Carta contra el Hambre en Madrid versus hambre a la carta

Podemos preguntar si no “vivimos en Jauja”, observando las estanterías llenas de los súper, las apetitosas tapas de los bares o la variada oferta de cartas de restaurantes étnicos en nuestras calles, tal como nos dice Santiago Álvarez Cantalapiedra en su aportación. Los datos no dejan mucho margen a la duda cuando la FAO vuelve a señalar que, después de unos años de estancamiento, desde 2014 vuelve a repuntar la situación del hambre en el mundo. Actualmente más del 11% de la población mundial está subalimentada, esto es, unos 821 millones de personas. Un ejército de famélicos, en medio de la abundancia, mayor que la población de la UE y EE.UU. juntas.

Y la conclusión más repetida por expertos y analistas es que el hambre no es resultado de la falta de alimentos, sino de la desigualdad en el acceso. Y que tan importante como garantizar el acceso es la lucha por la forma de producirlos. Por ello, ya desde el principio hay que aventar la lucha soterrada que ha planteado el modelo de desarrollo del agro-negocio capitalista contra la producción de alimentos del campesinado tradicional. Aquel produce alimentos para todos (los que pueden pagar) y a precio más barato que éstos, pero despuebla el medio rural, no tiene en cuenta la calidad, y daña el medio ambiente. Ante este dilema, ¿qué tenemos que decir desde el mundo auto-considerado desarrollado? ¿No es hora de actuar?

El modelo de desarrollo actual genera subdesarrollo a escala global, y no solo en los márgenes del mismo. En la Comunidad de Madrid, la región más rica de España, más de 740 mil personas muestran insuficiencia alimentaria, de acuerdo con el mapa de Inseguridad Alimentaria en Madrid. La existencia de “bancos de alimentos” en todas nuestras ciudades, muestra claramente el fracaso del modelo actual en el mundo desarrollado. Sendas afirmaciones las refrendaron el catedrático Carlos Berzosa y el investigador social Carlos Pereda en sus intervenciones durante la III Conferencia contra el Hambre en Getafe, 3 de abril de 2019.

Valentía para avanzar hasta el “Derecho al río”

Sabemos que el mundo actual es interdependiente. Los países desarrollados demandan productos alimentarios a los subdesarrollados, es decir, nuestro sustento depende de ellos. Pero, a la vez, la agricultura industrial que se les impone les empobrece y expulsa de sus tierras. Arruinados, emigran a las ciudades o al primer mundo. En el tránsito, unos pierden la vida y los que llegan se convierten en legión de nuevos pobres hambrientos en los países ricos. ¿No es hora de romper este círculo diabólico?

La siempre lúcida mirada de Pedro Casaldáliga apunta una salida: “el derecho al río”. Comenta que el hambre no espera: a quien tiene hambre, hay que darle de comer y, luego, vendrá lo de la caña y enseñarle a pescar,  pero más allá y más importante todavía es afirmar su “derecho al río”. Este planteamiento supone dignificar hasta la recogida de alimentos, dado que no se reparten/reciben por conmiseración sino por justicia restitutiva de tantos derechos que se les han confiscado injustamente durante tanto tiempo: derecho a trabajo digno, derecho a la vivienda, derecho a una alimentación suficiente y de calidad, etc. Dignidad de ciudadanía proclamando derechos. Esta ha sido la línea de trabajo de la P.A.H: desahuciados luchando con dignidad por el derecho ciudadano a la vivienda. Algo que no ha conseguido todavía la plataforma de la Carta contra el Hambre en su movilización de las bases sociales.

¿Para cuándo una Carta contra el Hambre en Madrid?

En estas fechas termina la legislatura 2015-2019 en la CM. Tiempo de trabajo frenético para la iniciativa social de La Carta contra el Hambre, que ha concluido en abril de 2019 en la III Conferencia contra el Hambre, en Getafe. Muchos esfuerzos se centraron en la elaboración de la Iniciativa Legislativa Municipal (I.L.M) de Garantía del Derecho Básico a la Alimentación en la Comunidad de Madrid, aprobada por cinco grandes Ayuntamientos (Madrid, Fuenlabrada, San Fernando de Henares, Móstoles y Getafe) y presentada en la Asamblea de la Comunidad de Madrid. Por un voto de diferencia (suma de PP y Cs frente a PSOE y UNIDOS PODEMOS) no se admitió ni a debate. ¿El resultado ha merecido tanto esfuerzo?

Sí, si atendemos al camino y a los aprendizajes realizados. El primero, la apertura que ha supuesto el contacto y el trabajo conjunto con otros actores sociales que se han ido sumando al proyecto, aunque no formen parte formalmente de la Plataforma de la Carta contra el Hambre. Así, la relación con el movimiento agro-ecológico ha supuesto un enriquecimiento mutuo: a éste le ha permitido introducir en su estrategia el “derecho a la alimentación”, y la propia plataforma de la Carta ha introducido la perspectiva agro-ecológica como elemento imprescindible que da forma y, a la vez, transciende el “derecho a la alimentación”. También los Consejos de Salud, como el de Carabanchel, ya consideran la malnutrición como un objetivo de intervención comunitaria. Repiten, casi como lema, que la acción conjunta puede aportar iniciativas que abren perspectivas de cambios efectivos en salud y alimentación.

En segundo lugar, la III Conferencia contra el Hambre ha mostrado un amplio consenso sobre la necesidad de aprobar una ley de Garantía Alimentaria, tanto por eficacia normativa como por la novedad que supondrá en la Unión Europea para afrontar esta lacra tan extendida.

Retos futuros

También el fracaso en la presentación de la I.L.M ha permitido aprender del funcionamiento institucional y sus plazos. Y rescatar dos elementos de la propuesta de Ley que pueden empezar a trabajarse sin la aprobación de la misma: la puesta en marcha del Observatorio de la Alimentación y de los Centros de Cultura Alimentaria. Ambas perspectivas son las que han dado forma a la III Conferencia contra el Hambre en el mes de abril y suponen el rearme de las iniciativas sociales para la nueva legislatura.

Junto a la recomposición de los actores y las dos líneas de intervención, ha ido cobrando importancia la reelaboración de las perspectivas estratégicas, centradas en el “derecho a la alimentación” y la “soberanía alimentaria”. Están siendo introducidas en el debate social y político, aun cuando han sido categorías bastante alejadas de la agenda política española por el momento. Esta será otra gran aportación de la Carta contra el Hambre.

ÉXODO se comprometió desde el inicio en la puesta en marcha de la Plataforma contra el Hambre. Ha publicado los resultados de la I y la II Conferencias contra el Hambre (nº 129 y 139). El presente, nº 149, recoge las aportaciones de la III Conferencia, celebrada en Getafe el 3 de abril de 2019. La ruta de estos años ha sido larga, difícil, con decepciones y logros, tal como relata E. Villar, y aún le queda recorrido. Animamos a los lectores de ÉXODO a sumergirse en las reflexiones de las diversas colaboraciones recogidas en el número y, sobre todo, a dar los pasos que se consideren impelidos para conseguir no sólo el ‘derecho a la alimentación’, sino también el “derecho al río”, en donde resuena lo de “no sacrificios, sino justicia”. Pero para eso hay que mojarse.

LIBERACIÓN. Por un cambio radical

Como se dice en alguna de las colaboraciones de este número, “algo muy serio debe de estar sucediendo en el mundo y en el seno de la Iglesia para que personas no creyentes, y además de izquierdas,  sientan la necesidad de pronunciarse públicamente en defensa de un Papa”. Dejemos que el lector descubra por su cuenta ese “motivo tan serio” y valore personalmente los argumentos que obligan a estos intelectuales a defender  la labor que está haciendo el papa Francisco.

Por nuestra parte y a la vista de los destrozos que el neoliberalismo sin frenos está causando en las clases sociales más frágiles, ante la destrucción planetaria que estamos haciendo del medio ambiente y frente a la represión que la política oficial ejerce diariamente sobre los movimientos sociales, pensamos que ha llegado el momento de emprender un cambio de rumbo.

Esto nos ha llevado a pensar un número especial, singular. Su temática es la crisis global de la política, pero en él se habla tanto o más de religión, de cristianismo. Y esto  no se debe a una repentina conversión neoconservadora, sucumbiendo a la ola que sopla en estos tiempos con furia inusitada a nivel planetario. Evidentemente, no. Más bien todo lo contrario.

Este número de ÉXODO quiere ser, como se dice en el subtítulo, un alegato por un cambio radical de la política que englobe  la economía, la ecología y la religión. Radical, porque, pensamos, estamos en una hora decisiva de la humanidad. Y la radicalidad requerida les puede venir, como sugiere con gran convicción Michael Löwy en su entrevista, del “cristianismo de liberación”. Porque tanto la política como la religión son liberadoras, o no son. De ahí el título global del número,  LIBERACIÓN.

No valen ya, pues, las medias tintas. Ante todo lo que nos está pasando, es preciso radicalizar la política, las políticas democráticas constantemente recortadas y agredidas y la defensa del sistema tierra cada día en mayor peligro de extinción. Con las frágiles armas de los Derechos Humanos necesitamos enfrentar la lógica de un sistema como el nuestro, el capitalismo, poderosísimo e “intrínsecamente perverso” (como advierte Löwy), que todo lo convierte en mercancía y cuya religión está exigiendo a diario, como el dios Moloc, insaciables  sacrificios humanos. En su último ritual, sobre el altar de Mercado, exige abiertamente  la inmolación del mismo planeta.

El reto es de enormes proporciones, pero en ello está en juego la esencia misma de nuestra libertad.  Vamos a necesitar  mucho valor, constancia y compromiso con el presente y el futuro para defender al ser humano sobre una tierra habitable. Somos conscientes de que nos estamos enfrentando a la mayor religión del planeta que expande su doctrina a través de unos medios de comunicación poderosísimos y unas “iglesias” que bendicen la acumulación, el consumo y la sumisión del ser humano como signos de la bendición del dios Mercado.

Para hacer frente a este reto, se necesitan todas las manos para ir trazando entre todos, creyentes y no creyentes, un camino de salida al sistema actual. De poco nos sirven las quejas cuando hacemos tan poco para salir del atolladero. Y tenemos brillantes recuerdos de hasta dónde podemos alargar juntos el camino cuando, al esfuerzo de la ciencia y de la técnica por cambiar las cosas, le añadimos un suplemente de espíritu.

Particularmente los cristianos, junto a tantas otras cosas que es preciso olvidar, llevamos en la mochila dos fuerzas de enorme importancia. La memoria de tantos espacios donde se ha apostado, desde los comienzos,  por la liberación del ser humano y el reto permanente por liberar el Evangelio de tantas adherencias —entre ellas,  como se dirá en este número, la misma religión dogmatizada y ritualista— como se le van pegando en la historia.

Aportaciones de las mujeres a la transformación de la Iglesia

Escribir de forma crítica sobre la Iglesia católica, rebasando la apologética, siempre corre el riesgo de caer en el infierno. A la conciencia cristiana le será difícil olvidar etapas de especial oscurantismo contra la razón… censuras de libros, excomuniones,  suspensiones “a divinis”, etc. Todo el mundo solemos tener algún momento de locura en la vida. Y la Iglesia católica, en su larguísima historia, tampoco se ha visto libre de esta amenaza. No siempre ha tenido en cuenta el sabio aserto de Erns Bloch, forjado en el contexto del diálogo cristiano-marxista –surgido en el pasado siglo a raíz de las encíclicas Pacem in Terris (Juan XXIII), Ecclesiam Suam (Pablo VI) y, sobre todo, el Vaticano II y la Teología de la Liberación–. Dijo entonces Bloch, a la vista del discurso cristiano sobre el momento cultural que estaba atravesando el mundo occidental: “solo un ateo puede ser un buen cristiano”; (lo que el teólogo Moltmann completó en forma lapidaria: “solo un cristiano puede ser un buen ateo”). Bien entendido, separando adecuadamente la fe de su siempre frágil y liquido envoltorio, hubiera evitado muchos infiernos a tanto “hereje” y “heterodoxo” que, finalmente, suelen acabar siendo acreditados por la misma Iglesia que antes los condenó. ¿Se podría afirmar hoy, nos preguntamos,  algo semejante sobre la Iglesia católica a la vista de la situación que está atravesando? ¿Nos expondremos a caer una vez más en el infierno?

Viene a cuento esta reflexión por cuanto la Iglesia católica, como todo aquello en que los humanos ponemos nuestras manos, siempre ha tenido y sigue teniendo un haz y un envés. Su lado más brillante y positivo pegado al otro que ya no lo es tanto. Y con el agravante de que, en ocasiones como la actual y en este país,  su lado oscuro es el que más se quiere ver. Reconocerlo es un signo de salud mental y no tiene porqué demonizar la otra cara que, durante más de dos milenios –¡solo la eternidad de antes duraba tanto!–,  ha aportado talento y contenido de conciencia a la experiencia  humana.

Misterio y visibilidad, promesa e historia a la vez, a la Iglesia católica le resulta difícil evitar el drama que, como manifestación de su propia experiencia, dejó reflejado Unamuno en el mito de Prometeo y el buitre: ante el afán de inmortalidad, los picotazos del buitre en las entrañas que  sujetan a la historia y te impiden levantar el vuelo. ¿Se necesita ser crítico en la Iglesia de hoy para defender lo defendible de su historia y abrir brecha hacia el futuro?

Porque los picotazos del buitre en las entrañas están en el ambiente, no es preciso inventarlos. Pretender cerrar los ojos ante la pederastia y las inmatriculaciones, la subvención estatal y la clase de religión en la escuela pública, las vinculaciones con ideologías anacrónicas y éticas partidistas que rompen la dignidad de todos los seres humanos… sería una ceguera rayana en la locura. No querer ver el  vaciamiento de los templos, la ausencia de horizontalidad entre los fieles, la falta de igualdad con el varón  en las posibilidades de las mujeres y del sector LGTBI supondría un fideísmo eclesiástico que nada tiene que ver con la ética del Evangelio. Guardar silencio ante la corrupción y la mentira en que algunos líderes populistas están convirtiendo la política,  la defensa de la democracia y la Memoria Histórica es un signo de debilidad moral y una pérdida de credibilidad ante el pueblo.

Afortunadamente en este monográfico de Éxodo sobre “Las mujeres y su aportación a la transformación de la Iglesia”, hecho enteramente por ellas, sin dejar de lado los picotazos del buitre, van a presentarnos  otra imagen de Iglesia, la que podría haber sido y la que puede llegar a ser Iglesia de Jesús desde sus aportaciones de antes y de ahora; de su esfuerzo intelectual y práctico en la edificación de la comunidad cristiana, de la riqueza que supone la comprensión de género en la Iglesia; nos hablarán también de la necesidad del cambio en los símbolos y del mismo leguaje y hasta de su aportación a la economía responsable y participativa en la Iglesia. ¡Vamos a disfrutar con sus aportaciones!

Memoria, justicia y reparación

No podríamos pasar de lado ante lo que está siendo en estos días motivo de crispación en el país. Nos referimos al anuncio hecho por el Gobierno, previa aprobación del Parlamento, de la exhumación de los restos del dictador Franco de su encumbrado sepulcro en el Valle de los Caídos. La amenaza posterior de su posible traslado a la cripta de la Almudena en el centro de Madrid ha levantado olas de protesta que, ante el incomprensible silencio de la Iglesia, ha sacado a las calles de la capital a miles de personas, dispuestas a impedir semejante humillación pública.

A pocas personas en España le está dejando indiferente este asunto. Para un sector minoritario, nostálgico de las victorias guerreras del pasado y muy a gusto con la paz impuesta por el silenciamiento del enemigo, hay que dejar las cosas como están, porque la apertura de la fosa va “a abrir las heridas de una contienda que ya tenemos olvidada”. Es la injustificada respuesta que han dado siempre quienes, desde la muerte del dictador genocida, se han mantenido fervorosamente pegados al poder y sus aledaños.

Para el sector mayoritario, que ya no ha conocido la guerra pero sí sus consecuencias amargas, este gesto no debería representar más que el primer paso de un camino que está obligada a recorrer una sociedad –que por miedo, comodidad o por olvido se ha mantenido en silencio durante 40 años– para poder reconciliarse consigo misma y su reciente pasado. Limpiar la propia historia de sus inhumanidades y vergüenzas es una condición necesaria para poder vivir con honestidad el presente y encarar con libertad el futuro. Y, en este esfuerzo por blanquear la historia pasada, el golpe militar del 1936 contra la República y el genocidio de los oprobiosos años de dictadura representan manchones demasiado fuertes que siguen proyectando su macabra sombra sobre nuestros días.

Pero con ser importante esta noticia sobre la suerte futura del dictador, no es de menor calibre –aunque con menos presencia mediática– esta apuesta que indirectamente se está dando a la sociedad. Nos referimos a la otra cara de la moneda. Al final, y después de tantas falacias y patrañas producidas para ocultar la historia verdadera, se va a poder oír abiertamente en nuestras plazas el grito desgarrador de las víctimas. Un grito –sepultado ante las tapias de los cementerios o en las cunetas de las carreteras– siempre silenciado por los poderes políticos y religiosos que han mandado en este país. Por más que lo pretenda, ningún pueblo puede ignorar para siempre su historia, la lleva pegada como la sombra al cuerpo. Y, por más que se las quiera ocultar, la memoria y la verdad de la historia esperan siempre el momento oportuno para salir a flote.

La tragedia ha querido unir tan indisolublemente al victimario y a las víctimas que no sería posible conocer el perfil exacto del primero, sin la presencia de las segundas. Desde Éxodo saludamos como buena noticia la exhumación del dictador y no podemos ocultar la alegría que nos produce el camino que se abre para el reconocimiento de la verdad, la justicia y la reparación de las Víctimas.

Respuestas ciudadanas a las migraciones y búsqueda de asilo

Dedicamos este número de Éxodo a las respuestas ciudadanas que se están dando ante el fenómeno de las migraciones y el asilo a las personas que buscan refugio. Son estas respuestas, sin lugar a dudas, el territorio donde la cuota de racionalidad y de humanidad raya a mayor altura.

El fenómeno es vergonzante, alarmante… Según el PNUD 2017, cada dos segundos una persona se ve forzada a abandonar, por diferentes motivos, su lugar de residencia. Las cifras siguen exponencialmente creciendo. Actualmente superan los 68.5 millones —lo que supone el 0,93% de la población mundial— con un millón cruzando el Mediterráneo. ¡Estamos ante la mayor crisis de desplazamiento forzoso desde la II Guerra Mundial!

Y hay algo en todo esto que se nos impone con deslumbrante clarividencia: la humanidad no se está cuidando de sí misma; miradas las cosas objetivamente, la sociedad humana está dejando en la cuneta, entregada a su mala suerte, a su parte más débil, a la que se desplaza porque se ve empobrecida.

En esta situación, resulta difícil hablar de lo que debería ser una evidencia y se nos está quedando en mero sueño: que somos de la misma especie, que corre la misma sangre por nuestras venas y los mismos sueños pueblan nuestro cerebro, que pertenecemos a una misma comunidad cosmopolita, que nos asisten los mismos Derechos Humanos, Sociales y Políticos…

No obstante, nuestras instituciones mundiales, europeas, nacionales se muestran incapaces ante este desafío, forzado mayormente por el hambre, los desastres naturales y las guerras. Ni el cierre de las fronteras ni la externalización de su gestión sirven para frenar la avalancha humana que huye de la miseria y la violencia; tampoco las detenciones indiscriminadas, ni la reclusión en los CIE o las devoluciones en caliente —antidemocráticas e inconstitucionales—.

Con independencia de las personas que, con mayor o menor talento y sensibilidad dirigen nuestras instituciones oficiales, hay que decir que el mayor obstáculo en este asunto no son las instituciones sino, previamente, el diagnóstico al que pretenden responder y los objetivos que se persiguen. Se ha pensado en unas herramientas para salir del paso, como si se tratara de una mera coyuntura, y la realidad es que el problema es de mayor calado: las migraciones afectan directamente a la lógica del sistema.

En este sentido y salvando las distancias, estamos repitiendo en nuestros días una actitud similar a la que denunciaba en la sociedad y los dirigentes de su tiempo, hace ya la friolera de treinta siglos, el profeta Isaías: “tienen ojos para mirar y no ven, tienen oídos para oír y no escuchan, ni entienden…” (Is 6,9-10).

Por suerte, hay mucha ciudadanía con los ojos abiertos para ver y el corazón educado para sentir. Hay mucha sociedad que, al margen de las instituciones oficiales, a veces contra sus mismas leyes, se organiza para hacerse cargo de la proximidad, acoger, alojar, alimentar y educar.

A esta ciudadanía organizada hemos prestado las páginas de Éxodo. Porque, además de ser los brazos y pies para el encuentro y la acogida, ella es “los ojos que nos ayudan a educar la mirada”, la conciencia de una nueva sensibilidad que nos llama a superar prejuicios infundados y la clamorosa exigencia a un cambio radical de nuestras leyes e instituciones.

 

Los “mayos del 68″, emergencias y reacción

En el cincuenta aniversario del denominado ‘Mayo francés’ se están publicando múltiples análisis sobre el sentido del mismo. En casi todos se evidencia que no se trata solo del Mayo francés, aunque éste haya quedado como icono, sino de múltiples acontecimientos que sucedieron en torno a esos años, antes y después del 68, y en diversos lugares tanto del oeste europeo (Berlín, Turín) como del este (Yugoslavia), de uno y otro lado del atlántico (Berkeley y Washington, marchas contra la guerra del Vietnam; México, Medellín o China y Japón. Las personas colaboradoras en este número 144 de ÉXODO, perspicazmente señalan que no hubo siquiera un Mayo del 68 en París, sino dos o tres: el estudiantil y obrero más el germen del movimiento feminista de la ‘segunda ola’; que no se trata sólo del Mayo francés, sino del contexto social global en que se cierra el ciclo del Estado liberal burgués y da lugar a un mayo en los países centrales y otro en los de la periferia (procesos de descolonización), que se retroalimentaron (protestas en EEUU por la guerra en Vietnam, en Francia por la de Argelia, etc.). Junto a estos acontecimientos sobresalen también los ecos del Vaticano II, que alentaron la teología de la liberación en América Latina (Medellín, 1968) y el surgimiento de las comunidades cristianas de base.

Pero del mismo modo que no hubo uno, sino múltiples mayos, a los acontecimientos de emergencia social les siguieron también múltiples resistencias, autoritarias unas (contra las reformas de N. Kruchev en la URSS; la reacción conservadora hacia el ‘invierno eclesial’, etc.), y seductoras otras (el capitalismo de consumo y la sociedad del espectáculo), dando lugar al largo ciclo actual del denominado ‘neo-liberalismo’ o globalización. (Porque, tal como expone A. Ortí en la Entrevista, el Mayo francés supuso la ‘histéresis’ del modelo del Estado liberal burgués, como punto álgido en que comienza su declive, pero que fue recuperado tras la emergencia del 68’ en el ciclo neo-liberal bajo la forma del capitalismo de consumo).

La situación en España se debatía entre el terror y la pandereta. El 68’ fue el año en que se pretendió jugar en Eurovisión la pre-articulación del estado de las autonomías con la negativa de Serrat a cantar en castellano el “la-la-la”, mientras que, al tiempo, Raimon llenaba el Paraninfo de la Universidad Complutense cantando “Al vent”, y reuniendo a toda la oposición al franquismo. Y también fue el inicio de los años de plomo en que ETA asesinó al primer guardia civil de tráfico, José Antonio Pardines, y del primer etarra muerto por la policía, Txabi Etxebarrieta.

Llegados aquí podemos plantear, ¿deseo del 68’?

El estallido del Mayo francés supuso el impulso de la ‘cultura de la protesta’, sobre todo la juvenil que emergió con voz propia, pero también dejó un reguero de transformaciones en las prácticas sociales y en las mentalidades que han ido fructificando años más tarde. Sin embargo, no hay porqué ceder a la nostalgia, dado que la reacción sigue activa. Muchas veces, cuando las emergencias históricas han intentando saltar hacia adelante después de una cerrazón conservadora, se ha solido calificar de “primavera de los pueblos”. Así sucedió con las ‘revoluciones de 1848’ contra los acuerdos reaccionarios del absolutismo monárquico (Congreso de Viena, 1814) para disolver los efectos de la Revolución francesa, que, a su vez, fueron aplastadas, pero dieron lugar, años más tarde, a la ‘Comuna de París’ (1871), con lo que la historia continúa. En nuestros días hemos asistido también a las “primaveras árabes” y al ‘quincemayismo’ español junto al movimiento en Nueva York (Ocupy Wall Strait), Londres, etc., con sus respectivas olas de reapropiación conservadora. También ha emergido el movimiento más plural y extensivo de las mujeres contra prácticas machistas de personas e instituciones. Por último, mayo de 2018 ha dejado la imagen de un cambio de gobierno en España tras la moción de censura por corrupción al PP. Cambio que se ha evidenciado en las tomas de posesión de sus integrantes sin juramentos ni signos religiosos, así como en el anuncio de separación práctica de religión y poderes del Estado (las ‘banderas’ no ondearán en festividades religiosas). Si el movimiento se demuestra andando, el deseo del 68 en sus prácticas.

ÉXODO decidió dedicar el nº 144 a estos acontecimientos, consciente de su importancia tanto para la vida social como eclesial. A su vez, se ha preparado este número desde la perspectiva de que estamos asistiendo a un momento histórico en el que convivimos dos grupos de población, el de quienes fueron ‘testigos’ de los hechos y el de aquellos, más jóvenes, que obligadamente son ‘herederos’ de las consecuencias de los mismos y que, desde el presente necesitan atisbar el porvenir. Desde esta doble perspectiva, la del testigo y la del profeta, se encaran todos los trabajos, por lo que a cada tema responden dos personas, una en cada situación.

De los diversos ejes de interés que sugieren estos acontecimientos, ÉXODO aborda el de la juventud, como sector más expresivo e icónico, junto con el despertar de los movimientos autónomos de mujeres, aspecto menos tratado. Por su lado, se resalta la importancia en estos contextos del surgir de movimientos eclesiales críticos, como la teología de la liberación (Medellín, 1968), auspiciados por el nuevo ciclo que permitió el Concilio Vaticano II.

Para suscitar el interés de las personas lectoras de este número, señalamos solamente un punto de unión en las reflexiones sobre el movimiento feminista en España y el recorrido de los movimientos cristianos de base: en ambos se inició el recorrido desde la doble militancia hasta llegar a la convicción de la necesidad de alianzas amplias para el cambio hacia una sociedad laica de la igualdad y la participación. Agradecemos todas las reflexiones recibidas a las personas que han colaborado y las ofrecemos para su degustación, confiando en que supongan un momento de reflexión y, por qué no, de cambio.

Testigos de nuestro tiempo

¿Nuestra política eurocéntrica tiene alguna responsabilidad histórica frente al llamado “Tercer Mundo”?

Quienes valoran el progreso desde arriba, desde la perspectiva de los vencedores, no lo dudan, el progreso debe seguir produciéndose a costa de la injusticia, del sufrimiento y del expolio de hecho, nuestro progreso acabará integrando a los sectores más marginados.

Pero, si miramos a los que soportan el progreso, a las víctimas de la historia, debiera causarnos horror contemplar el montón de cadáveres con que se construye ese progreso triunfal hacia el infierno.

Ese progreso no salva, por más que nombres honorables de una u otra “disciplina” así lo justifiquen. Todos ellos acaban descartando y haciendo invisibles a las víctimas. Al fin y al cabo “las desigualdades o esclavitudes históricas no tienen más anormalidad que la doma de un caballo” (Joseph-Marie, Conde de Maistre); “La sociedad sólo puede sobrevivir al precio de que haya gente que trabaja hasta la extenuación y lo pasan muy mal “(Luis Veillot); “Sólo hay historia entre los blancos” (Conde Gobineau).

EXODO se propone en este número ayudar a ver el mundo con los ojos de los vencidos. Y lo hace, tras un espacio de 50 años, en el que se dio el comienzo de una brillante primavera y a la que siguió la contrarrevolución neoliberal:        

  • Las revueltas generalizadas del 68, el asesinato del Che en el municipio boliviano de la Higuera, el asesinato de Martin Luther King en Menphis, las luchas de estudiantes de USA contra la guerra del Vietnam, y la movilización de universitarios en Europa pidiendo liquidar la sociedad capitalista y la sociedad industrial. La primera reunión del Epicopado Latinoamericano en Medellín, que marca un giro de la Iglesia Latinoamericana hacia los pobres. Y la opción de Pedro Casaldáliga, que aterriza en el Brasil para evangelizar y no occidentalizar ni dominar colonizando.
  • Registramos a la par la contrarrevolución neoliberal que surge en los 70 y se prolonga hasta finales del siglo: globalización productiva y desregulación financiera. Noche neoliberal a la que acompaña el restauracionismo de Karol Wojtyla, en perfecta unión con Thatcher y Reagan. Noche en que veremos cómo alumbran los profetas Óscar Romero, H. Cámara, Pedro Casaldáliga, S. Ruiz, Proaño, Martin Luther King… y otros muchos. Son los testigos que denuncian el olvido e invisibilidad de las víctimas. Frente a la ceguera de sus contemporáneos, avisan que el mundo está en llamas.

Aspiramos a que se pueda generalizar la mirada histórica y el testimonio de estos testigos, que rechazan el gran pecado de la razón ilustrada y de la modernidad: haber relegado al ostracismo la memoria y el sentimiento del pasado, el sufrimiento de las víctimas. Es ahora, con ellos, cuando establecemos que el baremo de la historia no es el éxito, sino el sufrimiento producido por el progreso: “Dejar hablar al sufrimiento es condición de toda verdad” (Adorno).           

Es en Auschwitz cuando nace el deber de la memoria, cuando ocurrió lo que nadie podía imaginar. Y lo ocurrido da qué pensar que con la sola razón no se puede dominar el mundo. Auschwitz acabó con el orgullo cognitivo moderno. Hay que repensar todo (ética, política, derecho, arte, religión) a la luz de la barbarie para poder construir un mundo con una lógica distinta de la que llevó a la catástrofe.

Los profetas son representantes de un mundo nuevo, que nos requieren para tener memoria del daño causado y voluntad para que no se repita. Frente a la lógica del progreso por el progreso solo cabe la interrupción, el “nunca más”.

La laicidad, nuestra asignatura pendiente

Observando detenidamente la relación del Estado español con la religión (todas las iglesias y especialmente la católica) es difícil evitar la perplejidad.

De una parte, la Constitución del 78 parece abogar globalmente por una la separación de las esferas civil y religiosa. Y, en esta dirección, el Tribunal Constitucional, que tradicionalmente ha definido el Estado español como “aconfesional”, en su sentencia 46/2001 del 15 de febrero, declara que el art.16.3 introduce constitucionalmente una idea de “aconfesionalidad o laicidad positiva”. Dejando aparte de momento la calificación que se hace de la laicidad, deberíamos concluir que, jurídicamente hablando, el Estado español es laico. Lo que armoniza bien con los últimos datos que nos proporciona la sociología sobre el comportamiento religioso de la sociedad española que, en pocos años, se ha puesto a la cabeza de la secularización en Europa (cfr. Razón y fe, 1416 octubre 2916). Secularización que, sin embargo, no se traduce luego, como veremos a continuación, en instituciones y prácticas laicas del Estado.

Pero, por otra parte, no podemos cerrar los ojos ante lo que estamos viendo y los medios alternativos están denunciado a diario: que el Estado español está subvencionando a la Iglesia católica y a las otras religiones e iglesias de “notorio arraigo”, que el Estado mantiene, y el Gobierno del PP incrementa, la presencia institucional de la religión en la escuela pública, que subvenciona económicamente la asistencia religiosa a las Fuerzas Armadas, que introduce la religión en los actos civiles institucionales, que mantiene y no reacciona en contra de la inmatriculación religiosa de inmuebles públicos, etc.

La mayoría de los movimientos sociales y de los partidos políticos de izquierda (cuando están en la oposición parlamentaria) apuestan por la derogación de la base jurídica de estas prácticas “confesionales”: los Acuerdos del Estado Español con la Santa Sede del 79. Pero es más llamativo y provocativo que la denuncia arranque también desde Redes Cristianas y otras instituciones que nunca han renunciado a su pertenencia a la Iglesia católica.

Ante la perplejidad que nos deja este estado de cosas, ÉXODO se pregunta, desde diferentes claves, por lo que nos está faltando para alcanzar un Estado verdaderamente democrático y laico en España. Y esto tiene mucho que ver con el concepto filosófico y político de una laicidad que consideramos aún pendiente.

La laicidad se basa en principios intrínsecos a la democracia y a los Derechos Humanos, tales como la libertad de conciencia, la igualdad de derechos sin privilegios ni discriminación y la universalidad de las políticas públicas. Con ese enfoque, Francisco Delgado hace balance y analiza las causas de las carencias en laicidad de nuestro entramado político y social. Pero el suyo es también un ‘punto de mira’ propositivo basado en tres ejes de actuación: garantizar la independencia efectiva del Estado con respecto a cualquier confesión religiosa (neutralidad ideológica de las administraciones), eliminar todo privilegio o discriminación en el trato económico, jurídico y fiscal para las entidades de carácter privado, sean religiosas o no (igualdad de derechos ante la Ley y separación de los ámbitos público y privado), y garantizar una Educación laica como derecho universal, igual e integrador, dentro de un proyecto común de ciudadanía

Para la entrevista de este número pensamos sin dudar en Rafa Díaz-Salazar, quien nos ha regalado unas espléndidas respuestas. Su amplio y profundo conocimiento de las diversas facetas y problemáticas, así como de las complejas relaciones de esta temática con los más importantes ámbitos de la cultura, con el cristianismo profético o con los partidos políticos, de la derecha y particularmente de la izquierda, ha hecho posible este intercambio de opiniones que hemos juzgado de espléndido.

Desde la crítica a la tesis del filósofo John Locke sobre la tolerancia que, sin abandonar la fundamentación religiosa, defendió más bien una “política” que una ´”ética” de la tolerancia, “ejercida desde arriba” y que llega a considerar legítima la intolerancia contra católicos y ateos, César Tejedor, siguiendo la siempre fecunda inspiración de Kant, defiende el ideal político del laicismo basado en los tres principios que constituyen la razón de ser del Estado moderno: la libertad de conciencia, la igualdad de trato de todos los/as ciudadanos/as y la referencia al interés general. Después de defender la ética laica de las críticas de relativismo, nihilismo y universalismo abstracto, Tejedor concluye afirmando que el principal objetivo de esta ética no es otro que el fomento de una ciudadanía democrática, libre, y responsable a partir del reconocimiento de las libertades individuales y la igualdad inalienable de todos los seres humanos.

La ética laica es la mejor expresión de una ciudadanía democrática plena, afirma Luis Mª Cifuentes. Es universal y sus valores morales y cívicos garantizan el pluralismo moral y religioso, manifiestan lo más profundo de la condición humana y la exigencia de compartir lo esencial de cada persona: la dignidad, junto al cumplimiento de los derechos individuales y sociales reconocidos en los DD.HH. La neutralidad del Estado y el esfuerzo por distinguir entre la ética individual de la pública convierten la laicidad en la condición de posibilidad de una convivencia pacífica en el marco de una sociedad que respeta el pluralismo político, moral y religioso. La democracia, concluye Cifuentes, se opone a la teocracia; y la conciencia democrática implica la tolerancia cuyos límites están en la violencia y el fanatismo.

Tanto el judaísmo como el cristianismo, su heredero en parte, son, a juicio de Xabier Pikaza, religiones laicas que han fecundado y potenciado el mayor proceso de secularización de Occidente. A través de sucesivas rupturas, el judaísmo llegó a superar el culto a los sacrificios y ritos sacrales del templo hasta convertirse en religión de la Palabra, de la Ley y de la Vida humana. Por su parte, la mayor inspiración laica del cristianismo arranca desde su mismo fundador, Jesús de Nazaret, que no fue sacerdote ni obispo sino laico. Predicó el Reino de Dios (una forma de sociedad alternativa, articulada desde la justicia, el perdón y la concordia) que no baja desde poderes superiores sino que está y se identifica en forma de protesta con la vida misma de los seres humanos, especialmente desde los pobres y publicanos, prostitutas, hambrientos, enfermos y excomulgados de la sinagoga. A pesar de la resacralización que se hizo de su mensaje ya desde los primeros siglos, el cristianismo sigue estando llamado a animar procesos de secularización hasta la utopía de una sociedad laica, es decir, humana, liberada de toda tutela exterior.

No obstante esta llamada, la sombra del nacionalcatolicismo se alarga hasta nuestros días. Amplios sectores cristianos, aún después del Vaticano II y la teología de la liberación, mantienen, como afirma Benjamín Forcano, una mentalidad eclesiástica antimoderna, contraria a la laicidad. Una visión imperialista de la religión que, como reacción, está haciendo posible la reivindicación más firme de la laicidad en otros sectores más críticos del cristianismo.

Cataluña: más allá del vértigo, por una solidaridad real

Desde cualquier punto de vista que se mire, el procés ha sido (y sigue siendo) un acontecimiento de capital importancia y ¡no solo en España! La díadas multitudinarias exigiendo el derecho a decidir y el autogobierno, y los desafíos independentistas del Parlament y del Govern de la Generalitat, frecuentemente al borde de la ley o abiertamente inconstitucionales, han venido colocando al Gobierno central –mediador incapaz– y a las instituciones estatales en estado de vértigo. Hasta tal punto que la presencia mediática dominante del procés ha conseguido ocultar otros fenómenos de mayor relevancia social –para tranquilidad de políticos tramposos y mercaderes usureros– como el paro y la corrupción política, la brecha social creciente o el olvido y rechazo, entre otros, de migrantes y refugiados.

Cuando este número de Éxodo llegue a tus manos, elaborado entre la aplicación del 155 y las elecciones del 21D en Catalunya, muchos detalles del procés ya no serán notica. Pero quedarán siempre las preguntas que, en el fragor de la inmediatez, no han podido ser respondidas. Y quedarán, sobre todo, los errores y torpezas políticas que tanto daño han causado, que no deberían minimizarse ni pretender cubrirlos con manto de olvido sin buscar alguna solución.

Cada artículo de este número de Éxodo intenta darte alguna clave desde la que puedas hacerte cargo de lo que ha estado o está pasando en Catalunya, de lo que se puede esperar políticamente de este complicado panorama que nos han dejado las elecciones del 21D y, sobre todo, de lo que, a partir de ahora, nos es dado intentar hacer en vistas a reconstruir entre todos y todas la cercanía y solidaridad que se ha roto.

Con esta intención, y apostando por un Estado federal plurinacional como el mejor diseño para un proyecto de vida en común, José Antonio Pérez Tapia analiza “a fondo” las propuestas políticas de los actores que intervienen en el escenario de Catalunya, desde el inmovilismo del PP hasta el delicado equilibrismo de En Comú-Podem, pasando por el independentismo anacrónico con un líder mesiánico, por la defensa de la Hispanidad como núcleo de la oferta de Ciudadanos, y lo que se juega la socialdemocracia en este drama inacabado.

Javier Perez Royo considera que el Estado de las Autonomías, construido a través de “Pactos” durante la década de los ochenta y noventa del siglo pasado, ha sido el Estado más legítimo y eficaz de la historia contemporánea de España. La desautorización del Pacto entre los dos Parlamentos (español y catalán), y el desconocimiento del resultado del referéndum por el PP y su anulación por el Tribunal Constitucional supuso una quiebra de la Constitución Territorial en Catalunya. A su juicio, no hay nada más urgente, políticamente hablando, que cerrar el paréntesis que ha supuesto la aplicación del artículo 155 en el ejercicio del derecho a la autonomía de Catalunya.

Al hilo de las tres preguntas básicas de Kant (lo que podemos saber, lo que no es dado esperar, lo que debemos hacer), Antonio G. Santesmases hace balance de los dos desafíos mayores que se han levantado, desde el 2010, contra el régimen del 78, el 15M y el nacionalismo catalán, con resultados muy diversos: mientras el primero fracasa en su apuesta por una política alternativa al neoliberalimo económico, la pulsión independentista y mesiánica del segundo, reforzada por la judicalización del estatut, no ha hecho más que aumentar hasta convertirse en un bloque hegemónico que, por reacción, ha disparado el otro nacionalismo siempre presente, el español, hasta auparlo a la cabeza de las elecciones del 21D. Ante la desolación que provocan estos dos bloques, antagónicos y cerrados, sin voluntad de pacto y dispuestos no a pactar sino a vencer al contrario, no cabe modestamente más que la búsqueda de una tercera vía, un federalismo serio, desde un espíritu plurinacional, pluricultural y republicano.

Para Emmanuel Rodríguez la cuestión catalana se manifiesta en términos postmodernos, con grandes narrativas pero sin materialidad, como una gigantesca guerra cultural. Este conflicto sigue siendo una bicoca para el PP y el PDeCAT que nunca han dejado de ser los actores principales del conflicto, atosigados por la corrupción y sometidos a las políticas de austeridad de la UE. Los partidos relevo, ERC de Convergencia-Unió, y Ciutadans del PP, desean heredar lo de sus mayores azuzando el conflicto. Y las izquierdas, actores subalternos, no han sabido generar ni una posición propia, ni un análisis de lo que es la variante catalano-española de la descomposición socio-política de occidente.

¿Cómo se ha llegado a esta situación? Emmanuel piensa que por debilidad de todos los actores, los principales y los subalternos. El malestar social no ha encontrado otra forma de expresión que la nacional, vacía de contenido, o la independencia que concita esperanzas antagónicas. Lo más sorprendente es que el conflicto ha sido el colofón, en negativo, del 15M. Porque los viejos actores, cuando parecían caducos, han vuelto a dominar la calle y cabalgar el malestar de la ciudadanía. En la restauración de lo viejo, la izquierda ha ofrecido un lenguaje novedoso (proceso constituyente, régimen del 78 o democracia) pero ella misma se ha transformado sin movilización social en mera institución, sin capacidad de análisis ni respuesta.

En la aportación de Jaume Botey, nuestros lectores encontrarán una riquísima, ponderada y bien fundada síntesis histórica de las posiciones que han ido asumiendo los cristianos ante la cuestión de la identidad catalana, ante el independentismo, el derecho a decidir o el nacionalismo. Llama la atención la diferencia de postura de los obispos catalanes y de la Conferencia Episcopal Española, sobre todo con su apoyo al 155, pero constata con dolor –y con razón– que ni los unos ni los otros han tenido una palabra de cercanía, consuelo y sosiego para las víctimas de este complejo conflicto.

Esa cercanía que ha faltado a los obispos es la que hemos querido expresar físicamente los siete miembros del Equipo de Redacción de Éxodo y dos simpatizantes viajando a Barcelona el 27 de noviembre de 2017 para encontrarnos con un nutrido grupo de catalanes y catalanas que esperaban nuestra llegada y nos recibieron con cariño y agradecimiento. Fueron 15 personas las que nos esperaban representantes de diferentes estamentos sociales: activistas e intelectuales, trabajadoras sociales y profesores, escritores, urbanistas y periodistas, etc.

Sin posturas previamente consensuadas ni en representación de ningún colectivo, nuestro encuentro fue entrañable y sincero, sin más objetivos que hacernos cargo de cómo lo estaban llevando los testigos directos de este conflicto, y expresarles nuestro afecto y solidaridad aun cuando las posturas no fueran siempre coincidentes.

Nos parece que gestos como éste, de cercanía, escucha y afecto, de diálogo abierto y afectuosa acogida serán siempre el mejor medio para superar el vértigo que agranda las distancias y para acercar posturas que restauren la solidaridad.

El derecho a la alimentación ante la puerta de las instituciones locales

ÉXODO recoge en este nº 139 la celebración de la II Conferencia contra el Hambre (Madrid, 1 de junio, 2017), lo mismo que publicó en el nº 129 (junio, 2015) los materiales de la I Conferencia contra el Hambre (Madrid, abril 2015). Ambas Conferencias han sido el resultado de varios años de trabajo de la Plataforma de la Carta contra el Hambre, formada por más de 30 organizaciones cívico-sociales, universitarias y religiosas. La revista ÉXODO ha participado desde el inicio en la puesta en marcha de la Plataforma y se siente concernida para la difusión de los resultados.

El trabajo de la Plataforma de la Carta contra el Hambre tuvo desde el principio muy claro la necesidad de implicar a las administraciones locales en la lucha por el reconocimiento del derecho a la alimentación justa y adecuada. Después de la I Conferencia se tuvo el primer encuentro con los partidos políticos del Ayuntamiento de Madrid en el que firmaron, todos menos el PP, el Pacto contra el Hambre (Madrid, mayo 2015). En relación a la II Conferencia, el segundo encuentro con los partidos (enero de 2017) logró su implicación en la misma. Y lo que es más importante, el Ayuntamiento de la ciudad de Madrid, junto con otros Ayuntamientos de la región, se ha comprometido con el producto estrella de la Plataforma: la elaboración y presentación a la Asamblea de Madrid de una Iniciativa Legislativa Municipal (ILM) para garantizar el derecho básico a la alimentación en la Comunidad de Madrid. Este recorrido muestra a las claras, tal como recoge el resumen de la II Conferencia, cómo un movimiento ciudadano con capacidad de organización y movilización puede llegar realmente muy lejos, y cómo la vinculación con las administraciones puede defender la puesta en acción de políticas públicas contra el hambre.

La larga marcha hacia el derecho personal a la alimentación en las ciudades

Puede parecer extraño pero la conciencia social del derecho a la alimentación es muy reciente, forma parte de los denominados derechos humanos de nueva generación. En esta perspectiva, tal como expuso en la ponencia inicial de la II Conferencia contra el Hambre, Juan Carlos García y Cebolla, jefe del equipo de Derecho a la Alimentación de la FAO, “el derecho a la alimentación adecuada” se sitúa en “un enfoque de derechos humanos para erradicar el hambre, la inseguridad alimentaria y la malnutrición”. Esta es la línea en la que se va perfilando el derecho a la alimentación desde la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) al Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (1966): enfoque de desarrollo social frente a esquemas proteccionistas.

También puede parecer extraño que grandes ciudades, como Atenas, Lisboa y Madrid, consideradas como capitales europeas del hambre, no hayan logrado movilizar los recursos necesarios para abordar esta problemática. En opinión de J. R. Gonzalez, el enfoque asistencialista diseñado por la UE para la ayuda alimentaria centra todo el dispositivo en los gobiernos y deja fuera a las ciudades. El procedimiento es idéntico para todos los países: compra de alimentos en licitaciones internacionales (impide cualquier circuito de proximidad y premia al agronegocio); distribución a través de grandes organizaciones civiles (como los Bancos de Alimentos, Cruz Roja y Caritas que potencia la percepción ciudadana de resolución del hambre por la vía de la asistencia popular), tercero, un sistema de supervisión y control muy burocratizado. Este sistema de reparto impide la conexión con el poder local y evita la reclamación en base al derecho a la alimentación. En palabras de J. Laguna, desde una perspectiva evangélica, la “comensalidad subversiva” supone anteponer el hambre a cualquier ley (discernir si promover bancos de alimentos o cargar carros de la compra con alimentos de primera necesidad sin pagar), saber si presiden la mesa de reparto los pobres y lisiados, o si la celebración de la vida por la vuelta del hijo pródigo pasa por delante de la desesperación de los hermanos mayores justificados. Esta sería la religión de quienes se sientan a la mesa de Jesús, de los que comen cómo y con él.

¿De Madrid al cielo? De capitalidad europea del hambre al derecho a la alimentación

Frente al modelo neoliberal y asistencialista de la UE en el reparto de alimentos, el enfoque de derechos humanos ha dado lugar a la firma en Milán, 2016, del Pacto de Política Alimentaria Urbana (Pacto de Milán). Es el primer protocolo internacional para la intervención municipal en el ámbito de la producción y distribución de alimentos. Se han adherido más de 120 ciudades; en España Madrid, Málaga, Barcelona, Bilbao, Valencia, Zaragoza…; en la comunidad de Madrid también Alcalá de Henares, Rivas Vaciamadrid, Villanueva de la Cañada… En octubre de 2017 se celebrará en Valencia el Encuentro anual y Cumbre de Alcaldes del Pacto de Milán. Los consensos básicos del Pacto son: la responsabilidad de los poderes locales para mejorar la alimentación en las ciudades; la prevalencia de una mala alimentación; y la persistencia de bolsas de pobreza urbana en situación de emergencia alimentaria. Y los ejes de intervención promueven la agricultura urbana, los circuitos cortos de producción y consumo, el fomento de redes y plataformas del productores a grupos de consumo; el reconocimiento del papel de las mujeres en todas las soluciones. La apuesta es por la producción agroecológica y por la redistribución y la justicia social. Todo un cambio de paradigma respecto al modelo neoliberal de la UE del reparto de alimentos.

El Ayuntamiento de Madrid se ha comprometido en este cambio como ciudad firmante del Pacto de Milán y del Pacto contra el Hambre, de la Plataforma de la Carta contra el Hambre. Por su parte, el Plan Estratégico de Derechos Humanos del propio Ayuntamiento muestra la interconexión entre derechos. En estos momentos los trabajos para la presentación de la ILM en la Asamblea de Madrid y la puesta en marcha de una de las iniciativas de la Carta contra el Hambre, los Centros Municipales de Cultura alimentaria, son dos de las apuestas importantes para la recuperación de la acción política local por el derecho a la alimentación adecuada; para convertir en derecho local la legislación internacional.

Desde Éxodo deseamos que el próximo encuentro en Valencia, octubre 2017, suponga un paso definitivo para dejar atrás en Madrid el ominoso título de capitalidad del hambre y la consecución del derecho a la alimentación adecuada. Para estar preparados y colaborar en este proceso colectivo abierto, animamos a leer y debatir los sugerentes materiales recogidos en la II Conferencia contra el Hambre: reflexiones contextuales y experiencias cercanas, como el proyecto en marcha en el Distrito de Tetuán (Madrid). Toda una lección.