MARCELINO CAMACHO

Evaristo Villar y Juanjo Sánchez

Éxodo 92 (ener.-feb.’08)
– Autor: Evaristo Villar y Juanjo Sánchez –
 

Nos decían ayer que eran el contubernio:/ ¡Judíos, masones y comeniños!/ ¡Qué pedantes y malencarados eran ellos!/ Les obligaron, pico y pala,/ A construir faraónicos monumentos,/ donde, con sacrílega gloria, hacer sus mausoleos./ Los mataron y sepultaron en común fosa,/ Creyéndolos definitivamente muertos./ Pero ellas y ellos, viejecitos encantadores,/ Viven cargando a sus espaldas/ La historia que ellos les prohibieron./ Hoy desbordan de gratitud nuestro recuerdo./ Son, por la historia reprimida que hicieron,/ orgullo de nuestro pueblo,/ perenne fuente de humanidad.

Marcelino Camacho, militante en el mundo obrero y sindicalista, representa la historia de Comisiones, simboliza la lucha obrera por la libertad y la democracia y contra la dictadura franquista. Nacido en Osma La Rasa (Soria) en 1916, Marcelino ha vivido siempre del trabajo de sus manos y es hoy, a sus noventa años, una lección magistral de honestidad, coherencia y lealtad a unas convicciones profundamente humanas.

1. Marcelino y Josefina son importantes, muy importantes, aunque no son ricos. Viven modestamente, rodeados de muchísimos recuerdos y medallas, en Carabanchel, en un tercer piso sin ascensor. Hoy no tienen poder sindical ni político directo. Pero Marcelino es un personaje histórico y una persona indomable. No se plegó nunca ni ante Franco ni ante las burocracias sindicales. Sólido y próximo, concreto y con la línea del horizonte en su mirada, puede seguir repitiendo como antes lo hiciera: “Ni nos domaron, ni nos doblaron, ni nos van a domesticar”. ¿Qué te recuerda esta frase?

Sí, esa frase la he dicho yo en reiteradas ocasiones saliendo de la cárcel. Es una síntesis de mi vida. Tengo también otra frase más reciente, asumida generalmente por la izquierda. Es esta: “No luchamos solamente por la paz, la libertad y la democracia, luchamos también por la igualdad”.

2. Marcelino ingresó en el Partido Comunista en 1935, a los 17 años, de la mano de Ramón Laguna Toribio, un factor del ferrocarril que, desde Sevilla, participó en la huelga general en apoyo a la Revolución de Octubre de 1934, en Asturias. Fue arrestado y trasladado a la estación de La Rasa, donde trabajaba también de factor el padre de Marcelino. Este hombre fue el que le dio los primeros materiales de estudio serio: El Manifiesto Comunista de Marx y Engels y la Aportación a la Crítica de la Economía…

Toda mi familia era ferroviaria. Mi padre era factor de la línea Madrid, Zaragoza, Alicante, una de las grandes líneas del país. Yo estaba en la escuela de la estación de ferrocarril, en 1934, preparándome para ser factor cuando llegó Ramón. Ahí le conocí. Cuando se sublevó Franco, yo me fui voluntario a los 18 años a defender la República.

3. Marcelino estuvo en la cárcel en varias ocasiones, dos de ellas muy significativas. Al finalizar la Guerra Civil (1936-39) y tras la derrota del bando republicano, fue juzgado y, en represalia por el bando vencedor, encarcelado…

Me condenaron a doce años y un día. Tres años después, en el 1942, me mandaron al 94 Batallón Disciplinario de Trabajadores Penados a Guipúzcoa. Desde allí me trasladaron al 93 Batallón de Penados en Peñaranda de Bracamonte, Salamanca. En ese tiempo se produce el desembarco de los Aliados en el Norte de África y me movilizan a Tánger con el 92 Batallón de Penados. Del campo de concentración de Tánger huyo y pido refugio político en Argelia. Allí conocí a Josefina.

4. En 1957 fue indultado y regresa a España. Trabajó como fresador en la empresa Perkins Hispania, donde es elegido miembro del Comité de Empresa. Ahí conoce a Julián Ariza y descubren juntos una táctica que resulta exitosa en las negociaciones con la empresa: acompañar las reivindicaciones salariales con el “coste real de la vida”…

Franco, queriendo mostrar una cierta apertura, en realidad debilidad, dio un indulto para los refugiados políticos. Para entonces ya Josefina y yo habíamos tenido nuestros dos hijos, Marcel y Yenia. Mis compañeros desde España me pidieron que regresara y volví en el 57. Al llegar a Madrid busqué trabajo en la empresa Perkins. Como oficial fresador, no ganaba mucho, pero aprendí muchas tácticas e hice muchas amistades. En el 67 me detuvieron otra vez, y salí de Carabanchel en el 72, en marzo, y en junio de ese mismo año de nuevo me mandaron a prisión con los del proceso 1001.

5. ¿Dónde se goza de mayor comodidad: en la cárcel de Argel (1939-1944) o en la de Carabanchel (1967-1976)?

Bueno, en Argel yo estuve poco tiempo en la cárcel. Casi nada. Conseguí el estatuto de refugiado, como he dicho, y gocé de una cierta libertad. Donde fue realmente duro fue antes en los campos de concentración de Tánger. Éramos una unidad militar, no armada, más bien de trabajos forzados, de pico y pala. Marruecos, que era otra dictadura, no era de fiar para el régimen franquista que trataba de defender la plaza con uñas y dientes. Aquí llegué a enfermar de paludismo, y estuve ingresado en el hospital de Larache hasta que pude escapar.

Lo de Carabanchel es otra historia. Tiene mucho que ver con la creación del sindicato ilegal de Comisiones Obreras.

6. Entre prisiones y campos concentración Marcelino ha estado 14 años preso. Le ha tocado hacer nueve huelgas de hambre, reivindicaciones que luego eran castigadas con 20 días de celda de castigo… ¿Cómo pasabais la insoportable lentitud del tiempo en la cárcel, Marcelino?

La cárcel te puede volver loco si no mantienes la calma y tienes un proyecto de vida suficientemente firme. Por ejemplo, los funcionarios de prisiones nos distinguían perfectamente por la forma de salir al patio. Los que andaban solos y muy deprisa eran anarquistas; los que iban en grupo, preparando gobierno, eran socialistas, y los que llevaban un libro debajo del brazo eran los comunistas. Yo estaba con los del libro, la cárcel fue mi verdadera universidad.

Entre los paseos por la galería, el patio y el estudio, me quedaba tiempo para dar seminarios y cursos a los jóvenes sindicalistas que iban ingresando en esta universidad de represión franquista. Mi librito “Charlas en la prisión”, con ediciones en diferentes lenguas, fue escrito ahí, en la cárcel. Organizábamos la vida en perfecta comuna, donde compartíamos dinero, paquetes de comida, huelgas de hambre reivindicando un estatuto de preso político, mejoras en las condiciones de la prisión, etcétera.

7. Relación con el padre Llanos y el padre García Salve. Has conocido a curas muy famosos en la cárcel, ¿no es verdad?

Bueno, no sólo en la cárcel. Yo fui monaguillo en mi pueblo, aunque sin vocación. La verdad es que no soy creyente, pero evito hacer profesión de ello. Respeto mucho a todo el mundo, también a los creyentes. En cualquier caso, hay infinidad de fenómenos naturales que la ciencia no puede explicar con exactitud y que dejan un pequeño margen para creer en lo sobrenatural. Pero…

Durante el proceso de creación de Comisiones Obreras, ¡cuántas veces nos reunimos clandestinamente en “la capilla” del Pozo del Tío Rainundo, donde estaba el padre Llanos! Recuerdo este tiempo con mucho cariño. Conocí también al “cura Paco”, a quien detuvieron junto a todos nosotros, la directiva de CC.OO., cuando estábamos reunidos en el convento de los Oblatos de Pozuelo de Alarcón en el 1972. Es lo que se ha llamado “Proceso 1001”, que, entre otras cosas dignas de mencionar, está la defensa que hizo de nosotros mi amigo Joaquín Ruiz-Jiménez. Aunque, como es sabido, de nada sirvió porque nos condenaron a 20 años de cárcel. Luego, con la muerte del dictador, nos llegó el indulto.

8. Josefina, que está al loro, añade: ¿sabéis que el “cura Paco” es el padre García Salve? Un gran tipo”. Josefina ha sido y sigue siendo una gran militante. Con esa vivacidad andaluza que pervive sobre los años y con ese aire de militante clásica, forjada en la disciplina, la sobriedad y la tenacidad, que ha compartido durante muy larga vida con Marcelino. Desde el 48 que conociste a Josefina Samper, le preguntamos, ¿qué ha cambiado en tu vida, Marcelino?

“Bastante”, se adelanta Josefina. Con parsimonia añade Marcelino: Ha sido mi inseparable compañera. Hemos militado juntos. ¡Cómo olvidar que ella ha sido el alma de la organización de la solidaridad con los presos que hacían las esposas de militantes de Comisiones Obreras! Ella conoce muy bien lo que son los encierros en las iglesias, las manifestaciones exigiendo amnistía. Y ¡tantas, tantas cosas! Su labor ha sido imprescindible en esa época de represión política y laboral.

9. Secretario general y carnet número uno de CC.OO. (1976-1987). Desde principios de los años sesenta Marcelino Camacho impulsó la formación de las ilegales Comisiones Obreras frente al sindicato único y vertical del régimen. Trabajó decididamente por un sindicato independiente con derecho a reunión, expresión, asociación y huelga. Apostó por la lucha abierta, no clandestina, aprovechando los resquicios de la legislación vigente. Fue el primer secretario general de Comisiones Obreras y sigue siendo su símbolo más evidente y más recio. ¿Le harías hoy nuevamente una huelga general a Felipe González como le hiciste en el 85?

En condiciones similares, no lo dudes, saldríamos nuevamente a la calle. El 14 D de 1988, reconstruyendo la unidad de acción sindical con la UGT, hicimos juntos la huelga “por la reforma de las pensiones de vejez e invalidez”. Por estos motivos volveríamos a hacer otra huelga.

Yo milité desde muy joven en la UGT como mi padre y tenía ya ideas marxistas. Era consciente de que el papel de los asalariados era vital en el país porque somos los trabajadores manuales, técnicos, profesionales e intelectuales los que creamos riqueza. Y los asalariados éramos la mayoría de la población. ¿Por qué carecíamos de fuerza social y política? Evidentemente, porque estábamos desunidos, en pequeños grupos que no tenían significación. La patronal no tenía más que una sola organización y vaya si tenía fuerza. Los sindicatos estábamos divididos. El objetivo era entonces, y sigue siendo, unirnos. Nuestra fuerza reside en la unión, movilizarnos y luchar juntos.

Caí entonces en la cuenta de que desde la UGT no había posibilidad de conseguir la unión obrera. Y es entonces cuando, con otros compañeros, fundamos un sindicato. Desde Madrid descubrimos que la forma en que los mineros de La Camocha, en Asturias, habían hecho recular a la empresa, uniéndose todos (socialistas y comunistas, curas y hasta gente derechas) era una nueva forma de reivindicar nuestros derechos laborales. Y, a partir de ahí, creamos Comisiones que, en poco tiempo, llegó a ser la organización sindical más importante del país.

10. Defensor incansable de la unidad de los trabajadores y de la democracia interna. No pudiendo alcanzar, como era su deseo, el Sindicato Único y Unitario de clase creaste la Confederación Sindical de Comisiones Obreras. Se te atribuye otra frase que, posiblemente, representa el lema que ha inspirado tu vida: “debemos actuar con los pies en el suelo y la vista en el horizonte, es decir, reivindicar en lo concreto sin renunciar a la transformación del mundo”. ¿Qué hay detrás de todo esto?

Nuestros objetivos son la paz, la libertad, la democracia y la igualdad. Uno que gobierna debe de transformar profundamente la sociedad y no dejar que la gran banca siga decidiendo la mayor parte de las cosas. Con diferentes gobiernos, la gran banca, el gran capital no van a tolerar transformaciones profundas. No van a permitir la igualdad entre la mujer y el hombre ni desde el punto de vista económico, social ni educativo. Para lograr esa igualdad no podemos olvidar otros pasos íntimamente relacionados: la libertad y la democracia. Por esto hemos luchado desde siempre en el sindicato.

11. Vamos a echar una mirada al momento actual. ¿En qué situación política estamos?

En una democracia burguesa. La gran banca toma las grandes decisiones en el plano económico, social y político. Pero hay que tener en cuenta que no es la conciencia la que determina la existencia, es la existencia la que determina la conciencia. Según el sueldo que tienes sabes lo que puedes hacer. Es lo económico lo que determina lo social. Es una gran realidad: con el gobierno socialista siguen los mismos banqueros y es el mismo capital el que nos sigue explotando.

En definitiva, ¿qué es el trabajo? El valor del producto. ¿Y cómo se determina? Según las horas trabajadas. Es decir, lo que vale un producto determinado depende de las horas que se han empleado en crearlo. Pero cuando pasa a manos de un propietario y se transforma en mercancía, se vende más caro de lo que se ha producido. Esa diferencia es la plusvalía que nos enseñaron a ver Marx y Engels y con la que se queda el gran capital, robándosela al productor.

12. ¿Qué mueve hoy a los partidos, la lucha por la justicia o la lucha por el poder?

Se busca el poder para dominar, para explotar. Lo que se debía aprovechar para hacer leyes justas y equitativas, para transformar los aparatos, para tener una policía y un ejército al servicio de la libertad del pueblo se convierte en dominación sobre el pueblo. Hoy día tener el poder no es una solución suficiente. La sociedad tiene que organizarse mejor y tener gobiernos que quieran servir no al gran capital sino al pueblo.

13. Y en esto del poder ¿encuentras alguna diferencia entre los partidos de derecha y los de izquierda? ¿Se puede hablar hoy de izquierdas y derechas?

Pues claro que se puede. No es lo mismo que gobierne la derecha a que gobierne la izquierda. Aunque no olvidemos que quien está sobre ambas es la gran banca, no es lo mismo el PSOE que el PP. No hablo de IU, porque estoy seguro de que la gran banca, si llegara el caso, le iba a impedir gobernar. Yo pienso que sigue siendo necesaria la unidad de la izquierda, sigue habiendo necesidad de unir todas las fuerzas.

14 ¿Cómo ves la actual situación de la mujer en el mundo laboral? ¿Cómo se conjuga su vida laboral con la vida doméstica?

A la mujer no se la prepara profesionalmente. Esta es la razón de su inferioridad laboral. La desigualdad mayor está en la falta de profesionalidad. Desde niña se la enseña a hacer las cosas de casa. La discriminación está ya en el origen.

Josefina apostilla: tengo una hija y un hijo, y yo les he educado exactamente lo mismo. Quería que fueran los dos capaces de abrirse a la vida sin discriminaciones ni complejos.

15. Seguro que no estuviste el domingo, día 30 de diciembre, en la Plaza de Colón. Allí se iba a hablar de la “familia cristiana”, pero se habló más de política que de otra cosa. ¿Cómo ves la relación entre política y religión aquí, en España? ¿Te merece la Iglesia de hoy más o menos confianza que la de tu tiempo, la del cardenal Tarancón?

No creo en Dios ni en la Iglesia, pero, de niño, he sido monaguillo y he tenido a mi lado grandes militantes cristianos como los padres García Salve y Llanos. Pero ellos también estaban convencidos de que la Iglesia jerárquica estaba al servicio del gran capital.

Yo creo profundamente en el ser humano, en la vida, en la igualdad y la justicia entre los seres humanos. Debemos proteger y luchar por la dignidad del ser desde que nace hasta que muere. Es necesario, en este sentido, un sistema socialista sin dictadura. Para mí, que he estudiado a Marx y Engels, creo que ellos han reflejado perfectamente las perversiones de un capitalismo sin entrañas. Por eso yo he estado siempre en el PC y en IU tratando de establecer un sistema más justo e igualitario, más respetuoso con todos los seres humanos.

La globalización nos está dejando con menos fuerzas contra la tiranía del capital.

16. ¿Y los jóvenes en este complicado mundo laboral que hemos montado: precariedad laboral, inestabilidad, sueldo basura, mileuristas…?

Todo eso es verdad. Pero el joven tiene que prepararse, ser especialista en algo para que nadie abuse de él. Es necesario que la sociedad entienda que siempre necesitamos algún incentivo para producir mejor y con más cuidado.

17. ¿Qué opinión te merece la actual implicación de los sindicatos en la creciente presencia de los inmigrantes en el mundo laboral?

Los sindicatos siguen siendo necesarios porque existen clases sociales. Y, mientras haya clases sociales, va a existir la lucha de clases. Y los sindicatos están ahí para amparar al productor a conseguir mayor dignidad y no dejar que las cosas deriven por la pendiente de la violencia. Cada época trae sus modos de lucha. Y nosotros estamos por la paz, fruto de la libertad, de la democracia y de la igualdad. No se puede permitir ya la violencia. Hay otros métodos.

Y en el mundo de la inmigración los sindicatos tienen un papel muy importante: conseguir que la gran patronal no los explote, ni juegue con su carencia de documentación, de papeles. Todos hemos sido y somos, de algún modo, inmigrantes. Hay que estar a su lado.

No se puede olvidar este dato cierto: que toda la legislación laboral se ha hecho bajo el dominio de la gran patronal y la gran banca. El socialismo debería cambiar esta tendencia: que se legisle desde abajo.

18. ¿Cómo es nuestra relación sindical con Europa: satisfactoria, pobre…? Debería ser más y mejor. Pero hay que tener en cuenta que nadie nos ha regalado nada. Lo que hemos conseguido ha sido por nuestras luchas. La fuerza del mundo sindical ha estado siempre en su coherencia. Aunque siempre es bueno tener el apoyo de otros compañeros que, aunque lejos, están en la misma lucha.

GREGORIO PECES-BARBA

Evaristo Villar y Juanjo Sánchez

Éxodo 92 (marz.-abril.’08)
– Autor: Evaristo Villar y Juanjo Sánchez –
 
GREGORIO PECES-BARBA MARTÍNEZ, catedrático de Filosofía del Derecho, es uno de los siete Padres de la Constitución Española de 1978. Discípulo de Joaquín Ruiz-Jiménez, fundó con él la revista Cuadernos para el Diálogo. Fundador también y primer rector de la Universidad Carlos III de Madrid, es uno de los más prestigiosos juristas españoles, destacando su compromiso en la teorización y el reconocimiento de los Derechos Humanos (dirige una monumental historia de los derechos humanos, ya en avanzada gestación, y un estudio de la base jurídica de la “Educación para la Ciudadanía”). Desde esa plataforma de su sólida formación jurista y de su compromiso social y político ha participado con gran lucidez en la clarificación del debate abierto entre laicidad y religión, y con esta expectativa nos acercamos a él en esta entrevista.

Nos gustaría comenzar pidiéndote un breve comentario a las recientes opiniones vertidas por relevantes obispos españoles, cómo el gobierno está haciendo “leyes injustas e inícuas” (Cañizares), que están “desintegrando la democracia en España” (García-Gasco), y que “estamos retrocediendo en los derechos humanos” (Rouco).

Esas declaraciones demuestran que para estos

señores no pasa el tiempo. Es la misma doctrina que entre los años 30 y 80 del siglo XIX sostenía la Santa Sede, desde la Mirari vos a la Libertas. Es decir, son enemigos de las libertades modernas, enemigos de la democracia. Pero ahora, dando un salto mortal, presentándose como si fueran justamente sus defensores únicos.

Con lo cual se confirma lo que yo siempre he dicho: estos señores tienen una especie de inocencia histórica por la que ellos nunca han sido responsables de nada de lo que ha ocurrido en la historia.

Es ciertamente lamentable. Siguen siendo unos enemigos de la democracia. Lo cual es, por lo demás, coherente con una expresión que refleja muy bien su pensamiento en una Declaración Conjunta de los años 80, según la cual ellos eran depositarios de verdades que estaban por encima de las coyunturas mayoritarias y de la soberanía popular. Con ello, naturalmente, está dicho todo.

Ante este panorama, ¿cómo calificarías las relaciones Iglesia-Estado en la España actual?

Creo que ese principio de que no hay guerra entre dos si uno no quiere se ha demostrado falso en el caso que nos ocupa, pues el Gobierno de España ha tenido una paciencia tremenda, ha hecho un esfuerzo enorme por mantener el statu no revolver asuntos que realmente son escandalosos, por lo que incluso creo que habría que criticar al último Gobierno socialista. Y, a pesar de todo, la Iglesia ha seguido atacando de manera durísima, con manifestaciones públicas, actuando, en realidad, como un partido político de extrema derecha y dejando fuera, naturalmente, a gran cantidad de personas creyentes que no están de acuerdo con estas tesis de los obispos, pero que no tienen elementos de referencia importantes para poder contestar. Son voces aisladas, expresiones de personas, algunas publicaciones… Pero los obispos siguen manteniendo sus tesis pese a que el gobierno está queriendo mirar para otro lado en cosas que yo creo que no va a tener más remedio que abordar en la nueva legislatura.

La Constitución Española, ¿qué marco dibuja para las relaciones Iglesia-Estado?

Claramente: el marco que dibuja la Constitución es el de la aconfesionalidad. Lo que pasa es que en vez de decir que el Estado no es confesional, se dice, al revés, que ninguna confesión tendrá carácter estatal. Como para disminuir el impacto. Pero es lo mismo. Sólo que hay tesis de autores de la extrema derecha y grupos radicales, como son los Legionarios de Cristo o sectores del Opus Dei, que dicen que una cosa es la aconfesionalidad y otra la laicidad. Pero no hay tal diferencia. Ambas cosas son lo mismo. Se trata de la separación de Iglesia y Estado y supone el reconocimiento de la libertad religiosa y de conciencia, complemento al reconocimiento de la libertad ideológica en cuanto reconocimiento de aquellas organizaciones que no son religiosas, como es, por ejemplo, la masonería. Y la separación entre la Iglesia y el Estado es, a mi modo de ver, la clave, junto con el pluralismo, que rompe con la idea de que la Iglesia es la única interlocutora.

Creo que cometimos un error al aceptar en la Constitución la mención expresa de la Iglesia católica, pero se hizo porque no nos pareció que aquello fuera tan relevante. Y pensamos, además, que los obispos tendrían más buena fe de la que han tenido. Pero nos equivocamos. Y ellos lo han utilizado como para poder pensar que el Estado tenía que mantener una relación privilegiada con la Iglesia católica. Pero eso no es cierto. Está bien que se establezca que, a pesar de la separación, el Estado está obligado a mantener relaciones de cooperación, aunque se tendría que haber dicho con “las” iglesias y confesiones. Pero al decir solamente con “la Iglesia católica”, concede un prius que realmente no responde a la intención nuestra como legisladores en aquel momento. Y creo que eso habrá que ponerlo en cuestión en algún momento, replanteando temas como los Acuerdos con la Santa Sede, como la enseñanza de la religión, la responsabilidad jurídica y económica sobre los profesores de religión o, por ejemplo, los símbolos religiosos, católicos concretamente, en los actos públicos. Son cosas que tienen que ir desapareciendo.

Según estos criterios y exigencias de la Constitución, ¿qué piensas concretamente de los Acuerdos con la Santa Sede? Acabas de adelantar que se deben replantear. Cuestionarlos, en todo caso. ¿En qué sentido?

En realidad, cuestionados ya han sido, y justamente por la propia Iglesia católica. Ella los rompió al no actuar en conformidad con dichos Acuerdos en los asuntos económicos, logrando ventajas por la debilidad de un Estado que, para evitar conflictos con la Iglesia católica, termina acep- tando que se modifiquen dichos Acuerdos con la Santa Sede en tales asuntos. Es verdad que el último acuerdo ya tiene una limitación porque el 0,7 ya no tiene complemento estatal. Y eso, de alguna manera, supone una cierta mejora. Pero los Acuerdos se rompen por ahí. Por tanto, que se rompan por otras dimensiones no tendría por qué crear dificultad. La Iglesia no puede tener dos raseros. Creo que eso está incluso prohibido en el Evangelio. No se pueden aceptar los cambios que nos convienen y rechazar los que nos comprometen. Por ejemplo, los Acuerdos sobre educación, que son claramente inconstitucionales. Porque no se puede dar a la religión el mismo tratamiento que a las llamadas asignaturas fundamentales. Y luego, tampoco han sido capaces de aceptar la “Educación para la Ciudadanía”, que es una asignatura absolutamente transparente que se da en todos los países de la Unión Europea. Ese rechazo que, además, se ha agravado, contra sus propios intereses, con el apoyo que ha recibido del Partido Popular. Ha sido tirar piedras contra el propio tejado.

Hablando de “Educación para la Ciudadanía”, ¿qué piensas de la decisión del Tribunal Supremo de Andalucía sobre la legitimidad de la objeción de conciencia?

Eso es objetivamente una prevaricación. Sin querer entrar en la intención de los componentes del Tribunal —uno de ellos, hijo de uno de los grandes dirigentes de la derecha judicial— hay dos signos de que es una sentencia que no tiene ninguna posibilidad de sostenerse. En primer lugar, el núcleo central donde está la legitimación de la asignatura, que es el artículo 27.2 de la Constitución, ni siquiera es mencionado. Solamente se menciona el artículo 27.3, que se refiere al derecho de los padres a que sus hijos reciban formación religiosa acorde con sus convicciones. Pero eso es extender la educación moral a toda la educación, y eso es una ampliación abusiva que no tiene en cuenta que la educación tendrá como fin el desarrollo de la personalidad humana de acuerdo con los Derechos Humanos y los Principios Democráticos, que son el fundamento de la “Educación para la Ciudadanía”.

Se puede, no obstante, aceptar que hay alguna materia, como, por ejemplo, el tema del matrimonio homosexual, que puede entenderse que no fuera conveniente que los chicos recibieran esa enseñanza. En todo caso, si en un centro se prescindiera de explicar ese tema, no pasaría nada, pues no pertenece al núcleo de la asignatura. Y desde luego tendría que dejar de explicarse si el Tribunal Constitucional decide un día que no es constitucional. Pero si el TC decide que es constitucional, entonces no veo motivo alguno por el que no deba impartirse. En todo caso, siempre he pensado —apoyado en mi larga experiencia— que es infinitamente mejor que estos temas espinosos se los explique a los chicos una persona competente y objetiva antes que lo haga el listillo de once o doce años que lo hará, sin duda, con malicia.

Volviendo al marco general, ¿cuál crees que es el lugar y la función de la religión, mejor de “las” religiones, en una sociedad moderna democrática?

Las religiones tienen en ese marco todo el sitio para existir, para crecer, par evangelizar y para opinar sobre todo esto. Pero no pueden tener la pretensión de que las ideas de ninguna de ellas sean excluyentes de comportamientos públicos. No pueden decir: “Esto lo veto”. La soberanía popular está por encima de las posiciones religiosas en cuanto a la organización política y jurídica. Otra cosa es lo que los creyentes piensen y voten, que votarán como quieran o como les diga la Iglesia. Pero de ninguna manera eso tiene que permitirles esa grave libertad de poner vetos a actividades públicas. De ninguna manera se debe suponer que entiendan que pueden vetar o excluir materias del debate público. No hay ni una sola materia que deba quedar fuera del debate público.

Por lo demás, tienen la mala costumbre de responder a este principio diciendo que se les quiere excluir o limitar su intervención en el ámbito público y reducirlas al ámbito privado. Lo que no es verdad. La Iglesia tiene todo el derecho a expresarse y explicarse en el ámbito público, pero sin pretender que su función tenga que ser dominante. Lo corrobora el gran pensador J. Habermas cuando sostiene que ninguna concepción del bien puede ser el núcleo de la razón pública. Lo que sucede es que para los dirigentes de la Iglesia parece que no han pasado los siglos, que no ha habido Ilustración… Si ellos pudieran, serían como los islamistas radicales, no, evidentemente, en el tema de la violencia extrema, pero sí en la pretensión de mandar por encima del poder democrático legítimamente elegido (al modo de los ayatolás de Irán).

Por lo que hace a la ética, ¿hasta qué punto pueden las religiones no sólo proponer, sino tratar de imponer a toda la sociedad sus posiciones éticas, por ejemplo, sobre la familia, el aborto, etcétera?

Una de las conquistas de la Modernidad es la distinción entre la ética privada y la ética pública. La ética privada es la ética individual, personal, y ahí las iglesias pueden hacer sus propuestas. Y en ese ámbito es donde entra en juego el viejo principio: “la verdad os hará libres”. Pero al producirse la separación entre el derecho y la moral, cuando por la ruptura religiosa y la secularización ilustrada Dios deja de ser el fundamento último de la moralidad, desplazado por la idea de la naturaleza humana, surge la idea de la ética pública, que no es otra cosa que la idea de justicia que viene desde Aristóteles y constituye la ética institucional, la ética civil de las sociedades. Y concretamente, la ética pública de las democracias, en la que se incluyen la separación de poderes, el sufragio universal, libertad de conciencia y los Derechos Humanos. Y la Iglesia no puede imponer su idea de salvación a la sociedad, ni siquiera su idea de felicidad o virtud. No es aplicable a toda la sociedad, y menos pretender que esté por encima de las propuestas de la ética pública. Por eso, el lema de la ética pública no es: “la verdad nos hará libres”, sino, al revés, es “la libertad la que nos hace más verdaderos”.

Volviendo al tema de la clase de religión: ¿crees que debería mantenerse la clase de religión, y en ese caso ampliar tal posibilidad a otras religiones, y qué tipo de clase de religión debería ser: fenomenología e historia de las religiones o religión confesional católica, islámica, etcétera, como es ahora?

Pienso que lo lógico es que la religión se enseñe en las parroquias o en los centros religiosos de todo tipo. Ahora bien, no hay que negar que un Estado como el español pueda poner las aulas a disposición de las iglesias. Pero tiene que ser fuera de las horas lectivas y sin que forme parte del currículo académico (aunque es de esperar una resistencia a toda prueba por parte de la Iglesia).

¿Y qué decir del tema de la financiación de la Iglesia?

La financiación de la Iglesia —de “las” iglesias— debe correr a cargo de sus fieles. El Estado deberá contribuir, por ejemplo, a la conservación de los bienes culturales, a su mantenimiento, porque eso trasciende a la sociedad. Lo cual conduce ineludiblemente al planteamiento incómodo —que, por ejemplo, en Francia ya está resuelto— de quién es realmente el propietario de esos monumentos artísticos. En Francia, como digo, ya está resuelto: es el Estado desde hace mucho tiempo. También en España esto debe ser replanteado: si el Estado contribuye a su mantenimiento, deberá tener algún tipo de relación, incluso de propiedad, con esos mismos centros. Éstos no pueden quedar a la libre —y arbitraria— disposición de las instituciones religiosas (por ejemplo, a la hora de venderlo, sacando pinegües beneficios…). Y en esto hay experiencias suficientemente elocuentes, como, por ejemplo, el tratamiento vejatorio que recibieron los anteriores presidentes socialistas de gobierno y de la comunidad de Madrid en la inauguración de la catedral de la Almudena, después de haber aportado para su finalización una sustanciosa cantidad de millones…

Otro de los temas de fricción son los signos religiosos en la sociedad y en la vida pública, como el velo islámico o —lo más reciente- la presencia del crucifijo en la presentación del nuevo Gobierno—. ¿Cómo piensas que debería regularse?

A mí me parece que concretamente el último caso es un anacronismo y que el no haber retirado el crucifijo responde a la voluntad de no irritar más la piel de los señores obispos. Pero es incoherente, como incoherentes son los actos religiosos celebrados en medio de actos públicos.

En cuanto a los otros símbolos, como el velo islámico, yo creo que en España no hay problema especial como en otros países, Francia, por ejemplo, donde van contra los principios republicanos. Meterse en nuestro país con esos símbolos implicaría extender la prohibición a otros símbolos semejantes, como es el hábito de religiosos y religiosas, o de sacerdotes especialmente integristas. Pero esta intervención no tiene en este momento mucho sentido, y desde luego no constituye un problema especial en nuestro país.

Para finalizar nuestra conversación: si tuvieras que sugerir al actual Gobierno actuaciones que serían insoslayables para esta legislatura, ¿cuáles propondrías?

A pesar de que al Gobierno no le gusta que los mayores le demos consejos, me atrevería a proponerle que habría que abordar los dos temas más graves, que son: la renovación de los Acuerdos con la Santa Sede, dejándolos en plena conformidad con la Constitución, y segundo, el tema mencionado de la clase de religión.

JAVIER DE LUCAS

Miguel Ángel de Prada y Evaristo Villar

Éxodo 94 (may-jun.’08)
– Autor: Miguel Ángel de Prada y Evaristo Villar –
 
Hoy, en el Colegio español de París; antes, en la cátedra Unesco de Derechos Humanos de la Universidad de Valencia y siempre implicado socialmente. Es la consecuencia para Javier de Lucas de su forma de entender la filosofía del derecho, lejos de la abstracción a que pudiera remitir tanto la filosofía como el derecho.

Sus múltiples libros, siempre esclarecedores, han tratado temas tan actuales como el ‘Desafío de las fronteras’ o el significado que tiene el ‘Desplazamiento de personas en el mundo’, éste último junto a Samí Nair. En particular, siempre ha estado en primera fila mostrando su compromiso con los derechos de los inmigrantes en España. Conocedores de su trayectoria profesional y de su implicación social le hacemos llegar las preguntas de ÉXODO sobre el tema de la Educar para la ciudadanía en España.

Queremos tratar en este número de Éxodo el tema de Educar para la Ciudadanía. Según tu observación de la España actual, ¿cúal es el diagnóstico que nos puedes ofrecer?, ¿se podría hablar de buenas o malas prácticas?

En los últimos meses se ha desatado un debate intenso pero bastante vacío sobre la propuesta gubernamental de la Educación para la Ciudadanía. Respecto a dicha propuesta aún es pronto para hablar de buenas o malas prácticas educativas. Pero la ausencia de instrumentos específicos me parece una mala práctica y por ello recibo bien la creación de una asignatura

como la Educación para la Ciudadanía Si de lo que se trata es de hablar más en general de educación ciudadana, creo que nadie puede negar la evidencia de malas prácticas, comenzando por la ausencia de sentido de lo que es común y de su valoración. Y ello tiene mucho que ver con la ausencia de un tejido asociativo cívico fuerte como sucede en los tan denostados EEUU pero envidiables a este respecto, o en el Reino Unido, pero incluso en Francia o Italia comparadas con España. A nosotros nos resta aún un largo trayecto por recorrer para alcanzar el nivel de esos países.

A tu juicio, ¿cuáles son los sujetos o agentes que intervienen más decisivamente en la educación? Y ¿qué características tienen en la actualidad?

Podemos referirnos a la tríada clásica de agentes educativos: el profesorado, las familias y el alumnado. Pero, en realidad, creo que ha ido reduciéndose al binomio profesorado y compañeros de clase, porque el papel de los padres en la comunidad educativa me parece cada vez más reducido. Si fijamos la atención en el profesorado, la característica que yo percibo como más generalizada es el hastío, el desconcierto, (baste pensar en el porcentaje de patologías entre los profesores, el sector profesional más castigado) debido en gran medida al descuido endémico en medios materiales y personales, por parte de la administración (de todas) y de la sociedad civil. Es un suicidio social que la tarea más importante que afronta cualquier sociedad, la formación de sus jóvenes, reciba tan poco reconocimiento práctico, más allá de la retórica.

¿De qué ciudadanía se habla cuando se ha entrado en la confrontación entre las instancias educativas en España?

Ya me gustaría saberlo. Me temo que finalmente el proyecto de la educación para la ciudadania ha quedado muy desdibujado al albergar la posibilidad de matizaciones conforme a los idearios de los centros privados, que pueden desnaturalizar por completo el objetivo inicial. Nada más tenemos que observar cómo quienes más hablan de adoctrinamiento como crítica son quienes lo practican de forma más dogmática.

¿Te pediríamos una respuesta breve sobre los puntos siguientes: 1º ¿Qué relación encuentras entre los valores que pretende inculcar el sistema educativo y los que se viven a diario en la realidad socioeconómica?

Escasísima, dicho de forma rotunda. Aunque aún no cabe desesperar, dicho también cum grano salis. En algunos niveles educativos, como el universitario, se abre paso firmemente la tesis de que el sistema educativo es una herramienta al servicio de las demandas de los agentes del mercado y se entiende de esa forma la tesis –sofisma- de que la Universidad debe estar al servicio de la sociedad… Todo se andará, si no lo impedimos. En mi opinión, la ausencia de propuestas claras y específicas de la comunidad educativa en general y del profesorado universitario en particular está dejando el campo libre para la configuración de un modelo de formación acrítica y sometida a las exigencias descaradas de la economía.

2º Y ¿entre los valores inculcados en el ámbito privado y la esfera pública?

Casi ninguna; más bien contradictoria, pues en el ámbito privado reina el individualismo posesivo, el atomismo individualista, la búsqueda de la felicidad cifrada en el éxito mediático…, ¡para qué seguir!. Así es muy difícil que la labor formativa que tiene encomendada el profesorado pueda arraigar en los jóvenes. Y no es que el ámbito privado esté regido por los principios del grupo familiar, que aportaría al menos unas capacidades de identificación colectiva, sino que dicho ámbito se ha visto informado desde dentro por los principios del mercado. Podemos recordar el eslogan de “consume hasta morir”; esto parecería ser la meta de la educación para el mercado.

Pasando a un tema que has tratado en múltiples ocasiones, ¿cómo consideras la diversidad cultural que actualmente impregna nuestra sociedad: un aporte positivo o un reto insalvable para la educación de la nueva ciudadanía?.

La verdad es que me parece sobre todo una condición de la realidad a tener en cuenta en cualquier proyecto educativo o social y desde luego también en uno que pretenda educar en la ciudadanía. Si ciudadanía es participación activa y critica en la construcción y gestión del espacio común, es evidente que el respeto a la diversidad es constitutivo del proyecto. Es un error pensar que la diversidad cultural es un ingrediente de la educación para la ciudadanía en las escuelas con presencia de inmigrantes (identificados como el factor de diversidad también erróneamente). Aunque creo que otro error frecuente es ignorar u olvidar que la diversidad cultural era de antiguo una condición estructural, también en el caso de España, por más que voluntariamente fuera marginada u ocultada.

Aunque afirmas que la diversidad cultural no es resultado en España de la presencia de los inmigrantes, no nos resistimos a pedirte una valoración sobre la denominada ‘Directiva de la vergüenza’ de la U.E respecto al retorno de inmigrantes. ¿Cuál es tu valoración?, ¿por qué se produce en este momento y qué significado puede tener para el respeto de los derechos humanos y para el futuro de Europa?

Me encuentro en la misma posición crítica que han expresado centenares de ONGs y multitud de asociaciones de juristas, como el Consejo General de la Abogacía española, el Consejo Europeo de la Abogacía, Jueces para la Democracia, el Grupo de Estudios de Política Criminal…a las que es difícil acusar de demagogia irresponsable, ignorancia o incompetencia. Las razones de la adopción de la directiva son obvias: la prioridad de la lucha contra la inmigración “ilegal”, obsesión securitaria que, sin discutir su fundamento objetivo, vende bien como problema-obstáculo para obtener adhesión en momentos en que peligra la legitimación social (en contextos de crisis). Es incomprensible que en su decisión del 18 de junio de 2008 haya aprobado una directiva que está en contra de cuanto el Parlamento europeo ha defendido en este punto: sorprende el ataque de amnesia del Parlamento europeo, que ha olvidado que hace apenas 2 años (en 2006) adoptó una resolución en la que criticó que Malta admitiera períodos de detención de irregulares de hasta 18 meses, por desproporcionados y lesivos, y ha olvidado el contundente informe de 300 páginas sobre 135 campos de internamiento europeos para irregulares, elaborado por el Steps Consulting Social por encargo del Propio Parlamento Europeo.

¿En qué puntos se podría resumir la crítica principal a esta directiva del retorno?

Las razones de la crítica son de tres tipos. Primero, la capacidad estigmatizadora sobre los inmigrantes; en particular sobre los indocumentados. Segundo, el riesgo para el Estado de Derecho, pues se adopta una lógica más propia del estado de sitio, como denuncia D. Lochak: por ejemplo, porque supone la posibilidad de dejar en manos de autoridades administrativas decisiones que implican privación de libertad (lo que es una medida penal que sólo debe adoptar un juez), y porque consagra ese tertium genus detestable que son los campos de internamiento. Y además, en tercer lugar, porque pone en riesgo –pese a lo que se asegura- derechos fundamentales, como el de la justiciabilidad: el derecho a tener derechos, en la medida en que no se garantiza (pues solo es “posible”) el derecho a asistencia letrada gratuita. Por no hablar del internamiento de menores, de su posible expulsión a países en los que no cuentan con tutor ni familia identificadas sino simplemente “estructuras de acogida adecuadas”… Por todo esto y otros puntos más, creo que ha sido un acierto la calificación de ésta como ‘Directiva de la Vergüenza’.

La mayor presencia y peso de la mujer en la sociedad, ¿qué está suponiendo y qué puede suponer de cara a la educación para la ciudadanía?

Tener en cuenta el peso real y la presencia de las mujeres en la sociedad se trata simplemente de una exigencia de realismo y de justicia. Esa mayor presencia acercará los modelos educativos a mensajes más acordes con un principio ineludible que debe presidir todo proyecto educativo y más aún el de educación para la ciudadanía: la igualdad. La igualdad como no discriminación y como no dominación, lo que exige a mi juicio acciones de discriminación positiva y de empowerment, en este caso, respecto a las mujeres. Una parte importante de dicha educación debe orientarse pues a romper con el dogma del patriarcado y con sus consecuencias normativas y prácticas tan profundamente instaladas gracias a modelos de educación que son machistas, es decir, prejuicios discriminatorios.

¿Cómo influye en esta educación el carácter público o privado de las instituciones?; ¿cuál debe ser, en tu opinión, la relación entre ambas?

A mi juicio en este punto no debería haber diferencia. La escuela –pública y privada- debe garantizar el aprendizaje (conocimiento) de unos contenidos básicos, que podemos identificar con los derechos humanos, las reglas, valores y procedimientos elementales del Estado de Derecho y de la democracia, etc. Debe, así mismo, transmitir el valor de lo público, de lo que es común, y la responsabilidad que a cada uno nos corresponde de informarse y decidir. Y , por último, debe ayudar al objetivo clásico de la Ilustración: aprender a pensar con la propia cabeza, es decir, formar ciudadanía activa, participativa y crítica.

Según esto, ¿cualquier institución educativa, sea pública o privada que no garantice ese aprendizaje o no transmita el valor de lo público, se puede considerar pre-ilustrada y, sobre todo, pre-democrática?

Es obvio. Pero aún hay más. En España hace falta que los ciudadanos fuéramos capaces de discernir colectivamente en las instancias educativas tales características. Y cuando digo en las instancias educativas, me refiero a todas las instancias educativas; esto es, ninguna podría quedar al margen de esa tarea. En ese momento la responsabilidad educativa de la ciudadanía habría alcanzado el grado de participación y crítica colectivas que se requiere en una sociedad madura.

¿Cuáles pueden ser las consecuencias educativas que acompañan a la presencia dominante de la religión o de la laicidad en la sociedad civil actual y futura en España?

Sin respeto exquisito al principio de laicidad no es posible la democracia, porque no es posible el pluralismo. El marco común, a mi juicio es el que propone la ley francesa de 1905. La religión, como educación en confesiones religiosas (cualesquiera que sean) y en sus valores, no tiene cabida en la escuela. La solución no es multiplicar la presencia de clérigos y de confesiones en las instituciones (por cierto, si así fuera, habría que incluir a los ateos y a los agnósticos), ni tampoco dar preferencia a unas confesiones sobre otras. Otra cosa es el tratamiento de la historia de las religiones como fenómeno cultural, cuyo conocimiento es imprescindible para entender la historia, el arte, la cultura…Y, por supuesto, laicidad no es neutralidad ignara. La educación no puede ser neutral respecto a la igualdad de los seres humanos, a la tortura, a la pena de muerte, al derecho a la libertad de conciencia o de expresión, a la intimidad, etcétera.

Podríamos retener como titular de esta conversación, que la tarea de la educación para la ciudadanía es precisamente mostrar una apuesta decidida por la igualdad y la libertad sin condicionamientos.

Exactamente. Sin apuesta no hay educación y sin educación no hay futuro. Ese futuro mejor en igualdad para todos es lo que se conseguirá con la formación de una ciudadanía crítica y participativa. La educación para la ciudadanía puede aportar un grano importante en este edificio de lo público; no más pero, tampoco, menos.

Pues, muchas GRACIAS POR tus aportaciones.

ENRIQUE DUSSEL, TEÓLOGO Y POLÍTICO DE LA LIBERACIÓN

Evaristo Villar y Carlos Pereda

números 78-79 (marzo-junio ’05)
– Autor: Evaristo Villar y Carlos Pereda –
 
Nace en Mendoza en 1934 (Argentina) y habita desde 1975 exiliado en México. Autor de más de 50 obras en diferentes lenguas, destacando: Para una ética de la liberación latinoamericana, Siglo XXI-USTA, Buenos Aires-Bogotá, 1973-1980, t.I-V ; Filosofía de la Liberación, Edicol, México, 1977; Ética comunitaria, Paulinos, Madrid, 1986; El encubrimiento del Otro, Nueva Utopía, Madrid, 1992; Ética de la Liberación en la edad de la Globalización y de la Exclusión, Editorial Trotta-UAM.I-UNAM, México, 1998; Hacia una Filosofía Política Crítica, Desclèe de Brouwer, Bilbao, 2001, etc. La entrevista tuvo lugar en Porto Alegre (Brasil) durante el V FSM.

Un hombre tan polifacético como tú, ¿en qué estás ahora implicado?

Estoy trabajando una propuesta Política. Después de la Ética que saqué en el 98 ya tengo muy avanzada la Política. Pretende ser una Historia de la Política basada en un análisis y descripción muy precisos, siendo, al mismo tiempo, crítico con la Filosofía Política Contemporánea.

Como se puede advertir en este Foro Mundial de Teología y Liberación (FMTL), se está iniciando una crisis en los movimientos sociales que van a acabar transformándose en movimientos políticos. Y esto necesita una reflexión y un marco teórico. Por eso la política se vuelve central.

En América Latina ya se están jugando las cosas en el plano político. En el tema de la deuda externa, por ejemplo, a la que estamos contribuyendo con miles de millones los latinoamericanos, la única manera de parar esta sangría es políticamente. Los gobiernos ya han comenzado a tomar conciencia y actualmente estamos pasando de deudores a acreedores.

Desde el análisis del sistema mundo que tú haces, ¿cuáles son los fenómenos predominantes en esta fase de globalización del neoliberalismo económico?

El mayor fenómeno que yo destacaría es la mediocracia o poder de los medios de comunicación. Este fenómeno se está transformando en un tema político fundamental, mucho más importante que el poder ejecutivo, legislativo y judicial. La mediocracia es el poder interpretativo de los acontecimientos políticos, es su hermenéutica. Y, como al fin y al cabo, lo que la gente hace es formarse una idea de lo que los políticos hacen para, luego, elegirlos o rechazarlos, el poder de los medios en este campo es determinante. Debería haber en todas las Constituciones un primer artículo para regular el deber de la información veraz y tribunales especiales para juzgar sus excesos. Se habla mucho del derecho a la libertad de prensa, pero nos se habla tanto del derecho del ciudadano a una información veraz. La deformación que hacen las transnacionales de la información en América Latina es alarmante. Difícil saber lo que piensa el pueblo porque estos poderosísimos medios los trasforman todo desde el punto de vista de la globalización neocolonizadora. Nos hacen vivir en una esquizofrenia completa. Van a liquidar América Latina no con una guerra de invasión como en Irak, sino con la telebasura. En Venezuela han intentado deslegitimar el gobierno legítimamente de Chávez y en México han sacado a la calle más de 700.000 personas contra la inseguridad del Distrito Federal que es lo que mejor funciona en el país. Necesitan demostrar su fuerza.

Otros fenómenos, no menos alarmantes, son el militarismo extremo al que nos está llevando Bush y sus neocoms y la gran burbuja económica mundial. Sabemos que Bush está decidido a usar las armas en los casos estratégicos que les interese. Un ejército imperial dispuesto a ejercer como policía de la Tierra y que atemoriza. Es cierto que el imperio está perdiendo legitimidad porque ésta nace del consenso y el imperio se está quedando solo. Casi ningún país, salvo Inglaterra e Israel, apoya esta política militarista norteamericana. Por otra parte, ante el surgimiento de Europa- que es mucho más fuerte- China e India, está perdiendo también la hegemonía económica. El capital norteamericano porcentualmente está cayendo en picado desde el fin de la guerra. Sólo el uso desmesurado y descarado de la maquinita de hacer dólares lo mantiene en una cierta artificialidad . Pero esta acumulación de dinero no responde a su riqueza real (burbuja). Hoy día es el país más endeudado del mundo, está viviendo del capital del resto del mundo. Y a esto hay que añadir la enorme debilidad del dólar que, aunque de momento le resulte beneficiosa, pronto puede agotar su capacidad de exportación y arrastrar al mundo a una crisis de endeudamiento de enormes proporciones.

Durante estos días yo pensaba: si hace treinta años lanzábamos la opción por lo pobres, treinta años después es veinte veces más necesaria. Y este es otro fenómeno realmente dramático. Porque la pobreza se está globalizando en proporción casi aritmética. Pero se advierte también, correlativamente, una mutación lenta en la conciencia política de la humanidad. La gente se siente cada vez más insatisfecha.

Has hablado del poder de la mediocracia sobre el pueblo. Pero, más al fondo, ¿cómo desenmascarar el formidable poder del capital y de la economía sobre el resto de las actividades humanas?

El campo de lo económico cruza el campo político, el cultural, el religioso y todos los demás. Todos los campos se cruzan – no estoy de acuerdo con la visión simplificada de los dos campos de Habermas-,hay muchos campos.

Los campos tienen sistemas y estos se cruzan de tal manera que actualmente no disponemos de una teoría sociopolítico-filosófica capaz de explicarlos. Pero, por supuesto, que el capital, si se entiende en el sentido estricto – yo diría y correcto y válido- de Marx que es lo que está funcionando, es determinante. Pero ahí está también el trabajo que sigue siendo la base de todo, aun en los robots (porque los robots no los hacen los ángeles). La gente sigue trabajando la cosecha del trigo y la recolección de fresas.

Lo realmente escandaloso es que el capital, que es la acumulación del plusvalor, se esté concentrando de una manera feroz y esto se haga a través de un mecanismo absolutamente corrupto y perverso. Se ha dicho que el capital industrial es más o menos el 8% del acumulado mundial, y el capital financiero el 92% restante. Claro que ese 92% de capital financiero, cuando llega una crisis monetaria mundial, se evapora y esto causa pánico.

Por otra parte, el mercado está ya saturado y no permite mayor producción – no hay quien compre: lo pobres no pueden comprar y los ricos ya están saturados-. Entonces el plusvalor se reinvierte en capitales financieros que, en momento de crisis, desaparecen. En definitiva el capital es el monstruo que se va comiendo a la humanidad.

Se ha escrito mucho sobre la gran dificultad que tiene el poder político, aun en Estados poderosos, para controlar el poder financiero. ¿Es realmente tan grande la capacidad de éste para desestabilizar el mercado, la economía y, en definitiva, el poder político?

No cabe duda, es enorme. Cualquier trasnacional puede poner en serios aprietos a cualquier país simplemente trasladando su capital productivo a otro lugar que le resulte más rentable. En este sentido, la India es actualmente un paraíso: se puedo pagar diez veces menos un salario y así se compite mejor. Lo que quiere decir que tanto el capital financiero como el productivo a nivel internacional están sin ninguna regla, están en el “estado de naturaleza” que dirían Hobbes, o Locke. Pero, en opinión de Soros, esta situación “no va a aguantar”, está abocada a una crisis estrepitosa. Se necesita reglamentar de alguna forma el capital sea financiero o productivo. Y esta reglamentación tiene que ser necesariamente política. Por eso Soros, en su libro “La sociedad abierta. Reformando el capitalismo global” dedica un capítulo que remedando a Marx dice así: “Estados del mundo, uníos”.

Porque, en 10 o 15 años, dada la precariedad y la flexibilidad del trabajo, esto va a estar que arde. Quisiera pensar que estamos entrando en un verdadero cambio de civilización, un cambio que yo llamaría “transmoderno” (que no es otra modernidad, ni diálogo intercultural, sino otra civilización). Esto se va a tener que venir abajo porque está llegando a un punto insostenible.

Afortunadamente corren hoy nuevos vientos en América Latina, desde el punto de vista político y social ¿Cuáles son, a tu juicio, las ideas fuerza que están promoviendo este tipo de reivindicaciones sociales? ¿Qué está faltando para que América Latina encuentre aquel rumbo que soñaron San Martín y Bolívar? Muy sencillo. El 8 del pasado diciembre (2004) se firmó en Cuzco el Tratado de la Comunidad de los Estados de Sudamérica. Cuzco, antes de la conquista, fue la capital del Imperio Inca, digamos, la ciudad más importante de América del Sur. Estaban todos los Estados, hasta la misma Colombia que, por despiste, se escapó de las garras de EE.UU. Esto fue un importante comienzo de la unidad latinoamericana. Allí estaban Lula (más brillante en la política internacional que la nacional) y Chávez trabajando codo a codo por la unidad de América del Sur. (Centroamérica y México están en manos del imperio. Si en las próximas elecciones México eligiera a López Jurado éste inclinaría también a Centroamérica y el Caribe hacia la unidad latinoamericana ). Empezarían a existir una serie de gobiernos patriotas. Y con esto está todo dicho.

Este impulso político hacia la unión latinoamericana, ¿se puede entender como un proceso de liberación?

No, es algo mucho más previo. Yo lo llamaría de sobrevivencia”. Como decía Aristide, que después se corrompió: “no es asunto de liberación; aquí vamos a pasar de la extrema miseria a la pobreza”. Aquí debemos pasar de un proceso de extinción, de destrucción genocida, a un proceso de sobrevivencia. Ahora vamos a empezar a comer todos, como en el “hambre cero brasileña”. Y ya es bastante. Porque actualmente hay gente que no come. Entonces, si ya comen todos/as, llegamos al nivel mínimo. Nuestra amiga Adela Cortina habla de la “ética mínima”. Aquí se trata de una política de propósito mínimo para salvar a la gente. Necesitamos crear leyes para poner bajo el control del pueblo las inversiones extranjeras y nacionales. Es decir, que ahora por el derecho vamos a meterlos en regla.

En el Foro de la India del pasado año se planteo, como acción directa, el boicot a ciertas marcas de compañías trasnacionales que explotan económicamente a la mano de obra y colonializan a la gente. Pero no ha sido muy firme esta decisión. ¿Piensas que puede prosperar en este foro lo que quedó inconcluso el año pasado?

Se puede hacer. Eso es bueno porque uno logra objetivos precisos. Ayuda también a organizarse la gente. Pero dudo de otras eficacias. Porque le haces boicot aquí y la compañía se traslada a otro sitio. Sacan el capital de ese país y te lo hunden. Y todos acaban pasando hambre. Es decir, el boicot puede asustar un poquito, pero no es la solución. No es una acción política, sino social, anarquista. Y yo creo que ya es hora de actuar políticamente.

¿Una resistencia civil estilo Gandhi?

Claro, pero no olvides que Gandhi también estuvo en el Partido del Congreso y llegó al poder. Hizo política hasta crear un partido populista, nacionalista que, si no hizo la revolución, fue quizás porque no pudo hacerla. Pero cuando visitas la India, recibes fuertes impactos de Gandhi.

Qué pensar de algunos gobiernos últimamente aparecidos en América Latina ¿Hasta dónde se puede esperar de ellos una verdadera reforma política? Pensamos concretamente en Lula en Brasil, Kirschner en Argentina y Chávez en Venazuela?

En primer lugar, estos gobiernos han llegado al poder político legalmente, por decisión de unas mayorías, lo cual supone que, a pesar de todas las trampas formales, ya hay una población que los apoya porque quiera cambios. Es decir, que antes de lo que hagan o dejen de hacer, algo ya ha cambiado, la conciencia del pueblo. Pero, a continuación, hay que decir que ninguno de los proyectos que representan son revolucionarios. Se trata de un reformismo más o menos firme y con muchas divisiones. En América Latina nunca ha habido Estados fuertes. La fragilidad se advierte aún en los mismos partidos que apoyan estos proyectos políticos. El Partido del Trabajo, por ejemplo, que apoyo a Lula es actualmente una jaula de grillos. Y, en tercer lugar, esto nos lleva a entender mejor lo que es la democracia: una recreación constante del país en todos los niveles político, económico, social, cultural. Finalmente, aunque inestable, estos gobiernos están marcando una nueva situación en América latina. Una situación que, si EE.UU la respeta, en 15 o 20 años habrá transformado muchas cosas en este continente. Por ejemplo, Lula para mi no ha fracasado, aún no cuenta con tiempo suficiente para evaluar correctamente el alcance de su política.

Otro mundo es posible. ¿Qué consideras irrenunciable para que ese otro mundo se de? ¿Se está ya dando en alguna parte, dónde? ¿Qué representan en este empeño los movimientos antiglobalización?

Primero, en cuanto a la formulación “otro mundo es posible”, ¿de qué tipo de enunciado se trata? No es un imperativo normativo: “debes cambiar el mundo”. Tampoco es un postulado del estilo “debemos construir el mejor mundo posible”. Se trata de algo mucho más discreto: de una apertura de horizonte utópico. Es más, yo diría que es el enunciado de la apertura de todos los posibles horizontes utópicos: “otro mundo posible”, no éste, sino otro. Como dice Galeano: “¿Para qué sirve la utopía si es imposible? Para caminar”. A mi me gusta el símbolo de la estrella polar: ¿para qué sirve la utopía? Para orientarme. Orientarme, es decir, este mundo actual no es único, no es el único posible. Por tanto, entro ya en posición crítica y esto es lo fundamental en este punto: abrir un horizonte.

Pero, en segundo lugar, ese horizonte va llenando con puntos concretos posibles con infinita cantidad de campos posibles. Así, hay un mundo nuevo del mundo femenino o familiar, de la masculinidad, de lo político, económico, educacional, de los media. ¿cómo se construye ese mundo? Paso a paso. La Utopía de Tomas Moro no es otra cosa que pintar de positivo las cosas negativas que había en su tiempo. Entonces, las posibilidades se abren a medida que vamos emprendiendo algunas de las que se abren otras nuevas posibilidades. No creo que tengamos ya necesidad de pintar una alternativa muy clara porque todavía estamos en un momento creativo.

¿Qué religión para “otro mundo posible”?

Mira, las iglesias que más están creciendo son las autóctonas, las que tienen un discurso propio. Y las centrales de estas iglesias están en Brasil, en Chile, en México o en África. Son las que no dependen de iglesias tradicionales, cuyos centros rectores están en los países del centro. ¿Por qué? Porque éstas no saben lo que está pasando en la periferia. El bienestar económico en los países del centro los ha hecho individualistas, hedonistas y frívolos. Donde sobra la religión y la solidaridad, dadas sus crisis económicas, no abunda. Tiene más importancia al futbol que a la iglesia. En la periferia, en cambio, donde la gente tiene que afanarse por comer una vez al día, se siente más cercana la presencia de la religión.

El Catolicismo romano se ha mostrado tan autosuficiente que no ha llegado a comprender bien lo que está pasando en América Latina. Roma, tan esclava de su ortodoxia, ha cometido aquí demasiados disparates, eliminando al CELAM, nombrando obispos contra la sensibilidad del pueblo, desestimando a las Comunidades Eclesiales de Base, represaliando a sus teólogos y pastores, etc. Ha ido abriendo una crisis injustificable que se va agrandando con el tiempo. Y lo peor es que Roma aún no ha caído en la cuenta de esto. Hoy día el catolicismo en América Latina ya no es mayoritario si tenemos en cuenta el número de los que van al templo y lo comparamos con los que van a otros cultos. Aunque tampoco las iglesias luteranas, con sus centrales en Alemania o en EEUU crecen por las mismas razones. En los ambientes occidentales más cultivados de aquí, con fuerte incidencia en el individualismo, el misticismo , etc. está aumentando, a todas luces, la presencia de religiones de corte orientalizante. Es significativa la presencia del Budismo.

¿Qué piensas de esta confesión hecha por una teóloga oriental durante el 1 FMTL: “Yo soy cristiana, pero no me importa ser budista a la vez”.

Pienso que todas las religiones son sincréticas. Y el cristianismo también lo es. Sólo una muestra. Si a un cristiano le digo: la fiesta de Navidad no tuvo un origen cristiano, se sorprenderá ¿verdad? Pero lo cierto es que la Navidad se origina en el siglo III. Jamás se festejó la Navidad en el siglo I porque el 25 de diciembre no tiene nada que ver con el nacimiento de Cristo, sino con el nacimiento del sol que se celebraba en el Imperio Romano. (El día 21 de diciembre, que es el día más corto del año, por sucesivas adaptaciones se convirtió luego en el 25). Pues parecido origen tienen otros muchos misterios cristianos hasta el mismo credo. El Cristianismo es completamente sincrético. Entonces, la teóloga que dijo que era cristiana y budista no dijo ninguna contradicción, porque, en el fondo, el Budismo es más una técnica de contemplación que una religión. Se puede ser budista en muchos aspectos y cristiano en otros. El problema no es el sincretismo.

Clausurado ya el 1 FMTL ¿qué juicio te merece?

Pienso que el hecho mismo de que este foro de teología quiera seguir acompañando al FSM es muy positivo. Como ha hecho siempre la teología de la liberación, se trata de seguir acompañando, desde la reflexión teológica, el surgimiento de un nuevo movimiento mundial muy interesante y que habrá que prestarle más atención. Sergio Torres está decidido a continuar por esta línea y yo creo que hay que apoyarlo.

Finalmente, Pedro Casaldáliga se ha jubilado por edad y quieren hacerle abandonar su diócesis como si hasta la fecha hubiera sido un usurpador. ¿Qué pierden la comunidades de base y los movimientos sociales con esta jubilación ?

A nuestro santo obispo, por desgracia, le va a tocar lo santo. Y con una Roma burocrática va a tener que ocultar hasta sus últimos días una persecución velada, pero persecución al fin. Como lo han sufrido todos nuestros obispos en América Latina. De ahí el suicidio que hace la Iglesia Romana. A todos los grandes obispos los ha sustituido por otros obispos que han sustituido su obra. A Méndez Arceo, a Proaño, a todos… ¡es una Iglesia suicida! Mata a sus hijos, los mejores, y los deja para que los coman las águilas. Pero ni siquiera los entierra. Es una cosa espantosa. Hay que ser idiota, es decir, poco inteligente para hacer esto. Una gran tarea hecha en un lugar, ¡que pongan a alguien que la continúe, que eso va a ser hermoso! Pues no, nombran a alguien que va a destruir y a escandalizar al pueblo cristiano.

El posible candidato a suceder a Pedro ha puesto como condición que se le haga a Pedro una casa digna y que se le saque de la diócesis. Las dos cosas son absurdas. Primero ¿para qué una casa digna para alguien que siempre la tuvo y era pobre? No la necesita. Eso significa que el sucesor quiere hacerse una buena para si mismo y así disimula. Con lo cual quiso decir, yo no voy sin una casa buena. Y segundo ¡qué se vaya Pedro! ¡Cómo se va a sacar a un padre de entre sus hijos! Esto es la crucifixión final de un santo.

JOSEP RAMONEDA

José Antonio Pérez Tapias

Éxodo 89 (may.-jun’07)
– Autor: José Antonio Pérez Tapias –
 
Hablar de nuestra democracia con Josep Ramoneda es compartir análisis y reflexiones no sólo con un ciudadano cabal, sino con un destacado observador y comentarista de nuestra realidad política. Su rigor informativo y su honestidad intelectual forman parte de su quehacer diario como periodista, el que tantos hemos incorporado a nuestras vidas cotidianas como oyentes de radio o lectores de sus columnas habituales. Su solidez académica y su activismo cultural le llevaron hace años a la dirección del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, el cual es punto de encuentro para las actividades más diversas, lugar de cita para debates abiertos y laboratorio de ideas y experiencias que desde ese foco radicado en Cataluña dinamizan la realidad cultural de nuestro país. En su despacho del CCCB nos recibe para la entrevista que amablemente, con su característica generosidad, nos ha concedido para Éxodo. La entrevista se convirtió en una larga y rica conversación que bien merece la pena que sea compartida con nuestros lectores. Conste desde el inicio nuestro más profundo agradecimiento a Josep Ramoneda.

Desde las primeras elecciones democráticas, tras la dictadura franquista, han pasado 30 años. A lo largo de ellos se han dado procesos y acontecimientos que han ido marcando nuestra trayectoria colectiva. Podemos recordar algunos: aprobación de la Constitución en el 78, pactos de La Moncloa, intento de golpe de Estado en el 81, terrorismo de ETA, victoria electoral del PSOE y legislatura del “cambio” en el 82, referéndum sobre la permanencia en la OTAN, entrada en la UE, huelgas generales, casos de corrupción, proceso en torno al GAL, victoria del PP en el 96, atentado islamista del 11-M en 2004, elecciones del 14-M en las que gana el PSOE con Zapatero, el llamado “proceso de paz” en relación al terrorismo de ETA., hasta el día de hoy. Destaca en la actualidad la ruptura de la tregua por parte de ETA y las apelaciones a la unidad de todos los demócratas para hacer frente al terrorismo. Pero ellas caen en el suelo pedregoso de una política muy crispada, tras una legislatura en la que el PP no ha cesado en su política de confrontación y de intentos de deslegitimación del gobierno de R. Zapatero. Tras este sucinto recorrido por los avatares más significativos de nuestro recorrido democrático, ¿podemos hablar de una democracia “sana” y consolidada en España?

Podemos hablar, ciertamente, de democracia consolidada, pero de democracia “sana” no tanto. Surgen dudas al respecto al leer a determinados articulistas e ideólogos de la derecha, con su insistencia en la amenaza a la unidad de España y ese tipo de cosas. Profundizando en la cuestión, es obligado tener presente factores de nuestro pasado que afectan a la democracia que tenemos.

Por un lado, no hay que olvidar que la democracia en España es también hija de su historia, reconociendo que cuando se recupera tras la dictadura no deja atrás un lastre de partida: falta cultura democrática al inicio de la transición. El franquismo modeló una sociedad con una marcada cultura conformista y de adaptación de los individuos a lo existente.

Por otro, si reparamos en la experiencia política de los partidos que operaban en la clandestinidad contra la dictadura es obligado reconocer que esa acción política no se identificaba sin más con la experiencia democrática.

Algo que sí se realza en relación a la transición de la dictadura a la democracia es el valor del consenso, pero también aquí hay que decir que, siendo el consenso necesario en su momento, ha pasado después a ser objeto de una mitificación excesiva. La búsqueda del consenso político, aparte otros antecedentes, vino a ser el cumplimiento de algo que el PCE ya planteó décadas atrás con su propuesta de “reconciliación nacional”. Luego, siendo útil en su momento, el consenso pasó a verse exagerado como bien absolutamente deseable. Y no hay que perder de vista la otra cara de la democracia, la del conflicto y el disenso.

Hoy nos encontramos precisamente con eso, con un conflicto muy acentuado al haberse dado la ruptura de la lógica del consenso por parte del PP, lo cual se produce de una manera un tanto dramática, aunque viene gestándose desde comienzo de los 90. La premisa de la crispación alimentada por la derecha es que, siendo minoritaria, sólo podía ganar desde cierta sensación de crisis. Y se ha dedicado a cultivarla.

La democracia española tiene sus hitos en cuanto a momentos conflictivos, pudiéndose señalar el intento de golpe de Estado del 81, lo ocurrido en torno al GAL y, después, la tensión en torno a la decisión de entrar en la guerra de Irak. El problema actual es que el PP ha llevado el asunto a una ruptura institucional en torno a la política antiterrorista. Se instala en la negación de acuerdos en cuestiones relativas a instituciones del Estado.

En otro orden de cosas, es insoslayable como herencia del franquismo una tendencia al caudillismo que ha funcionado una y otra vez, suponiendo un fuerte lastre para el juego democrático. El recurso a la figura del líder carismático se encuentra reforzado por la forma como se pretende hacer política democrática en la sociedad de la imagen.

Y puestos a mencionar restos del franquismo hay que subrayar la paradoja que supone que uno de ellos, aunque surgido contra el mismo, siga siendo ETA. Aquí no ha habido “reciclaje”.

¿Qué decir de los liderazgos políticos, a los que acabas de hacer alusión?

En España, una secuencia con ciertos acentos catalanes, es la que representan González, Aznar, Pujol, Maragall, Zapatero, Rajoy, Clos. Montilla…Estoy tentado de decir que ha habido un “salto de calidad” importante, hacia líderes más livianos, aunque no quisiera que esta apreciación se entendiera dicha sólo por motivos de cultura política según razones de edad, es decir, generacionales. Lo cierto es que han cambiado los modos de hacer política, de elaborar el discurso, de formular propuestas, etc. Un caso singular es el de Rajoy, que fue Ministro del Interior, entre otras cosas, con Aznar de Presidente. ¿Cómo puede ser luego candidato con un proyecto político propio? Es difícil. Por la izquierda, la dificultad se centra en la elaboración de un discurso alternativo. Mirando más allá, observemos el caso de Sarkozy, donde encontramos un “producto” creíble como proyecto, de ahí el apoyo electoral obtenido; se trata de un “producto” contradictorio, pero con capacidad de presentarse como proyecto.

Si es difícil lograr proyectos diferenciados, resulta además que la izquierda se asusta a la hora de intentarlo, mientras que la derecha acaba asumiendo políticas cruciales de la izquierda, como las sociales. Mientras que la derecha gana ventaja por ahí, la izquierda se obsesiona inútilmente por la búsqueda del centro. ¡Y en política, el centro no existe! Es otro mito. Por la calle no anda la gente de centro. Es una especie de “limbo político”.

Hablando de esto, recuerdo a Mitterrand, quien sostenía que para ganar había que obtener primero el pleno apoyo de los tuyos y después se podría ganar a los demás. Es decir, no se gana desdibujando la propuesta propia.

En la situación que comentamos nos tropezamos con una paradoja de la comunicación, que viene dada por el debilitamiento de las instituciones sociales intermedias, lo que da paso al monólogo del líder de cada partido, que espera la respuesta a través de los sondeos de opinión. Así, los recursos para la comunicación dan lugar a una mala comunicación. Los partidos quedan como meras “máquinas electorales”, lo cual implica una pérdida.

Si profundizamos filosóficamente en la cuestión, ¿estamos lejos de la tan invocada “democracia deliberativa”?

Lo que se subraya al hablar de “democracia deliberativa”, esto es, la capacidad de argumentar en el espacio público, es una función esencial de la democracia. Pero muchas veces constatamos lo lejos que estamos de una deliberación en serio, antes o después de las decisiones políticas. Quiero hacer mención de algo especialmente llamativo: aquí se suprimió el servicio militar obligatorio sin un minuto de discusión política sobre cuestión tan relevante. No digo que hubiera que mantenerlo, pero de un plumazo desapareció algo que había sido tan nuclear a nuestra concepción política, casi desde los griegos, podemos decir, como es la idea de la ciudadanía en el servicio de las armas. Y ello se produjo además por motivos claramente electoralistas. Otro ejemplo, más de actualidad: recae un fuerte tabú para debatir a fondo cuestiones relativas al Estado de las autonomías. ¿Por qué no es posible hacer un balance serio sobre lo positivo y lo negativo en todo el recorrido que llevamos del Estado de las autonomías? Sólo se plantean las cosas en términos de transferencia de poderes. Encontramos por ahí una versión postmoderna, en el Estado de las autonomías, de los viejos vicios del caciquismo y el clientelismo.

En nuestra trayectoria política colectiva ha sido decisivo el proceso de descentralización política que nos ha conducido, partiendo de la Constitución y concretamente de su art. VIII, al Estado de las autonomías. ¿Puede decirse que la construcción del Estado de las autonomías ha redundado en mayor madurez democrática de las instituciones y en más participación democrática de la ciudadanía? ¿Cómo valorar, desde la perspectiva del camino recorrido, las reformas estatutarias llevadas a cabo a lo largo de esta legislatura? Y al hilo de eso, nacionalismo y democracia, ¿hasta dónde son compatibles –o cuándo empiezan a ser incompatibles?

Nacionalismo y democracia no eran problema en “Estados cerrados”, con una identidad de legitimación compartida por todos, como ha sido históricamente el caso, por ejemplo, de Francia. Son situaciones en las que el nacionalismo coincide con el perímetro del Estado en cuyo seno se desarrolla la democracia. El Estado nacional es el marco y la democracia corresponde a las instituciones. El problema surge cuando se dan varios nacionalismos en un mismo Estado, los cuales colisionan entre sí. Es insoslayable el hecho de que todo nacionalismo tiene en mayor o menor medida un carácter excluyente y, por tanto, dificultades para la inclusión. En Cataluña, sin ir más lejos, hay dificultades para tener en cuenta a los “otros”. Incluso hay gente que se siente molesta por el hecho de que su Presidente haya nacido en Andalucía. Entonces, ¿quiénes somos “nosotros”? Ante ese tipo de cosas creo necesario prescindir de raíces y apostar por la idea de morada, insistiendo en que habitamos un lugar que ya habitaron otros.

Aparte el debate sobre nacionalismo y democracia, es del todo cierto que el Estado de las autonomías ha funcionado, aunque están más satisfechas con el mismo las comunidades menos nacionalistas, dado el nivel de competencias alcanzado. Vistas las cosas con perspectiva histórica, soy de los que piensan que “se forzó la cosa” un tanto a la hora de desarrollar lo apuntado por el artículo VIII de la Constitución. Creo que una anécdota protagonizada por el futbolista Pep Guardiola ilustra la cuestión. Preguntado por su opinión acerca de una posible selección catalana de fútbol, tras mostrarse favorable a la misma, preguntó contra quién jugaría, cómo se llamaría la “otra” selección del resto de España, que ya no sería la española, al menos tal como ha existido hasta ahora, por faltarle Cataluña. La anécdota, en clave de fútbol, plantea un problema político de fondo que subyace a la cuestión territorial que se ha querido abordar a través del Estado de las autonomías: ¿cómo se llama la “otra” parte que queda, descontadas las comunidades llamadas históricas? La carencia de nombre refleja el fondo del problema.

Una pieza fundamental en nuestra vida democrática la constituyen los partidos políticos, reconocidos en la misma Constitución como cauces de participación democrática. La paradoja viene dada por el hecho de que su democracia interna, en general, deja mucho que desear. ¿Es posible que ese déficit se corrija alguna vez?

La problemática de los partidos políticos, en cuanto a su democracia interna, es universal, no es sólo española. Se puede decir que todos los partidos son “leninistas” y, a la vez, que ese modo de funcionar que encontramos en ellos no se reduce sólo a las formaciones políticas. Retomando lo que comentábamos antes, diría que estamos inmersos en un complejo mediático que condiciona todo. Por lo demás, la experiencia es que un partido unido siempre se propone como ejemplo de cohesión y eficacia, necesarias en política, pero al precio del debate interno, que genera situaciones de crisis. Pensemos en el caso del Partido Socialista Francés, con un debate interno siempre muy intenso, y en ese sentido ejemplar, pero teniendo que afrontar siempre todos los problemas que al hilo de ello aparecen. Mas, sin duda, su dinámica de primarias, tendencias, etc., da lugar a una participación mayor y a la incorporación de gente joven. Recordemos sus congresos, vivos gracias a las tendencias organizadas, incluso en época de Mitterrand. Un ejemplo contrario: en el PP, tras aparecer Rodrigo Rato con una propuesta diferenciada, tuvo que abandonar sus intentos de un papel relevante en el mismo. Y por otro lado, miremos la experiencia de los Verdes allá donde han funcionado como partido asambleario. Ese funcionamiento acaba siendo catastrófico para políticas estables. Incurre en ello ERC.

Tras las observaciones anteriores es obligado decir que necesitamos en los partidos mecanismos representativos internos reales y eficaces. No se puede seguir diciendo en la puerta lo que no se dice dentro. Hay que acabar con el paralizante respeto a la pirámide que bloquea la vida interna de los partidos.

Otra vía de democratización vendría dada por las mejoras en el sistema electoral. A ese respecto son referencia siempre los partidos ingleses, en los que el poder del diputado depende directamente del poder de los electores, y no del poder del aparato del partido. Eso explica que internamente se produzcan relevos antes de que en unas votaciones se pierda. El partido se anticipa dado que a los diputados, por ejemplo, les importa la continuidad o el relevo de alguien en tanto que tienen que dar cuenta de ellos a sus propios electores. Por eso el Partido Laborista ya ha producido el cambio de Tony Blair por Gordon Brown. Frente a ello, nos encontramos en España con un sistema electoral muy rígido.

Un Estado democrático de derecho no puede prescindir de las instituciones y procedimientos de la democracia representativa, destacando al respecto todo lo que supone la dinámica parlamentaria de la representación política. ¿Hacia dónde canalizar propuestas de democracia participativa que complementen o refuercen los mecanismos de la democracia representativa?

Como punto de partida de la reflexión hay que poner la velocidad de vértigo a la que se toman decisiones en el mundo actual, sobre todo en el ámbito económico. También la política tiene que ser capaz de decisiones ágiles. De ahí la imposibilidad de una democracia participativa llevada a extremos insostenibles. Son necesarios mecanismos de representación muy ágiles. Pero eso hay que hacerlo compatible con otras medidas alentadoras de la participación. Junto a las propias del sistema electoral, se pueden instaurar formas de consulta dentro de los períodos de mandato de cuatro años. Si distinguimos entre cliente o usuario de servicios y ciudadano, podemos pensar que éste es el interlocutor de quien lleva la agenda política, y se pronuncia mediante el voto a ese respecto, mientras que aquél puede ser consultado sobre políticas concretas o medidas puntuales cada vez que sea necesario, sin que ello ponga en peligro la correlación mayoríaminorías de cada legislatura o mandato.

Para hacer lo que sugiero vuelve a ser decisivo el papel de los medios de comunicación, siendo indispensables medios independientes como lugares del debate público. A este respecto hay que tener en cuenta todas las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías, en especial Internet, a pesar de la ambigüedad de lo que supone la red. Pero ahí tenemos, por citar algo reciente, la campaña de Segolene Royal en Francia. Lo que está claro es que es necesario acabar con el alineamiento tan estrecho entre determinados partidos y ciertos medios que se está dando en España.

Una clave fundamental de la convivencia democrática es la capacidad del sistema político para articular la pluralidad de nuestra realidad social. Eso es hoy especialmente relevante en lo que se refiere a la diversidad cultural tan intensa que presenta la sociedad española. ¿Nuestras instituciones democráticas están dando respuesta política eficaz y éticamente orientada en lo que se refiere al pluralismo cultural? Es decir, ¿va siendo nuestra democracia más inclusiva?

Es un hecho que la inmigración está cambiando el perfil y la estructura de nuestra sociedad. Así, fijándonos en el entorno inmediato de este Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, tenemos que en un par de décadas hemos pasado del 2% al 55% de población inmigrada. Hay que subrayar que el cambio se está llevando bien en general. Pero me hago una pregunta crucial de entrada: ¿qué queremos ocultar mitificando la diferencia? El primer principio democrático es la igualdad de derechos de todos los ciudadanos. A eso añado otra segunda cuestión de principio: los derechos se conquistan colectivamente, pero son individuales. Tengo fuertes reservas en lo que se refiere a derechos colectivos. Pienso que hay que verlos, en todo caso, como ampliación del derecho a la libertad de expresión. Si consideramos lo que afecta a la utilización de la lengua propia, lo podremos resolver correctamente desde el prisma de la libertad de expresión, habida cuenta que las diferencias no dan mayor legitimidad. Todo ello hay que verlo como propio de una sociedad plural que reclama una verdadera cultura democrática. Ciertos discursos nacionalistas, de un etnicismo exclusivista, cuando no excluyente, son un obstáculo para ella. El nacionalismo no es automáticamente democrático.

Nuestras realidades políticas no las podemos pensar ya al margen de la Unión Europea. ¿Ha contribuido la integración política en Europa a consolidar la democracia en España, verificando en algún modo el dicho orteguiano de que España era el problema y Europa la solución? Y, por otra parte, ¿qué decir en el momento actual, con el bloqueo sufrido por el proyecto de Tratado para una Constitución europea, del déficit democrático de la UE?

La Unión Europea es el fenómeno político más interesante, noble y atrevido que ha conseguido la humanidad. Se trata de una institución supranacional de países diversos, la cual no tiene parangón. Su legitimidad de origen es muy fuerte: la “voluntad contra la guerra civil”. De ella nace la UE, después de 400 años matándose los europeos, después del infierno de las dos guerras mundiales. La idea de Europa madura desde la convicción de que ya no habrá guerra entre Estados europeos, generándose el “tabú de la guerra civil”.

Lo que acabo de decir no es contradictorio con el reconocimiento de que existe un grave déficit democrático en la UE. Es un proyecto que arranca como iniciativa de las élites, a la vez que se empieza a construir la casa desde abajo, como la unión económica que suponía el Mercado Común. Después se ha ido dando paso a las estructuras políticas, pero en este terreno no se ha sabido movilizar a la ciudadanía. Se le ha consultado tarde y los más respondones han dicho “no”, entre otras cosas por el déficit democrático que es necesario resolver. El “no” en los referendos de Francia y Holanda es reacción al déficit que señalamos.

La cuestión al día de hoy es que hemos avanzado poco. El objetivo del “mini-tratado” del que se está hablando entre Merkel, Zapatero, Sarkozy…, teniendo enfrente a otros como Polonia o República Checa, rotundamente contrarios al Tratado que se ratificó por muchos, es evitar consultar a ciudadanos que ya pasaron factura. Sería un paso importante dotarnos en la UE de un sistema ágil de toma de decisiones, sin que haya grupos que las bloqueen.

En cualquier caso, para España es una suerte extraordinaria participar en la UE. De hecho, ya en la transición política fue fundamental el horizonte europeo, siendo la integración en la Comunidad Económica Europea en 1986 algo así como “la gasolina para el despegue”. El balance es muy positivo.

El impacto cultural de Europa hacia fuera es enorme. Son muchos los países que quieren entrar en la UE. Desde un punto de vista geopolítico, hay que destacar lo que representa Europa para la necesaria multilateralidad del mundo contemporáneo.

Un caso especial es el que representa Turquía en relación a la UE. El que entrara en la Unión significaría que un país de población mayoritariamente musulmana acepta las reglas de juego de la democracia que la misma Europa entiende como no negociables. A este respecto bien vale recordar una posición como la que mantuvo Schroeder y criticar la intolerable cerrazón de Sarkozy. Se trata de mantener abiertas las puertas de la UE siendo exigentes, si bien es verdad que antes hay que resolver mejor la articulación política de Europa.

Cambiando de escala: ¿consideras pertinente hablar de instituciones de una democracia planetaria que contrapesen y “domestiquen” un mercado global? ¿Es un horizonte utópico asumible el de una “ciudadanía mundial”?

Como ya quedó apuntado, la globalización económica es muy rápida; prácticamente está hecha, con el factor añadido de que también se han globalizado el crimen y el terrorismo. Parafraseando a Hegel podemos decir que la política llega aún más tarde que la filosofía.

Es difícil imaginar organismos democráticos internacionales con capacidad suficiente. Ahí tenemos la ONU, con escasa capacidad de coerción. En cuanto a su funcionamiento, ni vale el veto de algunos ni es suficiente el lema un país, un voto. ¿Qué hacer? Aparecen problemas agudos en relación a otros organismos, como la OMC. Lo que sí parece cierto es que la gobernabilidad del mundo hay que resolverla hoy por hoy en el nivel de las relaciones entre Estados, buscando un equilibrio de poderes conforme al número de actores existente, habida cuenta de las efectivas luchas de intereses. Para el futuro será decisiva, por ejemplo, la relación ente EEUU y China.

Por otro lado, hay que manejar un concepto de ciudadanía que comprometa a todos los Estados del mundo, correlativa a derechos humanos. No debemos consentir nada parecido a una escisión entre superhombres y los consiguientes infrahombres: Nietzsche no debe acabar teniendo razón.

Los derechos humanos que pretendemos universales, ¿qué papel han de jugar en la acción política democrática? ¿Puede pensarse y, lo que es más importante, realizarse la democracia sin el horizonte normativo de unos derechos humanos universales?

Se ha dado un uso y abuso de la doctrina de los derechos humanos, especialmente por parte de los EEUU, que ha devaluado el concepto. Así, por parte de otros, democracia y derechos humanos se ven como banderas que tratan de legitimar el dominio, como algo que se instrumentaliza en función de determinados intereses.

Amartya Sen, en uno de sus últimos libros, titulado “Identidad y violencia”, también viene a subrayar todo eso. Coincido con él, y de ahí mis resistencias a hablar de “civilización”, obsesionados por un concepto que obliga a considerar la realidad desde el punto de vista de los factores identitarios. Eso está al fondo de la reducción que ha hecho Occidente del mundo musulmán a los fundamentalistas islámicos. Se da un olvido de la gente abierta, liberal, cosmopolita que hay en el mundo musulmán, por ejemplo, en Irán, aunque tengan que padecer ahora los rigores de su régimen. Occidente cae en la contradicción de no aliarse en el mundo musulmán con los sectores avanzados, sino que busca a los más retrógrados, como ocurrió en Afganistán y como sigue sucediendo con Arabia Saudí.

Es fundamental para la democracia misma la relación que mantenga con la economía, habida cuenta de que nos movemos en un contexto de mercado capitalista. Hoy por hoy, ¿hasta dónde condiciona la economía a la política? A la vista de la erosión a la que se ve sometido el Estado nacional, ¿qué cabe esperar en cuanto a autonomía de la política democrática respecto de los condicionamientos económicos?

Hay un temor reverencial excesivo del poder político hacia el poder económico. Eso se percibe por la gente. La relación entre el poder político y el económico es complicada, cierto, pero se hacen concesiones innecesarias del primero al segundo que dañan a la democracia. Concretamente, la izquierda está cediendo demasiado ante los poderes económicos. Un ejemplo, ¿por qué se suprime el tratamiento fiscal que venían teniendo los grandes patrimonios en el derecho de sucesión? No hablamos de la herencia de pequeños patrimonios familiares, sino del legado que suponen grandes patrimonios muebles e inmuebles. El Consejero de Economía de la Generalitat, Castells, quiere mantener ese impuesto para grandes patrimonios y le va a ser imposible, una vez que se elimine en las demás comunidades autónomas, pues eso facilita las “trampas” o “rodeos” para eludir el tributo de sucesiones en Cataluña.

Está claro que la capacidad de intimidación del dinero es grande. Hoy el capital amenaza a los mismos poderes públicos con las deslocalizaciones, por ejemplo. Pero hay que subrayar que un gobierno tiene capacidad y recursos y debe trabajar para plantear abiertamente la problemática relación con el mundo económico.

Democracia y educación se han considerado a la par desde los griegos. Esa correlación se nos plantea hoy al hilo del debate en torno a la educación para la ciudadanía. Habida cuenta de que el ciudadano no nace, sino que se hace, ¿con qué criterios hay que abordar dicha tarea pedagógica? ¿Cómo ves las reacciones de la derecha española a las propuestas del gobierno, ya recogidas en la recién aprobada LOE?

La educación es central, básica para la democracia. Un proyecto político serio debe movilizar a la ciudadanía en torno a la educación, y más ante la sociedad del conocimiento, en una Europa que debe luchar contra los bajos salarios y a favor de la calidad democrática de sus sociedades e instituciones. Los poderes públicos han de entender que la cultura es un bien de primera necesidad. En ese sentido también hay que trabajar desde otras instituciones y desde la sociedad civil. Es lo que hacemos desde el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona.

En cuanto a la educación para la ciudadanía, son rechazables los argumentos espurios de la derecha política, que se hace eco de apetencias de monopolio en ese terreno por parte de la Iglesia católica, que no quiere renunciar a la exclusiva en cuestiones de moral y costumbres. Pero al lado de eso, dicha Iglesia no ha perdido la batalla de la financiación.

No obstante, la idea de una “asignatura” con ese rótulo no me hace especialmente feliz, pues parece que inevitablemente se le cuela algo de la antigua Formación del Espíritu Nacional. No se trata de impartir doctrina oficial. Hay que movilizar en torno a la educación, insistiendo en la necesidad de educar en hábitos democráticos.

La democracia necesita de una opinión pública viva, crítica, plural, etc. Para ello es decisivo el papel de los medios de comunicación en una sociedad democrática. ¿Contamos en España con una opinión pública vigorosa?

La opinión pública española es poco exigente. Tiende a dejarse arrastrar por ciertos liderazgos comunicativos. En otros países de nuestro entorno no existe ese fervor que lleva a creer ciegamente a determinados personajes. Falta hábito de pensamiento crítico, de preguntar por qué; prima el argumento de autoridad, incluyendo a la autoridad de quien tiene poder mediático. La discusión, el debate, fácilmente se entiende como pelea. Ello forma parte de nuestras carencias en cuanto a tradición democrática. Hace poco, en un periódico de Suecia me encontré una valoración interesante respecto a la larga etapa de gobierno de Felipe González. Con todo lo positivo que había hecho, venía a decir, se echaba en falta que, con la autoridad moral y el poder con que se contó, sobre todo al comienzo, no se hiciera todo lo posible por dotar a España de la cultura democrática que no tenía.

Un punto especialmente candente es el relativo a la laicidad que muchos propugnamos para los espacios públicos y, en especial, para el Estado y el sistema educativo. La laicidad que exige la coherencia de una democracia constitucional no es antirreligiosa, sino contraria a los privilegios confesionalistas. ¿Cómo evalúas la situación actual en España, con una aconfesionalidad del Estado muy condicionada por los acuerdos con la Santa Sede de 1979? Los creyentes se distribuyen por todo el espectro político y, sin embargo, un amplio sector del episcopado católico y del clero en general se decanta hacia posiciones políticas muy conservadoras y, en algunos casos, antidemocráticas por su integrismo: ¿cómo ves la distancia entre esos dos fenómenos?

Sin duda, los Acuerdos Iglesia-Estado de 1979 deben revisarse. La Iglesia católica es una entre otras. Y el principio de laicidad, fundamental en democracia, implica exigencias tanto para el Estado como para las religiones que no deben soslayarse.

Hay paradojas por todos sitios. Así, en Francia, país laico, el Estado mantiene todos los templos, y en EEUU, cuya sociedad es quizá la más religiosa, el Estado no gasta directamente nada en religión alguna. En España llevamos un retraso notable en estas cuestiones. La Iglesia católica está dando un espectáculo lamentable en nuestro país. La sociedad más laica del mundo se ve constreñida a mantener una Iglesia que pretende seguir estando por encima del poder político, con injerencias constantes en el ámbito legislativo y queriendo imponer sus concepciones valorativas a toda la sociedad. El PSOE no se ha atrevido con todo ello. Sería necesario que en las próximas elecciones generales concurriera ante el electorado con la propuesta de revisión de los acuerdos Iglesia- Estado en su programa.

Remitiéndonos a procesos electorales muy próximos (referéndum sobre el Estatut de Cataluña, sobre el Estatuto de autonomía de Andalucía, elecciones municipales…), ¿cómo interpretar los altos índices de abstención? ¿No responden los partidos a lo que espera la ciudadanía? ¿Vamos, como alguien vaticina, hacia una democracia sin demócratas?

La abstención en las elecciones se valora de muy distintas maneras. Unos la ven como catastrófica; otros dicen que no es tan negativa, pues refleja que la gente está contenta, y que abstenerse de votar es otra forma de manifestarse.

No se puede disimular el problema de la falta de movilización de la ciudadanía y de la escasa empatía entre aparato político-mediático y sociedad. En Cataluña, estudiando todos los datos, puede concluirse que la política se ha dirigido a un 40% de la población, el porcentaje formado por quienes dicen sentirse catalanes o más catalanes que españoles. El resto es el que da la espalda a la política en las últimas convocatorias electorales.

Además, un escenario de crispación como el que tenemos no favorece la participación. Aunque en determinados momentos se haya rentabilizado, desacredita a la política y a los políticos.

¿Qué queda de la “pasión política”? ¿Por dónde detectas vectores con capacidad de transformación política, de articulación de alternativas, de propuestas innovadoras viables?

Es necesaria la recuperación de la política. El apogeo del individualismo en las últimas décadas, así como las presiones del poder económico, se han encontrado con un límite: problemas que la ciudadanía ha de afrontar insoslayablemente, y eso requiere de la política, que necesita siempre de un “pathos” para movilizar y conseguir sus objetivos. Es necesaria la política, y política democrática, para que nuestro mundo no se convierta en un casino global.

EFIGENIO AMEZUA

Benjamín Forcano

Número 82 (ener.-febr.’06)
– Autor: Benjamín Forcano –
 
Tras abandonar el gran público se dedicó por entero a la investigación y la docencia en los Estudios de Posgrado de Sexología, de los que es director y que desde 1993 realizan en convenio con la Universidad de Alcalá. Es también director de la Revista Española de Sexología. _ Son bien conocidas sus obras: Ciclos de educación sexual (Fontanella, 1973), La erótica española en sus comienzos (Enlace, 1974), Para hacer el amor como personas (Sedmay, 1975), Guía de los anticonceptivos (1977), País en pubertad, pareja en crisis (Personas, 1979), Amor, sexo y ternura (Adra, 1978). _ Como especialista, cabe señalar algunas de sus obras, las más recientes por lo menos, publicadas en Publicaciones de la Española de Sexología: «La letra pequeña de la sexología» (1999); «La letra pequeña de la educación sexual » (2000); «La letra pequeña del asesoramiento sexológico» (2002); «El libro de los sexos: libros de texto de educación sexual y guía del profesorado» (2005) _ Desde sus treinta años de actividad científica y profesional responde a nuestras preguntas para ÉXODO.

Me llama la atención que, cuando en España apenas se escribía abiertamente sobre la sexualidad, te decidieras a cultivar y renovar este campo. ¿Por qué razones? _ Yo lo atribuyo a pura casualidad. Acabé la carrera de Sexología en la Universidad de Lovaina en 1971, y cuando llegué aquí lo lógico era trabajar. Muchos me decían que iba a ser difícil, pero era lo lógico. A pesar de las dificultades del principio, siempre ha habido mucho trabajo en este campo. Recuerdo aquellos primeros años como una gran ilusión. Como todos yo viví las censuras y condenas al estilo de los últimos coletazos del franquismo. Tú lo recuerdas también, puesto que nos conocimos en aquellas páginas de la revista Convivencia sexual que fue objeto de secuestros y procesos diversos; pero, sobre todo, fue una forma de iniciar una gran divulgación sexual.

Y así has seguido desde entonces. _ Pero en los años ochenta fue otra aventura. Me aburría cada vez más el discurso de la represión y la permisividad que se extendía. Explicar todo por la vía de la represión me parecía y me parece muy empobrecedor, muy reductor. No es que no haya habido represión. Eso está muy claro. Pero no se puede explicar todo por ella. Por eso dejé de escribir durante una serie de años que aproveché para profundizar en algo que me parecía más aportador.

¿Puedes desarrollar esto un poco más? _ Desde que acabé mi tesis doctoral tenía una intriga personal pendiente que era entrar a fondo en el legado de las dos generaciones de sexólogos anteriores. Me refiero a las ideas de los autores de las primeras décadas del siglo XX (Havelock Ellis, Magnus Hirschfeld, Iván Bloch, etc.) y los de los años 50 y 60, más conocidos de todos, como eran Kinsey y Masters y Johnson. Esto pude hacerlo al haberme dedicado a la investigación y la docencia en el marco de los Estudios de Posgrado de Sexología que, como sabes, hacemos desde hace muchos años en convenio con la Universidad de Alcalá. Profundizar en estas aportaciones fue para mí algo crucial porque son un auténtico foco de innovación. Creo que las polémicas sobre la represión o no represión -o, como a veces se dice, entre lo prohibido y lo permitido- han desviado la atención de estas aportaciones que yo creo que son de un enorme interés.

¿Podrías indicar, aunque sea de forma muy general, en qué consisten estas aportaciones? _ El punto central, por decirlo muy rápidamente, puede ser el axioma de que el sexo es un valor. No en el sentido ético o moral del término -que también-, sino, sobre todo, en su sentido epistemológico. Lo que hicieron de esta forma fue abrir un planteamiento teórico del sexo en términos modernos. El sexo en términos modernos se empezó a plantear tras la Ilustración para indicar la gran cuestión moderna del continuo de los sexos: sus identidades en el mismo plano y, sin embargo, diferenciadas. Y lo que hicieron estas dos generaciones de sexólogos es tomar el sexo en serio. _ Esto tiene muy poco que ver con lo que se ha divulgado sobre el sexo. A veces, de una manera simple, hablamos de tres conceptos y no dos: sexo, reproducción y placer son tres conceptos. Y no dos. Con frecuencia, cuando se habla de sexo, de lo que se habla es de reproducción o de placer. El valor del sexo reside en la sexuación. A partir de ahí todo se ve de otra manera. Y las consecuencias son muy grandes.

Como dices, esto es algo muy distinto de la idea que se suele tener del sexo. _ Tomar el sexo en términos modernos y en serio es partir de su concepto. Y desde él establecer la lógica de su desarrollo que no son sino las manifestaciones de los distintos modos, matices y peculiaridades de los sujetos sexuados. Seguir este cuerpo teórico es apasionante. Lo primero a lo que nos conduce no es a normativizar el sexo, sino a conocerlo y considerarlo. Los sexólogos de la primera generación crearon un gran número de nociones, como la del continuo de los sexos, la de intersexualidad -todos somos de uno y otro sexo, aunque con dosis distintas de rasgos o caracteres- o la de equilibrio entre los sexos. _ De ahí que el principal objetivo del sexo sea sexuar a los sujetos: hacerlos sujetos sexuados. Y de ahí también su aportación principal: que los sujetos se atraen y se comparten, crean relaciones. Los sexos están estructurados para compartirse. Su diferenciación es justamente la clave de sus posibles encuentros. Es este cuerpo teórico el que a mí me parece de un gran interés. Desde él pueden plantearse de forma muy distinta los otros conceptos de placer o reproducción. Pero estas claves explicativas se pierden cuando se va directamente a los planteamientos del sexo como sinónimo de placer, antes para prohibirlo y hoy para permitirlo con unas u otras normas.

Has dicho que te aburría el discurso de la represión y la permisividad. ¿No fue ese discurso de la represión el que produjo la revolución sexual? _ Exactamente. Resulta muy curioso lo mucho que se ha hablado de la revolución sexual, tanto en los años treinta como en los sesenta del siglo XX. El discurso de la represión y de la permisividad ha preferido seguir con autores como Freud o Reich (sobre todo este último) de la revolución sexual. _ A mí no me ha interesado tanto la revolución sexual. Es más, pienso que ésta no fue sino una excrecencia de la Reforma sexual, que es la que a mí me parece interesante. La Reforma sexual es una cadena de acciones iniciadas en los años veinte por la primera generación de sexólogos. Y fue un movimiento organizado para llevar a la sociedad la obra que se había gestado en estos núcleos de sexólogos.

Se conoce poco de esta Reforma sexual de los sexólogos. _ Cuando se estudian las primeras décadas del siglo XX el gran movimiento de interés es éste. Y sólo como una forma de neutralizar a éste aparece ese otro de la revolución sexual animado por la extrema izquierda, a cuyo trapo entrarán las extremas derechas con el tradicionalismo. Lo interesante de la Reforma sexual ha sido su moderación razonable, su carácter dialogante y desde otros contenidos y conceptos. Estos contenidos y conceptos es lo más interesante. _ La sección española de la Reforma sexual es un buen ejemplo de ello con líderes bien conocidos como Marañón, en plena producción o la jovencísima Hildegart, que fue el alma de la organización. Lo mismo que Saldana, Juarros, Lucenay, etc., que han dejado una gran cantidad de obras de temática sexológica. Desgraciadamente la guerra civil acabó con todo, lo mismo que unos años antes la subida de Hitler al poder fue liquidando este foco de la Reforma sexual como tantas otras cosas razonables. Cuando se radicalizan las posturas se cierran los debates y la posibilidad de matizar.

Tienes alguna clave que explique la especial severidad del Cristianismo con relación al placer sexual y el pertinaz inmovilismo de la jerarquía católica? _ Sobre la severidad del Cristianismo la perspectiva histórica ofrece pistas explicativas fáciles de comprender. Por ejemplo, los griegos planteaban el valor de la Erótica. Junto a este valor no les preocupó de forma especial lo que ellos llamaban porneia (la actual porno), que es lo que el cristianismo de los primeros siglos (sobre todo del IV en adelante) empiezan a tomar como tema especial de preocupación para condenarla bajo la noción de fornicatio o vicio de la lujuria. Tengo la impresión de que hay un estancamiento de ideas impresionante. Las sociedades modernas necesitan hoy otras ideas. No se trata de lo de siempre. Ha habido cambios sustanciales. Y a ellos no creo que se pueda responder con unas ideas periclitadas.

¿Dispone hoy la juventud de un bagaje cultural que le asegure una mejor comprensión y vivencia de la sexualidad o le llegan otros enfoques negativos perturbadores? ¿Qué mojones les pondrías en el camino para prevenirles y orientarles? _ Las ideas antiguas tienen hoy un riesgo que es el de quedarse anclado en ellas pensando que el sexo es una cuestión de follar o no follar como en otro tiempo lo fue de fornicación o no fornicación. Muchos, desde esa idea antigua, se conforman con la prevención de enfermedades o de embarazos no deseados. A mí me parece imprescindible la educación sexual, pero no sólo para la prevención, sino para la promoción de una idea moderna del sexo como valor.

¿Qué piensas de la preocupación por el tema de los abusos? _ Este tema, hoy muy en candelero, es un ejemplo de cómo la educación sexual ha ido convirtiéndose en una asistencia o prevención en lugar de una promoción del sexo como valor. Esa reducción ha hecho que se refuerce más y más la vieja idea de la división entre lo normal y lo anormal de forma que todo lo que se salga de lo normal sea considerado enfermizo y desviado. O, por definición, peligroso. Es el camino de la criminalización del sexo. Lo que el sexo necesita es un horizonte nuevo: otra mirada, otra consideración. _ Havelock Ellis escribió en los primeros años del siglo XX: Entre los sexos se dan más valores cultivables que problemas tratables. Pero nos empeñamos en crear más y más problemas en lugar de explorar los valores del sexo. A falta de una idea moderna de sexo estamos entrando al trapo de un puritanismo importado con una serie de persecuciones de conductas estigmatizadas por este mismo puritanismo cada vez más fomentado. Es una forma de envenenar las relaciones y de desconfiar unos de otros. Si un enfoque del sexo como valor ofrece poder conocerlo y cultivarlo, la desidia y el poco interés por una buena educación sexual constituye un riesgo que en nuestros días lleva el nombre de criminalización.

¿Cómo ves el fenómeno de la violencia sexual? _ Recuerdo la conferencia del viejo Profesor John Money en el X Congreso Mundial de Sexología celebrado en Amsterdam en 1991. Se dirigió a los europeos para que no siguiéramos la senda norteamericana de lo que él llamó «industria de los abusos y agresiones sexuales». Yo soy, por definición, contrario a toda clase de guerra o violencia. Me repugna. Y tal vez por eso sea muy crítico con el gran montaje que se ha hecho en torno a esta clase de violencia. Hay dos nociones que no casan: una es el sexo y otra es la violencia. Mi hipótesis es que mientras no se entienda este montaje que se ha pretendido hacer con la fusión de esos dos conceptos incasables no entenderemos lo que sucede. Lo más indicador de la advertencia del Profesor Money es el término «industria». La misma que se usa para la guerra. La violencia entre los sexos es un asunto más organizado de lo que ingenuamente suele pensarse cuando se alude al machismo.

¿Qué impacto ves que puede significar internet sobre el sexo en nuestros días? _ Uno muy bueno de comunicación a todos los niveles: de conocimientos, de contactos, etc. Y otro que aún no ha sido evaluado. Me refiero al fenómeno de la pornografización del sexo. Cuando digo pornografización no me refiero a la pornografía, sino a la forma pornográfica de acercarse al sexo a través de sus representaciones parciales. Es lo que a veces solemos decir con la fórmula de que los genitales no dejan ver el sexo. Es bien sabido que la pornografía se nutre de un exceso de presencia de los genitales sobre el sexo, de la excitación comercial sobre el deseo de encuentro. Pero el fenómeno no es exclusivo de internet aunque en este parezca más visible. Para todo esto es importante una buena educación sexual.

En el momento actual ¿ves que la Iglesia Católica y la Sociedad caminan en paralelo (distantes y contrapuestas) o en diálogo y convergencia? _ Yo recuerdo, como todos, el fenómeno que representó el Concilio Vaticano II en la sociedad española, especialmente por la necesidad de cambios y de renovaciones. Y, sobre todo, de diálogo y debate. De esto han pasado muchos años. Y hoy la Iglesia se ha quedado muy atrás, muy atrapada en viejos planteamientos, reacia a dar pasos de diálogo con la sociedad, y por eso la veo muy separada de lo que se entiende por sexo en una sociedad avanzada. Lo sucedido en España con motivo de la aprobación del matrimonio civil entre personas del mismo sexo puede ser una muestra de esa divergencia.

A propósito, ¿cómo ves tú el matrimonio entre personas del mismo sexo? _ La ampliación de los derechos para todos en una sociedad avanzada ha sido la pieza más importante que se ha planteado. Pero para mí, como sexólogo y, sobre todo, como historiador de la Sexología, el punto más interesante de ese reto es que la sociedad pide y acepta un nuevo concepto de sexo. O por decirlo más claro, de sujetos sexuados como fuente de variedad y diversidad. La sexuación de los sujetos no se rige ya por las reglas de la naturaleza, sino por la lógica de las biografías y sus historias. O, por decirlo de forma más clara, por sus deseos y posibilidades. Este punto me parece de un gran interés para poder replantear y desatascar una gran lista de fenómenos considerados tradicionalmente como anormales y que no son sino formas distintas de esa variedad de los mismos sujetos por razón de sexo. Este punto constituye en Sexología un puntal lleno de sorpresas sobre nociones teóricas nuevas que es preciso plantear si se quiere no quedarse anclado en el pasado. Dicho de otra forma, lo que más me ha interesado es cómo la sociedad hoy ha aceptado que los homosexuales sean pareja con todas las consecuencias y, además, constituyan matrimonios con toda la fuerza de la ley. Es evidente que la sociedad no se plantea conceptos intrincados como nos planteamos los sexólogos, pero la sensibilidad moderna busca una coherencia nueva. Y este caso es un ejemplo de ello.

Te has referido en varias ocasiones a la Educación sexual. ¿Cuál es tu planteamiento hoy sobre ella? _ Yo participé en una forma nueva de hacer educación sexual a través del formato conocido como «ciclos de educación sexual». Lo que se logró entre los años setenta y ochenta fue cortar el sistema de charlas e iniciar el de ciclos o series de coloquios abiertos, luego los han dado el nombre de talleres, etc. En los últimos años hemos elaborado un plan que llaman idealista e imposible. Pero también decían lo mismo, en su día, del formato de los ciclos. Se trata de la asignatura optativa de educación de los sexos. La asignatura optativa se basa en las ideas y conceptos y no sólo en las actitudes y, desde luego, no en la prevención. No quiero decir que no sirva para la prevención de riesgos. Al revés, incluso son más eficaces. Pero sucede que en los últimos años lo que se ha hecho ha sido cada vez más prevención; y eso, bajo el chantaje de la urgencia, deja fuera lo más importante que es la educación de los sexos como un valor. _ Lo que plantea la asignatura optativa de la educación de los sexos como novedad es un gran cuadro teórico de contenidos que no son objeto de información, sino de estudio y de debate. Y es una apuesta por una idea de sexo pensando en el futuro más que en el pasado. Por eso se trata de una gran apuesta.

¿Podrías expresar a modo de flash algunos puntos que te parezcan de interés? _ En nuestros medios hablamos a veces de sexologemas para indicar una serie de axiomas básicos de la sexología de esta primera y segunda generación. Expresados con un poco más de amplitud he aquí algunos. _ La antigua concepción del sexo se basó en el locus genitalis y en la cópula; el moderno paradigma de los sexos ofrece un nuevo ars amandi y formas nuevas de relación. _ Frente al sexo que se ha divulgado, hecho de miserias, de miedos y peligros, el sexo que plantean los sexólogos de la primera y segunda generación es un campo de riqueza. Y por eso nos invitan a conocerlo y cultivarlo. _ Se ha reducido el sexo a una práctica, una conducta. Lo que el sexo necesita es más teoría, más estudio y más conocimiento. Estamos en un momento apasionante para dar un paso hacia una forma distinta de ver el sexo, pero esto requiere un planteamiento teórico nuevo. _ Frente a un sexo de miseria, hecho de moral y de fisiología, lo que se plantea hoy con más interés es una epistemología de los sexos. Y lo mismo que sucede cuando los árboles no dejan ver el bosque, la obsesión por los genitalia no deja ver el sexo. _ La educación sexual necesita una sacudida para que no se reduzca a una prevención de riesgos y peligros sociales o sanitarios. Como toda educación, ésta tiene por objetivo principal ofrecer ideas y pistas para comprender el hecho de ser sujetos sexuados; conocerlo lleva a valorarlo.

MARCELO BARROS

Benjamín Forcano

Número 83 (marz.-abril’06)
– Autor: Benjamín Forcano –
 
Brasileño, monje benedictino, biblista y teólogo, fue en la década de los setenta secretario y consejero de D. Helder Cámara para el ecumenismo y relación con otras culturas y religiones. Es confundador del Centro Ecuménico de Estudios Bíblicos en Brasil, Consejero nacional por más de 25 años de la Pastoral de la Tierra y de las Comunidades eclesiales de Base, y miembro de la Comisión teológica de la Asociación Ecuménica de Teólogos del Tercer Mundo(ASETT). Ahora trata especialmente de ahondar y esclarecer la relación entre la teología de la liberación y el pluralismo religioso. Autor de unos 30 libros. La entrevista le ha sido hecha en Vitoria, con ocasión del XIV Foro Religioso.

Es un placer, Marcelo, entrevistarte sobre un tema muy de hoy, que tú lo vives con intensidad. Tu experiencia y reflexiones van a servir, no lo dudo, para orientar a mucha gente. Para comenzar, parece un contrasentido hablar de diálogo intercultural cuando se da como un hecho irremediable el choque de civilizaciones.

Yo no creo en un choque de civilizaciones. Esta es la tesis de Huntington en su libro El choque de civilizaciones, que sirve para legitimar la continuidad de la conquista norteamericasna sobre el mundo, el imperalismo. Nada indica un choque entre civilizaciones. La realidad del mundo, en su contexto más hondo y mayoritario, es de encuentro, de sincretismo, de buscar una especie de sincretismo budista, islámico, cristiano que fraguan un fondo común de espiritualidad, acompañada al mismo tiempo de un gran respeto a la autonomía cultural. ¿Qué ocurrió hace 500 años con América Latina? Fue precisamente un aplastamiento de las culturas locales, negras, indígenas. El hecho nuevo del final del siglo XX e inicio del XXI es la revalorización de estas culturas. Los conquistadores sólo nos aportaron el arma de su cultura superior. Es la tesis de Huntington: los colonizadores tienen una cultura superior y es preciso entonces luchar. Pero yo no creo en un choque entre civilizaciones, sino entre el imperio y las culturas oprimidas. La palabra choque de civilizaciones es una palabra errada.

En este supuesto enfrentamiento, interesadamente irremediable, ¿qué factor sería el más importante?

En el enfrentamiento real, el factor fundamental es el económico. Pero se da también un factor político y estratégico, que hoy los Estados Unidos viven como una crisis económica muy fuerte. La crisis les obliga a hacer valer el factor militar, único en el que todavía mantiene una supremacía militar, pues en los demás -social, cultural y político- la ha perdido.

¿Verías alguna relación del factor económico con el terrorismo?

El terrorismo es un hijo del factor económico, un producto de los norteamericanos, incluso de la familia Bush a través de la industria del petróleo, con la que destacados terroristas han tenido estrecha relación. La historia invita a sacar conclusiones: el imperialismo siempre se sirvió del terrorismo cuando no pudo servirse de armas legales, es decir, cuando el brazo de la ley no puede legitimar la conquista, lo hace con las armas del tipo que sean. Es lo que ha hecho en América Latina, matando líderes o invadiéndola siempre que lo han exigido sus intereses.

Entonces, ¿cómo juzgas que el imperio estadounidense organice una campaña mundial antiterrorista?

¡Paradójico! Estados Unidos parece decir al mundo entero: los únicos que tenemos derecho a hacer terrorismo somos nosotros, vosotros no. El terrorismo es horrible, injusto, inaceptable, venga de donde viniere. Pero los maestros en el terrorismo son el gobierno norteamericano, no los islámicos, ni ninguno de los otros.

Dentro del terreno de las religiones, ¿piensas que entre ellas hay algunas más proclives a la exclusión que al diálogo?

Creo que todas las religiones tienen gracia y tienen lo que llamamos pecado. El pecado de la religión es el autoritarismo y el dogmatismo, su faz inicua, que le lleva a administrar el poder en nombre de Dios. Entiendo lo que puede pasar en determinadas situaciones, como la que yo sufrí junto con el arzobispo D. José M.ª Pérez. Apresados, durante cuatro horas, un paramilitar nos puso un fusil en el pecho, tuvimos miedo, nos sentíamos humillados, sabiendo que en cualquier momento podía dispararnos sin que nada le pudiera pasar. Pero, en mi conciencia, yo me sentía tranquilo y hasta feliz, un poco al estilo de lo que cuentan los Hechos de los Apóstoles, que los discípulos salían contentos de poder ser testigos de Jesús.

Pero cuando es la Iglesia la que hace eso, cuando es el obispo el que oprime, no con un fusil, sino con advertencias, con amenazas, con condenas llamándote hereje, eso es muy duro, porque eso atiza la conciencia. Los militares no atizan la conciencia, el arma del terrorismo no atiza la conciencia, el dogmatismo y el autoritarismo sí. Cuando tú dices a una persona tú eres inmoral, o tu ética sexual no es buena, o tú eres un pecador, entonces hieres lo más sagrado de la persona y, en ese aspecto, esa religión o la misma Iglesia Católica Romana no colabora con la justicia, ni con la paz, ni con la libertad humana. Pero quiero subrayar que todas las religiones, las Iglesias cristianas y las otras, tienen, a la vez, la revelación divina, que es amor, y el pueblo de Dios, que es cada vez más ecuménico.

¿Las deformaciones de las religiones provienen de su matriz original o se deben más bien a su aspecto institucional?

La matriz original de la religión no es la religión, sino la espiritualidad, es una mística, la búsqueda de Dios. La humanidad tiene dos millones de años y las religiones más antiguas que se conocen, las orientales, tienen quizás seis mil años, pero no más, son de la era neolítica. La humanidad, por tanto, tuvo durante dos millones de años hasta seis mil años antes de Cristo, una espiritualidad y una búsqueda de Dios sin religión, tal como la conocemos organizada hoy. Si llamamos religiones a las instituciones religiosas, está claro que, en este aspecto, el corazón de la religión no es la religión.

Veo, Marcelo, que eres optimista. Lo comparto. ¿Tienes razones para defender ese optimismo?

Sí. Hay en todas las religiones unos hilos comunes que les dan consistencia: la búsqueda del amor, la sacralidad de la vida, la ética del cuidado, pero cada una arranca de presupuestos culturales distintos, sin que tengan que ser reducidas a un único codificador, defienden su originalidad; pues no es lo mismo, por ejemplo, la compasión budista que la caridad cristiana, o que la justicia judía o que la misericordia islámica.

¿Cómo pueden colaborar las religiones en un consenso ético universal?

Es más lo que nos une que lo que nos diferencia. Si las religiones logran superar, de hecho, el autoritarismo y el dogmatismo, entonces aceptarán ser parte de una orquesta en la que nadie es el maestro. Todas estamos en la orquesta como maestro de nuestro propio instrumento, yo sé tocar uno, tú sabes otro y así los demás, y todos componemos la orquesta. El maestro de la orquesta no es la religión, son los movimientos alteromundialistas, que buscan otra humanidad, otro mundo nuevo; son los foros sociales o los movimientos por la justicia, la humanidad misma, que va más allá de la religión, pero de la cual la religión es también parte.

En este proceso hacia una integración más universal, ¿en qué quedan las categorías clásicas de raza, patria, nación, lengua, territorio, frontera, estado, religión, etc?

Son cosas muy buenas, partes de una herencia humana hoy revalorizadas. Cada pueblo es uno y diverso. Cuando yo era niño se decía que todos los indígenas eran brasileños, incluso los primeros brasileños. Hoy, no; el xavante es xavante y el karajá es karajá. Pero, al mismo tiempo, la identidad de cada uno de nosotros es ser humano, es ser hermano. En Brasil, un sacerdote, actor schow de misa, ha puesto sobre una camiseta “Tengo el orgullo de ser católico”. Debería sentir vergüenza de poner eso. Nosotros no podemos sentirnos orgullosos de ser católicos, sino orgullosos de ser humanos, de ser hermanos.

El nacionalismo es una plaga, una enfermedad que no ayuda a nadie. Las naciones son, como tales, fruto de organizaciones, de conquistas, de guerras. ¿Cuál es la diferencia para un indio yamonani entre Brasil y Venezuela? Él no conoce esa frontera, el río Amazonas no es un muro, los que están de un lado, que es Venezuela, son sus hermanos, su pueblo, su lengua; e igual los que están del otro lado, que es Brasil, el mismo país. Imagínate ahora Africa, cuántas guerras por fronteras artificiales, por países artificiales que no existen. No es esa, ciertamente, la realidad de Europa, definida por naciones de mucha historia, de 500 o más años. Pero, la realidad es la misma, todos deberían ser humanos. Yo no puedo comprender un mundo en que una mercancía, un producto electrónico, de este o aquel lugar, abres su caja y ves que pone estar hecho en Japón, y entonces es mundial, globalizado, en tanto que las personas no pueden rebasar sus fronteras. La ONU ha declarado en 1948 el derecho de todo ser humano a poder vivir en la tierra, en cualquier parte de la tierra.

¿No te da miedo una cierta idolatría de lo propio sobre la universal?

La modernidad se hizo sobre el individualismo, mientras las culturas antiguas están hechas sobre el pensamiento de que lo de cada uno es de todos, el uno es nosotros. Es otro principio. En cada cultura hay una tendencia a autobastarse. Quedé muy impactado hace ya bastantes años cuando estudié qué quería decir, para la Biblia, Jerusalén: “Jerusalén es la fuente del mundo para todos los nacidos, Jerusalén es el centro”. Cuando tú ves a la India, es lo mismo. Cuando ves al Machupichu, te dicen que es el pico del mundo. Todas las culturas tiene un poco la tendencia a decir somos el centro. En cierta ocasión, pregunté a un indígena cayapó qué significaba la palabra cayapó. Me contestó: humano. Entonces dije: yo no soy cayapó, luego no soy humano.

Hoy la centralidad es la centralidad del ser humano, de todo ser vivo. Junto a la tendencia endogámica de cada cultura, existe también la tendencia de encontrar al otro, de realizarse en el encuentro con el otro, es decir, “yo, para ser yo, necesito de todos”.

¿Cuál sería tu balance sobre la teología de la liberación y sus perspectivas de futuro?

Un amigo mío, diputado, me dijo que en Brasil las diferencias sociales son más fuertes que en Europa. Aquí hay pequeñas élites con casas mucho más ricas que en cualquiera de los países de Europa. Entre los 10 hombres más ricos del mundo hay un brasileño, el que es dueño del GLOBO de la TV.

Si hoy tenemos un Lula en el gobierno se debe en buena parte a la Teología de la Liberación. De propio impulso, esa pequeña élite nunca permitiría que un obrero se presentara a presidente de la República, nunca permitiría que en Bolivia un indígena comoEvo Morales fuera presidente. Sabemos de las luchas contra Chávez en Venezuela. Cuando voy a estos países percibo que eso es fruto de la teología de la liberación.

Respondiendo a tu pregunta de hacer balance, puedo decirte que la teología de la liberación bien puede hasta morir, porque ya dio su fruto: apoyar, fortalecer los movimientos populares y cristianos, religiosos y no religiosos. Ahora estamos viviendo el hecho nuevo de la resurrección de los movimientos indígenas y negros. Hace 10 años, en Brasil, cuando a muchos preguntabas cuál era su raza, contestaban: soy moreno o mulato. Moreno o mulato era para no decir negro, porque negro era una palabra menospreciativa. Nadie quería ser negro, sinónimo de indio, que quiere decir bárbaro. Eso hoy ha cambiado. Hay orgullo de ser negro, hay alegría de ser indio, sin caer en nacionalismos fundamentalistas.

¿Señalarías algunas condiciones para avanzar en esta dirección?

Yo creo que todos necesitamos de todos. En un mundo como éste en el que la globalización económico- política e imperial es un hecho preocupante, necesitamos una globalización de la esperanza que nos traiga un nuevo mundo. Los foros sociales están siendo una semilla grande de esta esperanza. Cuando visito la India y veo que por primera vez los puros, aquellos a los que nadie podía decirles ni los buenos días, ni tocarlos porque queda impuro y son ellos los que, ahora, conducen el proceso de formación mundial, y son ellos los que van a Brasil, a Venezuela, gente de los más pobres de la humanidad, me pregunto ¿por qué van a allá? Y respondo, porque hay europeos solidarios, porque hay una solidaridad internacional. Entonces, la solidaridad internacional es el único camino posible para permitir que África y América Latina puedan dialogar y permitir que la medicina indígena llegue a los enfermos de sida en África, que es producto de la industria química suiza o norteamericana, muy cara, inaccesible para los pobres del Congo y de otros países africanos.

Nos queda, pues, como real esperanza el diálogo intercultural, religioso, social, de la vida, del servicio social, de los valores también y hasta de la espiritualidad del amor que cada uno trae en su corazón, de una espiritualidad antropológica, religiosa o no.

¿Quieres añadir alguna cosa más?

Quiero decir una sola cosa, la importancia que tiene para nosotros, para América Latina, una revista como Éxodo, porque justamente hace este trabajo. Leyendo sus números percibo que es un testimonio de apertura, que en España permite ese mar para avance de los pequeños, porque eso es lo más difícil. Todo lo que es europeo tiene una repercusión buena, muy fuerte y hay cosas maravillosas en todo el mundo. Pero, ¿cómo hacer para que este intercambio, esta reciprocidad pueda realizarse y fortalecerse? La revista Éxodo es, para mí,-y de ello os felicito- un ejemplo de espacio cultural que, a través de entrevistas, artículos, experiencias, ofrece puentes, caminos de convergencia, compromisos de solidaridad.

JOSÉ IGNACIO GONZÁLEZ FAUS

Evaristo Villar y Juanjo Sánchez

– Autor: Evaristo Villar y Juanjo Sánchez –
 
José Ignacio González Faus es un teólogo muy particular. Es uno de esos pocos escritores que desbordan originalidad, imaginación, creatividad. En sus manos la “teología de cada día” adquiere toda esa honda inmediatez y frescura que reflejan los relatos del Evangelio. Puede tratar académicamente los más profundos misterios de la cristología y de la eclesiología, creando adhesión cordial en el lector, sin perder esa fina ironía y esa crítica sana que lo acompañan a lo largo de toda su enorme producción teológica. No es necesario citar aquí la larga lista de obras mayores y menores que jalonan toda su vida. Los amigos de Éxodo, y antes de Misión Abierta, ya tienen suficiente noticia de su fecundo y original trabajo teológico y espiritual. Basta resaltar aquí ese su estilo tan personal en el que la parábola, la metáfora, el relato simbólico, la anécdota histórica, la carta resultan en sus manos géneros literarios que rebosan espíritu y vida. Para muchos de nosotros González Faus es uno de los grandes teólogos creyentes de nuestro tiempo. Buen conocedor del alma latinoamericana y de sus ansias de justicia y libertad, José Ignacio sigue siendo, además de fundador, responsable académico del Centro de Estudios “Cristianisme i Justicia”.

“Si Dios no es salvación, has dicho tú, me interesa tan poco como el saber que en otro planeta hay unos seres con cuatro ojos. Si lo es, entonces no puedo evitar la sospecha de que sea una proyección de mi necesidad de salvación”. ¿Cómo salir de este dilema? ¿Cómo te las arreglas tú?

¡Qué cosas dice uno a veces! Ahora se me ocurre preguntarte: si salimos del dilema, ¿qué queda de la fe?

Es decir, el dilema entre salvación o proyección de deseos, no es exclusivo de la fe religiosa, sino propio de todo lo que yo llamo “estructura creencial” de la persona. Ella nos aboca a que las grandes decisiones que configuran y “salvan” nuestra vida hayan de tomarse mucho más por una forma de opción “creyente” que por la conclusión de un argumento irrefutable (así, el casarse, elegir profesión, apoyar una u otra causa, buscar caminos de superación…). Porque estamos hechos así, todo lo que nos parece salvador nos ha de resultar sospechoso.

¿Quieres ejemplos? Si un hombre le dice a una mujer “te quiero mucho”, y ella no pregunta algo así como “¿de veras?, ¿no me engañas?, ¿no les dirás eso a todas?, etc.”, será señal de que aquel amor significa poco para ella. O, si tú y yo tenemos una quiniela en común, y tú estás fuera, y te llamo para decirte que hemos sacado un pleno al quince y que además somos los únicos… y tú me preguntas qué tiempo hace por aquí en lugar de decir “no me estarás tomando el pelo” o cosa parecida, está claro que el premio significa muy poco para ti. Nos constituye una cierta necesidad de salvación y ello nos da esa estructura creencial a que me refería.

Si el ser humano consigue la salvación por la práctica del amor y la justicia, ¿qué papel juegan entonces las religiones en la salvación?

No sé si te das cuenta de que tu pregunta supone ya una fe en que así se consigue la salvación… Pero dejemos eso. Vista la configuración de nuestro mundo, las religiones han de ser necesarias en algún sentido y no necesarias en otro. Si Dios quiere que todos los hombres se salven ha de ofrecerles caminos, por así decir, “extraoficiales”. En mi experiencia personal, se identifican mi fe y mi seguridad de estar salvado. Pero también me he cansado de escribir, y quizá me lo habrás leído en algún sitio, que Dios (aunque quiera que todos los hombres se salven) no quiere (hoy) que todos los hombres sean creyentes, sino que todos saquen de ellos mismos la mejor versión posible de cada cual. Por eso el amor y la práctica de la justicia, por más que broten necesariamente de la experiencia cristiana de Dios, han de ser accesibles a todos los que (sin ninguna culpa propia) no creen en Dios o creen de otra manera.

La cristología está siendo cuestionada hoy tanto por la crisis interna del propio cristianismo como por la presencia de las religiones y la incipiente teología del pluralismo religioso. ¿Es éste un fenómeno típico de nuestro tiempo?

Aquí hay que ir “pasito a pasito” como aquella mula de Francisco Javier. Lo primero que hay que decir a propósito del tema de las religiones es que, cuando aparece un problema en la historia, de momento nunca hay soluciones sino sólo caminos. Y que las prisas por solucionar son malas consejeras. Las soluciones, cuando las haya, son necesarias pero tienen su tiempo. Enseñando la cristología aprendí que muchas gentes de los primeros siglos vivieron su fe con fórmulas que hoy consideraríamos nosotros erróneas o aun heréticas o que, al menos, eran falsas soluciones del problema que entonces planteaba la cristología. No obstante, quizá fueron mejores cristianos que muchos otros que han podido disponer de aquellas soluciones.

Vale, no hay que precipitarse. Pero, ¿ cómo vivir en la incertidumbre?, ¿qué hacer en el entre tanto?

También he dicho en otros sitios que una actitud cristiana que me parece fundamental, siempre que nos encontramos ante cosas que parecen irreconciliables en el mundo de la fe, y donde creemos ver verdad en ambos campos, es la apuesta por la doble fidelidad. Recuerdo esa misma apuesta, en mi juventud, en el dilema marxismo-cristianismo; la recuerdo en el campo de ciencias y fe (con el admirable ejemplo de Teilhard de Chardin). La apuesta por una doble fidelidad es una apuesta creyente por la meta, que reconoce la provisionalidad de todos los senderos o pasos.

Es así como creo que hay que acercarse hoy al problema que nos plantea el tema de las religiones de la tierra. Es evidente el texto bíblico de que “Dios quiere que todos los hombres se salven”; y parece obligado admitir que eso se refiere no sólo a que su conciencia personal puede ser recta, sino también a que el grupo o religión en que están puede ser camino de salvación (y aquí incluyo incluso algunas formas de ateísmo). Por otro lado, un cristiano se encuentra con la proclamación bíblica de Jesucristo como “único Mediador” y Salvador de todos. ¿Cómo se compaginan? De momento, quizá no lo sabemos aunque podamos intuir algo. Es hora de apostar por la doble fidelidad, aunque sea crucificándose en ella.

“Apostar por la doble fidelidad”. ¡Pues no dices nada! Pero sigamos con el tema, ¿es Jesucristo el único y definitivo Mediador de la salvación de Dios? ¿Cuál es Su originalidad?

Único y definitivo no significan lo mismo. Pero otra vez habrá que ir por pasos. En el caso de que la razón demostrara la existencia de Dios (que a Voltaire le parecía “evidente”) a lo más que llegamos es al Dios del deísmo: una especie de Relojero supremo o de Motor inmóvil con el que el hombre no puede comunicar por su misma grandeza y trascendencia. Surge entonces la pregunta religiosa que es la pregunta por el contacto o la relación con Dios. Y como respuesta a ella aparecen las religiones o lo que cabría llamar “el hecho creyente”.

Estas respuestas son diferentes. En el hinduismo, que es antes que nada una mística, parece que el hombre cree encontrar a Dios en su misma intimidad, en la que cabe una experiencia de unidad (según otros incluso de identidad) con Él. A pesar de la total alteridad de Dios, que los Upansihads subrayan tan radicalmente, persiste la fórmula de identificación “athman-Brahman” (algo así como “alma-Dios”). Y yo no veo, contra lo que opinaba el cardenal Ratzinger, que esa experiencia suponga la impersonalidad de Dios: al menos no necesariamente.

En el judaísmo e islamismo es posible al hombre relacionarse con Dios porque él ha hablado, a través de algún profeta, y como Legislador: entregando la Torah o dictando el Corán. Con la diferencia de que, en el primer caso, Dios habla a partir de una acción liberadora y para garantizar esa liberación conseguida. Mientras que en el caso del Islam se manifiesta más bien para corregir de una vez todas las desviaciones de las religiones anteriores.

Sí, pero a ninguno de los profetas de estas religiones se le atribuye un papel “mediador” como se le atribuye a Jesucristo en el cristianismo…

En el cristianismo, Dios habla mucho más pero habla también mucho menos. Se entrega silenciosamente. Su posibilidad de comunicación se hace “carne”: uno de nosotros. Vive esta misma vida nuestra por solidaridad con la mala trayectoria humana. Se somete a ella y, desde dentro y soportándola, la transforma. Así Dios se da a conocer sobre todo como Amor (esa es Su verdad), mientras que en los otros casos Dios se revela más bien como Legislador o Trasmisor de algún código. Por eso he dicho en algún sitio que el cristianismo “no es una religión del libro” (como las otras dos). Posee un libro (por así decir) pero no es religión del libro…

CARLOS TAIBO: NO ES LO QUE NOS CUENTAN

Benjamín Forcano y Evaristo Villar

número 77 (febrero ’05)
– Autor: Benjamín Forcano y Evaristo Villar –
Sobre el referendum del tratado constitucional
 
Carlos Taibo es profesor de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid. Durante muchos años ha trabajado, ante todo, sobre los cambios operados en la Europa central y oriental. En el último lustro se ha interesado, sin embargo, por materiales más generales, como lo atestugual algunos de sus últimos libros: Cien preguntas sobre el nuevo desorden (2002), Guerra entre barebaries (2002), Estados Unidos contra Iraq (2003), ¿Hacia dónde nos lleva Estados Unidos? (2004), y No es lo que nos cuentan: Una crítica de la Unión Europea realmente existente. Su visión del mundo se inserta en plenitud en lo que podríamos llamar el ala libertaria de los movimientos antiglobalización.

_ Bueno, Carlos, ¿centramos la entrevista en la Europa que se proyecta en la Constitución o vamos al transfondo de lo que está detrás de ella? _ Creo que los movimientos sociales deben aprovechar el momento del referendum para promover un discurso crítico, ya no sobre el Tratado Constitucional, que también, si no sobre la propia Unión Europea, y tienen que hacerlo porque ésta es una tarea pendiente, una especie de bula histórica que ha impedido que a su alrededor naciesen discursos críticos. _ Eso se ha debido en buena parte a su éxito a la hora de demostrar que sus problemas tienen un cariz meramente técnico o burocrático; de tal manera que ya no los ciudadanos, sino los propios políticos no estarían llamados a terciar en su solución o también al hecho de que desde la izquierda hemos concentrado nuestras diatribas en el gigante norteamericano y entonces la Unión Europea ha quedado en una especie de penumbra. _ Hemos concentrado las críticas en lo que hacía Francia en el Africa subsahariana, Alemania en la Europa central o el Reino Unido de la mano de su eterna sumisión a los Estados Unidos, dejando a la Unión Europea en una especie de penumbra, beneficiada por la ausencia de discursos críticos.

_ Nos parece interesante esta reflexión que acabas de hacer, pues la realidad histórica está detrás de la Constitución, pero indudablemente la atención de los ciudadanos se va a centrar ahora en el texto de la Constitución, e interesaría una valoración del texto o del contenido mismo de la Constitución. _ Yo emito un juicio muy negativo de este texto, y lo asiento en cinco grandes ideas. La primera es que no acierto a intuir en virtud de qué extraño mecanismo, al amparo de estas nuevas normas, se va a reducir eso que de manera desafortunada hemos llamado déficit democrático. Me hace gracia que utilicemos la terminología cuantitativa de la economía para describir algo que es mucho más profundo. La segunda es que la Constitución entroniza un modelo neoliberal, en virtud del cual en el mejor de los casos se enuncian derechos sociales que no se acompañan de garantías encaminadas a convertirlos en obligaciones. Una tercera razón es que cancela la representación de los pueblos, algo que a menudo se ha dicho que beneficia a los ciudadanos y a los Estados; pero no, yo pienso que beneficia a los Estados y a su lógica. La cuarta es que el Tratado sigue concibiendo sorprendentemente la inmigración como un problema, un problema que, por añadidura, será encarado en virtud de mecanismos fundamentalmente represivos. La quinta y última razón es que el Tratado describe una política exterior, impregnada de ribetes militaristas, asentada en la supeditación al marco dictado por la OTAN. Y, en ese sentido, sospecho que ratificadora de una relación atávica de sumisión a los Estados Unidos. _ Resumo diciendo que me parece que la Constitución da rienda suelta a los proyectos que en el pasado hemos retratado de manera probablemente planetaria pero razonablemente lúcida: la Europa de los mercaderes por un lado y la Europa fortaleza por el otro.

_ Entonces, ¿tú no estarías de acuerdo con cuanto en la primera y segunda parte de la Constitución se describe como modelo de valores y derechos y que luego pasarían a ser principios reguladores de la convivencia? – Es difícil no estar de acuerdo con esos valores. Pero conviene introducir observaciones que afectan al fondo. Pienso que el Tratado Constitucional se asienta en un proceso de invención de una tradición que describe la historia europea como un proyecto finalista, marcado por el progreso de la libertad y de la riqueza, y, en ese sentido, cancela cualquier consideración crítica de los muchos elementos negativos que han impregnado e impregnan la historia europea; cancela también cualquier consideración de las historias excepcionales, en la medida en que las subsume en esa especie de canon y hace un uso abusivo de determinados datos que son verdad, pero que conviene emplear de manera sosegada. _ Por otra parte, cuando los derechos se enuncian como principios generales, pero no se concretan en medidas precisas, hay algo que induce al recelo. Es el mismo problema de la Constitución Española, que reconoce el derecho de todos los ciudadanos a disponer de un trabajo y de una vivienda digna y, sin embargo, no tenemos ningún conocimiento de que los jueces reciban demandas de ciudadanos que reclaman el vigor de sus derechos. _ Y, además, la tercera parte, incluye una descripción muy prolija de un conjunto de políticas que la Unión Europea debe desplegar. Las políticas precisas cabe suponer que deben dejarse al amparo de la decisión de las mayorías electorales de cada momento concreto, y esto quizás suponga cancelar no pocos derechos nuestros y los derechos de las generaciones venideras; no es una operación precisamente afortunada y tampoco es ni inopinada ni neutral.

_ O sea, tú no ves que haya coherencia entre esos valores y derechos que se afirman en la primera y en la segunda parte y las políticas o competencias que se especifican para asegurarlos; todo quedaría poco menos que en el vacío. ¿El problema está ahí? – Bueno, voy a intentar responderos de la mano de una observación lingüística que me parece que es muy importante, y es muy importante, entre otras cosas, porque no es mía. _ En el Tratado Constitucional se utiliza con harta frecuencia el verbo “promover”. Dice: La Unión Europea promueve tal cosa, y también: el Parlamento Europeo podrá legislar sobre esto o sobre lo otro. _ Cuando se trata de hablar de los derechos de los individuos en el terreno político y social son éstas las expresiones a las que se recurren. Cuando se refiere a la libre competencia y al mercado, el verbo que se utiliza es: la Unión Europea “ofrece”. _ Creo que esta es la trama fundamental en lo que respecta al tratamiento de estos problemas en el marco del Tratado Constitucional. El analista francés Jenner afirma que esta Constitución supone un retroceso con respecto al Pacto Internacional sobre Derechos Económicos, Sociales y Culturales adoptado en 1996, ratificado por los miembros de la Unión Europea y en vigor desde 1976, y no reconoce derechos como el salario mínimo, las pensiones, las prestaciones por desempleo o un alojamiento digno. El derecho a la seguridad y a la ayuda social se reconocen de forma elusiva sin mayores garantías y se niega a los inmigrantes. Los servicios de interés económico general, en fin, quedan a expensas de una ley por aprobar, puesta en manos de una comisión decidida a aplicar a rajatabla las normas de la organización mundial del comercio. _ Mi conclusión es que aquí hay un problema grave que se esconde detrás del lenguaje; los derechos que reclamamos pueden ser objeto de legislación futura, pero no son efectivamente garantizados por este Tratado de Constitución.

_ Tú, ¿qué razones encuentras para que exista hoy día en Europa una Constitución? – Se sobreentiende que allí donde hay un Estado hay una Constitución. Pero en este caso estamos obligados a justificar por qué es preciso generar una Constitución. Pienso que esto guarda relación con dos procesos: primero, la necesidad de dar carta de naturaleza jurídica al orden neoliberal y segundo, ese tipo de proceso es como una bicicleta, es preciso seguir pedaleando, porque sino la bicicleta se cae. _ Los fundamentos de este Tratado son dudosos, porque, cuando se aprueba una Constitución, por detrás debe haber algo genuinamente nuevo. Yo no acierto a apreciarlo, me parece que esta Constitución es más bien un amasijo no particularmente afortunado. No veo el perfil preciso de este Tratado y por eso mi posición es de crítica radical y no precisamente constructiva.

_ ¿La Constitución consagra un proyecto neoliberal en el sentido de dejar libertad absoluta al comercio o hay un encauzamiento y control de todo esto? – Se tiende a cancelar cualquier tipo de intervención política en los flujos comerciales. Hace un par de meses, Laurent Fabius, ex primer ministro francés, publicó un librito en el que recoge una evaluación estadística que de nuevo en términos lingüísticos es muy interesante. La palabra “mercado” aparece 78 veces en el Tratado Constitucional; en cambio la expresión “pleno empleo” hay que buscarla con lupa; si no estoy equivocado, se recoge en una sola oportunidad.

_ Empleo avanzado… – Pues aún más grave me lo pones. En ese magma yo creo que nos engañaríamos si sostuviésemos que la Unión Europea defiende un proyecto de globalización diferente del que avalan los gobernantes norteamericanos. _ Mi tesis es que la Unión Europea defiende un proyecto de globalización asentado en la gestación de lo que entiendo que es un paraíso fiscal a escala planetaria, en virtud del cual los capitales habrán de moverse a lo largo y ancho del globo sin ningún tipo de cortapisa, pudiendo desentenderse de cualquier consideración de cariz humano, social, medioambiental. _ Y en este escenario me parece que es muy significativo que los ámbitos en los cuales los Estados neutros de la Unión renuncian a atribuciones propias, son aquellos vinculados precisamente con la liberalización. _ El dato fundamental lo aporta el llamado acuerdo general del comercio de los servicios que curiosamente no aparece incorporado al Tratado, pero que es aceptado por todos los Estados miembros y que implica en los hechos la perspectiva de la privatización de todos los servicios, exceptuados la policía, lo judicial y la emisión de moneda. Me sorprende que la sanidad, la educación, en un magma de discurso neoliberal extremo, sea acatado por los partidos socialistas europeos. Digo que me sorprende, aunque ya no hay nada que me sorprenda. De nuevo la retórica anuncia medidas sociales, medidas de control y de intervención de los Estados, pero esas medidas no son objeto de ningún tipo de garantía, quedan a expensas de determinadas leyes que el Parlamento Europeo podrá aprobar en su momento. _ Se dice que el Tratado Constitucional no es bueno, pero que, una vez aprobado, se procederá a reformarlo; se nos está engañando. ¿A qué obedece el designio de respaldar un Tratado Constitucional que se dice que no es bueno y que uno intuye se podrá reformar en el futuro en virtud de unas u otras mayorías? _ En la redacción de este Tratado Constitucional han participado tres grandes familias: conservadoras, liberales y socialistas. A mis ojos los socialistas han aportado el lenguaje florido; los conservadores, la retórica ; y los liberales las medidas precisas.

_ Cuando, por ejemplo, se dice en el art. I.2 “La Unión se fundamenta en los valores de respeto de la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, estado de derecho y respeto de los derechos humanos, incluidos los derechos de las personas pertenecientes a minorías. Estos valores son comunes a los Estados miembros, en una sociedad caracterizada por el pluralismo, la no discriminación, la tolerancia, la justicia, la solidaridad, y la igualdad entre mujeres y hombres”,etc., nos encontramos con esa dialéctica entre lo que es y lo que tiene que ser. Pero ese contenido ético-programático no son palabras vanas, ni puramente retóricas, sino faros que guían y sustentan el futuro de la Unión Europea. Hacer que esto se haga realidad va a depender mucho de las sociedades europeas a través de sus respectivos gobiernos, porque ahí estará el Parlamento Europeo que será un reflejo de los diversos parlamentos. Tú parece que acentúas demasiado esa disociación entre lo que podríamos llamar el modelo neoliberal económico-político de la Constitución y el modelo ético-jurídico, sustancia de esa Unión. – Bueno, yo te diría que, en principio, tienes razón, no tengo nada que oponer a ese artículo que has leído, y, si tengo que oponer algo, es en lo relativo al problema de cómo se plasma eso en la realidad. El problema es que se nos está pidiendo que refrendemos un Tratado Constitucional que es extremadamente difícil de reformar y que, junto a esos artículos que son edificantes y merecedores de respaldo, incorpora otros que niegan esos valores; los niega, subrayo. Toda la trama de políticas en el terreno económico y social incorporada en la parte tercera de la Constitución es difícil de digerir desde esos valores. Por eso yo creo que es más inteligente rechazar el Tratado Constitucional, que no puede implicar en modo alguno rechazar determinados tipos de cosmovisiones que están incorporados al Tratado Constitucional. El problema de fondo es quién dirige el proceso matriz de construcción.

_ Evidentemente que hay una distancia entre lo que se propone y lo que existe en la realidad europea; pero eso es lo que hay que distinguir; una cosa es negar y denunciar la política real, tantas veces en desacuerdo con los principios, y otra negar los principios mismos. Ocurre algo parecido en la Iglesia, ¿se puede negar la carta fundacional del Evangelio porque la realización histórica del cristianismo haya sido muchas veces aberrante? Una mala realización no invalida un buen proyecto. – Claro, pero aquí el problema es el valor históricamente que ha sido la Unión Europea. De nuevo, mi juicio es crítico. Yo creo que la Construcción Europea realmente existente es un proyecto económico, asentado en un principio maestro: libre comercio y adobado en virtud de cierta presión político popular de elementos saludables en términos de derechos y libertades, pero en la construcción del discurso oficial y político se nos viene a decir: tenéis que refrendar este Tratado Constitucional porque la Unión Europea es un enclave planetario caracterizado por la prosperidad, los derechos y las libertades en medio de un mar proceloso de problemas por todas partes. Conviene que nos planteamos si esto es así o no. _ Menciono simplemente dos grandes problemas, uno que es el modelo de capitalismo social europeo: al cabo de 20 años de políticas neoliberales está periclitando en provecho de una franca homologación con el modelo competitivo norteamericano. Si hoy entre nosotros perviven elementos característicos de los estados del bienestar, entiendo que es antes por efecto de una inercia que viene del pasado que de resultas de un proyecto político consciente y estrictamente contemporáneo. El segundo gran mito que impregna la construcción comunitaria es que Europa configura, por su cara bonita, un agente internacional comprometido con la causa de la justicia, la paz y la solidaridad, que son, al fin y al cabo, los valores que están por detrás de determinados artículos de la Constitución. _ Creo que basta con echar una ojeada al perfil preciso de la política exterior de la Unión Europea para percatarse de que hay una distancia alarmante entre lo que se anuncia (retórica) y las prácticas precisas. Y por eso me parece mucho más importante referirse a los procesos reales que a los enunciados retóricos.

_ Totalmente de acuerdo. Otra pregunta: ¿interesa a Estados Unidos una Constitución Europea para remodelar otros segundos Estados Unidos? Pero habría que bajar a cosas con más detalle, por ejemplo, cómo quedan los derechos sociales.¿Realmente esta Constitución amplia el margen de desarrollo de los derechos sociales y la apuesta por la paz? ¿ Cómo queda, por ejemplo, esa relación de homologación entre el hombre y mujer? – Lo de los derechos sociales ya dije antes que el problema fundamental es que muchos derechos no se reconocen. Mencioné tres o cuatro y aquellos que se reconocen no se acompañan de garantías, con lo cual no me atreveré a afirmar que el escenario es peor que el de antes, simplemente no es mejor.

_ ¿La Carta de Niza se reconoce, se reasume o queda debilitada? -Desde mi punto de vista, que en este caso es el del ex-presidente del Tribunal Constitucional, Pedro Cruz Villalón, esta parte segunda de la Constitución aparece descafeinada; en la medida en que no tiene el protagonismo que merecería, queda subsumida a lo que rezan otras partes de la Constitución del Tratado Constitucional, con lo cual su papel final es un tanto alicaído. Planteabas la cuestión de la Paz, cómo afecta a este valor el Tratado Constitucional. Yo creo que ratifica a una condición de política exterior de la Unión Europea que invita a recelar mucho de que la Unión Europea apuesta por la Paz.

_ Si la Paz es uno de los objetivos de la Unión Europea, ¿cómo encajarlo con la creación de una Agencia Europea de Armamento, investigación, capacitación militar? – Yo creo que, de nuevo, aquí hay un problema de retórica, el proceso es distinto del que objetivamente la dinámica material de los hechos sugiere. El perfil preciso de la política exterior de la Unión Europea queda fidedignamente retratado en Ramala, Ducarel, Yenin, Nablus, en un puñado de ciudades de la Cisjordania en el mes de Abril del año 2002 cuando acontecimientos infaustos que todos recordamos nuestros países fueron literalmente incapaces de anunciar -¡qué menos!- la retirada de sus embajadores en Israel y la cancelación del sinfín de privilegios comerciales con que obsequian desde mucho tiempo atrás al propio Estado de Israel. Y no es que la Unión Europea no sepa cancelar privilegios comerciales, lo ha hecho en numerosas oportunidades con enorme contundencia y rapidez en el caso de países del tercer mundo, cuyo único pecado es no dar puntillosa satisfacción draconiana al programa de ajuste del Fondo Monetario Internacional. Sólo, cuando un pequeño y pobre país de Africa no satisface las condiciones estatuidas en materia de déficit público, inflacción, inmediatamente ve cómo se le retiran privilegios comerciales. Cuando Israel violenta los derechos humanos más básicos en Cisjordania y en Gaza, cuando Rusia hace lo propio en Chechenia nuestros gobernantes miran hacia otro lado. Hace poco el ministro Moratinos ha visitado oficialmente Israel y se ha comprometido no a cancelar privilegios comerciales, sino a mejorar el estatus de la relación de Israel con los Estados Unidos. Este es el perfil preciso de la apuesta por la Paz de Estados Unidos. _ Propongo un segundo ejemplo. Sabéis que por fortuna la Unión Europea ha acatado la Justicia Penal Internacional. En Enero de 2002 se desplegaron en Afganistán soldados pertenecientes a 19 Estados, la mayoría miembros de la Unión Europea. De manera semiclandestina esos Estados suscribieron con los antiguos afganos un acuerdo en virtud del cual estas últimas se comprometían a no colocar en manos de un tribunal penal internacional a ninguno de los integrantes de esos contingentes militares internacionales. Creo que la conclusión está servida, la posición de la Unión Europea en términos objetivos es aún peor que la de los Estados Unidos. Los Estados Unidos al menos son francos, dicen: “Rechazamos la justicia penal internacional”. La Unión Europea declara retóricamente acatarla, pero en los hechos se comporta como los Estados Unidos. _ Acabo mi observación fundamental al respecto de esto de la paz y es que cualquier persona sensata convendrá en que es saludable que emerjan contrapesos en el camino de la hegemonía norteamericana, pero tenemos que prestarle una atención puntillosísima a la condición precisa de esos contrapesos, no vaya a ser que a su amparo emerjan elementos tan negativos como los que impregnan la política exterior de los Estados Unidos.

_ ¿De nuevo, cuando en la Constitución se dice que “La Unión tratará en sumo grado de consolidar la paz interna, prevenir los conflictos, asegurar la paz”, etc. estamos en la contradicción de lo enunciado y lo realizado? -En este caso no es sólo retórica, es que hay determinadas reglas de juego que reflejan el vigor del proceso real, las reglas del juego estatuidas al amparo de la OTAN.

_ La Constitución no impone a sus miembros el alineamiento con la OTAN, los respeta y deja libres. – Esto de nuevo es retórica, pues la abrumadora mayoría de los miembros son socios miembros de la OTAN, y la OTAN genera obligaciones; aquí la Unión Europea procederá a crear una agencia de armamentos. El Tratado Constitucional incorpora en este terreno, como en el de las políticas económicas, medidas precisas que, desde mi punto de vista, desmienten el vigor de los principios retóricos y saludablemente enunciados.

_ La Constitución habla de la igualdad de retribución en trabajadores masculinos y femeninos. ¿Te parece que esto es una apuesta firme o es otra expresión retórica? – Me imagino que en lo que respecta a la igualdad de género el verbo utilizado es de nuevo “promover” y esto refleja cierta conciencia de que la realidad desmiente el principio enunciado.

_ La Constitución habla de “prohibir” toda discriminación. Hay textos en que el cariz es más que promover. En este caso, el significado e insistencia del lenguaje son claros, sin saber si eso es suficiente para que no quede en mera retórica. Los principios son principios, si luego medidas y políticas concretas son contradictorias nos tocará denunciarlas y corregirlas. Los principios son válidos y, como tú dices, esto es saludable y nos sirve. – Hombre, claro. La disuasión tiene que ver con esto. La Constitución Española reconoce el derecho de todos los ciudadanos a disponer de un trabajo y de una vivienda digna. Aquí está el problema. Nadie discutirá este derecho (aun cuando hay quienes discuten este derecho, se oponen a que se incorpore y por eso algunos de estos derechos desaparecen del Tratado Constitucional), pero, en cualquier caso, me parece que es importante que planteemos la discusión relativa a cómo se plasma la realidad de este principio, cómo se plasma la igualdad de retribución. ¿En virtud del Tratado Constitucional una mujer que recibe un salario inferior al que recibe un varón en su mismo puesto de trabajo puede plantear una demanda ante los jueces? No lo sé, debo confesar que se me escapa el dato, pero intuyo que no, me sorprendería que fuera así, porque esto generaría un cambio objetivo en relaciones muy claramente asentadas.

_ Los principios son claros y quedan abiertos a… – ¿Y las disposiciones ulteriores? Pero, es claro, el derecho a disponer de una vivienda digna entre nosotros está incorporado en la Constitución, algo querrá decir, algún tipo de derecho objetivo generará.

_ ¿Como lo podemos exigir? Porque claro, si ni siquiera tienes esto para poder reclamar… Pero, si en la práctica se me niega, entonces viene la contradicción. – Sí, yo entiendo todo esto. He recalcado que el Tratado Constitucional está lleno de artículos que son irrefutables. ¿Cómo vas a rechazar esto? La cuestión es que tienes que evaluar. En todos los tratados hay un conjunto de elementos que son saludables. Debo confesar que a esta pregunta concreta no sabría responder, no sé cuál es el mecanismo de obligación jurídica que se deriva de este tipo. No lo sé.

_ Parece ser que la política de la Unión se va a basar en principios de cautela y acción preventiva frente a corregir los atentados contra la naturaleza. ¿Los consideras suficientes frente a la postura de quienes contaminan, compran estos derechos y los pagan? ¿Frenarían la degradación a que estamos llegando? – Yo tengo la certeza de que no. Se entroniza una economía de mercado, asentada en las reglas más feroces y los mecanismos instituidos para poner freno a los excesos de esa economía no van a servir. Pero este es un problema general de la lógica de la globalización capitalista. Si uno apuesta por una globalización que implica la gestación de paraísos fiscales a escala planetaria está apostando por una desregulación extrema y los efectos en el terreno medioambiental son dramáticos. Y de nuevo subrayo que se revelan hoy en la UE realmente existente. _ Otro de los mitos que rodean la Unión es que en ella el medio ambiente es objeto de un respeto saludabilísimo. Supongo que uno puede razonar esto en términos comparativos; a buen seguro que el respeto del medio ambiente es mayor que el de los Estados Unidos, pero conviene que no nos dejemos llevar por la conclusión de que es el saludable. Propongo esta disquisición porque tiene mucho que ver con otras políticas de la Unión, la política de ayuda al desarrollo, por ejemplo. Uno escucha constantemente este argumento: La Unión Europea es el principal donante internacional de ayuda al desarrollo. ¿Es esto verdad o mentira? Es verdad. Ahora bien, deducir de eso que los flujos de ayuda al desarrollo de la UE son saludablemente importantes es engañar y engañarse. En el grupo de los ocho países más importantes hay cuatro Estados miembros de la Unión: Francia, Alemania, el Reino Unido e Italia, que están muy lejos del 0,7 % de ayuda. De nuevo nos estamos mirando constantemente al ombligo.

_ ¿Cómo quedan, a tu juicio, las confesiones religiosas, los estatutos de las iglesias dentro de la Constitución? En el art. 51, 1º dice “La Unión Europea respetará y no prejuzgará el Estado reconocido, en virtud del derecho nacional a las iglesias y asociaciones o comunidades religiosas en los Estados miembros”. Se tiene la impresión de que puede haber colisión con la promoción de los derechos humanos desde ciertos puntos de vista de los estatutos de algunas iglesias. ¿Entonces? – La conclusión es inevitable. En efecto, hay un reconocimiento expreso de determinado tipo de privilegio, que corresponde a la presión de determinados grupos, cuyos acuerdos suscritos en el pasado se van a respetar aún en el caso de que introduzcan contradicciones con respecto al contenido del propio tratado constitucional. Me siento en la tentación de subrayar que esto no sólo afecta a las iglesias, afecta a algo que curiosamente en la jerga comunitaria se llaman ONG’s, las grandes corporaciones industriales, estos formidables grupos de presión han pertrechado mecanismos de influencia poderosísimos.

_ ¿También de organizaciones? – Detrás del término ONG’s, que llevan por detrás cierta carga de vinculación con la solidaridad, la Unión Europea pone a estos gigantescos grupos empresariales que operan en la trastienda. Frente a ellos, ha habido una dejación de obligaciones de la UE en relación con derechos básicos.

_ ¿Podría con esta Constitución entrar el Vaticano como Estado a formar parte de la Unión Europea sabiendo que en él no se respetan ciertos derechos de participación y democracia? -Lo iba a decir ahora. De nuevo el lenguaje: lo acordado es fruto de un plan muy consciente, cada grupo de presión ha negociado cada artículo, con un producto final que responde cabalmente a este tipo de cuestiones.

_ Ciertamente no hay una sistematización muy coherente en todo el Tratado. Por una parte, se afirman valores y derechos que estarían en contra del principio de una economía de mercado abierta, no falseada. ¿Qué significa eso? ¿Hay contradicción? Si miramos a la historia ciertamente la marcha de Europa ha sido una marcha hacia el neoliberalismo. ¿Cuál es entonces nuestra tarea? -No sé, a mi me produce cierta preocupación esto que yo llamo el meta-discurso relativo a la Constitución, porque cada vez me deja más perplejo, no por lo que acabais de decir, que me parece respetable. Estoy harto de escuchar a militantes significados del Partido Socialista que fuera de micrófonos enuncian críticas en grado extremo al Tratado Constitucional y con un micrófono delante no dicen absolutamente nada. Uno de ellos me dijo: Carlos, aunque te parezca sorprendente, yo estoy de acuerdo en la mayoría de las críticas que enuncias sobre el Tratado Constitucional, pero ruego encarecidamente que pidáis el sí a favor del Tratado.

¿Encarecidamente? – Que pidáis el sí. _ No sé si soy muy simple. El ciudadano puede leer o no la Constitución, y después decir sí o no. Pero la cuestión de fondo es que hay todo un discurso encaminado a subrayar que la Constitución es muy mala en el terreno social, pero que ya la reformaremos después, una vez aprobada. No lo acabo de entender, además de que es cada vez más urgente que en nuestra sociedad se visualice un segmento importante de la población que disiente con respecto a esto. En este sentido, me parece que el No a la Constitución debe ser un elemento central. Yo nunca le he dicho a la gente lo que debe hacer en una elección o en un referendum, yo estoy contra la Constitución de la Unión Europea, pero no le estoy diciendo a la gente que acuda a un referendum a votar en contra. Y no lo estoy haciendo entre otras cosas porque este referendum huele mucho a quemado como práctica democrática, el Gobierno no parece acatar cualquier perspectiva de discusión democrática. _ Ayer me llamaron de TVE, yo me quedé perplejo, estuve a punto de desmayarme. Me dijeron: “queremos hacerte una entrevista, dar cierta cabida a las gentes que disentís del Tratado Constitucional”. Yo casi estaba emocionado, diciendo, voy a tener que tragarme todo lo que he dicho en las últimas semanas, criticando a los medios de comunicación públicos. Me hicieron la entrevista, y un par de horas después, el mismo periodista, me llamó un poco apenado y me dijo: “Bueno, Carlos, lo siento pero esto, probablemente saldrá en dos minutos la semana que viene, con todas las entrevistas que hemos hecho”. E intuyo que van a meter en las entrevistas a Federico Jiménez Losantos, para que haya cierta turbamulta de contenidos. _En las últimas semanas recibo muchas invitaciones a ir a mesas redondas, en las cuales se invita a gente que está a favor y a gente que está en contra, y las discusiones son florentinas, vamos, un debate muy natural. Todos esos debates los organizan gentes que disienten del Tratado Constitucional. Todavía no ha llegado el día en que yo reciba una invitación de gentes que están a favor del Tratado Constitucional y que en virtud de un ejercicio de consecuencia democrática decidan llamar a alguien que disiente y escuchar lo que piensa. Esto me parece muy grave, en términos de bienestar democrático en una sociedad como la nuestra.

_ Parece que todo el mundo apuesta por Europa, pero el litigio está en averiguar qué tipo de Europa. – Yo creo que se trata de Europa, que el problema es con Europa.

¿Sería entonces otra Europa? – En cierto sentido sí, pero lo que ocurre es que la Europa existente es tan abrasiva, que a lo mejor uno tiene que romper un poco este código. Estamos sosteniendo que conviene incorporar a un buen puñado de Estados, porque son europeos, y a quienes viven en el sur del mediterráneo, en cambio, los dejamos en una especie de segundo orden de cosas. ¿Que es lo que nos induce a pensar que debemos ser solidarios hoy con polacos, estonianos, eslovacos, y no con magrebíes, bolivianos, o habitantes el Oriente Próximo? Yo no estoy diciendo que Europa es antológicamente mala, pero hay un determinado tipo de visión marcada por una especie de falsa filantropía que se asienta además en un discurso etnocéntrico.

_ La Unión Europea no debe cerrarse herméticamente sobre sí misma, pero parece normal una construcción gradual, por etapas, cada vez más amplia. – Yo lo que quiero decir es que si ser europeo es dejar de ser ciudadano del mundo, y hay muchas cosmovisiones de Europa, entonces yo no tengo por qué ser europeo; y además, Europa es un constructo mental. Por cierto, hay aquí una confusión permanente intencionada y malévola, éste es un Tratado Constitucional de la Unión Europea, no de Europa. La Unión Europea y Europa no son lo mismo, ni lo serán nunca, Europa es una construcción mental hilvanada hace 2500 años y la Unión Europea es un proceso institucional que tiene 5 decenios, la determinación de qué es Europa es mucho más complicado.

_ Sabemos cuál es la trayectoria de la Europa histórica, con sus afanes colonizadores. ¿Pero no crees que el lastre de esta perspectiva histórica nos está impidiendo también ver un poco los elementos positivos, más utópicos, que hay que alimentar, y que nos permitirían tirar adelante sin renunciar a la crítica de sus contradicciones internas de la constitución? – Yo creo que el problema es de debate público. Ayer me dijeron: tienes 20 segundos para explicar por qué rechazas el Tratado Constitucional. A mi no me da tiempo para decir lo que has dicho tú, no puedo empezar diciendo hay elementos históricos y otros elementos que….

_ ¿Pero a ti te parece que podemos hacer esta crítica? – Yo estoy a favor de un Tratado Constitucional, pero no de éste. Si tú me pides que profundice en la cuestión, te diría que creo que desde la perspectiva de un discurso crítico es razonable alimentar algunos recelos con respecto al propio producto europeo. Conviene que mantengamos alguna distancia con respecto a esta especie de economía general, que en virtud de un discurso pedagógico nos induce a decir lo que tú has dicho hace un momento y lo que yo he dicho de la mano de esta observación: estoy a favor de un Tratado Constitucional de la Unión Europea, pero no de éste. Contrastemos la realidad, discutamos. _La principal confusión es la que llega del discurso oficial. La retrata la canción de grupo vasco “La polla record”: políticos locos guían a las masas que les dan sus ojos para no ver qué pasa. Ayer hubo en Sevilla una convocatoria de intelectuales y artistas para defender el Tratado Constitucional. Al parecer, el ABC con muy mala leche saca una foto de la platea general del teatro completamente vacía. Entre los intelectuales y artistas estaban los Morancos y Los del Río. Los del Río, que confesaron no haber leído la Constitución, manifestaron que votamos el sí porque lo hace la mayoría, nosotros siempre vamos con la corriente. Señalaron que la Constitución ha de defender nuestros productos, sobre todo el aceite de oliva y la música, y subrayaron que nuestra Macarena triunfó en todo el mundo, fue un producto que salió de nuestro país y por todo esto la Constitución tiene que luchar. Sugirieron a la plataforma que les encargue el tema que abandere el sí a la Constitución. Todo muy respetable, pero música celestial.

_ Pero no sería bueno que a otros les atribuyeran la manía del no. – Hay un texto maravilloso del Padre Feijóo, el ilustrado del siglo XVIII, sobre esto de Europa, que yo a la gente le recomiendo que lea. En un momento determinado se mofa de esta expresión que habéis oído muchas veces, “Africa empieza en los Pirineos” , se mofa de manera muy inteligente y dice: “¿Y qué, qué pasa con que Africa empieza en los Pirineos?”, ¿qué visión del mundo es ésta que nos aconseja pensar que lo que hay en el Norte de los Pirineos en Europa está impregnada de rasgos saludables y lo que queda al Sur es un sinfín de miserias?” El Padre Feijoo, un ilustrado del siglo XVIII, cuando llega el momento de argumentar por qué Africa le parece merecedora de respeto, lo que aduce es que S. Agustín nació en Túnez. Al final, el discurso eurocéntrico emerge incluso en una persona de esta categoría. Europa no es incuestionable y conviene también mantener ciertas distancias.

_ ¿Hacia qué Europa hay que caminar y deben tender movimientos críticos, movimientos sociales y redes de todo tipo? – Hacia una Europa de los ciudadanos, en la cual tengan toda la capacidad de decisión y no haya instancias políticas al margen del convenio democrático; la Europa de los derechos sociales, del equilibrio medio ambiental y de la solidaridad ante la Paz. Mi impresión, y enuncio una paradoja, es que curiosamente quienes hemos decidido acometer la tarea de contestar este Tratado Constitucional, somos los que estamos reflejando nuestra práctica cotidiana esos valores que se enuncian en el Tratado Constitucional, no nuestros gobernantes de la mano de campañas institucionales que lo único que reflejan es el propósito de que la población respalde aquello que desconoce. Las encuestas de opinión revelan que hay una abrumadora mayoría de ciudadanos españoles que declaran su apoyo al Tratado Constitucional y, al mismo tiempo, esa misma mayoría confiesa ignorarlo todo.

El debate, pues, hay que hacerlo. -Lo que pasa es que no se ha entrado a fondo. A mi me gusta distinguir lo que se ha dicho aquí, lo que pasa es que no se distingue. Hay pequeños reductos, pero lo que vamos a tener es la gran parafernalia oficial. Y soy plenamente consciente de que no vamos a salir de esos reductos.

_ ¿Nuestro sino es una vez más perder? ¿Perder en el tiempo inmediato, aunque a la larga…? – Yo hoy voy a San Sebastián y ya sé lo que va a pasar, porque llegar a quien va por la calle en ese mismo momento, es imposible, imposible tal y como están las cosas.

_ ¿Al fin y al cabo la Unión Europea son los Estados o son los pueblos? – Os recomiendo que leáis un libro que se llama “La Constitución Inédita”, de Pedro Cruz Villalón, expresidente del Tribunal Constitucional. En un capítulo analiza críticamente la no incorporación de las comunidades autónomas del conjunto de los pueblos al texto constitucional; le parece una carencia básica.

MARIA GIOVANNA RUGGERI

Benjamín Forcano

Éxodo 97 (ener.-febr.’09)
– Autor: Benjamín Forcano –
 
Maria Giovanna Ruggieri, nacida en 1952, es profesora de instituto desde 1978. Además, esta italiana, licenciada en Lenguas Extranjeras por la Universidad de Roma y ligada desde su juventud a la Acción Católica italiana, tiene la responsabilidad de representar, desde el año 2000, a la UMOFC en la sede de la FAO (Oficina de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación). En 2006 pasa a formar parte, como miembro activo, del Comité de la UMOFC (Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas) y vicepresidenta de esta organización para Europa. A nivel local, Giovanna está muy comprometida con asuntos medioambientales, actividades con inmigrantes y proyectos de carácter solidario.

Desde tu actividad como delegada para Europa de la presidenta de la UMOFC, ¿qué sentimientos primeros te produce la tragedia del hambre en el Tercer Mundo?

Los mismos que hace 50 años expresaron las mujeres de UMOFC: “Nosotras, mujeres del mundo entero, llamadas por la naturaleza a dar la vida, protegerla y alimentarla, no podemos aceptar por más tiempo que las fronteras del hambre se inscriban en nuestro mundo con trazos de muerte”. Nosotras las mujeres nos sentimos especialmente dispuestas ante estas situaciones de necesidad y urgencia, adelantarnos a las instituciones y hacer nuestra, proféticamente, la denuncia de estas situaciones y proponer respuestas adecuadas.

Y, por supuesto, vemos con claridad que esa situación no es efecto de un fatalismo sino del egoísmo y del afán de acumular riqueza. Como cristianos tenemos que hacer examen de conciencia y preguntarnos si vivimos los valores de un cristianismo encarnado o espiritual y separado del compromiso en el mundo. La pregunta hecha por Dios a Caín es actual también hoy para nosotros.

¿Cómo valoras la indiferencia de los gobiernos ante el intolerable crimen del hambre que, según la FAO, mata en 1999 a 30 millones de personas?

Cada año mueren 26 millones de niños por hambre, enfermedades y guerra. En Europa hemos bajado las prioridades y no hemos sabido o no hemos querido identificar las causas que con nuestro trabajo contribuirían a erradicar la pobreza, la explotación sexual, el trabajo forzado/ ilegal, el mercado de los órganos humanos, el mercado de niños obligados a mendigar. El tráfico de personas implica a 127 países y en primera posición a Europa.

Desgraciadamente el hambre hace mucho más tiempo que existe. Todavía hoy no ha desaparecido. Falta voluntad política por parte de todas las naciones.

La Tierra dispone actualmente de recursos para alimentar al doble de sus habitantes: unos 12.000 millones. ¿Cómo se explica que una de cada seis personas pase hambre?

La perspectiva dominante de los países ricos frente al tema de la pobreza es la de quienes ven todo como objeto y mercancía, y usan y tiran según los esquemas del consumismo más frenético. La humanidad pasa hambre como consecuencia de factores económicos que conectan directamente con la extraña defensa de los privilegios conquistados.

En los intentos de solucionar el problema del hambre, ¿qué significan los planes del grupo de los 20?

El grupo de los 20 no quieren que los países del Tercer Mundo adquieran conciencia de sus derechos para mantener sobre ellos un estatus de dominación económica y en todos los sentidos.

¿Se puede hablar, con rigor, de un terrorismo que encubre la gran injusticia del hambre?

Ciento sesenta y cinco millones de niños entre los cinco y catorce años son usados como pequeños esclavos en fábricas, laboratorios, tiendas por un pedazo de hambre. Millones son objeto de tráfico para la prostitución . ¿No es eso terrorismo nacido de las entrañas mismas de la injusticia?

Ciertamente este terrorismo mata personas y los lugares y padrinos son las multinacionales que esquivan las leyes de cada país porque los gobernantes no se ponen de acuerdo en la legislación que controle sus intereses.

¿Cómo juzgas la responsabilidad de las democracias occidentales?

Nosotras venimos resaltando la importancia de la mujer en el mundo rural, su formación, su salud, el aprovisionamiento del agua. En África, India y China más del 89 % de las mujeres trabajan en la agricultura. Según la FAO, si las mujeres recibieran sólo la educación primaria habría un aumento de la producción agrícola del 24 %. En Kenia, por ejemplo, donde las mujeres se han implicado en un proyecto agrícola con instrumentos adecuados, ha habido un aumento de producción del 28 % del maíz, del 80 % de alubias, del 84 % de patatas.

Pero las democracias occidentales no son capaces de hacer una política a partir de los pobres. Por ejemplo, en la cumbre de Madrid los países participantes expresan preocupación por la inseguridad alimentaria global, pero no expresan un compromiso claro para considerar básico el derecho a la alimentación.

¿Hay ídolos en la sociedad moderna que tienen necesidad de las víctimas del hambre?

El hambre es consecuencia de la extrema pobreza y al mismo tiempo perpetúa la pobreza reduciendo la productividad de los individuos y de las naciones. Cuando las personas se alimentan con suficiente comida nutriente para conducir una vida activa y sana, cesan de estar dependientes y empiezan a contribuir al crecimiento y al desarrollo de su propia nación.

La FAO considera que la disminución del número de personas hambrientas en el mundo produciría una ventaja de millones y millones de dólares al año, ya que los millones de personas liberadas de la cadena del hambre empezarían a poseer una vida más larga y productiva. Además, reduciría la mortalidad infantil, mejoraría la salud de las embarazadas, disminuiría el riesgo de enfermedades infecciosas y alargaría la vida de los enfermos VIH/SIDA. Y, al convertirse en más prósperas, las naciones en vías de desarrollo sacarían ulteriores ventajas en calidad de socios comerciales a nivel mundial.

Tristemente, frente a estas posibilidades reales, se da por parte de las sociedades más avanzadas un estado de idolatría por derechos o privilegios adquiridos a los que no quieren renunciar aun a costa del hambre y de la pobreza de los demás. Estos privilegios están sostenidos por una mentalidad egoísta que no nos deja ver los derechos de los demás, las necesidades básicas y el bien común.

¿Algún criterio básico para que tanto las personas como las Iglesias y los Estados nos empeñásemos en construir un mundo sin pobreza y sin hambre?

Un criterio básico: reconocimiento efectivo de la dignidad y derechos de la persona. El mismo Papa en su mensaje para el día mundial de la Paz 2009 dice: “se necesita una fuerte solidaridad global… un código ético común” …”la lucha contra la pobreza requiere una cooperación tanto en el plano económico como en el jurídico que permita a la comunidad internacional, y en particular a los países pobres, descubrir y poner en práctica soluciones coordinadas para afrontar dichos problemas”.

Y un sueño que, con otros muchos, espero que un día se cumpla: “Los gobiernos deben reconocer en muchos débiles un potencial para el desarrollo y no sólo un problema; se debe mirar a la soberanía alimentaria de un pueblo como primer escalón de todo proyecto, pues la biodiversidad, de la que son propietarias las pequeñas familias más débiles, debe ser una propiedad mantenida en sus manos y no expropiada ni vendida a las multinacionales; esa biodiversidad es un poder real de los más pobres en cuanto que la semilla es reproducible por ellos y responde a costumbres alimentarias, lo que tiene que ver también con la salud y la capacidad de crecimiento de las plantas seleccionadas durante siglos por esos terrenos y esos climas. Que sea valorada la riqueza del conocimiento de las mujeres y que adquieran poder a través de la propiedad de la tierra, acceso al agua, la formación, el acceso a minicréditos y a pequeños proyectos que vean resultados concretos. Y que puedan organizarse para vender , empezando en el propio lugar de residencia”.

¿El Dios cristiano se muestra impotente para resolver la tragedia del hambre?

Nuestra responsabilidad es procurar que las mujeres puedan sacar fuera su creatividad, ese “genio” que les es propio y que, las más de las veces, está siendo frenado y mortificado. Ese genio necesita ser reconocido en la Sociedad y en la Iglesia, con su presencia, participación, diálogo, corresponsabilidad y que se mostrará sin duda en la defensa activa de sus derechos y en combate directo contra la violencia de que son objeto.

Es así como entendemos que el Dios cristiano dijera que la creación era responsabilidad y posesión de todos. Jesús de Nazareth nos dijo: “dadles vosotros de comer”. Somos nosotros los que hacemos eficaz o ineficaz este mandato. Es nuestra responsabilidad.