Proyecto en marcha en el distrito de Tetuán

Carlos Pereda

El proceso se inicia en octubre de 2016 cuando  la Concejala Presidenta del distrito planteó en el seno de la Mesa contra la Exclusión y por los Derechos Sociales de Tetuán la posibilidad de diseñar desde el principio de forma participada un Proyecto que permitiera salir al paso de las emergencias alimentarias. Para ello se había incluido una partida en el presupuesto municipal de 2017. La Mesa aceptó el reto y se creó una Comisión formada por responsables políticos, profesionales y vecinos afectados.

La primera propuesta partió del departamento de Servicios Sociales de la Junta, que presentó un Pliego de condiciones para licitar un comedor social donde se daría comida a 50 personas adultas. Esta propuesta encontró bastantes pegas y en la siguiente sesión hubo una nueva propuesta por parte de los grupos de la Asamblea 15M de Tetuán (Banco de Alimentos, Stop Desahucios e Invisibles) que obtuvo aprobación por unanimidad. La idea se inspiraba en los principios de la Carta contra el Hambre. La Comisión ha dado hasta ahora los siguientes pasos:

  • Buscar los puntos de reparto existentes en el Distrito de Tetuán e invitarles a trabajar en red en el seno de la Comisión. Para ello, se haría un diagnóstico inicial sobre la insolvencia alimentaria y los recursos existentes en el distrito. Este objetivo se ha cubierto completamente. De la exploración realizada, se deduce que existen en el distrito 19 puntos de reparto de alimentos que atienden a casi 10.000 personas, un 6,4% de la población total. Ningún punto de reparto se ha opuesto al Proyecto y la mayoría ha acudido a las reuniones de la Comisión.
  • Determinar las personas que harían las funciones de “coordinadora-nexo” y “cocinera”. De esta tarea se encargó la propia Junta pero por diversas razones no se logró asignar esos puestos de trabajo. Ante la necesidad de avanzar, la propia Jefa de Servicios Sociales asumió con carácter temporal la función de persona-nexo y se buscaron profesionales de cocina a partir de una contrata ya establecida con el ayuntamiento.
  • Establecer un sistema de tarjetas para adquirir alimentos frescos en el comercio local, que completase la dieta de alimentos no perecederos de los puntos de reparto. Se encargó también la Junta, que llegó a un acuerdo con una empresa financiera especializada, pero las tarjetas no están todavía disponibles por no haberse resuelto algunos detalles técnicos del procedimiento administrativo.
  • Decidir los criterios a tener en cuenta para priorizar la asignación de tarjetas en función del marco presupuestario establecido por el Ayuntamiento. La comisión ha llegado a establecer fórmulas cada vez más precisas en torno a las cantidades a asignar, una Guía con los pasos a dar desde los puntos de reparto y una Hoja de derivación para entregar en los Centros de Servicios Sociales, cuyas profesionales elaborarían el informe social prescriptivo para conceder o denegar la prestación. En este punto desde Servicios sociales se ha frenado el proceso durante varios meses con el argumento de que tienen que hacer consultas internas, lo que ha provocado mucha decepción en el resto de la comisión.
  • Diseñar el trabajo a realizar en el espacio de cultura alimentaria. A partir de un grupo de personas voluntarias se han diseñado y aplicado los primeros talleres con personas receptoras de alimentos en un Centro Social Comunitario del distrito. El proyecto se llama “Yo me lo guiso, yo me lo como” y persigue los siguientes objetivos: 1) generar un espacio de formación y de encuentro para vecinas y vecinos de Tetuán en torno a la Alimentación y la Economía Doméstica; 2) facilitar aprendizajes sobre cocina cotidiana, economía doméstica, empleo y otros temas que el grupo considere prioritarios; 3) favorecer el encuentro vecinal y un espacio de convivencia, autoayuda y sinergia; y 4) favorecer el conocimiento y acceso a recursos comunitarios del Distrito.

En general, medio año después de aprobarse el Proyecto, se han producido avances importantes pero el ritmo de trabajo se ha ralentizado en exceso por la lentitud de la propia Junta en dar salida a sus compromisos concretos. Resulta difícil de comprender que, estando todas las partes comprometidas con la bondad del Proyecto y contando con la partida presupuestaria correspondiente, no se agilicen los últimos pasos para desbloquear su aplicación en beneficio de las familias en situación de emergencia alimentaria.

(Más información en mesaexclusiontetuan.wordpress.com)

Senda de Cuidados. ¿Cómo pensar los cuidados desde otras (pos)verdades?

Débora Ávila

No está en ningún mapa. Los lugares verdaderos nunca lo están, escribía Herman Melville en Moby Dick. Y, sin embargo, afirmamos sin ninguna duda que África está debajo de Europa, descentrada, con ese cuerno tan característico. El mapa toma el lugar de lo real. Y nos lo muestra como una clara verdad.

Una verdad es aquello que se nos revela como seguro, evidente, incuestionable. Mediante sencillas operaciones descartamos lo falso por oposición de lo verdadero y obtenemos el criterio mediante el cual aprehender el mundo que nos rodea: la guía a partir de la cual nos explicamos lo que conocemos y construimos nuestras certezas. Tal es la seguridad que produce la verdad que cuesta poco asociarla con lo real. Sin embargo, no hay nada más problemático que dicha unión: lo verdadero no es más que una representación de lo real, del mismo modo que un mapa representa un territorio, lo ordena, pero no es el territorio. Como tal representación, toma el lugar de la realidad, pero no como mero espejo de la misma, sino como el resultado (siempre en continua tensión) de un conjunto de intereses y relaciones de poder que producen y mantienen lo que debe ser definido como verdadero.

Sin embargo, estas verdades, para ser eficaces, deben confundirse con lo real, y deben hacerlo de la forma más invisible posible ante nuestros ojos, por eso, lo más problemático de los regímenes de poder no son sus mentiras, sus censuras o sus prohibiciones, sino sus verdades: si una verdad desvela sus intenciones pierde su eficacia, porque muestra que, en realidad, la verdad no es más que una sola verdad de las posibles.

1ª Si partimos de estas premisas, es fácil imaginar que en el trabajo de cuidados también funcionan un conjunto de verdades, encargadas de construir la realidad en la que debe desenvolverse Senda de Cuidados. Ese mapa, que lleva acompañándonos mucho tiempo atrás, adjudica a los cuidados un lugar casi invisible: un paisaje difuso en torno a carreteras principales en las que circula el individuo pensado como autónomo. Así, el trabajo necesario para la reproducción de nuestras propias vidas (preparación de alimentos, limpieza, afectos, etc.) suele pasar desapercibido. Damos por hecho que está, alguien lo hace, y solo cuando falta o nos volvemos más vulnerables y nos sumimos  en el temor, nos damos cuenta de su importancia. Relegados a un papel social secundario y absolutamente desvalorizado, en medio de una retórica que loa y premia la independencia de las personas –los sujetos hechos a sí mismos–, la lucha por garantizar un trabajo de cuidados digno (que pasa por el reconocimiento de su centralidad en la vida, y por una puesta en valor del trabajo que realizan en miles de hogares mujeres, en su mayoría migrantes, que se dejan la piel en el cuidado de nuestros mayores, niños, enfermos y personas más dependientes) no es tarea sencilla. Debe enfrentarse a profundos pilares que sustentan la forma en la que pensamos los cuidados. Debe trastocar las verdades existentes, para que aparezcan otras que nos permitan pensar el cuidado desde otro lugar.

En la denominada era de la posverdad, el panorama se vuelve aún más complejo. La crisis de las verdades, la desafección que las recientes recesiones y convulsiones mundiales han producido con respecto a los marcos de referencia establecidos, no ha hecho emerger nuevas verdades. Lejos de ello, ha desplazado a los conceptos para colocar a los afectos en el centro de nuestra forma de entender y explicar el mundo. En la era de la posverdad, se habla a los sentimientos, se movilizan las pasiones, los datos y las argumentaciones dejan paso a imágenes y eslóganes que remueven las tripas. Pero, lo realmente problemático de esta nueva era, no es tanto la centralidad de los afectos cuanto el carácter de los mismos. Y es que la rabia, la ira, el señalamiento de culpables y el levantamiento de barreras defensivas son los motores que encienden las pasiones. Bien sabemos que las personas migrantes, que sostienen con su trabajo y con la desigualdad impuesta al movimiento de nuestro mundo, se han convertido en diana de esos efectos negativos. Europa para los europeos, se grita desde cada vez más rincones, sin necesidad de plantearse nada más. Hablan las tripas, no las razones, los derechos, la historia ni la justicia.

2ª Así, desde nuestra asociación, sabemos que el reto es doble. Que toca luchar contra la invisibilidad y desvalorización de los cuidados, a la par que contrarrestar una posible extensión del rechazo a todo aquel que no sea considerado como ciudadano legítimo (lo que sin duda, redundaría aún más en la precarización del trabajo de cuidados que tantos y tantos migrantes desempeñan). Lo haremos como lo hemos venido haciendo hasta ahora. Seguiremos formando a nuestras trabajadoras para concienciarlas de la importancia de su trabajo y para garantizar la oferta de unos cuidados dignos. Seguiremos trabajando con las familias que necesitan cuidados para ayudarlas a conseguir los mejores trabajadores y para acompañarlas en todas sus dificultades en esa frágil etapa que atraviesan. Seguiremos luchando por construir discursivamente nuevas verdades que pongan el cuidado y la sostenibilidad de la vida en el centro. Pero, sobre todo, lo haremos contrarrestando la negatividad de los afectos que la posverdad ofrece con la positividad de los afectos que tejemos en nuestro día a día. Lucharemos desde el cuidado y apoyo mutuo, la puesta en valor de nuestras diferencias, la alegría de sabernos juntos, y el empoderamiento que nos da nuestra rebeldía. Les diremos a los viejos mapas y a los nuevos resentimientos que hay otras formas de pensar el mundo. Y lo haremos, sencillamente, materializándolas en nuestro cotidiano, desde las pequeñas grietas que habitamos.

Parroquia Ntra. Sra. de la Guía

Jorge de Dompablo

1ª  Me gustaría comenzar por presentar quiénes somos. Somos, o quizás queremos ser, una comunidad que se empieza a construir en torno a una pequeña parroquia en un barrio obrero de Madrid, el llamado de las 800 viviendas; contamos una asociación para acoger migrantes y otras personas sin hogar, y estamos empezando a desarrollar un proyecto de dinamización social y cultural vecinal, y, por supuesto, nuestras actividades parroquiales, aunque finalmente para nosotros todo se mezcla, la parroquia, los vecinos, los migrantes, etc. En realidad, yo creo que nuestra propuesta se resume en aprender a compartir nuestras vidas. Y este compartir de todos se concreta en una parte muy visible: el compromiso en la acogida a los migrantes.

La palabra migrantes está vinculada a una larga retahíla de posverdades: son delincuentes, nos quitan el trabajo, los migrantes no quieren integrarse… y la más repetida últimamente, si abrimos nuestra puerta se nos puede colar un terrorista.

Lamentablemente, este discurso empieza a proyectar la sombra de la duda en la sociedad, y así se empieza a mirar al otro, primero con prevención, y, después, si no lo evitamos, con abierta hostilidad. Y esa posverdad también afecta a los migrantes que escuchan ese discurso que les culpa y les desprecia, y, en su desconocimiento de nuestra sociedad, llegan a pensar que todos pensamos así, o que son mayoría los que así piensan, y ellos también empiezan a mirar al otro, que somos todos nosotros, con prevención, con desconfianza, para terminar en el rencor. Entonces es cuando la posverdad ha triunfado, ha logrado enfrentar a dos personas que estaban llamadas a convivir, ha creado enemigos donde no los había.

Quizá la posverdad más molesta es la que presenta a los que luchamos contra este absurdo enfrentamiento como gentes “buenistas”, con buenas intenciones, pero finalmente personas idealistas y ajenas a la realidad. Ante esa acusación sí me defiendo, no somos “buenistas”, sabemos de las dificultades, de los costes, de los riesgos de las migraciones.

No somos “buenistas”, pero no nos conformamos con las soluciones que se basan, utilizando palabras de Francisco, en el “descarte” de personas. El rechazo al migrante, sin dar más solución que el férreo cierre de fronteras, es una clara manifestación del descarte de naciones enteras.

Seguramente no sabemos todas las respuestas, pero tenemos claro que las que hoy da nuestra sociedad no son respuestas, pues suponen dolor y sufrimiento para nuestros hermanos, y no solo para nuestros hermanos africanos o sirios, sino que estas mismas  respuestas generan sufrimiento también para el parado o el trabajador precario, y para el que padece pobreza energética, o el anciano dependiente sin prestación alguna. Es doloroso escuchar a un parado de larga duración que, en su desesperación, sugiere que se ayude primero a los de aquí, en ese momento la posverdad ha logrado su objetivo, utilizar el miedo para legitimar el descarte del otro, pero, por desgracia para todos, mañana habrá otra posverdad que tildará de vago al parado de larga duración y le culpará de su situación.

Igualmente doloroso es saber que otro africano se dispone a emprender el camino a Europa ignorando las miserias que, si llega vivo, se verá obligado a pasar en nuestro continente; en este sentido, quizá la gran verdad que debemos oponer a las porverdades sobre la migración sea que el primer derecho de una persona es, no a migrar a otro país, sino precisamente a no migrar, a vivir, trabajar dignamente y morir en su propia tierra.

¿Qué salida le estáis dando colectivamente? Sencillamente continuamos trabajando. Lo cierto es que nuestra pequeñez, nuestra situación de parroquia periférica, hace que no tengamos que dar grandes respuestas, pues no hay altavoz para nosotros y nadie nos escucharía. Así que continuamos respondiendo con nuestro quehacer diario, eso sí, activo y comprometido, acogemos a migrantes africanos en nuestras casas y asociaciones, pero igualmente abrimos nuestras puertas a presos, a toxicómanos, a personas solas o que han tropezado en la vida.

De vez en cuando nos reunimos en el local de la asociación y comemos todos juntos: los africanos que viven en la casa de acogida, los ancianos solos del barrio, los que algún día estuvieron perdidos en el alcohol, la droga o la depresión y hoy han resucitado, y los parroquianos más diversos, de todo tipo y condición. Quizá esta sea nuestra respuesta a la posverdad, el seguir compartiendo nuestra vida con todos, el mezclarnos, el comer juntos… Quizá, aunque no lo hagamos de una manera deliberada, al compartir juntos una misma mesa estamos afrontando la posverdad con nuestra sencilla Verdad, el pan partido y repartido…

Y, mientras tanto, seguimos con nuestros proyectos, acogiendo a personas, preparando un huerto ocupacional, haciendo presentes a los olvidados. Ahora andamos liados organizando un espacio dedicado a la memoria de los migrantes muertos en el Mediterráneo. Se instalará en nuestra parroquia un espacio que no nos permitirá olvidar, que confrontará la posverdad con la verdad desgarradora, injusta, terrible, la verdad de los cadáveres en el mar.

Nosotros no sabemos enfrentarnos a la posverdad, sencillamente oramos por los muertos, intentamos acoger a los que llegan vivos, y procuramos mirar a los ojos del otro para vacunarnos juntos contra ese lento veneno de tópicos y noticias falsas.

Desde San Carlos Borromeo

Javier Baeza

Siendo una palabra que el pasado año entronizó el diccionario “Oxford”[1], parece más que conformaría eufemismos del lenguaje. Seguramente porque, hablar de posverdad, es referirnos a la mentira[2]. Los caminos intermedios despistan y adolecen de coherencia con la realidad. Pero esta convivencia entre verdades, mentiras y medias verdades o medias mentiras, es posible gracias a que, precisamente, la “posverdad es una mentira que ansiamos creer porque confirma nuestro punto de vista”[3]. Esto evidencia que la posverdad es causa y efecto del narcisismo social e individual en que nos movemos.

1ª En el mundo de la exclusión estas situaciones son muy antiguas. Seguro que mucho más arcaicas que la utilización o entronización académica. Quienes habitan los márgenes de la inclusión y la normalización social, han sido sometidos muchas veces a la disociación entre lo que ellos vivían –y cómo se les trata- y aquellos marcos teóricos o normativos que supuestamente defendían su dignidad, prosperidad y bienestar social. Seguimos amparados en el mundo de los “derechos”, sin percatarnos que las personas previamente tenemos “necesidades”[4]. Y mientras estas segundas no sean satisfechas, los primeros serán quimeras sobre las que se asiente el aburguesamiento de nuestras sociedades o sobre los que repose el malestar individual frente a la realidad.

Otro elemento importante de este momento que vivimos es la posesión. Al haberse pontificado como absoluto el capital, la financiarización de la existencia, todo lo que no se posea no existe, no tiene validez. Nuestra relación con los otros no depende de nuestra pertenencia al grupo, colectivo o barrio. Ni siquiera nuestra pertenencia a un club significa vinculación con el mismo. Sólo si tenemos certeza de poseer algo o todo de ello, tendremos sentimiento de dominio sobre la realidad. Por eso es tan importante desvelar –desvelarnos- que la pertenencia “es mucho más rico, más complejo y perfecto que la simple posesión”[5].

2ª Y esta rica pertenencia nos lleva a la solidaridad. Empeñada ésta en hacerse hueco en una sociedad consternada por las tragedias ajenas, pero igualmente hipnotizada ante la imposibilidad real de actuar y acometer transformaciones. Y mientras, en sectores sociales precarios, donde las necesidades perentorias parecen ahogar la existencia, resurgen esos gestos “reales y serios” de complicidad entre iguales que genera redes de solidaridad, ahora llamadas de autoayuda, que colaboran eficazmente en aminorar los destrozos de esta crisis en la que muchos vivimos. Esas relaciones tan asimétricas que pasaron de pedir ayuda a intentar prestarnos ayuda y juntos atisbar otros horizontes.

[1] Rubén Amón, El País, 17-11-2016

[2] Javier Gallego, eldiario.es, 14-12-2016

[3] Javier García Martínez, El Mundo, 10-3-2017

[4] Enrique Martínez Reguera. Cadena Ser, 19-3-2017

[5] Almudena Grandes, El País Semanal, 21-8-16

Las mujeres y la teología

Mª Luisa Paret García

“Pues no sois vos, Criador mío, desagradecido para que piense yo daréis menos de lo que os suplican, sino mucho más; ni aborrecisteis, Señor de mi alma, cuando andabais por el mundo, las mujeres, antes las favorecisteis siempre con mucha piedad y hallasteis en ellas tanto amor y más fe que en los hombres… ¿No basta, Señor, que nos tiene el mundo acorraladas e incapaces para que no hagamos cosa que valga nada por vos en público ni osemos hablar algunas verdades que lloramos en secreto, sino que no nos habíais de oír petición tan justa? No lo creo yo, Señor, de vuestra bondad y justicia, que sois justo juez, y no como los jueces del mundo, que como son hijos de Adán, y en fin, todos varones, no hay virtud de mujer que no tengan por sospechosa. (CE 4,11) (Teresa de Jesús.

“Es hora de que la Iglesia que pretende ser portadora de las buenas noticias de Jesús ante el mundo, deje ya de traicionar su propio legado esencial de la igualdad absoluta” (Karem Jo Torjesen).

Un poco de historia…

Estas dos citas podrían ser, entre muchas, el sentir general de las mujeres en la Iglesia. ¿Cómo comenzar a hablar sobre esta persistente realidad? En la Biblia, ya clamaba con indignación Miriam, la hermana de Moisés: “Acaso Dios le ha hablado sólo a Moisés?¿No nos ha hablado también a nosotros?”(Num 12,2).

Desde muy antiguo, las mujeres han experimentado en la sociedad y en el mundo la violencia y la opresión, una lacra que tiene profundas raíces religiosas. La Biblia ha sido norma de conducta para los cristianos. Si bien su mensaje central habla de liberación y de salvación, sus elementos patriarcales han sido utilizados para racionalizar la subordinación de las mujeres[1]. La interpretación literal y tradicional de numerosos textos es una muestra de la raíz de la conciencia de inferioridad y culpabilidad que han tenido las mujeres. Si bien es cierto que Jesús las trató con profundo respeto y dignidad, fuese cual fuese su procedencia o conducta, parece que a sus apóstoles y seguidores, les costó aprender el aspecto esencial de su mensaje y lo olvidaron pronto.

Históricamente las religiones surgen en sociedades fuertemente patriarcales. El feminismo es un movimiento que les llega tarde, aun cuando muchas de las actitudes y comportamientos que forman parte de sus enseñanzas, reconocen la igualdad y entroncan con el pensamiento y la teología feminista (Gal 3, 27-28). Pero, ponerlo en práctica, ya es harina de otro costal. Porque, en general, en la Iglesia todo lo relacionado con las mujeres y la teología produce desconfianza, sospecha, o rechazo. Y los dos ámbitos, el eclesial y el teológico, tienen mucho que decir y entrar en diálogo[2].

Durante siglos la orientación patriarcal y androcéntrica de la Iglesia ha repartido las tareas y vidas de las mujeres y de los hombres (las tareas para las mujeres y las responsabilidades para los hombres). El ámbito público de lo religioso como la presidencia de la comunidad o parroquia, la administración de sacramentos, la dirección del culto, la toma de decisiones, etc., que atañe a toda la comunidad, queda mayormente en manos de varones. La transmisión de la fe y la iniciación de los sacramentos han sido siempre “cosa de mujeres” –expresión ambivalente donde las haya–, e igualmente a ellas les han tocado en este reparto todas las tareas de logística eclesial[3].

Las mujeres vivimos en la Iglesia bajo una organización que no está pensada para nosotras. Y esto hay que reflexionarlo no solo desde la teología, sino desde la propia actividad parroquial. Urge recuperar los ministerios. Echamos de menos espacios eclesiales que permitan enriquecernos de la experiencia de fe de las mujeres[4]. La evangelización, en todas las etapas del proceso de la educación de la fe, desde la catequesis de adultos, la Iniciación a los sacramentos del Bautismo, Confirmación y Eucaristía, así como la acción social, objeto del antiguo diaconado femenino del que ahora se vuelve a hablar, por obra y gracia del papa Francisco, ha sido mayoritariamente atendido por mujeres.

Se escuchan bellos sermones y conocemos documentos eclesiales significativos que hablan de derechos humanos, pero las mujeres seguimos esperando que la Iglesia modifique el Derecho Canónico y que se incluyan todos los Derechos Humanos, especialmente los de la mujer.

Somos la base social de la Iglesia, participamos en encuentros, asambleas, seminarios, en los que, con toda seguridad, es un varón célibe quien sustenta la responsabilidad. En cuanto a los símbolos religiosos, la liturgia, los textos bíblicos, las homilías, salvo honrosas excepciones, las mujeres hemos quedado excluidas de la representación del Dios cristiano.

Las mujeres nos ponemos en marcha…

Pero, al hilo de la historia, de la misma manera que experimentaron los infortunios, las mujeres se dan cuenta de su potencial creativo, generador de vida, de resistencia ante las adversidades y con audacia, valentía, e, incluso, valiéndose del engaño ante quienes les niegan sus legítimos derechos, reaccionan y se arriesgan en defensa de los más débiles logrando que el derecho y la justicia no sean liquidados. La historia de la salvación fluye a través de ellas, siendo fieles al plan de Dios en los acontecimientos más importantes del pueblo de Israel.

Con Jesús se convierten en sus más fieles seguidoras, responden a su llamada y a la misión, desde los comienzos en Galilea, hasta el final, al pie de la cruz.

Las mujeres están presentes en todas las cruces del mundo y convierten en resurrección allí donde hay muerte y tumbas vacías. Son portadoras de esperanza, de transformación cuando nada se espera y otros se esconden en los cenáculos seguros, por miedo a los poderosos. Son interlocutoras válidas de la Palabra de Dios, enseñan, crean y recrean nuevas formas de ver, escuchar y actuar, aun sin ser reconocidas por las autoridades del momento histórico que les toca vivir. Están fuertemente vinculadas a la Ruah-Espíritu en un movimiento dinámico liberador, en los Pentecostés de la cotidianidad, y saben esperar y confiar en “que todo terminará bien” (Juliana de Norwich).

Nuestra aportación en la Teología, en la Iglesia y en la sociedad

La teología clásica no tuvo en cuenta la experiencia de fe de las mujeres que, aun formando parte de la comunidad, fueron pronto excluidas de la Palabra y del Magisterio. Las excepciones de alguna Doctora de la Iglesia no logran negar la evidencia.

La Teología Feminista es, pues, una relectura del mensaje cristiano desde la óptica, la situación y la experiencia de las mujeres y reclama hablar de Dios desde el sufrimiento de los/as inocentes. Su finalidad es la liberación de todos los seres humanos –mujeres y varones– de las estructuras injustas que los mantienen en situación de minoría de edad.

Nuestra reflexión teológica tiene mucho que aportar en las cuestiones antropológicas y de género, especialmente en relación al papel de la mujer en las religiones[5].

La subordinación e invisibilización que sufrimos las mujeres ha sido estudiada con rigor por la Antropología feminista[6], que intenta responder a la pregunta “¿Por qué la opresión de las mujeres es universal?”. Henrietta Moore[7], cita a Edwin Ardener como el primero que habla de los “grupos silenciados”, pues los grupos dominantes controlan los modos de expresión. Por eso, la visión masculina se equipara a la visión de toda la humanidad.

La antropología feminista reflexiona sobre el concepto de diferencia en detrimento del de semejanza. Considera que hay tres elementos comunes en cualquier cultura que hacen de la invisibilidad de la mujer un hecho universal:

  • Lo biológico, su cuerpo, el miedo al mismo y el deseo de controlarlo.
  • El papel asignado en la mitología y justificado en todas las religiones.
  • La responsabilidad colectiva en el pecado, el mal.

Los roles de género, es decir, las tareas que una cultura asigna a los sexos, han influido decisivamente en la sociedad y en las religiones. La supremacía masculina se otorga gracias a la exclusividad del poder religioso. En función de ideologías sexuales y con el hábil manejo de mitos y ritos, los hombres consideraron que eran superiores a las mujeres y que éstas eran peligrosas e inferiores.

La mayoría de las teologías insisten en la obediencia y en la sumisión de los cuerpos de las mujeres. Pocos son los que han denunciado las prácticas rituales de mutilación y castración como inhumanas y contrarias a los deseos divinos. Según Amnistía Internacional, “la discriminación es una enfermedad mortal. Diariamente mueren más mujeres y niñas a consecuencia de diversas formas de violencia y discriminación por razón de sexo, que por ningún otro abuso contra los derechos humanos[8].

En definitiva, la construcción de las diferencias sexuales forma parte de un dispositivo de control que construye la sexualidad como medio para ejercer el poder. La sexualidad forma parte de las relaciones sociales, la economía, las creencias, las instituciones, la política e impone destinos a las personas: agrupa, excluye, incluye, permite o prohíbe su acceso al poder y al placer.

La teología feminista no es ajena al dolor. Nuestros encuentros y comunicaciones favorecen una metodología propia, utilizamos un lenguaje teológico claro, inclusivo, creativo y sencillo. Ponemos nombre a lo que vivimos, sentimos y pensamos las mujeres, con una especial sensibilidad hacia la marginación –no olvidemos que la pobreza tiene nombre de mujer– en cualquiera de sus aspectos. Apostamos por el conocimiento que busca la verdad, lejos de entenderla como promesa absoluta de un entendimiento incuestionable, pues eso contradice su fin principal: la búsqueda.

Sandra Harding incluye tres rasgos en la Metodología feminista:

  • La incorporación de la experiencia de las mujeres a la investigación científica.
  • Las mujeres como destinatarias, aunque no exclusivas, de sus investigaciones.
  • La inclusión de la subjetividad de la persona que investiga.

Supone hacer visibles los sesgos de género, es decir, desmantelar la ideología de su propia tarea. Desechar el carácter mítico que subyace en determinados textos y en la teología tradicional, a saber: la objetividad, la neutralidad y la racionalidad.

La Teología[9], como otras ciencias, se origina en un determinado momento de la historia; tiene un carácter coyuntural. La Teología feminista desvela no solo quiénes la hicieron, sino a costa de quiénes, esto es, quiénes fueron excluidos de ella ya que ni intervinieron en su formación ni fueron considerados sus destinatarios.

Hay quienes opinan que el cristianismo no pudo ser inculturado de otra forma a como ha sido, legitimando así los condicionantes como los únicos posibles, relegando a la invisibilidad a muchas personas. La rigurosa bibliografía de historiadoras de las religiones de la antigüedad y de los orígenes cristianos, confirma el error de tal determinismo.

También la Teología moral cristiana y católica necesita de la perspectiva de género y de las teologías feministas para articular una Teología moral universal.

Las teólogas no solo sospechamos de los relatos en que no hay ni rastro de nosotras, sino que consideramos una exigencia ética la crítica de los contenidos porque la teología patriarcal ha tenido y sigue teniendo efectos desoladores para la vida de las mujeres.

El objetivo es romper el silencio de la experiencia moral de las mujeres y transformarlo en palabra pública. Fortalecerlas como “agentes morales” con fuerza y creatividad para influir en nuestra sociedad.

Rechazar el victimismo y poner en el centro la fuerza y el poder colectivo de las mujeres. Situar el lugar de la revelación divina en las personas que luchan contra todo lo que niega la vida, así como la crítica a una moral individualista que ignora la dimensión social y relacional de los problemas morales.

Otro aspecto de la Teología moral es la corporeidad, la superación de las dicotomías y replantearse el papel de los sentimientos en la vida moral; saber integrarlos debidamente. Es vital, pues, la relación y la relacionalidad e interdependencia de toda la realidad. Las mujeres buscan la salvación en lo cotidiano. Sus relatos van más allá de los discursos teológicos interesados, luchan por su dignidad.

La ética o espiritualidad de la resistencia[10] y la ética de la transgresión son caminos de liberación en las historias de las mujeres para lograr justicia, salvación y transgredir los límites establecidos para ellas por la sociedad; lo cual motiva la lucha por el reconocimiento de sus derechos y por la autonomía personal. Esto fomenta sus esfuerzos por responder a la llamada del Espíritu-Ruah que habla en la alteridad. Es la gratuidad en la que viven lo que les capacita para realizarse como personas a través del amor a los demás.

La audacia espiritual es construir el futuro desde el presente “con la transgresión, la insumisión, la misericordia, la solidaridad” (I. Gebara). Es la ética de la resistencia practicada durante siglos junto con propuestas que plantean acciones diferentes de la clásica reivindicación política y social. Lo que comparten casi todas las mujeres es la mística comunitaria de la vida con la ética de la reciprocidad. De ahí ese continuo hacerse cargo de la vida de los otros, ya que nada es más espiritual que descuidar el poder personal para potenciar el colectivo.

La teología de la relación que practican las mujeres, no les hace dejar de lado ni su subjetividad ni su protagonismo; crean redes de relación que interactúan con los otros. La espiritualidad y la fortaleza femenina se expresan en la presencia constante de ser el referente de la vida familiar y social de sus pueblos. Tomar parte en la construcción de un mundo más justo no es sólo tarea femenina, sino de todos. Es el acampar de Dios en la humanidad lo que nos convoca a todos al servicio.

La espiritualidad no es más que la vivencia de la fe que nos exige un comportamiento ético coherente. El encuentro con la persona de Jesucristo da un nuevo horizonte a nuestra vida y una orientación decisiva. Es una relación viva que abarca la vida entera del creyente.

La vida buena y digna por la que trabajan las mujeres rechaza una espiritualidad opuesta a la corporalidad que exalta la renuncia y el sacrificio para salvarse. Dios no quiere el dolor ni el sufrimiento de nadie. La finalidad de la ética es la felicidad y es inadmisible la experiencia de violencia contra las mujeres en todo el mundo. Según datos de UNICEF, la familia es el ámbito normal donde se violan los derechos humanos fundamentales, especialmente de las mujeres y niñas.

El sinsentido del sufrimiento femenino es uno de los grandes retos con los que se enfrenta la ética. La espiritualidad feminista cree en la Ruah-Espíritu que llama a la vida. Ponerse hoy al lado de la vida significa enfrentar al poder político, económico, y religioso con el rescate de las víctimas. Es apelar a una libertad responsable que las convierte en sujetos de su destino. Su capacidad de decidir las convierte en significativas para sí mismas y para los demás. Unir compromiso histórico por la dignificación de las víctimas y dimensión mística es tarea urgente de todos, en especial de la Iglesia.

Las luchas que las mujeres mantienen día a día para sobrevivir son luchas políticas en las que se sitúan como sujetos de derecho. El tomar la palabra desde las víctimas es un ejercicio de espiritualidad y de servicio. Dan razón de su fe y de su esperanza. Su fin es cambiar las estructuras de opresión, elaborando propuestas para resistir, que contribuyan a una justicia social, al fomento del desarrollo social y no sólo el económico: mejora de las estructuras sanitarias, educativas, etc. La espiritualidad de las mujeres dando respuesta al sentido de la vida, ampara y transforma la sociedad.

La ética de la resistencia es una praxis transformadora que vincula lo personal y lo colectivo. En ella, lo central es la persona, el ser humano como sujeto de su historia.

Decíamos más arriba que la espiritualidad es la vivencia de la fe en cada momento concreto. La espiritualidad es la comprensión personal de nuestra vida, de nuestra relación con la Divinidad y de nuestro propósito como seres humanos. La espiritualidad abarca nuestra visión del mundo, de los acontecimientos, cómo asumimos los cambios, las relaciones entre las personas, etc. La espiritualidad es el modo de entrar en relación con el Misterio y darnos cuenta de su presencia en nuestra vida. Acoger el Espíritu-Ruah que “habita” en quien lo reconoce y lo hace “carne de su carne”.

Espiritualidad es el espíritu, la actitud, con la que se afronta lo real, la historia que vivimos en toda su complejidad”[11]. “En su acepción originaria espíritu es aliento, cualidad de todo ser vivo que respira[12]. La espiritualidad nos habla de “la actitud que pone la vida en el centro, que defiende y promueve la vida contra todos los mecanismos de estancamiento y muerte” y “del modo de situarnos ante la vida, de afrontar lo real” en toda su riqueza y complejidad.

En definitiva, “la vida según el Espíritu, es decir, la forma de vida que se deja guiar por el Espíritu de Cristo”. Esto es, qué actitudes necesitamos cultivar para ser fieles al Espíritu de Jesús en nuestra historia. Las mujeres seguimos respondiendo a este enunciado en la cotidianidad de la vida, la nuestra y la de nuestro entorno.

Nuestro ser de mujeres está íntimamente religado a los ciclos de la tierra, a su fecundidad, a su vitalidad. Esta religación favorece en nosotras que sepamos escuchar nuestras entrañas y actuar desde ellas. Descubrimos, también, la necesidad de recuperar una Teología del placer como espacio de revelación de la vida femenina, siempre asociada al sufrimiento y al victimismo[13]. Una espiritualidad que integra la búsqueda de felicidad como un signo del Reino, que sea capaz de dialogar con el modelo cultural en el que nos encontramos y, por tanto, más evangélica[14].

Hemos experimentado la solidaridad de género al vivir relaciones sanadoras y libres, liberadoras y pascuales. Dios se ha hecho presente en las mujeres de nuestra historia para entrelazarnos y hacer avanzar la vida.

Ser espiritual” conlleva vivirnos unificadamente tal como somos: cuerpo espiritual o espíritu corporal. Es decir, hacer de nuestro cuerpo el lugar para verificar nuestra vocación espiritual. Además, supone experimentar que no podremos ser felices al margen de los cuerpos sufrientes, enfermos, desnudos, hambrientos, violentados…[15]

Siempre que dejamos al Espíritu de Dios, que su Palabra se haga cuerpo en nosotras/os, se realiza de nuevo la Encarnación[16]. Ese Espíritu nos cubre con su sombra, nos deja embarazad@s de vida y va gestando en nosotros la novedad, porque “para Dios nada es imposible”.

El cuerpo es nuestra presencia o manifestación de nuestra persona, de nuestros valores, de nuestra fe. Puede mostrarse también como revelación de Dios, signo de su presencia entre los hermanos/as. Es el lugar donde acontece la oración[17], el encuentro con Dios en una comunicación íntima, profunda, silenciosa.

Nuestro mundo necesita mujeres y hombres testigos que a través de sus cuerpos expresen que Dios es amor, compasión, perdón, vida en abundancia, en especial para aquellos que carecen de lo más indispensable. Esa fue la experiencia que vivieron las mujeres y hombres que se encontraron con Jesús y que nos transmitieron los evangelios.

Nuestra orientación

Queremos ser, a la vez, protesta y propuesta, que va gestando una nueva vida y una nueva forma de vivirla. Nos reconocemos en las teologías feministas que tienen un discurso y un método, pero queremos hacer algo más que un discurso: ser y situarnos como mujeres en la sociedad, en el mundo.

Seguimos trabajando por una Iglesia enraizada en el Evangelio: abierta, inclusiva, misericordiosa, igualitaria, justa, profética y comprensiva, a la que todos/as estamos invitados/as. Como mujeres bautizadas y adultas en la fe, no sólo queremos tareas sino también responsabilidades, con todos los derechos y deberes que emanan de ejercerlas, incluso el de equivocarnos. Compartimos nuestra identidad en la reciprocidad, el reconocimiento de nuestro ser mujer y en la unidad, trabajando, codo con codo, con nuestros hermanos y hermanas en la fe.

Tomar la palabra, recuperar la memoria, dar razón de nuestra esperanza y hacernos visibles, es el reto que venimos aportando las mujeres desde hace muchos años, con paciencia y prudencia, pero sin renunciar a hacer una crítica perseverante de todo aquello que falsea las relaciones y deforma las mentalidades. Porque no son las costumbres ni las tradiciones, las que nos harán libres, sino la verdad.

Trabajamos como mujeres que vivimos en plenitud nuestra fe, con todo nuestro cuerpo y nuestras capacidades, haciendo Teología y expresando la realidad más profunda de Dios desde el corazón, desde el hondón, no sólo desde la cabeza. Y la expresamos con una palabra autorizada, con gestos auténticos, decisiones valientes, un caminar libre y comprometido.

La Iglesia debería acoger y aceptar otras formas de relaciones humanas: parejas de hecho, divorciados, familias monoparentales, homosexualidad y colectivos excluidos secularmente, con misericordia, sin juicios, sin condenas. El referente es el mismo Evangelio, en el que apenas hay alusión a la sexualidad y sí, y de forma rotunda y definitiva, al amor, a la com-pasión, al shalom.

Formamos parte de asociaciones, grupos, redes a nivel nacional y también a nivel internacional (ESWTR), en América Latina, mostrando que otro tipo de Iglesia es posible, que el Reino es como una gran casa en la que cabemos mujeres y hombres, en la que podemos ser y vivir como hermanos y hermanas, en el intercambio enriquecedor del amor desde el dinamismo del Espíritu-Ruah.

Nuestros objetivos. Nuestras esperanzas

De-construir, desenmascarar los elementos sexistas en las tradiciones religiosas.

Rescatar la sabiduría alternativa de las mujeres y su huella en lo más profundo de los sistemas religiosos y las tradiciones espirituales.

Reconstruir nuevas relaciones, lenguajes, símbolos, imágenes y contenidos que hagan justicia a la plena humanidad de las mujeres.

Buscar el reconocimiento de nuestra dignidad como mujeres en la sociedad y en las iglesias, especialmente el de las más empobrecidas y excluidas.

Desde hace 30 años venimos trabajando para que la utopía cristiana se haga realidad porque ésta ha sido, para el grupo, dinamismo de cambio.

Soñamos con una Iglesia que reconozca la plena participación de las mujeres en la vida eclesial y el ejercicio de cualquiera de sus ministerios, incluido el diaconado de larga tradición en las primeras comunidades cristianas y la ordenación, adaptada a las exigencias y necesidades de hoy. No queremos reproducir el modelo actual del Presbiterado masculino. Una Iglesia que cuente también con las mujeres en los principales órganos consultivos, de discernimiento y de decisión, en los que hoy estamos ausentes.

Creemos en la fuerza femenina de la vida, de nuestra vida, que nos descubre como mujeres portadoras de fuerza y de luz. Es un camino que nos va revelando la verdad de nuestro existir, nuestro sentido y nuestra esperanza.

Creemos que con nuestro trabajo, junto al de otros grupos cristianos, estamos construyendo una Iglesia que respeta la libertad y la adultez de las personas, que debe recuperar los ministerios y no imponga una moral sexual anacrónica e hipócrita; que establece un diálogo sincero con la ciencia y la cultura; que hace posible un ecumenismo real en una sociedad y en un mundo plural.

Seguimos trabajando en la Iglesia y fuera de ella, tejiendo redes de mujeres, editando libros, colaborando en publicaciones, impartiendo cursos, encuentros, convivencias y seminarios…, como Pueblo de Dios, comunidad de iguales, comprometida con la Justicia, la Paz y la integridad de la Creación.

Par terminar, podríamos concluir:

  • Percibimos que Dios-Abbá establece en la intimidad de cada ser humano una alianza perpetua. En virtud del bautismo descubrimos nuestra filiación como hijas queridas de Dios: “Eres mi hija amada”. Nada ni nadie podrá dañar, ni manipular, la divinidad que nos constituye en nuestro Ser Uno/a con Dios. “El vínculo de unión de Dios con el ser humano no puede romperse nunca”, es uno de los ejes de la reflexión teológica de Juliana de Norwich, Beguina (1342-1416). Nosotras seguimos sus huellas, su espiritualidad radical. “La vía mística comienza propiamente con el despertar del Yo a la conciencia de la Realidad Divina” (Evelyn Underhill).
  • El acontecimiento de Jesucristo, es esencial en la vida de todo cristiano/a. En consecuencia, una espiritualidad que incluye pasión por el Dios revelado en Jesucristo y pasión por el ser humano. Una nueva forma de contemplar al ser humano desde el corazón de Dios, no con la mente sino con la compasión y la capacidad de respuesta que provoca en nosotros/as el sufrimiento de las víctimas.
  • Somos herederas de la enseñanza de Jesús, que “pasó por la vida haciendo el bien, curando enfermos o combatiendo las fuerzas del mal, porque Dios estaba con él”. Su misericordia se concreta en la nueva justicia y su mística tiene consecuencias políticas. Unir la opción preferencial por los excluidos/as y la experiencia fundante de Dios: una espiritualidad profética-política.
  • A través de las mujeres de la Biblia, tanto del Primer como del Nuevo Testamento, constatamos que el Espíritu-Ruah nos impulsa a establecer relaciones de reciprocidad basadas en el respeto mutuo, el compañerismo, la fraternidad-sororidad, el respeto hacia lo diferente, la amistad, la acogida…
  • Un nuevo modelo de Iglesia, comunidad cristiana, donde todos los bautizados tienen la misma dignidad, con diversos ministerios y carismas. Es el Espíritu quien la guía, no el clero. Lograr el reconocimiento efectivo de que todo miembro de la Iglesia es responsable de la misión evangelizadora ya que todos, mujeres y hombres, hemos sido con-vocados para cumplir la misión que Jesús Resucitado ha confiado a sus discípulos/as[18].
  • Las mujeres, haciéndonos eco de esa misión inaplazable, recreamos y participamos en celebraciones diferentes, con otro lenguaje, otros símbolos, formulaciones personalizadas que reflejan la abundancia de la experiencia de Dios en nosotras. No son celebraciones paralelas, sino la expresión de la hondura del Misterio que acontece en todo ser humano en el mundo que nos toca vivir.

[1] Barbazán, P., La situación actual de las mujeres en la sociedad y en la Iglesia, Málaga, 2004.

[2] Martínez Cano, S., ATE, Mesa redonda VN y mujeres: “Jesús fue un feminista radical”, CES Don Bosco, 2015.

[3] Barbazán, P., Situación actual de las mujeres en la sociedad y en la Iglesia, Málaga, 2004.

[4] Picó, C., Mesa redonda VN y mujeres: “Jesús fue un feminista radical”, CES Don Bosco, 2015.

[5] Soto Varela, C., Mesa redonda VN y mujeres: “Jesús fue un feminista radical”, CES Don Bosco, 2015.

[6] EFETA, Escuela Feminista de Andalucía, 2004-2009, M. L. Paret.

[7] Moore, H., Antropología y feminismo, Cátedra, 1991.

[8] Informe de Amnistía Internacional, Marzo, 2016

[9] Nos estamos refiriendo a la teología considerada como verdadera, neutral, legítimamente autorizada, que en realidad es patriarcal, androcéntrica, sexista, racista, kiriarcal y colonialista.

[10] Miguel, P. de, Fortaleza femenina y desarrollo, Espiritualidad y fortaleza femenina, DDB, Bilbao, 2006.

[11] Sobrino, J., “Espiritualidad y seguimiento de Jesús” en Mysterium Liberationis, T II, Trotta, Madrid 1990, 449-458.

15 Boff, L. La voz del arco iris, Trotta, Madrid 2003, 123.

[13] Ramos, R., Taller Redes Cristianas, 2007.

[14] Martínez Ocaña, E., Cuando la Palabra se hace cuerpo… en cuerpo de mujer, Narcea 2007.

[15] Cf. Mt 25, 32ss.

[16] Martínez Ocaña, E., Cuando la Palabra se hace cuerpo… en cuerpo de mujer, Narcea, Madrid, 2007,19, 23.

[17] Ibid., 24, 25.

[18] D. Aleixandre, RSCJ

Mesa por la hospitalidad de Madrid: todos a una

José Luis Segovia Bernabé

De poco ha servido la voz profética del Papa Francisco exhortando a  Europa a la hospitalidad para con los desplazados por los conflictos bélicos, la hambruna o la falta de oportunidades. Sin embargo, si en algún campo concreto puede verificarse la acción unitaria de Iglesia, ese es el de la movilidad humana.

La Iglesia ha acuñado un término, “refugiado de hecho”, que impide olvidarnos de los millones de desplazados forzosos, susceptibles de diversos tipos de protección jurídica internacional (que no se agota en el estatuto de refugiado). Reconoce a los miles personas que aguardan la diletante y angustiosa resolución de sus expedientes en territorio nacional, a las que siguen ruta hacia otros países de Europa o son devueltas por éstos (“dublines”), o a las que son desoídas y devueltas ilegítimamente en caliente en la Frontera Sur, entre otras situaciones de vulneración de derechos.

En la archidiócesis de Madrid, nada más visibilizarse la crisis de los refugiados, el arzobispo Osoro tomó la iniciativa. Una densa Carta Pastoral establecía los criterios fundamentales de actuación: a nadie se debe dar por caridad lo que le es debido en justicia, la responsabilidad directa de los Estados en la cobertura de los derechos de los refugiados o la necesidad de elevar los listones de protección social para evitar agravios comparativos, entre otros. Asimismo, inmediatamente, constituyó la Mesa por la Hospitalidad. Sería una especie de “gabinete de crisis”, observatorio de la realidad, órgano coordinador de la solidaridad y plataforma de concienciación de la comunidad cristiana y de la sociedad. Se articuló trasversalmente, contando con la Delegación Diocesana de Migraciones-Asti, Caritas Madrid, Justicia y Paz, Confer Madrid, y la experiencia del SJM de los jesuitas y de la Comunidad de San Egidio. En este sentido, debe destacarse la “nueva cultura organizacional” que  incipientemente se ha puesto en marcha. A destacar: la “verticalidad cooperativa” que posibilita asumir sin dificultad las líneas estratégicas que se plantean desde la Comisión Episcopal de Migraciones o la Red Intereclesial Migrantes con Derechos y alcanzar, hacia abajo, el territorio a través de la estructura parroquial. La efectiva “coordinación horizontal” da pie al trabajo entre diferentes organismos diocesanos sin competir entre sí y sin otro protagonismo que el de ser la Iglesia diocesana. La misma que reza, catequiza, celebra, apuesta por los pobres y anhela justicia, más allá de los “apellidos”. La “flexibilización formal” posibilita la concurrencia de distintos niveles organizacionales sin someterse a otros criterios de jerarquía o de territorio más que los mínimamente imprescindibles. “El trabajo en red” otorga mayor visibilidad, eficacia y eficiencia a la acción. Igualmente, consciente de que fuera de la Iglesia se echan demonios, es capaz de “generar sinergias” con iniciativas ciudadanas y, por supuesto, se mantiene en permanente diálogo con los poderes públicos, directos responsables de la política de asilo y refugio.

Desde estos criterios, la Mesa acordó abrir una cuenta corriente y que los ofrecimientos de ayuda material y voluntariado se canalizaran a través de Caritas de cada una de las ocho Vicarías territoriales y de Confer Madrid. Igualmente, una representación de la Mesa, en nombre de la diócesis, asiste a las reuniones con las autoridades. Cada cierto tiempo se difunde un sencillo boletín con el fin de informar y sensibilizar a toda la diócesis. Por otra parte, más que por crear recursos paralelos, se ha apostado por el apoyo a los itinerarios generales de inclusión social de Caritas. Igualmente se ha optado por dar soporte al proyecto de Hospitalidad que llevan a cabo los jesuitas para mejorar las condiciones de acogida e integración de las personas en situación de refugio en Madrid y promover una cultura de la hospitalidad en la sociedad civil. Finalmente se avala, con toda la Iglesia española, el empeño de la Comunidad de San Egidio por articular un corredor humanitario que posibilite la llegada de personas refugiadas con alta vulnerabilidad, pendiente en este momento de la –esperemos inmediata– aprobación del gobierno español.

De momento, la Mesa, más que satisfecha de lo poco que ha hecho, se siente agraciada porque la realidad de los refugiados nos ha desinstalado y nos ha hecho “ser” más una Iglesia de puertas abiertas, unida en la diversidad, que quiere hacer creíble y significativo al Dios de Jesucristo que apuesta por la fraternidad universal. Para alcanzarlo, tendrá que recordar a los poderes públicos que, solo para cumplir los ya cicateros compromisos asumidos por los Estados de la Unión a dos años vista, de seguir al presente ritmo de acogida en España, habrá que esperar casi… ¡hasta mediados del siglo que viene! “Estoy a la puerta y llamo” (Ap 3,20). Ojalá no sigamos sordos.

Es criminal una política de fronteras que discrimina a los pobres

Santiago Agrelo

A todos “gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo”. Permitidme, queridos, que robe al apóstol Pablo, no solo el saludo, sino también la acción de gracias “por vosotros, por la gracia de Dios que se os ha dado en Cristo Jesús; pues en él habéis sido enriquecidos en todo: en toda palabra y en toda ciencia, porque en vosotros se ha probado el testimonio de Cristo“. Doy gracias a mi Dios por vuestra fe, por vuestro trabajo, por vuestra entrega, por vuestra vida.

  1. Restituir en amor lo que debemos en justicia

Apenas hemos comenzado el año, y a las puertas de esta Iglesia llegan hombres y mujeres con heridas nuevas, testigos de nuevas violencias, víctimas de vejaciones que la reiteración hace insoportablemente renovadas.

El mar de Benzú ha devuelto otro cadáver, otro sin nombre, otro sin padre, sin madre, sin genealogía, otro sin nadie que reclame justicia por otra muerte inicua en la frontera de España.

La pasada noche, la misma frontera ha sido escenario de nuevos despliegues de fuerzas del orden, de nueva violencia con nuevos heridos, con más muertos, como si la única respuesta posible a la tragedia de los inmigrantes fuese la de la fuerza, la de las armas, la del miedo, un ejercicio despiadado, irracional y criminal de intimidación.

Ahora, mientras os escribo, en un aeropuerto de Marruecos, a un joven en tránsito hacia su país, a ciudadano normal, con un pasaporte normal y una tarjeta de embarque normal, a ese joven que, con un cáncer terminal, regresa a la casa familiar para morir entre los suyos, la policía lo ha confinado en dependencias propias, le ha retirado el pasaporte, lo ha aterrorizado, lo ha humillado, y todo ello, mucho me temo, motivado sencillamente porque el joven es negro.

Apenas lo hemos comenzado, y ese amargo anticipo de lo que el año reserva a los pobres se nos hace llamada apremiante del Señor para que esta Iglesia camine con ellos, se solidarice con ellos, cure sus heridas, alivie sus sufrimientos, de modo que les restituyamos en amor lo que les debemos en justicia.

  1. Desde nuestra pobreza

El Señor tu Dios te ha ungido para que seas de Cristo, y te ha enviado para que seas de los pobres: ¡De Cristo y de los pobres!, valga la redundancia. No podemos, queridos, humillar a los pobres haciéndolos partícipes de los desechos de nuestra riqueza.

El altísimo Hijo de Dios, nuestro Señor y Salvador Jesucristo, nos mostró el camino por el que hemos de ir, pues él se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza: nació pobre, vivió pobre, murió como un desdichado, como un excluido, como un criminal, como un peligro para la sociedad.

Al decir “pobre”, decimos mucho más que hombre o mujer carente de lo necesario para vivir: Decimos hombre, mujer, despreciados, excluidos, humillados, negados; decimos hombre, mujer, a quienes la iniquidad ha obligado a interiorizar que no tienen derechos, a vivir como si no los tuviesen, a ser como si no fuesen; decimos hombre, mujer, a quienes hemos llevado a dudar de su dignidad humana, de su condición de hijos de Dios.

Es gracia inmensa el que se nos haya acercado a esa condición humillada, haciéndonos así partícipes de la pobreza de Cristo, de su pasión, de su cruz. Es la infinita misericordia de nuestro Dios la que nos puso en camino con los pobres, para que les llevemos una buena noticia, para que sepan que Dios los ama.

  1. Trabajar y orar por los derechos de los pobres: teme la indiferencia y la crueldad con ellos

Supongo que no os sorprende ver una y otra vez confirmadas por la experiencia las palabras del Señor en el evangelio: “Los reyes de las naciones las dominan, y los que ejercen la autoridad se hacen llamar bienhechores. Vosotros no hagáis así, sino que el mayor entre vosotros se ha de hacer como el menor, y el que gobierna, como el que sirve”.

Pero habréis observado también que, lo mismo ahora que en tiempos de Jesús de Nazaret, son muchos los que, imitando a reyes y autoridades de los pueblos, se buscan a sí mismos, se yerguen sobre los demás, y se hacen responsables, no sólo de indiferencia ante los que sufren, sino también de crueldad con ellos.

Si esa indiferencia y esa crueldad hubiesen echado raíces en nuestro corazón, serían evidencia de ausencia del evangelio en nuestra vida. Témelas, hermano mío, hermana mía, mucho más de lo que temerías la muerte. Témelas mucho más de lo que temerías el infierno. Témelas, porque los pobres son de Cristo, porque en los pobres vive Cristo, porque si eres indiferente o cruel con los pobres, lo habrás sido también con Cristo, con Dios.

  1. Acércate a ellos

Habrás de hacerlo si quieres acercarte a Cristo, si quieres comulgar con él.
Habrás de bajar hasta los pobres, hasta su mundo, y no tendrás más razón para hacerlo que tu fe, que tu esperanza, que tu amor. Habrás de bajar hasta ellos como Cristo bajó hasta ti: “Él se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres”. Habrás de bajar para que te reconozcan como de los suyos, y no teman asediarte con su indigencia. Habrás de hacerte experto en sufrimiento para que seas, como Cristo, experto en misericordia.

  1. Ama la justicia

Declara ilegal para ti, por injusta, la posesión de lo que no necesitas; declara intolerable a tus ojos, por inicuo, que alguien carezca de lo necesario para la vida. Declara un crimen el hambre, sencillamente porque lo es.

Declara ilegal una política de fronteras que es discriminatoria con los pobres, que viola sus derechos fundamentales, que es violenta con los pequeños de la tierra, que mata sin escrúpulo a hombres y mujeres que sólo buscan un futuro mejor para ellos y para sus familias. Es criminal esa política, son criminales quienes la aprueban, son criminales quienes la aplican.

Si alguna vez lo hemos hecho, ya no podemos permitirnos el lujo de pensar en nosotros mismos: No eres Iglesia para ti, sino para los pobres; no te han hecho sacramento de la grandeza de Dios, sino de su amor infinito a los que piden vivir; no es tu misión sostener el poder ni apoyarte en él, sino defender de sus abusos a los pobres.

Recomendación final

Vuelvo a robar palabras a la inspiración de la Iglesia apostólica: “Conservad el amor fraterno y no olvidéis la hospitalidad… Acordaos de los presos como si estuvierais presos con ellos; de los que son maltratados como si estuvierais en su carne… Vivid sin ansia de dinero, contentándoos con lo que tengáis, pues él mismo dijo: Nunca te dejaré”.

“Que el Dios de la paz os confirme en todo bien para que cumpláis su voluntad, realizando en nosotros lo que es de su agrado por medio de Jesucristo”.

En Tánger, enero 2016

La misericordia, plenitud de la justicia. Llamada urgente y provocadora del papa Francisco

Juanjo Sánchez

El año pasado convocaba el papa Francisco un Año Jubilar bajo el signo de la misericordia. La Carta con la que abría ese tiempo singular: “El rostro de la misericordia”, es una llamada urgente a una conversión profunda, auténtica, de la Iglesia, es decir, a todos los seguidores de Jesús, a la misericordia como signo de la credibilidad y autenticidad de su fe. Es un documento rico, lúcido y provocador, que puede acompañar y enriquecer la reflexión desplegada en este número de Éxodo.

Su punto de partida es sumamente certero: no se trata tanto de una recomendación moral, cuanto de algo más radical: de una exigencia teológica. La llamada a la misericordia, a la compasión, brota de la misma fe en Dios, en el Dios de Jesús, que no es poder, sino amor, misericordia. La divinidad de Dios no es la omnipotencia, sino el amor, la misericordia, como reconoció lúcidamente santo Tomás de Aquino, a quien cita el papa Francisco y parecen olvidar más de un teólogo y más de un obispo…

Es de esa experiencia de Dios, experiencia teológica, profundamente espiritual y mística, no de otra fuente, de donde brota la exigencia profética “misericordia quiero, no sacrificios” (Os, 6,6), que recoge y proclama también Jesús de Nazaret (Mt 9, 23). Una exigencia que tanto en él como en los profetas y en los salmos no se diluye en un mero sentimiento piadoso, sino que toma cuerpo y se expresa en un compromiso de justicia y solidaridad con los oprimidos, hambrientos, forasteros, refugiados, desahuciados, excluidos y abatidos…

Los textos de la Escritura son inequívocos, y el papa Francisco los cita con gran convicción: “Este es el ayuno que yo deseo: romper las cadenas injustas… compartir tu pan con el hambriento y albergar a los pobres sin techo, cubrir al desnudo y no abandonar a tus semejantes…” (Is 58,6s.) “El Señor libera a los cautivos…, el Señor protege a los extranjeros…” (Salmo 146, 7-9) “El Señor sana los corazones afligidos y venda sus heridas…” (Salmo 147, 3.6). Y si abrimos los evangelios nos encontramos con Jesús conmovido por “una intensa compasión” al ver las muchedumbres extenuadas y abandonadas a su suerte (Mt 9,36) y mostrando a sus discípulos inequívocamente, aunque en parábolas, el camino del seguimiento: “¿No tenías tú también tener compasión con tu hermano…?” (Mt 18, 33)…

Estos textos que cita el papa Francisco en su Carta muestran claramente que la misericordia implica para él, como primer momento del compromiso del seguimiento, la justicia, la denuncia de la estructuras económicas, políticas y sociales que generan pobreza, inequidad, exclusión y hasta el “deshecho” como “sobrantes” de los humanos expulsados y excluidos… Esas estructuras, especialmente económicas, son profundamente injustas, denunciaba ya en su primera exhortación apostólica Evangelii Gaudium; más contundentemente aún: “esa economía mata” (nº 53). De ahí que el compromiso del seguimiento evangélico conlleve una lucha decidida contra la idolatría del dinero, del poder, del consumo, de la violencia… (nnº 55-59). En otras palabras, la lucha por la justicia.

Este es el primer paso, “necesario e indispensable”, de la llamada de la misericordia a toda la Iglesia, afirma el papa en su Carta del Jubileo. Un paso que no se agota en el sentido de la justicia como como deber, sino entendido en el sentido bíblico de la justicia mesiánica que se desborda en la solidaridad, en la paz y el perdón, es decir, en la misericordia como plenitud de la justicia.

Conviene anotar y subrayar, finalmente, cómo el papa Francisco incide repetidamente, y con gran lucidez, en que ese compromiso con la misericordia como plenitud de la justicia es, en el evangelio, el “criterio”, la señal para discernir quién es realmente discípulo de Jesús, quién es genuinamente creyente en sentido cristiano. Y que, por tanto, de él depende la identidad y la credibilidad de la fe y de la Iglesia.

CIMAS y las democracias participativas

Carmen Espinel

Como espacio de confluencia de profesionalxs comprometidxs con la transformación social y las democracias participativas, la red CIMAS, como nos gusta autodenominarnos, es mucho más que una asociación, que es la forma jurídica de la que nos hemos dotado. Más que el Observatorio de Ciudadanía y Medio Ambiente Sostenible, como nos denominamos.

 

Una red es un espacio abierto, sin fronteras, que nos permite ir tejiendo complicidades a lo largo y ancho de este mundo, sin más (ni menos) compromiso colectivo que el de desarrollar nuestras prácticas metodológicas en todos los ámbitos en los que nos encontramos, ya sean profesionales, activistas, institucionales o personales.

 

¿Y cuáles son esas prácticas metodológicas?

 

Partimos, allá por los años 90, de la IAP (Investigación-Acción-Participativa), y a lo largo de la siguiente década fuimos incorporando otros enfoques y técnicas por las propias necesidades de los procesos prácticos, por lo que preferimos denominarlas de forma más inclusiva metodologías participativas, o sociopraxis para la creatividad social, como dice el título de la reciente publicación colectiva que hemos dado a luz a finales del pasado año.

 

Es una forma más general de nombrar lo que hacemos, aunque lo que aportamos es una forma más de las muchas tendencias de las que hemos aprendido y seguimos aprendiendo.

 

Por un lado, el centenar de prácticas profesionales que hemos seguido desde los Masters con los que colaboramos en Madrid, Barcelona, Sevilla, Bilbao, La Laguna y varios países de Latinoamérica (Ecuador, Perú, Chile, Venezuela, etc).

 

Por otro lado, lo que llamamos “Escuelas de Ciudadanía Solidaria”, que son las propias prácticas que desarrollamos con los procesos participativos, queriendo destacar con ello los aspectos de autoformación y autoaprendizaje permanente que van necesariamente unidos a estos procesos.

 

Junto a ello, cursos específicos de metodologías participativas o de procesos concretos, como los presupuestos participativos, que venimos desarrollando en los últimos años, en el marco del programa de Formación Continua de la UCM.

 

Y todo ello, lo hacemos con algunos movimientos sociales y con algunxs profesionales de colectivos o instituciones que se plantean aprender haciendo y quieren aplicar estos conocimientos en los propios procesos de movimientos o de trabajo en que cada cual está implicada: presupuestos participativos, planes comunitarios integrales, planes integrales de participación, articulación de redes interculturales, agendas Locales 21, cogestión de centros sociales…

 

En nuestra web, http://www.redcimas.org, puedes encontrar más información y bastante documentación al respecto.

Si quieres contactar: participacion@redcimas.org

XV Dictamen del Observatorio Estatal de la Dependencia

Antonio Jiménez Lara

1.Las pautas seguidas en este tiempo

Se cumplen ocho años y medio del inicio del despliegue de la Ley de promoción de la autonomía personal y atención a las personas en situación de dependencia (LAPAD). Tras los dos retrasos en el calendario de aplicación progresiva promovidos por el actual Gobierno, el pasado 1 de julio se completó el mismo de forma que todas las personas en situación de dependencia, independientemente de su Grado, tienen derecho a recibir servicios o a percibir una prestación económica por cuidados familiares. Este XV dictamen del Observatorio Estatal de la Dependencia (auspiciado por la Asociación Estatal de Directoras y Gerentes en Servicios Sociales) coincide además con la llegada a muchas Comunidades Autónomas de un buen número de nuevos ejecutivos autonómicos, herederos en definitiva de situaciones muy difíciles que habrán de gestionar con muy escaso margen de maniobra.

Podrán promover nuevas medidas en el plano organizativo y de gestión pero no podrán eludir la asfixia financiera a la que se ha sometido al SAAD (Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia)  de forma que, de no adoptarse un cambio drástico de planteamiento global del sistema, tienen muy difícil absorber la demanda acumulada con el mínimo nivel de calidad y de dignidad que constituye el derecho de las personas en situación de dependencia al acceso a mayores cotas de autonomía personal y a recibir las atenciones necesarias para desarrollar las actividades básicas de la vida diaria.

El desigual desarrollo de la LAPAD por territorios, la baja calidad e intensidad de la mayoría de los servicios prestados, la demora excesiva en las atenciones, un sistema de información ¡aún en desarrollo! y un modelo de financiación tramposo e insuficiente han sido las pautas seguidas en todo este tiempo en el que contabilizamos más sombras que luces. Con todo, en líneas generales, el esfuerzo autonómico de los últimos años ha sido importante a pesar del abandono sufrido por la Administración Central que, al tiempo que imponía recortes inasumibles para las Comunidades Autónomas, pretendía crear un increíble relato de las bondades de las reformas del sistema.

El 1 de julio se incorporaron al sistema con derecho a recibir atenciones otras 315.000 personas con Grado I y la Administración Central aportará a cada Comunidad Autónoma 44,33 €/mes por dependiente para poner en funcionamiento servicios o prestaciones, lo que significa percibir cerca de 532 €/año por dependiente atendido. Si la Comunidad cumple estrictamente su compromiso de financiación del 50%, se deberá atender a estas personas con poco más de 1.000 euros anuales…

No parece este un sistema demasiado adecuado a las necesidades reales de las personas.

 

  1. Aspectos destacables sobre la evolución general
  2. En España hay más de 1.191.000 personas en situación de dependencia reconocida. Un 2,5% de la población española no puede desarrollar las actividades básicas de la vida diaria sin apoyos de mayor o menor intensidad
  3. En este momento (tras ocho años y medio de implantación) un 37% de estas personas no tiene ninguna prestación o servicio del sistema de atención a la dependencia
  4. El Sistema de Autonomía Personal y Atención a la Dependencia está desbordado. Los datos oficiales de cobertura muestran cómo la capacidad de atención de los últimos cuatro años se mantiene en 750.000 personas
  5. Solo se atiende a nuevos dependientes en la medida en la que se producen bajas de atendidos.
  6. Los tiempos de espera para las personas con derecho a atención ha resultado inasumibles de forma que desde inicios de 2012 han fallecido en situación de espera cerca de 100.000 personas
  7. En este colapso intervienen diversos factores pero el más directo ha sido el impacto de las medidas de recorte contenidas en el Real Decreto-ley 20/2012 de 13 de julio
  8. Se mantienen las graves desigualdades entre territorios.
  9. El sistema de información sigue sin estar finalizado, no se ha publicado oficialmente la evaluación 2014 (debería haberse publicado ya en BOE) y no se ofrecen los datos reales de gestión económica (aportación de las CCAA a través de certificado de gasto) o los datos de bajas en el sistema (solo se publican las altas). Hay más manipulación que transparencia.
  10. Desde el inicio de la Ley (2007) se han presentado más de 2.800.000 solicitudes de las que están activas actualmente 1.577.000.
  11. En junio de 2012 había 413.465 expedientes activos de personas con Grado III (gran dependencia) mientras que en el mismo mes de 2015 el número ha descendido hasta las 345.041 personas (68.424 menos).
  12. Las personas con Grado II de dependencia (dependencia severa) también descienden en número. (27.400 menos desde junio de 2012), mientras que sí han aumentado las personas con Grado I en dicho intervalo temporal (7.000 personas)
  13. El procedimiento (solicitud, valoración, resolución PIA y acceso real a servicios o prestaciones) sigue siendo lento, farragoso, ineficaz y una auténtica tortura para las familias. Las denuncias por la violación del derecho subjetivo de las personas dependientes o cualquier otra reclamación por la pasividad o arbitrariedad de las Administraciones se sigue dirimiendo en un orden jurisdiccional poco adecuado a la materia: el de lo contencioso administrativo.
  14. Ha descendido la lista de espera en 175.000 personas desde enero de 2012, pero lamentablemente esto no se debe a un incremento en las personas atendidas sino al colapso del sistema que frena la entrada de nuevos usuarios. Desde 2012, una de cada cinco personas dependientes con derecho a atención que entró en la lista de espera no llegó a ser atendida al causar baja por fallecimiento.
  15. En el último año se entregaron 30.000 prestaciones económicas menos por cuidados familiares. Esto se ha visto compensado con un incremento de la entrega de servicios.
  16. Siendo ello positivo, se imposibilita la entrega de servicios a personas en espera por la absoluta falta de inversión pública. De ahí que la capacidad de atención global se mantenga en 750.000 personas en los últimos 4 años.
  17. Los servicios y prestaciones previstos en la Ley no dan respuesta eficaz a muchas de las necesidades reales de autonomía personal ni suponen una atención a la dependencia con suficiente intensidad o calidad. En esto queda muchísimo camino por recorrer.
  18. La mala implantación de la Ley de dependencia merece un análisis profundo del impacto negativo de género. La OCDE lleva tiempo alertando sobre la intensidad desmedida de los cuidados familiares en España (asumidos casi exclusivamente por mujeres). La supresión de las cotizaciones a la seguridad social para cuidadoras familiares unida a la ausencia de medidas de conciliación; la falta de apoyos a las familias o a la ausencia de promoción de los cuidados prestados por varones, hacen que los cuidados familiares no sean una opción vital fruto de elección libre, sino muchas veces una suerte de condena con implicaciones personales, morales y económicas gravísimas.
  19. La tan cacareada atención socio-sanitaria no ha pasado del plano del bello discurso y supone dos amenazas importantes: una puerta a la mercantilización de la sanidad (creando “aparcaderos” de pacientes crónicos de gestión privada bajo la apariencia de atención socio-sanitaria) o la fagocitación de buena parte de los servicios sociales por el sistema sanitario (incrementando torpemente su gasto este último cuando podría optimizarse mucho). En todo caso, es un camino imprescindible a explorar pero con criterios claros y transparentes en los que se anteponga siempre a las personas, sus deseos, sus derechos y la calidad de las atenciones a todo lo demás.
  20. Aún atendiendo a menos personas, se mantienen los costes del sistema en 2014 iguales que en el año anterior en una congelación global. El auténtico mazazo económico se produjo entre 2012 y 2013.
  21. La entrada de los moderados (Grado I) al sistema supone una necesidad de financiación pública (sin copago) de más de 3.100 millones de euros para atender a los 445.000 dependientes que están sin atención a 1 de julio.
  22. El Estado aportará para atender a esos 445.000 dependientes (Nivel Mínimo) no más de 370 millones de euros (12% del total necesario), debiendo aportar las CCAA el resto. Esto nos lleva a un sistema de atenciones low cost que poco más que una teleasistencia podrá ofertar.
  23. Pretender que la financiación del SAAD por parte del Gobierno Central a las CCAA tiene “dos vías”: la propia de la Ley 39/2006 y la vía de los fondos adicionales de financiación autonómica es una técnica de cómputo tramposa que no hace sino añadir confusión para dar una falsa apariencia de suficiencia financiera de las CCAA. Discrepamos rotundamente con dicho cálculo que, llevado al extremo absurdo de análisis (procedencia de los fondos), daría como resultado que la Dependencia se financia por un solo agente: los ciudadanos, y por tres vías: los impuestos de personas físicas y empresas que va a parar a los PGE, el copago de las personas dependientes y el sobrecoste que abonan las personas dependientes por servicios.
  24. El coste de oportunidad que ha tenido la desinversión en la Ley de Dependencia es demoledor. Si en 2013 el Gobierno hubiese invertido 1.200 Millones de euros más en servicios de atención a la dependencia (en lugar de recortar), habría logrado generar más de 70.000 puestos de trabajo netos, habría incrementado el número de atendidos en 90.000 personas (evitando grandes sufrimientos y esperas) y, finalmente, habría recuperado en un año mediante retornos directos, indirectos e inducidos casi la totalidad de la inversión, incrementando el déficit público en tan solo en 100 millones de euro
  25. A pesar de la desinversión, el sistema muestra una altísima rentabilidad potencial. El ligero incremento de los servicios prestados ha posibilitado mantener el empleo ligado al sector y mejorar los retornos directos obtenidos que ya se sitúan en el 37% en 2014 (4,6 puntos más que en 2010).
  26. Creemos que se impone un pacto de Estado sobre esta cuestión en cuya discusión se replantee el modelo de financiación de los “long term care” en España y con epicentro en el modelo de financiación autonómica a debatir en el Consejo de Política Fiscal y Financiera.