Rumbo a Medellín. 50 años de opción por los pobres

Evaristo Villar

Desde hace ya algún tiempo los movimientos cristianos de base de toda América Latina vienen preparando un macroencuentro en la ciudad colombiana de Medellín para celebrar,   entre el 27 y 31 de agosto 2018,  el 50 aniversario de la II Asamblea General del Episcopado Latinoamericano (CELAM  o Consejo Episcopal Latinoamericano) que tuvo lugar hace 5 décadas  en esa misma  ciudad.

  1. Medellín 68. Medellín 68 marcó un antes y un después en la imagen del catolicismo latinoamericano. En pocas palabras, se puede decir que Medellín puso en marcha tres movimientos simultáneos en la Iglesia latinoamericana: la recepción del Concilio Vaticano II —de marcado carácter eurocéntrico—, el despegue del modelo de cristiandad — muy arraigado institucional y popularmente en el cristianismo de la época— y la emergencia de un nuevo modelo de Iglesia,  posteriormente desarrollado en la floración de Comunidades Eclesiales de Base y en la Teología de la Liberación.

La segunda Conferencia del CELAM apareció en un marco político y socioeconómico muy concreto. Políticamente surge en un continente crispado por el enfrentamiento entre las dictaduras militares impuestas por el imperio y  la proliferación de las guerrillas emergentes. Y socioeconómicamente irrumpe  en medio de la tensión creciente entre dos teorías o prácticas marcadamente enfrentadas:  de un lado, la Alianza para el Progreso —una especie de reformismo a lo Plan Marshall que pretendía controlar,  contra el “mal ejemplo” de Cuba,  el proceso de cambio en América (considerada “patio trasero de del imperio”) desde el subdesarrollo hasta  el progreso);  y, de otro lado,  la Teoría de la dependencia, radical e incisiva,  que luchaba por romper la relación causal entre el bienestar del Primer Mundo y la precariedad y pobreza del resto de mundos dependientes.

En este contexto, el episcopado latinoamericano hizo en Medellín tres inmersiones de enorme repercusión  tanto  en América Latina como en el resto del mundo cristiano,  principalmente en Europa y, singularmente, en España: en primer lugar,  “se hizo cargo” de la situación de un continente injustamente empobrecido y asolado por las guerras de baja intensidad. —A juicio de Gustavo Gutiérrez, este “mirar cara a cara sus problemas” y descubrir que, además de las guerras,  “la pobreza no era el único pero sí el más grande desafío al anuncio del evangelio”, fue la mayor aportación significativa de la Conferencia de Medellín—.  En segundo lugar y asumiendo las palabras de Juan XXIII al inicio de Concilio sobre una “Iglesia de los pobres”, — que, por cierto,  no llegó a abordar  directamente el Concilio Vaticano II— los obispos latinoamericanos decidieron  “optar por los pobres” como aparece, de diversas formas expresado,  a lo largo de sus documentos. ¡Sin lugar a dudas, esta fue una de las apuestas de mayor calado y trascendencia de la II Conferencia de Medellín! Y, finalmente, como forma más práctica y eficaz  de llevar a cabo esta opción por los pobres, los obispos reconocieron  y dieron su impulso a las incipientes Comunidades Eclesiales de Base. Esta forma social de vivir y anunciar el mensaje de Jesús se propagó pronto  al resto del mundo cristiano.

  1. 50 años después. La decisión de celebrar el 50 aniversario de la Asamblea de Medellín entre los cristianos y cristianas de base se tomó en septiembre del pasado año en Colombia. Es cierto que Medellín 68 no fue una asamblea de las bases cristianas sino de la jerarquía, pero en los documentos hay algo que sintoniza bien con la base eclesial y el espíritu del papa Francisco. Me refiero exactamente a la opción por los pobres, a la presencia cristiana en el mundo —siguiendo la inspiración de la constitución Gaudium et Sepes del Vaticano II— y a la apuesta por cultivo y la vivencia de la fe en sociedad o en comunidad.

Todo comenzó con la convocatoria hecha por diferentes organizaciones, unas propiamente colombianas y otras de ámbito internacional. Entre las primeras cabe señalar las siguientes: Mesa Ecuménica, Comisión Intereclesial de Justicia y Paz, Fe y Territorios, El Diálogo Intereclesial por la Paz de Colombia (DIPAZ), Comunidades construyendo paz en los territorios (CONPAZ), Congregación Hermanas Misioneras de la Madre Laura (Lauritas),  Universidad Javeriana, CIDEP, Iglesia Menonita (Medellín), Iglesia Luterana (Medellín) y Pax Christi (Medellín); entre las instituciones internacionales:  Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad con los Pueblos de América Latina (SICSAL de México, El Salvador, Ecuador, Argentina, Australia y Colombia),  Justicia y Paz de la Congregación Claretiana, Fundación Pueblo Indio (Ecuador),  Comunidad Santo Tomás de Aquino (Madrid), Universidad DePaul, (Estados Unidos) e  Iglesia Sueca. En resumen,  25 personas, de 17 instituciones y de 10 países (Colombia, Estados Unidos, México, El Salvador, Costa Rica, Ecuador, Argentina, España, Australia y Suecia).

En el transcurso de tres encuentros maratonianos – 04 de septiembre en la Universidad Javeriana de Bogotá, 10 de septiembre con las Iglesias Luterana y Menonita de Medellín, y 11 de septiembre en el Centro de Formación Santa Laura de Medellín— se fueron perfilando:  los objetivos generales (legado religioso y civil de Medellín 68) y específicos (celebración e intercambio de experiencia martiriales y liberadoras a la luz de los nuevos signos de los tiempos y de la presencia de Monseñor Romero y del papa Francisco); los criterios (en forma de proceso, horizontal y participativo,  desarrollado en cinco  tiempos —ver, juzgar,  actuar, y celebrar—, macroecuménico y, aunque centrado en el continente latinomericano, abierto al resto del mundo).

Finalmente, se estableció una secretaría general con 7 comisiones y un cronograma de trabajo al que se ha venido ajustando el proceso de preparación.

Santiago Agrelo, posada y lumbre en la frontera

Luis Pernía Ibáñez

Cuando le conocí, aquella noche, venía de la Autovía TangerMed-Ceuta, zona de Beliones, mojado por la lluvia y con la preocupación de que las mantas que había llevado con su compañero camerunés no fueran suficientes para aquellos inmigrantes arrancados de la vista por miedo a la policía, perdidos en la neblina del bosque y en la noche.

Una y otra vez nos decía: “Se han ido ateridos, empapados, envueltos en la niebla…”. Eran grupos de jóvenes inmigrantes escondidos como si fueran los excluidos, los ilegales, los irregulares, los condenados a la soledad y a la intemperie… los leprosos  para los que no hay lugar en nuestro campamento.

Tánger es un lugar de tránsito de inmigrantes camino de Europa. Un punto donde confluyen varias rutas y desde donde es posible encontrar la patera deseada para cruzar el Estrecho. Es por excelencia una ciudad de paso y de alguna manera también un punto de encuentro entre el Norte opulento y el Sur empobrecido.

Aunque su origen se pierde en la mitología grecorromana y bereber donde se narra que Tánger fue construida por un hijo de Tingis, llamado Syfax, donde Tingis sería la esposa del héroe bereber Anteo, rey líbico, hijo de Poseidón y Gea, hoy es especialmente una ciudad de tránsito para muchos ciudadanos africanos que esperan cruzar el Estrecho hacia la Europa.

Por otra parte, la diócesis de Tánger, de la que es Arzobispo Agrelo, desde 2007, cuando Benedicto XVI le llamó siendo párroco en la diócesis de Astorga y profesor en el Instituto Teológico de Compostela, es grande en extensión, pero pequeña en cuanto número de fieles, que no pasarán de 2.000 los católicos. Las seis parroquias que la componen están muy enraizadas en la sociedad marroquí, con una particular simbiosis. Muchos de sus servicios sociales van orientados a las personas migrantes en tránsito: asesoramiento jurídico, atención psicológica, atención sanitaria, talleres de reciclaje o de artes plásticas, ropa y ducha.

En este escenario se mueve Santiago Agrelo, que de alguna manera se puede entender como un obispo en la frontera entre un mundo maltratado y otro que se ofrece en la distancia rico y poderoso. Y mientras hacía alguna consideración de este complejo escenario, Agrelo nos hacía entender que la frontera no es la valla, ni las cuchillas, ni la Guardia Civil. Él piensa que es mucho más. ¿Pero quién soy yo para impermeabilizar esa frontera? ¿Tengo yo más derecho que el que tiene el pobre a traspasarla? Cuando se trata de legislar respecto a los pobres lo hacemos siempre los ricos, y siempre desde nuestra perspectiva. En ese sentido, las fronteras son racionales para los ricos, pero son irracionales, absurdas, opresoras y discriminatorias para los pobres.

Cuando nosotros le hablamos de nuestro proyecto de un Observatorio en la Frontera Sur, nos anima a seguir en esa línea y en el compromiso con la gente desfavorecida y reitera que la cercanía con la que vives la pobreza te cambia tu visión de la realidad. Poniendo su propio ejemplo: En 2005, yo era párroco en la Diócesis de Astorga. Hubo un intento de salto a la valla de Ceuta y murieron cinco inmigrantes. Recuerdo que pensé: “qué vienen a hacer, quién les manda subirse a la valla, la Guardia Civil tiene que rechazarlos”. Ése era mi pensamiento. Luego llego a Marruecos y me encuentro con ellos. Y mi pensamiento ha cambiado. Porque una cosa es hablar de la pobreza y otra cosa es encontrarte con el pobre. Ahora ya sé por qué suben a esa valla. Mil cosas empujan a esas personas a una valla a la que nunca hubieran querido acercarse si hubieran tenido otra posibilidad.

En los alrededores de Ceuta hay emigrantes. No sé cuántos son. Sé que son seres humanos. Sé que no tienen papeles, pero tienen hambre. Sé que no están autorizados a estar donde están, pero tienen derecho a buscarse un futuro para sí y para sus familias. Sé que las autoridades los consideran una amenaza, aunque la realidad es que las autoridades son una amenaza para ellos.

En aquella conversación, en la habitación de su convento, hablábamos también del problema de encontrar viviendas para las personas inmigrantes en Málaga y él sentía en sus propias carnes el que hubiera tantas casas y conventos religiosos prácticamente vacíos y nos abrió su corazón: “Quiero una iglesia que sea percibida como pobre entre los pobres que comparte lo que tiene”.

El 10 de junio cumplió 75 años y pidió, como está establecido, la dimisión al papa Francisco. Mientras llega la aceptación, su mirada mística a la frontera seguirá sacudiendo a un Occidente “voluntariamente ciego”. Recordándonos que los pobres han venido desde lejos para salvarnos. Si no hay futuro para los pobres en la Iglesia tampoco lo hay para una Iglesia sin pobres.

Cuando dejamos la casa de Agrelo de la calle Sidi Bouabid, 35, y la suave brisa del mar inundaba los aledaños de la Medina que se abría a nuestros pies, nos preguntábamos sobre la figura de este obispo franciscano; alguien del grupo recordaba la respuesta que le dio a un periodista a una pregunta sobre Dios. “Sí… No sé si se entenderá si digo que Dios es de izquierdas. Con lo cual no digo que sea del PSOE o de Izquierda Unida. Dios sería de derechas si se preocupara de Dios, pero es de izquierdas porque se preocupa de ti y de mí. La Iglesia ha de mostrar que no se preocupa de sí misma ni de Dios, sino del otro”.

Mientras acudíamos a la Librairie des Colonnes, ya tarde, para comparar Le pain nu, de Mohamed Choukri, ciudadano de Tánger en su infancia, a quien trajimos a Málaga hace algunos años para recordarnos aquello del hambre como paisaje moral, nos sentimos como los protagonistas de The Sheltering Sky (El cielo protector ), que también pisaron Tánger, pero en nuestro caso atraídos y conmocionados por ese algo especial de este hombre de fe, transeúnte de fronteras, que invitaba a todos, de aquí y de allá, a “convertirse a los pobres”.

Martín Luther King, profeta de esperanza

Alfredo Abad

La imagen que nos ofrece el pastor bautista Martín Luther King Jr., en mucho de lo que nos ha llegado de él, se concentra en su lucha con la segregación racial. Es evidente que en este campo el premio Nobel de la paz de 1964 reconocía su resistencia no violenta a esa discriminación, y a esa causa dedicó el premio otorgado por el Comité Nobel del Parlamento Noruego. De hecho el inicio de su discurso se refiere a la “guerra para terminar con la larga noche de la injusticia racial”, pero también se refiere a su fe audaz en el futuro de la humanidad que se niega a aceptar, entre otras cosas, que el hombre sea incapaz de influir en el curso de los acontecimientos que le rodean y se niega a aceptar “la idea de que la humanidad está trágicamente vinculada a la opaca medianoche del racismo y de la guerra, que hacen imposible alcanzar el amanecer de la paz y la fraternidad”.

En el tiempo que vivimos la conmemoración en este año del 50 aniversario de su asesinato en Memphis (Tennessee), un 4 de abril de 1968, tiene que alentarnos a seguir combatiendo todas las fobias que nos sumen en la oscuridad, entre ellas la racista, pero también la xenófoba, aporofobia, sexista y todas las formas de segregación y discriminación que minan la dignidad humana y desintegran la cohesión social. Quiero señalar en estas líneas la que considero mayor virtud del profeta Martin Luther King Jr.: La esperanza.

El teólogo alemán Jürgen Moltmann escribía el mismo año de la muerte del pastor bautista sobre este que tomo partido por los negros y los pobres, pero que “nunca olvidó que los blancos también estaban necesitados de liberación y redención de su orgullo y de su angustia”. El modo de combatir la decadencia de las exclusiones fue para Martín Luther King Jr. inclusivo, desde el amor a los enemigos, como cita en uno de sus sermones en su libro La fuerza de Amar (1963), sin aceptar la injusticia ni la falta de humanidad, sin destruir a la persona pero combatiendo la opresión. Moltmann refiere también que Luther King hablaba desde un ámbito de verdad que no dependía del poder político y sus reglas del juego, un hombre inmune a la angustia, el miedo y la seducción del poder. Esto fue lo que le convirtió en una auténtica amenaza para el poder, Moltmann propone que “hay que reducir el póker del poder al ajedrez de la razón”.

Aunque no era un protestante liberal, y así lo expresa en sus trabajos sobre el concepto de Dios en Karl Barth o en su comparación entre las teologías de Tillich y Wieman, Martín Luther King Jr. profesaba una convicción profunda en el uso de la inteligencia al acercarse a los textos bíblicos, rechazando los fundamentalismos literalistas. Este aspecto es obvio en sus sermones, como lo es en su aproximación a la no-violencia como método. En su libro Los viajeros de la libertad (publicado en castellano en 1963 por Ed Fontanella) cite entre las fuentes de su pensamiento a Walter Rauschenbusch, con el que llega a la conclusión de que cualquier religión que se precie de interesarse por las almas de los hombres y no se interese por las condiciones sociales y económicas que mortifican el alama, es espiritualmente una religión moribunda. Se refiere a su caminar hacia la no-violencia como un “peregrinaje intelectual” y a que aprendió que el inseparable gemelo de la injusticia racial era la injusticia económica.

En numerosas ocasiones hace referencia, este pastor bautista nacido en Atlanta, cuanto le debe la segregación y la injusticia económica a la complicidad de los silencios y a la falta de compromiso de todos los que han perdido la esperanza del cambio. Moltmann, en el mismo artículo citado hace referencia a Rauschenbusch que dijo “La cristiandad ascética llamó al mundo malo y lo abandonó. La humanidad está esperando una cristiandad revolucionaria que llame al mundo malo y lo cambie”.

Luther King fue parte de esa cristiandad revolucionaria, es famosa la cita de su último discurso que se refiere a que cuando nos presentemos ante Dios se nos reclamará no haber hecho lo suficiente. En su libro ¿A dónde vamos?: caos o comunidad (1967, publicado en castellano en 1967 por Ed Ayma) hace referencia a esa misma cuestión: “Ni el negro no el blanco han hecho lo suficiente para esperar la llegada de un nuevo día. (…) La libertad no se conquista con un pasivo y sufrido acatamiento; la libertad se conquista con la lucha contra el sufrimiento”. En ese mismo libro expresa la necesidad de que el entendimiento se construya, no es algo que nos vamos a encontrar en cualquier momento, sino que debemos crearlo.

La principal herramienta que dio aliento a este profeta fue su inquebrantable esperanza en una nueva humanidad. Como señala uno de sus biógrafos no estuvo sólo preocupado por la segregación en los estados del Sur de los Estados Unidos, sino por el alma de América, sometida al poder del dinero y a los silencios cómplices que habían desvirtuado la democracia y que junto a las leyes que ampliaban el marco de las libertades dictaba otras que lo restringían, como ocurrió con la integración en las escuelas. Una de sus denuncias, fue que tras trescientos años de esclavitud y cien años desde la modificación de las enmiendas a la Constitución, XIII aboliendo la esclavitud (1865), XIV consagrando la igualdad de derechos (1866), y XV estableciendo el sufragio universal (1870) “sin distinción de raza, color o previa servidumbre” no se había avanzado lo suficiente y la segregación y la injusticia seguían reinando con la connivencia de los que defendían sus privilegios. Para Martín Luther King esta ausencia de coherencia y de esperanza provocó, entre otras razones, los acontecimientos de 1965.

Su esposa, Coretta Scott King, en el prólogo de su libro El clarín de la conciencia de todo el mundo (1967), pide que se le recuerde “como un tambor mayor de la justicia, un tambor mayor de la paz, un tambor mayor de la razón” y anima a buscarle donde los individuos valerosos se enfrenten en los males de la sociedad. En este libro reclama, basándose en la historia de las revoluciones en Estados Unidos, como animó la esperanza la lucha con el poder absolutista y se alcanzó la república democrática, pero señalando que las naciones desarrolladas no pueden ser una isla de prosperidad inmensa en un océano de miseria: “La tempestad no se calmará hasta que los frutos de aquella isla permitan a cada hombre vivir con la dignidad y el decoro que exige la condición humana”.

Martín Luther King señala que el amparo de esa prosperidad son el aislamiento y las armas. Idénticos recursos a los que hoy en día se aplican levantando muros y creando en nuestras sociedades modernas amparo a la brecha de la desigualdad, mortandad en las fronteras cerradas a la migración y el refugio y criminalización de los otros considerándolos una amenaza y aplicando políticas de securitización que resultan criminales por necesidad. Estos reflejos son la negación de la esperanza en una nueva humanidad, preocupada la vieja humanidad por garantizar sus privilegios. Con el mayo del 68 todavía alentando el teólogo francés Georges Casalis reclamaba “Una teología del Dios déspota, reinando sobre un universo aterrorizado, deja paso a una teología de la solidaridad humana, animada, fundada, inspirada, transfigurada por la presencia de Cristo en la historia (…) confesado como liberador de su pueblo”.

He escogido expresamente citar a dos teólogos que escriben, con esperanza, el mismo año de la muerte de Martin Luther King Jr. Mucho ha llovido desde entonces y las teologías de la liberación, negra, feminista, etc. pueden bien reclamarse en la herencia de estos mismos impulsos, porque son teologías de la esperanza.

Finalmente, en su libro Porque no podemos esperar (1964) (publicado en castellano en 1964 por Ed Aymá) este profeta de la esperanza denunciaba el “tokenism” entendiendo que este “trozo de metal utilizado como una moneda” era el gran frustrador de los sueños y las aspiraciones. Se refería a las fichas que sustituían al dinero y a las que se podía negar su valor, decía: “El tokenism es un pagaré. La democracia en su acepción más verdadera, es el pago en efectivo”. Vivimos en una sociedad donde el vacío de contenidos de las democracias las convierte en democracias “zombies”, según la noción de Ulrich Beck, donde la participación ciudadana se ha hecho simbólica e insignificante por lo que se atreve a habla de democracias que parecen vivas, pero que en realidad están muertas, vacías de vida y vacías de esperanza, añado. Necesitamos recuperar el impulso esperanzador de las mujeres y los hombres que se crean que se puede cambiar y que se puede aspirar a una humanidad más fraterna. Para Martín Luther King el regateo de las libertades, señala en este mismo libro, afecta a toda la sociedad y la superación de las discriminaciones en los derechos civiles mejora toda la sociedad. Por eso, nosotros hoy y rindiéndole homenaje, tampoco podemos esperar.

Jaume Botey, testigo clarividente en nuestros días

Evaristo Villar

Jaume Botey es otro brillante testigo de nuestros días. Nos ha dejado hace apenas un par de meses, pero el recuerdo de su carácter afable y cariñoso, su inteligencia y su decidido compromiso con las víctimas del sistema y su empeño por revertir el actual curso inhumano de la historia van a permanecer durante mucho tiempo entre quienes tuvimos la suerte de conocerlo y tenerlo por compañero y amigo.

No podría ni quisiera centrar esta breve presentación en un solo campo de su rica personalidad. La de Jaume fue una personalidad polifacética, serena pero decidida y desbordante, como iremos viendo. Con los pies bien plantados sobre la tierra, sin evasiones (“la verdad, Pilato, está en los pobres”, como diría Van der Meersch) y la mirada abierta a los “nuevos signos de este tiempo”, Jaume ha sido una de esas presencias que enriquecen y hacen más bella la vida humana sobre el planeta. Compromiso y Esperanza (ambos con mayúscula) pudieran reflejar la rica personalidad de este hombre que supo se gratuito haciendo de su vida una donación para los demás.

Para quienes no hayáis tenido el privilegio de conocer a Jaume os ofrezco estos dos testimonios, surgidos espontáneamente bajo la impresión y el calor de su partida:

  1. Como se quiere a un hermano (Evaristo Villar)

En Jaume ha marxat aquesta nit sense fer soroll. L’abraçada i parlàvem d’ell serenament, quan ha fet els últims respirs molt suaus. Agraida per haver pogut fer un tram del camí en comú i a la vegada molt trista. Confortada per les mostres d’estimació rebudes. Una abraçada. Pilar Massana (16 de febrero de 2018).

Ante la triste noticia que me comunicaba por whatsApp Pilar Massana, su pareja y cómplice más cercano, me brotó desde muy adentro este “Recuerdo agradecido”.

A Jaume yo lo he querido como se quiere a un hermano;

no me preguntes por qué, nos bastaba solo con mirarnos.

Compañeros en causas justas, militantes en tantas apuestas.

Cada día, en plétora los desafíos; cada persona, un manantial de promesas.

Mientras la gente gime y llora, ninguna institución es eterna:

hay que transformar este mundo, hay que rehacer esta Iglesia…

¡Y tú te vas ahora, hermano, cuando el invierno es más recio!

¡Cuando la semilla aún dormita bajo la nieve y el hielo!

Quién nos gritará desde las raíces de este mundo desquiciado?

Quién nos convocará a plantarle cara al maldito imperio del mercado?

Cuando volvamos a Redes y ya no te veamos dentro

envidiaremos al cielo que te nos ha robado en secreto.

Y tú ahora te vas, Jaume, con el corazón de humanidad lleno

Y a mí me queda la pena, esperando un nuevo encuentro.

  1. Jaume Botey, cristiano por el socialismo (Pepe Gutiérrez en Revista Poder Popular)

Se ha marchado como los hijos de la mar Jaume Botey i Vallés (Barcelona, 1940), un personaje en todo punto respetado y apreciado desde todas las izquierdas, y con especial énfasis por la radical porque, al igual que su compañera Pilar, estuvieron en todas las guerras y algunas más. Licenciado en Teología, Doctor en Antropología y Filosofía, profesor del Instituto de Bachillerato Torras y Bages de Can Serra (1968-75) y profesor de historia de la Universidad Autónoma de Barcelona desde 1975, siempre desde una integridad fraternal y afectuosa, con la ironía catalana o británica, qué más da, con su cristianismo ecuménico. O sea, el de los primeros cristianos que compartían bienes y espiritualidad y que nunca albergó la menor duda de una opción por los “nadies”, como algo que además se concretaba en el compromiso, que es decir también la esperanza. Nunca dudó de que los últimos debían ser los primeros, que los pobres heredarán la Tierra (si es que el triunfal-capitalismo deja algo que heredar).

Llegó al barrio de Can Serra de L’Hospitalet de Llobregat en 1968, allí se hizo parte del paisaje vinculado al movimiento vecinal y cultural crítico de la ciudad, con un Instituto donde se “hacían un montón de cosas” y del que salieron chicos y chicas radicalizados contra el franquismo, que era la negación de todo lo que había de bueno en este país de países… Una escuela en la que “se daba catalán” cuando esto se hacía en muy pocos lugares.

Se le veía en todo lo que se movía en el barrio, como uno de los promotores de las Escuelas de Adultos y de la Casa de la Reconciliación, donde impartió clases Manolo Sacristán o en actos multitudinarios, por ejemplo de la Assemblea de Catalunya, en los que uno no se cortaba un pelo en preguntar sobre cómo era posible que se confiara en una burguesía catalana que lo primero que hacía era llamar a la policía cuando sus trabajadores hacían huelga… O en sesiones de cine-club, debatiendo sobre lo que había delante y detrás de las películas. O con invitaciones a personajes del exilio como Francisco Carrasquer, uno de los “profetas”, como le gustaba llamar a Jaume, aunque predicaran que el catolicismo desapareció de las “comunas de Aragón”.

Candidato del PSUC en las primeras elecciones municipales, no era lo que se dice un “hombre de partido”, aunque admiraba y le gustaba rememorar cómo este partido llegó a ser por sí mismo “un movimiento” que, en lugares como Can Serra, trabajaba porque “els altres catalans” se sintieran en su casa, que lo era aunque fuese en aquellos bloques en los que las mujeres, hechas de hablar de lo divino y lo humano, quedaban encerradas. Fue concejal de Enseñanza del Ayuntamiento de L’Hospitalet (1979-1983), vivió la crisis de este partido con desgarro y no precisamente desde la posición “eurocomunista”, porque, como era bastante común entre los curas obreros y los cristianos de base, se sentaban a la izquierda sin olvidar su mordiente anticapitalista. En 1984, Jaume fue fundador del Centro de Estudios de l’Hospitalet, uno de los baluartes del “memorial de L’Hospitalet antifranquista”, compuesto por todos los colores, desde los catalanistas hasta los trotskos, no menos proféticos, como el que escribe. Escribió sobre la gente de Can Serra, debatió en todos los encuentros del cristianismo de base, en las asambleas de “mientras tanto” y, en 1999, recibió el Premio de Honor de la ciudad de L’Hospitalet en un acto inolvidable de exaltación de la resistencia, en el que quedaron patentes dos cosas: todo lo que lo queríamos y su sencillez.

Igualmente fue presidente de la Casa de Nicaragua y de la Cooperativa L’Olivera de Vallbona de les Monges, se apuntó a la primera Iniciativa per Catalunya en la onda de la Izquierda Unida de Julio Anguita, para acabar siendo uno de los fundadores de Esquerra Unida i Alternativa en tiempos de estupor. De aquel tiempo recuerdo personalmente que formó parte de un “petit comité” en el empeño de reforzar las posiciones de la izquierda, y del que formamos parte también Paco Fernández Buey, Miguel Riera con El Viejo Topo a cuesta –una revista en la que Jaume fue un habitual y en la que se puede encontrar sus mejores trabajos, aparte de participar o coordinar algún libro colectivo–, Víctor Ríos y otros y otras, no muchos ya que la “asamblea” raramente sobrepasaba la mesa de una café de las proximidades.

Como no podía ser de otro modo, tomó parte activa de los movimientos alterglobalizadores, de solidaridad y por la paz. Ha sido observador internacional en El Salvador, Nicaragua, Chiapas, Irak, en los campamentos de refugiados Palestinos en Líbano, entre otros, y siempre con la compañía de Pilar, con quien formó una pareja en cuya alegría y afectuosidad nos gustaba mirarnos los que conocíamos relaciones más o menos tormentosas. Estuvo comprometido con la reflexión sobre el diálogo intercultural y entre religiones. Lo dicho, trabajó en muchos frentes. Era de esas personas que siempre encontrabas en las “manis”, incluidas las más tristes y minoritarias: allí estaba en los días del 15-M, ya reacio y desconfiado de los aparatos partidarios, votando a Esther Vivas o al lado de Arcadi Oliveras, otro cristiano que tal, miembro como él de Cristianisme y Justícia.

El Jaume escritor y divulgador es coautor de la primera Bibliografía de l’Hospitalet (1984) y autor de Cincuenta y cuatro relatos de inmigración (1986). Además ha publicado, entre otros libros, Alpha 63. Hechos y legados (2010), El colapso del sistema. Bases para pensar el nuevo milenio (2014), El Olivo: tierra y gente (2014) y ha escrito en obras colectivas como Los dueños del mundo o los cuarenta ladrones (2002), No pasarán… Aunque lleven trajes. La lucha contra la extrema derecha hoy (2010), Análisis de los libros de texto de ciencias sociales desde una perspectiva de paz (cuarto de ESO, 2008-2011), Educación, gestión y territorio: 10 años de tekhné (2011) Contra la ignorancia informada. Los valores ante el impacto de las nuevas tecnologías de la comunicación (2012) y un largo etcétera, en el que se incluye el prólogo a mi libro En nombre del padre y del hijo. El cine y la Biblia, por el que me invitó a unas jornadas sobre cine y cristianismo especialmente animadas. El tiempo, la distancia y los años pesan, últimamente nos veíamos más bien poco, normalmente en el curso de una manifestación, como la solidaria con los refugiados. Si no recuerdo mal, estaba acompañado por algunas compañeras del movimiento indigenista mexicano. Intercambiando numerosos correos me viene a la memoria uno en el que me contaba prolijamente que se había emocionado muchísimo al visitar la Casa Trotsky, que se había acordado de muchas discusiones durante las cuales Jaume escuchaba con atención y mostraba su opinión propia. Su muerte es una pérdida irreparable, fue de lo mejor que dio la corriente “Cristianos por el socialismo”, alguien con quien se podía contar y al que encontraba en todas las plataformas, aunque fuese de cómplice.

Ritos de paso

Enrique Ruiz del Rosal

Desde que existen la antropología y la etnología como disciplinas científicas sabemos que los denominados ritos de paso son muy anteriores a la existencia de las religiones politeístas o monoteístas. El hecho de que el nacimiento, la pubertad, el matrimonio o la muerte sean motivo de celebración no tiene sólo, ni principalmente que ver con los cambios individuales experimentados por las personas que nacen o mueren, sino con sus implicaciones públicas: es un reconocimiento de la comunidad a las nuevas relaciones que se establecen como consecuencia de estos importantes cambios.

Durante los últimos cinco siglos, salvo el breve paréntesis de la Segunda República, la imposición de la religión católica como única creencia permitida, y su identificación con el Estado y el interés público, trajeron aparejado el monopolio simbólico de la Iglesia católica (Ic, en adelante) en todos los ámbitos y, lógicamente también en los ritos de paso.

Mientras todo el espacio social y el ámbito de lo público (la rex publica) estuvieron dominadas por una particular creencia (la católica), la actividad de la Ic se equiparaba a una función “pública”, los ritos de paso eclesiales eran los únicos permitidos y los eclesiásticos que los oficiaban eran considerados funcionarios públicos.

Con la derrota del franquismo, el nacional catolicismo dejó de existir oficialmente, y la Constitución de 1978 vendría a reconocer la libertad de conciencia como derecho fundamental, así como a dar carta de naturaleza a una comunidad cívica y democrática en la que todas las creencias y conciencias individuales se sitúan en un mismo plano de igualdad.

Digo oficialmente, porque los sucesivos gobiernos constitucionales de todo signo han seguido identificando machacona e insistentemente al Estado y sus servidores públicos con la religión católica en nacimientos, bodas y óbitos, mostrando un desprecio manifiesto por los principios constitucionales que pregonan defender.

Las elecciones de 2015 permitieron el acceso al poder municipal a formaciones alternativas que se reclamaban del progreso o del cambio, pero salvo honrosas excepciones, ello no ha supuesto una apuesta decidida por un activo desarrollo de ceremonias cívicas de paso.

Sin embargo, la secularización de la sociedad, junto al pluralismo en el ámbito de las creencias (religiosas o no), hace necesario dotar a la comunidad democrática de ritos simbólicos en los que tod@s l@s ciudadan@s puedan reconocerse, es decir, de carácter universal, por lo que no tiene sentido atribuirles la intención de actos “contraprogramados” respecto a los ritos religiosos particulares (no con “bautismos laicos”, absurda expresión). Dicha secularización se refleja en el evidente descenso de los correspondientes ritos católicos en los últimos años entre 2010 y 2015, según la propia Memoria episcopal: los bautizos católicos han descendido en un 44 %, (sin poder detenerme en la barbaridad que supone adscribir a un recién nacido a una religión), las bodas un 30 % y las comuniones un 15 %.

La necesidad de que el Estado, y especialmente los ayuntamientos, desarrollen estos ritos de paso cívicos tiene un doble sentido: 1) individual, al comunicar a la sociedad que ha nacido, ha llegado a la mayoría de edad, se ha casado o fallecido una persona concreta; 2) social, para acusar recibo por parte de la comunidad de un cambio en el estado de una persona, y las nuevas relaciones que se establecen en forma de derechos y obligaciones.

Si queremos dar sentido a sociedades en que la pluralidad de creencias e ideologías puedan convivir pacíficamente en un plano de igualdad, en el que todas estén incluidas, sin privilegios para ninguna, resulta imprescindible el desarrollo de ceremonias de paso en el que tod@s se sientan incluid@s.

Es cierto que un número importante de ayuntamientos ofrece ceremonias laicas para el matrimonio civil, lo que ha supuesto que en 2015 el 69 % de los enlaces realizados en España no sea de carácter religioso; sin embargo son pocos los municipios que disponen de ceremonias de acogida civil en los que, bajo los auspicios de los valores democráticos de libertad, igualdad, justicia y solidaridad, se dé la bienvenida a su comunidad cívica a l@s recién nacid@s.

En lo referente a las ceremonias laicas de defunción existe un gran vacío ya que, si bien en ocasiones existe la posibilidad de sustituir los ritos y símbolos religiosos por otros de carácter aconfesional, son pocos los ayuntamientos que disponen de protocolos específicos de despedidas civiles.

Desde la perspectiva laicista también sería importante el desarrollo de una ceremonia cívica de ciudadanía plena, con la llegada de l@s jóvenes a su mayoría de edad. Coincidiendo con su último año de instituto, se pondría de relieve su acceso a la vida cívica y política, en su condición de ciudadan@s de pleno derecho y la capacidad de ejercer su libertad de conciencia con plena autonomía. En definitiva, el desarrollo de ritos de paso laicos pone en primer plano la relevancia cívica y política de la condición de ciudadanía y sienta las bases para el ejercicio de los valores democráticos de libertad e igualdad por l@s ciudadan@s.

La existencia del Concordato (Acuerdos de 1979) supone una hipoteca sobre el pleno ejercicio de los derechos fundamentales, así como una cesión de soberanía del Estado hacia la Ic. Pero el establecimiento de ritos de paso de carácter laico en el ámbito público estatal (Ayuntamientos, Comunidades Autónomas y Administración Central) no depende más que de la voluntad política de sus gobernantes. Nadie puede escudarse en la legislación vigente para continuar con esta actitud tan sumisa hacia los intereses religiosos.

La laicidad en la tradición protestante

Alfredo Abad

La relación de las Iglesias protestantes en Europa con la laicidad ha sido diferente según los contextos de los países y de las iglesias nacionales, a lo que se ha sumado la diversidad que supone el que su posición en la sociedad respectiva haya sido mayoritaria o minoritaria.

Sin pretender un análisis exhaustivo podemos encontrar una comprensión negativa de la laicidad entendida como secularización, y vivida como una amenaza cuando se relega el hecho religioso al mero espacio de lo privado. Este ha sido el caso por ejemplo en Alemania donde la laicidad como secularización, según el análisis de Martin Buber que la describe como “eclipse de Dios”, bien que otros teólogos como Eberhard Jüngel han defendido la aceptación de la secularización y el pluralismo como un hijo profano que no debe ser considerado como perdida sino como un desarrollo de la separación entre la iglesia y el Estado, donde la reducción del hecho eclesial no se debe considerar sinónimo de la reducción del hecho cristiano y su papel en la sociedad.

Por otra parte es tradicional, particularmente en los países del sur de Europa y de manera singular en Francia, donde hay una comprensión positiva de la laicidad entendida como reconocimiento de la independencia y legitimidad del Estado en el respeto de la libertad de culto y de la neutralidad del Estado en materia religiosa. Esta laicidad permite un diálogo abierto y transparente entre las iglesias y el Estado que es respetuoso de las prerrogativas de cada cual. (Jean François Collange).

Esta última posición se ha encontrado reconocida positivamente por las iglesias protestantes en la Constitución Europea que en su artículo 1-52 establece el reconocimiento de la aportación específica y la identidad de iglesias y organizaciones y su responsabilidad como Unión Europea en mantener un diálogo abierto transparente y regular. Este posicionamiento queda lejos del programa de Jacques Delors con el título de “Dar un alma a Europa” favoreció una cooperación mucho más positiva, pero al menos establece unos mínimos considerables.

Desde la consideración histórica hay una connivencia profunda entre protestantismo y laicidad, entendida como respeto a la libertad de cultos y neutralidad del Estado. La comprensión positiva de esta división de funciones contempla la responsabilidad del Estado de establecer un marco legal que permita un ejercicio efectivo de la libertad religiosa, que el protestantismo ha reclamado siempre que fuese extensivo a otras religiones y creencias. En este posicionamiento inclusivo se ha defendido, por ejemplo, en situaciones de mayoría protestante como en los países nórdicos que los derechos de la mayoría, en muchos casos luterana, fuesen extensivos a las minorías, por ejemplo la iglesia católica. El protestantismo desarrolló el sentido de la libertad y de la responsabilidad individuales, siempre teniendo en cuenta los problemas del comunitarismo, en este sentido la laicidad debe ser un espacio abierto en el corazón de la sociedad para que se desarrolle la convivencia y no un dogma excluyente.

Para el protestantismo las raíces de la laicidad se remontan al Nuevo Testamento donde el propio Jesús distingue entre lo que es de César y lo que es de Dios (Marcos 12, 14 y paralelos) o ante Pilato señalando que su Reino no es de este mundo (Juan 18, 36). La Reforma, con esta inspiración bíblica distingue entre los “dos Reinos”, poder civil y poder espiritual, en esta distinción abundan Lutero y Calvino con diferentes acentos. La preocupación no era principalmente entonces la garantía de la autonomía del poder civil, sino la de la libertad del poder espiritual y de la predicación del Evangelio. La prioridad para los reformadores era la libertad de conciencia y la promoción del libre examen. La Reforma trabajó a favor de una religión menos clerical e incluso de una laicidad de la institución religiosa. Esta desacralización es en cierto sentido una promoción de una laicidad positiva con tres objetivos fundamentales: 1) Permitir la libre proclamación del Evangelio, 2) Liberar las conciencias y 3) Asegurar el respeto de la ley de Dios, del orden y de la justicia. La preocupación de la reforma en el siglo XVI no era solo la desacralización del hecho religioso sino de la misma sociedad y de la injerencia del poder civil en el ámbito de lo religioso y de la conciencia libre.

Para la publicación que nos ocupa es importante traducir estas consideraciones en nuestro contexto español. Las diferentes constituciones tanto liberales como conservadoras que jalonan los siglos XIX y XX no hacen gala de la neutralidad del Estado, con la única excepción de la Constitución de 1931 que aun supera a la actual vigente de 1978. Esta última garantiza la libertad religiosa en su artículo 16, aunque señala una prioridad en la cooperación positiva del Estado con las religiones a favor de la Iglesia católica, lo que no casa muy bien con el artículo 14 sobre la no discriminación.

La FEREDE, Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España, ha reclamado con insistencia la neutralidad del Estado en muchos aspectos, ya que a pesar de la ley de libertad religiosa de 1980 que garantiza como derecho fundamental la libertad de culto, pero que obvia el acuerdo internacional o Concordato suscrito con la Iglesia Católica y que precede a esa legislación y queda por encima de ella. Coincidimos con los defensores de la laicidad en nuestro país que hay en nuestro ordenamiento categorías de religiones: la que tiene un Concordato internacional, las que tienen acuerdos de cooperación, las que tienen reconocimiento de notorio arraigo y las demás. Estas categorías afectan sensiblemente a la financiación del Estado a través del IRPF que no es neutral ni considera en igualdad a todas las religiones privilegiando a la Iglesia católica. Se echa de menos también que la religión mayoritaria goce de privilegios que no hace extensivos al resto de las religiones o confesiones y se echa de menos el desarrollo de la normativa por ejemplo mediante el establecimiento de acuerdos de cooperación, por ejemplo, con las iglesias ortodoxas, obligadas a la cooperación con el Estado a través del marco no natural para ellas de la FEREDE.

La laicidad y neutralidad del Estado español están lejos de corresponder con las pretensiones de su normativa y no sólo en el ámbito de la administración estatal, sino por ejemplo en la gestión del patrimonio o en la financiación de los Ayuntamientos a las actividades de cofradías y de la iglesia católica donde es manifiesta la discriminación.

Esta falta de neutralidad se ha hecho patente en los funerales de Estado, como ejemplo de elevado contenido simbólico, donde ha sido patente la celebración de un rito católico con invitación, en el mejor de los casos, a otras confesiones, en lugar de la promoción de un rito interconfesional o ecuménico. Teniendo en cuenta particularmente la condición religiosa de las víctimas.

Desde el protestantismo seguimos reclamando una desacralización en nuestro país de lo político que actúa con una participación publica en numerosos actos a favor de lo que se considera la mayoría sociológica. Este argumento puede justificar una cierta desproporción, pero nunca la exclusividad ni mucho menos la identificación de responsables políticos con una sola confesión.

Desde el protestantismo seguimos reclamando una laicidad positiva que sea garante de la neutralidad en un diálogo abierto que garantice la libertad de cultos la igualdad de trato. No pretendemos la extensión de privilegios de carácter religioso que rechazamos, como también rechazamos que la normalización del pluralismo religioso se dilate en el tiempo, lo que nos ha llevado en ocasiones significativas a denunciar al Estado español ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos que ha reconocido actuaciones actuales de discriminación.

La relación con la laicidad para el protestantismo es positiva, en particular en contextos minoritarios donde la neutralidad ayuda a la igualdad, y siempre donde el diálogo considere el hecho religioso como un factor público de integración y de cohesión social. No compartimos un laicismo que relegue el hecho religioso al ámbito privado especialmente cuando por razones sociológicas esa manera de actuar sea un mero maquillaje de la discriminación.

Círculo PODEMOS de Espiritualidad Progresista

Isabel Castellanos

El Círculo PODEMOS de Espiritualidad Progresista pretende ser un instrumento integral de acción social y política. Se ofrece, además, como un espacio de encuentro, sinergia y crecimiento en conciencia personal y colectiva.

Entendemos que la espiritualidad no es monopolio de las religiones, sino una dimensión de lo humano. Es la capacidad de dialogar con lo profundo, escuchar la llamada del corazón, que nos lleva a reconocer el aspecto sagrado del ser humano y de toda forma de vida y trascender nuestra realidad más inmediata.

La espiritualidad es también un instrumento de progreso, transformación y movilización social en orden a unos cambios profundos en la sociedad que supongan más justicia para todos, especialmente para los marginados y humillados.

En el círculo Podemos Espiritualidad progresista entendemos la política como una vocación de servicio y empoderamiento de la ciudadanía orientados al bien común.

El poder de unos solamente es ético si refuerza el poder de los otros y alienta relaciones de amor y cooperación entre todos.

El círculo quiere ser un instrumento al servicio de todas las personas para dar paso a una sociedad nueva fundada en el respeto y cuidado de la naturaleza, los derechos humanos universales, la justicia social y económica, la democracia, la noviolencia y una cultura de paz.

A través de diferentes encuentros tratamos de compartir las diferentes sensibilidades y experiencias humanas, impulsar la amistad entre los pueblos, la interculturalidad y el diálogo interreligioso.

Abogamos por un estado laico en el que ninguna religión ni ideología sea privilegiada sobre las demás, y en el que todas sean debidamente respetadas.

Desde octubre de 2014 el círculo celebra asambleas mensuales y organiza un encuentro nacional anual así como otras actividades como mesa redonda “Espiritualidad y Política”, Consciencia en la plaza en la Marcha por el Clima, Talleres vivenciales: “herramientas para una Vida plena y solidaria”, conferencia de A. Pániker sobre espiritualidad y religiones.

En el I Encuentro Podemos Espiritualidad “¿Qué aporta la espiritualidad a la construcción de una sociedad plenamente laica, justa y democrática?”

Fue el lema de la jornada de convivencia y diálogo entre distintas culturas espirituales, religiones, filosofías y creencias en la que tratamos de exponer y difundir los valores que aporta la espiritualidad a la construcción de una sociedad nueva fundada en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y los valores más progresistas de la Carta de la Tierra.

En el III Encuentro: “Hacia una cultura de la Noviolencia” nos reunimos para dialogar y caminar hacia una cultura de la noviolencia con la fuerza del amor y la fuerza de la verdad, aprendiendo a entrenar nuestra mirada para ver la verdad en el otro, la mentira que existe en mí, e iniciar un diálogo verdadero que pone en el centro la dignidad de las personas y rompe la espiral de la violencia con la fuerza transformadora del amor. Reivindicamos la bondad y el respeto a la verdad como virtudes personales y sociales y que en política, hoy, son una necesidad urgente. La POLÍTICA con mayúsculas es la que busca el Bien Común, pone en el centro a los últimos, une los medios y los fines y promueve la paz con justicia.

En este momento de violencia política el drama puede convertirse en tragedia si todxs dejamos la verdad y el amor para otro momento. Animamos a todxs a promover con toda energía el diálogo, la fraternidad y la amistad; a descubrir la riqueza de la diversidad que está llamada a abrazarse, a sumarse, a complementarse a hacerse Unidad en la Pluralidad. La Espiritualidad unida al compromiso con la ética, la justicia y los más empobrecidos nos impulsa a practicar y apoyar la Noviolencia activa como modo de vida y método de acción política y social.

Nos parece que hoy PODEMOS es el proyecto político que permite vivir mejor estos valores de la espiritualidad comprometida y transformadora que el círculo impulsa.

Europa laica, una trayectoria de lucha por el laicismo

Antonio Gómez Movellán

Europa Laica viene funcionando desde el año 2001. Los fundadores fuimos personas que, desde uno u otro campo, entroncábamos con la lucha por el laicismo que desde el siglo XIX se viene persiguiendo en España y en muchos países europeos y en la idea que la persistencia del confesionalismo estatal y la alianza del trono y del altar ha contribuido a un atraso finisecular en la historia de España y sobre todo ha significado una violencia extraordinaria sobre la libertad de conciencia de las personas simbolizadas por hechos tan trágicos como el asesinato por la inquisición del maestro Ripoll en Valencia en 1821 o el asesinato de Ferre y Guardia en 1909 o el nacionalcatolicismo durante el franquismo, con todo lo que ello ha significado en la manipulación de las conciencias por la Iglesia Católica y el Estado fascista.

Entre las personas fundadoras de Europa Laica caben destacar, por su relevancia, Gonzalo Puente Ojea el que fuera embajador de España en la Santa Sede y depurado por la democracia a instancias del Vaticano o Francisco Gonzalez Barón –primer presidente de asociación– o la profesora Emma Rodríguez o Fernando Orbaneja entre otras muchas personas; al cabo de unos meses se sumaron personas valiosísimas por su fortaleza y tenacidad como el que fuera presidente, hasta hace unos meses, Francisco Delgado Ruiz que provenía del ámbito político ya que fue diputado y senador y ya más recientemente personas como Fermín Rodríguez, responsable de educación, con amplia trayectoria política y de activismo social o el profesor , la feminista y escritora Teresa Galeote o el profesor especializado en la cultura árabe y en el islam político Waleed Saleh. Ello ha significado que Europa Laica tenga hoy cerca de mil quinientos asociados y mantenga un amplio círculo de amigos y amigas con gran influencia en los países latinoamericanos y gracias a nuestro portal digital laicismo.org nos hemos convertido en la primera referencia digital sobre laicismo en las redes. La fortaleza de Europa laica reside en el núcleo duro del laicismo, la libertad de conciencia de las personas lo cual exige la separación estricta de las iglesia y el Estado y la configuración de un ámbito público de libertad. Una distinción radical entre Nación y Estado y entre sociedad pública y sociedad civil también está en nuestro ADN. La tan cacareada libertad religiosa no está garantizada sino existe una garantía de la libertad de conciencia para todos y por consiguiente un ámbito público libre de las injerencias religiosas y particularmente en algunos campos como la enseñanza. Una de las primeras campañas que lanzamos fue precisamente “La religión fuera de la escuela!” sobre el adoctrinamiento religioso en las educación y en favor de la escuela pública y laica, el primer servicio público universal que se estableció en Europa. La escuela laica no es solamente la escuela sin religión tiene que ser una escuela racional y critica y es la única escuela que integra todas las pertenencias. En nuestro país conseguir una Escuela laica es una aspiración que, desgraciadamente, cada día está más lejos ya que el sistema político esta coaligado en seguir financiado a la escuela católica. Y más allá de la Escuela esta la amenaza que se cierne sobre multitud de servicios públicos universales por ese nuevo sacro que es el mercado neoliberal. Particularmente denunciamos el desmantelamiento de los precarios servicios sociales que o bien están siendo privatizados o bien se están asumiendo por la caridad católica.

Campañas contra los Acuerdos de la Santa Sede del año 1979 (que prolongaron alguno de los privilegios económicos y políticos que tuvo la iglesia durante el franquismo) o contra la financiación pública de la iglesia católica son actividades también permanentes. En la actualidad, junto a otras plataformas, apoyamos la campaña contra las inmatriculaciones ilegales realizadas por la Iglesia católica y exigimos en los tribunales en los medios públicos y en la calle que la simbología católica deje de ser, como es, la simbología cuasi oficial del Estado. Desde el primer momento comprendimos que la Constitución de 1978 no estableció un estado aconfesional como proclama y que en verdad dejó la puerta a lo que nuestro primer presidente de honor denominó un criptoconfesionalismo católico.

Europa Laica, está relacionada con asociaciones europeas humanistas y librepensadoras con el fin de hacer presión política en Europa. Y así somos miembros de la Asociación Internacional de Libre Pensamiento, vinculada al laicismo histórico francés, socialista y republicano y somos observadores en la Federación humanista europea en la que están encuadradas más de 80 organizaciones humanistas de libre pensamiento, ateas, contra el irracionalismo etc y que buscan una Europa laica y donde está también encuadradas organizaciones de países de tradición religiosa protestante. En España, mantenemos relaciones con asociaciones similares a la nuestra y pretendemos siempre confederarnos con ellas (Movimiento hacia un Estado laico, Asturias Laica etc) Fundación Pi y Margal, asociaciones civiles y sindicatos en favor de la enseñanza pública y movimientos sociales en favor de la igualdad social y sexual. Con Redes Cristianas mantenemos muy buenas relaciones. También es conveniente aclarar que Europa Laica no solicita ni acepta, por estatutos, subvenciones públicas y vive exclusivamente de las cuotas de sus socios y de donaciones privadas y ningún cargo es asalariado.

El laicismo, para Europa laica, significa una fuerte convicción en la garantía de la libertad de conciencia y enarbola la bandera de una presión permanente popular por los ideales de la Republicanos de libertad, igualdad y fraternidad; ideales que no son una utopía y que desde la Revolución francesa han inspirado todos los movimientos de progreso en Europa y en el mundo.

* Es autor de la “La iglesia católica y otras religiones en España”, y de numerosas publicaciones sobre derechos fundamentales de las personas. En la actualidad publica habitualmente en Diario 16, Viento Sur, Rebelion.org y Laicismo.org

El necesario diálogo y algunos temas que la comunidad cristiana de hoy debe tener presente entre su fidelidad a Jesús y si fidelidad a este “signo de los tiempos” que se da en Catalunya

Jaume Botey

Aunque en su origen este texto que ahora incluimos en “La Brecha” no fue pensado por su autor para esa sección, nos ha parecido, sin embargo, que se trata de un texto sumamente apropiado para este lugar. Es un texto breve con el que concluía Jaume Botey su artículo en la sección “A fondo”. Apuesta en él decididamente por restablecer el diálogo y por tender puentes entre las posiciones encontradas, con lo que implica de autocrítica y cambio de actitudes. Y ello, no solo por razones políticas, sino también creyentes: solo la apertura a los otros despeja el camino al Otro, al Transcendente… Hay aquí mucho trabajo “en la brecha” para la comunidad cristiana, como sabe muy bien Jaime Botey y evoca sucinta, pero lúcida y valientemente, en este breve texto.

Es necesario restablecer el diálogo. Necesario desde la perspectiva política para resolver conflictos. No hay otro camino. Esto supone tender puentes y una política clara de corrección de los estereotipos que de manera sistemática se han ido alimentando. Es necesario un cambio de actitudes.

Pero, además, en la construcción del diálogo el cristiano puede tener otro tipo de consideraciones. En la Palabra con los demás, en el reconocimiento sincero del Otro, el cristiano encontrará la dimensión transcendente del Otro, y la posibilidad de una puerta abierta al infinito (Buber, Lévinas…). Negarse al diálogo es negarse a abrir esta puerta del Otro y su misterio, es empobrecerse. Porque el diálogo exige conversión del corazón. Y si por desgracia acaban pesando más los prejuicios, si la negativa a escuchar es firme, aunque se invoque al diálogo sólo quedará frialdad, cálculo, estrategia, fuerza.

Lamentablemente algunas posiciones, tanto en el interior mismo de algunas comunidades como en su relación con otras, se niega el diálogo. Y cuando no hay diálogo, el otro queda anatematizado como culpable y justificada la confrontación. Como dice la hoja parroquial de una humilde comunidad periférica y muy alejada de cualquier planteamiento independentista, “Desde la madurez humana y la coherencia y honestidad cristiana estamos llamados a aprovechar este tiempo histórico para hacer este entrenamiento: reformular criterios, romper moldes, valorar la diferencia, la contrariedad. Es lamentable que unos sencillos cristianos neguemos la dignidad al criterio contrario y a las personas que lo defienden, y admitimos la negación y con ella las mentiras, difamaciones, ridiculizaciones, amenazas, la defensa del uso de la fuerza, del miedo la desinformación” [1].

Para abrir el diálogo es necesario identificar dónde está el conflicto y por qué. Partiendo de la situación de bloqueo al deseo mayoritario de poder hablar en el que el Estado mantiene a Catalunya, me permito algunos apuntes que creo pueden ayudar a deshacer algunos nudos en las comunidades cristianas:

  1. A la Iglesia y a la comunidad cristiana les corresponde anunciar y proclamar los principios éticos, no las soluciones políticas. Se trata del terreno de la moral y de la utopía, donde los matices, el diálogo y el contraste de opiniones puede ser fecundo. La concreción en propuesta política corresponde a cada persona. Muchas de estas opciones, como en nuestro caso el independentismo o el unionismo son perfectamente compatibles con el evangelio. La Iglesia no puede tener nada en contra con ninguna de ellas, pero tampoco puede identificarse con ninguna de ellas: ni con el independentismo, ni con el 155 (como ha hecho el presidente de la CEE), ni con la propuesta de la llamada “equidistancia” política. Es un terreno que no le corresponde. La comunidad cristiana debe poder compartir la misma fe y celebrar el evangelio y la eucaristía con diferentes posturas políticas en su interior, como una riqueza.
  1. Asimismo es vital tener presente la distinción entre lo legítimo y lo legal. Para la comunidad cristiana la dimensión profética es esencial, la posibilidad de infringir la legalidad en nombre de un principio superior. Nadie sabe si es mejor la obediencia a la ley o la objeción de conciencia, aceptar la Constitución como ordenamiento legal u obedecer las demandas del pueblo actualmente no recogidas en la Constitución. Sin embargo, es cierto que Jesús murió por su desobediencia a las leyes del templo, y que la historia ha avanzado gracias a los subversivos. Nadie está llamado a posiciones heroicas de ruptura o de “desobediencia civil” pero, después del discernimiento, la comunidad debe acoger, alegrarse y acompañarlas, si estas posturas nacen en su interior.
  1. En una comunidad ni la mayoría debe imponer su criterio a la minoría ni ésta tiene derecho a vetar el deseo de la mayoría aludiendo al respeto que se debe a la minoría. La votación, además, no acostumbra a arreglar los agravios o sentimientos. Será siempre necesario un esfuerzo de sinceridad, de cordialidad, de apertura, de capacidad de entender las razones ajenas y de esfuerzo por explicarse uno mismo, de diálogo sin imposiciones y sin sospechas, a fin de que las discrepancias no acaben en divisiones. Es imprescindible que la comunión en la fe se mantenga como principio.
  1. Ante violaciones flagrantes de DDHH (negación de libertades, coacciones físicas o morales, golpes, detenciones, sentencias judiciales manifiestamente injustas… ) es obligado estar al lado de quien ha sufrido la violencia, independientemente de si se está o no de acuerdo con los motivos que le llevaron a quebrantar la ley por la cual se le condena. Asimismo, la atención que merece cualquier preso debe ser siempre la misma, sin atender a si la causa de su condena es por delito común o político. Se trata de una exigencia ética y moral, de las bienaventuranzas, previa a cualquier opción política. Las comunidades cristianas deben ser ejemplo de misericordia, de acogida sin distinciones.
  1. Las comunidades cristianas deberían vivir este momento difícil como oportunidad. Muchas ya lo viven así, como una ocasión de maduración. Tienen el tesoro de la fe y la fraternidad vivida durante tanto tiempo en su seno. Deben poder ser ejemplo de diálogo. No podría decirse que vive el mensaje del evangelio quien no viva en paz con su hermano simplemente por cuestiones de concreciones políticas.

[1] Parroquia S. Juan Evangelista, Bellvitge, Hospitalet. Hoja informativa 30 díes. Noviembre 2017.

En la brecha del proceso constituyente

Teresa Forcades

Todo comenzó en un contexto que, en principio, nada tenía que ver con Cataluña ni con un Proceso Constituyente, pero sí en un contexto de denuncia de la injusticia que mueve a las grandes multinacionales.

Esta denuncia tuvo una gran repercusión y me acerca a personas y grupos que se situaban también en una perspectiva crítica frente a esos oscuros intereses y al sistema capitalista que los alienta y sostiene. Poco después, ya en plena crisis, surge de una conciencia crítica similar el movimiento 15M y esa conciencia se generaliza como un clamor de dice “¡Basta ya!”,  que compartimos: Es  hora de actuar: ¿Qué podemos hacer para cambiar esta situación?

Entretanto. surge un nuevo motivo, decisivo, que se añade a los mencionados para alimentar y modular el movimiento social que se estaba gestando: la decisiva y lamentable actuación del Partido Popular, en 2010, contra el Estatuto de Cataluña, aprobado en 2006 por el Parlament y ratificado por las Cortes y el Senado, así como por el pueblo catalán en referéndum, denunciándolo al Tribunal Constitucional, quien finalmente lo deslegitimó, provocando una oleada de manifestaciones de protesta.

La convocatoria de una nueva charla mía a la que acuden más de mil personas, desbordando todas nuestras expectativas, nos hizo conscientes de la enorme energía que había en movimiento contra la injusta situación existente. Y en este contexto me llega una invitación de los anticapitalistas a aprovechar toda esa energía para llevar a cabo una syriza a la catalana que agrupe a todos los partidos para revertir la situación.

Pero mi respuesta a semejante invitación fue indudablemente negativa: yo no tenía interés en la estructura de partido. Yo sí me hubiera sumado, a una rebelión social, por ejemplo, a una huelga general indefinida que pusiera en crisis al gobierno y al sistema dominante, aun cuando semejante idea nos llenaba de interrogantes, que aprovecharon lamentablemente grupos de poder disfrazados y se perdió esa gran oportunidad de generar ese cambio social profundo y duradero.

Y es a partir de aquí que yo pienso el Proyecto Procés Constituent, entendiendo por tal ese debate llevado a nivel popular sobre “cómo debemos, queremos, podemos vivir juntos”. Porque eso es en verdad una constitución: el marco de referencia de nuestra convivencia política como sociedad. De ahí la idea de que en Cataluña se pudiera llevar a cabo un Procés Constituent para articular el poder popular de una forma eficaz, cosa que en la mayor parte de las democracias del mundo queda reducido a una mera democracia formal representativa, no verdaderamente deliberativa, que sigue siendo la asignatura pendiente.

En torno a esta idea convocamos desde el principio a significativas personas, como Arcadi Oliveres, o activistas políticos como Xavier Domenech, Ada Colau, Jaume Assens o Gerardo Pisarello, hasta formar un grupo de unas cuarenta personas de muy diversos ámbitos y sensibilidades, como Justicia y Paz y otros movimientos sociales de base. Y este proceso fundacional culmina en la elaboración del documento o Manifiesto por la convocatoria de un Procés Constituent en Cataluña, que presentamos Arcadi Oliveres y yo en abril de 2013. Y de nuevo nos vimos sorprendidos y desbordados por la respuesta de más de cincuenta mil personas que se adhieren al Procés, convirtiéndose en el mayor movimiento organizado en aquel momento en Cataluña.

Que fuera en Cataluña no significa que fuera un grupo nacionalista cerrado. En absoluto. Esto es muy importante dejarlo claro. Pues lo esencial de este movimiento es un trabajo y un proyecto de justicia, que es esencialmente algo abierto, aunque sí situado y concretado en una comunidad política, En este caso, en Cataluña, por el contexto hostil que había generado la respuesta brutal por parte del poder central al Estatuto de Cataluña.

El Proceso Constituyente, de hecho, tuvo desde el principio y hasta hoy un objetivo esencial que implicaba un cambio profundo de modelo económico, político y social, una transformación de la política desde las bases, radicalmente popular, el logro de una democracia verdaderamente deliberativa, el despertar de los sujetos como subjetividades políticas que toman sus vidas en sus manos y generan así la comunidad política que llamamos nación. La idea de autodeterminación es por eso clave en este Proceso Constituyente, pero entendida rigurosamente en el sentido global indicado, que implica desde un cuestionamiento radical del capitalismo y sus imperativos, que están poniendo en peligro la vida en el planeta y al planeta mismo, hasta la mencionada transformación, no menos radical, de la política dominante.

De la radicalidad de estas propuestas de justicia y bien común, debatidas en una memorable reunión de más de mil personas al inicio de la andadura del Proceso y que conforman desde entonces una especie de Decálogo de reivindicaciones que dan identidad al movimiento han derivado la riqueza del mismo, pero también los momentos de dificultad o frustración por los que atravesado a lo largo de su andadura.

Mención especial merece la dificultad de relación con los partidos, debido sobre todo a su perverso sistema de listas cerradas, que choca frontalmente con la idea básica de una democracia verdaderamente popular deliberativa y popular. De ahí derivaron, en efecto, las mayores fricciones y frustraciones que ha sufrido nuestro movimiento. Una de las más graves, cuando, como consecuencia de las dinámicas que se crean en los partidos dominantes a causa de esa estructura inflexible, el movimiento se partió en dos, justamente en uno de los momentos históricos que en principio mayor oportunidad ofrecía para formar un frente popular y poder abrir un verdadero Proceso Constituyente. Y se frustró uno de sus objetivos principales: el cambio de modelo de política, una nueva política para una sociedad nueva.

Esta experiencia dolorosa dejó nuestro movimiento sensiblemente disminuido, pero no paralizado. A partir de ese momento continuó con nuevas fuerzas como movimiento social intensamente empeñado en lo que en definitiva fue y es su objetivo central: crear el tejido humano, impulsar la transformación de las subjetividades para conseguir finalmente abrir un genuino proceso constituyente desde las bases, que a su vez transforme la sociedad y el mundo. Y la experiencia que hemos hecho ha sido sorprendente: se ha generado una intensa transformación de amplias capas de nuestra sociedad, un despertar de la subjetividad política que se ha traducido en un potente movimiento de implicación y compromiso por cambiar la sociedad, por tomarla en las propias manos, por no dejarla a merced de los poderes que aseguran que “no hay alternativa” para que nada cambie; un despertar contra la resignación y un estallido de ilusión y creatividad,  de “autodeterminación” en su sentido más genuino.

Este potente movimiento de transformación, creatividad e implicación es un acontecimiento que difícilmente se puede entender sin la fuerza generada y desplegada por el proceso constituyente que pusimos en marcha y ha tocado a miles de personas que ahora lo sostienen y llevan adelante. Nos llena por eso de gozo, e incluso de emoción. Lo que se ha movido en estos últimos meses en Cataluña ha sido, aun con sus errores y ambigüedades, una muestra poderosa de la capacidad transformadora de ese Proceso: la enorme e intensa implicación de numerosos grupos en la movilización de la ciudadanía y sobre todo el hecho de que el Procés haya llegado a calar de forma particularmente intensa en las bases populares.

En su sencillez, esa conciencia forma parte de aquel proceso de   “autodeterminación” en el que decidimos “cómo queremos, podemos y debemos vivir juntos” y que de ese modo crea comunidades políticas  desde abajo, desde las bases y sobre bases nuevas: no desde el poder, como los imperios, sino desde la justicia y el bien común, en el sentido del Proceso Constituyente.

Este proceso ha sido y es, por supuesto, enteramente laico, como no podía ser de otro modo al sustentarse en una pluralidad y diversidad de sujetos constituyentes. Ello no obstante, a nivel personal, e incluso de grupos determinados, la religión, más exactamente el evangelio, ha sido una fuente de inspiración importante. Lo cual, aunque en determinados momentos pudo generar desconfianza o sospecha, en general significó también un proceso de aprendizaje y de descubrimiento mutuo entre personas situadas a distancia en el arco de posiciones de creencia, que enriqueció el clima en que se fue gestando el entero Proceso. El que la CUP viniera a pedirme, en los inicios, que liderara este Proceso y que después mi Institución religiosa accediera a liberarme para ello, es otro de los rasgos novedosos y lúcidos o inspirados de este movimiento, que, contra toda frustración y desánimo, se sostiene firme en la esperanza.