POR QUÉ SOY CRISTIANO

José Antonio Marina

Éxodo 88 (marz.-abril’07)
– Autor: José Antonio Marina –
José Antonio Marina
 
Cuando escribo estas líneas está en plena efervescencia el conflicto planteado por la decisión del arzobispado de Madrid de cerrar la emblemática parroquia de San Carlos Borromeo. ¿Cómo se ha podido llegar a “esto” en la Iglesia? Por supuesto que “esto” tiene un contenido muy distinto según el ángulo desde el que se mire. Desde la óptica conservadora, “esto” es el hecho inaudito de que unos ministros de la Iglesia se salten a la torera las normas litúrgicas y desobedezcan abiertamente a su sagrado pastor. Desde el campo progresista, “esto” es el escándalo de que los pretendidos sucesores de los apóstoles pongan el ritual por encima del Evangelio. Precisamente para comprender cómo se ha podido llegar a “esto”, el libro de José Antonio Marina que reseñamos nos presta una ayuda muy valiosa.

Antes de dar razón de su opción religiosa, por qué soy cristiano, lo que hace Marina es tratar de comprender ese cristianismo que arranca de una figura perturbadora e intensa, un judío enigmático que no pasó de reunir un puñado de discípulos en los aproximados tres años que duró su predicación, que no salió de un apartado rincón del Imperio Romano, que no dejó ni una palabra escrita y que acabó de una manera desastrosa, pero que supuso la conmoción seguramente más fuerte experimentada por la humanidad en todo su devenir.

Afirma Marina que «El cristianismo, como todas las creaciones culturales, no tiene esencia, sino historia, y no es posible comprenderlo sin conocer su genealogía ». En el estudio de esa genealogía nos introduce con una mirada sencilla y profunda. La genealogía arranca de unos pescadores y campesinos galileos abrumados y desconcertados por el final dramático de su maestro, pero que a continuación irrumpen en el mundo proclamando con absoluta firmeza que Jesús está vivo y en él está la salvación.

Los recuerdos del maestro, la huella que dejó en sus vidas, la profunda, indecible experiencia que les llevó a la fe en la resurrección, la fuerza del Espíritu que les empuja, todo eso quieren transmitirlo a los hombres de su mundo, anunciarles la buena noticia de Jesús, y lo hacen como pueden, con los recursos narrativos propios de su cultura. «Unos Hombres trastornados por una experiencia que no acaban de comprender, pero que les relaciona de nuevo con Jesús, tienen que explicarla a los demás. Y lo hacen, inevitablemente, acudiendo a los modelos, a las ideas vigentes en su mundo cultural, e intentando acomodarse a las creencias aceptadas por las sociedades en las que quieren penetrar». Sus continuadores recogen el testigo, se esparcen por el mundo y se enfrentan a otras culturas. En este agitado ambiente va tomando cuerpo «el cristianismo». Para Marina «Los dos primeros siglos de nuestra era fueron un intenso y decisivo periodo en la historia de la humanidad».

Pronto empiezan los relatos más pintorescos y las interpretaciones más diversas del mensaje de Jesús. Los evangelios apócrifos son una buena muestra. Una de las desviaciones más fuertes con que tiene que lidiar la naciente Iglesia es el gnosticismo. Marina señala que, en su oposición a las corrientes gnósticas, la misma Iglesia cayó en una cierta deriva gnóstica. Se procuró ante todo asegurar la “verdad” en vez de practicar el “bien”.

El libro, en una página interior, lleva como subtítulo: teoría de la doble verdad. Expone la distinción entre verdades privadas, derivadas de una experiencia personal, que pueden tener una importancia decisiva en la vida de cada uno, pero no pueden reivindicar el estatus de verdades universales que deben ser aceptadas por todos. Esta distinción tiene una gran importancia en la reflexión sobre el papel de la verdad en las religiones. La Iglesia no tuvo en cuenta que «Jesús “reveló la verdad”, pero esa verdad no era gnóstica, sino práctica, no llamaba a la contemplación sino a la acción». La consecuencia es un giro en la orientación del mensaje de Jesús, de la “ortopraxia” se pasa la “ortodoxia”, defensa de verdades absolutas. Y cuando la ortodoxia se une al poder el resultado es muy triste.

Sólo en las últimas páginas da cuenta de la cuestión planteada en el título: Por qué soy cristiano. Su respuesta se mueve en el terreno de esas verdades privadas que no se pueden demostrar, ni menos imponer a nadie, pero pueden ser las más decisivas en la vida de una persona. Es una respuesta breve, pero optimista y luminosa. Es la admiración ante la capacidad humana para la creatividad y la bondad lo que abre al más allá. Y el cristianismo expresa la culminación de esa calidad humana.

John Hick, La metáfora de Dios encarnado. Cristología para un tiempo pluralista

José María Vigil

– Autor: José María Vigil –
 
Por fin llega al ámbito teológico de lengua castellana, europeo y latinamericano principalmente, este libro de John Hick, tan esperado.

No se trata de un libro teológico más, sino una “obra de referencia”; porque representa emblemáticamente una postura teológica que hoy día ya no se puede ignorar: la de una “cristología para un tiempo pluralista”, como reza el subtítulo de la obra. En este sentido, este libro es la obra que se ha hecho ya “clásica” para expresar esta postura. Las demás son complementarias.

Es también una obra “de actualidad”, porque el debate del “pluralismo” en cuanto paradigma teológico (o sea, la aceptación sincera de la pluralidad religiosa con todas sus consecuencias) está en el candelero de la investigación y del diálogo teológico. Ya hace años que el pluralismo religioso se ha constituido en el “nuevo tema”, un tema que no desplaza a los anteriores, sino que los obliga a confrontarse con él y a reformularse integralmente. Un tema que ha venido para quedarse y que promete un inminente e intenso futuro… Estamos pues de enhorabuena con la aparición en castellano de este libro de John Hick, que es a la vez una obra de referencia y una obra de actualidad con mucho futuro.

John Hick es un teólogo presbiteriano, de Birmingham, angloestadounidense, que ya está coronando su largo y fecundo trabajo teológico. El tema que aborda en esta obra lo lanzó a la palestra teológica –como él mismo nos contará en las primeras páginas- en 1977, y suscitó una tremenda reacción, no sólo en los medios teológicos, sino en los medios eclesiásticos de Inglaterra y hasta en los medios de comunicación. Un encendido debate se suscitó en la sociedad y en las iglesias, con mucha pasión y hasta con ira. Una larga serie de libros se sucedieron sobre el tema, desde todas las posturas participantes en la discusión, incluida la del propio Hick. Dieciséis años más tarde nuestro autor consideró que ya las aguas estaban más claras y que cabía reelaborar las primeras expresiones en una formulación más matizada, más serena y más coherente. Y éste que presentamos es el libro en que nos dio su posición definitiva, la que tantos llaman “postura hickeana”, aunque con frecuencia la toman de libros anteriores, no de este su libro “definitivo” en este sentido. Los estudiantes de teología harán bien en no aprender la postura del pluralismo hickeano bebiendo resúmenes ajenos o citaciones antiguas e inmaduras, o tal vez radicales, sino acercándose directamente a la postura del autor en este libro tan autorizado como asequible.

Harán bien en leerlo, también, los que critican el “pluralismo hickeano” como escépticamente relativista, como obsesivamente igualitarista frente a las religiones o como corrosivo del sentido. Centrada en el tema cristológico, esta obra permite verificar que el autor pretende precisamente purificar el sentido, volver a su originalidad prístina, la que tenía antes de su mixtificación con la metafísica. Hick no niega la metáfora, sino su confusión con la metafísica. No la considera inútil ni de segunda categoría -como lo hace la metafísica- sino imprescindible y elocuentísima. Liberada del encorsetamiento ontológico, la metáfora es para Hick un modo de expresión insustituible, necesario, único para expresar aquello que ninguna otra forma de lenguaje tiene el poder de vehicular. Nada pues de relativismo o de nihilismo en esta obra de madurez, definitiva, que desplaza y que pide desconsiderar a las anteriores.

Dicho esto, hay que decir también que no es un libro cualquiera, ni para cualquiera. Toca un tema demasiado grave, con implicaciones profundas y decisivas para todo el conjunto de la comprensión del cristianismo, por lo que su lectura no es recomendable para “menores de edad” en teología. Éstos deberían leerlo sólo con asesoramiento. Los demás debieran leerlo tanto con sentido crítico… como con desapasionamiento. De entrada, cuando uno/una no se ha planteado nunca el tema, la primera impresión es un choque o una conmoción como la que causó en Inglaterra en 1977 aquel primer libro-proclama de Hick.

Cuando ya se ha estudiado el tema, y cuando se lo lee dentro de una comprensión un tanto avanzada de la actual “teología de las religiones”, todo el conjunto se reviste de una plausibilidad teológica que, al menos infunde un cierto respeto. Cuando se vuelve a leer desde una visión crítica de la historia del cristianismo y desde una sintonía cordial con la diversidad de las religiones, se reconoce que la “hermenéutica de la sospecha” que inspira a Hick es legítima e indispensable.

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LIBROS DE ÉXODO

Jorge Pixley

Número 83 (marz.-abril’06)
– Autor: Jorge Pixley –
 
Este es un libro importante de un teólogo que se ha establecido como el coordinador de la Agenda Latinoamericana, un instrumento práctico que ha resultado valioso para la formación teológica de muchas personas. El libro que hoy reseñamos muestra que Vigil es un teólogo de la liberación de primera fila. Tiene la virtud de avanzar la agenda de la TL y no simplemente profundizar temas ya establecidos. ¡Y lo hace con una metodología popular que busca poner este tema novedoso al alcance de personas de nivel académico medio en grupos que pueden ser auténticamente populares!

La importancia del tema de la teología del pluralismo religioso se puede motrar con el hecho evidente, fácil de comprobar en cualquier almanaque, que la población de la India es mayor que la de todas las Américas en su conjunto. Los pobres de ese país superan cuantiosamente a los pobres de América Latina. Y en su gran mayoría no son cristianos, sino hindúes, budistas, musulmanes y sikhs. Siendo esto así, una TL netamente cristiana en sus bases teológicas y su imaginario movilizador es una teología provinciana que no toca las grandes mayorías de pobres en este mundo de Dios. Lo que se requiere es una TL plurirreligiosa que pueda hablarle a masas de pobres de los cuales una pequeña porción es cristiana en su tradición.

Para los cristianos esto exige no solamente un diálogo interreligioso, sino y con más importancia un “intradiálogo” que afirme con convicción la disponibilidad de la salvación para todos los pueblos, cada cual dentro de sus propias tradiciones religiosas. Resulta, entonces, que el encuentro de la TL latinoamericana con las tradiciones religiosas indígenas y las africanas en nuestro continente es una preparación válida que ya plantea la urgencia de revisar nuestros esquemas aprendidos en la infancia de nuestros maestros de religión.

Si hemos de encontrarnos fructuosamente con personas de otras tradiciones religiosas es preciso que concedamos al/a la otro/a el mismo respeto y la misma apertura hacia sus creencias y prácticas que esperamos recibir para nuestras doctrinas y prácticas cristianas. Esto significa reconocer que Dios no pudo solamente ofrecer la salvación por un camino, camino desconocido por la mayoría de las personas. El viejo supuesto de que “fuera de la Iglesia no hay salvación” no solamente se pone en duda sino que se muestra falso. Y allí se abre toda una caja de Pandora de temas teológicos tenidos por incuestionables que requieren examen y algunas veces rechazo. La primera de ellas es, sin duda, la exclusividad de Cristo como medio de revelación y de salvación. Esto excluiría de entrada otros accesos al misterio de Dios y clausuraría el diálogo.

Vigil presenta su material importante, y a veces, explosivo en 24 lecciones sencillas, con sugerencias para discusiones en grupos populares. Con pasos pequeños organizados según la lógica del “ver, juzgar, actuar”, el libro lleva al lector o al grupo de discusión a través de campos minados con una lógica irrebatible y una comprensión pastoral que apela a la experiencia de cada quien. Todo muestra la firme convicción de que el pueblo es capaz de hacer teología. Es algo que hemos afirmado en la TL, pero también es algo que arriesga confrontaciones con las autoridades. Un teólogo de la liberación que no esté listo para enfrentar este reto no merece nuestro respeto. Nadie podrá acusar a Vigil en este renglón. De una forma sencilla lleva a los cristianos populares de la mano para encontrar el misterio de Dios en la pluralidad de religiones, una multiplicidad de tradiciones que no es, asegura Vigil, simplemente un hecho sociológico sino una realidad querida por Dios.

Puedo recomendar sin reserva alguna la lectura y estudio de este libro para biblistas y para los grupos populares con quienes trabajamos. Como dije más arriba, esto avanza la agenda teológica. Por ello hay que agradecer a José María Vigil por su trabajo diligente en un tema que no es periférico en la escena mundial hoy, para biblistas, sociólogos, politólogos, y periodistas, entre otros

¿QUÉ ESTÁ PASANDO EN LA IGLESIA?

Benjamín Forcano

Éxodo 93 (marz.-abril.’08)
– Autor: Benjamín Forcano –
 
Creo que es exacto hacernos esta pregunta. Llevamos una legislatura en que el desconcierto de la gente ha ido creciendo. Y ha culminado ante la aparición y declaraciones insistentes de la jerarquía eclesiástica en contra del Gobierno socialista. La gente, sabiendo mi manera de pensar, pero al fin de cura teólogo, me pregunta: Y ahora, ¿qué? ¿Puedes justificar la parcialidad política de la jerarquía y sus arremetidas contra el Gobierno?

Los comentarios mediáticos son, en general, de desdén, de ironía o de crítica despiadada. Al interior de la Iglesia suenan las protestas de siempre y el gesto de lamentar lo tristemente esperado.

El caso es que, en España, no hay ningún obispo profeta que disienta y se atreva a hacerlo públicamente. Son, sin embargo, millones los católicos que disienten y se distancian de la cúpula dirigente. Tienen muy claro que sus Pastores no proceden así por más fidelidad al Evangelio y por más amor a los pobres.

Lo paradójico y triste del caso es que, en una situación democrática donde existen condiciones de libertad como no las hubo nunca, vienen algunos obispos denunciando que la “Iglesia” con este Gobierno se siente acosada, y perseguida: “Se da una crítica y manipulación de los hechos de la Iglesia, un cerco inflexible y permanente por medio de los medios de comunicación. Somos una Iglesia crecientemente marginada. Con el Gobierno Zapatero, la aconfesionalidad (Cons. Art. 16) se quiere interpretar en el sentido de un laicismo excluyente que no aparece en nuestra Constitución. Se pretende imponer el laicismo estricto como ideología dominante y excluyente.

¿Qué piensan y expresan hoy los socialistas?

Las religiones monoteístas son incompatibles con la democracia, la convivencia democrática debe edificarse sobre principios éticos comunes sin ninguna referencia religiosa, la base de la democracia no tiene ninguna ley moral objetiva vinculante, la moral debe ser consensuada. Por todos o la mayor parte.

No nos dejemos engañar. Lo que hoy está en juego no es un rechazo del integrismo o del fundamentalismo religioso, no son unas determinadas cuestiones morales discutibles. Lo que estamos viviendo, quizás sin darnos cuenta de ello, es un rechazo de la religión en cuanto tal, y más en concreto de la Iglesia católica y del mismo cristianismo” (Mons. Fernando Sebastián, Situación actual de la Iglesia: algunas orientaciones prácticas, Madrid, ITVR, 29 111- 2007).

No nos quieren, repetía hace poco uno de los obispos. Pues claro, pero, ¿por qué no preguntan y se enterarían por qué no los quieren? Y, además, ¿por qué cuando hablan de la Iglesia se refieren a ellos mismos? ¿La Iglesia son los 80 obispos de nuestro país? ¿Por no sentirse ellos queridos pueden afirmar que la Iglesia es perseguida y no querida? Y se les seguirá no queriendo mientras sigan encarnando ese modelo de Iglesia clerical, menospreciativo del pueblo, ajeno a la igualdad, la cercanía y la humildad para contar y aprender del pueblo. La Iglesia –clerical– ha sido mucho maestra y muy poco discípula.

He comenzado con este preámbulo. Ofrezco ahora una clave fundamental que puede explicar algo de lo que está pasando en la Iglesia.

Seguramente es verdad lo que un buen sociólogo me decía: no son creíbles porque viven en otro mundo, añoran hábitos hegemónicos de poder y dominio de otra época, no están dispuestos a despojarse –dejarse inorir– para iniciar una adaptación que les haga valorar la nueva situación.

Las cosas son así. Ha habido en los últimos siglos una positiva evolución de la conciencia social y eclesial que explica la nueva situación. El concilio Vaticano II lo entendió perfectamente y, por primera vez, hubo una reconciliación oficial con el mundo moderno, con la democracia, la igualdad, el pluralismo y la libertad. Pero eso no es lo que se daba antes. Antes era la alianza de la Iglesia con los poderes estatales, la primacía de la religión católica, el protagonismo del clero, la supeditación de los saberes humanos al saber teológico, la devaluación de lo terreno y temporal, la desigualdad, la desconfianza frente al mundo y otras religiones, el honor de la Iglesia como tarea prioritaria y no la liberación de los pobres, la obediencia como norma suprema.

Y cuando el cambio de todo esto ocurre, no se lo quiere reconocer como un bien y progreso, se dirige la vista a otra parte y se inventa un falso enemigo a quien culpar de todo. Lo que es una situación objetiva irreversible –hemos pasado de una época teocrátíca e imperialista a otra humanocéntrica y democrática– se la interpreta como un cúmulo de males, provocados por un partido y un gobierno.

Es evidente que muchos hechos del presente tienen causa en el pasado. El modelo de Iglesia Tridentino dista mucho del modelo del Vaticano II. Y el del pasado debe ser entendido y explicado a través del modelo del Vaticano II, no al revés, como no pocos pretenden. Ahí está, creo yo, una de las claves para entender lo que está pasando en la Iglesia, El cardenal Ratzinger –hoy Papa– en su Informe sobre la Fe de 1985 afirmaba: “Resulta incontestable que los últimos veinte años (los inmediatos al concilio) han sido decisivamente desfavorables para la Iglesia… Una reforma de la Iglesia presupone un decidido abandono de aquellos caminos equivocados que han conducido a consecuencias indiscutiblemente negativas”.

El cardenal Ratzinger pensaba así, en solitario, en contra del parecer mayoritario del episcopado universal. Y pudo, como timonel doctrinal durante 23 años en el Pontificado de Juan Pablo II, dedicarse a reconducir esos equivocados caminos.

Por tanto, los desasosiegos y las premoniciones negativas de la jerarquía se deben a que sufren una descolocación con el tiempo en que vivimos. Es significativo que en la Iglesia –jerarquía y pueblo– sea tan notable el desentrenamiento para vivir en una situación democrática. Vivir en democracia es algo que le ocurre por primera vez. Y los hábitos democráticos no se improvisan, hay que aprenderlos, cultivarlos, amarlos.

El Concilio vivió un conflicto entre una minoría conservadora y una gran mayoría renovadora. Lo que esa minoría perdió entonces lo fue ganando posteriormente, contando con la aportación del entonces definidor de la fe, y hoy Papa, que parecía saber cuál era el Concilio verdadero y cuál el falsificado, podía afirmar que el tiempo de la aplicación del verdadero Concilio no había llegado, que había que hacer tabla rasa de todo y comenzar de nuevo.

El problema, por tanto, está en la resistencia ofrecida por una minoría a la aplicación del Concilio, a la cual Juan Pablo II, le confirió autoridad y oficialidad. En estos momentos, son los conflictos del aula conciliar los que están emergiendo, con la diferencia de que al apoyo dado por el antiguo Prefecto se lo da ahora el Papa Benedicto XVI.

Todo parece indicar que la Iglesia de Benedicto XVI con los vientos a favor camina hacia el preconcilio: da trato de favor a los neoconservadores, pone en entredicho el diálogo ecuménico, se sitúa de espaldas a la legítima autonomía de la cultura y de las ciencias, pospone, frente a problemas internos que han sido ya replanteados, las grandes causas de la humanidad que, por ser primeras y prioritarias, deben unirnos a todos.

Ese modelo de Iglesia autoritaria y neoconservadora, no servidora y anunciante de un Reino de hermanos y hermanas, en igualdad, libertad y amor, es el que dicta el regreso al pasado y el miedo a una auténtica inserción en el presente.

GEN-ÉTICA

Benjamín Forcano

Éxodo 98 (marz.-abr´09)
– Autor: Benjamín Forcano –
 
En el mundo de la bioética y de la genética, tan importante para tomar decisiones personales y políticas, reina mucha confusión y poca serenidad. Se está dando una violenta manipulación de los sentimientos de los ciudadanos en el sentido de que la ciencia estaría traspasando los límites de la ética.

Este es el sentir de Federico Mayor Zaragoza, quien, además de coordinar el libro con Carlos Alonso Bedate, lo prologa. El camino a seguir en este campo agitado es el de atender con rigor los argumentos, sin mezclar indebidamente campos tan distintos como el de la ciencia y de la fe, cualquiera que ésta sea. Lo cual no quita sino que supone una interactuante colaboración entre ambos, nunca excluyente ni, menos, condenatoria.

En este terreno de luces y sombras, certezas e incertidumbres se mueven con libertad e independencia de criterio los diecinueve autores que intervienen en la elaboración del libro. Todos ellos son investigadores en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, Universidad Autónoma de Madrid, en la Facultad de Genética de la Complutense y en otros Centros de Biotecnología, de Medicina y de Derecho.

Puede imaginarse el lector que el cuadro de colaboradores citado abordará cuestiones más importantes e interpelantes: aspectos científicos (Alberto Martínez, Carlos Romero Casanobona, Bernart Soria y Alfonso Valencia); aspectos sociales y jurídicos (Ignacio Núñez de Castro y José Luis García); aspectos éticos (Carlos Alonso Bedate, Juan Ramón Lacadena, Diego Gracia Guillén, Yolanda Gómez, Javier Sánchez Caro y María Casado); y sigue un anexo de Federico Mayor Zaragoza (40 páginas) sobre Gen-Ética.

Le sobra razón a Federico Mayor cuando escribe: “Este libro llega en un momento muy oportuno. Y debo decir que el mérito de su articulación corresponde al profesor Carlos Alonso Bedate, que tanto ha meditado sobre esta materia. Juzgo el libro de gran calidad y espero sinceramente que contribuya a la necesaria función de esclarecer cuestiones confusas, más por razones ideológicas que científicas”.

Y concluye comentando la Declaración universal sobre el genoma humano y los derechos humanos: “El compromiso moral contraído por los Estados al adoptar la Declaración Universal del Genoma Humano y los Derechos Humanos es un punto de partida: anuncia una toma de conciencia mundial de la necesidad de una reflexión ética sobre las ciencias y las tecnologías. Incumbe ahora a los Estados dar vida a la Declaración con las medidas que decidan adoptar, garantizándose así su perennidad”.

JESÚS Y YAHVÉ. LOS NOMBRES DIVINOS

Miguel Ángel de Prada

Éxodo 99 (mayo-jun.´09)
– Autor: Miguel Ángel de Prada –
 
Harold Bloom es un viejo crítico literario y un judío que se declara agnóstico. ¿Qué puede ofrecer a los lectores de Éxodo este personaje que escribe el texto que comentamos a los 74 años, indicando que es la culminación de lo que comenzó hace 37 años (pág. 37), es decir su preocupación de media vida? El lector juzgará al final si le ha aportado algo pero es seguro que a pocos deja indiferente. Plantea una lectura provocadora tanto para judíos como para cristianos y, también, irreverente. Su propuesta es que no existe una tradición judeo-cristiana, sino que hay dos historias (sagradas), dos dioses e, incluso, dos Biblias y en ningún modo compatibles. Bueno, ya hemos adelantado la conclusión. Quien esté interesado en conocer los argumentos del autor puede continuar adelante.

La obra presenta dos partes, una dedicada a Jesús y otra a Yahvé, como no podía ser menos. Cada una con 10 capítulos y títulos sugestivos como: ¿Quién fue Jesús y qué le pasó?, “El Testamento tardío” y “No la paz sino la espada o la influencia divina”, en la primera, y “¿De qué habla Yavhé cuando habla de amor?”, “El hijo tan distinto del Padre”, “Jesús y Yahvé: el agon por el genio”, “El cristianismo y el judaísmo son irreconciliables”, en la segunda. Un preludio a ambas propone ocho reflexiones en las que inicia los temas que irá desgranando posteriormente. Comencemos señalando dos aspectos claves:

-La relación entre la Biblia hebrea (o Tanakh: acrónimo de las tres partes: la Torá –los cinco libros de Moisés–, los Profetas y los Escritos) y el Nuevo Testamento, y entre el Tanakh y el Antiguo Testamento de los cristianos. La primera y la última de las 8 reflexiones iniciales se dirigen a proponer una lectura de la relación entre dichos textos. Si todos conocemos que Nuevo Testamento (o Nueva Alianza) es una obra tardía literariamente respecto al Tanakh, ¿qué ha ocurrido para que una obra posterior se alce con el rótulo de “nueva” y designe a la Biblia hebrea como Antiguo Testamento? En todo caso parecería que la designación adecuada para el Nuevo Testamento fuera ‘testamento tardío’. Para el autor, la Nueva Alianza funda una relectura (errónea por interesada y manipuladora) del Tanakh precedente pero tan potente que la ha desbancado. Esta operación tiene una base literaria, la reordenación de los libros de la Biblia hebrea en la Biblia cristiana, de modo que el nuevo final sirva de introducción a los tres capítulos del Evangelio de Mateo. El Antiguo Testamento cristiano concluye con Malaquías, el mensajero (Malaquías 4: 5-6), que proclama el regreso de Elías bajo la forma de Juan el Bautista, mientras que la conclusión del Tanakh (II Crónicas 36: 22-23) es una exhortación de aliento a subir a Jerusalén para reconstruir el Templo de Yahvé. Si el Nuevo Testamento triunfó al estilo romano y lo hizo bajo el imperio de Constantino, para el autor, el cautivo al que llevaron en procesión fue el Tanakh reducido a la esclavitud en forma de Antiguo Testamento (p. 62). La reordenación, alteración e introducción de nuevos libros en la Biblia cristiana no se habría tratado sólo de una potente operación literaria sino espiritual y política. Desde entonces nos encontramos con dos Biblias irreconciliables. Tan diferentes que el agon (lucha) entre el Nuevo Testamento y el Tanakh no es posible, pues la Torá es Dios para éste mientras que el argumento central del Nuevo Testamento es que un hombre ha reemplazado las sagradas Escrituras.

Jesús y una biografía es siempre un oxímoron. Con esta línea argumental se recogen los 6 puntos restantes de reflexión propuestos en el preludio. Los evangelios no pretenden ser una biografía sino la conversión del lector; la incensante búsqueda del Jesús histórico ha sido siempre un fracaso. Sin embargo, de Jeshua, el judío entre judíos, se han transmitido aspectos relevantes para la historia literaria y vital de occidente. Así para Harold Bloom los logia y los enigmas de Jesús son originales y no tendrían precedente en la literatura excepto en Sócrates; esta ironía funda la ironía por la que discurren posteriormente Shakespeare, Cervantes, Kierkegaard y Kafka1. Pero ironía de ironías, la inquebrantable fe en la Alianza con Yahvé, que manifiesta Jesús, como ningún judío en la historia, la utilizan sus seguidores para sustituir la Alianza con Yahvé por la nueva Alianza. Pero no sólo Jesús funda la ironía, también inauguró el “yo interior” en constante crecimiento, desarrollado por San Agustín y perfeccionado por Shakespeare. En Jesús aparece como esencial la relación entre el Amor y la Ley, como en San Pablo y posteriormente en Lutero y Freud, o previamente en Moisés y Sócrates. Freud denomina a la Ley como Tánatos, coincidiendo con Pablo y Lutero. Jesús, por el contrario, abraza el amor y la Torá; su genio fusionó el amor al padre, Yahvé como abba, con el amor por la Ley, oral y escrita, y el amor hacia su pueblo. En esto es único.

Leer la Biblia. ¿Qué lectura y qué Biblia?

Llegados aquí y en un número de la revista Éxodo sobre “leer la Biblia hoy” podemos preguntarnos a cuál de las dos Biblias aproximarnos, sabiendo que cada una conlleva lecturas muy diferentes con propósitos religiosos y políticos diversos, tal como se ha indicado. A partir de ahora, siempre que llamemos Antiguo Testamento a la Biblia hebrea sabremos que estaremos incidiendo en la operación que ensalza a una sola de las dos Biblias, la más tardía, la que lee errónea y manipuladoramente a la precedente.

Para Harold Bloom, el carácter de Yahvé tendría más rasgos en común con el Jesús de Marcos que con el Dios Padre de la tradición cristiana o de la tradición rabínica posterior. Es decir, a pesar de las dos Biblias diferentes, la cristiana no puede entenderse sin la anterior. Aquí aporta Bloom su original teoría literaria, dado que para él las obras posteriores siempre leen a las anteriores erróneamente, y en el caso del Nuevo Testamento nos encontramos con la transformación del Tanakh en el Antiguo. Se trataría de la relectura más poderosa de cualquier clásico en la historia de la literatura universal. Es la teoría del proceso de influencia (pág. 57) de una obra en otra o la “ansiedad de la influencia”, entendida la influencia como una enfermedad o contagio; así ve Bloom el contagio del Escritor J. (yahvista) en Marcos y de la Ley y los Profetas en Pablo y en Juan.

El texto que comentamos en sus 242 páginas aborda otros muchos y sugerentes temas como el antijudaísmo de Juan (capt. 7, I Parte), que permite fundar una nueva sublimidad cristiana en la que los judíos mueren y los cristianos viven eternamente (Juan, 8:37-38). Continuidad en la lucha de interpretaciones de las que el autor salva la Carta de Santiago, el hermano de Jesús, en la que aparecería el mejor espíritu de Jesús, tal vez por eso Lutero la quiso excluir de la Nueva Alianza.

MEDIADORAS DE SALVACIÓN. ENCUENTROS ENTRE JESÚS Y LAS MUJERES.

Pepa Torres

Éxodo 99 (mayo-jun.´09)
– Autor: Pepa Torres –
 
Es este un libro con capacidad de sorprender y altamente provocador para una teología y una exégesis que tiene todavía una gran deuda pendiente con la perspectiva de género y la hermenéutica feminista. Una vez más la biblista Elisa Estévez contribuye con esta obra a recuperar los orígenes del cristianismo desde una nueva perspectiva, la de la liberación de las mujeres y su protagonismo en el movimiento de Jesús.

La apuesta por la interdisciplinariedad entre teología, exégesis y sociología constituyen parte de la novedad que la obra plantea. Las tesis del libro se desarrollan en siete capítulos de los cuales los dos primeros presentan los marcos teóricos y conceptuales imprescindibles para adentrarnos en la obra. Los títulos en sí mismos resultan ya bien elocuentes: “Mujeres, memoria e identidad colectiva”, “Cuerpos e identidades femeninas en contexto”.

Los encuentros de Jesús con las mujeres en los relatos de curación de los Evangelios son interpretados desde nuevas claves y significaciones con gran rigor científico y crítico. Las mujeres somos reconocidas en ellos no sólo como “pacientes”, sino como “mediadoras divinas de sanación– salvación”, como sujetos de narración, con capacidad de significar y cuya implicación personal resulta indispensable para alumbrar una historia del cuidado de la salud desde los orígenes cristianos, inclusiva y liberadora y cualificar como tarea ministerial la actividad terapéutica de muchas mujeres en la iglesia.

La valía personal de las mujeres que aparecen en los textos, su brega por conseguir una vida plena e integrada, sus intentos por escapar de los estrechos marcos que les imponían las sociedades androcéntricas y patriarcales y finalmente su práctica transgresora en la incorporación al ministerio sanador de Jesús constituye para nosotras cristianas y cristianos del siglo XXI una memoria perturbadora que cuestiona y a la vez empodera para una mayor libertad y creatividad en la vivencia de una nueva ministerialidad más holística e integradora en la Iglesia y en las fronteras de nuestro mundo.

Las mujeres de los Evangelios son contempladas desde una nueva perspectiva que nos lleva a descubrirlas como mujeres abiertas a un misterio de sanación y libertad del que se sienten portadoras, recibido desde la experiencia del encuentro plenificador con Jesús y que las lleva a reclamar y luchar por su lugar en la comunidad cristiana como discípulas con autoridad y poder para sanar y expulsar demonios.

Desde el rigor de la exégesis las mujeres aparecen presentadas como iconos imprescindibles para la transgresión y el empoderamiento:

– La hemorroísa o el poder de una mujer creyente con capacidad de “pasar de vivir la enfermedad como fatalidad a la salvación deseada, buscada y hallada”, una mujer que muestra la excelencia de una fe probada (Mc 5,24b-34).

– La suegra de Pedro: “Una mujer que permanece erguida en la diakonía y alumbra espacios generadores en la transgresión y en la frontera” (Mt 8, 14-15) .

– La cananea o “el derecho a participar de los frutos de la basileía”. Icono de una mujer que permanece en la brega por los derechos más allá de las dificultades (Mt 15,21-28).

– La mujer encorvada, “portadora de una palabra teológica provocadora y crítica” ( Lc 13, 10-17).

VIVIR (BIEN) CON MENOS. SOBRE SUFICIENCIA Y SOSTENIBILIDAD

Juanjo Sánchez

Éxodo 97 (ener.-febr.’09)
– Autor: Juanjo Sánchez –
 
El contexto: “todos contra el hambre”. Cifras, hechos y declaraciones

Del hambre a las hambrunas. En 2006, a los diez años de la Cumbre Mundial sobre Alimentación (Roma, 1996), que lanzó el objetivo de acabar con el hambre en el mundo para 2015, en la presentación del Informe de la FAO “El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo”, el presidente de la FAO (Jacques Diouf) dijo: “Lamento profundamente informar que la situación sigue siendo intolerable e inaceptable. En 1996 había 800 millones de hambrientos y hoy, diez años después, suman 23 millones más. Pero aún hay remedio si se toman las medidas adecuadas: desarrollo rural y agrícola a pequeña escala, inversión en los lugares más desfavorecidos, transparencia y buen gobierno, cambios en las reglas del comercio internacional que las hagan más justas para los pobres, redes de contención para los grupos más vulnerables, y un incremento en el nivel de ayuda oficial, hasta llegar al 0,7% del PIB prometido”.

Esta misma propuesta ha sido repetida en la Cumbre de Madrid (2009) por el mismo presidente de la FAO: “se necesita un cambio drástico en el modelo de gobernación del hambre. Hoy hay 963 millones de personas que no comen”. Es urgente actuar, pero el mismo J. Diouf se encargó de recordar que de los 22.000 millones de dólares comprometidos en Roma en 2006, sólo se habían desembolsado 2.200 el 10%. Y las promesas no sirven para dar de comer. El desafío actual ya no sólo es dar de comer a casi mil millones de hambrientos, sino lograr producir alimentos para conseguir la seguridad alimentaria de 9.000 millones de personas en 2050.

¿Qué ocurre, si se conocen los costos y los obstáculos?, ¿por qué no se actúa para acabar con el hambre en el mundo?. J. Diouf lo tiene claro: falta “voluntad política”, dado que los mismos gobiernos que crearon la FAO en 1945 (“cada país un voto”) han creado la Organización Mundial del Comercio (“cada dólar, un voto”) y han introducido la alimentación en el comercio mundial. Se trata de una guerra declarada entre intereses y organismos creados para representarlos. Estos agentes estuvieron presentes en la Cumbre de Madrid (enero, 2009): la FAO repitió sus argumentos; el “lobby” neoliberal, los suyos, pero también surgió la alternativa de Vía Campesina, que agrupa a organizaciones altermundialistas de 56 países, con la proclama “contra la inseguridad alimentaria, soberanía alimentaria”.

La propuesta neoliberal ha sido liderada por Sarkozy, como portavoz del G-8, y pretende crear una Alianza Global por la Seguridad Alimentaria que abra las puertas a las corporaciones trasnacionales y fundaciones privadas a decidir sobre alimentación y agricultura al mismo nivel que los gobiernos y las organizaciones campesinas; un paso más en la política de la OMC de dejar a los países pobres a merced del mercado. Esta estrategia se suma a las anteriores propuestas neoliberales de crear el Programa Mundial de Alimentos (PMA) o el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), como medio de contrarrestar el poder de la FAO, a la vez que reducen cada año el presupuesto de la misma. Por el contrario, Vía Campesina propone que los gobiernos controlen la producción de alimentos, que la alimentación salga de la OMC; fomentar la pequeña producción y parar a las grandes transnacionales que sistemáticamente desplazan al campesinado de sus tierras con grandes monocultivos que contaminan el agua, el aire y a la población local, condenando a la miseria y al hambre a mil millones de personas. “La soberanía alimentaria, como única salida”.

Como podemos observar, ya estamos bastante lejos del “no des un pez, enseña a pescar”. Ahora hay que cuidar también el medio ambiente además de la producción y plantearse el sentido del progreso, aunque se califique de sostenible. También ha saltado sobre el tapete el tema del “decrecimiento” y no sólo para que los países en desarrollo no acaben con los recursos del planeta si acceden a nuestro nivel de consumo, sino también porque debe imponerse en el núcleo del primer mundo.

El texto seleccionado enfrenta los nuevos planteamientos: desafíos teóricos y propuestas de acción

Tres autores ofrecen sus aportaciones para la reflexión y el compromiso. Manfred Linz, investigador del Instituto Wuppertal, aporta dos textos breves sobre el concepto básico de suficiencia: “Sobre suficiencia y vida buena” (ponencia del Seminario “Ciencia y tecnología para una sociedad sostenible” (2006) y “¿Qué pasará con la economía? Sobre suficiencia, crecimiento económico y desempleo”. El autor diferencia entre la eficiencia, la coherencia y la suficiencia como tres caminos para alcanzar la sostenibilidad; pero sin la suficiencia, los otros dos caminan sin rumbo. Si el crecimiento económico, tal y como lo entendemos, no ha sido la solución sino parte del problema, hay que explorar los mecanismos de la suficiencia, incidiendo en la reducción del sobreconsumo y la sobreproducción, al tiempo que se incentivan los mecanismos de reparto y distribución (también del tiempo de trabajo). Pero el autor matiza bien el concepto de “decrecimiento”, dado que si se camina hacia la suficiencia se podrá crecer en todo lo que fomente la sostenibilidad y la calidad de vida, y tendrá que decrecer lo que favorezca el sobreconsumo. ¿Qué pasará con la economía, si se pone en marcha este nuevo paradigma?, el autor muestra que no sólo no será una catástrofe productiva, sino que abrirá nuevos sectores de actividad, preservará los fundamentos naturales de la vida y contribuirá a la justicia ecológica mundial. En suma, y así termina el segundo texto, “vinculará el trabajo remunerado y la autoactividad, desactivará el desempleo masivo mediante el reparto solidario del trabajo”. Parece que puede merecer la pena intentarlo.

El segundo autor, Joaquim Sempere, profesor de sociología medioambiental en la Universidad de Barcelona, aporta también la ponencia presentada en el seminario citado con el provocador título: “¿Es posible la austeridad voluntaria en un mundo que se hunde en la insostenibilidad ecológica?”. La respuesta del autor es clara, a escala social y no meramente individual, “la austeridad impuesta es la única austeridad viable”. Un momento, por favor, lectores, no se les desaten los demonios del colectivismo por la fuerza. El autor propone que la sociedad puede llegar por convicción a autoimponerse medidas de austeridad decididas mediante mecanismos democráticos; es lo que él llama “una voluntad de segundo grado”, se trata de una austeridad no espontáneamente voluntaria sino voluntariamente autoimpuesta de modo democrático por la sociedad. El autor avanza algunas formas que puede adoptar la austeridad, y algunos principios para guiar la acción; todo para pasar de ser consumidores a ciudadanos responsables con el planeta y con la sociedad. Dejamos al lector que repase tales propuestas.

Jorge Riechmann, el tercer autor, ya conocido por los lectores de Éxodo, es en suma el coaligador de los dos anteriores, dado que fue el coordinador del Seminario en el que ambos expusieron su ponencia. De modo poético y aforístico, en 50 puntos expone sus reflexiones. Plantea que se necesita recuperar la idea de “situación límite” para poder afrontar el momento actual y esto en varios sentidos: ‘no sólo para no transgredir límites ecológicos básicos, sino para respetar el espacio del otro, para dejar existir al otro. La idea no pertenece sólo a la ética ecológica, sino también a la ética social”. Los cambios requeridos hacia una sociedad más austera y suficiente obligarán a tomar nuevos caminos pero también a hacer lo de siempre de otra manera e, incluso, como propone el autor “no hacer, dejar de hacer”. La vida buena tendrá que ser más lenta y trabajada, “en contra de la mentalidad del consumidor que sólo busca la satisfacción inmediata, al coste que sea. Y uno de los costes es la devastación de la bioesfera”. Termina el autor recordando un diálogo mantenido con el Che Guevara en Ginebra, 1964: “Comandante, quiero ir con usted a Cuba”; respondió: “Has nacido en el cerebro del monstruo; es aquí donde tienes que trabajar y combatir”. Parece un buen programa, aunque no sea un buen lugar; ¿qué haremos los lectores de Éxodo?

PERE CASALDÁLIGA

Benjamín Forcano

Número 83 (marz.-abril’06)
– Autor: Benjamín Forcano –
 
Es raro en nuestro mundo occidental que a un obispo católico se le conceda un “premio internacional”. Ha ocurrido ahora con Pedro Casaldáliga. Pedro, apodado el “Che” por capitanear entre los claretianos la trinchera renovadora después del Vaticano II, tenía encantamiento entre los más jóvenes por su apertura, su compromiso con la justicia y los más marginados, su sensibilidad poética y su capacidad de dialogar con los problemas de la cultura moderna.

Un día, al regreso de unos Cursillos de Cristiandad dados en Guinea, Pedro escribió: “Siento furiosa la realidad y la llamada del Tercer Mundo. Traigo para siempre en mi corazón, confusamente, como un feto, África, el Tercer Mundo, y esa nueva Iglesia -la Iglesia de los pobres- que diríamos luego a partir del concilio”.

Ya en el Mato Grosso, en uno de sus primeros entierros -los sepultados eran cuatro niñitos de prostitutas- dijo a su compañero Manuel Luzón: “O nos vamos de aquí inmediatamente, o nos suicidamos, o hallamos una solución para todo esto”.

El radicalismo de Pedro proviene de dentro, como de un río secreto que irrumpe cuando circunstancias adversas tratan de desviarlo, pararlo, acallarlo. Cuenta Pedro: “Una vez, tras enterrar a uno de esos peones asesinados, cogí un puñado de tierra de su sepulcro, lo puse sobre el altar y excomulgé a esas haciendas. Pero fue un acto contra las haciendas, no contra las personas”. Y, ante la presión de ciertos latifundistas muy “cristianos”, que lo invitaban a celebrar misa en las capillas de sus haciendas, escribió: “El Evangelio es para los ricos, pero contra su riqueza, sus privilegios, su posibilidad de explotar, dominar y oprimir. Si cada semana voy a la casa de un rico y no pasa nada, no digo nada, no sacudo aquella casa, no sacudo aquella conciencia, ya me he vendido y he negado mi opción por los pobres”.

A los dos años de encontrarse en Brasil, Pedro, nombrado ya obispo, firmó el informe-denuncia (secuestrado por la policía) que recogía en letanía trágica “los casos en carne viva de peones engañados, controlados a pistola, golpeados o heridos o muertos, cercados en la floresta, en pleno desamparo de la ley, sin derecho alguno, sin humana salida. Hasta el Nuncio me pidió que no lo publicase en el extranjero y uno de los mayores terratenientes me advirtió que no debía meterme en esos asuntos. Pero ahora debemos aplicar nuestra opción: no podíamos celebrar la eucaristía a la sombra de los señores, yo soy incapaz de presenciar un sufrimiento sin reaccionar. Nunca me he olvidado de que nací en una familia pobre. Yo me siento mal en un ambiente burgués. Siempre me pregunté que si puedo vivir con tres camisas por qué voy a necesitar tener diez en el armario. Los pobres de mi prelatura viven con dos, de quita y pon”.

No es habitual que un obispo no visite Roma, cuando tiene obligación de hacerlo cada cinco años; no es habitual oirle decir que él no viaja porque los pobres no viajan y él es un pobre (ni siquiera cuando murió su madre vino a España); no es habitual que un obispo no tenga vacaciones, pero él ha dicho que “las tendrá bajo los parrales de la gloria”; no es habitual que a un obispo católico lo visiten, lo lean y le pregunten ateos, agnósticos, periodistas, científicos, gentes de otras religiones; no es habitual que alce su voz para corregir al Papa y denunciar los pecados del sistema eclesiástico: “A Juan Pablo II, escribe, al requerirme para que lo visitara, le hablé con mucho cariño, pero con mucha libertad, ejerciendo el derecho de mi corresponsabilidad eclesial y de mi colegialidad apostólica”.

Resulta esclarecedor lo que comenta acerca de la teología de la liberación: “La teología de la liberación nos obliga a analizar la trágica situación de los dos tercios de la humanidad, señalarla como contraria a la voluntad de Dios y asumir compromisos prácticos. Sólo a los enemigos del pueblo no les gusta la teología de la liberación. ¡Celebrarían tanto que los cristianos pensasen sólo en el cielo… despreciando la tierra!”.

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HUMANIZAR LA HUMANIDAD PRACTICANDO LA PROXIMIDAD

Pedro Casaldáliga

Número 83 (marz.-abril’06)
– Autor: Pedro Casaldáliga –
 
Querido Presidente de la Generalitat, Pascual Maragall, mi presidente. _ Querida Sra. Diana Garrigosa. _ Querida comitiva de la Presidencia y del Jurado del Premio Internacional de mi Cataluña. _ Querido hermano Leonardo. Queridas hermanas y hermanos.

Es mucha deferencia del Gobierno de Cataluña y del jurado venir hasta São Félix do Araguaia para entregarme su Premio Internacional. Me siento abrumado, por eso, y porque este Premio está asociado a personalidades extraordinarias de la filosofía, de la ciencia, de las artes, de la promoción social. Y yo continúo siendo un “fill de Cal Lleter”, un “hijo de la casa del lechero”, de Balsareny, a la orilla del Llogregat, un pequeño arroyo puesto al lado de este Araguaia majestuoso.

Esta deferencia de la Generalitat es motivo, a la vez, para mi gratitud, recibiendo el Premio, y para renovar en la vejez la identidad catalana con sus carismas. “Quan més anem, més tornem”: avanzando en la vida, las personas regresan a los orígenes; el arco de las vivencias se cierra en paz. Nuevo motivo también para reasumir las causas por las cuales, dice el jurado, me otorgan, nos otorgan, este galardón singular.

Las causas de los derechos de las personas y de los pueblos, sobre todo de las personas y pueblos marginados y hasta prohibidos. Causas mías, pero causas de todos nosotros, causas de esta pequeña iglesia de São Félix do Araguaia, que por ellas ya dio sudor y hasta sangre. Causas específicamente de Nuestra América: la tierra, el agua, la ecología; las naciones indígenas; el pueblo negro; la solidaridad; la verdadera integración continental; la erradicación de toda marginación, de todo imperialismo, de todo colonialismo; el diálogo interreligioso, e intercultural; la superación de ese estado de esquizofrenia humana que es la existencia de un primer mundo y un tercer mundo (y un cuarto mundo también) cuando somos un solo mundo, la gran familia humana, hija del Dios de la vida.

Siendo la primera vez que se otorga el Premio a alguien que reside en América Latina, yo, abusando de osadía sentimental, hago cuestión de recibirlo también como “representante adoptivo” de Nuestra América. Mi paisano de Verdú, San Pedro Claver, apóstol de los negros en Colombia, y mi paisano de Sallent, San Antonio María Claret, fundador de mi congregación y arzobispo de Santiago de Cuba, aprobarán sin duda esta osadía.

Nosotros, como Iglesia, lógicamente, abrazamos esas causas a la luz de la fe cristiana, en el seguimiento de Jesús y de su Evangelio: el Evangelio de los pobres, el Evangelio de la liberación.

El Premi Internacional de Catalunya 2006 es nuestro, pueblo mío de la Prelatura de São Félix do Araguaia, nuestra es la gratitud a la Generalitat, nuestro debe ser el renovado compromiso. La danza mayor de Cataluña es la sardana, danza en comunión de un pueblo entero dándose las manos. En la Prelatura, la corresponsabilidad es nuestra danza de celebración y de compromiso. Juntos hemos luchado, juntos recibimos el Premio, juntos seguiremos respondiendo.

El objetivo y la mediación de todas esas causas nuestras se pueden formular en este postulado: Humanizar la Humanidad, practicando la proximidad. ¿Es una utopía? ¡El Evangelio es una utopía mayor! Adaptando la palabra del poeta, titulé así mi última circular: “Utopía necesaria como el pan de cada día”. No la utopía quimérica que arribaría a un “no-lugar”, sino un proceso esperanzado que navega hacia un “lugar-otro”, ¡un “buen-lugar”, eu-topía!

Porque no aceptamos la fatalidad de ese sistema de capitalismo neoliberal que nos imponen, hecha mercado la vida, cuadradas las cabezas en un pensamiento único, bajo un macro-imperialismo político, económico, militar, cultural.

“Es preciso reinventar una economía de convivencia”, pedía Edgar Morin, recibiendo este mismo Premio en 1994. El pueblo guaraní habla de la “economía de la reciprocidad”. Y el pequeño pueblo myky, en este Mato Grosso, proclama como uno de sus dogmas básicos que “vivir es convivir”. Sin prepotencias, sin exclusiones. Todas y todos siendo reconocidos como personas en la radical dignidad de la “raza humana”. Los pueblos indígenas, normalmente, en su autodeterminación, se clasifican como “gente”, como “humanidad”; después viene el nombre, la designación particular de cada pueblo, de cada cultura, de cada historia. Identidades colectivas que configuran la Humanidad una y plural.

La globalización actual, con todos sus pecados, graves, tiene como contrapartida la virtud de hacer que hoy, como nunca, la Humanidad se sienta “una”. Estamos descubriendo, por necesidad, que navegamos en un mismo barco. “El choque de civilizaciones” o “la alianza de civilizaciones” son la alternativa inevitable. Como ahora nos encontramos todos con todos, debemos optar o por chocar unos contra otros, en la intolerancia y en la agresión, o por abrazarnos en la comprensión y en la complementariedad. “Las naciones son contenido, no fronteras”, afirma Baltasar Porcel en la presentación de los discursos de los galardonados con el Premi Internacional de Catalunya. Muros, “vallas”, cercas, leyes de intolerancia, no son la solución humana. Los “bárbaros del sur” acabarán rompiendo las fronteras de la separación. “El hambre no tiene fronteras”, gritaba el superviviente de una “patera” africana. Esos nuevos bárbaros acabarán invadiendo la tierra, la casa, la mesa, el alma de los privilegiados de un mundo primero: ¿primero en malgastar; primero en insensibilidad?

La más esencial tarea de la Humanidad es la tarea de humanizarse. Humanizar la Humanidad es la misión de todos, de todas, de cada uno y cada una de nosotros. La ciencia, la técnica, el progreso, solamente son dignos de nuestro pensamiento y de nuestras manos si nos humanizan más. Frente a ciertos jactanciosos progresos, las estadísticas anuales de ese profeta laico que es el PNUD deberían provocarnos una indignada vergüenza.

“Otro mundo es posible”, proclaman los foros de la alternatividad. Otro mundo es necesario. Hacer real lo posible es el título del último libro del economista y educador Marcos Arruda: “Una reflexión creativa y propositiva sobre economía…, la praxis de otra economía, ya en marcha, fundada en la cooperación y en la solidaridad y la prospectiva de otra globalización, que valoriza cada persona, cada cultura y cada pueblo. Buscando un proyecto común de Humanidad a partir de la valorización y de la complementariedad de las diferencias”. El Secretario General del Consejo Mundial de Iglesias, Pastor Samuel Kobia, resumía así el tema y el propósito de la IX Asamblea del Consejo, realizada en Porto Alegre, en este mes de febrero: “Transformar el mundo juntos”. El pequeño mundo del propio corazón, del propio hogar, de la vecindad, y el gran mundo de la política y de la economía y de las instituciones internacionales. Otra ONU es posible y necesaria.

Ya es un consenso universal que sólo habrá paz en el mundo si hay paz entre las religiones. Y que sólo habrá paz entre las religiones si hay diálogo entre las religiones. Un diálogo interreligioso, pero que sea generador de Humanidad. Porque no se trata de sentar a las religiones en una tertulia narcisista y aséptica, fuera del mundo de la pobreza, del hambre, de la guerra, del racismo, de la marginación, del miedo. El contenido central de ese diálogo interreligioso ha de ser también humanizar la Humanidad, en nombre de Dios. Nuestro Joan Maragall, el gran poeta humanohumanista de Cataluña, formulaba lúcidamente un principio para toda fe religiosa: “Home sóc i és humana ma mesura/per tot quant pugui creure i esperar” (“Hombre soy y es humana mi medida/para todo cuanto yo pueda creer y esperar”).

Para nuestra fe cristiana el propio Dios tomó la dimensión humana del hombre Jesús de Nazaret. Infelizmente, durante siglos, y todavía hoy, las religiones vienen siendo, con demasiada frecuencia, fundamentalismo, división y hasta guerra. Es hora de creer en plural unidad en el Dios de la vida y del amor y de practicar la religión como justicia, servicio y compañía. Un Dios que separa la Humanidad es un ídolo mortífero.

Esa tarea primordial y común de humanizar la Humanidad se hace practicando la proximidad. El Evangelio de Lucas (10, 25-37) nos ofrece la parábola paradigmática para esa praxis humanizadora. El maestro de la ley responde correctamente a la pregunta de Jesús sobre los mandamientos. Sabía el catecismo, por lo menos en su letra. Pero “para justificarse” el doctor en religión pregunta a su vez: “¿Y quién es mi prójimo?” La respuesta de Jesús es desconcertante y provocadora; para el doctor de la ley, para todo el pueblo que escucha “en aquel tiempo” y también para nosotros que la escuchamos hoy, aquí. Prójimo es aquél o aquélla a quien yo me aproximo y, en primer lugar, los caídos en el camino, las personas al margen, las mujeres violentadas y sometidas, los emigrantes sospechosos, los extraños de quien no quiero ni saber, ocupado como estoy en mis negocios o tal vez con mi culto…

Yo me debo hacer prójimo descubriendo al prójimo, buscándolo, acogiéndolo, dando y donándome en su servicio. Sin hacer acepción de personas. Sin miedo de contaminarme con un samaritano heterodoxo. Solamente amo al prójimo en la medida en que salgo, libre, abierto, solidario, al encuentro del prójimo, aproximándome a él, aproximándolo a mí.

No se humaniza la Humanidad con máquinas y formulaciones (útiles en su tiempo y a su debido modo), sino con la aproximación humana de cada uno y cada una, de cada persona y de cada pueblo. Humanizar la Humanidad, practicando la proximidad. La Teología de la Liberación nos ha recordado que la verdadera ortodoxia se verifica en la ortopraxis. El propio ser de Dios “consiste en estar amando”, nos dice en el Nuevo Testamento la primera carta de Juan (4, 8-16).

Haber salido de Cataluña, de España, de Europa, pasar por África y venir a vivir definitivamente en este brasileño Mato Graso de esta Nuestra América, me ha universalizado el alma. Y el contacto apasionado con la causa indígena y la causa negra me han ayudado a redescubrir la identidad de las personas y de los pueblos como alteridad y como complementariedad. Aproximarme “al poder de los sin poder” (Václav Havel), en la opción por los pobres, en el movimiento popular, en las comunidades de base y en las pastorales sociales, me despertó definitivamente a la indignación y al compromiso; y también a la esperanza.

Agradeciendo de corazón este Premi Internacional, quiero pedir a mi Cataluña que continúe siempre abierta al mar; que, desde el alero de la casa solariega (des de l’eixida pairal), se abra siempre más al infinito mundo. Dentro y fuera de casa; con “els altres catalans” y con los emigrantes que van llegando y con toda la Humanidad. Siendo ella, libre, justa, humanizada y haciéndose proximidad de todos los pueblos de la tierra. “La clau i la lletra” de la escultura del maestro Tàpies es también una parábola de apertura y de comunicación; llave para abrir, letra para hablar.

Humanicémonos siempre más, humanicemos siempre, practicando la proximidad. Muchas gracias.

São Félix do Araguaia, 9 de marzo de 2006