Cataluña: más allá del vértigo, por una solidaridad real

Desde cualquier punto de vista que se mire, el procés ha sido (y sigue siendo) un acontecimiento de capital importancia y ¡no solo en España! La díadas multitudinarias exigiendo el derecho a decidir y el autogobierno, y los desafíos independentistas del Parlament y del Govern de la Generalitat, frecuentemente al borde de la ley o abiertamente inconstitucionales, han venido colocando al Gobierno central –mediador incapaz– y a las instituciones estatales en estado de vértigo. Hasta tal punto que la presencia mediática dominante del procés ha conseguido ocultar otros fenómenos de mayor relevancia social –para tranquilidad de políticos tramposos y mercaderes usureros– como el paro y la corrupción política, la brecha social creciente o el olvido y rechazo, entre otros, de migrantes y refugiados.

Cuando este número de Éxodo llegue a tus manos, elaborado entre la aplicación del 155 y las elecciones del 21D en Catalunya, muchos detalles del procés ya no serán notica. Pero quedarán siempre las preguntas que, en el fragor de la inmediatez, no han podido ser respondidas. Y quedarán, sobre todo, los errores y torpezas políticas que tanto daño han causado, que no deberían minimizarse ni pretender cubrirlos con manto de olvido sin buscar alguna solución.

Cada artículo de este número de Éxodo intenta darte alguna clave desde la que puedas hacerte cargo de lo que ha estado o está pasando en Catalunya, de lo que se puede esperar políticamente de este complicado panorama que nos han dejado las elecciones del 21D y, sobre todo, de lo que, a partir de ahora, nos es dado intentar hacer en vistas a reconstruir entre todos y todas la cercanía y solidaridad que se ha roto.

Con esta intención, y apostando por un Estado federal plurinacional como el mejor diseño para un proyecto de vida en común, José Antonio Pérez Tapia analiza “a fondo” las propuestas políticas de los actores que intervienen en el escenario de Catalunya, desde el inmovilismo del PP hasta el delicado equilibrismo de En Comú-Podem, pasando por el independentismo anacrónico con un líder mesiánico, por la defensa de la Hispanidad como núcleo de la oferta de Ciudadanos, y lo que se juega la socialdemocracia en este drama inacabado.

Javier Perez Royo considera que el Estado de las Autonomías, construido a través de “Pactos” durante la década de los ochenta y noventa del siglo pasado, ha sido el Estado más legítimo y eficaz de la historia contemporánea de España. La desautorización del Pacto entre los dos Parlamentos (español y catalán), y el desconocimiento del resultado del referéndum por el PP y su anulación por el Tribunal Constitucional supuso una quiebra de la Constitución Territorial en Catalunya. A su juicio, no hay nada más urgente, políticamente hablando, que cerrar el paréntesis que ha supuesto la aplicación del artículo 155 en el ejercicio del derecho a la autonomía de Catalunya.

Al hilo de las tres preguntas básicas de Kant (lo que podemos saber, lo que no es dado esperar, lo que debemos hacer), Antonio G. Santesmases hace balance de los dos desafíos mayores que se han levantado, desde el 2010, contra el régimen del 78, el 15M y el nacionalismo catalán, con resultados muy diversos: mientras el primero fracasa en su apuesta por una política alternativa al neoliberalimo económico, la pulsión independentista y mesiánica del segundo, reforzada por la judicalización del estatut, no ha hecho más que aumentar hasta convertirse en un bloque hegemónico que, por reacción, ha disparado el otro nacionalismo siempre presente, el español, hasta auparlo a la cabeza de las elecciones del 21D. Ante la desolación que provocan estos dos bloques, antagónicos y cerrados, sin voluntad de pacto y dispuestos no a pactar sino a vencer al contrario, no cabe modestamente más que la búsqueda de una tercera vía, un federalismo serio, desde un espíritu plurinacional, pluricultural y republicano.

Para Emmanuel Rodríguez la cuestión catalana se manifiesta en términos postmodernos, con grandes narrativas pero sin materialidad, como una gigantesca guerra cultural. Este conflicto sigue siendo una bicoca para el PP y el PDeCAT que nunca han dejado de ser los actores principales del conflicto, atosigados por la corrupción y sometidos a las políticas de austeridad de la UE. Los partidos relevo, ERC de Convergencia-Unió, y Ciutadans del PP, desean heredar lo de sus mayores azuzando el conflicto. Y las izquierdas, actores subalternos, no han sabido generar ni una posición propia, ni un análisis de lo que es la variante catalano-española de la descomposición socio-política de occidente.

¿Cómo se ha llegado a esta situación? Emmanuel piensa que por debilidad de todos los actores, los principales y los subalternos. El malestar social no ha encontrado otra forma de expresión que la nacional, vacía de contenido, o la independencia que concita esperanzas antagónicas. Lo más sorprendente es que el conflicto ha sido el colofón, en negativo, del 15M. Porque los viejos actores, cuando parecían caducos, han vuelto a dominar la calle y cabalgar el malestar de la ciudadanía. En la restauración de lo viejo, la izquierda ha ofrecido un lenguaje novedoso (proceso constituyente, régimen del 78 o democracia) pero ella misma se ha transformado sin movilización social en mera institución, sin capacidad de análisis ni respuesta.

En la aportación de Jaume Botey, nuestros lectores encontrarán una riquísima, ponderada y bien fundada síntesis histórica de las posiciones que han ido asumiendo los cristianos ante la cuestión de la identidad catalana, ante el independentismo, el derecho a decidir o el nacionalismo. Llama la atención la diferencia de postura de los obispos catalanes y de la Conferencia Episcopal Española, sobre todo con su apoyo al 155, pero constata con dolor –y con razón– que ni los unos ni los otros han tenido una palabra de cercanía, consuelo y sosiego para las víctimas de este complejo conflicto.

Esa cercanía que ha faltado a los obispos es la que hemos querido expresar físicamente los siete miembros del Equipo de Redacción de Éxodo y dos simpatizantes viajando a Barcelona el 27 de noviembre de 2017 para encontrarnos con un nutrido grupo de catalanes y catalanas que esperaban nuestra llegada y nos recibieron con cariño y agradecimiento. Fueron 15 personas las que nos esperaban representantes de diferentes estamentos sociales: activistas e intelectuales, trabajadoras sociales y profesores, escritores, urbanistas y periodistas, etc.

Sin posturas previamente consensuadas ni en representación de ningún colectivo, nuestro encuentro fue entrañable y sincero, sin más objetivos que hacernos cargo de cómo lo estaban llevando los testigos directos de este conflicto, y expresarles nuestro afecto y solidaridad aun cuando las posturas no fueran siempre coincidentes.

Nos parece que gestos como éste, de cercanía, escucha y afecto, de diálogo abierto y afectuosa acogida serán siempre el mejor medio para superar el vértigo que agranda las distancias y para acercar posturas que restauren la solidaridad.

El derecho a la alimentación ante la puerta de las instituciones locales

ÉXODO recoge en este nº 139 la celebración de la II Conferencia contra el Hambre (Madrid, 1 de junio, 2017), lo mismo que publicó en el nº 129 (junio, 2015) los materiales de la I Conferencia contra el Hambre (Madrid, abril 2015). Ambas Conferencias han sido el resultado de varios años de trabajo de la Plataforma de la Carta contra el Hambre, formada por más de 30 organizaciones cívico-sociales, universitarias y religiosas. La revista ÉXODO ha participado desde el inicio en la puesta en marcha de la Plataforma y se siente concernida para la difusión de los resultados.

El trabajo de la Plataforma de la Carta contra el Hambre tuvo desde el principio muy claro la necesidad de implicar a las administraciones locales en la lucha por el reconocimiento del derecho a la alimentación justa y adecuada. Después de la I Conferencia se tuvo el primer encuentro con los partidos políticos del Ayuntamiento de Madrid en el que firmaron, todos menos el PP, el Pacto contra el Hambre (Madrid, mayo 2015). En relación a la II Conferencia, el segundo encuentro con los partidos (enero de 2017) logró su implicación en la misma. Y lo que es más importante, el Ayuntamiento de la ciudad de Madrid, junto con otros Ayuntamientos de la región, se ha comprometido con el producto estrella de la Plataforma: la elaboración y presentación a la Asamblea de Madrid de una Iniciativa Legislativa Municipal (ILM) para garantizar el derecho básico a la alimentación en la Comunidad de Madrid. Este recorrido muestra a las claras, tal como recoge el resumen de la II Conferencia, cómo un movimiento ciudadano con capacidad de organización y movilización puede llegar realmente muy lejos, y cómo la vinculación con las administraciones puede defender la puesta en acción de políticas públicas contra el hambre.

La larga marcha hacia el derecho personal a la alimentación en las ciudades

Puede parecer extraño pero la conciencia social del derecho a la alimentación es muy reciente, forma parte de los denominados derechos humanos de nueva generación. En esta perspectiva, tal como expuso en la ponencia inicial de la II Conferencia contra el Hambre, Juan Carlos García y Cebolla, jefe del equipo de Derecho a la Alimentación de la FAO, “el derecho a la alimentación adecuada” se sitúa en “un enfoque de derechos humanos para erradicar el hambre, la inseguridad alimentaria y la malnutrición”. Esta es la línea en la que se va perfilando el derecho a la alimentación desde la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) al Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (1966): enfoque de desarrollo social frente a esquemas proteccionistas.

También puede parecer extraño que grandes ciudades, como Atenas, Lisboa y Madrid, consideradas como capitales europeas del hambre, no hayan logrado movilizar los recursos necesarios para abordar esta problemática. En opinión de J. R. Gonzalez, el enfoque asistencialista diseñado por la UE para la ayuda alimentaria centra todo el dispositivo en los gobiernos y deja fuera a las ciudades. El procedimiento es idéntico para todos los países: compra de alimentos en licitaciones internacionales (impide cualquier circuito de proximidad y premia al agronegocio); distribución a través de grandes organizaciones civiles (como los Bancos de Alimentos, Cruz Roja y Caritas que potencia la percepción ciudadana de resolución del hambre por la vía de la asistencia popular), tercero, un sistema de supervisión y control muy burocratizado. Este sistema de reparto impide la conexión con el poder local y evita la reclamación en base al derecho a la alimentación. En palabras de J. Laguna, desde una perspectiva evangélica, la “comensalidad subversiva” supone anteponer el hambre a cualquier ley (discernir si promover bancos de alimentos o cargar carros de la compra con alimentos de primera necesidad sin pagar), saber si presiden la mesa de reparto los pobres y lisiados, o si la celebración de la vida por la vuelta del hijo pródigo pasa por delante de la desesperación de los hermanos mayores justificados. Esta sería la religión de quienes se sientan a la mesa de Jesús, de los que comen cómo y con él.

¿De Madrid al cielo? De capitalidad europea del hambre al derecho a la alimentación

Frente al modelo neoliberal y asistencialista de la UE en el reparto de alimentos, el enfoque de derechos humanos ha dado lugar a la firma en Milán, 2016, del Pacto de Política Alimentaria Urbana (Pacto de Milán). Es el primer protocolo internacional para la intervención municipal en el ámbito de la producción y distribución de alimentos. Se han adherido más de 120 ciudades; en España Madrid, Málaga, Barcelona, Bilbao, Valencia, Zaragoza…; en la comunidad de Madrid también Alcalá de Henares, Rivas Vaciamadrid, Villanueva de la Cañada… En octubre de 2017 se celebrará en Valencia el Encuentro anual y Cumbre de Alcaldes del Pacto de Milán. Los consensos básicos del Pacto son: la responsabilidad de los poderes locales para mejorar la alimentación en las ciudades; la prevalencia de una mala alimentación; y la persistencia de bolsas de pobreza urbana en situación de emergencia alimentaria. Y los ejes de intervención promueven la agricultura urbana, los circuitos cortos de producción y consumo, el fomento de redes y plataformas del productores a grupos de consumo; el reconocimiento del papel de las mujeres en todas las soluciones. La apuesta es por la producción agroecológica y por la redistribución y la justicia social. Todo un cambio de paradigma respecto al modelo neoliberal de la UE del reparto de alimentos.

El Ayuntamiento de Madrid se ha comprometido en este cambio como ciudad firmante del Pacto de Milán y del Pacto contra el Hambre, de la Plataforma de la Carta contra el Hambre. Por su parte, el Plan Estratégico de Derechos Humanos del propio Ayuntamiento muestra la interconexión entre derechos. En estos momentos los trabajos para la presentación de la ILM en la Asamblea de Madrid y la puesta en marcha de una de las iniciativas de la Carta contra el Hambre, los Centros Municipales de Cultura alimentaria, son dos de las apuestas importantes para la recuperación de la acción política local por el derecho a la alimentación adecuada; para convertir en derecho local la legislación internacional.

Desde Éxodo deseamos que el próximo encuentro en Valencia, octubre 2017, suponga un paso definitivo para dejar atrás en Madrid el ominoso título de capitalidad del hambre y la consecución del derecho a la alimentación adecuada. Para estar preparados y colaborar en este proceso colectivo abierto, animamos a leer y debatir los sugerentes materiales recogidos en la II Conferencia contra el Hambre: reflexiones contextuales y experiencias cercanas, como el proyecto en marcha en el Distrito de Tetuán (Madrid). Toda una lección.

¿Y qué es la verdad?

“El deseo de verdad es inseparable de la voluntad de una sociedad libre.” Estas palabras figuraban en los años 70 en la portada de la revista de investigación de un importante grupo de pensadores franceses, titulada LIBRE. Parecen, y son en verdad, palabras de otros tiempos.

Nuestros tiempos son otros. Tiempos de posverdad. El Diccionario Oxford declaró este término palabra del año 2016. Pero ya es sintomático que quien la lanzó a la esfera pública fuera un bloguero. Y que se haya convertido en viral, aun cuando su significado sea tan relativo como los vaivenes de los deseos, las emociones, los flaxes de los innumerables neón de los anuncios. El simulacro. Vivimos tiempos de simulacro, como anunció ya hace años el filósofo de la posmodernidad, Jean Baudrillard. La posverdad no es, sin más, mentira. La posverdad es mentira disfrazada de verdad o verdad amasada de mentira, o peor aún, es el desinterés interesado por la verdad, que es lo mismo que la verdad reducida a lo que a mí me interesa que lo sea. Una derrota de la verdad.

Una derrota que, para mayor sarcasmo, es presentada como una conquista de libertad. Banal y peligrosa ilusión, pues es creada y alimentada por los que tienen el poder por el mango. “Solo el poder es capaz de cometer la injusticia”, decía con toda razón el filósofo crítico Max Horkheimer. Con razón habla nuestro colaborador Pérez Tapias de “la verdad de la justicia y el poder de la mentira”. Solo el poder es capaz de engañar y manipular la verdad, sin que la justicia les caiga encima. Las armas de destrucción masiva no estaban, pero no importa: el poder dijo que era verdad que estaban. La posverdad no es cosa menor, es una corrupción grave, pues favorece solo al poder y golpea siempre y sin piedad a los débiles, a las víctimas. Trump, su exponente actual más patético y poderoso, no es para tomar a broma.

El caso del escéptico Pilatos es el antecedente clásico. Su pregunta a Jesús: “¿y qué es la verdad? es la pregunta paradigmática de aquel a quien no le importa un comino la verdad, sino solo el poder. Por eso cometió la injusticia con el débil.

Estos tiempos de posverdad van a hacer al final verdad la sentencia de Dostoyevski: “Si Dios no existe, todo está permitido.” Pero no es necesariamente verdad. Jesús de Nazaret, rostro de Dios, fue víctima de la posverdad por dar testimonio de la verdad. La verdad luminosa, no engañosa, que brota de la justicia y la solidaridad con los débiles, los que sufren, las víctimas. Ella es la razón que motiva nuestra revista ÉXODO.

Desvelar las teologías feministas

Si aletheia (“verdad”, en griego) supone la necesidad de evitar que algo quede oculto o sea ocultado, como recuerda Ana Unzurrunzaga en la selección sobre teología feminista, el presente número de ÉXODO adquiere un sentido verdadero. Por primera vez, todos los trabajos van firmados por mujeres. No debería ser noticia, pero es síntoma de la posición que se ha obligado a mantener a las mujeres en todos los ámbitos. Esperamos que esta aportación suponga un motivo más para la celebración del día internacional de la mujer, el reconocimiento “a las que se atrevieron”.

“Al duro recorrido por la igualdad de las mujeres en España”, a pesar de mostrar avances importantes, le quedan muchos retos hasta conseguir la autonomía personal y el reconocimiento social (Mª José Clavo). Pero “no hay marcha atrás en lo conseguido por las mujeres” (Rosa Cursach); se apuesta por “rozar lo increíble” (Montserrat Escribano-Cárcel), por la coordinación entre las mujeres, porque, aun sabiendo que “vivimos en la iglesia no pensada para nosotras, también sabemos que la historia de la salvación fluye a través nuestro” (Mujeres y Teología). Por ello, recuerdan Silvia Martínez y Neus Forcano, “se abre un tiempo de nueva creatividad eclesial para las mujeres creyentes”: la posibilidad de soñar una iglesia con nuevas relaciones y llegar a una eclesiología de comunión compartida. No se trata de “más participación de las mujeres en la iglesia”, cuando son ya la mayoría en todos los ámbitos (“iglesia con cuerpo de mujer y cabeza de varón”, en expresión de Pilar Yuste), sino de más capacidad de acción; no se trata de “la necesidad de una teología de la mujer” porque ya existe, sino abrirse a su escucha.

Se ha avanzado hacia la visibilización del rostro de Cristo en todos los colores, lenguas y clases, ¿por qué no en la diversidad sexual?, interroga P. Yuste; “las mujeres no somos ni queremos ser tratadas como un complemento”, recoge Neus Forcano. Esa es la práctica del feminismo teológico que ha realizado aportaciones y caminos de liberación para todos los seres humanos, sumando aportaciones de teologías latinoamericanas, la Black theology o la womanista, así como las teologías de la multiplicidad (nombrar a Dios de muchos modos: “polidoxia”). Han sido “propuestas teológicas disruptivas” (M. Escribano-Cárcel) y siguen sus aportaciones sobre las nuevas tecnologías y las ciencias de la vida; propician una cultura del intercambio de las expresiones de la fe sin imponer una forma de pensar y vivirla. Hasta cuándo seguirá considerándose, tal como dijo Teresa de Cepeda y Ahumada  entre 1564-67, que “No hay virtud de mujer que no tengan (los jueces del mundo, todos varones), por sospechosa”.

Celebraciones del 20 cumpleaños de la asociación de Mulleres cristians galegas Exeria y del 30 de Mujeres y Teología; la undécima publicación, impulsada por la Asociación de teólogas española… Si obras son amores, ahí están. Son obras de mujeres feministas teólogas cristianas en España. Solo hay que intentar no cerrar los ojos a esta realidad ya largamente desvelada.

¿Quién dijo soberanía?

Al hilo de los últimos avatares de la política mundial —con la sorprendente victoria de Trump y el florecimiento de los partidos xenófobos y ultraconservadores—, y, particularmente, de la anómala situación de la política en España y de sus dificultades para conformar una mayoría de gobierno, nos hemos planteado en este número de Éxodo abordar el fenómeno, siempre escurridizo, de la soberanía: ¿Quién dijo soberanía?

No es éste un tema nuevo en la revista. Ya en el nº 119 de junio del 2013 nos preguntábamos, desde el fragor de una crisis global que ponía en cuestión nuestro modelo de sociedad, si “el pueblo era realmente soberano”. Ahora, a tres años de distancia, y más desgastado por los recortes sociales y la mordaza impuesta a las libertades ciudadanas, volvemos sobre el tema, planteando nuevas preguntas del tenor de las siguientes: [Read more…]

Brexit, más allá de Europa

Un titular tan sorprendente como importante ha saltado a los periódicos estos días: la popularidad de la canciller alemana Ángela Merkel cae en picado debido a la temible presencia del terrorismo en nuestra Europa, al mismo tiempo que la incómoda presencia de numerosos refugiados que huyen del mismo infierno del terror y la guerra… Parece que la población no soporta tanta generosidad de la canciller, y por eso crece como la espuma la popularidad de su actual contrincante, jefe del partido bávaro social cristiano, contrario al asilo…

Decisiva noticia, que, sin embargo, ha podido pasar desapercibida bajo la bruma del verano. Lamentable noticia, escandalosa incluso para una Europa que no hace más que unos años reivindicaba con talante fundamentalista sus raíces cristianas frente a los que, con mirada más amplia, apuntaban también a otras fuentes, laicas o religiosas, de su inspiración… Posiblemente los que entonces vociferaban son los mismos (o sus seguidores) que ahora se rompen las vestiduras ante la salida de la Unión Europea por parte de los británicos, que, por supuesto, tampoco es que haya respondido a un arrebato de solidaridad…

El Brexit ha respondido, más bien, a la profunda crisis interna de la propia Unión, a la profunda ambigüedad en la constitución europea y a sus correspondientes políticas injustas y carentes de toda inspiración humanista y cristiana, como denunció en su momento, lúcida y valientemente, el entonces ministro de finanzas griego, Yanis Varoufakis, como lo hace de nuevo en este mismo número de nuestra revista ÉXODO, en la entrevista que amable y generosamente nos ha concedido.

La respuesta razonable y coherente al Brexit no puede ser “más de lo mismo”, más dosis de egoísmo e insolidaridad, de rechazo de “los otros”, más políticas de austeridad que se ceban en los miembros más débiles hasta la asfixia… La respuesta razonable, coherente y necesaria es “otra Europa”, un ÉXODO hacia otra Europa más justa, más democrática, más humana…

Esta es la apuesta de nuestra revista en este número, en el que se trazan algunas de las líneas que habría de recorrer con lucidez y valentía. No lo exigen fuerzas extrañas, sospechosamente desintegradoras, tendenciosamente denominadas antisistema, sino los principios más genuinos y propios del proyecto originario de Europa, por lo menos de lo más utópico y salvable del mismo. “¡Otra Europa es posible! ¡Otra Europa es necesaria!”

Tierra, casa y pan

Una terna de palabras sencillas que ayuda a identificar las necesidades básicas consideradas por la Declaración Universal de 1948 como derechos fundamentales de los seres humanos, de igual modo que migrante, desahuciado y hambriento aluden a personas que no tienen esas necesidades dignamente cubiertas.
Pues bien, este número de Éxodo se ocupa de quienes se han visto forzados a abandonar su tierra, a salir de su casa y de aquellos que por privación material severa pasan hambre.
Nos preocupan, luego existimos.
Conscientes de que la preocupación ha de incluir los principios de la compasión, de la justicia y el principio de la misericordia, los tres complementarios.
Decía Aristóteles que la compasión es correlativa a la distancia: el sufrimiento de los que están muy cerca resulta aterrador y el dolor de los que están demasiado lejos deviene indiferente. Esa podría ser la causa de que los medios de comunicación espacien calculadamente las informaciones y las imágenes, atroces a menudo unas y otras, de quienes huyendo del infierno buscan refugio o asilo, de los que son arrojados de la casa y de los rostros famélicos cuyos ojos amenazan la calidez de nuestros refugios. Y en cualquier caso, si el foco se pone sobre el desamparo de las Infancias Invisibles como hace Save the Children, resulta más imperioso aún que tales situaciones y personas tienen que seguir en primer plano. Es para preocuparse, ciertamente.
Tzvetan Todorov ha llamado moral de empatía al impulso de identificación e inmersión en las emociones y en el dolor de los otros. Pero la empatía, con sus diversos grados de identificación e inmersión, ha de llevar aparejada una respuesta tan justa como llena de misericordia, esa forma específica de amor que surge ante el sufrimiento ajeno para erradicarlo.
Esa sería la respuesta debida.
Desde ella, por acción u omisión, cabría evaluar la sensibilidad ética (humanidad, justicia, piedad, solidaridad, hospitalidad) de los individuos, de los ciudadanos y de los pueblos para con las personas que se encuentran en circunstancias críticas. También permite valorar la calidad política de las iniciativas y propuestas que pretenden practicar o ya llevan a cabo los estados, sobre todo y por lo que nos concierne, lo que ha hecho, raquítico, sin paliativos, el gobierno de España, ahora en funciones.
La denominada crisis de los refugiados coloca a su vez un interrogante mayúsculo sobre el proyecto europeo de construcción de una comunidad política basada en el Estado de derecho. Los compromisos o cuotas de acogida, incumplidos con generosidad y con frecuencia, las condiciones finales en la que esta acogida se lleva a cabo en algunos países, la burocracia que expele y gestiona las vidas de las personas, los acuerdos de contención o retención con naciones de origen o de tránsito, las devoluciones en caliente, los CETIs, la práctica militarización de las fronteras marítimas en el mar Egeo y de las fronteras selladas con vallas y concertinas tierra adentro, la transformación de los campos de refugiados en campos de detención, esa malversación semántica que asimila emigrantes forzados a refugiados y que sirve de artificio jurídico para el incumplimiento de la Convención del 51.
Resulta preocupante un hecho más. Quienes consiguen llegar a nuestro país encuentran que una parte de la población les considera una amenaza para sus puestos de trabajo, para la forma de vida, socavan el estado de bienestar y otros etcétera no menos inquietantes.
Por todo ello, si este número de Éxodo ayudara a rectificar un grado la creación de esta memoria social de estereotipo que confunde clase con raza, persona con procedencia, desdicha con maldad, dolor con culpa, refugio y asilo con favor, al otro con peligro latente, si ayudara a purificar la atmósfera de tales opiniones, si al menos …..

Democracias real: retos pendientes

Varias son las cuestiones fundamentales que , en este número, presenta EXODO: el trasfondo de las dos guerras mundiales, de alguna manera conectadas con la guerra civil española, los cuarenta años de dictadura del régimen franquista  unida a la batalla  contra el terrorismo de Eta; la Transición del 78 y el nuevo ciclo político generado a partir de la crisis del 2007.

Un pasado complejo, sin cuyo recuento y análisis, resulta difícil entender el momento presente. Unos, por viejos y tradición e  ideología, muy aferrados al sistema vigente y aún hoy opuestos a la  aceptación de nuevas formas de hacer política;  y otros, por juventud, ímpetu innovador y reivindicación del protagonismo del pueblo,  decididos a cambios que acaben con el bipartidismo de  la transición  e inauguren una convivencia más plural, justa, libre  y participativa.

Quizás, las fuerzas de la izquierda han revivido y se hallan más operativas en España que en cualquier otra parte de Europa.  El caso es que, desde el 15 M,  surgieron movimientos con clara, distinta y pública conciencia frente a la democracia establecida, neoliberal, cargada de  desigualdades, injusticias, corrupciones y abusos, incompatibles con  la misma Constitución española. Conciencia y movimientos que dieron lugar a un mapa electoral con resultados totalmente nuevos en las últimas elecciones del 20 diciembre de 2015.

No es fácil, pero hay que partir de que el ayer y el hoy, la transición y el nuevo ciclo político, representan situaciones muy distintas.

A entender lo que está pasando:  la crisis económica, la pérdida de soberanía ante la Troika europea,  el imperio y supremacía de los mercados, el ensalzamiento del poder financiero, el cinismo de los políticos, el empobrecimiento y desastres de sectores mayoritarios de nuestra sociedad, ayudan mucho los   acertados artículos de este número de Exodo.

La nueva situación implica, obviamente, graves desafíos, nuevas soluciones, propuestas alternativas, que el lector podrá ir discerniendo a la luz de las reflexiones de autores que descubren  que  “El cinismo político  es hoy el veneno que se le está inoculando a la vida pública de las sociedades hasta ahora democráticas”.

Volver a Jesús, ¿a qué Jesús y para qué?

ÉXODO afronta en su número 132 el reto de volver la vista a Jesús, a ese Jesús por el que sus contemporáneos apenas se interesaron, como nos ilustra Ariel Álvarez. Solo lo hicieron cuando sus seguidores empezaron a molestar en la sociedad judía o en el imperio.

Y ¿qué es lo que molestó de su vida y mensaje en aquel tiempo? José Laguna arranca su reflexión con la premisa de ‘a quien hace obras de misericordia se le premia no se le crucifica’. ¿Cómo pudo ocurrir una inversión tal de la misma para acabar con Jesús en la cruz? Al parecer no podía molestar algo tan inocuo como hablar del amor al prójimo, del perdón a los enemigos, del servicio a los demás como actitud de vida, de defender a los más pobres… Pero, cuando la compasión por quienes vivían en los márgenes empezó a revestir dimensiones conflictivas, se movilizaron los mecanismos punitivos de los órdenes político y religioso. La vida de Jesús no representa al ‘hombre que hacía el bien’ sin más, sino al que añadía un plus sobre las acciones de los publicanos, al que elegía claramente la misericordia sobre la ley y sanaba en sábado. La misericordia de Jesús fue misericordia conflictiva.

Los primeros seguidores de Jesús fundaban su estilo de vida tanto en su experiencia prepascual como en la experiencia postpascual: en el momento de la resurrección de Jesús experimentaron el saber que el muerto en la cruz estaba vivo y, a la vez, experimentaron que sus pretensiones en vida (el anuncio del Reino) quedaban refrendadas por Dios. De esos seguidores surgió la Iglesia, aunque Jesús sólo predicó el reino, no fundó ninguna religión ni ninguna iglesia, tal como nos recuerdan R. Velasco y J. A. Estrada. Las experiencias fundantes de la vida de los primeros cristianos instituyeron la congregación de los creyentes, la comunidad de la Iglesia. Pero en el devenir de los primeros siglos de estas comunidades se produce una gran escisión que marcará el porvenir eclesial, tal como recuerda R. Velasco: ‘la Iglesia se esfuerza por la situación de los pobres, pero no es capaz de eliminar las causas de la pobreza y acaba por resignarse a ser portadora de una salvación que acontece en la otra vida, al margen de lo que suceda en esta’.

Por supuesto que la historia del cristianismo recoge oposiciones a estas derivas, como el concilio de Constanza y el propio Vaticano II. J. A Estrada lo clarifica “si Dios no salva en la historia, la única que podemos evaluar, resulta poco plausible la esperanza en la vida eterna”.

Es en esta perspectiva donde cobra especial relevancia la hermosa recreación del Evangelio que hace Pedro Miguel Lamet al principio de este número. Volver a Jesús es vivir, morir y resucitar como él. Y esto solo es posible desde los lugares privilegiados del reino, entre los marginados y excluidos. Hoy día, entre los emigrados y refugiados sirios en las costas del Mediterráneo.

Como afirma Pepe Laguna: “el cielo puede esperar para aquellos que en la tierra gozan del favor de una vida resuelta. En el margen, la esperanza es una urgencia. Ante el dolor del margen, no cabe más alternativa que el ejercicio disidente de la misericordia”.

Desigualdad creciente en España

Ya no es una novedad para nadie. Frente a la reiterada voz oficial de la “salida de la cri- sis”, “recuperación económica”, “mayor crecimiento en la UE”, “creación de empleo”… la desigualdad está creciendo en España hasta al- canzar cifras antes inimaginables.

Pongamos unos datos. No se refieren al ancho mundo, son datos de este pequeño y “desarrolla- do” país, España, con unos 46 millones de perso- nas. El resultado –recogiendo solo, para dibujar el panorama, algunos que se dan en estas páginas– es espectacular: 11,7 millones de personas excluidas o descartadas, lo que representa la cuarta parte de la población. Desde unos indica- dores más exhaustivos y ajustados a la realidad, el riesgo de pobreza y exclusión social se eleva a 13 millones, el 29,2 % de la población. Y lo que es más grave, 5 millones están en exclusión severa o porque no tienen empleo (el 77 %) o porque carecen de vivienda (el 62 %) o, bien, porque no tienen acceso al sistema general de salud (el 46%). La fractura social se está ensanchando más que en ningún otro país de la Europa desarrolla- da. Y el crecimiento de la desigualdad es eviden- temente mayor entre los jóvenes (el desplome del empleo entre los menores de 26 años ha sido del 42,3% en las dos últimas legislaturas, redu- ciendo su salario medio el 40,8%) donde ya se puede hablar sin tapujos de “generación hipote- cada”; y entre la población inmigrante cuya pre- carización está poniendo en grave peligro la nun- ca bien planteada política de integración.

Y si nos preguntamos, ¿por qué este éxito oficial que va contra la esencia común del ser humano?, ¿dónde anida el secreto de este incremento ex- ponencial de la desigualdad?, ¿cuál es la fórmula mágica que ha proporcionado tales resultados?

La respuesta está en el conocimiento y hábil utilización clasista de las grandes debilidades y brechas que presenta la articulación social en nuestros días. Se puede decir, en términos generales, que en esta época post-ilustrada –sometida a la hegemonía del discurso técnico científico, dominada por el neoliberalismo económico y financiero y sin el paraguas de una gobernanza mundial respetuosa con toda la comunidad humana– se ha impuesto el paradigma individualista sobre el social, los derechos del individuo sobre los derechos de la colectividad. Hoy día los derechos que sur- gen de la libertad individual –siempre irrenunciable– están mejor protegidos que los que amparan la Igualdad y la solidaridad.

En este contexto desequilibrado y clasista, el derecho a la propiedad privada se ha convertido en algo absoluto, y por eso políticamente intocable, protegido no sólo por los gobiernos neoliberales, sino también por las mismas iglesias con raras ex- cepciones como las recientes encíclicas del papa Francisco. Y el derecho a la identidad particular y los hechos diferenciales de colectividades privilegiadas se imponen sobre aquellos, más radicales, que se nos vinculan como especie y que nos unen al mismo planeta que habitamos. La solidaridad queda relegada a las decisiones meramente subjetivas, lo que la reduce frecuentemente al mero voluntarismo o caridad devaluada. Por es- te camino se va trazando un darwinismo social que va acrecentando, día a día, la desigualdad económica, política y jurídica y social entre las personas y entre las comunidades.

Desde estas páginas vamos a defender la necesidad de volver a la humanidad y a la cordura. Desde una inspiración humana (y evangélica) nos posicionamos contra el individualismo, que acaba convirtiendo al ser humano en clase privilegiada, y a favor de la sociedad universal y planetaria que reconoce la misma dignidad en todos los miembros de la especie humana. Respetamos la diversidad que la misma naturaleza impone, pero nos plantamos frente a cualquier proyecto político o religioso que no se posicione ante la desigualdad económica, política, social y jurídica que el sistema actual está abriendo en el conjunto de la ciudadanía.