¿Y qué es la verdad?

“El deseo de verdad es inseparable de la voluntad de una sociedad libre.” Estas palabras figuraban en los años 70 en la portada de la revista de investigación de un importante grupo de pensadores franceses, titulada LIBRE. Parecen, y son en verdad, palabras de otros tiempos.

Nuestros tiempos son otros. Tiempos de posverdad. El Diccionario Oxford declaró este término palabra del año 2016. Pero ya es sintomático que quien la lanzó a la esfera pública fuera un bloguero. Y que se haya convertido en viral, aun cuando su significado sea tan relativo como los vaivenes de los deseos, las emociones, los flaxes de los innumerables neón de los anuncios. El simulacro. Vivimos tiempos de simulacro, como anunció ya hace años el filósofo de la posmodernidad, Jean Baudrillard. La posverdad no es, sin más, mentira. La posverdad es mentira disfrazada de verdad o verdad amasada de mentira, o peor aún, es el desinterés interesado por la verdad, que es lo mismo que la verdad reducida a lo que a mí me interesa que lo sea. Una derrota de la verdad.

Una derrota que, para mayor sarcasmo, es presentada como una conquista de libertad. Banal y peligrosa ilusión, pues es creada y alimentada por los que tienen el poder por el mango. “Solo el poder es capaz de cometer la injusticia”, decía con toda razón el filósofo crítico Max Horkheimer. Con razón habla nuestro colaborador Pérez Tapias de “la verdad de la justicia y el poder de la mentira”. Solo el poder es capaz de engañar y manipular la verdad, sin que la justicia les caiga encima. Las armas de destrucción masiva no estaban, pero no importa: el poder dijo que era verdad que estaban. La posverdad no es cosa menor, es una corrupción grave, pues favorece solo al poder y golpea siempre y sin piedad a los débiles, a las víctimas. Trump, su exponente actual más patético y poderoso, no es para tomar a broma.

El caso del escéptico Pilatos es el antecedente clásico. Su pregunta a Jesús: “¿y qué es la verdad? es la pregunta paradigmática de aquel a quien no le importa un comino la verdad, sino solo el poder. Por eso cometió la injusticia con el débil.

Estos tiempos de posverdad van a hacer al final verdad la sentencia de Dostoyevski: “Si Dios no existe, todo está permitido.” Pero no es necesariamente verdad. Jesús de Nazaret, rostro de Dios, fue víctima de la posverdad por dar testimonio de la verdad. La verdad luminosa, no engañosa, que brota de la justicia y la solidaridad con los débiles, los que sufren, las víctimas. Ella es la razón que motiva nuestra revista ÉXODO.

Desvelar las teologías feministas

Si aletheia (“verdad”, en griego) supone la necesidad de evitar que algo quede oculto o sea ocultado, como recuerda Ana Unzurrunzaga en la selección sobre teología feminista, el presente número de ÉXODO adquiere un sentido verdadero. Por primera vez, todos los trabajos van firmados por mujeres. No debería ser noticia, pero es síntoma de la posición que se ha obligado a mantener a las mujeres en todos los ámbitos. Esperamos que esta aportación suponga un motivo más para la celebración del día internacional de la mujer, el reconocimiento “a las que se atrevieron”.

“Al duro recorrido por la igualdad de las mujeres en España”, a pesar de mostrar avances importantes, le quedan muchos retos hasta conseguir la autonomía personal y el reconocimiento social (Mª José Clavo). Pero “no hay marcha atrás en lo conseguido por las mujeres” (Rosa Cursach); se apuesta por “rozar lo increíble” (Montserrat Escribano-Cárcel), por la coordinación entre las mujeres, porque, aun sabiendo que “vivimos en la iglesia no pensada para nosotras, también sabemos que la historia de la salvación fluye a través nuestro” (Mujeres y Teología). Por ello, recuerdan Silvia Martínez y Neus Forcano, “se abre un tiempo de nueva creatividad eclesial para las mujeres creyentes”: la posibilidad de soñar una iglesia con nuevas relaciones y llegar a una eclesiología de comunión compartida. No se trata de “más participación de las mujeres en la iglesia”, cuando son ya la mayoría en todos los ámbitos (“iglesia con cuerpo de mujer y cabeza de varón”, en expresión de Pilar Yuste), sino de más capacidad de acción; no se trata de “la necesidad de una teología de la mujer” porque ya existe, sino abrirse a su escucha.

Se ha avanzado hacia la visibilización del rostro de Cristo en todos los colores, lenguas y clases, ¿por qué no en la diversidad sexual?, interroga P. Yuste; “las mujeres no somos ni queremos ser tratadas como un complemento”, recoge Neus Forcano. Esa es la práctica del feminismo teológico que ha realizado aportaciones y caminos de liberación para todos los seres humanos, sumando aportaciones de teologías latinoamericanas, la Black theology o la womanista, así como las teologías de la multiplicidad (nombrar a Dios de muchos modos: “polidoxia”). Han sido “propuestas teológicas disruptivas” (M. Escribano-Cárcel) y siguen sus aportaciones sobre las nuevas tecnologías y las ciencias de la vida; propician una cultura del intercambio de las expresiones de la fe sin imponer una forma de pensar y vivirla. Hasta cuándo seguirá considerándose, tal como dijo Teresa de Cepeda y Ahumada  entre 1564-67, que “No hay virtud de mujer que no tengan (los jueces del mundo, todos varones), por sospechosa”.

Celebraciones del 20 cumpleaños de la asociación de Mulleres cristians galegas Exeria y del 30 de Mujeres y Teología; la undécima publicación, impulsada por la Asociación de teólogas española… Si obras son amores, ahí están. Son obras de mujeres feministas teólogas cristianas en España. Solo hay que intentar no cerrar los ojos a esta realidad ya largamente desvelada.

¿Quién dijo soberanía?

Al hilo de los últimos avatares de la política mundial —con la sorprendente victoria de Trump y el florecimiento de los partidos xenófobos y ultraconservadores—, y, particularmente, de la anómala situación de la política en España y de sus dificultades para conformar una mayoría de gobierno, nos hemos planteado en este número de Éxodo abordar el fenómeno, siempre escurridizo, de la soberanía: ¿Quién dijo soberanía?

No es éste un tema nuevo en la revista. Ya en el nº 119 de junio del 2013 nos preguntábamos, desde el fragor de una crisis global que ponía en cuestión nuestro modelo de sociedad, si “el pueblo era realmente soberano”. Ahora, a tres años de distancia, y más desgastado por los recortes sociales y la mordaza impuesta a las libertades ciudadanas, volvemos sobre el tema, planteando nuevas preguntas del tenor de las siguientes: [Read more…]

Brexit, más allá de Europa

Un titular tan sorprendente como importante ha saltado a los periódicos estos días: la popularidad de la canciller alemana Ángela Merkel cae en picado debido a la temible presencia del terrorismo en nuestra Europa, al mismo tiempo que la incómoda presencia de numerosos refugiados que huyen del mismo infierno del terror y la guerra… Parece que la población no soporta tanta generosidad de la canciller, y por eso crece como la espuma la popularidad de su actual contrincante, jefe del partido bávaro social cristiano, contrario al asilo…

Decisiva noticia, que, sin embargo, ha podido pasar desapercibida bajo la bruma del verano. Lamentable noticia, escandalosa incluso para una Europa que no hace más que unos años reivindicaba con talante fundamentalista sus raíces cristianas frente a los que, con mirada más amplia, apuntaban también a otras fuentes, laicas o religiosas, de su inspiración… Posiblemente los que entonces vociferaban son los mismos (o sus seguidores) que ahora se rompen las vestiduras ante la salida de la Unión Europea por parte de los británicos, que, por supuesto, tampoco es que haya respondido a un arrebato de solidaridad…

El Brexit ha respondido, más bien, a la profunda crisis interna de la propia Unión, a la profunda ambigüedad en la constitución europea y a sus correspondientes políticas injustas y carentes de toda inspiración humanista y cristiana, como denunció en su momento, lúcida y valientemente, el entonces ministro de finanzas griego, Yanis Varoufakis, como lo hace de nuevo en este mismo número de nuestra revista ÉXODO, en la entrevista que amable y generosamente nos ha concedido.

La respuesta razonable y coherente al Brexit no puede ser “más de lo mismo”, más dosis de egoísmo e insolidaridad, de rechazo de “los otros”, más políticas de austeridad que se ceban en los miembros más débiles hasta la asfixia… La respuesta razonable, coherente y necesaria es “otra Europa”, un ÉXODO hacia otra Europa más justa, más democrática, más humana…

Esta es la apuesta de nuestra revista en este número, en el que se trazan algunas de las líneas que habría de recorrer con lucidez y valentía. No lo exigen fuerzas extrañas, sospechosamente desintegradoras, tendenciosamente denominadas antisistema, sino los principios más genuinos y propios del proyecto originario de Europa, por lo menos de lo más utópico y salvable del mismo. “¡Otra Europa es posible! ¡Otra Europa es necesaria!”

Tierra, casa y pan

Una terna de palabras sencillas que ayuda a identificar las necesidades básicas consideradas por la Declaración Universal de 1948 como derechos fundamentales de los seres humanos, de igual modo que migrante, desahuciado y hambriento aluden a personas que no tienen esas necesidades dignamente cubiertas.
Pues bien, este número de Éxodo se ocupa de quienes se han visto forzados a abandonar su tierra, a salir de su casa y de aquellos que por privación material severa pasan hambre.
Nos preocupan, luego existimos.
Conscientes de que la preocupación ha de incluir los principios de la compasión, de la justicia y el principio de la misericordia, los tres complementarios.
Decía Aristóteles que la compasión es correlativa a la distancia: el sufrimiento de los que están muy cerca resulta aterrador y el dolor de los que están demasiado lejos deviene indiferente. Esa podría ser la causa de que los medios de comunicación espacien calculadamente las informaciones y las imágenes, atroces a menudo unas y otras, de quienes huyendo del infierno buscan refugio o asilo, de los que son arrojados de la casa y de los rostros famélicos cuyos ojos amenazan la calidez de nuestros refugios. Y en cualquier caso, si el foco se pone sobre el desamparo de las Infancias Invisibles como hace Save the Children, resulta más imperioso aún que tales situaciones y personas tienen que seguir en primer plano. Es para preocuparse, ciertamente.
Tzvetan Todorov ha llamado moral de empatía al impulso de identificación e inmersión en las emociones y en el dolor de los otros. Pero la empatía, con sus diversos grados de identificación e inmersión, ha de llevar aparejada una respuesta tan justa como llena de misericordia, esa forma específica de amor que surge ante el sufrimiento ajeno para erradicarlo.
Esa sería la respuesta debida.
Desde ella, por acción u omisión, cabría evaluar la sensibilidad ética (humanidad, justicia, piedad, solidaridad, hospitalidad) de los individuos, de los ciudadanos y de los pueblos para con las personas que se encuentran en circunstancias críticas. También permite valorar la calidad política de las iniciativas y propuestas que pretenden practicar o ya llevan a cabo los estados, sobre todo y por lo que nos concierne, lo que ha hecho, raquítico, sin paliativos, el gobierno de España, ahora en funciones.
La denominada crisis de los refugiados coloca a su vez un interrogante mayúsculo sobre el proyecto europeo de construcción de una comunidad política basada en el Estado de derecho. Los compromisos o cuotas de acogida, incumplidos con generosidad y con frecuencia, las condiciones finales en la que esta acogida se lleva a cabo en algunos países, la burocracia que expele y gestiona las vidas de las personas, los acuerdos de contención o retención con naciones de origen o de tránsito, las devoluciones en caliente, los CETIs, la práctica militarización de las fronteras marítimas en el mar Egeo y de las fronteras selladas con vallas y concertinas tierra adentro, la transformación de los campos de refugiados en campos de detención, esa malversación semántica que asimila emigrantes forzados a refugiados y que sirve de artificio jurídico para el incumplimiento de la Convención del 51.
Resulta preocupante un hecho más. Quienes consiguen llegar a nuestro país encuentran que una parte de la población les considera una amenaza para sus puestos de trabajo, para la forma de vida, socavan el estado de bienestar y otros etcétera no menos inquietantes.
Por todo ello, si este número de Éxodo ayudara a rectificar un grado la creación de esta memoria social de estereotipo que confunde clase con raza, persona con procedencia, desdicha con maldad, dolor con culpa, refugio y asilo con favor, al otro con peligro latente, si ayudara a purificar la atmósfera de tales opiniones, si al menos …..

Democracias real: retos pendientes

Varias son las cuestiones fundamentales que , en este número, presenta EXODO: el trasfondo de las dos guerras mundiales, de alguna manera conectadas con la guerra civil española, los cuarenta años de dictadura del régimen franquista  unida a la batalla  contra el terrorismo de Eta; la Transición del 78 y el nuevo ciclo político generado a partir de la crisis del 2007.

Un pasado complejo, sin cuyo recuento y análisis, resulta difícil entender el momento presente. Unos, por viejos y tradición e  ideología, muy aferrados al sistema vigente y aún hoy opuestos a la  aceptación de nuevas formas de hacer política;  y otros, por juventud, ímpetu innovador y reivindicación del protagonismo del pueblo,  decididos a cambios que acaben con el bipartidismo de  la transición  e inauguren una convivencia más plural, justa, libre  y participativa.

Quizás, las fuerzas de la izquierda han revivido y se hallan más operativas en España que en cualquier otra parte de Europa.  El caso es que, desde el 15 M,  surgieron movimientos con clara, distinta y pública conciencia frente a la democracia establecida, neoliberal, cargada de  desigualdades, injusticias, corrupciones y abusos, incompatibles con  la misma Constitución española. Conciencia y movimientos que dieron lugar a un mapa electoral con resultados totalmente nuevos en las últimas elecciones del 20 diciembre de 2015.

No es fácil, pero hay que partir de que el ayer y el hoy, la transición y el nuevo ciclo político, representan situaciones muy distintas.

A entender lo que está pasando:  la crisis económica, la pérdida de soberanía ante la Troika europea,  el imperio y supremacía de los mercados, el ensalzamiento del poder financiero, el cinismo de los políticos, el empobrecimiento y desastres de sectores mayoritarios de nuestra sociedad, ayudan mucho los   acertados artículos de este número de Exodo.

La nueva situación implica, obviamente, graves desafíos, nuevas soluciones, propuestas alternativas, que el lector podrá ir discerniendo a la luz de las reflexiones de autores que descubren  que  “El cinismo político  es hoy el veneno que se le está inoculando a la vida pública de las sociedades hasta ahora democráticas”.

Volver a Jesús, ¿a qué Jesús y para qué?

ÉXODO afronta en su número 132 el reto de volver la vista a Jesús, a ese Jesús por el que sus contemporáneos apenas se interesaron, como nos ilustra Ariel Álvarez. Solo lo hicieron cuando sus seguidores empezaron a molestar en la sociedad judía o en el imperio.

Y ¿qué es lo que molestó de su vida y mensaje en aquel tiempo? José Laguna arranca su reflexión con la premisa de ‘a quien hace obras de misericordia se le premia no se le crucifica’. ¿Cómo pudo ocurrir una inversión tal de la misma para acabar con Jesús en la cruz? Al parecer no podía molestar algo tan inocuo como hablar del amor al prójimo, del perdón a los enemigos, del servicio a los demás como actitud de vida, de defender a los más pobres… Pero, cuando la compasión por quienes vivían en los márgenes empezó a revestir dimensiones conflictivas, se movilizaron los mecanismos punitivos de los órdenes político y religioso. La vida de Jesús no representa al ‘hombre que hacía el bien’ sin más, sino al que añadía un plus sobre las acciones de los publicanos, al que elegía claramente la misericordia sobre la ley y sanaba en sábado. La misericordia de Jesús fue misericordia conflictiva.

Los primeros seguidores de Jesús fundaban su estilo de vida tanto en su experiencia prepascual como en la experiencia postpascual: en el momento de la resurrección de Jesús experimentaron el saber que el muerto en la cruz estaba vivo y, a la vez, experimentaron que sus pretensiones en vida (el anuncio del Reino) quedaban refrendadas por Dios. De esos seguidores surgió la Iglesia, aunque Jesús sólo predicó el reino, no fundó ninguna religión ni ninguna iglesia, tal como nos recuerdan R. Velasco y J. A. Estrada. Las experiencias fundantes de la vida de los primeros cristianos instituyeron la congregación de los creyentes, la comunidad de la Iglesia. Pero en el devenir de los primeros siglos de estas comunidades se produce una gran escisión que marcará el porvenir eclesial, tal como recuerda R. Velasco: ‘la Iglesia se esfuerza por la situación de los pobres, pero no es capaz de eliminar las causas de la pobreza y acaba por resignarse a ser portadora de una salvación que acontece en la otra vida, al margen de lo que suceda en esta’.

Por supuesto que la historia del cristianismo recoge oposiciones a estas derivas, como el concilio de Constanza y el propio Vaticano II. J. A Estrada lo clarifica “si Dios no salva en la historia, la única que podemos evaluar, resulta poco plausible la esperanza en la vida eterna”.

Es en esta perspectiva donde cobra especial relevancia la hermosa recreación del Evangelio que hace Pedro Miguel Lamet al principio de este número. Volver a Jesús es vivir, morir y resucitar como él. Y esto solo es posible desde los lugares privilegiados del reino, entre los marginados y excluidos. Hoy día, entre los emigrados y refugiados sirios en las costas del Mediterráneo.

Como afirma Pepe Laguna: “el cielo puede esperar para aquellos que en la tierra gozan del favor de una vida resuelta. En el margen, la esperanza es una urgencia. Ante el dolor del margen, no cabe más alternativa que el ejercicio disidente de la misericordia”.

Desigualdad creciente en España

Ya no es una novedad para nadie. Frente a la reiterada voz oficial de la “salida de la cri- sis”, “recuperación económica”, “mayor crecimiento en la UE”, “creación de empleo”… la desigualdad está creciendo en España hasta al- canzar cifras antes inimaginables.

Pongamos unos datos. No se refieren al ancho mundo, son datos de este pequeño y “desarrolla- do” país, España, con unos 46 millones de perso- nas. El resultado –recogiendo solo, para dibujar el panorama, algunos que se dan en estas páginas– es espectacular: 11,7 millones de personas excluidas o descartadas, lo que representa la cuarta parte de la población. Desde unos indica- dores más exhaustivos y ajustados a la realidad, el riesgo de pobreza y exclusión social se eleva a 13 millones, el 29,2 % de la población. Y lo que es más grave, 5 millones están en exclusión severa o porque no tienen empleo (el 77 %) o porque carecen de vivienda (el 62 %) o, bien, porque no tienen acceso al sistema general de salud (el 46%). La fractura social se está ensanchando más que en ningún otro país de la Europa desarrolla- da. Y el crecimiento de la desigualdad es eviden- temente mayor entre los jóvenes (el desplome del empleo entre los menores de 26 años ha sido del 42,3% en las dos últimas legislaturas, redu- ciendo su salario medio el 40,8%) donde ya se puede hablar sin tapujos de “generación hipote- cada”; y entre la población inmigrante cuya pre- carización está poniendo en grave peligro la nun- ca bien planteada política de integración.

Y si nos preguntamos, ¿por qué este éxito oficial que va contra la esencia común del ser humano?, ¿dónde anida el secreto de este incremento ex- ponencial de la desigualdad?, ¿cuál es la fórmula mágica que ha proporcionado tales resultados?

La respuesta está en el conocimiento y hábil utilización clasista de las grandes debilidades y brechas que presenta la articulación social en nuestros días. Se puede decir, en términos generales, que en esta época post-ilustrada –sometida a la hegemonía del discurso técnico científico, dominada por el neoliberalismo económico y financiero y sin el paraguas de una gobernanza mundial respetuosa con toda la comunidad humana– se ha impuesto el paradigma individualista sobre el social, los derechos del individuo sobre los derechos de la colectividad. Hoy día los derechos que sur- gen de la libertad individual –siempre irrenunciable– están mejor protegidos que los que amparan la Igualdad y la solidaridad.

En este contexto desequilibrado y clasista, el derecho a la propiedad privada se ha convertido en algo absoluto, y por eso políticamente intocable, protegido no sólo por los gobiernos neoliberales, sino también por las mismas iglesias con raras ex- cepciones como las recientes encíclicas del papa Francisco. Y el derecho a la identidad particular y los hechos diferenciales de colectividades privilegiadas se imponen sobre aquellos, más radicales, que se nos vinculan como especie y que nos unen al mismo planeta que habitamos. La solidaridad queda relegada a las decisiones meramente subjetivas, lo que la reduce frecuentemente al mero voluntarismo o caridad devaluada. Por es- te camino se va trazando un darwinismo social que va acrecentando, día a día, la desigualdad económica, política y jurídica y social entre las personas y entre las comunidades.

Desde estas páginas vamos a defender la necesidad de volver a la humanidad y a la cordura. Desde una inspiración humana (y evangélica) nos posicionamos contra el individualismo, que acaba convirtiendo al ser humano en clase privilegiada, y a favor de la sociedad universal y planetaria que reconoce la misma dignidad en todos los miembros de la especie humana. Respetamos la diversidad que la misma naturaleza impone, pero nos plantamos frente a cualquier proyecto político o religioso que no se posicione ante la desigualdad económica, política, social y jurídica que el sistema actual está abriendo en el conjunto de la ciudadanía.

LAUDATO SI. Hacia una ecología integral

La preocupación por la salud del planeta Tierra nunca ha gozado, salvo en pequeños reductos, de especial interés en el conjunto de la sociedad mundial. Han sido mayormente los desafíos relacionados con el bienestar y la convivencia los que han reclamado su mayor dedicación y esfuerzo. Y no parece difícil entender este modo de proceder, porque, cuando la necesidad aprieta –hablamos de problemas relacionados con la alimentación y la convivencia–, resulta casi imposible atender a otros reclamos que nos quedan más lejos. Triste condición humana que refleja acertadamente esta afirmación del filósofo Enrs Bloch: “el estómago es la primera lámpara que reclama su aceite”. [Read more…]

Carta contra el hambre

Por más que se la quiera ocultar como palabra maldita, prohibida en el lenguaje políticamente correcto, el hambre es una incómoda realidad que nos interpela cada día. Junto a la guerra, la peste y vecina de la muerte, el hambre vuelve a cabalgar con todo su poder destructor, como los cuatro jinetes del Apocalipsis, sobre los azarosos comienzos del siglo XXI.

Y no es fácil librarse de esta plaga. Porque, entre otras poderosas razones, en una sociedad secularizada como la nuestra, ya no disponemos del fácil concurso de una veleidosa y vengativa divinidad que descarga toda su ira sobre la perversión y egoísmo de los humanos. Las causas reales del hambre, hoy como ayer, se encuentran más a ras de tierra. Y la solución también: es cuestión de repartir con justicia y solidaridad.

Pero, bien miradas las cosas, lo cierto es que, mientras sigamos asistiendo impasibles a la muerte de la democracia en aras de un sistema del capital injusto y despiadado, estaremos asumiendo el empobrecimiento de millones de personas, y, como consecuencia, el hambre.

Contra la sorpresa y posterior silenciamiento de la FAO –no hablamos del mal llamado Tercer Mundo– el hambre ya ha rebasado los poderosos muros de la UE. Madrid, Atenas y Lisboa se han convertido hoy día en capitales de la pobreza en Europa. Y España, según el último informe de Eurostat, es, después de Letonia, el país con mayor desigualdad en el reparto de la renta.

Y lo que resulta más preocupante de una sociedad, que se considera desarrollada y moderna, es que ésta se permita desentenderse institucionalmente del grito de esta injusticia y que vuelque todo el peso de la responsabilidad sobre la espalda de instituciones privadas, filantrópicas y/o religiosas. Desde Éxodo denunciamos esta práctica irresponsable porque consideramos que no es justo ni razonable reservar al voluntariado y a la caridad lo que se debe hacer por derecho.

No deja de ser significativo, a este propósito, que una de las primeras urgencias a que han tenido que atender las nuevas administraciones locales, surgidas del 24 M en España, haya sido, junto a la paralización de los desahucios, la atención a los comedores escolares y al reparto de alimentos en los barrios precarizados. Solo en la Comunidad de Madrid, según la última Encuesta de Condiciones de Vida, se cuentan más de 330.000 personas bajo el umbral de la pobreza severa.

La Carta contra el Hambre, en cuya gestación y difusión ha estado implicada esta revista desde el principio (ver páginas interiores) ha cosechado no solo el apoyo de múltiples instituciones privadas de ámbito local y estatal, sino que ha conseguido también el compromiso por escrito de la práctica totalidad de los nuevos administradores locales en orden a erradicar esta lacra que a toda la sociedad nos humilla. Desde la Plataforma de la Carta contra el Hambre vamos a seguir vigilando para que estos compromisos escritos empiecen a ser, desde ya, una realidad.