Las mujeres y la teología

Mª Luisa Paret García

“Pues no sois vos, Criador mío, desagradecido para que piense yo daréis menos de lo que os suplican, sino mucho más; ni aborrecisteis, Señor de mi alma, cuando andabais por el mundo, las mujeres, antes las favorecisteis siempre con mucha piedad y hallasteis en ellas tanto amor y más fe que en los hombres… ¿No basta, Señor, que nos tiene el mundo acorraladas e incapaces para que no hagamos cosa que valga nada por vos en público ni osemos hablar algunas verdades que lloramos en secreto, sino que no nos habíais de oír petición tan justa? No lo creo yo, Señor, de vuestra bondad y justicia, que sois justo juez, y no como los jueces del mundo, que como son hijos de Adán, y en fin, todos varones, no hay virtud de mujer que no tengan por sospechosa. (CE 4,11) (Teresa de Jesús.

“Es hora de que la Iglesia que pretende ser portadora de las buenas noticias de Jesús ante el mundo, deje ya de traicionar su propio legado esencial de la igualdad absoluta” (Karem Jo Torjesen).

Un poco de historia…

Estas dos citas podrían ser, entre muchas, el sentir general de las mujeres en la Iglesia. ¿Cómo comenzar a hablar sobre esta persistente realidad? En la Biblia, ya clamaba con indignación Miriam, la hermana de Moisés: “Acaso Dios le ha hablado sólo a Moisés?¿No nos ha hablado también a nosotros?”(Num 12,2).

Desde muy antiguo, las mujeres han experimentado en la sociedad y en el mundo la violencia y la opresión, una lacra que tiene profundas raíces religiosas. La Biblia ha sido norma de conducta para los cristianos. Si bien su mensaje central habla de liberación y de salvación, sus elementos patriarcales han sido utilizados para racionalizar la subordinación de las mujeres[1]. La interpretación literal y tradicional de numerosos textos es una muestra de la raíz de la conciencia de inferioridad y culpabilidad que han tenido las mujeres. Si bien es cierto que Jesús las trató con profundo respeto y dignidad, fuese cual fuese su procedencia o conducta, parece que a sus apóstoles y seguidores, les costó aprender el aspecto esencial de su mensaje y lo olvidaron pronto.

Históricamente las religiones surgen en sociedades fuertemente patriarcales. El feminismo es un movimiento que les llega tarde, aun cuando muchas de las actitudes y comportamientos que forman parte de sus enseñanzas, reconocen la igualdad y entroncan con el pensamiento y la teología feminista (Gal 3, 27-28). Pero, ponerlo en práctica, ya es harina de otro costal. Porque, en general, en la Iglesia todo lo relacionado con las mujeres y la teología produce desconfianza, sospecha, o rechazo. Y los dos ámbitos, el eclesial y el teológico, tienen mucho que decir y entrar en diálogo[2].

Durante siglos la orientación patriarcal y androcéntrica de la Iglesia ha repartido las tareas y vidas de las mujeres y de los hombres (las tareas para las mujeres y las responsabilidades para los hombres). El ámbito público de lo religioso como la presidencia de la comunidad o parroquia, la administración de sacramentos, la dirección del culto, la toma de decisiones, etc., que atañe a toda la comunidad, queda mayormente en manos de varones. La transmisión de la fe y la iniciación de los sacramentos han sido siempre “cosa de mujeres” –expresión ambivalente donde las haya–, e igualmente a ellas les han tocado en este reparto todas las tareas de logística eclesial[3].

Las mujeres vivimos en la Iglesia bajo una organización que no está pensada para nosotras. Y esto hay que reflexionarlo no solo desde la teología, sino desde la propia actividad parroquial. Urge recuperar los ministerios. Echamos de menos espacios eclesiales que permitan enriquecernos de la experiencia de fe de las mujeres[4]. La evangelización, en todas las etapas del proceso de la educación de la fe, desde la catequesis de adultos, la Iniciación a los sacramentos del Bautismo, Confirmación y Eucaristía, así como la acción social, objeto del antiguo diaconado femenino del que ahora se vuelve a hablar, por obra y gracia del papa Francisco, ha sido mayoritariamente atendido por mujeres.

Se escuchan bellos sermones y conocemos documentos eclesiales significativos que hablan de derechos humanos, pero las mujeres seguimos esperando que la Iglesia modifique el Derecho Canónico y que se incluyan todos los Derechos Humanos, especialmente los de la mujer.

Somos la base social de la Iglesia, participamos en encuentros, asambleas, seminarios, en los que, con toda seguridad, es un varón célibe quien sustenta la responsabilidad. En cuanto a los símbolos religiosos, la liturgia, los textos bíblicos, las homilías, salvo honrosas excepciones, las mujeres hemos quedado excluidas de la representación del Dios cristiano.

Las mujeres nos ponemos en marcha…

Pero, al hilo de la historia, de la misma manera que experimentaron los infortunios, las mujeres se dan cuenta de su potencial creativo, generador de vida, de resistencia ante las adversidades y con audacia, valentía, e, incluso, valiéndose del engaño ante quienes les niegan sus legítimos derechos, reaccionan y se arriesgan en defensa de los más débiles logrando que el derecho y la justicia no sean liquidados. La historia de la salvación fluye a través de ellas, siendo fieles al plan de Dios en los acontecimientos más importantes del pueblo de Israel.

Con Jesús se convierten en sus más fieles seguidoras, responden a su llamada y a la misión, desde los comienzos en Galilea, hasta el final, al pie de la cruz.

Las mujeres están presentes en todas las cruces del mundo y convierten en resurrección allí donde hay muerte y tumbas vacías. Son portadoras de esperanza, de transformación cuando nada se espera y otros se esconden en los cenáculos seguros, por miedo a los poderosos. Son interlocutoras válidas de la Palabra de Dios, enseñan, crean y recrean nuevas formas de ver, escuchar y actuar, aun sin ser reconocidas por las autoridades del momento histórico que les toca vivir. Están fuertemente vinculadas a la Ruah-Espíritu en un movimiento dinámico liberador, en los Pentecostés de la cotidianidad, y saben esperar y confiar en “que todo terminará bien” (Juliana de Norwich).

Nuestra aportación en la Teología, en la Iglesia y en la sociedad

La teología clásica no tuvo en cuenta la experiencia de fe de las mujeres que, aun formando parte de la comunidad, fueron pronto excluidas de la Palabra y del Magisterio. Las excepciones de alguna Doctora de la Iglesia no logran negar la evidencia.

La Teología Feminista es, pues, una relectura del mensaje cristiano desde la óptica, la situación y la experiencia de las mujeres y reclama hablar de Dios desde el sufrimiento de los/as inocentes. Su finalidad es la liberación de todos los seres humanos –mujeres y varones– de las estructuras injustas que los mantienen en situación de minoría de edad.

Nuestra reflexión teológica tiene mucho que aportar en las cuestiones antropológicas y de género, especialmente en relación al papel de la mujer en las religiones[5].

La subordinación e invisibilización que sufrimos las mujeres ha sido estudiada con rigor por la Antropología feminista[6], que intenta responder a la pregunta “¿Por qué la opresión de las mujeres es universal?”. Henrietta Moore[7], cita a Edwin Ardener como el primero que habla de los “grupos silenciados”, pues los grupos dominantes controlan los modos de expresión. Por eso, la visión masculina se equipara a la visión de toda la humanidad.

La antropología feminista reflexiona sobre el concepto de diferencia en detrimento del de semejanza. Considera que hay tres elementos comunes en cualquier cultura que hacen de la invisibilidad de la mujer un hecho universal:

  • Lo biológico, su cuerpo, el miedo al mismo y el deseo de controlarlo.
  • El papel asignado en la mitología y justificado en todas las religiones.
  • La responsabilidad colectiva en el pecado, el mal.

Los roles de género, es decir, las tareas que una cultura asigna a los sexos, han influido decisivamente en la sociedad y en las religiones. La supremacía masculina se otorga gracias a la exclusividad del poder religioso. En función de ideologías sexuales y con el hábil manejo de mitos y ritos, los hombres consideraron que eran superiores a las mujeres y que éstas eran peligrosas e inferiores.

La mayoría de las teologías insisten en la obediencia y en la sumisión de los cuerpos de las mujeres. Pocos son los que han denunciado las prácticas rituales de mutilación y castración como inhumanas y contrarias a los deseos divinos. Según Amnistía Internacional, “la discriminación es una enfermedad mortal. Diariamente mueren más mujeres y niñas a consecuencia de diversas formas de violencia y discriminación por razón de sexo, que por ningún otro abuso contra los derechos humanos[8].

En definitiva, la construcción de las diferencias sexuales forma parte de un dispositivo de control que construye la sexualidad como medio para ejercer el poder. La sexualidad forma parte de las relaciones sociales, la economía, las creencias, las instituciones, la política e impone destinos a las personas: agrupa, excluye, incluye, permite o prohíbe su acceso al poder y al placer.

La teología feminista no es ajena al dolor. Nuestros encuentros y comunicaciones favorecen una metodología propia, utilizamos un lenguaje teológico claro, inclusivo, creativo y sencillo. Ponemos nombre a lo que vivimos, sentimos y pensamos las mujeres, con una especial sensibilidad hacia la marginación –no olvidemos que la pobreza tiene nombre de mujer– en cualquiera de sus aspectos. Apostamos por el conocimiento que busca la verdad, lejos de entenderla como promesa absoluta de un entendimiento incuestionable, pues eso contradice su fin principal: la búsqueda.

Sandra Harding incluye tres rasgos en la Metodología feminista:

  • La incorporación de la experiencia de las mujeres a la investigación científica.
  • Las mujeres como destinatarias, aunque no exclusivas, de sus investigaciones.
  • La inclusión de la subjetividad de la persona que investiga.

Supone hacer visibles los sesgos de género, es decir, desmantelar la ideología de su propia tarea. Desechar el carácter mítico que subyace en determinados textos y en la teología tradicional, a saber: la objetividad, la neutralidad y la racionalidad.

La Teología[9], como otras ciencias, se origina en un determinado momento de la historia; tiene un carácter coyuntural. La Teología feminista desvela no solo quiénes la hicieron, sino a costa de quiénes, esto es, quiénes fueron excluidos de ella ya que ni intervinieron en su formación ni fueron considerados sus destinatarios.

Hay quienes opinan que el cristianismo no pudo ser inculturado de otra forma a como ha sido, legitimando así los condicionantes como los únicos posibles, relegando a la invisibilidad a muchas personas. La rigurosa bibliografía de historiadoras de las religiones de la antigüedad y de los orígenes cristianos, confirma el error de tal determinismo.

También la Teología moral cristiana y católica necesita de la perspectiva de género y de las teologías feministas para articular una Teología moral universal.

Las teólogas no solo sospechamos de los relatos en que no hay ni rastro de nosotras, sino que consideramos una exigencia ética la crítica de los contenidos porque la teología patriarcal ha tenido y sigue teniendo efectos desoladores para la vida de las mujeres.

El objetivo es romper el silencio de la experiencia moral de las mujeres y transformarlo en palabra pública. Fortalecerlas como “agentes morales” con fuerza y creatividad para influir en nuestra sociedad.

Rechazar el victimismo y poner en el centro la fuerza y el poder colectivo de las mujeres. Situar el lugar de la revelación divina en las personas que luchan contra todo lo que niega la vida, así como la crítica a una moral individualista que ignora la dimensión social y relacional de los problemas morales.

Otro aspecto de la Teología moral es la corporeidad, la superación de las dicotomías y replantearse el papel de los sentimientos en la vida moral; saber integrarlos debidamente. Es vital, pues, la relación y la relacionalidad e interdependencia de toda la realidad. Las mujeres buscan la salvación en lo cotidiano. Sus relatos van más allá de los discursos teológicos interesados, luchan por su dignidad.

La ética o espiritualidad de la resistencia[10] y la ética de la transgresión son caminos de liberación en las historias de las mujeres para lograr justicia, salvación y transgredir los límites establecidos para ellas por la sociedad; lo cual motiva la lucha por el reconocimiento de sus derechos y por la autonomía personal. Esto fomenta sus esfuerzos por responder a la llamada del Espíritu-Ruah que habla en la alteridad. Es la gratuidad en la que viven lo que les capacita para realizarse como personas a través del amor a los demás.

La audacia espiritual es construir el futuro desde el presente “con la transgresión, la insumisión, la misericordia, la solidaridad” (I. Gebara). Es la ética de la resistencia practicada durante siglos junto con propuestas que plantean acciones diferentes de la clásica reivindicación política y social. Lo que comparten casi todas las mujeres es la mística comunitaria de la vida con la ética de la reciprocidad. De ahí ese continuo hacerse cargo de la vida de los otros, ya que nada es más espiritual que descuidar el poder personal para potenciar el colectivo.

La teología de la relación que practican las mujeres, no les hace dejar de lado ni su subjetividad ni su protagonismo; crean redes de relación que interactúan con los otros. La espiritualidad y la fortaleza femenina se expresan en la presencia constante de ser el referente de la vida familiar y social de sus pueblos. Tomar parte en la construcción de un mundo más justo no es sólo tarea femenina, sino de todos. Es el acampar de Dios en la humanidad lo que nos convoca a todos al servicio.

La espiritualidad no es más que la vivencia de la fe que nos exige un comportamiento ético coherente. El encuentro con la persona de Jesucristo da un nuevo horizonte a nuestra vida y una orientación decisiva. Es una relación viva que abarca la vida entera del creyente.

La vida buena y digna por la que trabajan las mujeres rechaza una espiritualidad opuesta a la corporalidad que exalta la renuncia y el sacrificio para salvarse. Dios no quiere el dolor ni el sufrimiento de nadie. La finalidad de la ética es la felicidad y es inadmisible la experiencia de violencia contra las mujeres en todo el mundo. Según datos de UNICEF, la familia es el ámbito normal donde se violan los derechos humanos fundamentales, especialmente de las mujeres y niñas.

El sinsentido del sufrimiento femenino es uno de los grandes retos con los que se enfrenta la ética. La espiritualidad feminista cree en la Ruah-Espíritu que llama a la vida. Ponerse hoy al lado de la vida significa enfrentar al poder político, económico, y religioso con el rescate de las víctimas. Es apelar a una libertad responsable que las convierte en sujetos de su destino. Su capacidad de decidir las convierte en significativas para sí mismas y para los demás. Unir compromiso histórico por la dignificación de las víctimas y dimensión mística es tarea urgente de todos, en especial de la Iglesia.

Las luchas que las mujeres mantienen día a día para sobrevivir son luchas políticas en las que se sitúan como sujetos de derecho. El tomar la palabra desde las víctimas es un ejercicio de espiritualidad y de servicio. Dan razón de su fe y de su esperanza. Su fin es cambiar las estructuras de opresión, elaborando propuestas para resistir, que contribuyan a una justicia social, al fomento del desarrollo social y no sólo el económico: mejora de las estructuras sanitarias, educativas, etc. La espiritualidad de las mujeres dando respuesta al sentido de la vida, ampara y transforma la sociedad.

La ética de la resistencia es una praxis transformadora que vincula lo personal y lo colectivo. En ella, lo central es la persona, el ser humano como sujeto de su historia.

Decíamos más arriba que la espiritualidad es la vivencia de la fe en cada momento concreto. La espiritualidad es la comprensión personal de nuestra vida, de nuestra relación con la Divinidad y de nuestro propósito como seres humanos. La espiritualidad abarca nuestra visión del mundo, de los acontecimientos, cómo asumimos los cambios, las relaciones entre las personas, etc. La espiritualidad es el modo de entrar en relación con el Misterio y darnos cuenta de su presencia en nuestra vida. Acoger el Espíritu-Ruah que “habita” en quien lo reconoce y lo hace “carne de su carne”.

Espiritualidad es el espíritu, la actitud, con la que se afronta lo real, la historia que vivimos en toda su complejidad”[11]. “En su acepción originaria espíritu es aliento, cualidad de todo ser vivo que respira[12]. La espiritualidad nos habla de “la actitud que pone la vida en el centro, que defiende y promueve la vida contra todos los mecanismos de estancamiento y muerte” y “del modo de situarnos ante la vida, de afrontar lo real” en toda su riqueza y complejidad.

En definitiva, “la vida según el Espíritu, es decir, la forma de vida que se deja guiar por el Espíritu de Cristo”. Esto es, qué actitudes necesitamos cultivar para ser fieles al Espíritu de Jesús en nuestra historia. Las mujeres seguimos respondiendo a este enunciado en la cotidianidad de la vida, la nuestra y la de nuestro entorno.

Nuestro ser de mujeres está íntimamente religado a los ciclos de la tierra, a su fecundidad, a su vitalidad. Esta religación favorece en nosotras que sepamos escuchar nuestras entrañas y actuar desde ellas. Descubrimos, también, la necesidad de recuperar una Teología del placer como espacio de revelación de la vida femenina, siempre asociada al sufrimiento y al victimismo[13]. Una espiritualidad que integra la búsqueda de felicidad como un signo del Reino, que sea capaz de dialogar con el modelo cultural en el que nos encontramos y, por tanto, más evangélica[14].

Hemos experimentado la solidaridad de género al vivir relaciones sanadoras y libres, liberadoras y pascuales. Dios se ha hecho presente en las mujeres de nuestra historia para entrelazarnos y hacer avanzar la vida.

Ser espiritual” conlleva vivirnos unificadamente tal como somos: cuerpo espiritual o espíritu corporal. Es decir, hacer de nuestro cuerpo el lugar para verificar nuestra vocación espiritual. Además, supone experimentar que no podremos ser felices al margen de los cuerpos sufrientes, enfermos, desnudos, hambrientos, violentados…[15]

Siempre que dejamos al Espíritu de Dios, que su Palabra se haga cuerpo en nosotras/os, se realiza de nuevo la Encarnación[16]. Ese Espíritu nos cubre con su sombra, nos deja embarazad@s de vida y va gestando en nosotros la novedad, porque “para Dios nada es imposible”.

El cuerpo es nuestra presencia o manifestación de nuestra persona, de nuestros valores, de nuestra fe. Puede mostrarse también como revelación de Dios, signo de su presencia entre los hermanos/as. Es el lugar donde acontece la oración[17], el encuentro con Dios en una comunicación íntima, profunda, silenciosa.

Nuestro mundo necesita mujeres y hombres testigos que a través de sus cuerpos expresen que Dios es amor, compasión, perdón, vida en abundancia, en especial para aquellos que carecen de lo más indispensable. Esa fue la experiencia que vivieron las mujeres y hombres que se encontraron con Jesús y que nos transmitieron los evangelios.

Nuestra orientación

Queremos ser, a la vez, protesta y propuesta, que va gestando una nueva vida y una nueva forma de vivirla. Nos reconocemos en las teologías feministas que tienen un discurso y un método, pero queremos hacer algo más que un discurso: ser y situarnos como mujeres en la sociedad, en el mundo.

Seguimos trabajando por una Iglesia enraizada en el Evangelio: abierta, inclusiva, misericordiosa, igualitaria, justa, profética y comprensiva, a la que todos/as estamos invitados/as. Como mujeres bautizadas y adultas en la fe, no sólo queremos tareas sino también responsabilidades, con todos los derechos y deberes que emanan de ejercerlas, incluso el de equivocarnos. Compartimos nuestra identidad en la reciprocidad, el reconocimiento de nuestro ser mujer y en la unidad, trabajando, codo con codo, con nuestros hermanos y hermanas en la fe.

Tomar la palabra, recuperar la memoria, dar razón de nuestra esperanza y hacernos visibles, es el reto que venimos aportando las mujeres desde hace muchos años, con paciencia y prudencia, pero sin renunciar a hacer una crítica perseverante de todo aquello que falsea las relaciones y deforma las mentalidades. Porque no son las costumbres ni las tradiciones, las que nos harán libres, sino la verdad.

Trabajamos como mujeres que vivimos en plenitud nuestra fe, con todo nuestro cuerpo y nuestras capacidades, haciendo Teología y expresando la realidad más profunda de Dios desde el corazón, desde el hondón, no sólo desde la cabeza. Y la expresamos con una palabra autorizada, con gestos auténticos, decisiones valientes, un caminar libre y comprometido.

La Iglesia debería acoger y aceptar otras formas de relaciones humanas: parejas de hecho, divorciados, familias monoparentales, homosexualidad y colectivos excluidos secularmente, con misericordia, sin juicios, sin condenas. El referente es el mismo Evangelio, en el que apenas hay alusión a la sexualidad y sí, y de forma rotunda y definitiva, al amor, a la com-pasión, al shalom.

Formamos parte de asociaciones, grupos, redes a nivel nacional y también a nivel internacional (ESWTR), en América Latina, mostrando que otro tipo de Iglesia es posible, que el Reino es como una gran casa en la que cabemos mujeres y hombres, en la que podemos ser y vivir como hermanos y hermanas, en el intercambio enriquecedor del amor desde el dinamismo del Espíritu-Ruah.

Nuestros objetivos. Nuestras esperanzas

De-construir, desenmascarar los elementos sexistas en las tradiciones religiosas.

Rescatar la sabiduría alternativa de las mujeres y su huella en lo más profundo de los sistemas religiosos y las tradiciones espirituales.

Reconstruir nuevas relaciones, lenguajes, símbolos, imágenes y contenidos que hagan justicia a la plena humanidad de las mujeres.

Buscar el reconocimiento de nuestra dignidad como mujeres en la sociedad y en las iglesias, especialmente el de las más empobrecidas y excluidas.

Desde hace 30 años venimos trabajando para que la utopía cristiana se haga realidad porque ésta ha sido, para el grupo, dinamismo de cambio.

Soñamos con una Iglesia que reconozca la plena participación de las mujeres en la vida eclesial y el ejercicio de cualquiera de sus ministerios, incluido el diaconado de larga tradición en las primeras comunidades cristianas y la ordenación, adaptada a las exigencias y necesidades de hoy. No queremos reproducir el modelo actual del Presbiterado masculino. Una Iglesia que cuente también con las mujeres en los principales órganos consultivos, de discernimiento y de decisión, en los que hoy estamos ausentes.

Creemos en la fuerza femenina de la vida, de nuestra vida, que nos descubre como mujeres portadoras de fuerza y de luz. Es un camino que nos va revelando la verdad de nuestro existir, nuestro sentido y nuestra esperanza.

Creemos que con nuestro trabajo, junto al de otros grupos cristianos, estamos construyendo una Iglesia que respeta la libertad y la adultez de las personas, que debe recuperar los ministerios y no imponga una moral sexual anacrónica e hipócrita; que establece un diálogo sincero con la ciencia y la cultura; que hace posible un ecumenismo real en una sociedad y en un mundo plural.

Seguimos trabajando en la Iglesia y fuera de ella, tejiendo redes de mujeres, editando libros, colaborando en publicaciones, impartiendo cursos, encuentros, convivencias y seminarios…, como Pueblo de Dios, comunidad de iguales, comprometida con la Justicia, la Paz y la integridad de la Creación.

Par terminar, podríamos concluir:

  • Percibimos que Dios-Abbá establece en la intimidad de cada ser humano una alianza perpetua. En virtud del bautismo descubrimos nuestra filiación como hijas queridas de Dios: “Eres mi hija amada”. Nada ni nadie podrá dañar, ni manipular, la divinidad que nos constituye en nuestro Ser Uno/a con Dios. “El vínculo de unión de Dios con el ser humano no puede romperse nunca”, es uno de los ejes de la reflexión teológica de Juliana de Norwich, Beguina (1342-1416). Nosotras seguimos sus huellas, su espiritualidad radical. “La vía mística comienza propiamente con el despertar del Yo a la conciencia de la Realidad Divina” (Evelyn Underhill).
  • El acontecimiento de Jesucristo, es esencial en la vida de todo cristiano/a. En consecuencia, una espiritualidad que incluye pasión por el Dios revelado en Jesucristo y pasión por el ser humano. Una nueva forma de contemplar al ser humano desde el corazón de Dios, no con la mente sino con la compasión y la capacidad de respuesta que provoca en nosotros/as el sufrimiento de las víctimas.
  • Somos herederas de la enseñanza de Jesús, que “pasó por la vida haciendo el bien, curando enfermos o combatiendo las fuerzas del mal, porque Dios estaba con él”. Su misericordia se concreta en la nueva justicia y su mística tiene consecuencias políticas. Unir la opción preferencial por los excluidos/as y la experiencia fundante de Dios: una espiritualidad profética-política.
  • A través de las mujeres de la Biblia, tanto del Primer como del Nuevo Testamento, constatamos que el Espíritu-Ruah nos impulsa a establecer relaciones de reciprocidad basadas en el respeto mutuo, el compañerismo, la fraternidad-sororidad, el respeto hacia lo diferente, la amistad, la acogida…
  • Un nuevo modelo de Iglesia, comunidad cristiana, donde todos los bautizados tienen la misma dignidad, con diversos ministerios y carismas. Es el Espíritu quien la guía, no el clero. Lograr el reconocimiento efectivo de que todo miembro de la Iglesia es responsable de la misión evangelizadora ya que todos, mujeres y hombres, hemos sido con-vocados para cumplir la misión que Jesús Resucitado ha confiado a sus discípulos/as[18].
  • Las mujeres, haciéndonos eco de esa misión inaplazable, recreamos y participamos en celebraciones diferentes, con otro lenguaje, otros símbolos, formulaciones personalizadas que reflejan la abundancia de la experiencia de Dios en nosotras. No son celebraciones paralelas, sino la expresión de la hondura del Misterio que acontece en todo ser humano en el mundo que nos toca vivir.

[1] Barbazán, P., La situación actual de las mujeres en la sociedad y en la Iglesia, Málaga, 2004.

[2] Martínez Cano, S., ATE, Mesa redonda VN y mujeres: “Jesús fue un feminista radical”, CES Don Bosco, 2015.

[3] Barbazán, P., Situación actual de las mujeres en la sociedad y en la Iglesia, Málaga, 2004.

[4] Picó, C., Mesa redonda VN y mujeres: “Jesús fue un feminista radical”, CES Don Bosco, 2015.

[5] Soto Varela, C., Mesa redonda VN y mujeres: “Jesús fue un feminista radical”, CES Don Bosco, 2015.

[6] EFETA, Escuela Feminista de Andalucía, 2004-2009, M. L. Paret.

[7] Moore, H., Antropología y feminismo, Cátedra, 1991.

[8] Informe de Amnistía Internacional, Marzo, 2016

[9] Nos estamos refiriendo a la teología considerada como verdadera, neutral, legítimamente autorizada, que en realidad es patriarcal, androcéntrica, sexista, racista, kiriarcal y colonialista.

[10] Miguel, P. de, Fortaleza femenina y desarrollo, Espiritualidad y fortaleza femenina, DDB, Bilbao, 2006.

[11] Sobrino, J., “Espiritualidad y seguimiento de Jesús” en Mysterium Liberationis, T II, Trotta, Madrid 1990, 449-458.

15 Boff, L. La voz del arco iris, Trotta, Madrid 2003, 123.

[13] Ramos, R., Taller Redes Cristianas, 2007.

[14] Martínez Ocaña, E., Cuando la Palabra se hace cuerpo… en cuerpo de mujer, Narcea 2007.

[15] Cf. Mt 25, 32ss.

[16] Martínez Ocaña, E., Cuando la Palabra se hace cuerpo… en cuerpo de mujer, Narcea, Madrid, 2007,19, 23.

[17] Ibid., 24, 25.

[18] D. Aleixandre, RSCJ

Mesa por la hospitalidad de Madrid: todos a una

José Luis Segovia Bernabé

De poco ha servido la voz profética del Papa Francisco exhortando a  Europa a la hospitalidad para con los desplazados por los conflictos bélicos, la hambruna o la falta de oportunidades. Sin embargo, si en algún campo concreto puede verificarse la acción unitaria de Iglesia, ese es el de la movilidad humana.

La Iglesia ha acuñado un término, “refugiado de hecho”, que impide olvidarnos de los millones de desplazados forzosos, susceptibles de diversos tipos de protección jurídica internacional (que no se agota en el estatuto de refugiado). Reconoce a los miles personas que aguardan la diletante y angustiosa resolución de sus expedientes en territorio nacional, a las que siguen ruta hacia otros países de Europa o son devueltas por éstos (“dublines”), o a las que son desoídas y devueltas ilegítimamente en caliente en la Frontera Sur, entre otras situaciones de vulneración de derechos.

En la archidiócesis de Madrid, nada más visibilizarse la crisis de los refugiados, el arzobispo Osoro tomó la iniciativa. Una densa Carta Pastoral establecía los criterios fundamentales de actuación: a nadie se debe dar por caridad lo que le es debido en justicia, la responsabilidad directa de los Estados en la cobertura de los derechos de los refugiados o la necesidad de elevar los listones de protección social para evitar agravios comparativos, entre otros. Asimismo, inmediatamente, constituyó la Mesa por la Hospitalidad. Sería una especie de “gabinete de crisis”, observatorio de la realidad, órgano coordinador de la solidaridad y plataforma de concienciación de la comunidad cristiana y de la sociedad. Se articuló trasversalmente, contando con la Delegación Diocesana de Migraciones-Asti, Caritas Madrid, Justicia y Paz, Confer Madrid, y la experiencia del SJM de los jesuitas y de la Comunidad de San Egidio. En este sentido, debe destacarse la “nueva cultura organizacional” que  incipientemente se ha puesto en marcha. A destacar: la “verticalidad cooperativa” que posibilita asumir sin dificultad las líneas estratégicas que se plantean desde la Comisión Episcopal de Migraciones o la Red Intereclesial Migrantes con Derechos y alcanzar, hacia abajo, el territorio a través de la estructura parroquial. La efectiva “coordinación horizontal” da pie al trabajo entre diferentes organismos diocesanos sin competir entre sí y sin otro protagonismo que el de ser la Iglesia diocesana. La misma que reza, catequiza, celebra, apuesta por los pobres y anhela justicia, más allá de los “apellidos”. La “flexibilización formal” posibilita la concurrencia de distintos niveles organizacionales sin someterse a otros criterios de jerarquía o de territorio más que los mínimamente imprescindibles. “El trabajo en red” otorga mayor visibilidad, eficacia y eficiencia a la acción. Igualmente, consciente de que fuera de la Iglesia se echan demonios, es capaz de “generar sinergias” con iniciativas ciudadanas y, por supuesto, se mantiene en permanente diálogo con los poderes públicos, directos responsables de la política de asilo y refugio.

Desde estos criterios, la Mesa acordó abrir una cuenta corriente y que los ofrecimientos de ayuda material y voluntariado se canalizaran a través de Caritas de cada una de las ocho Vicarías territoriales y de Confer Madrid. Igualmente, una representación de la Mesa, en nombre de la diócesis, asiste a las reuniones con las autoridades. Cada cierto tiempo se difunde un sencillo boletín con el fin de informar y sensibilizar a toda la diócesis. Por otra parte, más que por crear recursos paralelos, se ha apostado por el apoyo a los itinerarios generales de inclusión social de Caritas. Igualmente se ha optado por dar soporte al proyecto de Hospitalidad que llevan a cabo los jesuitas para mejorar las condiciones de acogida e integración de las personas en situación de refugio en Madrid y promover una cultura de la hospitalidad en la sociedad civil. Finalmente se avala, con toda la Iglesia española, el empeño de la Comunidad de San Egidio por articular un corredor humanitario que posibilite la llegada de personas refugiadas con alta vulnerabilidad, pendiente en este momento de la –esperemos inmediata– aprobación del gobierno español.

De momento, la Mesa, más que satisfecha de lo poco que ha hecho, se siente agraciada porque la realidad de los refugiados nos ha desinstalado y nos ha hecho “ser” más una Iglesia de puertas abiertas, unida en la diversidad, que quiere hacer creíble y significativo al Dios de Jesucristo que apuesta por la fraternidad universal. Para alcanzarlo, tendrá que recordar a los poderes públicos que, solo para cumplir los ya cicateros compromisos asumidos por los Estados de la Unión a dos años vista, de seguir al presente ritmo de acogida en España, habrá que esperar casi… ¡hasta mediados del siglo que viene! “Estoy a la puerta y llamo” (Ap 3,20). Ojalá no sigamos sordos.

Es criminal una política de fronteras que discrimina a los pobres

Santiago Agrelo

A todos “gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo”. Permitidme, queridos, que robe al apóstol Pablo, no solo el saludo, sino también la acción de gracias “por vosotros, por la gracia de Dios que se os ha dado en Cristo Jesús; pues en él habéis sido enriquecidos en todo: en toda palabra y en toda ciencia, porque en vosotros se ha probado el testimonio de Cristo“. Doy gracias a mi Dios por vuestra fe, por vuestro trabajo, por vuestra entrega, por vuestra vida.

  1. Restituir en amor lo que debemos en justicia

Apenas hemos comenzado el año, y a las puertas de esta Iglesia llegan hombres y mujeres con heridas nuevas, testigos de nuevas violencias, víctimas de vejaciones que la reiteración hace insoportablemente renovadas.

El mar de Benzú ha devuelto otro cadáver, otro sin nombre, otro sin padre, sin madre, sin genealogía, otro sin nadie que reclame justicia por otra muerte inicua en la frontera de España.

La pasada noche, la misma frontera ha sido escenario de nuevos despliegues de fuerzas del orden, de nueva violencia con nuevos heridos, con más muertos, como si la única respuesta posible a la tragedia de los inmigrantes fuese la de la fuerza, la de las armas, la del miedo, un ejercicio despiadado, irracional y criminal de intimidación.

Ahora, mientras os escribo, en un aeropuerto de Marruecos, a un joven en tránsito hacia su país, a ciudadano normal, con un pasaporte normal y una tarjeta de embarque normal, a ese joven que, con un cáncer terminal, regresa a la casa familiar para morir entre los suyos, la policía lo ha confinado en dependencias propias, le ha retirado el pasaporte, lo ha aterrorizado, lo ha humillado, y todo ello, mucho me temo, motivado sencillamente porque el joven es negro.

Apenas lo hemos comenzado, y ese amargo anticipo de lo que el año reserva a los pobres se nos hace llamada apremiante del Señor para que esta Iglesia camine con ellos, se solidarice con ellos, cure sus heridas, alivie sus sufrimientos, de modo que les restituyamos en amor lo que les debemos en justicia.

  1. Desde nuestra pobreza

El Señor tu Dios te ha ungido para que seas de Cristo, y te ha enviado para que seas de los pobres: ¡De Cristo y de los pobres!, valga la redundancia. No podemos, queridos, humillar a los pobres haciéndolos partícipes de los desechos de nuestra riqueza.

El altísimo Hijo de Dios, nuestro Señor y Salvador Jesucristo, nos mostró el camino por el que hemos de ir, pues él se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza: nació pobre, vivió pobre, murió como un desdichado, como un excluido, como un criminal, como un peligro para la sociedad.

Al decir “pobre”, decimos mucho más que hombre o mujer carente de lo necesario para vivir: Decimos hombre, mujer, despreciados, excluidos, humillados, negados; decimos hombre, mujer, a quienes la iniquidad ha obligado a interiorizar que no tienen derechos, a vivir como si no los tuviesen, a ser como si no fuesen; decimos hombre, mujer, a quienes hemos llevado a dudar de su dignidad humana, de su condición de hijos de Dios.

Es gracia inmensa el que se nos haya acercado a esa condición humillada, haciéndonos así partícipes de la pobreza de Cristo, de su pasión, de su cruz. Es la infinita misericordia de nuestro Dios la que nos puso en camino con los pobres, para que les llevemos una buena noticia, para que sepan que Dios los ama.

  1. Trabajar y orar por los derechos de los pobres: teme la indiferencia y la crueldad con ellos

Supongo que no os sorprende ver una y otra vez confirmadas por la experiencia las palabras del Señor en el evangelio: “Los reyes de las naciones las dominan, y los que ejercen la autoridad se hacen llamar bienhechores. Vosotros no hagáis así, sino que el mayor entre vosotros se ha de hacer como el menor, y el que gobierna, como el que sirve”.

Pero habréis observado también que, lo mismo ahora que en tiempos de Jesús de Nazaret, son muchos los que, imitando a reyes y autoridades de los pueblos, se buscan a sí mismos, se yerguen sobre los demás, y se hacen responsables, no sólo de indiferencia ante los que sufren, sino también de crueldad con ellos.

Si esa indiferencia y esa crueldad hubiesen echado raíces en nuestro corazón, serían evidencia de ausencia del evangelio en nuestra vida. Témelas, hermano mío, hermana mía, mucho más de lo que temerías la muerte. Témelas mucho más de lo que temerías el infierno. Témelas, porque los pobres son de Cristo, porque en los pobres vive Cristo, porque si eres indiferente o cruel con los pobres, lo habrás sido también con Cristo, con Dios.

  1. Acércate a ellos

Habrás de hacerlo si quieres acercarte a Cristo, si quieres comulgar con él.
Habrás de bajar hasta los pobres, hasta su mundo, y no tendrás más razón para hacerlo que tu fe, que tu esperanza, que tu amor. Habrás de bajar hasta ellos como Cristo bajó hasta ti: “Él se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres”. Habrás de bajar para que te reconozcan como de los suyos, y no teman asediarte con su indigencia. Habrás de hacerte experto en sufrimiento para que seas, como Cristo, experto en misericordia.

  1. Ama la justicia

Declara ilegal para ti, por injusta, la posesión de lo que no necesitas; declara intolerable a tus ojos, por inicuo, que alguien carezca de lo necesario para la vida. Declara un crimen el hambre, sencillamente porque lo es.

Declara ilegal una política de fronteras que es discriminatoria con los pobres, que viola sus derechos fundamentales, que es violenta con los pequeños de la tierra, que mata sin escrúpulo a hombres y mujeres que sólo buscan un futuro mejor para ellos y para sus familias. Es criminal esa política, son criminales quienes la aprueban, son criminales quienes la aplican.

Si alguna vez lo hemos hecho, ya no podemos permitirnos el lujo de pensar en nosotros mismos: No eres Iglesia para ti, sino para los pobres; no te han hecho sacramento de la grandeza de Dios, sino de su amor infinito a los que piden vivir; no es tu misión sostener el poder ni apoyarte en él, sino defender de sus abusos a los pobres.

Recomendación final

Vuelvo a robar palabras a la inspiración de la Iglesia apostólica: “Conservad el amor fraterno y no olvidéis la hospitalidad… Acordaos de los presos como si estuvierais presos con ellos; de los que son maltratados como si estuvierais en su carne… Vivid sin ansia de dinero, contentándoos con lo que tengáis, pues él mismo dijo: Nunca te dejaré”.

“Que el Dios de la paz os confirme en todo bien para que cumpláis su voluntad, realizando en nosotros lo que es de su agrado por medio de Jesucristo”.

En Tánger, enero 2016

La misericordia, plenitud de la justicia. Llamada urgente y provocadora del papa Francisco

Juanjo Sánchez

El año pasado convocaba el papa Francisco un Año Jubilar bajo el signo de la misericordia. La Carta con la que abría ese tiempo singular: “El rostro de la misericordia”, es una llamada urgente a una conversión profunda, auténtica, de la Iglesia, es decir, a todos los seguidores de Jesús, a la misericordia como signo de la credibilidad y autenticidad de su fe. Es un documento rico, lúcido y provocador, que puede acompañar y enriquecer la reflexión desplegada en este número de Éxodo.

Su punto de partida es sumamente certero: no se trata tanto de una recomendación moral, cuanto de algo más radical: de una exigencia teológica. La llamada a la misericordia, a la compasión, brota de la misma fe en Dios, en el Dios de Jesús, que no es poder, sino amor, misericordia. La divinidad de Dios no es la omnipotencia, sino el amor, la misericordia, como reconoció lúcidamente santo Tomás de Aquino, a quien cita el papa Francisco y parecen olvidar más de un teólogo y más de un obispo…

Es de esa experiencia de Dios, experiencia teológica, profundamente espiritual y mística, no de otra fuente, de donde brota la exigencia profética “misericordia quiero, no sacrificios” (Os, 6,6), que recoge y proclama también Jesús de Nazaret (Mt 9, 23). Una exigencia que tanto en él como en los profetas y en los salmos no se diluye en un mero sentimiento piadoso, sino que toma cuerpo y se expresa en un compromiso de justicia y solidaridad con los oprimidos, hambrientos, forasteros, refugiados, desahuciados, excluidos y abatidos…

Los textos de la Escritura son inequívocos, y el papa Francisco los cita con gran convicción: “Este es el ayuno que yo deseo: romper las cadenas injustas… compartir tu pan con el hambriento y albergar a los pobres sin techo, cubrir al desnudo y no abandonar a tus semejantes…” (Is 58,6s.) “El Señor libera a los cautivos…, el Señor protege a los extranjeros…” (Salmo 146, 7-9) “El Señor sana los corazones afligidos y venda sus heridas…” (Salmo 147, 3.6). Y si abrimos los evangelios nos encontramos con Jesús conmovido por “una intensa compasión” al ver las muchedumbres extenuadas y abandonadas a su suerte (Mt 9,36) y mostrando a sus discípulos inequívocamente, aunque en parábolas, el camino del seguimiento: “¿No tenías tú también tener compasión con tu hermano…?” (Mt 18, 33)…

Estos textos que cita el papa Francisco en su Carta muestran claramente que la misericordia implica para él, como primer momento del compromiso del seguimiento, la justicia, la denuncia de la estructuras económicas, políticas y sociales que generan pobreza, inequidad, exclusión y hasta el “deshecho” como “sobrantes” de los humanos expulsados y excluidos… Esas estructuras, especialmente económicas, son profundamente injustas, denunciaba ya en su primera exhortación apostólica Evangelii Gaudium; más contundentemente aún: “esa economía mata” (nº 53). De ahí que el compromiso del seguimiento evangélico conlleve una lucha decidida contra la idolatría del dinero, del poder, del consumo, de la violencia… (nnº 55-59). En otras palabras, la lucha por la justicia.

Este es el primer paso, “necesario e indispensable”, de la llamada de la misericordia a toda la Iglesia, afirma el papa en su Carta del Jubileo. Un paso que no se agota en el sentido de la justicia como como deber, sino entendido en el sentido bíblico de la justicia mesiánica que se desborda en la solidaridad, en la paz y el perdón, es decir, en la misericordia como plenitud de la justicia.

Conviene anotar y subrayar, finalmente, cómo el papa Francisco incide repetidamente, y con gran lucidez, en que ese compromiso con la misericordia como plenitud de la justicia es, en el evangelio, el “criterio”, la señal para discernir quién es realmente discípulo de Jesús, quién es genuinamente creyente en sentido cristiano. Y que, por tanto, de él depende la identidad y la credibilidad de la fe y de la Iglesia.

CIMAS y las democracias participativas

Carmen Espinel

Como espacio de confluencia de profesionalxs comprometidxs con la transformación social y las democracias participativas, la red CIMAS, como nos gusta autodenominarnos, es mucho más que una asociación, que es la forma jurídica de la que nos hemos dotado. Más que el Observatorio de Ciudadanía y Medio Ambiente Sostenible, como nos denominamos.

 

Una red es un espacio abierto, sin fronteras, que nos permite ir tejiendo complicidades a lo largo y ancho de este mundo, sin más (ni menos) compromiso colectivo que el de desarrollar nuestras prácticas metodológicas en todos los ámbitos en los que nos encontramos, ya sean profesionales, activistas, institucionales o personales.

 

¿Y cuáles son esas prácticas metodológicas?

 

Partimos, allá por los años 90, de la IAP (Investigación-Acción-Participativa), y a lo largo de la siguiente década fuimos incorporando otros enfoques y técnicas por las propias necesidades de los procesos prácticos, por lo que preferimos denominarlas de forma más inclusiva metodologías participativas, o sociopraxis para la creatividad social, como dice el título de la reciente publicación colectiva que hemos dado a luz a finales del pasado año.

 

Es una forma más general de nombrar lo que hacemos, aunque lo que aportamos es una forma más de las muchas tendencias de las que hemos aprendido y seguimos aprendiendo.

 

Por un lado, el centenar de prácticas profesionales que hemos seguido desde los Masters con los que colaboramos en Madrid, Barcelona, Sevilla, Bilbao, La Laguna y varios países de Latinoamérica (Ecuador, Perú, Chile, Venezuela, etc).

 

Por otro lado, lo que llamamos “Escuelas de Ciudadanía Solidaria”, que son las propias prácticas que desarrollamos con los procesos participativos, queriendo destacar con ello los aspectos de autoformación y autoaprendizaje permanente que van necesariamente unidos a estos procesos.

 

Junto a ello, cursos específicos de metodologías participativas o de procesos concretos, como los presupuestos participativos, que venimos desarrollando en los últimos años, en el marco del programa de Formación Continua de la UCM.

 

Y todo ello, lo hacemos con algunos movimientos sociales y con algunxs profesionales de colectivos o instituciones que se plantean aprender haciendo y quieren aplicar estos conocimientos en los propios procesos de movimientos o de trabajo en que cada cual está implicada: presupuestos participativos, planes comunitarios integrales, planes integrales de participación, articulación de redes interculturales, agendas Locales 21, cogestión de centros sociales…

 

En nuestra web, http://www.redcimas.org, puedes encontrar más información y bastante documentación al respecto.

Si quieres contactar: participacion@redcimas.org

XV Dictamen del Observatorio Estatal de la Dependencia

Antonio Jiménez Lara

1.Las pautas seguidas en este tiempo

Se cumplen ocho años y medio del inicio del despliegue de la Ley de promoción de la autonomía personal y atención a las personas en situación de dependencia (LAPAD). Tras los dos retrasos en el calendario de aplicación progresiva promovidos por el actual Gobierno, el pasado 1 de julio se completó el mismo de forma que todas las personas en situación de dependencia, independientemente de su Grado, tienen derecho a recibir servicios o a percibir una prestación económica por cuidados familiares. Este XV dictamen del Observatorio Estatal de la Dependencia (auspiciado por la Asociación Estatal de Directoras y Gerentes en Servicios Sociales) coincide además con la llegada a muchas Comunidades Autónomas de un buen número de nuevos ejecutivos autonómicos, herederos en definitiva de situaciones muy difíciles que habrán de gestionar con muy escaso margen de maniobra.

Podrán promover nuevas medidas en el plano organizativo y de gestión pero no podrán eludir la asfixia financiera a la que se ha sometido al SAAD (Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia)  de forma que, de no adoptarse un cambio drástico de planteamiento global del sistema, tienen muy difícil absorber la demanda acumulada con el mínimo nivel de calidad y de dignidad que constituye el derecho de las personas en situación de dependencia al acceso a mayores cotas de autonomía personal y a recibir las atenciones necesarias para desarrollar las actividades básicas de la vida diaria.

El desigual desarrollo de la LAPAD por territorios, la baja calidad e intensidad de la mayoría de los servicios prestados, la demora excesiva en las atenciones, un sistema de información ¡aún en desarrollo! y un modelo de financiación tramposo e insuficiente han sido las pautas seguidas en todo este tiempo en el que contabilizamos más sombras que luces. Con todo, en líneas generales, el esfuerzo autonómico de los últimos años ha sido importante a pesar del abandono sufrido por la Administración Central que, al tiempo que imponía recortes inasumibles para las Comunidades Autónomas, pretendía crear un increíble relato de las bondades de las reformas del sistema.

El 1 de julio se incorporaron al sistema con derecho a recibir atenciones otras 315.000 personas con Grado I y la Administración Central aportará a cada Comunidad Autónoma 44,33 €/mes por dependiente para poner en funcionamiento servicios o prestaciones, lo que significa percibir cerca de 532 €/año por dependiente atendido. Si la Comunidad cumple estrictamente su compromiso de financiación del 50%, se deberá atender a estas personas con poco más de 1.000 euros anuales…

No parece este un sistema demasiado adecuado a las necesidades reales de las personas.

 

  1. Aspectos destacables sobre la evolución general
  2. En España hay más de 1.191.000 personas en situación de dependencia reconocida. Un 2,5% de la población española no puede desarrollar las actividades básicas de la vida diaria sin apoyos de mayor o menor intensidad
  3. En este momento (tras ocho años y medio de implantación) un 37% de estas personas no tiene ninguna prestación o servicio del sistema de atención a la dependencia
  4. El Sistema de Autonomía Personal y Atención a la Dependencia está desbordado. Los datos oficiales de cobertura muestran cómo la capacidad de atención de los últimos cuatro años se mantiene en 750.000 personas
  5. Solo se atiende a nuevos dependientes en la medida en la que se producen bajas de atendidos.
  6. Los tiempos de espera para las personas con derecho a atención ha resultado inasumibles de forma que desde inicios de 2012 han fallecido en situación de espera cerca de 100.000 personas
  7. En este colapso intervienen diversos factores pero el más directo ha sido el impacto de las medidas de recorte contenidas en el Real Decreto-ley 20/2012 de 13 de julio
  8. Se mantienen las graves desigualdades entre territorios.
  9. El sistema de información sigue sin estar finalizado, no se ha publicado oficialmente la evaluación 2014 (debería haberse publicado ya en BOE) y no se ofrecen los datos reales de gestión económica (aportación de las CCAA a través de certificado de gasto) o los datos de bajas en el sistema (solo se publican las altas). Hay más manipulación que transparencia.
  10. Desde el inicio de la Ley (2007) se han presentado más de 2.800.000 solicitudes de las que están activas actualmente 1.577.000.
  11. En junio de 2012 había 413.465 expedientes activos de personas con Grado III (gran dependencia) mientras que en el mismo mes de 2015 el número ha descendido hasta las 345.041 personas (68.424 menos).
  12. Las personas con Grado II de dependencia (dependencia severa) también descienden en número. (27.400 menos desde junio de 2012), mientras que sí han aumentado las personas con Grado I en dicho intervalo temporal (7.000 personas)
  13. El procedimiento (solicitud, valoración, resolución PIA y acceso real a servicios o prestaciones) sigue siendo lento, farragoso, ineficaz y una auténtica tortura para las familias. Las denuncias por la violación del derecho subjetivo de las personas dependientes o cualquier otra reclamación por la pasividad o arbitrariedad de las Administraciones se sigue dirimiendo en un orden jurisdiccional poco adecuado a la materia: el de lo contencioso administrativo.
  14. Ha descendido la lista de espera en 175.000 personas desde enero de 2012, pero lamentablemente esto no se debe a un incremento en las personas atendidas sino al colapso del sistema que frena la entrada de nuevos usuarios. Desde 2012, una de cada cinco personas dependientes con derecho a atención que entró en la lista de espera no llegó a ser atendida al causar baja por fallecimiento.
  15. En el último año se entregaron 30.000 prestaciones económicas menos por cuidados familiares. Esto se ha visto compensado con un incremento de la entrega de servicios.
  16. Siendo ello positivo, se imposibilita la entrega de servicios a personas en espera por la absoluta falta de inversión pública. De ahí que la capacidad de atención global se mantenga en 750.000 personas en los últimos 4 años.
  17. Los servicios y prestaciones previstos en la Ley no dan respuesta eficaz a muchas de las necesidades reales de autonomía personal ni suponen una atención a la dependencia con suficiente intensidad o calidad. En esto queda muchísimo camino por recorrer.
  18. La mala implantación de la Ley de dependencia merece un análisis profundo del impacto negativo de género. La OCDE lleva tiempo alertando sobre la intensidad desmedida de los cuidados familiares en España (asumidos casi exclusivamente por mujeres). La supresión de las cotizaciones a la seguridad social para cuidadoras familiares unida a la ausencia de medidas de conciliación; la falta de apoyos a las familias o a la ausencia de promoción de los cuidados prestados por varones, hacen que los cuidados familiares no sean una opción vital fruto de elección libre, sino muchas veces una suerte de condena con implicaciones personales, morales y económicas gravísimas.
  19. La tan cacareada atención socio-sanitaria no ha pasado del plano del bello discurso y supone dos amenazas importantes: una puerta a la mercantilización de la sanidad (creando “aparcaderos” de pacientes crónicos de gestión privada bajo la apariencia de atención socio-sanitaria) o la fagocitación de buena parte de los servicios sociales por el sistema sanitario (incrementando torpemente su gasto este último cuando podría optimizarse mucho). En todo caso, es un camino imprescindible a explorar pero con criterios claros y transparentes en los que se anteponga siempre a las personas, sus deseos, sus derechos y la calidad de las atenciones a todo lo demás.
  20. Aún atendiendo a menos personas, se mantienen los costes del sistema en 2014 iguales que en el año anterior en una congelación global. El auténtico mazazo económico se produjo entre 2012 y 2013.
  21. La entrada de los moderados (Grado I) al sistema supone una necesidad de financiación pública (sin copago) de más de 3.100 millones de euros para atender a los 445.000 dependientes que están sin atención a 1 de julio.
  22. El Estado aportará para atender a esos 445.000 dependientes (Nivel Mínimo) no más de 370 millones de euros (12% del total necesario), debiendo aportar las CCAA el resto. Esto nos lleva a un sistema de atenciones low cost que poco más que una teleasistencia podrá ofertar.
  23. Pretender que la financiación del SAAD por parte del Gobierno Central a las CCAA tiene “dos vías”: la propia de la Ley 39/2006 y la vía de los fondos adicionales de financiación autonómica es una técnica de cómputo tramposa que no hace sino añadir confusión para dar una falsa apariencia de suficiencia financiera de las CCAA. Discrepamos rotundamente con dicho cálculo que, llevado al extremo absurdo de análisis (procedencia de los fondos), daría como resultado que la Dependencia se financia por un solo agente: los ciudadanos, y por tres vías: los impuestos de personas físicas y empresas que va a parar a los PGE, el copago de las personas dependientes y el sobrecoste que abonan las personas dependientes por servicios.
  24. El coste de oportunidad que ha tenido la desinversión en la Ley de Dependencia es demoledor. Si en 2013 el Gobierno hubiese invertido 1.200 Millones de euros más en servicios de atención a la dependencia (en lugar de recortar), habría logrado generar más de 70.000 puestos de trabajo netos, habría incrementado el número de atendidos en 90.000 personas (evitando grandes sufrimientos y esperas) y, finalmente, habría recuperado en un año mediante retornos directos, indirectos e inducidos casi la totalidad de la inversión, incrementando el déficit público en tan solo en 100 millones de euro
  25. A pesar de la desinversión, el sistema muestra una altísima rentabilidad potencial. El ligero incremento de los servicios prestados ha posibilitado mantener el empleo ligado al sector y mejorar los retornos directos obtenidos que ya se sitúan en el 37% en 2014 (4,6 puntos más que en 2010).
  26. Creemos que se impone un pacto de Estado sobre esta cuestión en cuya discusión se replantee el modelo de financiación de los “long term care” en España y con epicentro en el modelo de financiación autonómica a debatir en el Consejo de Política Fiscal y Financiera.

Presupuestos participativos en Madrid

Carlos Pereda

Entre el otoño de 2015 y la primavera de 2016 se han llevado a cabo los primeros Presupuestos participativos en los distritos de Tetuán, Arganzuela y Usera (Madrid). En los tres casos  se partía de que eran experiencias piloto, con vistas a los Presupuestos participativos a mayor escala que tendrían lugar en el conjunto de la ciudad el año siguiente. Por ello, en enero de 2016 nos reunimos los grupos motores de los tres distritos a fin de evaluar el trabajo y comunicar los resultados a los responsables del Ayuntamiento. Sin embargo, éstos hicieron oídos sordos a nuestra petición y lanzaron los Presupuestos Participativos de 2017 para los 21 distritos de la ciudad sin conocer lo ocurrido en los distritos pioneros.

Más adelante hicimos una jornada de información y debate público con el título “Socializando saberes: Presupuestos participativos en Madrid”, a la que sí asistieron los responsables municipales,  junto con las presidentas de Ahora Madrid de las juntas de los tres distritos y bastante público interesado. La evaluación fue positiva, aunque tenemos que reconocer que encontramos muchas dificultades, sobre todo por la inexperiencia de los participantes y la falta de recursos para difundir la idea entre el vecindario. Las principales conclusiones de nuestra experiencia es que para que unos Presupuestos participativos funcionen bien tendrían que incorporar los siguientes criterios:

  1. Control ciudadano en todas las fases del proceso: no sólo autorreglamentación inicial, sino procesos de decisión asamblearia de los pasos que se vayan dando y posterior votación final de las propuestas. En los tres distritos hemos logrado esto mediante Foros abiertos a la ciudadanía en los momentos decisivos del proceso (aprobación del Reglamento, priorización de criterios, evaluación inicial de las propuestas) y mediante la fase de votación final (por vía informática o presencial).
  2. Tiempos mínimos suficientes para desarrollar sin agobios las diversas fases del proceso. En especial, es importante disponer de un tiempo amplio en la primera fase de Difusión y presentación de propuestas. La difusión implica, entre otras cosas, información mediática y presencial, explicando el sentido de unos presupuestos participativos, abriendo procesos de diagnóstico participativo de las necesidades más urgentes, etc.
  3. Combinación de espacios de debate y decisión virtuales y presenciales, abiertos a toda la ciudadanía interesada. Abrir procesos deliberativos en torno a los principales problemas de la ciudad/distritos (diagnósticos participativos) y sobre las posibles propuestas para abordarlos, nos parece fundamental.
  4. Medios y presupuesto suficientes para difusión y comunicación del proceso a todo el vecindario… Lo que implica, entre otras cosas, apoyo informático, acceso a medios de comunicación (gabinetes de prensa y medios, para el conjunto de Madrid y para cada distrito), etc., así como la formación en metodologías participativas, tanto de los grupos motores como de los equipos municipales que se impliquen en el proceso. Es necesario asegurar estas vías de información y formación a fin de asegurar la participación del vecindario.
  5. Cooperación activa de las instituciones públicas en los Presupuestos participativos, para aportar ayuda técnica y presupuestaria, canales de difusión, etc. facilitando así el desenvolvimiento del proceso, cuyo protagonismo principal debe estar en manos de la ciudadanía que quiera participar. En este sentido, el papel de grupos motores, formados por personas voluntarias y con apoyo técnico del Ayuntamiento, puede ser un medio muy útil para asegurar la articulación entre el vecindario y las instituciones, tal como ha ocurrido en nuestros tres distritos.

La voluntad política de ensanchar la democracia, abriendo vías de intervención directa en los asuntos públicos, se enfrenta a la cultura de la dependencia y la acaparación de poder por parte de todo tipo de jerarquías, tanto en la vida económica como en las instituciones políticas. Por eso, es importante avanzar en formas de participación directa como los Presupuestos participativos que ponen en manos de las vecinas y vecinos la posibilidad de autogestionar una parte del presupuesto de la ciudad. No obstante, la potencialidad de esta forma de participación puede verse limitada y domesticada si el marco establecido por los responsables políticos es muy estrecho y no facilita los procesos de diagnóstico, deliberación y priorización colectiva de propuestas.

¿Qué significado ha tenido, sigue teniendo, Jesús de Nazaret en tu vida?

Evaristo Villar

 

Esta sección de Éxodo, que normalmente dedicamos a experiencias y proyectos en marcha tanto de colectivos como de personas individuales, queremos en esta ocasión centrarla en torno a un único tema: la experiencia de Jesús hoy.

Un puñado de personas, muy vinculadas a la revista y generalmente bien conocidas por nuestros lectores, se han dig- nado responder positivamente a nuestra invitación. Todos somos conscientes de la gran dificultad que solemos tener cuando alguien te pide, nos pide, que expresemos cara al público nuestras convicciones más íntimas. Y pienso que la relación personal con Jesús forma parte de esas experiencias íntimas que solemos guardar para nosotros mismos. Nos resulta más fácil decir lo que intelectualmente podemos expresar de un tema que volcar hacia fuera nuestra propia vivencia del mismo. Es de agradecer, pues, a estas personas su generosidad al poner en nuestras manos parte de su propia conciencia.

Por orden de aparición en las siguientes páginas, las personas son estas: el P. Ángel García, fundador y presidente de la Fundación Mensajeros de la Paz; Gloria Cavanna, militante cristiana de base y presidenta, durante muchos años, de la Asociación de Vecinos de Valle Inclán, la Prospe, Madrid; Pedro Casaldáliga, poeta y escritor, obispo emérito de Sao Félix de Araguaia, Mato Grosso, Brasil; Cristina Ruiz, reciente madre de familia, militante cristiana desde organizaciones como Redes Cristianas y actual directora del periódico madrileño Alandar; y Nicolás Castellanos, es- critor y obispo emérito de Palencia, fundador y presidente de la Fundación Hombres Nuevos.

A las cinco les hemos hecho esta misma pregunta: ¿Qué significado ha tenido, tiene, Jesús en tu vida? Una pregunta abierta a su propia experiencia, sin ningún agarradero para la respuesta más que su propia vida. Al menos, cuando Jesús pregunta a sus discípulos, camino de Cesarea de Filipo, “¿quién decís que soy yo?”, les allana   un poco el camino dirigiéndoles previamente esta otra “¿quién dice la gente que soy yo?” (Mc 8, 27-30). Porque es más fácil decir, en este tipo de preguntas directas e íntimas, lo que otros han dicho que lo que tú mismo piensas. A pesar de todo, solo, como señala Marcos, Pedro se arriesga y responde; los otros discípulos se quedaron mudos. Nosotros les hemos formulado directamente, sin rodeos, la pregunta y estas buenas personas, haciendo gala de su gran calidad, no han tenido especial duda en responder, lo que añade un tanto más a su ya contrastada valía personal.

Condicionados siempre por el espacio, solamente les pusimos un límite a su respuesta: no deberían exceder las 3.500 pulsaciones. Y, la verdad, es que han sido casi ejemplares. Lo más gratificante es la frescura y actualidad de sus respuestas, la ternura y compasión que refleja su experiencia hacia las víctimas y descartados de la historia. E, indudablemente, una vivencia que prolonga la identidad de Jesús de Nazaret hasta nuestros días. Son un brillante himno a la permanencia misteriosa de Jesús en la historia. Éxodo os queda muy agradecido.

P. Ángel García,Mensajeros de la Paz

Querido Evaristo,

Ante la pregunta que me haces, ¿Qué es para mí Jesús?, la res-puesta es:

Todas aquellas personas que, con su manera de hacer y de acariciar, practican la ternura y la misericordia con los pobres. Esas son un Jesús viviente. Alberto Iniesta, por ejemplo, o el papa Francisco, que han experimentado y saben lo que es sufrir y comprenden a los que sufren y a los que no piensan como ellos. Estas personas bendicen y no condenan. Todas ellas son hoy para mí un Jesús viviente”.

 

Gloria Cavanna, Asociación de Vecinos Valle Inclán

Ante la pregunta de ¿qué significa Jesús de Nazaret para ti? espontáneamente contesto:

Muy poco y Todo. Intento explicarme.

He crecido en el nacionalcatolicismo, en el seno de una familia liberal, en la que primaban los valores humanos, de justicia y solidaridad, que agradezco profundamente a mi madre. Educada en un colegio de monjas fui creciendo en el conocimiento y adhesión a Jesús. Desde muy niña, como hija única, en mis relaciones me llamaban especialmente la atención el por qué había niños que vivían peor que yo. Desde los catorce años, la celebración de la Pascua ha sido una fecha importante.

Estudié con beca, que me concienció a devolver a la sociedad lo que gratuitamente me había dado. Quise estudiar medicina, “cirugía plástica”. Entendía era un medio de atender a los que por enfermedad u otras causas pudieran sentirse rechazados. Por distintas circunstancias no pudo ser y acabé estudiando farmacia. Mi interés, no obstante, era seguir descubriendo a ese Jesús “capaz de dar la vida por sus amigos”, amar como amaba Él.

Durante los años de facultad, tuve una profunda crisis de fe. Me costó aceptar que la fe no dependía solo de mí. La lectura, amistades, “rostros significativos” y las clases de voluntariado que daba, me ayudaron a recuperar la confianza en ese “Dios inmanejable”.

Comencé a trabajar en un laboratorio farmacéutico como directora de fabricación en contacto directo con la clase obrera, a la que tanto debo, y hacerme cargo económicamente de mi madre, que acababa de ser despedida de su trabajo. En aquella época no entró en mis planes constituir una familia.

El descubrir y decidirme a formar parte de una comunidad cristiana, el profundizar en la Teología de la liberación, con la opción por los pobres como exigencia fundamental, el Vaticano II, el surgir de la Iglesia de Base y los comienzos de un cambio en la sociedad española, me descubrieron el compromiso sociopolítico como forma de cambiar las estructuras, causa de la injusticia y exclusión social. Con una actividad incesante, tuve que asumir riesgos profesionales. Mi compromiso sindical evidenció con quienes estaba. Recuerdo mis revisiones de vida, a altas horas de la noche, y una oración muy frecuente de: “Solo te pide Iahvé practicar la justicia, amar con ternura y caminar humildemente con tu Dios” (Miq 6,8).

Me costaba tomar partido sin rencor, intentar luchar con ternura… Llegué a denunciar a la empresa por “discriminación sindical”. Fue testigo Marcelino Camacho. Mientras declaraba tuve la experiencia de que “todo se había cumplido, había merecido la pena”. Por entonces mi compromiso era también político, en el barrio.

Después de dejar la empresa, de pasar por el paro y una cooperativa, al jubilarme me incorporé activamente a la Asociación de vecinos de Valle- Inclán, en la Prospe. Desde el año 2000 es la que me ocupa y me preocupa, el poder trabajar en red con otros colectivos para construir un barrio en el que quepamos todos, en el que la solidaridad, el cumplimiento de la justicia y el cuidado del medio ambiente, rompa las desigualdades y permita vivir a todos dignamente.

En el trascurrir diario, como decía Diez Alegría: “sé que estoy en las manos de Dios, aunque sé que Dios no tiene manos”. Con esta experiencia, en circunstancias muy difíciles, espero, también, saberme en sus manos al final. “Ante la contundencia de lo real, sólo tenemos una frágil promesa”, palabras que agradecí a Javier Vitoria y recuerdo en la muerte de mi madre.

Es un largo proceso. Necesito pararme, escuchar e ir despojando mi fe de muchas aspectos míticos. Supone seguir analizando y optando. Lo que hoy me impulsa, me urge es la realidad, los otros, con la confianza de que no estoy sola: “saber de quién me he fiado”.

Agradezco a los que desde diversas situaciones me han trasmitido la fe, y la búsqueda de actuar como Jesús, junto con la comunidad de creyentes y no creyentes, el sostenernos en la fe y esperanza de que otro mundo es posible, en donde nada se pierde, aunque no lo lleguemos a ver “pero habrá que forzarlo para que pueda ser” (Labordeta).

t r , j t l i r t
r t , l t r l f r tr i l ,
i r , l ll r r r f r rl r
r ( r t ).

 

 

Pedro Casaldáliga, Obispo y poeta

¡Creo en Jesucristo y lo adoro. Lo amo. Vivo de Él, por Él. Me gustaría dar por Él la vida. Espero, en todo caso, morir en Él para vivir eternamente!

¡Creo en este Amigo que me presentaron mis padres, la Iglesia: Dios hecho hombre, nacido en Belén, de la casa de David venida a menos, hijo verdadero de María, judío y obrero, natural de un pueblo colonizado; Hombre que ama, sufre y muere, perseguido y condenado por el poder de los hombres; Resucitado por el Poder de Dios, Hombre Hijo de Dios, misteriosamente igual al Padre, “en quien habita corporalmente la plenitud de la Divinidad”, cuyo espíritu anima a la Iglesia, Camino, Verdad y Vida, Salvador de los Hombres, el Señor!

Muertos los ídolos y los fantasmas, creo firmemente en Él, el Dios Hombre que ha asumido la historia humana, y es el Rostro verdadero del Dios vivo y el Rostro primogénito del Hombre Nuevo”.

JESÚS DE NAZARET

¿Cómo dejarte ser solo Tú mismo

sin reducirte, sin manipularte?

¿Cómo creyendo en í no proclamarte

igual, mayor, mejor que el cristianismo?

Cosechador de riesgos y de dudas,

debelador de todos los poderes,

Tu carne y Tu cruz en cruz, desnudas,

contradicción y paz, ¡eres quien eres!

Jesús de Nazaret, hijo y hermano,

viviente en Dios y pan en nuestra mano,

camino y compañero de jornada,

Libertador total de nuestras vidas,

que vienes, junto al mar, con la alborada,

las brasas y las llagas encendidas.

 

 

Cristina Ruiz, directora de Alandar

Un hombre y un reto

A la hora de describir mi vivencia personal de Jesús, honestamente, poco me importan las disquisiciones teológicas y la teoría. Me sitúo más bien como una de las mujeres que le acompañaron durante sus años de vida pública. Mujeres sencillas de las tierras palestinas de entonces, sin saber leer, sin un sitio en los lugares importantes del templo o de la política, entregadas al cuidado, al trabajo manual y doméstico

Me siento una de ellas que, fascinada por su figura, decide seguirle, escucharle y comprender la profundidad de sus enseñanzas porque, al fin y al cabo, sus palabras hablan de amor. Me imagino mirándole a los ojos, sirviéndole la comida, descubriendo si le gusta más el cordero o el pollo, viendo su lado más humano

y, a la vez, descubriendo su lado más profundo. Me visualizo a su lado y, muy a menudo, la oración me lleva a sentirme al pie de la cruz, arrodillada, casi hecha un ovillo en el suelo, llorando por su tortura y su muerte mientras todos los discípulos han huido y solo quedamos allí unas cuantas mujeres

Veo su lado profundamente humano, que me lleva a comprender mucho mejor su mensaje, a atisbar apenas qué significa eso de ser hijo de Dios. Entiendo a Jesús, por tanto, como esa figura fascinante a quien escuchar con profundidad, por el que dejarse llevar, aquel que me descubre que la vida es mucho más sencilla de lo que pensamos y que, al final, se trata solamente de amar, de entregar el corazón.

Es también el que me impulsa a comprometerme con las situaciones complicadas, a escuchar al que sufre, a quedarme al pie de las cruces cuando otros se van. A quedarme ahí, aunque muchas veces no pueda hacer gran cosa para aliviar a la persona en su sufrimiento, aunque no pueda resolver la situación, pero quedarme a su lado.

Jes es quien me impulsa a todo ello, pero también a alzar la voz contra las injusticias como él lo hacía, a anunciar que se puede ser feliz, que Dios lo hace todo nuevo, que se puede llevar una vida mejor. Ese impulso profundo de esperanza es lo que me mueve, aunque me quede mucho por aprender y por hacer, aunque mi compromiso se quede pequeño más a menudo de lo que quisiera. Jesús es aquel que me impulsa a conocer y entender más a los seres humanos y a querer dedicar mi vida a procurar que esas personas sean más felices

 

Nicolás Castellanos Franco, obispo. Fundador de Hombres Nuevos

Todo es don. En el camino, nos encontramos con Jesús y, por pura gracia, le damos nuestra adhesión personal y libre, que se va haciendo cada día más consciente. Y nos vamos dando cuenta de que Jesús vino al mundo para compartir la alegría (Jn 15, 11). “Los discípulos se llenaron de alegría al ver a Jesús” (Jn.20,20).

Vamos descubriendo que podemos ser felices, dichosos, lo cual no excluye el dolor, ni las contradicciones ni contrariedades. Y desde la madurez humana y la esperanza, fruto del Resucitado, surge cierta alegría personal y comunitaria, que se hace compromiso en la vida real; y en contacto con el Jesús histórico nos comprometemos con los empobrecidos, excluidos, “lo sobrante”, “lo descartable”.

Y también nos ocurre que, cuando fallamos, Jesús nos sorprende con la alegría del perdón y de la reconciliación

Desde mi juventud en el Seminario Agustino de Santa María de la Vid (Burgos), me han rondado dos pasiones: La pasión por Jesús, y, en consecuencia, por la justicia en el mundo

Hoy describo mi pasión por Jesús.

1. La persona de Jesús, marca referencial, distintiva, aparece tempranamente en mi vida. Te insistían mucho en el hijo de Dios, algún pedagogo excelente te presentaba la figura original de Jesús de Nazaret, concreto, histórico, el Mesías, el Cristo al que la Iglesia debe su existencia

No me costó identificarme con este pensamiento lúcido de un teólogo eminente. “El nombre de Jesús es como el ‘hilo dorado’ en el gran tapiz de la historia de la Iglesia. Aunque, a menudo, el tapiz aparece deshilachado y mugriento, ese hilo vuelve siempre a penetrar en la tela”.

2. Discípulo, en seguimiento de Jesús. En ese proceso está presente Jesús, no triunfante, sino doliente. El Mesías actúa, sana, cura y cuida las relaciones humanas. Se identifica con las víctimas. Él mismo es víctima. Realiza su misión entre golpes y humillaciones, pero Jesús no se queda en el victimismo. La solidaridad con las victimas es fecunda y fuente de vida. Como profeta se ubica en medio de los pobres y se ocupa de ellos con misericordia, con pasión y ternura, dejándoles ser protagonistas.

Y desde esa pasión sentida por Jesús, voy intuyendo y descubriendo las nuevas presencias y escenarios: Migrantes, refugiados, prófugos…

No es difícil ir descubriendo la “eclesialidad de frontera”, que se traduce en otro modo factible de ser Iglesia, con otro estilo, otras lógicas significativas en los nuevos espacios culturales, sociales, muy complejos y diferentes. No se puede evangelizar hoy con los medios de ayer.

3. En el camino te sorprende lo central del mensaje de Jesús: La dicha y la bienaventuranza. El verdadero bienaventurado crea bienaventuranza. Te hace feliz. El Señor es la bienaventuranza. Él convierte el despojo en gracia y a los despojados en agraciados, porque ya tienen Padre, ya tienen familia, ya tienen mesa, ya tienen amino.

La bienaventuranza es la misericordia de las manos de Jesús. La bienaventuranza es la misericordia de las manos de Jesús que pasa a mis manos. Lo acojo esa ternura en mis manos y se la paso a los hermanos, mientras Jesús sostiene mis manos.

4. Desde los dichos y hechos de Jesús, he ido descubriendo al Dios de Jesús. Un Dios padre-madre, ternura, compasión, volcado sobre nosotros para que nosotros seamos de verdad felices.

5. Para desencadenar la tierra hay que cuidar la mirada sobre la realidad y no hay otra mirada que la mirada de Jesús, una mirada llena de ternura, compasión, saber sufrir con el otro, que refleja el rostro de Dios.

6. La espiritualidad llega a su culmen en ese encuentro diario con Jesús, sacramento originario del encuentro del hombre y de la mujer con Dios. Y así empiezas a vivir la experiencia profunda de Dios, sin desengancharte de la historia, en sus alegrías y tristezas, esperanzas y angustias; y sin querer, desenmascaras el ateísmo del ritualismo y de todas las formas religiosas que no producen frutos de amor, justicia y bondad. Pero por ahí siempre te amenaza la huella martirial.

7. Para mí lo más maravilloso del encuentro vivido, alimentado, celebrado y saboreado con Jesús de Nazaret, estriba en poder estrenar vida todas las mañanas y ser capaz de aceptar la vida, no como un fardo pesado, sino como un reto, un camino abierto al compartir y a la solidaridad.

Lo que es Jesús para mí en ese encuentro paz, alegría, ganas de vivir…, eso mismo tengo que ser yo para los demás. Eso te permite “estar fresco” en la vida, que es muy distinto de ser fresco.

En definitiva, para mí Jesús de Nazaret se traduce en una experiencia de fiesta, libertad y alegría, a pesar de todas las noches oscuras

Breves apuntes sobre la situación de la vivienda en España

Mariano Calle
  1. Preámbulo

Este mi trabajo no pretende sino aportar una serie de datos, que deben ser tenidos en cuenta por una política que de verdad quiera aportar solución al problema de la vivienda, tanto por lo que respecta a su ubicación urbana dentro de un desarrollo sostenible y las condiciones en que deben ser planificadas, cuanto por la necesidad de proveer de este derecho fundamental a los sectores más vulnerables.

Es más que revelador el dato que, dentro del total de las viviendas en España, tres millones y medio sean vacías, un 13, 7 %; y a la par sean –sólo en Madrid– 90.000 los jóvenes que demandan vivienda. Son bastantes las pistas y requisitos que mostramos para que se pueda comenzar a resolver este problema en el plazo mínimo de diez años.

  1. Dos objetivos universales

La Conferencia de Naciones Unidas sobre Asentamientos Humanos (Habitat II), celebrada en Estambul en junio de 1996, estableció dos objetivos universales: 1. Garantizar una vivienda adecuada para todos, y 2. Desarrollo sostenible de los asentamientos humanos en un mundo en un proceso de urbanización que sean más seguros, saludables, habitables, equitativos, sostenibles, productivos.

  1. 3. Datos sobre las viviendas

Población total: 46,816 M.

Viviendas: Total: 25,207 M. (100,00 %)

  • Principales: 18,083 M. (71,70 %)
  • Secundarias: 3,681M. (14,60 %)
  • Vacías: 3,443 M. 13,70 %
  • Tamaño medio del hogar: 2,58 personas/hogar

*  90.000 jóvenes en Madrid demandan vivienda.

*  El esfuerzo de adquisición de vivienda supone el 41% de los ingresos.

*  El parque de viviendas en alquiler es del 15%.

(Datos del censo de 2011)

Actualmente, el 60% de la población mundial vive en zonas urbanas. Se reconoció así mismo que las ciudades y pueblos son centros de civilización y fuente de desarrollo económico, social y cultural. Simultáneamente con esta declaración, la conferencia reconoció el deterioro de la calidad de vida de los asentamientos humanos, que en algunos casos, sobre todo en los países en desarrollo, han alcanzado dimensiones críticas, debido a factores tales como: producción y consumo insostenible, cambios demográficos insostenibles (estructura y distribución de la población), aumento de las personas sin hogar, aumento de la pobreza, desempleo, exclusión social, falta de recursos, falta de servicios básicos e infraestructuras, degradación del medio ambiente, aumento de la vulnerabilidad ante los desastres, emigración del medio rural a la ciudad.

Se reconocen expresamente como grupos sociales especialmente vulnerables los formados por los colectivos de: mujeres, niños y jóvenes, no contemplados en las políticas generales diseñadas por y para los grupos sociales dominantes (familia tradicional, clases medias urbanas establecidas…).

Es impensable que podamos aproximarnos a la solución del problema del alojamiento (vivienda), sin la concurrencia del sector público, sector privado y sector comunitario. Todos ellos deben aportar las capacidades mutuas, promoviendo las transferencias tecnológicas y los conocimientos tecnológicos adecuados.

  1. La vivienda, base para la calidad de vida

Un elemento fundamental en la configuración de la ciudad y componente básico de la calidad de vida es la vivienda. Se podría decir que el poder disfrutar de una vivienda, en sentido amplio de lugar de abrigo y residencia, es una cuestión básica para poder empezar a hablar de calidad de vida.

Una verdadera política sobre la vivienda no es posible sin un desarrollo sostenible para las ciudades, arbitrando programas integrales de actuación: medioambiental, urbanística, económica, cohesión social y una política de suelo que recupere la iniciativa pública en la gestión del suelo. El suelo existente en el mercado actualmente compromete la existencia de viviendas de precio tasado, y compromete para los próximos diez años como mínimo la capacidad de maniobra del Estado. El exceso de suelo no contribuye a la bajada de los precios de las viviendas pese a haber sido la falta del mismo la causa de la carestía de aquellas… (La derecha dixit).

Habría que ir pensando en la expropiación de suelos ya calificados mediante convenios urbanísticos con los propietarios, en recuperar la iniciativa de la vivienda de precio tasado y en potenciar la creación de parques de viviendas en régimen de alquiler, preferentemente con viviendas usadas. Y habría que cuidar especialmente de:

  • Adecuar los tamaños de las viviendas de iniciativa pública a la demanda de los sectores insolventes: Jóvenes, Emigrantes, Personas sin Hogar o alojadas en infraviviendas.
  • Recuperar la figura del Promotor Público de Vivienda, para potenciar la vivienda de integración social en régimen de alquiler.
  • Fomentar y primar la demanda estructurada, Cooperativas, Comunidades.
  • Crear Sociedades mixtas, Publicas-Privadas de Patrimonio y gestión de parques de viviendas en régimen de alquiler, de ámbito municipal o regional.
  • Fomentar la rehabilitación de las viviendas en cascos, y en áreas periurbanas como fórmula para evitar la degradación ambiental, la segregación social o la marginalidad.
  • En paralelo con lo anterior, fomentar las medidas de recompra de viviendas a aquellas personas carentes de recursos económicos, garantizándoles su permanencia, pasando estas posteriormente a los fondos patrimoniales de las sociedades de gestión de viviendas en alquiler.
  • Vincular la creación o rehabilitación de viviendas a otras políticas generales como desarrollo local, empleo, formación y servicios, mejora del medio ambiente.
  • Romper la tendencia actual de creación ilimitada de viviendas de nueva planta, como una necesidad ineludible.

          5. Viviendas para Jóvenes: ¿un valor de uso o de cambio?

     1. Políticas de vivienda tradicionales

Las Políticas de vivienda han tenido tradicionalmente en cuenta tres factores fundamentales para su elaboración: 1) Las condiciones socioeconómicas de la población, CÓMO; 2) La localización territorial de las necesidades, DÓNDE; 3) El ciclo de vida de la población, QUIÉN.

Los resultados son los que observamos en nuestras ciudades: la vivienda como objeto de inversión y especulación, desajustes entre oferta y demanda, y sobre todo expulsión del mercado de la vivienda a sectores de la población con menores recursos económicos, provocando fenómenos de segregación territorial en un medio urbano empobrecido y con problemas de exclusión social y marginación. Para corregir estos efectos, es necesario introducir en la elaboración de las Políticas de vivienda otro factor: el ciclo de vida de la población, QUIÉN.

  1. Vivienda para jóvenes: ¿valor de uso o valor de cambio?

En este caso, el sector de los jóvenes aparece como un grupo específico, con necesidades concretas de alojamiento: ¿qué es una vivienda para jóvenes? ¿La vivienda para jóvenes es un bien con valor de uso o valor de cambio?

Es una vivienda en la que viven personas jóvenes, adjudicada (por sorteo), “diseñada” (menos tamaño, más barata). Vemos frecuentemente promociones de viviendas dirigidas a “los jóvenes”, como un sector especifico de consumidores. De igual manera que existen ofertas de teléfonos móviles dirigidos al sector joven. Pero en ambos casos el producto es el mismo, su concepción de desarrollo y colocación en el mercado responde a los mismos patrones de las viviendas destinadas a los sectores dominantes de la sociedad: familia tradicional con situación socio-económica estable.

¿Es esto suficiente? NO. Una vivienda para jóvenes responde a las necesidades de aquellas personas que, por su situación en el ciclo vital (edad fundamentalmente), necesitan abandonar el núcleo familiar y aun no han decidido o no han consolidado una situación estable (formación, empleo, medios económicos, lugar de residencia, vida de relación…) que les permita prever las características de su alojamiento.

Es una vivienda eventual, cuyo valor fundamental es el VALOR DE USO. ¿Es esto suficiente? NO. Es necesario incorporar el componente socio-económico de la población joven, para evaluar el esfuerzo que deben realizar para acceder a una vivienda, y si es posible realizarlo. En este contexto, deben incorporarse otros valores sociales que contribuyan a la mejora del entorno habitado y al desarrollo y cohesión social del colectivo en el que se integraran.

Por lo tanto, los jóvenes tienen derecho a resolver el problema de su vivienda sin que se hipoteque su futuro, pero deben contribuir a la creación de asentamientos sostenibles que eviten la exclusión social propia y ajena.

   3. Factores a considerar en las viviendas para jóvenes

Necesidad de alojamiento para emanciparse. Las estructuras familiares actuales han perdido capacidad de ayuda a la emancipación: etapa de formación, precariedad y movilidad en el empleo juvenil.

Aparte el hecho de otras alternativas (okupas…), existe un claro desequilibrio entre la oferta de viviendas en propiedad o en alquiler. En las políticas de vivienda desarrolladas en España en los últimos años ha existido un fuerte apoyo institucional al régimen de propiedad, generando una contradicción entre el alquiler, como consumo, y la propiedad como inversión. Es necesaria la incorporación de programas municipales, autonómicos y estatales de vivienda pública en régimen de alquiler, ya que generan un menor endeudamiento de la población receptora.

a) Características de estas viviendas

Pueden señalarse varias características de las viviendas para jóvenes: a) temporales (uso temporal); b) participativas (planificación, administración y conservación); c) solidarias (carencia de recursos y experiencias propias); d) flexibles (movilidad), (mayor integración económica social y política); e) autogestionadas: asignar los recursos a colectivos determinados en áreas definidas. Tuteladas (intervención estatal y comunitaria, sino se convertirán en experiencias aisladas, que no sirven para transformar el mercado. Soluciones programadas y creación de redes de este tipo); f) integradas en el entorno y respetuosas con el medio ambiente; g) sostenibles (utilización adecuada de recursos); h) accesibles; i) innovadoras (utilizar energías alternativas: hidráulica, eólica, biomasa, geotérmica, solar-térmica, solar-fotovoltaica, cogeneración y tratamiento de residuos). Viviendas bioclimáticas. Incorporación de sistemas de comunicaciones; j) diseño adecuado y personalizado (no solo en cuanto a superficie, sino en modelos de convivencia no repetitivos).

b) Condicionantes: a) Suelo y planeamiento (incremento del patrimonio público de suelo); b) Obra nueva o rehabilitación (incentivos al patrimonio residencial existente. La vivienda de segunda mano); c) Formas de gestión; d) Legislación (técnica, financiera, presupuestaria y fiscal). Rigidez (ayudas económicas al alquiler). e) Competencias administrativas (estatal, autonómica o local); f) Promoción (pública, privada, cooperativas,…); g) Estructuración de la demanda.

c) Resultados esperados:

  • contribuir a la mejora del entorno urbano
  • integración de la población
  • integración generacional
  • integración socio-económica
  • contribución a la ayuda a otros sectores poblacionales ( ancianos, niños)

       6. Resumen

  • No existe una fórmula ni una receta única.
  • Se trata de buscar políticas imaginativas que se adecuen a las necesidades de cada entorno.
  • Promover y alentar desde la Administración a las organizaciones públicas, privadas, comunitarias, voluntarias…
  • Facilitar la participación de grupos estructurados, tales como cooperativas, colectivos…
  • Fomentar la concienciación de que la solución actual del problema de la vivienda debe salvaguardar los intereses de las generaciones presentes y futuras.

Cocina familiar comunitaria en el Polígono del Valle (Jaén). Autodeterminación en clave alimentaria

Mª Carmen Cruz García

Los efectos de la crisis económica han provocado que cada vez sean menos las familias que no padecen ningún tipo de vulnerabilidad o de exclusión social. La crisis ha afectado de manera especial a las familias con menores a su cargo, observándose un crecimiento notable de niños que viven en hogares con ingresos por debajo del umbral de la pobreza al igual que del número de niños que viven en hogares con privación material severa. La falta o reducción de ingresos puede dar lugar a un empeoramiento de la calidad de la alimentación, relacionada con el consumo de menos productos frescos o de una dieta equilibrada. Muchas de estas familias son beneficiarias de ayudas procedentes de entidades dedicadas al reparto de alimentos no perecederos, y manifiestan continuamente que están aprovisionadas de una gran cantidad de legumbres o pasta, pero que o bien no disponen de los recursos económicos para poder adquirir el resto de ingredientes necesarios para poder cocinarlas, o no pueden permitirse una dieta variada que suponga la elaboración de otros menús con ingredientes distintos a los que reciben a través de las ayudas de emergencia o de la beneficencia.

Esta situación de vulnerabilidad o exclusión social tiende a concentrarse en zonas geográficas determinadas, en las que los efectos de la crisis económica, no sólo afectan a la destrucción acelerada de empleo, sino en las que cada vez son más las familias en las que todos sus miembros se encuentran en desempleo, sin ingresos, y con las redes de apoyo saturadas por el esfuerzo solidario hasta la fecha, afectando además a la salud emocional de las personas que más lo están padeciendo.

El Polígono del Valle de Jaén es una de esas zonas geográficas a las que nos referimos. En este contexto, la mayoría de las entidades se unen en una red colaborativa llamada Comunidad de Barrio. Las entidades realizan diversos proyectos de intervención, pero todas con gran experiencia y cercanía con los vecinos y personas que atienden. Con la creación de esta red colaborativa se pretende establecer un espacio común a todas, capaz de aunar y coordinar sus esfuerzos para optimizar sus recursos.

A través de este proyecto de intervención se atienden las necesidades vitales de alimentación, a la vez que se genera una respuesta digna (alejada de las colas de los comedores sociales), sostenible, y que ayuda a promover la atención de otras necesidades de carácter emocional, relacional, laboral y psico-sociales. Un planteamiento de intervención integral que favorece el empoderamiento de la persona beneficiaria, incorpora la participación del voluntariado y de la comunidad pero, sobre todo, facilita el proceso de participación de los/as destinatarios/as, auténticos/as protagonistas de su futuro.

Quiero destacar lo que creo que ha ayudado a que la intervención sea un éxito:

    * En primer lugar, ha sido clave que hayan sido las propias familias las protagonistas de su alimentación. Por grupos y días, las familias junto a las educadoras elaboran diariamente la comida que van a consumir en sus casas, además de la comida que van a consumir el resto de familias beneficiarias del proyecto. Al diseñarlo, se apostó porque las personas contratadas fueran educadoras y no cocineras. Las educadoras en las tareas de la cocina han estado al mismo nivel que las familias, han realizado las mismas tareas por lo que han estado consideradas como unas más, lo que ha hecho que se consiguiera un alto grado de confianza que ha facilitado que en todo momento haya habido un clima muy bueno en las actividades, que las personas se hayan sentido cómodas y no avergonzadas de participar en el proyecto, y como ellas mismas lo han expresado: NOSOTRAS NOS LO GUISAMOS Y NOSOTRAS NOS LO COMEMOS.
    *Se han sentido como grupo y se han identificado como tal, siendo todos corresponsables de la consecución de objetivos del prójimo. No hemos trabajado un solo aspecto o problema con ellos: hemos acompañado a la persona de la familia parada, al niño con problemas en el cole, al joven que no quiere ir al Instituto y lo deja, a la mujer con ansiedad o con problemas de baja autoestima, al marido que le da vergüenza ir a por la comida y con el paso de los meses acompañaba ya a la mujer…

* Lo que no hemos conseguido: las familias en su casi totalidad siguen necesitando del proyecto para poder   garantizar su alimentación debido a que no tienen trabajo o si lo tienen es muy precario, no tienen prestaciones sociales y si las tienen desde que las solicitan tardan casi un año en que les lleguen y tienen grandes carencias económicas para pagar el alquiler, la hipoteca, la luz, el agua, el gas, los medicamentos…

* Como trabajadora social, este proyecto de intervención me ha ayudado a trabajar en el entorno de la persona beneficiaria, evitando el asistencialismo y las acciones puntuales y teniendo como horizonte principal la movilización de las personas con necesidades alimentarias, a la vez de promover también la movilización de muchos más de los que inicialmente lo ejecutan, generando una cultura de solidaridad con cuantos se relacionan con el mismo.