La autogestión de la muerte

Diego Gracia

El principio moral de la autonomía puede aplicarse a diferentes ámbitos… Últimamente la autonomía ha ganado un nuevo espacio: el de la gestión de la vida y la muerte… Aquí nos interesa ahora la autogestión del final de la vida, o si se quiere, de la muerte.

La teoría del consentimiento informado es el primer paso, y quizá el fundamental, en el proceso de gestión autónoma de su cuerpo y su vida por parte de los ciudadanos.

Hoy resulta imposible prohibir un espacio de autogestión de la vida y la muerte a los ciudadanos. Se ha acabado la tesis de que estas cuestiones no pueden quedar al arbitrio de las personas vulgares y corrientes, y que tienen que ser gestionadas por los sacerdotes, los médicos o los jueces… Evidentemente, el espacio de autogestión habrá de tener límites, pero en la definición de esos límites hemos de participar todos. No está dicho en ningún lado que sean los técnicos quienes hayan de marcar esos límites. Ni los médicos, ni los jueces, ni tampoco los sacerdotes son quiénes para establecerlos. Los límites hemos de marcarlos entre todos… No es verdad que los ciudadanos no tengan capacidad para gestionar esas dimensiones de sus vidas. Eso es considerarlos menores de edad. Eso es, por tanto, puro paternalismo.

¿Cuáles serán los pasos a dar en la autogestión de la muerte? Una vez que se ha aceptado el rechazo voluntario, por parte de los pacientes, de las medidas clásicamente denominadas extraordinarias, es decir, de lo que tradicionalmente se ha llamado eutanasia pasiva, el paso siguiente es la llamada eutanasia activa, es decir, la eutanasia propiamente dicha, aquella que consiste en actuar en el cuerpo de otra persona con el objeto de poner fin a su vida, a petición expresa y reiterada de ésta. Será difícil no llegar ahí… La autonomía tiene su lógica. Y esa lógica lleva hasta ahí.

Hay un texto sumamente importante para fundamentar la lógica de la autonomía. Es del filósofo ilustrado Fichte, discípulo de Kant. Lleva el relevante título Reivindicación de la libertad de pensamiento y está dirigido contra dos edictos promulgados por el rey Federico II de Prusia, uno contra la libertad en asuntos de religión y el otro contra la libertad de pensamiento. En él Fichte sostiene que el ser humano es autónomo y todo intento de coartar su autonomía moral debe considerarse ilegítimo. “Declarad la guerra implacable -escribe-… al principio según el cual la misión del Príncipe es velar por nuestra felicidad… que nosotros no sabemos lo que promueve la felicidad, sino el Príncipe, y por eso es él el que ha de guiarnos a ella…” Pero Fichte responde: “No, Príncipe, tú no eres nuestro Dios. De Dios esperamos la felicidad, de ti solo protección de nuestros derechos. Con nosotros no debes ser bondadoso, debes ser justo.”

 

Podría pensarse que con esto Fichte está pensando que el Príncipe no tiene la autoridad de gobernar nuestras vidas, pero sí la tiene la autoridad espiritual: el Papa. Pero no es así…. Su tesis, como la de Kant, es que la voz de Dios está en nuestra conciencia, y que eso es precisamente lo que nos hace autónomos.

La autonomía moral es la propiedad divina que habita en el interior del ser humano… Este lleva en lo más profundo de su corazón una chispa divina: la conciencia. Esta le ordena absoluta e incondicionalmente esto y no aquello libremente y motu proprio, sin ninguna coacción externa… Por eso, nadie que no sea él puede gobernarle. Es libre y debe permanecer libre. Nadie puede darle órdenes, sino la ley que tiene en sí mismo.

Por supuesto, esto no le permite hacer lo que quiera, sino aquello que es conforme a la ley moral; por tanto, lo que no está prohibido por el imperativo categórico.

Pues bien, según Kant, la disposición de la propia vida es incompatible con el imperativo categórico… “Uno que por una serie de desgracias lindantes con la desesperación siente desapego de la vida tiene aún bastante razón para preguntarse si no será contrario al deber para consigo mismo el quitarse la vida… Pruebe a ver si la máxima de su acción: “hágame por egoísmo un principio de abreviar mi vida cuando ésta…me ofrezca más males que agrado” puede convertirse en ley universal, y pronto verá que tal principio de egoísmo sería contradictorio con el fomento de la vida… De ahí que, para Kant, acortar la propia vida, incluso en el caso de que ésta se halle amenazada por múltiples sufrimientos… es incompatible con el imperativo categórico y no puede convertirse en ley universal. Eso, dice Kant, es actuar por egoísmo.

Pero el modo de razonar de Kant en este ejemplo dista mucho de ser convincente. ¿Es verdad que el móvil de una persona en esa situación… es necesariamente el egoísmo? Y tampoco es verdad que poniendo fin a la propia vida en esas circunstancias… la sociedad se autodestruiría. Es más, hay razones para creer que el gestionar autónomamente no solo la propia vida, sino también la propia muerte, es la culminación natural de una ética verdaderamente autónoma…

La ética no consiste en el “deber ser”, decía Ortega, sino en el “tener que ser”. Y hay no solo un “tener que” vivir, sino también un “tener que” morir… Cuando se han perdido las ilusiones, cuando ya no hay otro horizonte que el de seguir vegetando, la vida biográfica ha terminado…, el personaje ha muerto… La muerte es también una empresa, una tarea, tanto vital como moral. Morir, en ciertos momentos, es una obligación. En el caso Sampedro que popularizó el film de Amenábar, se advierte claramente algo que en su vida fue muy claro, a saber, que él “tuvo que” morir, tuvo que poner fin a su vida para llevar a cabo su propio proyecto vital. La muerte verdadera, plena, auténtica, no es un mero acontecimiento biológico ajeno a nosotros mismos, sino un momento fundamental de nuestra biografía. Lo mismo que hay obligación de personalizar la vida, la hay también de personalizar la muerte…

Ni que decir tiene que con esto no se está diciendo que todo está permitido, ni que cualquier modo de limitar la propia vida pueda considerarse correcto. Todo lo contrario. Lo que estamos diciendo es que se necesitan ciertos requisitos para que el acto sea auténticamente moral. Y que estos requisitos pasan por la responsabilidad y la prudencia extrema. Cualquier otra cosa sería por completo inaceptable.

Los de la eutanasia

DMD

Las personas que quieren decidir sobre su propia muerte, o tener la opción de hacerlo, solo cuentan con una asociación en España que lucha por este derecho. Lo mismo les sucede a las que buscan asesoramiento sobre derechos sanitarios al final de la vida. Derecho a Morir Dignamente (DMD) es la organización de referencia en defensa de la despenalización de la eutanasia y la libre disposición de la propia vida.

Fundada en 1984, DMD surgió como un pequeño grupo de personas interesadas en promover la legalización de la muerte asistida. Nació a regañadientes, tras un conflicto con el Ministerio del Interior, que se negó durante meses a registrar la asociación por considerar que sus fines atentaban contra la “deontología médica”.

Más de 35 años después, DMD se ha convertido en una organización no gubernamental con más de 7.500 personas asociadas, tres sedes (Madrid, Barcelona y Valencia), decenas de activistas voluntarios y varios miles de simpatizantes. La asociación se financia con cuotas y algún donativo, sin subvenciones. La principal reivindicación de DMD, que la eutanasia deje de ser un delito, ya forma parte de programas electorales, acuerdos de gobierno y proyectos de ley.

Aunque el tamaño y la influencia de DMD son razonables en un país como España, con poca cultura de asociacionismo, es considerablemente más pequeña que sus equivalentes en otros países vecinos. La ADMD francesa cuenta con casi 70.000 personas asociadas y la NVVE holandesa con más de 165.000.

En estos 35 años, la causa de la muerte asistida ha pasado de ser la reivindicación de unos pocos a convertirse en una gran anomalía democrática. En ninguna otra cuestión hay tanta distancia entre lo que opina la ciudadanía (que la apoya abrumadoramente) y lo que recogen las leyes (que la castiga con la cárcel).

Como la principal organización en defensa de estos valores en España, DMD trabaja para convencer a la ciudadanía, los partidos políticos y los representantes electos de la necesidad de cambiar las leyes que rigen el final de la vida.

DMD reivindicó y promovió la regulación del testamento vital cuando aún no existía en España. Este documento, cuya validez se fijó en la Ley de autonomía del paciente (de 2002), permite dejar instrucciones sobre qué tratamientos se desean y cuáles se rechazan cuando se haya perdido definitivamente la capacidad de decidir. Incluso implantó un registro de estos documentos, para sus socias y socios, antes de que las administraciones autonómicas establecieran los oficiales. También colaboró con la elaboración de la Ley de Muerte Digna de Andalucía (2010), en varias de sus equivalentes en otras comunidades autónomas y en buena parte de los proyectos de ley de eutanasia que se han presentado en el Congreso de los Diputados.

En los últimos tres años, DMD ha logrado que casi un centenar de ayuntamientos aprueben una declaración institucional de apoyo a la despenalización de la muerte asistida. También ha promovido que varios parlamentos autonómicos insten al Congreso de los Diputados a aprobar una ley de eutanasia.

Pero la asociación no se limita a tratar de influir en la política. Otra línea fundamental de su trabajo es el asesoramiento gratuito sobre derechos sanitarios al final de la vida. El personal de la asociación atiende, en persona y por teléfono, más de mil casos cada año.

Estas consultas tratan sobre todo tipo de cuestiones relacionadas con el final de la vida. Cuál es la mejor manera de hacer un testamento vital (DMD cuenta con su propio modelo, con cinco instrucciones para personas que no desean que se les prolongue la vida cuando ya no existen opciones realistas de curación), cómo se solicitan unos cuidados paliativos para un ser querido, qué opciones tiene una persona que quiere viajar a Suiza –donde el suicidio asistido es legal– para morir de forma voluntaria, o cómo defender un rechazo de tratamientos ante un equipo médico poco respetuoso con la voluntad de su paciente.

De los casos que atiende DMD hay un grupo pequeño en número, pero grande en repercusión mediática: los de las personas que hacen público su deseo de morir, y que renuncian al anonimato para llamar la atención sobre la necesidad de despenalizar la eutanasia. Más de una decena de socias y socios de DMD han participado en reportajes en los que han explicado sus motivos para poner fin a su vida y, además, la necesidad de recurrir a la clandestinidad para cumplir su voluntad.

La asociación cuenta con una guía con recomendaciones para que la propia muerte sea segura (fiable) y pacífica (sin sufrimiento), solo disponible para personas que llevan al menos tres meses inscritas. Es el documento con el que planificó su propia muerte María José Carrasco, la mujer con una esclerosis múltiple terminal que falleció en abril ayudada por su compañero, Ángel Hernández.

La tercera pata del trabajo de DMD es el activismo ciudadano, la difusión de los valores de la asociación y la lucha contra el tabú que rodea la muerte. En la actualidad, la organización cuenta con casi 20 grupos locales que organizan actividades con regularidad.

Las actividades de DMD abarcan desde los encuentros informativos, como los talleres gratuitos de elaboración del testamento vital, hasta los actos de reivindicación pura, como campañas de reclamaciones masivas o manifestaciones. Solo en 2019, la asociación organizó más de 100 charlas por toda España para hablar de la muerte e informar de cuál es la manera más sencilla de dejar por escrito que no se desea ningún tratamiento destinado a prolongar la vida si se ha perdido definitivamente la capacidad de tomar decisiones.

De DMD forman parte personas de todos los rincones de la sociedad. Comparten la idea de que su vida es suya, de que todo el mundo tiene derecho a que se respeten sus valores hasta el final, y de que merece la pena luchar por cambiar las cosas. A menudo, cuando alguien llama a la asociación para hacer una consulta, pregunta si está hablando con “los de la eutanasia”. Sí, esos somos.

Ecología. Una cuestión mayor para la fe

Marcos Villamán

Para nadie es ya noticia la centralidad de la cuestión ecológica en la reflexión social del presente. Es que, de un tiempo a esta parte y por razones obvias, la seriedad del asunto ha obligado a prestarle atención desde las más diversas perspectivas y puntos de vista. Como ha sido señalado a manera de llamado de atención, la tierra hoy es «Un planeta bajo presión. A medida que la población mundial se ha duplicado y la expansión de la economía mundial se ha multiplicado por siete durante el último medio siglo, nuestras demandas al planeta se han vuelto excesivas. Estamos pidiéndole a la Tierra más de lo que puede dar en forma continuada, estamos creando una burbuja económica.»  (Brown, Lester, Paidós, 2004, p. 23). El drama ha sido y es planteado angustiosamente por diversos sectores y de diversas maneras, cada vez con mayor intensidad dada la gravedad de lo que viene ocurriendo al respecto.

 

Las manifestaciones del fenómeno son amplias y diversas, igual que las reacciones de alarma de los diversos sectores sociales. Así, en los diferentes países, la presencia de grupos sociales preocupados por la cuestión es cada vez mayor dada la profundización de lo que parece ser un camino hacia el desastre que se expresa de maneras diversas: el incremento de la temperatura del planeta, el achicamiento de los ríos y de las fuentes de abastecimiento de agua, la cuestión del efecto invernadero, entre otras cosas, han provocado el incremento de una sensibilidad ecológica que crece por todas partes y se expresa cada vez más como alarma sensata ante unos modelos civilizatorios que se expanden generando condiciones que hacen insostenible la reproducción de la vida.

 

En la región latinoamericana y caribeña, aunque con matices propios, la realidad a este respecto no es diferente. En el caso dominicano, el carácter isleño, como se sabe, introduce rasgos específicos en el desarrollo del fenómeno, sobre todo vía la profundización de la fragilidad ambiental, que se expresa socialmente en la complicación de las condiciones socio-naturales de vida de los sectores sociales más empobrecidos. Así las cosas, de un tiempo a esta parte asistimos a una dramática reducción de las posibilidades de implementación de un desarrollo incluyente que responda a las expectativas de mejoramiento de estos sectores.

 

Así pues, esta realidad, que parece profundizar los factores de exclusión social, constituye un desafío formidable para los cristianos y cristianas que se esfuerzan por vivir su fe de manera consecuente en este contexto. Se trata de un mundo social marcado por nuevas maneras de expresión de la pobreza que parece haber endurecido los mecanismos de exclusión para amplios sectores sociales. La indiferencia no puede ser en ningún caso la respuesta ante esta nueva realidad. El esfuerzo por hacer presente el Reino al estilo de Jesús se ve así desafiado por estas condiciones actuales y los discípulos y discípulas tendrán que esforzarse por entender los rasgos nuevos de este presente de forma tal que puedan discernir y construir respuestas evangélicas posibles.

 

La construcción de la fraternidad como estilo de vida estará entonces acicateado por una lectura del presente capaz de reconocer las nuevas dimensiones de esta realidad, las dificultades que ellas parecen plantear a un esfuerzo evangelizador consecuente y, que quiere plantearse, con la ayuda del Espíritu, el descubrimiento de caminos posibles para la fidelidad evangélica en estas nuevas condiciones. Y ello, en un presente que nos ha dejado sin caminos ciertos y en el cual la Incertidumbre y la perplejidad se han establecido como rasgo central característico del mismo. Al respecto, comenta Innerarity: «Si hubiera que sintetizar el carácter del mundo en el que vivimos yo diría que estamos en una época de incertidumbre. Los seres humanos de sociedades anteriores a la nuestra han vivido con un futuro tal vez más sombrío, pero la estabilidad de sus condiciones vitales… les permitía pensar que el porvenir no les iba a deparar demasiadas sorpresas… Podían pasar hambre y sufrir la opresión, pero no estaban perplejos…» (Innenarity, 2018, p. 9).

 

El desafío ecológico constituye de diversas maneras un espacio fundamental para la generación del desasosiego social que parece cabalgar en contra de la búsqueda de proyectos sociales alternativos y es acicateado por la carencia de respuestas a las cuestiones acerca de las propuestas alternativas válidas para la construcción de un presente humano sin entregarse al fundamentalismo como respuesta tranquilizadora ante una realidad que parece incomprensible e inmodificable.

 

Lo anterior nos permitirá iluminar el esfuerzo que se deberá realizar en el caso dominicano y caribeño para hacer posible que la práctica pastoral sea uno de los espacios en que se ayude a descubrir las especificidades que habrá de desarrollarse para ser fieles a la misión evangélica en esta temática relevante para el presente y futuro en estas tierras.  Como se sabe, en opinión de muchos el carácter isleño parece complicar severamente el asunto en cuestión. Por lo mismo, en el caso dominicano este se constituye en un desafío mayor y, en consecuencia, en un compromiso inevitable para quienes intentan el seguimiento consecuente de Jesús en estas latitudes.

 

Así, la práctica de los cristianos y las cristianas en ese ámbito en estas latitudes es de una relevancia fundamental, pues de lo que se trata es de la conservación de las condiciones básicas para la reproducción de la vida de todos, pero sobre todo de quienes se encuentran secularmente en condición de exclusión social. El discurso teológico deberá ser pues herramienta central para la apoyar la experiencia de fe de quienes participan en este ámbito en el esfuerzo de construcción de condiciones dignas para la vida de todos y todas.  Y un apoyo a la práctica de los cristianos y la gente de buena voluntad que trata de hacerse prójimo de los hermanos y hermanas más pequeños y reconoce en el medio ambiente un espacio imprescindible de ejercicio de la Caridad.

Pacto de las catacumbas por la casa común

Manuel García Guerra

Las catacumbas. Todo un símbolo. Y los símbolos, decía Paul Ricoeur, dan qué pensar. Portan una perspectiva cognitivo-afectiva que en el caso del “Pacto de las catacumbas” revela la apuesta radical de un grupo de participantes en el Sínodo de los Obispos para la región Pan-Amazónica que el pasado octubre buscó “Nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral”.

Faltaba poco para que se cerrase el Concilio Vaticano II, cuando, el 16 de noviembre de 1965, cuarenta y dos padres conciliares celebraron la eucaristía en las Catacumbas de Domitila y firmaron el Pacto por una Iglesia Sierva y Pobre.

Ahora, cincuenta y cuatro años después, estos sinodales para la Amazonía regresan a las catacumbas para renovar aquel pacto con la fortaleza de un comienzo original por una iglesia con rostro amazónico, pobre y servidora, profética y samaritana.

Catacumbas. El Pacto sub-terráneo, un empeño telúrico, radical. Radicalidad que es, al mismo tiempo, personal (y alude a la ascesis), política (y refiere a la necesaria revolución liberadora), religiosa (y remite a la experiencia martirial de los pueblos indígenas y a la conversión) y ecológica, al exigir el cuidado de la casa común.

El Pacto dice así:

Nosotros, los participantes del Sínodo Pan-Amazónico, compartimos la alegría de vivir entre numerosos pueblos indígenas, quilombolas, ribereños, migrantes, comunidades en la periferia de las ciudades de este inmenso territorio del planeta. Con ellos hemos experimentado la fuerza del Evangelio que actúa en los pequeños. El encuentro con estos pueblos nos desafía y nos invita a una vida más simple de compartir y gratuidad. Influidos por la escucha de sus gritos y lágrimas, acogemos de corazón las palabras del Papa Francisco:

«Muchos hermanos y hermanas en la Amazonía cargan cruces pesadas y esperan el consuelo liberador del Evangelio, la caricia amorosa de la Iglesia. Por ellos, con ellos, caminemos juntos».

Recordamos con gratitud a los obispos que, en las Catacumbas de Santa Domitila, al final del Concilio Vaticano II, firmaron el Pacto por una Iglesia servidora y pobre. Recordamos con reverencia a todos los mártires miembros de las comunidades eclesiales de base, de las pastorales y movimientos populares; líderes indígenas, misioneras y misioneros, laicos, sacerdotes y obispos, que derramaron su sangre debido a esta opción por los pobres, por defender la vida y luchar por la salvaguardia de nuestra Casa Común. Al agradecimiento por su heroísmo, unimos nuestra decisión de continuar su lucha con firmeza y valentía. Es un sentimiento de urgencia que se impone ante las agresiones que hoy devastan el territorio amazónico, amenazado por la violencia de un sistema económico depredador y consumista.

Ante la Santísima Trinidad, nuestras Iglesias particulares, las Iglesias de América Latina y el Caribe y de aquellas que son solidarias en África, Asia, Oceanía, Europa y el norte del continente americano, a los pies de los apóstoles Pedro y Pablo y de la multitud de mártires de Roma, América Latina y especialmente de nuestra Amazonía, en profunda comunión con el sucesor de Pedro, invocamos al Espíritu Santo y nos comprometemos personal y comunitariamente a lo siguiente:

  1. Asumir, ante la extrema amenaza del calentamiento global y el agotamiento de los recursos naturales, un compromiso de defender en nuestros territorios y con nuestras actitudes la selva amazónica en pie. De ella provienen las dádivas del agua para gran parte del territorio sudamericano, la contribución al ciclo del carbono y la regulación del clima global, una incalculable biodiversidad y una rica socio-diversidad para la humanidad y la Tierra entera.
  2. Reconocer que no somos dueños de la madre tierra, sino sus hijos e hijas, formados del polvo de la tierra (Gen 2, 7-8), huéspedes y peregrinos (1 Ped 1, 17b y 1 Ped 2, 11), llamados a ser sus celosos cuidadores y cuidadoras (Gen 1, 26). Por tanto, nos comprometemos a una ecología integral, en la cual todo está interconectado, el género humano y toda la creación, porque todos los seres son hijas e hijos de la tierra y sobre ellos flota el Espíritu de Dios (Génesis 1: 2).
  3. Acoger y renovar cada día la alianza de Dios con todo lo creado: «Por mi parte, estableceré mi alianza contigo y tu descendencia, con todos los seres vivos que están contigo, aves, animales domésticos y salvajes, en resumen, con todas las bestias de la tierra que salieron del arca contigo» (Gen 9: 9-10; Gen 9: 12-17).
  4. Renovar en nuestras iglesias la opción preferencial por los pobres, especialmente por los pueblos originarios, y junto con ellos garantizar el derecho a ser protagonistas en la sociedad y en la Iglesia. Ayudarlos a preservar sus tierras, culturas, lenguas, historias, identidades y espiritualidades. Crecer en la conciencia de que deben ser respetados local y globalmente y, en consecuencia, alentar, por todos los medios a nuestro alcance, a ser acogidos en pie de igualdad en el concierto mundial de otros pueblos y culturas.
  5. Abandonar, como resultado, en nuestras parroquias, diócesis y grupos toda clase de mentalidad y postura colonialistas, acogiendo y valorando la diversidad cultural, étnica y lingüística en un diálogo respetuoso con todas las tradiciones espirituales.
  6. Denunciar todas las formas de violencia y agresión contra la autonomía y los derechos de los pueblos indígenas, su identidad, sus territorios y sus formas de vida.
  7. Anunciar la novedad liberadora del evangelio de Jesucristo, en la acogida al otro demás y al diferente, como sucedió con Pedro en la casa de Cornelio: “Usted bien sabe que está prohibido que un judío se relacione con un extranjero o que entre en su casa. Ahora, Dios me ha mostrado que no se debe decir que ningún hombre es profano o impuro” (Hechos 10, 28).
  8. Caminar ecuménicamente con otras comunidades cristianas en el anuncio inculturado y liberador del evangelio, y con otras religiones y personas de buena voluntad, en solidaridad con los pueblos originarios, los pobres y los pequeños, en defensa de sus derechos y en la preservación de la Casa. Común
  9. Establecer en nuestras iglesias particulares una forma de vida sinodal, donde los representantes de los pueblos ariginários, misioneros, laicos, en razón de su bautismo y en comunión con sus pastores, tengan voz y voto en las asambleas diocesanas, en los consejos pastorales y parroquiales, en resumen, en todo lo que les cabe en el gobierno de las comunidades.
  10. Comprometernos en el reconocimiento urgente de los ministerios eclesiales ya existentes en las comunidades, llevados a cabo por agentes pastorales, catequistas indígenas, ministras y ministros de la Palabra, valorando especialmente su atención a los más vulnerables y excluidos.
  11. Hacer efectivo en las comunidades que nos han confiado el paso de una pastoral de visita a una pastoral de presencia, asegurando que el derecho a la Mesa de la Palabra y la Mesa de la Eucaristía se haga efectivo en todas las comunidades.
  12. Reconocer los servicios y la real diaconía de la gran cantidad de mujeres que dirigen comunidades en la Amazonía hoy y buscar consolidarlas con un ministerio apropiado de mujeres líderes de comunidad.
  13. Buscar nuevos caminos de acción pastoral en las ciudades donde actuamos, con el protagonismo de laicos y jóvenes, con atención a sus periferias y migrantes, trabajadores y desempleados, los estudiantes, educadores, investigadores y al mundo de la cultura y de la comunicación.
  14. Asumir frente a la avalancha del consumismo con un estilo de vida alegremente sobrio, sencillo y solidario con aquellos que tienen poco o nada; reducir la producción de residuos y el uso de plásticos, favorecer la producción y comercialización de productos agroecológicos y utilizar el transporte público siempre que sea posible.
  15. Ponernos al lado de los que son perseguidos por el servicio profético de denuncia y reparación de injusticias, de defensa de la tierra y de los derechos de los pequeños, de acogida y apoyo a los migrantes y refugiados. Cultivar amistades verdaderas con los pobres, visitar a los más simples y enfermos, ejerciendo el ministerio de la escucha, del consuelo y del apoyo que traen aliento y renuevan la esperanza.

Conscientes de nuestras debilidades, nuestra pobreza y pequeñez frente a desafíos tan grandes y graves, nos encomendamos a la oración de la Iglesia. Que nuestras comunidades eclesiales, sobre todo, nos ayuden con su intercesión, afecto en el Señor y, cuando sea necesario, con la caridad de la corrección fraterna.

Catacumbas de Santa Domitila

Roma, 20 de octubre de 2019

MANIFIESTO DE LA PALABRA

José Ramón González Parada, Manuel García Guerra

Este pequeño/gran espacio para manifestar el compromiso de ÉXODO desde la cima de los 150 números publicados: Frente a tanta promesa incumplida, tanta mentira para ocultar la verdad, tanta imagen para encubrir la realidad, frente a la banalización de la vida, ÉXODO, como testigo y portavoz de un camino alternativo, va a seguir reivindicando LA PALABRA

Treinta años comunicando y 150 números editados bien vale un homenaje a la revista ÉXODO, el homenaje de la palabra. En el inicio era la palabra… y desde la palabra inicia ÉXODO su camino, su salida al mundo. Una palabra que razona, y por tanto se opone a la mentira, a la manipulación, al engaño, a la falsificación de la verdad, la posverdad. Para no faltar a la verdad, da la palabra a muchas visiones y experiencias, pues la verdad es siempre una búsqueda colectiva, nunca un documento acabado, un dogma, una fe indubitable que por indubitable deja de ser fe. La palabra que razona, la razón, el logos, es un compromiso en la frontera del pensamiento –social, político, religioso–, el territorio por crear, la terra incognita. También el territorio por reconstruir frente a la globalización, la periferia de las megalópolis, las periferias de la geopolítica que soportan las guerras.

Hoy sin embargo asistimos a la degradación de la palabra, la palabra tramposa que –en definición del poeta salvadoreño Roque Dalton– denuncia la generalidad infinita del mal/ y propone soluciones de hormiga. Inmersos en una campaña electoral permanente domina la palabrería; el análisis crítico ha sido barrido por el relato, las aspiraciones sociales subsumidas en falsas soluciones, y el pensamiento sustituido por la imagen. Con la degradación de la palabra se entroniza el mundo de la imagen: emoticonos, logotipos, impresiones en 3D, el brillo de las pantallas, terminales del pensamiento único. Una imagen –dicen– vale más que mil palabras, sin embargo, ¿quién podría sintetizar en una imagen la crisis ecológica del planeta?, ¿quién podría resumir con una imagen la encíclica Laudito Si, del Papa Francisco? La imagen del niño Aylan, ahogado en las aguas del Egeo, dio la vuelta al mundo, una imagen que el maestro de la palabra sanadora, Pedro Casaldáliga, utilizó en su felicitación navideña de aquel 2015, pero que sería incomprensible sin su poesía –un menino que vem das profundezas do Misterio… chega pequeno, en uma impotencia total como os Aylan do Reino…–. Una imagen que por sí sola no puede explicar el problema ya planetario de la emigración, el exilio, los refugiados.

La palabra no es solo racional, también es una palabra poética, amorosa, que convoca a la acción y acompaña los cuidados; espacio comunitario donde se organiza la acción emancipadora, donde la solidaridad se expresa. Es la palabra amorosa, pero también enérgica que convoca a la resistencia a la banalización de la política, a los prejuicios que pesan como una losa en la conciencia social, a la mercantilización de la vida. Y llama también a la desvinculación con los viejos mitos de la modernidad, el progreso infinito, la supremacía técnica o el dominio sobre la naturaleza.

Hoy el ámbito de la comunicación personal desfallece ante la dictadura de los algoritmos. El número arrebata el sentido a la palabra para convertirnos en un código de usuario; nos quitan la palabra y a cambio nos dan una contraseña alfanumérica. Convertidos en productos comerciales conectados por microchips bajo control instantáneo, si quedamos mudos de la palabra no saldremos ilesos.

ÉXODO, en cambio, pretende valorar la comunicación personal, donde del reconocimiento del otro se deriva la dignidad de todos los seres humanos. No se trata de un recorrido histórico y filosófico –crónica apasionante–, sino de explicitar las razones y las emociones que nos siguen animando a tratar de conseguir que tanto el reconocimiento como la dignidad sean efectivas y universales.

Entiende que la justicia y la igualdad son exigencias ético-políticas acuciantes para enfrentar la hegemonía del neoliberalismo. Y promueve la acogida, la compasión, el cuidado y la búsqueda incansable de La Paz como criterios para ubicarse en un mundo, cuyo Éxodo sin duda, se presenta largo y desértico.

Y siempre, siempre caminando juntos creyentes y no creyentes con los pobres de la tierra para implantar aquello que, nosotros, creyentes llamamos el Reino del Jesús de Dios.

Por ello reivindicamos el valor de la palabra como vehículo de la memoria y promesa de futuro. Reivindicamos el valor de la palabra frente al fascismo de nuestro tiempo, el tecno-totalitarismo que dispone de todo el poder a cambio de una sola idea, la magia de las soluciones tecnológicas. Frente al deslumbramiento que hoy nos ofrecen los amos del mundo con sus sofisticadas innovaciones tecnológicas, innovaciones del poder y para el poder, desafiamos el poder con una sola tecnología, las ideas. Pues, como decía Gabriel Celaya, nos queda la palabra.

Salvemos las palabras con las que construimos la memoria, con las que analizamos las migraciones, la crisis ecológica, la explotación, el capitalismo digital-financiero. Salvemos las palabras con las que comunicamos las ideas más activas, más rápidas, más extraordinarias que cualquier tecnología, las que nos convocan a la acción emancipadora y vienen preñadas de futuro.

Desafiando la lógica de los nuevos modelos de (in)comunicación, ÉXODO sigue imprimiendo en papel sus palabras, sigue comunicándose materialmente con sus lectores, dialogando con sus colaboradores, ofreciendo sus páginas para la reflexión, el diálogo y el encuentro. Después de treinta años, le deseamos muchos más.

El foro Gogoa de Pamplona. Experiencia y proyección de diálogo y proyección social de un cristianismo de liberación

Permanente del Foro Gogoa

Datos de un servicio a la sociedad civil y a la Iglesia

Durante algo más de 23 años de actividad continuada, el Foro GOGOA, Cristianismo y Mundo Actual, ha llevado a cabo en Pamplona 223 actividades con presencia de 234 ponentes, un 30 por ciento de ellos mujeres, y participación de un público aproximado de 72.000 personas. Ha publicado también algunos folletos temáticos y una breve antología de textos, recogidos al cumplir 20 años, que son accesibles, de manera gratuita, en su sitio de internet www.forogogoa.org, donde se pueden encontrar también, en vídeo y en forma de entrevistas escritas, las aportaciones de los conferenciantes y el público en las últimas sesiones.

Sin olvidar otras, entre muchas voces escuchadas recordamos, por más conocidas, a Leonardo Boff, Adela Cortina, Victoria Camps, José María Castillo, Joaquín Estefanía, Francisco Fernandez Buey, Teresa Forcades, Benjamín Forcano, Forges, Ángel e Iñaki Gabilondo, Jacques Gaillot, Eduardo Galeano, Giulio Girardi, José Ignacio González Faus, Gustavo Gutiérrez, Yayo Herrero, María Jesús Izquierdo, Enric Juliana, Julio Lois, Michael Löwy, José Maria Mardones, José Antonio Marina, Juan Martín Velasco, Emma Martínez Ocaña, Juan Masiá, Reyes Mate, Vincenç Navarro, Arcadi Oliveres, José Antonio Pagola, Margarita Pintos, Josep Ramoneda, Jorge Riechman, Margarita Robles, Javier Sádaba, Gervasio Sánchez, Jon Sobrino, Marina Subirats, Carlos Taibo, Andrés Torres Queiruga, Juan María Uriarte, y Marciano Vidal.

Este servicio, a la sociedad civil y a la Iglesia, surgió en 1996, después de casi dos años de propuesta y maduración en un taller de teología para seglares basado en el método de la teología de la liberación, y de un debate participativo en el seno de 22 comunidades cristianas de base de la diócesis de Pamplona y Tudela. Esa participación e implicación en la creación del proyecto, y el continuado apoyo y respuesta de las comunidades, son la clave de los buenos resultados obtenidos.

Quedó claro, desde el comienzo, que no queríamos convertirnos en un movimiento social o en portavoz de un sector eclesial. El Foro GOGOA ha sido repetidas veces invitado a pronunciarse sobre cuestiones de actualidad referentes a temáticas sociales, culturales, políticas y eclesiales, y a quienes lo han requerido les hemos dicho siempre que el Foro, como tal, no tiene opinión, porque desea mantener abierto su carácter de espacio de debate y encuentro. Las Comunidades Cristianas de Base, o miembros de ellas a título personal, sí se han pronunciado sobre esas cuestiones. Siempre esas opiniones, propuestas o comunicados se han hecho llegar a las autoridades de la diócesis. Las Comunidades tienen una persona representante en el Consejo de Pastoral, pero éste sólo se ha reunido una vez en el curso de los seis últimos años.

¿Por qué y para qué nació el Foro Gogoa?

La década de los años noventa fue en Navarra un tiempo muy duro en lo sociopolítico, marcado por la violación constante de derechos humanos y la gran dificultad para convivir en seguridad y libertad en una comunidad enfrentada por cuestiones de identidad y cultura. En lo eclesial, se asistía a un retroceso a posturas de un pasado preconciliar y una creciente desafección de las generaciones más jóvenes. El Foro GOGOA nació, pues, para traer algo de aire fresco en una coyuntura muy concreta de sequía cultural y participativa. Había que abrir un mayor espacio de opinión pública en la Iglesia y a una proyección social de lo cristiano. Hoy creemos que el esfuerzo ha merecido la pena, ha dilatado espacios de escucha y entendimiento, y hasta ha servido de estímulo a otros grupos ciudadanos para enriquecer la vida cultural y social de nuestra tierra.

Una cuestión importante fue la elección del nombre: GOGOA. En nuestra cultura de habla vasca, cuando muere una persona querida repetimos “GOGOAN ZAITUGU”, te tenemos en “Gogoa”. Y esa es una palabra de muy rico y plural significado en los escritores clásicos de la literatura en lengua vasca, sobre todo en su obra cumbre, del siglo XVII, “GERO” (Después) del escritor navarro Pedro Daguerre, “Axular”. GOGOA significa la energía anímica; la sede del afecto, del agrado y del consuelo; la postura vital, la facultad de discernimiento, la resolución de la voluntad. Y, también, el mundo interior, la fuente de tensión al servicio del ideal, la sede de la ternura, de la comprensión y la misericordia. GOGOA es el centro de la personalidad de donde brotan la energía, la vida, el calor y la ilusión.

Una asociación civil fronteriza

Decidimos ser una Asociación acogida al derecho civil y no al eclesiástico. Deseábamos movernos con entera libertad por ser el nuestro un espacio fronterizo de reflexión y diálogo, abierto, con entera gratuidad, a toda la sociedad y a la Iglesia. En ese lugar de encuentro venimos abordando temas referentes, sobre todo a política, economía, ecología, movimientos sociales, sociología comunicación, filosofía, teología, religión”.

Nuestro intento ha sido hacer una apuesta por la paz y la justicia, y no sólo facilitar reflexión e ideas, sino también presentar experiencias valiosas con voces de nuestro país y de otras partes del mundo. También quisimos proponer otras maneras posibles de vivir en fidelidad al evangelio y escuchar a quienes, con su trabajo intelectual y su praxis, se esfuerzan por hacer comprensible y cercano el mensaje cristiano a los hombres y mujeres de nuestro tiempo.

En contenidos y formas hemos buscado siempre ser positivos y propositivos. Hemos dado más importancia a los cauces de encuentro y a marcar pistas alternativas de intervención social que a la mera denuncia que se agota en sí misma.

Organización y Autonomía

Cada una de las actividades que realiza el Foro GOGOA tiene, en la actualidad, un coste aproximado de 1.400 euros, destinados a retribución, viajes y estancias de los ponentes, alquiler del salón y su equipamiento, seguro de responsabilidad civil, edición y distribución de propaganda. Nuestra publicidad llega a 735 direcciones de correo electrónico y 325 de correo postal, además de los carteles y hojas volanderas que editamos. Los costes se sufragan con las cuotas de 125 personas socias y donativos de personas y grupos colaboradores. Toda la tarea de programación, contactos, acompañamiento, administración, gestión de alojamiento y billetaje, presentación de ponentes, traducciones, grabación y edición de vídeos, facilitación de coloquios, preparación de ediciones y su ensobrado y distribución, la hace un grupo que forman 12 personas enteramente voluntarias.

 

Cada cual ha aportado con arreglo a sus posibilidades y capacidades disponibles, pero no ha habido ningún intento de monopolizar ni la dirección ni la gestión. A la Asamblea llegan ideas y solicitudes sobre temas a abordar. El Foro ha estado siempre abierto a la incorporación de personas socias al equipo coordinador y promotor. Y se ha guiado por los principios de una “carta fundacional” que las comunidades de base aprobaron.

Balance, mediante encuesta, a las Comunidades y personas socias

El Foro GOGOA resulta ser un espacio de reflexión sobre cuestiones actuales, de altura y calidad, por las ideas y las experiencias presentadas, y el testimonio, experiencia y saber de los ponentes.

Trae a luz un pensamiento crítico, abierto, plural, anticipativo. Está atento a novedades y a los grandes debates del mundo actual. Ofrece reflexiones audaces. Pero lo hace sin estridencia, sin provocar confrontación ni escisiones. No separa la fe del mundo; manifiesta que lo humano es el campo del evangelio. Ayuda a personas en búsqueda de horizontes sociales o espirituales.

Ha tenido más influencia incluso que la que imaginamos a su comienzo, por la gran participación que ha tenido a lo largo de los años. El público, diverso, acude en cantidad porque el Foro GOGOA ha programado temas de gran interés y calado. Pero se constata escasa o solo ocasional asistencia de gente joven.

Es un lugar de proyección social de lo cristiano, pero, por su posición fronteriza, abre mayor espacio de opinión en el exterior y la periferia de la Iglesia que en su interior. Y eso que han pasado por el Foro dos obispos (Gaillot y Uriarte) y excelentes teólogos y biblistas. Viene a sus actividades gente no creyente y, a través de los medios, da otra imagen de modos cristianos de estar en el mundo. Gogoa es, en cierta medida, para algunos y algunas ese rostro distinto y más atrayente que desean ver en la Iglesia.

Constituirse como asociación civil fue un acierto, para preservar su libertad de programación y acción en una época de conservadurismo eclesial y de fuerte confrontación político-identitaria y años duros de violencia de ETA y negación de derechos humanos en Navarra. El Foro ha hecho aportaciones para la paz.

El Foro es un bien público para Pamplona y para la Iglesia que hay que hacer lo posible por mantener, mientas se pueda. Pero nada es para siempre. Todas las cosas tienen su tiempo y su fecha de caducidad. El Foro es un servicio para una situación y un tiempo concretos.

En lo personal e individual, quienes responden a la encuesta dicen que les ha aportado cosas diversas: Amplía puntos de vista, descubre novedades, pone al día, acompaña procesos de crecimiento en la fe y maduración personal y comunitaria, abre al mundo uno y globalizado. Permite conocer y dialogar con personas sabias y comprometidas. Implica con ilusión en el trabajo a un grupo de personas voluntarias. Hace descubrir el evangelio de otra manera.

Pamplona, abril de 2019

Un proyecto de autoformación desde y para los movimientos sociales

El proyecto de formación política Nociones Comunes (NNCC) es una de las patas del proyecto Traficantes de Sueños (TdS), situada en el barrio de Lavapiés (Madrid), y parte de la red de la Fundación de los Comunes (FdlC).

Tras una trayectoria colectiva de más de veinte años en el campo de la autonomía, en 2009 el lanzamiento de un proyecto de formación política más estructurado surge de la necesidad de generar espacios de producción de conocimiento desde y para los movimientos sociales. Podemos destacar al menos cuatro líneas que dotan de sentido político al proyecto. Por un lado, NNCC nace de la crítica del conocimiento académico-centrado, cada vez más atravesado por las lógicas de la productividad y la endogamia de los circuitos formalmente reconocidos, visiblemente plegados sobre sí y en progresiva decadencia respecto a su capacidad de transformación social. Por otro lado, hablamos de la valorización de los saberes subalternos entendiendo la necesidad de un reconocimiento de los saberes colectivos producidos desde las luchas mismas, en su complejidad, en sus formas, alimentados desde los procesos de autoorganización de los sujetos políticos en conflicto. En tercer lugar, reivindicamos el carácter colectivo de la producción de conocimiento, intentando escapar del fetichismo de los Grandes Autores, así como de la formación clásica de partido basada en una vanguardia que ejerce de concientizadora de las masas. Por último, nuestros cursos no sirven sólo para aprender conceptos abstractos, sino que tienen la vocación inequívoca de servir a la transformación social, de manera que las herramientas de la crítica sean siempre simultáneamente teóricas y prácticas, de reflexión y de acción, siguiendo la tradición según la cual interpretar y transformar el mundo son necesariamente momentos inseparables.

Desde el punto de vista del contenido, los ejes centrales que se trabajan van desde el pensamiento crítico, la historia, las temáticas en torno a la crisis, los feminismos o las metrópolis, entre otros. En diálogo y conexión permanente con las luchas sociales, entre 2009 y 2011 fueron especialmente importantes los cursos que alimentaron al movimiento de las oficinas de derechos sociales, la visibilización de otros feminismos o los usos políticos de las emergentes redes sociales. Entre 2011 y 2013, se trabajaron intensamente las líneas surgidas del movimiento de las plazas, como los análisis del crack de la burbuja inmobiliaria española, la crisis política del Régimen del 78 y de la Unión Europea y la potenciación en general de la reflexión sobre la democracia radical del 15M. A partir de 2014, puede destacarse la trilogía de cursos Asaltar los Cielos que sirvieron como acicate de la discusión sobre el municipalismo. Por último, merece ser subrayada la potencia que en los últimos años han tenido los temas feministas: cuidados, economía feminista, amor, crianza, masculinidades o violencias machistas. Otros contenidos que se han trabajado han sido el psicoanálisis heterodoxo, las subculturas musicales o las discusiones sobre los comunes. Además, en colaboración con el Instituto por la Democracia y el Municipalismo, desde 2016 se han llevado a cabo cursos orientados al análisis crítico de las redes de poder en Madrid, la economía política de la crisis o la geografía y la historia crítica.

Respecto a la organización de los cursos, el formato básico ha consistido en series de entre seis y doce sesiones de periodicidad semanal, con una asistencia presencial variable de entre treinta y noventa personas. En general, cada sesión consiste en una exposición seguida de un debate dinamizado, apoyado por una carpeta de textos de lectura. Para realizar las exposiciones, se ha tendido a priorizar personas relacionadas directamente con las luchas de los movimientos. Para preparar cada uno de los casi setenta cursos inéditos realizados, se realiza un trabajo de investigación previo sobre los temas emergentes en las luchas sociales, evaluando su pertinencia política en la coyuntura del momento. Entre algunas de las virtudes que las participantes suelen señalar, los cursos de Nociones permiten entrar en temas que se desconocían o profundizar en ellos, acceder de una manera sintética a discusiones novedosas de primer nivel que de otro modo resultarían inaccesibles, la pluralidad de visiones o registros de las distintas sesiones, así como la relación con colectivos del resto de la ciudad que están involucrados en las cuestiones tratadas.

Respecto a la distribución, NNCC apuesta por la devolución permanente al común de los contenidos de los cursos. Siguiendo la lógica de multiplicación del acceso libre y gratuito, los audios de todas las sesiones se cuelgan online a través del canal de Soundcloud de TdS (y recientemente en Ivoox). Una dimensión importante es la retroalimentación entre la producción editorial de TdS y los contenidos de los cursos. Esta coordinación y capacidad de multiplicación la evaluamos muy positivamente, y ha derivado en una importante distribución de los audios, algunos con miles de escuchas.

Económicamente, para poder realizar todo este trabajo, hemos tratado de poner un precio asequible a los cursos, de entre 30 y 70 euros. Esta financiación ha servido para poder liberar algunas de las funciones de investigación, contactación, organización y preparación de los cursos, agradecer las colaboraciones de las personas que exponen, así como pagar sus desplazamientos, apoyar la logística de grabación, edición y subida de audios, mejorar la infraestructura general de la sala y contribuir al alquiler de un local en el centro de Madrid, entre otros costes.

Finalmente, podemos señalar algunos de nuestros retos para el futuro. Por un lado, aspiramos a poder estabilizar algunos itinerarios de formación más sistemáticos, así como a diferenciar y complejizar las metodologías pedagógicas según distintos perfiles. También, queremos generar una mayor interacción entre las y los participantes de modo que se facilite el surgimiento de iniciativas colectivas a partir de la participación en los cursos. Por otra parte, desde 2016 arrancamos a nivel estatal el proyecto del Aula Virtual de NNCC, que ya está realizando cursos online periódicamente mediante una metodología de formación que pretende facilitar el acceso a la formación política a personas de cualquier pueblo o ciudad así como a aquellas con dificultades de horarios o asistencia presencial. Por todo ello, la consecución de estos retos pasa por plantear el crecimiento del proyecto a medio y largo plazo, apostando por la inversión en la infraestructura material que lo haga posible, por ejemplo, soñando en una suerte de Universidad Popular de movimientos sociales, al estilo de la escuela Florestan Fernándes de Brasil[1].

 Enlaces de interés

– Nociones Comunes Madrid: www.traficantes.net/nociones-comunes

– Red NNCC (FdlC) www.fundaciondeloscomunes.net/areas-de-trabajo/autoformacion

– Audios de los cursos de Madrid: https://soundcloud.com/traficantesdesue-os/albums

– Aula Virtual: http://aula.fundaciondeloscomunes.net

Videos del Aula Virtual:

https://www.youtube.com/channel/UCHc3ADMCAegNeyFzxPvDLZw/playlists

[1] https://viacampesina.org/es/brasil-la-escuela-nacional-florestan-fernandes-cumple-12-anos/

La ética del cuidado para la transformación de la Iglesia

Montserrat Escribano Cárcel

Dice Joaquín García Roca que: “Cuidar es hoy el epicentro de políticas públicas, de movimientos sociales y de prácticas ciudadanas […] Es a la vez una perspectiva que inaugura una nueva mirada cordial y cooperante, un nuevo modelo frente a los modelos disciplinarios, y una nueva cultura que se origina del acceso de las mujeres al espacio público, de la emergencia de la conciencia ecológica, y de la transformación de las instituciones tutelares” [1]. Parece que una nueva comprensión de los cuidados está tomando cuerpo entre nuestras relaciones personales e institucionales. Se presenta como una nueva perspectiva, un nuevo enfoque capaz de hacernos descubrir otras realidades de la vida humana. Esta novedad se ha hecho evidente, en gran parte, a partir del pensamiento y la investigación de teóricas, pensadoras y mujeres que han hecho de la práctica del cuidado su horizonte vital. La pregunta que surge es si en el interior de la iglesia esta perspectiva del cuidado ha arraigado de un modo tan visible que podamos afirmar que también es “epicentro”.

Uno de los ámbitos donde más se aprecia su desarrollo es en la «ética del cuidado». Según Lydia Feito Grande, se trata de un programa de fundamentación que se pregunta por las razones y los valores subyacentes a la tarea del cuidar. Supone la realización de valores que van más allá de la corrección deontológica y que aspiran a una cierta perfección personal y de las instituciones. Por ello, cuestiona cómo podemos alcanzar lo que es bueno, lo que nos hace felices y no solo aquello que consideramos correcto. La perspectiva del cuidado gravita, según Feito Grande, en una llamada a la solicitud y a la responsabilidad por el otro humano, que no puede sernos ajeno y que se convierte en un mandato moral, no solo privado, sino también político [2]. Esta perspectiva se está aplicando, de modo interseccional, en diversos ámbitos eclesiales de la diócesis de Valencia. En ellos está suponiendo, aunque de modo incipiente, una transformación de la vida eclesial que ayuda a entender vivamente la realidad del Reino o lo que el papa Francisco ha señalado como la necesidad de una «iglesia en salida».

Comienzo por el ámbito teológico. En él, la clave del cuidado ha sido incorporada por teólogas feministas como Marta Alonso [3] o Antonina Wozna [4]. Sus investigaciones han ampliado las posibilidades interpretativas y permiten que la clave del cuidado, aplicada a la teología, sea un punto nuclear desde el que repensar el resto. La presencia de esta clave se ha hecho común en las tareas que realizamos en el Seminario teológico Hágase. Este pequeño espacio reflexivo, dentro de la Facultad de Teología San Vicente Ferrer, nos sirve para profundizar, de un modo más ético y actualizado. Algunas de las múltiples posibilidades que nos abre el cuidado son la oportunidad de hacer relecturas bíblicas y de determinados teólogos a partir de claves como la reciprocidad, el cuidado o la diversidad. Nos interesan enormemente por tratarse muchas veces de relatos fundacionales, con una presencia honda en la liturgia, en las representaciones plásticas que nos rodean o porque han servido de fundamentación para construir la mayoría de las asimetrías eclesiales padecidas, especialmente, por las mujeres. Así que, aplicar metodologías de análisis, hermenéuticas críticas feministas e incorporar bibliografías de teólogas es, para las teólogas que formamos el Hágase, una tarea de reconocimiento, de reciprocidad y de ir haciendo real la posibilidad política de aparición. Estas claves desvirtúan y se apartan de otras teologías en las que a las mujeres se las presentó como, poco más, que un complemento peligroso y desestabilizador [5].

La aplicación de claves feministas a la teología como son el cuidado, el sostenimiento o el género evidencian que la relación, estrecha y amorosa, entre el Dios trinitario y la humanidad va siempre de la mano de la responsabilidad, la denuncia, el alivio y el cuidado de toda vida. Precisamente, estas claves se hacen patentes en el trabajo que estos años está realizando Cáritas. Uno de estos espacios es, por ejemplo, el programa Jere Jere. En él se atiende a mujeres en contexto de prostitución y trata. Las responsables y voluntarias acompañan sus necesidades de autocuidado y apoyan sus procesos de búsqueda de alternativas para la inserción sociolaboral. Además, este trozo del «hospital de campaña» del que habla Francisco, incluye también la tarea de denuncia frente a los consumidores de prostitución y la concienciación ciudadana ante estos graves modos de violencia.

Quiero, por último, destacar las importantes consecuencias políticas que tiene la incorporación de la clave del cuidado en nuestros espacios y dinámicas eclesiales. Considero que, entre otros muchos valores que aporta, nos permite calibrar más acertadamente la ausencia de reconocimiento de las mujeres bautizadas como sujetos de pleno derecho. No se trata solo de aumentar la cuota de presencia, sino también que pueda acceder a todos los puestos de decisión económica, teológica, doctrinal o litúrgica. Se trata pues de que podamos decidir la agenda eclesial en su conjunto y no, únicamente, que se visibilice o se consideren aquellas tareas que ya realizamos. En tiempos de clericalismo y de acedía espiritual no parece lícito mantener estructuras y mentalidades patriarcales, sino más bien poner nuestra atención orante en las periferias.

[1] Joaquín García Roca (2017), “La construcción social del cuidado”, en Rosa María Belda Moreno (ed.), Documentación Social 187, p. 127.

[2] Lydia Feito Grande (2017), “Ética del cuidado en las profesiones socio-sanitarias”, en Rosa María Belda Moreno (ed.), Documentación Social 187, pp. 29-47.

[3] Marta Alonso (2011), El cuidado, un imperativo para la bioética, Madrid. Universidad Pontificia de Comillas.

[4] Antonina Wozna (2018), Némesis: concepto de justicia en la ética feminista de Mary Daly. Aportación a la visión tradicional de la justicia, la justicia de la representación y la justicia del cuidado. [En prensa].

[5] Natalia Imperatori-Lee (2016), “No solo un complemento”, Iglesia Viva, 268, pp. 117-120.

La revuelta de las monjas. Del estado de perfección al estado de transformación permanente

Carmen Soto Varela

La Vida Religiosa femenina en general y la española en particular somos un sector de población bastante invisible en nuestras sociedades democráticas. En general en el imaginario colectivo permanecemos fosilizadas en una imagen anticuada cargada de estereotipos que apenas responde a lo que hoy somos o queremos ser las mujeres que hemos optado por vivir un proyecto que consideramos emancipador y encarnado en medio de un mundo cargado de desafíos y amenazado por la violencia y la injusticia.

El Concilio Vaticano II (1962-1965) impulsó en la vida Religiosa femenina un cambio significativo en su modo de entenderse a sí misma como colectivo, pero también dentro de cada instituto en relación a su carisma y a su misión. Las monjas consideradas tradicionalmente iconos de inmutabilidad y estabilidad comenzamos, no sin esfuerzo, a cambiar nuestro estilo de vida, nuestras opciones y nuestro modo de estar en el mundo en este nuevo marco eclesial.

Las transformaciones de este periodo llegaron inicialmente como un huracán, pero fueron adquiriendo un ritmo más lento según pasaban los años, a la vez que se hacían más hondas y determinantes. En el camino hubo incertidumbres, fracasos, divisiones, miedo, pero también esperanza, valentía, novedad e ilusión. Era necesario abrir nuevas sendas, aunque no existían modelos en los que mirarse ni hojas de ruta preestablecidas que permitiesen caminar seguras. No había caminos, pero había un horizonte inmenso de posibilidades que, aunque a veces inciertas, no frenó la pasión y la esperanza de las mujeres que en esa época formaban parte de la Vida Religiosa.

En este contexto de cambio eclesial pero también social, surgieron muchas preguntas que no tenían fácil respuesta y en ocasiones cuando las había eran frágiles o incompletas. La travesía se presentaba difícil y las monjas lo sabían. Al timón de muchas de las instituciones femeninas en esa época posconciliar, estuvieron mujeres audaces, lucidas y de profunda fe que fueron líderes capaces de acompañar e impulsar cambios significativos para sus organizaciones que les permitiesen estar a la altura de los nuevos paradigmas sociales, culturales y económicos que en la segunda mitad del siglo xx estaban naciendo.

La Iglesia en su conjunto tampoco vivía tiempos fáciles y los vaivenes producidos por los avances y retrocesos en la implementación del Concilio afectó de muchas maneras, pero no impidió que una revolución silenciosa se fuese fraguando en las distintas congregaciones religiosas femeninas. Instituciones con solera y tradición que se empeñaron en respirar el aire puro que había traído el Concilio y cada una a su estilo fue adquiriendo un nuevo rostro más ágil y moderno. Fueron desapareciendo los hábitos que uniformaban y creaban un muro entre las religiosas y la sociedad civil. Se democratizaron las relaciones dentro de las casas religiosas, buscando mayor igualdad y equidad en las estructuras y mayor participación en la toma de decisiones. La liturgia se hizo más encarnada y los tiempos marcados anteriormente por la campana comenzaron a regirse por la vida y los acontecimientos.

No todo se consiguió de golpe, pero poco a poco se fue tomando conciencia del carácter profético y provocador que un estilo de vida como el de que las religiosas comenzaban a encarnar tenía a la luz de los nuevos paradigmas teológicos. El redescubrimiento evangélico del seguimiento de Jesús como marca distintiva de todo cristiano y cristiana fue un revulsivo para la identidad de las religiosas que vieron transformadas la concepción de sí mismas, pasando del estado de perfección a un estado de transformación que progresivamente las alejaba de un perfil angélico y virginal para impulsar caminos de compromiso discernidos que daban solidez a sus opciones y madurez a su ser de mujeres consagradas, en un momento en que también se afianzaban los movimientos feministas y sus luchas por la igualdad de derechos y dignidad de las mujeres.

En España todos estos cambios coincidieron con el tardofranquismo y la transición. Las monjas españolas, aunque mucho menos reconocidas que sus homónimos varones, se trasladaron a los barrios marginales, asumieron la causa de los pobres, su memoria y sus luchas. Incorporaron con entusiasmo en sus colegios y obras educativas “los aires modernos” de Europa iniciando sólidos procesos de formación y actualización con gran responsabilidad e invirtiendo fuerzas y dinero.También se fueron innovando y transformando los proyectos dirigidos al cuidado y protección de los más débiles y frágiles al ritmo de las nuevas políticas sociales.

El siglo xxi llegó para nosotras, “las monjas” [1], con nuevos desafíos. La falta de vocaciones persistente en las últimas décadas menguó nuestras fuerzas y posibilidades de responder a los nuevos desafíos sociales y eclesiales, pero eso no anuló la creatividad y la ilusión para seguir buscando y transformándonos al ritmo de la vida y del seguimiento de Jesús.

Aunque nunca es bueno generalizar, “las monjas” en la actualidad somos un colectivo cada vez más consciente de nuestra condición de ciudadanas de un mundo plural y diverso. Somos mujeres con una creciente conciencia feminista que nos lleva a implicarnos cada vez más con grupos y movimientos que luchan por la igualdad de derechos y dignidad de las mujeres tanto en la sociedad como en la Iglesia. Nos sentimos también cada vez más comprometidas con el cuidado de la creación, incluso asumiendo medidas institucionales en favor del cuidado del medio ambiente. Nada nos está siendo ajeno, aunque no siempre tengamos la oportunidad de demostrarlo.

Somos muchas y diversas, pero muy conscientes de ser portadoras de carismas nacidos de la inspiración del Espíritu que siguen siendo fuerza para la vida de las comunidades cristianas, aunque en muchos momentos nos sintamos relegadas a lugares secundarios en una Iglesia que sigue siendo pensada de forma patriarcal. Somos mujeres que, a pesar de los límites, las incoherencias, los fracasos o los silencios creemos en nuestra vocación y nos mantenemos en la brecha.

[1]Al utilizar el término monja asumo el uso popular del término consciente que lo apropiado es diferenciar entre las religiosas de vida activa y las monjas de vida contemplativa.

El Comisionado de la Memoria Histórica del Ayuntamiento de Madrid

Teresa Aradillas

El Comisionado de la Memoria Histórica del Ayuntamiento de Madrid fue creado por acuerdo del pleno municipal de 26 de abril de 2016. Se constituyó como órgano colegiado de asesoramiento y propuestas de actuación municipales en cumplimiento de la “ley 52/2007 de 26 de diciembre por la que se reconocen y amplían los derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la Guerra Civil y la dictadura” (conocida como “Ley de Memoria Histórica”).

En la exposición de motivos de la creación del Comisionado se alude como antecedente tanto al hecho de que ya en 2005 la Organización de Naciones Unidas en su Comisión de Derechos Humanos establecía el “deber de recordar” como a la condena al franquismo llevada a cabo por el Consejo de Europa en el año 2006, cuando se denunciaron graves violaciones a los Derechos Humanos cometidos por España entre 1936 y 1975.

Derivado de lo anterior, y conscientes de que la ciudad y los ciudadanos de Madrid sufrieron con especial intensidad la Guerra Civil resistiendo el asedio de las tropas rebelde desde 1936 a 1939, con posteriores exilios y detenciones masivas que hacinaron sus cárceles o fueron seguidas de numerosas ejecuciones, el actual Ayuntamiento de Madrid consideró su deber dedicar una especial atención a aquellos hechos para que las presentes y futuras generaciones conociesen con cierta objetividad su pasado para no repetir lo indeseado y por el contrario honrar las conductas que deben ser valoradas.

Así, el Decreto firmado por la Alcaldesa nombró Presidenta del Comisionado a Francisca Sauquillo y a continuación fue nombrado como Vicepresidente a José Álvarez Junco y como vocales a Teresa Arenillas, Octavio Ruiz Manjón, Andrés Trapiello, Santos Urías y Amelia Valcarcel, siendo asesor Txema Urquijo y secretario el letrado del Ayuntamiento Pedro Manuel Salas.

La filosofía que inspiró desde el inicio la actuación del Comisionado se sustentó en la idea básica de que las medidas que unas autoridades democráticas deben tomar después de un período de Guerra Civil o dictadura son de gran complejidad y que desde luego había que huir de cualquier ánimo de revanchista, que la justicia nos exigía una restitución de la memoria y honor a quienes les son debidos con independencia de quien gobierne.

No queríamos dejarnos llevar solo por la tan reiterada idea de que los pueblos que no recuerdan su pasado están condenados a repetirlo, pues entendíamos que el recuerdo ayuda, sin duda, a prevenir riesgos futuros pero que en la historia hay más cambios que repeticiones y uno de esos cambios son las transiciones democráticas. En el caso español creíamos que hay razones para apoyar la convicción de que lo ocurrido en 1936 no volverá a suceder.

No pretendimos establecer una versión canónica del pasado que fijase méritos y responsabilidades de cada uno, ni menos aún hacer proyecciones de culpas y méritos remotos sobre grupos sociales del presente.

Tampoco nos guio la idea de hacer justicia en el sentido literal del término, es decir en el de restaurar la situación al estado anterior a que se conculcara el derecho ya que esto raramente es posible y menos aun cuando ha transcurrido tanto tiempo.

Lo único posible ahora es la rehabilitación moral, política y simbólica de las víctimas.

Se trataría sobre todo de resolver los problemas de los ciudadanos españoles presentes mejorando su convivencia y por tanto fortalecer nuestra democracia, nuestras instituciones y nuestra moral cívica.

Con consideraciones de este tipo trabajamos en debate constructivo y abierto, llegando en general a amplios acuerdos y casi siempre a consensos.

De esta manera nos ocupamos de temas como las distinciones honoríficas otorgadas anteriormente por el Ayuntamiento de Madrid y la necesidad en muchos casos de su retirada; de la nomenclatura de calles con las correspondientes supresiones y nuevos nombramientos; de la retirada de símbolos franquistas aún presentes en lugares públicos; de las placas que deberían honrar a personas, instituciones o episodios significativos en la ciudad de Madrid entre 1936 y 1975. También, siguiendo la definición de Pierre Nora, propusimos algunos “lugares de memoria”, espacios físicos a los que se les puede asociar un hecho histórico y un valor simbólico que permitan recordar o conmemorar un determinado episodio representativo de esa etapa de referencia.

Recomendamos retirar cualquier expresión de homenaje a personas que participaron de manera destacada en la rebelión militar de 1936 o en la política represiva del régimen establecido en 1939, proponiendo nombres alternativos que honraran a mujeres ilustres, instituciones pedagógicas o personas destacadas del mundo de la cultura que contribuyeron a engrandecer nuestro patrimonio intangible en tiempos difíciles, así como a quienes adoptaron posiciones conciliadoras.

Visitamos también lugares y nos reunimos con personas relacionadas con asociaciones de víctimas del franquismo y de la Memoria Histórica, con representantes de los grupos políticos municipales, con entidades y personalidades poseedoras de criterios y vivencias relevantes sobre este período histórico.

Las medidas que propusimos pretenden restaurar y fortalecer la confianza entre los ciudadanos y con unas instituciones que han de encarnar la justicia y reconocer que entre 1936 y 1975 se cometieron actos y se vivieron situaciones de violencia que afectaron a muchos de manera injusta. La democracia debe reconocerlo para merecer así la confianza de todos. Solo entonces se podrán considerar cerradas las heridas y saldadas las responsabilidades.

El Comisionado, acabada su función, editó en diciembre de 2017 y entregó a la Alcaldesa de Madrid un libro-memoria que recoge la labor y propuestas realizadas, propuestas que deberán ser ejecutadas en gran medida y en su caso completadas por el propio Ayuntamiento.