Cuestionario de Éxodo a diversos modelos de familia

Evaristo Villar, Benjamín Forcano, Miguel Á de Prada

En las entrevistas de Éxodo pretendemos recoger aquellas reflexiones que, a partir de la vivencia de las personas seleccionadas, pueden alumbrar la temática que abordamos en cada número de la revista. En esta ocasión, Éxodo se asoma a la pluralidad de situaciones de convivencia familiar hoy en España y nos ha parecido más adecuado abrir esta sección a cuatro situaciones protagonistas de una diversidad todavía más amplia, presentes en la cotidianidad de la vida, a veces ocultas pero emergiendo con valores nuevos; a veces en proceso de cambio durante una larga trayectoria. Situaciones mestizas que colorean posiciones de pareja homosexual de gays y cristianos, pareja cercana a las bodas de oro en comunidad cristiana de base y movimientos sociales, familia homoparental de dos madres con hijo o pareja sin reconocimiento legal con hijo en común. Apuestas diversas pero coincidentes en el compromiso, el respeto y, cómo no, en el amor.

PRESENTACIóN DE LAS SITUACIONES SELECCIONADAS

Pareja homosexual  y condición de igualdad en la diversidad

Javier Gómez  y Manuel Ródenas

Javier y Manuel contrajeron matrimonio hace 8 años. Juntos han vivido abiertamente  su condición de gays y cristianos, defendiendo la compatibilidad de la fe cristiana dentro de su orientación. A través del movimiento asociativo han desarrollado actividades de voluntariado y reivindicación de sus derechos y de todas las formas de expresión de la afectividad, tratando de construir puentes entre todos.

Familia católica, cerca de las bodas de oro, en comunidad de base

José María Navarro y Pilar García

Autopresentación: Nuestra andadura como pareja comenzó en 1968; pertenecemos a familias católicas practicantes de la clase media de la época y nos casamos por la iglesia. Hemos tenido tres hijos y cinco nietos, a los que hemos intentado transmitir los valores que nosotros consideramos fundamentales, a la vez que procurábamos ser respetuosos con sus opciones de vida.

Desde nuestra participación en distintos movimientos y grupos, hemos luchado siempre por una presencia cristiana más enraizada en las realidades sociales como alternativa a la mostrada por la iglesia oficial; desde hace muchos años pertenecemos a la comunidad cristiana de base Santo Tomás de Aquino. Entendemos que el mensaje de Jesús no es nunca excluyente y es por esto que nos posicionamos de una manera muy distinta a las directrices que impone la Iglesia institucional en materias como sexualidad, educación, formas de familia, etc. Aunque, como se desprende de lo anterior, la fe en Jesús de Nazaret está integrada en nuestra vida, las respuestas al presente cuestionario están expresadas fundamentalmente desde nuestra condición de ciudadan@s pertenecientes a una sociedad laica, democrática y plural.

Familia homoparental, dos madres y un hijo

Dina Verónica Gallegos Fernández, Mª del Pilar Rovira Balán y Samuel Alejandro

Autopresentación: Somos una familia homoparental, conformada por dos mujeres y un niño de 3 años. Nos conformamos como familia en México desde 2005, después en 2007 en España por lo civil y religiosamente; volvimos a México y en 2014 homologamos nuestro matrimonio allí. Nuestro hijo nació en mayo de 2011 llevando únicamente los apellidos de Pilar, pero en el 2014 llevamos a cabo el trámite de reconocimiento y ahora Samuel lleva los apellidos de ambas. Tratamos de pasar el mayor tiempo juntos: entre semana los tres coincidimos en casa para comer y cenar, creemos que reunirnos en torno a la mesa nos ofrece un espacio de convivencia muy importante; los fines de semana también los pasamos en familia. Nosotras por las mañanas trabajamos como docentes de educación superior y por las tardes asistimos con nuestro hijo a diversas terapias de rehabilitación, ya que Sammy, como le decimos cariñosamente, ha nacido con osteogénesis imperfecta (huesos de cristal). Nos reconocemos como católicos y nuestro hijo ha sido bautizado; oramos en familia y asistimos a misa. Nos gustaría participar más activamente en la iglesia, como tuvimos oportunidad de conocer en España a las comunidades de base, pero estas opciones son menos accesibles en nuestro país y en particular en la ciudad donde vivimos. Intentamos llevar una vida cristiana en la vida cotidiana y especialmente en la familia, basada en el respeto, la tolerancia y el amor. Nuestro hijo es un niño que va creciendo en una familia creyente y respetuosa de las creencias de cada uno.

Reconocimiento y cariño, también incomprensión entre amigos y familiares.

En el colegio de nuestro hijo nos hemos presentado como sus madres y no nos han puesto impedimentos para recibirlo; lo mismo hacemos en todos los sitios donde nos presentamos, lo hacemos como familia. En nuestro trabajo los compañeros saben que somos una familia, algunos lo expresan y otros hacen de cuenta como si no supieran nada, de alguna forma la invisibilidad a la que quieren llevarnos es algo que no nos afecta, comprendemos que detrás de eso hay muchos miedos personales. Tenemos muchas amistades que nos tratan con respeto, tienen claro que somos una familia y que somos igualmente respetuosas con sus opciones de vida; los hijos de nuestras amistades aprecian al nuestro, sin embargo por los tiempos y la diferencia de edad convivimos muy poco. Los vecinos de casa también saben que somos una familia homoparental con un hijo: con algunos lo compartimos abiertamente y existe un aprecio y respeto mutuo; con otros simplemente creemos que no merece la pena, ya que son personas conflictivas desde nuestra perspectiva. Pero lo más duro y lo más reconfortante está dentro de la familia. En el caso de la familia de Pilar nos aceptan, reconocen y quieren como familia; sin embargo en el caso de Dina las cosas son un poco diferentes con mi madre y hermanas. Éstas no han terminado de aceptarme como soy y tampoco a mi esposa; Samuel sí es bien recibido y muy querido. Por el contrario otros familiares nos aceptan y conviven con nosotros como una familia completa.

Pareja heterosexual sin formalizar con hijo en común

Patricia V. Martínez

P.V.M y su pareja se acercan a la cuarentena. Llevan 7 años juntos y tienen un bebé de un año. Universitarios y urbanitas, de inquietudes culturales y creativas alargan la etapa hedonista de los veinte (trabajar, salir, ir de compras, viajar). No existen traumas, ni luchas especialmente remarcables; desarrollan sus actividades laborales en un entorno competitivo y, en ocasiones, hostil.

Se consideran una pareja normal y corriente, compenetrada y honesta. Conscientes de la vulnerabilidad legal de su situación, dado que la ley española no la contempla, y del que el entorno suele considerar su opción como negativa, afirman el compromiso por el proyecto conjunto de convivencia y crianza del hijo desde una posición coherente y consecuente con la forma de pensar y sus prioridades: amor y compromiso.

ÉXODO LES HA PLANTEADO CUATRO CUESTIONES:

1.

¿Creéis que en todo tipo de familia  o situación de convivencia hay unos “elementos-valores” comunes?, ¿cuáles?

Pareja homosexual y condición de igualdad en la diversidad

No creemos en los tipos de familia, menos aún desde una visión cristiana, sino en la condición de igualdad de todos los seres humanos y de respeto entre todos sus miembros y en la familia que, por definición de la realidad y por antonomasia, es diversa. Esta diversidad en la familia sólo es visible cuando se dan las condiciones de respeto y garantías de protección.

Los elementos fundamentales que encontramos en la familia son la existencia de un grupo de personas que conviven con amor, compromiso, lealtad, ayuda mutua, solidaridad, bien común, crecimiento y desarrollo de todos sus miembros.

Familia católica, cerca de las bodas de oro,  en comunidad de base

Pensamos que toda situación de convivencia tiene que estar sustentada por unos valores que posibiliten la autonomía y el pleno desarrollo de cada uno de sus miembros.

La familia es el núcleo donde ir realizando entre tod@s este trabajo de convivencia y, por tanto, donde desarrollar unos valores fundamentales que irán determinando nuestra forma de ser y actuar, tanto dentro de la propia familia como en los distintos ámbitos en que nos movemos, ya que no consideramos la familia como un compartimento estanco. Esto lo vemos igual para cualquier tipo de familia o convivencia. Los que nosotros consideramos valores primordiales para ese desarrollo integral serían: cariño, cuidado, gratuidad, respeto, cooperación y solidaridad, clima de igualdad, fomento de la escucha y el diálogo…

Por supuesto, esta forma de comunicación comporta también unos derechos y unas obligaciones de tod@s para con tod@s.

Familia homoparental, dos madres y un hijo

No siempre los hay, aun cuando debería haberlos. Los fundamentales para nosotras son respeto, amor y honestidad.

Pareja heterosexual sin formalizar con hijo en común

Considero que así es. Unos valores que son universales y que suelen coincidir independientemente de la fe religiosa, la carencia de ella o cualquier rama o tendencia espiritual que pueda influir en el comportamiento de la persona.

A mi juicio, en el primer lugar de todos se sitúa obrar bien, ser buena persona y actuar como tal, lo que en un aspecto práctico se traduce en no herir o dañar al prójimo, ser honesto, respetar, cuidar, compartir y comprender.

2.

Si partimos de que la pluralidad de modelos de familia o formas de convivencia son un hecho socio-cultural, ¿son todos igualmente válidos?; ¿por qué?

Pareja homosexual y condición de igualdad en la diversidad

La legislación española ha adoptado desde el Código Civil hace casi diez años el concepto de familia acorde con la realidad. No existen tipos de matrimonios sino el matrimonio, al que acceden los ciudadanos con independencia de su sexo y su orientación sexual y en ese sentido se desarrolla bajo la Ley, la Familia, que merece toda la protección del ordenamiento jurídico español,  al margen de cuáles sean las características de los miembros que la conforman.

Familia católica, cerca de las bodas de oro, en comunidad de base

Es muy posible que al tener estructuras distintas haya también diferencias o distintos modos de enfoque en la convivencia, pero no necesariamente en cuanto a la transmisión de valores, por lo que nos parecen todos los modelos arriba citados igualmente válidos. Además, creemos que es imprescindible, para vivir en sociedad, respetar la libertad de otras formas de entender la vida y vivir el amor.

Familia homoparental, dos madres y un hijo

No son todos del todo válidos en la consideración social o religiosa, por lo que no aparecen con el mismo valor. El sistema reproduce un patrón muy arraigado y tanto el estado como la iglesia, cada uno a su manera, desean seguir manteniendo el control o el equilibrio y lo hacen a través de la familia, como tradicionalmente se ha hecho.

Pareja heterosexual sin formalizar con hijo en común

Por supuesto que son todos válidos. Si yo acepto y tampoco me cuestiono las condiciones que otros han elegido para vivir su vida, ¿por qué la mía ha de ser rechazada? Considero que la opción de vida se ve sumamente influida por el entorno pero en último término la decisión es personal. En mi caso concreto, que vivo en pareja, tenemos un hijo y no pensamos en “formalizar” nuestra situación, mi decisión no pasa por un proceso de meditación extremo. Es una decisión consensuada en la que ambos estamos de acuerdo en lo más básico: que el valor de nuestra unión la construimos todos los días y no está alterada, dañada o incompleta por no seguir los cauces convencionales y generales.

Se da la circunstancia de que es el entorno el que trata de situarte en el camino de lo común, considerando como anormal y en cierto modo negativa nuestra opción, como si de esta forma no fuéramos una familia del todo. Los comentarios suelen ser siempre los mismos: “a mí me daba igual, me casé por mis padres”, “si no formalizas el vínculo nada te diferencia de cualquier otra relación”, “es una muestra de amor”, “yo tenía ganas de un fiestón con mi gente”, “es por el bien y seguridad de tus hijos, por temas legales”… En todos estos casos, uno calibra si conecta con algunos de estos motivos que llevan a la gente a casarse y si en algo nos estamos equivocando para más adelante retomar la posición de siempre: diariamente no dedico tiempo a pensar en ello, no es importante para mí.

3.

Desde la situación en que os encontráis, ¿en qué basáis la validez de la misma: en la llamada ley natural, en el código específico de alguna religión, en la determinación colectiva de una sociedad laica o en la decisión personal?

Pareja homosexual y condición de igualdad en la diversidad

Es desde la coherencia personal y conforme a  la propia naturaleza de cada uno donde se desa­rrolla el modo de relacionarse y de construir uniones afectivas auténticas. Quizá lo que haya que cuestionar sea la validez de los enfoques que limitan el ejercicio y la libertad de expresión de las personas, el reconocimiento y respeto a su propia identidad y a conformar uniones afectivas en coherencia consigo mismas.

Familia católica, cerca de las bodas de oro, en comunidad de base

La nuestra fue una opción personal. Es verdad que entonces no se podía concebir otra manera distinta de la regulada por la Iglesia Católica y el estado confesional, pero nosotros pertenecíamos ya a alguno de los grupos críticos que surgieron en esa época y, por tanto, nuestra decisión la tomamos con libertad y conscientes del proyecto que queríamos construir en común.

Hoy, cuarenta y tantos años después, tras mucho trabajo de reconstrucción y mucho aprendizaje, seguimos eligiendo la misma opción de vida y compromiso junto a nuestra Comunidad de Base.

Familia homoparental, dos madres y un hijo

Nos amparamos en el reconocimiento del matrimonio civil y en el derecho que nos proporciona, así como en nuestro conjunto de creencias, en cuanto que somos personas dignas, hijas de Dios y que él nos quiere como somos.

Pareja heterosexual sin formalizar con hijo en común

No creo que los valores difieran, lo que creo es que es escogido porque representa determinada forma de ver y actuar en la vida. En mi caso concreto, conecto con lo que considero un sentido de libertad innegable y con lo que entiendo como una posición coherente y consecuente con lo que pienso y creo y son mis prioridades (amor y compromiso); rechazo ante el despilfarro, la dádiva y los acuerdos sociales preestablecidos con los que no comulgo.

Como opción sujeta al razonamiento lógico es susceptible de cambiar en tanto lo hagan las variables en juego. Más allá de lo sentimental pienso en el marco legal y los hijos. La ley no contempla esta situación y esto nos hace vulnerables.

4.

La irrupción de nuevas formas de convivencia o familiares suele presentarse como portadora de valores que quizá no han sido tenidos en cuenta suficientemente en las formas anteriores. Desde esta situación en que os encontráis, ¿qué valores os parece que aporta que no tienen en cuenta el resto de modelos?

Pareja homosexual y condición de igualdad en la diversidad

La evolución de las sociedades implica el conocimiento y el reconocimiento de la diversidad como valor positivo. Sólo en las sociedades civil y socialmente desarrolladas ob­ser­vamos cómo las personas viven con mayor felicidad cuando no tienen miedo de expresar su auténtico modo de ser y cuando sus respectivos ordenamientos jurídicos les protegen y establecen mecanismos que eviten cualquier fórmula de discriminación o menoscabo para las mismas.

Por tanto, es la consideración de diversidad lo que permite que las sociedades se desarrollen y que sus miembros  puedan evolucionar aportando cada uno lo mejor de sí mismos.

Familia católica, cerca de las bodas de oro, en comunidad de base

Quizás, el considerar que las nuevas formas de convivencia aportan otros valores distintos o poco desarrollados en los modelos anteriores, puede obedecer a que muchas veces transmitimos contravalores en nuestras propias familias, por ejemplo, en las familias nucleares se ha educado, con frecuencia, en la desigualdad de géneros, manteniendo el rol de la mujer siempre en un segundo lugar.

En las respuestas anteriores hemos hablado siempre del ideal, de los valores que deberíamos inculcar y vivir; en base a esto, y tratándose de valores humanos, no vemos que se aporten distintos valores en función de la opción tomada, sino más bien, desde la ética que rija nuestra vida. Por nuestra parte, sí podemos decir que la visibilización de estas otras formas de familia, muchas veces rechazadas socialmente, ha ampliado nuestra mirada, a veces un poco miope, y nos ha enriquecido y enseñado a valorar lo diferente

Familia homoparental, dos madres y un hijo

Son los mismos, básicamente, y están más o menos presentes en todas las familias.

* * *

La pequeña cala realizada a la diversidad de situaciones de convivencia actual permite múltiples comentarios que cada lector puede realizar. Por nuestra parte destacamos lo siguiente:

 La constatación de la coincidencia de las respuestas en que no existen modelos de convivencia o de familia más completos que otros, siempre que se basen en los valores del respeto, el compromiso y la honestidad entre las personas convivientes. Por ello el reconocimiento de la legislación española de un solo tipo de matrimonio, acogiendo a familias heterosexuales y homosexuales, parece un logro que permite reflejar la diversidad real en condiciones de respeto y garantizando su protección. Pero aún hoy día no se contemplan todas las situaciones, lo que deja a la intemperie a las mismas.

 Por otro lado, aparecen varias situaciones que indican la incomprensión de familiares y amigos ante el modelo diverso de convivencia elegido, aunque también se da cuenta del reconocimiento que se va consiguiendo. Estas formas diversas, inicialmente rechazadas, están sirviendo para ampliar tanto la mirada sobre el propio modelo tradicional como para saber valorar la diferencia. ¡Quizá estemos aprendiendo y quizá en algún momento sepamos agradecer a los pioneros su tarea de desbroce!

 Varias de las personas entrevistadas refieren una vinculación creyente y eclesial pero no se observa que, hasta el momento, la acogida eclesial a estos modelos diversos de convivencia o al esfuerzo por la reconstrucción del modelo tradicional esté suponiendo ningún apoyo para el propio crecimiento.

 

 

Mercedes Gallizo

Juanjo Sánchez, Miguel Á. de Prada, Evaristo Villar

Mercedes Gallizo, política aragonesa y militante sucesivavente en diferentes partidos y sindicatos de izquerda. Durante los años 2004 y 2011 fue Directora General de Instituciones Penitenciarias.

¿Anda por los suelos “la justicia”, como denuncia una crónica reciente sobre el alarmante abandono en que se encuentra en Madrid?

La Justicia es un concepto que no todo el mundo entiende de la misma manera. Depende si nos referimos a la Administración de Justicia y al conjunto de normas legales de aplicación en el país, o si estamos pensando en un principio que tiene que ver con la ética, con la equidad. La realidad es que ambas cosas están en estado de abandono: los medios y los recursos de los que dispone la administración de justicia para de­sempeñar su tarea son crecientemente insuficientes y la producción jurídica del Gobierno está claramente escorada a la derecha; se ha perdido todo interés por el consenso y por legislar en función de las necesidades reales y no de la ideología. Y, por otro lado, el acceso de los ciudadanos a la justicia, así como los criterios con que esta se imparte, están cada vez más alejados de la equidad indispensable.

¿Es por esta razón, acaso, por la que el ministro Gallardón se empeña en imponer su Proyecto de Ley de Asistencia Jurídica Gratuita…, o hay otras razones? En todo caso, ¿no implica ese Proyecto un intolerable recorte al derecho fundamental a la tutela judicial efectiva?

El ministro Gallardón considera que la Asistencia Jurídica Gratuita es un lujo recogido por una Constitución demasiado garantista, pero del que se puede prescindir cuando hay escasez de recursos. No puede prescindir del todo de ella, porque sería contrario a la Constitución, pero sí reducirla a su mínima expresión, que es lo que viene haciendo. La vida es muy desigual para todas las personas, pero ante la administración de justicia deberíamos ser todos iguales. Con las tasas y los recortes a la justicia gratuita, se ahonda la brecha entre las posibilidades de los poderosos y los humildes hasta convertirla en una sima.

Intolerable es sobre todo, nos parece, que ese recorte afecta de forma dramática a los ciudadanos más débiles e indefensos: a las mujeres, a los inmigrantes, a los desahuciados de sus viviendas… ¿No se confirma con ello que la justicia no es igual para todos, que hay una justicia para los poderosos y otra para los demás, y apenas una para los pobres?

Los pobres no tienen el mismo acceso a la defensa, ni siquera ante una evidente injusticia, que las personas que disponen de recursos. Sea para defenderse de acusaciones, o sea para perseguir a quienes les ha perjudicado, se necesita recurrir a profesionales a los que hay que pagar. En ocasiones, hay que pagar también tasas. Muchas personas desisten de ejercer derechos porque no se los pueden permitir. Esto no es tolerable en una democracia.

Las mujeres no son débiles ni indefensas. Con ellas, la cuestión es otra: seguimos viviendo en un mundo muy masculino y bastante machista. Los recortes en el derecho al aborto son incomprensibles desde una lógica de realidad (aunque sea una lógica muy conservadora) y atentan básicamente contra la libertad de las mujeres, que es lo que el machismo no acepta.

Por ejemplo, si la justicia fuera, en verdad, igual para todos y funcionara como tal, ¿estarían la mayoría de los flagrantes casos de corrupción en este país –corrupción de poderosos, en gran parte- aún pendientes de una sentencia firme?

Algunos casos de corrupción tardan mucho tiempo en instruirse porque tienen ramificaciones complejas y, en ocasiones, los instruyen juzgados con pocos medios. También porque hay una cierta obstrucción a la acción de la justicia, pero eso no siempre se puede acreditar. Si unimos esto a que prácticamente todas las personas que son condenadas por estos hechos recurren sus sentencias (y hasta que se ve el recurso no son firmes), los procesos se alargan hasta el infinito. Luego se argumenta para revisiones, clasificaciones, o indultos, el tiempo transcurrido entre los hechos y la condena definitiva, que la persona no ha vuelto a delinquir, que está reinsertado… Todo esto no es sino una verdadera burla a la justicia y a la necesidad de que se aplique sin demoras indebidas y sin subterfugios.

De hecho, la relación entre el poder (político, económico…) y la justicia, ¿no es, cuando menos, sospechosa de parcialidad? ¿Qué pasa con el Consejo General del Poder Judicial? ¿Y con el Tribunal Supremo o el Constitucional…? ¿No estamos ante una politización antidemocrática de la justicia?

Esta no es una cuestión sencilla de resolver. Es cierto que el hecho de que haya nombramientos “políticos” en los órganos superiores de gobierno de los jueces aporta una imagen de manipulación de los mismos. Imagen que en muchas ocasiones se corresponde con la realidad. Manipulación partidista más que política.

Pero no es menos cierto que es la manera en que los ciudadanos, la soberanía popular, puede incidir en la administración de justicia. Si fueran las asociaciones de jueces quienes nombrasen a los que rigen la justicia, no estaría menos contaminada esa elección porque también estas asociaciones tienen una gran carga ideológica; y, además, las asociaciones no están sometidas como los partidos a las urnas ni tienen que rendir cuentas ante ellas.

No sé cuál es la fórmula perfecta, pero soy partidaria de que la ciudadanía intervenga en el nombramiento de los órganos de gobierno de los jueces, uno de los poderes del estado.

Otro síntoma de que la justicia no parece que sea igual para todos es el caso (que ha vuelto a saltar a la discusión pública con motivo de la abdicación del Rey) de los aforados, sobre todo del exceso de aforados en nuestro país… ¿Qué decir de ello?

Primero conviene aclarar que “aforado” no significa inmune, sino que las causas que puedan afectar a estas personas se ven en Tribunales Superiores (más garantistas, se supone). No hay que olvidar tampoco que el aforamiento (y, en ciertos casos, la inmunidad) se estableció como una garantía para los electos, o para algunos altos funcionarios públicos -jueces- para que pudiesen mantener la independencia en sus actos públicos y no condicionasen sus decisiones por el temor a las presiones, en forma de demandas, que pudiesen sufrir. Tambien hay que señalar que la inmensa mayoría de los aforados son miembros del ámbito judicial. Dicho esto, es cierto que se ha extendido el aforamiento de una manera bastante exagerada y que seguramente hay que replantearlo y hay que vincularlo con las actuaciones que tengan que ver con el ejercicio de su cargo, no con todas las causas que puedan afectarles. Y en ningún caso se puede dar la idea de que estar aforado va a significar que a alguien no se le va a aplicar la ley con el mismo rigor que a cualquier otro ciudadano.

Y otro, por citar solo uno más, ciertamente no menos sospechoso e irritante: la práctica aleatoria e interesada de los indultos… ¿Por qué no se indulta a unos y se indulta con tanta facilidad a otros?

A mí me produce gran coraje que se utilicen los indultos de forma interesada o que haya en ellos tráfico de influencias porque eso ha puesto bajo sospecha el indulto mismo ante la mayoría de la gente. Yo creo que el indulto puede ayudar a la aplicación de la justicia cuando la pena impuesta no ha podido tener en cuenta las particulares condiciones de la persona condenada (porque hay una pena mínima, por ejemplo) o la evolución singular de esta persona en el tiempo. El indulto, cuando está motivado por razones humanitarias, puede servir para corregir efectos perversos de la aplicación estricta de la ley. Lo triste no sólo es que a veces no se aplican con justicia, sino tambien que hay cientos de personas con razones justísimas esperando indultos que nunca llegan porque nadie se preocupa de “moverles los papeles” y otros son atendidos rápidamente porque tienen padrinos.

¿Y qué decir de la Ley de Reforma de la Justicia Universal? Los intereses y las circunstancias reales que la han motivado ¿harán que esa reforma genere más y mejor justicia?

No estoy de acuerdo con la reforma que se ha hecho y, sobre todo, no estoy de acuerdo con los motivos por los que se ha hecho, por la presión de un país a alguno de cuyos dirigentes se les había abierto una causa por delitos de lesa humanidad. El sentido de la Justicia Universal es justamente poder perseguir crímenes de derecho internacional que no son perseguidos en los países en los que se producen. Dar pasos atrás en materia de compromiso con los derechos humanos en el mundo es una muy mala noticia para España y para la justicia.

Al hablar de la justicia, tampoco podemos olvidarnos de las cárceles, que usted conoce muy bien. ¿Podemos hablar de justicia igual para todos en este ámbito? ¿Quiénes van finalmente a la cárcel y cómo son tratados dentro unos y otros?

La justicia es igual para todos por principio, pero de forma teórica. En la práctica, las desigualdades hacen que ese principio se altere de manera sustantiva. El derecho a la defensa no puede ser ejercido de igual manea por quien tiene recursos que por quien no los tiene, por ejemplo. Pero, además, la penalización que tienen los pequeños delitos, que son los que mayoritariamente cometen personas sin recursos, y los grandes delitos (sobre todo en el caso de los delitos económicos) es muy despropocionada. La mayoría de las personas que están en prisión han cometido delitos pequeños; a veces, muy pequeños. La suma de estos pequeños delitos acaba en condenas abusivas. He escrito un libro, “Penas y personas” para, entre otras cosas, denunciar estas desigualdades.

Todos estos síntomas de claudicación de la justicia, ¿no merecerían una mayor, más contundente, indignación, e incluso rebelión, de la ciudadanía? En su opinión, ¿no hay en la ciudadanía demasiada resignación? ¿Y demasiada complacencia en la política? ¿Qué propondría para cambiar esta situación?

Creo que hay una escasa conciencia acerca de la importancia que tiene la justicia, la administración de justicia, el sistema de penas, el sistema penitenciario… que dicen muchísimo de cómo es una sociedad y de sus valores.

En España tienen, además, mucho peso los argumentos del populismo punitivo. Es sorprendente encontrar, a veces, a personas progresistas sumándose a la demanda de más penalización ante delitos detrás de los cuales hay personas enfermas, o marginales a las que se debe tratar y ayudar. Los políticos no se atreven a enfrentarse a una opinión pública educada en ideas de venganza, tan injustas como inútiles para mejorar los niveles de seguridad; ni se propone re­educarla explicando lo que hay detrás de cada suceso terrible que se produce y lo que se puede y se debe hacer para evitarlo, que siempre va mucho más allá del código penal.

Nuestra revista ÉXODO tiene en su origen y en su proyecto una inspiración cristiana, profética y evangélica. Y desde ella, esta situación de la justicia se nos hace más dolorosa, más insoportable. Porque lo pagan los más débiles, los pobres, los excluidos. “Practicar la justicia” es el eje de este número de la revista: ¿cree que esta exigencia profética y evangélica puede alentar hoy día “otra forma de justicia”?

Me parece un buen lema: practicar la justicia. Estamos demasiado acostumbrados a echar la culpa de todo a los otros, al sistema… que a veces eso esconde una falta de compromiso personal para mejorar las cosas, para hacerlas de otra manera. En mis casi 8 años al frente del sistema pentienciario español, he tenido la oportunidad de conocer a muchos cristianos comprometidos, que dedican una parte importante de su tiempo y de su vida a ayudar a las personas más solitarias y más abandonadas de todos: los que cumplen condenas en los centros penitenciarios. Practicar la justicia es también comprometerse con los pobres, los excluidos, a menudo enfermos, drogodependientes y llamar la atención sobre esa injusticia profunda que lleva a que una sociedad que no da oportunidades a muchas personas, que no les ayuda a resolver sus problemas, luego les penalice por no saber adaptarse.

 

 

José Mª Castillo

Benjamín Forcano

Éxodo 122  (ener.-febr.) 2014
-Autor: Benjamín Forcano-

José Mª Castillo, granadino, de Puebla de Don Fadrique; ordenado sacerdote, fue jesuita y siguió en la Compañía hasta el 2007; Licenciado en Teología por la universidad de Granada y Doctor en Teología por la universidad Gregoriana de Roma; por más de 40 años profesor de teología en la Facultad de Teología de Granada y profesor invitado en las Universidades Gregoriana de ” de El Salvador; cofundador de la Asociación de teólogos y teólogas Juan XXIII; en 2011 la Universidad de Granada le confiere el Doctorado Honoris Causa en Teología; escritor y autor de numerosos libros; docente y conferenciante itinerante en Estados Unidos y Europa (Portugal, Francia, Alemania, Suecia, Bélgica y especialmente en Italia). Y en esta trayectoria, diversas veces puesto a prueba y censurado, por ser fiel y libre en su enseñanza.

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José Manuel Caballero Bonald

Evaristo Villar y Juanjo Sánchez

 

Cuando preparábamos este número de nuestra revista dedicado a “la hora de la ciudadanía”, escuchamos su lúcido y valiente discurso en la recepción del Premio Cervantes. Y nos dijimos de inmediato: deberíamos entrevistar a Pepe Caballero Bonald.
La ciudadanía, como la poesía, ¿no encierra una apuesta decidida contra la “sumisión”?

Creo que sí, que todo ciudadano digno debe situarse en el polo opuesto de la sumisión. Su papel es, en este sentido, el de un crítico del poder, sea este del signo que sea, debe oponerse de algún modo a todo lo que derive hacia las injusticias, los abusos, las corrupciones… En eso coincide el ciudadano con uno de los nutrientes esenciales del poeta: la desobediencia a las normas lastradas por la injusticia del tiempo.

La escritura, dices bellamente en tu discurso, otorgó a Cervantes nuevas coyunturas para “recorrer los caminos irrestrictos de la libertad”. ¿Podríamos afirmar eso mismo de tu biografía de ciudadano como escritor, como poeta?

Ojalá coincidiera en algo mi biografía de escritor o de ciudadano con la de Cervantes. Cervantes basó en la libertad la razón de ser de su obra y de su manera de vivir. Defendió al desvalido, a los perseguidos por la justicia, fue en todo momento un defensor a ultranza de la libertad… Seguir el rumbo moral trazado por Cervantes, evocar las lecciones que en este sentido abundan en su obra, es, sin duda, un ejemplo de conciencia vigilante.

El objetivo de la ciudadanía es alcanzar la soberanía social, justamente el extremo opuesto a la sumisión. ¿Te parece que la democracia realmente existente se orienta a ese horizonte o más bien es víctima del poder económico y nos lleva ineludiblemente a la decepción? ¿Puede la poesía, como afirmas, liberarnos de esta decepción?

La poesía dispone a veces de un poder terapéutico en el que no suele creerse. La poesía puede ayudarnos a sortear las trampas de la historia, puede neutralizar la decepción. Quien lee poesía, si lo hace desde una exigente capacidad reflexiva, se dará cuenta sin duda de que tiene mucho de consoladora.

“Siempre hay que esgrimir la palabra contra los desahucios de la razón”, decías en tu discurso. La eliminación de la asignatura Educación para la ciudadanía, ¿no tiene bastante que ver con uno de esos desahucios de la razón para que la gente “ejerza de obediente”, como denunciabas también en tu discurso?

La Educación para la ciudadanía me parece una asignatura ineludible para la formación integral de la persona, y eso hay que empezar a asimilarlo desde la niñez, al margen de cualquier tipo de adoctrinamiento, manejando valores morales fundamentales. Lo que se aprende en la escuela ya no suele olvidarse y jugará siempre un papel esencial en la forja del ciudadano. La falta de educación en este sentido genera a la larga toda clase de averías morales en la conducta, afecta de modo negativo a la personalidad del adulto.

¿Cabe actualmente soñar con una educación para la ciudadanía orientada a la soberanía popular intercultural, inclusiva, mestiza, planetaria? ¿Es el proyecto de Ley del ministro Wert un buen punto de partida? ¿O es más bien un proyecto sin poesía, sin rebelión contra la sumisión?

No conozco a fondo esa reforma educativa del ministro Wert. Pero, por lo que sé, se trata de una ley en muchos aspectos alarmante, en cierto modo retrógrada y elitista. Pienso que no poco de lo que se había ganado se está perdiendo ahora. Valores educativos que parecían ser como el aviso primero de una reforma alentadora, se están anulando de repente. Y eso puede ser muy grave.

Tu poesía se alza bajo el signo de la libertad, de la desobediencia, de la transgresión. Manual de infractores titulaste uno de tus mejo res poemarios… ¿Acaso una educación para la ciudadanía excesivamente ‘ideologizada’? ¿Has sentido por eso también los golpes del “desahucio”?

Ningún programa de educación ciudadana puede estar parcialmente ideologizado, manipulado en beneficio de un sector político, social o religioso. Eso sería lo más parecido que hay a un despropósito. Y en cuanto a los desahucios siempre han sido para mí la expresión máxima de la crueldad, del desprecio a los derechos humanos, en cuyo texto canónico se defiende taxativamente el derecho de toda persona a una casa digna. Poner en la calle, condenar a alguien a vivir en la calle, sea por el motivo que sea, es sencillamente una vileza.

En este tiempo de una “renuente crisis de valores” que mantiene a la sociedad “decepcionada, perpleja y zaherida”, como expresas en tu discurso, ¿ves signos de una ciudadanía digna de ese nombre?

Los veo… Aquí y allá van apareciendo movimientos reivindicativos que me parecen tan oportunos como necesarios. Eso me resulta de algún modo esperanzador, me sirve de contrapartida alentadora frente a otras frustraciones.

¿Te has sentido tentado en algún momento de mezclarte con los ciudadanos “transgresores” del Movimiento Altermundialista del Foro Social Mundial o del 15M, por ejemplo, y de poner palabra a sus reivindicaciones?

Me he sentido solidario en muchas ocasiones de algunos de esos movimientos. Sólo existe para mí en este sentido una restricción: la absoluta renuncia a la violencia. Estoy al lado de todos los que se manifiestan pacíficamente en demanda de causas justas y dignas.

Después de imponer la austeridad, sobre todo a los más débiles, ahora los poderes se llenan la boca con el mito del crecimiento. ¿Podrá éste acaso sacarnos del hoyo y la decepción? ¿No hará falta más bien toda una ‘revolución ciudadana’, una ‘revuelta cívica’ que alcance a la raíz de la crisis, de la corrupción, de la perversión de la democracia?

Sí, supongo que sí, que haría falta eso que se llama una “revuelta cívica”. Ya se está produciendo en cierta manera, pero de modo fragmentario y puntual. Haría falta que esos esfuerzos aislados, intermitentes, se aunaran en una causa común. Aunque sólo fuese para mantener algunas básicas parcelas de la democracia, esas que ahora parecen estar en peligro de degradación.

A ese cambio radical convoca la poesía en cuanto llamada a la transgresión, a la libertad. No así parece hacerlo la religión, las iglesias, que más bien se suman al “cortejo triunfal de bienpensantes”, como denuncias en Manual de infractores… ¿Sostienes esta sospecha? ¿La religión más bien como educación para la obediencia y la sumisión?

Observo por ahí señales más que evidentes de que las viejas pautas del nacionalcatolicismo, que han permanecido latentes en la sociedad española desde la muerte de Franco, resurgen de pronto. La actividad de la Conferencia Episcopal me parece nefasta a este respecto, no acepta perder un ápice del poder que tenía cuando se alió con la dictadura.

En nuestra revista sostenemos que esa función de la religión y las iglesias es una perversión del evangelio, que, en verdad, la religión debería ser un poderoso fermento de transgresión, de libertad, y por tanto de ciudadanía. ¿Te sumas a esta idea? ¿O la consideras utópica?

Me sumo a esa idea, incluso aunque pueda ser una utopía. La utopía también es, ya se sabe, una esperanza consecutivamente aplazada.

Nicolás Castellanos

Éxodo 118 (marz.-abril) 2013
 
¿Quién es Nicolás Castellanos?

1935: Nace en Mansilla del Páramo (León). _ 1953: Religioso agustino. _ 1959: Sacerdote. _ 1973: Provincial de los agustinos. _ 1978: Obispo de Palencia. _ 1991: Renuncia a la diócesis de Palencia. _ Marcha como misionero a los barrios pobres de Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) _ Crea y preside la Fundación Hombres Nuevos, con y para las poblaciones más desfavorecidas, con el objetivo de erradicar la injusticia y la pobreza que:

- Cuenta con la ayuda de diversos Organismos (Autonomías, Diputaciones, Ayuntamientos, Empresas,…).

- Y gestiona: _ + Más de 100 colegios. _ + Concede becas a 500 universitarios. _ + 1 hospital. _ + 5 comedores infantiles. _ + 2 centros de día para niños trabajadores. _ + 1 hogar para invidentes. _ + 1 vivero de microempresas. _ + Etc.

En 1998 es galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia. _ En 2002, la Comunidad de Castilla y León le concede el premio Valores Humanos. _ En 2006, el Gobierno español de Rodríguez Zapatero le otorga la Medalla de Oro al Trabajo.

ALGUNOS LIBROS PUBLICADOS _ – Utopía y Realidad, Hombres Nuevos // PPC, 2001, 2ª Edición. _ – Memoria, Profecía y Liberación hacia el Reino. // Paulinas, 2007. _ – Ser cristiano en el Norte, con el Sur al fondo // PPC, 2011, 2ª Edición. _ – Resistencia, Profecía y Utopía en la Iglesia hoy // Herder– Religión Digital, 2012. _ – Año de la Fe: Creyentes Nuevos, Convertidos // Verbo Divino, 2012. _ – Iniciación al Concilio Vaticano II // Verbo Divino, 2013-04-25.

¿Qué te movió, Nicolás, a hacer la renuncia a la diócesis de Palencia?

Llegó cierto momento en que mi amistad con Jesús me llevó a poner en la práctica lo que siempre había predicado: LA OPCIÓN POR LOS POBRES. Además pesaba en mí el imperativo cordial de Agustín de Hipona: “Sólo preside el que sirve”. No me veía de pastor–obispo, siendo mayor. Mi renuncia a obispo de Palencia es un paso más en mi itinerario, como persona humana, creyente, agustino–sacerdote–obispo. Un paso lógico, progresivo, consecuente con mi pasión por Jesús y pasión por la justicia en el mundo.

Desde 1992 estás en Bolivia (Santa Cruz de la Sierra). ¿Qué has encontrado en esta etapa que no tuvieras en la anterior?

La fe, en donde quiera que se practique, multiplica, enriquece, es un plus, una luz y visión nuevas. Lo mismo en el NORTE, paralizado por la cultura del miedo y de la insolidaridad, que en el SUR, que se desangra entre pobrezas, corrupción, injusticias, desigualdades, narcotráfico. Dios siempre añade, fortalece, pone gracia, nos hace agraciados, mujeres y hombres nuevos, sea en la realidad de pastor o de misionero entre los pobres.

Me sentí feliz de pastor en Palencia y soy dichoso en este barrio marginal del Plan 3000, en Santa Cruz de la Sierra, en el que el 60 % son pobres y el 40 % viven en la miseria. Allí y aquí todo es Don y todo es Gracia.

¿Qué ha supuesto para ti el haber compartido tu ministerio en dos situaciones tan diferentes?

Ha sido enriquecimiento y complementariedad de valores, de visiones, de mundos distintos, ambos con valores y contravalores.

Descubres que en el NORTE vivís bien porque en el SUR malvivimos. Nada más pisar América Latina te surgen dos preguntas: ¿Dónde dormirán esta noche los pobres? ¿Cuándo dejará la pobreza de ser la ignominia de la humanidad?

La pobreza ya no es un problema, sino el problema planetario de la humanidad. ¿Qué son los 38 millones de pobres de la Europa Comunitaria, comparado con los 1.000 millones que viven en condiciones de extrema pobreza? Este problema se resolvería si los países ricos dieran el 1% de su renta.

Desde mi situación, aportaría algunos retos que son deberes a cumplir: 1. Condonación de la deuda externa, “el rostro mortífero del sistema neoliberal”. 2. Apoyar la protección liberal de los países del SUR, que es practicar los derechos humanos, sobre todo, los derechos laborales y sindicales. 3. Creación de un fondo mundial contra la pobreza y de un sistema fiscal mundial del 1% del producto mundial y dedicarlo a la satisfacción de las cinco necesidades básicas: Alimentación, salud, agua potable, educación básica–erradicación del analfabetismo y la vivienda. 4. Reformar y democratizar las Naciones Unidas. 5. Supresión de los paraísos fiscales. 6. Cambio de las reglas del comercio internacional. 7. Pagar la deuda ecológica. 8. Suprimir toda violencia y empeñarse en la cultura de la Paz. 9. Justicia global y diálogo de civilizaciones. 10. Acabar con la corrupción y extorsión.

En tu nueva situación, ¿tiene algo que ver el Evangelio con las tareas culturales, sociales y políticas que manejas?

Por supuesto. Recuerdo a un amigo, Miguel, de Palencia, que había estado siete años en la cárcel, sólo por ser comunista, en tiempos de la dictadura, y me decía: “Estoy contigo, obispo Nicolás, los dos luchamos por el pueblo, tú desde Jesucristo y yo desde Marx, y lo hacemos como amigos”.

La primera exigencia es formar la conciencia social de los cristianos, que incluye el respeto a la persona humana y el servicio a los más pobres y marginados. Como Pueblo de Dios, podemos ayudar a rescatar proféticamente el ejercicio honesto de la política en beneficio del bien común, de los pobres, evitando caer en las simas de la corrupción. Un elemento esencial de toda evangelización es la promoción integral de TODO el hombre y de TODAS las mujeres y hombres. Entonces crear escuelas, hospitales, espacios para el tiempo libre forma parte del anuncio liberador de Jesús de Nazaret.

Tú eres hijo del concilio Vaticano II. ¿Cómo has vivido el inicio PRIMAVERAL que él supuso y la posterior involución programada por el pontificado de Juan Pablo II y el cardenal Ratzinger?

Los que vivimos ese kairós, el Concilio Vaticano II, quedamos marcados y señalados en actitudes y comportamientos. Recuerdo que cuando me llamó el nuncio Luigi Dadaglio para comunicarme mi nombramiento de Pablo VI como obispo de Palencia, ante mi resistencia habitual, me dijo: “Pablo VI nombra obispos a presbíteros que hayan asimilado las coordenadas del Concilio Vaticano II”.

Lamentablemente en los últimos 35 años: “Se ha difundido la impresión de que el impulso conciliar se ha diluido y frenado en todas direcciones, la reforma litúrgica es mutilada en su horizonte de participación. La elección de los pastores es sustraída a cualquier tipo de implicación de los fieles. La responsabilidad de los obispos reunidos en las Conferencias Episcopales está circunscrita por todas partes, humillando tradiciones venerables y carismas que podían verificar las comunidades”. Así se expresa Giuseppe Alberigo, el mejor conocedor del Concilio Vaticano II.

¿La restauración paralizó e hizo retroceder en América Latina las propuestas y avances del Vaticano II, de Medellín…?

La gran intuición de la Iglesia en América Latina y el Caribe fue la gran Asamblea de la Conferencia del Episcopado Latinoamericano, reunido en Medellín, en 1968, tres años después del Concilio Vaticano II; seguidas luego de Puebla, Santo Domingo, Aparecida. Allí asumen, disciernen e impulsan el camino pastoral y eclesiológico de Vaticano II, fieles al Espíritu Santo y fruto de su creatividad.

No se puede negar que ha habido muchas persecuciones, presiones, reprimendas, caminos cortados, documentos, como el de “Aparecida” aprobados por la colegialidad de los obispos de Latinoamérica, y sin embargo fueron corregidas y suprimidas algunas afirmaciones por parte de la Curia vaticana. No han faltado acosos a muchos teólogos latinoamericanos. Todo eso es cierto. Pero no hay camino teológico o teologal sin las huellas martiriales de la Cruz, como aconteció con Jesús de Nazaret.

“Medellín es el Pentecostés del Vaticano II en América”. Y Gustavo Gutiérrez señala: “Medellín fue una pronta y creativa recepción de la Asamblea conciliar”. Últimamente, Aparecida sigue la tradición profética de Medellín y nos deja oír la voz de nuestros obispos que nos invitan a ser cristianos y apóstoles con libertad, humildad, valentía y audacia en actitudes de hijos, samaritanos, y nunca esclavos.

¿A qué se debe la frecuente alianza de la Jerarquía con el poder y la derecha?

¿Se da una política que se pueda definir químicamente pura y sobre todo en una política liberadora?

Hoy tenemos tres propuestas:

Primera, la Iglesia tiene que aceptar la autonomía de los poderes temporales y someterse a ellos (Concilio Vaticano II);en consecuencia, hay que ir construyendo una nueva convivencia ciudadana teniendo bien claros los conceptos de laicidad, laicismo, estado laico y también el modo de estar y de actuar de la Iglesia en una sociedad democrática, laica, pluralista.

Segunda, la Iglesia, aunque ya no ejerza roles en la política, puede jugar un gran papel en la democracia. Tiene tarea en los mismos límites de la democracia, toca temas de valores, de sentido, al tomar decisiones en políticas sociales.

No basta la ingeniería social para resolver los casos de soledad de los ancianos, enfermos de sida. Las tradiciones religiosas son las que aportan esa sensibilidad y motivación para la solidaridad, honestidad, generosidad, desprendimiento, gratuidad. Deben saber los políticos y los laicismos excluyentes que la sola política no produce los valores que sostienen la misma democracia: responsabilidad, solidaridad, ética, participación… El estado neutral no ofrece visiones últimas, deja un vacío, y ahí la religión puede aportar algo con su sentido último y totalizante.

Nuestros responsables eclesiales deberían ser los que mejor cuiden de este potencial político ciudadano y los políticos no ignorarlo. Una laicidad ilustrada y responsable sabe que tiene en la Iglesia una aliada para forjar una democracia adulta y madura. Es falso que el estado laico sea ateo o esté en contra de la religión. Eso sería una perversión de la laicidad. Otra cosa es el laicismo, que llamamos excluyente, porque es beligerante, marginador y agresivo.

Por otra parte, la Iglesia tiene que respetar el Estado, sin pedir privilegios, ni mantener controles morales en una sociedad laica y democrática. Siempre existen cuestiones fronterizas, que pueden crear conflictos. No queda más remedio que llegar a un entendimiento sabio entre la Iglesia y el Estado.

Tercera, la Iglesia debe saber estar en la sociedad civil. Ya no tiene poder para intervenir en una sociedad democrática y pluralista, pero sí tiene muchas posibilidades en capacidad educativa en valores, en cuestiones de sentido, de derechos humanos, del cuidado de la naturaleza, de las causas de las justicias y atención a las personas más vulnerables.

Pero es muy importante y decisivo el modo como lo haga: de forma democrática, de igual a igual, ofreciendo y no imponiendo, desde la racionalidad, tolerancia y bondad del corazón.

La sociedad civil tiene un papel emergente. Y en ese terreno debe “jugar” el cristianismo. Si quiere mantenerse lúcido tiene que desembarazarse del mercado y del Estado y “jugar” en la sociedad civil emergente, con libertad y para la justicia; solo así es posible la fraternidad cristiana y solo así es “significativo” lo “diferencial cristiano”.

¿Estarías de acuerdo con Casaldáliga en traansferir del centro eclesial a la periferia el 70 % de las cuestiones?

Por supuesto. Se trata de un imperativo teológico, pastoral y sociológico, que nace de la eclesiología de comunión y del principio inspirador de la colegialidad. Además del Concilio, deberíamos recuperar el gesto asambleario en la Iglesia, que fue normal en los primeros siglos de la comunidad cristiana. “Lo que es de todos, tiene que ser resuelto por todos”, del Derecho Romano que pusieron en práctica hasta los papas medievales más autoritarios, Inocencio III, Gregorio VIII.

Llevado a la práctica este principio deberíamos llegar en la Iglesia a constituir LA ASAMBLEA DE TODO EL PUEBLO DE DIOS, con participación de todos. No hablo de memoria. Así lo practiqué en mis años de obispo de Palencia, con reconocimiento de todos. En “Hombres Nuevos” defendemos que hay que establecer puentes no del centro a la periferia, sino de la periferia al centro.

Hoy la Iglesia no tiene que aparecer excesivamente jerarquizada, clericalizada y centralizadora. Resulta más pedagógico no imponer, sino más bien proponer cambios de estructuras, como pide reiteradamente el documento de “Aparecida”, desarrollar otras formas para devolver el protagonismo a los laicos, a la mujer, a los jóvenes, a los movimientos sociales. Sigue vigente el símbolo Juan XXIII de abrir ventanas, porque la Iglesia huele a viejo.

¿Qué REFORMAS debieran ahora impulsarse bajo la inspiración del Papa Francisco?

Repaso y sugiero algunas de mayor calado.

- Retomar y aplicar el Concilio Vaticano II: el retorno a las fuentes, la eclesiología de comunión, mayor énfasis en el protagonismo de los laicos, que la mujer pueda intervenir a la hora de tomar decisiones en la Iglesia.

- Recuperar la preocupación de Juan XXIII y el Concilio Vaticano II de dialogar con el mundo, “coger al mundo en su carrera”. Y en este diálogo con el mundo, hacer un discernimiento sobre los nuevos signos de los tiempos: la descentralización del poder, el ecumenismo, el diálogo interreligioso, la escasez de vocaciones sacerdotales, religiosas, de compromiso laical, servicio de la comunidad cristiana en el mundo moderno, ¿y de la parroquia, qué?

- Desde el Concilio Vaticano II tenemos pendiente responder a esta pregunta: ¿Iglesia, qué dices de Dios? La cuestión de Dios tiene que pasar a primer plano. Y la respuesta tiene que ser colegial desde toda la geografía eclesial.

- La Iglesia debe, en opinión de muchos, hacer una hermenéutica integral del kerigma cristiano, desde el logos de la modernidad.

- Desde el SUR estimo que un capítulo fundamental de la agenda pastoral y social del nuevo sucesor de Pedro tiene que ser la JUSTICIA EN EL MUNDO y el PROBLEMA PLANETARIO DE LA POBREZA, IGNOMINIA DE LA HUMANIDAD.

- Como pastor, al obispo de Roma le puede la “Salus animarum”, que empieza con la promoción integral, desde ahora y desde aquí, de TODO el hombre y de TODAS las mujeres y hombres y culmina en el cielo.

- Como pastor bueno y samaritano se pregunta todas las noches: ¿Dónde van a dormir los pobres en esta excluyente civilización? Y no puede menos de reafirmar la opción preferencial por los pobres.

- Será crítico con la economía globalizada del mercado, con la violación de los derechos humanos y defensor del 75% de empobrecidos y excluidos. Todo esto exige ser audaz y valiente como María de Nazaret en el Magníficat.

- Debe pesar más su densidad de pastor que la burocracia de la Curia imponiendo un poder centralizador. Se espera que sea el obispo de Roma, en colegialidad con todos los obispos del mundo, que también son sucesores de los apóstoles.

- Hoy, que se habla de la muerte de las utopías y el fin de la historia, es la gran oportunidad de presentar la oferta gratuita no impuesta de la utopía de Jesús, la mística del Evangelio, libro abierto a la vida, a la personalización y a la más exquisita humanización, alma de esta sociedad de tecnologías punta.

No puede faltar en su agenda promover un ecumenismo real desde las bases eclesiales y en la cúspide, en donde se dé un real diálogo de escucha, compartir y decidir juntos. El diálogo con las grandes religiones pueden servir de antídoto a algunos fundamentalismos reinantes.

Un papa libre, en fidelidad al Evangelio, en esta sociedad cambiante no puede acosar a los teólogos sino instaurar un diálogo y comunión dialéctica, entrañable, crítica y profética. Los jóvenes de hoy le piden que preste atención a los cambios radicales y permanentes de la sociedad para que no se desenganchen de la Iglesia.

En el inicio de su itinerario apostólico tras las huellas de Pedro sería bueno recordar aquel axioma del gran teólogo y cardenal, Y. Congar: “La labor reformadora nace del amor a la Iglesia”.

¿Para cuándo la investigación interdisciplinar en el campo de la bioética, de la familia, de la moral sexual? ¿Por qué sobre estos temas (igualdad de la mujer, lo masculino y lo femenino, homosexualidad, aborto, divorciados dentro de la Iglesia), la Jerarquía impone un pensamiento uniforme al margen de la cultura y paradigmas actuales y se aleja de la ciencia?

El cambio cultural, introducido por la modernidad está reclamando una actualización, iniciada en el Concilio Vaticano II, tanto en la antropología como en la teología, pastoral y praxis pastoral. Las referencias tanto a la Sagrada Escritura como a las ciencias antropológicas son el gran motor de la renovación de la moral sexual.

En los temas de la sexualidad, de género, no podemos seguir anclados en el discurso medieval. Hoy existe una fuerte crisis de la moral sexual cristiana, que está pidiendo un replanteamiento serio y profundo del sentido de la sexualidad y de las normas sexuales. Se espera haya un momento de renovación. Sorprende que la voz ofiecial de la Iglesia se muestre “progresista” en moral social y en cambio, “conservadora” en cuestiones de bioética y moral sexual.

Se espera que el aire renovador del sucesor de Pedro, Francisco, aborde estos temas relacionados con la sexualidad, el tema de los divorciados, presbíteros casados, que lo podían ser aquellos “viri probati”, que durante años han acompañado a la comunidad en la fe, todo menos en celebrar la eucaristía y el sacramento de la reconciliación.

Creo, con Marciano Vidal, que “se puede explicitar en una apretada síntesis, ahora teológicamente, la cosmovisión cristiana de la sexualidad humana, con un conjunto de orientaciones, que constituirían los ‘puntos firmes’ de la visión cristiana sobre la sexualidad”.

Los responsables de la Iglesia no deben estar encerrados sobre sí mismos, sino como los profetas pensar más allá de su propia institución; tienen que “atreverse a pensar”, hablar con libertad, ser voz crítica en la Iglesia. Su fidelidad creativa no les impida hacer preguntas.

¿Cómo ves el resurgir emancipatorio de muchos países latinoamericanos?

Existen muchos signos de esperanzas y de preocupación. Resulta altamente significativo que los indígenas, las culturas originarias, se levanten y adquieran protagonismo esos pueblos y los movimientos sociales recuperen su lugar en la historia.

El objetivo hoy apunta hacia una América Latina y Caribeña unida, reconciliada e integrada; la casa común habitada por un complejo mestizaje y una pluralidad étnica y cultural. Se trata de un proceso lento, que exige mucho discernimiento entre todos, diálogo, escucha, sentarse juntos en la mesa, sin querer imponer tu visión política. Tienen que prevalecer lo que decía Aparecida: “Una y plural, América Latina es la casa común, la gran patria de hermanos”. Somos la patria grande, pero no llegaremos a serlo del todo hasta que la justicia social llegue a todos los pueblos.

La Iglesia goza de credibilidad en América Latina y el Caribe por tradición y, sobre todo, desde Medellín, ha sido morada de todos los pueblos, la casa de los pobres, sin discriminaciones ni exclusiones por motivos de sexo, raza, condición social o pertenencia nacional.

La Iglesia está presente en ese proceso de integración. Pese a muchas ambigüedades políticas, sociales, económicas, la iglesia sigue al pie del pueblo, de los excluidos y empobrecidos, proclamando la justicia social, las libertades, el estado de derecho y la opción por los pobres, hasta derramar su sangre por ellos.

En Bolivia la Iglesia es la institución junto con los Medios de Comunicación que goza de mayor credibilidad.

DIEGO CAÑAMERO

Benjamín Forcano

Éxodo 117 (en.-feb) 2013
– Autor: Benjamín Forcano –
 
Diego, me alegra mucho poder estar contigo. En los últimos meses, vosotros habéis aparecido mucho en los medios públicos. Bastante gente os descubría por primera vez, como si hubierais surgido de repente. No todos saben de dónde viene Diego Cañamero. ¿Podrías introducirnos un poco en tu inicial biografía para entenderte mejor hoy?

La verdad es que nosotros nacimos, como movimiento, en la década de los 70, es decir, en el año 74-75. Yo recuerdo que tendría 16 años y un grupo de gente de los diferentes pueblos de Andalucía empezamos a conectar unos con otros para analizar la situación que estábamos viviendo. Entre ellos recuerdo perfectamente a nuestro gran amigo Diamantino García. De esas inquietudes que teníamos en los pueblos, gente joven y no tan jóvenes, surgió el Sindicato Obrero del Campo. Nuestro sindicato nace el 1 de agosto del año 76, en Antequera, Málaga y allí nos reunimos 87 representaciones de 87 pueblos.

En aquella época casi todo estaba ilegalizado. Fue entonces cuando comenzamos a dar movida al Sindicato. Su primer congreso se celebró en Morón de la Frontera, en septiembre de 77. En el 78 comenzamos a ocupar la primera finca.

¿Y cuál era esa situación que os movió a uniros y movilizaros?

Nosotros surgimos fundamentalmente al calor del paro de Andalucía, ¡de la situación de miseria de Andalucía! Andalucía tiene dos millones de personas que se fueron de aquí, de una de las tierras más ricas de Europa y se fueron muchos de noche, ¡en esos trenes terribles de la emigración!, buscando Despeñaperros, buscando algún lugar donde ganarse un trozo de pan.

Esos dos millones de personas se fueron hacia el interior de España: Norte y Centro, Cataluña, Valencia, Madrid y también a Europa: Alemania, Francia, Holanda, Bélgica. Las gentes se fueron porque en Andalucía se les negaba esas posibilidades de vivir dignamente, en una de las tierras, repito, más ricas de Europa.

Andalucía tiene ochenta y siete mil kilómetros cuadrados, ocho millones doscientos mil habitantes, representamos el 17% del territorio del Estado español y el 18 % de sus habitantes, tenemos más de mil kilómetros de costa, las mejores de la península; tenemos una agricultura en la que se puede cultivar casi de todo, pasando por cultivos tropicales: chirimoya, aguacate, banana, arroz, cítricos, etc. Tenemos las llanuras más importantes de toda España, que son el triángulo de Rota, Chipiona, Sanlúcar de Barrameda…; tenemos yacimientos mineros y tenemos material humano envidiable, un material humano dispuesto a trabajar en cualquier lugar del mundo.

Un cuadro muy distinto del que pintan algunos políticos…

Algunos políticos intentan desprestigiar al pueblo andaluz, diciendo que aquí la gente no queremos trabajar, porque nos gusta el chiste de Lepe, nos gusta el Rocío y la Feria, pero que no nos gusta trabajar… Fue el señor Durán i Lleida quien dijo que “mientras a los agricultores catalanes se les quedan las cosechas en el campo, en Andalucía los jornaleros cobran el PER y se van al bar”. Al señor Durán hay que contestarle que en Cataluña hay un millón de andaluces, que se fueron a trabajar su tierra, que le hemos ayudado a levantar ese territorio con nuestras manos y nuestro sudor y con esa emigración terrible. Tendría el señor Durán que pedir disculpas por sus desafortunadas palabras.

¿Qué importancia le habéis dado a la reforma agraria en vuestra lucha?

Desde el principio entendimos que el tema capital de nuestra lucha era la reforma agraria. A partir del año 78 empezamos a ocupar la primera finca, pública y privada, defendiendo una reforma agraria no al estilo tradicional, sino apuntando a que la tierra no puede estar en manos privadas de los grandes latifundios. Tiene que ser pública, la tierra no tiene por qué tener dueño. La tierra igual que el agua, la luz, el aire son dones de la naturaleza o dones de Dios, para los creyentes. Por lo tanto, tiene que estar al servicio del ser humano, de las personas.

Y eso es lo que nosotros empezamos a defender en Andalucía, una reforma agraria que estuviera en manos del pueblo para dinamizar la economía de toda esta tierra. Y digo que no – sotros a lo largo de todo este tiempo, como Sindicato Obrero del Campo, hemos luchado por el medio ambiente, por una política agraria comunitaria que favorezca la mano de obra, el respeto a la naturaleza y la defensa de los campesinos.

Durante todo este tiempo hemos luchado por las viviendas, por la paz en contra de la guerra injusta. Hemos hecho una actividad sindical y puesto en marcha un movimiento social que nos ha consagrado en el campo como el sindicato mayoritario, a pesar de que nunca nos hemos presentado a ningunas elecciones sindicales. Somos sindicato mayoritario en Andalucía.

Y en toda esa lucha hemos conseguido frutos importantes, no los que nos hubiera gustado, pero sí frutos importantes. Hemos conseguido cooperativas importantes como la que está en Marinaleda, de mil doscientas hectáreas, donde hay veces que trabajan cuatrocientas personas; o la que tenemos en la parte de Antequera, o en Sierra Yegua, o en Pedrera o en Puerto Serrano o en el Bosque o en Lebrija… Cooperativas que hemos conseguido con nuestro sudor y esfuerzo.

¿Y el PER qué papel juega en toda esta vuestra lucha?

Un papel muy importante. Sin este sindicato no hubiera sido posible, pues no está en otros lugares de España, solamente en Extremadura y Andalucía tenemos este derecho por el que hemos peleado.

Andalucía tiene el ochenta por ciento de todas las cartillas agrícolas, de todos los jornaleros de España, tenemos quinientos trece mil jornaleros en Andalucía con cartillas agrícolas, el 1% es fijo y el 99% es eventual. Bastan las 20 o 30 peonadas para poder tener derecho al subsidio de la renta agraria, reivindicado una y otra vez hasta que nos lo dieron.

¿Vuestro sindicato ha ido evolucionando?

Hemos tratado de darle más vida. A partir del 2007 el Sindicato Obrero del Campo, el SOC, pasó al SAT, al Sindicato Andaluz de Trabajadores. Porque había que darle cobertura a todo el movimiento obrero, que no solamente fueran del campo y porque nos lo estaban pidiendo. Muchos sectores de la población nos decían que por qué no nos convertíamos en un sindicato donde pudieran estar los funcionarios, los trabajadores de la industria, cualquier sector de la producción. Y por eso le dimos vida en el año 2007.

¿En el origen y en ese avance de los sindicatos tuvo algo que ver Diamantino?

Diamantino no sólo tuvo mucho que ver, fue parte fundamental de este sindicato, donde nos hemos educado con la cultura y el espíritu que él introdujo, su comportamiento, su honestidad, su solidaridad, su forma de ser dejó una huella imborrable en este sindicato. Sin Diamantino, este sindicato no sería lo que es hoy. Su testimonio, el de un cristiano de base de verdad, el de un creyente de verdad, impulsor de las ideas de Cristo, dejó una huella en el sindicato muy profunda. Todos los dirigentes del sindicato tienen una parte fundamental de esa doctrina.

¿El sindicato como movimiento político de qué se alimenta?

Diamantino impulsó eso de “los primeros en el sacrificio, los últimos en el beneficio” . El que venga a este sindicato que no venga a por nada, no se va a llevar nada, que venga a aportar todo lo que él sabe, todo su esfuerzo, su cultura, al servicio de los trabajadores. Diamantino fue fundamental y de hecho este sindicato tiene, además de una corriente nacionalista, marxista y anarquista, otra cristiana muy fuerte. Esas cuatro corrientes conviven perfectamente, nunca hemos tenido ningún problema, ninguna división interna, porque son un complemento, se integran y eso le ha dado cuerpo a lo que es el sindicato hoy.

¿Qué ha supuesto para ti la resonancia mediática que, en los últimos meses, ha tenido en toda España el impacto de ciertas acciones vuestras; ocupaciones, marchas y otros gestos públicos?

Nosotros hemos aprendido mucho de todos los acontecimientos, pero sentimos un poco de tristeza, porque lo que llevamos reivindicando desde hace 30 años, hace solamente un mes ha salido a la luz pública, con una fuerza terrible, es cierto, pero también con el intento de desvirtuar nuestra lucha y criminalizar nuestras acciones.

El tema de los supermercados no era ni más ni menos que una acción simbólica para denunciar que en Andalucía hay 400.000 familias con todos los miembros en paro, más de 350.000 familias en que ninguno de sus miembros está cobrando absolutamente nada, para denunciar que hay colas de gente en Caritas, en la Cruz Roja, pidiendo para comer, gente en los servicios sociales, en los sindicatos, en los pueblos, gentes que han vuelto al espárrago, al conejo, a la caza furtiva, a depender de sus padres, gentes que cobran míseras pensiones. ¡Queríamos denunciar eso!

Y lo denunciábamos sustrayendo 10 o 20 carros de artículos de primera necesidad. Y se nos acusa de estar haciendo un asalto, robo. Nosotros no fuimos a robar, porque los que roban evidentemente son otros, que viven en los despachos y pisan la alfombra roja y nunca están en la cárcel, nunca están procesados. ¡Esos son los que roban! Nosotros fuimos a denunciar. Y no fuimos con la cara tapada, ni de noche, no. Fuimos de día, a cara descubierta, con la prensa a la luz pública, diciendo: “Aquí estamos los del Sindicato, que queremos denunciar esto y recoger comida de grandes supermercados”.

Los supermercados por más que digan no colaboran mucho, porque tanto el Mercadona el Carrefour, son culpables de la ruina de los pequeños agricultores, les ofrecen un precio agrario por debajo de los costes de producción y tiran alimentos, incluso sin caducar, sin que vayan a los bancos de alimentos.

Me llamó la atención que en la rueda de contertulios que tenías tú en televisión, algunos, venían incluso con el afán de daros lecciones. “Muy bien, habéis levantado la bandera de la conciencia en Andalucía, pero vuestras acciones atentan contra la propiedad, son peligrosas”.

Sí, claro, éramos conscientes de los “pero”… contra una situación de lucha contra la injusticia. Los “peros” nos los ponen a los que luchamos por la justicia, contra el paro, contra los de – sahucios injustos… Habría que preguntarles el por qué hemos llegado a esta situación. Porque los Bancos se han llevado todo el dinero, los políticos son unos corruptos que no representan al pueblo aunque tengan el voto del pueblo. ¡No lo representan! Porque ningún ciudadano ha votado para que haya 6 millones de parados, ni para que haya desahucios, ni den a los bancos 200.000 millones de euros, ni para que les quiten los 400 euros a la gente que no tienen nada, ni quiten el cheque bebé, ni para que pongan las pensiones a los 67 años, ni para que congelen las pensiones, ni quiten las pagas extras. ¡Nadie ha votado eso! Y, por lo tanto, los partidos políticos que nos gobiernan se sitúan en la ilegalidad ética ante el pueblo.

¿Cómo habéis afrontado el problema de los desahucios desde vuestra experiencia?

Nosotros como sindicato, lo que sí estuvimos planteando es que había que luchar contra el paro y crear una conciencia de rebeldía y actuar contra la injusticia. Y tengo que decir que no sotros en el año 2008 empezamos a ocupar los bancos, denunciando ya a las inmobiliarias por el tema de la vivienda. También denunciando que hay cuatro millones de viviendas en el Estado español vacías, y en Andalucía tenemos 600.000 también vacías, después de que se han cargado casi todo el litoral haciendo vivienda. Y ahora no saben qué hacer con las viviendas, debido a la especulación.

Ocupamos los bancos, para que supieran que no queríamos que se diera dinero a los bancos ni a las inmobiliarias. Ocupamos el Canal Sur Radio, y la Televisión andaluza para que informara realmente de todo lo que pasaba con el pueblo andaluz. Empezamos a hacer marchas y huelgas generales en 20 pueblos de la Sierra de Cádiz y de la Sierra Sur de Sevilla. ¡Todo el mundo a la huelga! Y así el sindicato empezó ya a denunciar toda esta situación.

Claro, cuando veíamos que las viviendas de las familias obreras peligraban, empezamos a plantearnos cómo dar una respuesta a esto. Lo que hicimos nosotros fue oponernos, ocupábamos la vivienda desalojada, si desalojan a una familia se cuela otra en la vivienda. Vivienda que tienen los bancos, vivienda que ocupamos. Hemos hecho una batalla muy fuerte con el sindicato.

Erais, antes de que el tema reventara, una punta de lanza que marcaba el tema. ¿Qué factores han pesado para que la clase política y la ciudadanía no reaccionasen a tiempo ante tan abultada injusticia?

Nosotros estábamos señalando a los culpables y llamamos a la movilización. Después, fundamentalmente desde el 2007 al 2010, estuvimos en lucha constante. Empezamos a ocupar la finca Somontes en Córdoba en marzo de 2012. La Junta de Andalucía quería vender 20.000 hectáreas, fundamentalmente a los terratenientes, porque una tierra no la puede comprar más que un especulador o un terrateniente, no la compra un parado o un jornalero. Entonces nos opusimos a la venta de esa finca, y llevamos ya diez meses trabajando la finca. Todavía no está eso legalizado, pero allí estamos con la finca ocupada.

Ocupamos también la Turquilla, que es una finca administrada por los militares. En julio y el 7 de agosto es cuando ocupamos Mercadona y Carrefour.

El 16 de agosto empezamos las marchas y hemos estado hasta septiembre recorriendo toda Andalucía, las ocho provincias, con las marchas obreras, denunciando toda esta situación.

Lo que pasa es que la prensa mediática, en un momento determinado, lanzó eso, y los voceros de la burguesía empezaron a querer criminalizar esa lucha y desvirtuarla. Nos llamaban a los programas de televisión, estuve incluso en Intereconomía y estaban todos dispuestos a freírme. En Tele 5 y en la 4… Pero claro, nosotros vamos a cara descubierta, no tenemos que ocultar nada. Nosotros no hablamos de la prima de riesgo, ni de la Merkel ni de cosas que la gente no entiende, hablamos de la bombona de butano que de 12 euros ha subido a 17 euros, y hablamos de lo que vale la electricidad y lo que vale realmente una hipoteca, y hablamos de la gente que no tiene trabajo, desde esa realidad conectada con el pueblo.

Yo no soy pro nada, yo soy andaluz y lo que quiero es que la economía esté al servicio del ser humano, de las personas, que las gentes sean felices y no sufran, quiero una sociedad de esas características.

En nuestra Constitución (Cap. II, Art. 47) se afirma: “Los poderes públicos deben regular la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación y hacer efectivo el derecho de todos los españoles a disfrutar de una vivienda digna y adecuada”. ¿Cómo se compagina esto con el drama a que estamos asistiendo de miles y miles de desahucios en nuestro país?

Creo que si se cumpliera lo que está escrito, no solamente en la Constitución, sino en el mundo…, porque hasta los derechos del niño son conculcados. Te das cuenta que hay países que permiten, cuando secuestran a niños, que se roben sus órganos y los vendan a países ricos. Y cuando se habla de paz, no podemos consentir esas guerras cruentas, donde hay miles de madres que no tienen siquiera lágrimas en los ojos de tanto como han llorado. Y lloran por sus seres queridos, a los que han matado. O cuando hablamos del medio ambiente con toda la contaminación que hay.

Pero estos mismos señores que nos hablan de todos esos derechos universales son los que permiten todas esas cosas, hablan de los emigrantes y vemos los cadáveres flotando en el Estrecho, hablan de paz y vemos la guerra, hablan de una alimentación sana y vemos los transgénicos y cómo modifican nuestra semilla, que es una herencia histórica. Todas esas cosas, el derecho a la vivienda y el derecho al suelo, están en la Constitución Española, pero no las cumplen.

Yo he sido alcalde 10 años y yo en mi pueblo con la ley en la mano decía: –Compro una tierra rústica, la pago como rústico (una hectárea), la recalifico y se la vendo a la gente a precio de costo para que se hagan sus viviendas. Por ejemplo, a 1.200 euros una parcela y no estaba engañando, ni aprovechándome de nada, en absoluto, simplemente comprar al valor real, lo recalificas y se lo vendes a la gente a precio de costo, al pueblo, para que hagan sus propias viviendas. Es decir, que hay fórmulas, pero estamos gobernados por granujas y sinvergüenzas, y ese es el gran problema de esta sociedad. ¡Granujas y sinvergüenzas, que no les importa el pueblo!

¿Qué obstáculos crees que se deben remover y de quiénes sería la responsabilidad de actuar? ¿Hay soluciones?

Yo te digo que en mi pueblo hemos hecho 500 viviendas a renta de promoción pública, de régimen de alquiler de renta venta, donde la gente paga 40 o 50 euros al mes. Hemos hecho un montón de promociones donde a la gente no se le ha quitado ni una vivienda. Ya que las viviendas son públicas, el tema está en que los poderes políticos, al final gobiernan fundamentalmente pensando en los especuladores y en los privilegios que les llegan después de esos especuladores, porque estamos viendo toda la corrupción que hay en el Estado español de nuestros políticos, ¿por qué te crees que es? Por las comisiones, por los empresarios, por la corrupción.

Los responsables de toda esta política son los gobiernos que tienen el Boletín Oficial del Estado en sus manos, que se reúnen todos los viernes en el Consejo de Ministros y tienen que sacar normativas claras en contra de eso. Pero, ya que los gobiernos no lo hacen, el pueblo se tiene que rebelar contra eso. Se tienen que rebelar la policía, los jueces… Porque ante la injusticia se tienen que rebelar. Y por eso es muy importante que el pueblo se rebele, al igual que los ciudadanos en la calle, no permitiendo que a un ser humano lo echen a la calle, porque ese ser humano tiene su familia y si le quitan la casa, se lo quitan todo. Porque si te han quitado el trabajo y encima no tienes casa, ¿dónde te vas? ¡Debajo un puente! Te conviertes en nada y eso no se puede permitir y ante eso hay que rebelarse, decía Jesucristo: “El que lucha contra la injusticia no comete ningún pecado”.

Si afirmamos que “La vida de todo ser humano es sagrada”, ¿por qué sobre ella se sobrepone la salvaguarda de la propiedad y bienes materiales casi como un absoluto?

Creo que el sistema actual es como una carcoma, que nos va devorando, y nos devora el sentimiento, el corazón, el alma, todo porque nos introduce fundamentalmente en la felicidad del dinero, y eso es un error gravísimo. No solamente un error gravísimo, sino una cosa perniciosa maliciosa, que nos está deformando como personas, porque ponemos por encima de todo el valor de los bienes materiales y no el valor del bien espiritual, no ponemos el sentimiento, la solidaridad, la confianza entre las personas. La escuela es el sistema que está deformando a las personas y tendríamos que pelear por un sistema distinto, donde el hombre, los animales, las plantas sean el centro de atención, porque es lo que tiene que perdurar y un sistema que devora a las personas, las plantas y el medio ambiente, es un sistema que está caduco.

Igual que fuimos capaces de dejar atrás la sociedad esclavista y la sociedad feudal, al sistema de libre mercado llamado sistema capitalista, también hay que buscarle una alternativa.

¿Notáis que en vuestro movimiento va aumentando el número de afiliados? En el año 2007 le disteis al sindicato una nueva llamándolo SAT.

Ahora mismo, desde el verano hasta aquí, se han constituido 20 uniones locales nuevas. Unión local en Arriate, en Sierra Yegua, en la parte de Granada, de Córdoba, de Sevilla, en todas las provincias. Y el sindicato se ha convertido en un proyecto de herramienta sencilla y humilde que todo el mundo la puede utilizar. Nosotros no queremos dirigir a la gente, la gente tiene que autodirigirse, organizándose y de hecho al sindicato ahora nos piden una responsabilidad que es dura, de que dirijamos toda la rebeldía y todos los proyectos de movilización de Andalucía. Convocamos una reunión el día 9 de enero, en la sede local que tenemos y acudieron 47 organizaciones de toda Andalucía, es decir, prácticamente todo el mundo a nuestra convocatoria. ¿Para qué? Para convertir esta herramienta en un proyecto de lucha y de rebeldía contra la injusticia en todo el territorio. El día 28 de febrero miles de personas vamos a ocupar nuestro Parlamento en Sevilla, porque sentimos que no nos representan. El Parlamento es del pueblo y por lo tanto queremos ocuparlo para decirles “Ustedes no nos representan”.

Vivimos en una sociedad, mayoritariamente católica. La Iglesia, y en especial la jerarquía católica, ¿la ves en continuidad con la misión de Jesús?

Por desgracia no, ¡es una pena que la Iglesia esté al margen de los valores cristianos, la Iglesia como institución! Otra cosa distinta es que haya personas dentro de la Iglesia, tanto de base como párrocos o curas que realmente están con el pueblo. Pero la Iglesia, la alta jerarquía está muy alejada, no nos acompañan nunca. Pero a nivel de base, de colectivos y de grupos sí notamos que hay una presencia y un comportamiento cercano. De hecho, nos han invitado en diversas partes, centros o parroquias para mejor conocernos y solidarizarse. Pero la alta jerarquía, no.

Creo una cosa, que en una sociedad quien paga manda. Y para que no manden, las cosas tienen que ser del pueblo.

En ese sentido, tú haces una denuncia: “La no libertad de la Iglesia frente al poder”.

¡Está claro! Está económicamente vinculada al poder. Jesús de Nazaret, en el cual yo me siento reflejado, no era así y mucha gente del sindicato también se siente reflejada en ese comportamiento, porque él desafió al poder, estuvo al lado de los pobres y de los ciudadanos a los que les hacía falta, y por eso lo crucificaron, no por otro motivo.

¿Ves dentro de la Constitución condiciones para asentar mayores niveles de igualdad y justicia y asegurar los derechos de todos los ciudadanos?

Soy partidario de que el marco de la Constitución habría que cambiarlo para ir a una sociedad mucho más igualitaria, mucho más justa. En lo que sí podemos estar de acuerdo y convenir es que, dentro de la Constitución Española, si se aplicara realmente todo el contenido, sería distinto. En ella se dice que todos los españoles tenemos derecho a un trabajo, a una vivienda digna, a una igualdad ante la ley y ante la justicia cosas que se dicen pero que quienes nos gobiernan no las aplican. Nos tienen acostumbrados, los partidos políticos se presentan a unas elecciones con un programa y después hacen todo lo contrario, no cumplen con lo que dicen. Eso tiene que estar penalizado, porque no se puede engañar a la gente. Si tú tienes un programa, no te salgas de él, haz menos, pero no te salgas de él, no hagas lo contrario. Por lo tanto, tendrán nuestros votos, pero nunca la legitimación del pueblo. ¡Jamás! Porque el pueblo no vota eso.

Sin negar los avances y logros conquistados, ¿piensas que hay puntos que necesitan una inmediata y radical reforma?

Sí. Una economía tendría que estar al servicio del ser humano. Y no sólo la economía sino la cultura, la sanidad, la educación, ¡esos valores son universales! Igual que el agua, el aire y la tierra. Los especuladores se llevan el dinero y no sabemos dónde lo meten. ¿Hay derecho, por ejemplo, a que haya 60 paraísos fiscales? Andorra, el Peñón, las Caimanes, Suiza… ¡Pero cómo no hay una normativa para que se levanten todos esos paraísos fiscales! Que sepamos dónde está ese dinero, que no lo han tirado, ni lo han quemado, que el dinero existe y, al no circular el dinero, hay un estrangulamiento de la economía. Han especulado con él y se lo han llevado, lo que hace falta es poner dinero en circulación. En un sistema de libre mercado, no estamos hablando del socialismo, sino de una economía capitalista, ¡el dinero tiene que circular! Si no circula, estamos en un estrangulamiento de la economía.

La política es necesaria. ¿Lo es la clase política actual?

Yo no sé si lo que yo hago es política, seguramente será política, porque todo en lo que actúa uno en la vida es política, pero si hablamos de las instituciones, yo he estado de alcalde 10 años y en este tiempo nadie podrá encontrar en el ayuntamiento un solo café, que se tomó Diego Cañamero, pagado con dinero municipal, ¡nunca!, ¡jamás!

Yo, en el ayuntamiento, de los 65 trabajadores era el que ganaba menos, porque yo entendía que la política no era una profesión, es una devoción y está uno ahí para servir al pueblo, servir causas nobles y justas, la política, como los misioneros, como las monjas de mi pueblo, que cuidaban a nuestros abuelos y no piden nada a cambio. La política la tenemos que intentar definir con esas características. Pero, claro, la política no tiene orden establecido ni normas. Tendría que ser: “En un ayuntamiento un alcalde no puede ganar más de mil doscientos euros”, hay que convenir lo justo con los parlamentarios, los ministros, los políticos, todos con un sueldo justo, y entonces se pensaría “eso no da para tanto”. Y con relevo cada cuatro años. Pero claro, cuando tú a un político o a un banquero no les pones límites económicos… Tendría que haber una norma de ”salario máximo” como la hay de una “salario mínimo”.

Cuando un banquero se jubila con tres millones de euros al año, o un político dice “yo represento a”… ¿A quién representas tú? ¿Al gremio de parados, al que no tiene vivienda, al que se tiene que ir a Suiza a trabajar porque aquí no encuentra trabajo? ¿Pero tú cómo vas a representar con un señor piso, con seis mil euros, con secretaria, con coche, a la realidad? ¡Tú no representas a la realidad! Es un insulto.

Hace falta dignificar a la política y para eso tiene que haber una cultura de la política y tener sus correspondientes normas salariales, como convenio. ¿No hay convenio en la construcción, en el campo? Pues convenio también para los políticos. Trabajan para ellos y viven también para ellos, hacen reuniones, grandes congresos, proyectos, pero no se cumplen, se han convertido en charlatanes de feria, en un teatro, hablan y hablan y no hacen nada, con lo que se gasta en la guerra podrían vivir muchas personas bien, ¡no hay derecho! Por el egoísmo del dinero, del poder, del tener, no se trabaja por una cultura de vivencia, por la paz, por la solidaridad, por el crecimiento económico.

La crisis dicen que es económica, no ética. ¿El neoliberalismo tiene ética?

Está claro que el sistema actual lo que busca es la libertad de circulación del capital, del dinero, de la economía que ellos llaman de libre mercado y eso va a tener unas consecuencias tremendas para la humanidad.

Sé que hay países que intentar avanzar en otra dirección, pero la globalización tiene un poderío tremendo. Lo que está pasando en algunos países árabes es tremendo y lo que nos tememos es que esto desemboque en una catástrofe.

Se ha globalizado la economía neoliberal, ¿cuándo se globalizará la dignidad humana?

Ese es el tema, ni la solidaridad, ni la dignidad humana, ni el derecho a la vivienda, ni el derecho al trabajo, ni el derecho a la felicidad y a la paz. ¡Eso no se globaliza!

¿Cómo te sitúas tú en este momento, con esperanza?

Siempre, creo que esto tiene que cambiar y los que tenemos que conseguirlo somos las personas, confío plenamente en eso. Las personas, los pueblos, la gente sencilla y humilde, son los que tienen que hacer cambiar esto, porque no tenemos otro camino ni otra alternativa y porque si no hiciéramos esto estaríamos traicionando todas las perspectivas de nuestras generaciones venideras. Lo tenemos que cambiar y jamás podremos renunciar a los derechos y valores universales del ser humano. Renunciar a eso es renunciar a todo.

Bueno, Diego, veo que vuestra lucha no es de unos días ni por motivos precisamente económicos. Eso tiene un mérito inmenso y os honra.

De hecho, es toda una vida. Este sindicato tiene en estos momentos más de 400.000 euros de multa. Y hemos pagado como… 150.000 ya en los últimos cinco años. Tenemos 500 procesados hoy. Tenemos 1.000 o 2.000 a lo largo de nuestra historia. ¡Y nos piden 50 años de cárcel!, cuando nuestra lucha es pacífica siempre, pero profunda, radical en el fondo, pero en la forma pacífica. Nunca nos hemos enfrentado a la policía. Y nosotros somos como Gandhi y como Jesucristo: lucha activa, pero pacífica, dando donde les duele: en los bancos, en las propiedades, en la corrupción de los políticos. Y por eso hay una represión fortísima. Ahora mismo hemos abierto una cuenta de solidaridad a nivel internacional, para que la gente -la gente como nosotros- pueda aportar algo de dinero y hacer una caja de resistencia para poder afrontar todas las multas que nos están llegando. Ahora mismo tenemos pendiente un juicio donde nos piden tres años de cárcel, yo entre ellos, y hemos tenido que pagar una fianza de 3.400 euros.

¿Cómo es posible que el sistema judicial funcione así?

Porque todo está dirigido por la política. La independencia del poder judicial es muy relativa. Es difícil encontrar a un juez o a un fiscal que realmente juzgue con independencia. Yo me he tenido que salir de algún juicio, le he dicho al juez: “no creo en ti y me voy”. ¡Me he declarado insumiso judicial! Desde hace dos años ya no voy a ninguna parte, me han detenido tres veces ya, porque me llama el juez y no voy, porque no creo, no en la justicia, sino en “Vuestra Justicia”, porque todo es un teatro, y ya estoy condenado y con la multa, sin admitir a nuestros abogados, ni nuestro juicio, no admitís nada de lo nuestro, solamente de lo que dicen ellos.

¿Crees que es una clase que está alejada de la realidad, del pueblo?

Totalmente, te sitúan de una determinada manera ¡y ya está! Dicen: “Estos son los de Gordillo, los de Cañamero, estos son unos radicales” y ya nos tienen juzgados de antemano. El otro día hicimos una marcha a la cárcel de Morón. Íbamos 500, vestidos de presos, los 500 procesados. -“Ya que no podemos pagar las multas, métannos ustedes en la cárcel”.

Creo que tus compañeros y amigos de antaño, Diamantino, estarán contentos con vuestra lucha, que espero continúe.

Donde quieran que se encuentren estarán orgullosos de nuestra lucha, Diamantino fue una persona íntegra y muy comprometida.

JAVIER MELLONI

Juanjo Sánchez y Evaristo Villar

Éxodo 116
– Autor: Juanjo Sánchez y Evaristo Villar –
 
Javier Melloni, jesuita, teólogo y escritor, es miembro de Cristianisme i Justícia y profesor en la Facultad de Teología de Cataluña. Vive en la Cava de Sant Ignasi (Manresa), donde acompaña y reflexiona sobre las diversas manifestaciones de la experiencia de Dios. Está especializado en mística comparada y diálogo interreligioso.

“La búsqueda está en las entrañas del ser humano, de nosotros, animales de profundidades y de anhelos infinitos. Buscamos porque somos seres abiertos y esa apertura no tiene fin, como inacabable es el Misterio”.

Lo tuyo, amigo Javier, es la mística, la espiritualidad… ¿Te interesa con la misma fuerza la “ecología” o es un añadido que has descubierto con el tiempo…?

Si por ecología entendemos la conciencia refleja y reflexionada del cuidado de la tierra y el compromiso con ello, ha venido en un segundo momento, pero si la entendemos como una sensibilidad profunda por la naturaleza como lugar de experiencia de lo sagrado, ha estado en mí desde el comienzo. Salir a caminar en silencio por la naturaleza, el respeto por los animales en su hábitat, así como la fascinación por los bosques frondosos, las montañas nevadas y las dunas del desierto son cuestiones que siempre me han fascinado. Pero entiendo que, en sentido estricto, la ecología nace de esa toma de consciencia de la necesidad y urgencia de preservar el santuario de la naturaleza. Y esto ha ido viniendo con el tiempo, a medida en que todos nos hemos ido sensibilizando de la amenaza que nuestro estilo de vida supone para la tierra.

Parece claro que entre espiritualidad y ecología hay un nexo muy estrecho y lleno de sentido. ¿Se puede decir lo mismo de la relación religión y ecología?

La religión, en cuanto que religación, está intrínsecamente relacionada con el cosmos, como uno de sus tres vértices constitutivos junto con lo trascendente y lo humano. Todas las religiones establecen relaciones muy estrechas con el espacio que les circunda y su calendario está ligado al ciclo de la naturaleza. Es inconcebible una religión al margen de la naturaleza. Todos los ritos tienen tiempos y lugares naturales que las religiones sacralizan y ello es el terreno de lo ecológico.

Hay un pasaje en uno de los relatos de creación en el Génesis que, cuando menos, resulta chocante para una conciencia actual ecológica: “Sed fecundos y multiplicaos, llenad la tierra y sometedla…” (Gn 1, 28). Muchos críticos de la religión han visto ahí una de las venas de la actitud dominante que está llevando al planeta a la expoliación, al desastre… ¿Qué piensas de ello?

Habría que conocer con exactitud el término original hebreo, porque a veces se traduce también por: “tomad posesión de la tierra”. Como todo, se puede interpretar por su parte más dura, de dominio, explotación, depredación, pero también se puede comprender como una llamada a cuidar de ella, a cultivarla, a preservarla. Israel y en general los pueblos semitas, vivían en un entorno natural severo e ingrato. Ello hace que su instinto de lo sagrado se desplace hacia la trascendencia frente a esa naturaleza adversa, mientras que en otros climas donde la naturaleza es exuberante, se desarrolla más la inmanencia de lo sagrado, como en las zonas tropicales donde hay mucha vegetación, en los bosques de clima continental o en las costas del Mediterráneo, donde la naturaleza, sin ser exuberante, es muy amable. El entorno geográfico y climático condiciona la relación religiosa que se tiene con la naturaleza. Además de esto, el judaísmo y el cristianismo se extendieron primeramente por las áreas urbanas y ello hizo que la naturaleza quedara lejana y se percibiera como adversa. Pagano significa precisamente “habitante del campo”. Paganismo y culto a la naturaleza tendieron a demonizarse en el cristianismo, que es antropocéntrico e inicialmente urbano.

Seguro que hay “otras corrientes de agua”, “otras miradas” distintas, de profundo respeto y cuidado de la naturaleza, en la tradición bíblica… ¿Cuáles se rían, a tu modo de ver?

En primer lugar, todas las religiones llamadas “indígenas” o “aborígenes” tienen una relación muy estrecha con la naturaleza. Se las ha llamado también “teocósmicas”, porque el cosmos es el escenario o manifestación misma de lo divino. El hinduismo y el taoísmo también tienen una relación muy estrecha con ella. Menos, en cambio, el budismo y el confucianismo, que son religiones de la conciencia y de la virtud humana. El Islam tiene una relación peculiar con la naturaleza. Como religión semítica, gira en torno de la trascendencia de Allah, pero a la vez conserva un sustrato preislámico con los elementos naturales, como es la distinción entre alimentos puros y prohibidos, la higiene corporal, el ayuno… Todo ello indica una relación muy estrecha con los elementos del entorno.

Tú conoces muy bien el ancho mundo de las espiritualidades y de las tradiciones religiosas. ¿En cuál o cuáles de ellas ves mayor y más intensa “conciencia” o “sensibilidad” ecológica?

Como decía, hay que referirse en primer lugar a las religiones indígenas o aborígenes. Me gusta más este segundo nombre porque expresa perfectamente lo que son: ab-origen, las que están en el origen de todas las demás y también en nuestros orígenes. El vínculo que tienen con la naturaleza es substancial: se sienten y saben formar parte de ella. La comunidad humana no está separada. Lo más importante de la sensibilidad aborigen es el sentido del equilibrio y de la reciprocidad con la tierra. Perciben la naturaleza como un conjunto de fuerzas, seres y presencias que constituyen un todo del cual se ha de preservar la armonía. El ser humano forma parte de este todo, de modo que su relación con la naturaleza debe participar también de esa reciprocidad. A la tierra no se le puede pedir sin dar, no se le puede tomar nada sin retornar. Esto asegura un equilibro a corto, medio y largo plazo. Dentro de las grandes tradiciones, diría que el hinduismo es la que tiene una mayor sensibilidad con su vínculo con la naturaleza. Toda la India rezuma instinto por lo sagrado, lo cual se manifiesta en su relación con los animales, los árboles, los ríos, las montañas. Todo ello pone un límite a la depredación. El ejemplo de su veneración por las vacas responde a este equilibro, ya que al preservarlas consiguen un equilibrio en la vida de las aldeas y en la economía doméstica, ya que los productos que se derivan de ellas son mucho más importantes que si se las comieran.

¿Se ha convertido esa conciencia o sensibilidad en un compromiso y una praxis real y eficaz, también en una praxis “política” capaz de promover proyectos políticos y culturales de respeto y cuidado del planeta, y de apoyo y solidaridad con las grandes organizaciones ecologistas o verdes?

Todavía hay mucho por recorrer en este terreno. Como los grupos y plataformas interreligiosas son muy plurales, es difícil hacer una generalización. Cuando detrás de una comunidad concreta hay una amenaza real de su hábitat, los grupos interreligiosos se movilizan, pero si no, pueden quedarse más bien a un nivel de reflexión, de diálogo o de celebración, pero no todavía de acción. Con todo, en los dos últimos Parlamentos mundiales de las religiones, este tema ha estado muy presente. En el de Barcelona en el 2004, bajo el lema: “De la sabiduría de la escucha al poder del compromiso”, uno de los cuatro puntos ejes que se abordaron fue la escasez planetaria del agua. En el Parlamento Mundial de Melbourne en el 2009 el tema fue la Sanación y reconciliación con la Tierra.

A estas alturas de la conciencia planetaria, y en este contexto de crisis económica, política y cultural mundial, ¿cuáles serían a tu modo de ver los grandes retos que plantea la conservación y el cuidado del planeta a las religiones y espiritualidades existentes?

Para mí hay tres grandes retos que están interrelacionados: la interioridad, la solidaridad y la sobriedad. La primera abre la vía mística, la segunda la vía ética y la tercera la vía ecológica. Si hay capacidad de interiorización en las personas y conseguimos que nuestra civilización se haga más silenciosa, más calmada, habrá también espacio para escuchar las necesidades ajenas y compartir lo que tenemos en lugar de usurparlo, así como capacidad de contención para vivir con menos y gozar más. Decía Facundo Cabral: “Tener menos para tenerse más”. Insisto, hay una relación intrínseca entre los tres aspectos y el gran reto es cómo se interfecundan.

El diálogo interreligioso, ¿se ocupa de esos retos…, o está más bien centrado (mejor: “autocentrado”) en las propias religiones, en sus asuntos o intereses de familia, en cuestiones dogmáticas o disciplinarias…?

En los encuentros interreligiosos se tratan estos temas, pero es verdad que pueden quedarse sólo en un plano reflexivo o celebrativo y que no llegue a la práctica. Creo que otro de los retos es establecer más puentes entre los movimientos militantes socio-ecológicos y los grupos interreligiosos.

Decía Karl Rahner, poco antes de morir, que el cristiano del futuro, o es un místico o no será. ¿No se podría (¡y debería!) decir también que el cristiano del futuro, o es ecologista convencido y consecuente o no será?

¡Absolutamente! La relación con la naturaleza es una de las dimensiones de nuestra existencia. De lo que se trata es de que vayamos tomando consciencia de que nuestra vida –personal y colectiva- tiene que ver con el modo con que nos relacionamos con todo, comenzando por lo que constituye la base de nuestra supervivencia. La riqueza del diálogo interreligioso consiste en conocer cómo otras tradiciones no han descuidado lo que hemos descuidado nosotros: la veneración de la tierra como madre, tal como se percibe en las culturas indígenas. Pero esto no es sólo ecología, sino lo que Raimon Panikkar llamó ecosofía, “sabiduría de la tierra”. Este término deja más claro que no se trata de imponer o proyectar la razón humana (eco-logos) sobre la naturaleza, sino de ponerse a la escucha de su sabiduría. Es decir, no se trata sólo de una sabiduría sobre la tierra, sino de una escucha de la propia sabiduría que la tierra tiene por sí misma. Tal sería la actitud propiamente mística ante la naturaleza: más ecosófica que ecológica. Con todo, la mística se tiene que combinar con la profecía y ello hace indispensable los movimientos ecologistas militantes y comprometidos con sus denuncias.

Para terminar, ¿podemos preguntarte cómo ves el futuro de la conciencia y sensibilidad ecológica en el planeta? ¿Eres optimista o más bien pesimista? ¿En qué basas tu convicción?

Confieso que me encuentro dividido. Por un lado, es indudable que la conciencia ecológica está cada vez más difundida, y que en las cimas mundiales, los señores de la tierra la tienen presente como uno de los puntos principales de su agenda; esta sensibilidad también está en la calle, a través de la venta de productos donde se explicita si han sido elaborados según criterios ecológicos, o en las campañas de reciclaje de los residuos, etc. Pero, por otro lado, sigue habiendo una gran inconsciencia colectiva y todavía no somos en absoluto capaces de cambiar nuestro estilo de vida por razones ecológicas. Seguimos consumiendo combustible que sabemos escaso y productos que también sabemos que provocan un coste muy elevado a la tierra. No hemos dado pasos civilizatoriamente significativos. La crisis actual puede convertirse en una oportunidad para cambiar hábitos, pero esta reacción todavía sólo se ve en grupos muy minoritarios. Parece que el ser humano sólo reacciona cuando ha tocado fondo. Y eso todavía no ha sucedido.

MANUEL FRAIJÓ

Juanjo Sánchez y Evaristo Villar

Éxodo 115 (sept.-oct.) 2012
– Autor: Juanjo Sánchez y Evaristo Villar –
 
Manuel Fraijó (Guadalcázar, Córdoba, España, 1942), teólogo y filósofo español, discípulo y amigo de grandes pensadores en el ámbito de la teología y la filosofía, como K. Rahner, W. Pannenberg, H. Küng, J. Moltmann y J. B. Metz, en Europa, y José Luis López Aranguren, en España.

Uno de los teólogos españoles con más bagaje filosófico y, desde luego, uno de los filósofos con mayor y más profundo conocimiento de la teología, Fraijó es un pensador de frontera entre la teología y la filosofía, entre la fe y la razón, la religión y la cultura, entre la vida con sus dramas y esperanzas, con sus interrogantes abiertos, y la razón atenta al dolor humano y abierta al horizonte ilimitado donde se anuncia el sentido, y con él la esperanza. Su pensamiento es, por eso, tan hondo y riguroso como abierto y sensible a lo que acucia al ser humano, a las esperanzas incumplidas de las víctimas de la historia.

Para abrir boca: con la que está cayendo en esta crisis, ¿no es extraño que se nos ocurra hablar de espiritualidad en lugar de… economía, por ejemplo?

Pienso que es el momento para hablar de espiritualidad, dado que, en nuestros días, se está cumpliendo aquello que decía Bergson, premio nobel de literatura y uno de los referentes espirituales más importantes del pasado siglo: que tenemos un cuerpo muy grande y un alma muy pequeña. Y murió en 1941 pidiendo un suplemento de alma. Es la espiritualidad que estamos buscando. Decía también Bergson que la mecánica exige una mística. Hemos desarrollado mucho la mecánica y nos falta la mística. Por eso es muy apropiado hablar hoy día de este tipo de espiritualidad. De Bergson son importantes, a mi modo de ver, dos cosas: el argumento y el testimonio. Él supo hacer ambas cosas: argumentó, por supuesto, desde la filosofía, desde las fuentes de la moral y de la religión, y dejó un testimonio que, en el campo de la espiritualidad, ha quedado como paradigma.

Procedía del judaísmo, pero, con el paso del tiempo, fue cayendo en la cuenta de que la culminación del judaísmo era el catolicismo. Y quiso convertirse al catolicismo. Pero justamente en ese momento, en el fragor de la Segunda Guerra Mundial, es cuando Hitler estaba machacando a los judíos. Bergson no dio el paso al catolicismo por fidelidad a su pueblo. Antes de su muerte dejó escrita una nota a su mujer diciendo que, llegada esa hora, llamara un sacerdote católico. Advirtiéndole, eso sí, que no se había podido convertir al catolicismo por la situación que estaba atravesando su pueblo. Y, ya anciano y gravemente enfermo, movido por esta opción y sostenido por dos familiares, se puso en cola para registrarse como judío desaprovechando “la indulgencia” de Hitler para con los judíos ilustres que residían en París.

Entiendo la espiritualidad en este sentido bergsoniano: argumento y testimonio. Algo parecido encuentro en la obra La consolación de la filosofía, de Boecio: mientras espera en la cárcel una muerte injusta, fruto de intrigas y calumnias, acude a la filosofía, buscando sentido a lo que le está ocurriendo; buscando, tal vez, el “consuelo” tan ensalzado por nuestro Unamuno (credo quia consolans, creo porque es cosa que me consuela). Es cierto que, como veremos, hay muchas clases de espiritualidad, pero es muy importante, en estos momentos, la que reclama “un suplemento de alma”.

Evidentemente, también nosotros pensamos que es momento para hablar de espiritualidad. Justamente en este tiempo de crisis. La crisis es, sin duda, fruto podrido de una profunda carencia de ética. Pero, bien pensado, ¿no podríamos decir que lo es también de una no menos profunda carencia de espiritualidad, de una falta de aquella “profundidad” de la que hablaba el gran teólogo Paul Tillich?

Sí. Me gustó mucho aquel librito de Paul Tillich titulado La dimensión perdida, que sigue teniendo actualidad. Ahí identificaba él espiritualidad con profundidad. Hablando de la espiritualidad perdida, quisiera decir varias cosas. En primer lugar, para empezar por lo positivo, estoy convencido de que ninguna persona puede vivir sin espiritualidad. La espiritualidad está en todas la personas, en todos los pueblos –todos los pueblos tienen su historia espiritual, hecha de la forma como viven y mueren, hecha de sus filoso – fías y teologías, de su literatura, su ciencia, su arte, etc.– Nadie puede vivir sin espiritualidad. En algún sentido, también la filosofía es espiritualidad. El filósofo, como el teólogo, se inclina sin cesar sobre el misterio de la vida y de la muerte. Es, según Ortega, lo que siempre hizo Dilthey. Evocando lo importante que es el misterio, escribe G. Scholem en su libro Hay un misterio en el mundo: “Si el sentimiento de que el mundo esconde un misterio desaparece alguna vez de la humanidad, todo habrá acabado. No creo, en cualquier caso, que lleguemos tan lejos”.

Precisando un poco más, y dicho de una forma algo simple, entiendo por espiritualidad “el rechazo de la tentación de la obviedad”. Todo lo que nos rodea es misterioso. Poco antes de morir, decía Severo Ochoa: “siento irme de este mundo sin saber exactamente dónde he estado”. Me impresiona que un científico de su importancia llegase a esta conclusión. Pienso, pues, que la espiritualidad es lo contrario de la banalidad. Solía decir y escribir Bloch: “la sola banalidad no salva”. La banalidad no tiene ningún carácter salvífico. El auge de la banalidad corre paralelo con la escasez de ofertas de salvación. El mismo Bloch distinguía entre “Trascender” (con mayúscula) y “trascender” (con minúscula). La Trascendencia, con mayúscula, se refiere evidentemente a Dios, y es patrimonio de los creyentes en su existencia. Pero la otra trascendencia, la escrita con minúscula, es de todos. A través de ella nos elevamos sobre el reino animal, creamos obras de arte y alumbramos el mundo de la ciencia y la técnica. El epitafio que se puede leer en la tumba de Bloch, en el cementerio de la hermosa ciudad de Tubinga, reza: “pensar es trascender”. Trascender, con minúscula, es lo que siempre hizo el gran espíritu que fue Bloch. Hay, por tanto, un trascender con minúscula que es esta apertura del espíritu a la historia, a la ciencia, a la teología, a la filosofía, al arte, a la vida, a la muerte. Entiendo que a ese “trascender” se le puede llamar “espiritualidad”, sin forzar en absoluto el concepto de espiritualidad. Y, si todavía me continuáis pidiendo aproximaciones al concepto de espiritualidad, os remitiría al bueno de Kant. Pienso, como él, que quien eleve sus ojos al cielo estrellado y contemple la ley moral dentro de nosotros es profundamente espiritual. Mirar a los cielos y practicar la “autopercatación” (Ortega) sitúa en el ámbito de la espiritualidad. Hay ya bastantes pensadores religiosos, pero también laicos, el papa actual Benedicto XVI por supuesto, pero también, por ejemplo, el pensador crítico J. Habermas, que hablan de una “secularización descarrilada”, es decir, de una secularización excesivamente plana que está conduciendo al “auge de la banalidad”, como avisaba ya el pensador griego C. Castoriadis. ¿Estarías de acuerdo con este diagnóstico? ¿Lo matizarías, acaso?

Esta pregunta me devuelve a mis recuerdos de estudiante doctorando en la Universidad de Tubinga. Hubo una época en la que, entraras a la clase que entraras (la de Küng, la de Kasper, la de Grainacher, la de Moltmann, la de Käsemann, etc.), en todas se estaba hablando de secularización. Se tenía miedo de que la secularización se convirtiera en secularismo, como temía Gogarten. Todos pensaban que la secularización es un fenómeno muy positivo, que estaba ya en el Antiguo Testamento; que la religión, y el cristianismo en concreto, necesitan la secularización. Pero se temía que ésta derivase en un secularismo que condujera al ateísmo y redujera la religión a un simple gueto.

En cambio, hace unos años, en un seminario sobre la secularización, celebrado no lejos de Tubinga, en el que participaba el teólogo protestante Pannenberg y otros grandes pensadores, no se preocupaban por el futuro de la religión, afectada por la secularización como en los años 70, sino por el futuro de la secularización misma. ¿En qué sentido? Consideraban que, en otro tiempo, la secularización fue una gran ayuda para la religión, pero, en las actuales circunstancias, es la cultura secular la que necesita del apoyo de la religión. Tengo la impresión de que así piensan también Benedicto XVI y Habermas. El título del seminario al que acabo de aludir era “salvemos la secularización”. Y la tesis era esta: las instituciones seculares (la política, la economía, la justicia, etc.) han degenerado tanto que necesitan salvación. Y la religión, en la medida en que pueda, debe ayudarlas. La tesis es que las instituciones seculares están perdiendo hoy día tal grado de legitimidad que están poniendo en peligro el futuro de la sociedad. Y ahí es donde Ratzinger y Habermas quieren introducir el tema de la religión, algo que a mí no me parece disparatado. Porque cualquier cosa que ayude -y la religión también puede hacerlo- será bienvenida. Sería lamentable que la secularización, que tanto nos costó conquistar, se convirtiera hoy en decadencia y fuente de conflictos. Sería dar la razón al islam, que considera a la secularización como la madre de todos los desaguisados. Llenos de orgullo, los musulmanes proclaman que, como ellos nunca estuvieron clericalizados, también se ahorraron la secularización. No es el caso del Occidente cristiano (ni, por cierto, tampoco del islam, pero no entraremos en ese tema) que sufrió los rigores del clericalismo, casi como forma de vida.

¿Urge, pues, una vuelta a la espiritualidad? Nos dirás -o lo pensarás- que todo depende de qué queremos decir con ello… ¿Puedes decirnos en qué consistiría ese retorno? ¿De qué hablamos cuando hablamos de espiritualidad? ¿Cual sería su meollo genuino? ¿Cuáles sus formas perversas?

En la Edad Media se definía la espiritualidad como “extensio animi ad magna” (apertura del espíritu a cosas grandes) que, a mi modo de ver, va muy unida a otras dos palabras: la “humilitas”, tan propia de la Edad Media, y la “curiositas” (curiosidad, búsqueda, afán de saber), convertida casi en lema del Renacimiento. Esta mezcla entre “humilitas” y “curiositas” puede formar parte de la definición de espiritualidad. Ambas continúan en la línea de la profundidad, de la que ya hemos hablado. Heidegger lo dijo muy acertadamente en un pequeño escrito, titulado Gelassenheit y que podríamos traducir como distendimiento, sosiego, serenidad, paz. Su tesis fundamental es que se está dando una huida acelerada del pensar. Y él distingue en el pensar dos vertientes: la que llama “pensamiento calculador” y la que denomina “pensamiento meditativo”. El pensamiento calculador lo necesitamos para vivir, sin él no habríamos accedido a la técnica ni al progreso; pero el pensamiento meditativo, contemplativo, constitutivo de la espiritualidad, lo necesitamos para acceder a la vida buena, al humanismo, a la propia interioridad.

Personalmente, yo tendría también en cuenta la distinción que hace Savater entre creyente y religioso. El creyente es el que se adhiere a un credo, a unos símbolos, a unos ritos determinados. Religioso, en cambio, es algo más difuso, más impreciso. Tiene que ver con el dicho de Goethe: si buscas el Infinito, corre tras lo finito en todas direcciones. Ser religioso es ser sensible a lo que nos supera, a lo que nos coloca al borde de lo desorbitado; es tener antenas para la gratuidad, para el amor, para lo Otro. Se puede, por supuesto, ser religioso sin ser creyente, y uno esperaría que nunca se dé el caso contrario: ser creyente sin ser religioso. Pero desgraciadamente la vida enseña que también esto es posible. Existen, aunque solo como excepción, funcionarios del altar sin mayor sensibilidad para lo religioso. Lo creen todo, pero también les resbala todo. Justo lo contrario de la experiencia que tuvo R. Otto, el gran fenomenólogo de la religión, al entrar en la sinagoga de Tánger y escuchar el tres veces “santo” de Isaías. Allí nació el título de su libro Lo santo, probablemente el libro de teología más leído del siglo XX. Fue allí donde comprendió que la experiencia religiosa posee una doble vertiente: es “fascinante” (asombrosa, iluminadora, cercana a la felicidad), pero también “tremenda” (exigente, rigurosa, próxima al temor).

También considero muy acertada, si me permitís que continúe pidiendo ayuda a los amigos de la tradición filosófico-teológica, la mirada de Walter Benjamin sobre la figura del flaneur: el flâneur es el paseante solitario en el París del siglo XIX, abandonado entre la multitud, que se va fijando en las claraboyas y en el cemento que todo lo invade. Por todas partes se alza el progreso moderno, pero Benjamin echa de menos la experiencia. El concepto de experiencia, el contacto directo con las cosas, piensa Benjamin, es algo que se está perdiendo. Esta falta de sensibilidad se manifiesta también en la ausencia de citas. Citar es un acto de espiritualidad, es tener en cuenta el pasado del que venimos. Él era un coleccionista de citas. La misión de las citas es interrumpir los discursos lineales de la modernidad. Es necesario pararse, mirar hacia atrás, como hace la cita. A esta sensibilidad la llama Benjamin “cultura del corazón”.

Como veis, amplío, tal vez salvajemente, el concepto de espiritualidad; pero soy incapaz de hablar de ella sin rodeos. Y con los rodeos continúo: en un seminario en Tubinga, al que asistió como invitado Gadamer, el gran especialista en hermenéutica, nos lanzó la siguiente pregunta: ¿Y qué entienden ustedes por hermenéutica? Todos, sin gran originalidad, fuimos respondiendo que era una interpretación de los textos, de la música, de la historia, de la vida, etc. Y, concluida la ronda, le espetó al catedrático que tenía a su lado: “¿y quién le interpreta a usted, querido colega, quién nos interpreta a todos?”. Se hizo un silencio que pareció no tener fin… Esto me trae al recuerdo que también nuestro José Luis Aranguren pedía una “última comprensión”, tal vez a la Deidad “ante la cual hayamos existido…”.

Pienso que la espiritualidad no puede ser ajena a todo lo que vengo narrando. Tampoco la considero ajena a las tres experiencias que nos legó el filósofo vienés L Wittgenstein. La primera de ellas es el asombro: uno es espiritual cuando se asombra. Por el asombro comenzó la filosofía. “Vete por el mundo y maravíllate”, escribió nuestro R. Lulio. La segunda experiencia alude al sentirse seguro pase lo que pase. La formula en tiempos de penumbra, en vísperas de partir para un campo de batalla del que no sabe si retornará. Y la tercera experiencia lleva el nombre de sentimiento de culpa. Es inútil exculparse siempre. Algo dentro de nosotros nos dice “ese hombre eres tú”.

Como complemento de la pregunta anterior, ¿nos podrías mencionar algunas de las principales corrientes de espiritualidad hoy y decirnos cuáles de ellas son más auténticas, más ricas y creativas, y cuáles serían más pobres o incluso problemáticas?

Hay una frase del filósofo judío francés Lévinas que siempre me ha impresionado. Escribe: “no hay nada en una gran espiritualidad que esté absolutamente ausente en otra gran espiritualidad”. Hay, pues, un aire de familia entre las grandes espiritualidades. El teólogo suizo Urs von Balthasar distingue tres clases de espiritualidad: la trascendental, que consiste en salir de sí mismo hacia el Absoluto; la activista, centrada en el compromiso con el mundo; y la pasiva, que sería la indiferencia frente al mundo. Tengamos en cuenta que, como afirma K. Rahner, la espiritualidad es una “ciencia no identificada, o no suficientemente identificada”. Caben, pues, muchas aproximaciones a ella.

Personalmente considero que las formas de espiritualidad van muy unidas a sus respectivas religiones. Max Weber hablaba de dos tipos ideales de religión: las proféticas y las místicas. Después de Weber hemos añadido otro tipo: el de las religiones sapienciales. Cuando se habla de la espiritualidad profética -evidentemente con variantes entre judaísmo, cristianismo e Islam, aunque también con mucho en común- se alude a espiritualidades activas, emprendedoras, transformadoras, que se vuelcan en el trabajo y en la acción. En ellas la figura central es el profeta. Cuentan también con una rica herencia dogmática, asertiva; tienen mucho que defender. De ahí que el diálogo con ellas se torne laborioso. Pero, por otra parte, son necesarios los asertos. Decía Lutero: “suprime los asertos y acabarás con el cristianismo”. Ninguna de las religiones proféticas es muda. En la medida en que han perfilado más su capital dogmático, asertivo, etc., y que lo han desarrollado más filosóficamente, como es el caso del cristianismo, es más difícil dialogar con ellas. O, al menos, es más difícil alcanzar acuerdos doctrinales (siempre serán más fáciles los acuerdos operativos). Nietzsche decía que su mayor objeción contra el cristianismo era que los cristianos están “agobiados de convicciones”. Por eso, prefería el budismo (que, además, no insiste en el concepto de pecado).

Siguiendo con nuestra clasificación, el siguiente tipo de religión es el de las religiones místicas, sobre todo el hinduismo y el budismo que son las que nos resultan más familiares. En ellas se cultiva la interioridad, la indiferencia (en el buen sentido) frente al mundo. No ignoro que hay quien acusa al budismo de la pobreza de la India. Justo porque le falta lo que tienen las religiones proféticas: el espíritu transformador, activo. De todas formas, no debemos olvidar que en Japón hay budismo y no hay pobreza. Con todo, es posible que la pasividad de las religiones místicas tenga algo que ver con la pobreza de sus gentes, no lo sé. Ciertamente lo que predomina en ellas es la contemplación, la meditación, la búsqueda de la paz, el sosiego, la tolerancia, la compasión (no son tan agresivas como han sido y siguen siendo las proféticas). Lo que más me impresiona de estas religiones es que tienen una gran confianza antropológica. Creen posible la victoria sobre nuestro agitado mundo interior. Creen que, si nos lo proponemos, podemos alcanzar el “nada te turbe” y convertirnos en señores de nosotros mismos. Hay una gran confianza antropológica en la capacidad del ser humano para conducir su propia interioridad.

En tercer lugar vendrían las religiones sapienciales, el confucianismo y el taoísmo. Hay quien no habla de religiones ni de espiritualidad, sino de sabiduría. Serían más bien filosofías, modos de afrontar la vida. En mi opinión, se puede hablar de una espiritualidad sapiencial. Lo propio de estas religiones o filosofías es el ordenar y organizar la vida de una forma sobria y prudente en todos sus aspectos; organizar la sociedad, la economía, la política, la familia, etc., de forma sabia. Y algo determinante en esta espiritualidad es el culto a los antepasados. Algo que se da también en las religiones tradicionales africanas. En ellas, cuando alguien muere, se le entierra en el propio patio de la casa o se le conduce al lugar donde nació para unirlo a la gran familia de los antepasados. Pues, mientras se recuerda el lugar y el nombre, el difunto no ha muerto del todo, es un muerto viviente. El confucianismo, que es la religión de los funcionarios chinos, es una religión urbana y muy volcada en la transformación de la civilización. En cambio, el taoísmo, que es la religión de los campesinos, desconfía mucho de la civilización y de sus logros, tiene mucho contacto con la naturaleza, desarrolla más la contemplación y la gratuidad. De modo que, más que hablar de otro tipo de corrientes dentro de la espiritualidad, considero que la espiritualidad viene dada por estos tres grandes bloques de religiones y por lo que cada uno de ellos significa.

Sin embargo, la espiritualidad no tendría por qué ser una dimensión, un cultivo reservado a las mujeres y los hombres religiosos…, ¿no te parece? Tú vienes de la teología, pero te mueves en el ancho mundo de las religiones y del pensamiento abierto y crítico. En ese ancho mundo habrás escuchado hablar, seguro, de “espiritualidad laica”. ¿Es una ficción, o acaso, incluso, una ofensa para algunos, o bien una posibilidad, incluso una oportunidad humanizadora?

La espiritualidad no es algo exclusivo de las religiones, pero sí está muy ligada a ellas. En la visita de Benedicto XVI a Francia, Sarkozy le dijo: “prescindir de la religión es una locura, un ataque contra la cultura”. Y Fernando Savater preguntaba a este propósito: “¿quién le ha dicho a Sarkozy que solo se puede buscar la espiritualidad en la religión?”. Pero, en honor a la verdad, Sarkozy solo había dicho que en la búsqueda de la espiritualidad no se debería prescindir de las religiones, algo con lo que estoy fundamentalmente de acuerdo. Debemos tener en cuenta que las religiones lo han configurado casi todo. Habría tal vez que precisar que la espiritualidad va ligada a las religiones, aunque no tanto a las instituciones religiosas. Las religiones han sido el humus, el terreno de cultivo de las culturas en las que ha emergido la espiritualidad. Los grandes sistemas filosóficos de la India coinciden con el surgir de sus grandes religiones, el hinduismo y el budismo. Y aquí mismo, en España, nuestra espiritualidad va muy ligada al cristianismo. Ser enteramente no cristiano, sostenía Kolakowski, sería no pertenecer a esta cultura. Y es que las religiones son también cultura. Son muchos los sociólogos que reconocen su contribución a nuestra concepción del orden, de la normatividad, del sentido.

Pero también hay que poner el acento en la primera parte de la afirmación anterior: la espiritualidad no es algo exclusivo de las religiones. De hecho, todo lo que he dicho hasta ahora es, también, propio de una espiritualidad laica. En otros tiempos, no tan lejanos, en el cristianismo solo se hablaba de una espiritualidad, la monástica. Ni siquiera había una espiritualidad del clero. Pero, volviendo sobre vuestra pregunta: lo que yo entiendo por espiritualidad laica lo dejó reflejado maravillosamente Ignacio Ellacuría, basándose en la filosofía de Zubiri. Ellacuría habla de la espiritualidad de hacerse cargo misericordiosamente de la realidad, algo que constituye un imperativo de la espiritualidad laica. A continuación se refiere a la espiritualidad de cargar con la realidad mediante el compromiso personal. Y, en tercer lugar, habla de la espiritualidad de encargarse de la realidad, de su transformación, de su liberación. Poco tendría yo que añadir a este hermoso credo. Es verdad que Ellacuría añade a continuación que se trata de una espiritualidad que cree en la presencia del Espíritu Santo en la vida de las personas, de las comunidades y de las instituciones. Algo que, por lo demás, no tiene por qué estar ausente de una espiritualidad laica.

Casiano Floristán –me complace tener un recuerdo cariñoso para su memoria– hablaba también de la espiritualidad litúrgica, de la espiritualidad carismática y de la espiritualidad liberadora. Citando a Gustavo Gutiérrez lo resumía todo en dos palabras: “contemplar y practicar o silencio y acción”. Es el silencio al que apelaba Wittgenstein cuando evocaba “lo inexpresable, lo inefable”. Inexpresable, según él, es el mundo, no cómo sea el mundo sino “que el mundo sea”, es decir, el hecho de que el mundo exista, de que exista algo y no nada. Esta ha sido la gran pregunta no solo para Wittgenstein, sino para toda la historia de la filosofía. Inexpresable es también la ética, inexpresable es el sentido del mundo que, según Wittgenstein, está fuera del mundo; e inexpresable es Dios, la supervivencia, la vida…Todo esto forma parte, creo, de experiencias de espiritualidad laica.

A veces, simplificando, se ha entendido por espiritualidad “rezar mucho”. Sin duda, la oración es parte esencial de la vida espiritual, incluso la oración de petición. Mediante ella no se pretende informar a Dios de lo que él ya sabe (la necesidad concreta por la que se atraviesa); el destinatario final de la oración de petición es la persona que ora y suplica. Por medio de la oración se sentirá mejor, se habrá abierto a un Tú bondadoso y personal que le proporcionará paz y sosiego. La oración no es solo, como quería Wittgenstein, “pensar en el sentido del mundo”. Es, también, lenguaje entrecortado, llanto, protesta y, tal vez, aceptación final y serena.

Existe también la espiritualidad de las grandes preguntas. Alguien ha dicho que es un privilegio de la filosofía y de la teología plantear preguntas que carecen de respuesta empírica. Y es que el ámbito de lo significativo es mucho más amplio que el de lo científico. Podría incluso darse el caso (se da) de que, aunque se hubiesen solucionado todos los problemas científico-técnicos, los humanos se siguiesen preguntando por el sentido último de la realidad y de la vida.

Y ahora, después de perfilar qué queremos decir cuando hablamos de espiritualidad y volviendo al inicio, ¿crees que la política está necesitada, hoy sobre todo, de un impulso de espiritualidad, si quieres, como lo expresaba el teólogo político Metz, de mística, una mística, evidentemente, “de ojos abiertos”, como decía él?

Me impresionó mucho que Habermas, al recibir el premio de los libreros alemanes, no tuviese reparos en aludir a la resurrección de los muertos. Ante él se encontraba el gobierno alemán en pleno, con el canciller Schroeder a la cabeza. Y nadie se extrañó (ni protestó). Y es que, cuando la espiritualidad se expone con profundidad, puede tener cabida en la política. Porque, como sostenía el filósofo crítico Max Horkheimer, una política (y una ética) que no conserve en sí un momento de teología se reduce a mero negocio. Quizás de esta separación sea más culpable la religión que la política. Porque no ha sabido llegar a la política de una forma convincente, de una forma inteligible.

En realidad, si uno repasa un poco la historia, pronto cae en la cuenta de que ni Tomás de Aquino, ni Maquiavelo, ni Leibniz, ni Hegel fueron meros catedráticos de gabinete que pasaron de puntillas sobre la configuración social, política, cultural, económica de su tiempo. Fueron auténticos ideólogos e iluminadores de lo que ocurría. Había una fusión entre política y filosofía, entre política y teología. Por ejemplo, no se comprendería hoy la Revolución Francesa sin Voltaire y Rousseau. Por eso, lo primero que hizo la Revolución fue desenterrar sus cadáveres y pasearlos solemnemente por las calles de un París engalanado; el pueblo francés reconocía que estas personas habían estado en la base de la transformación política, económica, social, y también religiosa que había originado la Revolución.

Creo que hay que ir hacia una política culta, que tenga en cuenta todas estas grandes preguntas. Una política exclusivamente economicista es un fenómeno reciente, un regalo envenenado de Bruselas. La historia es testigo de la fecundación mutua entre religión y política. Habría que volver a este tipo de fecundación. Hay un texto evangélico que nadie debería despreciar. Es una página memorable del evangelio de Mateo. Me refiero al capítulo 25 de su evangelio, un capítulo que forma parte de la Biblia del increyente y de la política, de las dos cosas. El texto nos es familiar: en el juicio final se nos preguntará si dimos de comer al hambriento, de beber al sediento, si acogimos al forastero, si visitamos a quienes están en la cárcel… Si de la Biblia solo pudiésemos salvar una página, sería necesariamente ésta. Jesús no habla ahí del judío, sino del ser humano en general. En tiempos de Jesús había 200 millones de personas sobre la tierra. Y, de esos 200 millones, Jesús se dirigió fundamentalmente a su pueblo, pero esa página está dirigida a todos y, en parte, ha configurado hasta hoy los sistemas axiológicos de Occidente.

La espiritualidad, por tanto, no tiene por qué “distraer” del compromiso por la tierra, por los seres humanos y la historia –en contra de las malas experiencias que llevaron a la crítica radical ilustrada, marxista y tantas otras…

En efecto, yo creo más bien que hay una espiritualidad de la inmediatez. Lo decía Camus: “lo urgente es curar”. Esos cinco millones largos de parados que tenemos en España están reclamando una espiritualidad y una política de la inmediatez. Pero además de esa, como en la Escuela de Frankfurt, existe otra espiritualidad y otra política que se sobrecarga con otro tipo de preguntas sobre el sentido de la vida, sobre el mal y el bien, sobre la felicidad, sobre la justicia final, etc. Creo que la política tendría que estar haciendo las dos cosas a la vez. Desde luego, lo urgente es la inmediatez, pero, al mismo tiempo, no se pueden olvidar, como pone de manifiesto el debate entre Walter Benjamin y Max Horkheimer, las preguntas sobre el futuro de las víctimas, sobre la memoria y el sentido de la historia.

Y, en un plano más concreto, estoy pensando en políticos cristianos, como Aldo Moro, un hombre de mediación, de reconciliación, el hombre que ponía paz, que sabía negociar. Algo de esto puede ofrecer la religión a la política: la cercanía, la bondad, la fiabilidad. Recuerda H. Küng que la Europa actual hubiera sido casi impensable sin el abrazo entre Adenauer y De Gaulle. Abrazo que quedó sellado religiosamente en la catedral de Reims. Ahí se escenificó el perdón entre Alemania y Francia. Sin ese perdón, probablemente no existiría hoy la Unión Europea. Esto quiere decir que el planteamiento de los grandes políticos no tiene que ser meramente burocrático y tecnológico, al estilo de la política de Bruselas, sino ético- religioso. Y aquí las religiones tienen mucho que decir.

Cabe recordar también cómo el entonces obispo de Berlín, Julius Döpfner, en los años cincuenta del siglo pasado, hizo una llamada a la reconciliación entre Alemania y los Estados del Pacto de Varsovia. No tuvo éxito, pero, después, en 1965, la Iglesia Evangélica Alemana publicó un conocido Memorándum, bien fundamentado teológica y políticamente, que puso las bases de la reconciliación entre alemanes, rusos, polacos y checos. Posteriormente se llegaría a los Pactos del Este, pero en toda aquella historia estuvo muy presente la religión. Y todos esos pactos se sellaron definitivamente cuando un gran canciller, que no era creyente pero a lo mejor era religioso, Willy Brandt, cayó de rodillas en Varsovia ante el monumento a las víctimas del nazismo. Un canciller alemán arrodillado era demasiado para muchos alemanes y Alemania se dividió entre partidarios y detractores de aquel gesto histórico. Pero, poco después, le dieron el premio nobel de la paz. ¡Qué pocos nobel de la paz se habrán dado con tanta justicia como aquel!

En definitiva, difícilmente concibo la espiritualidad al margen de las religiones, porque veo que estas lo han moldeado todo, incluida la política. Lo que no quiere decir que se trate de restaurar ahora la Democracia Cristiana o partidos parecidos. Hablo de una política profunda, con sentido, en línea con eso que hemos citado antes: “tuve hambre y me disteis de comer…” Lo que me recuerda inmediatamente aquella frase del ya citado filósofo marxista E. Bloch: “el estómago es la primera lámpara que reclama su aceite”. A pesar de múltiples esfuerzos, la realidad sigue siendo cruel. Un informe de Cristianisme i justicia indica que la escolarización primaria de todos los niños podría hacerse realidad dentro de 33 años; que la nutrición de los niños menores de cinco años podría ser posible dentro de 59 años; que la mortalidad de los niños menores de un año podría desaparecer dentro de 23 años; y, pasados 20 años, es posible que haya agua potable para todos… Estamos lejos del cumplimiento de Mateo 25.

Para concluir, quisiera aludir al libro de L. R. Dodds, Paganos y cristianos en una época de angustia. El autor informa de que los beneficios que acarreaba el ser cristiano no quedaban confinados al otro mundo; no es que la gente se hiciera cristiana para salvar su alma en el otro mundo, sino porque la Iglesia cristiana ofrecía una especie de seguridad social: cuidaba huérfanos y viudas, atendía a los ancianos, a los incapacitados, tenía un fondo común para funerales de los pobres y un servicio para las épocas de epidemia. Y Dodds acaba diciendo que tampoco eso era lo esencial que ofrecía el cristianismo, sino que su principal ayuda consistía en mitigar la soledad. Y cita a Epicteto, que habla del horrible desamparo que puede experimentar el ser humano en medio de sus semejantes. El cristianismo venía a llenar los tres ámbitos: el del alivio de la existencia presente, el del más allá, y el del desamparo y la soledad. ¡Una espiritualidad a la medida de aquellos tiempos!

Hoy, a cincuenta años del 11 del octubre de 1962, estamos recordando la apertura del Vaticano II. ¿Qué te dice la figura del Juan XXIII respecto a la espiritualidad y política de Occidente?

Fue un hito en la historia de la espiritualidad y de la política mundial. Cuando en 1963 se publicó la encíclica Pacem in terris, un canto a la libertad, al amor, a la justicia, fue un acontecimiento saludado y favorablemente acogido en todos los ámbitos políticos. Se convirtió en un vademécum para innumerables personas. Aparte de sus encíclicas, me impresionó mucho la sensibilidad de Juan XXIII frente al sufrimiento. En una ocasión le proyectaron una película sobre el holocausto. Y, al terminar la película y ver aquellos cuerpos destrozados, dijo: “hoc est corpus Christi”, y se retiró a sus habitaciones a rezar. Se comprende así que el gran rabino de Roma, rodeado de muchos otros judíos, se pasara la última noche de Juan XXIII, la que precedió a su muerte, debajo de la ventana del pontífice rezando por él. Sa – bían que era de los suyos. La gente lloraba por las calles de Roma la muerte del papa bueno. Su espiritualidad, sencilla, evangélica, solidaria, nos marcó a todos. La convocatoria del concilio Vaticano II supuso un hito memorable. José Luis López Aranguren afirmó que aquel concilio había sido el acontecimiento más importante del siglo XX. Es una lástima que cincuenta años después aquellas esperanzas se hayan visto radicalmente frustradas. Roma es al cristianismo lo que Bruselas es a la economía: una instancia fría, inmisericorde, desfasada, legalista, y ajena a las verdaderas y candentes necesidades de las personas.

Como última pregunta, nos gustaría una reflexión sobre la vinculación espiritual y política del ser humano con la tierra, la casa común. Algo sobre la relación cosmológica y planetaria del ser humano…

Es verdad que se está volviendo a una espiritualidad sencilla, casi poética y mística de la tierra. El esfuerzo de L. Boff y otros muchos movimientos ecologistas ha sido pionero. No olvidemos que, para los primeros filósofos, junto con el fuego, el agua y el aire, la tierra era uno de los elementos fundamentales. A ella volveremos al término de nuestra travesía por la historia. Estamos, pues, retornando a aquello que los primeros filósofos consideraban fundamental. Creo que esta vuelta es necesaria. Rahner reconocía que algunos símbolos de la creación ya no tienen la fuerza de antaño, pero no podemos sustituirlos arbitrariamente. El agua, el vino, el pan, el aceite tienen larga vida asegurada. No hay recambio simbólico para ellos. Rahner distinguía entre símbolo primario y símbolos secundarios. Símbolo primario es el propio ser humano, caído, indigente, roto, y sometido a las situaciones dramáticas que tan acertadamente describió Karl Jasper. Pero el símbolo secundario (el pan, el agua, el vino, el aceite, la tierra), que no quiere decir que sea menos importante, es el que viene a iluminar esas situaciones duras, amargas. Valoro mucho esta vuelta a la tierra y a los elementos y alimentos que ella produce, aunque lo ignoro casi todo sobre el tema. Tenéis que preguntar a L. Boff y a los movimientos que con entrega y desinterés han comprendido la urgencia e importancia del tema.

IÑAKI GABILONDO

Evaristo Villar y Juanjo Sánchez

Éxodo 114 (may.-jun.) 2012
– Autor: Evaristo Villar y Juanjo Sánchez –
 
Iñaki Gabilondo, una de las voces más creativas, incisivas y laureadas del periodismo español, se asoma por segunda vez a las páginas de nuestra revista (cfr. Éxodo 85, 2006), para ayudarnos a entender el complejo y enmarañado paisaje social, político y económico que estamos atravesando en España y en la Unión Europea.

Adelantando bastante de lo que surgirá en las preguntas que siguen, ¿cómo definirías tú –en un breve retazo- la sociedad en que vivimos actualmente: cuáles serían, a tu juicio, las señas de identidad que imperan en ella?

El haber pasado durante tanto tiempo adorando al becerro de oro se hace notar más ahora que está cayendo el ídolo. Por lo que se refiere a las cosas, estamos viviendo en el imperio de lo financiero, donde todo son elementos contables y donde no pueden ser satisfechos los anhelos de nadie. Importan mucho más las cuentas de los Estados que las de sus habitantes. Es todo un disparate: tomar una parte de la vida, como es la economía, para convertirla en un valor y someterlo todo a ese valor, ha provocado durante unos cuantos años la falsa alegría de estar viviendo en la parte alta de la ola y, de pronto, aparece una sensación de vacío colosal.

Esto está causando una gran avería en la democracia, que está viéndose malherida, maltrecha, perdida y derrotada. Con los partidos políticos igualmente desconcertados y sin saber por dónde andan. Alguien ha dicho que cuando se acabaron las certezas (el comunismo, la religión) se han tenido que ir inventando otros valores cívicos y éticos sustitutorios que aún no se han acabado de construir. Por eso la sociedad está desamparada. Y las articulaciones como la democracia, que venían a sostener al hombre dentro de un esquema de valores o comportamientos en estos momentos, se han venido abajo. Porque la presencia del dinero es como el ácido sulfúrico, que todo lo funde. Llega hasta fundir la propia estructura de la democracia que está muy necesitada de una revisión, sin que parezca que sean conscientes los partidos políticos que son los únicos que parece que no están entendiendo los signos que le está enviando la sociedad. En realidad lo saben, pero nada hacen sabiéndolo. Iñaki Gabilondo Por: Evaristo Villar / Juanjo Sánchez La sociedad está ahora asustada, errática, descreída, entregada a un fatalismo lamentable. Pero en el hombre late un aliento que de ninguna manera puede satisfacer este modelo.

¿Por qué lo que estamos presenciando y sufriendo con asombro e indignación: corrupción, mentira, tijeretazos al estado político, social, laboral, educativo, sanitario, ecológico, etc., no produce una respuesta significativa en las mayorías populares? ¿En qué estamos fallando?

Pasan dos cosas. Primera, que todavía no esté habiendo la reacción necesaria no quiere decir que no haya reacción. Los tiempos de las sociedades no suelen ser los tiempos de nuestras impaciencias. Esta crisis más pronto o más tarde va presentar una novedad. Y, en segundo lugar, no es lo mismo una crisis derivada de otras cosas, que una derivada de un fracaso financiero. Después de una guerra, cuando todo queda destruido, la gente se pone a reconstruir con una determinada vitalidad. Pero el tiempo de la prosperidad ha abotargado a la sociedad. Cuando el dinero es el único valor abotarga a la sociedad, la insensibiliza, la infantiliza. Y es lo que ha sucedido. Este tipo de prosperidad ha infantilizado y entontecido mucho a la sociedad.

España ha sido un país siempre austero. Ha habido ricos, pero eran catorce y el de la moto. Nadie sabía antes nada de la bolsa, ahora hay millones de personas que tienen acciones en bolsa. De pronto, la gente soñó que se habían acabado las dificultades, que no iba a tener nunca problemas, que ya tenía el futuro asegurado. Como si la sociedad se hubiera desclasado. Los hijos de la gente modesta comenzaron a vivir como si fueran los marajás de no sé dónde, la gente consideró normal irse de vacaciones por todo el mundo. El dinero estaba haciendo su gran negocio a base de inyectar en la sociedad ese virus del sueño imposible. Sostenido en el imposible de vender un millón de pisos todos los años. Esto ablandó a la gente y la metió en un sitio donde no estaba su tradición de austeridad. Y al llegar el shock, la gente se ha quedado asustada, anonadada. Y esto ¿qué es? Ha sido la primera generación que se ha creído rica. Y cuando ha llegado el shock se ha encontrado que había perdido la capacidad de austeridad. Se ha encontrado con que se ha acabado el sueño y está psicológicamente destrozada. Este es el estrago que es capaz de producir un orden de valores que consiste en reducirlos todos a uno, el dinero. Y no hay reacción porque la gente está asustada.

Pero esto no quita para que esté habiendo ya un movimiento soterrado y que yo percibo en la gente joven. He estado hablando en casi todos los rincones de España y he percibido que, así como los padres se dejaron embaucar por aquella promesa de futuro halagüeño, los hijos ya han olfateado por dónde vienen las cosas. Esa promesa ya no me la creo. El motor de mi vida no puede ser conseguir un coche más lujoso o un piso más grande. Eso es mentira. El 15M manifiesta, en cierto sentido, ese mismo sentimiento. La gente ha aprendido la lección. No son los políticos los que mandan sino otros que tienen sus propios negocios. En resumidas cuentas, desde el estado catatónico en que nos ha dejado el shock, cada día veo más claro que estamos cerrando un capítulo de nuestra historia, que leerán nuestros nietos, y está naciendo soterradamente otro nuevo.

Yendo más al fondo de la actual crisis sistémica, algunos analistas apuntan a unas causas ético-político-culturales muy preocupantes. Escribía, por ejemplo, Tony Judt: “El estilo materialista y egoísta de la vida contemporánea, así como la retórica que la acompaña (la obsesión por la creación de riqueza, el culto a la privatización y el sector privado, admiración acrítica hacia los mercados no regulados, el desprecio por el sector público, la ilusión del crecimiento infinito) nos resulta natural”. ¿Estarías de acuerdo con él? ¿Añadirías la quiebra de algunos otros valores?

Toda esa retórica ha estado circulando como grandes verdades, pero ahora ha empezado a quebrarse. Incluso aquella vieja teoría del crecimiento indefinido es físicamente imposible, aparte de que es absurda. No puede haber un crecimiento infinito en un mundo finito. Con el planteamiento de la ideología imperante, estamos en un tren que camina hacia el precipicio. La crisis ha hecho que ese tren, que camina hacia el precipicio, haya descarrilado. Y ahora están todos intentando ponerlo de nuevo en la vía para continuar su viaje hacia el precipicio. Lo que no sé es cómo es ese precipicio. Pero lo que más preocupa después de Lehman Brothers es que no se hayan rectificado las cosas. El problema es que se han ido bajando personas del tren porque todos esos elementos que señaláis se están evidenciando falsos. Empieza a haber contestación a los principios que sostenían el tinglado. Lo que ocurre es que no se está pudiendo hacer mucho más que ver cómo naufraga tu cabeza. Porque, insisto, la gente está asustada. Y como nuestro problema es siempre vivir con perspectiva, porque solemos vivir en el hoy sin más, intuyo que se acerca un cambio. Porque aunque lo estructurado aspira a reconstruir exactamente lo que tenía, parar el tren en la misma vía y seguir el mismo camino, la gente ya se va a acercar a esas posturas con más precauciones, sobre todo los jóvenes. En definitiva, creo que se están produciendo movimientos más importantes de los que aparecen. A lo mejor es mi ilusión, pero…

¿Y ese fanatismo por la privatización? Escucha estas expresiones: “Ya no hay empresas públicas que manejar porque las hemos devuelto a la sociedad. Ya no hay monopolios que proteger, porque los hemos abierto a la competencia. Ya no hay muchas de las reglamentaciones que hace unos años hacían de los gobernantes verdaderos señores de los sectores económicos” (Aznar 2001). Y según Esperanza Aguirre se va a privatizar el Canal de Isabel II “para devolverlo a los ciudadanos”…

Todo esto no tiene nada de malo. Responde a una ideología. El problema está cuando se presenta como una verdad técnicamente irrefutable. La interpretación de esa dialéctica entre lo público y lo privado es una respetable opinión, pero no es una verdad técnica y científica, como se ha estado diciendo (e imponiendo) en los últimos años. Han estado diciendo: “nosotros tenemos una teoría de la vida y de la existencia, que es el neoliberalismo, que es lo objetivamente verdadero. Lo demás está equivocado”. Esto es una mirada ideológica. Las soluciones que están dando a los problemas se presentan como técnicas, pero son ideológicas.

Por ejemplo, se dice que necesitamos reformar la Constitución y un 10 de agosto se reúnen el PP y el PSOE y cambian la Constitución porque Alemania se lo había mandado, y convertimos el déficit en algo inconstitucional, en un perfecto sacramento. Ya había una ley de control del déficit que debería haberse estado cumpliendo. Pero convertir eso en algo sagrado, quitándole al déficit el valor de herramienta que tiene la política para hacer un buen uso de él, es una respuesta ideológica. Una prueba de que se coloca a las cuentas por encima de las personas. Los que así actúan deben admitir que esa no es “la” solución, es “una” solución.

Pongamos otro ejemplo: la ley de dependencia. Dice Rajoy: es que no tengo dinero para atender a la dependencia. Esto es, igualmente, una premisa ideológica. Imagínese que parte usted de la premisa de que la Ley de Dependencia es lo más importante que hay que salvar en España. Entonces no habría dinero para otra cosa, pero sí para la Dependencia. Todo esto está en función de los valores que usted se marque. No es que no haya dinero; el problema es en qué lo invierte usted.

Por tanto, no es que eso sea irrefutable, es simplemente una idea. La reforma de la Constitución, y de la manera como se hizo, fue un día trágico para la democracia en España. Lo que está ocurriendo es el resultado de una teoría política, de una ideología de la acción.

Para Marx, la economía, siendo importante, es solo una parte del sistema capitalista, que, en el fondo, apunta a una cosmovisión basada en una antropología y una filosofía bien precisas. ¿Qué tipo de ser humano se está revelando en esta cosmovisión neoliberal? ¿Piensas que la grave crisis que sufrimos puede ser el revulsivo para que se abra paso una “revolución antropológica y espiritual” contra el imperio de la cultura neoliberal?

El capitalismo es una cosmovisión, es verdad. Pero lo que estamos viviendo nosotros no es la cosmovisión del capitalismos sino su evolución hasta la hipertrofia. En un mundo más contrapesado podría ser otra cosa, pero cuando se desboca, el capitalismo produce una auténtica destrucción de las células sociales. Sin control es un caballo desbocado que acaba en el desastre. Hace personas vacías y débiles.

Yo no tengo actualmente ninguna fe en ideologías muy completas y cerradas. Vivimos en tiempos de confusión. Pero lo cierto es que ahora mismo el capitalismo no tiene contrapeso: desregulado, en su propia lógica más disparatada, está creando verdaderos monstruos. Hasta la década de los ochenta estuvo más o menos sujetado por la otra corriente más social, pero una vez que se ha visto único se ha puesto a cabalgar llevado de su propia lógica, que es cargárselo todo. Y no se trata de la voracidad de los hombres que han cometido errores, sino de algo que le es propio, natural. Es el caso del empleado de banca de origen francés que, buscando la máxima rentabilidad, cayó en la estafa. Estaba siguiendo la lógica del sistema, pero de forma debocada. Ni la socialdemocracia, ni la tercera vía pudieron resistir a esta lógica debocada. Y esto está produciendo tal cantidad de destrozos que no se detienen ni ante la destrucción del planeta.

No quiero ser fatalista, pero no veo cómo puede esto no acabar mal. La suerte es que ya va asomando un pensamiento alternativo. Y esto sin tener que estar asignados ni siquiera a la izquierda. La sociedad misma en su conjunto ya empieza a tener miedo. Y esto, tarde o temprano, va a obligar a los políticos a cambiar.

Vayamos a la “reconstrucción”. ¿No crees que la propia crisis puede haber cuestionado esa imagen neoliberal del homo oeconomicus y sus valores hasta tal punto que puede abrirse paso la esperanza de una imagen nueva?

Por ahí voy yo. Creo que en el hombre late un aliento que de ninguna manera puede satisfacer este modelo. No sé por dónde saldrá, pero seguro que se articulará una mirada, no sé si articulada políticamente o no, pero distinta. Para empezar hay que caer en la cuenta de que este sistema genera un “escombro social” que, de alguna manera, fabricará su propio “modus mirandi”. Por ejemplo, el “precariado”, una nueva clase social. Es la clase que llamará trabajo a los “minijobs”. Esto será el trabajo. Y luego, las virutas del minijobs, los residuos. Es decir, una sociedad que, harta de esperar, acabará aceptando un estilo de vida trabajando cuatro días allí, ya ni siquiera buscando aquello que me gustaba y que tenía que ver con mi vocación. Ahora, lo que salga, acomodando su talla a un “modus tirandi”.

Como creo que el capitalismo no puede traicionarse a sí mismo y que, por mucho que los quiera sujetar, los caballos van a seguir tirando al monte, aflojará solo un poco si teme un reventón social. Pero no va a poder evitar la fabricación de un nuevo precariato. Y esto es la fabricación de un nuevo hombre. Tampoco podemos saber qué va a pasar con una sociedad que está pegando un salto de nivel hacia atrás: la clase media alta en clase baja y ésta está ya a ras de tierra. Este desclasamiento de la clase media es muy determinante. Antes se decía: “el cinturón rojo de Madrid vota masivamente al PSOE”. Pero esto era antes, cuando se había llegado desde el pueblo con la cesta de chorizos y merced a la gestión de la izquierda se había conseguido casa, coche y otras comodidades. Sin darse cuenta los partidos políticos, esta gente ha pasado a otro estatus social. Y los parientes de los que habían llegado de la aldea, desde su nuevo estatus, ya quieren votar al PP. Esa clase media que la izquierda consideraba suya, se ha pegado una gran zarpada. Y ahora se pregunta, ¿dónde estamos? Y el gran éxito del discurso de la derecha ha consistido en convencer a esta gente en crisis que todo esto era consecuencia de la mala política de Zapatero. Estábamos bien y llegó Zapatero. Basta que desaparezca para volver a la bondad anterior. Pero resulta que ahora está cayendo en la cuenta de que el mal no era todo atribuible a Zapatero. Ahora que han llegado los salvadores, se cae la venda de los ojos y la gente se da cuenta de que aquello que consideraba un paréntesis, se perpetúa. Por eso la pregunta ¿pero cuándo va a pasar la crisis? Es una pregunta mal formulada. Cuando entras en un túnel nunca sales por el mismo sitio por donde entraste, sino por otro distinto. Se supone que antes de la crisis se vivía en la normalidad, que la crisis es un paréntesis y que, al final, volveremos otra vez a la normalidad. Pero como eso no va a ocurrir, poco a poco iremos entendiendo que no hay un regreso, sino la llegada de otra cosa. ¿Cuál?

El curita vizcaíno que montó la cooperativa de Mondragón decía: “miren, en esto de la economía solo hay dos cosas: o manda el dinero que busca hombres para ganar más dinero, o manda el hombre que busca dinero para hacer cosas que ayuden a vivir mejor a los hombres”. A él, haciendo la segunda alternativa, le salió muy bien. Pero no es eso lo que está ocurriendo hoy. Aquí manda el dinero, no el hombre. Y ante más del 50% de los jóvenes en paro, no se puede construir un futuro así. Es estar sentado sobre un polvorín. En las universidades donde he estado he visto que la gente tiene ya una mirada más crítica sobre este modelo.

Volvamos a la reconstrucción. ¿Cómo transmitir una educación en valores? Crisis de valores, educación en valores… De eso se trata. El problema es que este discurso está ideológicamente cargado. Hay mucha gente que habla de esto y defiende una sociedad cerrada y dirigida por la religión dominante…

Claro, el problema está en definir qué son los valores. Lo primero que deberíamos pensar es tratar de no entregar a un pensamiento específico el monopolio, la gestión y la utilización de todos los elementos que esta sociedad necesita reforzar. Porque la nación, la patria, la decencia, el trabajo bien hecho, la solidaridad, el respeto a los demás… no son más de ellos que míos. Iba un día con mi hermano a una recepción y una ministra del PP dice: “anda, mira los amiguitos; ahora resulta que vosotros vais a creer en la familia”. Y le respondí: “mira, el día que tu familia se parezca en tan solo la décima parte a mi familia… ese día tendrás derecho a hacerme la pregunta que acabas de hacerme. En materia de familia, no voy a permitir que pretendas darme lecciones”…

Y desde los medios de comunicación, ¿qué valores se están transmitiendo?

Creo que es una batalla perdida. Porque los valores que ahora se pregonan son los dominantes. Hay mucha gente que cree que no puede haber una mirada laica llena de valores… ¡Se reirán los franceses que tienen una sociedad laica desde 1905! Pero la derecha se queja de que la izquierda se proclame propietaria de valores como la solidaridad. Parece un mercadeo. España está marcada por la religión mientras que Francia ya lleva más de un siglo con una sociedad laica. En un momento en que se están imponiendo los valores dominantes de la ultracompetitividad, el desarrollo indefinido, el éxito a cualquier precio, ¿cómo neutralizar el discurso que los sostiene y defiende? Es muy difícil enfrentar ese mundo, pero hay que hacerlo.

Hace unos días se quejaba en el diario El País Soledad Gallego de la desaparición de los intelectuales. En este tipo de debate, una intelectualidad activa está llamada a iluminar un poco a la sociedad. Estamos ante una discusión política y social de gran envergadura. Es un punto determinante. Y no se está oyendo un pensamiento nuevo, alternativo, como si el pensamiento dominante se hubiera adueñado ya de las conciencias y de las cosas.

¿Podría estar ocurriendo que es muy frágil la relación entre cultura y valores? Pasar directamente a los valores sin un suelo cultural puede ser un tránsito frágil… No le podemos pedir a alguien que entienda el valor de la solidaridad…

El asidero de la religión es justamente el que ha ido marcando nuestros comportamientos. Si eso se quita y no se monta una propuesta ética equivalente, se provoca una gran descolocación de la gente. Y eso lo aprovechan los que vienen como poseyendo el verdadero valor. En Francia, desde 1905 los comportamientos republicanos los tienen incorporados al código genético. Pero en este país, como el proceso de educación religiosa no ha sido precisamente brillante, nos encontramos con una sociedad menos preparada. Y como la gente joven se ha incorporado a la sociedad en ese momento en que ha predominado el boom de la prosperidad, se complica más aún todo. Pero, vuelvo a decir, lo que nos va a hacer repensar las cosas es el espectáculo del “los escombros” que genera este modelo. Pues desde ese mismo proceso de prosperidad se deriva un escombro social insoportable. O el sistema cae en la cuenta de que va en picado y pone controles a su misma lógica, fabricando un nuevo pacto social, o nos vamos al precipicio. En una sociedad en la que solo importa la deuda, no las personas, que genera una deuda superior a los recursos del mundo para pagarla, es una locura. O se toma conciencia de esto y el mismo dinero empieza a tener una mayor cintura para acomodarse a una situación más serena, dando algo de oxígeno al personal, o nos vamos a pique.

Hace unos días organizamos en Sevilla un foro sobre el hambre en el mundo al que asistieron muchos expertos de todo el mundo. Y les dije: puede ser que alguien esté pensando: “con cinco millones de parados, ¿qué hacemos aquí hablando del hambre en el mundo?”… Les quiero decir que no tienen ustedes que cambiar de cerebro. Con el mismo cerebro con el que ustedes analizan lo que pasa aquí, esa misma lógica acaba derivando en el hambre del mundo: lo que aquí es paro, allí es hambruna.

El problema está en si desde la democracia, que es el único poder que podría atenuar esa tendencia desbocada del dinero, seremos capaces de doblar el brazo al imperio financiero. Seguro es que esto no se va a producir sin una transformación profunda de los propios principios.

Hablas de la posibilidad de que la democracia pueda torcer el brazo al imperio financiero. Pero las mediaciones, los partidos políticos, sindicatos, etc., están en un enorme descrédito. Las grandes tradiciones utópicas que han movilizado a la sociedad como la tradición de los derechos humanos, del ecologismo…

Yo no entierro todavía a los partidos políticos. Espero que reflexionen y salgan pronto de ese estado de aislamiento y conecten pronto con la sociedad. Mientras tanto, están los movimientos y organizaciones sociales para mantener viva la llama. Se parte de que existe una conciencia general de que esto va por mal camino. Por algún sitio tiene que abrir. Mi esperanza es que el creciente deseo de estas nuevas manifestaciones públicas como los indignados, Greenpeace, etc., pueda ir convergiendo con el despertar de los partidos políticos y un capitalismo más lúcido que trate de atenuar sus insaciables voracidades. Ir caminando hacia un nuevo pacto social. Mientras esto llega, la política es importante. Si estás convencido de que los poderes financieros se han impuesto a la democracia, estás ya obligado moralmente a militar en defensa de la democracia…

Para terminar, ¿ves en esto que se está moviendo alguna aportación interesante de la religión, concretamente de un cristianismo crítico, profético?

No sabría decir. Yo sé que detrás de las grandes transformaciones ha habido siempre una idea, un motor. Y las fes motrices no se detectaban, aparecían de pronto, surgían. Hay demasiados territorios que permanecen escondidos en el misterio y la capacidad del ser humano para moverse en esas aguas es muy grande. Yo no descartaría tampoco nada. Yo creo que las transformaciones que vayan a llegar vendrán acompañadas de un viento más espiritual. Es decir, que el péndulo nos conducirá desde esa corriente ultramaterialista dominante a una organización de las cosas de forma más espiritual. Esa parte rara del ser humano que ahora parece estar anulada por el solo afán de consumir y consumir posiblemente reaparezca en ese movimiento pendular que ponga de manifiesto lo que hay en mí de algo más que una máquina de consumir.

Yo no sé cómo se llegará a concretar esto pero un cierto idealismo necesitamos que nos ayude a salir de este pragmatismo que nos está aplastando. No podemos vivir sin ideales. La historia nos demuestra que esto nunca se acaba, ni cuando parecemos más cortos de ideales. Esos movimientos de conciencia global, que no cuentan en términos materiales, están aún ahí, como un rescoldo… La misma globalización que se ha cosificado en algo meramente financiero, creo que no tardará mucho en hacernos comprender como parte de la tribu universal de una manera nueva. Y esta nueva relación va a provocar situaciones que hoy nos resultan difícil imaginar. Lo que hoy tenemos es como una pista de hielo: está inestable, se mueve, camina hacia otra parte, no sabemos dónde, pero se va. Y cuando me pongo optimista sueño ya en un nuevo pacto social. Porque el mundo corre, vuela. Y la posibilidad de un nuevo encuentro humano me parece más fácil de pronosticar que lo contrario.

CARLOS FERNÁDEZ LIRIA

Evaristo Villar y Juanjo Sánchez

Éxodo 113 (marz.-abr.) 2012
– Autor: Evaristo Villar y Juanjo Sánchez –
 
Profesor titular de la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid, en el departamento de Metafísica y Teoría del Conocimiento. Su participación en los movimientos de oposición al llamado “proceso de Bolonia”, su libro Educación para la Ciudadanía y su participación en debates internacionales sobre la situación en Venezuela a partir del proceso bolivariano, lo han convertido en uno de los referentes de los movimientos sociales de izquierdas.

“La mejor definición de lo que está ocurriendo la hizo ese magnate de Wall Street, Warren Buffet, cuando dijo que indudablemente había lucha de clases, pero que era la suya la que iba ganando. Galbraith la definió como una revolución de los ricos contra los pobres”.

Cada día es mayor el malestar, el descontento y la indignación ciudadana frente a la praxis política: un mundo desarticulado (en la era de la globalización de las comunicaciones) y dominado por los intereses económicos de unos pocos. ¿Hacia dónde camina la política mundial actual?

No hay política en cualquier condición. Para que haya política, hacen falta algunos requisitos que remiten a eso que fue la polis griega, algo que tiene que ver con la ciudadanía: es preciso un espacio donde los ciudadanos pueden hablar de igual a igual, argumentando y contraargumentando para producir leyes. Esto es necesario para que haya política. Y esto es lo que brilla por su ausencia en el mundo actual. Las condiciones económicas en las que estamos instalados impiden por completo el protagonismo de la voz ciudadana. Nadie puede llamar política a eso que hacen los políticos profesionales actualmente, en España y fuera de España. Estar servilmente pendientes de la autorización y la presión de los mercados para saber lo que tienen que hacer, que el mensaje de los políticos sea siempre “vamos a hacer lo que hay que hacer”, “lo que no tenemos más remedio que hacer”, en vez de “vamos a hacer lo que es justo o conveniente hacer”… eso no es política. Eso es servilismo hacia una autoridad tiránica.

Pero esto, ¿lo ves como una fase de transición? ¿Llegará un momento en que esto va a cambiar o tenemos para rato?

Me disgusta decir que soy bastante pesimista. Mirando la marcha actual de mundo, encuentro que hay muchas más posibilidades de que esto termine en una catástrofe planetaria de que la humanidad logre recuperar las riendas políticas del mundo y hacer algo que se parezca a lo que llamamos el Estado de derecho. El problema está en que el capitalismo, o la estructura económica que gobierna este mundo, va muy rápido; actualmente corre a la velocidad de la luz, de bolsa en bolsa en “tiempo real”, comerciando con el futuro a través de los derivados financieros. Es decir, al capitalismo el presente siempre le sabe a poco. O se le paran los pies al capitalismo o esto no tiene remedio. Creo que el capitalismo acabará con la humanidad y con el planeta en poco tiempo. No sé cuánto: pueden ser doscientos años, cincuenta o veinticinco, no lo sé. Pero lo que sí sé es que un sistema que necesita crecer y crecer, acelerando la marcha todos los días, es incompatible con un planeta finito.

Hay que tener en cuenta que el capitalismo tiene unos pocos siglos de existencia, y eso ha bastado para que el mundo esté a punto de reventar. La humanidad lleva viviendo sobre este planeta medio millón de años. Del hombre de Neanderthal nos separan cincuenta mil años; pero trescientos años de capitalismo y el planeta no resiste. Si soy pesimista es porque la amenaza me parece muy grande. Y aunque veo la posibilidad política de pararle los pies al capitalismo, la veo cada vez más remota.

¿Y qué nos dices de la política de la Unión Europea? ¿Es cierto que la política neoliberal alemana está dominando la UE? Además de esta predominancia de Alemania, ¿en qué se está debilitando la UE para que cada día goce de menor aprecio entre nosotros?

La mejor definición de lo que está ocurriendo la hizo ese magnate de Wall Street, Warren Buffet, cuando dijo que sí, que indudablemente había lucha de clases, pero que era la suya la que iba ganando, y además, por goleada. Galbraith la definió como una revolución de los ricos contra los pobres. Esto está despertando mucha indignación, pero también el sentimiento de impotencia es muy grande. Los ricos han decidido emprender un proceso revolucionario, están dispuestos a destruir todas las instituciones democráticas que ha costado tanto tiempo edificar para proteger el trabajo, la salud, la maternidad, la educación, etc. Todo ello se está viniendo abajo con la revolución declarada por los grandes capitalistas financieros, dueños de capitales que ni siquiera se materializan en ningún proceso productivo. Hay un capital sobrante descomunal en manos de muy pocas personas. Es muy bueno ese lema que ha nacido en Wall Street “somos el 99% y vosotros sois el 1%”. Este 1% es el que ha emprendido esta revolución planetaria que va a transformar a un ritmo vertiginoso la faz del planeta. Se está desmantelando todo el tejido institucional del que Europa ha estado tan orgullosa durante las últimas décadas…

¿Qué puede quedar de Europa entonces…?

No soy economista, pero lo que leo en los economistas a los que más respeto es que Europa quizás siga siendo una potencia mundial, pero que eso es perfectamente compatible con un 80% de su población viviendo en la miseria. Lo que va a desaparecer es eso que se ha llamado la clase media europea, el Estado del bienestar. ¿Seguirá siendo una potencia mundial capaz de competir en el mundo de la globalización con otras potencias mundiales como EE.UU. o China? No lo sé. Pero eso será compatible con una población empobrecida. De hecho este es el modelo estadounidense: una potencia mundial donde hay unos cuarenta millones de pobres. Y el resto de la población tampoco es que haya disfrutado de las prestaciones que han tenido las poblaciones europeas. No hay más que ver el porcentaje de población en la cárcel que hay en EE.UU. Los datos que daba John Gray en su libro Falso amanecer eran escalofriantes. EEUU. es una gran potencia que se sustenta sobre guetos y cárceles. Y eso es perfectamente posible que nos ocurra también a los europeos.

En general, los ciudadanos y ciudadanas de nuestras modernas democracias desconfiamos de unas mediaciones que nos hemos dado para la implantación de la democracia: los gobiernos estatales obedecen a voces ajenas a los propios ciudadanos; los partidos políticos, minados por la corrupción y el clientelismo; el estamento judicial ideologizado y venal; el parlamento, generalmente enmudecido. Crece la convicción de que la política oficial definitivamente no sirve para resolver los problemas reales de la gente. ¿Qué lugar se le reserva al ciudadano en este entramado de intereses -a “la silla vacía” de la que tan certeramente hablabas en tu libro sobre Educación para la ciudadanía-? ¿Está en peligro la democracia?

Sí, está en peligro la democracia porque no queda espacio para el ciudadano. El problema es que esa “silla vacía” a la que te refieres, bajo el capitalismo está siempre ocupada. La ciudadanía es una condición humana que remite a un vacío que se llama libertad, ese agujero en el mundo que permite iniciar una nueva serie causal, inventar algo nuevo que no viene exigido por el curso de las cosas, en suma, intervenir, decidir.

Esa es la voz de la ciudadanía. Que la ciudadanía tome el poder es el viejo proyecto de Sócrates y Platón, de la Ilustración en general: poner en el centro de la ciudad esa “silla vacía” para legislar desde ahí. Los jacobinos lo explicaban diciendo que debían gobernar las leyes y no los hombres. Por supuesto, no se trata de que gobierne Dios, porque entonces gobiernan los sacerdotes. Para garantizar que gobiernen las leyes, tiene que existir un artilugio llamado división de poderes. El poder ejecutivo tiene que obedecer al poder legislativo y éste no debe ser el que juzga. Es la manera de impedir que ciertos hombres, ciertas camarillas, ocupen el lugar de las leyes y se conviertan en tiranos que imponen como leyes sus propios intereses. Eso sí, para que la división de poderes no sea un estafa, no basta con separar el poder legislativo del ejecutivo o el judicial. Es preciso que el poder así dividido sea realmente el poder. De nada vale dividir el poder político allí donde los poderes económicos son mucho más poderosos y permanecen sin civilizar en estado de puro salvajismo. En las condiciones actuales, el lugar de las leyes está siempre secuestrado por poderes salvajes que no responden ni al poder ejecutivo, ni al legislativo, ni al judicial. Son poderes económicos que no responden a ninguna disciplina constitucional. Demasiado grandes para dejarse legislar y para ser juzgados, se imponen al poder ejecutivo. De esta forma, la democracia es una ficción: el “espacio vacío” para que haya ciudadanía está ya ocupado por poderes incontrolables. Bajo el capitalismo la democracia es imposible.

Descendemos al terreno particular de la política en nuestro país. La macro política en España parece estar enfrentándose a una creciente tensión. De una parte la tendencia a debilitar las autonomías y afirmar el centralismo y, de otra, la también creciente tendencia identitaria que apunta a la desintegración. Si esta apreciación fuera cierta, ¿qué no hemos resuelto políticamente en más de treinta años de democracia? ¿Qué etapas no hemos recorrido correctamente y por qué?

Es una pregunta muy difícil. Tampoco estoy muy seguro de tener una respuesta segura a este tema. Hay ciertamente un problema muy serio. Y “quiera Dios” (o quien sea) que esto no se nos convierta en una especie de Yugoslavia. Quizás no sea para tanto. Pero si la crisis nos pone en una situación muy difícil, el Estado va a ver que no tiene más remedio que ahorrar (¿suprimiendo Autonomías?). Por ejemplo, en las próximas elecciones en el País Vasco es posible que gane Amaiur, un partido que proviene de partidos ilegalizados (lo que debería hacer reflexionar mucho sobre dicha ilegalización). Y, si no gana Amaiur, ganará el PNV, y entre Amaiur y el PNV tendrán una mayoría parlamentaria casi absoluta. Si la cosa se pone fea, ellos pueden decir: “España es un territorio que vota fundamentalmente al PP y nosotros no queremos saber nada con eso. Allá os apañéis, que nosotros seguiremos por nuestra cuenta”. ¿Cómo se va a resolver eso? Me da miedo pensarlo por las tensiones políticas espeluznantes que esto va a generar. Yo no tengo una solución. Sí es verdad que si miramos hacia atrás, hacia la época de la Transición, quizás tendríamos que haber optado por un Estado Federal o algo de ese tipo. Pero tampoco estoy seguro de eso.

Interesante. El federalismo ¿pudiera ser una buena alternativa a la actual situación?

No lo sé. Porque el federalismo, en un agravamiento de la crisis económica, también se rompería. No es lo mismo buscar modelos políticos en situaciones económicas normales que en situaciones críticas. En este momento las economías europeas están cerrándose sobre sí mismas y exigiendo soberanía frente a los mercados. Es lo que más se ha oído en la actual campaña electoral francesa: “recuperar la soberanía”. Y lo mismo piden los griegos. Porque en este momento estamos vendidos a una autoridad que nadie sabe dónde está, ni de dónde procede, que son los mercados. En esta situación es lógico que las sociedades comiencen a cerrarse sobre sí mismas. Y me temo que el mapa europeo va a cambiar mucho. Y en España nos vamos a encontrar con un conflicto muy profundo.

Vistas desde la ciudadanía, ni la reforma económica ni la laboral parecen llamadas a atajar a corto plazo los enormes costes que se están echando sobre los sectores medios y más vulnerables de la sociedad. ¿Se puede prever ya hacia dónde nos van a llevar a medio plazo? ¿Se pueden sacar ya algunas consecuencias de la huelga general del pasado 29 de marzo?

Empiezo por la segunda pregunta. En la tradición marxista y anarquista, la huelga general es la mayor manifestación de fuerza que tiene la clase obrera. En este momento, la clase obrera es verdad que tiene muy poca fuerza, con lo cual, la huelga general no da demasiado miedo. Ya dijo Rajoy que la huelga no iba a cambiar en absoluto su política. Pero, sin la huelga general, su política estaría disfrutando de un cheque en blanco. La huelga general es la única llamada de atención que se le ha dado a este gobierno. Es el único medio con el que contamos para expresar nuestro descontento y discrepancia. Es cierto que esta huelga no ha sido como para hacer temblar ni a la CEOE ni al Gobierno, pero sin la huelga general la revolución de los ricos contra los pobres estaría yendo a un ritmo mucho más vertiginoso.

Referente a la primera cuestión, creo que tenemos que hacer un pequeño ejercicio de memoria. Cuando comenzó la crisis, pongamos en el 2008, todos los periódicos dijeron que el capitalismo había fracasado, que había que buscar otro modelo económico, que habría que “refundar el capitalismo” como dijo Sarkozy… ¿Dónde ha quedado todo eso? Nadie ha vuelto a mencionarlo. Al final, resulta que el remedio para salir de la crisis es el mismo que la ha causado. Más de lo mismo. Es una huida hacia adelante. Masacrar más y más la capacidad de consumo de la población, enfriando la economía. No sé qué más pruebas necesitan los economistas actualmente para no darse cuenta de que esta política de contención del déficit no ha conseguido combatir la crisis en ningún sitio. El otro día lo dijo el conocido nobel de Economía, Paul Krugman: “pido a alguien –dijo- que me dé un solo ejemplo de un país que haya solucionado su crisis mediante políticas de contención del déficit”. Entonces, si no hay ni un solo ejemplo, ¿por qué seguimos huyendo hacia delante de esta forma?

El 25 del pasado mes de marzo hubo elecciones autonómicas en Andalucía y Asturias. A la vista de los resultados, ¿se puede pensar en algún inicio de la resurrección de la izquierda en España? ¿Qué le falta a la izquierda política en España, en Europa, para poder articular un proyecto serio e ilusionante de gobierno estatal? ¿Se puede esperar algún proyecto político alternativo al neoliberalismo reinante?

Yo me alegré muchísimo de la derrota del PP en Andalucía y en Asturias. En España tenemos la particularidad de no tener una derecha normal. El PSOE es una derecha normal, europea, civilizada. Pero el PP no lo es. En el Partido Popular se mezcla el neoliberalismo con el franquismo. Para derecha neoliberal ya tenemos al Partido Socialista. El PP, además de neoliberal y franquista, está vendido a la jerarquía eclesiástica más reaccionaria, a las sectas religiosas más peligrosas como el Opus, los Legionarios de Cristo, los Kikos, etc. En esta situación, pararle los pies a esta derecha española me parece siempre un motivo de alegría, que es lo que ha ocurrido en Andalucía y en Asturias. Junto con la huelga general ha sido una buena llamada de atención, un buen aviso al PP. Sin embargo, desde un punto de vista económico, la diferencia que hay entre el PP y el PSOE es prácticamente irrisoria. Los ministros de Economía son intercambiables. Solbes y Rato se estuvieron turnando en el Ministerio de Economía y era muy difícil notar la diferencia. Zapatero decía que tenía que hacer cosas contra su propia voluntad (como bajarles el sueldo a los funcionarios) porque los mercados lo exigían y lo mismo dice y hace hoy el PP. Dicen que están haciendo “lo que tienen que hacer”, “los deberes”, es decir, lo que los mercados les dicen que hagan. Aquí no hay política, son exigencias económicas que tienes que cumplir como un buen gestor. Los partidos socialistas europeos no van a hacer otra cosa que gestionar el mandato de los mercados. Las diferencias con la derecha serán muy pequeñas. Sin embargo, me parece un programa interesante el de Mélenchon en Francia. Él ha dejado las cosas suficientemente claras: bajo las condiciones capitalistas, esto no tiene solución; hay que cambiar el modelo económico; hay que proteger las legislaciones laborales, reforzar las instituciones democráticas, etc. Hay un resquicio de esperanza en este discurso para Europa. No estamos en una situación tan diametralmente distinta de la que se encontraba Europa en los años treinta y entonces nos encontramos con una guerra mundial.

El movimiento de los indignados y el 15 M ¿ha sido algo espontáneo, inesperado, sorprendente o tiene raíces donde entroncar en nuestra historia? ¿Cómo lo ves en el momento actual? ¿Qué futuro le espera?

El 15 M fue el resultado no de la espontaneidad sino de muchos años de trabajo en los movimientos sociales, que han trabajado desde la base, fuera de los partidos institucionales, como el movimiento antiglobalización, las ONG, los ecologistas, las feministas, los luchadores por la diferencia sexual, incluso los cristianos de base. En un momento crítico como el actual todo esto emergió y todos se encontraron en una plaza. Esto convocó a mucha gente más y se convirtió, durante algunos meses, en una gran escuela de formación política. Se creyó que de ahí pudiera salir algo así como una guerrilla de masas sin violencia, pensando que con solo mandar un mensaje por internet podríamos encontrarnos en la calle muchísimas personas, plantarse ante los desahucios, las detenciones de ilegales, en suma, concentrar millares de personas para interrumpir este desastre político en el que nos encontramos. Desdichadamente no ha sido así. Se han parado desahucios, es verdad, pero no de una forma suficientemente significativa; no se ha podido presionar a los bancos, no se han impedido detenciones de inmigrantes por la policía. En fin, el que no haya sido así, no quiere decir que no se vuelva a repetir con otras características. Dependerá de la situación económica en que nos encontremos.

Desde la inspiración cristiana de esta revista, queremos preguntarte por la presencia de los cristianos en la política actual de España y Europa. ¿Siguen teniendo una presencia relevante? ¿Qué sectores o tipo de cristianos? ¿Y en qué lugares? ¿Consideras esa presencia positiva o negativa de cara al equipamiento moral o ético de la ciudadanía y a su cohesión sociopolítica?

Los cristianos de base pueden tener un importante papel político y, de hecho, lo han tenido ya. Si no lo hubieran tenido, no habría sido necesario combatirlos de la manera en que los han combatido. El movimiento de los cristianos de base, englobado en lo que se ha llamado Teología de la Liberación, ha sido combatido muy explícitamente, con mucho dinero, incluso por la CIA. En Latinoamérica se financió a las sectas evangélicas, que fueron impulsadas para contrarrestar el avance de la Teología de la Liberación. No se reparó en medios, dinero, sectas, y a la postre, escuadrones de la muerte que se dedicaron a torturar y matar, a violar monjas, a exterminar civiles, etc. En España también ha tenido mucha importancia la Iglesia de los pobres: las Comunidades Cristianas Populares, los Comités de Solidaridad, la Iglesia de Base, grupos de Vallecas, como el de Enrique de Castro, etc. Mis padres siempre han sido católicos practicantes, pero yo diría mucho más cristianos que católicos. Todo esto no sólo me merece mi mayor respeto sino que lo veo muy esperanzador en cuanto a las posibilidades políticas que laten ahí.

Hay que reparar en que para combatir a la iglesia de los pobres, no sólo se han potenciado las sectas evangélicas. Han surgido sectas de base católicas de extrema derecha, como los Kikos, que también operan a nivel popular, compitiendo en los mismos escenarios pero para anular los efectos de la Teología de la Liberación. Para mí, la más terrible amenaza que existe hoy en el mundo cristiano son cosas tales como los Kikos. Y, por las alturas, el Opus que ha hecho un daño similar entre la gente rica. Luego, o allí donde estas sectas no son suficientes, se recurre a los escuadrones de la muerte.

Hoy hay un gran retroceso del catolicismo frente al evangelismo o las sectas como los Kikos. Pero creo que a la jerarquía eclesiástica le está bien empleado lo que le está pasando, porque tampoco protegió a la iglesia de los pobres. Todo lo contrario, se dedicaron a dictar excomuniones, a silenciar o expulsar a los representantes de un pensamiento liberador. La jerarquía no cuidó lo mejor que tenía en su parroquia, les dieron con la puerta en la narices. Por cierto, con directrices que redactó el actual papa. Porque fue él quien redactó las instrucciones contra la Teología de la Liberación y quien desde la Congregación para la Doctrina de la Fe excluyó a muchos teólogos. Y lo hizo en un momento en que la situación revestía mucha gravedad porque se dejaba a la iglesia de los pobres indefensa ante los escuadrones de la muerte. Muchos fueron asesinados. Fue famoso el gesto de Juan Pablo II señalando con el dedo a Ernesto Cardenal y diciéndole que normalizara su situación con la Iglesia. Es un gesto terrible porque se estaba jugando con fuego. No me da ninguna lástima la jerarquía católica porque lo que le está pasando se lo tiene merecido.

Pero no se trata solo de la presencia del cristianismo. La del Islam no parece que sea menos preocupante. Por ejemplo, en los países de las denominadas revoluciones árabes. ¿Qué piensas al respecto?

Las revoluciones árabes merecen la pena porque han sido contra dictaduras implacables, sanguinarias, criminales y atroces. Ben Ali era un torturador criminal; Josni Mubarak, igual; Basar al Asad es otro sanguinario dictador. Esas revoluciones están legitimadas simplemente por la crueldad de las dictaduras que han echado abajo. Otra cosa son los peligros que puedan encerrar. El protagonismo que está cobrando el islam en estas revoluciones, ¿no lo vamos a pagar muy caro en el futuro? Se está discutiendo mucho al respecto. Santiago Alba, que conoce muy bien la situación, está diciendo que el islam no debe dar miedo mientras sea el equivalente de lo que ha sido la Democracia Cristiana en Occidente. No pasa nada porque gobierne un partido islámico moderado como está pasando en Turquía. En cambio, otro analista mucho más viejo, Samir Amin, piensa que se están abriendo las puertas a un periodo indefinido de islamismo que podría cifrarse en… ¿cincuenta años? Tampoco ha sido ejemplar el predominio de la Democracia Cristiana en Europa. Y el predominio del equivalente de la Democracia Cristiana en Oriente puede ser incluso peor.

Sí quiero, con todo, decir una cosa: el radicalismo islámico tampoco es algo consustancial al islam. Fue muy financiado y construido políticamente por EE.UU. para combatir a la Unión Soviética en Afganistán. Crearon un monstruo que estamos pagando muy caro. Tampoco el islam es el origen de Al Qaeda. Inicialmente Al Qaeda fue una construcción de la CIA.