Burgos, tierra de acogida

Hilda Vizarro Taipe

La realidad migratoria en Burgos

Vivimos una “nueva era” de cambios acelerados. España en los últimos cincuenta años ha pasado de ser una tierra de emigración a ser un país de inmigración. Y esto se nota hasta en el último rincón de la geografía. No obstante, la inmigración llegó a la provincia de Burgos bastante más tarde y en menor medida que a otras regiones de España. En el año 2000 apenas el 0’6% de la población burgalesa era extranjera, unas 2.200 personas, destacando la colonia portuguesa afincada muchos años atrás. Pero con el comienzo del siglo xxi llegaron nuevos vecinos, hasta 35.000 extranjeros empadronados en el año 2011, de más de 115 nacionalidades distintas, con tres grandes bloques de procedencia, por este orden: Europa del Este (Rumanía y Bulgaria sobre todo), América Latina (Ecuador, Colombia, República Dominicana, Brasil, Honduras, Perú…) y Marruecos. Situados en 2018 podemos hablar de unos 25.000 extranjeros empadronados en la provincia (el 7% de la población), pero también de unas 9.000 concesiones de nacionalidad española por residencia durante estos años y de muchos hijos de inmigrantes ya nacionalizados españoles, con lo cual los orígenes migrantes alcanzan al menos a un 12% de la población burgalesa. En el contexto de Castilla y León, Burgos es la provincia que más migración acoge.

En cuanto a la procedencia religiosa de las personas inmigrantes, la foto de este momento habla aproximadamente de un 35% de origen católico, un 25% de origen ortodoxo, un 16% de evangélicos y un 18% de musulmanes.

Y respecto a su situación social, económica, laboral y de participación ciudadana, solemos hablar de tres grupos:

– El primero y más amplio, de personas inmigrantes que llegaron hace unos años y están integradas en mayor o menor medida con su trabajo, familia, participación en el entramado social… Cierto que a muchas de estas personas les afectó la crisis, pero como a muchas familias españolas.

– El segundo grupo, donde se juntan personas que con la crisis perdieron el trabajo y/o la vivienda y otras de más reciente llegada, que necesitan de las ayudas de entidades sociales para salir adelante, pero no por falta de habilidades sino porque las circunstancias las tienen difíciles, y que con el tiempo serán capaces de salir adelante.

– Y un tercer grupo, pequeño en número pero más preocupante y a la vez muy heterogéneo, de usuarios habituales de servicios sociales que rayan en la precariedad o exclusión: inmigrantes sin papeles, solicitantes de asilo recién llegados, familias desestructuradas, mujeres víctimas de la trata, extranjeros reclusos…

A todos ellos quiere llegar la acogida de la Iglesia de Burgos, porque si bien los pobres han de ser los primeros y preferidos, la pastoral de migraciones tiene como objetivo compartir el calor de la comunidad y del Evangelio con todos los que llegan de fuera en busca de un mundo mejor.

La respuesta de acogida por parte de la Iglesia

Si a partir del año 2000 es cuando empiezan a llegar a Burgos inmigrantes en número significativo, desde el minuto uno la Iglesia trató de activar y acomodar sus recursos para la acogida. Ese mismo año Cáritas diocesana añadió a sus recursos habituales (ayudas directas, orientación laboral…) un programa específico para inmigrantes en Burgos y en Miranda de Ebro con tres áreas de actuación: asesoría jurídica, alojamiento y clases de español. También las Hijas de la Caridad abrieron ese mismo año en el casco viejo de la capital la Casa de Acogida San Vicente de Paúl, con alojamiento, comedor, centro de día… Y en 2003 los religiosos (en concreto Jesuitas, Esclavas del Sagrado Corazón, Hijas de la Caridad y Religiosas de María Inmaculada) iniciaron un nuevo proyecto integral de acogida a inmigrantes, llamado Atalaya Intercultural.

Se unieron así estas tres instituciones a la amplia red social pública y privada que en Burgos ha sido capaz de dar una acogida razonable y digna a las personas llegadas de fuera; destacan en este sentido Burgos Acoge, ACCEM, Cruz Roja, Fundación Cauce, Hechos, UGT, CCOO… Y de hecho todavía hoy siguen en relación todas ellas a través de la Coordinadora de entidades pro-inmigrantes. Lo cual nos hace constatar que, al menos en Burgos, la acogida a inmigrantes ha estado y sigue estando mucho más en manos de la sociedad civil que de la administración pública. Quizá por lo lentas que son las instituciones y por cierta dejadez, el protagonismo en el campo de las migraciones es de las ONGs, de la sociedad civil y de la Iglesia. Esto tiene su lado positivo, pero también sus carencias…

Y falta hablar de la Delegación diocesana de Pastoral de migraciones. Su origen es curioso y atípico: no fue la “Iglesia oficial” quien se planteó crearla, sino que nació de la base, de la necesidad, de la visión profética de algunos sacerdotes, religiosos y laicos que en 2002 se dieron cuenta que la Iglesia tenía que ofrecer algo más que vivienda, comida, trabajo o asesoramiento: así nació la Mesa de pastoral con inmigrantes. Posteriormente en 2004 es acogida en el “organigrama oficial diocesano” y en 2016 se convierte en Delegación diocesana. Pero, fiel a sus orígenes, conserva su estructura de coordinación: en el equipo de la Delegación figuran representantes de Cáritas, de la Casa de Acogida, de Atalaya Intercultural, de la HOAC y de otras entidades como el equipo pastoral de latinoamericanos o las parroquias. Esto permite que la Delegación siga siendo además una plataforma de conocimiento y discernimiento de la realidad migratoria y de su constante evolución, un “observatorio”.

Una acogida integral

La mayor parte de las personas de origen inmigrante que residen en Burgos no necesitan actualmente, gracias a Dios, ni de los servicios sociales ni de las ayudas de la Iglesia para su vida habitual. Como decía antes, gran parte de ellas están integradas en el tejido ciudadano con bastante normalidad. Pero sí es cierto que una buena parte de estas personas han tenido contacto a lo largo de los años con entidades de acogida y ayuda, especialmente cuando llegaron. Y también es cierto que la acogida de la Iglesia no nos la podemos plantear solo como la “primera acogida”. Porque la comunidad cristiana es mucho más que una buena agencia de servicios sociales…

Por eso, la tarea de acogida y acompañamiento por parte de la Iglesia de Burgos a las personas migrantes la tenemos como “repartida” en diversos ámbitos y con distintos responsables.

Por una parte están las instituciones de acogida e intervención. Cáritas, la Casa de Acogida y Atalaya Intercultural continúan ofreciendo primeras ayudas, alojamiento, comedor, clases de español, orientación e intermediación laboral, apoyo escolar, actividades de tiempo libre, asesoría jurídica… Con respecto a las personas refugiadas o solicitantes de protección internacional que llegan a Burgos, lo hacen a través de instituciones sociales concertadas con la administración pública (en Burgos ACCEM, Burgos Acoge y Cruz Roja). En la Iglesia de Burgos no hay ningún programa específico para refugiados, aunque en muchas ocasiones estas instituciones se ven desbordadas y los casos son derivados a instituciones de la Iglesia.

Por otro lado está la Delegación de Pastoral de Migraciones, que no lleva a cabo la acogida social, laboral o jurídica, porque estos ámbitos están cubiertos ya por esas otras instituciones de la Iglesia y de la sociedad. Es el organismo diocesano llamado a promover, apoyar y coordinar la pastoral con inmigrantes de toda la Iglesia diocesana de Burgos.  Por un lado, se asume y apoya las diversas acciones desarrolladas por las parroquias, por las comunidades religiosas, por los diversos programas e instituciones. Además, se intenta complementar con reflexiones, materiales, actos, reuniones, opinión pública. También desde la Delegación se coordina la pastoral específica de cara a los inmigrantes desde el acompañamiento religioso, el diálogo ecuménico e interreligioso. Ponemos varios ejemplos:

– La Delegación lleva a cabo tareas de acercamiento a las personas migrantes a través de encuentros de diversos países para conocer la realidad que se vive en cada uno de ellos y la situación y necesidades de los residentes en Burgos; este último año ha habido encuentros sobre Venezuela, Argentina o Nigeria.

– Se promueven actividades formativas, como un concurso escolar de dibujo y redacción en torno al tema de la Jornada Mundial de las Migraciones; este año 2018 han participado 1.752 alumnos de 18 colegios.

– Se edita desde hace doce años una revista trimestral, Burgos Inmigra, con amplia difusión digital y en papel tanto en ambientes eclesiales como sociales y de asociaciones de inmigrantes; la Delegación mantiene además una página de Facebook y dispone de un espacio propia en la web diocesana.

– Casi desde los orígenes funciona un Equipo pastoral de latinoamericanos con diversas actividades propias de formación y reflexión cristiana, y otras abiertas como retiros o las misas de difuntos y de Navidad.

– Se acompañan y facilitan medios para diversas celebraciones de devoción popular de colectivos católicos latinoamericanos: Señor de los Milagros de Perú, Vírgenes del Quinche y del Cisne de Ecuador, Virgen de Altagracia de la República Dominicana, Virgen de Guadalupe y las Posadas de México, las Velitas y la Novena de Aguinaldos de Colombia…

– Desde la Delegación se creó en 2008 un grupo de conocimiento y diálogo cristiano-musulmán, que sigue funcionando como ámbito de reflexión conjunta sobre algunos temas y de organización de unas Jornadas anuales (ya once) sobre temas de actualidad; propicia además encuentros y visitas mutuas entre mezquitas y parroquias cercanas.

– El momento cumbre del año es la Jornada Mundial del Migrante y el Refugiado (hasta ahora en el mes de enero), en torno a la cual se organizan en diversos lugares de la provincia encuentros de naciones (multitudinarios, con participación de muchos colectivos migrantes), vigilias de oración, cinefórum, mesas redondas, actos públicos, el encuentro diocesano de pastoral de migraciones…

– En junio de 2011 la Delegación inició en Burgos los Círculos de silencio, concentraciones pacíficas para denunciar la vulneración de los derechos de las personas migrantes. Nacieron con un ritmo bimensual, pero desde diciembre de 2016 son mensuales, dado que la otra mitad de los meses los organiza la Plataforma “Burgos con las personas refugiadas”, formada por numerosas entidades sociales, políticas, sindicales y eclesiales.

– Uno de los últimos “hijos” de la Delegación ha sido la creación del Secretariado diocesano de Trata (creemos que único en España), como respaldo de toda la Iglesia burgalesa a la tarea que realizan las Religiosas Adoratrices; junto a su trabajo directo con las víctimas, en su inmensa mayoría de origen extranjero, se celebra la Jornada mundial de oración contra la trata, se realizan vigilias, actos públicos, se difunden materiales…

Podríamos añadir muchas más acciones, generalmente pequeñas, pero que en su conjunto hacen que la Iglesia de Burgos esté claramente del lado de las personas migrantes: algunas recientes y significativas han sido la visita de la Cruz de Lampedusa en noviembre de 2017 que durante diez días recorrió parroquias, colegios y centros de acogida por toda la provincia, o la instalación de un “Belén migrante” en el centro de Burgos en las pasadas navidades.

Finalmente están las parroquias, que conjugan la acogida directa de inmigrantes en situación de vulnerabilidad a través de sus respectivas Cáritas con la participación e integración de personas y familias de diversos países en sus catequesis, celebraciones, grupos y actividades. No tanto como nos gustaría, pero cada vez más.

Haciendo balance

Sin duda que la tarea realizada estos últimos dieciocho años ha merecido la pena y ha dado sus frutos. Somos muchos los inmigrantes que nos sentimos en casa en esta tierra de Burgos y en la comunidad cristiana. Pero también tenemos nuestras “espinitas” y, como Delegación, nos seguimos planteando algunos retos al reconocer nuestras lagunas y dificultades. Por ejemplo, no acertamos a realizar contactos y ofertas pastorales a los católicos subsaharianos, ya sea por el idioma o porque no estamos abiertos a esa realidad. Vemos también que hay todavía poca presencia activa de las personas migrantes en las diversas comunidades cristianas, aunque cada año está creciendo el número de migrantes como agentes de pastoral. Observamos además un serio peligro en nuestra Iglesia en general, aunque también en nuestra sociedad, de identificar “migrantes” y “pobres” (con lo cual, una vez terminada la ayuda directa, parece que no tenemos más que hacer o que ofrecerles…). Y nos chocamos con los muros legales y las trabas o lentitud burocrática en la realidad de los inmigrantes sin papeles o los recién llegados solicitantes de asilo.

Y a la vez, mirando hacia delante, vemos claro que para seguir muy de cerca la evolución del fenómeno migratorio es necesario estar atentos a las nuevas realidades y necesidades que surjan porque de esta manera podemos ofrecer respuestas adecuadas en el momento oportuno. Apostamos por dejar de ver a la migración como un problema y contemplarla como una oportunidad y riqueza. Trabajamos para la integración social de una población migrante de origen étnico y cultural muy diverso. Hemos de tener en cuenta la situación de los menores y el papel de la mujer en el reto migratorio, así como las dificultades y el gran drama de la trata de personas. Y como Iglesia no podemos olvidar la denuncia profética constante utilizando los medios a nuestro alcance, junto a todo lo positivo que intentamos aportar y el apoyo a otras muchas actitudes y realizaciones que la propia sociedad ponen para hacer de Burgos una tierra de acogida.

Mesa por la hospitalidad: aliviando un sufrimiento evitable. Un nuevo desafío

José Luis Segovia Bernanbé

Nuestro país estaba tristemente acostumbrado a la producción de exilados políticos, pero ni las instituciones ni la ciudadanía estaba preparada para la crisis humanitaria que se produce especialmente a partir de 2015 y que viene siendo calificada como la crisis de refugiados más importante desde la II Guerra Mundial. Más de 60 millones de personas desplazadas forzosamente por todo el mundo y un millón personas cruzando el Mar Mediterráneo. Han pasado varios años y la imprevisión y la falta de recursos siguen siendo la tónica general. Todo apunta a que la cifra se puede incrementar en el futuro con un número creciente de personas desplazadas a causa del cambio climático, cuestión sobre la que nuestra conciencia es más bien escasa.

En cualquier caso, hay que empezar dejando bien claro que el primer derecho es el derecho a no tener que desplazarse forzosamente por la guerra, las hambrunas, la falta de oportunidades o el deterioro medioambiental. Ello exige una (inexistente) acción internacional concertada y una política proactiva de cooperación que sea mucho más que la búsqueda de oportunidades para el país “cooperante” o un mero trueque de contención de salidas del país de origen a cambio de “un poco” de desarrollo y tecnología.

Incorporo a este primer desafío la necesidad de educar para la interculturalidad y el mestizaje y el avance hacia una ciudadanía cosmopolita, vinculada al ideal cristiano de la fraternidad, recogido por la Revolución Francesa, recuperado por la Declaración Universal de los Derechos Humanos y necesitado de urgente salvaguarda. No se nos puede escapar que los aspectos relacionados con las migraciones y con el “otro”, en general, son susceptibles de manipulación política y social acudiendo a los grandes facilitadores del totalitarismo: el miedo al diferente, el cultivo de la humillación y, en nuestros días, el uso perverso de las fake news y ¡el humor! vinculados a las redes sociales que se aprovecha de una bajada de los filtros morales que tiene todo lo relacionado con lo festivo para introducir un discurso de odio y discriminación hacia los extranjeros. Particular preocupación deben causarnos los datos del Pew Research Center 2018 sobre España[1]. Éstos muestran un incremento de la intolerancia y, en general, su crecimiento significativo en el ámbito católico practicante. Es difícil no considerar como facilitador del discurso xenófobo el papel de algunos medios participados por la Iglesia.

Imprevisión de las administraciones

Si hace unos años era comprensible que las cuestiones relacionadas con el asilo y refugio y la movilidad humana en general nos pillarán con el “pie cambiado”, a estas alturas es imperdonable la imprevisión de las administraciones, cierto pensamiento mágico que espera que las cosas se resuelvan solas, la falta de coordinación y el hecho de que solo responden por la presión mediática y el impacto en la opinión pública. El reciente caso de los MENA (menores extranjeros no acompañados) desatendidos por la Comunidad de Madrid (su tutora legal) es paradigmático. A pesar de que desde hace años, por ONG y trabajadores, se venía señalando la insuficiencia de los recursos residenciales y del personal educativo y que todo iba a explotar, hasta que no han salido en los medios las fotografías de los niños durmiendo literalmente por el suelo no se ha empezado a ampliar la exigua respuesta que se estaba dando. El lema parecía ser: “a ver si se cansan y se van”.

Pero tampoco son mucho mejores las respuestas de otras administraciones. No se puede olvidar que el asilo es competencia del gobierno central. Éste parece responder con mayor prontitud allá donde enfocan las cámaras y con diletante parsimonia donde concurre el sufrimiento sin más. A modo de ejemplo, las personas solicitantes de asilo con tarjeta roja que les acaba de vencer están recibiendo citaciones para renovarla para dentro de cinco meses. Durante este tiempo, este grupo de “afortunados” está en el limbo. Por no hablar de la perversa, estéril, contraproducente y criminógena relación de circularidad y mutua dependencia que se establece entre el permiso de residencia y el de trabajo que impide buscarse la vida honesta y legalmente y que hace invisibles a bastantes, obligados a vivir en la clandestinidad y la economía sumergida.

De igual forma, no podemos felicitar al Ayuntamiento pues no hace intervención social con las personas extranjeras que llegan y acaba destinando a dispositivos para personas sin hogar a un perfil joven, sano, activo y entusiasta que puede acabar cayendo en el sinhogarismo. Las condiciones de hospedaje dejan bastante que desear y escribo estas líneas después de que me cuenten que la respuesta a un requerimiento ha sido literalmente “es lo que hay”.

Algunas constataciones

La primera es que el ámbito de la extranjería constituye hoy la mayor zona opaca a los ojos de los derechos humanos en los denominados Estados de Derecho. La existencia de una legislación restrictiva de derechos, segregadora de personas y que choca frontalmente con la dinámica expansiva y universalista que caracteriza los derechos humanos evidencia la tacha de inmoralidad que se puede hacer al ordenamiento jurídico en materia de extranjería. Algunas situaciones son especialmente groseras como la de los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE). La simple lectura de las resoluciones de los jueces de control o las vigorosas recomendaciones del Defensor del Pueblo, que exigen el cumplimiento de obviedades en su interior, evidencian la escasa base moral y de justicia sobre las que se asienta la privación de libertad por razones administrativas.

En otro orden, aquellos que esperábamos, incluso con balconeras de “Refugees Welcome”, no han llegado. Mejor: no les hemos dejado llegar. La Unión Europea y el Estado Español han incumplido de manera grosera sus compromisos. Mirábamos a Siria y al Este y estaban entrando por Frontera Sur en condiciones de extrema precariedad. Ahora hay que sumar las personas desplazadas “dublinadas” (p.e. devueltas por Alemania y que entraron por España), las que no van a ser reconocidas como refugiadas, las que no son renovadas en plazo su tarjeta roja… Un inmenso limbo jurídico para el que hay que crear marcos nuevos que impidan una pendiente resbaladiza hacia la criminalidad y que les otorgue el contenido básico de los derechos humanos (cuesta escribir esta obviedad en pleno siglo xxi).

Por otra parte, hay que insistir en que la condición de solicitante de refugio otorga una serie de derechos frente a los cuales los Estados no pueden inhibirse. Estamos ante deberes jurídicos, no solamente éticos. No es de recibo que para pedir asilo haya que recorrer miles de kilómetros cuando, de cambiarse las normas, podría pedirse en la embajada o consulado del país al que se dirigen.

Casi 10 años después de ser aprobada, seguimos sin desarrollo reglamentario de la Ley de Asilo, lo que revela el desinterés manifiesto de todo el espectro político. El personal que está tramitando no tiene preparación para ello y es insuficiente. Por ejemplo, en algunos centros penitenciarios se les ha dado una mini charla a las trabajadoras sociales y, sin ninguna formación, ni siquiera tener claros los conceptos básicos, se han convertido en tramitadoras de las peticiones de asilo. Pareciera que todo está encaminado a poner dificultades y a que nada prospere y todo se pierda en una burocracia imposible.

Las administraciones parecen actuar solo a “golpe de telediario” y cuando lo hacen suele ser de modo descoordinado, partidista, cortoplacista y no considerando a las personas desplazadas en su totalidad personal y familiar. Naturalmente lo mismo se puede decir elevado al cubo de los países que forman parte de la Unión Europea. Aunque en el tema migratorio hay una unidad muy grande institucional en el seno de la Iglesia católica española, claramente pro-migrante, sin embargo el incremento de recursos que la nueva situación reclama es excesivamente lento. Los bastantes comprometidos, lo estaban y siguen estando, pero se necesitan más personas y más medios de acogida.

La ciudadanía ha dado ejemplos elocuentes de solidaridad creando redes, llevándose a dormir a personas a sus domicilios particulares y generando una encomiable presión política. Entre ellos se han contado algunos grupos y congregaciones de la Iglesia. Gracias a su impagable labor, se han podido empezar algunas iniciativas que se suman a las existentes (de fuera y de dentro de la Iglesia) y que, conscientes de su valor testimonial, describiremos.

Aunque se ha producido un cambio de orientación de los flujos en el seno de la Unión Europea hacia España y las cifras diarias se han incrementado notablemente, en términos globales no hay un incremento de la presión de los desplazamientos en la UE y nos movemos en rangos que, si media la previsión, son manejables. Desde luego, no hay ninguna invasión, máxime si se comparan nuestros flujos migratorios con los de países colindantes con los que sufren la guerra y que tienen unas cotas de solidaridad sobresalientemente más importantes que la nuestra.

Algunas iniciativas de la Iglesia

Junto con repuestas múltiples de la ciudadanía, de ONG, y de comunidades y movimientos cristianos concretos, la Iglesia de Madrid ha tratado de dar respuesta a través de la Mesa por la Hospitalidad creada por el arzobispo. Una suerte de gabinete de crisis de la diócesis que se ha movido entre la impotencia del desbordamiento de tanto sufrimiento, la rabia por la falta de sensibilidad y de respuesta de las administraciones, y la conciencia de estar haciendo poco ante la magnitud de la tragedia humanitaria. En esta colaboración, necesariamente breve, me limito a hacer algunas catas.

La primera. Lo mejor de una ciudad o pueblo es su gente. De la Iglesia también su gente sencilla y los servidores de la comunidad sensibles a los dramas del momento. Debo reseñar que, cuando empiezan a llegar personas susceptibles de asilo y refugio a la estación de autobuses de Méndez Álvaro, la primera en responder ha sido la ciudadanía a través de redes de solidaridad y algunas comunidades cristianas y congregaciones religiosas (habría que matizar: algunos miembros de las mismas que venían trabajando en este campo).

A lo largo del verano del 2018 empezaba a repetirse la historia del terrible invierno pasado: decenas de personas llegaban a Madrid remitidas desde Andalucía, cuyos recursos estaban colapsados. Llegaban muy despistados, sin conocer el idioma, con un proyecto migratorio en algunos casos completamente ilusorio, algunas personas enfermas y todas muy desconcertadas después de semanas (o meses) de durísimos recorridos migratorios por África. Mientras, la televisión se prodigaba en mostrar encomiables despliegues en torno a determinados barcos convertidos en mediáticos. Sin embargo, los que llegaban en las pateras parecían encontrarse en un limbo de atención social.

La transición de gobierno del PP al PSOE favoreció la inacción de la administración central, quien ha realizado una política aún más de cosmética que real (p.e., en términos de supuesta sanidad universal, estamos como estábamos, porque aún no está desarrollado normativamente el tema a pesar de los grandilocuentes anuncios del actual gobierno).

Por parte de la Mesa por la Hospitalidad, sin olvidar que su papel era subsidiario, se puso en marcha un programa que aún no ha logrado los resultados apetecidos aunque va avanzando: la red de parroquias de acogida de emergencia. Éstas van rotando temporalmente y, en el caso de ser activadas, funcionan como “hospedaje de campaña”. Se montan camas, se preparan cenas y desayunos y, durante el tiempo determinado que la parroquia y sus voluntarios ofrecen, se ayuda a que los recién llegados se sitúen, contrasten con la realidad su proyecto migratorio, tomen contacto con sus familiares y amigos, pueda revisarse su situación legal y sanitaria, exploren las vías legales y tengan una atención presidida por la calidad y la calidez. La experiencia del CPS San Carlos Borromeo, las parroquias Ntra. Sra. de las Angustias, Ntra. Sra. de Europa, Ntra. Sra. de la Paz y en este momento Santa Irene, junto con las que se apunten en el futuro, permitirá asegurar una red solidaria de emergencia para el caso de que los recursos del sistema se colapsen. Naturalmente, hay plena conciencia de que es un parche, pero el agradecimiento de quienes han estado acogidos y el enriquecimiento y la honda revitalización que han experimentado las comunidades cristianas constituye un buen indicador de que se camina en la dirección correcta.

Tras esta experiencia tan positiva, y con el argumento de la fraternidad y la iluminación de Mateo 25 (el juicio final), alguna parroquia ha decidido pasar a constituirse en lugar de hospitalidad de larga duración, apostando por el acompañamiento integral de las personas desplazadas y que funcione sin límite temporal al servicio de su proyecto migratorio. Es el caso de la Parroquia de Ntra. Sra. de la Paz. Fran, su párroco, Alberto y un grupo de jóvenes cristianos voluntarios, deciden, haciendo una lectura orante del evangelio sin glosa, que los que habían estado acogidos temporalmente se queden el tiempo que sea necesario en la propia casa parroquial haciendo vida compartida. La experiencia está siendo impresionante para todos. Recojo el testimonio de un huésped musulmán: “Soy fiel al Islam y lo seguiré siendo, pero ni yo ni mis hijos, ni los hijos de mis hijos olvidarán jamás que fui acogido en una parroquia católica”. Viven juntos, rezan juntos, juegan blancos y negros al futbol en el colegio próximo de las hermanas… Todo un signo, más que de interculturalidad, de auténtica fraternidad, de la que se empeña en buscar todo lo que nos nivela e iguala y, al mismo tiempo, en respetar lo que nos diferencia.

Mientras tanto, junto con otras entidades de Iglesia y del resto de la sociedad civil, con la Delegación de Migraciones, Confer Madrid, Caritas Madrid, San Egidio, Sercade, Pueblos Unidos, Justicia y Paz y otras muchas se trata de mostrar que lo imposible es posible y que la movilidad humana ha venido para quedarse. De ahí la necesidad de que los organismos internacionales establezcan normas y criterios para que los flujos migratorios se desarrollen de manera ordenada, responsable, segura y con todas las garantías para las personas. Esa es la mejor manera de luchar contra las mafias: asegurar primero el derecho a no tener que desplazarse y, cuando devenga inevitable, hacerlo con todas las garantías y con el mayor conocimiento posible de riesgos y oportunidades. Al servicio de este ideal está el compromiso del papa Francisco con los “Pactos que salvan vidas” a suscribir en el marco de la ONU en Marruecos en diciembre de este año. La Mesa, presidida por el cardenal Osoro, organizó una jornada de sensibilización política con presencia de autoridades de las diferentes administraciones. Lamentablemente, la clase política de todos los colores era (y sigue siendo) bastante ajena a la trascendencia de apoyar unos Pactos internacionales sobre migraciones y refugio como los que promueve la Santa Sede. Se trata de ser hospitalarios, pero también de evitar los desplazamientos forzosos y, cuando se producen, de elevar los listones de la efectividad de los derechos de las personas desplazadas.

[1] El 41% de los cristianos comprometido consideran que el número de migrantes debería reducirse en nuestro país, subiendo hasta el 47% en el caso de los no practicantes. La cifra se reduce a un 26% en el caso de los no creyentes. Cfr. Vida Nueva 3086 (2018) 9-16 junio, p. 22.

Red Solidaria de Acogida (RSA) Lavapiés

Pampa en Madrid

1ª Descripción del grupo/colectivo: ¿quiénes son, dónde y desde cuándo intervienen, a quiénes se dirigen?

2ª ¿A qué problemáticas intentan responder?

3ª ¿Qué papel juegan las administraciones implicadas en esta situación?

4ª ¿Cuáles son los mayores retos a los que se enfrentan?

5ª Soluciones que proponen y realizan.

6ª ¿Cómo ven en un futuro próximo la situación que están abordando?

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1ª Somos la Red Solidaria de Acogida (RSA), un espacio ciudadano, de vecinas y vecinos, apartidista, autogestionada y feminista. Trabajamos en red en forma colaborativa y de apoyo mutuo con otros colectivos que luchan por los Derechos Humanos. Defendemos la libertad de circulación por el mundo de todas las personas.

Denunciamos las leyes migratorias de España y la Unión Europea, con especial atención a la Frontera Sur, las leyes de acogida y extranjería de nuestro lugar de residencia, las múltiples transgresiones de los Derechos Humanos que hay detrás de los movimientos migratorios forzados (guerras, cambio climático y desastres medioambientales, el hambre, el capitalismo, la persecución a las personas LGTBI y otras manifestaciones del patriarcado, etc.). Todo ello a través de manifestaciones, charlas, campañas en redes, acción directa, etc.

La RSA nació a finales de agosto de 2015, cuando ante la innumerable cantidad de noticias que hablaban de la llegada de personas migrantes y refugiadas a la isla griega de Lesbos, decidimos auto convocarnos para evaluar posibilidades de acción y denuncia.

La idea inicial fue juntarnos unas 10 o 12 personas que habían compartido otros espacios de militancia en la lucha contra las fronteras, en especial contra los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE), pero el interés era tanto que a la convocatoria inicial concurrieron unas 200 personas, lo cual hizo imposible sesionar en el local previsto y se decidió hacer las asambleas en un espacio público: la Plaza de Agustín Lara, en el barrio de Lavapiés.

Entre la primera y segunda asamblea se conoció la muerte del pequeño de origen sirio Aylan Kurdi, lo cual aumentó la necesidad visceral de hacer algo. Esto coincidió con una iniciativa europea de manifestaciones en todas las ciudades, así que la primera acción denuncia a desarrollar fue, precisamente, organizar en Madrid la manifestación en coincidencia con las ya previstas en otras ciudades para aprovechar y fortalecer la idea común existente en el pueblo español de que “algo había que hacer”, impotentes ante la dramática situación que vivían miles de personas, en especial mujeres y menores de edad.

Transcurrida una semana, llego a la Red la noticia de que familias de personas migrantes y refugiadas que habían ingresado por frontera sur, estaban llegando a la estación de buses de Méndez Álvaro y muchas de ellas con niños y niñas, pernoctaban a la intemperie a la espera de poder continuar viaje.

Rápidamente montamos un dispositivo vecinal que nos permitió durante cada semana acoger en nuestras casas a entre 120 y 200 personas. El dispositivo vecinal lo integraban más de una quincena de vecinas y vecinos que cumplían funciones de traducción, y mucha gente que cubría turnos desde las 6 de la madrugada hasta la 1 del otro día, a la espera de las personas refugiadas y migrantes que llegaban en autobuses desde diferentes ciudades del sur del Estado español.

Esta iniciativa en cierta forma marcó el devenir de la RSA, ya que nos demostró capacidad de reacción inmediata sin perder de vista que más allá de ese voluntarismo lo importante, lo mejor que podíamos hacer por estas personas, era reivindicar su legítimo derecho a ser incluidos en el sistema de acogida y o, en su defecto, a no tener que pernoctar en las calles en su paso por Madrid.

La diversidad de las personas que llegaban, sumado a la práctica política diaria de muchas de las personas que comenzaron el transitar por la Red Solidaria de Acogida, nos llevó a reconfirmar que nuestro trabajo político debía ser la defensa de los derechos de las personas en movimiento, con independencia de la categorización política que desde otros lugares se hacía y se hace, de si son consideradas migrantes o refugiadas.

Para nosotras se trataba y se trata de personas en movimiento y como tal Madrid no podía quedarse en una pancarta de “Refugees Welcome”, sino que esa bienvenida debía convertirse también en acogida. De esa forma, la denuncia mediática y social obligó a las autoridades a habilitar un nuevo dispositivo que, aunque insuficiente, desde ese momento sirve para dar respuesta a la situación de aquel momento.

2ª Procuramos dar respuesta a diferentes problemáticas derivadas de las leyes de extranjería y asilo, siempre desde la óptica de ejercer presión política y hacer denuncia social ante una realidad que excluye a las personas en movimiento, sin abandonar los acompañamientos –siempre necesarios- de las personas que se encuentran en una situación de vulnerabilidad.

Estas situaciones han sido cambiantes en intensidad y en el tipo de gestión. Cuando hablamos de acompañamientos es tanto para una asesoría legal, como empadronamiento, visita médica, búsqueda de empleo, de vivienda, cita en la oficina de atención al refugiado o cualquier otra tramitación en que la persona lo solicite.

Una de las problemáticas más preocupantes que afrontamos es la búsqueda de una solución habitacional temporal –hasta que sean incluidas en el sistema oficial de acogida o de ayuda humanitaria– para personas que lo necesitan. Ya sea en viviendas particulares o a través de organizaciones que puedan tener espacios o recursos para ello.

El sistema y –por ende– gran parte de las ONG que reciben fondos para la acogida, no consideran susceptibles de ayuda a las personas que aún esperan cita para presentar su solicitud de protección internacional, por cuanto las dejan sometidas a dos posibilidades: la calle o los recursos de noche del Ayuntamiento de Madrid, destinados para un perfil de personas en situación de calle, con realidades completamente diferentes y que solo dan techo desde las 22:00 a las 8:00 de la mañana. Luego vuelven a la calle.

Preocupa en especial la situación de personas que han sido devueltas de otros países de la Unión Europea en virtud de la aplicación del Reglamento de Dublín. Son personas a quienes si bien el Estado español acepta recibir, se niega a reincorporarlos al sistema de acogida, por cuanto se encuentran de nuevo una situación de calle si es que no se logra incorporarles dentro de algunos de los programas de ayuda humanitaria. La única opción, en su defecto, puede ser recaer en uno de los albergues de noche del Ayuntamiento.

En estos casos, además, se está haciendo un asesoramiento e intervención legal, presentando demandas administrativas y jurídicas en caso de considerarse necesario.

3ª Consideramos que el papel que juegan es determinante. Si bien las competencias en extranjería y en asilo son del Estado español, es vital una coordinación entre todas las administraciones. Ciudades como Madrid, que se han declarado públicamente como ciudades de acogida, no pueden permitirse tener personas en situación de calle ante el olvido de la administración central, ni tampoco enviar a estas personas a recursos de noche ya de por sí saturados.

Asimismo, el reiterado deseo acogedor manifestado por la ciudadanía en diferentes encuestas debe verse reflejado en una acción directa de los gobiernos municipales y autonómicos por presionar a las autoridades del Estado español a que realmente se implemente una política de acogida digna.

Lamentablemente, en una parte de importante de los dispositivos puestos en marcha en todos los órdenes de la administración, hemos detectado serias falencias estructurales y de funcionamiento que hacen que el sistema de asilo se convierta en un sistema expulsor, del que muchas personas quieren huir.

Contrariamente a la creencia colectiva de que “nadie se quiere quedar en España, todos quieren irse”, la práctica nos demuestra que cuando las familias son bien atendidas y se les brinda las posibilidades de alcanzar un desarrollo personal y familiar, con la escolarización de sus hijos e hijas, un techo digno, aprendizaje del español, y un acompañamiento que facilite su incorporación a la nueva sociedad de acogida, sí desean quedarse.

Por eso, reiteramos, el rol de todas las administraciones es fundamental porque de la coordinación entre ellas, con el tejido asociativo y la sociedad civil movilizada, dependerá que un día realmente podamos alcanzar un sistema de acogida inclusivo que dé cobertura a todas las personas sin distinción alguna.

4ª A la hora de hacer incidencia política, el mayor reto es la creciente xenofobia y el aumento de los discursos de odio fomentados desde un sector importante de la clase política y difundido sin miramientos por medios de comunicación. Ideas como que estamos sufriendo una invasión y de que las personas migrantes vienen a quedarse con nuestro trabajo y beneficios sociales, alimenta todo tipo de conductas que van en el sentido de negar el derecho a una vida digna a estas personas y a que el Estado y las diferentes administraciones se hagan cargo de las responsabilidades que les competen.

Lamentablemente, los discursos cada vez más radicalizados exigiendo un cierre de fronteras y los evidentes réditos electorales que están dando a la extrema derecha en diferentes países de la Unión Europa (Italia, Alemania, Hungría, etc.) están creando un clima en donde cada día es más difícil explicar y concienciar sobre la necesidad de reconocer derechos a las personas en movimiento.

Es cierto que distintas encuestas dan cuenta de que en el Estado español aún persiste una convicción acogedora, una cierta predisposición a abrir las puertas que invita a ilusionarse, pero no menos cierto es que suele acabarse en una visión meramente caritativa, de ayuda, que no comparte una determinación por exigir a las administraciones el cumplimiento de sus obligaciones.

5ª Es difícil enumerar las soluciones. Lo primero es de un orden más bien macro y tiene que ver con modificar en forma total la legislación de extranjería y también la de asilo. Es fundamental que vuelvan a abrirse vías seguras para llegar al Estado español, que se pueda solicitar protección internacional en nuestras embajadas y consulados, que se cierren los centros de internamiento de extranjeros (CIE), se acabe con las devoluciones ilegales en nuestra frontera sur (conocidas como devoluciones en caliente), se retiren las concertinas, se anule la exigencia de visado de tránsito aeroportuario para ciudadanos de origen sirio, se elimine a nivel europeo el reglamento de Dublín o, en su defecto, al ser devueltos a España, la administración admita su reinserción en el sistema de acogida.

El abordaje de las políticas de extranjería y de asilo se hace siempre bajo una óptica de seguridad, se aborda la situación migratoria como una cuestión de seguridad, y eso hace que la implementación de políticas y su gestión esté atravesada siempre por un prisma que no tiene a las personas como centralidad, sino a una idea de invasión y de que los recursos son escasos ante la misma.

Desde la Red hemos presentado varios documentos ante las autoridades municipales, que cubren los diferentes ámbitos que tienen que ver con el trabajo de calle, pero que necesitan fundamentalmente de una articulación entre las diferentes administraciones y un abordaje humanitario no asistencialista de la situación de las personas en movimiento.

6ª En estrecha relación con el punto cuatro, el futuro se presenta difícil, muy difícil. Bajo el paraguas de la xenofobia, la creciente externalización de fronteras y persecución de las personas migrantes hace cada vez más difícil soñar con sociedades de mayor inclusión y entendimiento.

Los acuerdos con los países de origen y de tránsito de los procesos migratorios cada vez respetan menos los derechos humanos y la situación de las personas, y en nuestra frontera sur la represión es creciente.

Por otra parte, en tanto no se garantice el reconocimiento de derechos básicos para las personas migrantes, no podremos salir del limitado círculo del voluntarismo y la compasión. Es necesario construir sociedades entre iguales, sólo los derechos harán posible una vida digna de las personas que arriben a nuestro país.

Plataforma de solidaridad con los/as inmigrantes de Málaga

Luis Pernía Ibáñez

Cuestiones

1ª Descripción del grupo/colectivo: ¿quiénes sois, dónde  y desde cuando intervenís, a quiénes os dirigís?

2ª ¿A qué problemáticas intentáis responder?

3ª ¿Qué papel juegan las administraciones implicadas en esta situación?

4ª ¿Cuáles son los mayores retos a los que os enfrentáis?

5ª Soluciones que proponéis y realizáis

6ª ¿Cómo veis en un futuro próximo la situación que estáis abordando?

1ª Nuestro grupo se denomina Plataforma de Solidaridad con los/las inmigrantes de Málaga. Nació en 1992, en Málaga, cuando en la ciudad se constató la presencia de más inmigrantes cada día y cuando, por decirlo de alguna manera, el saldo migratorio se hizo positivo, es decir, que entraban más personas migrantes de las que salían.

Se inició con un grupo de asociaciones proinmigrantes conscientes de que solas no podíamos hacer nada ante una realidad de gran envergadura y por tanto que teníamos que juntarnos en una Plataforma. Aquellas primeras organizaciones eran Asociación de Mujeres Progresistas la Mitad del Cielo, Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (A.P.D.H.A. Málaga), Asociación Andaluza por la Solidaridad y la Paz (ASPA), ATIME, CC.OO., CEAR, Federación de Vecinos Unidad, Jóvenes por la Intolerancia, Málaga Acoge, UGT, Secretariado Diocesano de Migraciones, Comisión 0,7, Liga Malagueña por la Cultura y la Educación y Fundación Paz y Solidaridad.

Posteriormente se unieron Médicos del Mundo, ASIS, Uyamá, Interred, Oxfam, Palmira, Asociación de Paraguayos, Asociación de Bolivianos, Coordinadora de Inmigrantes, Bienvenidos Refugiados y Observatorio Frontera Sur.

Este elenco de organizaciones ha oscilado al cabo de los años, pues algunas han dejado de asistir o sencillamente han desaparecido. Sin embargo. un pequeño grupo ha permanecido constante afrontando los nuevos retos que cada día trae el fenómeno migratorio.

2ª Al principio, más o menos en la última década del siglo xx, nuestra preocupación principal era, por un lado, estar unidos en una Plataforma, porque considerábamos que el fenómeno migratorio era de una magnitud que cada ONG o colectivo no podía afrontar individualmente; y por otro lado buscar un status legal migratorio, pues no existía una legislación pertinente. Posteriormente fueron la denuncia permanente sobre la arbitrariedad de los CIE (especialmente el de Capuchinos de Málaga), el acogimiento en los pueblos de la provincia de los primeros grupos de personas subsaharianas que llegaron a Andalucía, propuestas alternativas a unas Leyes de Extranjería (especialmente a la Ley 8/2000) con muchas lagunas en relación a los Derechos Humanos y la propia Constitución Española, y responder a tres demandas importantes de las personas inmigrantes: los papeles, la vivienda y el trabajo. En los últimos tiempos es el acogimiento de las personas enfatizando en restablecer el derecho de asilo y los derechos que amparan las personas refugiadas según la Convención de Ginebra.

3ª Desde finales de los noventa del siglo pasado, cuando el saldo migratorio fue positivo hacia nuestro país, constatamos que buena parte de las administraciones cayeron en la tentación de “hacer política con la inmigración” en el sentido de convertir la inmigración en un instrumento de lucha electoralista, en vez de “política para la inmigración”. La consecuencia no pudo ser otra que un modelo de gestión instrumental de cara a la galería electoral, deshumanizado, evaluado como una especie de operación contable, en función de oferta y demanda del mercado laboral y de gestión policial. Las administraciones lo presentan, en consecuencia, como un problema. Así la inmigración es entendida como una competencia desleal por recursos escasos como el trabajo o la vivienda, se vincula a la inseguridad ciudadana y como una amenaza para la identidad nacional. Las administraciones dejaron de lado lo que significa en sí el fenómeno migratorio y se refugiaron en su castillo hasta que la peste pasara, como en el poema de Edgar Allan Poe. Así sus respuestas fueron opacas, fraccionadas y para salir del paso. Y en esta dinámica continúan sin entender que las políticas migratorias deben ir de la mano de los Derechos Humanos.

Por ello seguimos cuestionando a los gobiernos español y europeos sobre la estrategia de externalización de la gestión de nuestras fronteras a países como Marruecos y Turquía, exigiendo la suspensión de los acuerdos.

Ponemos en tela de juicio al Frontex y sus labores de vigilancia y represión actuales en nuestras fronteras.

Venimos exigiendo a los partidos políticos que asuman el compromiso del acogimiento de 18.449 personas, que es la cuota que públicamente decidió asumir el Gobierno español.

Permanentemente y más ahora con el nuevo Gobierno manifestamos nuestra rotunda negativa a la realización de las “devoluciones en caliente” en las fronteras de Ceuta y Melilla.

Reiteramos nuestra exigencia del cierre de los CIE (Centros de Internamiento de Extranjeros).

Exigimos la derogación del RD Ley 16/2012 y su posterior desarrollo a través del RD 1192/1012, que supone la expulsión de miles de personas inmigrantes del sistema sanitario.

Seguimos pidiendo que se eliminen las detenciones indiscriminadas a inmigrantes.

De forma positiva pedimos que establezca con los restantes países europeos rutas seguras, con medidas concretas y urgentes de acceso legal y seguro.

Pedimos la retirada de las “concertinas” en las vallas de Ceuta y Melilla, por razones de estricta humanidad y respeto a los derechos humanos.

4ª El reto más importante para las administraciones es desbloquear el corsé del miedo a los votos, y es que desde que surgió el fenómeno migratorio las políticas migratorias tiraron a resguardarse sobre sí mismas, se escoraron sobre sus intereses, dejando de lado la realidad de las personas que llegaban, por qué llegaban y el calado de aquellas llegadas que cada día iban a más. Siguieron haciéndonos ver que era un asunto coyuntural y no estructural.

En esta línea, vemos que, en España, el debate se ha colado de golpe y por las mismas razones por las que ya ha hecho furor en el resto de Europa, donde la derecha más conservadora se ha instalado en el poder en países como Hungría, Austria o Italia, con el discurso de la pérdida de identidad y la falta de seguridad que provoca la inmigración, haciendo surgir estas preguntas ¿Por qué engañan? ¿Por qué ocultan el interés común? No es que desconozcan que nuestras sociedades envejecen y avanzan hacia un futuro inviable, es que expandiendo el temor a la inmigración arrancan millones de votos. Triste que haya entrado en España de la mano de una derecha que le ha bastado perder el Gobierno para abrazar esa misma idea de que nos invade el enemigo.

Otro reto es entender y prepararnos, en consecuencia, para saber que las migraciones van a seguir como el día a la noche. Esto supone que nuestras organizaciones y, por supuesto, los Gobiernos español y europeo pongan en marcha políticas que centren sus esfuerzos en las causas de las migraciones forzadas en origen y no en la contención y control policial y militar.

Otro reto es el cumplimiento de los acuerdos internacionales firmados, especialmente la Convención de Ginebra de 1951. En todo el año solo han llegado 75.000 inmigrantes a Europa, una cantidad que no debería alarmar, pero se habla de una invasión de millones y se elude otro argumento importante. Mientras pagamos 3.000 millones de euros para sellar la frontera turca, Marruecos solo ha recibido 30 para hacer lo mismo y presiona abriendo el grifo. Era el anuncio de un verano más caliente en la ruta occidental, con puerta de entrada en el sur de la Península. Aun así, no será una invasión, pero sí la evidencia de que financiar las fronteras del engaño es inútil porque solo aumenta los beneficios del tráfico humano. Un error que debería centrar la reflexión y el debate.

Pero el reto más importante al que nos enfrentamos es que, en realidad, necesitamos de los inmigrantes para dar respuesta a una sociedad envejecida, las pensiones, y las necesidades del mercado laboral. Necesitamos inmigrantes. La duda, tal vez, sea cuántos necesitamos, pero no hay una sola tesis que haya demostrado que podamos mantener las pensiones o el sistema de seguridad social, es decir, los pilares del Estado de bienestar sin abrir las puertas. Ahora que el calor aprieta y el debate apela a las emociones, más que a la razón, conviene recordar que agitar el temor a los que vienen solo es posible gracias a la desinformación. Necesitamos inmigrantes como agua de mayo.

5ª Las soluciones que se han llevado a cabo por nuestras administraciones son muy discutibles, por antidemocráticas, poco constitucionales y con el olvido de los acuerdos internacionales firmados y de los Derechos Humanos. Miradas de cerca podemos decir que han sido y son opacas, fraccionadas y para salir del paso.

No queda otra solución que tomar en serio el fenómeno migratorio evitando los paños calientes. Esto supone, que los Gobiernos español y europeo legitimen el fenómeno migratorio y, a su vez, pongan en marcha políticas que centren sus esfuerzos en las causas de las migraciones forzadas en origen y no en el control policial y militar de los flujos migratorios.

Además y en propuestas más concretas las organizaciones sociales de la Plataforma seguimos cuestionando a los gobiernos español y europeos sobre la estrategia de externalización de la gestión de nuestras fronteras a países como Marruecos y Turquía, exigiendo la suspensión de los acuerdos y del apoyo bilateral de la UE a los países que no respetan los Derechos Humanos.

Pedimos que de una vez por todas se cuestione el papel de Fróntex y sus labores de vigilancia y represión actuales en nuestras fronteras, de tal manera que se convierta en un instrumento para una amplia operación europea de rescate y salvamento en el Mediterráneo, descartando toda acción militar.

Pedimos a los partidos políticos que asuman el compromiso del acogimiento de 18.449 personas, que es la cuota que públicamente decidió asumir el Gobierno español.

Urgimos se suspendan las “devoluciones en caliente” en las fronteras de Ceuta y Melilla, que permanentemente hace el Gobierno español y por tanto pedimos la eliminación la Ley de Seguridad Ciudadana, cuya disposición Final Primera enmienda la Ley de Extranjería para amparar dichas devoluciones. Dada la gravedad y continuidad de esta práctica pedimos la presencia de la Cruz Roja a pie de valla. En este sentido pedimos también la retirada de las “concertinas” en las vallas de Ceuta y Melilla, por razones de estricta humanidad.

Desde hace años venimos pidiendo el cierre de los CIE (Centros de Internamiento de Extranjeros) por su déficit humanitario, democrático y jurídico. Del mismo modo, manifestamos nuestra rotunda oposición a cualquier proyecto de apertura de un nuevo CIE en la provincia de Málaga.

Queremos que claramente se derogue el RD Ley 16/2012 y su posterior desarrollo a través del RD 1192/1012, que supone la expulsión de miles de personas inmigrantes del sistema sanitario.

Seguimos con un no rotundo a las detenciones indiscriminadas a inmigrantes, muchas de las cuales se realizan atendiendo a criterios raciales o directamente en sitios a los que necesitan acudir de forma cotidiana: colegios, hospitales, centros de salud o comedores, etc.

Muchas de las soluciones que demandamos son las del día a día, como ha sido recientemente el cierre de la cárcel de Archidona o la petición, estos días, de un centro de acogida digno (“el centro de las 72 horas”, que nosotros decimos) para los inmigrantes que llegan a Málaga. Lo cual indica que nuestro papel como Plataforma es responder, dentro de nuestras posibilidades, a las demandas que el fenómeno migratorio plantea en cada momento. No dudamos en absoluto del valor de nuestras pequeñas acciones haciendo nuestro aquel refrán africano “pequeña gente, con pequeñas acciones, en pequeños lugares, hacen cosas grandes”.

6ª El futuro lo vemos difícil, pero no imposible. Entendemos que el escenario de juego se mueve entre la real politik y las evidencias, que en el fondo es entre identidad y alteridad.

Lo cual exige, en primer lugar, un debate social sobre la inmigración. El eje del debate es si disponemos de instrumentos adecuados para gestionar el fenómeno migratorio y si el primer elemento a considerar sería el de la legitimidad, es decir, de que su tratamiento sea de conformidad con los principios y reglas del estado de derecho y de la democracia, de tal manera que, en todo momento, brille el reconocimiento y garantía de los derechos humanos. Después habrá que barajar elementos de eficacia, pero siempre en segundo lugar.

Y la primera constatación es que la inmigración va a continuar. Poner el énfasis en que es un fenómeno estructural y no coyuntural y por eso aceptar la existencia de flujos migratorios como un fenómeno social histórico e internacional, presente y futuro. En el momento presente con profundas razones como la mundialización o globalización económica, homogenización cultural, quiebra Norte-Sur, mito de la Ciudad de la Abundancia, guerras, desastres ecológicos, pero también porque hay países a quienes interesa la inmigración por sus aportaciones demográficas, por su riqueza cultural y aporte laboral.

El flujo casi diario de llegadas a nuestro puerto y las muertes, contadas y sin contar, en el Estrecho, solo pueden corregirse demandando, por activa y por pasiva, se establezcan con los restantes países europeos rutas seguras, con medidas concretas y urgentes de acceso legal y seguro al estado español, como la búsqueda, el rescate y el tratamiento de las solicitudes de asilo en terceros países, mediante la posibilidad de solicitar asilo en las embajadas, y la concesión de visados humanitarios, de reagrupación familiar, de estudio, de trabajo y de reasentamiento.

El futuro pasa necesariamente por tomar en serio el fenómeno migratorio evitando los paños calientes. Esto supone que los Gobiernos español y europeo centren sus esfuerzos en las causas de las migraciones forzadas en origen y no en el control policial y militar de los flujos migratorios.

Mirando también el día de mañana entendemos que ninguna política de migración puede llegar a buen puerto si los pueblos se oponen a ella. Esta es la principal lección que puede sacarse desde que comenzó a preocupar el fenómeno migratorio. Pues hemos visto renacer el racismo, la xenofobia y la exclusión étnica. Pero también hemos visto que todas las identidades se van transformando. Más vale prepararse para ello, es decir, educar a los pueblos, en vez de confiar ciegamente en las leyes del mercado. En consecuencia uno de los trabajos más importantes de las organizaciones de nuestra Plataforma es la sensibilización sobre la realidad migratoria en escuelas, universidades, institutos y toda clase de ámbitos educativos posibles. Y en eso estamos.

Nadie podrá hurtar el sueño del mestizaje y de la policromía social y cultural a los agentes proinmigrantes, porque las urgencias, las apremiantes urgencias para la supervivencia de este navío espacial, llamado Tierra, eso que llamamos “solidaridad necesaria”, así lo reclaman.

Rumbo a Medellín. 50 años de opción por los pobres

Evaristo Villar

Desde hace ya algún tiempo los movimientos cristianos de base de toda América Latina vienen preparando un macroencuentro en la ciudad colombiana de Medellín para celebrar,   entre el 27 y 31 de agosto 2018,  el 50 aniversario de la II Asamblea General del Episcopado Latinoamericano (CELAM  o Consejo Episcopal Latinoamericano) que tuvo lugar hace 5 décadas  en esa misma  ciudad.

  1. Medellín 68. Medellín 68 marcó un antes y un después en la imagen del catolicismo latinoamericano. En pocas palabras, se puede decir que Medellín puso en marcha tres movimientos simultáneos en la Iglesia latinoamericana: la recepción del Concilio Vaticano II —de marcado carácter eurocéntrico—, el despegue del modelo de cristiandad — muy arraigado institucional y popularmente en el cristianismo de la época— y la emergencia de un nuevo modelo de Iglesia,  posteriormente desarrollado en la floración de Comunidades Eclesiales de Base y en la Teología de la Liberación.

La segunda Conferencia del CELAM apareció en un marco político y socioeconómico muy concreto. Políticamente surge en un continente crispado por el enfrentamiento entre las dictaduras militares impuestas por el imperio y  la proliferación de las guerrillas emergentes. Y socioeconómicamente irrumpe  en medio de la tensión creciente entre dos teorías o prácticas marcadamente enfrentadas:  de un lado, la Alianza para el Progreso —una especie de reformismo a lo Plan Marshall que pretendía controlar,  contra el “mal ejemplo” de Cuba,  el proceso de cambio en América (considerada “patio trasero de del imperio”) desde el subdesarrollo hasta  el progreso);  y, de otro lado,  la Teoría de la dependencia, radical e incisiva,  que luchaba por romper la relación causal entre el bienestar del Primer Mundo y la precariedad y pobreza del resto de mundos dependientes.

En este contexto, el episcopado latinoamericano hizo en Medellín tres inmersiones de enorme repercusión  tanto  en América Latina como en el resto del mundo cristiano,  principalmente en Europa y, singularmente, en España: en primer lugar,  “se hizo cargo” de la situación de un continente injustamente empobrecido y asolado por las guerras de baja intensidad. —A juicio de Gustavo Gutiérrez, este “mirar cara a cara sus problemas” y descubrir que, además de las guerras,  “la pobreza no era el único pero sí el más grande desafío al anuncio del evangelio”, fue la mayor aportación significativa de la Conferencia de Medellín—.  En segundo lugar y asumiendo las palabras de Juan XXIII al inicio de Concilio sobre una “Iglesia de los pobres”, — que, por cierto,  no llegó a abordar  directamente el Concilio Vaticano II— los obispos latinoamericanos decidieron  “optar por los pobres” como aparece, de diversas formas expresado,  a lo largo de sus documentos. ¡Sin lugar a dudas, esta fue una de las apuestas de mayor calado y trascendencia de la II Conferencia de Medellín! Y, finalmente, como forma más práctica y eficaz  de llevar a cabo esta opción por los pobres, los obispos reconocieron  y dieron su impulso a las incipientes Comunidades Eclesiales de Base. Esta forma social de vivir y anunciar el mensaje de Jesús se propagó pronto  al resto del mundo cristiano.

  1. 50 años después. La decisión de celebrar el 50 aniversario de la Asamblea de Medellín entre los cristianos y cristianas de base se tomó en septiembre del pasado año en Colombia. Es cierto que Medellín 68 no fue una asamblea de las bases cristianas sino de la jerarquía, pero en los documentos hay algo que sintoniza bien con la base eclesial y el espíritu del papa Francisco. Me refiero exactamente a la opción por los pobres, a la presencia cristiana en el mundo —siguiendo la inspiración de la constitución Gaudium et Sepes del Vaticano II— y a la apuesta por cultivo y la vivencia de la fe en sociedad o en comunidad.

Todo comenzó con la convocatoria hecha por diferentes organizaciones, unas propiamente colombianas y otras de ámbito internacional. Entre las primeras cabe señalar las siguientes: Mesa Ecuménica, Comisión Intereclesial de Justicia y Paz, Fe y Territorios, El Diálogo Intereclesial por la Paz de Colombia (DIPAZ), Comunidades construyendo paz en los territorios (CONPAZ), Congregación Hermanas Misioneras de la Madre Laura (Lauritas),  Universidad Javeriana, CIDEP, Iglesia Menonita (Medellín), Iglesia Luterana (Medellín) y Pax Christi (Medellín); entre las instituciones internacionales:  Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad con los Pueblos de América Latina (SICSAL de México, El Salvador, Ecuador, Argentina, Australia y Colombia),  Justicia y Paz de la Congregación Claretiana, Fundación Pueblo Indio (Ecuador),  Comunidad Santo Tomás de Aquino (Madrid), Universidad DePaul, (Estados Unidos) e  Iglesia Sueca. En resumen,  25 personas, de 17 instituciones y de 10 países (Colombia, Estados Unidos, México, El Salvador, Costa Rica, Ecuador, Argentina, España, Australia y Suecia).

En el transcurso de tres encuentros maratonianos – 04 de septiembre en la Universidad Javeriana de Bogotá, 10 de septiembre con las Iglesias Luterana y Menonita de Medellín, y 11 de septiembre en el Centro de Formación Santa Laura de Medellín— se fueron perfilando:  los objetivos generales (legado religioso y civil de Medellín 68) y específicos (celebración e intercambio de experiencia martiriales y liberadoras a la luz de los nuevos signos de los tiempos y de la presencia de Monseñor Romero y del papa Francisco); los criterios (en forma de proceso, horizontal y participativo,  desarrollado en cinco  tiempos —ver, juzgar,  actuar, y celebrar—, macroecuménico y, aunque centrado en el continente latinomericano, abierto al resto del mundo).

Finalmente, se estableció una secretaría general con 7 comisiones y un cronograma de trabajo al que se ha venido ajustando el proceso de preparación.

Santiago Agrelo, posada y lumbre en la frontera

Luis Pernía Ibáñez

Cuando le conocí, aquella noche, venía de la Autovía TangerMed-Ceuta, zona de Beliones, mojado por la lluvia y con la preocupación de que las mantas que había llevado con su compañero camerunés no fueran suficientes para aquellos inmigrantes arrancados de la vista por miedo a la policía, perdidos en la neblina del bosque y en la noche.

Una y otra vez nos decía: “Se han ido ateridos, empapados, envueltos en la niebla…”. Eran grupos de jóvenes inmigrantes escondidos como si fueran los excluidos, los ilegales, los irregulares, los condenados a la soledad y a la intemperie… los leprosos  para los que no hay lugar en nuestro campamento.

Tánger es un lugar de tránsito de inmigrantes camino de Europa. Un punto donde confluyen varias rutas y desde donde es posible encontrar la patera deseada para cruzar el Estrecho. Es por excelencia una ciudad de paso y de alguna manera también un punto de encuentro entre el Norte opulento y el Sur empobrecido.

Aunque su origen se pierde en la mitología grecorromana y bereber donde se narra que Tánger fue construida por un hijo de Tingis, llamado Syfax, donde Tingis sería la esposa del héroe bereber Anteo, rey líbico, hijo de Poseidón y Gea, hoy es especialmente una ciudad de tránsito para muchos ciudadanos africanos que esperan cruzar el Estrecho hacia la Europa.

Por otra parte, la diócesis de Tánger, de la que es Arzobispo Agrelo, desde 2007, cuando Benedicto XVI le llamó siendo párroco en la diócesis de Astorga y profesor en el Instituto Teológico de Compostela, es grande en extensión, pero pequeña en cuanto número de fieles, que no pasarán de 2.000 los católicos. Las seis parroquias que la componen están muy enraizadas en la sociedad marroquí, con una particular simbiosis. Muchos de sus servicios sociales van orientados a las personas migrantes en tránsito: asesoramiento jurídico, atención psicológica, atención sanitaria, talleres de reciclaje o de artes plásticas, ropa y ducha.

En este escenario se mueve Santiago Agrelo, que de alguna manera se puede entender como un obispo en la frontera entre un mundo maltratado y otro que se ofrece en la distancia rico y poderoso. Y mientras hacía alguna consideración de este complejo escenario, Agrelo nos hacía entender que la frontera no es la valla, ni las cuchillas, ni la Guardia Civil. Él piensa que es mucho más. ¿Pero quién soy yo para impermeabilizar esa frontera? ¿Tengo yo más derecho que el que tiene el pobre a traspasarla? Cuando se trata de legislar respecto a los pobres lo hacemos siempre los ricos, y siempre desde nuestra perspectiva. En ese sentido, las fronteras son racionales para los ricos, pero son irracionales, absurdas, opresoras y discriminatorias para los pobres.

Cuando nosotros le hablamos de nuestro proyecto de un Observatorio en la Frontera Sur, nos anima a seguir en esa línea y en el compromiso con la gente desfavorecida y reitera que la cercanía con la que vives la pobreza te cambia tu visión de la realidad. Poniendo su propio ejemplo: En 2005, yo era párroco en la Diócesis de Astorga. Hubo un intento de salto a la valla de Ceuta y murieron cinco inmigrantes. Recuerdo que pensé: “qué vienen a hacer, quién les manda subirse a la valla, la Guardia Civil tiene que rechazarlos”. Ése era mi pensamiento. Luego llego a Marruecos y me encuentro con ellos. Y mi pensamiento ha cambiado. Porque una cosa es hablar de la pobreza y otra cosa es encontrarte con el pobre. Ahora ya sé por qué suben a esa valla. Mil cosas empujan a esas personas a una valla a la que nunca hubieran querido acercarse si hubieran tenido otra posibilidad.

En los alrededores de Ceuta hay emigrantes. No sé cuántos son. Sé que son seres humanos. Sé que no tienen papeles, pero tienen hambre. Sé que no están autorizados a estar donde están, pero tienen derecho a buscarse un futuro para sí y para sus familias. Sé que las autoridades los consideran una amenaza, aunque la realidad es que las autoridades son una amenaza para ellos.

En aquella conversación, en la habitación de su convento, hablábamos también del problema de encontrar viviendas para las personas inmigrantes en Málaga y él sentía en sus propias carnes el que hubiera tantas casas y conventos religiosos prácticamente vacíos y nos abrió su corazón: “Quiero una iglesia que sea percibida como pobre entre los pobres que comparte lo que tiene”.

El 10 de junio cumplió 75 años y pidió, como está establecido, la dimisión al papa Francisco. Mientras llega la aceptación, su mirada mística a la frontera seguirá sacudiendo a un Occidente “voluntariamente ciego”. Recordándonos que los pobres han venido desde lejos para salvarnos. Si no hay futuro para los pobres en la Iglesia tampoco lo hay para una Iglesia sin pobres.

Cuando dejamos la casa de Agrelo de la calle Sidi Bouabid, 35, y la suave brisa del mar inundaba los aledaños de la Medina que se abría a nuestros pies, nos preguntábamos sobre la figura de este obispo franciscano; alguien del grupo recordaba la respuesta que le dio a un periodista a una pregunta sobre Dios. “Sí… No sé si se entenderá si digo que Dios es de izquierdas. Con lo cual no digo que sea del PSOE o de Izquierda Unida. Dios sería de derechas si se preocupara de Dios, pero es de izquierdas porque se preocupa de ti y de mí. La Iglesia ha de mostrar que no se preocupa de sí misma ni de Dios, sino del otro”.

Mientras acudíamos a la Librairie des Colonnes, ya tarde, para comparar Le pain nu, de Mohamed Choukri, ciudadano de Tánger en su infancia, a quien trajimos a Málaga hace algunos años para recordarnos aquello del hambre como paisaje moral, nos sentimos como los protagonistas de The Sheltering Sky (El cielo protector ), que también pisaron Tánger, pero en nuestro caso atraídos y conmocionados por ese algo especial de este hombre de fe, transeúnte de fronteras, que invitaba a todos, de aquí y de allá, a “convertirse a los pobres”.

Martín Luther King, profeta de esperanza

Alfredo Abad

La imagen que nos ofrece el pastor bautista Martín Luther King Jr., en mucho de lo que nos ha llegado de él, se concentra en su lucha con la segregación racial. Es evidente que en este campo el premio Nobel de la paz de 1964 reconocía su resistencia no violenta a esa discriminación, y a esa causa dedicó el premio otorgado por el Comité Nobel del Parlamento Noruego. De hecho el inicio de su discurso se refiere a la “guerra para terminar con la larga noche de la injusticia racial”, pero también se refiere a su fe audaz en el futuro de la humanidad que se niega a aceptar, entre otras cosas, que el hombre sea incapaz de influir en el curso de los acontecimientos que le rodean y se niega a aceptar “la idea de que la humanidad está trágicamente vinculada a la opaca medianoche del racismo y de la guerra, que hacen imposible alcanzar el amanecer de la paz y la fraternidad”.

En el tiempo que vivimos la conmemoración en este año del 50 aniversario de su asesinato en Memphis (Tennessee), un 4 de abril de 1968, tiene que alentarnos a seguir combatiendo todas las fobias que nos sumen en la oscuridad, entre ellas la racista, pero también la xenófoba, aporofobia, sexista y todas las formas de segregación y discriminación que minan la dignidad humana y desintegran la cohesión social. Quiero señalar en estas líneas la que considero mayor virtud del profeta Martin Luther King Jr.: La esperanza.

El teólogo alemán Jürgen Moltmann escribía el mismo año de la muerte del pastor bautista sobre este que tomo partido por los negros y los pobres, pero que “nunca olvidó que los blancos también estaban necesitados de liberación y redención de su orgullo y de su angustia”. El modo de combatir la decadencia de las exclusiones fue para Martín Luther King Jr. inclusivo, desde el amor a los enemigos, como cita en uno de sus sermones en su libro La fuerza de Amar (1963), sin aceptar la injusticia ni la falta de humanidad, sin destruir a la persona pero combatiendo la opresión. Moltmann refiere también que Luther King hablaba desde un ámbito de verdad que no dependía del poder político y sus reglas del juego, un hombre inmune a la angustia, el miedo y la seducción del poder. Esto fue lo que le convirtió en una auténtica amenaza para el poder, Moltmann propone que “hay que reducir el póker del poder al ajedrez de la razón”.

Aunque no era un protestante liberal, y así lo expresa en sus trabajos sobre el concepto de Dios en Karl Barth o en su comparación entre las teologías de Tillich y Wieman, Martín Luther King Jr. profesaba una convicción profunda en el uso de la inteligencia al acercarse a los textos bíblicos, rechazando los fundamentalismos literalistas. Este aspecto es obvio en sus sermones, como lo es en su aproximación a la no-violencia como método. En su libro Los viajeros de la libertad (publicado en castellano en 1963 por Ed Fontanella) cite entre las fuentes de su pensamiento a Walter Rauschenbusch, con el que llega a la conclusión de que cualquier religión que se precie de interesarse por las almas de los hombres y no se interese por las condiciones sociales y económicas que mortifican el alama, es espiritualmente una religión moribunda. Se refiere a su caminar hacia la no-violencia como un “peregrinaje intelectual” y a que aprendió que el inseparable gemelo de la injusticia racial era la injusticia económica.

En numerosas ocasiones hace referencia, este pastor bautista nacido en Atlanta, cuanto le debe la segregación y la injusticia económica a la complicidad de los silencios y a la falta de compromiso de todos los que han perdido la esperanza del cambio. Moltmann, en el mismo artículo citado hace referencia a Rauschenbusch que dijo “La cristiandad ascética llamó al mundo malo y lo abandonó. La humanidad está esperando una cristiandad revolucionaria que llame al mundo malo y lo cambie”.

Luther King fue parte de esa cristiandad revolucionaria, es famosa la cita de su último discurso que se refiere a que cuando nos presentemos ante Dios se nos reclamará no haber hecho lo suficiente. En su libro ¿A dónde vamos?: caos o comunidad (1967, publicado en castellano en 1967 por Ed Ayma) hace referencia a esa misma cuestión: “Ni el negro no el blanco han hecho lo suficiente para esperar la llegada de un nuevo día. (…) La libertad no se conquista con un pasivo y sufrido acatamiento; la libertad se conquista con la lucha contra el sufrimiento”. En ese mismo libro expresa la necesidad de que el entendimiento se construya, no es algo que nos vamos a encontrar en cualquier momento, sino que debemos crearlo.

La principal herramienta que dio aliento a este profeta fue su inquebrantable esperanza en una nueva humanidad. Como señala uno de sus biógrafos no estuvo sólo preocupado por la segregación en los estados del Sur de los Estados Unidos, sino por el alma de América, sometida al poder del dinero y a los silencios cómplices que habían desvirtuado la democracia y que junto a las leyes que ampliaban el marco de las libertades dictaba otras que lo restringían, como ocurrió con la integración en las escuelas. Una de sus denuncias, fue que tras trescientos años de esclavitud y cien años desde la modificación de las enmiendas a la Constitución, XIII aboliendo la esclavitud (1865), XIV consagrando la igualdad de derechos (1866), y XV estableciendo el sufragio universal (1870) “sin distinción de raza, color o previa servidumbre” no se había avanzado lo suficiente y la segregación y la injusticia seguían reinando con la connivencia de los que defendían sus privilegios. Para Martín Luther King esta ausencia de coherencia y de esperanza provocó, entre otras razones, los acontecimientos de 1965.

Su esposa, Coretta Scott King, en el prólogo de su libro El clarín de la conciencia de todo el mundo (1967), pide que se le recuerde “como un tambor mayor de la justicia, un tambor mayor de la paz, un tambor mayor de la razón” y anima a buscarle donde los individuos valerosos se enfrenten en los males de la sociedad. En este libro reclama, basándose en la historia de las revoluciones en Estados Unidos, como animó la esperanza la lucha con el poder absolutista y se alcanzó la república democrática, pero señalando que las naciones desarrolladas no pueden ser una isla de prosperidad inmensa en un océano de miseria: “La tempestad no se calmará hasta que los frutos de aquella isla permitan a cada hombre vivir con la dignidad y el decoro que exige la condición humana”.

Martín Luther King señala que el amparo de esa prosperidad son el aislamiento y las armas. Idénticos recursos a los que hoy en día se aplican levantando muros y creando en nuestras sociedades modernas amparo a la brecha de la desigualdad, mortandad en las fronteras cerradas a la migración y el refugio y criminalización de los otros considerándolos una amenaza y aplicando políticas de securitización que resultan criminales por necesidad. Estos reflejos son la negación de la esperanza en una nueva humanidad, preocupada la vieja humanidad por garantizar sus privilegios. Con el mayo del 68 todavía alentando el teólogo francés Georges Casalis reclamaba “Una teología del Dios déspota, reinando sobre un universo aterrorizado, deja paso a una teología de la solidaridad humana, animada, fundada, inspirada, transfigurada por la presencia de Cristo en la historia (…) confesado como liberador de su pueblo”.

He escogido expresamente citar a dos teólogos que escriben, con esperanza, el mismo año de la muerte de Martin Luther King Jr. Mucho ha llovido desde entonces y las teologías de la liberación, negra, feminista, etc. pueden bien reclamarse en la herencia de estos mismos impulsos, porque son teologías de la esperanza.

Finalmente, en su libro Porque no podemos esperar (1964) (publicado en castellano en 1964 por Ed Aymá) este profeta de la esperanza denunciaba el “tokenism” entendiendo que este “trozo de metal utilizado como una moneda” era el gran frustrador de los sueños y las aspiraciones. Se refería a las fichas que sustituían al dinero y a las que se podía negar su valor, decía: “El tokenism es un pagaré. La democracia en su acepción más verdadera, es el pago en efectivo”. Vivimos en una sociedad donde el vacío de contenidos de las democracias las convierte en democracias “zombies”, según la noción de Ulrich Beck, donde la participación ciudadana se ha hecho simbólica e insignificante por lo que se atreve a habla de democracias que parecen vivas, pero que en realidad están muertas, vacías de vida y vacías de esperanza, añado. Necesitamos recuperar el impulso esperanzador de las mujeres y los hombres que se crean que se puede cambiar y que se puede aspirar a una humanidad más fraterna. Para Martín Luther King el regateo de las libertades, señala en este mismo libro, afecta a toda la sociedad y la superación de las discriminaciones en los derechos civiles mejora toda la sociedad. Por eso, nosotros hoy y rindiéndole homenaje, tampoco podemos esperar.

Jaume Botey, testigo clarividente en nuestros días

Evaristo Villar

Jaume Botey es otro brillante testigo de nuestros días. Nos ha dejado hace apenas un par de meses, pero el recuerdo de su carácter afable y cariñoso, su inteligencia y su decidido compromiso con las víctimas del sistema y su empeño por revertir el actual curso inhumano de la historia van a permanecer durante mucho tiempo entre quienes tuvimos la suerte de conocerlo y tenerlo por compañero y amigo.

No podría ni quisiera centrar esta breve presentación en un solo campo de su rica personalidad. La de Jaume fue una personalidad polifacética, serena pero decidida y desbordante, como iremos viendo. Con los pies bien plantados sobre la tierra, sin evasiones (“la verdad, Pilato, está en los pobres”, como diría Van der Meersch) y la mirada abierta a los “nuevos signos de este tiempo”, Jaume ha sido una de esas presencias que enriquecen y hacen más bella la vida humana sobre el planeta. Compromiso y Esperanza (ambos con mayúscula) pudieran reflejar la rica personalidad de este hombre que supo se gratuito haciendo de su vida una donación para los demás.

Para quienes no hayáis tenido el privilegio de conocer a Jaume os ofrezco estos dos testimonios, surgidos espontáneamente bajo la impresión y el calor de su partida:

  1. Como se quiere a un hermano (Evaristo Villar)

En Jaume ha marxat aquesta nit sense fer soroll. L’abraçada i parlàvem d’ell serenament, quan ha fet els últims respirs molt suaus. Agraida per haver pogut fer un tram del camí en comú i a la vegada molt trista. Confortada per les mostres d’estimació rebudes. Una abraçada. Pilar Massana (16 de febrero de 2018).

Ante la triste noticia que me comunicaba por whatsApp Pilar Massana, su pareja y cómplice más cercano, me brotó desde muy adentro este “Recuerdo agradecido”.

A Jaume yo lo he querido como se quiere a un hermano;

no me preguntes por qué, nos bastaba solo con mirarnos.

Compañeros en causas justas, militantes en tantas apuestas.

Cada día, en plétora los desafíos; cada persona, un manantial de promesas.

Mientras la gente gime y llora, ninguna institución es eterna:

hay que transformar este mundo, hay que rehacer esta Iglesia…

¡Y tú te vas ahora, hermano, cuando el invierno es más recio!

¡Cuando la semilla aún dormita bajo la nieve y el hielo!

Quién nos gritará desde las raíces de este mundo desquiciado?

Quién nos convocará a plantarle cara al maldito imperio del mercado?

Cuando volvamos a Redes y ya no te veamos dentro

envidiaremos al cielo que te nos ha robado en secreto.

Y tú ahora te vas, Jaume, con el corazón de humanidad lleno

Y a mí me queda la pena, esperando un nuevo encuentro.

  1. Jaume Botey, cristiano por el socialismo (Pepe Gutiérrez en Revista Poder Popular)

Se ha marchado como los hijos de la mar Jaume Botey i Vallés (Barcelona, 1940), un personaje en todo punto respetado y apreciado desde todas las izquierdas, y con especial énfasis por la radical porque, al igual que su compañera Pilar, estuvieron en todas las guerras y algunas más. Licenciado en Teología, Doctor en Antropología y Filosofía, profesor del Instituto de Bachillerato Torras y Bages de Can Serra (1968-75) y profesor de historia de la Universidad Autónoma de Barcelona desde 1975, siempre desde una integridad fraternal y afectuosa, con la ironía catalana o británica, qué más da, con su cristianismo ecuménico. O sea, el de los primeros cristianos que compartían bienes y espiritualidad y que nunca albergó la menor duda de una opción por los “nadies”, como algo que además se concretaba en el compromiso, que es decir también la esperanza. Nunca dudó de que los últimos debían ser los primeros, que los pobres heredarán la Tierra (si es que el triunfal-capitalismo deja algo que heredar).

Llegó al barrio de Can Serra de L’Hospitalet de Llobregat en 1968, allí se hizo parte del paisaje vinculado al movimiento vecinal y cultural crítico de la ciudad, con un Instituto donde se “hacían un montón de cosas” y del que salieron chicos y chicas radicalizados contra el franquismo, que era la negación de todo lo que había de bueno en este país de países… Una escuela en la que “se daba catalán” cuando esto se hacía en muy pocos lugares.

Se le veía en todo lo que se movía en el barrio, como uno de los promotores de las Escuelas de Adultos y de la Casa de la Reconciliación, donde impartió clases Manolo Sacristán o en actos multitudinarios, por ejemplo de la Assemblea de Catalunya, en los que uno no se cortaba un pelo en preguntar sobre cómo era posible que se confiara en una burguesía catalana que lo primero que hacía era llamar a la policía cuando sus trabajadores hacían huelga… O en sesiones de cine-club, debatiendo sobre lo que había delante y detrás de las películas. O con invitaciones a personajes del exilio como Francisco Carrasquer, uno de los “profetas”, como le gustaba llamar a Jaume, aunque predicaran que el catolicismo desapareció de las “comunas de Aragón”.

Candidato del PSUC en las primeras elecciones municipales, no era lo que se dice un “hombre de partido”, aunque admiraba y le gustaba rememorar cómo este partido llegó a ser por sí mismo “un movimiento” que, en lugares como Can Serra, trabajaba porque “els altres catalans” se sintieran en su casa, que lo era aunque fuese en aquellos bloques en los que las mujeres, hechas de hablar de lo divino y lo humano, quedaban encerradas. Fue concejal de Enseñanza del Ayuntamiento de L’Hospitalet (1979-1983), vivió la crisis de este partido con desgarro y no precisamente desde la posición “eurocomunista”, porque, como era bastante común entre los curas obreros y los cristianos de base, se sentaban a la izquierda sin olvidar su mordiente anticapitalista. En 1984, Jaume fue fundador del Centro de Estudios de l’Hospitalet, uno de los baluartes del “memorial de L’Hospitalet antifranquista”, compuesto por todos los colores, desde los catalanistas hasta los trotskos, no menos proféticos, como el que escribe. Escribió sobre la gente de Can Serra, debatió en todos los encuentros del cristianismo de base, en las asambleas de “mientras tanto” y, en 1999, recibió el Premio de Honor de la ciudad de L’Hospitalet en un acto inolvidable de exaltación de la resistencia, en el que quedaron patentes dos cosas: todo lo que lo queríamos y su sencillez.

Igualmente fue presidente de la Casa de Nicaragua y de la Cooperativa L’Olivera de Vallbona de les Monges, se apuntó a la primera Iniciativa per Catalunya en la onda de la Izquierda Unida de Julio Anguita, para acabar siendo uno de los fundadores de Esquerra Unida i Alternativa en tiempos de estupor. De aquel tiempo recuerdo personalmente que formó parte de un “petit comité” en el empeño de reforzar las posiciones de la izquierda, y del que formamos parte también Paco Fernández Buey, Miguel Riera con El Viejo Topo a cuesta –una revista en la que Jaume fue un habitual y en la que se puede encontrar sus mejores trabajos, aparte de participar o coordinar algún libro colectivo–, Víctor Ríos y otros y otras, no muchos ya que la “asamblea” raramente sobrepasaba la mesa de una café de las proximidades.

Como no podía ser de otro modo, tomó parte activa de los movimientos alterglobalizadores, de solidaridad y por la paz. Ha sido observador internacional en El Salvador, Nicaragua, Chiapas, Irak, en los campamentos de refugiados Palestinos en Líbano, entre otros, y siempre con la compañía de Pilar, con quien formó una pareja en cuya alegría y afectuosidad nos gustaba mirarnos los que conocíamos relaciones más o menos tormentosas. Estuvo comprometido con la reflexión sobre el diálogo intercultural y entre religiones. Lo dicho, trabajó en muchos frentes. Era de esas personas que siempre encontrabas en las “manis”, incluidas las más tristes y minoritarias: allí estaba en los días del 15-M, ya reacio y desconfiado de los aparatos partidarios, votando a Esther Vivas o al lado de Arcadi Oliveras, otro cristiano que tal, miembro como él de Cristianisme y Justícia.

El Jaume escritor y divulgador es coautor de la primera Bibliografía de l’Hospitalet (1984) y autor de Cincuenta y cuatro relatos de inmigración (1986). Además ha publicado, entre otros libros, Alpha 63. Hechos y legados (2010), El colapso del sistema. Bases para pensar el nuevo milenio (2014), El Olivo: tierra y gente (2014) y ha escrito en obras colectivas como Los dueños del mundo o los cuarenta ladrones (2002), No pasarán… Aunque lleven trajes. La lucha contra la extrema derecha hoy (2010), Análisis de los libros de texto de ciencias sociales desde una perspectiva de paz (cuarto de ESO, 2008-2011), Educación, gestión y territorio: 10 años de tekhné (2011) Contra la ignorancia informada. Los valores ante el impacto de las nuevas tecnologías de la comunicación (2012) y un largo etcétera, en el que se incluye el prólogo a mi libro En nombre del padre y del hijo. El cine y la Biblia, por el que me invitó a unas jornadas sobre cine y cristianismo especialmente animadas. El tiempo, la distancia y los años pesan, últimamente nos veíamos más bien poco, normalmente en el curso de una manifestación, como la solidaria con los refugiados. Si no recuerdo mal, estaba acompañado por algunas compañeras del movimiento indigenista mexicano. Intercambiando numerosos correos me viene a la memoria uno en el que me contaba prolijamente que se había emocionado muchísimo al visitar la Casa Trotsky, que se había acordado de muchas discusiones durante las cuales Jaume escuchaba con atención y mostraba su opinión propia. Su muerte es una pérdida irreparable, fue de lo mejor que dio la corriente “Cristianos por el socialismo”, alguien con quien se podía contar y al que encontraba en todas las plataformas, aunque fuese de cómplice.

Ritos de paso

Enrique Ruiz del Rosal

Desde que existen la antropología y la etnología como disciplinas científicas sabemos que los denominados ritos de paso son muy anteriores a la existencia de las religiones politeístas o monoteístas. El hecho de que el nacimiento, la pubertad, el matrimonio o la muerte sean motivo de celebración no tiene sólo, ni principalmente que ver con los cambios individuales experimentados por las personas que nacen o mueren, sino con sus implicaciones públicas: es un reconocimiento de la comunidad a las nuevas relaciones que se establecen como consecuencia de estos importantes cambios.

Durante los últimos cinco siglos, salvo el breve paréntesis de la Segunda República, la imposición de la religión católica como única creencia permitida, y su identificación con el Estado y el interés público, trajeron aparejado el monopolio simbólico de la Iglesia católica (Ic, en adelante) en todos los ámbitos y, lógicamente también en los ritos de paso.

Mientras todo el espacio social y el ámbito de lo público (la rex publica) estuvieron dominadas por una particular creencia (la católica), la actividad de la Ic se equiparaba a una función “pública”, los ritos de paso eclesiales eran los únicos permitidos y los eclesiásticos que los oficiaban eran considerados funcionarios públicos.

Con la derrota del franquismo, el nacional catolicismo dejó de existir oficialmente, y la Constitución de 1978 vendría a reconocer la libertad de conciencia como derecho fundamental, así como a dar carta de naturaleza a una comunidad cívica y democrática en la que todas las creencias y conciencias individuales se sitúan en un mismo plano de igualdad.

Digo oficialmente, porque los sucesivos gobiernos constitucionales de todo signo han seguido identificando machacona e insistentemente al Estado y sus servidores públicos con la religión católica en nacimientos, bodas y óbitos, mostrando un desprecio manifiesto por los principios constitucionales que pregonan defender.

Las elecciones de 2015 permitieron el acceso al poder municipal a formaciones alternativas que se reclamaban del progreso o del cambio, pero salvo honrosas excepciones, ello no ha supuesto una apuesta decidida por un activo desarrollo de ceremonias cívicas de paso.

Sin embargo, la secularización de la sociedad, junto al pluralismo en el ámbito de las creencias (religiosas o no), hace necesario dotar a la comunidad democrática de ritos simbólicos en los que tod@s l@s ciudadan@s puedan reconocerse, es decir, de carácter universal, por lo que no tiene sentido atribuirles la intención de actos “contraprogramados” respecto a los ritos religiosos particulares (no con “bautismos laicos”, absurda expresión). Dicha secularización se refleja en el evidente descenso de los correspondientes ritos católicos en los últimos años entre 2010 y 2015, según la propia Memoria episcopal: los bautizos católicos han descendido en un 44 %, (sin poder detenerme en la barbaridad que supone adscribir a un recién nacido a una religión), las bodas un 30 % y las comuniones un 15 %.

La necesidad de que el Estado, y especialmente los ayuntamientos, desarrollen estos ritos de paso cívicos tiene un doble sentido: 1) individual, al comunicar a la sociedad que ha nacido, ha llegado a la mayoría de edad, se ha casado o fallecido una persona concreta; 2) social, para acusar recibo por parte de la comunidad de un cambio en el estado de una persona, y las nuevas relaciones que se establecen en forma de derechos y obligaciones.

Si queremos dar sentido a sociedades en que la pluralidad de creencias e ideologías puedan convivir pacíficamente en un plano de igualdad, en el que todas estén incluidas, sin privilegios para ninguna, resulta imprescindible el desarrollo de ceremonias de paso en el que tod@s se sientan incluid@s.

Es cierto que un número importante de ayuntamientos ofrece ceremonias laicas para el matrimonio civil, lo que ha supuesto que en 2015 el 69 % de los enlaces realizados en España no sea de carácter religioso; sin embargo son pocos los municipios que disponen de ceremonias de acogida civil en los que, bajo los auspicios de los valores democráticos de libertad, igualdad, justicia y solidaridad, se dé la bienvenida a su comunidad cívica a l@s recién nacid@s.

En lo referente a las ceremonias laicas de defunción existe un gran vacío ya que, si bien en ocasiones existe la posibilidad de sustituir los ritos y símbolos religiosos por otros de carácter aconfesional, son pocos los ayuntamientos que disponen de protocolos específicos de despedidas civiles.

Desde la perspectiva laicista también sería importante el desarrollo de una ceremonia cívica de ciudadanía plena, con la llegada de l@s jóvenes a su mayoría de edad. Coincidiendo con su último año de instituto, se pondría de relieve su acceso a la vida cívica y política, en su condición de ciudadan@s de pleno derecho y la capacidad de ejercer su libertad de conciencia con plena autonomía. En definitiva, el desarrollo de ritos de paso laicos pone en primer plano la relevancia cívica y política de la condición de ciudadanía y sienta las bases para el ejercicio de los valores democráticos de libertad e igualdad por l@s ciudadan@s.

La existencia del Concordato (Acuerdos de 1979) supone una hipoteca sobre el pleno ejercicio de los derechos fundamentales, así como una cesión de soberanía del Estado hacia la Ic. Pero el establecimiento de ritos de paso de carácter laico en el ámbito público estatal (Ayuntamientos, Comunidades Autónomas y Administración Central) no depende más que de la voluntad política de sus gobernantes. Nadie puede escudarse en la legislación vigente para continuar con esta actitud tan sumisa hacia los intereses religiosos.

La laicidad en la tradición protestante

Alfredo Abad

La relación de las Iglesias protestantes en Europa con la laicidad ha sido diferente según los contextos de los países y de las iglesias nacionales, a lo que se ha sumado la diversidad que supone el que su posición en la sociedad respectiva haya sido mayoritaria o minoritaria.

Sin pretender un análisis exhaustivo podemos encontrar una comprensión negativa de la laicidad entendida como secularización, y vivida como una amenaza cuando se relega el hecho religioso al mero espacio de lo privado. Este ha sido el caso por ejemplo en Alemania donde la laicidad como secularización, según el análisis de Martin Buber que la describe como “eclipse de Dios”, bien que otros teólogos como Eberhard Jüngel han defendido la aceptación de la secularización y el pluralismo como un hijo profano que no debe ser considerado como perdida sino como un desarrollo de la separación entre la iglesia y el Estado, donde la reducción del hecho eclesial no se debe considerar sinónimo de la reducción del hecho cristiano y su papel en la sociedad.

Por otra parte es tradicional, particularmente en los países del sur de Europa y de manera singular en Francia, donde hay una comprensión positiva de la laicidad entendida como reconocimiento de la independencia y legitimidad del Estado en el respeto de la libertad de culto y de la neutralidad del Estado en materia religiosa. Esta laicidad permite un diálogo abierto y transparente entre las iglesias y el Estado que es respetuoso de las prerrogativas de cada cual. (Jean François Collange).

Esta última posición se ha encontrado reconocida positivamente por las iglesias protestantes en la Constitución Europea que en su artículo 1-52 establece el reconocimiento de la aportación específica y la identidad de iglesias y organizaciones y su responsabilidad como Unión Europea en mantener un diálogo abierto transparente y regular. Este posicionamiento queda lejos del programa de Jacques Delors con el título de “Dar un alma a Europa” favoreció una cooperación mucho más positiva, pero al menos establece unos mínimos considerables.

Desde la consideración histórica hay una connivencia profunda entre protestantismo y laicidad, entendida como respeto a la libertad de cultos y neutralidad del Estado. La comprensión positiva de esta división de funciones contempla la responsabilidad del Estado de establecer un marco legal que permita un ejercicio efectivo de la libertad religiosa, que el protestantismo ha reclamado siempre que fuese extensivo a otras religiones y creencias. En este posicionamiento inclusivo se ha defendido, por ejemplo, en situaciones de mayoría protestante como en los países nórdicos que los derechos de la mayoría, en muchos casos luterana, fuesen extensivos a las minorías, por ejemplo la iglesia católica. El protestantismo desarrolló el sentido de la libertad y de la responsabilidad individuales, siempre teniendo en cuenta los problemas del comunitarismo, en este sentido la laicidad debe ser un espacio abierto en el corazón de la sociedad para que se desarrolle la convivencia y no un dogma excluyente.

Para el protestantismo las raíces de la laicidad se remontan al Nuevo Testamento donde el propio Jesús distingue entre lo que es de César y lo que es de Dios (Marcos 12, 14 y paralelos) o ante Pilato señalando que su Reino no es de este mundo (Juan 18, 36). La Reforma, con esta inspiración bíblica distingue entre los “dos Reinos”, poder civil y poder espiritual, en esta distinción abundan Lutero y Calvino con diferentes acentos. La preocupación no era principalmente entonces la garantía de la autonomía del poder civil, sino la de la libertad del poder espiritual y de la predicación del Evangelio. La prioridad para los reformadores era la libertad de conciencia y la promoción del libre examen. La Reforma trabajó a favor de una religión menos clerical e incluso de una laicidad de la institución religiosa. Esta desacralización es en cierto sentido una promoción de una laicidad positiva con tres objetivos fundamentales: 1) Permitir la libre proclamación del Evangelio, 2) Liberar las conciencias y 3) Asegurar el respeto de la ley de Dios, del orden y de la justicia. La preocupación de la reforma en el siglo XVI no era solo la desacralización del hecho religioso sino de la misma sociedad y de la injerencia del poder civil en el ámbito de lo religioso y de la conciencia libre.

Para la publicación que nos ocupa es importante traducir estas consideraciones en nuestro contexto español. Las diferentes constituciones tanto liberales como conservadoras que jalonan los siglos XIX y XX no hacen gala de la neutralidad del Estado, con la única excepción de la Constitución de 1931 que aun supera a la actual vigente de 1978. Esta última garantiza la libertad religiosa en su artículo 16, aunque señala una prioridad en la cooperación positiva del Estado con las religiones a favor de la Iglesia católica, lo que no casa muy bien con el artículo 14 sobre la no discriminación.

La FEREDE, Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España, ha reclamado con insistencia la neutralidad del Estado en muchos aspectos, ya que a pesar de la ley de libertad religiosa de 1980 que garantiza como derecho fundamental la libertad de culto, pero que obvia el acuerdo internacional o Concordato suscrito con la Iglesia Católica y que precede a esa legislación y queda por encima de ella. Coincidimos con los defensores de la laicidad en nuestro país que hay en nuestro ordenamiento categorías de religiones: la que tiene un Concordato internacional, las que tienen acuerdos de cooperación, las que tienen reconocimiento de notorio arraigo y las demás. Estas categorías afectan sensiblemente a la financiación del Estado a través del IRPF que no es neutral ni considera en igualdad a todas las religiones privilegiando a la Iglesia católica. Se echa de menos también que la religión mayoritaria goce de privilegios que no hace extensivos al resto de las religiones o confesiones y se echa de menos el desarrollo de la normativa por ejemplo mediante el establecimiento de acuerdos de cooperación, por ejemplo, con las iglesias ortodoxas, obligadas a la cooperación con el Estado a través del marco no natural para ellas de la FEREDE.

La laicidad y neutralidad del Estado español están lejos de corresponder con las pretensiones de su normativa y no sólo en el ámbito de la administración estatal, sino por ejemplo en la gestión del patrimonio o en la financiación de los Ayuntamientos a las actividades de cofradías y de la iglesia católica donde es manifiesta la discriminación.

Esta falta de neutralidad se ha hecho patente en los funerales de Estado, como ejemplo de elevado contenido simbólico, donde ha sido patente la celebración de un rito católico con invitación, en el mejor de los casos, a otras confesiones, en lugar de la promoción de un rito interconfesional o ecuménico. Teniendo en cuenta particularmente la condición religiosa de las víctimas.

Desde el protestantismo seguimos reclamando una desacralización en nuestro país de lo político que actúa con una participación publica en numerosos actos a favor de lo que se considera la mayoría sociológica. Este argumento puede justificar una cierta desproporción, pero nunca la exclusividad ni mucho menos la identificación de responsables políticos con una sola confesión.

Desde el protestantismo seguimos reclamando una laicidad positiva que sea garante de la neutralidad en un diálogo abierto que garantice la libertad de cultos la igualdad de trato. No pretendemos la extensión de privilegios de carácter religioso que rechazamos, como también rechazamos que la normalización del pluralismo religioso se dilate en el tiempo, lo que nos ha llevado en ocasiones significativas a denunciar al Estado español ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos que ha reconocido actuaciones actuales de discriminación.

La relación con la laicidad para el protestantismo es positiva, en particular en contextos minoritarios donde la neutralidad ayuda a la igualdad, y siempre donde el diálogo considere el hecho religioso como un factor público de integración y de cohesión social. No compartimos un laicismo que relegue el hecho religioso al ámbito privado especialmente cuando por razones sociológicas esa manera de actuar sea un mero maquillaje de la discriminación.