Ni oasis ni “omertá”

José María Mena

Aquí hubo mucho que denunciar pero no denunciantes; Pujol se benefició de un provechoso silencio cooperador y cómplice

Se hablaba del oasis catalán, pero todos sabíamos que nunca existió. Un oasis es un vergel en el desierto, y en sentido figurado, un refugio frente a las penalidades. Un oasis implica una diferencia abismal entre un exterior tórrido, estéril y hostil, en que se muere de sed, y un plácido interior, fértil, fresco y acogedor. Cataluña es un país normal, una nación normal, como otra cualquiera, con penalidades similares a las demás, sin diferencias abismales con el mundo exterior. No es un plácido vergel interno, ni está rodeada por un mortífero desierto externo.

En un país normal hay cosas, historias y gentes buenas, medianas y malas. Hay muchas buenas personas con sus virtudes individuales y colectivas, sus problemas, defectos y contradicciones, su generosidad y sus utopías, sus lealtades y fidelidades. También hay malas personas con su ­egoísmo, su avaricia, su doblez. Esta mala gente, cuando tiene poder económico, social o político, se sirve de él.

La fingida confesión del patriarca, ­fríamente calculada, es el inicio de su estrategia de contraataque ante la rotura del silencio.

Por eso, lamentablemente, es normal que haya tantos Bárcenas y Millet. No es normal, sin embargo, que tengamos que soportar la farsa de la identificación de todo un pueblo y sus sentimientos, con un líder, su familia y su amplio entorno, que se sirven de los símbolos, lealtades y fidelidades para mandar y comerciar, enriqueciéndose impunemente.

No hay impunidad sin silencios, porque no hay justicia sin pruebas, sin denunciantes. Durante casi una generación, aquí hubo mucho que denunciar pero no ha habido denunciantes, salvo voces excepcionales clamando en el desierto. Un desierto de silencio social, político y mediático que aparentaba ser un plácido ­oasis. Cuando Maragall denunció lo del 3% tampoco habló nadie. Muchas murmuraciones, pero ni un testigo, ni un perjudicado, ni un mínimo asidero para una actuación judicial eficaz. Instalada en un clamoroso silencio reinaba la voracidad desinhibida de la familia Pujol y su corte.

Por eso algunos dicen ahora que se ha roto la omertá catalana. Pero, igual que nunca hubo oasis catalán, nunca hubo omertá catalana. La omertá es la ley del miedo, del silencio de la mafia. Aquí nunca se impuso el silencio con miedo. Solo hay un provechoso pacto de silencio cooperador o cómplice. Voluntaria e interesadamente, callan los que piden y los que dan, los que ofrecen y los que aceptan, los que obtienen ventajas y los que las esperan.

Son los que aún le exculpan o disculpan, dispuestos a creer en la farsa del mito personalista, en que hay un desierto exterior.

El escándalo producido por la exhibición desvergonzada de riqueza de los hijos del patriarca, con colección de automóviles de lujo incluida, y la explosiva denuncia de la novia de uno, resentida o arrepentida, rompieron el silencio e hicieron inaplazable la jugada del viejo líder. No es creíble que su pretendida autoinculpación, parcial e inveraz, obedezca a un cristiano acto de contrición. Su fingida confesión, fríamente calculada, es el inicio de su estrategia de contraataque ante la rotura del silencio, las noticias de Andorra y el inminente acoso de Montoro. La confesión quiso ser un cortafuegos, aunque ya era ineficaz frente a tantos vientos contrarios. Él mismo ha acabado de incendiar su espejismo del oasis catalán. Ya no será honorable, pero aún puede asegurar el botín familiar.

Regateará al Parlament. Eternizará los procesos judiciales, fraccionándolos y enredándolos con toda suerte de líos de competencias, obstrucciones, prescripciones y jurisprudencias sorprendentes. Otra vez, trabas pujolistas procurando impedir o estorbar el descubrimiento de la verdad. Este es también el evidente propósito de la querella de Pujol en Andorra contra un empleado bancario para anular, por pretendidamente ilícitas, las informaciones que facilitó. Y completará su estrategia escenificando de nuevo su sobreactuación victimista, con la inestimable ayuda del pendenciero Montoro.

El ministro, ciego para lo de su casa, dice que tenía a la vista datos contra los Pujol desde hace catorce años. O sea, que reconoce implícitamente que ellos también participaron en el pacto del silencio. Insinúa que actúa ahora porque Pujol y sus herederos políticos han lanzado un pulso al Estado. O sea, reconoce que su actuación es una represalia. Alimenta la farsa de identificar el pulso soberanista con el viejo líder y su amplio entorno político y económico, como si toda Cataluña fuera, fuéramos, una misma y única cosa. Justamente, lo que conviene al rancio discurso victimista.

Pujol, tras el primer gesto de la confesión-cortafuegos, con fingida melancolía, llamará ingratos a sus secuaces que le abandonan, a sus cómplices que le rehúyen, a sus leales que le reprueban y rechazan. Y finalmente conectará con sus fieles de fe ciega, que siempre le quedarán, buena gente ante la que fingir una heroica autoinmolación. Son los que aún le exculpan o disculpan, dispuestos a creer en la farsa del mito personalista, en que hay un desierto exterior, mortífero como el infierno, y dispuestos a creer también en aquel espejismo de un celestial oasis que nunca existió.

Comunicado sobre la situación de Guatemala

Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII

Guatemala se encuentra inmersa en una coyuntura política muy delicada, que podría desencadenar más violaciones a los derechos humanos y perpetuar la impunidad. Esta crisis hunde sus raíces en la falta de voluntad por parte del Estado en dar cumplimiento a los Acuerdos de Paz firmados en 1996. Ningún Gobierno, desde la firma de dichos Acuerdos, ha manifestado la voluntad de abordar las causas que dieron origen al enfrentamiento armado. Por el contrario, se fortalece un modelo económico que concentra la riqueza en pocas manos, dejando a la inmensa mayoría de la población hundida en la pobreza, la exclusión y el racismo, tal como señalan los obispos guatemaltecos en su último comunicado.

Organizaciones de Derechos Humanos han registrado, entre 2012 y lo que llevamos de año, 274 agresiones a defensores de derechos humanos y sociales. Se han incrementado las amenazas, secuestros, allanamientos a sedes de organizaciones sociales, violaciones sexuales, torturas y asesinatos de líderes comunitarios. Entre febrero y abril de 2013 fueron asesinados 8 líderes de organizaciones sociales. Otros están en prisión por su resistencia a las concesiones extractivas y a la explotación irresponsable de los recursos naturales del país. 27 vecinos de San Rafael Las Flores han sido encarcelados por su oposición a la minería. Ha habido asesinatos de campesinos que resisten al alza del coste de la energía eléctrica y de quienes se oponen al proyecto hidroeléctrico en Santa Cruz Badilas (Huehuetenango) y en las Verapaces. Se ha decretado el estado de sitio en varios municipios del oriente del país.

Se criminaliza la lucha social de los campesinos que reivindican tierra, de las organizaciones que ofrecen resistencia a la explotación minera y de las organizaciones sociales, activistas de derechos humanos, ONGs y religiosos que acompañan al pueblo. El gobierno del general Otto Pérez Molina implementa un modelo autoritario que genera violencia y corrupción. Ha hecho caso omiso a la multitud de consultas comunitarias respecto a la explotación minera y ha dado continuidad al terror selectivo. En el marco del juicio que se lleva a cabo contra el ex-presidente de facto, general Efraín Ríos Montt, y del responsable de la temida G-2, coronel Rodríguez, acusados de genocidio, un grupo de militares retirados y de la derecha neoliberal ha publicado en diversos medios una serie de señalamientos e injurias contra miembros de la Iglesia comprometidos con los pobres.

La Junta Directiva de la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII, en nombre de la misma, sensible al dolor y esperanza del pueblo guatemalteco, expresa su preocupación por la situación que vive Guatemala. Condena la escalada de violencia represiva contra activistas de derechos humanos, líderes sociales y personalidades religiosas, el desconocimiento por parte del gobierno guatemalteco de la voluntad soberana del pueblo expresada en todas las consultas comunitarias realizadas a lo largo y ancho del país, en las que rechaza la extracción minera. Asimismo, denuncia la campaña de tergiversación y calumnias, por parte del gobierno, militares y derecha guatemalteca, contra la Iglesia que, siendo fiel a Jesús, está al lado de los pobres y de sus anhelos de justicia y dignidad.

Nos hacemos eco del Comunicado de la Conferencia Episcopal de Guatemala en el que, con motivo del XV aniversario del asesinato del obispo Juan Gerardi, “pastor bueno que entregó su vida al servicio de los pobres y defensor de la dignificación de las víctimas de la violencia”, denuncia la situación de violación a los más elementales derechos humanos, la injusticia del sistema y la entrega de los recursos naturales del país a las empresas multinacionales a espaldas de la población, y llama al pueblo católico y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad a trabajar por otra Guatemala distinta, en palabras de monseñor Gerardi.

Nos solidarizamos con los anhelos de justicia y paz del pueblo guatemalteco, con sus luchas en defensa de sus derechos y con los agentes de pastoral que lo acompañan. Exigimos, finalmente, al Gobierno de Otto Pérez Molina respeto a los derechos humanos, garantías y libertades constitucionales de la población guatemalteca y la realización de un diálogo serio y responsable con todos los sectores sociales y populares.

La exhortación Evangelii Gaudium desde una mirada sociológica

Miguel Ángel de Prada

El texto firmado por el papa Francisco responde a la petición hecha por los obispos en la Asamblea sobre Nueva Evangelización para la transmisión de la fe cristiana (Roma, octubre de 2012) y tiene como destinatarios a los fieles cristianos en general, pero resaltando en el preámbulo la escala jerárquica intraeclesial: a los obispos, a los presbíteros y diáconos, a las personas consagradas .

La exhortación plantea expresamente que “no es un documento social”, para eso ya está la doctrina social de la Iglesia y, además, “ni el Papa ni la Iglesia tienen el monopolio en la interpretación de la realidad social o en la propuesta de soluciones para los problemas contemporáneos”. Sin embargo, gran parte de los capítulos 2 (“Algunos desafíos del mundo
actual”) y 4 (“La dimensión social de la Evangelización”) se dedican a hacer un diagnóstico de la sociedad actual y, en menor medida, a esbozar propuestas. Sobre el alcance y límites de estos aspectos “sociales” hacemos algunas valoraciones.

CRÍTICA SOCIAL COMO DENUNCIA PROFÉTICA
El documento apuesta de forma rotunda por la justicia y la solidaridad a nivel mundial en contra de la economía basada en el
beneficio, y a favor de la dignidad del trabajo y de los más débiles. El Papa es consciente de que su discurso, basado en el mensaje del Dios de Jesús, es molesto a los poderes establecidos: “¡Cuántas palabras se han vuelto molestas para este sistema! Molesta que se hable de ética, de solidaridad mundial, de distribución de los bienes, de preservar las fuentes
de trabajo, de dignidad de los débiles, de hablar de un Dios que exige un compromiso por la justicia” (nº 203). En esta línea se afirma la “función social de la propiedad y el destino de los bienes como realidades anteriores a la propiedad privada” (nº 189), lo que le lleva a reclamar la redistribución del ingreso mundial entre los pueblos empobrecidos, no sólo porque les corresponde sino porque tienen un lugar privilegiado en el Pueblo de Dios (“la opción por los pobres como categoría teológica”, en clara continuidad con la teología de la liberación, a la que sin embargo no se cita). La necesidad de resolver las causas estructurales de la pobreza no puede esperar ni “podemos confiar en las fuerzas ciegas y la mano invisible del mercado, remedios que son nuevo veneno” (nº 204).

La propuesta del documento es “cuidar la fragilidad”, lo que exige prestar atención a las antiguas y nuevas formas de exclusión: sin techo, sin trabajo, toxicómanos, refugiados, pueblos indígenas, ancianos, migrantes, trata de personas
para la explotación, las mujeres “doblemente pobres pero heroicas en sus respuestas”, así como el maltrato medioambiental y,
también, los niños por nacer (en clara alusión a su rechazo del aborto). Estos sectores frágiles son denominados “desechos o sobrantes” de la cultura del “descarte” y apuntarían a una dinámica social más allá de la explotación laboral y de la opresión política. Lo que le lleva a una rotunda denuncia profética: “no a una economía de la exclusión, esta economía mata; no a la nueva idolatría del dinero’; ‘no a la iniquidad que genera violencia”.

El Papa invita “con afecto” a las minorías dominantes a que cambien de actitud y “si alguien se siente ofendido por mis palabras, le digo que las expreso con afecto…, lejos de interés personal o ideología política. Sólo me interesa procurar que aquellos que están esclavizados por una mentalidad individualista… puedan liberarse de esas cadenas indignas” (nº 208). La dignidad de la persona y el bien común están por encima de la tranquilidad de minorías que no quieren renunciar a sus privilegios. Frente a esas minorías privilegiadas es necesaria la voz profética de la Iglesia (nº 218).

En relación a los fieles cristianos se critica “la cara de funeral de quienes han optado por una cuaresma sin pascua” y se les invita a ser “audaces… salir a todas las periferias, sin exclusiones, en una dinámica del éxodo y el don”. El objetivo debe ser apoyar “la constitución de pueblos de ciudadanos responsables, no de masas arrastradas por las fuerzas dominantes,
un trabajo lento y arduo que exige querer integrarse y aprender a hacerlo hasta encontrar una cultura del pueblo en paz, justicia y fraternidad” (nº 220).

Al final del capítulo 4 se aborda el tema de “el diálogo social como contribución a la paz”: diálogo con los estados, con la sociedad –con las culturas y las ciencias– y con otros creyentes y no creyentes. En el diálogo con el Estado y con la sociedad, la iglesia no tiene soluciones pero, junto con las diversas fuerzas sociales, coopera en desarrollar propuestas que respondan a la dignidad de la persona y al bien común. En esta búsqueda, el documento plantea que el sujeto principal es la gente y su cultura, no las élites ni las clases sociales. Este planteamiento podemos decir que suena bien pero se pone más el acento en el cambio de actitudes (de minorías privilegiadas y de masas excluidas) que en el cambio de estructuras
de poder y culturas de dominio.

MARCO DOCTRINAL AMBIVALENTE
Sobre el diálogo entre la fe y la razón, se afirma que “la fe no le tiene miedo a la razón; al contrario, la busca y confía en ella, lo que se justifica con un argumento teocéntrico de base tomista: “porque la luz de la razón y la de la fe provienen
ambas de Dios” (nº 242).

Prima en este caso la desmemoria eclesial de tantas condenas a sus espaldas por enfrentarse a los avances de la ciencia en nombre de Dios. Un punto de actualidad que parece poco coherente con el principio anterior es la actitud cerrada en relación a la despenalización del aborto, cuando desde la razón laica hay muchas opiniones al respecto y existe un notable consenso
en la comunidad científica en que no hay vida humana antes de la octava semana de gestación.

La exhortación tiene mucho interés cuando afirma que la iglesia procurará siempre que la ciencia respete la centralidad y el valor supremo de la persona y que la sociedad puede verse enriquecida por un diálogo de saberes y creencias que abra nuevos horizontes al pensamiento. Se propone una síntesis entre el uso responsable de las metodologías propias de las ciencias empíricas y otros saberes, como la filosofía, la teología y la misma fe. Sin embargo, no corre bien con esta propuesta la afirmación de que la “fe eleva al ser humano hasta el misterio que trasciende la naturaleza y la inteligencia humana” (nº 242), ¿no descolocará este planteamiento sobrenatural a los “otros” dialogantes cuya base común es la naturaleza racional que
todos comparten?

Respecto a los no-cristianos y a los no-creyentes, se les ve como aliados siempre que “sean fieles a su conciencia” o “busquen sinceramente la verdad, la bondad y la belleza” (nº 257). En tales casos pueden vivir “justificados por la gracia” aunque no en su plenitud ni siendo conscientes de ello (tesis tradicional del “cristiano anónimo”). Pero se les
teme cuando se sospecha que no respetarán la libertad religiosa como derecho fundamental, o si mantienen en el olvido las aportaciones de los textos religiosos clásicos por mor de “la cortedad de vista de los racionalismos” (nº 256). En cuanto a los defensores de los derechos humanos, le recuerdan a la iglesia que debe colaborar con la justicia y que no lo ha hecho, aunque existen casos flagrantes de pederastia, en la reciente comparecencia de la Santa Sede en la sesión de la ONU del mes de enero de 2014, dedicada a las víctimas de abusos sexuales. Una oportunidad perdida del nuevo Papa para hacer valer sus principios, que sí ha aprovechado en el Foro de Davos al exigir que la economía esté al servicio de la sociedad.

La exhortación Evangelii Gaudium desde la mirada de un ateo

Luis Vega Domingo

“Me corresponde, como Obispo de Roma, estar abierto a las sugerencias que se orienten a un ejercicio de mi ministerio que lo vuelva más fiel al sentido que Jesucristo quiso darle y a las necesidades actuales de la evangelización”, escribe el Papa en el crucial documento titulado Evangelii Gaudium (La alegría del Evangelio)”.

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Seis figuras con paisaje

Evaristo Villar

Éxodo 118 (marz.-abril) 2013
– Autor: Evaristo Villar –
Los curas contra Franco
 
Presentamos este libro de Rosa Cal, de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, con una doble intención: En primer lugar, para mantener viva la memoria de una historia real que se convierte en paradigma de tantas otras por las que ha venido transitando la Iglesia de todos los tiempos; y, en segundo lugar, para dar a conocer una de las señas de identidad que mejor definen a la Iglesia de Base, es decir, su presencia en el conflicto desde el lado de las víctimas. Desde el estudio completo y brillante de Rosa sobre “Los Curas del Ferrol contra Franco” emergen, entre otras, algunas evidencias como las siguientes:

1. El paisaje global que sirve de telón de fondo a la puesta en escena de los seis protagonistas que tejen la historia de este libro tiene unas connotaciones socio-políticas y cultural-religiosas globales muy específicas: económica y socialmente la sociedad española está cargando con las secuelas de la Guerra Civil del 36; políticamente, es un Estado confesional como refleja la carta colectiva del episcopado del 37 que apoya, casi por unanimidad, el franquismo. Mundialmente, en política crece la tensión de la guerra fría entre los dos bloques y en cultura está en efervescencia la revolución de los años 60. Y en la Iglesia universal, con la inesperada llegada de Juan XXIII a la silla de Pedro, se pone en marcha el Concilio Vaticano II.

El paisaje local del Ferrol, origen y cuna del dictador, ayuda a entender la rebelión de este grupo de curas. La nueva imagen de esta ciudad del noroeste español se debe, de una parte, a su creciente expansión industrial (empresas como la BAZÁN, ASTANO, PEMSA, PYSBE, MEGASA, etc.), con el surgimiento de nuevas barriadas que la convierten en “ciudad sin ley”; y de otra, a la presencia dominante del estamento militar, debido a su ubicación geoestratégica (Capitanía General del Departamento del Cantábrico, VIII Región Militar). La Iglesia, aliada del franquismo en la guerra, en contacto con el naciente mundo laboral y los primeros escarceos sociopolíticos (CC.OO. y PC), comienza ahora a desprenderse (la JOC, la HOAC). En este nuevo contexto se entiende mejor la presencia de estos seis sacerdotes (con el apoyo tácito de los obispos Argaya y Arauxo Iglesias y el mismo vicario Gabriel Pita da Veiga). Con su acción social y pública, con su rebeldía frente al statu quo, estos seis sacerdotes ponen en cuestión el ordenamiento socioeconómico y el maridaje político-religioso de una ciudad, secuestrada por la falta de libertad y dominada por la opresión a la clase obrera. Estos son sus nombres: Gabriel Vázquez Seijas, José Chao Rego, Eliseo Ruiz Cortázar, Antonio Martínez Aneiros, Ángel Ferreiro Corrás y Vicente Couce Ferreira.

Inicialmente el grupo aparece vinculado a los movimientos sociales de la Iglesia agrupados en la Acción Católica. Pero, a medida que la represión del régimen se va haciendo más fuerte sobre el mundo laboral y político, su presencia aparece vinculada a la lucha clandestina de los nacientes sindicatos de clase y a las agrupaciones políticas de izquierda, a los que frecuentemente surten de apoyo logístico y de inspiración.

2. Leídas detenidamente las 515 páginas de este voluminoso y exhaustivo estudio, me quedo con estas impresiones fácilmente detectables:

Se trata de un grupo de curas que apunta abiertamente hacia una herejía en el sentido más original del término: airesis, herejía, es la elección de una parte que rompe la continuidad y la homogeneidad de un todo; se trata de elegir una dirección, un camino diferente, y aun contrario, al que lleva la mayoría; una tabla de valores que rompe el sistema establecido y aceptado por la mayoría. En este sentido, esta elección es anómala y hasta una anomía fuera de lo común que se sitúa en desobediencia y rebeldía con el imperativo al que se ajusta el común de la ciudadanía. Aplicado a la herejía en las religiones, Erns Bloch las valora positivamente porque suponen un avance en el sueño humano: “lo mejor de la religión, dice, es que provoca herejes”. (No se refiere, claro está, a sus consecuencias frecuentes: cárcel, guillotina, hoguera, silenciamiento, etc.)

Quiero aclarar, no obstante, que la herejía de los seis del Ferrol tiene algo de atrayente y novedoso, pues no se refiere a lo vulgar y reiterativo de la “ortodoxia”, o elección discrepante de una fórmula dogmática o hermenéutica. Su herejía se sitúa en un campo más peligroso, “en la praxis; es una herejía de ortopraxis”. Dicho más claramente, cuando las mayorías caminan con los pies trabados y los ojos vendados bajo el peso irracional e implacable de la dictadura, estos curas marchan con los pies libres y los ojos abiertos; cuando la masa duerme (y el sueño de la razón, según Goya, produce monstruos), ellos velan en la noche. Conocen a fondo la herejía de Jesús de Nazaret con referencia a la sociedad y religión de su tiempo: contra las imposiciones del templo, del sábado y la Tora; contra la corrupción política y complicidad económico-política de sus dirigentes con el imperio. Y saben que, honestamente, no les queda otra opción, pues han hecho elección por las víctimas del pueblo y no por el statu quo.

Estos curas creen abiertamente en la sinceridad del Vaticano II cuando, ante situaciones de opresión parecidas, se dirige a los trabajadores diciendo: “El papa Juan XXIII supo encontrar el camino hacia vuestro corazón. Mostró claramente en su persona todo el amor de la Iglesia por los trabajadores, así como por la verdad, la justicia, la libertad, la caridad, sobre las que se funda la paz en el mundo… por nuestra parte queremos deciros con toda convicción: la Iglesia es amiga vuestra. Tened confianza en ella”. (Mensajes del Concilio a los trabajadores 4). En esto son conciliares. Su herejía conciliar fue esta: acercarse y defender a los trabajadores a quienes la Iglesia oficial, cómplice de la dictadura, olvidaba y estaba abandonando a su suerte.

2ª. “Me convencí, dice Currás, de que cristianizar, divinizar, no era mi labor, sino Jesús de Nazaret, elevar a las personas, apoyar a los oprimidos”. En el contexto del Ferrol, entre el 1950 y 1978, esos oprimidos son los trabajadores y gitanos que son la parte más débil de esa sociedad en expansión; son las principales víctimas de la represión política por defender sus derechos laborales, y su intento de inclusión en una sociedad que los discrimina por motivos socioeconómicos y étnicos.

Erradicar la pobreza de estos ambientes se convirtió en principio irrenunciable de la acción cristiana –política y sindical– de estos sacerdotes. Se trata de una consecuencia lógica del principio de “solidaridad radical” que supieron intuir fielmente las primeras comunidades del mensaje, vida y praxis de Jesús. La opción por los pobres y contra los ricos convierte a los primeros en principio de verificación de la ortopraxis cristiana. Por eso se ha dicho, y con razón, que los pobres son el “privilegio hermenéutico” para verificar la verdadera práxis cristiana.

Y por si alguien pudiera albergar alguna duda sobre la verdad de este aserto, lo confirma abiertamente en su propio leguaje el Vaticano II en el Decreto Ministerio de los presbíteros6: “Si es cierto que los presbíteros se deben a todos, dice, de modo particular, sin embargo, se les encomiendan los pobres y los más débiles, con quienes el Señor mismo se muestra unido”.

Se trata de un grupo sorprendente, un grupo de clérigos que está en la entraña misma de la Iglesia sin ser eclesiástico. Son párrocos, coadjutores, consiliarios de la JOC o de la HOAC, directores de la Domus Ecclesiae. Más dentro de la institución eclesial, imposible. (Esto siempre llama la atención: si no estáis de acuerdo con la Iglesia –se refieren a la jerarquía–, se dice, ¿por qué no os vais?). No son de ese tipo de eclesiásticos que están en la Iglesia buscando “poder”, haciendo carrera –podrían hacer lo mismo en una empresa civil–, sino que han entendido bien que están en la Iglesia para “servir mejor, en ese momento, al pueblo”. Pepe Chao le dice abiertamente al obispo Argaya: “por favor, dame tareas, no me ofrezcas cargos”.

En el ámbito intraeclesial despliegan un estilo de religión de carácter profético y liberador, centrada en el Dios de Jesús que se compromete con la historia hasta encarnarse en la misma y empujarla a las más altas cuotas de humanización. En esta misma dirección, estos curas apuestan por la centralidad del ser humano. La persona, que en este caso es el trabajador, el gitano, el despojado, lo convierte en sujeto preferente y fin de su acción cristiana. No soportan que se siga utilizando a esta clase de personas como medio para conseguir otros fines políticos o sociales. Así lo dejó establecido el filósofo cristiano Emmanuel Kant en su “imperativo categórico” que constituye el punto central de su ética y de toda la deontología moderna: “obra de tal manera que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre como un fin y nunca como un medio”.

Indirectamente, esta praxis religiosa, volcada sobre el ser humano, denuncia otra forma de religión que es la oficial y mayoritaria, legitimadora del statu quo: es la religión de cristiandad –el nacionalcatolicismo– individualista y burguesa, espiritualista y evasiva, cómplice, al menos por su silencio, de las inhumanidades e injusticias del régimen. Hay obispos en las cortes franquistas y capellanes disimulando las torturas y el pavor del condenado a muerte que espera cada noche la ejecución. Hay que leer los poemas de Miguel Hernández o el impactante libro de Marcos Ana (Decidme cómo es un árbol. Memoria de la prisión y la vida) para percatarse. Nada extraña que, desde esta praxis, estos curas sean considerados “comunistas” y filomarxistas”. ¡Qué gráfica y paradigmáticamente dejó reflejadas Helder Cámara estas situaciones similares que se van repitiendo en la historia: “cuando hago caridad me llaman santo, cuando lucho por la justicia me llaman comunista”.

Y Carlos Alfonso Comín expresaba lo mismo en su vida y en su libro Cristiano en el partido, comunista en la Iglesia.

En conclusión. Si tuviera que plasmar en una imagen viva y cercana la presencia profética de estos sacerdotes ferrolanos en medio de su pueblo y la referencia ejemplar que su testimonio ofrece a la renovación de la Iglesia de hoy, lo haría con el samaritano del Evangelio. Es verdad que en el Nuevo Testamento aparecen varios samaritanos y ninguno es oficialmente religioso. Me refiero principalmente al samaritano que se compadece del hombre apaleado y abandonado al borde del camino y decide ayudarle.

Inspirado en esta imagen, el mártir Ignacio Ellacuría, siguiendo a su maestro al filósofo Zubiri, describe con brillantez los tres momentos de la praxis profética cristiana:

El primer momento para hacerse cargo de lo que está pasando en su entorno, en su ciudad, en el mundo. Es el VER las cosas con amor y compasión porque “solo el amor es quien ve la realidad”. En este campo se sitúa el primer paso de estos sacerdotes ferrolanos.

El segundo momento para cargar con la realidad, lo que implica romper con la inercia y la distancia con las víctimas por prejuicios o razones ideológicas. Desde aquí se entiende perfectamente el elogio que José Martí, héroe de la independencia cubana, hace de Karl Marx: “porque se puso del lado de los débiles, merece honor”. Así fue la praxis de los seis del Ferrol.

Y el tercer momento para encargarsede la realidad contribuyendo a la liberación de las opresiones y comenzando por las más básicas, la libertad y el hambre, porque, como afirma Erns Bloch, en un mundo explotado y empobrecido “el estómago es la primera lámpara que reclama su aceite”.

En definitiva, la presencia de estos seis protagonistas está marcada no solo por el tipo de personas que son, sino también por el contexto global y local que les exige una presencia samaritana en la ciudad. Parafraseando el juicio que hace el teólogo Robira Belloso sobre Alfonso Carlos Comín, coetáneo (como otros lo fueron en contextos distintos: (Diamantino, Julio Lois, Díez Alegría, etcétera.), estas personas “nunca llevaron la fe de modo vergonzante sino alegre y militante… fueron una presencia fresca y profética en medio de la crueldad de una dictadura implacable; tuvieron hondura ética suficiente para ser una presencia estimulante en medio del pueblo excluido y una voz profética y referente para el testimonio cristiano de todos los tiempos”.

Comunicación ambiental para la transformación social

Concepción Piñero García

Éxodo 111 (nov.-dic.) 2011
– Autor: Concepción Piñero García –
 
No es frecuente hacer una reseña de una tesis y menos aún de una investigación propia, pero es la divulgación de la investigación científica y el compromiso de que ésta esté a disposición del trabajo cotidiano lo que me lleva a describir y criticar este estudio, disponible en Internet, para hacerlo aún más accesible.

La investigación, extensa e intensa (en palabras de miembros del tribunal), busca aportar criterios para mejorar la comunicación ambiental sobre consumo responsable, especialmente para iniciativas que se desarrollen en Madrid, por su acercamiento previo al contexto de crisis, que se describe en el capítulo 2.

El documento cuenta con una mirada interdisciplinar a lo largo de sus diferentes capítulos, aunque la exposición teórica inicial del capítulo 3 enmarca las principales disciplinas de referencia: Educación ambiental, Psicología social/ambiental, Sociología (ambiental y del consumo), Ciencias de la Comunicación y Estudios de género. Esta investigación ha sido realizada en el marco del Doctorado Interuniversitario de Educación Ambiental y del trabajo del equipo ECOMAS del Departamento de Ecología de la Universidad Autónoma de Madrid. Sus entrañas metodológicas quedan descritas en detalle en cada capítulo, pero cuenta con una descripción metodológica general en el capítulo 4.

Parte de la idea de la comunicación como un proceso constante y diverso en las iniciativas y personas que trabajan por la transformación social, que queda descrito en el capítulo 5, con las barreras más frecuentes que hemos encontrado en los procesos de comunicación. Desde los proyectos e impulsos de mejora, comunicamos de muchas maneras y tratamos de construir mensajes con capacidad de cambio. Buscamos cambios que posibiliten nuevas formas de vida, estilos de vida y hábitos de consumo, que se caractericen por la armonía entre naturaleza y sociedad. En definitiva, anhelamos la sostenibilidad y a la hora de plantear la comunicación para la transformación social y los cambios en el consumo, el estudio describe tres ejes de profundización: ética, motivación y participación (capítulo 6).

El libro considera el consumo como uno de los aspectos de esas formas de vida más respetuosas, críticas, conscientes, responsables… En la sociedad de consumo actual, es una de las oportunidades de transformación visibles y en auge. Por ello, el capítulo 7 es el más destacado de este trabajo, abarcando un análisis de los discursos sobre el consumo responsable que clarifica este campo que es complejo conceptualmente y en sus prácticas cotidianas. Ha sido de especial interés para las personas que han contado con este trabajo para aplicarlo a sus respectivas actuaciones en consumo responsable, seguir estas reflexiones acerca de los conceptos de consumo responsable que se manejan, de los valores que subyacen, de las ideas-fuerza con la que se hace operativo, etc.

Las aportaciones de las entrevistas personales y grupales así como los cuestionarios a personas implicadas en el consumo responsable (sostenible, consciente, transformador, etc. según las múltiples etiquetas que se emplean para denominarlo), el análisis de diez guías de consumo y las derivas urbanas (a modo flâneur) para recolectar los mensajes de consumo responsable en la ciudad de Madrid constituyen un mosaico metodológico que plantean las diferentes tensiones que hay en el campo actual de estas formas alternativas de consumo como la del discurso del placer y del disfrute cotidiano del cambio de opciones frente al discurso del activismo exigente y las oportunidades para aumentar la capacidad de cambio de los mensajes de consumo responsable que son: género, tiempo, asequibilidad e inclusión.

Por último, se desarrolla una aplicación de los diferentes resultados de cada una de las etapas de investigación previas a un estudio de caso, que es la Estrategia de Consumo Responsable de Greenpeace (capítulo 8), que sirve para ilustrar el enfoque práctico con el que alguien se puede acercar a esta publicación.

http://tesisenred.net/handle/ 10803/49893

VIDAS HIPOTECADAS. DE LA BURBUJA INMOBILIARIA AL DERECHO A LA VIVIENDA

Miguel Ángel de Prada

Éxodo 117 (en.-feb) 2013
– Autor: Miguel Ángel de Prada –
 
Un texto, dos autores y dos prologuistas. Es todo un libro para el diálogo, que consigue contar con la complicidad del lector desde la primera línea y establecer con él un diálogo reflexivo para la transformación social. Porque en España, la vivienda ha pasado de ser un derecho constitucional a proteger, a ser un derecho sistemáticamente vulnerado, tal como denunció en 2006 Miloon Kothari, evaluador de la ONU para España sobre el Derecho a una vivienda adecuada. Y además, según dicho informe de la ONU, en la vulneración sistemática de este derecho las administraciones públicas habían sido cómplices. Esto se decía ya en 2006, antes de cualquier atisbo de crisis en la burbuja inmobiliaria, y es que el problema de la vivienda en España no es de ahora, ni de antesdeayer, sino como nos recuerda José María Naredo: “Si alguna cosa dejó atada y bien atada la dictadura, fue la política de vivienda, la herencia de su modelo urbanístico y la práctica del pelotazo inmobiliario”. Desde las últimas décadas de la dictadura y lo mismo durante la democracia, la política de vivienda ha ido dirigida a convertir a los “proletarios en propietarios”, a través de transformar el bien social de la vivienda en mercancía, como nos explican Ada y Adriá.

El libro de apenas doscientas páginas lo podemos considerar un libro de bolsillo, accesible para todos los públicos, aunque estaría mejor decir que se convierte en libro de cabecera por la claridad en la exposición de “Cómo hemos llegado hasta aquí: El ADN de la burbuja inmobiliaria” (parte primera); por la contundencia de la respuesta colectiva que ha supuesto desde 2009 la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) (parte segunda), y por los valiosos consejos y recursos que ofrece a quienes se encuentren en vía de expulsión de la vivienda (parte tercera).

Ada Colau y Adriá Alemany son dos investigadores jóvenes, activistas catalanes del movimiento por el derecho a la vivienda digna, que surgieron de las luchas en 2006 en plena euforia del boom inmobiliario. Ada trabaja en el Observatorio de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (DESC) y Adriá es economista. Como resultado de aquellas luchas, en 2009 impulsan la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), a la vez que elaboraban diversos materiales de reflexión y audiovisuales sobre el tema: el documental La ley del ladrillo (2007) y el corto El ADN de la burbuja inmobiliaria (2009). El presente texto es tanto fruto de sus luchas como de sus reflexiones y de su saber comunicar. Es un texto de lectura fácil, que forma parte del género literario del “ensayo reivindicativo”, como recuerda G. Pisarello, profesor de Derecho constitucional en la UAB y primer prologuista. El profesor Pisarello termina sus palabras con el lema que día tras día hacen posible las mujeres y hombres de la PAH: “Sí se puede”. Y este mismo lema sirve como título para la aportación de José Coy, afectado por la hipoteca en Murcia, que después de un intento fallido de constituir una asociación de afectados para defender sus derechos, encontró una guía válida en la experiencia barcelonesa de la PAH. Hoy hay más de 60 plataformas locales en toda España y es que todas las herramientas están diseñadas para su reproducción en cualquier lugar. La PAH no surgió de la nada, sino de un grupo de personas vinculadas a la experiencia de “V de vivienda”, movimiento social nacido en 2006 a partir de un correo electrónico anónimo que circuló por la red convocando a los jóvenes a hacer una concentración de protesta en las principales plazas de las ciudades del Estado para exigir el derecho a una vivienda digna. Internet fue y es el medio de organización, la misma forma de surgir y funcionar que han adquirido los nuevos movimientos sociales de “Democracia real YA” y el “15M”; similitudes que junto con la convergencia en los objetivos ha propiciado una fuerte articulación entre ellos. V de Vivienda hizo un gran aporte renovando el lenguaje y los códigos utilizados hasta el momento por los movimientos sociales tradicionales. Su fuerte, como recuerdan Ada y Adriá, fue la capacidad de conectar con la opinión pública mediante campañas directas e imaginativas; así fue el lema de la primera manifestación: “No tendrás casa en la puta vida”; o la creación del Superhéroe, que irrumpía, en los mítines de los candidatos en las elecciones municipales de 2007, con el artículo 47 de la Constitución inscrito en el dorso de su capa para denunciar la mercantilización de la vivienda y los esfuerzos sobrehumanos que tienen que hacer los ciudadanos para sobrevivir en unas ciudades cada vez más caras, inaccesibles y excluyentes.

El relato de este drama social es, para Ada y Adriá, “el resultado de una legislación anacrónica, que es prácticamente una versión contemporánea de la esclavitud: los que en una ocasión cometieron el error de firmar una hipoteca, quedarán condenados financieramente de por vida (…) Al desahucio se le suma una condena financiera que se transforma en una condena a la exclusión social: la persona podrá se embargada de por vida (nóminas, cuentas bancarias, herencias, etc) y tendrá serias dificultades para llevar una vida digna, ya que al aparecer en el listado de morosos puede convertirse en un impedimento a la hora de encontrar trabajo, alquilar una vivienda, contratar un línea telefónica o, incluso, percibir ayudas públicas. Por haber querido acceder a una vivienda, a un bien de primera necesidad reconocido como derecho fundamental, puede convertirse en un proscrito sin posibilidad de recuperarse (…) Esta grave vulneración del derecho a la vivienda implica la vulneración de otros derechos fundamental interdependientes, como es el derecho a la salud” (pp. 31-32), tal como se ha visto en el aumento de casos de suicidio por esta causa.

La respuesta colectiva de la PAH al gran problema social de los desahucios ha conseguido logros espectaculares: las personas afectadas han perdido el miedo a exhibir y se han unido; la fuerza conjunta ha llegado de la capacidad de aglutinar fuerzas para hacer frente a la todopoderosa banca, porque, como recuerda el prologuista afectado José Coy, Joaquín el Cura, sacerdote murciano y activista de la PAH, reza diciendo que “la banca no tiene corazón, la ciudadanía, sí”. Una ciudadanía que ha sabido manejar la pluralidad que atraviesa al movimiento en cuanto a procedencias (inmigrantes y autóctonos), identidades, creencias y culturas. Pluralidad que explica el gran arraigo de un movimiento tan joven que ha pasado del silenciamiento inicial mediático a situarse en el centro de la agenda social y política: a todos nos han hecho aprender lo que es la “dación en pago” y a la clase política la han puesto contra las cuerdas para hacerla cambiar la ley hipotecaria, pese a las resistencias directas de la gran banca. Termina el prologuista afectado por la hipoteca haciendo un llamamiento a no cejar ni un momento, dado que la realidad de las pequeñas victorias no debe hacer olvidar que el final del conflicto no está escrito. Sin embargo sí se han abierto las puertas de un cambio de época para el derecho a vivienda digna, para que la hipoteca de un bien no pueda nunca volver a hipotecar la vida de las personas. Quizá, lector, si has llegado hasta aquí, podrás felicitar a la PAH en su cuarto aniversario (29 de febrero de 2009) y podrás seguir diciendo, “sí se puede”, ¿o es que se puede hacer más en menos tiempo?

DESIGUALDADES INTERNACIONALES. HACIA UN PROGRAMA MUNDIAL DE JUSTICIA GLOBAL

Antonio García Santesmases

Éxodo 117 (en.-feb) 2013
– Autor: Antonio García Santesmases –
 
Rafael Díaz-Salazar es un gran especialista en dos ámbitos bien distintos dentro de la sociología que se realiza en España. Es uno de los grandes especialistas en sociología de la religión y, por ello, sus obras sobre la laicidad, sobre el factor católico y sobre la presencia de las distintas formas de religión en el espacio público son leídas, comentadas y discutidas por innumerables analistas interesados en estos temas.

Me temo que su gran éxito como sociólogo de la religión ha oscurecido la gran relevancia de su obra en otro campo de la sociología enormemente importante. Me refiero a su trabajo de investigación acerca de las desigualdades a nivel nacional e internacional; en torno a la interpretación del actual proceso de globalización; y a su apuesta por la democracia económica y por la regulación ecológica de los procesos productivos. Han sido años y años de estudio de estos temas sin descuidar su preocupación por el futuro del trabajo y por el papel de los nuevos movimientos sociales. Estamos ante un trabajo que combina muy bien la capacidad y el rigor del investigador analítico con la pasión del militante cristiano comprometido.

En esta obra que comentamos, Rafael Díaz-Salazar hace un esfuerzo realmente notable por sintetizar en pocas páginas el proceso actual de globalización, el incremento de las desigualdades a nivel internacional y la necesidad de reorientar el marco económico mundial. El autor se adentra en cuestiones que aparecen recurrentemente en los medios de comunicación pero en los que nunca se profundiza: el papel de las políticas de ayudas al de – sarrollo, la necesidad de un modelo de decrecimiento y la importancia de una política de justicia global.

Es en este punto, en esta demanda de una política de justicia global donde se plantean muchos de los problemas, de las interrogantes que suscita este pequeño y apasionante texto. Afirma el autor: “Como digo muchas veces: cuando llegue el día en que para la mayoría de los ciudadanos del Norte la pobreza mundial y las desigualdades internacionales sean tan importantes como la sanidad pública y las pensiones, se habrá empezado a resolver de verdad y con rapidez estos problemas” (p.74).

Ante esta afirmación, el comentarista no puede sino asentir, pero inmediatamente se pregunta por qué no ocurre. Creo que la razón está en que el miedo se ha asentado cada vez más en los países ricos. Cuando el Estado social no se ha extendido más allá de nuestras fronteras, cuando los sistemas sanitarios y la protección social están puestos en cuestión dentro de nuestro país e incluso en Europa, es muy difícil que la mayoría de la población apueste por la justicia global.

Y, sin embargo, esa apuesta es tan difícil como necesaria. Efectivamente, como señala Díaz-Salazar: “Tenemos que reorientar el actual modelo de globalización desde una nueva política de civilización. Debemos aprender que estamos ante algo más que una crisis económica. Sólo si cambiamos de paradigma cultural vamos a poder fundamentar otro tipo de economía” (p. 41).

UNA EXPERIENCIA COMUNITARIA DE LIBERACIÓN, Evaristo Villar / Comunidad santo Tomás de Aquino

Pedro Casald�liga y Nicolás Castellanos

Éxodo 116 (nov.-dic.) 2012
– Autor: Pedro Casald�liga y Nicolás Castellanos –
Evaristo Villar / Comunidad santo Tomás de Aquino
 
PRESENTACIÓN, PEDRO CASALDÁLIGA

Este libro es una crónica evangélica y evangelizadora, unos “Hechos de apóstoles”, un testimonio de una comunidad viva, adulta, corresponsable, encarnada en la hora y en el lugar, en un proceso a veces conflictivo, pero siempre suficientemente lúcido y esperanzado.

Leer el índice del libro sacude la indiferencia pastoral, la rutina practicante y la renuncia a ser Iglesia adulta y libre; y nos enseña a creer que “otra Iglesia es posible”. No ha sido siempre fácil pero siempre han estado presentes en la comunidad Santo Tomás de Aquino la coherencia de fe y la corresponsabilidad para superar tensiones y desconfianzas. Esa comunidad ha vivido su proceso en búsqueda dentro del momento histórico, más o menos grave, crispado muchas veces, de la iglesia española. Una lección fraterna para muchas comunidades en proceso también de “adultez”, de protagonismo del laicado, de superación de centralismos y clericalismos; pasando lentamente de la crispación al diálogo, o por lo menos a una coexistencia que, más tarde o más temprano, acaba reconociendo el derecho y el deber de ser y ayudar a ser una Iglesia plural. “Iguales y diferentes” es la consigna de cierta pastoral de la migración. Los varios rostros que vienen enriqueciendo la Iglesia y la sociedad, en ese trasiego dolorido de las grandes migraciones, nos urgen también a vivir desde luego el primer “ecumenismo”, dentro de la propia Iglesia, para que sea “católica” y para estimular el ecumenismo de todas las Iglesias y el macroecumenismo de todas las religiones.

Si alguien tiene sus dudas o reticencias frente a esa comunidad, pionera en varios aspectos, le aconsejo que lea el libro desapasionadamente. No se trata de una comunidad que vive solo algunas dimensiones y que podría olvidar dimensiones mayores. El libro recoge los apartados mayores del proceso y reafirma el cultivo diario “de la formación permanente”, “de la dimensión celebrativa”, “de los compromisos colectivos”. Las dos alas del Espíritu de cada uno de nosotros, de cada comunidad eclesial, de todas las Iglesias, que venimos reivindicando, se cultivan en la Comunidad Santo Tomás de Aquino con seriedad y con creatividad.

Hay que leer este libro, esta crónica de hechos apostólicos en hora y lugar bien concretos y desafiadores, con voluntad fraterna de compartir su riqueza espiritual ayudando a tejer “la red de comunidades”, vocación de muchas que están en proceso semejante.

El libro habla de un epílogo como “experiencia de liberación abierta al futuro” que seguirá siendo proceso evangélicamente conflictivo y pascualmente apasionado; cultivando siempre las dos grandes dimensiones de la mística y la militancia. Cada día, si abrimos los ojos y el corazón, encontraremos eco de comunidades semejantes a la de Santo Tomás de Aquino; pero difícilmente encontraremos otras comunidades con la madurez y la fidelidad con que esa comunidad querida está viviendo el Evangelio.

Yo tengo fuertes lazos afectivos y pastorales con esta comunidad y nuestra Prelatura de São Félix do Araguaia debe a esa comunidad madrileña (y mundial) mucho cariño y gratitud. La solidaridad ha sido siempre y seguirá siendo una especie de sacramento a orillas del camino para esta comunidad solidaria y samaritana.

El libro termina apelando a Jesús (el de Nazaret, nuestro Camino, Verdad y Vida). Y si algo ha de crecer en cada uno de nosotros y en nuestras comunidades, es la pasión por el Jesús del Evangelio y por los pobres del Reino. El libro termina con palabras vocacionales de Jesús y de sus primeros seguidores; preguntas abiertas que nosotros todos, todas, hemos de hacer y responder: “Maestro, que vea”, “¿Dónde moras, Maestro?”, “¿Qué he de hacer para ir ganando vida eterna?”.

EPÍLOGO, NICOLÁS CASTELLANOS

Todo epílogo recapitula, resume, confirma intuiciones y propuestas, ratifica caminos abiertos, persuade y mueve a la acción, y, a veces, a la provocación.

Ayer “Parroquia Universitaria”, hoy “Comunidad de Santo Tomás de Aquino”, ha recorrido un largo camino entre la utopía y el conflicto, la profecía y la huella martirial, entre consolaciones y desolaciones.

Pero este relato Una experiencia comunitaria de liberación, nos recrea el perfil gozoso y exigente de la fe, en donde se vislumbra “un tiempo en que todo lo hago nuevo”. Se diseña el rostro de otra manera de ser Iglesia, enamorada, esposa, madre, samaritana, que camina del brazo de Dios en el tiempo y en la historia y se mueve con agilidad en la cultura actual.

“Ser amigos fuertes de Dios” no está reñido con una religiosidad intensa, mística, humilde, abierta, inculturada, encarnada, comprometida.

La fe no suprime nada; añade, multiplica, enriquece, es un plus, una luz, una visión nueva. Dios no prescinde, ni sustituye a nadie y menos a la mujer o al hombre. Dios siempre añade, multiplica, fortalece, pone gracia, se hace don, nos hace agraciados, mujeres y hombres nuevos.

Desde el inicio esta Comunidad siguió el camino por los raí – les del Evangelio y las coordenadas del Concilio Ecuménico Vaticano II.

Y así constituye una buena noticia, que construye y levanta esperanzas precisamente en este mundo desgastado, triste, paralizado por la cultura del miedo, de la insolidaridad, en un norte amenazado, en crisis, insatisfecho, carente del sentido de vida y en el sur, convulso, que se desangra entre pobrezas, drogas, corrupción, injusticias y contrabando.

Un mundo que no termina de encontrar el rumbo, ni vivir a gusto en la casa común, en “la aldea global”, integrado, interdependiente, intercultural, interreligioso, con una visión nueva y plural del mundo, en el marco institucional democrático de la liberación y derechos humanos fundamentales.

La Comunidad de Santo Tomás de Aquino se interroga como nos interrogamos muchos:

¿Cómo ser cristiano en esta sociedad marcada por la pluralidad social, política, moral, cultural, religiosa?

¿Cómo ser creyente en nuestra Iglesia, al decir de gente conspicua, anquilosada en el pasado, carente de un discurso atractivo para la sociedad de hoy, con crisis demoledora, inmersa en un “invierno eclesial”, escasamente valorada entre las demás instituciones, al menos en España, sin conectar con la nueva cultura del diálogo democrático, de la tolerancia y del pluralismo?

La Comunidad de Santo Tomás de Aquino señala algunas constantes en su itinerancia: pasión por el Reino, fe y entrega en el seguimiento de Jesús, encarnación en las culturas, confianza en la presencia de Espíritu Santo, cercanía a los pobres y creatividad.

Parten siempre de aquel postulado, que trazó el Concilio Vaticano II: la necesidad de reformas en la Iglesia. Hoy las reformas tienen que ser profundas, si la Iglesia quiere situarse correcta y evangélicamente en la sociedad moderna y posmoderna.

La eclesiología de comunión del Concilio Vaticano II postula nuevas estructuras y debe despertar en los creyentes un modo nuevo de sentir, pensar y actuar, aplicando medios de hoy, y no de ayer, para resolver los temas y problemas de hoy.

Hace algunos años, un grupo de obispos de mi tiempo emitíamos una opinión preocupante. Existe una sensación difusa de que desde hace algunos años, los documentos romanos, a diversos niveles de autoridad, han reinterpretado sistemáticamente los documentos del Vaticano II, con el fin de presentar la posición conciliar minoritaria, como el verdadero sentido y significado del Concilio Vaticano II. Nadie ignora cómo en el Concilio Vaticano II, los obispos en su conjunto constituían el ala progresista mayoritaria, frente a la minoría de la Curia Romana conservadora.

Pero sigamos con el relato de nuestra comunidad. Un relato humano y humanizador, teológico, teologal y pastoral, liberador y transformador. Después de la caída de muchas utopías, se empeña en diseñar y proyectar algunas constantes de la utopía de Jesús, la parábola del reino y la presencia multiplicada del Espíritu Santo, que “hace nuevas todas las cosas”.

En esta comunidad corre la vida a borbotones, se hace praxis el núcleo fundamental cristiano. Se plasma en el seguimiento y discipulado de Jesús, que expresa la cercanía de Dios Padre, Madre, Ternura, Misericordia, Amor; se experimenta la pasión por el reino, se vive la opción evangélica; se expresa la profecía y se vive en parresia.

Está atenta y escucha a la mujer y al hombre de hoy, situado en otros contextos psicosociales, culturales, plurales, a la sombra de los nuevos signos de los tiempos.

En contraste con la realidad eclesial empobrecida, aquí surgen los levantes de la aurora de nuevos horizontes y sueños. Dime lo que sueñas y te diré lo que eres.

Rompiendo con los esquemas preconciliares, de “cristiandad”, sin renunciar a la identidad cristiana, tienen el coraje de plantearse ser creyente hoy, inspirados en la Palabra, subidos en la utopía de Jesús, alentados por el Espíritu, que nos invita a interpretar la realidad a la luz del Evangelio y de los nuevos signos de los tiempos y del espíritu, letra y música del Concilio Vaticano II.

En este contexto plural la Comunidad de Santo Tomás de Aquino hace una lectura significativa de revalorización de la comunidad cristiana, como espacio de humanización, de personalización, de experiencia de “amigos fuertes de Dios”, de interioridad, de fuente de solidaridad, de búsqueda colegial, comunitaria, de solución a los problemas graves de hoy, en donde el esfuerzo, la creatividad de todos y la presencia del Espíritu Santo son necesarios.

Su comunidad, como revelación trinitaria, se convierte en un lugar de acogida y compasión, comunión de comunidades, modelo de la nueva sociedad, en la que ejerce de “samaritana”, de “experta en humanidad” y suplemento y alma del grupo.

He podido verificar que se trata de una comunidad inmersa en el pluralismo y desde ahí hace presente la oferta gratuita de Jesús y el Reino, que anunció a los pobres, sin excluir a nadie.

Esta comunidad refleja que somos el pueblo del Espíritu y de la profecía. Encarna esa tradición profética: moverse en ejercicio activo de profecía, entre la resistencia y la utopía, y haciendo caminos y andaduras de frontera. Se traduce en cuestionar más que en responder y siempre hacerlo desde la sabiduría de la Palabra y desde la verdadera tradición, entendida no como que los vivos están muertos, sino que los muertos están vivos.

En este relato queda claro que el diálogo exige una escucha valiente, sin miedos ni complejos, con esa postura pedagógica de proponer más que imponer.

Y en el más puro estilo franciscano esta comunidad vive en camino: Jesús convierte el despojo en gracia, a los despojados en agraciados, porque ya tienen padre, madre, hermanos ya tienen familia, ya tienen mesa para compartir y, sobre todo, ya tienen camino para anunciar que Dios nos ama locamente y, además, empezamos a practicar la justicia. Esta para San Mateo es la misericordia, la capacidad de compasión (cumpatere = sufrir con el otro). Este es el gran aporte y sacramento actual de la Iglesia, tanto en el mundo secularizado, como empobrecido. Y eso es tener entrañas de padre, de madre para reunirnos todos en el hogar común, en la mesa de la fraternidad, de la Eucaristía, en la que en el centro está Jesús y a su alrededor los pobres y todos los demás. Entonces lo último, la centralidad de Jesús es Dios en su relación con las personas, con la historia, la que acontece y se explicita como Reino. La intención última de Jesús se resume en dos palabras: “Abba” y Reino.

Después de la lectura de esta “experiencia comunitaria de liberación” describiría así el itinerario recorrido por los hermanos: ligeros de equipaje, alforjas rebosantes de experiencia de Dios, subidos en la utopía del Reino, contemplativos y absortos en la verdad, hecha sabiduría, el corazón ardiendo en la llama del Espíritu Santo, las manos bañadas de solidaridad para meterlas en la harina de la historia, para recrearla y hacerla Reino, que anule el antirreino, en medio de la antehistoria.

Y en la marcha del camino, no han faltado nunca las huellas martiriales. Ya lo decía Peguy: “Tener la verdad es empezar a sufrir; defenderla es empezar a morir”.

Por otra parte, el itinerario recorrido por la comunidad de Santo Tomás de Aquino coincide con la voz denunciadora de un profeta de ayer, el teólogo Ratzinger. Hace unas décadas escribía:

Después de las actuales crisis, la Iglesia que surgirá mañana tendrá que ser despojada de muchas cosas que ahora todavía mantiene. Será una Iglesia más bien pequeña. Y tendrá que recomenzar, como lo hizo en sus principios. Ya no tendrá condiciones de llenar los edificios que han sido construidos en sus periodos de gran esplendor.

Con un número menor de seguidores, perderá muchos de los privilegios que ha acumulado en la sociedad. Al contrario de lo que viene aconteciendo hasta el presente momento, ella surgirá mucho más como una comunidad de libre opción… Siendo entonces una Iglesia menor, va a exigir una mayor participación y creatividad de cada uno de sus miembros.

Ciertamente aprobará formas nuevas de ministerio; convocará al presbiterio a cristianos probados que ejercen simultáneamente otras profesiones… Todo esto va a tornarla más pobre, será una Iglesia de gente común. Claro está que todo eso no va a acontecer de un momento a otro. Va a ser un proceso lento y doloroso.

Estas palabras proféticas de Josef Ratzinger han sido publicadas por el New York Times, con la colaboración de la CNN, en la última semana de mayo de 2010 (tomado de la revista Alternativas, n. 41).

Y con la Comunidad de Santo Tomás de Aquino – Una Experiencia Comunitaria de Liberación, seguimos mar adentro, subidos en la utopía. Y desde lejos, desde la otra orilla, el PUEBLO canta:

Habrá un día en que todos, _ Al levantar la vista, _ Veremos una tierra, ¨Que ponga LIBERTAD.

EL OBISPO PEDRO CASALDÁLIGA, AMENAZADO DE MUERTE

Benjamín Forcano

Éxodo 116 (nov.-dic.) 2012
– Autor: Benjamín Forcano –
 
En el año 1993, Amnistía Internacional denunció: “Los terratenientes locales han contratado a un pistolero para matar al obispo Pedro Casaldáliga como venganza por su defensa de los derechos sobre la tierra de los indígenas xavantes que habitan la región”.

En Brasil son 500.000 los indios que vivirían actualmente en unos 225 pueblos. Sus expectativas de vida son de 42,6 años frente a los 67 de un brasileño no indio. En la Prelatura de la que fue obispo Pedro Casaldáliga viven los indios Xavantes, además de los Karajás, Tapirapés y otros.

Acaba de saltar ahora la noticia de que Casaldáliga, obispo desde 1971 en el Mato Grosso (Brasil), en la Prelatura de Sao Félix do Araguaia, ya jubilado y con 84 años, que no regresó a España ni siquiera cuando murió su madre, ha sido amenazado de muerte.

Pedro Casaldáliga llegó a la región del Araguaia en julio de 1968. Eran tiempos de la dictadura militar en Brasil, en que grandes empresas agropecuarias se adentraban en la región, invadían territorios y expulsaban a posseiros e indígenas.

Pedro se identificó desde el principio con los más pobres, porque ellos están en el centro de su vivencia cristiana. El 23 de octubre de 1971 fue ordenado obispo y lanza su primera carta pastoral: “Una iglesia de la Amazonia en conflicto con el latifundio y la marginación social”. Fue secuestrada. Llegaba inoportuna, pero valiente, la voz de Pedro en aquel momento en que la dictadura intensificaba su control e intentaba silenciar todas las voces críticas.

“Los pueblos indígenas, le decía en una entrevista a Téofilo Cabestrero, son en mi sensibilidad pastoral una prioridad, porque es la prioridad más evangélica. Por dos motivos: Primero porque son los más pobres, como personas y como pueblo. No digo que sean los menos felices. Como personas y como pueblo tienen sobre sí la sentencia de muerte más inmediata, la muerte más lógica a partir del sistema. Y en segundo lugar, son también los seres más evangélicos, porque siendo los más pobres, los menores, los más desamparados, son también los más libres de espíritu, los más comunitarios y los que viven más armónicamente con la naturaleza”.

El año1978 fue considerado en Brasil el “Año de los Mártires” de la causa indígena, se celebraban 350 años desde la muerte de millares de indios, sacrificados por los imperios cristianos de España y Portugal. Visitando las ruinas de San Miguel, en el río Grande del Sur -“ese monumento- herida en desafío”-, Pedro escribió:

Proclama Indígena

_ Mártires indefensos _ por el Reino de Dios hecho _ Imperio, _ por el Evangelio hecho decreto _ de conquista. _ Víctimas de las masacres que _ quedaron con nombre glorioso _ en la mal contada Historia, _ en la mal vivida Iglesia…

He estado con Pedro Casaldáliga y he estado con él coincidiendo con indios Xavantes, en una de las romerías o caminhada al Santuario de los Mártires en Riberao Bonito. Siempre, en Guatemala, Nicaragua, Perú, Brasil, etc., los indios suscitan en mí respeto sino veneración, veneración que pude comprobar aún más en Pedro, cuando supe de él, misionero y obispo, que no ha bautizado en su larga vida evangelizadora a ningún indio. Y sé cómo estos indios quieren, veneran y defienden a Pedro.

El nombre de Pedro es referencia y bandera de lucha en América Latina, lo es junto a otros obispos, como Óscar Arnulfo Romero, Helder Cámara, Leónidas Proaño, Sergio Méndez Arceo y el poeta sacerdote Ernesto Cardenal. No es casualidad que en 1987, el Gobierno del estado de Mato Grosso le confiriese la “Orden del Mérito del Mato Grosso”. Pedro, agradecido, afirmó que él y los otros dos misioneros premiados recibían aquella orden “como un presente de luto”, “como brasa de holocausto”, “como herencia de sangre” y como tal transferían aquellas medallas a los tres misioneros asesinados en el estado de Mato Grosso: Vicente Cañas, Rodolfo Lukenbain y Joao Bosco Penido.

A nadie, pues, que siga un poco la trayectoria de este obispo poeta y profeta le resultará una novedad esta amenaza de muerte. La llevaba encima desde que en la navidad de 1973 Pedro, con otros obispos, lanzó el documento: Y-Juca Pirama: “El indio que debe morir”. En él hacen una descripción de la situación dramática vivida por los pueblos indígenas, provocada por la política del gobierno y del modelo brasileño: “Hacemos nuestra la voluntad de nuestros hermanos indios de vivir y luchar por la preservación de su cultura. No trabajamos por una causa perdida, porque se trata de una causa profundamente humana, por la que vale la pena incluso morir, si fuera preciso… En consecuencia, no aceptaremos ser instrumentos del sistema capitalista brasileño… Si tuviéramos la humildad intrépida de aprender de los indios, tal vez nos sintiéramos llevados a transformar nuestra mentalidad individualista y las correspondientes estructuras económicas, políticas, sociales y religiosas”.

¿Sorprenderá ahora saber que, en la visita de 1978 a las ruinas de San Miguel, le nació al obispo Pedro la Misa de la Tierra sin Males? ¿Misa que se celebró por primera vez el día 22 de abril de 1979, en la catedral de la Seo, de Sao Paulo, con asistencia de 30 obispos y 10.000 fieles? Misa escrita a la par con Pedro Tierra, ex preso político y ex miembro de una organización armada de Brasil; musicalizada por Martín Coplas, argentino de origen indígena, quéchua y aymara; que denuncia el proceso colonizador, que hace unas autocrítica de la práctica misionera, que habla del pasado y también de la opresión actual, que convoca a la solidaridad y ofrece salidas, que está siendo instrumento de concientización y compromiso en España en las ciudades en que se ha estrenado: Soria, Salamanca, Palencia, Santander, etc. ¿Misa prohibida?

Es agitada la historia de las invasiones, compra y venta, intentos de devolución de las tierras de los Xavantes desde que la hacienda Suiá- Missú se apoderó de ella. Hoy la sentencia judicial, hecha pública el 6 de noviembre, es a favor de los indios Xavantes. Los ocupantes deberán salir de ellas y dejarlas en manos de quienes por generaciones vivieron en ellas, aun cuando no tuvieran títulos formales de propiedad.

Los obispos brasileños han apoyado las tesis de Pedro Casaldáliga y de Helder Cámara que redactaron y entregaron al Gobierno brasileño un proyecto sobre el “Estatuto de los Pueblos Indígenas”, reivindicando como prioridad la lucha por la tierra como patrimonio cultural y referencia básica de sus valores, mitos y campo de su historia.

La Constitución brasileña, vigente desde 1988, es sin duda una de las más avanzadas del mundo, en lo que se refiere a los derechos de los pueblos aborígenes. Fue aplaudida y puesta como modelo a seguir por la Organización de las Naciones Unidas.

Esperamos que esta vez el veredicto se cumpla y se haga verdad que la ley del Derecho está sobre la ley de la Fuerza.