EL AGUA: CONFLICTO Y VIDA

Exodo120portadaÉXODO quiere con este número acercar a nuestros lectores un tema que las Naciones Unidas designó para este año 2013 “Año Internacional de la Cooperación en la Esfera del Agua”. Hay quien ha destacado la importancia del tema con esta frase: La crisis del Agua definirá el siglo XXI.

El cambio climático nos ha colocado ya en el calentamiento global, el cual nos ha hecho traspasar los límites, pues la temperatura se situará entre dos y tres grados Celsius más que el promedio actual. La situación impone, por tanto, a la humanidad un cambio de mentalidad colectiva, pues la rueda es imparable: debemos conocer la importancia de la crisis, adaptarnos a ella y buscar la manera de evitar sus efectos dañinos.

Por otra parte, y unida a la del calentamiento, está la crisis del agua potable. ¿Tiene que ver y está relacionada la crisis del agua con la crisis de la economía global? ¿Qué conexiones y consecuencias tiene con la pobreza, el hambre, las enfermedades, las desigualdades, la salud y la política vigente?

De toda el agua del mundo, solamente el 3 % es agua dulce, el 97 % es agua salada; y de ese 3 % solamente el 0,7 % es asequible al ser humano. La situación del agua se empeora cada vez más: para uno de cada seis habitantes es un lujo; 2.600 millones de personas no tienen acceso a sistemas de saneamiento elemental.

En los próximos años corremos el riesgo de un cruce de la línea del calentamiento global con la línea de la escasez del agua, lo cual podría producir enormes desastres.

La crisis es global y muestra un nudo esencial en torno a la unión del planeta Tierra con el tema de la Humanidad. Y para que todos los humanos puedan caber y vivir en el planeta Tierra, “Todos debemos, escribe Leonardo Boff, vivir no con una economía de abundancia, sino con una economía de la decencia, que permita a todos tener lo suficiente. Tenemos que intentar un nuevo comienzo, mudar mentes y corazones, ya que en el arsenal de valores y principios de la actual civilización no encontramos soluciones inmediatas que garanticen un futuro de esperanza”.

CINCUENTA AÑOS DESPUÉS DEL VATICANO II

Portada Exodo 121No es poca cosa medio siglo, y eso es lo que ha pasado desde la clausura del concilio Vatica- no II en el 1965. Llegábamos al concilio con no pocos anhelos y avances fraguados en décadas anterio- res. La convocatoria del Papa Juan XXIII alentó nuestras expectativas. Todo parecía indicar que se abría una nueva época, y ese fue el sentimiento que más cundió en la cristiandad.

La pregunta que en este número nos hace- mos es la siguiente: ¿Si se hubieran llevado a cabo el espíritu y las propuestas de reno- vación del Vaticano II hubiéramos entrado en la crisis actual que padecemos? ¿No hay en él elementos que nos hubieran ayudado a entender y superar la crisis?

Ciertamente, antes del concilio venían so- nando voces que exigían la renovación des- de la opción por los pobres. Juan XXIII im- pulsó esa orientación. Pero, por unas y otras razones, este tema no fue central en la agenda del concilio. Sólo una minoría de obispos hizo el pacto de las catacumbas de santa Domitila, pero sin llegar a convertirse en programa para toda la Iglesia. Fue en la asamblea episcopal latinoamericana de Medellín (1968) y en la posterior de Puebla (1972) donde el tema había madurado y se lo asumió como opción fundamental de la Iglesia. Surge entonces una teología donde los últimos son los prioritarios a los ojos de Dios, pues Jesús se encarnó en la pobreza y vaciamiento y se identificó con los pobres de la tierra.

El Papa Francisco ha vuelto a proponer el sueño de una Iglesia pobre y de los pobres. Todo lo cual nos urge a recuperar el poten- cial del Vaticano II, los retos que planteó, pero que, contradiciendo el ritmo de la his- toria, quedaron sin respuesta. Por aludir a uno de esos retos, acaso el fundamental, ¿en qué quedó la autocomprensión de la Iglesia como “pueblo de Dios?” Lejos de provocar transformaciones siguió siendo profundamente desigualitario y gobernado por una estructura clerical y “totalitaria”, como la que, todavía hoy, sigue vigente. ¿Fue el Vaticano II una oportunidad perdi- da? ¿Qué otros temas puso en cuestión, que requerían renovarse y se desvanecie- ron sin convertirse en logros?

En este número verán nuestros lectores có- mo se enuncia el paso de unos paradigmas a otros, del paradigma de los poderes al para- digma de la ciencia, del diálogo y de la cola- boración, de los derechos y libertades.

¿El pueblo soberano?

Evaristo Villar

Éxodo 119 (may.-jun.) 2013
– Autor: Evaristo Villar –
 
CUANTOS consideramos la convivencia social como un propio del ser humano consideramos que la mejor base y garantía para la dignidad y derechos de los ciudadanos es el sistema democrático; en él, el ciudadano es sujeto primordial y soberano. El Estado, con los gobiernos y políticos que nos representan, sería el último baluarte sin el cual desaparecerían nuestra razón y seguridad colectivas.

La crisis actual tiene como característica cuestionar la validez de esta convicción: nuestra autoridad democrática no nos representa, se ha instalado en una esquizofrenia que la somete a un poder extraño y superior (el capital, a quien obedece) y se alza prepotente contra la ciudadanía (a quien aplasta y miente). Un juego perverso.

Somos soberanos y estamos intervenidos. Las conquistas democráticas se evaporan ante nuestros ojos. La situación actual se debate cada vez más entre dos lógicas: la de los indignados y la de la política dominante.

¿En qué queda entonces la soberanía del pueblo y, consiguientemente, la del Estado? ¿Es un mito? ¿Hay que relativizarla y secularizarla? ¿Somos Estado y Pueblo dos sujetos con soberanías limitadas? ¿Será verdad que “ninguna soberanía tendrá todos los atributos de la soberanía” o todo se encamina a aminorar y reducir los elementos democráticos hasta lograr que sean marginales? ¿Nuestras llamadas democracias no son sino dictaduras económicas ataviadas con una fachada democrática?

Son preguntas a las que EXODO intenta responder en este número. Y los autores que colaboran, sin duda desde perspectivas y ámbitos distintos, ofrecen elementos que concitan a revisar y aunar esfuerzos en la dirección de una auténtica democracia.

Y, con respuesta convergente, EXODO promueve la crítica, la denuncia, la solidaridad, el compromiso, la esperanza, las alternativas frente a tanto poder político servil y menguado; y frente a un capitalismo que cada vez ocupa más espacio en este mundo y está en camino de destruirlo.

¿Es hora de otra Iglesia?

Varios Autores

Éxodo 118 (marz.-abril) 2013
– Autor: Varios Autores –
 
¿Es hora de otra Iglesia? ¿Qué es lo que está pasando en esta institución milenaria para que tengamos que hacernos hoy esta pregunta? En las siguientes páginas de Éxodo podrás ir encontrando algunas respuestas a este interrogante.

Es inimaginable la renuncia de un papa y a todo el mundo ha sorprendido la llegada a Roma de alguien que viene “desde el fin del mundo”. Como al paso de una intensa borrasca invernal, comienzan a borrarse los anacrónicos perfiles de un paradigma papal, monárquico y absolutista, a la vez que tímidamente parecen emerger otros nuevos, más acordes con la sensibilidad de nuestro tiempo.

La monarquía papal no es un dato originario que pertenezca a la esencialidad de la tradición de la Iglesia. Se ha venido construyendo en la historia desde el siglo XI con el “dictatus Papae” de Gregorio VII, la teocracia de la bula Unam Sanctam de Bonifacio VIII (s. XIV) y el dogma de la infalibilidad del Vaticano I (s. XIX). Se trata de una figura con rasgos faraónicos que rayan en la idolatría, y que recoge sin pudor el Código de Derecho Canónico, promulgado por Juan Pablo II en 1983. En este código de leyes, actualmente vigente, se llega a afirmar que el papa y solo él tiene potestad suprema y plena, inmediata y universal, que no puede ser juzgado por nadie y que puede juzgar y condenar, sin apelación, incluso a los jefes de Estado del mundo entero… ¡Y esta figura se ha mantenido intocable hasta la reciente renuncia de Benedicto XVI!

Aun sin datos suficientes para conformarlo, en los gestos y palabras del papa Francisco parece apuntar otro paradigma. El mismo nombre que se ha dado es suficientemente expresivo. ¿Pretende enlazar el papa Francisco con esa tradición empeñada en la renovación de la Iglesia desde la pobreza? En el cauce de esta tradición secular cobran mayor interés algunas de sus primera palabras: “quisiera una Iglesia pobre y de los pobres”. Pudieran ser estas el eco de aquellas que, según San Buenaventura, dirigió Jesús al santo de Asís: “Francisco, ve y restaura mi casa, mira que está en ruinas”

No es necesario acudir a las escandalosas revelaciones del vatileaks, donde el abuso de poder, la pompa y el dinero entre las más altas jerarquías y la pederastia afectando a un elevado número del clero, para caer en la cuenta de las actuales ruinas de la Iglesia. Estas consecuencias, miradas objetivamente, están apuntando a algo más profundo, a la imagen misma de una institución milenaria que hoy, como nunca, está siendo fuertemente cuestionada. Basta echar una mirada a los datos que nos ofrecen los frecuentes sondeos para percatarnos del clamor casi universal por un cambio de paradigma. Según José Juan Toharia (Metroscopia, abril 2013), nueve de cada diez españoles, creyentes o no, quieren ver a la Iglesia del lado de los pobres y excluidos y no de los ricos y poderosos; la quieren más austera tanto en ropajes como en ritos litúrgicos; sin privilegios y al ritmo de los tiempos que estamos viviendo. Curiosamente los zapatos remendados del papa se convierten en un símbolo bien expresivo.

A la vista de todo esto cobra sentido la pregunta que nos hacemos en Éxodo: ¿Ha llegado la hora de otra Iglesia? A nuestro juicio sí y somos conscientes de que, de no aprovechar este momento, la actual ruina seguirá imparable.

LOS DESAHUCIOS

Varios Autores

Éxodo 117 (en.-feb) 2013
– Autor: Varios Autores –
 
!Los desahucios! Difícilmente, encontraremos un tema que, en nuestro país y después de 34 años de democracia, presente rasgos tan lacerantes de desamparo e inhumanidad. Lo más sorprendente es que, deliberadamente y con mayor o menor mentira y ocultamiento, se estaba fraguando la peligrosidad del tema. Alarmas y denuncias se venían produciendo hace algunos años. Pero nuestros poderes públicos, con todos los especuladores arrimados o aliados con ellos, no dudaban en hacernos creer que estábamos siendo ejemplo y envidia para el mundo entero con nuestro modelo de transición democrática y los grados de progreso alcanzados.

Finalmente, desde unos años, despertamos y hemos comenzado a ver la situación real que arrastrábamos y que no pocos financieros y políticos han aprovechado para engañar, robar y enriquecerse. Confundieron la dignidad de la política con la suciedad de su egoísmo e intereses.

Una llama explosiva de esta situación han sido los desahucios. La casa no es un problema, es el problema, porque todos necesitamos hacer y conseguir una casa para superar nuestra indefensión y labrar nuestra formación, personalidad y felicidad. Todo pueblo aspira a que todas las familias tengan una casa propia para vivir tranquilos y asegurar el desarrollo, la convivencia y estabilidad del país.

Pues bien, en España los desahucios, miles en pocos años, han puesto a muchas familias españolas en el más sangriento desamparo. Y en él han colaborado empresarios, jueces, abogados, policías, etc., como si cumplieran una natural, segura y sagrada legalidad. Ahora hemos empezado a descubrir, pensar y concluir que nuestra democracia encubría lagunas, errores y contradicciones intolerables. Intolerable era –y lo hemos permitido- que Andalucía, con sus 87.000 kilómetros cuadrados, sus 1.000 kilómetros de costa, sus tierras y llanuras las más ricas de Europa, con una agricultura para poder cultivar de todo, con sus casi nueve millones de habitantes, haya tenido que sufrir un éxodo de más de dos millones de su gente, después de ver cómo los especuladores se cargaban su costa con miles de edificaciones y tener que afrontar ahora los desahucios de miles de familias, habiendo en Andalucía más de 600.000 casas vacías.

De todo esto se ocupa el presente número de Éxodo. Y lo hace con el testimonio de quienes viven día a día la lucha por el cambio y con expertos que señalan la urgencia de la situación, las causas que la provocan y las propuestas para una más humana y justa solución.

CRISIS ECOLÓGICA

Varios Autores

Éxodo 116 (nov.-dic) 2012
– Autor: Varios Autores –
 
Llegamos con este número de Éxodo a la Crisis Ecológica, mapa como pocos para guiarnos en la magnitud y urgencia de la crisis. En otros tiempos dábamos como garantizada la vida humana de la Tierra. Hoy, la denuncia y el compromiso frente a la alarma de que la especie humana puede desaparecer va penetrando aceleradamente en la conciencia humana.

La crisis ecológica no es fruto de la casualidad ni fruto de la voluntad de los dioses. Viejas y obsoletas creencias, ignorando el avance de las ciencias y el protagonismo humano, nos hacen pensar como el filósofo griego Epicuro: “Frente al mal que existe en el mundo, sólo hay dos posibles respuestas: o Dios no puede evitarlo, o Dios no quiere evitarlo. Si no puede, entonces no es omnipotente y no nos sirve como Dios. Si no quiere, entonces es un malvado, y no nos conviene como Dios”.

Somos nosotros, con el mal uso de la libertad, los que contaminamos la Tierra y poblamos de males la sociedad. Si la Tierra produce actualmente un 10 % más de alimentos de los que realmente necesita y unos 500 millones de personas sufren hambre en el planeta, no es por culpa de Dios sino por otras causas humanas. Jesús de Nazaret anunció con vigor que Dios no manda males a nadie; ni a los justos ni a los pecadores. Él sólo manda el bien.

Es el dictamen, ahora sí científico, que 1.500 expertos y científicos en 1992 hicieron a la humanidad: “No quedan más que una o muy pocas décadas antes de eliminar la amenaza que encaramos ”. Y la Carta de la Tierra (UNESCO, 2003) subraya: “O hacemos una alianza global para cuidar unos de otros y de la Tierra, o corremos el riesgo de autodestruirnos y destruir la diversidad de la vida”.

Si es verdad que “La ciencia ecológica es la síntesis del mundo vivo”, Éxodo trata de apuntar respuesta y soluciones en esta dirección, expresadas en puntos como estos:

_ El seguir con la explotación abusiva de los bienes y servicios nos ha llevado a descubrir los “límites” de la Tierra. Los que controlan las finanzas y destinos de los pueblos se reúnen para ver cómo salvan su sistema financiero y especulativo y olvidan que la Tierra puede vivir sin nosotros, como vivió miles de años, pero nosotros no podemos vivir sin ella.

_ Es necesaria una transformación de nuestra manera de habitar la Tierra, otra visión de la realidad; nosotros no estamos ni fuera de la Tierra ni por encima de ella, somos su porción consciente e inteligente, participamos de la red de relaciones que, para bien o para mal, envuelve a todos.

_ Los valores fundamentales para garantizarnos un horizonte con futuro son: la sostenibilidad, como uso racional y solidario de los recursos de la Tierra, y el cuidado, como una relación amorosa con la realidad.

ESPIRITUALIDAD Y POLÍTICA

Varios Autores

Éxodo 115 (sept.-oct.) 2012
– Autor: Varios Autores –
Tiempos de Turbación
 
Espiritualidad y política marchan, al menos en el mundo capitalista, por caminos diferentes. Viajeras erráticas, avanzan, entre el general descrédito, al desencuentro. ¿Cabe soñar con un día en que rectifiquen de rumbo y se descubran como los pies necesarios para que el ser humano pueda seguir caminando? Desde Éxodo acariciamos abiertamente, en tiempos de turbulencia, este sueño.

El actual descrédito de la política, como vienen señalando implacablemente los sondeos del CIS, se ha instalado en la conciencia de la ciudadanía. Una calificación que la política se ha ido ganando a pulso: por su desvinculación del pueblo al que dice representar y al que está dejando tirado al borde del camino; por su complicidad y sumisión a los mercados y al omnipotente club de los banqueros y financieros; por su sectarismo, su corrupción y la utilización del engaño como método; por el secuestro y utilización de los medios públicos de información… Imposible reconocer en la actual imagen de la política el menor atisbo de espiritualidad.

Por su parte la espiritualidad, desvinculada voluntariamente de la política, tampoco está superando la banalidad que expresa la cultura del capitalismo neoliberal. Subsumida desde muy temprano por las religiones, éstas la han ido desligando sectariamente del mundo profano hasta convertirla en gueto de profesionales. Este matrimonio con las religiones ha ido reduciendo a la espiritualidad a los estrechos márgenes de un credo o un rito, pero también le ha ayudado, pensamos, a descubrir su verticalidad. Pero de lo que no cabe duda es que su divorcio del mundo político ha dejado a éste abandonado a su propia suerte o bien, en sentido contrario, se ha hecho frecuentemente cómplice de su injusticia. Por todo esto, tampoco la espiritualidad se libra de la sospecha y el descrédito.

El encuentro entre espiritualidad y política es hoy, a nuestro juicio, más necesario y urgente que nunca. Se trata de un patrimonio de toda la humanidad que afecta directamente al bienestar y a la convivencia entre los pueblos y culturas y que es demasiado importante como para dejarlo en manos de profesionales. Este encuentro nos va a exigir algunos movimientos que brevemente enumeramos:

En primer lugar, un esfuerzo para rescatar espiritualidad y política de su actual secuestro y volver a resituarlas en su verdadero suelo, como elementos esenciales que definen la propia identidad del ser humano que, por el mero hecho de serlo, es espiritual y político. Desgajar de él estas dos dimensiones y mantenerlas separadas nos está situando al borde de la esquizofrenia.

Necesitamos luego contextualizarlas porque somos seres en proceso, a quienes nos afectan de modo determinante tanto el espacio como el tiempo donde vivimos.

Y finalmente, no podemos olvidar que espiritualidad y política son también dos actividades destinadas a hacer la tierra más habitable. Olvidar este destino, será poner en peligro no solo la convivencia, sino también la misma tierra como casa común.

LA CRISIS Y LOS VALORES

Varios Autores

Éxodo 114 (may.-jun.) 2012
– Autor: Varios Autores –
 
El suscriptor y lector de este número de Éxodo va a agradecer enormemente la clarificación que sus colaboradores aportan al tema de la crisis actual. No es fácil desenvolverse en este laberinto, entre otras razones porque es obvia la intención mediática dominante de ocultarla o tergiversarla.

Analizando el contenido de los autores aparece nítido y coincidente el pensamiento de todos ellos en torno a puntos fundamentales. Cada uno, desde una perspectiva propia y complementaria, alude al origen de la crisis, que procede de los 70 del siglo pasado, pasa por momentos de euforia y exaltación en los años posteriores y estalla y se visibiliza como hecatombe a partir del 2007. Las crisis del capitalismo son continuas, nunca terminan, y cuando sus contradicciones internas son extremas se producen entonces las crisis estructurales. Una de ellas, la que estamos padeciendo.

Tras esa ubicación temporal y territorial de la crisis, los autores pasan a descifrar las causas que, en el fondo, la han determinado y que, conviene anotarlo, el capitalismo moderno se niega a reconocer manteniendo como válidas las tesis centrales de su pensamiento neoliberal globalizado.

No hay lugar para la ignorancia ni el fatalismo, sino para la arrogancia y cinismo financiero que busca imponer a toda costa la supremacía de los valores del mercado y erradicar lo que ha sido base y estrella de la cultura occidental: la dignidad humana, sostenida ininterrumpidamente en la cultura grecolatina, en la tradición judeocristiana y en la modernidad con una visión ya más racional y secular.

La dignidad humana es el núcleo y referente básico para un nuevo paradigma cosmológico, para una sólida fundamentación de los derechos humanos y una legitimación del estado del bienestar, cuestionado en las últimas décadas por un capitalismo que Hinkelammert llama cínico.

Esta sacralidad de la dignidad humana (“homo homini res sacra”, el hombre es cosa sagrada para el hombre) declara encontrar una semejanza fundamental en todo ser humano, sea de la etnia, lengua, religión o nación que sea. Sacralidad, que revoluciona la lógica neoliberal y se contrapone diametralmente al mensaje revolucionario de Jesús de Nazaret, que suprime toda división y superioridad entre humanos y pueblos (todos vosotros sois hermanos) y exige proyectar y reorganizar la vida personal y social desde la primacía de los últimos: los primeros serán los últimos y los últimos los primeros.

RECUPERAR LA POLÍTICA

Evaristo Villar

Éxodo 113 (marz.-abr.) 2012
– Autor: Evaristo Villar –
Tempos de posindignación
 
La política oficial se ha ganado la mala imagen que tiene. Desde la nostalgia de nuestros mayores por aquellos años de una transición al “no nos representáis” de nuestros jóvenes indignados, se extiende un manto de desafección teñido de apatía y desencanto, de descrédito y descalificación: los gobiernos obedecen a voces ajenas a la propia ciudadanía; los partidos políticos, minados por la corrupción y el clientelismo; el estamento judicial, ideologizado y venal; y el parlamento, servil y enmudecido. Cada día crece más la convicción de que la actual política oficial, sumisa a los mercados y carente de autonomía, no sirve para resolver los problemas reales de la gente y está trivializando la democracia.

Vistas las cosas desde las mayorías sociales, ni la estabilidad económica, ni la reforma laboral están sirviendo para frenar la ofensiva de los mercados y la destrucción permanente de empleo. La democracia aún no ha llegado a la política económica que, entre nosotros, ha sabido muy bien socializar las pérdidas y privatizar los beneficios.

Tampoco le va a la zaga la política oficial de la UE que, con la defensa a ultranza del “pacto fiscal” y el rechazo a la apuesta por el crecimiento y la creación de empleo, está agrandando la división entre los países del Norte y el Sur y empujando a éstos hacia el abismo. La democracia está huyendo de la UE. El nuevo imperialismo “mercozy”, dominado por el chovinismo y la fijación alemana en la reducción del déficit, está llevando a la xenofobia y sembrando de “hijos frustrados” el viejo continente. Esta política de cerrazón o “política de ermitaño” nos lleva a reconocer en Éxodo que está resucitando la lucha de clases en una evidente revolución de los ricos contra los pobres. ¡Son los tiempos de posindignación!

No es este el lugar para sacar a luz las raíces que nos han llevado al actual deterioro democrático; irán emergiendo en las páginas que siguen. Pero sí nos parece conveniente adelantar algún tipo de respuesta a la inquietante pregunta que está a la base de la programación de la revista: ¿Es posible y cómo recuperar hoy la política que se nos está muriendo?

Nuestra respuesta quiere ser clara: es posible y hay alternativas que pasan por la ruptura del discurso único y de la tiranía de los mercados; por la recuperación de la autoestima ciudadana -como hemos hecho en otras ocasiones a propósito de la paz, el feminismo o la ecología-; por la centralidad de la persona como sujeto de toda acción política; por la opción por la ética de lo público y por la recuperación de la plaza y la calle como lugares del pueblo soberano. ¡Ha muerto la política, viva la política!

¿ADÓNDE VAS, EUROPA?

Varios Autores

Éxodo 112 (en.-feb) 2012
– Autor: Varios Autores –
 
Cuenta la leyenda que Zeus, enamorado de Europa, decidió seducirla y, transformado en toro blanco, la llevó sobre su espalda nadando hasta la isla de Creta. Los suyos, presa de dolor, se quedaron llorando amargamente su ausencia. Así nació el rapto de Europa, y así, al parecer, quieren los dioses modernos de los mercados dejar a los nuevos ciudadanos: lamentando amargamente las consecuencias de sus locuras.

Ante la actual deriva de la UE, cada día parece más claro que la leyenda se trata de una anticipación para cumplirse en nuestros días. Y, mirando el rapto desde la playa, nos hacemos algunas preguntas como las siguientes: ¿quién está robando nuestros sueños, largamente acariciados?, y, sobre todo, ¿adónde vas, Europa?

La insaciable crisis económica está poniendo de manifiesto otras brechas más profundas, entre estas, la crisis política. Desde la unión económica y monetaria (Tratado de Maastricht 1992) hasta la liberación del mercado financiero, de bienes y servicios (Tratado de Lisboa 2007), la ciudadanía europea ha venido siendo ninguneada. Los mercados, la banca y las empresas de inversión han desplazado su dimensión política y social. Las personas y los pueblos ya no cuentan para nada. La democracia ha sido raptada por el neoliberalismo económico; sacrificada en el altar del capitalismo financiero.

Poco importa que el Zeus raptor sea ahora Mercozy o la ineficiente Comisión Europea. La triste realidad es que los banqueros y mercaderes se han apoderado de Europa y, contra el sentir general del pueblo y con la inestimable colaboración de unos políticos mediocres y sumisos, le están robando el alma. Dicen que es para salvar el euro. Pero, ¿de qué nos sirve salvar el euro si es a costa de perder la vida?

Hace unos días ardía la noble Grecia, símbolo de otros países en lista de espera (Portugal e Irlanda, España e Italia). El pueblo griego, cuna cultural de Europa, está demostrando que ya no quiere seguir siendo el chivo expiatorio de tanto desatino. Y entre nosotros, la aparente reforma económica, que ha supuesto un fuerte recorte presupuestario en sanidad y educación, no ha servido para cumplir el déficit establecido del 4,4%; y la durísima reforma laboral, con 5.400.000 parados, es otra mordida contra el empleo abaratando el despido, disminuyendo salarios y jubilaciones y reduciendo el personal interino y contratado hasta límites difícilmente soportables. Con Grecia está ardiendo la parte más frágil de la UE porque el fascismo financiero la está llevando al crimen económico y al genocidio social. A estos pueblos más frágiles de la UE se les está sacrificando por un delito que no han cometido: el delito monetario.

Pero aún estamos a tiempo para salvar Europa. Como se repetirá con distintos acentos en esta entrega de Éxodo, la liberación del actual secuestro no vendrá por la mayor liberalización de la economía, ni por la utilización partidista de la austeridad en bienes y servicios públicos para justificar los intereses de la gran banca. Tampoco vendrá por los nacionalismos excluyentes. Vendrá por el reconocimiento de su complejidad y la necesidad de abrirse a un proyecto común integrador de identidad y alteridad. No se puede salvar Europa cerrando su alma a la universalidad. Vendrá por la unión de todos sus pueblos en la defensa, desde las víctimas, de la justicia social y la puesta en práctica de sus mutuas y fecundas solidaridades. El reto está en la construcción de una casa común en libertad, donde no haya lugar para el dios raptor de los sueños de los humanos, ni para ninguno de sus heterónimos actuales.