LA ESCUELA DE SERONDA: NATURALMENTE INTERCULTURAL

Luis Nosti

Número 83 (marz.-abril’06)
– Autor: Luis Nosti –
 
En el año 94, el Consejo de la Juventud del Principado de Asturias puso en marcha la Primera Escuela de Seronda (en castellano Escuela de Otoño), con la intención de crear un espacio formativo y de intercambio de experiencias entre las personas vinculadas al movimiento asociativo juvenil. Pensada en un principio para atender a las necesidades de las asociaciones del ámbito del Principado, con el correr del tiempo ha ido ampliando su campo de visión y acogiendo a personas de muy diversa procedencia.

Año tras año, la Escuela toma forma a través de una sucesión de jornadas, cursos y mesas redondas que transcurren a la par que un programa de actividades complementarias de carácter cultural y lúdico para fomentar la convivencia entre sus participantes. Las temáticas tratadas y los perfiles de los centenares de jóvenes que acuden a ella cada edición, han contribuido a consolidarla como un foro abierto desde el que se pretende reforzar la conciencia ciudadana entre la juventud, teniendo siempre como objetivo último la defensa de la dignidad humana. Organizada en un principio por el Consejo de la Juventud del Principado en solitario, con el tiempo se le han sumado otros consejos locales de juventud y diversas entidades juveniles, lo que ha propiciado que el encuentro se haya abierto de par en par a la sociedad civil, ya que la Escuela también cede sus espacios a aquellas organizaciones que deseen celebrar en su seno sus propias actividades. De este modo, Seronda ha ido ampliando su enfoque y atrayendo a diversos colectivos: feministas, personas que defienden las diferentes formas de vivir su sexualidad, sindicalistas, hablantes de lenguas minoritarias, ecologistas, educadores, gitanos, artistas alternativos, voluntarios europeos, inmigrantes, y todos aquellos que tienen abierta una lucha por un mundo en el que quepamos todos, han pasado y siguen pasando por Seronda para debatir, denunciar, intercambiar experiencias y, en definitiva, hacerse oír.

Edición tras edición, se comprueba que hay temas que siempre tienen presencia en esta Escuela, aunque la manera de enfocarlos evoluciona al mismo tiempo que evoluciona la propia dinámica de la realidad. Así, la igualdad radical entre hombres y mujeres forma parte de las grandes inquietudes y reivindicaciones de Seronda. Y también la dignidad de las personas que, hasta hace poco, no tenían los mismos derechos que el resto de la ciudadanía a causa de su orientación o identidad sexual, por cuyo reconocimiento siempre se ha apostado desde el Consejo de la Juventud. La prostitución y los problemas y necesidades de las personas que viven inmersas en ella, y la educación sexual con especial atención a la prevención del VIH, también son preocupaciones prioritarias en Seronda. Lo mismo sucede con las políticas juveniles, especialmente en lo referente a los problemas de la vivienda y el empleo, con la denuncia expresa y contundente de la precariedad laboral que padecen los jóvenes. Y es que Seronda ha tratado siempre de ofrecer una tribuna a todas aquellas personas que corren el riesgo de ser excluidas en cualquier rincón del planeta. Así, por ejemplo, dentro de la Escuela se ha celebrado el II Encuentro de Inmigrantes en Asturias, diversos colectivos gitanos han organizado sus foros y planteado sus reivindicaciones, representantes saharauis han venido a denunciar la situación de su pueblo, y se ha analizado y evaluado la cooperación con el Sur en la que trabajan numerosas organizaciones juveniles. Igualmente se han estrechado lazos con jóvenes de otros lugares de Europa pertenecientes al Servicio de Voluntariado Europeo y a las diversas entidades juveniles que, en los distintos países de la Unión, mantienen vivas las mismas inquietudes que los jóvenes asturianos y españoles.

De esta forma, la Escuela de Seronda, que jamás se propuso ser un encuentro intercultural, ha terminado siéndolo de hecho y de manera transversal en muchas de sus ediciones, y ello por el mero devenir natural de las sociedades. Porque, afortunadamente, en todos los lugares del mundo hay personas anónimas que, inmersas en la realidad que les ha tocado vivir, trabajan por la causa común de la solidaridad y la dignidad humana: personas que de un modo u otro están llamadas a encontrarse, en esta y en todas las pequeñas y grandes Serondas del mundo.

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CETR, UNA APROXIMACIÓN AL CULTIVO DE UNA ESPIRITUALIDAD LAICA

Marta Graners

Éxodo 88 (marz.-abril’07)
– Autor: Marta Graners –
 
CETR, Centro de Estudio de la Tradiciones Religiosas, es un centro laico que trabaja en el seno de la sociedad laica ; no parte de ninguna institución confesional ni pretende conducir a ninguna institución confesional u ortodoxia. Nació en Barcelona, en el año 1999, por iniciativa de un grupo de personas que llevaban más de 20 años estudiando textos de las diferentes tradiciones religiosas así como las repercusiones epistemológicas y valorales que acarrea la nueva sociedad de innovación y cambio continuo en la que estamos immersos.

En el trasfondo de la iniciativa se encuentra por un lado la preocupación por el hecho de que las tradiciones se hayan vuelto opacas para la mayoría de los ciudadanos de hoy, lo que les ha llevado a desinteresarse por ellas; y por otro lado el reconocer que en las tradiciones religiosas se encuentra una de las fuentes principales de cultivo de la calidad humana que la historia de la humanidad nos ha legado. ¿Por qué consideramos las tradiciones religiosas como fuente de calidad humana, a pesar de los grandes desastres de los que han sido responsables? Porque en ellas se muestra de manera explícita que la egocentración fruto de nuestra condición de seres necesitados, es el impedimento fundamental que los humanos precisamos erradicar para poder tener un acceso directo, desinteresado, lúcido a la realidad. En las tradiciones, en todas ellas, se nos habla de que si dejamos de lado la egocentración, bien sea por conocimiento de la verdadera naturaleza de la realidad, o por amor a los demás, o por amor a la divinidad, nuestra visión del mundo y de los otros cambia radicalmente. Las cosas se trasforman hasta el punto de poder ver en toda realidad una dimensión de sutilidad, presente, existente y masiva que es conocida y totalmente desconocida a la vez.

Nuestra sociedad vive de la innovación y el cambio continuo cuyo dinamismo afecta nuestra vida individual y colectiva. Un cambio continuo en ciencia y tecnología que repercute en flexibilidad de las formas de vida. Hoy sabemos que nos organizamos, a todos los niveles, mediante proyectos acordados entre nosotros y no por designios venidos de fuera. Los proyectos de las nuevas sociedades ya no proceden, como los de nuestros antepasados preindustriales de Dios, ni proceden, como los de los hombres de la primera industrialización, de la naturaleza misma de las cosas. Nosotros mismos somos los únicos responsables de nuestro destino y, con él, del destino de todo lo que vive en este planeta. Por ello las religiones entendidas como garantes de proyectos de vida proclamados como venidos de Dios, convertidas en fundamento de la moralidad y del comportamiento de individuos y grupos, como legitimadoras de sistemas sociales jerárquicos han dejado de tener sentido para gran parte de los conciudadanos de hoy.

Lo que ofrezcan las venerables tradiciones religiosas a las sociedades industriales desarrolladas tiene que ser compatible con las estructuras de sociedades que viven del movimiento continuado en todos sus niveles. Por consiguiente, las que hasta ahora hemos llamado religiones, o dan algo real, ya, aquí, ahora o dan creencias y preceptos. A nuestras sociedades no les interesan ni las creencias ni los preceptos, no porque sean decadentes sino porque no pueden ni someterse ni creer, debido a que se ven forzadas a vivir de la innovación continua, y la innovación continua es creación continua y cambio continuo. Al no poder interesarse por lo que se presenta como un cuadro de creencias se tira al niño junto con los pañales.

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LA REVELACIÓN PROGRESIVA SEGÚN LOS BAHÁ’ÍS

José Luis Marqués Utrillas

– Autor: José Luis Marqués Utrillas –
 
La Fe bahá’í es una religión desconocida para muchos. Surgió a mediados del siglo XIX en Irán y en el XX se ha ido extendiendo por todo el mundo. Todavía algunas enciclopedias la definen como una secta musulmana, un movimiento sincrético o “un racionalismo antimusulmán e irreligioso”. Sus cinco o seis millones de seguidores proceden de más de 1.200 etnias y de todas las culturas. De hecho es la segunda religión más extendida geográficamente después del cristianismo. Sus templos, uno en cada continente hasta ahora, son circulares y con nueve puertas, un lugar de encuentro para cualquier ser humano que entre en ellos, venga de donde venga.

Su fundador, Bahá’u’lláh (1817-1892) fue encarcelado en una hedionda mazmorra de Teherán (1852) y allí se sintió llamado por Dios para su gran misión, como Moisés ante la zarza ardiente o Jesús en el Jordán. Su precursor, el Báb, fue fusilado y miles de correligionarios fueron terriblemente masacrados. Daban su vida por reconocer que el Báb era el Mahdí o el Qaim esperado durante siglos por los musulmanes, como los judíos conversos lo hacían por ver en Jesús de Nazareth al Mesías o Cristo de las profecías bíblicas. Pero el Báb, aunque hizo una gran reforma del islam que podía haberse convertido en una nueva religión, anunció que detrás de él venía “Aquel a quien Dios manifestará”. Cuando Bahá’u’lláh se presentó como tal en Bagdad, a punto de empezar una nueva etapa de su largo exilio, la mayoría de los babíes lo siguieron.

Bahá’u’lláh proclamó, primero a sus seguidores y más tarde a los dirigentes políticos y religiosos más relevantes (incluido el Papa Pío IX) que él era el enviado de Dios para esta época. El objetivo de su revelación era renovar la única y eterna religión de Dios manifestada a los hombres en diversas épocas según las condiciones de los hombres. Según Bahá’u’lláh no hay más que un Dios y todas las religiones proceden de Él. Sus fundadores son como los maestros de una misma asignatura que se adaptan a la capacidad del niño según va creciendo. Aunque podemos conocer a Dios en todas las cosas y más aún en nosotros mismos, Dios ha querido manifestarse en unos seres humanos muy especiales, de alguna forma divinos, para que podamos conocerle mejor. Por eso Bahá’u’lláh les llama “Manifestaciones de Dios” y reconoce en ellos una realidad humana y otra divina, como un espejo en el que se refleja la luz del sol. Ha habido diversas Manifestaciones de Dios en el pasado y las seguirá habiendo en el futuro.

Habiendo creado el mundo y todo lo que en él vive y se mueve, Él (…) escogió conferirle al hombre la singular distinción y capacidad de conocerle y amarle, una capacidad que debe necesariamente ser considerada el impulso generador y el objetivo primordial que sostiene la creación entera. (…)

Sobre la más íntima realidad de cada cosa creada Él ha derramado la luz de uno de Sus nombres y la ha hecho un recipiente de la gloria de uno de Sus atributos. (…)

Sobre la realidad del hombre, sin embargo, Él ha concentrado el esplendor de todos Sus nombres y atributos y la ha hecho un espejo de Su propio Ser. (…)

Estando así cerrada la puerta del conocimiento del Anciano de Días a la faz de todos los seres, la Fuente de gracia infinita ha hecho que (…) aparezcan del reino del espíritu aquellas luminosas Joyas de Santidad, en la noble forma del templo humano, y sean reveladas a todos los hombres a fin de que comuniquen al mundo los misterios del Ser inmutable y hablen de las sutilezas de Su Esencia imperecedera. Estos Espejos santificados, estas Auroras de antigua gloria son, cada uno de ellos, los Exponentes en la tierra de Aquel que es el Orbe central del universo, su Esencia y su último propósito. (Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, XXVII y XIX)

Esta forma unificadora de ver todas las religiones los bahá’ís la llaman “revelación progresiva” y no es nueva. Es un concepto religioso que subyace en el hinduismo y el budismo; también en el islam, que acepta una progresiva revelación de Dios a través de múltiples profetas, conocidos o desconocidos, a lo largo de la historia humana. Para un cristiano es comparable a la evolución de la revelación de Dios a lo largo de la Biblia, en la que no se manifiesta Dios igual en los tiempos de Abraham o de Moisés que en los escritos sapienciales o sobre todo en el Nuevo Testamento.

Según las enseñanzas bahá’ís, cada religión o etapa de la revelación de Dios se centra en un tema especial, aunque el contenido esencial es siempre el mismo: conocer y amar a Dios, a uno mismo y a los demás seres humanos. Unas religiones se han enfocado más a la ley, el amor al próximo, el desprendimiento, la sumisión, etcétera. Bahá’u’lláh dedicó los 40 años de sucesivos destierros y cárceles (la última en la fortaleza de Akká, cerca del Monte Carmelo) para llamar a la humanidad a lograr la paz a través de la unidad y la justicia, dos términos que expresan el eterno mensaje del amor en su nivel social. La paz y el bienestar de la humanidad son inalcanzables a menos que su unidad sea firmemente establecida.

Según todo esto, es evidente que los bahá’ís no creemos que haya un único mediador, salvador o redentor de la humanidad. Todo ser humano puede encontrarse con Dios, pero Dios sale al encuentro del hombre a través de sus Manifestaciones. Cada una de ellas redime al hombre, por usar un término cristiano, con sus enseñazas y el ejemplo de su vida. Moisés, Zoroastro, Buda, Cristo, Muhammad o Bahá’u’lláh han redimido a millones de seres humanos al liberarles de su ignorancia y de su egoísmo, en tanto en cuanto ellos se han servido de sus enseñanzas para progresar en el verdadero conocimiento y en el amor.

LA IGLESIA ONLINE…ENTRE EL QUIERO Y NO PUEDO

José Manuel Vidal

Éxodo 95 (sept.-oct.’08)
– Autor: José Manuel Vidal –
 
Internet es el presente más rabioso de la comunicación. Sobre todo para la galaxia juvenil (y no tan joven) que juega, se divierte, se forma, se informa y casi vive online. Para la Iglesia, la Red es una enorme oportunidad y un evidente riesgo. La oportunidad de disponer de un púlpito planetario de fácil acceso y amplísima penetración. El riesgo de no saber, no querer o no poder aprovecharlo a fondo. Con la profesionalidad y dedicación que exige. Como un instrumento mayor de evangelización.

En teoría, la Iglesia parece tenerlo claro, como siempre. No en vano es un hecho manifiesto que la Iglesia ha sido a lo largo de la historia pionera en los medios de comunicación. En todos. ¿También en la Red? “Internet puede ser un nuevo camino hacia Dios, una llamada a la Iglesia para interrogarse sobre las oportunidades que ofrecen los nuevos medios para informar, educar, rezar y evangelizar, para llevar a todo lugar la Palabra de Dios, para llegar incluso a quien vive en la soledad y que quizá no abriría nunca la puerta de su casa”. Palabras sensatas del hasta hace poco máximo responsable de las Comunicaciones Sociales del Vaticano, el arzobispo americano John O. Foley.

Y añade: “La Iglesia, en cuanto transmisora de la Revelación de Dios, tiene la tarea de comunicar la Palabra y debe alentar el uso de Internet para el bien común, para el desarrollo de la paz y de la justicia, en el respeto de la dignidad personal y con espíritu de solidaridad”.

A su juicio, la Red es “el areópago de nuestro tiempo, el instrumento para difundir el mensaje cristiano, pero es necesario educar en su utilización, pues al igual que en toda realidad que nos rodea, el elemento positivo se contrapone al negativo, creando confusión y falsos valores”. Y concluye: “Sí, Dios puede encontrarse en la red. Y entre los millones de personas que todos los días navegan en Internet, muchos pueden encontrar palabras de esperanza, confrontarse con otras experiencias culturales y espirituales, abatiendo las barreras ideológicas, hasta descubrir nuevos horizontes”.

DEL DICHO AL HECHO

En la Iglesia, las grandes proclamas de cualquier tipo no suelen plasmarse en la realidad. Entre otras cosas, porque las bonitas ideas y las sensatas manifestaciones no van acompañadas de medios humanos y materiales. Señal evidente de que no hay “voluntad política” de hacerlas realidad. Además, nadie evalúa ni pide cuentas a los encargados de hacerlas carne. Todo se queda, muchas veces, en el limbo del desideratum.

La presencia de la Iglesia en la Red adolece también de estos mismos “pecados”. Se quiere estar sin estar de verdad. Sin invertir de verdad. Proliferan las páginas web eclesiales. Cualquier institución, hasta las más pequeñas, tienen ya su página web. Miles y miles de páginas sin eco alguno y sin incidencia. Reinos de taifas. Cantidad, asombrosa cantidad, pero sin la más mínima calidad.

La presencia de la Iglesia en la Red es, pues, abundante pero mala. Mala en contenidos y hasta en estética. La mayoría de las páginas webs eclesiales adolecen de estos dos grandes defectos: acumulación exagerada de contenidos, sin apenas imágenes; lenguaje desfasado y estética ñoña y superada. Huelen demasiado a sacristía y a incienso, en el mal sentido de la palabra. Repelen en vez de atraer a los que entran en ellas en busca de algo o a los que simplemente pasaban por allí… y no volverán.

Muchos eclesiásticos, hijos de la galaxia Gutemberg, diseñan sus páginas web como hojas diocesanas pero en la Red. Y como en la Red cabe todo y no hay problemas de espacio, sucumben casi siempre a la tentación de llenarlo todo de contenidos largos, densos, sesudos, prolijos y… repelentes.

OCASIÓN DESAPROVECHADA

Internet es un medio fácil, de acceso universal y, sobre todo, económico. En estos momentos supera ya, por ejemplo, en Estados Unidos, a la prensa tradicional como fuente de información. A medida que en los países sube el nivel económico y se instalan líneas de alta velocidad, la Red se impone.

La irrupción de Internet en la sociedad de la información supuso sin duda uno de los saltos cualitativos más importantes de la historia de la comunicación humana. Auténticas autopistas informativas recorren la superficie del planeta conectando mundos hasta ahora desconocidos. Un verdadero laberinto en el que todo cabe y en el que nada se filtra. Con sus enormes ventajas y sus grandes servidumbres.

Entre las ventajas, las ya citadas: accesibilidad, gratuidad, información de ida y vuelta. Una casa planetaria. Sin tejados ni paredes. El ciberespacio como casa global. Gracias a Internet hemos podido estrechar lazos con gente con la que antes nos hubiera sido imposible mantener ningún tipo de contacto. Conocer gente, por ejemplo, hoy es mucho más fácil que en ninguna otra época de la historia del hombre. Internet lo favorece y potencia. El correo electrónico, chats, grupos de discusión y distintos sistemas para encontrar gustos e ideas similares en gente con la que difícilmente podríamos establecer contacto de otra forma. O lo último, las redes sociales.

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LAICIDAD, INFORMACIÓN RELIGIOSA Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN

José Manuel Vidal

Número 80 (sept.-oct.’05)
– Autor: José Manuel Vidal –
 
SÉPTIMO poder convertido en primero, sociedad de la información, sociedad de la comunicación… son otros tantos lugares comunes y universalmente aceptados por la cultura dominante actual. Está claro para todos que el entorno de la comunicación constituye hoy el primer, principal y casi único foro de discusión de los asuntos públicos y la vía mayoritaria de información, formación y entretenimiento de la mayoría de los ciudadanos. No olvidemos que el español medio dedica diariamente alrededor de tres horas a los medios. Vivimos, pues, en una sociedad configurada por los medios de comunicación. La información se ha convertido en el factor principal del que depende nuestra sociedad. El sistemasocial funciona en dependencia de los flujos de información.

Por diferentes razones, los medios de comunicación están recubiertos de una especie de campana, de muro o de techo de cristal contra el que rebota la información religiosa. De tal forma que, en el quehacer diario, la noticia religiosa tiene que ser muy llamativa, tener un buen titular y estar bien “amarrada” para poder traspasar ese techo o superar esa barrera y entrar en el flujo informativo en el que se realiza la selección diaria de las noticias. Y si no entra en el flujo informativo, no entra en la selección. Y si no entra en la selección, no se publica. Porque hoy, hacer periodismo es seleccionar. No en vano sólo se publica el 10% del caudal informativo que llega a los medios. Dicho de otra forma, de entrada la noticia religiosa no interesa. Hay en los medios como una especie de cansancio secular ante la noticia religiosa que no aporta nada nuevo, que dice siempre lo mismo, lo que ya escuchábamos de niños, con un lenguaje que huele a abstracción, a rancio y a “dejá vu”.

Si la información religiosa topa en los medios con un techo de cristal que, en muchas ocasiones, consigue romper, la laicidad tropieza a menudo con un muro de hormigón armado que casi nunca consigue horadar. La religión puede tener mala prensa, pero tiene prensa. La laicidad no tiene prensa ni buena ni mala. En España nadie habla de la laicidad, y al que lo hace todavía se le mira como un bicho raro. En un país que siempre ha ido detrás de los curas con un cirio o con un palo, hablar de un sistema laico es poco menos que renunciar a la genética constitutiva del país. Eso de la laicidad es de la libertina, atea y laica Francia. Y para empeorar aún más las cosas, la Iglesia católica y sus aláteres estigmatizan continuamente a la laicidad y la tachan de laicismo. Y ya se sabe que no hay un “ismo” bueno.

Y si así actúan los grandes medios aconfesionales, ni que decir tiene que en los medios confesionales y similares la información religiosa se convierte en propaganda(catequesis) y la laicidad en el espantapájaros que hay que silenciar o denostar.

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QUÉ IGLESIA PERSIGUE EL FORO DE CURAS DE MADRID

Benjamín Forcano

Éxodo 95 (sept.-oct.’08)
– Autor: Benjamín Forcano –
 
En muchos ambientes parece como que no importara la novedad que supuso el Vaticano II, sería como un accidente que hay que olvidar. Habría que volver a recuperar el modelo de Iglesia que por siglos nos guió. Nada mejor para readquirir claridad, estabilidad y orden.

Existe sin duda esa tendencia y se deja sentir en las decisiones que, provenientes de los dicasterios romanos, se aplican sobre todo contra quienes fundamentan y promueven la nueva eclesiología del Vaticano II. Gustará o no, pero nosotros –el Foro de Curas de Madrid– intentamos proseguir el desarrollo eclesiológico del Vaticano II.

Consideramos elemental, cuando hablamos de la Iglesia, tomar conciencia del carácter evolutivo de su configuración histórica. Cuestionamos formas de entender y ejercer la autoridad en ella que no siempre se adecuaron a lo enseñado y vivido por Jesús de Nazaret. Quien tenga esta visión, rehuirá canonizar cualquier forma histórica y, por supuesto, cuidará de no identificarla sin más con el contenido del Evangelio. Si los cristianos seguimos anclados en el modelo eclesiológico preconciliar, estamos reforzando, sepámoslo o no, el autoritarismo eclesial. Eso que supone la añoranza básica de muchos dirigentes actuales.

Nuestra opción por el modelo del concilio supone que no entendemos a la Iglesia como una realidad estática, ni deseamos que siga teniendo el peso institucional clerical que tuvo a partir del siglo IV. Por haber entendido la Iglesia desde una visión jerárquica piramidal llegamos a anular el protagonismo del pueblo y a sentar las bases de un funcionamiento antidemocrático de la Iglesia. Da que pensar que en el magisterio oficial se llegara a admitir que la Iglesia era una sociedad de desiguales, inevitablemente opuesta a la democracia y libertades modernas.

Es un hecho singular la incorporación en el 313 de la Iglesia al Estado por el edicto de Milán del emperador Constantino. Hasta tal punto llega su intromisión que es él quien convoca las concilios y se sienta en el sillón del aula conciliar. Los obispos se sienten pertenecientes a las clases distinguidas del Imperio y aceptan el uso del poder político para facilitar la aceptación de la verdad y la superación del error.

En el año 380, Teodosio declara la religión cristiana como religión oficial del Estado, prohíbe todos los cultos paganos, destruye sus templos, confirma el domingo como día legal para el descanso y, por suponerla mayoritaria en el Imperio, declara a la religión cristiana obligatoria para todos. “El cristianismo, escribe Juan L. Segundo, se oficializa y el poder político impone a la fuerza la verdad”.

De esta manera el concepto del Dios imperial “Vencedor de los enemigos” y de que “la fe se impone por obra del poder” penetra en la conciencia eclesial. Desde el siglo IV comienza a funcionar eso que llamamos “régimen de cristiandad”, donde la unidad cristiana es a la vez imperativo político e imperativo eclesial. En estas circunstancias, la jerarquía se transmuta en grandes señores del Imperio y grandes señores de la Iglesia. Se produce una especie de “faraonización” del ministerio, lo que era servicio se convierte en poder: indumentaria, insignias, títulos, etc.

En esta dirección, y entrado ya el siglo V, se da la centralización del ministerio episcopal a través de obispo de Roma. Comienza la historia del primado de Roma que, en la reforma gregoriana y en los siglos posteriores, llega a límites insospechados.

La consecuencia es que “esta conversión de la Iglesia en la religión oficial del Imperio se hace a costa de la extinción en grandes proporciones de su dimensión escatológica y profética” (Rufino Velasco).

Y llega, hacia comienzos del siglo XI, el papa Gregorio VII. Se realiza con él el mayor giro respecto a la comprensión y organización de la Iglesia: el poder espiritual de la Iglesia pasa a ser el poder de Occidente. El papa comienza a ser considerado soberano, –“basileus”– de Estados y exige para sí insignias imperiales, incluida la tiara y todo el ceremonial cortesano correspondiente. Gregorio VII asegura como nadie la monarquía papal: sobre la “piedra” que es Pedro y su sucesor, el papa de Roma, debía fundamentarse todo “orden” en el mundo: el eclesiástico y el temporal. Es en sus Dictatus papae donde enuncia sus poderes dentro de la Iglesia y sobre el orden temporal.

A modo de síntesis, estos serían los rasgos de la Iglesia Reformada de Gregorio VII y postridentina, dominante hasta el Vaticano II:

1. La Iglesia es como un Estado, en cuya cumbre está el Papa, y que justifica su hegemonía sobre los demás Estados.

2. El estatuto constituyente de la Iglesia se caracteriza por la desigualdad, a base de dos géneros de cristianos: los clérigos y los laicos.

3. En ella lo básico es la jerarquía clerical con sus diversos rangos. La desigualdad se despliega de arriba abajo, en una visión piramidal y estamental: la pirámide tiene un vértice, que es el Papa, y de él deriva el poder de los obispos, la nobleza eclesiástica y, más abajo, está el bajo clero, los llamados propiamente “sacerdotes”. Por abajo de todo está el estamento laical: vasallos, siervos de la gleba, gente menuda.

4. Esta estructura eclesiástica sería de derecho divino y, por tanto, inmutable.

5. Esta Iglesia realiza el Reino de Dios desde el “poder eclesiástico”, que descienda piramidalmente hasta los mismos fieles.

6. Para esta Iglesia, el reino de Dios es cosa “del más allá”, y no un proyecto histórico con exigencias de transformación para las personas y la sociedad presente.

7. Esta Iglesia olvida la característica fundamental del reino de Dios que anuncia Jesús: un Reino de los pobres y para su liberación.

Esta evocación de la eclesiología preconciliar nos ayuda a desmitificar una visión idealista y ahistórica de la Iglesia, demasiado absolutizada, aun en contra de orientaciones esenciales del Evangelio.

El contraste entre este tipo de Iglesia y el legado por el Vaticano II es una clave, a mi modo de ver primordial, para entender cuanto hoy está pasando en la Iglesia.

Los rasgos de la eclesiología del Vaticano II, en la que pretende inspirarse el Foro de Curas de Madrid, al igual que todos los demás cristianos, serían los siguientes.

1. El punto de gravitación en la Iglesia es la comunidad (pueblo de Dios) y no la jerarquía. Lo primero y más importante en la Iglesia es el Pueblo de Dios. Esta realidad, según el concilio, nos remite a nuestra condición común de creyentes, en la que estamos todos, en pie de igualdad. Lo sustantivo en la Iglesia es, pues, la comunidad y lo relativo la jerarquía. Una jerarquía sin comunidad es incomprensible.

2. La función de la jerarquía debe ser definida por referencia a la raíz de que proviene: Jesús de Nazaret. Él es el siervo sufriente y no el pantocrátor, señor de este mundo. La autoridad en la Iglesia se remite a un crucificado, derrotado por los poderes de este mundo. “La Iglesia entera, escribe J. Sobrino, se pone en la periferia, en la impotencia de los pobres, a los pies de un crucificado, para desde allí alimentar una esperanza cristiana y propiciar la necesaria eficacia en su acción”.

3. Desaparece la Iglesia como “sociedad de desiguales”: “No hay en Cristo y en la Iglesia ninguna desigualdad” (LG, 32). Ningún ministerio puede ser colocado por encima de esta primera y dignidad común. La secular dicotomía de clérigos/laicos debe ser reformulada desde la nueva perspectiva de comunidad y ministerios.

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SIDA, PRESERVATIVO Y MORAL CATÓLICA

Benjamín Forcano

Éxodo 82 (ener.-febr.’06)
– Autor: Benjamín Forcano –
 
Quien no conozca un poco la historia seguramente pensará que en la Iglesia católica las normas son inamovibles. Pero nada más lejos de la realidad. En el siglo XIII bulas del Papa Inocencio IV y en el XVI del Papa León X afirmaban “ser voluntad del Espíritu quemar a los herejes” y Galileo fue censurado para evitar que la razón científica pudiera constituirse al margen del Magisterio. Más recientemente, se seguía afirmando que la Iglesia “es una sociedad de desiguales”, que “la división de clases en la sociedad es conforme a la voluntad divina”, que “la libertad religiosa era poco menos que un delirio”, que “el matrimonio era un contrato entre un hombre y una mujer para procrear”.

El concilio Vaticano II (cima del magisterio eclesial) modificó de raíz estas perspectivas. Afirmó ser ley fundamental la igualdad de todos los miembros dentro de la Iglesia (LG, 32), ser fundamental el derecho a la libertad religiosa (DH, 2) y comprender el matrimonio como una comunidad de vida y amor, teniendo razón de ser aun cuando falte la descendencia (GS, 50).

Basta contrastar los catecismos de Astete y Ripalda -que establecían como fines del matrimonio la procreación (fin primario) y la ayuda mutua y remedio de la concupiscencia (fin secundario)- con el Vaticano II para advertir la magnitud del cambio: “El amor entre marido y mujer, dice el concilio, es eminentemente humano,pues va de persona a persona con el afecto de la voluntad , abarca el bien de toda la persona y, por tanto, es capaz de enriquecer con dignidad especial las expresiones del cuerpo como elementos y señales especiales de la amistad conyugal. Este amor se expresa y perfecciona con la acción propia del matrimonio y los actos conyugales, ejecutados de manera verdaderamente humana, significan y favorecen el don recíproco, con el que se enriquecen mutuamente en un clima de gozosa gratitud” (GS, 49).

Dos cosas aparecen aquí muy claras: el matrimonio con todo su ámbito de intimidad sexual no se justifica ni se ordena a la procreación y su razón fundante es el amor, -que puede ser fecundo o infecundo- y se manifiesta en las expresiones gozosas del placer. El placer, componente y consecuencia del amor, es tan legítimo como el amor mismo. Se descarta la necesidad de justificarlo como subordinado a la procreación; es bueno, legítimo y sacramental como lo es el amor.

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SISTEMA PARA LA AUTONOMÍA Y LA ATENCIÓN A LA DEPENDENCIA

Enma Mateos y Yolanda Iglesias

nº 85 octubre 06
– Autor: Enma Mateos y Yolanda Iglesias –
 
En estos días, el pleno del Congreso ha dado luz verde al proyecto de la Ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia, que será remitido al Senado para su debate y votación.

Con este texto legal se pretende crear un nuevo derecho individual de atención hacia las personas que no pueden valerse por sí mismas. El reconocimiento de este derecho pretende ser garantizado por el Estado y las distintas administraciones públicas a través de la puesta en marcha de un Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia (SAAD), con unas condiciones básicas y un contenido común para todo el territorio.

Es una ley que ha levantado gran expectativa social sobre todo para la población dependiente porque supone un gran paso en el reconocimiento de su situación de discriminación y vulnerabilidad en la que se encuentran actualmente. Pero también para las mujeres, que en un 83% son las que resuelven estas tareas de cuidados, a costa en muchas ocasiones de su propia autonomía y salud. Debido a la escasa participación por parte de los hombres en estas tareas y una evidente falta de recursos de las administraciones públicas.

Ante esta situación, esta nueva ley es presentada como el cuarto pilar del Estado del bienestar comparándola con el derecho a Sanidad o la Educación. Sin embargo desde distintos colectivos de personas dependientes y sus familiares, así como de grupos feministas se viene denunciando aspectos de la ley que recortan la cobertura real que tendrá el nuevo derecho de atención, que lo alejan bastante de la universalidad y gratuidad de los otros dos pilares con los que se le compara.

LA UNIVERSALIDAD DE LA LEY

El derecho a la sanidad y la educación son verdaderamente universales, accediendo aquel que lo necesita. Esto no ocurre con el derecho de atención, cuya cobertura aparece limitada en el texto a través tres criterios: el sistema que se estipula para valorar la dependencia, el acceso a los servicios y su no gratuidad.

La ley está planteada para dar cobertura y atención a situaciones muy problemáticas y permanentes con gran precariedad por la falta de recursos. En este estado se encontraban 1.125.000 personas en 2005, apenas algo más del 40% de total de discapacitados que ese mismo año requerían ayuda. El otro 60%, donde encontramos personas con discapacidad intelectual, problemas de salud mental o enfermos de Alzheimer de primer grado, pueden quedar fuera del actual sistema de valoración, al no ser reconocidos como dependientes.

Otro de los aspectos que recorta la universalidad es la no gratuidad de las prestaciones a las que se tiene derecho. La ley estipula un sistema de copago por el cual el beneficiario deberá aportar una cantidad de dinero según su renta y patrimonio para acceder a los servicios y ayudas que se le asignen. Sin embargo, no se concretan qué baremos se utilizarán o a partir de qué rentas se tendrá que copagar, aspectos clave para conocer la cobertura real que tendrán los servicios. Esto puede significar que se deje fuera del sistema a las clases medias, que serán las más perjudicadas por el copago. Además, el concepto de copago es discriminatorio ya que supone una penalización económica a la persona, por su condición de dependiente. Ninguno de los otros pilares contempla fórmulas de copago en función de renta o patrimonio. Recibir asistencia para levantarse de la cama, lavarse, vestirse, estudiar o trabajar, no debe considerarse un derecho menos fundamental que la educación y la sanidad.

EL ACCESO A LOS SERVICIOS

La ley estipula tres modalidades para acceder a las prestaciones y servicios que se recogen en el sistema de atención. Una de ellas resulta especialmente preocupante por la repercusión que tendrá sobre las mujeres. Nos referimos a la modalidad de ‘ayuda’ para la persona cuidadora, que será percibida en función de la capacidad económica de la persona dependiente. La cuantía se recibirá en forma de prestación, no de salario. La persona cuidadora no debe estar trabajando remuneradamente, pero sí tendrá que darse de alta y cotizar a la Seguridad Social para el cobro de la prestación.

Se habla de modalidad excepcional pero no se concreta nada de las condiciones y requisitos para optar a ella. Se prevé que cuando esté en marcha la ley serán unas 300.000 a 400.000 personas cuidadoras las que recibirán esta ayuda. Más que las plazas de residencias y centros de día juntos (275.000 y 104.000), dos de los servicios importantes del sistema de atención. Si el texto reconoce en su exposición de motivos el reparto injusto del trabajo de cuidados para las mujeres, no debe introducir como una modalidad más del sistema (esta vez con rango de ley) la ayuda a la persona cuidadora.

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¿PARA CUÁNDO LA LEY ORGÁNICA DE EDUCACIÓN?

Luis Guridi

nº 85 octubre 06
– Autor: Luis Guridi –
 
El 24 de mayo de 2.006 entró en vigor la L.O.E. ¿Qué ha sucedido posteriormente? ¿Si está en vigor por qué no se aplica? Nos referimos a un aspecto de la Ley que afecta laboralmente a unos trece mil trabajadores, profesores de religión.

POR PARTE DE F.E.P.E.R. ANTES DE LA LEY

F.E.P.E.R durante muchos años estuvo trabajando para conseguir la normalización de la situación laboral del profesorado de religión. Al final no hubo más remedio que optar por la vía de las denuncias en los tribunales y las denuncias en los medios de comunicación. Por fin y a raíz de la Ley de Acompañamiento 50/98, decidimos dirigirnos al Congreso y Senado quienes han aprobado una nueva Ley que ha derogado la anterior, eso sí con la abstención del P.P.

Con esta nueva Ley, ciertamente no la más perfecta pero sí la más posible, ha cambiado sustancialmente la situación de este colectivo. F.E.P.E.R ya consiguió el objetivo y podría muy bien desaparecer. Ahora toca llevarla a la práctica a los mismos profesores. Pero por desgracia, la realidad de los hechos nos ha demostrado que es necesaria e imprescindible nuestra presencia porque ni los sindicatos han defendido la Ley (excepto F.E.P.E.R) ni los profesores han defendido su dignidad, en todo caso comprensible ante las amenazas del M.E.C. y de la Jerarquía.

POR PARTE DE LOS SINDICATOS

A última hora, muchos que no se preocuparon o aceptaron sumisamente la situación, asociaciones, sindicatos, plataformas etc. quisieron interesadamente subirse al carro de los que han luchado durante muchos años para modificar la Ley. Pero no subieron para apoyar, sino para neutralizar el trabajo realizado por F.E.P.E.R. Todos querían apuntarse, pero una vez vistas las dificultades en su aplicación, estos grupos se dedican ahora a paralizar la Ley, promovida desde el M.E.C.,y contentar así las presiones de la Jerarquía. Los sindicatos mayoritarios aceptan sin rechistar la imposición de la Administración, o admiten “estrategias sindicales” en defensa de los intereses de sus sindicatos, pero en contra de los intereses de justicia de los trabajadores. No revisan sus decisiones con sus afiliados (con sus bases) decidiendo su política sin contrastar con los trabajadores. Esos mismos sindicatos, alguno por cierto recomendado por la Jerarquía (ver WEB Diocesana de Extremadura), durante este proceso han expulsado expresamente del Convenio Único a los trabajadores-profesores de religión. Antes ya hicieron otros lo mismo

POR PARTE DE LA JERARQUÍA ECLESIÁSTICA

A la enseñanza moral de la Iglesia pertenece el derecho a un trabajo estable, a un salario justo y a una vivienda digna. Tales derechos se ven hoy vulnerados entre nosotros, en los profesores de religión. La Jerarquía eclesiástica nunca ha querido aplicar el Estatuto de los Trabajadores a las relaciones laborales de este colectivo . Además, a sabiendas de que no es parte en la relación laboral, ha utilizado el poder fáctico y ha presionado por todas las vías posibles a los partidos políticos, al Gobierno y al MEC para que no cumplan con la nueva Ley. Y estos colectivos saben que el Gobierno principalmente debe acatar y ser el guardián de su cumplimiento. Pero lo más delirante son las manifestaciones de la Jerarquía en contra de la Adicional 2ª, puesto que siempre achaca que no se cumplen los Acuerdos pero nunca dice en qué no se cumplen. Cuantos votaron esta Ley sabían muy bien que en nada iba contra los Acuerdos, se cumplían más bien las Directivas Europeas y la Constitución Española. Por eso, estaremos dispuestos a ver, juzgar y actuar en consecuencia, si se nos manifiesta dónde, cuándo y cómo va esa Ley contra los Acuerdos. La Jerarquía junto con el M.E.C. son la causa principal de este incumplimiento. Los sindicatos, algunas asociaciones y la Plataforma, creada por la Jerarquía, se adhieren por causas ajenas a los trabajadores en una clara dejación de sus obligaciones.

POR PARTE DEL MEC

Parece que algunas Instituciones hacen de la opresión ejercicio del poder y en nombre de la legalidad. En muchas ocasiones las garantías, reglas del derecho y los mismos derechos de los ciudadanos están en función de los intereses de las Instituciones, fuera de los ciudadanos y no coincidentes con sus necesidades. En este caso no creemos existan dudas sobre la aprobación de la Ley y de su entrada en vigor el día 24 de mayo y de las correspondientes derogaciones. Si alguno duda puede entrar en la Pag. WEB de feper.org. y asegurarse de la misma o acudir al B.O.E.

Sin embargo otros intereses inconfesables han hecho que se retrase la misma y sigan los trabajadores como si la misma no existiera, con presiones, amenazas y arbitrariedades por parte del MEC y de la Jerarquía.

Ahora se repite una cantinela para justificar esta situación: la necesidad de que salga un Real Decreto para su desarrollo. La Ley tiene efectos y derechos individuales y su puesta en marcha es de aplicación inmediata. ¿Necesita el Estatuto de los Trabajadores desarrollarse o ya es en sí mismo un desarrollo? Por parte del MEC no se han realizado las liquidaciones correspondientes con el pago a la gratificación de Navidad como se venían realizando en años anteriores, porque lógicamente no hay finiquito y en consecuencia hay un contrato continuado con la modificación automáticamente de aquello que no esté conforme con el Estatuto de los Trabajadores como es el contrato a tiempo determinado en aquellos que lleven más de tres años o lo determinado en los Convenios únicos de cada Comunidad Autónoma.

Curiosamente, son el Gobierno y la Jerarquía Católica quienes se saltan esta Ley a la torera. Por el poder de los que así actúan y por el miedo lógico de quienes sufren la fuerza del poder, a pesar de sus protestas, este curso se ha saldado con el incumplimiento de la Ley y con circunstancias de verdadera arbitrariedad. Como ciudadano, me rebelo con mis escasas fuerzas a admitir que el ordenamiento jurídico se vulnere con tanta normalidad y se siga aplicando una Ley derogada por la fuerza del poder. En esta sociedad de “DERECHO” parece que las normas jurídicas dicen lo que al poder político del momento quiere o le conviene que diga. No importa ni el espíritu ni el desarrollo en su tramitación en las Cortes. ¡Pobre Estado de presunto derecho!

Ahora aparece en la prensa que el M.E.C. y la Jerarquía están tratando sobre la relación laboral de los profesores de religión o sea que la Administración a sabiendas (prevaricación) incumple la propia Ley donde dice “La regulación de su régimen laboral se hará con la participación de los representantes del profesorado” y permite su discusión con un elemento extraño no representativo. El profesor no puede aceptar Carta de una profesora por el trato recibido del M.E.C. esos acuerdos pues se producen en un marco de ilegalidad manifiesta y que supondría consagrar “los privilegios” respecto a otros trabajadores.

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EL MERCADO NEOLIBERAL COMO MEDIADOR DE SALVACIÓN

Franz Hinkelammert

– Autor: Franz Hinkelammert –
 
El capitalismo surge con la pretensión de ser instancia de salvación. Surge como tal en los siglos XV y XIV, pero en la segunda mitad del siglo XVIII, con Adam Smith, esta creencia aparece explícitamentre y quizás por primera vez en la historia humana se expresa a través de teorías del mercado.

Las sociedades anteriores desarrollan ya en alto grado las relaciones mercantiles. Sin embargo, las ven con sospecha. Inclusive se las ve como peligrosas para la convivencia humana. Se les reprocha subvertir las relaciones humanas. Jesús las ve como dominio de un dios falso, Mamon, contrario al reino de Dios que él anuncia. En los escritos de San Pablo la polarización es vista como entre amor al dinero y amor al prójimo. El amor al prójimo es considerado lo contrario del amor al dinero y el mercado es la esfera en la cual rige el amor al dinero. El mundo de la ley por un lado y el mundo del sujeto que se enfrenta a la ley por el otro. Sospechas parecidas aparecen en la tradición griega, especialmente en Aristóteles.

En el surgimiento del capitalismo todas estas posiciones se invierten. Se invierten en el interior de varias corrientes cristianas como en el puritanismo calvinista de los siglos XVII y XVIII en Inglaterra y pronto en EEUU, pero igualmente se invierten en el pensamiento secular de la iluminación, lo que se hace presente en Mandeville y sobre todo en Adam Smith.

Resulta una espiritualidad del mercado. Su expresión a la vez teórica y moral más impactante se encuentra en la tesis de Adam Smith de la mano invisible. La expresión mano invisible viene de la Stoa y se refiere al Dios del cosmos. Vuelve a aparecer en Newton en referencia al sistema planetario, que según él es guiado por esta mano invisible. Smith la aplica ahora al mercado.

De lo que se trata es de sostener que en el mercado hay un automatismo que lleva todas las acciones – a coondición de que se mantengan en las leyes del mercado – hacia la realización del interés general. El mercado deja de ser la esfera del egoismo. Al contario. El interés propio no es egoista, sino que es portador del interés general, entendido como interés de todos. Imponiéndose al mercado, todos son llevados por sus leyes a comportarse mutuamente como servidores uno del otro. La sociedad del mercado no es egoista, sino que es sociedad de servicio mutuo. Además, es la única manera realista de lograr que los seres humanos acepten ser servidores de los otros, teniendo además ventajas mutuas de esta relación.

Es fácil ver que puede aparecer un cristianismo que entiende el mercado como el ambiente eficaz del amor al prójimo, lo que precisamente hizo el puritanismo de aquellos siglos. Amor al dinero y amor al prójimo llegan a ser lo mismo, Dios y Mamon se identifican. Lo moralmente malo es no someterse a las leyes del mercado por ser eso resistencia a la introducción del amor al prójimo – por fin realista – en la sociedad.

El neoliberalismo lleva estas tesis al extremo y a su aplicación universal y global. Su religiosidad y promesa de salvación es omnipresente hoy, aunque se amortigüe un poco en los últmos a ños como consecuencia de las experiencias que se tienen de los efectos desastrosos de la estrategia de globalización neoliberal. Pero la promesa sigue.

Uno de sus máximos representantes ha sido y sigue siendo el presidente del Fondo Monitario Mundial (FMI) en los años 90, Michel Camdessus. Él es hoy miembro del consejo de Justicia y Paz en el Vaticano, en Roma.

A Camdessus le gustaba dar conferencias a empresarios católicos o empresarios cristianos en general, en las cuales desarrolló una teología correspondiente a esta promesa de salvación. Hablaba un lenguaje que tomaba de la propia teología de la liberación y puso en el centro de su teología la opción por los pobres. El título de estas conferencias era: el mercado y el reino de Dios.

Pero la ajustaba. Según Camdessus, la única manera realista de efectuar esta opción es precisamente la política del FMI y sus mposiciones de los ajustes estructurales. Todo intento de escapar a estas políticas lo denunciaba como ilusorio y por tanto “populismo”, que hacia un daño mucho mayor que los problemas que se pretenden solucionar. Según Camdessus, los problemas que el mercado deja sin solución, habría que aceptarlos como consecuencia de la propia “conditio humana”. Lo que no tiene solución por la imposición del mercado neoliberal, no tiene solución ninguna. El mercado no es el reino de Dios, pero el mercado total es el acercamiento mayor que podemos lograr en este mundo imperfecto al reino de Dios. No hay salvación fuera del mercado. Aunque esta sigue limitada, es obligación humana dejar en las manos de Dios la realización definitiva del reino de Dios.En la tierra vale: extra mercatum nulla salus.

Es una teología que da la buena conciencia a aquellos que están destruyendo nuestro mundo y que no quieren tolerar ningún cambio de las cosas. De hecho, la salvación que promete es la renuncia a la salvación hasta post mortem. Es el amor al prójimo del corazón endurecido.