La laicidad en la tradición protestante

Alfredo Abad

Éxodo 142
– Autor: Alfredo Abad –

La relación de las Iglesias protestantes en Europa con la laicidad ha sido diferente según los contextos de los países y de las iglesias nacionales, a lo que se ha sumado la diversidad que supone el que su posición en la sociedad respectiva haya sido mayoritaria o minoritaria.

Sin pretender un análisis exhaustivo podemos encontrar una comprensión negativa de la laicidad entendida como secularización, y vivida como una amenaza cuando se relega el hecho religioso al mero espacio de lo privado. Este ha sido el caso por ejemplo en Alemania donde la laicidad como secularización, según el análisis de Martin Buber que la describe como “eclipse de Dios”, bien que otros teólogos como Eberhard Jüngel han defendido la aceptación de la secularización y el pluralismo como un hijo profano que no debe ser considerado como perdida sino como un desarrollo de la separación entre la iglesia y el Estado, donde la reducción del hecho eclesial no se debe considerar sinónimo de la reducción del hecho cristiano y su papel en la sociedad.

Por otra parte es tradicional, particularmente en los países del sur de Europa y de manera singular en Francia, donde hay una comprensión positiva de la laicidad entendida como reconocimiento de la independencia y legitimidad del Estado en el respeto de la libertad de culto y de la neutralidad del Estado en materia religiosa. Esta laicidad permite un diálogo abierto y transparente entre las iglesias y el Estado que es respetuoso de las prerrogativas de cada cual. (Jean François Collange).

Esta última posición se ha encontrado reconocida positivamente por las iglesias protestantes en la Constitución Europea que en su artículo 1-52 establece el reconocimiento de la aportación específica y la identidad de iglesias y organizaciones y su responsabilidad como Unión Europea en mantener un diálogo abierto transparente y regular. Este posicionamiento queda lejos del programa de Jacques Delors con el título de “Dar un alma a Europa” favoreció una cooperación mucho más positiva, pero al menos establece unos mínimos considerables.

Desde la consideración histórica hay una connivencia profunda entre protestantismo y laicidad, entendida como respeto a la libertad de cultos y neutralidad del Estado. La comprensión positiva de esta división de funciones contempla la responsabilidad del Estado de establecer un marco legal que permita un ejercicio efectivo de la libertad religiosa, que el protestantismo ha reclamado siempre que fuese extensivo a otras religiones y creencias. En este posicionamiento inclusivo se ha defendido, por ejemplo, en situaciones de mayoría protestante como en los países nórdicos que los derechos de la mayoría, en muchos casos luterana, fuesen extensivos a las minorías, por ejemplo la iglesia católica. El protestantismo desarrolló el sentido de la libertad y de la responsabilidad individuales, siempre teniendo en cuenta los problemas del comunitarismo, en este sentido la laicidad debe ser un espacio abierto en el corazón de la sociedad para que se desarrolle la convivencia y no un dogma excluyente.

Para el protestantismo las raíces de la laicidad se remontan al Nuevo Testamento donde el propio Jesús distingue entre lo que es de César y lo que es de Dios (Marcos 12, 14 y paralelos) o ante Pilato señalando que su Reino no es de este mundo (Juan 18, 36). La Reforma, con esta inspiración bíblica distingue entre los “dos Reinos”, poder civil y poder espiritual, en esta distinción abundan Lutero y Calvino con diferentes acentos. La preocupación no era principalmente entonces la garantía de la autonomía del poder civil, sino la de la libertad del poder espiritual y de la predicación del Evangelio. La prioridad para los reformadores era la libertad de conciencia y la promoción del libre examen. La Reforma trabajó a favor de una religión menos clerical e incluso de una laicidad de la institución religiosa. Esta desacralización es en cierto sentido una promoción de una laicidad positiva con tres objetivos fundamentales: 1) Permitir la libre proclamación del Evangelio, 2) Liberar las conciencias y 3) Asegurar el respeto de la ley de Dios, del orden y de la justicia. La preocupación de la reforma en el siglo XVI no era solo la desacralización del hecho religioso sino de la misma sociedad y de la injerencia del poder civil en el ámbito de lo religioso y de la conciencia libre.

Para la publicación que nos ocupa es importante traducir estas consideraciones en nuestro contexto español. Las diferentes constituciones tanto liberales como conservadoras que jalonan los siglos XIX y XX no hacen gala de la neutralidad del Estado, con la única excepción de la Constitución de 1931 que aun supera a la actual vigente de 1978. Esta última garantiza la libertad religiosa en su artículo 16, aunque señala una prioridad en la cooperación positiva del Estado con las religiones a favor de la Iglesia católica, lo que no casa muy bien con el artículo 14 sobre la no discriminación.

La FEREDE, Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España, ha reclamado con insistencia la neutralidad del Estado en muchos aspectos, ya que a pesar de la ley de libertad religiosa de 1980 que garantiza como derecho fundamental la libertad de culto, pero que obvia el acuerdo internacional o Concordato suscrito con la Iglesia Católica y que precede a esa legislación y queda por encima de ella. Coincidimos con los defensores de la laicidad en nuestro país que hay en nuestro ordenamiento categorías de religiones: la que tiene un Concordato internacional, las que tienen acuerdos de cooperación, las que tienen reconocimiento de notorio arraigo y las demás. Estas categorías afectan sensiblemente a la financiación del Estado a través del IRPF que no es neutral ni considera en igualdad a todas las religiones privilegiando a la Iglesia católica. Se echa de menos también que la religión mayoritaria goce de privilegios que no hace extensivos al resto de las religiones o confesiones y se echa de menos el desarrollo de la normativa por ejemplo mediante el establecimiento de acuerdos de cooperación, por ejemplo, con las iglesias ortodoxas, obligadas a la cooperación con el Estado a través del marco no natural para ellas de la FEREDE.

La laicidad y neutralidad del Estado español están lejos de corresponder con las pretensiones de su normativa y no sólo en el ámbito de la administración estatal, sino por ejemplo en la gestión del patrimonio o en la financiación de los Ayuntamientos a las actividades de cofradías y de la iglesia católica donde es manifiesta la discriminación.

Esta falta de neutralidad se ha hecho patente en los funerales de Estado, como ejemplo de elevado contenido simbólico, donde ha sido patente la celebración de un rito católico con invitación, en el mejor de los casos, a otras confesiones, en lugar de la promoción de un rito interconfesional o ecuménico. Teniendo en cuenta particularmente la condición religiosa de las víctimas.

Desde el protestantismo seguimos reclamando una desacralización en nuestro país de lo político que actúa con una participación publica en numerosos actos a favor de lo que se considera la mayoría sociológica. Este argumento puede justificar una cierta desproporción, pero nunca la exclusividad ni mucho menos la identificación de responsables políticos con una sola confesión.

Desde el protestantismo seguimos reclamando una laicidad positiva que sea garante de la neutralidad en un diálogo abierto que garantice la libertad de cultos la igualdad de trato. No pretendemos la extensión de privilegios de carácter religioso que rechazamos, como también rechazamos que la normalización del pluralismo religioso se dilate en el tiempo, lo que nos ha llevado en ocasiones significativas a denunciar al Estado español ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos que ha reconocido actuaciones actuales de discriminación.

La relación con la laicidad para el protestantismo es positiva, en particular en contextos minoritarios donde la neutralidad ayuda a la igualdad, y siempre donde el diálogo considere el hecho religioso como un factor público de integración y de cohesión social. No compartimos un laicismo que relegue el hecho religioso al ámbito privado especialmente cuando por razones sociológicas esa manera de actuar sea un mero maquillaje de la discriminación.

Círculo PODEMOS de Espiritualidad Progresista

Isabel Castellanos

Éxodo 142
– Autor: Isabel Castellanos –

El Círculo PODEMOS de Espiritualidad Progresista pretende ser un instrumento integral de acción social y política. Se ofrece, además, como un espacio de encuentro, sinergia y crecimiento en conciencia personal y colectiva.

Entendemos que la espiritualidad no es monopolio de las religiones, sino una dimensión de lo humano. Es la capacidad de dialogar con lo profundo, escuchar la llamada del corazón, que nos lleva a reconocer el aspecto sagrado del ser humano y de toda forma de vida y trascender nuestra realidad más inmediata.

La espiritualidad es también un instrumento de progreso, transformación y movilización social en orden a unos cambios profundos en la sociedad que supongan más justicia para todos, especialmente para los marginados y humillados.

En el círculo Podemos Espiritualidad progresista entendemos la política como una vocación de servicio y empoderamiento de la ciudadanía orientados al bien común.

El poder de unos solamente es ético si refuerza el poder de los otros y alienta relaciones de amor y cooperación entre todos.

El círculo quiere ser un instrumento al servicio de todas las personas para dar paso a una sociedad nueva fundada en el respeto y cuidado de la naturaleza, los derechos humanos universales, la justicia social y económica, la democracia, la noviolencia y una cultura de paz.

A través de diferentes encuentros tratamos de compartir las diferentes sensibilidades y experiencias humanas, impulsar la amistad entre los pueblos, la interculturalidad y el diálogo interreligioso.

Abogamos por un estado laico en el que ninguna religión ni ideología sea privilegiada sobre las demás, y en el que todas sean debidamente respetadas.

Desde octubre de 2014 el círculo celebra asambleas mensuales y organiza un encuentro nacional anual así como otras actividades como mesa redonda “Espiritualidad y Política”, Consciencia en la plaza en la Marcha por el Clima, Talleres vivenciales: “herramientas para una Vida plena y solidaria”, conferencia de A. Pániker sobre espiritualidad y religiones.

En el I Encuentro Podemos Espiritualidad “¿Qué aporta la espiritualidad a la construcción de una sociedad plenamente laica, justa y democrática?”

Fue el lema de la jornada de convivencia y diálogo entre distintas culturas espirituales, religiones, filosofías y creencias en la que tratamos de exponer y difundir los valores que aporta la espiritualidad a la construcción de una sociedad nueva fundada en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y los valores más progresistas de la Carta de la Tierra.

En el III Encuentro: “Hacia una cultura de la Noviolencia” nos reunimos para dialogar y caminar hacia una cultura de la noviolencia con la fuerza del amor y la fuerza de la verdad, aprendiendo a entrenar nuestra mirada para ver la verdad en el otro, la mentira que existe en mí, e iniciar un diálogo verdadero que pone en el centro la dignidad de las personas y rompe la espiral de la violencia con la fuerza transformadora del amor. Reivindicamos la bondad y el respeto a la verdad como virtudes personales y sociales y que en política, hoy, son una necesidad urgente. La POLÍTICA con mayúsculas es la que busca el Bien Común, pone en el centro a los últimos, une los medios y los fines y promueve la paz con justicia.

En este momento de violencia política el drama puede convertirse en tragedia si todxs dejamos la verdad y el amor para otro momento. Animamos a todxs a promover con toda energía el diálogo, la fraternidad y la amistad; a descubrir la riqueza de la diversidad que está llamada a abrazarse, a sumarse, a complementarse a hacerse Unidad en la Pluralidad. La Espiritualidad unida al compromiso con la ética, la justicia y los más empobrecidos nos impulsa a practicar y apoyar la Noviolencia activa como modo de vida y método de acción política y social.

Nos parece que hoy PODEMOS es el proyecto político que permite vivir mejor estos valores de la espiritualidad comprometida y transformadora que el círculo impulsa.

Europa laica, una trayectoria de lucha por el laicismo

Antonio Gómez Movellán

Éxodo 142
– Autor: Antonio Gómez Movellán –

Europa Laica viene funcionando desde el año 2001. Los fundadores fuimos personas que, desde uno u otro campo, entroncábamos con la lucha por el laicismo que desde el siglo XIX se viene persiguiendo en España y en muchos países europeos y en la idea que la persistencia del confesionalismo estatal y la alianza del trono y del altar ha contribuido a un atraso finisecular en la historia de España y sobre todo ha significado una violencia extraordinaria sobre la libertad de conciencia de las personas simbolizadas por hechos tan trágicos como el asesinato por la inquisición del maestro Ripoll en Valencia en 1821 o el asesinato de Ferre y Guardia en 1909 o el nacionalcatolicismo durante el franquismo, con todo lo que ello ha significado en la manipulación de las conciencias por la Iglesia Católica y el Estado fascista.

Entre las personas fundadoras de Europa Laica caben destacar, por su relevancia, Gonzalo Puente Ojea el que fuera embajador de España en la Santa Sede y depurado por la democracia a instancias del Vaticano o Francisco Gonzalez Barón –primer presidente de asociación– o la profesora Emma Rodríguez o Fernando Orbaneja entre otras muchas personas; al cabo de unos meses se sumaron personas valiosísimas por su fortaleza y tenacidad como el que fuera presidente, hasta hace unos meses, Francisco Delgado Ruiz que provenía del ámbito político ya que fue diputado y senador y ya más recientemente personas como Fermín Rodríguez, responsable de educación, con amplia trayectoria política y de activismo social o el profesor , la feminista y escritora Teresa Galeote o el profesor especializado en la cultura árabe y en el islam político Waleed Saleh. Ello ha significado que Europa Laica tenga hoy cerca de mil quinientos asociados y mantenga un amplio círculo de amigos y amigas con gran influencia en los países latinoamericanos y gracias a nuestro portal digital laicismo.org nos hemos convertido en la primera referencia digital sobre laicismo en las redes. La fortaleza de Europa laica reside en el núcleo duro del laicismo, la libertad de conciencia de las personas lo cual exige la separación estricta de las iglesia y el Estado y la configuración de un ámbito público de libertad. Una distinción radical entre Nación y Estado y entre sociedad pública y sociedad civil también está en nuestro ADN. La tan cacareada libertad religiosa no está garantizada sino existe una garantía de la libertad de conciencia para todos y por consiguiente un ámbito público libre de las injerencias religiosas y particularmente en algunos campos como la enseñanza. Una de las primeras campañas que lanzamos fue precisamente “La religión fuera de la escuela!” sobre el adoctrinamiento religioso en las educación y en favor de la escuela pública y laica, el primer servicio público universal que se estableció en Europa. La escuela laica no es solamente la escuela sin religión tiene que ser una escuela racional y critica y es la única escuela que integra todas las pertenencias. En nuestro país conseguir una Escuela laica es una aspiración que, desgraciadamente, cada día está más lejos ya que el sistema político esta coaligado en seguir financiado a la escuela católica. Y más allá de la Escuela esta la amenaza que se cierne sobre multitud de servicios públicos universales por ese nuevo sacro que es el mercado neoliberal. Particularmente denunciamos el desmantelamiento de los precarios servicios sociales que o bien están siendo privatizados o bien se están asumiendo por la caridad católica.

Campañas contra los Acuerdos de la Santa Sede del año 1979 (que prolongaron alguno de los privilegios económicos y políticos que tuvo la iglesia durante el franquismo) o contra la financiación pública de la iglesia católica son actividades también permanentes. En la actualidad, junto a otras plataformas, apoyamos la campaña contra las inmatriculaciones ilegales realizadas por la Iglesia católica y exigimos en los tribunales en los medios públicos y en la calle que la simbología católica deje de ser, como es, la simbología cuasi oficial del Estado. Desde el primer momento comprendimos que la Constitución de 1978 no estableció un estado aconfesional como proclama y que en verdad dejó la puerta a lo que nuestro primer presidente de honor denominó un criptoconfesionalismo católico.

Europa Laica, está relacionada con asociaciones europeas humanistas y librepensadoras con el fin de hacer presión política en Europa. Y así somos miembros de la Asociación Internacional de Libre Pensamiento, vinculada al laicismo histórico francés, socialista y republicano y somos observadores en la Federación humanista europea en la que están encuadradas más de 80 organizaciones humanistas de libre pensamiento, ateas, contra el irracionalismo etc y que buscan una Europa laica y donde está también encuadradas organizaciones de países de tradición religiosa protestante. En España, mantenemos relaciones con asociaciones similares a la nuestra y pretendemos siempre confederarnos con ellas (Movimiento hacia un Estado laico, Asturias Laica etc) Fundación Pi y Margal, asociaciones civiles y sindicatos en favor de la enseñanza pública y movimientos sociales en favor de la igualdad social y sexual. Con Redes Cristianas mantenemos muy buenas relaciones. También es conveniente aclarar que Europa Laica no solicita ni acepta, por estatutos, subvenciones públicas y vive exclusivamente de las cuotas de sus socios y de donaciones privadas y ningún cargo es asalariado.

El laicismo, para Europa laica, significa una fuerte convicción en la garantía de la libertad de conciencia y enarbola la bandera de una presión permanente popular por los ideales de la Republicanos de libertad, igualdad y fraternidad; ideales que no son una utopía y que desde la Revolución francesa han inspirado todos los movimientos de progreso en Europa y en el mundo.

* Es autor de la “La iglesia católica y otras religiones en España”, y de numerosas publicaciones sobre derechos fundamentales de las personas. En la actualidad publica habitualmente en Diario 16, Viento Sur, Rebelion.org y Laicismo.org

El necesario diálogo y algunos temas que la comunidad cristiana de hoy debe tener presente entre su fidelidad a Jesús y si fidelidad a este “signo de los tiempos” que se da en Catalunya

Jaume Botey

Éxodo 141
– Autor: Jaume Botey –

Aunque en su origen este texto que ahora incluimos en “La Brecha” no fue pensado por su autor para esa sección, nos ha parecido, sin embargo, que se trata de un texto sumamente apropiado para este lugar. Es un texto breve con el que concluía Jaume Botey su artículo en la sección “A fondo”. Apuesta en él decididamente por restablecer el diálogo y por tender puentes entre las posiciones encontradas, con lo que implica de autocrítica y cambio de actitudes. Y ello, no solo por razones políticas, sino también creyentes: solo la apertura a los otros despeja el camino al Otro, al Transcendente… Hay aquí mucho trabajo “en la brecha” para la comunidad cristiana, como sabe muy bien Jaime Botey y evoca sucinta, pero lúcida y valientemente, en este breve texto.

Es necesario restablecer el diálogo. Necesario desde la perspectiva política para resolver conflictos. No hay otro camino. Esto supone tender puentes y una política clara de corrección de los estereotipos que de manera sistemática se han ido alimentando. Es necesario un cambio de actitudes.

Pero, además, en la construcción del diálogo el cristiano puede tener otro tipo de consideraciones. En la Palabra con los demás, en el reconocimiento sincero del Otro, el cristiano encontrará la dimensión transcendente del Otro, y la posibilidad de una puerta abierta al infinito (Buber, Lévinas…). Negarse al diálogo es negarse a abrir esta puerta del Otro y su misterio, es empobrecerse. Porque el diálogo exige conversión del corazón. Y si por desgracia acaban pesando más los prejuicios, si la negativa a escuchar es firme, aunque se invoque al diálogo sólo quedará frialdad, cálculo, estrategia, fuerza.

Lamentablemente algunas posiciones, tanto en el interior mismo de algunas comunidades como en su relación con otras, se niega el diálogo. Y cuando no hay diálogo, el otro queda anatematizado como culpable y justificada la confrontación. Como dice la hoja parroquial de una humilde comunidad periférica y muy alejada de cualquier planteamiento independentista, “Desde la madurez humana y la coherencia y honestidad cristiana estamos llamados a aprovechar este tiempo histórico para hacer este entrenamiento: reformular criterios, romper moldes, valorar la diferencia, la contrariedad. Es lamentable que unos sencillos cristianos neguemos la dignidad al criterio contrario y a las personas que lo defienden, y admitimos la negación y con ella las mentiras, difamaciones, ridiculizaciones, amenazas, la defensa del uso de la fuerza, del miedo la desinformación” [1].

Para abrir el diálogo es necesario identificar dónde está el conflicto y por qué. Partiendo de la situación de bloqueo al deseo mayoritario de poder hablar en el que el Estado mantiene a Catalunya, me permito algunos apuntes que creo pueden ayudar a deshacer algunos nudos en las comunidades cristianas:

  1. A la Iglesia y a la comunidad cristiana les corresponde anunciar y proclamar los principios éticos, no las soluciones políticas. Se trata del terreno de la moral y de la utopía, donde los matices, el diálogo y el contraste de opiniones puede ser fecundo. La concreción en propuesta política corresponde a cada persona. Muchas de estas opciones, como en nuestro caso el independentismo o el unionismo son perfectamente compatibles con el evangelio. La Iglesia no puede tener nada en contra con ninguna de ellas, pero tampoco puede identificarse con ninguna de ellas: ni con el independentismo, ni con el 155 (como ha hecho el presidente de la CEE), ni con la propuesta de la llamada “equidistancia” política. Es un terreno que no le corresponde. La comunidad cristiana debe poder compartir la misma fe y celebrar el evangelio y la eucaristía con diferentes posturas políticas en su interior, como una riqueza.
  1. Asimismo es vital tener presente la distinción entre lo legítimo y lo legal. Para la comunidad cristiana la dimensión profética es esencial, la posibilidad de infringir la legalidad en nombre de un principio superior. Nadie sabe si es mejor la obediencia a la ley o la objeción de conciencia, aceptar la Constitución como ordenamiento legal u obedecer las demandas del pueblo actualmente no recogidas en la Constitución. Sin embargo, es cierto que Jesús murió por su desobediencia a las leyes del templo, y que la historia ha avanzado gracias a los subversivos. Nadie está llamado a posiciones heroicas de ruptura o de “desobediencia civil” pero, después del discernimiento, la comunidad debe acoger, alegrarse y acompañarlas, si estas posturas nacen en su interior.
  1. En una comunidad ni la mayoría debe imponer su criterio a la minoría ni ésta tiene derecho a vetar el deseo de la mayoría aludiendo al respeto que se debe a la minoría. La votación, además, no acostumbra a arreglar los agravios o sentimientos. Será siempre necesario un esfuerzo de sinceridad, de cordialidad, de apertura, de capacidad de entender las razones ajenas y de esfuerzo por explicarse uno mismo, de diálogo sin imposiciones y sin sospechas, a fin de que las discrepancias no acaben en divisiones. Es imprescindible que la comunión en la fe se mantenga como principio.
  1. Ante violaciones flagrantes de DDHH (negación de libertades, coacciones físicas o morales, golpes, detenciones, sentencias judiciales manifiestamente injustas… ) es obligado estar al lado de quien ha sufrido la violencia, independientemente de si se está o no de acuerdo con los motivos que le llevaron a quebrantar la ley por la cual se le condena. Asimismo, la atención que merece cualquier preso debe ser siempre la misma, sin atender a si la causa de su condena es por delito común o político. Se trata de una exigencia ética y moral, de las bienaventuranzas, previa a cualquier opción política. Las comunidades cristianas deben ser ejemplo de misericordia, de acogida sin distinciones.
  1. Las comunidades cristianas deberían vivir este momento difícil como oportunidad. Muchas ya lo viven así, como una ocasión de maduración. Tienen el tesoro de la fe y la fraternidad vivida durante tanto tiempo en su seno. Deben poder ser ejemplo de diálogo. No podría decirse que vive el mensaje del evangelio quien no viva en paz con su hermano simplemente por cuestiones de concreciones políticas.

[1] Parroquia S. Juan Evangelista, Bellvitge, Hospitalet. Hoja informativa 30 díes. Noviembre 2017.

En la brecha del proceso constituyente

Teresa Forcades

Éxodo 141
– Autor: Teresa Forcades –

Todo comenzó en un contexto que, en principio, nada tenía que ver con Cataluña ni con un Proceso Constituyente, pero sí en un contexto de denuncia de la injusticia que mueve a las grandes multinacionales.

Esta denuncia tuvo una gran repercusión y me acerca a personas y grupos que se situaban también en una perspectiva crítica frente a esos oscuros intereses y al sistema capitalista que los alienta y sostiene. Poco después, ya en plena crisis, surge de una conciencia crítica similar el movimiento 15M y esa conciencia se generaliza como un clamor de dice “¡Basta ya!”,  que compartimos: Es  hora de actuar: ¿Qué podemos hacer para cambiar esta situación?

Entretanto. surge un nuevo motivo, decisivo, que se añade a los mencionados para alimentar y modular el movimiento social que se estaba gestando: la decisiva y lamentable actuación del Partido Popular, en 2010, contra el Estatuto de Cataluña, aprobado en 2006 por el Parlament y ratificado por las Cortes y el Senado, así como por el pueblo catalán en referéndum, denunciándolo al Tribunal Constitucional, quien finalmente lo deslegitimó, provocando una oleada de manifestaciones de protesta.

La convocatoria de una nueva charla mía a la que acuden más de mil personas, desbordando todas nuestras expectativas, nos hizo conscientes de la enorme energía que había en movimiento contra la injusta situación existente. Y en este contexto me llega una invitación de los anticapitalistas a aprovechar toda esa energía para llevar a cabo una syriza a la catalana que agrupe a todos los partidos para revertir la situación.

Pero mi respuesta a semejante invitación fue indudablemente negativa: yo no tenía interés en la estructura de partido. Yo sí me hubiera sumado, a una rebelión social, por ejemplo, a una huelga general indefinida que pusiera en crisis al gobierno y al sistema dominante, aun cuando semejante idea nos llenaba de interrogantes, que aprovecharon lamentablemente grupos de poder disfrazados y se perdió esa gran oportunidad de generar ese cambio social profundo y duradero.

Y es a partir de aquí que yo pienso el Proyecto Procés Constituent, entendiendo por tal ese debate llevado a nivel popular sobre “cómo debemos, queremos, podemos vivir juntos”. Porque eso es en verdad una constitución: el marco de referencia de nuestra convivencia política como sociedad. De ahí la idea de que en Cataluña se pudiera llevar a cabo un Procés Constituent para articular el poder popular de una forma eficaz, cosa que en la mayor parte de las democracias del mundo queda reducido a una mera democracia formal representativa, no verdaderamente deliberativa, que sigue siendo la asignatura pendiente.

En torno a esta idea convocamos desde el principio a significativas personas, como Arcadi Oliveres, o activistas políticos como Xavier Domenech, Ada Colau, Jaume Assens o Gerardo Pisarello, hasta formar un grupo de unas cuarenta personas de muy diversos ámbitos y sensibilidades, como Justicia y Paz y otros movimientos sociales de base. Y este proceso fundacional culmina en la elaboración del documento o Manifiesto por la convocatoria de un Procés Constituent en Cataluña, que presentamos Arcadi Oliveres y yo en abril de 2013. Y de nuevo nos vimos sorprendidos y desbordados por la respuesta de más de cincuenta mil personas que se adhieren al Procés, convirtiéndose en el mayor movimiento organizado en aquel momento en Cataluña.

Que fuera en Cataluña no significa que fuera un grupo nacionalista cerrado. En absoluto. Esto es muy importante dejarlo claro. Pues lo esencial de este movimiento es un trabajo y un proyecto de justicia, que es esencialmente algo abierto, aunque sí situado y concretado en una comunidad política, En este caso, en Cataluña, por el contexto hostil que había generado la respuesta brutal por parte del poder central al Estatuto de Cataluña.

El Proceso Constituyente, de hecho, tuvo desde el principio y hasta hoy un objetivo esencial que implicaba un cambio profundo de modelo económico, político y social, una transformación de la política desde las bases, radicalmente popular, el logro de una democracia verdaderamente deliberativa, el despertar de los sujetos como subjetividades políticas que toman sus vidas en sus manos y generan así la comunidad política que llamamos nación. La idea de autodeterminación es por eso clave en este Proceso Constituyente, pero entendida rigurosamente en el sentido global indicado, que implica desde un cuestionamiento radical del capitalismo y sus imperativos, que están poniendo en peligro la vida en el planeta y al planeta mismo, hasta la mencionada transformación, no menos radical, de la política dominante.

De la radicalidad de estas propuestas de justicia y bien común, debatidas en una memorable reunión de más de mil personas al inicio de la andadura del Proceso y que conforman desde entonces una especie de Decálogo de reivindicaciones que dan identidad al movimiento han derivado la riqueza del mismo, pero también los momentos de dificultad o frustración por los que atravesado a lo largo de su andadura.

Mención especial merece la dificultad de relación con los partidos, debido sobre todo a su perverso sistema de listas cerradas, que choca frontalmente con la idea básica de una democracia verdaderamente popular deliberativa y popular. De ahí derivaron, en efecto, las mayores fricciones y frustraciones que ha sufrido nuestro movimiento. Una de las más graves, cuando, como consecuencia de las dinámicas que se crean en los partidos dominantes a causa de esa estructura inflexible, el movimiento se partió en dos, justamente en uno de los momentos históricos que en principio mayor oportunidad ofrecía para formar un frente popular y poder abrir un verdadero Proceso Constituyente. Y se frustró uno de sus objetivos principales: el cambio de modelo de política, una nueva política para una sociedad nueva.

Esta experiencia dolorosa dejó nuestro movimiento sensiblemente disminuido, pero no paralizado. A partir de ese momento continuó con nuevas fuerzas como movimiento social intensamente empeñado en lo que en definitiva fue y es su objetivo central: crear el tejido humano, impulsar la transformación de las subjetividades para conseguir finalmente abrir un genuino proceso constituyente desde las bases, que a su vez transforme la sociedad y el mundo. Y la experiencia que hemos hecho ha sido sorprendente: se ha generado una intensa transformación de amplias capas de nuestra sociedad, un despertar de la subjetividad política que se ha traducido en un potente movimiento de implicación y compromiso por cambiar la sociedad, por tomarla en las propias manos, por no dejarla a merced de los poderes que aseguran que “no hay alternativa” para que nada cambie; un despertar contra la resignación y un estallido de ilusión y creatividad,  de “autodeterminación” en su sentido más genuino.

Este potente movimiento de transformación, creatividad e implicación es un acontecimiento que difícilmente se puede entender sin la fuerza generada y desplegada por el proceso constituyente que pusimos en marcha y ha tocado a miles de personas que ahora lo sostienen y llevan adelante. Nos llena por eso de gozo, e incluso de emoción. Lo que se ha movido en estos últimos meses en Cataluña ha sido, aun con sus errores y ambigüedades, una muestra poderosa de la capacidad transformadora de ese Proceso: la enorme e intensa implicación de numerosos grupos en la movilización de la ciudadanía y sobre todo el hecho de que el Procés haya llegado a calar de forma particularmente intensa en las bases populares.

En su sencillez, esa conciencia forma parte de aquel proceso de   “autodeterminación” en el que decidimos “cómo queremos, podemos y debemos vivir juntos” y que de ese modo crea comunidades políticas  desde abajo, desde las bases y sobre bases nuevas: no desde el poder, como los imperios, sino desde la justicia y el bien común, en el sentido del Proceso Constituyente.

Este proceso ha sido y es, por supuesto, enteramente laico, como no podía ser de otro modo al sustentarse en una pluralidad y diversidad de sujetos constituyentes. Ello no obstante, a nivel personal, e incluso de grupos determinados, la religión, más exactamente el evangelio, ha sido una fuente de inspiración importante. Lo cual, aunque en determinados momentos pudo generar desconfianza o sospecha, en general significó también un proceso de aprendizaje y de descubrimiento mutuo entre personas situadas a distancia en el arco de posiciones de creencia, que enriqueció el clima en que se fue gestando el entero Proceso. El que la CUP viniera a pedirme, en los inicios, que liderara este Proceso y que después mi Institución religiosa accediera a liberarme para ello, es otro de los rasgos novedosos y lúcidos o inspirados de este movimiento, que, contra toda frustración y desánimo, se sostiene firme en la esperanza.

 

Hablemos-Parlem: España es mejor que sus gobernantes

Paola Cannata y Guillermo Fernández

Éxodo 141
– Autor: Paola Cannata y Guillermo Fernández –

Nos lo han preguntado muchas veces: ¿cómo surgió la iniciativa Hablamos? La respuesta es sencilla: nació de la espontaneidad de un grupo de personas (en realidad un grupo de amigos) indignado y desesperado por la situación política creada en Catalunya el día 1 de octubre. Al día siguiente, el lunes 2 de octubre, comentando con vergüenza y rabia lo ocurrido, nos decidimos a hacer algo y comenzamos una cadena de whatsapp llamando a toda la ciudadanía a concentrarse de manera apartidista y enarbolando el color blanco frente a los ayuntamientos de todas las ciudades y pueblos de España. También en el extranjero en torno a las embajadas y consulados. Se trataba, por un lado, de pedir al Presidente del Gobierno y al Presidente de la Generalitat que abandonaran la escalada de tensión; y, por otro lado, de señalar que esta crisis había demostrado que la ciudadanía tenía más responsabilidad y más sentido común que sus gobernantes. O, como escribimos en el manifiesto de convocatoria: que España era mejor que sus dirigentes. De este modo, y en menos de una semana, logramos reunir a miles de personas en todo el Estado: Madrid, Barcelona, Valencia, Coruña, Málaga, Vitoria o Salamanca, tiñendo las plazas de blanco; pero también frente a las embajadas de algunas ciudades europeas como París, Londres, Estocolmo o Berlín.

La respuesta ciudadana fue sorprendente y nos dice algo sobre las ganas que sentían muchas personas de expresar su rechazo al modo como las élites políticas catalanas y españolas estaban gestionando esta crisis territorial. Enfundándose en banderas iban encaminadas a un choque de trenes cuyas consecuencias, siendo imprevisibles, hacían presagiar un desenlace dramático. El problema no era sólo que no hablaran (ni tuvieran intención de hacerlo), sino sobre todo que si España no encontraba una solución civilizada en términos democráticos a este conflicto, la enseñanza que legaba a la cultura política de este país era desastrosa. Ante cualquier problema territorial, sacar las banderas y dar palos. O lo que es peor: despedir a los guardias civiles enviados a Catalunya al grito de “a por ellos”, como si se tratara de una guerra colonial. Como ciudadanos de un país que aspira a un futuro más democrático merecíamos algo mejor.

Lo bonito de la movilización del 7 de octubre no fue solo la oportunidad del momento escogido, sino sobre todo observar cómo la llamada de un pequeño grupo de individuos provocó que muchas personas de lugares muy diferentes la hicieran suya y se auto-organizaran a partir de ella. Por ejemplo, en la misma semana en que lanzamos la convocatoria, nos enteramos por la radio de que una persona de Vitoria, a la que evidentemente no conocíamos, estaba organizando la concentración en esa ciudad. Le había llegado un mensaje al móvil, había leído algo en el periódico y se había puesto manos a la obra junto con un grupo de amigos. Ese era precisamente uno de los objetivos: activar a la ciudadanía indignada y empoderarla de manera horizontal y descentralizada.

Han pasado dos meses del punto álgido de tensión y, sin embargo, el conflicto sigue sin tener una solución pactada, democrática y duradera. Por el camino, la cuestión catalana ha puesto de relieve la necesidad urgente de llevar a cabo reformas de envergadura en nuestro país. Para ello debemos recuperar el inmenso caudal democrático del 15M y los debates, enseñanzas y propuestas que desde el año 2011 los movimientos sociales han puesto encima de la mesa.

Estas reformas en la justicia, en el mundo laboral, en la sanidad, en la educación, en la ley electoral, en la banca, en los mecanismos para perseguir la corrupción, en el sistema de pensiones, en el acceso a la vivienda, así como en el modelo de radiotelevisión pública no solo son justas, sino que son necesarias para salir del inmenso atolladero en el que nos encontramos. España sufre actualmente los efectos de varias crisis que están afectando profundamente a la vida de los ciudadanos. Transformaciones que están cambiando nuestra sociedad y de las que prácticamente no estamos hablando. Es hora de abrir un debate profundo al respecto y adaptar nuestra legislación.

Gran parte de la ciudadanía española lleva años reclamando precisamente esto, reformas universales, de sentido común que repercutan directamente en el bienestar del conjunto de los españoles. Pero, tras el año 2016, parece que todo este caudal de cambio se haya disipado. Que los cientos de propuestas de tantos grupos y colectivos sociales no hubieran existido; que las charlas, reuniones, libros y actos no hubieran ocurrido nunca; y que la labor de concienciación de todo ese tiempo no hubiera servido para nada. No es verdad. Por este motivo debemos empujar para que se reabra el debate constitucional desde abajo y se aborden aquellos asuntos que nos comprometen como sociedad.

Es hora de hablar, de consensuar cómo queremos vivir. Sin miedo, evitando aquel prejuicio tan visible en la derecha política de nuestro país que interpreta la diversidad de España siempre como una amenaza de desintegración en lugar de pensarla como un elemento que nos enriquece. Es hora de entendernos, de ponernos al día, de modernizarnos y de construir el país que queremos y que necesitamos. Y lo seguirá siendo después del 21 de diciembre. Por eso debemos empujar para que el 2018 sea el año del diálogo. Nos lo merecemos como sociedad. Así que, ahora más que nunca: ¿Volvemos a hablar?

Proyecto en marcha en el distrito de Tetuán

Carlos Pereda

Éxodo 139
– Autor: Carlos Pereda –

El proceso se inicia en octubre de 2016 cuando  la Concejala Presidenta del distrito planteó en el seno de la Mesa contra la Exclusión y por los Derechos Sociales de Tetuán la posibilidad de diseñar desde el principio de forma participada un Proyecto que permitiera salir al paso de las emergencias alimentarias. Para ello se había incluido una partida en el presupuesto municipal de 2017. La Mesa aceptó el reto y se creó una Comisión formada por responsables políticos, profesionales y vecinos afectados.

La primera propuesta partió del departamento de Servicios Sociales de la Junta, que presentó un Pliego de condiciones para licitar un comedor social donde se daría comida a 50 personas adultas. Esta propuesta encontró bastantes pegas y en la siguiente sesión hubo una nueva propuesta por parte de los grupos de la Asamblea 15M de Tetuán (Banco de Alimentos, Stop Desahucios e Invisibles) que obtuvo aprobación por unanimidad. La idea se inspiraba en los principios de la Carta contra el Hambre. La Comisión ha dado hasta ahora los siguientes pasos:

  • Buscar los puntos de reparto existentes en el Distrito de Tetuán e invitarles a trabajar en red en el seno de la Comisión. Para ello, se haría un diagnóstico inicial sobre la insolvencia alimentaria y los recursos existentes en el distrito. Este objetivo se ha cubierto completamente. De la exploración realizada, se deduce que existen en el distrito 19 puntos de reparto de alimentos que atienden a casi 10.000 personas, un 6,4% de la población total. Ningún punto de reparto se ha opuesto al Proyecto y la mayoría ha acudido a las reuniones de la Comisión.
  • Determinar las personas que harían las funciones de “coordinadora-nexo” y “cocinera”. De esta tarea se encargó la propia Junta pero por diversas razones no se logró asignar esos puestos de trabajo. Ante la necesidad de avanzar, la propia Jefa de Servicios Sociales asumió con carácter temporal la función de persona-nexo y se buscaron profesionales de cocina a partir de una contrata ya establecida con el ayuntamiento.
  • Establecer un sistema de tarjetas para adquirir alimentos frescos en el comercio local, que completase la dieta de alimentos no perecederos de los puntos de reparto. Se encargó también la Junta, que llegó a un acuerdo con una empresa financiera especializada, pero las tarjetas no están todavía disponibles por no haberse resuelto algunos detalles técnicos del procedimiento administrativo.
  • Decidir los criterios a tener en cuenta para priorizar la asignación de tarjetas en función del marco presupuestario establecido por el Ayuntamiento. La comisión ha llegado a establecer fórmulas cada vez más precisas en torno a las cantidades a asignar, una Guía con los pasos a dar desde los puntos de reparto y una Hoja de derivación para entregar en los Centros de Servicios Sociales, cuyas profesionales elaborarían el informe social prescriptivo para conceder o denegar la prestación. En este punto desde Servicios sociales se ha frenado el proceso durante varios meses con el argumento de que tienen que hacer consultas internas, lo que ha provocado mucha decepción en el resto de la comisión.
  • Diseñar el trabajo a realizar en el espacio de cultura alimentaria. A partir de un grupo de personas voluntarias se han diseñado y aplicado los primeros talleres con personas receptoras de alimentos en un Centro Social Comunitario del distrito. El proyecto se llama “Yo me lo guiso, yo me lo como” y persigue los siguientes objetivos: 1) generar un espacio de formación y de encuentro para vecinas y vecinos de Tetuán en torno a la Alimentación y la Economía Doméstica; 2) facilitar aprendizajes sobre cocina cotidiana, economía doméstica, empleo y otros temas que el grupo considere prioritarios; 3) favorecer el encuentro vecinal y un espacio de convivencia, autoayuda y sinergia; y 4) favorecer el conocimiento y acceso a recursos comunitarios del Distrito.

En general, medio año después de aprobarse el Proyecto, se han producido avances importantes pero el ritmo de trabajo se ha ralentizado en exceso por la lentitud de la propia Junta en dar salida a sus compromisos concretos. Resulta difícil de comprender que, estando todas las partes comprometidas con la bondad del Proyecto y contando con la partida presupuestaria correspondiente, no se agilicen los últimos pasos para desbloquear su aplicación en beneficio de las familias en situación de emergencia alimentaria.

(Más información en mesaexclusiontetuan.wordpress.com)

Senda de Cuidados. ¿Cómo pensar los cuidados desde otras (pos)verdades?

Débora Ávila

Éxodo 138
– Autor: Débora Ávila –

No está en ningún mapa. Los lugares verdaderos nunca lo están, escribía Herman Melville en Moby Dick. Y, sin embargo, afirmamos sin ninguna duda que África está debajo de Europa, descentrada, con ese cuerno tan característico. El mapa toma el lugar de lo real. Y nos lo muestra como una clara verdad.

Una verdad es aquello que se nos revela como seguro, evidente, incuestionable. Mediante sencillas operaciones descartamos lo falso por oposición de lo verdadero y obtenemos el criterio mediante el cual aprehender el mundo que nos rodea: la guía a partir de la cual nos explicamos lo que conocemos y construimos nuestras certezas. Tal es la seguridad que produce la verdad que cuesta poco asociarla con lo real. Sin embargo, no hay nada más problemático que dicha unión: lo verdadero no es más que una representación de lo real, del mismo modo que un mapa representa un territorio, lo ordena, pero no es el territorio. Como tal representación, toma el lugar de la realidad, pero no como mero espejo de la misma, sino como el resultado (siempre en continua tensión) de un conjunto de intereses y relaciones de poder que producen y mantienen lo que debe ser definido como verdadero.

Sin embargo, estas verdades, para ser eficaces, deben confundirse con lo real, y deben hacerlo de la forma más invisible posible ante nuestros ojos, por eso, lo más problemático de los regímenes de poder no son sus mentiras, sus censuras o sus prohibiciones, sino sus verdades: si una verdad desvela sus intenciones pierde su eficacia, porque muestra que, en realidad, la verdad no es más que una sola verdad de las posibles.

1ª Si partimos de estas premisas, es fácil imaginar que en el trabajo de cuidados también funcionan un conjunto de verdades, encargadas de construir la realidad en la que debe desenvolverse Senda de Cuidados. Ese mapa, que lleva acompañándonos mucho tiempo atrás, adjudica a los cuidados un lugar casi invisible: un paisaje difuso en torno a carreteras principales en las que circula el individuo pensado como autónomo. Así, el trabajo necesario para la reproducción de nuestras propias vidas (preparación de alimentos, limpieza, afectos, etc.) suele pasar desapercibido. Damos por hecho que está, alguien lo hace, y solo cuando falta o nos volvemos más vulnerables y nos sumimos  en el temor, nos damos cuenta de su importancia. Relegados a un papel social secundario y absolutamente desvalorizado, en medio de una retórica que loa y premia la independencia de las personas –los sujetos hechos a sí mismos–, la lucha por garantizar un trabajo de cuidados digno (que pasa por el reconocimiento de su centralidad en la vida, y por una puesta en valor del trabajo que realizan en miles de hogares mujeres, en su mayoría migrantes, que se dejan la piel en el cuidado de nuestros mayores, niños, enfermos y personas más dependientes) no es tarea sencilla. Debe enfrentarse a profundos pilares que sustentan la forma en la que pensamos los cuidados. Debe trastocar las verdades existentes, para que aparezcan otras que nos permitan pensar el cuidado desde otro lugar.

En la denominada era de la posverdad, el panorama se vuelve aún más complejo. La crisis de las verdades, la desafección que las recientes recesiones y convulsiones mundiales han producido con respecto a los marcos de referencia establecidos, no ha hecho emerger nuevas verdades. Lejos de ello, ha desplazado a los conceptos para colocar a los afectos en el centro de nuestra forma de entender y explicar el mundo. En la era de la posverdad, se habla a los sentimientos, se movilizan las pasiones, los datos y las argumentaciones dejan paso a imágenes y eslóganes que remueven las tripas. Pero, lo realmente problemático de esta nueva era, no es tanto la centralidad de los afectos cuanto el carácter de los mismos. Y es que la rabia, la ira, el señalamiento de culpables y el levantamiento de barreras defensivas son los motores que encienden las pasiones. Bien sabemos que las personas migrantes, que sostienen con su trabajo y con la desigualdad impuesta al movimiento de nuestro mundo, se han convertido en diana de esos efectos negativos. Europa para los europeos, se grita desde cada vez más rincones, sin necesidad de plantearse nada más. Hablan las tripas, no las razones, los derechos, la historia ni la justicia.

2ª Así, desde nuestra asociación, sabemos que el reto es doble. Que toca luchar contra la invisibilidad y desvalorización de los cuidados, a la par que contrarrestar una posible extensión del rechazo a todo aquel que no sea considerado como ciudadano legítimo (lo que sin duda, redundaría aún más en la precarización del trabajo de cuidados que tantos y tantos migrantes desempeñan). Lo haremos como lo hemos venido haciendo hasta ahora. Seguiremos formando a nuestras trabajadoras para concienciarlas de la importancia de su trabajo y para garantizar la oferta de unos cuidados dignos. Seguiremos trabajando con las familias que necesitan cuidados para ayudarlas a conseguir los mejores trabajadores y para acompañarlas en todas sus dificultades en esa frágil etapa que atraviesan. Seguiremos luchando por construir discursivamente nuevas verdades que pongan el cuidado y la sostenibilidad de la vida en el centro. Pero, sobre todo, lo haremos contrarrestando la negatividad de los afectos que la posverdad ofrece con la positividad de los afectos que tejemos en nuestro día a día. Lucharemos desde el cuidado y apoyo mutuo, la puesta en valor de nuestras diferencias, la alegría de sabernos juntos, y el empoderamiento que nos da nuestra rebeldía. Les diremos a los viejos mapas y a los nuevos resentimientos que hay otras formas de pensar el mundo. Y lo haremos, sencillamente, materializándolas en nuestro cotidiano, desde las pequeñas grietas que habitamos.

Parroquia Ntra. Sra. de la Guía

Jorge de Dompablo

Éxodo 138
– Autor: Jorge de Dompablo –

1ª  Me gustaría comenzar por presentar quiénes somos. Somos, o quizás queremos ser, una comunidad que se empieza a construir en torno a una pequeña parroquia en un barrio obrero de Madrid, el llamado de las 800 viviendas; contamos una asociación para acoger migrantes y otras personas sin hogar, y estamos empezando a desarrollar un proyecto de dinamización social y cultural vecinal, y, por supuesto, nuestras actividades parroquiales, aunque finalmente para nosotros todo se mezcla, la parroquia, los vecinos, los migrantes, etc. En realidad, yo creo que nuestra propuesta se resume en aprender a compartir nuestras vidas. Y este compartir de todos se concreta en una parte muy visible: el compromiso en la acogida a los migrantes.

La palabra migrantes está vinculada a una larga retahíla de posverdades: son delincuentes, nos quitan el trabajo, los migrantes no quieren integrarse… y la más repetida últimamente, si abrimos nuestra puerta se nos puede colar un terrorista.

Lamentablemente, este discurso empieza a proyectar la sombra de la duda en la sociedad, y así se empieza a mirar al otro, primero con prevención, y, después, si no lo evitamos, con abierta hostilidad. Y esa posverdad también afecta a los migrantes que escuchan ese discurso que les culpa y les desprecia, y, en su desconocimiento de nuestra sociedad, llegan a pensar que todos pensamos así, o que son mayoría los que así piensan, y ellos también empiezan a mirar al otro, que somos todos nosotros, con prevención, con desconfianza, para terminar en el rencor. Entonces es cuando la posverdad ha triunfado, ha logrado enfrentar a dos personas que estaban llamadas a convivir, ha creado enemigos donde no los había.

Quizá la posverdad más molesta es la que presenta a los que luchamos contra este absurdo enfrentamiento como gentes “buenistas”, con buenas intenciones, pero finalmente personas idealistas y ajenas a la realidad. Ante esa acusación sí me defiendo, no somos “buenistas”, sabemos de las dificultades, de los costes, de los riesgos de las migraciones.

No somos “buenistas”, pero no nos conformamos con las soluciones que se basan, utilizando palabras de Francisco, en el “descarte” de personas. El rechazo al migrante, sin dar más solución que el férreo cierre de fronteras, es una clara manifestación del descarte de naciones enteras.

Seguramente no sabemos todas las respuestas, pero tenemos claro que las que hoy da nuestra sociedad no son respuestas, pues suponen dolor y sufrimiento para nuestros hermanos, y no solo para nuestros hermanos africanos o sirios, sino que estas mismas  respuestas generan sufrimiento también para el parado o el trabajador precario, y para el que padece pobreza energética, o el anciano dependiente sin prestación alguna. Es doloroso escuchar a un parado de larga duración que, en su desesperación, sugiere que se ayude primero a los de aquí, en ese momento la posverdad ha logrado su objetivo, utilizar el miedo para legitimar el descarte del otro, pero, por desgracia para todos, mañana habrá otra posverdad que tildará de vago al parado de larga duración y le culpará de su situación.

Igualmente doloroso es saber que otro africano se dispone a emprender el camino a Europa ignorando las miserias que, si llega vivo, se verá obligado a pasar en nuestro continente; en este sentido, quizá la gran verdad que debemos oponer a las porverdades sobre la migración sea que el primer derecho de una persona es, no a migrar a otro país, sino precisamente a no migrar, a vivir, trabajar dignamente y morir en su propia tierra.

¿Qué salida le estáis dando colectivamente? Sencillamente continuamos trabajando. Lo cierto es que nuestra pequeñez, nuestra situación de parroquia periférica, hace que no tengamos que dar grandes respuestas, pues no hay altavoz para nosotros y nadie nos escucharía. Así que continuamos respondiendo con nuestro quehacer diario, eso sí, activo y comprometido, acogemos a migrantes africanos en nuestras casas y asociaciones, pero igualmente abrimos nuestras puertas a presos, a toxicómanos, a personas solas o que han tropezado en la vida.

De vez en cuando nos reunimos en el local de la asociación y comemos todos juntos: los africanos que viven en la casa de acogida, los ancianos solos del barrio, los que algún día estuvieron perdidos en el alcohol, la droga o la depresión y hoy han resucitado, y los parroquianos más diversos, de todo tipo y condición. Quizá esta sea nuestra respuesta a la posverdad, el seguir compartiendo nuestra vida con todos, el mezclarnos, el comer juntos… Quizá, aunque no lo hagamos de una manera deliberada, al compartir juntos una misma mesa estamos afrontando la posverdad con nuestra sencilla Verdad, el pan partido y repartido…

Y, mientras tanto, seguimos con nuestros proyectos, acogiendo a personas, preparando un huerto ocupacional, haciendo presentes a los olvidados. Ahora andamos liados organizando un espacio dedicado a la memoria de los migrantes muertos en el Mediterráneo. Se instalará en nuestra parroquia un espacio que no nos permitirá olvidar, que confrontará la posverdad con la verdad desgarradora, injusta, terrible, la verdad de los cadáveres en el mar.

Nosotros no sabemos enfrentarnos a la posverdad, sencillamente oramos por los muertos, intentamos acoger a los que llegan vivos, y procuramos mirar a los ojos del otro para vacunarnos juntos contra ese lento veneno de tópicos y noticias falsas.

Desde San Carlos Borromeo

Javier Baeza

Éxodo 138
– Autor: Javier Baeza –

Siendo una palabra que el pasado año entronizó el diccionario “Oxford”[1], parece más que conformaría eufemismos del lenguaje. Seguramente porque, hablar de posverdad, es referirnos a la mentira[2]. Los caminos intermedios despistan y adolecen de coherencia con la realidad. Pero esta convivencia entre verdades, mentiras y medias verdades o medias mentiras, es posible gracias a que, precisamente, la “posverdad es una mentira que ansiamos creer porque confirma nuestro punto de vista”[3]. Esto evidencia que la posverdad es causa y efecto del narcisismo social e individual en que nos movemos.

1ª En el mundo de la exclusión estas situaciones son muy antiguas. Seguro que mucho más arcaicas que la utilización o entronización académica. Quienes habitan los márgenes de la inclusión y la normalización social, han sido sometidos muchas veces a la disociación entre lo que ellos vivían –y cómo se les trata- y aquellos marcos teóricos o normativos que supuestamente defendían su dignidad, prosperidad y bienestar social. Seguimos amparados en el mundo de los “derechos”, sin percatarnos que las personas previamente tenemos “necesidades”[4]. Y mientras estas segundas no sean satisfechas, los primeros serán quimeras sobre las que se asiente el aburguesamiento de nuestras sociedades o sobre los que repose el malestar individual frente a la realidad.

Otro elemento importante de este momento que vivimos es la posesión. Al haberse pontificado como absoluto el capital, la financiarización de la existencia, todo lo que no se posea no existe, no tiene validez. Nuestra relación con los otros no depende de nuestra pertenencia al grupo, colectivo o barrio. Ni siquiera nuestra pertenencia a un club significa vinculación con el mismo. Sólo si tenemos certeza de poseer algo o todo de ello, tendremos sentimiento de dominio sobre la realidad. Por eso es tan importante desvelar –desvelarnos- que la pertenencia “es mucho más rico, más complejo y perfecto que la simple posesión”[5].

2ª Y esta rica pertenencia nos lleva a la solidaridad. Empeñada ésta en hacerse hueco en una sociedad consternada por las tragedias ajenas, pero igualmente hipnotizada ante la imposibilidad real de actuar y acometer transformaciones. Y mientras, en sectores sociales precarios, donde las necesidades perentorias parecen ahogar la existencia, resurgen esos gestos “reales y serios” de complicidad entre iguales que genera redes de solidaridad, ahora llamadas de autoayuda, que colaboran eficazmente en aminorar los destrozos de esta crisis en la que muchos vivimos. Esas relaciones tan asimétricas que pasaron de pedir ayuda a intentar prestarnos ayuda y juntos atisbar otros horizontes.

[1] Rubén Amón, El País, 17-11-2016

[2] Javier Gallego, eldiario.es, 14-12-2016

[3] Javier García Martínez, El Mundo, 10-3-2017

[4] Enrique Martínez Reguera. Cadena Ser, 19-3-2017

[5] Almudena Grandes, El País Semanal, 21-8-16