La Iglesia y su incidencia en la Venezuela de hoy

Pablo Urquiaga

Éxodo 153
– Autor: Pablo Urquiaga –

Desde antes del triunfo de la Revolución Bolivariana, en Venezuela han existido dos concepciones del vocablo “Iglesia”. Uno referente a la «Iglesia institución o jerárquica», formada por la conferencia episcopal (obispos, presbíteros y diáconos); es  decir,  la «iglesia clerical»;  y otro que se define como la “Iglesia Pueblo de Dios Organizado”, que está formada por la Iglesia de la Base (Comunidades Eclesiales de Base}, vicaría de los sectores populares (presididas por hermanas religiosas vicarias) y laicos comprometidos en diversos grupos de apostolado (Legión de María, Cursillistas, Carismáticos, catecúmenos, etc.).

La Iglesia que está en la jerarquía

Dentro de la Iglesia «jerárquica» hay algunos obispos que son conservadores y defensores de su «status quo», apegados a sus privilegios y dignidades, que buscan su reconocimiento como legitimas autoridades. Ellos controlan la «conferencia» e imponen sus criterios a la hora de tomar decisiones, aunque no todos piensan igual, sobre todo a nivel político. Hacen ver como bloque que todos apoyan a los partidos de oposición y rechazan al gobierno legítimo y constitucional de Venezuela, tomando una posición radical con posturas críticas parcializadas; todo lo ven mal y nunca reconocen nada bueno de lo que el actual gobierno venezolano ha realizado en favor de los más pobres a nivel de educación, salud, cultura, etc., como son las Misiones Sociales que han beneficiado a millones de pobres y desamparados en nuestro país. Algunos presbíteros y diáconos respaldan esta posición, pero otros son críticos de esta postura, reconociendo los logros de la Revolución y apoyándolos en todas las áreas donde a los pobres se les ha dignificado y también señalando los errores cometidos en la distribución de las riquezas en el área económica, denunciando la corrupción de algunos mandatarios mal llamados «revolucionarios» que no sirven al pueblo sino que se sirven de él para su propio beneficio.

La Iglesia que está en el Pueblo

A la «lglesia de la Base» se la ha tratado de marginar o manipular, sobre todo a las Comunidades Eclesiales de Base, que en la mayoría de las parroquias se las rechaza y no se les atiende debidamente, teniendo que organizarse en las «zonas marginales” (suburbios de las grandes capitales). Tienen que actuar al margen de la «jerarquía» y solo un pequeño grupo de presbíteros y hermanas vicarias les apoyan y sirven. Estas comunidades han tomado conciencia de que la Iglesia de Cristo es el Pueblo de Dios Organizado (como lo señala el Concilio Vaticano II en la Constitución Lumen Gentium, 9, respaldado por 1 Pedro 2, 9-10). Existe también un gran número de fieles que asisten a la misa dominical y practican algunas devociones de forma individual, sin pertenecer a ningún grupo organizado eclesial, pero sí están comprometidos en la Misiones Sociales gubernamentales en las áreas de salud, educación, cultura y servicios sociales; incluso algunos son miembros del partido de gobierno (PSUV).

Revolución y práctica religiosa

Al principio del Proceso Revolucionario algunos obispos apoyaron lo apoyaron, pero, al ver que la Revolución se identificaba con el marxismo en su praxis, fueron tomando distancia y se pusieron radicalmente al lado de la oposición. Así les pasó también a muchos presbíteros, incluso a religiosas comprometidas con la causa de los pobres desde los sectores más populares. Muchos católicos se fueron alejando del Proceso, aunque la gran mayoría de la gente pobre (de los barrios) sigue apoyando la Revolución a pesar de los errores y la mala política de algunos de sus funcionarios. Eso dio como resultado que muchos se alejaron de los servicios litúrgicos, pues algunos presbíteros usaban las misas para hablar mal del gobierno, manipulando el Evangelio a sus intereses políticos partidistas. Sin embargo, ese Pueblo de Dios se mantiene siendo «católico y apostólico» (pero no «romano»), se manifiesta partidario de la línea pastoral del Papa Francisco, pero no de los obispos, aunque un gran número de ellos se han pasado a las Iglesias Evangélicas y de otras denominaciones.

Bloqueo económico y emigración

El infernal bloqueo económico, impuesto por USA y la complicidad de los partidarios del mismo, aliados con la violencia y el deseo de invasión Norteamericana (solo un pequeño y reducido grupo de oposición radical) ha provocado un inmenso flujo migratorio a los países fronterizos, debido también a la guerra económica y cibernética, unido a la ineficiencia e ineficacia de algunos funcionarios gubernamentales y militares corruptos que han dañado la pureza del proceso Revolucionario original.

En este momento de pandemia, la Iglesia de la Base, unida y respaldada por algunos presbíteros y pastores evangélicos y de otras religiones e incluso algunos jerarcas de la oposición se han dado a la tarea de unirse en oración con el fin de erradicar el famoso «coronavirus covid 19″ e invitar a todo el pueblo a una cadena de oración sin exclusión de ningún tipo. Dios nos permita unirnos, no solo para salir de la pandemia, sino para eliminar los enfrentamientos, prejuicios, rencillas, odios y divisiones que no nos dejan avanzar en la construcción de un país mejor: «con todos y para el bien de todos”.

Vivir la fe desde el compromiso social en Honduras

Ismael Moreno Coto (p. Melo)

Éxodo 153
– Autor: Ismael Moreno Coto (p. Melo) –

1- La fe, una fuerza en la lucha

Muchas personas y grupos que participan activamente desde las bases en luchas y movimientos sociales y populares por la transformación de la sociedad, lo hacen movidas por su fe en Dios y por su pertenencia a la iglesia. Son dirigentes y organizaciones campesinas, indígenas, comunidades eclesiales de base, movimientos ambientalistas territoriales, casi siempre acompañados por agentes de pastoral como párrocos, religiosos y religiosas, y muy escasamente por algún obispo. Para estos líderes y sectores, el dato de la fe es fundamental en su compromiso social.

Gerardo Chévez, dirigente comunal de su colonia, en el norte de Honduras, practicante y activo en la Iglesia Católica y en las organizaciones populares, confiesa que la fe es lo que “garantiza la validez de las luchas populares”. “Es mi motor, lo que me da fuerza. Es lo que permite que las luchas trasciendan y no queden atrapadas en miserias humanas, como el dinero y el poder”. “La fe es lo que me ha ayudado a descubrirme en los demás y a experimentar que el sentido de mi vida no lo encuentro en mi mismo, sino en el encuentro con los demás”. “No concibo que un cristiano no comprometa su vida en las luchas por la justicia, porque la dimensión social puesta en el compromiso por la transformación social es parte esencial del evangelio de Jesucristo”.

Margarita Navarro tiene 60 años. A los 14 años era catequista en la Iglesia Católica y a los 16 años, animadora de los grupos juveniles, y a los 18 años se integró a la organización de mujeres campesinas. Como dirigente campesina fue capturada en 1986, encerrada en una celda de la policía de investigación:. “Yo estaba sola en la celda, y me llegaban a torturar. Pero yo pensaba en que el Señor Jesús estaba acompañado por María y otras mujeres, por Juan y otros amigos que en las afueras del lugar donde lo torturaban lo acompañaban y sufrían con él. Eso me daba ánimo a mí, porque en mi soledad sabía que, como Jesús, había gente afuera que sufría conmigo ”.

Pasaron varias décadas de aquella experiencia carcelaria y Margarita Navarro sigue en su compromiso en la Iglesia y su compromiso con la organización popular. “No son dos compromisos distintos – dice—es uno solo, y  “A mi me gusta formar parte de las organizaciones populares, especialmente si en ellas se valora la experiencia y la fuerza de las mujeres, porque de esa manera puedo vivir mi fe inserta en la lucha por transformar la realidad, que es parte de la evangelización”.

Si damos por supuesto que tenemos fe, pero no la alimentamos, terminaremos diciendo que creemos en Dios y seguiremos estando en la Iglesia, pero en los hechos estaremos sin Dios y actuando a espaldas de la Iglesia que nació del Evangelio de Jesucristo”.

La creyente Margarita Navarro se apresta a reconocer: “He conocido a personas no creyentes que han dado muestras de amor y de entrega mucho mayores que muchos dirigentes que se dicen creyentes”. Margarita sabe lo que dice:  “Para mí, no es lo que uno confiesa que es lo que acredita si lleva o no lleva a Dios en su vida. Es su testimonio el amor que transparente. Yo he conocido a personas no creyentes que sin llevar a Dios en su boca, Dios habla en ellas, porque en ellos Dios actúa”.

2- Cuando los fundamentalismos se encuentran

Muchas personas y organizaciones comprometen su vida e impulsan sus luchas y acciones a partir del desarrollo de sus ideas y la  experiencia apunta a que la fe  suele ser vista en estas esferas de luchas populares como un dato marginal o como una expresión de atraso ideológico y político . Pero, así , como en un creyente cristiano el peligro del fundamentalismo crece en la medida en que pierde la dimensión histórica de la lucha por dar demasiado peso a “lo que dicen las escrituras”, un dirigente popular de esta corriente de izquierda puede caer en el peligro de endiosar una teoría política o elevar a categorías divinas e infalibles a los teóricos de las ciencias sociales y políticas.

La experiencia nos advierte que una fe que no esté mediada por la realidad histórica puede convertir a quien la practica en un fanático religioso, tiende a manipular los datos de la realidad para fundamentar lo que dicen los textos religiosos, es decir, los dirigentes o animadores de la fe rompen con la mística y la ética y acaban siendo corruptos. En esta manipulación de la realidad, en el caso hondureño, coinciden tanto sectas evangélicas de corte neo pentecostales, como diversos sectores de la Iglesia católica, con frecuencia promovidos y respaldados por estructuras jerárquicas.

Cuando la fe o una ideología política no están mediadas por un amor auténtico encarnado en quienes sufren las consecuencias de la injusticia, ambas se convierten en instrumentos al servicio de intereses alejados de las auténticas luchas liberadoras.

3- El humanismo: puente entre los creyentes y los increyentes

La honestidad y la mística harán que tanto la persona creyente como la no creyente finalmente coincidan en valores de solidaridad, humanismo, justicia y paz y sus luchas, se encuentren y se complementen.

La autenticidad y la mística de quienes se comprometen a fondo con la liberación de las víctimas, acostan distancias, y rompen prejuicios entre quienes se sienten motivados desde su fe cristiana, y quienes se sienten motivados desde su ética.

 4- Fe y vida desde comunidades lencas hondureñas

Varias comunidades lencas del norte del departamento de Intibucá, en el occidente de Honduras, se plantaron unos años atrás, por varias semanas y meses, en el cruce de una carretera, cavaron amplias fosas para impedir el paso de las maquinarias de una empresa vinculada a un capital muy poderoso internacional con sus socios internos.  La iniciativa la había tomado el Comité Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras –COPINH—bajo el liderazgo indiscutible de Berta Cáceres.

Cuando se les preguntó qué pretendían con la toma de la carretera en esas profundidades de la montaña, no dudaron nunca en decir que protegen su río y sus bienes de las amenazas del extraño, que no permitirán que se roben lo que les ha dado vida y que es fuente de su fe a lo largo de toda su historia. Su vida y su fe en Dios la viven en íntima relación con la naturaleza, especialmente sus bosques y sus ríos.

Las comunidades indígenas se fueron informando de todo . Por defender ese río y a sus comunidades, los empresarios asociados con militares y políticos, diseñaron e implementaron el plan que culminó con el asesinato de la dirigente indígena y popular Berta Cáceres, el día 2 de marzo de 2016.

Nada pudo alegrar más a estos dirigentes de fe y de vida que la presencia de sacerdotes o religiosos que animaran sus vidas y sus luchas mientras tenían tomada la carretera. Y nada les dolió más que algunas críticas o rechazos que tuvieron por parte de algún sector de la jerarquía católica.

Todos esos asuntos de si hay manipulación, de si la iglesia debe o no meterse en asuntos ambientales o defensa de derechos humanos, no eran asuntos que existieran entre las comunidades lencas que se apostaban en la carretera para vigilar que ninguna de la maquinaria destructora de su río pudiera cruzar la línea defendida con todo su fervor.. Dios no está lejos de su pueblo, está entre su pueblo, no tenemos que ir a otro lado a buscarlo, está entre el pueblo y es dentro de las realidades humanas en donde hemos de descubrir sus presencia salvadora.

La decisión de estas comunidades de apostarse por varias semanas es un ejemplo que puede irradiar en muchas otras comunidades. Es un símbolo de defensa de la vida, tanto local como nacional.

Es cierto que a estas comunidades en lucha no violenta activa les ocurre que mucha gente no cree en ellas porque son comunidades humildes, indígenas y pobres. Estamos acostumbrados a que los líderes y palabras que impactan provengan de personas y grupos profesionales y que ya tienen un discurso muy bien organizado. Y ocurre lo que siempre pasa cuando no se cree en la gente pobre: dicen que están siendo manipuladas por otras personas y grupos interesados en crear el desorden y la inestabilidad en el país.

De acuerdo a nuestra fe cristiana, la esperanza brota desde los humildes de la tierra. Para la Iglesia y la sociedad, esta acción de estas comunidades lencas es una oportunidad para que nos despertemos a la escucha de la voz de los pobres, y que nos reencontremos con esas esperanzas que sin duda renuevan nuestra fe en el Señor que hace sentir su paso liberador en donde se defiende la vida y la naturaleza.

 5- La organización de los pobres desde nuestra fe cristiana

La población más pobre, los trabajadores asalariados y los que se ganan la vida en los corredores informales de la economía, las comunidades campesinas e indígenas, los jóvenes, las mujeres, y en general todos los sectores empobrecidos, tienen derecho a defender su vida y luchar por su dignidad y sus derechos.

Pueblo pobre, necesidades sociales y organización han de ir siempre de la mano. El Evangelio nos recuerda que el milagro del compartir se alcanza cuando a la necesidad objetiva le sigue la conciencia de ser pueblo y el proceso de organización de las víctimas.

En relación con este concepto de organización como fuerza de los pobres, Monseñor Romero logró hacer una síntesis en esta espléndida formulación: “Dios quiere salvarnos en pueblo. No quiere una salvación aislada. De ahí que la Iglesia de Hoy, más que nunca, está acentuando el sentido de pueblo. Y por eso la Iglesia sufre conflictos. Porque la Iglesia no quiere masa, quiere pueblo. Masa es el montón de gente cuanto más adormecidos, mejor; cuanto más conformistas, mejor. La Iglesia quiere despertar a la gente el sentido de pueblo…”  “Nadie le puede quitar a la gente el derecho de asociarse, con tal que sea una asociación para buscar las causas justas… La agrupación es un derecho cuando los objetivos son justos. Y la Iglesia estará siempre al lado de ese derecho de organización y de esos justos objetivos de las organizaciones”.

La Iglesia sí ha de estar en el ámbito de la política, como espacio público que busca transformar las condiciones desde las víctimas, para que la población indefensa sea respetada en sus derechos. Esa es la política del bien común. Y como política, se ha de apoyar a la organización comunitaria y popular con el fin de que los pobres se sientan fuertes en sus luchas y en sus demandas por justicia y por garantizar sus derechos.

Para Mons. Romero lo que importa no es la organización social y popular por sí misma. Absolutizar la organización popular tiene el peligro de convertir a los pobres en instrumentos al servicio de unos cuantos dirigentes. Para Mons. Romero la organización ha de estar siempre al servicio de las necesidades de las mayorías oprimidas, como muy bien lo dijo: “Lo que marca para nuestra Iglesia los límites de esta dimensión política de la fe, es precisamente el mundo de los pobres. En las diversas coyunturas políticas lo que interesa es el pueblo pobre”.

 Recuento

La Iglesia ha de seguir afirmándose desde su fidelidad a la Palabra de Dios, a su tradición profética y a la realidad histórica, y ha de seguir entendiéndose a sí misma a partir de la opción preferencial por los pobres para que los luchadores populares encuentren en ella un lugar y encuentren en la fe una fuerza que los impulsa en su mística transformadora.

La opción por los pobres ha de significar que en cualquier circunstancia de la vida, la Iglesia ha de hacer sentir su presencia a favor de las poblaciones indefensas y discriminadas, promoviendo el diálogo entre los conflictos sociales, pero desde el lugar de las víctimas.

La Iglesia ha de acompañar a las organizaciones sociales y populares desde su amor preferencial por los pobres. En circunstancias en que haya conflicto entre la organización y la vida de los pobres, la Iglesia no ha de dudar en situarse en la realidad de los pobres, puesto que la opción de la Iglesia es por los pobres y apoyará o cuestionará aquellas mediaciones según fortalezcan la vida y la esperanza de los pobres.

 

La Iglesia y su incidencia en la Venezuela de hoy

Pablo Urquiaga

Éxodo 153
– Autor: Pablo Urquiaga –

Desde antes del triunfo de la Revolución Bolivariana, en Venezuela han existido dos concepciones del vocablo “Iglesia”. Uno referente a la «Iglesia institución o jerárquica», formada por la conferencia episcopal (obispos, presbíteros y diáconos); es  decir,  la «iglesia clerical»;  y otro que se define como la “Iglesia Pueblo de Dios Organizado”, que está formada por la Iglesia de la Base (Comunidades Eclesiales de Base}, vicaría de los sectores populares (presididas por hermanas religiosas vicarias) y laicos comprometidos en diversos grupos de apostolado (Legión de María, Cursillistas, Carismáticos, catecúmenos, etc.).

La Iglesia que está en la jerarquía

Dentro de la Iglesia «jerárquica» hay algunos obispos que son conservadores y defensores de su «status quo», apegados a sus privilegios y dignidades, que buscan su reconocimiento como legitimas autoridades. Ellos controlan la «conferencia» e imponen sus criterios a la hora de tomar decisiones, aunque no todos piensan igual, sobre todo a nivel político. Hacen ver como bloque que todos apoyan a los partidos de oposición y rechazan al gobierno legítimo y constitucional de Venezuela, tomando una posición radical con posturas críticas parcializadas; todo lo ven mal y nunca reconocen nada bueno de lo que el actual gobierno venezolano ha realizado en favor de los más pobres a nivel de educación, salud, cultura, etc., como son las Misiones Sociales que han beneficiado a millones de pobres y desamparados en nuestro país. Algunos presbíteros y diáconos respaldan esta posición, pero otros son críticos de esta postura, reconociendo los logros de la Revolución y apoyándolos en todas las áreas donde a los pobres se les ha dignificado y también señalando los errores cometidos en la distribución de las riquezas en el área económica, denunciando la corrupción de algunos mandatarios mal llamados «revolucionarios» que no sirven al pueblo sino que se sirven de él para su propio beneficio.

La Iglesia que está en el Pueblo

A la «lglesia de la Base» se la ha tratado de marginar o manipular, sobre todo a las Comunidades Eclesiales de Base, que en la mayoría de las parroquias se las rechaza y no se les atiende debidamente, teniendo que organizarse en las «zonas marginales” (suburbios de las grandes capitales). Tienen que actuar al margen de la «jerarquía» y solo un pequeño grupo de presbíteros y hermanas vicarias les apoyan y sirven. Estas comunidades han tomado conciencia de que la Iglesia de Cristo es el Pueblo de Dios Organizado (como lo señala el Concilio Vaticano II en la Constitución Lumen Gentium, 9, respaldado por 1 Pedro 2, 9-10). Existe también un gran número de fieles que asisten a la misa dominical y practican algunas devociones de forma individual, sin pertenecer a ningún grupo organizado eclesial, pero sí están comprometidos en la Misiones Sociales gubernamentales en las áreas de salud, educación, cultura y servicios sociales; incluso algunos son miembros del partido de gobierno (PSUV).

Revolución y práctica religiosa

Al principio del Proceso Revolucionario algunos obispos apoyaron lo apoyaron, pero, al ver que la Revolución se identificaba con el marxismo en su praxis, fueron tomando distancia y se pusieron radicalmente al lado de la oposición. Así les pasó también a muchos presbíteros, incluso a religiosas comprometidas con la causa de los pobres desde los sectores más populares. Muchos católicos se fueron alejando del Proceso, aunque la gran mayoría de la gente pobre (de los barrios) sigue apoyando la Revolución a pesar de los errores y la mala política de algunos de sus funcionarios. Eso dio como resultado que muchos se alejaron de los servicios litúrgicos, pues algunos presbíteros usaban las misas para hablar mal del gobierno, manipulando el Evangelio a sus intereses políticos partidistas. Sin embargo, ese Pueblo de Dios se mantiene siendo «católico y apostólico» (pero no «romano»), se manifiesta partidario de la línea pastoral del Papa Francisco, pero no de los obispos, aunque un gran número de ellos se han pasado a las Iglesias Evangélicas y de otras denominaciones.

Bloqueo económico y emigración

El infernal bloqueo económico, impuesto por USA y la complicidad de los partidarios del mismo, aliados con la violencia y el deseo de invasión Norteamericana (solo un pequeño y reducido grupo de oposición radical) ha provocado un inmenso flujo migratorio a los países fronterizos, debido también a la guerra económica y cibernética, unido a la ineficiencia e ineficacia de algunos funcionarios gubernamentales y militares corruptos que han dañado la pureza del proceso Revolucionario original.

En este momento de pandemia, la Iglesia de la Base, unida y respaldada por algunos presbíteros y pastores evangélicos y de otras religiones e incluso algunos jerarcas de la oposición se han dado a la tarea de unirse en oración con el fin de erradicar el famoso «coronavirus covid 19″ e invitar a todo el pueblo a una cadena de oración sin exclusión de ningún tipo. Dios nos permita unirnos, no solo para salir de la pandemia, sino para eliminar los enfrentamientos, prejuicios, rencillas, odios y divisiones que no nos dejan avanzar en la construcción de un país mejor: «con todos y para el bien de todos”.

El fracaso del ateísmo científico en la Revolución Cubana

Félix Sautié Mederos

Éxodo 153
– Autor: Félix Sautié Mederos –

Todo mezclado: orígenes étnicos y culturales diversos; libre pensamiento masónico; espíritu laico republicano; religiosidad popular y ateísmo científico.

Desde muy pequeño viví inmerso en el contrapunteo entre la religión y el espíritu laico republicano de los cubanos libres pensadores. Una expresión familiar, muy común en la Cuba pre-revolucionaria de lo que es religión y poder.

Nací en 1938 en una familia muy heterogénea; especialmente acomodada. Mi abuelo paterno y mi padre, masones en activo, mi abuelo grado 33, un hermano de mi padre, mi tío Narciso, líder comunista de la vieja escuela, uno de los fundadores de la CTC en 1939, la organización sindical histórica que ha llegado hasta nuestros días; y mi otro tío Ignacio, quien murió como Fray Hilario Sautie, fraile franciscano de gran prestigio porque fue confesor de varios obispos cubanos y del cardenal Jaime Ortega, quien lo ordenó ya de mayor, después de haber enviudado y de ser padre varios hijos.

Desde muy pequeño tuve un preceptor, negro, maestro normalista, poeta y pastor bautista que mi padre admiraba especialmente. Hasta que un día le planteó a mi padre, que debía ponerme en un colegio porque él no estaba de acuerdo en continuar educándome en una probeta aislado de la vida social, y le propuso que me matriculara en un colegio católico relativamente cercano de los Maristas. Las élites cubanas de entonces se educaban en los colegios católicos. Fidel se formó en el colegio de La Salle, en Santiago de Cuba, junto con su hermano Raúl Castro y terminó el bachillerato en el Colegio de Belén de los Jesuitas habaneros.

El sabio etnólogo y polígrafo cubano, don Fernando Ortiz, realizó durante toda su vida estudios profundos y reveladores al respecto de esta multiciplidad de confesiones e ideas religiosas en Cuba, que culturalmente las identificó con una expresión que se ha hecho muy famosa en los medios intelectuales cubanos de que nuestra cultura es un ajiaco (1) de razas, costumbres e ideas. Nicolás Guillén, poeta nacional cubano, recoge este concepto de Don Fernando Ortiz en uno de sus más famosos poemas, titulado Mis dos abuelos. Todo mezclado… (2)

Sombras que sólo yo veo,
me escoltan mis dos abuelos.

Lanza con punta de hueso,
tambor de cuero y madera:
mi abuelo negro.
Gorguera en el cuello ancho,
gris armadura guerrera:
mi abuelo blanco.


En este sentido, el investigador, antropólogo y etnólogo cubano Nelson Aboy Domingo nos ofrece en su obra “Orígenes de la santería cubana” claves esenciales para comprender lo que han sido y son los conceptos y relaciones habituales de la religión y el poder en Cuba: Una religión de blancos con un poder de blancos hasta la Revolución Cubana.

El Ejército Rebelde, comandado por Fidel Castro, en 1959 bajó triunfalmente de las montañas al llano y a las ciudades con rosarios, escapularios e imágenes religiosas en sus uniformes. De inicio, todo marchó en armonía hasta que, con la firma y proclamación de la Ley de Reforma Agraria a finales de 1959, las clases terratenientes reaccionaron con violencia contra la Revolución, y la Iglesia católica cubana pasó del agradecimiento al enfrentamiento frontal.

Los cristianos de izquierda quedamos al margen de las iglesias católica y protestantes del momento con nuestro lema que planteaba Traicionar al pobre es traicionar a Cristo. La situación se agudizó con la nacionalización de los colegios privados, que incluía los colegios católicos mayoritariamente. Las clases altas y medias, en contubernio con los Estados Unidos y la Iglesia católica local, plantearon una campaña de que el Gobierno Revolucionario les iba a quitar la patria potestad a los padres y miles de niños fueron enviados solos a los Estados Unidos en una Operación de triste memoria que se denominó “Peter Pan”. Pensaban que en unos pocos meses la Revolución iba a ser destruida.

Hubo un enfrentamiento con pastorales contra la Revolución, proclamadas por la Jerarquía católica cubana de entones. Se produjo en 1961 la derrotada invasión de Playa Girón. Entonces la respuesta revolucionaria fue la proclamación del Socialismo marxista leninista que, de primer momento, implicó el establecimiento del ateísmo científico y del Estado confesional ateo. Esta situación creó una discriminación oficial contra los creyentes que tuvieron múltiples restricciones para el acceso a determinadas carreras universitarias de índole social, así como a determinados puestos de trabajo.

Todo se extendió hasta que se produjeron varias acciones y momentos de rectificación de ambas partes, que fueron: a) La visita de Fidel a Brasil en donde se encontró con las comunidades católicas de base y tuvo un amplio intercambio que lo motivó a un encuentro “reconciliador” en Cuba, primero con los líderes de las iglesias protestantes y seguidamente con los obispos católicos de Cuba. b) La publicación del libro Fidel y la Religión por Fray Betto en la que Fidel expresó sus ideas esenciales sobre la religión; c) El papa Pablo VI envió a La Habana como nuncio apostólico a monseñor Cesare Sacchi, hoy considerado “arquitecto de la pacificación entre la iglesia y el Estado en Cuba” (3). Fue este nuncio quien realizó una paciente labor esencial de reencuentro y reconciliación entre el Gobierno y la Iglesia católica, que trajo como frutos las visitas a Cuba en lo que va de tiempo de tres Papas: Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco, las que han sido de extraordinaria importancia para la Cuba revolucionaria y sus relaciones con la Iglesia católica; d) En el Cuarto Congreso del Partido (PCC) celebrado en 1991 en Santiago de Cuba, se realizó un amplio análisis de las relaciones entre el Estado y las religiones, que culminó con la proclamación nuevamente del Estado laico y la normalización entre las iglesias y el Estado en un proceso extendido hasta la situación actual en que existe un clima de encuentro y colaboración ampliamente favorecido por el Papa Francisco y la actual dirección de la Revolución.

  • Caldo tradicional cubano en que se mezclan distintos tipos de carnes, vegetales y viandas.
  • Además, también tiene publicado otro poema muy sentido al respecto, Son No. 6 yoruba Soy…
  • Denominación planteada por el destacado especialista Manuel Yepe.

Haití. Confinamiento por pandemia

Ematel Belance

Éxodo 153
– Autor: Ematel Belance –

Este texto, escrito por Ematel Belance, aunque no se ajusta directamente a la temática solicitada, sin embargo, en su brevedad y concisión (tres breves relatos) y en relación con la actual pandemia del coronavirus, establece una relación muy directa entre el fenómeno religioso y la sociedad haitiana. Desde el preciso enfoque de esta situación puntual, puede entenderse la presencia de la religión en el resto de las actividades sociopolíticas y culturales del pueblo haitiano. (Julín Acosta)

 

Confinamiento por la pandemia

La crisis del coronavirus está dejando en todo el mundo, y especialmente en Haití, impactos socioeconómicos y religiosos muy serios.

Cuando el Gobierno de Haití decretó el confinamiento y otras medidas de seguridad algunos no lo creyeron. Por su parte, tampoco la Iglesia se preocupó de sensibilizar y enseñar a la gente a protegerse ante las amenazas de esta pandemia. Y cabía esperar que, mientras no se extremaran las medidas de cerrar ciertas iglesias, todo podría ir a peor.

Ahora el pueblo está confinado. Pero uno se pregunta, ¿es posible estar en confinamiento sin comida, sin agua potable, sin electricidad, etc.? En esta situación, los líderes religiosos deberían estar exigiendo al Gobierno los servicios básicos necesarios para que el pueblo pueda vivir.

El coronavirus está teniendo un impacto brutal en todas las actividades sociales, religiosas, culturales y económicas. Esto nos obliga a preguntar: ¿no deberíamos cambiar el modo de vida? Yo creo que sí, pero ¿con quién? El coronavirus ha cambiado por completo nuestra actitud y nuestros hábitos culturales. Todo lo que antes hacíamos ahora se convierte en una pesadilla para los demás.

Tenemos que reconocer que, hasta el momento, Haití con 234 casos confirmados y 18 muertos (14.05.2020), aun no está en la peor situación. Pero, con los pocos medios de que dispone para hacer frente a este flagelo, es necesario tomar serias precauciones, porque los grandes países están arrodillados y, como dicen los demás, nosotros somos el país más pobre del continente americano. Pero ¿se está haciendo algo con todas nuestras riquezas del subsuelo y aéreas para defendernos de este virus?

Impacto del Coronavirus en la vida del pueblo haitiano

Y ¿qué decir con respecto a las otras sectas o religiones? El Voudou, por ejemplo –que según muchos historiadores es la religión principal y fuente de liberación de los esclavos provenientes de las diferentes tribus de África–, ¿no debería desarrollar, como todas las demás religiones, un papel importante en la sensibilización y educación para enfrentar las amenazas del coronavirus?

Como las demás religiones, el Vudú está muy cerca del pueblo. Representa al Ministerio de Salud Pública y de Población. En las zonas remotas no hay centros de salud capaces para atender la salud de los campesinos. Cuando se presenta algún problema de sanidad se acude a consultar al “Auangan” o al “Mambo”, ellos son los médicos de hojas (“feuilles”), sacerdotes, etc. Un hecho a resaltar es que, a partir de la fiesta de Bois Caimán, nuestros antepasados pudieron liberar a los esclavos negros del dominio de los franceses. Lo injusto es que los franceses, después de ser derrotados, obligaron a los haitianos a pagar el precio de su independencia.

El Voudou y su fuerza liberadora

Deberíamos caer en la cuenta de la fuerza cultural-resistente del Voudou, en términos de liberación, que es un componente predominante que caracteriza la cultura haitiana. Y, desde este componente histórico, luchar dignamente contra todos los grandes superpoderes colonialistas. En su momento este pueblo luchó valiente y victoriosamente contra el poder imperial de la Francia napoleónica. Y nunca ha perdido valor para enfrentar los neocolonialismos modernos encarnados en los poderes que hoy pretenden mantener la explotación colonial a costa del empobrecimiento del pueblo haitiano.

 

Evangélicos y poder en Colombia. Los efectos de un cambio constitucional

César Moya

Éxodo 153
– Autor: César Moya –

Este artículo es una reflexión acerca de cómo han incidido los evangélicos en la articulación del poder en Colombia a partir de la creación de la nueva constitución que rige desde 1991 y la transformación del Estado a uno no confesional. No obstante, en contextos como el colombiano, el poder debe contrastarse con la violencia, tal como lo plantea Arendt (2005): “cada reducción de poder es una invitación abierta a la violencia” (p. 118).

El fenómeno evangélico en Colombia, como en el resto de América Latina, es demasiado diverso como para delimitarlo conceptualmente (Míguez Bonino, 1995). Sin embargo, es posible visibilizar unas características entre dos grupos principales: los procedentes del evangelicalismo norteamericano heredado del siglo XIX y los procedentes directos de la Reforma del Siglo XVI, representados en las iglesias llamadas “históricas”. Aquí se hará referencia al primer grupo.

La incidencia política del movimiento evangélico en Colombia tiene como punto de partida la Constitución de 1991. Esto es evidente en los cambios que se dieron en relación con el preámbulo y algunos de los artículos. El preámbulo de la antigua constitución de 1886 declaraba a Colombia como un país de confesión católica: “En nombre de Dios, fuente suprema de toda autoridad, y con el fin de afianzar la unidad nacional, una de cuyas bases es el reconocimiento hecho por los partidos políticos de que la religión Católica, Apostólica y Romana es la de la nación […]” (Consejo Nacional Constituyente, 1886). Con estos privilegios, la hegemonía de esta iglesia llegaba a los mismos partidos políticos del momento, el liberal y el conservador, los cuales la reconocieron como la religión estatal. De ahí que otros grupos religiosos encontrarían oposición para su pleno desarrollo y mucho más para su injerencia en las decisiones políticas que determinaban el rumbo del país.

Sin embargo, después de 100 años de vigencia, la Constitución ya no respondía al momento del Estado. Las nuevas fuerzas políticas que habían surgido en el país en las últimas décadas, así como la desmovilización del M-19 y al mismo tiempo la prevalencia de otros grupos guerrilleros, ejercían una presión desde todos los sectores sociales, reconociendo que era necesaria la reconstitución del Estado. Es así como se convocó a las distintas fuerzas políticas sociales y regionales, quienes tuvieron sus representantes en la Asamblea Nacional Constituyente de 1991, dentro de ellos los evangélicos, representados en el Movimiento Unión Cristiana (Olano García, 2011, p. v-xi). Esto, de por sí, marcaba un hito en la historia política de Colombia; por primera vez los cristianos no católicos tenían representación sin participar directamente en uno de los partidos tradicionales.

Un cambio sustancial de la nueva constitución fue su preámbulo. Aunque invocaba la protección de Dios, no circunscribía al Estado a una determinada confesión de fe: “En ejercicio de su poder soberano, representado por sus delegatarios a la Asamblea Nacional Constituyente, invocando la protección de Dios, y con el fin de fortalecer la unidad de la Nación […] (Olano García, 2011, p. 1). También, reconoce varias “iglesias”, en relación con la libertad de conciencia y su libertad ante la ley (Art. 19). De aquí se deduce el respeto frente a decisiones que tuvieran que ver con la raza, el sexo, el origen familiar, religión y política, entre otros (Art. 13). Además, consagró como uno de los derechos fundamentales la paz (Art. 22).

En este contexto es que, en los últimos veinte años, 36 evangélicos han llegado a ocupar un escaño en el Congreso de la República, la mayoría de ellos elegidos bajo partidos tradicionales y unos pocos bien sea por un partido u otros grupos evangélicos (Velasco, 2018, pp. 229-233). Pero, más allá de las cifras de participación de los evangélicos en las curules legislativas, es importante mencionar las alianzas que han realizado con partidos de ultraderecha cuestionados por sus relaciones con el narcotráfico, el paramilitarismo o hechos de corrupción, así como su respaldo y bendición a algunos de sus candidatos.

Además de lo anterior, lo paradójico de esta apertura a la diversidad, para un grupo que dice representar al 20 por ciento del total de la población cristiana (Cedecol, citado en El Tiempo, 7 de enero de 2017), es que asuma posturas moralistas basadas no sólo en su fundamentalismo religioso sino también político. Lo anterior, por supuesto, va de la mano con el respaldo que recibieron de parte de los sectores más conservadores.  Tanto así que sus agendas políticas se han establecido con propuestas que desaprueban la adopción homoparental, el matrimonio igualitario, el aborto, la eutanasia y la llamada ideología de género, temas que influenciaron la votación no sólo de las últimas elecciones presidenciales sino del plebiscito por la paz del año 2016.

En un contexto de violencia, como ha sido el colombiano, asumir una posición contraria al camino de la paz no sólo es paradójico sino contradictorio con respecto al evangelio en un país de inmensa mayoría cristiana. Así quedó demostrado en el Plebiscito del 2 de octubre de 2016 cuando el voto por el No se impuso con un poco más del 50% de la totalidad de la votación, resultado en el que los evangélicos jugaron un papel decisorio dado su rechazo a la ideología de género, pues la consideraban peligrosa para la sociedad. Así lo expresó el presidente de la Confederación Evangélica de Colombia Edgar Castaño, “El acuerdo vulnera principios evangélicos como el de la familia cuando se habla de equilibrar los valores de la mujer con los de estos grupos [LGBTI]”, al tiempo que reconoció el voto decisivo de los evangélicos: “si salieron a votar cuatro millones de evangélicos, posiblemente la mitad de ellos rechaza los acuerdos” (Marcos, 2016).

Fue tal la determinación de estos evangélicos que después del plebiscito suscribieron un manifiesto, “Pacto Cristiano por la Paz”, en el que realizaron 44 observaciones al Acuerdo y propusieron una renegociación. Como resultado tres de ellos integraron una delegación que viajó a la Habana para participar del diálogo con las FARC-EP (Semana, 29 de octubre de 2016). No obstante, varias de esas observaciones, como la oposición a la participación de excombatientes en política, reducción de penas a los mismos y enfoque de género, concordaban con las del Centro Democrático, partido de derecha liderado por el expresidente Alvaro Uribe. Sus propuestas presentadas al gobierno de Santos constan en los documentos y discursos de diversos actores desde el anuncio del Acuerdo del 24 de agosto de 2016 hasta la firma del Acuerdo final el 24 de noviembre del mismo año (Oficina del Alto Comisionado para la Paz, 2016).

La articulación de los evangélicos con el poder en Colombia se consolidó aún más en los pasados comicios, tanto para presidente como para curules legislativas. Según la Misión de Observación Electoral (2019, pp. 66-76), en la campaña para la presidencia de la República, los evangélicos jugaron un papel determinante en la votación, especialmente con Viviane Morales, reconocida como referente de los evangélicos, quien renunció a su candidatura para sumarse a la del Centro Democrático, Iván Duque, quien a la postre sería elegido presidente. De esta manera el respaldo de varios sectores evangélicos, dentro de esos el partido MIRA, no se hizo esperar. Así, se consolidaba la alianza de los evangélicos con los sectores de derecha y se ratificaba lo expresado anteriormente como paradójico: quienes se auto definen como seguidores de Jesús renunciaron a su talante de paz.

Por su parte, las elecciones legislativas también ratificaron las alianzas de los evangélicos con las políticas de derecha al obtener una suma considerable de curules. Para MOE (2018) tal fenómeno se dio, especialmente, a través del movimiento Colombia Justa Libres, liderado por el pastor John Milton Rodríguez, logrando 4 curules en el Congreso. Aunque, según el mismo Rodríguez, se habían lanzado como un movimiento independiente para rechazar la manipulación de la que habían sido objeto por parte de la clase dirigente. Además, porque consideraba importante que los casi 12 millones de evangélicos participaran de las grandes decisiones de Colombia (Semana, febrero 20 de 2018).

 

Sin embargo, su plataforma política seguía reiterando los temas propios de la derecha tales como el desconocimiento de la población LGBTI. Nada raro, porque en el 2016 sus seguidores participaron en las movilizaciones contra las cartillas del Ministerio de Educación que instruían en el tema de género, además de haber hecho parte de la delegación para revisar los acuerdos luego del plebiscito (MOE, 2018). Los 6 puntos clave de su movimiento eran “la defensa de la familia, la educación y la vida; la defensa de la Constitución y las instituciones; la lucha contra la corrupción; el desarrollo económico sostenible; la protección del medio ambiente; y la defensa de la libertad religiosa y de expresión” (El Tiempo, 23 de diciembre de 2017). Pero no evidenciaron compromisos con el Acuerdo de Paz. Más bien, la agenda moralista fue su prioridad.

 

Para finalizar, la nueva constitución abrió una puerta para que los evangélicos tuvieran incidencia en las políticas del Estado, sin embargo, quienes han recorrido ese camino han sido absorbidos por los grupos dominantes. Por tanto, afirman políticas conservadoras en relación con la familia y el consiguiente rechazo a otros modelos de relaciones de género, promueven las políticas neoliberales y tienen un amplio despliegue mediático, además de su capacidad económica, tal como lo menciona MOE (2018, p. 76), y oponerse al Acuerdo de paz, lo cual implica promover la violencia. Esto último como resultado tanto de sus intereses políticos como de la ausencia de una teología de paz práxica y no solo ortodoxa. Han hecho caso omiso a las palabras del profeta: “procurad la paz de la ciudad … y rogad por ella; porque en su paz tendréis vosotros paz” (Jer. 29:7).

Referencias

Arendt, H. (2005). Sobre la violencia. Madrid: Alianza.

Consejo Nacional Constituyente (1886). Constitución Política. Recuperado de https://normograma.info/medellin/normograma/docs/pdf/constitucion_politica_1986.pdf

El Tiempo (23 de diciembre de 2017). No podemos quedarnos diciendo que somos apolíticos: Pastor Rodríguez.  Recuperado de https://www.eltiempo.com/elecciones-colombia-2018/congreso/pastor-habla-de-las-candidaturas-cristianas-al-congreso-de-la-republica-164648.

El Tiempo (enero 7 de 2017). ¿Cómo son las iglesias cristianas en Colombia?   https://www.eltiempo.com/cultura/gente/iglesias-cristianas-en-colombia-41383

Marcos, A. (12 de octubre de 2016). El voto evangélico clave en la victoria del No en el plebiscito de Colombia. Recuperado de https://elpais.com/internacional/2016/10/12/colombia/1476237985_601462.html

Míguez Bonino, J. (1995). Rostros del protestantismo latinoamericano. Buenos Aires: Nueva Creación.

Misión de Observación Electoral (2019). Impacto de los partidos políticos evangélicos en los comicios electorales colombianos. En Misión de Observación Electoral (Ed.), Religión y política (pp. 60-92). Bogotá: MOE.

Oficina del Alto Comisionado para la Paz (2016). Biblioteca del proceso de paz con las FARC-EP, Tomo VIII, De la refrendación al Acuerdo del Colón. El Plebiscito, el gran diálogo Nacional, el Acuerdo final y su refrendación. Recuperado de https://www.jep.gov.co/Sala-de-Prensa/Documents/tomo-8-proceso-paz-farc-refrendacion-plebiscito-.pdf.

Olano García, H. (2011). Constitución política de Colombia concordada. Bogotá: Doctrina y Ley.

Semana (20 de febrero de 2018). Los cristianos que se cansaron de entregar sus votos a los políticos. Recuperado de https://www.semana.com/nacion/articulo/los-cristianos-nos-cansamos-de-ser-un-eco-john-milton-rodriguez/557683.

Semana (29 de octubre de 2016). Cristianos: ¿el poder decisorio en la política? Recuperado de https://www.semana.com/nacion/articulo/religion-inclina-la-balanza-politica-en-colombia/502530.

Velasco Montoya, J.D. (2018). De minorías dispersas a aliados estratégicos. En Pérez, J.L., y Grundberger, S. (Ed.), Evangélicos y poder en América Latina (pp. 221-246). Lima: IESC-KAS.

Postura de los profesionales sanitarios ante una futura ley que regule al autanasia

Carlos Barra Galán

Éxodo 152
– Autor: Carlos Barra Galán –

El pasado 11 de diciembre se celebró en la sede del Colegio de Médicos de Madrid una interesante jornada convocada por su Junta Directiva con el objetivo de dar a conocer el resultado de una encuesta que el Colegio de Madrid había llevado a cabo entre sus colegiados para conocer su opinión respecto a la posibilidad real de que próximamente en nuestro país se promulgue una ley que regule la práctica de la eutanasia y el suicidio medicamente asistido; asimismo, los Presidentes de los Colegios Médicos de Bizkaia, Las Palmas y Tarragona presentaron los resultados de encuestas similares a la madrileña que se habían enviado a sus respectivos colegiados. La jornada se completó con varias mesas donde se debatió sobre el tema en cuestión, y es importante resaltar que el Gran Anfiteatro del colegio madrileño estaba con su aforo ocupado al completo.

Esa jornada ha tenido un importante eco informativo, posiblemente ello se ha debido a que los resultados de las cuatro encuestas eran muy similares y ratificaban todas ellas que una mayoría amplia de médicos se posicionaban favorables a que se apruebe  una ley que regule la eutanasia y el suicidio medicamente asistido; esta posición mayoritaria de los médicos encuestados a favor de la regulación por ley de la eutanasia venía a desmentir a quienes desde posiciones contrarias y sin fundamentación alguna han tratado de trasladar a la opinión pública, desde hace años, la idea de que los médicos estaban de forma mayoritaria en contra de una ley que regulara la eutanasia.

Frente a quienes han ido expresando de manera reiterada que en la sociedad española no se ha debatido suficientemente sobre la pertinencia o no de abordar la regulación de la eutanasia, lo cierto es que ese debate se ha producido. Numerosas encuestas realizadas los últimos años así lo atestiguan y muestran cómo la sociedad española se ha mostrado favorable de manera mayoritaria a la modificación de nuestro marco legislativo para que mediante la promulgación de una ley se despenalice la eutanasia y el suicidio asistido, ley que lógicamente tendrá un articulado con todas las garantías que nuestro ordenamiento jurídico contempla. Así como ejemplos citaré el estudio 2803 realizado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de mayo de  2009, con opinión favorable del 74% de los encuestados, cifra que se eleva al 84% en el estudio de Metroscopia de 2017. Asimismo, el Instituto de la Juventud realizó en 2006 una encuesta “La percepción generacional, los valores y actitudes de los jóvenes” entre jóvenes de ambos sexos de 15-29 años, esta encuesta mostraba que tres de cada cuatro jóvenes eran favorables a ayudar a morir a personas con enfermedades incurables que lo pidiesen y solo un 15% de los encuestados estaban en contra.

Los médicos fueron directamente preguntados por esta cuestión en el estudio 2451 del CIS de 2002 “Actitudes y opiniones de los médicos ante la eutanasia”, en este estudio un 41´5% de los encuestados pedían ya entonces cambios legislativos para permitir ayudar a morir a enfermos terminales (eutanasia o suicidio asistido), incluso un 18,4% creían debía extenderse a enfermos no terminales cuando padezcan graves sufrimientos físicos o psíquicos. Las encuestas, cuyos resultados acaban de presentarse en Madrid por parte de los Colegios Médicos enumerados al comienzo de este artículo, muestran que los médicos interpelados son mayoritariamente favorables a la regulación de la eutanasia con cifras en todas ellas muy por encima del 80% y también del suicidio medicamente asistido.  Lo anterior parece corroborar la opinión de quienes defendemos que el colectivo de profesionales de la medicina tiene comportamientos, percepciones y actitudes acordes con el conjunto de la sociedad y evolucionan de la misma manera que ésta.

Desconozco se haya realizado alguna encuesta específica sobre esta materia dirigida a otros profesionales sanitarios, si ello fuera así me parecería acertado que las organizaciones profesionales que los representan así lo hiciesen. Asimismo, estamos conociendo cada vez con más frecuencia testimonios públicos de ciudadanos españoles que en situaciones vitales que en su opinión atentan a su dignidad piden se promulgue una ley que les permita decidir cómo y cuándo morir para poder así ejercer en libertad el principio de su autonomía personal, estos testimonios producen un fuerte impacto en una sociedad, la nuestra, que exige se evite situaciones de intenso sufrimiento y se aborde de una vez la promulgación de la ley que permita ayudar a morir a personas que viven en unas condiciones que les resultan insoportables y que atentan a su dignidad.

Nuestro país acaba de estrenar gobierno de corte progresista, formado por dos formaciones políticas, PSOE y Unidas Podemos, que en sus programas electorales prometían una ley de eutanasia; en la breve legislatura anterior el Congreso de los Diputados aprobó por mayoría absoluta una proposición de ley presentada por el grupo socialista y solo el bloqueo en la mesa del Congreso por parte del Partido Popular y Ciudadanos impidió se iniciase su tramitación parlamentaria; ahora, si se mantienen las posiciones que entonces mantuvieron los distintos grupos parlamentarios y con una mesa del Congreso con mayoría progresista que garantiza la imposibilidad de bloqueo, el proyecto de ley saldría adelante, por tanto se hace urgente que el gobierno de España presente un proyecto de ley para reconocer el derecho de las personas a pedir ayuda para poner fin a su vida en las situaciones y con los requisitos que el texto de la ley establezca. La sociedad española lo exige de forma nítida y clara, todo indica que los profesionales de la medicina también lo apoyan de forma mayoritaria; por tanto, no es tiempo para más dilaciones. Una amplia mayoría social reclama una ley que despenalice la eutanasia y permita a las personas que así lo piden morir con dignidad.

La autogestión de la muerte

Diego Gracia

Éxodo 152
– Autor: Diego Gracia –

El principio moral de la autonomía puede aplicarse a diferentes ámbitos… Últimamente la autonomía ha ganado un nuevo espacio: el de la gestión de la vida y la muerte… Aquí nos interesa ahora la autogestión del final de la vida, o si se quiere, de la muerte.

La teoría del consentimiento informado es el primer paso, y quizá el fundamental, en el proceso de gestión autónoma de su cuerpo y su vida por parte de los ciudadanos.

Hoy resulta imposible prohibir un espacio de autogestión de la vida y la muerte a los ciudadanos. Se ha acabado la tesis de que estas cuestiones no pueden quedar al arbitrio de las personas vulgares y corrientes, y que tienen que ser gestionadas por los sacerdotes, los médicos o los jueces… Evidentemente, el espacio de autogestión habrá de tener límites, pero en la definición de esos límites hemos de participar todos. No está dicho en ningún lado que sean los técnicos quienes hayan de marcar esos límites. Ni los médicos, ni los jueces, ni tampoco los sacerdotes son quiénes para establecerlos. Los límites hemos de marcarlos entre todos… No es verdad que los ciudadanos no tengan capacidad para gestionar esas dimensiones de sus vidas. Eso es considerarlos menores de edad. Eso es, por tanto, puro paternalismo.

¿Cuáles serán los pasos a dar en la autogestión de la muerte? Una vez que se ha aceptado el rechazo voluntario, por parte de los pacientes, de las medidas clásicamente denominadas extraordinarias, es decir, de lo que tradicionalmente se ha llamado eutanasia pasiva, el paso siguiente es la llamada eutanasia activa, es decir, la eutanasia propiamente dicha, aquella que consiste en actuar en el cuerpo de otra persona con el objeto de poner fin a su vida, a petición expresa y reiterada de ésta. Será difícil no llegar ahí… La autonomía tiene su lógica. Y esa lógica lleva hasta ahí.

Hay un texto sumamente importante para fundamentar la lógica de la autonomía. Es del filósofo ilustrado Fichte, discípulo de Kant. Lleva el relevante título Reivindicación de la libertad de pensamiento y está dirigido contra dos edictos promulgados por el rey Federico II de Prusia, uno contra la libertad en asuntos de religión y el otro contra la libertad de pensamiento. En él Fichte sostiene que el ser humano es autónomo y todo intento de coartar su autonomía moral debe considerarse ilegítimo. “Declarad la guerra implacable -escribe-… al principio según el cual la misión del Príncipe es velar por nuestra felicidad… que nosotros no sabemos lo que promueve la felicidad, sino el Príncipe, y por eso es él el que ha de guiarnos a ella…” Pero Fichte responde: “No, Príncipe, tú no eres nuestro Dios. De Dios esperamos la felicidad, de ti solo protección de nuestros derechos. Con nosotros no debes ser bondadoso, debes ser justo.”

 

Podría pensarse que con esto Fichte está pensando que el Príncipe no tiene la autoridad de gobernar nuestras vidas, pero sí la tiene la autoridad espiritual: el Papa. Pero no es así…. Su tesis, como la de Kant, es que la voz de Dios está en nuestra conciencia, y que eso es precisamente lo que nos hace autónomos.

La autonomía moral es la propiedad divina que habita en el interior del ser humano… Este lleva en lo más profundo de su corazón una chispa divina: la conciencia. Esta le ordena absoluta e incondicionalmente esto y no aquello libremente y motu proprio, sin ninguna coacción externa… Por eso, nadie que no sea él puede gobernarle. Es libre y debe permanecer libre. Nadie puede darle órdenes, sino la ley que tiene en sí mismo.

Por supuesto, esto no le permite hacer lo que quiera, sino aquello que es conforme a la ley moral; por tanto, lo que no está prohibido por el imperativo categórico.

Pues bien, según Kant, la disposición de la propia vida es incompatible con el imperativo categórico… “Uno que por una serie de desgracias lindantes con la desesperación siente desapego de la vida tiene aún bastante razón para preguntarse si no será contrario al deber para consigo mismo el quitarse la vida… Pruebe a ver si la máxima de su acción: “hágame por egoísmo un principio de abreviar mi vida cuando ésta…me ofrezca más males que agrado” puede convertirse en ley universal, y pronto verá que tal principio de egoísmo sería contradictorio con el fomento de la vida… De ahí que, para Kant, acortar la propia vida, incluso en el caso de que ésta se halle amenazada por múltiples sufrimientos… es incompatible con el imperativo categórico y no puede convertirse en ley universal. Eso, dice Kant, es actuar por egoísmo.

Pero el modo de razonar de Kant en este ejemplo dista mucho de ser convincente. ¿Es verdad que el móvil de una persona en esa situación… es necesariamente el egoísmo? Y tampoco es verdad que poniendo fin a la propia vida en esas circunstancias… la sociedad se autodestruiría. Es más, hay razones para creer que el gestionar autónomamente no solo la propia vida, sino también la propia muerte, es la culminación natural de una ética verdaderamente autónoma…

La ética no consiste en el “deber ser”, decía Ortega, sino en el “tener que ser”. Y hay no solo un “tener que” vivir, sino también un “tener que” morir… Cuando se han perdido las ilusiones, cuando ya no hay otro horizonte que el de seguir vegetando, la vida biográfica ha terminado…, el personaje ha muerto… La muerte es también una empresa, una tarea, tanto vital como moral. Morir, en ciertos momentos, es una obligación. En el caso Sampedro que popularizó el film de Amenábar, se advierte claramente algo que en su vida fue muy claro, a saber, que él “tuvo que” morir, tuvo que poner fin a su vida para llevar a cabo su propio proyecto vital. La muerte verdadera, plena, auténtica, no es un mero acontecimiento biológico ajeno a nosotros mismos, sino un momento fundamental de nuestra biografía. Lo mismo que hay obligación de personalizar la vida, la hay también de personalizar la muerte…

Ni que decir tiene que con esto no se está diciendo que todo está permitido, ni que cualquier modo de limitar la propia vida pueda considerarse correcto. Todo lo contrario. Lo que estamos diciendo es que se necesitan ciertos requisitos para que el acto sea auténticamente moral. Y que estos requisitos pasan por la responsabilidad y la prudencia extrema. Cualquier otra cosa sería por completo inaceptable.

Los de la eutanasia

DMD

Éxodo 152
– Autor: DMD –

Las personas que quieren decidir sobre su propia muerte, o tener la opción de hacerlo, solo cuentan con una asociación en España que lucha por este derecho. Lo mismo les sucede a las que buscan asesoramiento sobre derechos sanitarios al final de la vida. Derecho a Morir Dignamente (DMD) es la organización de referencia en defensa de la despenalización de la eutanasia y la libre disposición de la propia vida.

Fundada en 1984, DMD surgió como un pequeño grupo de personas interesadas en promover la legalización de la muerte asistida. Nació a regañadientes, tras un conflicto con el Ministerio del Interior, que se negó durante meses a registrar la asociación por considerar que sus fines atentaban contra la “deontología médica”.

Más de 35 años después, DMD se ha convertido en una organización no gubernamental con más de 7.500 personas asociadas, tres sedes (Madrid, Barcelona y Valencia), decenas de activistas voluntarios y varios miles de simpatizantes. La asociación se financia con cuotas y algún donativo, sin subvenciones. La principal reivindicación de DMD, que la eutanasia deje de ser un delito, ya forma parte de programas electorales, acuerdos de gobierno y proyectos de ley.

Aunque el tamaño y la influencia de DMD son razonables en un país como España, con poca cultura de asociacionismo, es considerablemente más pequeña que sus equivalentes en otros países vecinos. La ADMD francesa cuenta con casi 70.000 personas asociadas y la NVVE holandesa con más de 165.000.

En estos 35 años, la causa de la muerte asistida ha pasado de ser la reivindicación de unos pocos a convertirse en una gran anomalía democrática. En ninguna otra cuestión hay tanta distancia entre lo que opina la ciudadanía (que la apoya abrumadoramente) y lo que recogen las leyes (que la castiga con la cárcel).

Como la principal organización en defensa de estos valores en España, DMD trabaja para convencer a la ciudadanía, los partidos políticos y los representantes electos de la necesidad de cambiar las leyes que rigen el final de la vida.

DMD reivindicó y promovió la regulación del testamento vital cuando aún no existía en España. Este documento, cuya validez se fijó en la Ley de autonomía del paciente (de 2002), permite dejar instrucciones sobre qué tratamientos se desean y cuáles se rechazan cuando se haya perdido definitivamente la capacidad de decidir. Incluso implantó un registro de estos documentos, para sus socias y socios, antes de que las administraciones autonómicas establecieran los oficiales. También colaboró con la elaboración de la Ley de Muerte Digna de Andalucía (2010), en varias de sus equivalentes en otras comunidades autónomas y en buena parte de los proyectos de ley de eutanasia que se han presentado en el Congreso de los Diputados.

En los últimos tres años, DMD ha logrado que casi un centenar de ayuntamientos aprueben una declaración institucional de apoyo a la despenalización de la muerte asistida. También ha promovido que varios parlamentos autonómicos insten al Congreso de los Diputados a aprobar una ley de eutanasia.

Pero la asociación no se limita a tratar de influir en la política. Otra línea fundamental de su trabajo es el asesoramiento gratuito sobre derechos sanitarios al final de la vida. El personal de la asociación atiende, en persona y por teléfono, más de mil casos cada año.

Estas consultas tratan sobre todo tipo de cuestiones relacionadas con el final de la vida. Cuál es la mejor manera de hacer un testamento vital (DMD cuenta con su propio modelo, con cinco instrucciones para personas que no desean que se les prolongue la vida cuando ya no existen opciones realistas de curación), cómo se solicitan unos cuidados paliativos para un ser querido, qué opciones tiene una persona que quiere viajar a Suiza –donde el suicidio asistido es legal– para morir de forma voluntaria, o cómo defender un rechazo de tratamientos ante un equipo médico poco respetuoso con la voluntad de su paciente.

De los casos que atiende DMD hay un grupo pequeño en número, pero grande en repercusión mediática: los de las personas que hacen público su deseo de morir, y que renuncian al anonimato para llamar la atención sobre la necesidad de despenalizar la eutanasia. Más de una decena de socias y socios de DMD han participado en reportajes en los que han explicado sus motivos para poner fin a su vida y, además, la necesidad de recurrir a la clandestinidad para cumplir su voluntad.

La asociación cuenta con una guía con recomendaciones para que la propia muerte sea segura (fiable) y pacífica (sin sufrimiento), solo disponible para personas que llevan al menos tres meses inscritas. Es el documento con el que planificó su propia muerte María José Carrasco, la mujer con una esclerosis múltiple terminal que falleció en abril ayudada por su compañero, Ángel Hernández.

La tercera pata del trabajo de DMD es el activismo ciudadano, la difusión de los valores de la asociación y la lucha contra el tabú que rodea la muerte. En la actualidad, la organización cuenta con casi 20 grupos locales que organizan actividades con regularidad.

Las actividades de DMD abarcan desde los encuentros informativos, como los talleres gratuitos de elaboración del testamento vital, hasta los actos de reivindicación pura, como campañas de reclamaciones masivas o manifestaciones. Solo en 2019, la asociación organizó más de 100 charlas por toda España para hablar de la muerte e informar de cuál es la manera más sencilla de dejar por escrito que no se desea ningún tratamiento destinado a prolongar la vida si se ha perdido definitivamente la capacidad de tomar decisiones.

De DMD forman parte personas de todos los rincones de la sociedad. Comparten la idea de que su vida es suya, de que todo el mundo tiene derecho a que se respeten sus valores hasta el final, y de que merece la pena luchar por cambiar las cosas. A menudo, cuando alguien llama a la asociación para hacer una consulta, pregunta si está hablando con “los de la eutanasia”. Sí, esos somos.

Ecología. Una cuestión mayor para la fe

Marcos Villamán

Éxodo 151
– Autor: Marcos Villamán –

Para nadie es ya noticia la centralidad de la cuestión ecológica en la reflexión social del presente. Es que, de un tiempo a esta parte y por razones obvias, la seriedad del asunto ha obligado a prestarle atención desde las más diversas perspectivas y puntos de vista. Como ha sido señalado a manera de llamado de atención, la tierra hoy es «Un planeta bajo presión. A medida que la población mundial se ha duplicado y la expansión de la economía mundial se ha multiplicado por siete durante el último medio siglo, nuestras demandas al planeta se han vuelto excesivas. Estamos pidiéndole a la Tierra más de lo que puede dar en forma continuada, estamos creando una burbuja económica.»  (Brown, Lester, Paidós, 2004, p. 23). El drama ha sido y es planteado angustiosamente por diversos sectores y de diversas maneras, cada vez con mayor intensidad dada la gravedad de lo que viene ocurriendo al respecto.

Las manifestaciones del fenómeno son amplias y diversas, igual que las reacciones de alarma de los diversos sectores sociales. Así, en los diferentes países, la presencia de grupos sociales preocupados por la cuestión es cada vez mayor dada la profundización de lo que parece ser un camino hacia el desastre que se expresa de maneras diversas: el incremento de la temperatura del planeta, el achicamiento de los ríos y de las fuentes de abastecimiento de agua, la cuestión del efecto invernadero, entre otras cosas, han provocado el incremento de una sensibilidad ecológica que crece por todas partes y se expresa cada vez más como alarma sensata ante unos modelos civilizatorios que se expanden generando condiciones que hacen insostenible la reproducción de la vida.

En la región latinoamericana y caribeña, aunque con matices propios, la realidad a este respecto no es diferente. En el caso dominicano, el carácter isleño, como se sabe, introduce rasgos específicos en el desarrollo del fenómeno, sobre todo vía la profundización de la fragilidad ambiental, que se expresa socialmente en la complicación de las condiciones socio-naturales de vida de los sectores sociales más empobrecidos. Así las cosas, de un tiempo a esta parte asistimos a una dramática reducción de las posibilidades de implementación de un desarrollo incluyente que responda a las expectativas de mejoramiento de estos sectores.

Así pues, esta realidad, que parece profundizar los factores de exclusión social, constituye un desafío formidable para los cristianos y cristianas que se esfuerzan por vivir su fe de manera consecuente en este contexto. Se trata de un mundo social marcado por nuevas maneras de expresión de la pobreza que parece haber endurecido los mecanismos de exclusión para amplios sectores sociales. La indiferencia no puede ser en ningún caso la respuesta ante esta nueva realidad. El esfuerzo por hacer presente el Reino al estilo de Jesús se ve así desafiado por estas condiciones actuales y los discípulos y discípulas tendrán que esforzarse por entender los rasgos nuevos de este presente de forma tal que puedan discernir y construir respuestas evangélicas posibles.

La construcción de la fraternidad como estilo de vida estará entonces acicateado por una lectura del presente capaz de reconocer las nuevas dimensiones de esta realidad, las dificultades que ellas parecen plantear a un esfuerzo evangelizador consecuente y, que quiere plantearse, con la ayuda del Espíritu, el descubrimiento de caminos posibles para la fidelidad evangélica en estas nuevas condiciones. Y ello, en un presente que nos ha dejado sin caminos ciertos y en el cual la Incertidumbre y la perplejidad se han establecido como rasgo central característico del mismo. Al respecto, comenta Innerarity: «Si hubiera que sintetizar el carácter del mundo en el que vivimos yo diría que estamos en una época de incertidumbre. Los seres humanos de sociedades anteriores a la nuestra han vivido con un futuro tal vez más sombrío, pero la estabilidad de sus condiciones vitales… les permitía pensar que el porvenir no les iba a deparar demasiadas sorpresas… Podían pasar hambre y sufrir la opresión, pero no estaban perplejos…» (Innenarity, 2018, p. 9).

El desafío ecológico constituye de diversas maneras un espacio fundamental para la generación del desasosiego social que parece cabalgar en contra de la búsqueda de proyectos sociales alternativos y es acicateado por la carencia de respuestas a las cuestiones acerca de las propuestas alternativas válidas para la construcción de un presente humano sin entregarse al fundamentalismo como respuesta tranquilizadora ante una realidad que parece incomprensible e inmodificable.

Lo anterior nos permitirá iluminar el esfuerzo que se deberá realizar en el caso dominicano y caribeño para hacer posible que la práctica pastoral sea uno de los espacios en que se ayude a descubrir las especificidades que habrá de desarrollarse para ser fieles a la misión evangélica en esta temática relevante para el presente y futuro en estas tierras.  Como se sabe, en opinión de muchos el carácter isleño parece complicar severamente el asunto en cuestión. Por lo mismo, en el caso dominicano este se constituye en un desafío mayor y, en consecuencia, en un compromiso inevitable para quienes intentan el seguimiento consecuente de Jesús en estas latitudes.

Así, la práctica de los cristianos y las cristianas en ese ámbito en estas latitudes es de una relevancia fundamental, pues de lo que se trata es de la conservación de las condiciones básicas para la reproducción de la vida de todos, pero sobre todo de quienes se encuentran secularmente en condición de exclusión social. El discurso teológico deberá ser pues herramienta central para la apoyar la experiencia de fe de quienes participan en este ámbito en el esfuerzo de construcción de condiciones dignas para la vida de todos y todas.  Y un apoyo a la práctica de los cristianos y la gente de buena voluntad que trata de hacerse prójimo de los hermanos y hermanas más pequeños y reconoce en el medio ambiente un espacio imprescindible de ejercicio de la Caridad.