ANÁFORA DE LA FAMILIA

Evaristo Villar

Celebraciones
– Autor: Evaristo Villar –
 

ANÁFORA DE LA FAMILIA
TEXTOS PARA LAS LECTURAS
ORACIÓN DE LA COMUNIDAD
Tus hijos no son tus hijos,
son hijos e hijas de la vida,
deseosa de sí misma.
No vienen de ti, sino a través de ti
y, aunque estén contigo,
no te pertenecen.

Puedes darles tu amor,
pero no tus pensamientos, pues
ellos tienen sus propios pensamientos.
Puedes abrigar sus cuerpos,
pero no sus almas, porque ellas
viven en la casa del mañana.
Que no puedes visitar
ni siquiera en sueños.

Puedes esforzarte en ser como ellos,
pero no procures hacerlos
semejantes a ti.
Porque la vida no retrocede,
ni se detiene en el ayer.

Tú eres el arco del cual tus hijos,
como flechas vivas son lanzados.
Deja que la inclinación
en tu mano de arquero,
sea para la felicidad.

Kahlil Gibran

YO iré donde tú vayas
y viviré donde tu vivas.
Tu pueblo será mi pueblo
y tu dios será mi Dios.

Libro de Ruth a, 16

Me he preguntado a mí mismo muchas veces:
¿yo amo a mis padres porque soy hijo suyo
o más bien soy hijo suyo porque los amo?
¿Y mis padres me amaron porque yo era hijo suyo
o se hicieron mis padres porque me amaron?

J.L. Martín Descalzo

Jesús se queda en el templo:

Sus padres iban cada año a Jerusalén por las fiestas de la Pascua. Cuando Jesús cumplió doce años subieron a las fiestas según la costumbre, y cuando éstas terminaron, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. Estos, creyendo que iba en la caravana, al terminar la primera jornada se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; y, como no lo encontraban, volvieron a Jerusalén en su busca. A los tres días lo encontraron, por fin, en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas: todos los que lo oían quedaban desconcertados de su talento y de las respuestas que daba. Al verlo se quedaron extrañados, y le dijo su madre:
-Hijo, ¿por qué te has portado así con nosotros?¡Mira con qué angustia te buscábamos tu padre y yo!

El les contestó:
-¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo tenía que estar en la casa de mi Padre?

Ellos no comprendieron lo que quería decir. Jesús bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba en su interior el recuerdo de todo aquello. Jesús iba creciendo en saber, en estatura y en el favor de Dios y de los hombres.

Lucas 2,41-52

P. Unamos nuestras voces para agradecer a Dios
este nuevo signo de gracia
que nos ofrece en la familia de Jesús.

A. Como se desploma el armazón de un viejo edificio,
la estructura de la familia patriarcal
se vino abajo con estrépito.
Sus raíces y valores permanecieron intactos
-como se mantiene firme el cauce del mar
bajo el cambio incesante de las olas-
mientras desaparecía su verticalidad dominante
y jerarquizada.

L1. Nacido en el contexto de una familia judía al uso,
todo en la familia de Jesús
parece desquiciado e invertido:
el día de la boda, cuando se aplastó la granada
sobre el umbral de su la puerta
para desearle abundancia de hijos a José y a María,
nadie podía imaginar lo que iba a suceder
con aquella joven pareja:
la bendición se concentró en un solo hijo,
que, ya desde sus primeros llantos,
era el más importante del hogar.
A su vez, el mayor papel de María, su madre,
desplazó a José al último lugar.
La escandalosa vida de Jesús se inició
proponiendo una alternativa en la familia.

A. Entre la fidelidad a las tradiciones patrias
y la ruptura que acompaña
a quien se sabe enviado de Dios,
Jesús iba creciendo en sabiduría,
en madurez y en gracia;
ofreciendo otro modo de ser
y de convivir en el mundo.

L2. La alternativa a la familia está en el amor:
no tanto en construir una casa
cuanto en edificar un hogar;
no tanto en contarnos las cosas, cuanto en dialogar;
más que en estar juntos, en que nos podamos reunir;
más que en prestarnos las cosas, en compartir.
En definitiva, más que en estar contentos,
en buscar juntos la felicidad.

A. Porque entre el dar y el recibir,
las dos cosas son la mejor;
el dar tiene su propio gozo,
al recibir le sigue la gratitud;
y, coronando estas dos pilastras del puente,
está el amor.
Reconociendo esta nueva oferta que nos haces
para la convivencia,
te cantamos, Señor: SANTO, SANTO, SANTO

P. La familia que se inaugura en Jesús nos remite
a la fuente de donde todo emana:
Dios es Padre y Madre de toda la humanidad;
todos somos sus hijos y en él
todos y todas hermanos:
nos conoce por nuestro propio nombre;
nos quiere y mima a cada uno;
y siente especial predilección
por los más pequeños y los más frágiles.

A. Creó en el universo un espacio, la tierra,
donde pudiéramos convivir;
nos dotó de unos medios de vida
para que pudiéramos compartir;
nos enriqueció con unas capacidades
para la donación y la gratuidad,
y nos estampó en el alma unas actitudes
para la confianza y la acogida.

P. Todo lo hemos recibido;
bajo la luz del Espíritu, todo es donación y gracia,
que debemos compartir.
A esto nos invitó Jesús en la noche de despedida.
Cuando tomó el pan en sus manos…

………………………………………….

P. Como José y María,
tampoco nosotros llegamos a comprender bien
lo que significan estos gestos
desde el punto de vista de Dios.
Como María,
los vamos conservando en la memoria,
mientras proclamamos
que éste es el sacramento de nuestra fe.

L3. La vida sería más fácil
si la familia estuviera dirigida
por un amor sencillo y espontáneo,
natural y diáfano, limpio y noble.
Pero el día a día nos va descubriendo
que no todo en ella es amor:
también existen en ella el desamor y el egoísmo,
el odio y la venganza,
la violencia y la muerte.

A. Haznos, Señor, instrumentos de paz:
que donde haya discordia, creemos nosotros unión;
donde haya ofensa, pongamos perdón;
donde haya odio, sembremos amor.

L4. Como las mismas personas, la vida de la familia
no puede prescindir de vivir hacia fuera,
ni renunciar a eso que parece más profundo y gozoso,
más creativo y duradero que es el vivir hacia dentro.
Renunciar a una de las dos dimensiones
es vivir a medias:
no vive bien hacia dentro
quien prescinde del ancho mundo que le rodea;
tampoco vive bien hacia fuera
quien renuncia a sus afectos y deseos,
a sus gozos y esperanzas.

A. Haznos, Señor, instrumentos de unión:
donde haya tristeza, pongamos nosotros gozo;
donde haya tinieblas, pongamos nosotros luz;
donde haya desesperanza, pongamos nosotros esperanza.

L5. “Mirad las flores del campo”,
dan y reciben gratis,
sin tanto-cuanto, sin chalaneos ni regateos:
reciben luz, calor, agua, frescura, admiración y cariño;
y dan belleza, aroma, colorido y alegría.
La lección de las flores es una bella sabiduría
para nuestra familia:
no todo lo que somos y tenemos
lo hemos pagado con dinero.
Dar y recibir gratis es estar abiertos a la vida.

A. Haznos, Señor, instrumentos que, como
la flor y la familia de Jesús,
reflejemos lo que tú has sido
y sigues siendo para nosotros.
Porque, dando, recibimos;
consolando somos consolados;
perdonando somos perdonados
y muriendo por los demás nacemos a la Vida.

P. Brindemos sin olvidarnos
de los otros estilos de familia que hoy existen
y que no siempre llegamos a comprender:

POR CRISTO…

ANÁFORA DE LA AUSTERIDAD

Evaristo Villar

Celebraciones
– Autor: Evaristo Villar –
 

ANÁFORA DE LA AUSTERIDAD
TEXTOS PARA LAS LECTURAS
ORACIÓN DE LA COMUNIDAD
Palabras de Gandhi

Hay una relación muy estrecha
entre no tener nada y no robar nada.
En principio, lo que no se ha quitado a nadie
debe sin embargo calificarse de robado
si uno conserva su posesión sin necesidad.
Toda posesión supone que uno toma
sus previsiones para el futuro.
Pero el que busca la verdad
y desea seguir la ley del amor
no tiene porqué preocuparse del futuro.
Dios nunca atesora nada para el día siguiente;
no crea más que lo estrictamente necesario
para el momento presente.

Por consiguiente,
si nos ponemos con toda la confianza
en manos de su providencia,
hemos de descansar en la certeza
de que él nos dará todo lo que necesitemos.


Terner, ser y compartir

Vivimos en una cultura del tener.
Valoramos al hombre y a la al mujer
por lo que tienen, no por lo que son.
Tener es una palabra necesaria y peligrosa.
Hemos de pronunciarla frecuentemente en la vida,
pero, atención, debemos aprender a hacerlo
de una manera prudente y realista.

Sin tener algo es difícil ser,
teniendo mucho es casi imposible.

Difícil equilibrio:
tengo lo que necesito de verdad para ser
y me libero de aquello que me lo impide.

El problema del tener
es el problema de la identificación.
Yo tengo: nombre, apellidos, saberes,
estatus, cargo, dinero, poder…
De tanto decir "yo tengo", acabamos
equivocándonos y afirmamos "yo soy".

Se puede pasar la vida ambicionando el tener
y frustrado por no lograrlo.
No mitifiquemos a los pobres.
Pero es verdad que muchos de ellos,
teniendo muy poco, han logrado un ser
de estatura humana importante y asombroso.

El tener nos clasifica en la sociedad en que vivimos,
nos separa, nos defiende de los otros.
Cuanto más espeso y denso sea el tener
menos transparentará el ser.
Se convertirá en un muro,
con una alambrada espinosa que impide ver
lo que somos y llevamos en el corazón.
"Que mis hijos tengan… más que sean".

Es legítimo desear un nivel de vida
gratificante y seguro para aquellos a los que queremos,
sin olvidarnos de los que están más allá
de las fronteras de nuestro corazón.
Pero con esta pequeña regla:
Las necesidades de los míos antes que las de los demás,
las necesidades de los demás
antes que los caprichos de los míos.

El tener llena la casa, los bolsillos,
pero frecuentemente vacía el corazón.

No se trata, para paliar la invasión del tener,
de renuncias ascéticas,
sino de una cultura de la austeridad,
que hemos de promover y gozar en actitud solidaria.
El gozo del compartir nos permitirá pasar del tener al ser. Frecuentemente creemos que tenemos cosas
y en realidad somos tenidos por ellas;
casi diríamos esclavos de ellas.

Solidaridad-compartir es el nombre social del amor.
El destino universal de los bienes nos exige compartir.
La vida y la creatividad de cada uno pueden marcar diferencias concretas y visibles,
pero la apropiación indebida,
aunque esté autorizada por las leyes,
impide ese destino universal de los bienes
excluyendo a una gran parte de la humanidad
de lo que es patrimonio de todos.

Se puede compartir casi todo:
tiempo, dinero, saberes, salud, trabajo, etc.
Compartir no es sólo dar,
sino dejar que el otro y sus necesidades
entren en mi vida,
me salven de lo que poseo
y me hagan más pobre en el tener
para enriquecerme en el ser-con.
No cabe duda de que cuanta más gente sea invitada,
menor ración tocará a cada uno,
pero más relación se habrá establecido entre todos.
La felicidad tiene que ver con algo de eso.

No compartimos por ansia de seguridad a todo riesgo.
Se es maduro si se sabe convivir con la inseguridad: moderada en unas dimensiones de la vida,
más radical y grande en otras.

Compartir no equivale a dar de lo mío,
sino darse en lo mío hecho nuestro.

Compartir es un leguaje del amor
que se entiende en todas las lenguas;
practicarlo indica que hemos crecido
más allá de nuestros pequeños intereses
y que, al compartir,
no solamente damos algo a alguien,
sino que además le transmitimos
ese impulso justo y generoso
que le permita a él compartir a su vez con los demás.

José Antonio García Monje

El juicio de las naciones

Cuando este hombre venga con su esplendor acompañado de todos sus ángeles, se sentará en su trono real y reunirán ante él a todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras, y podrá a las ovejas a su derecha y a las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha:

-Venid, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui extranjero y me recogisteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, estuve en la cárcel y fuisteis a verme.

Mateo 25, 31-36

P. Alcemos hoy en coro nuestras voces
para cantar con alegría
los gestos solidarios
que testimonian brillantemente entre nosotros
el corazón magnánimo y dadivoso de nuestro Dios.

A.¡Dichosos los que se olvidan de sí mismos
para mejor servir a los hermanos;
pues, en la salida y vaciamiento de si mismos,
-como ha mostrado Dios en la vida y muerte
de Jesús de Nazaret-
se inicia el camino de su plenitud y resurrección!

L1. Abraham vivía sin vivir en sí mismo:
atrapado por un sistema de acumulación
que aseguraba sus espaldas
mientras amarraba sus pies con cadena
de fuertes dependencias.
Abraham se veía a sí mismo como un pobre ser,
esclavizado entre la maraña de las cosas de la vida…
Hasta que un día acertó a oír en su propia conciencia la voz que lo invitaba a la libertad.

A.: ¡Dichosos quienes, como Abraham,
rompen con la estructura de acumulación!
Dichosos quienes logran “salir de su tierra,
de su casa, de su parentela”
abriendo sus puertas al aire de lo imprevisto y desconocido!
Porque la mayor miseria del hombre
está en vivir pendiente de su propia miseria!

L2. La presencia diaria del drama social,
fruto de la división
entre pobres y ricos, libres y esclavos,
integrados y excluidos
hervía como un volcán en la sangre de Moisés.
Pero un día escuchó el clamor de sus hermanos y, desprendido de su gloria personal,
emprendió con ellos la estrecha y angosta ruta
de la libertad.

A. ¡Felices los que, siguiendo la senda abierta por Moisés,
emprenden un radical desprendimiento
de sí mismos y de sus cosas,
queriendo responder al grito de los pobres
y de las víctimas de este mundo!
Porque el sentido de la vida
no lo da la acumulación de riquezas;
lo da el compartir solidario
con todos los seres de la creación.

L3. La sinagoga de Nazaret se llenó de expectativa cuando el hijo de José y María,
vecinos sin relevancia en el pueblo,
subió al estrado para leer la Escritura santa.
Entonces todos los ojos, fijos en él,
se fueron encendiendo en santa ira:
a la expectación siguió el guiño de ojos,
el balanceo de cabezas y el murmullo.
Con el murmullo creció tal indignación que acabó expulsando a Jesús de la asamblea.
¿Por qué cambia éste nuestro Mesías rey, sacerdote o gran profeta por un simple siervo?
¿Por qué ha de empezar la implantación del reino
por la gente de peor ralea?

A. Nos sentimos orgullosos y aplaudimos
esta apuesta del joven Jesús,
porque es una buena noticia de Dios
-pues en Jesús estaba el Espíritu-.
Mucha gente, siguiendo esta apuesta de Jesús,
está poniendo en serio peligro su vida.
Esto nos mueve a cantar con alegría y gratitud:
SANTO, SANTO, SANTO.
…………………………………….

P. Dios que nos llamas desde un mañana
que sólo a ti pertenece:
No permitas que las seguridades
que amarran nuestros pies
lleguen a borrarnos el fulgor de tu horizonte.

A. Envía a nosotros tu Espíritu
que nos enseñe a descubrir,
bajo el polvo del camino,
la huella que marcó Jesús
en este tierra de promesa y de gracia.

P. Se encarnó, se anonadó,
se vació de si mismo
hasta tal límite de “no tener dónde reclinar la cabeza”.

A. Compartió, se partió
y repartió todo él entre nosotros.
En su corta vida llegó a “amarnos hasta el extremo”.
Así lo quiso expresar en la Cena de despedida,
cuando TOMÓ EL PAN…
…………………………………………………….

P. Esta es la fuerza de nuestra fe
y éste es el reto para una humanidad con esperanza:
hacer una tierra para todos,
una sociedad sin exclusiones;
un mundo sin holocaustos,
una vida sin muertes no aceptadas.

A. Para eso, anunciamos tu muerte, proclamamos…

L4. Aunque nunca lleguemos a sembrarnos
como semilla en campo abierto,
ni lleguemos a empapar, como la lluvia,
la tierra reseca,
es hora de mirar a las víctimas de este sistema que
a nosotros protege
como Dios las mira,
como miembros de su única familia.

L5. Así como, sueltas las amarras,
el barco navega mar adentro,
en la austeridad con alegría
el corazón recupera su libertad.
Pero la felicidad plena,
aun cuando ofrezca todo lo que tengo,
me va a exigir un paso más: ofrecerme a mi mismo,
abrir las puertas de alma
por donde puedan entrar en mi vida los demás.
Ellos serán para mí la buena noticia que me salva.

A. Tuyos son, Señor, los campos
que hemos de cultivar;
tuya es la mies y tuyos son los mismos frutos.
A nosotros nos toca la alegría
de haber sido invitados a compartir;
y también aquella secreta cosecha que se revela
a quienes han decido
hacer de si mismos un ser abierto y gratuito.

P. En tus manos ponemos hoy, Señor,
nuestros muertos, (muertos que no se han perdido
sino que han muerto hacia ti).
Ponemos nuestra Iglesia, no siempre austera
y con entrañas de misericordia,
y nuestro mundo, sumido en permanente holocausto.
Ponemos nuestra tierra, ensangrentada
por las víctimas del desprecio y la indiferencia.
Y nosotros mismos que,
siguiendo las huellas de Jesús, tu testigo mayor,
queremos compartir nuestras cosas
abriendo el corazón a los demás.
Unidos a este mismo Jesús,
proclamamos que tú eres nuestro honor y gloria
Por los siglos de los siglos.

A. Amén. ¡Así es y así queremos que sea
hoy y todos los días de nuestra vida!

ANÁFORA SOBRE EL SILENCIO DE DIOS

Evaristo Villar

Celebraciones
– Autor: Evaristo Villar –
Otra más
 

ANÁFORA SOBRE EL SILENCIO DE DIOS
TEXTOS PARA LAS LECTURAS
ORACIÓN DE LA COMUNIDAD

Parábolas

V Profesión de fe
Dios no es el mar, está en el mar, riela
como luna en el agua, o aparece
como una blanca vela;
en el mar se despierta o se adormece.
Creó la mar, y nace
de la mar cual la nube y la tormenta;
es el Creador y la criatura lo hace;
su aliento es alma, y por el alma alienta.
Yo he de hacerte, mi Dios, cual tú me hiciste,
y para darte el alma que me diste
en mí te he de crear. Que el puro río
de caridad que fluye eternamente,
fluya en mi corazón. ¡Seca, Dios mío,
de una fe sin amor la turbia fuente.

VI
EL Dios que todos llevamos,
el Dios que todos hacemos,
el Dios que todos buscamos
y que nunca encontraremos.
Tres dioses o tres personas
del solo Dios verdadero.

Antonio Machado, Campos de Castilla

El Ausente

Dios insaciable que mi insomnio alimenta;
Dios sediento que refrescas tu eterna sed en mis lágrimas,
Dios vacío que golpeas mi pecho con un puño de piedra,
con un puño de humo,
Dios que me deshabitas,
Dios desierto, peña que mi súplica baña,
Dios que al silencio del hombre que pregunta
contestas con un silencio más grande,
Dios hueco, Dios de nada, mi Dios.

Te he buscado, te busco,
en la árida vigilia, escarabajo
de la razón giratoria:
en los sueños henchidos de presagios equívocos
y en los torrentes negros que el delirio desata…

Te he buscado, te busco,
en la cólera pura de los desesperados,
allí donde los hombres se juntan para morir sin ti,
entre una maldición y una flor degollada.
No, no estabas en ese rostro roto en mil rostros iguales.

Te he buscado, te busco,
entre los restos de la noche en ruinas,
en los despojos de la luz que deserta,
en el niño mendigo que sueña en el asfalto con arena en olas,
junto a perros nocturnos,
rostros de niebla y cuchillada
y desiertas pisadas de tacones sonámbulos.

En mí te busco: ¿eres
mi rostro en el momento de borrarse,
mi nombre que, al decirlo, se dispersa,
eres mi desvanecimiento?

Dios vacío, Dios sordo, Dios mío,
lágrima nuestra, blasfemia,
palabra y silencio del hombre,
signo del llanto, cifra de sangre,
forma terrible de la nada,
araña del miedo,
reverso del tiempo,
gracia del mundo, secreto indecible,
muestra tu faz que aniquila,
que al polvo voy, al fuego impuro.

Octavio Paz

Elías en el monte Horet

ELÍAS caminó durante cuarenta días y cuarenta noches hasta el Horeb, el monte de Dios. Allí se metió en una cueva, donde pasó la noche.

Y el Señor le dirigió la palabra:
-¿Qué haces aquí, Elías?
Respondió:
-Me consume el celo por el Señor, Dios de los ejércitos, porque los israelitas han abandonado tu alianza, han destruido tus altares y asesinado a tus profetas; sólo quedo yo, y me buscan para matarme.

El Señor le dijo:
-Sal y ponte de pie en el monte ante el Señor. ¡El Señor va a pasar!

Vino un huracán tan violento, que descuajaba los montes y hacía trizas las peñas delante del Señor; pero el Señor no estaba en el viento.
Después del viento vino un terremoto; pero el Señor no estaba en el terremoto.
Después del terremoto vino un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego.
Después del fuego se oyó una brisa tenue; al sentirla, Elías se tapó el rostro con el manto, salió afuera y se puso en pie a la entrada de la cueva.

Entonces oyó una voz que le decía:
-¿Qué haces aquí Elías?…

1 Reyes 19, 8-13


El rico y Lázaro

HABÍA un hombre rico que se vestía de púrpura y lino y banqueteaba todos los días espléndidamente. Un mendigo llamado Lázaro estaba echado en el portal, cubierto de llagas. Habría querido llenarse el estómago con lo que tiraban de la mesa del rico; más aún, hasta se le acercaban los perros a lamerle las llagas. Se murió el mendigo, y los ángeles lo pusieron a la mesa al lado de Abrahán. Se murió también el rico, y lo enterraron.

Estando en el abismo, en medio de los tormentos, levantó los ojos, vio de lejos a Abrahán con Lázaro echado a su lado, y gritó:
-Padre Abrahán, ten piedad de mi; manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, que me atormentan estas llamas.
Pero Abrahán le contestó:
-Hijo, recuerda que en vida te tocó a ti lo bueno y a Lázaro lo malo; por eso él ahora encuentra consuelo y tú padeces. Además, entre nosotros y vosotros se abre una sima inmensa; por más que quiera, nadie puede cruzar de aquí para allá ni de allí para acá.
El rico insistió:
-Entonces, padre, por favor, manda a Lázaro a mi casa, porque tengo cinco hermanos: que los prevenga, no sea que acaben también ellos en este lugar de tormento.
Abrahán le contestó:
-Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen.
El rico insistió:
No, no, padre Abrahán; pero si un muerto fuera a verlos, se enmendarían.
Abrahán le replicó:
-Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no le harán caso ni a un muerto que resucite.

Lucas 16, 19-31

P. Estremecidos por la épica guerrera
contra un pueblo crucificado y humillado,
desgarrados por la quiebra de las instituciones
que habíamos creado para la concordia,
agobiados por el chapapote
que abrasa nuestros mares
y la fiebre de usura que esquilma nuestra tierra…
Levantamos el corazón hacia ti, Dios nuestro,
con la voz trémula del salmista
que se siente solo ante el peligro,
con la angustia de los primeros discípulos
que ven cómo la barca se va a pique
mientras Jesús duerme tranquilamente en la proa…
Por si estuvieras dormido,
nos dirigimos a ti para decirte:

A. ¡Dios mío! ¡Dios nuestro!
¿Por qué nos has abandonado?
Te gritamos de día y no respondes,
de noche y no nos haces caso…
¡Sálvanos, Señor, que perecemos!

L1. ¡Recuperad la calma, gente de poca fe!
No temáis ni os dejéis dominar por el pánico,
porque el Señor no va a negar su amor,
ni sus entrañas maternales podrán jamás olvidar a sus hijos.
No se ha agotado aun la misericordia del Señor,
ni su promesa se ha cerrado para siempre.

A. Como calma que sigue a la tormenta, eres tú.
Como luz reciente que anticipa
la mañana, eres tú.
Eres como el gozoso despertar
que sigue a una pesadilla,
como la vida que acaba burlando siempre la muerte,
eres tú.

L2. En Jesús de Nazaret, como en un espejo,
hemos contemplado la densidad de tu presencia:
Todo en su vida -a pesar del "secreto mesiánico"-
fue presencia y gracia.
Desde su palabra y sus gestos
tú estabas en él animando la vida del pueblo,
haciendo justicia a los injustamente tratados por la vida.

A. Gracias, Padre/Madre, porque,
en el amor de Jesús a los pobres y desvalidos,
has demostrado cómo amas tú a tus hijos e hijas;
de sus labios hemos oído,
aun en momentos de abandono,
que no vas a dejarnos huérfanos,
que vas a seguir con nosotros todos los días
hasta la consumación del mundo.

P. Agradecidos por tu amor y tu promesa
te cantamos
: SANTO, SANTO, SANTO…

A. Santo eres, en verdad, Señor.
Lo proclamamos a pesar de tus silencios.
El universo entero es una floración de tu riqueza:
tus manos son recientes en la rosa,
tu presencia y tu gracia son el hondón de cada cosa.

L3. Con el salmista desvelado y siempre en vela,
con la angustia del naufrago pegada a la garganta,
con el dolor de los niños inocentes
que sufren la injusticia de nuestro mundo,
con el cinismo de todas las guerras preventivas y la violencia inacabable sobre la mujer…
experimentamos debilidad en nuestra fe
y nos crece una tormenta de dudas
sobre la eficacia de tu amor y tu poder.

sL4. ¿No eres tú el Dios mayor que todo lo puede?
¿No eres tú el Dios que todo lo crea
como emanación de tu amor inagotable?
¿Por qué te callas ante el clamor sordo
de nuestra humanidad que sufre?
¿Por qué te quedas mudo y cierras tus oídos
ante el grito desgarrado del inocente?

P. Envía sobre nosotros tu Espíritu,
ese Espíritu que en secreto,
como un Dios menor,
acompañó toda la vida de Jesús,
y fue testigo mudo en sus momentos de abandono.

A. Que ese mismo Espíritu
espese en abundancia nuestro pan
y podamos multiplicar los recursos de nuestra ofrenda.
Que ese mismo Espíritu, el de Jesús,
nos disponga a celebrar en fe
lo irrepetible y siempre nuevo de su Pascua.

P. En la noche en que iba a ser entregado,
Jesús tomo el pan…
y lo mismo hizo con la copa de vino…

……………

A. Anunciamos tu muerte y proclamamos tu resurrección
con el respeto debido a la cruz de cada víctima
y con el júbilo de saber que tú, nuestro Dios,
nos justificas a todos con la resurrección y la vida.

P. Acepta ahora, Padre, con la ofrenda de Jesús,
nuestra decisión de abrirnos a tu presencia.

L5. Tú no estás en el huracán que mata,
ni en el fuego que devora nuestras esperanzas;
tampoco estás en el banquete
que deja a Lázaro hambriento en el portal.
Como reconoció finalmente Elías,
tú estás en la suave brisa que pregunta
y que se deja preguntar.

L6. ¿Dónde encontrarte a ti cuando
el planeta azul empieza a tener color de muerte,
cuando se descongelan los casquetes polares
y se agrandan los agujeros de la capa de ozono;
cuando están en llamas nuestros bosques
y escasea el agua dulce en nuestros manantiales,
cuando el ruido de la ciudad
y la contaminación del aire nos va matando?

A. Tú estás en la brisa suave
que golpea tibiamente nuestro rostro,
que cuestiona nuestras prácticas,
que se deja cuestionar su silencio.

L7. Dónde estás tú cuando la enfermedad
y la escasezentran en nuestra casa,
cuando nuevos virus y devastadoras hambrunas
esquilman continentes enteros,
cuando mueren y desaparecen nuestros muertos,
cuando no nos llega el corazón para amar
a quienes ceemos nuestros enemigos?

A. Tú estás a la puerta con Lázaro,
entre la hambruna y la injusticia,
acompañando con ternura a las víctimas
de nuestra insensible humanidad.

L8. Dónde encontrarte cuando
la mujer es discriminada y violentada,
cuando el orgullo y la prepotencia enloquece
a los menguados aprendices de brujos
– los emperadores del mudo éste-,
cuando el estruendo de las guerras
nos hace perder la paz interior…
Cuando tú ya no respondes a nuestras llamadas?…

P. Después de tantas preguntas,
necesitamos quedar a la escucha
de la suave brisa para constatar
que tú, Señor, no te has quedado mudo,
que, en tu silencio aparente,
sigues acompañando con ternura
la aventura de nuestras vidas.

A. Necesitamos hacer
un momento de silencio para reconocernos
personas capaces de dar crédito
a los profetas de hoy y de ayer que,
con el rey David nos gritan:
"confiad en el Señor y haced el bien,
habitad vuestra tierra y cultivad la felicidad".

ANÁFORA SOBRE EL AMOR

Evaristo Villar

Celebraciones
– Autor: Evaristo Villar –
 

ANÁFORA SOBRE EL AMOR
TEXTOS PARA LAS LECTURAS ORACIÓN DE LA COMUNIDAD
SIEMPRE que haya un vacío en tu vida,
llénalo de amor.

En cuanto sepas que tienes delante de ti
un tiempo baldío, ve a buscar el amor.

No pienses: "sufriré". No pienses: "me engañarán".
No pienses: "dudaré".

Ve simplemente, regocijadamente
en busca del amor. Ama como puedas…

Pero ama siempre.

No te preocupes por la finalidad de tu amor.
él lleva en sí mismo su propia finalidad.

No le juzgues incompleto si no responde
a tus ternuras: el amor lleva en sí
su propia plenitud.

Siempre que haya
un vacío en tu vida, llénalo de amor.

Amado Nervo

YA puedo hablar las lenguas de los hombres
y de los ángeles,
que si no tengo amor
no paso de ser una campana ruidosa
o unos platillos estridentes.

Ya puedo hablar inspirado
y penetrar todo el secreto del saber;
ya puedo tener toda la fe,
hasta mover montañas, que,
si no tengo amor, no soy nada.

Ya puedo dar en limosnas todo lo que tengo,
ya puedo dejarme quemar vivo, que,
si no tengo amor de nada me sirve.

El amor es paciente, es afable;
el amor no tiene envidia,
no se jacta no se engríe,
no es grosero ni busca lo suyo.

No se exaspera ni lleva cuentas del mal,
no simpatiza con la injusticia, simpatiza con la verdad.
Disculpa siempre, se fía siempre,
espera siempre, aguanta siempre.

El amor no falla nunca.

1Cor 13,1-6.

P. Bajo el ruido estrepitoso de los tambores de guerra,
pegado el oído al grito desgarrado
de una humanidad dividida,
sobre una tierra, en fin,
chapoteada por la codicia y la usura,
nos llega otra vez, entre sueños,
el ángel de la anunciación pregonando:
"Alegraos, porque también hoy es posible el amor".

L1. Con el Evangelio
de tus buenas noticias en la mano,
nos va emergiendo, Señor,
desde la espesa emulsión de este mundo nuestro,
el contorno verdadero de tu imagen:
Tú eres el Dios del amor; el amor mismo eres tú.

A. Las lágrimas de ternura
que humedecen las mejillas del Padre bueno
y el caluroso abrazo hacia el hijo pródigo, eres tú.
Tú eres la mirada que, infatigable,
espera siempre un regreso
y la corazonada que
deshiela la frialdad del hermano mayor.
Eres tú la desbordante alegría que corona la fiesta.

L2. Gracias, Padre/Madre, porque
en Jesús de Nazaret
hemos contemplado, como en un espejo,
el reflejo de tu amor:
él ha llevado el amor hasta el extremo,
hasta más allá de la vida y de la muerte
.

A. Tú mismo, desde su corazón de hombre,
estabas amando a la humanidad…
Porque "tanto has amado al mundo, Dios nuestro,
que nos has entregado a tu propio Hijo",
unimos hoy nuestras voces para cantarte:
SANTO, SANTO, SANTO.

A. En su forma de entrega
a lo abandonado de este mundo
hemos llegado a descubrir, Dios nuestro,
lo que es llevar la vida hasta el extremo.
Ya el mismo Jesús nos lo había advertido:
"Nadie tiene mayor amor
que el que entrega su vida por los demás"
.

L3. Constatamos en su palabras que,
en cuestión de amor,
no existe el término medio,
no podemos andar buscando equilibrios;
porque "si posees bienes de este mundo
y ves a tu hermano en necesidad,
¿cómo va a estar en ti el amor del Padre?"

A. En su forma de perdonar
y de amar al enemigo
nos ha citado Jesús al borde de lo imposible:
¿Cómo "podríamos amar a Dios
mientras odiamos al hermano?"
Con su mandato del amor nos ha llevado
hasta la puerta de la mayor de las utopías:
"Amad a vuestros enemigos
para que seáis hijos de vuestro Padre del cielo".

P. Envía ahora sobre nosotros tu Espíritu, Señor,
ese Espíritu que guió los pasos de Jesús
por nuestra historia.
Que ese mismo Espíritu
transforme la pobreza de nuestros dones
en pan de vida y en vino de salvación para nosotros
y nos disponga a celebrar la Pascua del Señor Jesús.
Quien, en la noche en que iba a ser entregado…

A. Acepta, Padre, nuestro deseo de superar la frialdad,
y acrecienta, con tu presencia,
nuestra solidaridad y ternura hacia los necesitados
de pan y de afecto, de trabajo y libertad.

L4. Vela, Señor, porque la sabiduría
y el talento de tu Iglesia no se conviertan
en "campana ruidosa o platillo estridente"
donde la misericordia y la ternura estén ausentes.

A. Porque el amor es afable y servicial,
no se jacta ni se engríe,
no es grosero ni busca lo suyo.

L5. Cuida, Señor, de que en tus profetas
y cristianos de la base,
que con ardor y con fe pueden "mover montañas",
no esté nunca ausente la tolerancia y la comprensión.

A. Porque el amor no se irrita,
no toma cuentas del mal,
no se alegra con la injusticia
y simpatiza con la verdad.

L6. No dejes que tus mejores testigos,
los que comparten los bienes y
hasta se dejan quemar vivos por los demás
caigan en la autosatisfacción y la fatuosidad.

A. Porque el amor no es jactancioso ni envidioso,
el amor disculpa siempre, se fía siempre,
espera siempre, aguanta siempre.

L7. Acuérdate de nuestro obispo Pedro
y de nuestros familiares, comuneros y amigos
que ya han muerto y cuye fe sólo tú conoces.

A. Padre de bondad,
permíteles a ellos y a nosotros
gozar la bienaventuranza de tu amor
tierno y jovial;
para que, en el Espíritu de Jesús,
podamos darte alabanza y bendición
por los siglos de los siglos. Amén.

ANÁFORA DE NAVIDAD

Evaristo Villar

Celebraciones
– Autor: Evaristo Villar –
 

ANÁFORA DE NAVIDAD
TEXTOS PARA LAS LECTURAS
ORACIÓN DE LA COMUNIDAD
Experiencia de Dios
y pasión por el pueblo

* Feliz aquél que ama y vive, por la fe, en su presencia.
El que cree, ora y tiene tiempo
para participar en las celebraciones de la comunidad.

* Feliz aquél que reconoce a Dios como el Padre
que cuida celosamente de sus hijos.
No hagas de él un negociante,
recordándolo sólo a la hora de pedirle favores
y a cambio de las promesas que le hagas.

* Feliz aquél que ha descubierto que el verdadero Dios
camina con el pueblo y quiere su liberación.
No digas que es voluntad de Dios la explotación,
la miseria, la injusticia, la existencia de ricos y pobres.

* Feliz aquél que sabe que seguir a Jesús
es vivir en comunidad,
siempre unido al Padre y a los hermanos.
No te engañes: quien se aleja de Dios,
quien persigue a la comunidad, persigue a Dios.

* Feliz aquél que respeta y trata a todos como iguales,
como hermanos de verdad.
No es verdadero cristiano quien desprecia al indio,
al negro, al peón, al anciano,
a la prostituta, al pobre

* Feliz aquél que confía en los compañeros.
El mundo será mejor cuando el menor que padece
sepa confiar en el menor.
No confíes en las promesas de los grandes.
No pretendas apoyarte
en el "árbol que da mucha sombra".
Acuerdo de patrón y trabajador
no puede dar resultado

* Feliz aquél que cree que la vida
y el buen nombre de los compañeros
vale más que todo el oro del mundo.
No es cristiano el que se deja llevar por la venganza,
el que no sabe perdonar,
el que levanta falso testimonio,
el que traiciona a los compañeros.

* Feliz aquél que ama y respeta a su familia:
el marido, la mujer, los hijos, los padres.
No estropees tu vida y la fidelidad a tu familia
con tiranías, con el juego, en borracheras,
en la prostitución.

* Feliz aquél que sabe que su dignidad personal
es sagrada.
No vendas tu conciencia, tu libertad, tu voto
por dinero, empleo, ventajas.

* Feliz aquél que ha descubierto que
la verdadera religión consiste
en amar a Dios como Padre
y al prójimo como hermano:
– trabajando por el Reino de Dios,
– estando al lado de los más débiles,
– no acobardándose nunca,
ni siquiera en las dificultades y persecuciones,
– luchando por la liberación,
en las organizaciones populares,
en el sindicato, en la política, en la comunidad.
Feliz aquél que ama y vive, por la fe, en su presencia.

Pedro Casaldáliga


Nacimiento de Jesús

Por entonces salió un decreto del emperador Augusto, mandando hacer un censo del mundo entero. Este fue el primer censo que se hizo siendo Quirino gobernador de Siria. Todos iban a inscribirse, cada cual en su ciudad. También José, que era de la estirpe y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret, en galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén, en Judea, para inscribirse con su esposa, María, que estaba encinta. Estando allí le llegó el tiempo de su parto y dio a luz a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no encontraron sitio en la posada.

En las cercanías había unos pastores que pasaban la noche a la intemperie, velando el rebaño por turno. Se les presentó el ángel del Señor: la gloria del Señor los envolvió de claridad, y se asustaron mucho.

El ángel les dijo:
-Tranquilizaos, mirad que os traigo una buena noticia, una gran alegría, que será para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un salvador: el Mesías, el Señor. Y os doy esta señal: Encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.

De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios diciendo:

Gloria a Dios en el cielo
y paz en la tierra a los hombres,
que él quiere tanto.

Al marcharse los ángeles al cielo, los pastores se decían unos a otros:
– Vamos derechos a Belén a ver eso que ha pasado y que nos ha anunciado el Señor.

Fueron corriendo y encontraron a María, a José y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, le contaron lo que les habían dicho del niño. Todos los que lo oyeron se admiraban de lo que les decían los pastores. María, por siu parte, conservaba el recuerdo de todo esto, meditándolo en su interior. Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por lo que habían visto y oído; todo como se lo habían contado.

Lucas 2,1.20

P. Venid, aclamad todas las voces al Señor,
recuperad el aire de fiesta,
restableced la alegría y la cordialidad
para acoger,
con la ingenua candidez de un niño,
la nueva venida de Dios,
cargado de promesa, de presencia, de gracia.

L1. Levantad el ánimo, mirad,
los mensajeros de la Buena Noticia
ya están a las puertas de la ciudad.
Desplegad todos los puentes levadizos,
derribad los muros,
asomad vuestra alegría al alfeizar de todas las ventanas,
llenad de luz y de agua todas las rotondas y plazas.
Porque, a pesar del ruido y la visera de humo
que cubre nuestros tejados,
todavía es posible el milagro de una nueva primavera.
¡Abrid vuestros corazones al Señor que se acerca!

A. ¡“Christus natus est nobis”!,
Nos ha nacido un Salvador:
para derribar las murallas que
nos impiden mirar al horizonte;
para abrir los ojos a lo sorprendente
y lo nuevo, lo inesperado y la utopía.
“La gloria del Señor
nos invade hoy de claridad”.

L2. Ya ha venido y está llegando nuevamente el Señor.
No perdáis la ocasión, salid a recibirle
como habéis hecho otras veces:
cuando tuvisteis tierra para acogerle
el día que llegó creando las cosas,
cuando tuvisteis palabra para hacer alianza con él en Abraham y Moisés;
cuando tuvisteis paja en un pesebrepara recibirle
el día que quiso compartir nuestra tienda
y abrirla hasta los confines del mundo.
Hoy llega ofreciéndonos la posibilidad de un mundo otro.
¡Salid con alegría a recibirle!

A. ¡Christus natus est nobis!
Nos ha nacido Cristo, el Señor.
Como cauce que recibe la crecida de las aguas,
te acogemos, Señor;
como piedras que hacen sonoro el cristal del río,
anunciaremos tu presencia
desde la justicia y la paz.
Porque la paz
en la tierra de los hombres que tú amas
será siempre el mayor reflejo de tu presencia.
“Gloria de Dios en el cielo”.

P. Juntemos en un solo coro
todas nuestras voces y dediquemos
con todas las criaturas
este canto de bienvenida y alabanza
al Señor de nuestra tierra y nuestra historia.

A. . SANTO, SANTO, SANTO, SANTO,
SANTO, SANTO ES NUESTRO DIOS.
SEÑOR DE TODA LA HISTORIA,
SANTO, SANTO ES NUESTRO DIOS.

SANTO, SANTO, SANTO, SANTO,
SANTO, SANTO ES NUESTRO DIOS.
SEÑOR DE TODA LA HISTORIA,
SANTO, SANTO ES NUESTRO DIOS.

Que acompaña a nuestro pueblo,
que vive en nuestras luchas,
del universo entero el único Señor.
Benditos los que en su nombre el Evangelio anuncian,
la buena y gran noticia de la liberación.

SANTO, SANTO, SANTO, SANTO,
SANTO, SANTO ES NUESTRO DIOS…

P. Los que aún mantenéis firme la capacidad
de sorpresa venid, mirad, ved, adorad.
¡Es una nueva Creación! Nos ha nacido un Niño
que trae en sus manos la utopía.

L3. No intentéis manipular a este Niño
como se manipula a un “dios” cualquiera.
Este Niño ya ha tenido que superar
muchos belenes: nuestros belenes
personales y familiares,
nuestros belenes nacionales y eclesiales.
Nos ha nacido un Niño que,
en su edad adulta, se rebeló
contra los doctores que pretendieron
enseñarle nuestras malas lecciones,
contra las escuelas que intentaron domesticarlo
y hacerlo un “dios” a nuestra medida.

A. En esta Noche santa, Dios se acerca a nosotros
con la novedad de quien nace cada día.
Permítenos, Dios alegre y jovial,
recordar ahora con agradecimiento
aquel tu bello gesto de madurez,
realizado en la noche de despedida.

P. Los ojos entornados sobre el pan,
el corazón volcado sobre el mundo
y las manos alargando el gesto maternal de amor y profecía: TOMAD Y COMED…
Y luego hizo el mismo gesto con la copa:
TOMAD Y BEBED…

Canto coral: Adeste fideles
……………………………..

P. La Navidad sigue siendo posible porque,
a pesar de todo,
un Niño está naciendo todavía
y el corazón del mundo sigue amando.

L4. Hay entre nosotros familias
que acogen algún niño abandonado,
a los niños de la guerra,
a los niños del hambre y el SIDA,
a los niños no queridos…
Los cuidan, los alimentan,
los rodean de cariño, los educan.
Con mucha generosidad y entrega
llegan a decirle:
“No temas, mi niño, tú eres para mi un hijo”.

A. Personas hay entre nosotros que gastan su vida,
como lámpara que se agota,
al lado de un anciano o de un enfermo terminal,
entre los presos de la cárcel o los sintecho
que dolorizan nuestras calles…
Y lo hacen con cariño, con alegría,
quizás también con agradecimiento.
Pues, cada vez que esto ocurre,
se hace presente la Navidad.

L5. Hay entre nosotros quienes,
contra la exclusión del inmigrante y el diferente,
ponen en riesgo su propia comodidad
y la seguridad de su hogar; quienes,
compartiendo lo que son y lo que tienen,
son, aunque no lo pretendan,
un desafío profético al consumismo,
a la acumulación y al empobrecimiento;
hay quienes, convencidos de la común humanidad
de todos los seres humanos,
ponen su tienda entre los pobres y los más frágiles
y defienden con ellos su dignidad y su derecho a la vida.

A. Nosotros, también seres humanos,
hijos e hijas de esta tierra,
nuestro hogar y casa común,
reunidos en el aniversario del nacimiento de Dios
en nuestro mundo, declaramos que,
cuando se dan estos gestos,
la tierra se enriquece, la humanidad se ennoblece
y vuelven a cantar los ángeles desde el cielo
la Gloria de Dios:
porque sigue siendo Navidad.

P. Pues, unidos a María y José,
hagamos con Jesús un brindis a Dios Padre
por todas las buenas noticias que
están sucediendo en nuestro mundo:

POR CRISTO

ANÁFORA DE LA ASCENSIÓN

Evaristo Villar

Celebraciones
– Autor: Evaristo Villar –
 

ANÁFORA DE LA ASCENSIÓN
TREXTOS PARA LAS LECTURAS
ORACIÓN DE LA COMUNIDAD
Aquí vino … y se fue
vino …., nos marcó nuestra tarea
y se fue.
Tal vez detrás de aquella nube
hay alguien que trabaja
lo mismo que nosotros,
y tal vez las estrellas
no son más que ventanas encendidas
de una fábrica
donde Dios tiene que repartir
una labor también.

Aquí vino … y se fue.
vino …, llenó nuestra caja de caudales
con millones de siglos y de siglos,
nos dejó unas herramientas….
y se fue.
Él, que lo sabe todo,
sabe que estando solos,
sin dioses que nos miren,
trabajamos mejor.

Detrás de ti no hay nadie. Nadie.
Ni un maestro, ni un amo, ni un patrón.
Pero tuyo es el tiempo.
El tiempo y esa gubia
con que Dios comenzó la creación.
Poema de León Felipe

Fue a ellos a quienes se presentó después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, y, dejándose ver de ellos durante cuarenta días, les habló del reinado de Dios.
Una vez que comían juntos les recomendó:
– No os alejéis de Jerusalén; aguardad a que se cumpla la promesa del Padre, de la que yo os he hablado. Juan bautizó con agua, vosotros, en cambio, dentro de pocos días seréis bautizados con Espíritu Santo.
Entonces los que se habían reunido le preguntaron:
– Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el Reino para Israel?.
El contestó:
– No os toca a vosotros conocer los tiempos y las fechas que el Padre ha reservado a su autoridad. Pero recibiréis una fuerza, el Espíritu Santo que descenderá sobre vosotros, para ser testigos míos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo.

Dicho esto, lo vieron subir, hasta que una nube lo oculto a sus ojos. Mientras miraban fijos al cielo viéndole irse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron:
– Galileos, ¿que hacéis ahí plantados mirando al cielo?. El mismo Jesús que se han llevado de aquí al cielo volverá como lo habéis visto marcharse.
Hechos. 1, 3-11

P. Venid, aclamemos al Señor con alegría, con esperanza
en la fiesta de la Ascensión de Jesús.
Porque, rotas las amarras que nos fijaban al muelle,
ya estamos navegando mar adentro.

Asamblea. Como la aurora que enciende la mañana,
como el silencioso despertar de la crisálida
Jesús entra en la Vida desde la vida.

L1. El se va pero se queda,
ausencia de una presencia fascinante,
presencia inefable de una ausencia.
Como el perfume que, generoso, se derrama
desde el manantial inagotable de la rosa.

Asamblea. Todo es presencia y todo es gracia
bajo la figura aparente de las cosas.
Misterio que, como semilla enterrada en el surco,
evoca y provoca el beso cálido y fecundo de la primavera.

.L2. Se va, pero se queda el que alza la nube a la altura
y, sobre la tierra sedienta, suelta las aguas del río.
Sus manos son recientes en la rosa,
está de corazón en cada cosa.

Asamblea. Todo es presencia, todo es gracia
entre la tierra y el cielo.
Vivir es este encuentro: él por el agua y por la luz
nosotros por la sed y el deseo.
La vida es madre de la Vida.

P. Agradecidos, Señor, a la vida que nos une a la Vida,
estremecidos por tu presencia queda en las cosas
te expresamos nuestra alegría cantando:

SANTO,SANTO,SANTO, SANTO…

P. Reunidos, Señor, en torno a esta mesa,
se nos agolpan los recuerdos:
Te vieron, con pesar, alejarte nuestros ojos;
nuestros oídos cargaron el mayor de tus encargos:
“seréis mis testigos hasta los confines de la tierra”.

Asamblea. Danos, Señor, ese tu Espíritu de vigor y de fuerza
que quisiste que fuera morada y signo de tu presencia.

L3. “No nos toca a nosotros señalar los tiempos
que Dios Padre y Madre ha señalado para implantar su reino”.
¿Para qué seguir mirando al cielo?
En la comunidad y en el compartir está nuestro “kairos”
La unión y el reparto universal
manifiestan tu presencia y tu gracia.

Asamblea. Envía sobre nosotros
ese tu Espíritu que nos unja, y,
como a Jesús de Nazaret, nos envíe a dar las buenas noticias.
Que nos alumbre la fe y que lleguemos a descubrir
en el pan y el vino el mayor signo del reino:

P. En la noche en que iba a ser entregado…

P. Proclamamos ahora tu muerte
y aclamamos tu resurrección /ascensión,
conscientes de que a cada instante
estás llegando a nuestro mundo.
Tú estarás con nosotros hasta la consumación de la historia.
Te confiamos ahora nuestras preocupaciones y esperanzas:

L4. Nos faltas, tú nos faltas, Señor de la Ascensión:
aunque te nombremos siempre, no estás con nosotros;
estás ente las nubes donde nuestra voz no alcanza;
como el sol tras la lluvia
no siempre logras encender nuestra oscuridad.
Eres como esa ciudad tras la montaña.

Asamblea. Y nosotros te necesitamos cerca,
necesitamos que estés con nosotros
para acompañar nuestras luchas
por la dignidad y la justicia, por la honestidad y la paz.

L5. Nos faltas, Señor, tú nos faltas.
No estás dentro de nosotros.
Sentimos el vacío como una boca hambrienta,
como un mar que se pierde en el infinito.
Si estuvieras en nosotros te hablaríamos
de las cosas que nos pasan:
del amor y del odio, de la alegría y de la pena,
de la vida y de la muerte. Te diríamos simplemente:
nos cuesta hacer comunidad, nos cuesta compartir…

Asamblea. Pero tú, cumple tu promesa, Señor.
Te necesitamos cerca para luchar contra
la pobreza y el hambre,
para atajar la violencia y rebajar los poderes altivos,
para ser un poco más respetuosos,
cuidadosos y humanos con todos.

L6. Tú nos faltas, Señor de las promesas:
No nos has dado este mundo para gozarlo,
sino para que lo hagamos palabra.
Y, una vez que ya el mundo tiene voz propia,
nos quedamos sin él como se queda sin capullo la crisálida.
Tú nos faltas en la Iglesia, en la historia, en nosotros mismos
¿Dónde has dejado tus promesas?

Asamblea. Pero más grande que tu ausencia
es la seguridad de tu presencia:
guarda nuestros corazones vigilantes,
da paz a nuestros muertos; acoge en ti las rosas muertas,
porque, con sus alas, han rozado nuestras vidas.
Dales en ti y desde ti todo lo que esperaron en Jesucristo
Nuestro Señor. Amén.

ANÁFORA DE LOS REYES MAGOS

Evaristo Villar

Celebraciones
– Autor: Evaristo Villar –
 

ANÁFORA DE LOS REYES MAGOS
TEXTOS PARA LAS LECTURAS
ORACIÓN DE LA COMUNIDAD
Los Tres Reyes Magos

-Yo soy Gaspar. Aquí traigo el incienso.
Vengo a decir: La vida es pura y bella.
Existe Dios. El amor es inmenso.
¡Todo lo sé por la divina Estrella!

-Yo soy Melchor. La mirra aroma todo.
Existe Dios. Él es la luz del día.
La blanca flor tiene sus pies en lodo.
¡Y en el placer hay la melancolía!

-Yo soy Baltasar. Traigo el oro. Aseguro
que existe Dios. Él es el grande y fuerte.
Todo lo sé por el lucero puro
que brilla en la diadema de la Muerte.

-Gaspar, Melchor y Baltasar, callaos.
Triunfa el amor, y a su fiesta os convida.
¡Cristo resurge, hace la luz del caos
y tiene la corona de la Vida!

Rubén Darío

Epifanía

¿Sólo para los tres Magos
esa tu palabra inmensa?
¿Sólo tres vasallos, Rey… ?
¡No malgastes la estrella!
Que se congreguen en tu gruta
todas las caravanas de la tierra.
Llama a las del Oriente entumecido
—que trajo las primeras
y en la hora del alba—. Al Occidente
llámalo… como si no estuviera.

¡Todas a Ti, aunque se turbe Herodes!
(¿No quieres, Madre, que tu Fruto sea
para todos, como el de Eva…?)

Pedro Casaldáliga


La luz de la nueva Jerusalén

¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz;
la gloria del Señor amanece sobre ti!
Mira: las tinieblas cubren la tierra;
los oscuridad, los pueblos;
pero sobre ti amanecerá el Señor,
su gloria aparecerá sobre ti;
y caminarán los pueblos a tu luz,
los reyes al resplandor de tu aurora.

Echa una mirada en torno, mira:
todos esos se ha reunido, vienen a ti;
tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las taren en brazos.
Entonces lo verás, radiante de alegría;
tu corazón se asombrará, se ensanchará,
cuando vuelquen sobre ti los tesoros del mar
y te traigan las riquezas de los pueblos.

Te inundará una multitud de camellos,
de dromedarios de Madián y de Efá.
Vienen todos de Sabá, trayendo incienso y oro
y proclamando las alabanzas del Señor.
A los rebaños de Cadar los reunirán para ti
y los carneros de Nebayot estarán a tu servicio;
subirán a mi altar como víctimas gratas
y honraré mi noble casa.

¿Quiénes son esos que vuelan como nubes
y como palomas alLpalomar?
Son navíos que acuden a mí
en primera línea las naves de Tarsis,
para traer a tus hijos de lejos,
y con ellos su plata y su oro,
por la fama del Señor, tu Dios,
del santo de Israel, que así te honra.

Isaías 60, 1-9

Visita de los Magos

Jesús nació en belén de Judea en tiempos del rey Herodes. En esto, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:
-¿Dónde está ese rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a rendirle homenaje.

Al enterarse el rey Herodes se sobresaltó, y con él Jerusalén entera; convocó a todos los sumos sacerdotes y letrados del pueblo, y les pidió información sobre dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron:
– En Belén de Judea, así lo escribió el profeta:

Y tú, Belén, tierra de Judá,
no eres ni mucho menos la última
de las ciudades de Judá;
pues de ti saldrá un jefe
que será pastor de mi pueblo, Israel

(Miq 5,1).

Entonces Herodes llamó en secreto a los magos, para que le precisaran cuándo había aparecido la estrella; luego los mandó a Belén encargándoles:
-Averiguad exactamente qué hay de ese niño y, cuando lo encontréis, avisadme par ir yo también a rendirle homenaje.

Con este encargo del rey, se pusieron en camino; de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta pararse encima de donde estaba el niño. Ver la estrella les dio muchísima alegría.

Al entrar en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas le rindieron homenaje; luego abrieron sus cofres y como regalos le ofrecieron oro, incienso y mirra.

Avisados en sueños de que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.

Mateo 2,1-12

P. Alcemos nuestras voces como el Spirit
para elevar a Dios nuestra alabanza.
Decid los que vivís acosados por el tiempo:
el Señor es nuestro ahora, nuestro siempre.
Los que os fatigáis siguiendo el curso de los acontecimientos:
el Señor es la noticia, nuestro evangelio;
decid los que andáis tentados por el tener y la acumulación:
el Señor es nuestra dádiva, nuestro único bien;
y, en fin, los que os sentís sin afecto y olvidados:
el Señor es nuestro hogar y nuestro consuelo.

A. Porque el hallazgo
más valioso para el hombre
está en saber cambiar de mentalidad y el corazón;
su búsqueda más certera:
el rescate de la verdad y del gozo
que anida en el secreto íntimo de las cosas.
Porque “donde está tu tesoro, allí está tu corazón”.

L1. Como las múltiples aguas del subsuelo
se agolpan y brotan en la superficie,
anegando y fertilizando la tierra;
como la raíz, que mantiene en pie al árbol,
llena de vida sus ramas y hojas, sus flores y frutos,
también la dádiva del tiempo y los saberes,
los bienes y los afectos nace siempre desde dentro,
desde el hondón del alma,
religando y solidarizando en su expansión
todas las cosas que toca.

L2. Con la terca repetición del reloj,
que vuelve al mismo punto en cada ciclo,
vuelve cada año la fiesta de los reyes magos
para recordarnos la pasión por la búsqueda
y el gozo del hallazgo y de la entrega.

A. De rodillas ante el pesebre,
bajo la luz caminante de la estrella,
los magos adoran a Dios, misteriosamente
velado sobre las pajas de un pesebre;
y le ofrecen su tiempo y sus saberes,
su afecto junto con los dones.
Porque quien encuentra un tesoro
en el campo o una perla de gran valor
vende cuanto tiene para adquirirlos.

P. En el siguiente canto nos unimos
al coro universal de la creación y del cosmos
para expresar nuestro reconocimiento
y nuestra alabanza al Dios
que, veladamente oculto,
se revela a quien lo busca con pasión:

A. SANTO, SANTO, SANTO …
…………………………………….

P. Epifanía está siempre al alcance de la mano,
coronando el final de una búsqueda que,
hecha con fe y esperanza,
hace posible la dádiva y la entrega, la caridad.
La epifanía, como la vida misma,
es presencia y promesa:
sin donación no es posible la existencia,
pero la dádiva tampoco es posible
sin la promesa de lo inesperado.

L3. Como aprendimos del genial libro
"El Nombre de la Rosa":
levantas el nombre,
desentrañas el símbolo,
y allí está, fresca y lozana, está la rosa.
Lo mismo pasa en la Epifanía:
quitas los reyes y apagas la estrella,
apartas el oro, el incienso y la mirra
y allí está, palpitante y viva,
la búsqueda, el hallazgo y la entrega.

A. Lo entendió bien Jesús
haciendo de su vida una dádiva
y de su historia personal una promesa.

P. Te pedimos, Padre, que hagas bajar
hasta nosotros esa estrella,
que es la presencia del Espíritu, para que,
a su luz, podamos desvelar tu presencia
en la entrega generosa de Jesús.
Quien, en la noche en que iba a ser entregado….
……………………………………..

P. Desde el lenguaje velado de estos símbolos,
como desde la presencia secreta de Dios
en la vida de Jesús,
reconocemos y proclamamos que
aquí está Jesucristo,sacramento para nuestra fe,
nuestra esperanza y caridad.

L4. Como el pez, sumergido en la corriente del río,
pierde la noción del agua, nosotros,
envueltos en la voracidad del tiempo,
perdemos el rastro de la vida:
de la vida que nace y crece,
de la vida que se da en amor
y del amor que se da en vida,
de la vida que se recibe por amor
y del amor que se recibe en la vida.
Vivimos superficialmente cuando reservamos
para nosotros el tiempo,
olvidándonos de que somos
parte importante de la Gran Vida.

L5. No por disfrutar de muchos placeres
se alcanza mayor felicidad;
tampoco la acumulación de noticias
va a hacer de ti una persona mejor informada;
la realidad siempre es dialéctica
y precisa desvelar su sentido:
al otro extremo del amor
puede estar creciendo el odio.
Ver solamente la cara oscura de la realidad
te asemeja a quien, en el rosal, ve sólo las espinas
sin disfrutar de la belleza de la flor.

A. Haz, Señor, que nuestra denuncia
de los males de este mundo
no nos prive de reconocer la justicia y el amor,
la generosidad y la ternura
de quienes están haciendo de su vida
un don gratuito y una dádiva.
“Porque toda buena dádiva y todo don perfecto
desciende del Padre de las luces”.

L6. Nuestra enfermedad social es el egoísmo
que se impone descaradamente:
(es bueno todo lo que favorece mis intereses,
mi ambición, mi pasión por acumular…).
Pero también hay personas que,
con generosidad sin límite y servicio desinteresado,
dan luz y calor a este mundo nuestro
frío y calculador.

A. Oh Señor, siguiendo la donación
y entrega absoluta de Jesús,
vamos a poner el corazón en las personas
y en las cosas de nuestro ancho mundo.
Porque la generosidad atrae generosidad;
y lo que somos, eso provocamos en los demás.
Anima tú con tu gracia y tu presencia
esta nuestra decisión.
Te lo pedimos por Jesucristo, tu testigo
y nuestro hermano mayor. Amén.

ANAFORA DE SANTO TOMÁS DE AQUINO

Evaristo Villar

Celebraciones
– Autor: Evaristo Villar –
 

ANÁFORA DE SANTO TOMÁS DE AQUINO
TEXTOS PARA LAS LECTURAS
ORACIÓN DE LA COMUNIDAD
Oración con el Universo

Oh Señor, yo te rezo con todo el Universo.
Yo solo ya no acierto; yo ya no sé quererte
ni sé lanzar el grito gigantesco que suba
hasta tu Silla y te haga asomarte a mirarme.

Pero el mundo te reza y yo me hundo en su río
para subir con él a traspasar tus nubes.
Quiero hacer inconsciente mi voz; hacerla digna
de estar entre las cosas para llamarte a ti.

Te rezo con la humilde sumisión de las cosas;
con la larga palabra de la lluvia, lamiendo
como una vaca el mundo y esfumando la angustia
de la arista y lo hueco en su bruma sonora;
con la oración del viento, que nunca se termina
y se olvida del rezo a fuerza de rezar;
con la exclamación verde del árbol, que levanta
a ti sus brazos desde su estatura de tiempo;
con la obediencia humilde y graciosa del pájaro
que canta entusiasmado y no sabe por qué;
con el insecto oscuro, que no sabe que existe;
con la sorpresa virgen del sol cada mañana
empezando de nuevo todo desde el principio;
con la constancia terca del mar contra la orilla
gritando, eterno y vano, igual que un toro ciego;
con las voces pequeñas de la hierba, que logra
teñir de verde el suelo a fuerza de humildad;
con el astro, en la misma órbita sin cansarse…

Con todo el Universo, que al moverse pronuncia
una sola palabra -tu Nombre- y ha olvidado
lo que quiere decir, a fuerza de decirla…

Llueve, Señor, un día en mis secos barbechos…
Yo quiero la constancia y humildad de las cosas
para rogarte siempre que bajes hasta mi…

José María Valverde

El ciego de Siloé

Al pasar vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento. Sus discípulos le preguntaron:
– Maestro, ¿quién tuvo la culpa de que naciera ciego: él o sus padres?

Jesús contestó:
– Ni él ni sus padres. Está ciego para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día tenemos que hacer las obras que nos encarga el que me envió; se acerca la noche, en que no se puede trabajar. Mientras estoy en el mundo soy la luz del mundo.

Entonces escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo:
– Ve a lavarte en la piscina de Siloé (que significa "el Enviado").

El ciego fue entonces a lavarse y volvió con vista. Los vecinos y los que antes solían verle pedir limosna preguntaban:
– ¿No es ése el que se sentaba a pedir?

Unos decían:
– El mismo.

Otros, en cambio:
– No es él, pero se le parece.

Él respondía:
– Soy yo.

Entonces le preguntaban:
– ¿Cómo se te han abierto los ojos?

Contestó:
– Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuera a lavarme a Siloé; fui, me lavé y empecé a ver.

Le preguntaron:
– ¿Dónde está ése?

Contestó:
– No sé.

Llevaron a los fariseos al que había sido ciego. (El día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos era sábado). Los fariseos, a su vez, le preguntaron cómo había conseguido la vista. El les contestó:
– Me puso barro en los ojos, me lavé y veo.

Algunos fariseos comentaban:
– Ese hombre no guarda el sábado; no puede venir de parte de Dios.

Pero otros replicaban:
– Y ¿cómo puede un pecador realizar semejantes señales?

Estaban divididos y le preguntaron otra vez al ciego:
– A ti te ha abierto los ojos, ¿qué piensas tú de él?

Respondió:
– Que es un profeta.

Los dirigentes judíos no creyeron que antes era ciego y que había conseguido la vista hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron:
– ¿Es éste el hijo vuestro que decís que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?

Contestaron los padres:
– Sabemos que es nuestro hijo y que nació ciego; cómo es que ahora ve no lo sabemos, y quién le ha abierto los ojos, tampoco. Preguntádselo a él, que ya es mayor y puede explicarse.

Los padres contestaron así por miedo a los dirigentes judíos, porque éstos habían ya convenido en excomulgar a quien reconociera que Jesús era el Mesías. Por eso dijeron: "Ya es mayor, preguntádselo a él".

Llamaron otra vez al que había sido ciego y le dijeron:
– A nosotros nos consta que ese hombre es un pecador; reconócelo tú.

El contestó:
– Si es pecador o no, no lo sé; lo único que sé es que yo era ciego y ahora veo.

Insistieron:
– ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?

Contestó:
– Ya os lo he dicho y no me habéis hecho caso; ¿para qué queréis oírlo otra vez?¿Es que queréis haceros discípulos suyos también vosotros?

Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron:
– Discípulo de ése lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés. A nosotros nos consta que a Moisés le habló Dios, pero ése no sabemos de dónde procede.

Replicó él:
– Pues eso es lo raro, que no sepáis de dónde procede cuando me ha abierto lo ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es religioso y cumple su voluntad. Jamás se ha oído decir que nadie le haya abierto los ojos a un ciego de nacimiento; si éste no procediera de Dios, no podría hacer nada.

Le replicaron:
– Empecatado naciste de arriba abajo, ¡y vas tú a darnos lecciones a nosotros!
Y lo expulsaron.

Se enteró Jesús de que lo habían expulsado, fue a buscarlo y le preguntó:
– ¿Tú crees en el Hombre aquel?

Contestó:
– Dime quién es, Señor, para creer en él.

Jesús le dijo:
– Ya lo estás viendo, es el mismo que habla contigo.

Declaró él:
– Creo, Señor.
Y se postró ante él.

Jesús añadió:
-Yo he venido a este mundo para abrir un proceso; así, los que no ven, verán, y los que ven, quedarán ciegos.

Juan 9, 1-39

P. ¿Cómo podremos, Señor, bendecirte
y darte gracias a ti
que eres un Dios sorprendente y siempre nuevo,
nosotros, tan seguros en nuestras posiciones,
tan inmovilistas y reacios a lo desconocido?

A.. Tú, Señor, eres la luz que rasga las tinieblas,
tú vas siempre delante, abriendo camino,
dando la cara, rompiendo los sellos del futuro.

L1. Nosotros vivimos presos de la manía:
nos agarramos tozudamente a lo heredado,
conservamos como un tesoro las cosas viejas,
siempre avanzando en la historia
con la cabeza vuelta hacia el pasado.
¿No estamos corriendo el riesgo
de convertirnos en estatuas de sal?
¿No estamos olvidando aquella máxima de Jesús:
"Quien pone la mano en el arado
y vuelve la vista atrás,
no es digno de mi?"

A. Tú, Señor, eres lámpara para mis ojos inciertos,
luz y fortaleza para la indecisión de mis pasos.

L2. No somos la sal
que se disuelve en la tierra,
ni la luz que alumbra desde el candelero.
¿Por qué nos identificamos más con la roca
que afirma sus solidez en la tierra
que con la grácil silueta del ciervo
que se encarama en la montaña?
¿De dónde nos nace tanta firmeza
para mantener las viejas costumbres
y la inmovilidad de confusas tradiciones?

A. Hoy te damos gracias
y te bendecimos, Señor,
por los hombres y mujeres inquietos y buscadores
que, como el ciego de Jerusalén en Siloé,
están rompiendo las falsas seguridades del presente
y se abren con decisión a los nuevos signos
de nuestro tiempo.

L3. Así lo hizo Jesús y en ello le fue la vida:
rompió con las falsas tradiciones
del judaísmo de su tiempo
y abrió el espíritu humano
hacia lo desconocido del Reino.
Así lo hizo Tomás de Aquino
abriendo la razón cristiana
a la nueva enculturación del Islam y de Grecia.
Así lo están haciendo también hoy quienes,
desde el centro o desde la periferia
de esta nuestra Iglesia inmovilista,
están respondiendo a los desafíos históricos
de nuestros días y reaccionan
contra el neoliberalismo y las guerras del imperio.

P. Envíanos, Señor, tu Espíritu,
siempre nuevo y renovador, para que,
siguiendo estos bellos testimonios de nuestra historia,
podamos alabar tu sorprendente aventura,
cantando:

A. SANTO, SANTO, SANTO …
…………………………………….

P. Recordamos ahora a Jesús,
luz perenne sobre el candelero de la historia:
escuchemos su evangelio de las buenas noticias,
recordemos sus gestos inconformistas
y revolucionarios,
su vida antisistema y no exenta de conflictos,
en la que nos ofrece un camino
para avanzar hacia el Reino.

A. Jesús no se acomodó a las seguridades de su tiempo,
ni al orgullo de su raza,
ni al destino de su pueblo:
rompió las barreras de una religión privatizada,
apostó por la justicia más allá de la ley,
transgredió las tradiciones humanas,
declaró la guerra a todo lo caduco
y se abrió como la luz
al nuevo mundo de las bienaventuranzas.

L4. Jesús aceptó a cuerpo limpio el conflicto
con los poderes fácticos de su tiempo,
perdió la apuesta y le mataron en la cruz;
pero Dios Padre lo rehabilitó
y lo proclamó Señor de la historia.

P. Sobre la esperanza de tantas víctimas,
matadas por el Reino,
apoyamos hoy nuestra fe
y nos atrevemos a hacer en su memoria
los gestos que Jesús realizó
en la cena de despedida: ….
……………………………………..

A. Padre nuestro,
confesamos que en este pan y en este vino
está presente entre nosotros
el Espíritu de Jesús de Nazaret,
que nos amó hasta dar la vida por nuestra vida
y que nos prometió estar siempre a nuestro lado
hasta hacer de este mundo un reflejo de tu Reino.

L5. Te presentamos ahora
nuestras preocupaciones y necesidades:
Te presentamos esta comunidad nuestra
y te pedimos que esta etapa,
que estamos atravesando con éxito
y que nos está haciendo más responsables
y participativos,
no nos encierre en la seguridad
de una sociedad de amigos bien acomodada;
que nos abra desde la fe a los muchos retos
del mundo de hoy,
que nos asocie a la lucha por un mundo
y una sociedad más justos, más pacíficos y libres.

L6. Que los hombres y mujeres
que están luchando por un mundo en el que
se superen los odios y las guerras,
las injusticias y esclavitudes,los fundamentalismos, dogmatismos y exclusiones
nos tengan siempre como aliados
y compañeros de camino.

L7. Que nuestros familiares más cercanos,
los que han muerto, los enfermos,
y los que están más necesitados de esperanza,
especialmente nuestro obispo Pedro,
perseguido por la gran causa de la justicia,
encuentren en ti su refugio y consuelo.

A. Que consigamos, Señor, con tu ayuda:
superar nuestras falsas seguridades,
vencer la resistencia a escudriñar
los nuevos signos de nuestros días
y hacernos fieles compañeros de los que se ponen
del lado de los pobres,
de los marginados y excluidos.

P. Que la comunión en el Espíritu
y en la vida de Jesús
nos haga dignos de ti, Señor;
para que, intentando vivir como él vivió,
seamos para ti la comunidad de hombres y mujeres
en los que tú pones tus complacencias,
por los siglos de los siglos. Amén.

ANAFORA DE LA PAZ

Evaristo Villar

Celebraciones
– Autor: Evaristo Villar –
 

ANÁFORA DE LA PAZ
TEXTOS PARA LAS LECTURAS ORACIÓN DE LA COMUNIDAD
Donde tú dices ley,
yo digo Dios.
Donde tú dices paz,
justicia y amor,
¡yo digo Dios!

Donde tú dices Dios,
¡yo digo libertad,
justicia
y amor
Pequeño Poema,
de Pedro Casaldáliga

Hermanos, aunque los ángeles bélicos/ negros/ tizones/ de hollín
se dispongan frente a frente/ viento contra viento,
tenemos motivos para celebrar la paz;
aunque tú/yo él/ nosotros seamos torres sin mando
y estemos en medio de los ángeles bélicos/ negros /tizones /de hollín,
tenemos motivos para construir la paz;
aunque sea de noche y el día no se vislumbre/ aunque sea
de noche y oscura,
tenemos razones para construir, celebrar y darnos la paz.

¿Acaso no notáis ahora/ ya, a pesar de tantos llares
y de tanta tizne descubierta, algo de paz entre nosotros?

Yo diría que está amaneciendo; que la madrugada empuja;
que la fuente de donde mana la aurora está brotando.
Yo diría que se está desplegando sobre nosotros/ sobre el
mundo una bandera del color de la esperanza;
que una luz levanta el vuelo; que un viento fresco penetra
nuestros huesos.

Yo diría que la noche se está apagando;
que las palabras venenosas se están muriendo;
que sobre los solares de la guerra está
brotando el olvido.

Sí, algo de Paz notamos ahora/ ya. Pero no basta. Hemos de
conseguir una Paz grande, una Paz verdadera para todos los
hombres/ para todo, una Paz cosmos/ cristal/ transparencia.
Hermanos, será cosa de asomarse a los balcones y empuñar
nuestro olivo/ nuestras rosas, abanderar corazones,
enarbolar alegrías y echar al vuelo todas las palomas
de todos los palomares.
Laurentino Heras

Yo he venido al mundo como luz,
para que ninguno que cree en mí quede a oscuras.
Al que escucha mis palabras y no las cumple
yo no le juzgo;
no he venido para juzgar el mundo, sino para salvarlo.
El que me rechaza y no acepta mis palabras
ya tiene quien le juzgue:
el mensaje que he comunicado,
ése lo juzgará el último día.
Os doy un mandamiento nuevo:
que os améis los unos a los otros;
igual que yo os he amado, amaos
también entre vosotros.
En esto conocerán que sois discípulos míos:
en que s améis unos a otros.
Paz es mi despedida; paz os deseo, la mía;
y no os la deseo como la desea el mundo.
Evangelio de San Juan 12, 13, 14

P. ¡Qué hermosos son sobre los montes
los pies del mensajero que anuncia la paz!

L1. Son como el monótono discurso de la lluvia
sobre la tierra matinalmente grávida;
como las manos del labrador
que esparcen con generosidad la semilla
y se cierran amorosamente sobre la espiga,
mientras las aspas del molino
sueñan con un viento joven
que absuelva de la angustia (del hambre)
hasta las profundidades del mar.

Todos. ¡Qué hermosos son sobre los monte
s
los pies del mensajero que anuncia la paz!

L2. Como la alegría del heroico pescador
que recoge las redes
sobre la caprichosa cresta de las olas.
Se aplacará la violencia desatada del huracán,
mientras la luna allana la escabrosa senda del pastor;crecerá la concordia
en el barrio sombrío de la ciudad,
sin más atenuante que el cansino
chorro de la fuente.

Todos. ¡Qué hermosos son sobre los montes
los pies del mensajero que anuncia la paz!

L3. El austero sermón de la montaña llegará conmoviendo
hasta el territorio más intimo del hombre;
ninguna mariposa morirá de tristeza,
ni la carta ilusionada del niño
quedará sin ventana de reyes;
y la lámpara de la ilusión seguirá encendida
hasta el alba
en una tierra ya felizmente recreada.

P. Reconocemos que son hermosos
sobre los montes
los pies del mensajero que anuncia la paz.
Por eso te dedicamos nuestro canto:

Todos. HOY, SEÑOR, TE DAMOS GRACIAS
POR LA VIDA, LA TIERRA Y EL SOL;
HOY, SEÑOR, QUEREMOS CANTAR
LAS GRANDEZAS DE TU AMOR.

L4. Nos acercamos, Señor, a esta mesa
que rebosa de la presencia de tu Espíritu,
de la promesa de un pan
que tú hiciste para todas las mesas
y de un vino, para encender todas las ilusiones
y esperanzas.

P. Recordamos que, en la Cena de despedida,
Jesús tomó el pan en sus manos, lo bendijo,
lo partió y lo repartió entre todos diciendo…
y lo mismo hizo con la copa de vino…

……………

Todos. Anunciamos tu muerte
y proclamamostu resurrección
como vindicación de las víctimas
y como victoria sobre la injusticia de tanta guerra.

P. Tú eres y seguirás siendo, Señor,
un Dios fracasado
mientras los hombres no salgamos
de nuestros enredos legales,
mientras sigamos siendo insolidarios
y agrandemos las divisiones
que llenan de violencia, de guerra
y de muerte nuestra tierra.
A ti, Señor, que eres el Dios de la vida,
del amor y de la paz te suplicamos:

L5. Porque la guerra es expresión de la violencia acumulada que llevamos dentro,
que fijamos en nuestras instituciones de convivencia,
que dejamos derramarse
en nuestras manifestaciones sociales…:

Todos. Donde hay odio, ponga yo amor;
donde hay ofensa, ponga yo perdón;
donde hay discordia, ponga yo unión;
donde hay error, ponga yo verdad.

L6. Porque la guerra es expresión de inseguridad
en el presente y de miedo al futuro;
de silencio en la comunicación
y de competitividad por el poder;
de intolerancia ideológica y de tristeza en la vida…
:

Todos. Donde hay duda ponga yo fe;
donde hay desesperación, ponga yo esperanza;
donde hay tinieblas, ponga yo luz;
donde hay tristeza, ponga yo alegría.

L7. Porque todos estamos convocados
a hacer de la tierra una casa común;
de las razas, etnias y pueblos,
una familia de hermanos y hermanas;
de las religiones, una humanidad única y plural,
sin fundamentalismos que nos dividen
ni exclusivismos que nos convierten en enemigos…:

Todos. Señor, haz de mi un instrumento de paz:
que no me empeñe tanto en ser consolado
como en consolar;
en ser comprendido como en comprender;
en ser amado como en amar.
Pues, dando, se recibe; olvidando, se encuentra; perdonando, se es perdonado;
muriendo, se resucita a la vida eterna.

L8. Porque, donde tú dices Dios, él dice paz;
donde tú dices Dios, él dice libertad, justicia y amor.
Y donde tú dices libertad, justicia, amor,
el que es “más íntimo que nuestra misma intimidad”,
dice, soy yo…:

Todos. Que la luz interior ilumine nuestro espíritu;
que la bondad del corazón sea
la fuerza de nuestra vida;
que el Espíritu de amor, no-violencia y paz
transforme nuestros corazones,
la cultura violenta de todos los pueblos
y resucite nuestros muertos.
Por los siglos de los siglos. Amén

 

ANÁFORA SOBRE EL ADVIENTO

Evaristo Villar

Celebraciones
– Autor: Evaristo Villar –
 

ANÁFORA SOBRE EL ADVIENTO
TEXTOS PARA LAS LECTURAS
ORACIÓN DE LA COMUNIDAD
Palabras Cristianas

FE
La virtud que más me gusta, dice Dios, es la esperanza.
La fe es algo que no me extraña,
que no tienen nada de raro.
Porque ¡brillo de tal manera en mi creación!
En el sol, en la luna y en las estrellas,
en todas mis criaturas.
En los astros del firmamento y en los peces del mar,
en las plantas y en los animales
y en las bestias de la selva,
y en el hombre, mi criatura.

En el hombre y en la mujer, su compañera,
y sobre todo en los niños, mis criaturas,
sobre todo en la mirada y en la voz de los niños
porque los niños son más mis criaturas que los hombres,
ellos no han sido derrotados todavía por la vida
y son mis servidores más que nadie, antes que nadie.

Verdaderamente brillo de tal manera en mi creación
que para no verme sería necesario
que los hombres fueran ciegos.

CARIDAD
La caridad, dice Dios, es algo que no me extraña
en absoluto, que no tienen nada de extraño.
Estas pobres criaturas son tan desdichadas que,
a menos de tener un corazón de piedra,
¿cómo no iban a tener caridad las unas con las otras?
¿Cómo no iban a tener caridad con sus hermanos?
¿Cómo no se iban a quitar el pan de la boca,
el pan de cada día, para dárselo a los pobres niños
que van de puerta en puerta?

¡Y mi Hijo tuvo para con ellos una caridad tan enorme!
¡Mi Hijo, su hermano, les tuvo tanto amor!

ESPERANZA
Pero la esperanza, dice Dios, esto sí que me extraña,
me extraña hasta a mi mismo,
esto sí que es algo verdaderamente extraño.
Que estos pobres hijos vean cómo marchan hoy las cosas y que crean que mañana irá todo mejor,
esto sí que es asombroso y es, mucho más,
la mayor maravilla de nuestra gracia.
Yo mismo estoy asombrado de ello.
Es preciso que mi gracia sea efectivamente
de una fuerza increíble y que brote
de una fuente inagotable desde que comenzó
a brotar por primera vez como un río de sangre
del costado abierto de mi Hijo.

¿Cuál no será preciso que sea mi gracia y la fuerza
de mi gracia para que esta pequeña esperanza,
vacilante ante el soplo del pecado,
temblorosa ante los vientos, agonizante
ante el menor soplo, siga estando viva,
se mantenga fiel, en pie,
tan invencible y pura e inmortal
e imposible de apagar
como la pequeña llama del santuario
que arde eternamente en la lámpara fiel?
De esta manera, una llama temblorosa
ha atravesado el espesor de los mundos,
una llama vacilante ha atravesado el espesor
de los tiempos, una llama imposible de dominar,
imposible de apagar al soplo de la muerte,
la esperanza.

Lo que me asombra, dice Dios, es la esperanza,
y no salgo de mi asombro.
Esta pequeña esperanza que parece una
cosita de nada, esta pequeña niña esperanza, inmortal.

Porque mis tres virtudes, dice Dios, mis criaturas,
mis hijas, mis niñas, son como mis otras criaturas
de la raza de los hombres:
la fe es una esposa fiel, la caridad es una madre,
una madre ardiente, toda corazón,
o quizá es una hermana mayor que es como
una madre.
Y la esperanza es una niña de nada
que vino al mundo la Navidad del año pasado
que juega todavía con Enero, el buenazo,
con sus arbolitos de madera de nacimiento,
cubiertos de escarcha pintada, y con un buey
y su mula de madera pintada, y con su cuna de paja
que los animales no comen porque son de madera.

Pero, sin embargo, esta niña esperanza es
la que atravesará los mundos, esta niña de nada,
ella sola, y llevando consigo a las otros dos virtudes,
ella es la que atravesará los mundos llenos de obstáculos.
Como la estrella condujo a los tres Reyes Magos
desde los confines de Oriente
hacia la cuna de mi Hijo,
así una llama temblorosa, la esperanza,
ella sola, guiará a las virtudes y a los mundos,
una llama romperá las eternas tinieblas.

Por el camino empinado, arenoso y estrecho,
arrastrada y colgada de los brazos
de sus dos hermanas mayores, que la llevan de la mano,
va la pequeña esperanza y en medio de sus dos hermanas mayores da la sensación de dejarse arrastrar
como un niño que no tuviera fuerza para caminar.
Pero, en realidad, es ella la que hace andar
a las otras dos, y la que las arrastra,
y la que hace andar al mundo entero
y la que lo arrastra,.
Porque es verdad que no se trabaja sino por los hijos
y las dos mayores no avanzan
sino gracias a la pequeña.

Charles Péguy

Los emisarios de Juan Bautista

Sus discípulos informaron a Juan de todo aquello. Juan,
entonces, llamó a dos de ellos y los envió al Señor para preguntarle:
-¿Eres tú el que tenía que llegar o esperamos a otro?

Aquellos hombres se presentaron a Jesús y le dijeron:
-Juan bautista nos envía a preguntarte: "¿Eres tú el que tenía que llegar o esperamos a otro?"

Entonces mismo curó Jesús a muchos de enfermedades, tormentos y malos espíritus, y dio la vista a muchos ciegos. Después contestó a las enviados:
-Id a informar a Juan de lo que habéis visto y oído:
Ciegos ven, cojos andan,
leprosos quedan limpios y sordos oyen,
muertos resucitan,
a pobres se anuncia la buena noticia.
Y ¿dichoso el que no se escandalice de mi!

Cuando se marcharon los emisarios de Juan, se puso Jesús a hablar de Juan a las multitudes:
-¿Qué salisteis a contemplar en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? ¿Qué salisteis a ver si no? ¿Un hombre vestido con elegancia? Los que visten espléndidamente y viven en el lujo, ahí están, en la corte de los reyes. Entonces, ¿qué salisteis a ver? ¿Un profeta? Sí, desde luego, y más que profeta. Es él de quien está escrito:
"Mira, envío mi mensajero delante de ti;
él preparará tu camino (Ex 23,20; Mal 3,1).
Os digo que entre los nacidos de mujer ninguno es más grande que Juan y, sin embargo, el más pequeño en el reino de Dios es más grande que él.

Lucas 7, 18-28

 

P. Venid, aclamad todas las voces al Señor,
recuperad el aire de fiesta,
restableced la alegría y la cordialidad
para acoger,
con la ingenua candidez del niño,
este nuevo Adviento de Dios que nos llega
cargado de promesa, de presencia, de gracia.

L1. Levantad el ánimo, mirad,
los mensajeros de la Buena Noticia
ya están a las puertas de la ciudad:
desplegad todos los puentes levadizos, derribad los muros,
asomad vuestra alegría al alfeizar de todas las ventanas,
llenad de luz y de agua las rotondas de todas las plazas.
Porque, entre el ruido y
bajo la visera de humo
que cubre nuestros tejados,
es siempre posible el milagro de una nueva primavera.
¡Abrid caminos al Señor que se acerca!

A. ¡“Marana tha”, ven, Señor nuestro!
Porque el hartazgo de tantas cosas sin alma
nos deja insatisfechos;
y el caminar a oscuras, sin utopía y sin sentido
nos apaga el espíritu.
Prendidos de la primera luz del alba,
te esperamos, Señor Jesús.

L2. Ya ha venido y está llegando nuevamente el Señor.
No perdáis la ocasión, salid a recibirle
como habéis hecho otras veces:
cuando tuvisteis tierra para acogerle
el día que vino creando las cosas,
cuando tuvisteis pañales
para recostarle en un pesebre
el día que él quiso compartir nuestra tienda
y abrirla hasta los confines del mundo.
El Señor viene ahora
ofreciéndonos la posibilidad de un mundo otro.
Dad crédito a lo que estáis oyendo
y salid con alegría a recibirle.

A.¡Marana tha, ven, Señor Jesús!
Como cauce que espera la crecida de las aguas,
te esperamos;
como piedras que hacen sonoro el cristal del río
haremos que, desde todas las esquinas de nuestra ciudad,
resuenen la justicia y la paz en nuestra espera.

P. Al final de toda espera, hecha con justicia y en paz,
está el gozo del encuentro con el Señor
en los suyos y en el cosmos.
Anticipemos ahora este feliz momento
uniendo nuestras voces al canto de toda la creación

A. SANTO, SANTO, SANTO

P. Para cuando llegue al Señor
alguien tendrá que bajar hasta al río
y hacer guardia junto al puente
y ante las puertas de la ciudad.
Alguien tendrá que estar vigilando día y noche
para vislumbrarlo y anunciarlo
cuando venga con la aurora.

L3. Alguien tendrá que estar en casa
mirando por entre los visillos,
entre los visillos de las palabras y los hechos,
entre los visillos de la historia opaca de nuestro mundo.
Y alguien tendrá que disponer un nuevo sitio y una mesa
para compartir nuestros alimentos con un amigo más.
Alguien tendrá que estar vigilante
para soportar su presencia sin dudar de su venida,
para soportar su silencio y sin embargo cantar.

A. Nosotros, calzadas las sandalias,
te estaremos esperando y te acompañaremos
hasta el final del camino como hicimos en Emaús.
Envíanos ahora tu Espíritu que nos abra los ojos
para reconocerte
a la hora de partir, compartir y repartir el pan.

P. En la noche en que iba a ser entregado,
Jesús tomó el pan….

…………………………………………………………………

P. Aunque sabemos, Señor, que estás con nosotros
hasta la consumación del mundo,
no por todos los caminos llegamos a descubrir
tu nueva presencia de resucitado.
Como tus primeros discípulos
necesitamos que salgas a nuestro encuentro
para no confundirte con el jardinero
como María Magdalena,
ni querer perseguirte como hizo Saulo de Tarso.

L4. No viene el Señor
por el descuido y el desprecio de las cosas:
por el grifo de agua siempre abierto,
la batería del coche siempre encendida,
la acera de casa sucia,
el armario y la despensa reventando de lo que nos sobra.
El Señor viene por el cuidado
y el respeto a la Carta de la Tierra, nuestra casa común,
en la que somos una sola familia y una sola comunidad.

A. Cuando tú vengas, Señor,
la tierra será un jardín;
el desierto, un hontanar de agua fresca;
y los campos reventarán de espigas y de vida.
¡Ven, Señor Jesús!

L5. No vendrá el Señor
por el escabroso atajo de la injusticia:
por la explotación del emigrante
y la discriminación de las razas,
ni por la apropiación de los recursos
y la exclusión de los pobres de la mesa de la vida.
El Señor Jesús viene
por la distribución equitativa de la riqueza
y el compartir fraternal con el pobre y el necesitado.

A. Cuando tú vengas, Señor,
nuestra ciudad será una gran familia
donde todos nos tratemos con respeto y consideración.
Pues todos somos hermanos. ¡Ven, Señor, Jesús!

L6. No vendrá el Señor por el camino de la violencia,
el odio, la guerra y la muerte:
por la v
iolencia de género, los nacionalismos excluyentes
y el racismo,
por el armamentismo nuclear y bioquímico,
por la guerra prendida siempre en la mentira.
El Señor viene por la cultura de la tolerancia,
la no violencia activa y la paz;
por la comprensión mutua,
la solidaridad y la cooperación.

A. Cuando tú vengas, Señor,
el emperador se habrá convertido en siervo;
las religiones, en una fiesta de hermandad;
y la Iglesia se habrá convertido al Evangelio.
Nuestra casa, por respeto y salud de nuestros muertos,
será la casa de la esperanza, de la alegría
y la paz para todos.
¡Ven, Señor Jesús!

P. Con esta esperanza, brindamos ahora
por ese día que se acerca, que ya llega:

A.. POR CRISTO, CON ÉL Y EN ÉL…