Respuestas ciudadanas a las migraciones y búsqueda de asilo

Dedicamos este número de Éxodo a las respuestas ciudadanas que se están dando ante el fenómeno de las migraciones y el asilo a las personas que buscan refugio. Son estas respuestas, sin lugar a dudas, el territorio donde la cuota de racionalidad y de humanidad raya a mayor altura.

El fenómeno es vergonzante, alarmante… Según el PNUD 2017, cada dos segundos una persona se ve forzada a abandonar, por diferentes motivos, su lugar de residencia. Las cifras siguen exponencialmente creciendo. Actualmente superan los 68.5 millones —lo que supone el 0,93% de la población mundial— con un millón cruzando el Mediterráneo. ¡Estamos ante la mayor crisis de desplazamiento forzoso desde la II Guerra Mundial!

Y hay algo en todo esto que se nos impone con deslumbrante clarividencia: la humanidad no se está cuidando de sí misma; miradas las cosas objetivamente, la sociedad humana está dejando en la cuneta, entregada a su mala suerte, a su parte más débil, a la que se desplaza porque se ve empobrecida.

En esta situación, resulta difícil hablar de lo que debería ser una evidencia y se nos está quedando en mero sueño: que somos de la misma especie, que corre la misma sangre por nuestras venas y los mismos sueños pueblan nuestro cerebro, que pertenecemos a una misma comunidad cosmopolita, que nos asisten los mismos Derechos Humanos, Sociales y Políticos…

No obstante, nuestras instituciones mundiales, europeas, nacionales se muestran incapaces ante este desafío, forzado mayormente por el hambre, los desastres naturales y las guerras. Ni el cierre de las fronteras ni la externalización de su gestión sirven para frenar la avalancha humana que huye de la miseria y la violencia; tampoco las detenciones indiscriminadas, ni la reclusión en los CIE o las devoluciones en caliente —antidemocráticas e inconstitucionales—.

Con independencia de las personas que, con mayor o menor talento y sensibilidad dirigen nuestras instituciones oficiales, hay que decir que el mayor obstáculo en este asunto no son las instituciones sino, previamente, el diagnóstico al que pretenden responder y los objetivos que se persiguen. Se ha pensado en unas herramientas para salir del paso, como si se tratara de una mera coyuntura, y la realidad es que el problema es de mayor calado: las migraciones afectan directamente a la lógica del sistema.

En este sentido y salvando las distancias, estamos repitiendo en nuestros días una actitud similar a la que denunciaba en la sociedad y los dirigentes de su tiempo, hace ya la friolera de treinta siglos, el profeta Isaías: “tienen ojos para mirar y no ven, tienen oídos para oír y no escuchan, ni entienden…” (Is 6,9-10).

Por suerte, hay mucha ciudadanía con los ojos abiertos para ver y el corazón educado para sentir. Hay mucha sociedad que, al margen de las instituciones oficiales, a veces contra sus mismas leyes, se organiza para hacerse cargo de la proximidad, acoger, alojar, alimentar y educar.

A esta ciudadanía organizada hemos prestado las páginas de Éxodo. Porque, además de ser los brazos y pies para el encuentro y la acogida, ella es “los ojos que nos ayudan a educar la mirada”, la conciencia de una nueva sensibilidad que nos llama a superar prejuicios infundados y la clamorosa exigencia a un cambio radical de nuestras leyes e instituciones.

 

Los “mayos del 68″, emergencias y reacción

En el cincuenta aniversario del denominado ‘Mayo francés’ se están publicando múltiples análisis sobre el sentido del mismo. En casi todos se evidencia que no se trata solo del Mayo francés, aunque éste haya quedado como icono, sino de múltiples acontecimientos que sucedieron en torno a esos años, antes y después del 68, y en diversos lugares tanto del oeste europeo (Berlín, Turín) como del este (Yugoslavia), de uno y otro lado del atlántico (Berkeley y Washington, marchas contra la guerra del Vietnam; México, Medellín o China y Japón. Las personas colaboradoras en este número 144 de ÉXODO, perspicazmente señalan que no hubo siquiera un Mayo del 68 en París, sino dos o tres: el estudiantil y obrero más el germen del movimiento feminista de la ‘segunda ola’; que no se trata sólo del Mayo francés, sino del contexto social global en que se cierra el ciclo del Estado liberal burgués y da lugar a un mayo en los países centrales y otro en los de la periferia (procesos de descolonización), que se retroalimentaron (protestas en EEUU por la guerra en Vietnam, en Francia por la de Argelia, etc.). Junto a estos acontecimientos sobresalen también los ecos del Vaticano II, que alentaron la teología de la liberación en América Latina (Medellín, 1968) y el surgimiento de las comunidades cristianas de base.

Pero del mismo modo que no hubo uno, sino múltiples mayos, a los acontecimientos de emergencia social les siguieron también múltiples resistencias, autoritarias unas (contra las reformas de N. Kruchev en la URSS; la reacción conservadora hacia el ‘invierno eclesial’, etc.), y seductoras otras (el capitalismo de consumo y la sociedad del espectáculo), dando lugar al largo ciclo actual del denominado ‘neo-liberalismo’ o globalización. (Porque, tal como expone A. Ortí en la Entrevista, el Mayo francés supuso la ‘histéresis’ del modelo del Estado liberal burgués, como punto álgido en que comienza su declive, pero que fue recuperado tras la emergencia del 68’ en el ciclo neo-liberal bajo la forma del capitalismo de consumo).

La situación en España se debatía entre el terror y la pandereta. El 68’ fue el año en que se pretendió jugar en Eurovisión la pre-articulación del estado de las autonomías con la negativa de Serrat a cantar en castellano el “la-la-la”, mientras que, al tiempo, Raimon llenaba el Paraninfo de la Universidad Complutense cantando “Al vent”, y reuniendo a toda la oposición al franquismo. Y también fue el inicio de los años de plomo en que ETA asesinó al primer guardia civil de tráfico, José Antonio Pardines, y del primer etarra muerto por la policía, Txabi Etxebarrieta.

Llegados aquí podemos plantear, ¿deseo del 68’?

El estallido del Mayo francés supuso el impulso de la ‘cultura de la protesta’, sobre todo la juvenil que emergió con voz propia, pero también dejó un reguero de transformaciones en las prácticas sociales y en las mentalidades que han ido fructificando años más tarde. Sin embargo, no hay porqué ceder a la nostalgia, dado que la reacción sigue activa. Muchas veces, cuando las emergencias históricas han intentando saltar hacia adelante después de una cerrazón conservadora, se ha solido calificar de “primavera de los pueblos”. Así sucedió con las ‘revoluciones de 1848’ contra los acuerdos reaccionarios del absolutismo monárquico (Congreso de Viena, 1814) para disolver los efectos de la Revolución francesa, que, a su vez, fueron aplastadas, pero dieron lugar, años más tarde, a la ‘Comuna de París’ (1871), con lo que la historia continúa. En nuestros días hemos asistido también a las “primaveras árabes” y al ‘quincemayismo’ español junto al movimiento en Nueva York (Ocupy Wall Strait), Londres, etc., con sus respectivas olas de reapropiación conservadora. También ha emergido el movimiento más plural y extensivo de las mujeres contra prácticas machistas de personas e instituciones. Por último, mayo de 2018 ha dejado la imagen de un cambio de gobierno en España tras la moción de censura por corrupción al PP. Cambio que se ha evidenciado en las tomas de posesión de sus integrantes sin juramentos ni signos religiosos, así como en el anuncio de separación práctica de religión y poderes del Estado (las ‘banderas’ no ondearán en festividades religiosas). Si el movimiento se demuestra andando, el deseo del 68 en sus prácticas.

ÉXODO decidió dedicar el nº 144 a estos acontecimientos, consciente de su importancia tanto para la vida social como eclesial. A su vez, se ha preparado este número desde la perspectiva de que estamos asistiendo a un momento histórico en el que convivimos dos grupos de población, el de quienes fueron ‘testigos’ de los hechos y el de aquellos, más jóvenes, que obligadamente son ‘herederos’ de las consecuencias de los mismos y que, desde el presente necesitan atisbar el porvenir. Desde esta doble perspectiva, la del testigo y la del profeta, se encaran todos los trabajos, por lo que a cada tema responden dos personas, una en cada situación.

De los diversos ejes de interés que sugieren estos acontecimientos, ÉXODO aborda el de la juventud, como sector más expresivo e icónico, junto con el despertar de los movimientos autónomos de mujeres, aspecto menos tratado. Por su lado, se resalta la importancia en estos contextos del surgir de movimientos eclesiales críticos, como la teología de la liberación (Medellín, 1968), auspiciados por el nuevo ciclo que permitió el Concilio Vaticano II.

Para suscitar el interés de las personas lectoras de este número, señalamos solamente un punto de unión en las reflexiones sobre el movimiento feminista en España y el recorrido de los movimientos cristianos de base: en ambos se inició el recorrido desde la doble militancia hasta llegar a la convicción de la necesidad de alianzas amplias para el cambio hacia una sociedad laica de la igualdad y la participación. Agradecemos todas las reflexiones recibidas a las personas que han colaborado y las ofrecemos para su degustación, confiando en que supongan un momento de reflexión y, por qué no, de cambio.

Testigos de nuestro tiempo

¿Nuestra política eurocéntrica tiene alguna responsabilidad histórica frente al llamado “Tercer Mundo”?

Quienes valoran el progreso desde arriba, desde la perspectiva de los vencedores, no lo dudan, el progreso debe seguir produciéndose a costa de la injusticia, del sufrimiento y del expolio de hecho, nuestro progreso acabará integrando a los sectores más marginados.

Pero, si miramos a los que soportan el progreso, a las víctimas de la historia, debiera causarnos horror contemplar el montón de cadáveres con que se construye ese progreso triunfal hacia el infierno.

Ese progreso no salva, por más que nombres honorables de una u otra “disciplina” así lo justifiquen. Todos ellos acaban descartando y haciendo invisibles a las víctimas. Al fin y al cabo “las desigualdades o esclavitudes históricas no tienen más anormalidad que la doma de un caballo” (Joseph-Marie, Conde de Maistre); “La sociedad sólo puede sobrevivir al precio de que haya gente que trabaja hasta la extenuación y lo pasan muy mal “(Luis Veillot); “Sólo hay historia entre los blancos” (Conde Gobineau).

EXODO se propone en este número ayudar a ver el mundo con los ojos de los vencidos. Y lo hace, tras un espacio de 50 años, en el que se dio el comienzo de una brillante primavera y a la que siguió la contrarrevolución neoliberal:        

  • Las revueltas generalizadas del 68, el asesinato del Che en el municipio boliviano de la Higuera, el asesinato de Martin Luther King en Menphis, las luchas de estudiantes de USA contra la guerra del Vietnam, y la movilización de universitarios en Europa pidiendo liquidar la sociedad capitalista y la sociedad industrial. La primera reunión del Epicopado Latinoamericano en Medellín, que marca un giro de la Iglesia Latinoamericana hacia los pobres. Y la opción de Pedro Casaldáliga, que aterriza en el Brasil para evangelizar y no occidentalizar ni dominar colonizando.
  • Registramos a la par la contrarrevolución neoliberal que surge en los 70 y se prolonga hasta finales del siglo: globalización productiva y desregulación financiera. Noche neoliberal a la que acompaña el restauracionismo de Karol Wojtyla, en perfecta unión con Thatcher y Reagan. Noche en que veremos cómo alumbran los profetas Óscar Romero, H. Cámara, Pedro Casaldáliga, S. Ruiz, Proaño, Martin Luther King… y otros muchos. Son los testigos que denuncian el olvido e invisibilidad de las víctimas. Frente a la ceguera de sus contemporáneos, avisan que el mundo está en llamas.

Aspiramos a que se pueda generalizar la mirada histórica y el testimonio de estos testigos, que rechazan el gran pecado de la razón ilustrada y de la modernidad: haber relegado al ostracismo la memoria y el sentimiento del pasado, el sufrimiento de las víctimas. Es ahora, con ellos, cuando establecemos que el baremo de la historia no es el éxito, sino el sufrimiento producido por el progreso: “Dejar hablar al sufrimiento es condición de toda verdad” (Adorno).           

Es en Auschwitz cuando nace el deber de la memoria, cuando ocurrió lo que nadie podía imaginar. Y lo ocurrido da qué pensar que con la sola razón no se puede dominar el mundo. Auschwitz acabó con el orgullo cognitivo moderno. Hay que repensar todo (ética, política, derecho, arte, religión) a la luz de la barbarie para poder construir un mundo con una lógica distinta de la que llevó a la catástrofe.

Los profetas son representantes de un mundo nuevo, que nos requieren para tener memoria del daño causado y voluntad para que no se repita. Frente a la lógica del progreso por el progreso solo cabe la interrupción, el “nunca más”.

La laicidad, nuestra asignatura pendiente

Observando detenidamente la relación del Estado español con la religión (todas las iglesias y especialmente la católica) es difícil evitar la perplejidad.

De una parte, la Constitución del 78 parece abogar globalmente por una la separación de las esferas civil y religiosa. Y, en esta dirección, el Tribunal Constitucional, que tradicionalmente ha definido el Estado español como “aconfesional”, en su sentencia 46/2001 del 15 de febrero, declara que el art.16.3 introduce constitucionalmente una idea de “aconfesionalidad o laicidad positiva”. Dejando aparte de momento la calificación que se hace de la laicidad, deberíamos concluir que, jurídicamente hablando, el Estado español es laico. Lo que armoniza bien con los últimos datos que nos proporciona la sociología sobre el comportamiento religioso de la sociedad española que, en pocos años, se ha puesto a la cabeza de la secularización en Europa (cfr. Razón y fe, 1416 octubre 2916). Secularización que, sin embargo, no se traduce luego, como veremos a continuación, en instituciones y prácticas laicas del Estado.

Pero, por otra parte, no podemos cerrar los ojos ante lo que estamos viendo y los medios alternativos están denunciado a diario: que el Estado español está subvencionando a la Iglesia católica y a las otras religiones e iglesias de “notorio arraigo”, que el Estado mantiene, y el Gobierno del PP incrementa, la presencia institucional de la religión en la escuela pública, que subvenciona económicamente la asistencia religiosa a las Fuerzas Armadas, que introduce la religión en los actos civiles institucionales, que mantiene y no reacciona en contra de la inmatriculación religiosa de inmuebles públicos, etc.

La mayoría de los movimientos sociales y de los partidos políticos de izquierda (cuando están en la oposición parlamentaria) apuestan por la derogación de la base jurídica de estas prácticas “confesionales”: los Acuerdos del Estado Español con la Santa Sede del 79. Pero es más llamativo y provocativo que la denuncia arranque también desde Redes Cristianas y otras instituciones que nunca han renunciado a su pertenencia a la Iglesia católica.

Ante la perplejidad que nos deja este estado de cosas, ÉXODO se pregunta, desde diferentes claves, por lo que nos está faltando para alcanzar un Estado verdaderamente democrático y laico en España. Y esto tiene mucho que ver con el concepto filosófico y político de una laicidad que consideramos aún pendiente.

La laicidad se basa en principios intrínsecos a la democracia y a los Derechos Humanos, tales como la libertad de conciencia, la igualdad de derechos sin privilegios ni discriminación y la universalidad de las políticas públicas. Con ese enfoque, Francisco Delgado hace balance y analiza las causas de las carencias en laicidad de nuestro entramado político y social. Pero el suyo es también un ‘punto de mira’ propositivo basado en tres ejes de actuación: garantizar la independencia efectiva del Estado con respecto a cualquier confesión religiosa (neutralidad ideológica de las administraciones), eliminar todo privilegio o discriminación en el trato económico, jurídico y fiscal para las entidades de carácter privado, sean religiosas o no (igualdad de derechos ante la Ley y separación de los ámbitos público y privado), y garantizar una Educación laica como derecho universal, igual e integrador, dentro de un proyecto común de ciudadanía

Para la entrevista de este número pensamos sin dudar en Rafa Díaz-Salazar, quien nos ha regalado unas espléndidas respuestas. Su amplio y profundo conocimiento de las diversas facetas y problemáticas, así como de las complejas relaciones de esta temática con los más importantes ámbitos de la cultura, con el cristianismo profético o con los partidos políticos, de la derecha y particularmente de la izquierda, ha hecho posible este intercambio de opiniones que hemos juzgado de espléndido.

Desde la crítica a la tesis del filósofo John Locke sobre la tolerancia que, sin abandonar la fundamentación religiosa, defendió más bien una “política” que una ´”ética” de la tolerancia, “ejercida desde arriba” y que llega a considerar legítima la intolerancia contra católicos y ateos, César Tejedor, siguiendo la siempre fecunda inspiración de Kant, defiende el ideal político del laicismo basado en los tres principios que constituyen la razón de ser del Estado moderno: la libertad de conciencia, la igualdad de trato de todos los/as ciudadanos/as y la referencia al interés general. Después de defender la ética laica de las críticas de relativismo, nihilismo y universalismo abstracto, Tejedor concluye afirmando que el principal objetivo de esta ética no es otro que el fomento de una ciudadanía democrática, libre, y responsable a partir del reconocimiento de las libertades individuales y la igualdad inalienable de todos los seres humanos.

La ética laica es la mejor expresión de una ciudadanía democrática plena, afirma Luis Mª Cifuentes. Es universal y sus valores morales y cívicos garantizan el pluralismo moral y religioso, manifiestan lo más profundo de la condición humana y la exigencia de compartir lo esencial de cada persona: la dignidad, junto al cumplimiento de los derechos individuales y sociales reconocidos en los DD.HH. La neutralidad del Estado y el esfuerzo por distinguir entre la ética individual de la pública convierten la laicidad en la condición de posibilidad de una convivencia pacífica en el marco de una sociedad que respeta el pluralismo político, moral y religioso. La democracia, concluye Cifuentes, se opone a la teocracia; y la conciencia democrática implica la tolerancia cuyos límites están en la violencia y el fanatismo.

Tanto el judaísmo como el cristianismo, su heredero en parte, son, a juicio de Xabier Pikaza, religiones laicas que han fecundado y potenciado el mayor proceso de secularización de Occidente. A través de sucesivas rupturas, el judaísmo llegó a superar el culto a los sacrificios y ritos sacrales del templo hasta convertirse en religión de la Palabra, de la Ley y de la Vida humana. Por su parte, la mayor inspiración laica del cristianismo arranca desde su mismo fundador, Jesús de Nazaret, que no fue sacerdote ni obispo sino laico. Predicó el Reino de Dios (una forma de sociedad alternativa, articulada desde la justicia, el perdón y la concordia) que no baja desde poderes superiores sino que está y se identifica en forma de protesta con la vida misma de los seres humanos, especialmente desde los pobres y publicanos, prostitutas, hambrientos, enfermos y excomulgados de la sinagoga. A pesar de la resacralización que se hizo de su mensaje ya desde los primeros siglos, el cristianismo sigue estando llamado a animar procesos de secularización hasta la utopía de una sociedad laica, es decir, humana, liberada de toda tutela exterior.

No obstante esta llamada, la sombra del nacionalcatolicismo se alarga hasta nuestros días. Amplios sectores cristianos, aún después del Vaticano II y la teología de la liberación, mantienen, como afirma Benjamín Forcano, una mentalidad eclesiástica antimoderna, contraria a la laicidad. Una visión imperialista de la religión que, como reacción, está haciendo posible la reivindicación más firme de la laicidad en otros sectores más críticos del cristianismo.

Cataluña: más allá del vértigo, por una solidaridad real

Desde cualquier punto de vista que se mire, el procés ha sido (y sigue siendo) un acontecimiento de capital importancia y ¡no solo en España! La díadas multitudinarias exigiendo el derecho a decidir y el autogobierno, y los desafíos independentistas del Parlament y del Govern de la Generalitat, frecuentemente al borde de la ley o abiertamente inconstitucionales, han venido colocando al Gobierno central –mediador incapaz– y a las instituciones estatales en estado de vértigo. Hasta tal punto que la presencia mediática dominante del procés ha conseguido ocultar otros fenómenos de mayor relevancia social –para tranquilidad de políticos tramposos y mercaderes usureros– como el paro y la corrupción política, la brecha social creciente o el olvido y rechazo, entre otros, de migrantes y refugiados.

Cuando este número de Éxodo llegue a tus manos, elaborado entre la aplicación del 155 y las elecciones del 21D en Catalunya, muchos detalles del procés ya no serán notica. Pero quedarán siempre las preguntas que, en el fragor de la inmediatez, no han podido ser respondidas. Y quedarán, sobre todo, los errores y torpezas políticas que tanto daño han causado, que no deberían minimizarse ni pretender cubrirlos con manto de olvido sin buscar alguna solución.

Cada artículo de este número de Éxodo intenta darte alguna clave desde la que puedas hacerte cargo de lo que ha estado o está pasando en Catalunya, de lo que se puede esperar políticamente de este complicado panorama que nos han dejado las elecciones del 21D y, sobre todo, de lo que, a partir de ahora, nos es dado intentar hacer en vistas a reconstruir entre todos y todas la cercanía y solidaridad que se ha roto.

Con esta intención, y apostando por un Estado federal plurinacional como el mejor diseño para un proyecto de vida en común, José Antonio Pérez Tapia analiza “a fondo” las propuestas políticas de los actores que intervienen en el escenario de Catalunya, desde el inmovilismo del PP hasta el delicado equilibrismo de En Comú-Podem, pasando por el independentismo anacrónico con un líder mesiánico, por la defensa de la Hispanidad como núcleo de la oferta de Ciudadanos, y lo que se juega la socialdemocracia en este drama inacabado.

Javier Perez Royo considera que el Estado de las Autonomías, construido a través de “Pactos” durante la década de los ochenta y noventa del siglo pasado, ha sido el Estado más legítimo y eficaz de la historia contemporánea de España. La desautorización del Pacto entre los dos Parlamentos (español y catalán), y el desconocimiento del resultado del referéndum por el PP y su anulación por el Tribunal Constitucional supuso una quiebra de la Constitución Territorial en Catalunya. A su juicio, no hay nada más urgente, políticamente hablando, que cerrar el paréntesis que ha supuesto la aplicación del artículo 155 en el ejercicio del derecho a la autonomía de Catalunya.

Al hilo de las tres preguntas básicas de Kant (lo que podemos saber, lo que no es dado esperar, lo que debemos hacer), Antonio G. Santesmases hace balance de los dos desafíos mayores que se han levantado, desde el 2010, contra el régimen del 78, el 15M y el nacionalismo catalán, con resultados muy diversos: mientras el primero fracasa en su apuesta por una política alternativa al neoliberalimo económico, la pulsión independentista y mesiánica del segundo, reforzada por la judicalización del estatut, no ha hecho más que aumentar hasta convertirse en un bloque hegemónico que, por reacción, ha disparado el otro nacionalismo siempre presente, el español, hasta auparlo a la cabeza de las elecciones del 21D. Ante la desolación que provocan estos dos bloques, antagónicos y cerrados, sin voluntad de pacto y dispuestos no a pactar sino a vencer al contrario, no cabe modestamente más que la búsqueda de una tercera vía, un federalismo serio, desde un espíritu plurinacional, pluricultural y republicano.

Para Emmanuel Rodríguez la cuestión catalana se manifiesta en términos postmodernos, con grandes narrativas pero sin materialidad, como una gigantesca guerra cultural. Este conflicto sigue siendo una bicoca para el PP y el PDeCAT que nunca han dejado de ser los actores principales del conflicto, atosigados por la corrupción y sometidos a las políticas de austeridad de la UE. Los partidos relevo, ERC de Convergencia-Unió, y Ciutadans del PP, desean heredar lo de sus mayores azuzando el conflicto. Y las izquierdas, actores subalternos, no han sabido generar ni una posición propia, ni un análisis de lo que es la variante catalano-española de la descomposición socio-política de occidente.

¿Cómo se ha llegado a esta situación? Emmanuel piensa que por debilidad de todos los actores, los principales y los subalternos. El malestar social no ha encontrado otra forma de expresión que la nacional, vacía de contenido, o la independencia que concita esperanzas antagónicas. Lo más sorprendente es que el conflicto ha sido el colofón, en negativo, del 15M. Porque los viejos actores, cuando parecían caducos, han vuelto a dominar la calle y cabalgar el malestar de la ciudadanía. En la restauración de lo viejo, la izquierda ha ofrecido un lenguaje novedoso (proceso constituyente, régimen del 78 o democracia) pero ella misma se ha transformado sin movilización social en mera institución, sin capacidad de análisis ni respuesta.

En la aportación de Jaume Botey, nuestros lectores encontrarán una riquísima, ponderada y bien fundada síntesis histórica de las posiciones que han ido asumiendo los cristianos ante la cuestión de la identidad catalana, ante el independentismo, el derecho a decidir o el nacionalismo. Llama la atención la diferencia de postura de los obispos catalanes y de la Conferencia Episcopal Española, sobre todo con su apoyo al 155, pero constata con dolor –y con razón– que ni los unos ni los otros han tenido una palabra de cercanía, consuelo y sosiego para las víctimas de este complejo conflicto.

Esa cercanía que ha faltado a los obispos es la que hemos querido expresar físicamente los siete miembros del Equipo de Redacción de Éxodo y dos simpatizantes viajando a Barcelona el 27 de noviembre de 2017 para encontrarnos con un nutrido grupo de catalanes y catalanas que esperaban nuestra llegada y nos recibieron con cariño y agradecimiento. Fueron 15 personas las que nos esperaban representantes de diferentes estamentos sociales: activistas e intelectuales, trabajadoras sociales y profesores, escritores, urbanistas y periodistas, etc.

Sin posturas previamente consensuadas ni en representación de ningún colectivo, nuestro encuentro fue entrañable y sincero, sin más objetivos que hacernos cargo de cómo lo estaban llevando los testigos directos de este conflicto, y expresarles nuestro afecto y solidaridad aun cuando las posturas no fueran siempre coincidentes.

Nos parece que gestos como éste, de cercanía, escucha y afecto, de diálogo abierto y afectuosa acogida serán siempre el mejor medio para superar el vértigo que agranda las distancias y para acercar posturas que restauren la solidaridad.

El derecho a la alimentación ante la puerta de las instituciones locales

ÉXODO recoge en este nº 139 la celebración de la II Conferencia contra el Hambre (Madrid, 1 de junio, 2017), lo mismo que publicó en el nº 129 (junio, 2015) los materiales de la I Conferencia contra el Hambre (Madrid, abril 2015). Ambas Conferencias han sido el resultado de varios años de trabajo de la Plataforma de la Carta contra el Hambre, formada por más de 30 organizaciones cívico-sociales, universitarias y religiosas. La revista ÉXODO ha participado desde el inicio en la puesta en marcha de la Plataforma y se siente concernida para la difusión de los resultados.

El trabajo de la Plataforma de la Carta contra el Hambre tuvo desde el principio muy claro la necesidad de implicar a las administraciones locales en la lucha por el reconocimiento del derecho a la alimentación justa y adecuada. Después de la I Conferencia se tuvo el primer encuentro con los partidos políticos del Ayuntamiento de Madrid en el que firmaron, todos menos el PP, el Pacto contra el Hambre (Madrid, mayo 2015). En relación a la II Conferencia, el segundo encuentro con los partidos (enero de 2017) logró su implicación en la misma. Y lo que es más importante, el Ayuntamiento de la ciudad de Madrid, junto con otros Ayuntamientos de la región, se ha comprometido con el producto estrella de la Plataforma: la elaboración y presentación a la Asamblea de Madrid de una Iniciativa Legislativa Municipal (ILM) para garantizar el derecho básico a la alimentación en la Comunidad de Madrid. Este recorrido muestra a las claras, tal como recoge el resumen de la II Conferencia, cómo un movimiento ciudadano con capacidad de organización y movilización puede llegar realmente muy lejos, y cómo la vinculación con las administraciones puede defender la puesta en acción de políticas públicas contra el hambre.

La larga marcha hacia el derecho personal a la alimentación en las ciudades

Puede parecer extraño pero la conciencia social del derecho a la alimentación es muy reciente, forma parte de los denominados derechos humanos de nueva generación. En esta perspectiva, tal como expuso en la ponencia inicial de la II Conferencia contra el Hambre, Juan Carlos García y Cebolla, jefe del equipo de Derecho a la Alimentación de la FAO, “el derecho a la alimentación adecuada” se sitúa en “un enfoque de derechos humanos para erradicar el hambre, la inseguridad alimentaria y la malnutrición”. Esta es la línea en la que se va perfilando el derecho a la alimentación desde la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) al Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (1966): enfoque de desarrollo social frente a esquemas proteccionistas.

También puede parecer extraño que grandes ciudades, como Atenas, Lisboa y Madrid, consideradas como capitales europeas del hambre, no hayan logrado movilizar los recursos necesarios para abordar esta problemática. En opinión de J. R. Gonzalez, el enfoque asistencialista diseñado por la UE para la ayuda alimentaria centra todo el dispositivo en los gobiernos y deja fuera a las ciudades. El procedimiento es idéntico para todos los países: compra de alimentos en licitaciones internacionales (impide cualquier circuito de proximidad y premia al agronegocio); distribución a través de grandes organizaciones civiles (como los Bancos de Alimentos, Cruz Roja y Caritas que potencia la percepción ciudadana de resolución del hambre por la vía de la asistencia popular), tercero, un sistema de supervisión y control muy burocratizado. Este sistema de reparto impide la conexión con el poder local y evita la reclamación en base al derecho a la alimentación. En palabras de J. Laguna, desde una perspectiva evangélica, la “comensalidad subversiva” supone anteponer el hambre a cualquier ley (discernir si promover bancos de alimentos o cargar carros de la compra con alimentos de primera necesidad sin pagar), saber si presiden la mesa de reparto los pobres y lisiados, o si la celebración de la vida por la vuelta del hijo pródigo pasa por delante de la desesperación de los hermanos mayores justificados. Esta sería la religión de quienes se sientan a la mesa de Jesús, de los que comen cómo y con él.

¿De Madrid al cielo? De capitalidad europea del hambre al derecho a la alimentación

Frente al modelo neoliberal y asistencialista de la UE en el reparto de alimentos, el enfoque de derechos humanos ha dado lugar a la firma en Milán, 2016, del Pacto de Política Alimentaria Urbana (Pacto de Milán). Es el primer protocolo internacional para la intervención municipal en el ámbito de la producción y distribución de alimentos. Se han adherido más de 120 ciudades; en España Madrid, Málaga, Barcelona, Bilbao, Valencia, Zaragoza…; en la comunidad de Madrid también Alcalá de Henares, Rivas Vaciamadrid, Villanueva de la Cañada… En octubre de 2017 se celebrará en Valencia el Encuentro anual y Cumbre de Alcaldes del Pacto de Milán. Los consensos básicos del Pacto son: la responsabilidad de los poderes locales para mejorar la alimentación en las ciudades; la prevalencia de una mala alimentación; y la persistencia de bolsas de pobreza urbana en situación de emergencia alimentaria. Y los ejes de intervención promueven la agricultura urbana, los circuitos cortos de producción y consumo, el fomento de redes y plataformas del productores a grupos de consumo; el reconocimiento del papel de las mujeres en todas las soluciones. La apuesta es por la producción agroecológica y por la redistribución y la justicia social. Todo un cambio de paradigma respecto al modelo neoliberal de la UE del reparto de alimentos.

El Ayuntamiento de Madrid se ha comprometido en este cambio como ciudad firmante del Pacto de Milán y del Pacto contra el Hambre, de la Plataforma de la Carta contra el Hambre. Por su parte, el Plan Estratégico de Derechos Humanos del propio Ayuntamiento muestra la interconexión entre derechos. En estos momentos los trabajos para la presentación de la ILM en la Asamblea de Madrid y la puesta en marcha de una de las iniciativas de la Carta contra el Hambre, los Centros Municipales de Cultura alimentaria, son dos de las apuestas importantes para la recuperación de la acción política local por el derecho a la alimentación adecuada; para convertir en derecho local la legislación internacional.

Desde Éxodo deseamos que el próximo encuentro en Valencia, octubre 2017, suponga un paso definitivo para dejar atrás en Madrid el ominoso título de capitalidad del hambre y la consecución del derecho a la alimentación adecuada. Para estar preparados y colaborar en este proceso colectivo abierto, animamos a leer y debatir los sugerentes materiales recogidos en la II Conferencia contra el Hambre: reflexiones contextuales y experiencias cercanas, como el proyecto en marcha en el Distrito de Tetuán (Madrid). Toda una lección.

¿Y qué es la verdad?

“El deseo de verdad es inseparable de la voluntad de una sociedad libre.” Estas palabras figuraban en los años 70 en la portada de la revista de investigación de un importante grupo de pensadores franceses, titulada LIBRE. Parecen, y son en verdad, palabras de otros tiempos.

Nuestros tiempos son otros. Tiempos de posverdad. El Diccionario Oxford declaró este término palabra del año 2016. Pero ya es sintomático que quien la lanzó a la esfera pública fuera un bloguero. Y que se haya convertido en viral, aun cuando su significado sea tan relativo como los vaivenes de los deseos, las emociones, los flaxes de los innumerables neón de los anuncios. El simulacro. Vivimos tiempos de simulacro, como anunció ya hace años el filósofo de la posmodernidad, Jean Baudrillard. La posverdad no es, sin más, mentira. La posverdad es mentira disfrazada de verdad o verdad amasada de mentira, o peor aún, es el desinterés interesado por la verdad, que es lo mismo que la verdad reducida a lo que a mí me interesa que lo sea. Una derrota de la verdad.

Una derrota que, para mayor sarcasmo, es presentada como una conquista de libertad. Banal y peligrosa ilusión, pues es creada y alimentada por los que tienen el poder por el mango. “Solo el poder es capaz de cometer la injusticia”, decía con toda razón el filósofo crítico Max Horkheimer. Con razón habla nuestro colaborador Pérez Tapias de “la verdad de la justicia y el poder de la mentira”. Solo el poder es capaz de engañar y manipular la verdad, sin que la justicia les caiga encima. Las armas de destrucción masiva no estaban, pero no importa: el poder dijo que era verdad que estaban. La posverdad no es cosa menor, es una corrupción grave, pues favorece solo al poder y golpea siempre y sin piedad a los débiles, a las víctimas. Trump, su exponente actual más patético y poderoso, no es para tomar a broma.

El caso del escéptico Pilatos es el antecedente clásico. Su pregunta a Jesús: “¿y qué es la verdad? es la pregunta paradigmática de aquel a quien no le importa un comino la verdad, sino solo el poder. Por eso cometió la injusticia con el débil.

Estos tiempos de posverdad van a hacer al final verdad la sentencia de Dostoyevski: “Si Dios no existe, todo está permitido.” Pero no es necesariamente verdad. Jesús de Nazaret, rostro de Dios, fue víctima de la posverdad por dar testimonio de la verdad. La verdad luminosa, no engañosa, que brota de la justicia y la solidaridad con los débiles, los que sufren, las víctimas. Ella es la razón que motiva nuestra revista ÉXODO.

Desvelar las teologías feministas

Si aletheia (“verdad”, en griego) supone la necesidad de evitar que algo quede oculto o sea ocultado, como recuerda Ana Unzurrunzaga en la selección sobre teología feminista, el presente número de ÉXODO adquiere un sentido verdadero. Por primera vez, todos los trabajos van firmados por mujeres. No debería ser noticia, pero es síntoma de la posición que se ha obligado a mantener a las mujeres en todos los ámbitos. Esperamos que esta aportación suponga un motivo más para la celebración del día internacional de la mujer, el reconocimiento “a las que se atrevieron”.

“Al duro recorrido por la igualdad de las mujeres en España”, a pesar de mostrar avances importantes, le quedan muchos retos hasta conseguir la autonomía personal y el reconocimiento social (Mª José Clavo). Pero “no hay marcha atrás en lo conseguido por las mujeres” (Rosa Cursach); se apuesta por “rozar lo increíble” (Montserrat Escribano-Cárcel), por la coordinación entre las mujeres, porque, aun sabiendo que “vivimos en la iglesia no pensada para nosotras, también sabemos que la historia de la salvación fluye a través nuestro” (Mujeres y Teología). Por ello, recuerdan Silvia Martínez y Neus Forcano, “se abre un tiempo de nueva creatividad eclesial para las mujeres creyentes”: la posibilidad de soñar una iglesia con nuevas relaciones y llegar a una eclesiología de comunión compartida. No se trata de “más participación de las mujeres en la iglesia”, cuando son ya la mayoría en todos los ámbitos (“iglesia con cuerpo de mujer y cabeza de varón”, en expresión de Pilar Yuste), sino de más capacidad de acción; no se trata de “la necesidad de una teología de la mujer” porque ya existe, sino abrirse a su escucha.

Se ha avanzado hacia la visibilización del rostro de Cristo en todos los colores, lenguas y clases, ¿por qué no en la diversidad sexual?, interroga P. Yuste; “las mujeres no somos ni queremos ser tratadas como un complemento”, recoge Neus Forcano. Esa es la práctica del feminismo teológico que ha realizado aportaciones y caminos de liberación para todos los seres humanos, sumando aportaciones de teologías latinoamericanas, la Black theology o la womanista, así como las teologías de la multiplicidad (nombrar a Dios de muchos modos: “polidoxia”). Han sido “propuestas teológicas disruptivas” (M. Escribano-Cárcel) y siguen sus aportaciones sobre las nuevas tecnologías y las ciencias de la vida; propician una cultura del intercambio de las expresiones de la fe sin imponer una forma de pensar y vivirla. Hasta cuándo seguirá considerándose, tal como dijo Teresa de Cepeda y Ahumada  entre 1564-67, que “No hay virtud de mujer que no tengan (los jueces del mundo, todos varones), por sospechosa”.

Celebraciones del 20 cumpleaños de la asociación de Mulleres cristians galegas Exeria y del 30 de Mujeres y Teología; la undécima publicación, impulsada por la Asociación de teólogas española… Si obras son amores, ahí están. Son obras de mujeres feministas teólogas cristianas en España. Solo hay que intentar no cerrar los ojos a esta realidad ya largamente desvelada.

¿Quién dijo soberanía?

Al hilo de los últimos avatares de la política mundial —con la sorprendente victoria de Trump y el florecimiento de los partidos xenófobos y ultraconservadores—, y, particularmente, de la anómala situación de la política en España y de sus dificultades para conformar una mayoría de gobierno, nos hemos planteado en este número de Éxodo abordar el fenómeno, siempre escurridizo, de la soberanía: ¿Quién dijo soberanía?

No es éste un tema nuevo en la revista. Ya en el nº 119 de junio del 2013 nos preguntábamos, desde el fragor de una crisis global que ponía en cuestión nuestro modelo de sociedad, si “el pueblo era realmente soberano”. Ahora, a tres años de distancia, y más desgastado por los recortes sociales y la mordaza impuesta a las libertades ciudadanas, volvemos sobre el tema, planteando nuevas preguntas del tenor de las siguientes: [Read more…]

Brexit, más allá de Europa

Un titular tan sorprendente como importante ha saltado a los periódicos estos días: la popularidad de la canciller alemana Ángela Merkel cae en picado debido a la temible presencia del terrorismo en nuestra Europa, al mismo tiempo que la incómoda presencia de numerosos refugiados que huyen del mismo infierno del terror y la guerra… Parece que la población no soporta tanta generosidad de la canciller, y por eso crece como la espuma la popularidad de su actual contrincante, jefe del partido bávaro social cristiano, contrario al asilo…

Decisiva noticia, que, sin embargo, ha podido pasar desapercibida bajo la bruma del verano. Lamentable noticia, escandalosa incluso para una Europa que no hace más que unos años reivindicaba con talante fundamentalista sus raíces cristianas frente a los que, con mirada más amplia, apuntaban también a otras fuentes, laicas o religiosas, de su inspiración… Posiblemente los que entonces vociferaban son los mismos (o sus seguidores) que ahora se rompen las vestiduras ante la salida de la Unión Europea por parte de los británicos, que, por supuesto, tampoco es que haya respondido a un arrebato de solidaridad…

El Brexit ha respondido, más bien, a la profunda crisis interna de la propia Unión, a la profunda ambigüedad en la constitución europea y a sus correspondientes políticas injustas y carentes de toda inspiración humanista y cristiana, como denunció en su momento, lúcida y valientemente, el entonces ministro de finanzas griego, Yanis Varoufakis, como lo hace de nuevo en este mismo número de nuestra revista ÉXODO, en la entrevista que amable y generosamente nos ha concedido.

La respuesta razonable y coherente al Brexit no puede ser “más de lo mismo”, más dosis de egoísmo e insolidaridad, de rechazo de “los otros”, más políticas de austeridad que se ceban en los miembros más débiles hasta la asfixia… La respuesta razonable, coherente y necesaria es “otra Europa”, un ÉXODO hacia otra Europa más justa, más democrática, más humana…

Esta es la apuesta de nuestra revista en este número, en el que se trazan algunas de las líneas que habría de recorrer con lucidez y valentía. No lo exigen fuerzas extrañas, sospechosamente desintegradoras, tendenciosamente denominadas antisistema, sino los principios más genuinos y propios del proyecto originario de Europa, por lo menos de lo más utópico y salvable del mismo. “¡Otra Europa es posible! ¡Otra Europa es necesaria!”