un nivel universal, no español. Todo esto constituye una sorpresa frente al catolicismo de los movimientos conservadores que piden al Papa una mayor agresividad.

Entre el comienzo y posterior desarrollo de la transición, sobresalen dos acontecimientos: Vaticano II y pontificado de Juan Pablo II. ¿Cómo relacionas ambos y con qué influencia en el presente?

Hay una evidente relación. Para mí, el pontificado de Juan Pablo II es un restauracionismo respecto al Vaticano II. Juan Pablo II, aunque estuvo en el Vaticano II, no hay que olvidar que estaba de acuerdo con Lefèbre durante el concilio. Y que los males, que él había vivido en su país, primero contra el nazismo, luego contra el comunismo y demás, muestran que él era un luchador, un fundamentalista, en medio de una nacionalcatolicismo, aparte los problemas personales que él había vivido en su familia con la muerte de sus padres.

Creo que hay una clara ruptura con el Vaticano II, no formal, pues él habla constantemente del Vaticano II, pero sí en cuanto al espíritu del concilio, ese diálogo con el mundo, ese abrir las ventanas de la Iglesia al viento fresco de Juan XXIII, esa línea de diálogo con las culturas, ese ver al mundo como la Gaudium et Spess, como algo positivo y alegre, todo eso ha desaparecido.º

Me acuerdo haber tenido en la vida de la Conciliazione una discusión con Martín Descalzo sobre la teología de la cruz. Como él era muy dramático valoraba mucho esa teología, pero eso no es el Vaticano II, eso es protestante. Para el católico y el cristiano de fondo lo importante es la Pascua de Resurrección, que tanto defendía Pironio en aquella época. El Papa no era de espíritu alegre, no podía serlo, porque su vida había sido un drama.

¿Compartes el diagnóstico de la CEE (Conferencia Episcopal Española) cuando habla de una alarmante ola de laicismo y relativismo en la sociedad española?

No lo comparto en absoluto. El problema de los obispos es que no se han tragado la pérdida de su protagonismo, no han aprendido a perderse en la sociedad como un fermento humilde, que da testimonio. Un obispo no es un dios, ni un personaje equivalente a lo que puede ser un ministro o un directivo de la sociedad. Eso no se lo han tragado. Todavía , en ese aspecto, la herencia del franquismo y la disculpa de la sociedad española que, ante el señor. obispo, todavía tiene esa especie de reverencia y de no sé qué, particularmente algunos que son especialmente cortos y torpes. Cuando un obispo es sensato, y los hay afortunadamente, y tiene sentido común, se da cuenta que eso no es posible.

Entonces, la actitud que se ha producido es consecuencia de una Iglesia que, de puertas abiertas, se convirtió en un castillo de cuarteles de invierno que tiene que defenderse de alguien. Si tú tienes que defenderte de alguien, te olvidas que tienes que proclamar una Buena Noticia y que tienes que dar la alegría a los demás.

¿Por qué, y de eso tenemos experiencia fehaciente en la transición, la jerarquía católica propende a aliarse con la derecha? ¿Y por qué los documentos de la jerarquía parecen que no llegan a la sociedad y no responden a un análisis riguroso de esa realidad?

Hay dos factores. La unión con la derecha ha sido un vicio de la Iglesia desde hace muchos años. Afortunadamente, con Tarancón parece que se suavizaba y encauzaba de otra manera, pero ha vuelto de una manera tremenda, y además no sólo con la derecha sino con la derecha de la derecha, con el sector de la derecha más conservador. Y respecto a los documentos, eso les ha pasado siempre a los obispos: tienen un lenguaje teológico, muy de sacristía, difícil de ser comprendido por la gente, y tienen pavor a los medios de comunicación social. Este alejamiento, superado en figuras como Arrupe, Helder Cámara, Casaldáliga, que son normalmente directos hablando, es innegable. Es raro que salga un obispo en los medios y cuando sale es raro que se haga entender. Por una parte, huyen de los “medios”, y por otra les dan una importancia grande y cuando sale una cosa en los medios (libro, artículo…) eso se convierte en algo peligroso.

En relación con la ciencia, ¿crees que se puede seguir dando la batalla en cuestiones de biogenética y bioética, en el aborto y la eutanasia, en la investigación con embriones y células madre, etc., sin una revisión previa de la relación entre la fe y la ciencia?

En primer lugar, diría que “da igual” la posición que tome la jerarquía. La ciencia va a seguir adelante, nadie puede pararlo, incluso conculcando valores importantes, porque no todo es santo en el campo científico. El material bioético es muy delicado, no se puede jugar con él.

Pero esto ha ocurrido siempre con el progreso, la Iglesia va detrás, a la zaga, y no creo que sea bueno. Los personajes, que han intentado dialogar o abrirse, o han sido quemados por la inquisición en su tiempo o en este tiempo son condenados o marginados. Pero yo no metería todas estas cosas en un saco: todo esto es bueno y hay que hacerlo, sino que hay que actuar con mucha prudencia, pero siempre en diálogo y buscando la verdad entre todos. La verdad no es como un bloque cerrado, en el cual todo está dicho. Los temas de la eutanasia, de las células madre, del mismo aborto tienen muchos matices y han suscitado muchas discusiones. La Iglesia debería estar como en un foro abierto, para no dar soluciones cerradas.

¿No crees que la Iglesia sigue prisionera de la idea de que la teología es una ciencia superior –imperialismo teológico– a la cual deben estar subordinadas como auxiliares las demás ciencias?

Esto es una consecuencia de la unión entre el trono y el papado. Siempre se ha considerado la Iglesia como una sociedad piramidal, en cuya cumbre está el Papa. Consiguientemente siguen creyendo que todo el mundo tiene que consultarles a ellos. Pero la verdad es que la sociedad va a seguir adelante. Solamente algunos sectores más católicos siguen pegados a esto, pero difícilmente se va a poder parar ese proceso. La curiosidad del hombre y el progreso de la ciencia va a marchar adelante, digan lo que digan los obispos.

¿No se está haciendo daño la Iglesia a sí misma al oponerse a un progreso que es imparable?

Pero esto se da no sólo con la ciencia, sino con todo el proceso cultural. El diálogo del cardenal Martini con Humberto Eco es un caso único entre prelados e intelectuales. El problema no es sólo con la ética sino con la filosofía y demás saberes humanos. La sociedad actual tiene una imagen de la Iglesia como un bloque cerrado, con el cual no se puede dialogar. Esto es el gran fallo y una consecuencia de no haber seguido el proceso del concilio, una consecuencia más de esa cerrazón ante todo lo que es nuevo, ante todo lo que es desarrollo y cultura, se está anquilosando cada vez más y encerrándose en un agujero.

A la vista están dos de las últimas intervenciones de la CEE , una como censura contra el libro de Pagola y otra con medidas previsiblemente más duras contra José Mª Vigil, por su libro “Teología del pluralismo religioso”. esto una manifestación de los aires que llegan de Roma o se puede descubrir algo autóctono en los movimientos de la Iglesia española actual?

Aquí hay que contar con lo siguiente. Digamos que el cardenal Ratzinger, siendo prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, cumplía con un papel, que le pedía el Papa Juan Pablo II y que –yo lo veo cada vez más claro– era rígido e intransigente. Cuando Ratzinger consigue llegar a ser Papa, tiene un momento en que cambia el chic. Dice: yo tengo que ser Papa de todos. Es más amplio con la vida religiosa, con los jesuitas, con otros, no es tan exclusivista con los movimientos, tiene por ejemplo el dato curioso de la condena de Maciel, presidente de los Legionarios de Cristo. Creo que ha habido, a nivel de iglesia jerárquica universal, como una bajada del listón de las condenas. Incluso la misma condena de Jon Sobrino, pese a que ha sido larga y dura, en realidad no ha sido nada, porque al final no le quitaron la cátedra. Creo que aquí hay más postura del servidor que quiere complacer al de arriba, pensando que al de arriba le gusta esto, que postura de presión por parte del Vaticano para que esto suceda. Creo que hay –no digo mucha– pero un poco más de tolerancia en Roma que la tolerancia que hay aquí. Tenemos unos personajes (el secretario de la Conferencia Episcopal: José A. Martínez Camino, “jesuita”, cardenales Rouco y Cañizares, Fernando Sebastián y otros) que son nombramientos que vienen de Juan Pablo II, que quieren ser más papistas que el Papa, que están dominados por una derecha política, obsesionados por la derecha política. Todo eso influye.

¿Y qué dices del nuevo nombramiento del jesuita Luis F. Landaria para secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe? Algún teólogo lo pone bajo sospecha por su interpretación del pecado original que no sería conforme con la doctrina de la Iglesia.

Y, en segundo lugar, ¿hasta dónde crees que esta jerarquía está dispuesta a respetar la libertad en la investigación teológica? ¿Cómo acabar con el procedimiento acientífico y antidemocrático de que los teólogos oficiales poseen la verdadera interpretación y no los demás teólogos? ¿Qué criterios se habrían de aplicar a la hora de examinar como ortodoxa o heterodoxa una determinada doctrina teológica?

En primer lugar, el nuevo elegido es muy querido por el Papa, es muy equilibrado, no es un progresista, es un gran intelectual, y a mí me da una cierta esperanza de que en ese cargo puede actuar bien, sobre todo porque, como he dicho, ha bajado el listón de la desconfianza y represión.

Respecto a la investigación teológica digo que, si es investigación, tiene que ser investigación. Una cosa es la catequesis y la pastoral y otra la teología que, como tal, tiene que investigar. Hasta el propio Benedicto XVI en su libro sobre Jesús es modesto, dice que no es doctrina pontificia. Si el Papa cuando escribe dice que no quiere ser dogmático en su libro, es absurdo que a otros libros se les pida que sean absolutamente impecables en su doctrina.

Yo soy optimista. Hubo gente que se sorprendió cuando escribí en el diario El País que con Benedicto XVI iba a haber más libertad de expresión. Se está cumpliendo.

Los cazadores de brujas por libre, como ocurría por ejemplo en el suplemento semanal Alfa y Omega de ABC, han bajado con Benedicto XVI el listón. Son conservadores, pero no están tan a la caza como antes. No digo que el pontificado de Benedicto XVI sea progresista, pero ha habido un cambio.

¿Qué se puede decir de la aplicación de los derechos humanos al interior de esta Iglesia? ¿Es posible que esta forma de Iglesia reconozca algún día la igualdad de la mujer (hasta su ordenación como obispa), el reconocimiento de los sacerdotes casados, la admisión a los sacramentos de los divorciados, la dignidad de los gays y lesbianas, etc.?

A mí me parece que hablar de derechos humanos en la Iglesia es algo fuera de contexto. Creo que en el Evangelio no habría que hablar de derechos. Somos hermanos, nos queremos, nos respetamos. Entonces, acudir a un referente laico y civil para un entendimiento dentro de la Iglesia, es como si a Jesús uno de los discípulos le dijera: –Oye, yo tengo derecho a que me escuches. –Pero tú, ¿de qué vas? Yo que estoy hablando contigo, que te quiero, que soy tu amigo, que he venido a traer el fuego a la tierra, esto ¿qué es?

Estamos hablando de derechos porque esto se ha convertido en una institución fría, tan lejana del Evangelio, que hay que hablar de derechos. Creo que lo que hay que hacer es una conversión de la Iglesia al Evangelio. Miremos a gente que lo ha vivido así: Arrupe, Casaldáliga… Por ejemplo, cuando tú llegabas a Arrupe, tú sabías que te quería más a ti que a la Compañía de Jesús, que a la institución. Esto es fantástico. Porque eso es el Evangelio. Y cuando tú quieres a una persona, a un gay, que se ha casado, tú le das posibilidades para que viva como persona y no lo metes en un corsé. Está la persona por encima de la institución y de los socialismos. Eso es el Evangelio. Esto a mí me suena a chino. Cuando se dice: es que tenemos derechos. ¿Qué derechos? Tenemos que querernos, vivir el Evangelio. También nosotros estamos utilizando los argumentos de la sociedad civil, porque parece que no nos queda más remedio, no tenemos capacidad para poder expresarnos…Pues mire usted, si a mí no me dejan expresarme, voy a intentar ser yo mismo. Eso es lo que ha enseñado Jesús.

Benjamín Forcano: confirmo con una anécdota lo que acabas de decir. En la presentación del libro de Pedro Casaldáliga en Mallorca intervino José Ramón Prada. Y dijo: en mi vida de agnóstico hay un antes y un después de mi encuentro con Casaldáliga. Pude ver cómo Pedro, estando conmigo, era requerido y hubo de atender a cosas importantes. Pero Casaldáliga, en ese encuentro, vivía para mí, estaba centrado en mí, como si nada más existiera. Me emocionó.

Evaristo Villar: en la Iglesia, con ese querer y amor del Evangelio, ¿por qué no se quiere a las comunidades cristianas de base y populares, a los movimientos cristianos críticos, disidentes? ¿Es por no creerlos dignos o por alguna otra motivación o criterio?

Pedro M. Lamet: Voy a decir lo que pienso. En el fondo, las personas que viven esa libertad evangélica no tienen miedo. El amor es incompatible con el miedo. Y cuando tú realmente amas, no existe el miedo. Pero el miedo es la garantía de la seguridad y del poder. Cuando uno actúa con miedo, es porque en realidad tiene una serie de apegos que no son cristianos. Viven preocupados porque no se les caiga el tinglado, son gente débil y, en el fondo, son dignos de compasión, dignos de compasión porque son débiles. Necesitan unos rodrigones o apuntalamientos para que no se les caiga lo que se les está cayendo, funcionan con este sistema.

Ese miedo a la libertad de investigación tiene historia en el posconcilio con tantos teólogos represaliados. La clave del miedo llega en ocasiones a extremos esperpénticos, como ha ocurrido con el libro de Pagola, que parece que ni siquiera lo han leído. Sin embargo, este es el problema: ellos parten de que poseen la verdad aunque no sepan nada. ¿Ves posibilidad de cambiar este procedimiento?

Hombre, yo estoy de acuerdo con eso, lo que pasa es que la única solución que hay ahí es rezar, pedir a Dios la conversión, dar testimonio del Evangelio. Como he nombrado antes, la Iglesia necesita santos evangélicos, no miedosos, porque creo que los santos miedosos no lo son en realidad. Pienso que hace falta una conversión y dar ejemplo de que la libertad nos hace libres, de que el amor es incompatible con el miedo, de que la Iglesia no es un bastión que hay que defender, una serie de normas ortodoxas que hay que defender, sino que es una plaza de amigos donde tú ofreces un camino, un camino muy abierto, porque el Evangelio es un camino muy abierto, pero que lo han convertido en cientos de normas superimpuestas, que no tienen nada que ver con lo que es el Evangelio.

Asistimos a dos hechos importantes: la globalización, que unifica y homogeneiza todo, y el pluralismo religioso, que anuncia diversidad. ¿Cómo ves el comportamiento de la Iglesia católica al respecto?

Los datos objetivos son que la Iglesia católica sigue siendo mayoritaria y no hay por qué renunciar a esa realidad. Precisamente porque somos cristianos, nosotros tenemos que aceptar y valorar ese pluralismo. Y el concilio Vaticano II dice que todas las religiones son camino de salvación. Otra vez el bloqueo del absolutismo: yo tengo toda la verdad, el otro no tiene ninguna verdad. Es lo que nos hace daño. Que me encuentre a gusto y bien en mi verdad es bueno, pero el intentar un privilegio para la Iglesia católica en España no es bueno. El párrafo de la Constitución, que alude a “una especial relación con la Iglesia católica” debiera desaparecer, a la larga. Porque nosotros no tenemos que tener otro poder que el del Evangelio, el del testimonio, en la sociedad española y en toda sociedad. El gran daño viene a la Iglesia con Constantino, cuando la Iglesia se unió al imperio. Es la historia de siempre, y de ahora.

Ha habido, por parte de intelectuales y políticos (Federico Mayor Zaragoza, José Luis Rodríguez Zapatero, etc.) la propuesta de una Alianza de Civilizaciones. Estaría en esta onda y resulta interesantísimo. Pero ha caído como en el desierto, no ha habido ningún apoyo ni movilización por parte de la Iglesia católica.

¿Cómo van a apoyar eso si viene de Zapatero? Partimos de un presupuesto imposible. Por otra parte, la idea de Zapatero de Alianza de Civilizaciones no coincide con la posición de Juan Pablo II ni de Ratzinger, pues éstos de algún modo lo que están defendiendo es la cruzada de conquista, de que la única verdad es la nuestra y, por tanto, hay que difundirla. No es ir a las otras culturas, encontrarlas y ver qué aspectos son positivos. Recuerdo que Arrupe, cuando llegó al Japón en los años 40, se puso a aprender muchas cosas y preguntaba a los monjes budistas qué pensaban y cómo era su espiritualidad. Postura de humildad, de apertura con las religiones, con el mismo marxismo. Todo aquello se ha ido al traste.

La Iglesia primitiva era una Iglesia plural: Iglesia de las iglesias. ¿No se ha inmolado esa realidad en aras de una Iglesia centralista homogeneizadora, convertida en la única verdadera? ¿Cabe pensar –soñar– con la admisión de un abanico de Iglesias unidas todas en la única Iglesia de Jesús?

Creo que ese es el único camino para el ecumenismo. Si queremos que haya unión con los anglicanos, ortodoxos, etc., es el único camino. Hay que partir desde dentro con la existencia de ese pluralismo religioso. Creo que la misión de Pedro es buena, positiva. La guerra de la multiplicación de religiones, iglesias, sectas o grupos dentro de los hermanos separados protestantes no es positiva. Una cierta unidad, sí. Debe ser un poco como la unidad que da el padre en la familia: la unidad del cariño, de la comprensión, de la tolerancia, todos están en casa, pero cada uno lleva un poco su vida, los hijos se van haciendo mayores; pero no esa unidad férrea del ordeno y mando, de aquí no vale más que lo que yo pienso. Quizás unos cauces muy amplios, como nos sugiere el Evangelio. El tema de la divinidad por ejemplo se puede entender de muchas maneras. Cuando alguien me dice: es que yo no puedo creerme que un hombre sea Dios. Yo le digo: bueno, es que para mí Jesús más que un Dios es el hombre que más Dios tenía. Y les pregunto: ¿tú te consideras hijo de Dios? –Pues sí, yo soy hijo de Dios, pues Dios me ha creado. –Pues Jesús es un hijo de Dios especial, que tenía más Dios que tú y que yo, un hijo predilecto de Dios. Y eso ya no es decir “Dios verdadero”, ni “Hombre verdadero”, es una manera distinta de entenderlo, más cercana a la gente. Si tú te consideras hijo de Dios, y Jesús es el hijo predilecto, pues Él es el hermano mayor.

¿Cómo soñarías tú una Iglesia para el aquí y ahora de la sociedad española?

Empiezo por el Papa. Yo soñaría al Papa como una especie de hermano Roger de Taizé, que llegara a las ciudades sin séquito, como un personaje importante, pero como hermano mayor, como un padre, un amigo, y que dejara el Vaticano como un museo, que debe seguir existiendo, y se fuera a vivir a una residencia sencilla, dando un paso más, como los dio Juan XXIII cuando dejó la silla gestatoria, un paso de pobreza y de coexistencia. Y que, cuando fuera a hablar con la gente en otros países, en vez de hablar y dar doctrina él solo, que se fuera a hablar con la gente de los barrios, no sólo con los obispos. Hoy van a los barrios y tocan la cabeza de los niños y enfermos, pero no escuchan a nadie.

Sueño con una Iglesia tolerante, que fuera firme en la defensa de los derechos humanos, de la justicia social, del amor fraterno, de la paz. En eso, creo que la Iglesia sigue cumpliendo un papel y lo cumple bien. La Iglesia sigue siendo en ese aspecto un referente muy positivo.

Y en España pediría que los obispos se olvidaran del complejo de que son obispos, dejando a un lado la imagen de obispo que tenemos en España. El obispo no es un personaje mediático, equivalente al alcalde, al presidente de la comunidad, a líderes políticos… Que comenzaran a perderse más entre la gente, que salieran en los medios de comunicación contando quién es Dios y, sobre todo, que dejaran de hablar de la Iglesia para hablar de Dios y de Jesucristo. Este es mi sueño.

Recuerdo que en Radio Vaticana pregunté una vez: ¿Para qué es eso? –Para recoger la voz del Papa. Yo me dije: bueno, me voy a pasar todos los días preparando programas, haciendo cortes de grabación para recoger la voz del Papa. ¿Y esto? ¿Lo importante es el Papa o es Jesús? Creo que hay que hacer una revolución copernicana en la Iglesia para que el Papa deje de ser el importante y lo sea Jesús.

Creo que hay que hacer una revolución copernicana en la Iglesia para que el Papa deje de ser el importante y lo sea Jesús.

PEDRO CASALDÁLIGA

Eduardo Lallana/Charo García

Éxodo 88 (marz.-abril’07)
– Autor: Eduardo Lallana/Charo García –
 
Eduardo Lallana y Charo Garcia de la Rosa –presidente y vocal de la ONG soriana “Tierra sin males”– han estado visitando São Felix de Araguaja en el Estado de Mato Grosso, Brasil, donde Tierra sin males esta desarrollando un proyecto, financiado por la Diputacion Provincial de Soria, para reducir la desnutricion y mortalidad infantil. Allí han convivido y entrevistado a D. Pedro Casaldáliga, dos veces candidato a Premio Nobel de la Paz, obispo emérito de São Felix, místico, poeta, uno de los lideres de la teologia de la liberación y una figura internacional en la defensa de los Derechos Humanos. Se le han hecho, Dom Pedro, muchas entrevistas en las cuales ha expresado su pensamiento, su toma de postura ante la situación mundial, ante los problemas y desafíos de la Iglesia. Por eso queremos que esta entrevista sea algo diferente, tenga alguna peculiaridad. Queremos penetrar más en el corazón de la persona, del pastor, del místico, muchas gracias por concedernos esta oportunidad.

“Todo es relativo, menos Dios y el hambre” Pedro Casaldáliga

¿Cual seria el lema de tu vida? _ Relativizar lo que es relativo y absolutizar lo que es absoluto.

Y para ti ¿qué es absoluto? _ Tengo un poemita que dice, “que todo es relativo, menos Dios y el hambre”.

¿Qué dos o tres frases o pasajes del Evangelio son los que más han influido en tu vida, los que más has meditado, los que más te han guiado en tu vida, en todo tu quehacer pastoral? _ ”Dios es amor“, y “de tal modo amó Dios al mundo que le envió su Hijo no para condenar al mundo sino para salvarlo”.

Hablamos de tus guías, de tus maestros espirituales, aquellas personas que han iluminado tu camino además de esta fuente evangélica. _ Evidentemente Jesús de Nazareth, Francisco de Asis, Teresa de Lisieux, Carlos de Foucault, y formadores que he tenido a lo largo de los estudios eclesiásticos, compañeros del episcopado, aquí en América Latina.

Eres conocido por tu alma de poeta. Si tuvieras que elegir dentro de la literatura universal, ¿cual seria uno o varios de tus poetas preferidos? _ San Juan de la Cruz, Antonio Machado

Lo tienes muy claro. _ Clarísimo.

¿Si tuvieras que elegir algún poema? _ El propio autorretrato de Antonio Machado, La secuencia de Pascua y otro poema inmortal para mi, el Cant Espiritual de Joan Maragal.

Somos humanos, estamos hechos de virtudes y defectos. ¿Tu mayor defecto? _ La impaciencia.

¿Tu mayor virtud? _ La esperanza.

Según tú, ¿el gran pecado del mundo de hoy? _ El Capitalismo neoliberal.

¿Y uno de los pecados importantes de la Iglesia santa y pecadora? _ La falta de capacidad para unirse las iglesias, absolutizando lo que no es absoluto, y no respondiendo al testamento de Jesús, “que todos sean uno.”

Entrando más en aspectos personales de tu vida ¿El momento más triste de tu vida? _ No sabría decirlo…por eso de relativizar lo que es relativo, el momento de la muerte de mi padre, de mi madre, muerte de lideres, militantes, agentes de pastoral. Son momentos tristes, pero como la esperanza continúa no llega a ser un drama, una tragedia. No creo que pueda decir que he vivido tristezas mayores. Relativizar porque la esperanza continúa dando garantía posterior a todos los fracasos, a todas las decepciones. Yo digo en un lugar de un diario mío. “Dios es amor, nosotros somos amor, traición y miedo, pero también esperanza” y esa esperanza resuelve todas las decepciones y todas las tristezas, todos los fracasos.

Por contraste, ¿los momentos más felices de tu vida? _ Cada vez que veo que una comunidad, un líder que asume su misión, asume sus causas, cada vez que veo que hay comunidades, personas capaces de solidaridad, arriesgando incluso la propia vida. El testimonio de nuestros mártires.

Sabemos que has sido perseguido, amenazado de muerte en varias ocasiones, ¿cuándo realmente temiste por tu vida? _ Durante la dictadura militar, ha habido bastantes momentos. Con ocasión de la muerte del padre Juan Bosco Penido Burnier: la bala iba para mí. Yo tengo el poder de olvidar lo malo y cuando miro hacia atrás nunca podía decir, como decida la famosa película, “mirando hacia atrás con ira “. No. Ese absoluto que es Dios resuelve todos esos problemas y todas las tristezas y decepciones.

Hablando de decepciones, ¿la mayor decepción en tu vida? _ Mayor ninguna, porque seria una decepción mayor llegar a un túnel sin salida, pero la salida está siempre por delante. No puedo hablar de decepciones mayores: políticos amigos que han fallado, proyectos militantes o pastorales que han fallado, pero lo relativizo.

¿Tus tres mayores deseos? _ Que se acabe el hambre en el mundo, que se acabe la fabricación de armas, la carrera armamentista, que se acabe la guerra sobre todo esa guerra por religión o respaldada por religiones.

¿Tus tres mayores preocupaciones? _ Que la Iglesia, las iglesias, no se unan, que no seamos capaces de administrar este mundo que daría para todos y tengamos que seguir viviendo en medio de una humanidad, cuyas dos terceras partes no tienen el derecho a vivir. Y en el cada día, los fallos sobre todo nuestros y de los agentes de pastoral.

Mirando para atrás en tu vida, ¿tu mayor error? _ No haber sido lo bastante comprensivo en muchas ocasiones.

¿De qué te arrepientes? _ De muchas cosas. De todo un poco. Podía haberlo hecho mejor, con más esperanza incluso, con más sencillez, con mayor generosidad. Yo recuerdo siempre la frase de aquel santo que decía que cuando se presentase delante de Dios le pediría: “olvídate de mis buenas obras, vamos a hablar sólo de mis fracasos, de mis pecados que eso tú lo sabes resolver muy bien, olvídate de mis buenas obras.”

Una de tus características más destacadas ha sido la relación con los pueblos indígenas. ¿Qué has aprendido en esta experiencia con ellos? _ La convivencia con la naturaleza, un cierto sentido de comunitariedad, relativizar también muchas cosas que nuestra civilización considera absolutas.

¿Podrías recordar cuándo, cómo y si hubo algún momento especial en el que hiciste esa opción por los pobres que ha guiado y marcado tu existencia? _ En mi infancia oí muchas veces de mi padre y de mi madre: “Nosotros somos pobres”. Ya inculcado en la infancia, poco después con contactos, con análisis, convivencias religiosas he ido sintiendo realmente que la opción por los pobres ha de ser opción fundamental para la Iglesia. Una opción que defina a la Iglesia recordando aquella frase de Van-der Meerch: “La verdad, Pilato, es estar del lado de los pobres “. Para la Iglesia también.

¿Cuáles son, según tú, los tres grandes retos o desafíos que tiene planteados la Iglesia del tercer milenio? _ El ecumenismo y el macro ecumenismo. La pobreza estructural de sus instituciones. La profecía contra sistemas, estructuras que matan, que excluyen, que prohíben. Entonces seria, la unión de las propias iglesias, la profecía diaria, una profecía que denuncia, anuncia y consuela.

En la hipótesis de que fueras nombrado Papa, ¿cuáles serian las tres decisiones primeras y más importantes que tomarías? _ Estamos en el chiste, ¿no? La primera sería suprimir el estado Pontificio y que el Papa dejase de ser Jefe de Estado. La segunda, poner en suspenso, en entredicho la curia romana, y tercera convocar un encuentro llámenle Concilio, si quieren, verdaderamente ecuménico, para rehacer totalmente la curia romana, para redefinir el ministerio de Pedro y para proponerse con seriedad la inculturación de los diferentes pueblos y la relativización de lo que es relativo, que podía ser el propio celibato sacerdotal, legislaciones rígidas, en el derecho canónico, a veces en liturgia, en pastoral.

Llama la atención en tu vida el hecho de que siendo Obispo no hayas empleado nunca los símbolos del poder episcopal. ¿Cuál es la motivación última y profunda de que nunca hayas usado la mitra, el báculo? ¿Cuál es la raíz última y profunda de esas decisiones tuyas? _ Con todo respeto a los hermanos que la usan, creo que no son símbolos ni gestos evangélicos. Están vinculados a estatus y sería lo más lógico prescindir de escudo, prescindir de mitra, de báculo, y celebrar las eucaristías con simplicidad. No creo que le hagan ningún bien a la Iglesia, toda esa simbología.

Según tú ¿cuál es la virtud humana que más valoras? _ La coherencia.

¿Y la virtud evangélica? _ La esperanza.

¿Te gustaría ser recordado como ,,,,? _ Como alguien que cree que Dios nos salva a todos y lo salva todo.

¿Para ti ser un hombre o una mujer espiritual es…? _ Vivir en profundidad, asumir opciones dignas de una vida humana. Ser coherente, abrirse a las necesidades del prójimo. Celebrar la vida.

Ahora te voy a plantear algunas palabras sueltas y te pediría que espontáneamente respondieses con ese fogonazo de tu mente y de tu corazón. Algunas relativas a la geografía. África. _ La mayor deuda de la humanidad.

América Latina. _ Mi segunda patria.

Cataluña. _ La familia, la lengua, el paisaje.

Brasil. _ Una casa de última hora y definitiva.

Araguaia. _ Nuestro río.

Soria. _ Antonio Machado, “Tierra sin males“, solidaridad.

Injusticia. _ La negación del amor.

El llamado tercer mundo. _ Un escándalo en la historia humana. Porque tercer mundo por definición significa un mundo prohibido, marginado, explotado, inferior.

Primer mundo. _ La prepotencia, el lucro, el egoísmo, el consumismo, el imperialismo.

Libertad. _ La posibilidad de vencer el miedo, la posibilidad de ser lo que se es, la posibilidad de ayudar a cuantos viven sin libertad.

Movimiento de los sin tierra. _ Hoy día el mayor movimiento popular social de América Latina.

Latifundio. _ Una iniquidad, el abuso de la tierra de todos, el egoísmo estructural en el campo.

Globalización. _ La transformación de la humanidad en mercado.

Solidaridad. _ Como dice la poeta nicaragüense: “la ternura de los pueblos“. La caridad estructurada de pueblo para pueblo.

Guerra. _ La negación de la vida.

Bien. Ahora, también con unas palabras, sugiero que evoques tu pensar, tu sentir, sobre algunos personajes.

Lula _ Una experiencia obrera, política, importante para América Latina. Una cierta decepción, quizás porque exigimos lo que de momento no se puede exigir, pero en todo caso en la historia de Brasil, en la historia de América Latina, habrá sido un paso político importante.

Busch _ Una epidemia mundial.

Fidel Castro _ Un gran estadista, un padre de la patria latino americana, pero al mismo tiempo, autoritario, imperialista, que quizás no ha sabido abrir los espacios que debería haber abierto para democratizar más las conquistas de salud, de educación que Cuba hizo, que seria un testimonio más accesible a los otros pueblos.

Evo Morales _ Una victoria de los pueblos indígenas después de 500 años de prohibición, de exclusión.

Y para ir terminando ¿qué te sugieren estas palabras?

Vida Eterna _ La convivencia plena con el Dios vivo, y con todos los hijos e hijas de Dios.

Vida Plena _ A partir de la palabra de Jesús: “que todos tengan vida y la tengan en abundancia “, vida plena, aquí del lado de acá de la muerte, siempre es una vida relativa, pero en esperanza: vamos a la vida eterna plena

Y la última pregunta; ¿Lo que ha dado sentido a tu vida? _ La buena nueva del Evangelio.

Muchas gracias, Pedro, ha sido un placer disfrutar de tu compañía, de tu cariño, de tu sabiduría, de tu mística. _ Gracias por esta solidaridad, y concretamente por la solidaridad de Soria. Soria fría decía Machado, Soria caliente de solidaridad.

GONZALO M. DE LA TORRE

Evaristo Villar y Benjamín Forcano

Éxodo (spet.-0ct.’09)
– Autor: Evaristo Villar y Benjamín Forcano –
 
Gonzalo de la Torre, misionero claretiano en el Chocó (Colombia), es inspirador y uno de los fundadores de “la Fundación Universitaria Claretiana-FUCLA”, inspirada en el proyecto humanizador del Evangelio y animada por el carisma claretiano. FUCLA es una institución universitaria de utilidad común, sin ánimo de lucro y sin exclusiones sociales ni religiosas. Entre sus cursos imparte Licenciaturas en Educación Religiosa y Teología Bíblica. Su hermenéutica arranca “desde la sabiduría de los pobres”.

1. LA ECONOMÍA MUNDIAL

Desde la óptica de la FUCLA, ¿qué impresión te produce la situación de la actual economía mundial? (Entre el “no robarás” y un orden económico mundialmente justo).

Estoy convencido de que el único valor económico real que el pueblo puede poseer es el de sus propios bienes, esos que le garantizan vida digna, trabajo permanente, subsistencia adecuada. Lo demás ha terminado siendo actualmente moneda impresa y plastificada que el capitalismo de Estado, el financiero y el empresarial manejan a su antojo. Y mientras el pueblo se empobrece perdiendo sus bienes vitales, el capitalismo se los apropia, los Estados multiplican el dinero papel y las empresas y la banca el dinero plástico, todo lo cual termina sin saberse dónde está o quién realmente lo tiene o lo esconde. Con esta mecánica, el mundo capitalista creará todas las crisis imaginables, siempre que tenga alguna conveniencia. La verdadera crisis es la de la pérdida, por parte del pueblo, de sus bienes reales.

El mayor empobrecimiento del mundo de los pobres es el verdadero drama, la genuina crisis. Las crisis de papel moneda se arreglan entregando papel moneda, tal y como lo están haciendo casi todos los Estados del mundo. La crisis del empobrecimiento real del pueblo sólo se arregla si quienes le han arrebatado o “robado” sus bienes se los devuelven. ¿Es capaz de hacerlo el mundo de los acaparadores? El mundo que ellos tienen diseñado no es un mundo igualitario, en el que todos puedan tener medios suficientes para sobrevivir, sino un mundo en el que cada vez más pocas personas o más pocos grupos económicos se apoderan de lo que le falta a la mayoría. La economía capitalista neoliberal actual se basa en el robo justificado o injustamente legalizado, y no en un orden económico justo.

¿Qué juicio te merecen los remedios que se están poniendo a la actual crisis económico-financiera? ¿Pueden resolverla los mismos que la han provocado? ¿Se pueden honestamente desoír las propuestas de quienes más la están sufriendo?

Es natural que el capitalismo neoliberal dé respuestas capitalistas a la crisis actual, creada por el capital. La crisis para él es de dinero, con el cual obtiene todo lo que necesita para mantener vivo el mundo empresarial y el mundo financiero que lo alimenta. Por eso, su respuesta es buscar el dinero escondido y ponerlo de nuevo a disposición de la banca y de la industria.

Pero la crisis verdadera, la del empobrecimiento humano, no está recibiendo ninguna respuesta adecuada. El resultado de las encuestas es que el mundo de los pobres y de la miseria sigue creciendo. El lamento permanente de los medios de comunicación es la quiebra de las empresas, más que los millones de seres que quedan sin trabajo. Aunque este hecho le crea a los Estados un problema serio, sin embargo la respuesta que se da es la de reinyectarle capital a las empresas, canalizando por aquí todos los recursos; no se está pensando en dotar de bienes al pueblo para que sea autónomo en su subsistencia. Ningún país de economía capitalista tiene como medida, para afrontar la crisis económica actual, la realización de una reforma agraria nacional que le vuelva a entregar al pueblo, al menos al pueblo campesino, los bienes que ha ido perdiendo. Se fortifica la banca para hacer que el pueblo siga dependiendo de ella, pero esto no es solución acertada de la crisis que atraviesa el mundo.

La solución acertada está en lograr que el mundo de los pobres llegue a ser autónomo, a partir de sus propios bienes. Esta autonomía hace libre la conciencia del pueblo, cautiva de las propuestas economistas de los politiqueros de turno. Por lo tanto, lo más honesto es oír las propuestas del pueblo, a partir de las diversas formas de organización en las que él concreta su presencia, tanto a nivel étnico- territorial como a nivel laboral. Y la realidad es que estas variadas voces del pueblo, reveladas por ejemplo en los Foros Sociales Mundiales, en los planes de vida y en los programas de etnodesarrollo de las organizaciones de base, todavía no son escuchadas…

¿Hay alternativas? ¿Por dónde van? ¿Aporta alguna solución, a este respecto, la encíclica “Caridad en la verdad”?

Creo que hay alternativas, pues la sociedad disconforme con el capitalismo, y alternativa al mismo, no ha dejado de pensar. La voz del Foro Social Mundial, en sus varias ediciones, es una voz fuerte que debe ser tenida en cuenta. Y, desde luego, también hay una voz muy valiosa en los escritos sociales de la Iglesia católica, tanto de Roma (por ejemplo, las valiosas encíclicas “El desarrollo de los pueblos” y “Caridad en la verdad”) como de las iglesias locales. Recordemos Medellín, Puebla, Santo Domingo y Aparecida. El capitalismo ha sido condenado, se le ha reconocido una y otra vez al pueblo el derecho a sus bienes básicos y se ha denunciado la responsabilidad de los Estados. Pero hasta el presente son más fuertes los intereses de las oligarquías de cada país, que no quieren dejar de ganar el inmenso caudal que los enriquece a costa de la vida de los más débiles.

Las pequeñas experiencias locales que aparecen o son muy lánguidas o corren el peligro de ser bloqueadas, absorbidas o destruidas por el capitalismo que las combate y ahoga. Debe haber un propósito de despertar la conciencia del pueblo a partir de pequeñas experiencias económicas alternativas, que le permitan creer que es posible una economía alternativa a la capitalista. Hay que invertirle a la formación de la conciencia del pueblo para que palpe que puede existir una economía compartida y alternativa al capitalismo neoliberal reinante. Cada experiencia económica comunitaria, por pequeña que sea, puede ser una escuela y un laboratorio de nuevas conciencias económicas. A partir de estas pequeñas escuelas, el pueblo estará más dispuesto a participar en procesos y en redes económicas más amplias.

2. SOBRE LA SOCIOPOLÍTICA

¿Cómo se ven las cosas desde la actual situación de Colombia? ¿Caminamos hacia la convergencia en la gobernanza del mundo o hacia un camuflaje para justificar el dominio del Norte sobre el Sur?

Colombia sigue prolongando el mal momento que viene viviendo desde hace más de medio siglo. El pueblo ha estado tan acorralado por las guerrillas, el paramilitarismo, el narcotráfico y la corrupción estatal, que está corriendo el peligro de optar por cualquier tipo de política que le permita respirar un poco de seguridad. Esto nos hallevado donde estamos: una nación por un lado cansada de los partidos tradicionales irresponsables, hastiada de una clase política corrupta, complaciente con un modelo de gobierno déspota, engreído, manipulador, populista e irrespetuoso de la constitución, que ha logrado manejar a su antojo a políticos y fuerzas militares, que calladamente persigue a sindicalistas y opositores políticos y tiene el arte de satanizar todo aquello que no se le pliegue.

Es obvio que un gobierno de esta clase no perciba los caminos de libertad social y económica que está viviendo América Latina y que más bien esté de parte de los intereses del Norte. La América Latina de hoy jamás olvidará el disparate histórico que el actual gobierno de Colombia está cometiendo, al ofrecerle a los EE. UU. siete bases colombianas para operaciones confusas que tarde o temprano tendrán que ver con la libertad de nuestros países. Colombia, por esas circunstancias que los fríos cálculos del gobierno esperaban, se encuentre en un proceso de depuración de sus líderes políticos, en gran parte investigados y condenados por sus relaciones con el paramilitarismo y con lo que él significa de corrupción y perversidad. Más bien se están aprovechando las circunstancias para colocarse abiertamente del lado de las políticas imperialistas de Norteamérica, en contra de toda América del Sur.

Desafortunadamente, Colombia, a nivel oficial, está ahora más por un dominio del norte que por una gobernanza del mundo más equitativa, más compartida por todas las naciones, sin la discriminación entre grandes y pequeños, desarrollados y subdesarrollados. Sin embargo, gran parte del pueblo, pese a la propaganda del Estado, está por las causas justas. Hay mucha esperanza de cambio, aunque el pueblo todavía está bajo el terror que impone un gobierno con nexos con el paramilitarismo y bajo la radicalización de una guerrilla miope, cuyas acciones violentas indiscriminadas siguen justificando la existencia de gobiernos guerreristas y envalentonados contra la subversión, lo cual le causa al pueblo cierta complacencia. Colombia tiene reservas, y muchas, con que llevar a cabo un camino que se una al del resto de América Latina, en busca de un camino de mayor dignidad para el pueblo. Ojalá las guerrillas lo entiendan y cambien su actual horizonte. Es una lástima que su propio dolor y el inmenso dolor del resto de Colombia no le esté dejando nada positivo a las estructuras sociales del país.

¿Qué juicio te merecen las reuniones en las cumbres: G-8, G-20…?

Se trata de grupos que saben escucharse a sí mismos y ponerse de acuerdo para defender sus intereses. Pertenecen a la estructura del capitalismo, que sabe organizarse. No necesitan muchos días ni muchas horas para ponerse de acuerdo. Ya lo están previamente y saben con precisión lo que hay que hacer. No importa la bondad personal y la simpatía que gocen frente al pueblo (caso Barack Obama…). Cuando se reúnen, su lenguaje y sus decisiones van por el camino del dinero y del poder de dominio. El hecho de que sean G-8, G-20 (dentro de poco serán G-30), significa que se apuntalan más, que han conquistado más países con escuela y poder capitalista, y no que haya más democracia o más apertura económica, o soluciones socio- económicas más dignas…

¿Cuál sería la alternativa para una gobernanza mundial?

Soñando un poco, como punto de partida, hay que tomar posición frente a la actual ONU y exigir que las naciones que se autodenominan fundadoras o ganadoras de la II Guerra Mundial renuncien al privilegio de veto y dejen éticamente libre a la entidad. Ella podría hacer muchas cosas más por la paz y el bien del mundo, si estuviera libre de presiones. Y, a partir de aquí, diseñar una especie de Parlamento Internacional, cuyos representantes deben ser nombrados en cada nación por voto popular, no por nombramiento del gobierno de turno. Todas las naciones deben gozar de igualdad. Y se le debe dar relieve a las necesidades más urgentes del mundo, con delegados de base para dichas áreas. Hay que dotar a la nueva entidad de eficacia para dar cumplimiento a sus resoluciones. La tarea principal de esta institución debe ser el respaldo a las necesidades y a los proyectos que las bases sociales del mundo y de cada nación (no los Estados) realicen en las áreas antes señaladas.

3. SOBRE LA ECOLOGÍA

Desde el Chocó… ¿ves la tierra realmente amenazada? Lo que degrada y cercena la multidiversidad de vida en el planeta, ¿es pura casualidad o va inserto en la esencia misma del actual sistema? La Fundación Universitaria Claretiana, en la que trabajo, está situada en un área socialmente deprimida, pero también en una de las zonas más ricas en biodiversidad de toda América. Frente a un región llena de propuestas de vida para el mundo, nos encontramos con un Estado que sólo piensa en esta región como sitio de extracción de materias primas, maderas y metales preciosos. Es decir, la enorme oferta de vida de esta tierra el Estado colombiano la ha venido convirtiendo en muerte. Estamos en la zona más lluviosa de toda América y posiblemente del mundo. Hay una reserva inmensa de aire puro y de recursos hídricos. Sin embargo, esto no les importa a los dirigentes políticos que lo manejan todo como posibilidades de negocio, no como ofertas de vida. El territorio de estas etnias está amenazado de muerte, pues los grupos de paramilitares han despojado a los campesinos de buena parte del territorio.

El Chocó puede ser un enorme y reconfortante sendero ecológico para el mundo entero, con una posición privilegiada frente a dos océanos, con comunidades nativas indígenas y afrodescendientes que todavía tratan de conservar el ecosistema, mientras el gobierno les quita todo apoyo, con el desmonte de las leyes de protección y manejo correcto del territorio, para entregarlo a negociantes de maderas finas y de metales preciosos, que van convirtiendo los bosques en un verdadero erial. Esta es la razón por la cual nuestro pequeño centro universitario ha nacido con el objetivo de apostarle a la territorialidad, preparando profesionales éticos e investigando para dar soluciones y hacer propuestas de cara al medio ambiente. Nuestra posición es contrarrestar de alguna manera las propuestas capitalistas con sus megaproyectos destructores del medio ambiente, que hacen parte de su política acaparadora, sin respeto por la vida del planeta.

¿Qué juicio te merecen las políticas que se están aplicando para salvar el planeta? ¿Tienen algo que decir las culturas ancestrales?

A través de organizaciones, de grupos étnicos y hasta de la misma ONU, se han logrado construir propuestas, aunque no aceptadas por todas las potencias mundiales, o aceptadas algunas, pero de acuerdo a los intereses económicos de cada nación. Aquí se palpa la carencia de autoridad de la ONU y la ceguera de las potencias mundiales, las mayores consumidoras de energía y las mayores destructoras del medio ambiente. Este es un verdadero pecado social, en la categoría de asesinato, del cual hay que pedir cuenta, en nombre de toda la humanidad. Aquí no vale aquello de que nadie se debe meter en los asuntos de otra nación. Se trata de la vida de millones de personas que indirectamente son asesinadas, al quitárseles el medio vital necesario para vivir. Se trata, además, de la misma vida del planeta.

Como indicaba anteriormente, las culturas ancestrales han sido protagónicas en la conservación, la explotación racional y el manejo adecuado del medio ambiente, siempre y cuando los funcionarios estatales no las corrompan con los proyectos de explotación irracional que suelen autorizar. A estas comunidades se les ha dejado solas en esta tarea, sin ningún apoyo para que la prosigan. Más bien, por la corrupción estatal, se les estimula a que dejen de ser defensoras del medio ambiente, para pasar a ser explotadoras irracionales del mismo. Con dolor del alma vemos que comunidades hasta hace poco defensoras de su medio ambiente, hoy son siervas o peones de los grandes terratenientes que se han adueñado de sus tierras.

¿Cuál debería ser, a tu juicio, la alternativa más coherente? ¿Qué implicaría un nuevo paradigma cultural?

Cuando las culturas ancestrales se refuerzan con algún tipo de organización social, adquieren más riqueza de intercambio y, por lo mismo, sus propuestas obtienen mayor respaldo social. De aquí la necesidad de trabajar con ellas a nivel organizativo, pues de lo contrario su voz se queda idílicamente arrinconada en la selva, sin ninguna repercusión social. Actualmente no es suficiente la voz ancestral de las culturas. Hace falta la voz y la fuerza social de la organización y de las redes de organizaciones. Voces y redes de esta clase contribuyen eficazmente a la salvación del planeta. El nuevo paradigma cultural es el organizativo. Y si éste viene reforzado con lo étnico, mejor aún, pues tiene mayor riqueza y cohesión.

Apoyar lo organizativo, dotar de medios técnicos y formativos a las organizaciones, principalmente a las étnico-territoriales, es la tarea más urgente para salvar el medio ambiente sano que aún existe. Esto debe tocar las estructuras religiosas de todas las confesiones. Todas ellas deberían hablar más de la pastoral de la organización y del etno-desarrollo organizativo; esto quiere decir que el desarrollo de los pueblos menos desarrollados hay que pensarlo desde sus componentes étnicos y desde su capacidad organizativa.

4. ÉTICA Y CULTURA

¿Tienes la impresión de que la razón instrumental, justificando los proyectos científico- tecnológicos y políticos, se ha olvidado de la ética? ¿No se está imponiendo el homo demens sobre la razón ético-humanista del homo sapiens?

El homo demens, en nuestra sociedad concreta, tiene un nombre propio: capitalismo. Cuando éste es asumido como modelo de desarrollo, todo queda justificado, aun las atrocidades o genocidios más grandes. Son los intereses particulares, la pasión por acumular, los que han dementizado al ser humano, hasta hacerle perder el horizonte de vida propio de los humanos. El problema del ser humano no es poseer bienes que le hagan vivir con dignidad. El problema real es el deseo de acaparamiento, que lleva a acumular más de lo necesario, a despojar a otros de lo necesario y a destruir para tener más de lo necesario. El homo demens no está en la cadena de la evolución, lo creamos nosotros mismos, somos nosotros mismos, cuando nos dejamos llevar sólo del instinto liberado, abusando de la libertad. El reino animal, de donde venimos los humanos, por tener un instinto atado al proceso de la naturaleza, la respeta y sigue sus leyes.

Nuestros instintos, por el hecho de poder ser manejados por nuestra libertad, están a merced de nosotros mismos. Por lo mismo, mientas no manejemos nuestra libertad con mesura, nuestros proyectos científico-tecnológicos y políticos carecerán de ética, primarán nuestros intereses individuales, institucionales, nacionales. Nuestra libertad, la que nos hace pertenecer al género homo sapiens, es de reciente aparición en el panorama de la creación. Ella apenas está dando sus primeros pasos en la tarea evolutiva que tiene encomendada. Ahora, bajo la revolución de la tecnología, nos acercamos a la globalización, y ya nos planteamos la necesidad de romper fronteras religiosas y estatales y hacer del mundo una inmensa aldea más habitable. Aunque nos toque pasar por las dificultades que significa romper con los intereses personales y nacionales, estamos llamados a la fraternidad universal, a la igualdad y a la solidaridad mundial.

Esta es nuestra vocación definitiva. A ella debemos apostarle, para que nuestro pequeño esfuerzo contribuya a que se acelere ese hermoso momento. Por ahora, construyámoslo con los seres que nos rodean. Esta tarea, por la ley de la holística y de la cuántica, nos humaniza.

¿Necesitamos hoy un consenso ético básico sobre el que asentar una convivencia cívica y planetaria humanamente aceptable?

Si queremos un mundo de hermanos, es necesario empezar por lo que nos une, y no por las diferencias que históricamente nos dividen. Es por eso que ese necesario consenso ético básico y universal, para que sea válido y duradero, no debe partir de ninguna plataforma religiosa, entendida ésta como la institucionalización de determinadas experiencias espirituales de algún líder espiritual. La hipersensibilidad de las religiones impide que ninguna lleve el liderazgo en la propuesta. Ésta debe venir del mundo racional humano (lo más espiritual que poseemos) y más bien ser acogida por las diferentes religiones que forman o deforman la conciencia de sus adeptos.

Hace unos años las religiones principales del mundo se pusieron de acuerdo en que el principio ético básico que a todas las unía era este: “haz a otros lo que quieres que ellos te hagan a ti”; de aquí se deduce este otro: “démosle vida a un universo del que depende la vida de todos”, o “hagamos propuestas de vida que nos unan y le agranden el horizonte a la humanidad”… Las religiones, para que se justifique su existencia a nivel de creación, deben comprender su papel humanizador, que sólo lo es si tiene capacidad de integrar a muchos, es decir, a todos los que están fuera. De aquí la necesaria tarea del ecumenismo en todos los niveles.

¿En qué valores, criterios, actitudes habría que fundamentar dicho consenso o plasmación de una ética mundial?

Debemos proponernos, a nivel mundial, “ser sencillamente racionales”. Me explico. El ser humano tiene, por naturaleza, tendencias acaparadoras y tendencias comunitarias. Con el ejercicio racional de unas y otras va construyendo humanización. Todo depende de la opción que la conciencia tome por unas tendencias u otras. De esta manera el proceso de humanización de nuestro planeta dependerá siempre de la conciencia humana, lo más espiritual que tienen los humanos. Las religiones deberían poner toda su ritualidad y su simbología al servicio de la racionalidad humana, previa a toda religión. Se nos está olvidando la reserva que tenemos de bondad, de amor a la vida, de apertura al futuro, puesto que el neoliberalismo ya nos ha acostumbrado a funcionar sólo a nivel instintivo. Con el agravante de que nuestros instintos, por estar liberados (gracias al don de la libertad), pueden hacer desastres cuando priman sobre la racionalidad.

Debemos enseñarnos y enseñarle a nuestros niños y jóvenes el valor de ser humano y las posibilidades que ello ofrece para salvar al mundo. Y si queremos construir religión, hacerlo sobre este valor; las religiones no son otra cosa que caminos para llegar a humanizarnos. Tenemos que re-aprender a ser sencillamente humanos, es decir, racionales. Jesús trabajó sobre esto cuando optó por los pobres y condenó a los ricos, cuando trató de curar o disminuir el sufrimiento humano, cuando enseñó que había un mejor nombre para Dios, que era el de “Padre”, cuando no sometió su bondad a ningún condicionamiento religioso de parte del que recibía su favor. Los planteamientos de Jesús no fueron como los que se hacen hoy las religiones. Eran religiosos en el sentido en que todo lo hacía en unión con el Espíritu y con su Padre, su Dios, en cuyo corazón cabía todo el universo, pues le regala sol a malos y buenos y lluvia a justos e injustos (Mt 5,45).

5. RELIGIÓN

¿Participas tú de la impresión de que las religiones se están “domesticando” (dogmatismo, fundamentalismo, asuntos internos, privilegios) más que “mundanizando” (Teilhard de Chardin) y globalizando (multiculturalidad)? ¿Ves algún gesto significativo contra la absolutización de lo propio y la dialéctica de la hostilidad entre las religiones?

La tendencia natural y espontánea de toda religión es la de encerrarse en sí misma, para defender sus verdades de las otras religiones, para no dejar escapar seguidores y para ver cómo los multiplica. Jesús nos enseña más a vivir como “iglesia” que como “religión”. Jesús incorporó a su vida los grandes valores históricos vividos por su pueblo (la herencia de sus sabios y de sus profetas) y bendijo y proclamó dichos valores como si fueran suyos, como si vinieran de su mismo Padre. Muchas de sus parábolas, de sus principios, de sus bienaventuranzas se encuentran en otras literaturas y otras culturas. A todo esto Él le dio nueva fuerza y lo relanzó al mundo, más como valores que como religión. La religión es algo secundario, que es bueno en la medida en que llena de valores a sus seguidores. Si no lo hace así, se cae por su propia cuenta o se mantiene a base de fanatismos.

La religión no es la finalidad de la creación. Son los valores, los infinitos valores que implica el ser de Dios. La religión, en la medida en que sea genuina, ayuda a conseguir los grandes valores que son patrimonio de toda la humanidad y no de un solo grupo. Mientras la búsqueda de valores uniría a las religiones, la vivencia de la religión, con sus reglas y sus necesarias sanciones y exclusiones, divide y amarga más al mundo. Si las religiones se redefinieran a sí mismas, desde la óptica de los valores que humanizan, se lograría mucha paz en el mundo. Ellas son un camino y como camino terminarán, el día en que dejen de cumplir su misión. De todas formas, a la vida eterna pasarán los valores que ellas hayan inculcado, no las ritualidades por las que se definen en la historia.

Envuelta en su propia crisis, ¿qué evaluación crítica se puede hacer de la Iglesia católica, a los 40 años del Vaticano II? ¿Qué oportunidades le está abriendo en estos tiempos la multifacética crisis que está azotando el planeta?

Quienes vivimos de lleno el Vaticano II y recibimos tanta esperanza del, mismo, hemos visto con sorpresa tristeza, decepción e impotencia cómo muchos de sus deseos y de sus principios fueron abandonados y cambiados en la práctica a lo largo de estos 40 años. La sensibilidad de un cristiano normal sufre con todos los problemas que tienen que resolver sus jerarcas.

Pero precisamente muchos de estos problemas ocurren por causa de no querer renovarse. ¿En qué quedó la colegialidad, el respeto a las iglesias locales y a sus culturas, la renovación del Vaticano, la formación adecuada de los seminaristas y sacerdotes, el papel digno de la mujer en la Iglesia, la renovación litúrgica, el nombramiento de obispos? ¿En qué han terminado los sínodos de las iglesias regionales y su autonomía en cosas que no son de fe, sino de práctica pastoral? ¿En qué terminaron las Comunidades Eclesiales de Base de la década del setenta y el ochenta?

Nuestra Iglesia católica, por ser una comunidad esencialmente de la Palabra y de la Eucaristía, tiene en sus manos el mejor de los instrumentos para renovarse, ya que ambas la llevan a recuperar la memoria de Jesús y a retomar sus huellas. Los cristianos creemos en estas dos realidades: la Palabra que mantiene viva la memoria de Jesús y la Eucaristía que mantiene viva la Palabra. Pero no los estamos aprovechando. O mejor, como ministros de esas dos realidades, todavía alienamos al pueblo, dándole muchas veces una hermenéutica fundamentalista, y creando una piedad eucarística espiritualista, alejada de los graves problemas de injusticia que nos rodean; de esta manera se le quita a la eucaristía un elemento esencial, como es el de actualizar la capacidad humana de entregar la vida por la causa de la justicia y de alimentar todas las formas de fraternidad que hay en el mundo.

¿Se te ocurre alguna alternativa al actual sistema/iglesia? ¿Qué elementos no deberían faltar en esa alternativa?

Si los cristianos creemos que la religión cristiana viene de Jesús, tendríamos que darle a la misma la visión que Jesús le dio a todo lo que tocó: ser algo alternativo a lo que venía funcionando bajo el régimen de los Herodes, del emperador de Roma, de la sinagoga y del templo. Jesús no fue ambiguo frente a la religión: Él le dio un no rotundo al poder de dominio, al poder del dinero, al poder de la autoridad desmedida, a toda forma de vanagloria… En cambio, le dio un sí a la igualdad, a la solidaridad, a la fraternidad, a la opción por el pobre, al cuestionamiento del rico.

La Iglesia católica, a lo largo de los siglos se ha ido adecuando a las grandes religiones, ha copiado sus formas, ha competido en poder y se ha acostumbrado a cimentar su valor sobre la posesión de verdades y dogmas, sobre la ortodoxia que no permite sino una sola línea de pensamiento frente a realidades que son de por sí inmensamente ricas y complejas. Creo que el rediseño de la Iglesia debe estar en manos de un nuevo Concilio Ecuménico, preparado en la confianza y en la amplitud, donde los Padres Conciliares tengan una agenda abierta, donde ningún tema, por álgido o delicado que sea, esté bajo censura. ¿No está la plenitud del Espíritu en un Concilio Universal? ¿Por qué se teme y se impide que él trate todos los asuntos de la iglesia con libertad?

Todos quisiéramos más comunión y menos jerarquía, más igualdad de género y menos machismos, más atención a lo que puede mantener al mundo en vida y más claridad frente a los que dañan la vida, más atención a la pauperización del mundo, menos mirarse a sí misma y mirar más al universo que comienza a dar señales de muerte, más atención y respaldo a todos los signos de esperanza que presente el mundo, vengan de donde vengan… Es decir, sentirse iglesia más que religión, iglesia que anuncia a Jesús como un valor para la comunidad del universo, y no como religión que encierra a Jesús en modos de ser culturales no siempre aceptados por otras culturas. Cuando a Jesús se le encierra en parámetros estrictamente religiosos, su visión queda reducida al tamaño de nuestras iglesias, de nuestros ritos, y no sale de allí. El mundo es quien pierde y la encarnación de Dios, que es encarnación en el mundo y para el mundo y el universo. La encarnación de Dios, con su valor humanizador universal, queda reducida al tamaño y a los números de nuestra propia religión.