Carta por la Democracia*

Más de 200 personas de todo el Estado

Esta Carta nace desde un profundo malestar, pero también desde una profunda alegría. Malestar por la falta de confianza en un sistema político carente de legitimidad que desoye de manera reiterada las exigencias sostenidas por la inmensa mayoría. Alegría, por la certeza de la potencia de la movilización ciudadana, la que habla en primera persona del plural y trata de construir, para todo el mundo, una vida que merezca la pena ser vivida. Sin duda su presupuesto es el de la misma democracia: la gente, las personas, tienen capacidad para inventar otras formas de gobernarse a sí mismas y vivir en común. Este texto nace con la certeza de que las luchas de hoy son la base de la democracia que está por llegar.

Sin embargo, a pesar de las importantes movilizaciones que se han sucedido, las demandas expresadas se han visto reiteradamente desoídas. Ante este bloqueo institucional, solo cabe una salida: una profunda ampliación de la democracia basada en el control ciudadano sobre el poder político y económico. Esta Carta nace con el deseo de contribuir a este proceso de democratización. Nace con la vocación de apostar por un cambio de las reglas del juego: un cambio democrático orientado a devolver a la sociedad la capacidad efectiva de decisión sobre todo aquello que le concierne. Las alternativas a la democracia actual no son el caos o la dictadura. Es posible una democracia hecha entre todas las personas, una democracia no reducida al mero voto electoral, una democracia fundada en la participación, el control ciudadano y la igualdad de derechos.

Esta Carta nace con el deseo de contribuir a este proceso de democratización y, para ello, se presenta como un texto inacabado, abierto a su construcción permanente y a la participación de cualquiera. Esta Carta no quiere ser un programa político ni un catálogo exhaustivo de derechos, al igual que tampoco se pretende como un modelo de Estado terminado. Simplemente apunta los elementos básicos que, en una apuesta por la democratización, resultan necesarios para reconstruir un nuevo modelo institucional abierto a los deseos colectivos, las propuestas y la capacidad de autogobierno que desde hace tiempo están siendo expresados.

En definitiva, esta Carta se propone abrir un nuevo proceso de discusión que culmine en una reordenación política y económica dirigida a garantizar la vida, la dignidad y la democracia. Se presenta como contribución a la constitución de un nuevo acuerdo social, de un proceso de refundación democrática en el que las personas, los y las cualquiera, seamos los verdaderos protagonistas.

El texto se divide en cuatro partes: derechos y garantías, democracia política, democracia económica y democracia territorial.

DERECHOS Y GARANTÍAS

Una democracia digna de tal nombre exige el reconocimiento universal de una amplia constelación de derechos relativos a todos los ámbitos de la vida pública y de la reproducción social.

Esta Carta propone unas bases comunes para la definición de un nuevo sistema de derechos, derechos surgidos de las demandas y luchas de la propia sociedad, a través de sus múltiples formas de organización y participación.

Estos derechos redefinen las relaciones sociales, la producción y distribución de la riqueza y las relaciones entre los Estados nacionales, de acuerdo con una concepción del ser humano como sujeto con derecho a la autonomía pero en profunda relación de interdependencia con el espacio común que habita. En esta medida, se oponen a la concepción de los mismos como una mera atribución individual. Estos derechos deben ser reconocidos tanto desde su dimensión universal como desde su dimensión singular.

La garantía de estos derechos requiere de un marco institucional que ha de reconocer y promover el acceso a una vida política activa y democrática, el reconocimiento del derecho a la participación colectiva y directa como posibilidad real de expresión de un deseo ciudadano para poder decidir sobre todo aquello que afecte de forma significativa a la comunidad. Un marco que a su vez se haga cargo de que esa vida, la nuestra, es interdependiente y por lo tanto requiere de un sistema de protección colectiva.

El nuevo sistema de derechos debe reconocer a la sociedad misma como fuente de derecho y es por ello que se debe considerar abierto y modificable, si bien distinguimos entre los derechos universalmente reconocidos y aquellos que están en proceso de elaboración, ampliación y definición constante por la propia sociedad. Los principios básicos que inspirarán la nueva Carta con el objeto de dotarla de la mayor solidez y garantía institucional posibles son: la universalidad, la singularidad, la no regresividad, la igualdad y la suficiencia financiera.

DEMOCRACIA POLÍTICA

Los límites del actual sistema democrático no pueden resolverse desde el mismo lugar de donde surgen. Resulta pues necesario promover su refundación a fin de instituir una verdadera democracia.

La presente Carta apuesta por una democracia capaz de devolver el poder de decisión a la población sobre los aspectos fundamentales de la vida. Una democracia basada en la participación en la vida social y política, que permita decidir en común cómo queremos vivir. Esta Carta se presenta, así, como una apuesta por un nuevo acuerdo político construido de forma abierta y con la participación activa de la ciudadanía. Un acuerdo basado en el reconocimiento de la capacidad de la sociedad para organizarse, crear instituciones y gobernarse.

La construcción de esta democracia requiere de una serie de mecanismos ágiles, eficaces y transparentes articulados en distintos niveles y dirigidos tanto a profundizar en la participación directa como en el control de la delegación, vía representación, según se considere conveniente. Algunos de los mecanismos que podrían dar forma al nuevo ordenamiento político democrático son:

1. Democratización de los poderes públicos: control de la representación y reforma del sistema de representación electoral, democratización que se aplicará de manera extensiva no sólo a los poderes públicos sino también al resto de organizaciones sociales.

2. Reconocimiento y extensión de las formas de participación y democracia directa: ampliación de los instrumentos de democracia directa, reconocimiento de instrumentos de control ciudadano, desarrollo de mecanismos de deliberación colectiva en la vida pública y en todos los ámbitos relacionados con los bienes públicos y comunes.

3. La sociedad como fuente última de la Constitución y de los poderes del Estado: un modelo de constitucionalismo abierto, nuevas instituciones democráticas para la autotutela y el desarrollo de sus propios derechos.

El desarrollo de la democracia política permitirá no solo una separación real y efectiva de los diferentes poderes del Estado, sino también el control directo de la ciudadanía sobre los mismos. Por esta Carta la judicatura y los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado quedarán también sometidos a los mismos requisitos de transparencia, democratización y control ciudadano.

DEMOCRACIA ECONÓMICA

No se puede concebir una sociedad democrática sin la garantía del sustento material necesario para el de­sarrollo de una vida digna y políticamente activa. No se puede concebir una sociedad democrática sin un acceso igualitario a la riqueza.

Esta Carta se propone recuperar los recursos sociales privatizados y concentrados en pocas manos con el fin de ponerlos a disposición de un proceso democrático real. Es por ello que se requiere una completa reconsideración de las funciones de las políticas económicas a fin de implantar el principio de bienestar de las poblaciones por encima del beneficio privado, financiero y corporativo. Se trata del reconocimiento real y no solo formal de que las leyes del mercado han de quedar supeditadas a la función social de la economía.

Con el objetivo de promover la democracia económica, esta Carta considera cinco pilares básicos:

1. Democracia financiera: Auditoría Ciudadana de la Deuda, creación de instituciones de utilidad pública conformadas por los activos financieros e inmobiliarios resultantes de las sucesivas reestructuraciones.

2. Reforma fiscal: la restauración de los principios de proporcionalidad y progresividad tanto para las rentas del trabajo como para los beneficios empresariales, la aplicación de nuevas tasas a la circulación financiera y de los tipos más altos a las rentas de capital y de patrimonio, la disminución de los impuestos indirectos y al consumo de los bienes básicos y la persecución del fraude fiscal.

3. Bienes público-comunes: la aplicación del estatuto de público-común a todos aquellos bienes e infraestructuras de interés general y también a los recursos y sectores estratégicos de la economía, que no podrán ser alienables y que deberán ser administrados de forma democrática.

4. Promoción de la economía social y de la democracia en las relaciones económicas: el desarrollo de un nuevo modelo de empresarialidad basado en los principios de la economía social, el cooperativismo y el respeto al medio ambiente; todas las empresas deberán organizarse progresivamente sobre los principios de: equidad, respeto al medio ambiente, transparencia y desarrollo sostenible. Y, además, serán recogidos los principios fundamentales del derecho laboral.

5. Ampliación de la protección social, reconocimiento de la riqueza común y derecho a una existencia digna: ampliación del sistema de pensiones hasta niveles dignos y suficientes, así como la ampliación de los mecanismos e infraestructuras de apoyo al cuidado colectivo.

DEMOCRACIA TERRITORIAL

La actual crisis económica y financiera ha puesto en evidencia la debilidad de la democracia a todas las escalas, así como la fragilidad de los mecanismos de reparto de la riqueza territorial. Los dictados del gobierno financiero a través de políticas de austeridad han establecido una particular geografía de la desigualdad, precipitando a algunos países y regiones al abismo económico y social.

Esta Carta propone a discusión un nuevo acuerdo territorial a todas las escalas basado en un modelo radicalmente democrático. Parte del presupuesto de que las decisiones y la gestión de los recursos y servicios se deben desarrollar en el nivel mínimo de unidad territorial, pero también que las formas de reparto de la riqueza han de estar organizadas de forma común para garantizar la equidad entre los territorios.

El nuevo modelo de acuerdo territorial será el resultado de un trabajo de consulta democrática y cooperación entre las distintas unidades territoriales. Deberá reconocer la mayor pluralidad posible y formarse a partir del derecho de los residentes en cada territorio a decidir democráticamente la pertenencia o no a las distintas unidades territoriales.

La democracia territorial se basará en los principios de: corresponsabilidad e igualdad, subsidiariedad, autonomía y suficiencia financiera.

El desarrollo institucional de las diferentes escalas territoriales se desarrollará a partir de los siguientes fundamentos:

1. Profundización de la democracia política, el autogobierno: de acuerdo con el principio de subsidiariedad se tenderá a desarrollar la democracia local y directa a la escala más cercana a las personas: los municipios y las ciudades.

2. Reconocimiento de las distintas escalas y realidades territoriales y solidaridad entre las mismas: las nuevas formas de unión política tomarán como objetivo el rechazo de las actuales formas de competencia territorial, así como la redistribución de la riqueza en todas las escalas.

3. Escala europea: en este ámbito se establecerá una verdadera unión fiscal, presupuestaria y bancaria y así como en el Estado español, en los que serán aceptados el principio de igualdad fiscal, la existencia de un presupuesto conjunto y la redistribución de la riqueza según métodos equitativos de reparto territorial. Una nueva constitución europea deberá garantizar todos los derechos fundamentales en cada una de las partes de la Unión.

De las plazas y las redes hemos aprendido algo simple y definitivo, que cambia para siempre nuestra forma de estar en el mundo.

Hemos aprendido que sí se puede.

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* La Carta por la Democracia es un documento abierto en el que han participado hasta ahora más de 200 personas de Madrid, Málaga, Barcelona, Zaragoza, Pamplona, Valladolid, Sevilla, Valencia… Su intención es elaborar colectivamente un texto vivo que recoja las principales demandas, anhelos y necesidades de la ciudadanía en los últimos años. El texto íntegro de la carta se puede seguir en www.movimientodemocracia.net.

El agua, derecho humano y raíz de conflictos

Benjamín Forcano

La Fundación SIP adquiere personalidad jurídica en el 2002 , contribuye a la investigación para la paz en sus múltiples facetas con un enfoque interdisciplinar , independiente en sus orientaciones y desde 2004 está asociada al Departamento de Información Pública de la Organización de Naciones Unidas.

La investigación llevada a cabo en este libro aborda las raíces de la violencia directa y estructural existentes en el mundo en relación con el agua y propone respuestas para pasar del conflicto a las prácticas de cooperación.

El agua es parte de la vida misma, de toda clase de vida y, por lo mismo, además de un bien común universal, es un derecho humano del que nadie debe carecer. La crisis del agua no se debe a su escasez sino a la desigualdad, que genera pobreza y a las políticas equivocadas en su gestión. El agua viene unida a una serie de valores y significaciones que van más allá de lo material. Como dice Leonardo Boff , desde una razón humanística, vemos el agua como símbolo de vida, como algo sagrado, igual que toda la vida es sagrada. Puede convertirse en factor de conflictos y en ocasión de cooperación entre los pueblos.

Es toda una muestra de violencia estructural el hecho de que más de 1.200 millones de personas del mundo no tienen acceso garantizado a aguas potables y 2.600 millones carecen de un saneamiento adecuado. En el continente africano , el 80 % de la mortalidad global y el 50 % de la mortandad en los hospitales están directa o indirectamente vinculadas con el agua.

Hay una degradación sistemática de los ecosistemas acuáticos que explica el que millones de personas carezcan de agua potable y existen y estallan otros conflictos a causa de la tendencia privatizadora promovida por las instituciones económico-financieras internacionales.

El libro, a través de ocho estudios bien articulados, esclarece todos estos aspectos, y también la pugna por el control del agua, la disputas por el agua en los diversos continentes, las perspectivas para exponer cuál puede ser la aportación de un operador privado al objetivo de proveer agua potable a los ciudadanos, los principios de de intervención y las propuestas concretas de actuación, la Alianza por el Agua (que vincula administraciones públicas, empresas, centros de investigación y opinión, entidades sociales y ciudadanía), las Iniciativas Sociales de Mediación para estimular acuerdos, el nuevo paradigma de la Nueva Cultura del Agua ,entendiendo como tal “Una filosofía hidrológica que da valor a la profunda vinculación entre el ser humano y el agua, que hace pedagogía para la toma de conciencia de la espiral de degradación general, que afecta no sólo a los ríos y a los ecosistemas acuáticos en general sino también al alma humana, a la dimensión espiritual de las personas” (Prof. Javier Gil Martínez).

La familia en la Biblia. Una enseñanza, un manifiesto cristiano (Xabier Pikaza)

Evaristo Villar

Cuando este número de Éxodo está entrando en imprenta, aparece el libro de nuestro amigo y gran especialista en el tema, Xabier Pikaza, sobre La familia en la Biblia. Sin tiempo para hacer nuestra propia presentación, como hubié­ramos deseado, ofrecemos algunos párrafos tomados directamente de su presentación y conclusión. Estamos seguros que los lectores podrán apreciar la originalidad y riqueza que promete este libro que acaba de aparecer.

No hay en el mundo un libro de familia tan valioso como la Biblia,  no sólo para judíos y cristianos, sino para aquellos que quieran seguir abriendo un camino de vida, en línea mesiánica. Pienso que la Biblia, manual de cabecera de judíos y cristianos, sigue siendo el texto clave de nuestra identidad, de forma que debemos retornar a ella para entender lo que somos y anticipar lo que debemos ser en horas inciertas como son las nuestras…

Me voy a ocupar de la Biblia, entendida como Escuela y Libro de Familia, en un camino largo, que va de los Patriarcas y el Éxodo de Egipto, hasta Jesús y Pablo, con el Apocalipsis. Ella no resuelve todos los problemas que hoy tenemos, pero nos permite plan­tearlos con claridad, abriendo caminos de futuro, a medida que recorremos su historia, como iré mostrando. Las revoluciones esperadas no han dado el fruto que habíamos pensado, pero estoy convencido de que podemos acudir a la raíz del tema, que es la formación de la familia, en la línea de la Biblia… 

Estoy convencido de que, en un sentido muy profundo, la misma existencia de la humanidad depende de la forma en que entendamos y solucionemos los tema de familia, con sus tres ejes centrales: atracción afectiva (expresada de modo ejemplar en la pareja), transmisión de vida (reproducción y educación de hijos) y convivencia social (vinculada a la fraternidad universal).

Sin amor mutuo de adultos, con vinculación estable de personas (especialmente varones y mujeres), y sin acogida/educación personal de los niños/hijos en un contexto de madurez afectiva, es decir, relacional, la concordia sobre el mundo cesa, y la misma humanidad corre el riesgo de caer en manos de la opresión de algunos y/o de la violencia de todos, que puede llevarnos a la muerte. No es problema de números (¡muchos hablan de un peligro de super-población!), sino de identidad; si ellos “quieren”, los seres humanos pueden suicidarse, y lo harán, si no cuidan la familia.

Así pienso que en este tiempo crucial en el que estamos llamados a crear nuevas formas de vida, resulta clave la enseñanza de la Biblia (quizá con otras tradiciones religiosas y humanistas), no para saber simplemente lo que dice, sino para optar por lo que pide, según esta encrucijada: “Pongo ante ti la vida y la muerte… Elige la vida y vivirás…” (cf. Dt 30, 19-20). Para iluminar esa opción de vida he querido escribir esta “guía de familia en la Biblia”.

 En medio de una escandalosa y obscena injusticia social, con diferencias abismales entre ricos y pobres, iniciamos la nueva navegación de lo que algunos llaman la post-modernidad. Desde ese fondo, tomando como base lo dicho en este libro, quiero señalar algunas tareas abiertas, en clave de humanidad:

1. Educación en el amor. Quizá la primera y mayor de las tareas sea la educación en el amor y la palabra, no sólo para el matrimonio, sino también para la vida de los niños. Ciertamente, son importantes nuevas “políticas” sociales, que reconozcan el valor de la familia, creando condiciones económicas, no al servicio del puro capital (como es ahora), sino del despliegue y de la comunión de vida.

2. Más que la pobreza, el riesgo para la familia es el capitalismo, es decir, una cultura donde la vida de los hombres y mujeres (y el nacimiento y educación de los niños) está en manos del capital monetario, al que le importa ante todo su ganancia. Ciertamente, para mantenerse y “disfrutar” del capital, el sistema necesita  “producir” nuevas vidas humanas, para poder así perpetuarse, pues sin ellas muere. Pero como no sabe ni quiere comprometerse en ellos, y como además las vidas no se producen, sino que se engendran en amor y generosidad (cosa que no tiene), el sistema corre el riesgo de destruirse a sí mismo.

3. Fidelidad. En principio, el matrimonio es un compromiso de personas, que quieren vivir en amor fecundo, por encima del “dictado” del puro dinero, en igualdad dialogal, sin dominio del hombre sobre la mujer. Entendido así, es una vocación, una llamada al encuentro renovado de unos seres que, al conocerse progresivamente, descubren su verdad, cada uno en el otro. Ésta es una vocación de Reino, que los esposos han de actualizar en cada momento, una experiencia que la Iglesia debe potenciar y ensayar entre los creyentes, abriéndola a todos los hombres y mujeres, pero sin imponerla.

4. Control de la natalidad. Éste es un problema médico y antropológico moderno, planteado y formulado en la segunda mitad del siglo XX por el papa Pablo VI, en su encíclica Humanae Vitae (1968), donde rechaza el uso de los anticonceptivos químicos y de otros medios físicos (preservativos), que se empezaban a emplear normalmente para evitar que la mujer quedara encinta. Han pasado casi cincuenta años, y una parte considerable de la iglesia empieza a plantear el tema de otra forma, insistiendo en la libertad creadora de los esposos/padres, para que los niños nazcan de su deseo y  amor generoso, no por imposición de la naturaleza. En ese nivel, el tema físico/químico de los anticonceptivos o medios de regulación de la natalidad queda en segundo plano…

 5. ¿Revolución de la familia? Estamos superando ya un estadio cósmico-biológico de la humanidad y del conocimiento, que había culminado en el pensamiento racional de Grecia y en la ciencia moderna. Lo que ahora empieza es totalmente distinto, una etapa de la humanidad que ha de fundarse en la palabra personal: Hombres y mujeres estamos descubriendo con Jesús nuestro “fondo divino”, pero no en un plano cósmico-biológico (como el de los dioses antiguos del neolítico), sino a través de la palabra, que nos hace creadores de lo que somos y de lo que podemos “engendrar” suscitando nueva vida humana. Hasta ahora, básicamente, hemos creado familia por impulso de la naturaleza, y hemos terminado cayendo en manos de la idolatría de un capital anti-humano. Ahora debemos crearla libremente, por nuestra palabra, en amor gratuito, liberándonos de la imposición del capital absolutizado. Somos responsables de Dios sobre la tierra, estamos llamados a crear su familia, con Cristo y desde Cristo (hijo de Dios).

6. Más allá del sistema, ante el mundo de la vida. La ciencia nos ha permitido no sólo dominar amplias parcelas del mundo, convirtiendo la tierra en una especie de gran empresa/fábrica destinada a producir bienes de consumo para los más ricos. Podemos comunicarnos casi de un modo total e instantáneo, en el plano de los conocimientos objetivos.  Pero hemos dividido la humanidad en dos grupos enfrentados (ricos y pobres) y, sobre todo, nos hemos perdido en el campo del mundo de la vida.

Eso significa, como he dicho, que podemos tener casi todo lo que deseamos, pero corremos el riesgo de destruirnos a nosotros mismos, pues hemos “perdido” la orientación en el mundo de la vida.  Tenemos cosas (¡los privilegiados!), pero no sabemos para qué, ni sabemos si podremos dejárselas a nuestros hijos, pues posiblemente seamos incapaces de “engendrarles” en amor, como auténticas personas. Éste es el problema, y está centrado en el “mundo de la vida”, es decir, en el campo de las relaciones familiares donde se sitúa el matrimonio (y las diversas formas de vinculación personal humana), con la apertura hacia los más pobres. El futuro será de aquellos que sean capaces de crear vida, de abrir caminos de auténtica familia, de manera que el recuerdo del pasado se vincule con la esperanza del futuro.

Ni oasis ni “omertá”

José María Mena

Aquí hubo mucho que denunciar pero no denunciantes; Pujol se benefició de un provechoso silencio cooperador y cómplice

Se hablaba del oasis catalán, pero todos sabíamos que nunca existió. Un oasis es un vergel en el desierto, y en sentido figurado, un refugio frente a las penalidades. Un oasis implica una diferencia abismal entre un exterior tórrido, estéril y hostil, en que se muere de sed, y un plácido interior, fértil, fresco y acogedor. Cataluña es un país normal, una nación normal, como otra cualquiera, con penalidades similares a las demás, sin diferencias abismales con el mundo exterior. No es un plácido vergel interno, ni está rodeada por un mortífero desierto externo.

En un país normal hay cosas, historias y gentes buenas, medianas y malas. Hay muchas buenas personas con sus virtudes individuales y colectivas, sus problemas, defectos y contradicciones, su generosidad y sus utopías, sus lealtades y fidelidades. También hay malas personas con su ­egoísmo, su avaricia, su doblez. Esta mala gente, cuando tiene poder económico, social o político, se sirve de él.

La fingida confesión del patriarca, ­fríamente calculada, es el inicio de su estrategia de contraataque ante la rotura del silencio.

Por eso, lamentablemente, es normal que haya tantos Bárcenas y Millet. No es normal, sin embargo, que tengamos que soportar la farsa de la identificación de todo un pueblo y sus sentimientos, con un líder, su familia y su amplio entorno, que se sirven de los símbolos, lealtades y fidelidades para mandar y comerciar, enriqueciéndose impunemente.

No hay impunidad sin silencios, porque no hay justicia sin pruebas, sin denunciantes. Durante casi una generación, aquí hubo mucho que denunciar pero no ha habido denunciantes, salvo voces excepcionales clamando en el desierto. Un desierto de silencio social, político y mediático que aparentaba ser un plácido ­oasis. Cuando Maragall denunció lo del 3% tampoco habló nadie. Muchas murmuraciones, pero ni un testigo, ni un perjudicado, ni un mínimo asidero para una actuación judicial eficaz. Instalada en un clamoroso silencio reinaba la voracidad desinhibida de la familia Pujol y su corte.

Por eso algunos dicen ahora que se ha roto la omertá catalana. Pero, igual que nunca hubo oasis catalán, nunca hubo omertá catalana. La omertá es la ley del miedo, del silencio de la mafia. Aquí nunca se impuso el silencio con miedo. Solo hay un provechoso pacto de silencio cooperador o cómplice. Voluntaria e interesadamente, callan los que piden y los que dan, los que ofrecen y los que aceptan, los que obtienen ventajas y los que las esperan.

Son los que aún le exculpan o disculpan, dispuestos a creer en la farsa del mito personalista, en que hay un desierto exterior.

El escándalo producido por la exhibición desvergonzada de riqueza de los hijos del patriarca, con colección de automóviles de lujo incluida, y la explosiva denuncia de la novia de uno, resentida o arrepentida, rompieron el silencio e hicieron inaplazable la jugada del viejo líder. No es creíble que su pretendida autoinculpación, parcial e inveraz, obedezca a un cristiano acto de contrición. Su fingida confesión, fríamente calculada, es el inicio de su estrategia de contraataque ante la rotura del silencio, las noticias de Andorra y el inminente acoso de Montoro. La confesión quiso ser un cortafuegos, aunque ya era ineficaz frente a tantos vientos contrarios. Él mismo ha acabado de incendiar su espejismo del oasis catalán. Ya no será honorable, pero aún puede asegurar el botín familiar.

Regateará al Parlament. Eternizará los procesos judiciales, fraccionándolos y enredándolos con toda suerte de líos de competencias, obstrucciones, prescripciones y jurisprudencias sorprendentes. Otra vez, trabas pujolistas procurando impedir o estorbar el descubrimiento de la verdad. Este es también el evidente propósito de la querella de Pujol en Andorra contra un empleado bancario para anular, por pretendidamente ilícitas, las informaciones que facilitó. Y completará su estrategia escenificando de nuevo su sobreactuación victimista, con la inestimable ayuda del pendenciero Montoro.

El ministro, ciego para lo de su casa, dice que tenía a la vista datos contra los Pujol desde hace catorce años. O sea, que reconoce implícitamente que ellos también participaron en el pacto del silencio. Insinúa que actúa ahora porque Pujol y sus herederos políticos han lanzado un pulso al Estado. O sea, reconoce que su actuación es una represalia. Alimenta la farsa de identificar el pulso soberanista con el viejo líder y su amplio entorno político y económico, como si toda Cataluña fuera, fuéramos, una misma y única cosa. Justamente, lo que conviene al rancio discurso victimista.

Pujol, tras el primer gesto de la confesión-cortafuegos, con fingida melancolía, llamará ingratos a sus secuaces que le abandonan, a sus cómplices que le rehúyen, a sus leales que le reprueban y rechazan. Y finalmente conectará con sus fieles de fe ciega, que siempre le quedarán, buena gente ante la que fingir una heroica autoinmolación. Son los que aún le exculpan o disculpan, dispuestos a creer en la farsa del mito personalista, en que hay un desierto exterior, mortífero como el infierno, y dispuestos a creer también en aquel espejismo de un celestial oasis que nunca existió.

Comunicado sobre la situación de Guatemala

Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII

Guatemala se encuentra inmersa en una coyuntura política muy delicada, que podría desencadenar más violaciones a los derechos humanos y perpetuar la impunidad. Esta crisis hunde sus raíces en la falta de voluntad por parte del Estado en dar cumplimiento a los Acuerdos de Paz firmados en 1996. Ningún Gobierno, desde la firma de dichos Acuerdos, ha manifestado la voluntad de abordar las causas que dieron origen al enfrentamiento armado. Por el contrario, se fortalece un modelo económico que concentra la riqueza en pocas manos, dejando a la inmensa mayoría de la población hundida en la pobreza, la exclusión y el racismo, tal como señalan los obispos guatemaltecos en su último comunicado.

Organizaciones de Derechos Humanos han registrado, entre 2012 y lo que llevamos de año, 274 agresiones a defensores de derechos humanos y sociales. Se han incrementado las amenazas, secuestros, allanamientos a sedes de organizaciones sociales, violaciones sexuales, torturas y asesinatos de líderes comunitarios. Entre febrero y abril de 2013 fueron asesinados 8 líderes de organizaciones sociales. Otros están en prisión por su resistencia a las concesiones extractivas y a la explotación irresponsable de los recursos naturales del país. 27 vecinos de San Rafael Las Flores han sido encarcelados por su oposición a la minería. Ha habido asesinatos de campesinos que resisten al alza del coste de la energía eléctrica y de quienes se oponen al proyecto hidroeléctrico en Santa Cruz Badilas (Huehuetenango) y en las Verapaces. Se ha decretado el estado de sitio en varios municipios del oriente del país.

Se criminaliza la lucha social de los campesinos que reivindican tierra, de las organizaciones que ofrecen resistencia a la explotación minera y de las organizaciones sociales, activistas de derechos humanos, ONGs y religiosos que acompañan al pueblo. El gobierno del general Otto Pérez Molina implementa un modelo autoritario que genera violencia y corrupción. Ha hecho caso omiso a la multitud de consultas comunitarias respecto a la explotación minera y ha dado continuidad al terror selectivo. En el marco del juicio que se lleva a cabo contra el ex-presidente de facto, general Efraín Ríos Montt, y del responsable de la temida G-2, coronel Rodríguez, acusados de genocidio, un grupo de militares retirados y de la derecha neoliberal ha publicado en diversos medios una serie de señalamientos e injurias contra miembros de la Iglesia comprometidos con los pobres.

La Junta Directiva de la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII, en nombre de la misma, sensible al dolor y esperanza del pueblo guatemalteco, expresa su preocupación por la situación que vive Guatemala. Condena la escalada de violencia represiva contra activistas de derechos humanos, líderes sociales y personalidades religiosas, el desconocimiento por parte del gobierno guatemalteco de la voluntad soberana del pueblo expresada en todas las consultas comunitarias realizadas a lo largo y ancho del país, en las que rechaza la extracción minera. Asimismo, denuncia la campaña de tergiversación y calumnias, por parte del gobierno, militares y derecha guatemalteca, contra la Iglesia que, siendo fiel a Jesús, está al lado de los pobres y de sus anhelos de justicia y dignidad.

Nos hacemos eco del Comunicado de la Conferencia Episcopal de Guatemala en el que, con motivo del XV aniversario del asesinato del obispo Juan Gerardi, “pastor bueno que entregó su vida al servicio de los pobres y defensor de la dignificación de las víctimas de la violencia”, denuncia la situación de violación a los más elementales derechos humanos, la injusticia del sistema y la entrega de los recursos naturales del país a las empresas multinacionales a espaldas de la población, y llama al pueblo católico y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad a trabajar por otra Guatemala distinta, en palabras de monseñor Gerardi.

Nos solidarizamos con los anhelos de justicia y paz del pueblo guatemalteco, con sus luchas en defensa de sus derechos y con los agentes de pastoral que lo acompañan. Exigimos, finalmente, al Gobierno de Otto Pérez Molina respeto a los derechos humanos, garantías y libertades constitucionales de la población guatemalteca y la realización de un diálogo serio y responsable con todos los sectores sociales y populares.

La exhortación Evangelii Gaudium desde una mirada sociológica

Miguel Ángel de Prada

El texto firmado por el papa Francisco responde a la petición hecha por los obispos en la Asamblea sobre Nueva Evangelización para la transmisión de la fe cristiana (Roma, octubre de 2012) y tiene como destinatarios a los fieles cristianos en general, pero resaltando en el preámbulo la escala jerárquica intraeclesial: a los obispos, a los presbíteros y diáconos, a las personas consagradas .

La exhortación plantea expresamente que “no es un documento social”, para eso ya está la doctrina social de la Iglesia y, además, “ni el Papa ni la Iglesia tienen el monopolio en la interpretación de la realidad social o en la propuesta de soluciones para los problemas contemporáneos”. Sin embargo, gran parte de los capítulos 2 (“Algunos desafíos del mundo
actual”) y 4 (“La dimensión social de la Evangelización”) se dedican a hacer un diagnóstico de la sociedad actual y, en menor medida, a esbozar propuestas. Sobre el alcance y límites de estos aspectos “sociales” hacemos algunas valoraciones.

CRÍTICA SOCIAL COMO DENUNCIA PROFÉTICA
El documento apuesta de forma rotunda por la justicia y la solidaridad a nivel mundial en contra de la economía basada en el
beneficio, y a favor de la dignidad del trabajo y de los más débiles. El Papa es consciente de que su discurso, basado en el mensaje del Dios de Jesús, es molesto a los poderes establecidos: “¡Cuántas palabras se han vuelto molestas para este sistema! Molesta que se hable de ética, de solidaridad mundial, de distribución de los bienes, de preservar las fuentes
de trabajo, de dignidad de los débiles, de hablar de un Dios que exige un compromiso por la justicia” (nº 203). En esta línea se afirma la “función social de la propiedad y el destino de los bienes como realidades anteriores a la propiedad privada” (nº 189), lo que le lleva a reclamar la redistribución del ingreso mundial entre los pueblos empobrecidos, no sólo porque les corresponde sino porque tienen un lugar privilegiado en el Pueblo de Dios (“la opción por los pobres como categoría teológica”, en clara continuidad con la teología de la liberación, a la que sin embargo no se cita). La necesidad de resolver las causas estructurales de la pobreza no puede esperar ni “podemos confiar en las fuerzas ciegas y la mano invisible del mercado, remedios que son nuevo veneno” (nº 204).

La propuesta del documento es “cuidar la fragilidad”, lo que exige prestar atención a las antiguas y nuevas formas de exclusión: sin techo, sin trabajo, toxicómanos, refugiados, pueblos indígenas, ancianos, migrantes, trata de personas
para la explotación, las mujeres “doblemente pobres pero heroicas en sus respuestas”, así como el maltrato medioambiental y,
también, los niños por nacer (en clara alusión a su rechazo del aborto). Estos sectores frágiles son denominados “desechos o sobrantes” de la cultura del “descarte” y apuntarían a una dinámica social más allá de la explotación laboral y de la opresión política. Lo que le lleva a una rotunda denuncia profética: “no a una economía de la exclusión, esta economía mata; no a la nueva idolatría del dinero’; ‘no a la iniquidad que genera violencia”.

El Papa invita “con afecto” a las minorías dominantes a que cambien de actitud y “si alguien se siente ofendido por mis palabras, le digo que las expreso con afecto…, lejos de interés personal o ideología política. Sólo me interesa procurar que aquellos que están esclavizados por una mentalidad individualista… puedan liberarse de esas cadenas indignas” (nº 208). La dignidad de la persona y el bien común están por encima de la tranquilidad de minorías que no quieren renunciar a sus privilegios. Frente a esas minorías privilegiadas es necesaria la voz profética de la Iglesia (nº 218).

En relación a los fieles cristianos se critica “la cara de funeral de quienes han optado por una cuaresma sin pascua” y se les invita a ser “audaces… salir a todas las periferias, sin exclusiones, en una dinámica del éxodo y el don”. El objetivo debe ser apoyar “la constitución de pueblos de ciudadanos responsables, no de masas arrastradas por las fuerzas dominantes,
un trabajo lento y arduo que exige querer integrarse y aprender a hacerlo hasta encontrar una cultura del pueblo en paz, justicia y fraternidad” (nº 220).

Al final del capítulo 4 se aborda el tema de “el diálogo social como contribución a la paz”: diálogo con los estados, con la sociedad –con las culturas y las ciencias– y con otros creyentes y no creyentes. En el diálogo con el Estado y con la sociedad, la iglesia no tiene soluciones pero, junto con las diversas fuerzas sociales, coopera en desarrollar propuestas que respondan a la dignidad de la persona y al bien común. En esta búsqueda, el documento plantea que el sujeto principal es la gente y su cultura, no las élites ni las clases sociales. Este planteamiento podemos decir que suena bien pero se pone más el acento en el cambio de actitudes (de minorías privilegiadas y de masas excluidas) que en el cambio de estructuras
de poder y culturas de dominio.

MARCO DOCTRINAL AMBIVALENTE
Sobre el diálogo entre la fe y la razón, se afirma que “la fe no le tiene miedo a la razón; al contrario, la busca y confía en ella, lo que se justifica con un argumento teocéntrico de base tomista: “porque la luz de la razón y la de la fe provienen
ambas de Dios” (nº 242).

Prima en este caso la desmemoria eclesial de tantas condenas a sus espaldas por enfrentarse a los avances de la ciencia en nombre de Dios. Un punto de actualidad que parece poco coherente con el principio anterior es la actitud cerrada en relación a la despenalización del aborto, cuando desde la razón laica hay muchas opiniones al respecto y existe un notable consenso
en la comunidad científica en que no hay vida humana antes de la octava semana de gestación.

La exhortación tiene mucho interés cuando afirma que la iglesia procurará siempre que la ciencia respete la centralidad y el valor supremo de la persona y que la sociedad puede verse enriquecida por un diálogo de saberes y creencias que abra nuevos horizontes al pensamiento. Se propone una síntesis entre el uso responsable de las metodologías propias de las ciencias empíricas y otros saberes, como la filosofía, la teología y la misma fe. Sin embargo, no corre bien con esta propuesta la afirmación de que la “fe eleva al ser humano hasta el misterio que trasciende la naturaleza y la inteligencia humana” (nº 242), ¿no descolocará este planteamiento sobrenatural a los “otros” dialogantes cuya base común es la naturaleza racional que
todos comparten?

Respecto a los no-cristianos y a los no-creyentes, se les ve como aliados siempre que “sean fieles a su conciencia” o “busquen sinceramente la verdad, la bondad y la belleza” (nº 257). En tales casos pueden vivir “justificados por la gracia” aunque no en su plenitud ni siendo conscientes de ello (tesis tradicional del “cristiano anónimo”). Pero se les
teme cuando se sospecha que no respetarán la libertad religiosa como derecho fundamental, o si mantienen en el olvido las aportaciones de los textos religiosos clásicos por mor de “la cortedad de vista de los racionalismos” (nº 256). En cuanto a los defensores de los derechos humanos, le recuerdan a la iglesia que debe colaborar con la justicia y que no lo ha hecho, aunque existen casos flagrantes de pederastia, en la reciente comparecencia de la Santa Sede en la sesión de la ONU del mes de enero de 2014, dedicada a las víctimas de abusos sexuales. Una oportunidad perdida del nuevo Papa para hacer valer sus principios, que sí ha aprovechado en el Foro de Davos al exigir que la economía esté al servicio de la sociedad.

La exhortación Evangelii Gaudium desde la mirada de un ateo

Luis Vega Domingo

“Me corresponde, como Obispo de Roma, estar abierto a las sugerencias que se orienten a un ejercicio de mi ministerio que lo vuelva más fiel al sentido que Jesucristo quiso darle y a las necesidades actuales de la evangelización”, escribe el Papa en el crucial documento titulado Evangelii Gaudium (La alegría del Evangelio)”.

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Seis figuras con paisaje

Evaristo Villar

Éxodo 118 (marz.-abril) 2013
– Autor: Evaristo Villar –
Los curas contra Franco
 
Presentamos este libro de Rosa Cal, de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, con una doble intención: En primer lugar, para mantener viva la memoria de una historia real que se convierte en paradigma de tantas otras por las que ha venido transitando la Iglesia de todos los tiempos; y, en segundo lugar, para dar a conocer una de las señas de identidad que mejor definen a la Iglesia de Base, es decir, su presencia en el conflicto desde el lado de las víctimas. Desde el estudio completo y brillante de Rosa sobre “Los Curas del Ferrol contra Franco” emergen, entre otras, algunas evidencias como las siguientes:

1. El paisaje global que sirve de telón de fondo a la puesta en escena de los seis protagonistas que tejen la historia de este libro tiene unas connotaciones socio-políticas y cultural-religiosas globales muy específicas: económica y socialmente la sociedad española está cargando con las secuelas de la Guerra Civil del 36; políticamente, es un Estado confesional como refleja la carta colectiva del episcopado del 37 que apoya, casi por unanimidad, el franquismo. Mundialmente, en política crece la tensión de la guerra fría entre los dos bloques y en cultura está en efervescencia la revolución de los años 60. Y en la Iglesia universal, con la inesperada llegada de Juan XXIII a la silla de Pedro, se pone en marcha el Concilio Vaticano II.

El paisaje local del Ferrol, origen y cuna del dictador, ayuda a entender la rebelión de este grupo de curas. La nueva imagen de esta ciudad del noroeste español se debe, de una parte, a su creciente expansión industrial (empresas como la BAZÁN, ASTANO, PEMSA, PYSBE, MEGASA, etc.), con el surgimiento de nuevas barriadas que la convierten en “ciudad sin ley”; y de otra, a la presencia dominante del estamento militar, debido a su ubicación geoestratégica (Capitanía General del Departamento del Cantábrico, VIII Región Militar). La Iglesia, aliada del franquismo en la guerra, en contacto con el naciente mundo laboral y los primeros escarceos sociopolíticos (CC.OO. y PC), comienza ahora a desprenderse (la JOC, la HOAC). En este nuevo contexto se entiende mejor la presencia de estos seis sacerdotes (con el apoyo tácito de los obispos Argaya y Arauxo Iglesias y el mismo vicario Gabriel Pita da Veiga). Con su acción social y pública, con su rebeldía frente al statu quo, estos seis sacerdotes ponen en cuestión el ordenamiento socioeconómico y el maridaje político-religioso de una ciudad, secuestrada por la falta de libertad y dominada por la opresión a la clase obrera. Estos son sus nombres: Gabriel Vázquez Seijas, José Chao Rego, Eliseo Ruiz Cortázar, Antonio Martínez Aneiros, Ángel Ferreiro Corrás y Vicente Couce Ferreira.

Inicialmente el grupo aparece vinculado a los movimientos sociales de la Iglesia agrupados en la Acción Católica. Pero, a medida que la represión del régimen se va haciendo más fuerte sobre el mundo laboral y político, su presencia aparece vinculada a la lucha clandestina de los nacientes sindicatos de clase y a las agrupaciones políticas de izquierda, a los que frecuentemente surten de apoyo logístico y de inspiración.

2. Leídas detenidamente las 515 páginas de este voluminoso y exhaustivo estudio, me quedo con estas impresiones fácilmente detectables:

Se trata de un grupo de curas que apunta abiertamente hacia una herejía en el sentido más original del término: airesis, herejía, es la elección de una parte que rompe la continuidad y la homogeneidad de un todo; se trata de elegir una dirección, un camino diferente, y aun contrario, al que lleva la mayoría; una tabla de valores que rompe el sistema establecido y aceptado por la mayoría. En este sentido, esta elección es anómala y hasta una anomía fuera de lo común que se sitúa en desobediencia y rebeldía con el imperativo al que se ajusta el común de la ciudadanía. Aplicado a la herejía en las religiones, Erns Bloch las valora positivamente porque suponen un avance en el sueño humano: “lo mejor de la religión, dice, es que provoca herejes”. (No se refiere, claro está, a sus consecuencias frecuentes: cárcel, guillotina, hoguera, silenciamiento, etc.)

Quiero aclarar, no obstante, que la herejía de los seis del Ferrol tiene algo de atrayente y novedoso, pues no se refiere a lo vulgar y reiterativo de la “ortodoxia”, o elección discrepante de una fórmula dogmática o hermenéutica. Su herejía se sitúa en un campo más peligroso, “en la praxis; es una herejía de ortopraxis”. Dicho más claramente, cuando las mayorías caminan con los pies trabados y los ojos vendados bajo el peso irracional e implacable de la dictadura, estos curas marchan con los pies libres y los ojos abiertos; cuando la masa duerme (y el sueño de la razón, según Goya, produce monstruos), ellos velan en la noche. Conocen a fondo la herejía de Jesús de Nazaret con referencia a la sociedad y religión de su tiempo: contra las imposiciones del templo, del sábado y la Tora; contra la corrupción política y complicidad económico-política de sus dirigentes con el imperio. Y saben que, honestamente, no les queda otra opción, pues han hecho elección por las víctimas del pueblo y no por el statu quo.

Estos curas creen abiertamente en la sinceridad del Vaticano II cuando, ante situaciones de opresión parecidas, se dirige a los trabajadores diciendo: “El papa Juan XXIII supo encontrar el camino hacia vuestro corazón. Mostró claramente en su persona todo el amor de la Iglesia por los trabajadores, así como por la verdad, la justicia, la libertad, la caridad, sobre las que se funda la paz en el mundo… por nuestra parte queremos deciros con toda convicción: la Iglesia es amiga vuestra. Tened confianza en ella”. (Mensajes del Concilio a los trabajadores 4). En esto son conciliares. Su herejía conciliar fue esta: acercarse y defender a los trabajadores a quienes la Iglesia oficial, cómplice de la dictadura, olvidaba y estaba abandonando a su suerte.

2ª. “Me convencí, dice Currás, de que cristianizar, divinizar, no era mi labor, sino Jesús de Nazaret, elevar a las personas, apoyar a los oprimidos”. En el contexto del Ferrol, entre el 1950 y 1978, esos oprimidos son los trabajadores y gitanos que son la parte más débil de esa sociedad en expansión; son las principales víctimas de la represión política por defender sus derechos laborales, y su intento de inclusión en una sociedad que los discrimina por motivos socioeconómicos y étnicos.

Erradicar la pobreza de estos ambientes se convirtió en principio irrenunciable de la acción cristiana –política y sindical– de estos sacerdotes. Se trata de una consecuencia lógica del principio de “solidaridad radical” que supieron intuir fielmente las primeras comunidades del mensaje, vida y praxis de Jesús. La opción por los pobres y contra los ricos convierte a los primeros en principio de verificación de la ortopraxis cristiana. Por eso se ha dicho, y con razón, que los pobres son el “privilegio hermenéutico” para verificar la verdadera práxis cristiana.

Y por si alguien pudiera albergar alguna duda sobre la verdad de este aserto, lo confirma abiertamente en su propio leguaje el Vaticano II en el Decreto Ministerio de los presbíteros6: “Si es cierto que los presbíteros se deben a todos, dice, de modo particular, sin embargo, se les encomiendan los pobres y los más débiles, con quienes el Señor mismo se muestra unido”.

Se trata de un grupo sorprendente, un grupo de clérigos que está en la entraña misma de la Iglesia sin ser eclesiástico. Son párrocos, coadjutores, consiliarios de la JOC o de la HOAC, directores de la Domus Ecclesiae. Más dentro de la institución eclesial, imposible. (Esto siempre llama la atención: si no estáis de acuerdo con la Iglesia –se refieren a la jerarquía–, se dice, ¿por qué no os vais?). No son de ese tipo de eclesiásticos que están en la Iglesia buscando “poder”, haciendo carrera –podrían hacer lo mismo en una empresa civil–, sino que han entendido bien que están en la Iglesia para “servir mejor, en ese momento, al pueblo”. Pepe Chao le dice abiertamente al obispo Argaya: “por favor, dame tareas, no me ofrezcas cargos”.

En el ámbito intraeclesial despliegan un estilo de religión de carácter profético y liberador, centrada en el Dios de Jesús que se compromete con la historia hasta encarnarse en la misma y empujarla a las más altas cuotas de humanización. En esta misma dirección, estos curas apuestan por la centralidad del ser humano. La persona, que en este caso es el trabajador, el gitano, el despojado, lo convierte en sujeto preferente y fin de su acción cristiana. No soportan que se siga utilizando a esta clase de personas como medio para conseguir otros fines políticos o sociales. Así lo dejó establecido el filósofo cristiano Emmanuel Kant en su “imperativo categórico” que constituye el punto central de su ética y de toda la deontología moderna: “obra de tal manera que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre como un fin y nunca como un medio”.

Indirectamente, esta praxis religiosa, volcada sobre el ser humano, denuncia otra forma de religión que es la oficial y mayoritaria, legitimadora del statu quo: es la religión de cristiandad –el nacionalcatolicismo– individualista y burguesa, espiritualista y evasiva, cómplice, al menos por su silencio, de las inhumanidades e injusticias del régimen. Hay obispos en las cortes franquistas y capellanes disimulando las torturas y el pavor del condenado a muerte que espera cada noche la ejecución. Hay que leer los poemas de Miguel Hernández o el impactante libro de Marcos Ana (Decidme cómo es un árbol. Memoria de la prisión y la vida) para percatarse. Nada extraña que, desde esta praxis, estos curas sean considerados “comunistas” y filomarxistas”. ¡Qué gráfica y paradigmáticamente dejó reflejadas Helder Cámara estas situaciones similares que se van repitiendo en la historia: “cuando hago caridad me llaman santo, cuando lucho por la justicia me llaman comunista”.

Y Carlos Alfonso Comín expresaba lo mismo en su vida y en su libro Cristiano en el partido, comunista en la Iglesia.

En conclusión. Si tuviera que plasmar en una imagen viva y cercana la presencia profética de estos sacerdotes ferrolanos en medio de su pueblo y la referencia ejemplar que su testimonio ofrece a la renovación de la Iglesia de hoy, lo haría con el samaritano del Evangelio. Es verdad que en el Nuevo Testamento aparecen varios samaritanos y ninguno es oficialmente religioso. Me refiero principalmente al samaritano que se compadece del hombre apaleado y abandonado al borde del camino y decide ayudarle.

Inspirado en esta imagen, el mártir Ignacio Ellacuría, siguiendo a su maestro al filósofo Zubiri, describe con brillantez los tres momentos de la praxis profética cristiana:

El primer momento para hacerse cargo de lo que está pasando en su entorno, en su ciudad, en el mundo. Es el VER las cosas con amor y compasión porque “solo el amor es quien ve la realidad”. En este campo se sitúa el primer paso de estos sacerdotes ferrolanos.

El segundo momento para cargar con la realidad, lo que implica romper con la inercia y la distancia con las víctimas por prejuicios o razones ideológicas. Desde aquí se entiende perfectamente el elogio que José Martí, héroe de la independencia cubana, hace de Karl Marx: “porque se puso del lado de los débiles, merece honor”. Así fue la praxis de los seis del Ferrol.

Y el tercer momento para encargarsede la realidad contribuyendo a la liberación de las opresiones y comenzando por las más básicas, la libertad y el hambre, porque, como afirma Erns Bloch, en un mundo explotado y empobrecido “el estómago es la primera lámpara que reclama su aceite”.

En definitiva, la presencia de estos seis protagonistas está marcada no solo por el tipo de personas que son, sino también por el contexto global y local que les exige una presencia samaritana en la ciudad. Parafraseando el juicio que hace el teólogo Robira Belloso sobre Alfonso Carlos Comín, coetáneo (como otros lo fueron en contextos distintos: (Diamantino, Julio Lois, Díez Alegría, etcétera.), estas personas “nunca llevaron la fe de modo vergonzante sino alegre y militante… fueron una presencia fresca y profética en medio de la crueldad de una dictadura implacable; tuvieron hondura ética suficiente para ser una presencia estimulante en medio del pueblo excluido y una voz profética y referente para el testimonio cristiano de todos los tiempos”.

Comunicación ambiental para la transformación social

Concepción Piñero García

Éxodo 111 (nov.-dic.) 2011
– Autor: Concepción Piñero García –
 
No es frecuente hacer una reseña de una tesis y menos aún de una investigación propia, pero es la divulgación de la investigación científica y el compromiso de que ésta esté a disposición del trabajo cotidiano lo que me lleva a describir y criticar este estudio, disponible en Internet, para hacerlo aún más accesible.

La investigación, extensa e intensa (en palabras de miembros del tribunal), busca aportar criterios para mejorar la comunicación ambiental sobre consumo responsable, especialmente para iniciativas que se desarrollen en Madrid, por su acercamiento previo al contexto de crisis, que se describe en el capítulo 2.

El documento cuenta con una mirada interdisciplinar a lo largo de sus diferentes capítulos, aunque la exposición teórica inicial del capítulo 3 enmarca las principales disciplinas de referencia: Educación ambiental, Psicología social/ambiental, Sociología (ambiental y del consumo), Ciencias de la Comunicación y Estudios de género. Esta investigación ha sido realizada en el marco del Doctorado Interuniversitario de Educación Ambiental y del trabajo del equipo ECOMAS del Departamento de Ecología de la Universidad Autónoma de Madrid. Sus entrañas metodológicas quedan descritas en detalle en cada capítulo, pero cuenta con una descripción metodológica general en el capítulo 4.

Parte de la idea de la comunicación como un proceso constante y diverso en las iniciativas y personas que trabajan por la transformación social, que queda descrito en el capítulo 5, con las barreras más frecuentes que hemos encontrado en los procesos de comunicación. Desde los proyectos e impulsos de mejora, comunicamos de muchas maneras y tratamos de construir mensajes con capacidad de cambio. Buscamos cambios que posibiliten nuevas formas de vida, estilos de vida y hábitos de consumo, que se caractericen por la armonía entre naturaleza y sociedad. En definitiva, anhelamos la sostenibilidad y a la hora de plantear la comunicación para la transformación social y los cambios en el consumo, el estudio describe tres ejes de profundización: ética, motivación y participación (capítulo 6).

El libro considera el consumo como uno de los aspectos de esas formas de vida más respetuosas, críticas, conscientes, responsables… En la sociedad de consumo actual, es una de las oportunidades de transformación visibles y en auge. Por ello, el capítulo 7 es el más destacado de este trabajo, abarcando un análisis de los discursos sobre el consumo responsable que clarifica este campo que es complejo conceptualmente y en sus prácticas cotidianas. Ha sido de especial interés para las personas que han contado con este trabajo para aplicarlo a sus respectivas actuaciones en consumo responsable, seguir estas reflexiones acerca de los conceptos de consumo responsable que se manejan, de los valores que subyacen, de las ideas-fuerza con la que se hace operativo, etc.

Las aportaciones de las entrevistas personales y grupales así como los cuestionarios a personas implicadas en el consumo responsable (sostenible, consciente, transformador, etc. según las múltiples etiquetas que se emplean para denominarlo), el análisis de diez guías de consumo y las derivas urbanas (a modo flâneur) para recolectar los mensajes de consumo responsable en la ciudad de Madrid constituyen un mosaico metodológico que plantean las diferentes tensiones que hay en el campo actual de estas formas alternativas de consumo como la del discurso del placer y del disfrute cotidiano del cambio de opciones frente al discurso del activismo exigente y las oportunidades para aumentar la capacidad de cambio de los mensajes de consumo responsable que son: género, tiempo, asequibilidad e inclusión.

Por último, se desarrolla una aplicación de los diferentes resultados de cada una de las etapas de investigación previas a un estudio de caso, que es la Estrategia de Consumo Responsable de Greenpeace (capítulo 8), que sirve para ilustrar el enfoque práctico con el que alguien se puede acercar a esta publicación.

http://tesisenred.net/handle/ 10803/49893

VIDAS HIPOTECADAS. DE LA BURBUJA INMOBILIARIA AL DERECHO A LA VIVIENDA

Miguel Ángel de Prada

Éxodo 117 (en.-feb) 2013
– Autor: Miguel Ángel de Prada –
 
Un texto, dos autores y dos prologuistas. Es todo un libro para el diálogo, que consigue contar con la complicidad del lector desde la primera línea y establecer con él un diálogo reflexivo para la transformación social. Porque en España, la vivienda ha pasado de ser un derecho constitucional a proteger, a ser un derecho sistemáticamente vulnerado, tal como denunció en 2006 Miloon Kothari, evaluador de la ONU para España sobre el Derecho a una vivienda adecuada. Y además, según dicho informe de la ONU, en la vulneración sistemática de este derecho las administraciones públicas habían sido cómplices. Esto se decía ya en 2006, antes de cualquier atisbo de crisis en la burbuja inmobiliaria, y es que el problema de la vivienda en España no es de ahora, ni de antesdeayer, sino como nos recuerda José María Naredo: “Si alguna cosa dejó atada y bien atada la dictadura, fue la política de vivienda, la herencia de su modelo urbanístico y la práctica del pelotazo inmobiliario”. Desde las últimas décadas de la dictadura y lo mismo durante la democracia, la política de vivienda ha ido dirigida a convertir a los “proletarios en propietarios”, a través de transformar el bien social de la vivienda en mercancía, como nos explican Ada y Adriá.

El libro de apenas doscientas páginas lo podemos considerar un libro de bolsillo, accesible para todos los públicos, aunque estaría mejor decir que se convierte en libro de cabecera por la claridad en la exposición de “Cómo hemos llegado hasta aquí: El ADN de la burbuja inmobiliaria” (parte primera); por la contundencia de la respuesta colectiva que ha supuesto desde 2009 la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) (parte segunda), y por los valiosos consejos y recursos que ofrece a quienes se encuentren en vía de expulsión de la vivienda (parte tercera).

Ada Colau y Adriá Alemany son dos investigadores jóvenes, activistas catalanes del movimiento por el derecho a la vivienda digna, que surgieron de las luchas en 2006 en plena euforia del boom inmobiliario. Ada trabaja en el Observatorio de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (DESC) y Adriá es economista. Como resultado de aquellas luchas, en 2009 impulsan la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), a la vez que elaboraban diversos materiales de reflexión y audiovisuales sobre el tema: el documental La ley del ladrillo (2007) y el corto El ADN de la burbuja inmobiliaria (2009). El presente texto es tanto fruto de sus luchas como de sus reflexiones y de su saber comunicar. Es un texto de lectura fácil, que forma parte del género literario del “ensayo reivindicativo”, como recuerda G. Pisarello, profesor de Derecho constitucional en la UAB y primer prologuista. El profesor Pisarello termina sus palabras con el lema que día tras día hacen posible las mujeres y hombres de la PAH: “Sí se puede”. Y este mismo lema sirve como título para la aportación de José Coy, afectado por la hipoteca en Murcia, que después de un intento fallido de constituir una asociación de afectados para defender sus derechos, encontró una guía válida en la experiencia barcelonesa de la PAH. Hoy hay más de 60 plataformas locales en toda España y es que todas las herramientas están diseñadas para su reproducción en cualquier lugar. La PAH no surgió de la nada, sino de un grupo de personas vinculadas a la experiencia de “V de vivienda”, movimiento social nacido en 2006 a partir de un correo electrónico anónimo que circuló por la red convocando a los jóvenes a hacer una concentración de protesta en las principales plazas de las ciudades del Estado para exigir el derecho a una vivienda digna. Internet fue y es el medio de organización, la misma forma de surgir y funcionar que han adquirido los nuevos movimientos sociales de “Democracia real YA” y el “15M”; similitudes que junto con la convergencia en los objetivos ha propiciado una fuerte articulación entre ellos. V de Vivienda hizo un gran aporte renovando el lenguaje y los códigos utilizados hasta el momento por los movimientos sociales tradicionales. Su fuerte, como recuerdan Ada y Adriá, fue la capacidad de conectar con la opinión pública mediante campañas directas e imaginativas; así fue el lema de la primera manifestación: “No tendrás casa en la puta vida”; o la creación del Superhéroe, que irrumpía, en los mítines de los candidatos en las elecciones municipales de 2007, con el artículo 47 de la Constitución inscrito en el dorso de su capa para denunciar la mercantilización de la vivienda y los esfuerzos sobrehumanos que tienen que hacer los ciudadanos para sobrevivir en unas ciudades cada vez más caras, inaccesibles y excluyentes.

El relato de este drama social es, para Ada y Adriá, “el resultado de una legislación anacrónica, que es prácticamente una versión contemporánea de la esclavitud: los que en una ocasión cometieron el error de firmar una hipoteca, quedarán condenados financieramente de por vida (…) Al desahucio se le suma una condena financiera que se transforma en una condena a la exclusión social: la persona podrá se embargada de por vida (nóminas, cuentas bancarias, herencias, etc) y tendrá serias dificultades para llevar una vida digna, ya que al aparecer en el listado de morosos puede convertirse en un impedimento a la hora de encontrar trabajo, alquilar una vivienda, contratar un línea telefónica o, incluso, percibir ayudas públicas. Por haber querido acceder a una vivienda, a un bien de primera necesidad reconocido como derecho fundamental, puede convertirse en un proscrito sin posibilidad de recuperarse (…) Esta grave vulneración del derecho a la vivienda implica la vulneración de otros derechos fundamental interdependientes, como es el derecho a la salud” (pp. 31-32), tal como se ha visto en el aumento de casos de suicidio por esta causa.

La respuesta colectiva de la PAH al gran problema social de los desahucios ha conseguido logros espectaculares: las personas afectadas han perdido el miedo a exhibir y se han unido; la fuerza conjunta ha llegado de la capacidad de aglutinar fuerzas para hacer frente a la todopoderosa banca, porque, como recuerda el prologuista afectado José Coy, Joaquín el Cura, sacerdote murciano y activista de la PAH, reza diciendo que “la banca no tiene corazón, la ciudadanía, sí”. Una ciudadanía que ha sabido manejar la pluralidad que atraviesa al movimiento en cuanto a procedencias (inmigrantes y autóctonos), identidades, creencias y culturas. Pluralidad que explica el gran arraigo de un movimiento tan joven que ha pasado del silenciamiento inicial mediático a situarse en el centro de la agenda social y política: a todos nos han hecho aprender lo que es la “dación en pago” y a la clase política la han puesto contra las cuerdas para hacerla cambiar la ley hipotecaria, pese a las resistencias directas de la gran banca. Termina el prologuista afectado por la hipoteca haciendo un llamamiento a no cejar ni un momento, dado que la realidad de las pequeñas victorias no debe hacer olvidar que el final del conflicto no está escrito. Sin embargo sí se han abierto las puertas de un cambio de época para el derecho a vivienda digna, para que la hipoteca de un bien no pueda nunca volver a hipotecar la vida de las personas. Quizá, lector, si has llegado hasta aquí, podrás felicitar a la PAH en su cuarto aniversario (29 de febrero de 2009) y podrás seguir diciendo, “sí se puede”, ¿o es que se puede hacer más en menos tiempo?