Manuel García Guerra, LA RAZÓN MESTIZA. AGENDA INTERCULTURAL

Redacción de Éxodo

Éxodo 94 (may-jun.’08)
– Autor: Redacción de Éxodo –
 
La diversidad aportada por la inmigración es uno de los fenómenos sociales más complejos y dinámicos de las últimas décadas. Supone, en realidad, una efectiva mutación que trasciende el plano meramente económico y afecta, entre otros, a los presupuestos culturales y morales de la sociedad receptora y de los inmigrantes, a los modelos para organizar y gestionar la res publica y a la forma de llevar a cabo la acción educativa. Un fenómeno de este calibre suscita lógicas, sensibilidades y actitudes diferentes en cada uno de esos ámbitos.

Para afrontar esta situación, Manuel García Guerra nos propone una “agenda” en La Razón Mestiza. El texto consta de dos partes. La primera es analítica y descriptiva, y lleva por título Espacios de diversidad. En ella nos presenta el trabajo de campo realizado para detectar las actitudes que genera la circunstancia pluricultural en uno de los entornos más afectados, el escolar. Aborda, a continuación, algunos de los ámbitos más poderosos a través de los que se expresa la diversidad cultural, (la Red, por ejemplo), los modos de gestionar dicho pluralismo, sin olvidar las lógicas que suelen generarse en torno a la alteridad, cuáles son las emociones y los sentimientos que las alimentan. Toda la segunda parte del libro discurre en torno a la pregunta siguiente: ¿Cómo proceder en contextos de diversidad cultural? Se trata, por tanto, de un ejercicio de razón práctica que se desglosa en cuatro movimientos: se recurre a las investigaciones de la sociobiología para indagar las condiciones de la conectividad entre los seres humanos. En un segundo momento, se examinan los modelos de gestión de la diversidad cultural en la res pública. El boceto de ética intercultural aborda la posibilidad de establecer unos mínimos morales en contextos multiculturales, así como los procedimientos para lograrlo. En el cuarto movimiento, el texto vuelve al ámbito escolar, ya que es en la acción educativa donde la vertiente especulativa y la intención práctica se aproximan con más nervio, la primera para desmontar los prejuicios existentes en el imaginario escolar, la segunda para el fomento de las zonas inter en los centros.

La propuesta explícita de una agenda intercultural

Hasta aquí la estructura de La razón mestiza. Su tesis de fondo es que la interacción y el diálogo entre sujetos pertenecientes a diferentes culturas resulta más útil para la convivencia que los planteamientos y las actitudes sustentadas por el etnocentrismo (xenofobia, racismo, exclusión o asimilación), por los modelos mul- ticulturales (respeto, autonomía, integración) o por el relativismo cultural (tolerancia, etc). Estamos, por lo tanto, ante un planteamiento procedimental, una profundización en las formas de indagar y establecer principios, criterios, valores y prácticas comunes por parte de quienes vivimos inmersos en situaciones de diversidad cultural. “Mestiza”, aplicado a razón, refiere, en consecuencia, a la “alteridad” de los sujetos implicados, pero significa sobre todo las formas de aprender a pensar y a sentir la diferencia a fin de encontrar opciones deseables para convivir y principios que orienten dichas opciones. Un proceder ajustado a determinadas condiciones y al que le convienen las notas de participativo (no excluyente), dialogal (no doctrinal), efusivo (no etnocéntrico), emocional (no apático), responsable (no paternalista), crítico (no dogmático) y público. Tales notas hacen de La razón mestiza una razón práctica, una pesquisa de lo preferible. De ahí que los capítulos de la segunda parte concluyan con apartados dedicados a formular propuestas.

La urgencia es precisar entre todos un nuevo paradigma, interactivo e integrador que supere la tolerancia y el reconocimiento de quienes no desean asimilarse a la cultura central del país, y favorezca, a pesar de las objeciones y las dificultades, la apertura, el diálogo y la interacción entre las culturas y el consiguiente enriquecimiento mutuo. Y para el autor es en la escuela en donde deben practicarse las actitudes y fomentarse los valores sobre los que se fundamenta la sociedad democrática, instrumento básico de la justicia social y agente crítico de las relaciones basadas en la dominación y en la falta de iguales oportunidades.

Ahora bien, tal propuesta rebasa las paredes del aula e incluye una pedagogía social. Formulada en términos de prevención: la educación intercultural habrá de orientarse a impedir que la diferencia social, cultural y étnica se constituya en condicionante del fracaso escolar y éste en antecedente de la exclusión social. Y formulado en positivo, nos dirá el autor, el núcleo de la perspectiva intercultural de La razón mestiza lo constituye el hecho de ser iguales en dignidad y en derechos, lo que lleva aparejado el convencimiento de que somos más iguales que diferentes siendo la diferencia, no obstante, lo que nos enriquece. Esta propuesta de pluralismo interactivo consiste no sólo en formar e informar al alumnado, sino en transformarse con él en la persecución de una convivencia enriquecedora. Pero sería incompleta la presentación de esta obra si olvidáramos su vertiente crítica. Manuel García Guerra nos dice que es pesimista, aunque no escéptico. Un pesimismo que tiene su origen en la comprobación de la artificial concentración de los “diferentes” en el sistema escolar público, que nos avisa de una grave dualización en dicho sistema. Y esto es un claro síntoma de la marginación social que puede consolidarse en el futuro. También aquí hay que aplicar la agenda propuesta y apostar decididamente por ella. A todos nos convoca el autor con su lúcida reflexión en la Razón mestiza.

LIBROS DE ÉXODO

Juanjo Sánchez

Número 80 (sept.-oct.’05)
– Autor: Juanjo Sánchez –
 
Hace tiempo que esperaba su presentación en la revista el último libro de uno de sus colaboradores asiduos, MANUEL FRAIJÓ, Dios, el mal y otros ensayos. No aparecía el número oportuno donde hallar su lugar. Pero al fin lo encuentra de pleno en éste, dedicado a la tensión entre religión y laicidad. Porque Fraijó es, como pocos, un teólogo de y para la laicidad. Un autor de frontera entre fe y razón, entre teología y filosofía, entre… religión y laicidad. Y en este último libro vuelve a confirmarlo con fascinante lucidez y sutileza.

En efecto, Fraijó es un “teólogo laico”. Teólogo, ciertamente, que no se anda por las ramas, sino que aborda, en este como en la mayoría de sus libros, las cuestiones centrales del cristianismo: Dios, el sentido y el mal; Jesús, la resurrección y la esperanza posible. Pero, a la vez, teólogo “laico” donde los haya: situado en la frontera, incluso en la “otra orilla”, lejos de todo dogmatismo, abierto a la crítica histórica, a la búsqueda honrada de las fuentes y del argumento limpio y convincente, a la verdad sobria que no elude la duda ni, en más de un momento, el silencio. Y un teólogo, al mismo tiempo, interpelado siempre hondamente por el clamor de la tierra, por los interrogantes que se elevan desde el sufrimiento y la desesperanza de los hombres excluidos y abatidos, desde el mundo de las víctimas, la otra cara de la laicidad.

Por eso Dios, que es tema central de todos sus libros, nuncaaparece en ellos, tampoco en éste que presentamos, desligado de esos interrogantes que atormentan a los seres humanos. Sobre todo del mal, del sufrimiento y la muerte que truncan la esperanza de las víctimas. Algún pensador del ágora le colgará el sambenito del victimismo, pero lejos de él semejante talante. Lo que para él está en juego en esa conexión no es la causa propia, sino la esperanza “de los otros”. Y ahí, como afirma con toda razón, nadie está legitimado a acallar su incansable anhelo de “otra” justicia ni tampoco a renunciar, en su nombre, “a un posible escenario futuro donde se haga justicia a su causa.” (p. 88).

En una apasionante “conversación epistolar” -que abre el libro- con su amigo Javier Muguerza, filósofo increyente pero defensor, como él, de causas perdidas, se arriesga por eso a “estirar” la pregunta por la realización de aquel anhelo “más allá de lo que una razonable filosofía permite” (p. 71). Lo achaca él a su “condición de teólogo”, pero más bien, creo yo, se debe a la misma razón que llevó ya a Kant a postular, más allá de la ilustrada razón, laexistencia de Dios, a saber: la imposibilidad, que diría Adorno, de “pensar la desesperación”, de que ese anhelo termine al fin en … la nada. Con ello, sin embargo, no traspasa Fraijó la “frontera” para hablar como teólogo. Desde luego, no como teólogo afirmativo, dogmático. A lo sumo, de nuevo, como teólogo “de frontera”, única posibilidad aceptable para él. La realidad de Dios, si existe, es misterio, realidad “problemática”, sostiene de nuevo aquí como lo ha hecho en sus escritos anteriores.

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Democracia laica y religión pública

Juanjo Sánchez

Éxodo 92 (ener.-feb.’08)
– Autor: Juanjo Sánchez –
Taurus, Madrid, 2007
 
Dos libros que forman una obra conjunta sobre un debate crucial, abierto y sostenido con gran tensión a lo largo de los últimos cuatro años, y que está alcanzando en este momento, de cara a las próximas Elecciones Generales, un preocupante climax de intensidad, incluso de virulencia. Me refiero, por supuesto, como se expresa en los títulos de ambos libros, al debate entre democracia laica y religión pública y, más ampliamente, a la tensión entre ciudadanía plural y convivencia nacional.

El interés de estos libros, como el propio debate, rebasa, evidentemente, la coyuntura electoral actual. Se trata de un debate de fondo, de gran calado, y Rafa lo analiza con todo el rigor que se merece, con un amplio y bien fundado conocimiento de sus dimensiones y facetas -a la vez que en un lenguaje transparente y ágil-, y con una valentía y lucidez que sorprenden.

En el primero, el autor parte de un dato sociológico: la repolitización de la religión en los países del capitalismo avanzado, y a la vez de una tesis: el carácter público de la religión en la mayoría de esos países. Y a partir de ahí plantea el lugar de la religión en las sociedades democráticas modernas, recabando para ello el apoyo de dos grandes del pensamiento político, Rawls y Habermas, con quien finalmente se identifica más, por dos razones: porque es necesario ir “más allá del liberalismo” y porque con Habermas se concilian claramente tres decisivos principios en este debate de fondo: la laicidad de Estado y sociedad, la autonomía de las leyes y, a la vez, el carácter público de la religión y por tanto su derecho a intervenir en la esfera pública y a que su voz sea escuchada.

Pero, claro está, el debate comienza justamente ahí: cuando no se respeta la conciliación de esos principios. Por ejemplo, cuando la religión deviene en fundamentalismo ético y religioso con implicaciones políticas. Es la peligrosa tendencia que está tomando en varios países, concretamente la sostenida por la jerarquía católica española dominante. El segundo capítulo del libro contiene un análisis riguroso y exhaustivo y una lúcida denuncia de esta perversión del catolicismo en nuestro país y de sus lamentables consecuencias.

Para arrojar luz sobre este drama que tan negativamente afecta al cristianismo, el autor hace también un fino análisis del debate llevado a cabo entre el entonces cardenal Ratzinger y el filósofo crítico Habermas. De donde emanan dos convicciones sustanciales: 1) no cabe diálogo con la razón desde una postura dogmática de la verdad, y 2) la razón crítica, y por tanto, la laicidad, no bebe sólo de su propia fuente, y hará por eso bien en escuchar la voz y en estimar la motivación éticaque le puede venir, en el ámbito pre-político, de la religión (así como de otras instancias culturales o morales laicas, agnósticas o ateas).

Porque la religión, concretamente el cristianismo, no se agota en modo alguno en el integrismo religioso-político de jerarquía y fieles neo(teo)conservadoresque pretenden imponer su verdad a toda la sociedad. Hay un cristianismo laico –recuerda y subraya Rafaque puede ser, que es efectivamente, una fuente de genuina inspiración y motivación de compromiso en favor de una democracia post-liberal, republicana y socialista. Una fuente que, sin embargo, buena parte del laicismo más radical de nuestro país parece seguir ignorando o desdeñando incomprensiblemente.

Al primer estudio añade por eso Rafa un segundo, España laica, en el que, con la misma clarividencia y razón, analiza las razones históricas e ideológicas de esa mirada sesgada del laicismo español, a diferencia del laicismo europeo, y donde pone las bases para una ciudadanía abierta y plural, para un laicismo incluyente capaz de generar una convivencia más integral, más rica, más justa, más humana.

La actuación integrista de la iglesia neo(teo)conservadora hace más que comprensibles las voces que se alzan frente a ese laicismo incluyente (véase Ramoneda, Flores de Arcais, Savater…). Pero la propuesta de Rafa, que rechaza de plano esa actuación, es de largo alcance y suficientemente lúcida como para ser escuchada y tomada en serio. Y no sólo, precisamente, por los creyentes.

MÁS ALLÁ DE LA CRISPACIÓN: RECUPERAR LA JUSTICIA

Juanjo Sánchez

nº 85 octubre 06
– Autor: Juanjo Sánchez –
 
El viernes, 23 de junio, moría inesperadamente JOSÉ MARÍA MARDONES. La noticia nos dejó a todos sin palabras, sin aliento. Dura noticia, la pérdida de un creyente auténtico y de un pensador infatigable, que derrochó toda su energía precisamente en tender puentes entre la fe y la razón, entre el cristianismo y la cultura en que irremisiblemente se halla encarnado. Una labor imprescindible de diálogo, de autocrítica y de crítica constructiva, de mediación y reconciliación, de la que tan necesitados andamos justamente en estos momentos de dura crispación e incluso división en la sociedad española. La ausencia de esa labor, de ese trabajo callado, riguroso, constante y esperanzador, difícilmente podrá compensarse.

Pero su memoria nos incita a seguir trabajando en los caminos que dejó abiertos para “otro mundo posible”, para una sociedad justa y reconciliada.

Al pensar en algún libro que pudiéramos presentar en este número de ÉXODO, dedicado a la crispación y la división en nuestra sociedad española, en un momento de lucidez nos vino al recuerdo uno de los últimos que nos dejó MARDONES y que ya presentamos en la revista con motivo de la temática, cercana a la que en este número nos ocupa, de las difíciles relaciones entre religión y la laicidad. Me refiero al libro Recuperar la justicia. Religión y política en una sociedad laica (Sal Terrae, Santander 2005).

Volver a comentar este libro adquiere hoy el sentido de un homenaje de reconocimiento y gratitud a JOSÉ MARÍA MARDONES por su generosa y rica colaboración con nuestra revista. Pero tiene sentido hacerlo, además, porque frente a la situación de crispación y polémica permanente, estratégicamente inducidas, Chema señalaba con lucidez y valentía a la cuestión esencial, al imperativo que debiera ocupar y preocupar verdaderamente tanto a creyentes como a laicos, a políticos como al resto de ciudadanos, si es que de verdad les mueve, como diría Kant, el interés por la humanidad: recuperar la justicia. Este imperativo atañe, en verdad, tanto a la política como a la religión. La política –denunciaba Mardones- ha perdido en gran medida su pasión por la justicia, ha sufrido un adelgazamiento o vaciamiento democrático que la reduce peligrosamente a mero ejercicio pragmático de poder o que la lleva a abordar preferentemente las cuestiones culturales, de identidad o religiosas dejando intactos los problemas de fondo como son la economía capitalista globalizada, el trabajo precario, la injusticia y el sufrimiento que origina a las mayorías empobrecidas y excluidas. Algunas medidas que se han tomado últimamente obligarían a matizar esta crítica, pero el diagnóstico sigue siendo en lo esencial certero.

Esta situación se agrava, según Mardones, porque a la misma responde la religión con otra miopía imperdonable, de graves consecuencias. La religión, el cristianismo, ha perdido en no menor medida su pasión mesiánica por el reino de la fraternidad, el compromiso recio por la justicia y una genuina praxis de transformación del mundo, de lucha por una sociedad justa y humana, por “otro mundo posible”, y se ha refugiado en una falsa religiosidad, en un viraje hacia la intimidad y el sentimiento, combinada con una velada –o descaradamente abierta- lucha por recuperar no tanto la justicia cuanto el poder perdido.

Nada debe extrañarnos por eso –comentaba ya entonces Mardones que nuestra sociedad esté irritada, crispada, por cuestiones que cada parte se permite magnificarlas como diferencias que definen lo progresista o lo genuinamente religioso, tales como aquellas sobre las que inciden justamente las que en este número denominamos las “leyes de la discordia”. Si Chema hubiera podido escribir en este número de ÉXODO, posiblemente hubiera endurecido su juicio crítico sobre algunas actitudes y actuaciones de partidos, medios de comunicación e iglesia institucional. Sobre todo de ésta, por lo que a ella le unía como creyente comprometido. Con respeto, pero con lucidez y valentía, denunciaba abiertamente: “Produce pena advertir la insistencia de nuestros obispos y grupos tradicionales en las cuestiones de degradación moral de nuestra sociedad y no señalar el vínculo existente entre el capitalismo consumista y la degradación de la moral que deploran… Si se advirtiera la estrecha vinculación de unos fenómenos y otros… quizá fuéramos menos estentóreos en las acusaciones de algunos aspectos morales y más proféticos en la denuncia de otros que se ocultan o pasan inadvertidos” (pág. 261).

Recuperar la justicia, abordar las grandes cuestiones, los grandes problemas que aquejan a los humanos, sería la genuina respuesta evangélica que conduciría a superar la actual situación de crispación de nuestra sociedad. El diagnóstico crítico y las propuestas de JOSÉ MARÍA MARDONES siguen plenamente vigentes.

N.B. A los que quieran bucear en las raíces históricas de la actual crispación y división de la sociedad española, de esas “dos Españas” –“una muerta, hueca y carcomida y otra nueva, afanosa y aspirante, que tiende hacia la vida”-, que, como dijo en su momento Ortega, “están trabadas en una lucha incesante”, nos atrevemos a recomendar la lectura del excelente estudio de Santos Juliá, Historia de las dos Españas (Taurus, Madrid 2004).

FRENTE A LA GLOBALIZACIÓN ARMADA. FORO SOCIAL DE SEVILLA 2007

Ángel Villagrá

Éxodo 87 (ener.-febr.’07)
– Autor: Ángel Villagrá –
 
Por la disolución de la OTAN

Entre las distintas corrientes o frentes de lucha que los Movimientos antiglobalización vienen desarrollando en el mundo, hay dos que están arraigando en los países europeos de forma especial: el ‘frente ecologista’ de carácter crítico-radical, es decir, aquél que, superando el horizonte meramente ‘conservacionista’, pone el punto de mira en el modelo mismo de producción y consumo; y el ‘movimiento contra la guerra’ que ha pasado del rechazo puntual, frente a tal o cual guerra (conflicto de los Balcanes, guerras de Oriente Medio, Afganistán, Palestina, etc.), a entender que la naturaleza de las guerras de nuestro tiempo está inserta en la lógica misma de Globalización neoliberal. La violencia militar organizada, las invasiones, las guerras desatadas bajo el eufemismo de lucha contra el terrorismo, son la expresión más brutal de un mismo, único y complejo proceso, el de la dominación neocolonial de los países imperialistas del Norte sobre los empobrecidos pueblos del Sur, es decir, el de la globalización capitalista. De ahí que los analistas más comprometidos hayan comenzado ya a caracterizar el fenómeno como un proceso de ‘globalización armada’.

En esa dinámica hay protagonistas de distinto nivel; pero todos los actores navegan al son de la misma música. La OTAN pertenece al primer nivel de protagonismo. Junto con el Banco Mundial, el G8, la OMC, y el FMI, forma parte de una arquitectura institucional que diseña y ejecuta la militarización del mundo al servicio de una maquinaria de beneficio y expolio que tiene siempre los mismos beneficiarios y el mismo tipo de víctimas; es un poderoso instrumento militar al servicio de los intereses de las grandes potencias occidentales y, con ellas, de las empresas transnacionales que en ellas han florecido. La OTAN ejemplifica, a las claras, la brutalidad de la globalización capitalista neoliberal que somete, expolia y empobrece a los pueblos y destruye la naturaleza.

En efecto, si bien la OTAN fue concebida, allá en 1949, como una alianza defensiva contra la URSS, en el marco de la llamada guerra fría, lejos de disolverse tras la desaparición del Pacto de Varsovia, se fue ampliando gradualmente hasta más que duplicar hoy el número de los países miembros originales. En la actualidad, engloba ya a 26 países, incluidos algunos que anteriormente pertenecieron al Pacto de Varsovia, como Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia y otros en las antípodas del Atlántico Norte: Japón, Australia, Nueva Zelanda y Corea del Sur y, próximamente, Israel. Del Atlántico Norte hasta el Pacífico Sur, cualquier zona del planeta puede ser objeto de su intervención.

Su evolución en los últimos quince años ha tenido consecuencias nefastas, a la vista de todos. Así, _ * la Alianza Atlántica se ha afincado en Europa como instrumento central de la lógica imperial de Estados Unidos, que la UE ha hecho propia, sirviendo, entre otras cosas, para asentar el proyecto de una Europa fortaleza y de mercaderes; _ * ha desarrollado múltiples operaciones de injerencia y agresión: en la guerra de Yugoslavia, donde ha llegado a emplear armas radiactivas, y en Somalia; en las actuales campañas de limpieza étnica en Afganistán y, secundariamente, en el propio Iraq. A la vez, es llamativo cómo no ha movido un solo dedo para defender los pisoteados derechos del pueblo palestino, aunque sólo fuera por razones humanitarias. Por el contrario, la OTAN no ha dudado en apuntalar las posiciones del Estado de Israel en ese espacio geográfico; _ * ha propiciado un escandaloso crecimiento del gasto militar, a nivel conjunto y en cada uno de los países miembros. El presupuesto OTAN (alrededor de 600.000 millones de dólares/año) supone el 70% del gasto militar mundial. Bajo esa influencia, en España, el gasto militar en 2007 alcanzará la cifra de 23.052,07 millones de euros (61 millones diarios), un 6% más que en 2006, lo que representa en términos presupuestarios 13 veces más que el gasto en Agricultura, 18 veces más que en Vivienda, 26 veces más que en Sanidad, 32 veces más que en Cultura. La investigación militar obtiene el doble de inversión pública que la investigación civil en las universidades, y 5 veces más que la investigación sanitaria; _ * ha contribuido significativamente al descrédito del sistema de Naciones Unidas, al menos desde que en su reunión de Washington, en 1999, decidió que «en adelante las acciones militares OTAN no tendrán por qué vincularse con resoluciones específicas del Consejo de Seguridad». Es decir, la OTAN decide dónde, cuándo y cómo interviene en el mundo, siguiendo instrucciones del Pentágono.

Por todo lo anterior, concluía el Manifiesto ciudadano de Sevilla, «sobran los motivos para reclamar la inmediata disolución de la OTAN y, con ella, el final de las guerras de agresión por ella acometidas al servicio de la globalización capitalista… y sobran razones para exigir que el Estado español abandone la Alianza Atlántica y que su gobierno proceda a denunciar los convenios de defensa hispano-norteamericanos y demande el desmantelamiento de las bases de utilización conjunta”.

La agenda de la Contracumbre

Siendo así las cosas, los movimientos de resistencia global no podían permanecer pasivos ante la cita de Sevilla donde los ministros de Defensa de los países OTAN anunciaban una cumbre para los días 8 y 9 de febrero, en la que se pretendía reforzar su presencia militar en Afganistán y diseñar nuevos frentes de intervención en un futuro próximo, especialmente Oriente Medio y África (Sudán).

Convencidos de que la OTAN es el brazo armado de la globalización capitalista, y de que sólo la rebelión de la ciudadanía puede detener esta locura imperialista, declaraban su veredicto en uno de sus comunicados: «Quienes estamos empeñados en crear condiciones para ese ‘Otro mundo posible’ que anhelamos, denunciamos en este final de 2006 lo mismo que ya afirmábamos en 1986: que la OTAN, lejos de las beatíficas misiones de paz que le atribuyen los gobiernos de turno, es una organización al servicio de la violencia y la inseguridad internacional, que actúa contra los derechos de los pueblos y frente a sus esfuerzos por vivir en paz, que sostiene un sistema socioeconómico de violencia global en el que unas minorías se aprovechan de los recursos de todo el planeta sumiendo en la miseria a la mayoría de la humanidad, que impide el tan deseado desarme nuclear y que es causa de la guerra global que nos amenaza».

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POR QUÉ SOY CRISTIANO

José Antonio Marina

Éxodo 88 (marz.-abril’07)
– Autor: José Antonio Marina –
José Antonio Marina
 
Cuando escribo estas líneas está en plena efervescencia el conflicto planteado por la decisión del arzobispado de Madrid de cerrar la emblemática parroquia de San Carlos Borromeo. ¿Cómo se ha podido llegar a “esto” en la Iglesia? Por supuesto que “esto” tiene un contenido muy distinto según el ángulo desde el que se mire. Desde la óptica conservadora, “esto” es el hecho inaudito de que unos ministros de la Iglesia se salten a la torera las normas litúrgicas y desobedezcan abiertamente a su sagrado pastor. Desde el campo progresista, “esto” es el escándalo de que los pretendidos sucesores de los apóstoles pongan el ritual por encima del Evangelio. Precisamente para comprender cómo se ha podido llegar a “esto”, el libro de José Antonio Marina que reseñamos nos presta una ayuda muy valiosa.

Antes de dar razón de su opción religiosa, por qué soy cristiano, lo que hace Marina es tratar de comprender ese cristianismo que arranca de una figura perturbadora e intensa, un judío enigmático que no pasó de reunir un puñado de discípulos en los aproximados tres años que duró su predicación, que no salió de un apartado rincón del Imperio Romano, que no dejó ni una palabra escrita y que acabó de una manera desastrosa, pero que supuso la conmoción seguramente más fuerte experimentada por la humanidad en todo su devenir.

Afirma Marina que «El cristianismo, como todas las creaciones culturales, no tiene esencia, sino historia, y no es posible comprenderlo sin conocer su genealogía ». En el estudio de esa genealogía nos introduce con una mirada sencilla y profunda. La genealogía arranca de unos pescadores y campesinos galileos abrumados y desconcertados por el final dramático de su maestro, pero que a continuación irrumpen en el mundo proclamando con absoluta firmeza que Jesús está vivo y en él está la salvación.

Los recuerdos del maestro, la huella que dejó en sus vidas, la profunda, indecible experiencia que les llevó a la fe en la resurrección, la fuerza del Espíritu que les empuja, todo eso quieren transmitirlo a los hombres de su mundo, anunciarles la buena noticia de Jesús, y lo hacen como pueden, con los recursos narrativos propios de su cultura. «Unos Hombres trastornados por una experiencia que no acaban de comprender, pero que les relaciona de nuevo con Jesús, tienen que explicarla a los demás. Y lo hacen, inevitablemente, acudiendo a los modelos, a las ideas vigentes en su mundo cultural, e intentando acomodarse a las creencias aceptadas por las sociedades en las que quieren penetrar». Sus continuadores recogen el testigo, se esparcen por el mundo y se enfrentan a otras culturas. En este agitado ambiente va tomando cuerpo «el cristianismo». Para Marina «Los dos primeros siglos de nuestra era fueron un intenso y decisivo periodo en la historia de la humanidad».

Pronto empiezan los relatos más pintorescos y las interpretaciones más diversas del mensaje de Jesús. Los evangelios apócrifos son una buena muestra. Una de las desviaciones más fuertes con que tiene que lidiar la naciente Iglesia es el gnosticismo. Marina señala que, en su oposición a las corrientes gnósticas, la misma Iglesia cayó en una cierta deriva gnóstica. Se procuró ante todo asegurar la “verdad” en vez de practicar el “bien”.

El libro, en una página interior, lleva como subtítulo: teoría de la doble verdad. Expone la distinción entre verdades privadas, derivadas de una experiencia personal, que pueden tener una importancia decisiva en la vida de cada uno, pero no pueden reivindicar el estatus de verdades universales que deben ser aceptadas por todos. Esta distinción tiene una gran importancia en la reflexión sobre el papel de la verdad en las religiones. La Iglesia no tuvo en cuenta que «Jesús “reveló la verdad”, pero esa verdad no era gnóstica, sino práctica, no llamaba a la contemplación sino a la acción». La consecuencia es un giro en la orientación del mensaje de Jesús, de la “ortopraxia” se pasa la “ortodoxia”, defensa de verdades absolutas. Y cuando la ortodoxia se une al poder el resultado es muy triste.

Sólo en las últimas páginas da cuenta de la cuestión planteada en el título: Por qué soy cristiano. Su respuesta se mueve en el terreno de esas verdades privadas que no se pueden demostrar, ni menos imponer a nadie, pero pueden ser las más decisivas en la vida de una persona. Es una respuesta breve, pero optimista y luminosa. Es la admiración ante la capacidad humana para la creatividad y la bondad lo que abre al más allá. Y el cristianismo expresa la culminación de esa calidad humana.

John Hick, La metáfora de Dios encarnado. Cristología para un tiempo pluralista

José María Vigil

– Autor: José María Vigil –
 
Por fin llega al ámbito teológico de lengua castellana, europeo y latinamericano principalmente, este libro de John Hick, tan esperado.

No se trata de un libro teológico más, sino una “obra de referencia”; porque representa emblemáticamente una postura teológica que hoy día ya no se puede ignorar: la de una “cristología para un tiempo pluralista”, como reza el subtítulo de la obra. En este sentido, este libro es la obra que se ha hecho ya “clásica” para expresar esta postura. Las demás son complementarias.

Es también una obra “de actualidad”, porque el debate del “pluralismo” en cuanto paradigma teológico (o sea, la aceptación sincera de la pluralidad religiosa con todas sus consecuencias) está en el candelero de la investigación y del diálogo teológico. Ya hace años que el pluralismo religioso se ha constituido en el “nuevo tema”, un tema que no desplaza a los anteriores, sino que los obliga a confrontarse con él y a reformularse integralmente. Un tema que ha venido para quedarse y que promete un inminente e intenso futuro… Estamos pues de enhorabuena con la aparición en castellano de este libro de John Hick, que es a la vez una obra de referencia y una obra de actualidad con mucho futuro.

John Hick es un teólogo presbiteriano, de Birmingham, angloestadounidense, que ya está coronando su largo y fecundo trabajo teológico. El tema que aborda en esta obra lo lanzó a la palestra teológica –como él mismo nos contará en las primeras páginas- en 1977, y suscitó una tremenda reacción, no sólo en los medios teológicos, sino en los medios eclesiásticos de Inglaterra y hasta en los medios de comunicación. Un encendido debate se suscitó en la sociedad y en las iglesias, con mucha pasión y hasta con ira. Una larga serie de libros se sucedieron sobre el tema, desde todas las posturas participantes en la discusión, incluida la del propio Hick. Dieciséis años más tarde nuestro autor consideró que ya las aguas estaban más claras y que cabía reelaborar las primeras expresiones en una formulación más matizada, más serena y más coherente. Y éste que presentamos es el libro en que nos dio su posición definitiva, la que tantos llaman “postura hickeana”, aunque con frecuencia la toman de libros anteriores, no de este su libro “definitivo” en este sentido. Los estudiantes de teología harán bien en no aprender la postura del pluralismo hickeano bebiendo resúmenes ajenos o citaciones antiguas e inmaduras, o tal vez radicales, sino acercándose directamente a la postura del autor en este libro tan autorizado como asequible.

Harán bien en leerlo, también, los que critican el “pluralismo hickeano” como escépticamente relativista, como obsesivamente igualitarista frente a las religiones o como corrosivo del sentido. Centrada en el tema cristológico, esta obra permite verificar que el autor pretende precisamente purificar el sentido, volver a su originalidad prístina, la que tenía antes de su mixtificación con la metafísica. Hick no niega la metáfora, sino su confusión con la metafísica. No la considera inútil ni de segunda categoría -como lo hace la metafísica- sino imprescindible y elocuentísima. Liberada del encorsetamiento ontológico, la metáfora es para Hick un modo de expresión insustituible, necesario, único para expresar aquello que ninguna otra forma de lenguaje tiene el poder de vehicular. Nada pues de relativismo o de nihilismo en esta obra de madurez, definitiva, que desplaza y que pide desconsiderar a las anteriores.

Dicho esto, hay que decir también que no es un libro cualquiera, ni para cualquiera. Toca un tema demasiado grave, con implicaciones profundas y decisivas para todo el conjunto de la comprensión del cristianismo, por lo que su lectura no es recomendable para “menores de edad” en teología. Éstos deberían leerlo sólo con asesoramiento. Los demás debieran leerlo tanto con sentido crítico… como con desapasionamiento. De entrada, cuando uno/una no se ha planteado nunca el tema, la primera impresión es un choque o una conmoción como la que causó en Inglaterra en 1977 aquel primer libro-proclama de Hick.

Cuando ya se ha estudiado el tema, y cuando se lo lee dentro de una comprensión un tanto avanzada de la actual “teología de las religiones”, todo el conjunto se reviste de una plausibilidad teológica que, al menos infunde un cierto respeto. Cuando se vuelve a leer desde una visión crítica de la historia del cristianismo y desde una sintonía cordial con la diversidad de las religiones, se reconoce que la “hermenéutica de la sospecha” que inspira a Hick es legítima e indispensable.

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LIBROS DE ÉXODO

Jorge Pixley

Número 83 (marz.-abril’06)
– Autor: Jorge Pixley –
 
Este es un libro importante de un teólogo que se ha establecido como el coordinador de la Agenda Latinoamericana, un instrumento práctico que ha resultado valioso para la formación teológica de muchas personas. El libro que hoy reseñamos muestra que Vigil es un teólogo de la liberación de primera fila. Tiene la virtud de avanzar la agenda de la TL y no simplemente profundizar temas ya establecidos. ¡Y lo hace con una metodología popular que busca poner este tema novedoso al alcance de personas de nivel académico medio en grupos que pueden ser auténticamente populares!

La importancia del tema de la teología del pluralismo religioso se puede motrar con el hecho evidente, fácil de comprobar en cualquier almanaque, que la población de la India es mayor que la de todas las Américas en su conjunto. Los pobres de ese país superan cuantiosamente a los pobres de América Latina. Y en su gran mayoría no son cristianos, sino hindúes, budistas, musulmanes y sikhs. Siendo esto así, una TL netamente cristiana en sus bases teológicas y su imaginario movilizador es una teología provinciana que no toca las grandes mayorías de pobres en este mundo de Dios. Lo que se requiere es una TL plurirreligiosa que pueda hablarle a masas de pobres de los cuales una pequeña porción es cristiana en su tradición.

Para los cristianos esto exige no solamente un diálogo interreligioso, sino y con más importancia un “intradiálogo” que afirme con convicción la disponibilidad de la salvación para todos los pueblos, cada cual dentro de sus propias tradiciones religiosas. Resulta, entonces, que el encuentro de la TL latinoamericana con las tradiciones religiosas indígenas y las africanas en nuestro continente es una preparación válida que ya plantea la urgencia de revisar nuestros esquemas aprendidos en la infancia de nuestros maestros de religión.

Si hemos de encontrarnos fructuosamente con personas de otras tradiciones religiosas es preciso que concedamos al/a la otro/a el mismo respeto y la misma apertura hacia sus creencias y prácticas que esperamos recibir para nuestras doctrinas y prácticas cristianas. Esto significa reconocer que Dios no pudo solamente ofrecer la salvación por un camino, camino desconocido por la mayoría de las personas. El viejo supuesto de que “fuera de la Iglesia no hay salvación” no solamente se pone en duda sino que se muestra falso. Y allí se abre toda una caja de Pandora de temas teológicos tenidos por incuestionables que requieren examen y algunas veces rechazo. La primera de ellas es, sin duda, la exclusividad de Cristo como medio de revelación y de salvación. Esto excluiría de entrada otros accesos al misterio de Dios y clausuraría el diálogo.

Vigil presenta su material importante, y a veces, explosivo en 24 lecciones sencillas, con sugerencias para discusiones en grupos populares. Con pasos pequeños organizados según la lógica del “ver, juzgar, actuar”, el libro lleva al lector o al grupo de discusión a través de campos minados con una lógica irrebatible y una comprensión pastoral que apela a la experiencia de cada quien. Todo muestra la firme convicción de que el pueblo es capaz de hacer teología. Es algo que hemos afirmado en la TL, pero también es algo que arriesga confrontaciones con las autoridades. Un teólogo de la liberación que no esté listo para enfrentar este reto no merece nuestro respeto. Nadie podrá acusar a Vigil en este renglón. De una forma sencilla lleva a los cristianos populares de la mano para encontrar el misterio de Dios en la pluralidad de religiones, una multiplicidad de tradiciones que no es, asegura Vigil, simplemente un hecho sociológico sino una realidad querida por Dios.

Puedo recomendar sin reserva alguna la lectura y estudio de este libro para biblistas y para los grupos populares con quienes trabajamos. Como dije más arriba, esto avanza la agenda teológica. Por ello hay que agradecer a José María Vigil por su trabajo diligente en un tema que no es periférico en la escena mundial hoy, para biblistas, sociólogos, politólogos, y periodistas, entre otros

¿QUÉ ESTÁ PASANDO EN LA IGLESIA?

Benjamín Forcano

Éxodo 93 (marz.-abril.’08)
– Autor: Benjamín Forcano –
 
Creo que es exacto hacernos esta pregunta. Llevamos una legislatura en que el desconcierto de la gente ha ido creciendo. Y ha culminado ante la aparición y declaraciones insistentes de la jerarquía eclesiástica en contra del Gobierno socialista. La gente, sabiendo mi manera de pensar, pero al fin de cura teólogo, me pregunta: Y ahora, ¿qué? ¿Puedes justificar la parcialidad política de la jerarquía y sus arremetidas contra el Gobierno?

Los comentarios mediáticos son, en general, de desdén, de ironía o de crítica despiadada. Al interior de la Iglesia suenan las protestas de siempre y el gesto de lamentar lo tristemente esperado.

El caso es que, en España, no hay ningún obispo profeta que disienta y se atreva a hacerlo públicamente. Son, sin embargo, millones los católicos que disienten y se distancian de la cúpula dirigente. Tienen muy claro que sus Pastores no proceden así por más fidelidad al Evangelio y por más amor a los pobres.

Lo paradójico y triste del caso es que, en una situación democrática donde existen condiciones de libertad como no las hubo nunca, vienen algunos obispos denunciando que la “Iglesia” con este Gobierno se siente acosada, y perseguida: “Se da una crítica y manipulación de los hechos de la Iglesia, un cerco inflexible y permanente por medio de los medios de comunicación. Somos una Iglesia crecientemente marginada. Con el Gobierno Zapatero, la aconfesionalidad (Cons. Art. 16) se quiere interpretar en el sentido de un laicismo excluyente que no aparece en nuestra Constitución. Se pretende imponer el laicismo estricto como ideología dominante y excluyente.

¿Qué piensan y expresan hoy los socialistas?

Las religiones monoteístas son incompatibles con la democracia, la convivencia democrática debe edificarse sobre principios éticos comunes sin ninguna referencia religiosa, la base de la democracia no tiene ninguna ley moral objetiva vinculante, la moral debe ser consensuada. Por todos o la mayor parte.

No nos dejemos engañar. Lo que hoy está en juego no es un rechazo del integrismo o del fundamentalismo religioso, no son unas determinadas cuestiones morales discutibles. Lo que estamos viviendo, quizás sin darnos cuenta de ello, es un rechazo de la religión en cuanto tal, y más en concreto de la Iglesia católica y del mismo cristianismo” (Mons. Fernando Sebastián, Situación actual de la Iglesia: algunas orientaciones prácticas, Madrid, ITVR, 29 111- 2007).

No nos quieren, repetía hace poco uno de los obispos. Pues claro, pero, ¿por qué no preguntan y se enterarían por qué no los quieren? Y, además, ¿por qué cuando hablan de la Iglesia se refieren a ellos mismos? ¿La Iglesia son los 80 obispos de nuestro país? ¿Por no sentirse ellos queridos pueden afirmar que la Iglesia es perseguida y no querida? Y se les seguirá no queriendo mientras sigan encarnando ese modelo de Iglesia clerical, menospreciativo del pueblo, ajeno a la igualdad, la cercanía y la humildad para contar y aprender del pueblo. La Iglesia –clerical– ha sido mucho maestra y muy poco discípula.

He comenzado con este preámbulo. Ofrezco ahora una clave fundamental que puede explicar algo de lo que está pasando en la Iglesia.

Seguramente es verdad lo que un buen sociólogo me decía: no son creíbles porque viven en otro mundo, añoran hábitos hegemónicos de poder y dominio de otra época, no están dispuestos a despojarse –dejarse inorir– para iniciar una adaptación que les haga valorar la nueva situación.

Las cosas son así. Ha habido en los últimos siglos una positiva evolución de la conciencia social y eclesial que explica la nueva situación. El concilio Vaticano II lo entendió perfectamente y, por primera vez, hubo una reconciliación oficial con el mundo moderno, con la democracia, la igualdad, el pluralismo y la libertad. Pero eso no es lo que se daba antes. Antes era la alianza de la Iglesia con los poderes estatales, la primacía de la religión católica, el protagonismo del clero, la supeditación de los saberes humanos al saber teológico, la devaluación de lo terreno y temporal, la desigualdad, la desconfianza frente al mundo y otras religiones, el honor de la Iglesia como tarea prioritaria y no la liberación de los pobres, la obediencia como norma suprema.

Y cuando el cambio de todo esto ocurre, no se lo quiere reconocer como un bien y progreso, se dirige la vista a otra parte y se inventa un falso enemigo a quien culpar de todo. Lo que es una situación objetiva irreversible –hemos pasado de una época teocrátíca e imperialista a otra humanocéntrica y democrática– se la interpreta como un cúmulo de males, provocados por un partido y un gobierno.

Es evidente que muchos hechos del presente tienen causa en el pasado. El modelo de Iglesia Tridentino dista mucho del modelo del Vaticano II. Y el del pasado debe ser entendido y explicado a través del modelo del Vaticano II, no al revés, como no pocos pretenden. Ahí está, creo yo, una de las claves para entender lo que está pasando en la Iglesia, El cardenal Ratzinger –hoy Papa– en su Informe sobre la Fe de 1985 afirmaba: “Resulta incontestable que los últimos veinte años (los inmediatos al concilio) han sido decisivamente desfavorables para la Iglesia… Una reforma de la Iglesia presupone un decidido abandono de aquellos caminos equivocados que han conducido a consecuencias indiscutiblemente negativas”.

El cardenal Ratzinger pensaba así, en solitario, en contra del parecer mayoritario del episcopado universal. Y pudo, como timonel doctrinal durante 23 años en el Pontificado de Juan Pablo II, dedicarse a reconducir esos equivocados caminos.

Por tanto, los desasosiegos y las premoniciones negativas de la jerarquía se deben a que sufren una descolocación con el tiempo en que vivimos. Es significativo que en la Iglesia –jerarquía y pueblo– sea tan notable el desentrenamiento para vivir en una situación democrática. Vivir en democracia es algo que le ocurre por primera vez. Y los hábitos democráticos no se improvisan, hay que aprenderlos, cultivarlos, amarlos.

El Concilio vivió un conflicto entre una minoría conservadora y una gran mayoría renovadora. Lo que esa minoría perdió entonces lo fue ganando posteriormente, contando con la aportación del entonces definidor de la fe, y hoy Papa, que parecía saber cuál era el Concilio verdadero y cuál el falsificado, podía afirmar que el tiempo de la aplicación del verdadero Concilio no había llegado, que había que hacer tabla rasa de todo y comenzar de nuevo.

El problema, por tanto, está en la resistencia ofrecida por una minoría a la aplicación del Concilio, a la cual Juan Pablo II, le confirió autoridad y oficialidad. En estos momentos, son los conflictos del aula conciliar los que están emergiendo, con la diferencia de que al apoyo dado por el antiguo Prefecto se lo da ahora el Papa Benedicto XVI.

Todo parece indicar que la Iglesia de Benedicto XVI con los vientos a favor camina hacia el preconcilio: da trato de favor a los neoconservadores, pone en entredicho el diálogo ecuménico, se sitúa de espaldas a la legítima autonomía de la cultura y de las ciencias, pospone, frente a problemas internos que han sido ya replanteados, las grandes causas de la humanidad que, por ser primeras y prioritarias, deben unirnos a todos.

Ese modelo de Iglesia autoritaria y neoconservadora, no servidora y anunciante de un Reino de hermanos y hermanas, en igualdad, libertad y amor, es el que dicta el regreso al pasado y el miedo a una auténtica inserción en el presente.

VIVIR (BIEN) CON MENOS. SOBRE SUFICIENCIA Y SOSTENIBILIDAD

Juanjo Sánchez

Éxodo 97 (ener.-febr.’09)
– Autor: Juanjo Sánchez –
 
El contexto: “todos contra el hambre”. Cifras, hechos y declaraciones

Del hambre a las hambrunas. En 2006, a los diez años de la Cumbre Mundial sobre Alimentación (Roma, 1996), que lanzó el objetivo de acabar con el hambre en el mundo para 2015, en la presentación del Informe de la FAO “El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo”, el presidente de la FAO (Jacques Diouf) dijo: “Lamento profundamente informar que la situación sigue siendo intolerable e inaceptable. En 1996 había 800 millones de hambrientos y hoy, diez años después, suman 23 millones más. Pero aún hay remedio si se toman las medidas adecuadas: desarrollo rural y agrícola a pequeña escala, inversión en los lugares más desfavorecidos, transparencia y buen gobierno, cambios en las reglas del comercio internacional que las hagan más justas para los pobres, redes de contención para los grupos más vulnerables, y un incremento en el nivel de ayuda oficial, hasta llegar al 0,7% del PIB prometido”.

Esta misma propuesta ha sido repetida en la Cumbre de Madrid (2009) por el mismo presidente de la FAO: “se necesita un cambio drástico en el modelo de gobernación del hambre. Hoy hay 963 millones de personas que no comen”. Es urgente actuar, pero el mismo J. Diouf se encargó de recordar que de los 22.000 millones de dólares comprometidos en Roma en 2006, sólo se habían desembolsado 2.200 el 10%. Y las promesas no sirven para dar de comer. El desafío actual ya no sólo es dar de comer a casi mil millones de hambrientos, sino lograr producir alimentos para conseguir la seguridad alimentaria de 9.000 millones de personas en 2050.

¿Qué ocurre, si se conocen los costos y los obstáculos?, ¿por qué no se actúa para acabar con el hambre en el mundo?. J. Diouf lo tiene claro: falta “voluntad política”, dado que los mismos gobiernos que crearon la FAO en 1945 (“cada país un voto”) han creado la Organización Mundial del Comercio (“cada dólar, un voto”) y han introducido la alimentación en el comercio mundial. Se trata de una guerra declarada entre intereses y organismos creados para representarlos. Estos agentes estuvieron presentes en la Cumbre de Madrid (enero, 2009): la FAO repitió sus argumentos; el “lobby” neoliberal, los suyos, pero también surgió la alternativa de Vía Campesina, que agrupa a organizaciones altermundialistas de 56 países, con la proclama “contra la inseguridad alimentaria, soberanía alimentaria”.

La propuesta neoliberal ha sido liderada por Sarkozy, como portavoz del G-8, y pretende crear una Alianza Global por la Seguridad Alimentaria que abra las puertas a las corporaciones trasnacionales y fundaciones privadas a decidir sobre alimentación y agricultura al mismo nivel que los gobiernos y las organizaciones campesinas; un paso más en la política de la OMC de dejar a los países pobres a merced del mercado. Esta estrategia se suma a las anteriores propuestas neoliberales de crear el Programa Mundial de Alimentos (PMA) o el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), como medio de contrarrestar el poder de la FAO, a la vez que reducen cada año el presupuesto de la misma. Por el contrario, Vía Campesina propone que los gobiernos controlen la producción de alimentos, que la alimentación salga de la OMC; fomentar la pequeña producción y parar a las grandes transnacionales que sistemáticamente desplazan al campesinado de sus tierras con grandes monocultivos que contaminan el agua, el aire y a la población local, condenando a la miseria y al hambre a mil millones de personas. “La soberanía alimentaria, como única salida”.

Como podemos observar, ya estamos bastante lejos del “no des un pez, enseña a pescar”. Ahora hay que cuidar también el medio ambiente además de la producción y plantearse el sentido del progreso, aunque se califique de sostenible. También ha saltado sobre el tapete el tema del “decrecimiento” y no sólo para que los países en desarrollo no acaben con los recursos del planeta si acceden a nuestro nivel de consumo, sino también porque debe imponerse en el núcleo del primer mundo.

El texto seleccionado enfrenta los nuevos planteamientos: desafíos teóricos y propuestas de acción

Tres autores ofrecen sus aportaciones para la reflexión y el compromiso. Manfred Linz, investigador del Instituto Wuppertal, aporta dos textos breves sobre el concepto básico de suficiencia: “Sobre suficiencia y vida buena” (ponencia del Seminario “Ciencia y tecnología para una sociedad sostenible” (2006) y “¿Qué pasará con la economía? Sobre suficiencia, crecimiento económico y desempleo”. El autor diferencia entre la eficiencia, la coherencia y la suficiencia como tres caminos para alcanzar la sostenibilidad; pero sin la suficiencia, los otros dos caminan sin rumbo. Si el crecimiento económico, tal y como lo entendemos, no ha sido la solución sino parte del problema, hay que explorar los mecanismos de la suficiencia, incidiendo en la reducción del sobreconsumo y la sobreproducción, al tiempo que se incentivan los mecanismos de reparto y distribución (también del tiempo de trabajo). Pero el autor matiza bien el concepto de “decrecimiento”, dado que si se camina hacia la suficiencia se podrá crecer en todo lo que fomente la sostenibilidad y la calidad de vida, y tendrá que decrecer lo que favorezca el sobreconsumo. ¿Qué pasará con la economía, si se pone en marcha este nuevo paradigma?, el autor muestra que no sólo no será una catástrofe productiva, sino que abrirá nuevos sectores de actividad, preservará los fundamentos naturales de la vida y contribuirá a la justicia ecológica mundial. En suma, y así termina el segundo texto, “vinculará el trabajo remunerado y la autoactividad, desactivará el desempleo masivo mediante el reparto solidario del trabajo”. Parece que puede merecer la pena intentarlo.

El segundo autor, Joaquim Sempere, profesor de sociología medioambiental en la Universidad de Barcelona, aporta también la ponencia presentada en el seminario citado con el provocador título: “¿Es posible la austeridad voluntaria en un mundo que se hunde en la insostenibilidad ecológica?”. La respuesta del autor es clara, a escala social y no meramente individual, “la austeridad impuesta es la única austeridad viable”. Un momento, por favor, lectores, no se les desaten los demonios del colectivismo por la fuerza. El autor propone que la sociedad puede llegar por convicción a autoimponerse medidas de austeridad decididas mediante mecanismos democráticos; es lo que él llama “una voluntad de segundo grado”, se trata de una austeridad no espontáneamente voluntaria sino voluntariamente autoimpuesta de modo democrático por la sociedad. El autor avanza algunas formas que puede adoptar la austeridad, y algunos principios para guiar la acción; todo para pasar de ser consumidores a ciudadanos responsables con el planeta y con la sociedad. Dejamos al lector que repase tales propuestas.

Jorge Riechmann, el tercer autor, ya conocido por los lectores de Éxodo, es en suma el coaligador de los dos anteriores, dado que fue el coordinador del Seminario en el que ambos expusieron su ponencia. De modo poético y aforístico, en 50 puntos expone sus reflexiones. Plantea que se necesita recuperar la idea de “situación límite” para poder afrontar el momento actual y esto en varios sentidos: ‘no sólo para no transgredir límites ecológicos básicos, sino para respetar el espacio del otro, para dejar existir al otro. La idea no pertenece sólo a la ética ecológica, sino también a la ética social”. Los cambios requeridos hacia una sociedad más austera y suficiente obligarán a tomar nuevos caminos pero también a hacer lo de siempre de otra manera e, incluso, como propone el autor “no hacer, dejar de hacer”. La vida buena tendrá que ser más lenta y trabajada, “en contra de la mentalidad del consumidor que sólo busca la satisfacción inmediata, al coste que sea. Y uno de los costes es la devastación de la bioesfera”. Termina el autor recordando un diálogo mantenido con el Che Guevara en Ginebra, 1964: “Comandante, quiero ir con usted a Cuba”; respondió: “Has nacido en el cerebro del monstruo; es aquí donde tienes que trabajar y combatir”. Parece un buen programa, aunque no sea un buen lugar; ¿qué haremos los lectores de Éxodo?