TERTULIAS DE BIOÉTICA

Evaristo Villar

Éxodo 90 (sept-oct.’07)
– Autor: Evaristo Villar –
Manejar la vida, cuidar a las personas
 
Se ha escrito ya tanto sobre este libro que uno siente pudor en tocarlo. No vayamos a afear una obra que, contra la voluntad jerárquica, está gozando de general aceptación no sólo por lo que dice, sino, y principalmente, por cómo lo dice.

Juan Marsiá es un maestro. Y su magisterio está no sólo en las cosas tan vitales que toca, sino en la sencilla y hábil exposición que hace de los temas más vidriosos y polémicos. Ya se lo decía su madre cuando, preocupado por la conferencia que tenía que pronunciar sobre la muerte, que acababa de hacer al amor del brasero y bajo la singular mirada de sus padres, se la dejó leer a su madre. ¡Qué gesto tan entrañable! Y su madre, que se supone llena de orgullosa satisfacción, para que la vanidad del hijo no subiera demasiado, le echa este jarro de agua: “¡Qué difícil lo tenéis los profesores! ¡Cuántas vueltas para decir algo tan sencillo!”. “¿Cómo lo dirías tú?”, le pregunta. Y ella responde: “Eso es como las siete y media, o te pasas o no llegas. O sea, que ni me maten antes de tiempo sin mi permiso, ni se pasen por el otro lado, poniéndome muchos tubos; que me dejen morirme cuando me tenga que morir (182)”. Equilibrio que el hijo Juan va a mantener en todos los momentos de estas Tertulias de Bioética.

La que he reseñado no es más que una de las muchas anécdotas que acompañan pedagógicamente la presentación de los diversos artículos, resúmenes de charlas, crónicas de debates y ensayos que encierra este interesante libro. Todo está pensado para acompañar humana y éticamente el proceso de la vida desde su origen y el cuidado de conservación hasta el final. Una preocupación domina esta exposición de Masiá: establecer puentes entre posturas extremas para no convertir en cuestión política o religiosa lo que pertenece al ámbito de la ciencia y de la ética. Cuando estos extremos se dan, el necesario diálogo y encuentro se hace imposible y el ambiente se enrarece. Ante este peligro Juan Masiá apuesta abiertamente por una ética que busque la convergencia intercultural, interdisciplinar e interreligiosa (p. 129).

El libro está dividido en nueve secciones. La primera, que sirve de introducción, pone en relación la antropología y la bioética desde el convencimiento de que el tratamiento ético de estos temas que afectan a la vida radica siempre en una postura antropológica previa (p. 11). En la segunda, “creer y pensar”, se enfocan estos temas desde la secularidad y la religión, tratando de evitar tanto el fideísmo como el intelectualismo, pues “ni a fuerza de pensar se llega a creer, ni el hecho de creer impide el pensar, más bien lo estimula” (p. 19).

La tercera parte, “manipular y valorar”, es una introducción a la bioética. Ante los nuevos retos que plantea el desarrollo de la biología y la biotecnología (p.58) y la aplicación de sus resultados se pregunta Masiá “¿hasta dónde, cómo y con qué límites se puede manejar tecnológicamente todo lo relacionado con la vida humana?” (47). La cuarta y quinta parte, “engendrar y procrear”, “ser concebido y nacer”, toca aspectos relacionados con el comienzo de la vida (sexualidad, aborto, células troncales, clonación, etc.), donde la biología, la técnica y lo humano acompañan un proceso que debe ser protegido por toda la sociedad (64 y 103).

En la sexta parte, “enfermar y sanar”, la actitud de esperanza o de fe ante la enfermedad, la limitación o la incapacidad, no evitan otras preguntas que están más al fondo, como qué es la salud y la enfermedad, cuál es el fin de la medicina, cuáles los principios éticos y las circunstancias que acompañan a cada caso (125). La septima, “explotar y cuidar”, aborda la ecología y la eco-ética evitando igualmente los extremos de un ecologismo romántico y una alergia antiecológica (154).

Se centra la octava parte, “perecer y morir”, en lo relativo al final de la vida humana.

Artículo completo en edición impresa. Pídela aquí

A PROPÓSITO DEL “AUTOBÚS ATEO” EN ESPAÑA

Evaristo Villar

Éxodo 97 (ener.-febr.’09)
– Autor: Evaristo Villar –
 
El fenómeno del “autobús ateo” inició su recorrido en Londres en los primeros días de 2009; desde el 12 de enero comenzó a recorrer las calles de Barcelona y, a partir del 26 del mismo mes, lo ha hecho en Madrid y en otras ciudades de España. El autobús porta la siguiente leyenda: “Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta de la vida”. ¿Oportunidad para una reflexión serena sobre Dios o signo de una sociedad secularizada que está abandonando ya toda referencia a la metafísica?

En una cultura mayoritariamente creyente y católica, sorprende que alguien proclame abiertamente su ateísmo y hasta llegue a hacer propaganda del mismo. Es más, lo que antes se ocultaba porque socialmente no tenía buena prensa, ahora se da publicidad y se crean asociaciones que participan de la misma forma de pensar. En este país no estábamos acostumbrados a tales sobresaltos. Aquí siempre hemos sido mayormente católicos, aunque fuera por decreto, como lo prueban los no muy lejanos tiempos del “nacionalcatolicismo”.

Se me ocurre pensar que lo que hoy está pasando no está lejos, es más, parece análogo a ese otro fenómeno social que, meses atrás, causó honda impresión en la “buena sociedad española”, como fue la homosexualidad. Hasta entonces, aquí todos éramos legalmente heterosexuales. Pero, de la noche a la mañana, se le ocurrió al Parlamento mirar más detenidamente las cosas y descubrir que también en nuestra armónica sociedad existía una polifonía formada por homosexuales, lesbianas, bisexuales, transexuales, etcétera. Y decidió legalizarlos porque también ellos y ellas son ciudadanos, constitucionalmente sujetos y con derechos igualmente reconocidos en nuestro ordenamiento jurídico.

Pues bien, ocurre que cada día esta sociedad nuestra se va manifestando más plural y diversa no sólo en el ámbito de lo público social y político (que nos es más conocido), sino también en el ámbito de lo confesional e ideológico: existen creyentes y no creyentes como existen opciones políticas y sociales de tendencias diversas. Y todas tienen derecho a manifestarse y a ser públicamente reconocidas. En este sentido, como ciudadanos que son, los ateos tienen el mismo derecho a existir y les asiste la misma “libertad de expresión” que la que ampara al resto de ciudadanos. Serán ellos quienes, en el ejercicio de su libertad –como todos los demás que piensan y creen de distinta manera– harán buen o mal uso de este derecho.

Miradas las cosas con ojos de creyente, aunque pueda parecerle escandaloso a ciertas mentes –fácilmente escadalizables–, no deja de manifestarse en todo esto una buena noticia. Me refiero a esa larga, larguísima etapa histórica que supone la apuesta por el ser humano. En este largo y caprichoso camino, no resulta difícil descubrir espacios compartidos en los que tanto el ateo como el creyente pueden marchar juntos, al menos durante un buen trecho. Probablemente en esta opción por el ser humano vamos a coincidir en algunas cosas sustanciales, fundamentalmente y como punto de partida, en el rechazo de todas aquellas justificaciones, vengan desde el ámbito de las creencias o de las ideologías, que alienan y limitan la capacidad expansiva del ser humano. En particular, desde el lado del creyente, esto le forzará a denunciar con mayor coraje los ídolos o dioses falsos que se imponen y le disputan su derecho al “disfrute de la vida”. Y, lo que es peor, que están, según afirma el Vaticano II, en el origen de la “negación de Dios” y del ateísmo moderno, por cuanto “han velado más bien que revelado el genuino rostro de Dios” (GS, 19).

Pues bien, la toma de conciencia de este punto de partida y el rechazo de las deformaciones de la imagen de Dios, dejando que emerja la apuesta limpia por el ser humano, es lo que a mí me parece una buena noticia. Ya lo había advertido en “sentido inverso”, con su particular elocuencia, Nietzsche: “el concepto de Dios fue inventado como antítesis de la vida: concentra en sí, en espantosa unidad, todo lo nocivo, venenoso y difamador, todo el odio contra la vida” (“Ecce homo” 8). Desde esta imagen de dios, el mismo Dios cristiano es necesariamente ateo.

Lo que plenifica en última instancia la opción cristiana por el hombre, además de su conciencia de solidaridad en la humanidad, es justamente la historia de Jesús y su mensaje sobre el Reino de Dios. No es necesario llegar hasta “la encarnación”, desde donde arranca la apuesta original de Dios por la humanidad, basta recorrer los lugares más comunes de su vida y mensaje para verle siempre al lado del hombre y de los más débiles. Es esto tan decisivo que el máximo criterio ético de una vida conforme el plan de Dios, según Jesús, es éste: “Cuanto hicisteis por uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis”. En definitiva, en la lucha por la dignidad del ser humano, creyentes y ateos podremos estar en la misma trinchera.

Guía de consumo responsable y solidario

Carlos Pereda

– Autor: Carlos Pereda –
Colectivo CONSUMA RESPONSABILIDAD. Traficantes de Sueños, Madrid, 2006
 
Muchas personas consideran que el modelo actual de producción y de consumo es insostenible pero es muy difícil salirnos de él. Pues bien, este libro es un instrumento muy útil para quienes buscan alternativas concretas en el campo del consumo y también, en menor medida, en el campo de la producción. Desde bancos alternativos hasta restaurantes ecológicos, desde medios de comunicación alternativos hasta cooperativas de trabajo, desde tiendas de comercio justo hasta empresas de inserción, desde centros de reciclaje hasta bioconstrucción y energías limpias.

Se recogen más de 400 entidades que operan en el marco de la economía solidaria y del respeto al medio ambiente en la Comunidad de Madrid y que ofrecen más de 100 productos y servicios de todo tipo.

El colectivo ConSuma Responsabilidad, en su mayoría jóvenes, se ha ido conformando para llevar a cabo esta guía. Creen en el poder que puede llegar a suponer el que los consumidores-productores sean capaces de escoger lo que consumen y producen. Una idea que tratan de difundir en la medida que pueden.

Por eso el libro no es sólo un instrumento práctico sino una invitación a pensar en la importancia de llegar a liberarnos de un consumo inconsciente y dependiente de la publicidad, es decir, un consumo irresponsable, y plantearnos formas de consumir y trabajar de otra manera como un instrumento de primer orden de transformación política.

El libro se plantea, por último, como un proyecto interactivo, abierto a cuantas personas deseen participar en su difusión y mejora en posteriores ediciones. Aunque se ha editado en papel, es accesible a todo el mundo a través de Internet, de acuerdo con la filosofía practicada por Traficantes de Sueños. Así que no tenemos excusa para acceder a él: www.consumaresponsabilidad.com

ALTERNATIVAS AL NEOLIBERALISMO

Frei Betto

Éxodo 97 (ener.-febr.’09)
– Autor: Frei Betto –
 
En el Foro Social Mundial de Belem se concluyó que las alternativas al neoliberalismo y a la construcción del ecosocialismo no se engendran en la cabeza de los intelectuales o de programas partidarios, sino en la práctica social, a través de luchas populares, movimientos sindicales, campesinos, indígenas, étnicos, ambientalistas y comunidades de base.

Para gestar tales alternativas se exigen al menos cuatro actitudes. La primera: una visión crítica del neoliberalismo. Éste profundiza las contradicciones del capitalismo, en la medida en que la expansión globalizada del mercado estimula la competitividad comercial entre las grandes potencias; desplaza la producción hacia regiones donde se puedan pagar salarios irrisorios; estimula el éxodo de las naciones pobres hacia las ricas; introduce tecnología de punta que reduce los puestos de trabajo; vuelve a las naciones dependientes del capital especulativo e intensifica el proceso de destrucción del equilibrio ambiental del planeta.

La segunda actitud: organizar la esperanza. Encontrar alternativas es un trabajo colectivo, puesto que no surgen de la cabeza de intelectuales iluminados o de gurús ideológicos. De ahí la importancia de dar consistencia organizativa a todos los sectores de la sociedad que esperan otra cosa diferente de lo que se ve en la realidad actual, desde agricultores que sueñan con trabajar su propia tierra a jóvenes interesados en la preservación del medio ambiente.

La tercera actitud es rescatar la utopía, el neoliberalismo no trata solamente de destruir las instancias comunitarias creadas por la modernidad, como la familia, el sindicato, los movimientos sociales y el Estado democrático. Su proyecto de atomización de la sociedad reduce la persona a la condición de individuo desconectado de la coyuntura socio-políticaeconómica en la cual se inserta, y lo considera mero consumidor. Por lo mismo se extiende también a la esfera cultural. Como diría Emmanuel Mounier, el individualismo es opuesto al personalismo. Pascal fue enfático: “El Yo es odioso”.

En su apogeo el capitalismo lo mercantiliza todo: la biodiversidad, el medio ambiente, la responsabilidad social de las empresas, el genoma, los órganos arrancados a los niños, etc. y hasta nuestro mismo imaginario. Un ejemplo trivial es lo que se gasta en la compra de agua potable envasada industrialmente, dejando de lado el viejo y buen filtro de cerámica o incluso la recogida del agua limpísima de lluvia después de un minuto de precipitación.

Sin utopías no hay movilizaciones motivadas por la esperanza, ni posibilidad de visualizar un mundo diferente, nuevo y mejor.

Cuarta actitud: elaborar un proyecto alternativo. La esperanza favorece la emergencia de nuevas utopías, que deben ser traducidas a proyectos políticos y culturales que señalen las bases de una nueva sociedad, eso implica el rescate de los valores éticos, del sentido de justicia, de las prácticas de solidaridad y compartimiento, y del respeto a la naturaleza; en suma, se trata de un desafío también de orden espiritual, en la línea de lo que pregonaba el profesor Milton Santos, de que debemos priorizar los “bienes infinitos” y no los “bienes finitos”.

El proyecto de una sociedad ecosocialista alternativa al neoliberalismo exige revisar, después de la caída del muro de Berlín, los aspectos teóricos y prácticos del socialismo real, sobre todo desde el punto de vista de la democracia participativa y de la preservación ambiental.

El ecosocialismo se caracterizaría por la capacidad de incorporar el concepto y las prácticas de igualdad social y desarrollo sustentable a partir de experiencias de los movimientos sociales y ecológicos, así como de la revolución cubana, del levantamiento zapatista de Chiapas, de los asentamientos del MST, etc.

Es vital incluir en el proyecto y en el programa los paradigmas emergentes actuales, como ecología, indigenismo, ética comunitaria, economía solidaria, espiritualidad, feminismo y holística.

Este sueño, esta utopía, esta esperanza que llamamos ecosocialismo no es sino la continuación de las esperanzas de aquellos que lucharon por la defensa de la vida como Chico Mendes y Dorothy Stang, dos luchadores cristianos que dieron sus vidas por la causa de los pobres, de los explotados, de los indígenas, de los trabajadores de la tierra y de los pueblos de la selva.

CARTA AL CARDENAL ROUCO

Foro de Curas de Madrid

Éxodo 93 (marz.-abril.’08)
– Autor: Foro de Curas de Madrid –
 
A Don Antonio, nuestro hermano y Pastor en la Iglesia que peregrina en Madrid.

La celebración de la Pascua ha dejado en todos nosotros la certeza de que el Señor, rebosante de vida, está siempre a nuestro lado, nos explica las Escrituras, parte para nosotros el pan y nos calienta el corazón.

En este caminar pascual, como Foro de Curas de Madrid nos dirigimos a Ud. para compartirle nuestros sentimientos ante el VIII Encuentro de comunicadores sociales organizado por la Delegación Pastoral Diocesana de Medios de Comunicación Social y el Consejo Diocesano de Laicos en el marco de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales.

Con sorpresa hemos visto que la primera conferencia: “Libertad y opinión pública” será impartida por el director y presentador de “La mañana” de la COPE, Federico Jiménez Losantos. La tarde comenzará con una mesa redonda sobre “Medios de comunicación social y opinión pública”, en la que intervendrán Benigno Blanco, presidente del Foro de la Familia; Ignacio Villa, director de los Servicios Informativos de la Cadena COPE; Cristina López Schlichting, directora y presentadora de “La tarde con Cristina”, de la Cadena COPE; Eva Galvache, redactora jefe de programación Socio-Religiosa de la Cadena COPE, y Elsa González, redactora jefe del área de Sociedad de la Cadena COPE. La jornada concluirá con la conferencia “Claves para interpretar la opinión pública”, impartida por César Vidal, director de “La Linterna”, de la Cadena COPE.

Se supone que estas jornadas se organizan con la finalidad de orientar a los católicos sobre la utilización de los medios de comunicación en la tarea evangelizadora ya que, como dice el mensaje de Benedicto XVI para la Jornada de este año: “Los medios de comunicación se han convertido en parte constitutiva de las relaciones interpersonales y de los procesos sociales, económicos, políticos y religiosos”. Se supone que los ponentes serán personas que, por su manera de comunicar, su trayectoria profesional y sus conocimientos pueden ayudar en esa tarea evangelizadora y que los medios de comunicación en que trabajan, por sus mensajes y sus formas, van en ese mismo sentido.

El mensaje del Papa expone, entre otras cosas, que: “Los medios de comunicación pueden y deben ser instrumentos al servicio de un mundo más justo y social”… “Sufren el riesgo de que se transformen en sistemas dirigidos a someter al hombre a lógicas dictadas por los intereses dominantes del momento. Es el caso de una comunicación usada con fines ideológicos”… “Para favorecer la así llamada audiencia, a veces no se duda en recurrir a transgresiones, a la vulgaridad y a la violencia”… “Se proponen y mantienen modelos de desarrollo que aumentan en vez de reducir la distancia entre países pobres y ricos”… “Sobre algunos hechos los medios no se usan en su papel adecuado de informar, sino para “crear”, los propios eventos inducidos por una visión funcional para intereses económicos y políticos determinados”.

Cuando nos hemos encontrado con esta lista de ponentes, con la exclusiva presencia de la COPE en estas Jornadas, nos hemos convencido, una vez más, de la nula voluntad del Arzobispado por cuidar los objetivos pastorales de los medios de comunicación ni por tener en cuenta el pluralismo de la comunidad eclesial madrileña. La COPE se ha destacado en estos últimos años en el panorama mediático por sus mensajes y maneras agresivas, insultantes, calumniadoras en algunos casos. Es evidente su alineamiento exclusivo, en las últimas semanas, no sólo a favor del Partido Popular, como venía haciendo, sino, en la lucha al interior del Partido, por los intereses y estrategias de una de sus facciones: la que representa Esperanza Aguirre.

Para no pocos sectores de la Iglesia y la sociedad madrileña, entre los que nos contamos, los mensajes y las formas de transmitirlos de la Cadena COPE están muy alejados del Evangelio y de estas orientaciones de la doctrina social de la Iglesia. Son numerosas las personas e instituciones católicas que lo vienen repitiendo en los últimos años y a las que no se les presta la más mínima atención. Aducen Uds., para justificar la situación, explicaciones poco convincentes como que “ha crecido la audiencia”; “respetamos la libertad de los profesionales que ahí trabajan”; “no podemos condicionar el desarrollo de un medio generalista como es la COPE”… Sin entrar en las contradicciones que se esconden detrás de tales razones, con esta Jornada del día 20 se da un paso más: se invita de manera exclusiva a los periodistas de la COPE para orientar pastoralmente a los católicos de nuestra Diócesis y se proponen a sus personajes más conflictivos como orientadores y ejemplos de los comunicadores católicos.

Consideramos legítimo y necesario que, en la creación de opinión, cada grupo político pueda difundir y defender sus posturas, pero no podemos comprender que en nuestra Diócesis la Iglesia se identifique y promueva a cualquier precio, no sólo los intereses de un partido, sino los de una facción concreta de ese partido; y que los principales representantes de esa operación sean propuestos por Uds. como ejemplos a seguir y sus orientaciones sean servidas como si fueran la doctrina social de la Iglesia en este campo.

Entre los ponentes hay algunos que se han reconocido públicamente –honradamente por su parte– como agnósticos o protestantes. No tenemos ningún inconveniente en que trabajen en una institución católica; nos parece un signo de diálogo y apertura. Lo que nos parece contradictorio es que sean ellos los que marquen su línea editorial, sus mensajes y sus formas. ¿Dónde queda la identidad católica de la institución? Por ellos lo que la COPE promociona hoy en la sociedad española no es una línea editorial libre, ni sus orientaciones son las de la doctrina social de la Iglesia, sino unos mensajes y unas formas que están al servicio del neoliberalismo económico y el conservadurismo político.

Para importantes sectores sociales y eclesiales –entre los que nos movemos– resulta sencillamente incomprensible y escandaloso. Coincidimos con el abad de Montserrat cuando recientemente declaraba que para él resultaba un misterio por qué esta situación no cambia. Constatamos cómo no sólo no cambia, sino que cada vez se consolida más.

Honestamente creemos que, en el panorama mediático de la sociedad española, la COPE no sólo no funciona según las orientaciones del mensaje del Papa, sino que podríamos presentar una amplia documentación para demostrar que lo hace en sentido contrario, tanto en los mensajes que transmite como en sus formas de comunicar. Desde la sensibilidad de las comunidades cristianas, de las que somos responsables, y desde nuestra propia opinión, no podemos aceptar que sean estos ponentes los que monopolicen la imagen de “católicos en la vida pública”. Tenemos el sentimiento de que pretenden acaparar, privatizar y recluir la imagen de la Iglesia católica en un sector y excluir, en la práctica, de la comunión eclesial al que no se identifica con una determinada postura socio política demasiado reducida.

Esta crítica está formulada desde el desconcierto y el desacuerdo, pero también desde el deseo de seguir construyendo juntos una Iglesia comunión, de todos y para todos. Como tales esperamos que sean acogidas por Ud., así como por el delegado de Medios de Comunicación de la Diócesis. Unidos en Cristo Resucitado.

BARÓMETRO SOCIAL DE ESPAÑA

Colectivo Ioé

Éxodo 93 (marz.-abril.’08)
– Autor: Colectivo Ioé –
 
Un potente aparato empírico compuesto por 180 indicadores sirve de base para elaborar 34 índices sintéticos de las principales dimensiones sociales: desde la distribución de la renta y el patrimonio hasta las condiciones de trabajo; desde el acceso a la vivienda y la contaminación ambiental hasta la participación ciudadana, las relaciones internacionales o la igualdad de género. Una explotación de esa base informativa se recoge en el libro Barómetro social de España que, a partir de una perspectiva histórica más amplia, ofrece claves de reflexión para abordar el debate acerca de la cuestión social en nuestro país.

Los resultados del estudio son paradójicos. La fase expansiva de la economía española, iniciada a mediados de la década de 1990, ha supuesto efectivamente un fuerte incremento de la renta y el empleo. No obstante, esta trayectoria meteórica dista mucho de haber sido positiva y equitativa en lo que a sus consecuencias sociales, territoriales y ambientales se refiere:

Mientras el capital –inmobiliario y financiero– se ha más que duplicado (crecimiento anual del 8%), las rentas salariales se han estancado (reducción del salario medio del 2,4%). Los sectores sociales más perjudicados son las mujeres, los jóvenes y los inmigrantes no comunitarios.

Las desigualdades de ingresos y patrimonio se han ampliado, sobre todo a consecuencia del encarecimiento de la vivienda: los propietarios de suelo y promotores inmobiliarios se han enriquecido desmesuradamente a costa de endeudar a los compradores, que necesitan doble número de salarios para pagar un piso medio, lo que ha triplicado las deudas de los hogares.

Según la Encuesta Financiera de las Familias del Banco de España, aplicada en 2002 y 2005, el patrimonio medio de la cuarta parte de hogares más ricos era 41 veces superior al de la cuarta parte de hogares más pobres (el diferencial en 2002 era de 33, lo que supone un incremento de la desigualdad del 23% en sólo tres años).

El gasto público en políticas sociales, que experimentó un gran crecimiento entre 1975 y 1993 (+12,4 puntos del PIB), ha retrocedido entre 1994 y 2005 (-3,5 puntos del PIB), alejándose de la media europea, mientras crecía la privatización de la sanidad, la educación, la vivienda y las pensiones. Esta tendencia tiene como principal efecto una dualización de los servicios y prestaciones, en perjuicio de los sectores sociales con menos recursos.

El modelo de producción y consumo ha dado lugar a un intenso deterioro del aire y el agua: la emisión de CO2 ha crecido tres veces más de lo comprometido en el Protocolo de Kioto; el consumo de energía ha crecido, en relación al PIB, a un ritmo doble que la media europea; y el uso de plaguicidas que contaminan la tierra y el agua ha aumentado en un 60%.

La participación indirecta de la población en la política, a través de los procesos electorales, es elevada. Sin embargo, sólo ejercita su derecho a participar directamente en asuntos públicos en torno al 20% de la población. Las diversas administraciones y los partidos políticos, en connivencia con los grandes grupos de poder económicos y mediáticos, acaparan la gestión de lo político.

La consolidación de España como “país del Norte” se ha realizado en la frontera de mayor desigualdad económica y ecológica del planeta, aquella que separa Europa y África. En 2005 los pagos del servicio de la deuda externa desde el Sur hacia el Norte fueron 5,3 veces mayores que la ayuda oficial al desarrollo del Norte hacia el Sur, un diferencial que duplica el existente en 1994. Las empresas transnacionales españolas, apoyadas por la política exterior del gobierno (créditos FAD y CESCE), han contribuido cada vez más con sus inversiones a esa deuda externa del Sur.

LAICISMO Y RELATIVISMO EN LA PERSPECTIVA DE LOS OBISPOS ESPAÑOLES

Benjamín Forcano

Éxodo 94 (may-jun.’08)
– Autor: Benjamín Forcano –
 
Enfoque y sentido del tema

En el 2006, en la Declaración “Orientaciones morales ante la situación actual de España” escribían los obispos: “Queremos resaltar, porque es decisivo para interpretar y valorar desde la fe las nuevas circunstancias, el desarrollo alarmante del laicismo en nuestra sociedad. Se trata de la voluntad de prescindir de Dios en la visión y la valoración del mundo, en la imagen que el hombre tiene de sí mismo, del origen y término de su existencia, de las normas y los objetivos de sus actividades personales y sociales.

En nuestro caso, este proyecto implica la quiebra de todo un patrimonio espiritual y cultural, enraizado en la memoria y la adoración de Jesucristo y, por tanto, el abandono de valiosas instituciones y tradiciones nacidas y nutridas de esa cultura”. (Nº 8-10 y 13).

Encuentro, por otra parte, en “Entrevistas con doce obispos españoles” (I. Catela, La Esfera de los libros, 2008), afirmaciones que citan con preocupación el fenómeno del relativismo:

“El relativismo es la carcoma de la vida intelectual y de la vida moral. No consigue sino ahondar el vacío de esa sed de verdad y de bien que tiene el hombre” ( Carlos Amigo, pgs. 38-39).

“La situación espiritual de Occidente se caracteriza por el pensamiento débil y el relativismo moral” ( Juan José Asenjo, pgs. 51 y 55).

“El relativismo es algo fugaz, aunque sea muy extenso y poderoso. El relativismo supone la destrucción del hombre” (Antonio Cañizares, p. 102).

“Quiero recordar unas palabras luminosas de Juan Pablo II: La cultura europea da la impresión de ser una apostasía silenciosa por parte del hombre autosuficiente que vive como si Dios no existiera. El relativismo moral es una amenaza para la democracia ( Antonio María Rouco, pgs. 190 y 195).

“En España se da un afán de justificar la democracia y la vida en libertad con el abandono de la religión; se busca el desbordamiento de toda norma moral (234,238). Es muy difícil que un católico apoye la política de Rodríguez Zapatero. Se aparta no solamente de la doctrina social católica sino de la moral natural. Zapatero ha negado la noción misma de la ley natural y de moral” ( Fernando Sebastián, Págs. 234,238, 248).

El marco fundamental: ¿voluntad negadora de Dios o cambio de época y cultura?

Atendiendo a estos párrafos, ¿se puede afirmar que es ese el clima dominante de nuestra sociedad y cultura?

Ciertamente, no comparto el énfasis pesimista y exaltado de ese análisis que no responde al perfil medio de nuestra cultura y de los ciudadanos que viven de ella. Me cuesta reconocer esa imagen de hombre autosuficiente que, masiva o mayoritariamente, se aparta de Dios, entroniza su libertad y se propone vivir sin referencias religiosas. Puede que ese sea un fenómeno filosófico, académico y, como tal, minoritario, pero en modo alguno lo veo como un fenómeno que afecte y domine a nuestra cultura.

1. Una nueva manera de vivir la Iglesia

El concilio Vaticano II , no tan lejos de nosotros, fue un avance radical dentro de la Iglesia y aplica análisis muy distintos. En este sentido, hay también obispos que lo expresan claramente: “Eclesialmente, el presente me parece un tiempo apasionante, en el que se está realizando una profunda transición hacia una nueva manera de vivir la Iglesia en la sociedad contemporánea” ( Gabino Díaz Merchán, Entrevista con doce obispos, pg. 159).

No voy a recordar ahora la transformación operada por la Iglesia del Vaticano II y que, cualquiera que tenga una mediana cultura católica, la puede recapitular básicamente como una nueva manera de presentar el cristianismo en nuestra sociedad.

2. ¿Negación y destierro de Dios y de la Iglesia o de imágenes negativas, de uno y otra, incompatibles con la dignidad, racionalidad y ciencias del hombre?

Éste, creo, que es el problema. Y seríamos soberbios e ilusos si no fuéramos capaces de reconocer que la Iglesia católica, aliada con el poder, demasiadas veces ha negado la Buena Nueva del Evangelio y se ha hecho acreedora a la crítica, la burla, el alejamiento, incluso la persecución. Acaso, sirven aquí las palabras del Vaticano II: “Los hay que se representan a Dios de tal forma que la fantasía que rechazan no es, de ningún modo, el Dios del Evangelio” (GS, 19). Y esas fantasías alcanzan a los mismos creyentes: “Pues, los creyentes, con el descuido en educar su fe, por una exposición deficiente de la doctrina, por los defectos de su vida religiosa, moral y social, en vez de revelar el rostro auténtico de Dios y de la religión, lo velan” ( GS, 19).

No tengo duda de que , cuando el Vaticano II en numerosos lugares afirma que “la Iglesia necesita permanentemente ser renovada”, “que el mundo es sujeto de verdad, de bondad y de justicia”, “que puede ser ayudada y beneficiada por el mundo” está reivindicando actitudes que jamás debieran haber desaparecido de la Iglesia y que llevan a admitir que “La Iglesia no duda en confesar que le han sido de mucho provecho, y le pueden ser todavía de provecho, la oposición y aún la persecución de sus contrarios?” (GS, 44) “La Iglesia comprende cuánto le queda aún por madurar por su experiencia de siglos en la relación que debe mantener con el mundo” (GS, 43).

3. El relativismo de la doctrina católica y de su magisterio

Para quien conozca el Evangelio y admita como normal la evolución del saber humano (ciencias sagradas y ciencias humanas) entenderá que el Evangelio, con ser válido y universal en sus principios esenciales, deja a la labor humana la tarea de irlo concretando en cada momento histórico. El hombre, como sujeto racional y moral , es siempre el mismo, es un ser debitorio, según X. Zubiri, pero debe determinar en cada momento, lugar y situación lo que esa estructura debitoria le reclama.

Es casi instintiva la propensión de muchos eclesiásticos a considerar como inmutable la doctrina de la Iglesia, a no distinguir lo que hay en ella -en sus normas- de permanente y de mudable, negando lo enseñado por el Vaticano II: “Estamos pasando de una concepción más bien estática del orden cósmico a otra más dinámica y evolutiva, de donde surge una tan grande complejidad de problemas que están exigiendo la búsqueda de nuevos análisis y nuevas síntesis” (GS, 7).

Cuántos científicos, creyentes, no quedarían escandalizados por la profesión de muchas creencias que hace escasamente unas décadas eran habituales en el catolicismo. Numerosas cuestiones han sido reformuladas y hasta cambiadas por el Vaticano II. ¿Relativismo doctrinal?

Una nueva relacion entre fe y ciencia fomenta un sano relativismo

La ciencia trata de describirnos el mundo real como es, liberándolo progresivamente de falsos conceptos que, se quiera o no, repercuten en las imágenes que nos hemos creado de Dios y de la religión. La verdad sobre Dios es única y ni la ciencia ni la religión pueden caminar por separado atribuyéndose el privilegio de tener en propiedad esa verdad. Esa visión antagónica acabó, debe acabar , porque todo creyente sabe, y lo sabe aún más el teólogo, que nunca su búsqueda está exenta de limitaciones, dudas, y correcciones, lo que equivale a admitir lo que escribe el físico John Polkinghorne : “La religión sabe desde hace mucho que en último término toda imagen humana de Dios resulta ser un ídolo inadecuado” ( La fe de un físico, EVD, 2007, p. 279).

Esta es la cuestión: la inteligibilidad de lo que es la realidad, – la creación, el cosmos, el hombre, – trata de lograrla el ser humano en cada época con los recursos y avances de la razón. Y ese avance no es relativismo sino desarrollo legítimo de la esencial moralidad humana.

Seguramente era conveniente que, en la modernidad, emergiese la realidad del hombre, buscase ser todo lo que es, aun cuando tal afirmación supusiese el eclipse momentáneo de Dios. Tanto se había ensalzado la omnipresencia y el poder de Dios que se hizo a costa de reducir casi a la nada la realidad del hombre. Una presencia invasiva de Dios suscitó la rebeldía en pro de la afirmación y emancipación del hombre.

¿Pueden ser vistos en congruencia los modelos científicos con los modelos religiosos? Ciertamente no desde modelos cognoscitivos en que se menosprecia o descarta la inteligibilidad de la razón para suplirla por inconsistentes o imaginarias intervenciones de Dios. El dios “tapaagujeros” ha muerto. Y nadie lo llora. Pero ese dios es la misma teología quien lo ha hecho morir. (Recomiendo, para descubrir algunos de los dioses que debemos matar, el libro “Matemos a nuestros dioses”, de José María Mardones).

Anunciar el Evangelio en una nueva situación

No nos extrañe pues que, frente al problema de la presencia de la Iglesia católica en la sociedad actual española, surjan opiniones encontradas y desmesuradas. Venimos de un pasado largo, en que ella ha tenido un papel hegemónico y dominador y por lo mismo, impositivo y excluyente.

Situarse en este nuevo tiempo es entender que vivimos en una sociedad nueva, secular, laica, plural, donde todos deben ser tratados con igualdad. Y quien esto entienda, entenderá con normalidad que, si todos somos ciudadanos iguales, a todos el Estado -que emana del parlamento y éste del pueblo-, debe reconocer sus derechos sin discriminación, es decir , sin trato a favor de nadie. Y el Estado que esto haga es –tiene que ser- aconfesional, laico, pero no antirreligioso ni laicista (en el sentido de proscribir la religión). Y el PSOE, en su programa y acción política de gobierno, no lo es.

TEXTO-BASE PARA NAIROBI

Creer de otra manera. Otra espiritualidad es posible
 
TEXTO – BASE PARA NAIROBI

Creer de otra manera _ Otra espiritualidad es posible _ Espiritualidad laica para otro mundo posible

En las últimas décadas Europa ha vivido una agitada e intensa experiencia espiritual, y está todavía inmersa en ella, discerniendo trabajosamente cuál puede ser el camino a seguir.Para el VI FSM, y dentro de él, también para el II FMTL, los europeos deben aportar su propia experiencia para la construcción de «otro mundo posible» y de «otra manera de ser hoy creyente».Estos guiones (en algunos aspectos conscientemente provocativos) sólo pretenden ser una ayuda para que los grupos cristianos dela RE (y «Redes Cristianas») se expresen, de forma que pueda luego ser recogida y sistematizada esa experiencia, para que en el II FMTL sea presentada y ofrecida a creyentes y no creyentes de todo el mundo. Lo que queremos elaborar no es una visión pretendidamente abstracta o universal, sino una aportación concreta europea –experiencial y casi biográfica- ofrecida humildemente a la universalidad humana. Así lo vemos y lo vivimos en Europa, y así lo ofrecemos al mundo.

Descripción

Cuatro unidades de debate que afrontan, uno por uno, aspectos temáticos que en la realidad están unidos; la separación-distinción es sólo metodológica.

Cada unidad comprenderá: presentación, desarrollo del tema y propuesta pedagógica para trabajarla (textos antológicos, tesis sintéticas, preguntas, sugerencias).

Las dos primeras unidades acometen una tarea de «deconstrucción» de elementos hoy inservibles; es importante, pero no tanto. Las dos últimas tratan de hacer espacio a la recuperación del fundamento de una nueva forma de creer o de ser «espiritual», que es la parte directamente constructiva.

Tema 1: Después del exclusivismo… _ (Relectura pluralista del cristianismo)

Objetivo

_ Concienciar y asumir la «relectura pluralista de la fe cristiana», que aunque está en curso todavía, ya es frecuentemente afirmada por no pocos.

Desarrollo del tema

_ El mundo ha cambiado rápidamente en los últimos tiempos. La movilidad humana, los trasportes, las comunicaciones, las migraciones… han roto y hecho desaparecer aquellas sociedades aisladas de la antigüedad, en las que los seres humanos vivían en ambientes homogéneos y estables, dominados por una sola cultura y sin perspectivas de cambio. Hoy la sociedad, por todas partes, se ha hecho pluricultural, plurirreligiosa, y en efervescencia, en cambio constante.

Esto ha afectado fuertemente a la vivencia de la religión en Europa. Durante milenio y medio, Europa fue casi exclusivamente cristiana, y el cristianismo se impuso como la única religión verdadera, frente a la cual las otras eran consideradas falsas, o inferiores, o inexistentes. La mayor parte de los europeos fuimos educados en la certeza de creer en la religión verdadera, la única religión verdadera, que lo era por haber sido traída a este mundo por el mismo «Dios en persona», Dios mismo en la persona de su Hijo, Jesucristo. La raza blanca, la cultura occidental, era la depositaria de la Verdad revelada por Dios, y por eso mismo, tenía sobre sí la misión de llevar esa verdad salvadora a los pueblos que no habían tenido el privilegio que Europa disfrutaba. Los cristianos eran el Pueblo elegido por Dios para llevar la salvación a otros pueblos…

La experiencia actual de pluralismo cultural y religioso ha hecho saltar esta visión clásica religiosa. Conociendo otras religiones y otras culturas, ya no nos es posible creer de la misma manera. Se nos hace evidente que la religión cristiana no es la única «la religión verdadera» sino una religión más, una de las muchas religiones verdaderas. También se nos hace inverosímil pensar que seamos el pueblo escogido, el privilegiado frente a todos los demás: esa elección, ese privilegio, hoy nos parecería una injusticia, y un Dios que favoreciera a un pueblo sobre todos los demás nos parecería indigno de ser Dios.

Aquella visión exclusivista, típica del cristianismo tradicional, nos parece hoy no sólo insostenible, sino lamentable, y nos causa vergüenza haberla vivido durante tantos siglos. Afortunadamente hoy estamos en los antípodas de aquella visión, y ya no podríamos creer de aquella manera. Hoy nos sentimos humildemente «una religión más», y nos sentimos felices de saber que hay tantas otras en el mundo, que forman un admirable concierto de creatividad humana. Nos deja admirados la variedad de religiones, sus acenstrales sabidurías, la riqueza de sus mitos y de sus códigos éticos… Nos gozamos y exultamos ante la visión de este inconmensurable pluralismo religioso.

No estamos decepcionados ni nos sentimos engañados: sabemos que el planteamiento exclusivista no fue algo propio del cristianismo, sino que es un mecanismo espontáneo que se ha dado en la mayor parte de los pueblos y religiones que han vivido aislados, y chupando todo el mapa de su sociedad. Hoy nos sentimos felices de haber superado aquella visión, y creemos que esta superación no es un paso facultativo u opcional, sino un salto de conciencia que, de una manera u otra, todas las religiones deberán realizar para estar a la altura del futuro humano que viene.

Nos sentimos más allá del «inclusivismo» oficial, que sigue manteniendo un oculto exclusivismo, ya que aunque por una parte reconoce que las demás religiones tienen valores, sostiene por otra que esos valores no son sino participación de los valores únicos de la religión propia, que sigue siendo superior. Nosotros no sentimos que nuestra religión sea la única, ni la mejor, ni la que sería fuente y norma de las demás, sino de una religión que, como todas las demás, tiene –aun con toda su enorme riqueza- sus limitaciones, es a la vez muy humana, tiene mucho de que purificarse, y tiene mucho que aprender y mucho con lo que enriquecerse en su relación y diálogo con las otras religiones.

Uno de los principales cambios que se derivan de esta nueva visión es la del fin del proselitismo: no nos sentimos en grado de imponer nuestra religión, ni siquiera de hacer proselitismo, mucho menos de denigrar otras religiones o de querer combatirlas. Estamos convencidos de que la mutua aceptación y el diálogo, la complementariedad y el mutuo enriquecimiento es y ha de ser la nueva forma de creer en el otro mundo posible.

Preguntas para el diálogo:

¿En qué estás de acuerdo o en desacuerdo con este planteamiento que se hace del pluralismo religioso? Explica en pocas palabras tu postura. _ ¿Cuál es en este campo la diferencia fundamental en el modo de creer antiguo y el actual? _ ¿Se puede seguir siendo cristiano compartiendo a la vez los valores que ofrecen las otras religiones?

Textos antológicos

_ • Catholic, like Christians in general, are realizing that for something to be truth, it need not be absolute. KNITTER, P., No Other Name?, p. 219 _ • La conciencia de un pluralismo religioso insuperable nos invita a redescubrir la singularidad propia de la verdad cristiana y a comprender mejor que puede requerir un compromiso absoluto al creyente, sin convertirse por ello en una verdad exclusiva o inclusiva con respecto a toda otra verdad en el orden religioso o cultural. GEFRRE, Prefacio al libro de BASSET, Jean Claude, El diálogo interreligioso, Desclée, p 12. _ • Each religion is a map of the territory, but not the territory itself. KNITTER, No Other Name?, 220. _ . We recognize that in the interrelated context of our contemporary lives, interreligious cooperation is no longer an option but a necessity. One could say that to be religious today is to be interreligious. Religion will prosper in this century only to the extent that we can maintain a sense of community among people of different religious beliefs who work together as a human family to achieve a world of peace. Se entiende que es un documento de un Simposio auspiciado por el Vaticano. – ver el documento en inglés _ • One must follow the Golden Rule and grant to religious experience within the other great traditions the same presumption of cognitive veridicality that one quite properly claims for one’s own. HICK, God has many names, p. 24.

Bibliografía

_ Bibliografía sobre Teología del pluralismo religioso: http://www.latinoamericana.org/2003/textos/bibliografiapluralismo.htm _ KNITTER, Paul, The Myth of Religious Superiority. A Multifaith Exploration, Orbis Books, Maryknoll 2005, 256 pp. _ PANIKKAR, R., The Intrareligious Dialogue, New York, 1978. _ TORRES QUEIRUGA, Andrés, Diálogo de las religiones y autocomprensión cristiana, Sa Terrae, Santander 2005. _ VIGIL, José María, Teología del pluralismo religioso. Curso sistemático de teología popular, El Almendro, Córdoba 2005.

Tema 2: Después de la religión… _ (Espiritualidad post-religional)

Objetivo

_ Acoger y discernir la experiencia europea de la «crisis de la religión». Aceptación del nuevo «tiempo axial» que atravesamos. Vislumbrar el emergente mundo «post-religional» que parece el único escenario posible en el que la humanidad podrá seguir siendo «espiritual», plenamente humana.

Desarrollo del tema:

En los últimos años se está dando en Europa una transformación religiosa sin precedentes: países que hace cuatro décadas eran mayoritariamente cristianos, hoy registran sólo una ínfima parte de su población como cristiana. Una gran parte de la población, que ha sido tradicionalmente cristiana, no se adhiere ya al cristianismo, o se aparta positivamente de él. Las generaciones jóvenes viven ya radicalmente al margen, sin que hayan sido siquiera objeto de una transmisión cultural de la fe… La crisis de la religión en Europa no tiene precedentes, y todo apunta a que estamos ante un cambio epocal de enormes dimensiones, tanto cultural como religioso.

Se nos impone cada vez con más fuerza la distinción entre las religiones y la espiritualidad del ser humano. Sabemos que ésta le acompaña desde que el humano es humano. Hay vestigios arqueológicos datados hasta 100.000 años atrás que documentan y testimonian la religiosidad de nuestra especie: homo sapiens es coetáneo de homo religiosus. Por el contrario, las religiones son muy recientes: de apenas 4.500 años. El ser humano ha vivido la mayor parte de su existencia sin religiones, aunque no sin espiritualidad.

Las religiones son unas formas de expresión de la espiritualidad constitutiva del ser humano, que han surgido en una época determinada de la historia, concretamente con el neolítico: cuando la humanidad se sedentariza y pasa a vivir en ciudades. Es la época de la revolución agraria, la época del origen de los grandes imperios, que toman su fuerza del trabajo de la tierra, para el que hacen falta muchos brazos bien fornidos para organizar bien una sociedad cuyo trabajo genere excedentes y se organice militarmente para construir un imperio que se defienda poderosamente ante sus vecinos. Para todo eso hace alta una sociedad bien cohesionada, que pueda dirigir con autoridad y sin fisuras el trabajo coordinado y eficiente de sus ciudadanos. En esas primeras sociedades imperiales la «religión» ha ocupado el papel central ideológico. Todas las antiguas sociedades han sido profundamente religiosas, siendo la religión como la espina dorsal del espíritu que anima a la sociedad. Ha sido como el software de programación para los miembros de esas sociedades: la religión ha provisto las mayores y más profundas expresiones del sentido de la vida, con sus mitos, sus grandes relatos fundantes, que contienen no sólo la descripción del mundo espiritual, sino los valores éticos y morales.

Elemento central de las religiones han sido las «creencias»: mitos, grandes relatos, narraciones de hechos primordiales fundantes de la identidad de cada pueblo y cada religión. Obviamente han sido construcciones humanas, expresiones geniales del sentido que cada pueblo ha dado a su vida y a su interpretación de la realidad (aunque cabe la posibiidad de que aun siendo en algún aspecto atribuidas a Dios, no sean fruto de una intervención mágica). Pero esas construcciones humanas han sido proyectadas al cielo de lo absoluto, atribuidas a Dios, proclamadas como venidas de Él, para quedar así configuradas como absolutas, indubitables, enteramente divinas, a las que se debe una sumisión omnímoda y total.

Las religiones han funcionado milenariamente a base de tales «creencias». La epistemología de los tiempos pasados permitía todavía el argumento de autoridad, de autoridad absoluta en el caso de la religión. Pero en la actualidad, y desde hace algunos siglos, la epistemología está cambiando, y ya podemos decir que estamos en otra época, con otra epistemología. El argumento de autoridad –ni siquiera el de autoridad divina- ya no es viable. El ser humano ha tomado conciencia de su capacidad de conocimiento crítico y de su derecho a saber, y ha decidido no dimitir de este derecho: «Sápere aude!». Las creencias ya no tienen cabida, siendo necesariamente sustituidas por otro tipo de conocimiento. La epistemología ha cambiado.

No siendo ya posible el mecanismo cultural de las creencias, las religiones, que se basaban en ellas, comienzan a sentir irrespirable el aire en la nueva situación epistemológica. La espiritualidad del ser humano, que adoptó la forma de las religiones, hoy comienza a verse forzada a abandonar esa forma y a adoptar formas nuevas que aún están por ser encontradas. La espiritualidad del ser humano va a continuar (el ser humano va a continuar siendo religioso), pero desligada de la forma “religional”, más allá de las religiones.

Europa es el primer lugar del mundo donde la sociedad agrícola y su epistemología han desaparecido prácticamente ya, y es por eso por lo que las religiones en ella han entrado en un gravísimo declive. Esto que está ocurriendo no es algo negativo, sino algo natural. Es una transformación profunda debida a un drástico cambio cultural y humano, que algunos llaman «tiempo axial». No hay que culpabilizar a nadie, porque lo que está ocurriendo no es ningún pecado. Es una crisis, pero de crecimiento, por la que hay que felicitarse. Las religiones tal vez van a entrar en una fase de languidecimiento y de extinción, y ello va a ser la gran oportunidad para la espiritualidad, que va a sentirse libre y liberada, fuera de las instituciones religiosas que durante milenios la controlaron y la sometieron a sus condicionamientos y a sus intereses.

Liberada, la espiritualidad humana va a sentirse libre de las religiones, aunque pudiendo compartirlas todas. Va a ser una espiritualidad no controlada por las instituciones de las grandes religiones, «laica» en ese sentido, profundamente humana, pluralista (ni exclusivista ni inclusivista), abierta a todas las religiones…

Preguntas para el debate

_ ¿En qué estás de acuerdo o en desacuerdo con el planteamiento que se hace de la crisis de la religión? Razona brevemente tu respuesta. _ ¿Crees posible separar espiritualidad y religión? ¿Espiritualidad sin creencias? ¿Cómo será la espiritualidad liberada de las religiones y de las creencias? _ ¿Se puede vivir sin religión, sin creencias?

Textos antológicos

· Lo que se ha entendido como “religión” ha llegado a su fin En los países desarrollados la desaparición de los últimos restos de vida pre-industrial y agrícola, la generalización del modo de vida industrial y la nueva gran transformación de los sistemas científicos y técnicos están imponiendo una transformación radical de los modelos culturales. Lo que hasta ahora hemos llamado “religión” se está viendo afectada de lleno por esas transformaciones.

En Occidente, la religión siempre se ha presentado como un sistema colectivo de creencias. Un sistema colectivo de creencias es, también, un sistema de control colectivo. Todo sistema de control requiere de un sistema de poder. A esta cadena de hechos hay que añadir que el vehículo mítico-simbólico de las religiones, en Occidente, ha sido el mismo vehículo de programación colectiva de las maneras de pensar, sentir y actuar, las cuales deben ser fijadas de forma intocable y rigurosamente controlada. Las religiones han estado, por ello, conectadas con las creencias, el control y el poder.

Las transformaciones culturales de las sociedades industriales desarrolladas han puesto fin a esta situación. Creemos que se puede afirmar seriamente que las religiones, tal como se concibieron en Occidente durante casi 2.000 años, se han terminado o están en camino de extinción.

Por otra parte, y paradójicamente, se da, simultáneamente con ese decaimiento profundo de las religiones clásicas, un resurgir fuerte, y un tanto salvaje, del interés por lo religioso, un interés por lo que podríamos llamar -intentando buscar una terminología más adecuada a la nueva situación- una dimensión profunda y vivida de la existencia; crece el interés por la Gran Dimensión de la existencia, una dimensión que está ausente, casi por completo, en nuestra vida cotidiana. La época de las “religiones”, tal como se concibieron en Occidente, va camino de su fin o, como mínimo, va camino de quedar en los márgenes de la marcha de la cultura. La manera cultural como se vivió y expresó la experiencia religiosa en las sociedades pre-industriales de Occidente está siendo barrida y marginada por la sociedad industrial avanzada. Lo que está muriendo no es la posibilidad de vivir la experiencia religiosa, sino una manera cultural, venerable y milenaria, de vivir esa experiencia. Llamamos religión al peculiar modo de vivir la experiencia sagrada, propio de las sociedades pre-industriales y estáticas, es decir, propio de sociedades que vivieron durante milenios de hacer fundamentalmente lo mismo (caza/recolección, agricultura, ganadería). Esas sociedades necesitaron fijar de manera inamovible sus sistemas de programación colectiva de forma que bloquearan e ilegitimaran el cambio; y precisaron, también, excluir cualquier alternativa al sistema fijado. “Religiones” son las formas sagradas pre-industriales que se expresan en los sistemas de programación colectiva adecuados a ese tipo de sociedades. “Religiones” son las formas sagradas pre-industriales que se expresan en programas mítico/simbólicos, que son programas culturales de dominio, control, sumisión y exclusión de alternativas. Marià CORBÍ, Religión sin religión, PPC, Madrid 1996.

John Shelby SPONG, Doce Tesis. Una llamada para una Nueva Reforma

1.- El teísmo, como forma de definir a Dios, ha muerto: Dios ya no puede pensarse, con credibilidad, como un ser, sobrenatural por su poder, que habita en el cielo y está listo para intervenir en la historia humana periódicamente, e imponer su voluntad. Por esto, la mayor parte del lenguaje teológico actual sobre de Dios carece de sentido; lo cual nos lleva a buscar una nueva forma de hablar de Dios. _ 2.- Dado que Dios no puede pensarse ya en términos teísticos, no tiene sentido intentar entender a Jesús como la encarnación de una deidad teística. Por eso, la Cristología antigua está en bancarrota. _ 3.- La historia bíblica de una creación perfecta y acabada, y la caída posterior de los seres humanos en el pecado, es mitología pre-darwiniana y un sin sentido post-darwiniano. 4.- La concepción y el nacimiento virginales, entendidos literal y biológicamente, convierten a la divinidad de Cristo, tal como tradicionalmente se entiende, en imposible. _ 5.- Los relatos de milagros del Nuevo Testamento no se pueden interpretar, en un mundo posterior a Newton, como sucesos sobrenaturales realizados por una divinidad encarnada. _ 6.- La interpretación de la Cruz como un sacrificio ofrecido a Dios por los pecados del mundo es una idea bárbara basada en conceptos primitivos sobre Dios que deben abandonarse. _ 7.- La resurrección es una acción de Dios: Dios exaltó a Jesús a la significación de Dios. Por consiguiente, no puede ser una resucitación física ocurrida dentro de la historia humana. _ 8.- El relato de la Ascensión supone un universo concebido en tres niveles y por eso no puede mantenerse, tal cual, en una época cuyos conceptos espaciales son posteriores a Copérnico. _ 9.- No hay una norma externa, objetiva y revelada, plasmada en una escritura o sobre tablas de piedra, cuya misión sea regir en todo tiempo nuestra conducta ética. _ 10.- La plegaria no puede ser una petición dirigida a una deidad teística para que actúe en la historia humana de una forma determinada. _ 11.- La esperanza de una vida después de la muerte se debe separar, de una vez por todas, de una mentalidad de premio o castigo, controladora de la conducta. Por consiguiente, la Iglesia debe dejar de apoyarse en la culpa para motivar la conducta. _ 12.- Todos los seres humanos llevan en sí la imagen de Dios y cada uno de ellos debe ser respetado por lo que es. Por consiguiente, ninguna caracterización externa, basada en la raza, la etnia, el sexo, o la orientación sexual, puede usarse como base para ningún rechazo o discriminación.

Bibliografía

_ GAUCHET, Michel, El desencantamiento del mundo (Trotta, 2005) _ GAUCHET, M. y FERRY, Le religieux après la religión (Grasset, 2004). _ MARTIN VELASCO, Juan de Dios, Metamorfosis de lo sagrado y futuro del cristianismo, RELaT 256, http://servicioskoinonia.org/relat/256.htm _ ROBINSON, John A.T., Sincero para con Dios; Honest to God, SCM Press, London 1963. Dieu sans Dieu: honest to God, Nouvelles éd. Latines, Paris 1964. _ SPONG, John Shelby, Nacido de mujer, Ed. Martínez Roca, Barcelona; Um novo cristianismo para um mundo novo, Verus, Campinas, São Paulo 2005. _ THILS, Gustave, Christianisme sans religion?, Casterman 1968. Cristianismo sin religión?, Marova, Madrid.

Tema 3: Espiritualidad esencial: amor-justicia liberador _ (La regla de oro, principio liberación)

Objetivo

_ Supuesta una básica «deconstrucción» de los obstáculos abordados anteriormente, tratamos ahora de encontrar la base fundamental desde la que reconstruir una espiritualidad abierta, básica, universal y universalizable, más allá de los dos «fundamentalismos» deslindados en las dos unidades anteriores. Concretamente, nosotros lo encontramos sobre el principio del amor-justicia liberador, que para nosotros actualiza la «regla de oro» expresada por la mayor parte de las religiones.

Desarrollo del tema

Dentro de la densa y trabajada historia espiritual de nuestro continente, la profunda crisis actual nos obliga a volver nuestra mirada hacia lo más esencial, lo más básico de la experiencia espiritual. Coincidentemente, encontramos en todas las grandes religiones un principio llamado comúnmente la «regla de oro», «trata a los demás como quisieras que te trataran a ti», que en todas ellas es proclamado como el núcleo «a lo que se reducen la Ley y los Profetas».

Esta regla parece formar parte de la sabiduría humana más elemental y más profunda. Tiene la apariencia de un mínimo ético común, que podría ser reconocido como la plataforma para el diálogo y la convivencia realmente humana entre las diversas culturas y religiones. Siendo un mínimo, no deja de ser una aspiración «máxima», pues de hecho ese principio es negado todos los días en la convivencia social del planeta.

Pero esta regla de oro es algo más que ética: es también vivencia espiritual. No es sólo de hecho la clave conductual para la convivencia social y pacífica, es también la experiencia más intensa de la vivencia espiritual en la relación interhumana.

En nuestra tradición de origen judeo-cristiano está especialmente claro: los profetas y Jesús ponen la praxis del amor no sólo como un mínimo ético, sino como el máximo criterio de cercanía y de experiencia segura de Dios: el que ama conoce a Dios, practicar la justicia es conocer a Dios, es el criterio del juicio escatológico, es lo que llega a poner a «extranjeros y paganos» por delante de creyentes y de sacerdotes, es el verdadero culto, en el tempo y en la religión de la vida, la de los verdaderos adoradores… Dentro de nuestra tradición se ha llegado a decir: en Jesús, la manifestación de la humanidad de Dios culmina en su proclamación de la regla de oro (E. STAUFFER)…

Para nosotros, además, la regla de oro es una ancestral intuición espiritual, que sólo en el pasado siglo XX terminaría por desarrollarse y ser captada en toda su plenitud: la opción por los pobres (OP), una opción apasionada y radical por el amor-justicia, vivida como experiencia de Dios en la carne más humana de la historia.

En Europa, si el cristianismo quiere sobrevivir sólo puede ser místico, pero con una mística vivida en al amor-justicia liberador encarnado en la historia humana. Ésta nos parece ser hoy la forma religiosa más elemental y más inmune a los actuales desafíos de desconstrucción religiosa, la propuesta espiritual más práctica y más compatible entre las diversas religiones.

En algún sentido, atravesamos en Europa la misma experiencia que en el comienzo de la edad moderna. En una sociedad religiosamente monolítica, en la que la confesión religiosa formaba parte de la ideología política, la ruptura del cristianismo en distintas confesiones hizo la convivencia imposible, en cuanto el disidente religioso era inevitablemente enemigo político. Las guerras de religiones diezmaron el Continente, hasta que se encontró una nueva base para el contrato social: el yusnaturalismo, el derecho natural, depurado de toda adherencia teológica discutible religiosamente. La nueva base del contrato social se encontró en la dignidad humana, al margen y previamente a cualquier consideración religiosa o teológica.

Hoy día, las religiones presentan un panorama semejante al de aquella sociedad de hace cinco siglos: cada una ha vivido en su mundo religioso cultural, excluyendo y descalificando a las otras. La convivencia entre las religiones sólo es posible si son recluidas a la esfera interior o privada, o si renuncian a dialogar y se limitan a yuxtaponerse sin compartir. Para poder dialogar y compartir, para que los creyentes puedan entrar y salir libremente por las religiones, con múltiple pertenencia, beneficiándose sin limitaciones de las riquezas de unas y otras, es preciso encontrar también una nueva base común a todas, previa a las ulteriores diferenciaciones específicas de cada una. Esa base común es la regla de oro, tomada no sólo como un «mínimo ético» para posibilitar la convivencia, sino como un ambicioso «máximo programa de acción común» de las religiones: asumir la liberación de la Humanidad y de la Naturaleza como la aspiración máxima a la que pueden aspirar, y en la que verificarán su éxito y se jugarán definitivamente su credibilidad. Ese programa común tendría que estar suportado por una mística inter-religiosa, no confesional, profundamente humana, y en ese sentido natural, laica…

Desde nuestro punto de vista, la reconstrucción de la experiencia religiosa, luego de la deconstrucción experimentada, ha de partir de esta base segura.

Preguntas para el debate

_ Muestra tu acuerdo o desacuerdo con el planteamiento que se hace de la regla de oro como base de una nueva espiritualidad y civilización. _ ¿Crees que esta nueva espiritualidad exige la muerte de las religiones? _ ¿Qué tiene que ver la regla de oro y la opción por los pobres con la religión y las creencias?

Textos antológicos

• Si falto al amor o si falto a la justicia, me alejo indefectiblemente de Ti, Dios, y mi culto no es más que idolatría. Para creer en Ti debo creer en el amor y en la justicia, y vale mil veces más creer en esas cosas que pronunciar Tu nombre. Fuera de ellas es imposible que alguna vez te encuentre, y aquellos que las toman por guía están en el camino que conduce a Ti. Henry de LUBAC, Por los caminos de Dios, Carlos Lohlé, Buenos Aires 1962, pág. 125; Sur les chemins de Dieu, 125

Bibliografía

_ BOFF, Leonardo, El cuidado esencial. Ética de lo humano, compasión por la tierra, Trotta, Madrid 2002; Ética planetaria desde el gran Sur, Trotta, Madrid 2001. _ VIGIL, J.M., ibid., cap. 13, «La regla de oro». Disponible en http://www.latinoamericana.org/tiempoaxial/index.html#5 _ KÜNG, Hans, Yes to global Ethic, SMC Press, London 1996; Ética mondiale per la politica e la economia, Queriniana, Brescia 2002.

Tema 4: Vivir en plenitud _ (Espiritualidad laica en el otro mundo posible)

Objetivo

Lograr una reconceptuación de la espiritualidad más allá de las limitaciones lingüísticas, redescubriéndola como plenitud del ser y de la vida, y encontrar sus rasgos esenciales en el «otro mundo posible» que esperamos.

Desarrollo del tema

«Espiritualidad» no es una palabra feliz. Lo que nosotros queremos expresar con ella, en cuya búsqueda estamos, no se refiere a lo «espiritual» en cuanto contrapuesto a material, ni a carnal… La palabra viene larvada con la herencia histórica de tiempos de dualismos esquizofrénicos (materia-espíritu, carne-espíritu, tierra-cielo, esta vida – la otra…). Si utilizamos la palabra es porque todavía no ha sido sustituida por otra que haya alcanzado un consenso suficiente. Por eso tendremos que acudir con frecuencia a rodeos, a circunloquios. Para la Europa que ha vivido con intensidad las últimas oleadas vividas sobre el trasfondo de nuestra larga y trabajada historia, a la altura de los tiempos en los que nos encontramos, se impone una distinción necesaria entre religiones, religión y lo que provisionalmente todavía llamamos espiritualidad.

Las «religiones» son formaciones históricas, institucionalizadas, con un cuerpo de doctrinas, símbolos, rituales, y normalmente una jerarquía, que durante los últimos 5.000 años han dado cauce y expresión a esa dimensión humana que tradicionalmente hemos llamado espiritualidad. Las religiones son «de ayer», de apenas hace cinco mil años, frente a los más de 100.000 años en los que hoy se tienen documentados prácticas y comportamientos humanos que evidencian la presencia de la dimensión espiritual. Aparecieron aproximadamente con el neolítico, la sedentarización del ser humano, la propiedad privada, el patriarcalismo, la edad agraria… una edad que precisamente hoy está desapareciendo, sobre todo en Europa.

La «religión» sería esa tendencia espontánea del ser humano en uno de los estratos de su desarrollo de conciencia por la que necesita –con necesidad vital, interior, muy espiritual y a la vez muy biológica- habérselas y debatirse con un Ser superior, generalmente protector frente a la angustia de la soledad y del desamparo ante la naturaleza inhóspita, un «theos» o ser sobrenatural que habita en un mundo superior paralelo a éste, y que interviene poderosamente sobre éste, con el que interesa tener buenas relaciones no sólo interesadas, sino profundamente afectivas «a lo divino», y que se expresa en:

La «espiritualidad» sería esa capacidad profunda del ser humano por la que capta dimensiones «últimas», más allá de la realidad inmediata y de sus necesidades como animal depredador que es, más allá de los intereses, en la gratuidad, en la contemplación, en el amor… en el «conocimiento silencioso» de los místicos.

Después de tanta historia, continuamos siendo un misterio para nosotros mismos. ¿Qué somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿Qué es esa religión y esa espiritualidad que nos caracteriza? ¿Una «enfermedad de la conciencia humana»? ¿Una necesidad biológica disfrazada? ¿Una actividad cerebral dependiente de unos fundamentos genéticos aún por descubrir? El camino y la búsqueda continúan abiertos. Lo que sopechamos en Europa es que las religiones, en lo que tienen de producto de la época agraria, tienen ya sus días contados, y desaparecerán con esa misma época agraria. La religión, como forma que la espiritualidad humana revistió en la época de las religiones, caracterizada por una concepción teísta de la realidad, sobre la base de unas «creencias» asumidas como postulados de interpretación del mundo, construidos por el ser humano pero atribuidos a un «teos» omnipotente y tonante, tiene también los días contados en cuanto el ser humano ha perdido la ingenuidad epistemológica y ha asumido adultamente que está solo en el mundo y que no tiene por qué alienarse proyectando hacia fuera de sí sus proyectos, su moral y su necesidad de sentido.

Desde nuestro punto de vista europeo sólo queda en pie la posibilidad de una «espiritualidad más allá de las religiones y más allá de la misma religión», una espiritualidad adulta, crítica, sin «creencias», sin mitos ni mitologías, consciente de que el ser humano está solo y debe asumir su soledad, sin engañarse, sin atribuir a un «teos» lo que es obra suya y sin delegar en él nuestras responsabilidades. Una espiritualidad no sólo más allá de las religiones del tiempo agrario, sino también más allá de la religión. Una «espiritualidad sin religión», una «santidad mundana» al decir del pastor Bonhoeffer, una espiritualidad laica, no religiosa, más allá de las religiones (post-religional) y de las Iglesias, más honda que las confesiones, más a fondo que la «religión» religiosa, una espiritualidad simplemente humana, profundamente humana, plenamente humana, humanamente plenificadora, que no sea otra cosa que una forma de vivir en plenitud nuestra humanidad. En esa espiritualidad común humana es donde podremos comulgar con toda la humanidad, con los hombres y mujeres de todas las configuraciones espirituales, apasionados por construir la vida y por hacerla posible, por vivir en plenitud y construir «otro mundo posible» en el que sea posible esa vida en plenitud.

Dada nuestra referencia biográfica cristiana, cabría preguntarnos qué será del cristianismo en medio del panorama de esa espiritualidad laica»…A modo de mera sugerencia a ser debatida, sin posibilidad de justificarla aquí debidamente, diríamos lo siguiente. Tal vez el cristianismo, por este camino, se devolverá a sus orígenes profundos, evolucionando hasta llegar a convertirse en un: jesuanismo, en el sentido de recuperar la humanidad completa del Jesús histórico; macroecuménico, o sea, abierto a todas configuraciones espirituales posibles, incluso a aquellas que eran tenidas como descalificadas religiosamente; pluralista, o sea, habiendo abandonado el planteamiento absolutista tanto del exclusivismo como de inclusivismo, con una aceptación sincera y consecuente del pluralismo, sin misión proselitista, sin afán protagonista; liberador, es decir, siempre desde la perspectiva de los pobres, de los pequeños, de los injusticiados, por su liberación; eco-espiritual, o sea, viviendo una plena comunión con todo lo que existe, con la naturaleza, con la vida, con todos los seres, de cuya comunidad universal formamos parte; post-religional, más allá de las «religiones» de la época agraria; posteísta, superando y abandonando el mecanismo inmaduro de imaginar la dimensión profunda de la realidad en forma de «teos», como un ser sobrenatural que vive en un mundo superior paralelo, evocado mediante creencias…

Para el debate en grupo

_ ¿En qué te muestras de acuerdo o en desacuerdo con el planteamiento que se hace en este texto sobre la espiritualidad laica? _ ¿Encuentras suficientemente clara la distinción que se hace entre religiones, religión y espiritualidad? _ ¿Podrías dar una descripción aproximada de ese nuevo concepto de espiritualidad? ¿En qué consiste, en definitiva, esa espiritualidad para otro mundo posible?

Textos antológicos

• La espiritualidad que durante mucho tiempo se entendió como un subproducto de la religión institucionalizada, como expresión de la específica preocupación por la relación del individuo con Dios, se encuentra ahora conducida a un diálogo multidisciplinar en torno a las preguntas globales de siempre que se plantean en nuestra época. Lo que durante un tiempo se consideró que era algo reservado para los monasterios (y los conventos de clausura) se ha abierto paso más allá de los dualismos que separaban lo sagrado de lo secular y emerge ahora como una realidad capaz de construir puentes que superen las diversas divisiones que habían separado a las personas entre sí y a éstas de Dios. _ La reestructuración de la espiritualidad presenta el reto más original y provocativo de nuestro tiempo. El horizonte de la espiritualidad se extiende ahora más allá de las religiones invitando a todos los seres humanos a una nueva forma de convergencia en torno a las críticas cuestiones a las que se enfrenta hoy la humanidad. No es el sincretismo ingenuo que preocupa a algunos teólogos del diálogo interreligioso ni en modo alguno el relativismo reduccionista que traiciona la unicidad de Jesús para los creyentes cristianos (temas profundamente estudiados por Knitter 1995). Lo que estamos experimentando actualmente es un cambio de paradigma que nos invita a desprendernos de las excrecencias de los últimos miles de años (muchas de las cuales son de naturaleza religiosa) y recuperar una visión más original y más centrada en la globalidad que tenga en cuenta que todos los seres humanos, y la misma creación, tienen una naturaleza fundamentalmente espiritual. O’Murchu, Rehacer la vida religiosa, Publicaciones Claretianas, Madrid 2001; Reframing Religious Life, Paulus, Londres 2000, cap. 9.

• El siglo XXI, o será místico, o no será… Atribuido a Malreaux y a Rahner

Bibliografía

_ CORBÍ, Marià, Los rasgos de una religiosidad viable en las nuevas condiciones culturales de las sociedades industriales, http://servicioskoinonia.org/relat/352.htm _ CORBIC, Arnaud, Dietrich Bonhoeffer: Cristo, Señor de los no-religiosos, http://servicioskoinonia.org/relat/292.htm _ BONHOEFFER, Dietrich, El precio de la gracia, Sígueme, Salamanca 1968

José Antonio Pérez Tapias, Del bienestar a la justicia. Por una ciudadanía intercultural

Antonio García Santesmases

Éxodo 92 (ener.-feb.’08)
– Autor: Antonio García Santesmases –
Trotta, Madrid, 2007
 
La obra de José Antonio Pérez Tapias Del bienestar a la justicia tiene como subtítulo Por una ciudadanía intercultural. Todo autor tiene que optar por algún título que dé sentido al libro que publica. En pocas ocasiones he visto mejor realizado este objetivo y ello por varias razones.

Estamos en un momento en que debatimos en la filosofía política actual acerca del individualismo, del comunitarismo y del republicanismo; estamos en un momento en que discutimos en la vida política acerca de las ventajas y de los inconvenientes del modelo multicultural y acerca de los límites y las posibilidades futuras del modelo republicano. Para profundizar en ambos debates es de gran utilidad la obra que comentamos.

En primer lugar porque José Antonio Pérez Tapias aúna su tarea profesional como profesor de filosofía con la condición adquirida recientemente de parlamentario socialista. Creo que puede ser muy fructífera esta combinación en unos momentos en que el debate político se ha desplazado a temas que afectan a los sentimientos, las emociones, las raíces culturales, las costumbres morales y a lo que se ha denominado una querella por los valores. En muchas ocasiones estos debates han adquirido tal virulencia que todas las antiguas discusiones acerca de los intereses socio-económicos parecen haber desaparecido. Es como si el pensamiento único hubiera triunfado en el campo económico y el debate político se centrara únicamente en problemas que afectan a la familia, la escuela, las tradiciones religiosas, las identidades culturales y los sentimientos de pertenencia. ¿Qué hacer ante esa situación?

Lo primero y fundamental no olvidar que cuando hablamos de problemas de valores no podemos olvidar las diferencias socioeconómicas, pero tampoco queremos reducir todos los problemas a la vieja cuestión social y minusvalorar las cuestiones derivadas del reconocimiento de la identidad, de las identidades.

Es y espero que sea muy fructífera en el futuro la combinación entre el filósofo y el político en el caso de Pérez Tapias porque no cabe duda que encima de la mesa nos esperan una enorme cantidad de temas que han removido el imaginario colectivo como no había ocurrido desde hace treinta años. Pensemos en todas las polémicas acerca de la educación para la ciudadanía, el matrimonio homosexual, la nación de naciones, la ley de memoria histórica y la política de alianza de civilizaciones. Todo ello requiere de un nuevo relato que replantee muchos de los silencios, de las omisiones, de los agravios, de las heridas mal cicatrizadas de la transición política española.

El lector de esta obra no encontrará en este libro ese relato. No es la pretensión del autor. Pero me atrevo a afirmar que no se podrá construir ese relato con alguna consistencia sin tener en cuenta aportaciones como las que aquí aparecen. Pérez Tapias se lanza al intento, apasionante y discutible (por ello mismo hay que decir que merece ser discutido) de intentar aunar dos paradigmas muy diferentes a la hora de diagnosticar los problemas de esta sociedad posmoderna, multicultural, líquida en la que vivimos. Por un lado recoge la tradición ilustrada a la hora de actualizar lo mejor del pensamiento habermasiano y su esfuerzo por preservar las conquistas del Estado social. Hasta ahí su planteamiento no sorprenderá a los lectores de izquierda.

Sí causará, sin embargo, cierto asombro, cuando no extrañeza, el intento de aunar ese legado con el pensamiento de Levitas. Detrás está el esfuerzo por hacer compatibles elementos centrales en el diagnóstico de Marx y de Nietzsche.

Esa difícil fundamentación metafísica encuentra su mejor aplicación en los esfuerzos por hacerse cargo de la diversidad cultural, de la laicidad y del retorno de las religiones. Juega aquí Pérez Tapias con la ventaja de su gran conocimiento de los temas educativos, con la experiencia acumulada de sus muchos encuentros con la realidad iberoamericana y finalmente con una finísima sensibilidad teológica absolutamente excepcional en el universo de la izquierda política española.

Por todo ello distintos lectores podrán disfrutar con esta obra. Tanto los pedagogos que vean una ocasión para profundizar en los problemas de la educación intercultural, como los políticos que deseen profundizar en la alianza de civilizaciones, como las personas interesadas por el debate entre laicidad y pluralismo religioso.

Sólo me queda desear a los lectores que disfruten ante una obra ardua, y que no se desanimen; en una obra que requiere tiempo, silencio, meditación reflexiva porque no es una obra coyuntural que se pueda leer en una tarde; requiere evitar la premura porque remite a los fundamentos metafísicos del quehacer religioso, educativo y político. Y sólo me queda desear también al autor larga vida política por bien del proyecto socialista y del suyo propio, porque pocas cosas son tan atractivas para un gran metafísico como la de sumergirse en el combate político cotidiano, para poder observar en vivo y en directo la dificultad de combinar los paradigmas, para percibir los claroscuros de cualquier decisión política relevante, para evaluar cómo las decisiones más queridas conllevan consecuencias indeseables de la acción.

EL PRE-JUICIO EN POLÍTICA

Benjamín Forcano

Éxodo 87 (ener.-febr.’07)
– Autor: Benjamín Forcano –
 
La vida política es un campo privilegiado para descifrar la condición y pasiones del ser humano. Yo hace tiempo que, cuando me asomo a un programa de televisión , me interesa primero de todo los nombres de los que intervienen. De muchos, sabemos algo de su biografía. Y he llegado a la decisión de cerrar o desconectar sin son nombres que intervienen en nombre de los partidos.

Prescindo de ellos porque ya sé lo que me van a decir –llevan consignas y estrategia preparadas– y porque me resulta insoportable su irracionalidad. Irracionalidad que proviene de no hablar por sí mismos, de no valorar los razonamientos del contrario, de no proyectar análisis de la realidad, de no preocuparse por los derechos de la mayoría, de intentar ante todo contradecir y desacreditar al opositor. Un ejercicio éste pre-racional, prehumano (porque lo racional es lo específicamente humano) dictado por la adhesión al propio partido o bandera y con el único objetivo de que el propio partido salga invicto.

Guían esta irracionalidad intereses individuales o de partido, no del pueblo. Porque los intereses del pueblo –el único que delega el poder y tiene derecho a que se le represente con honestidad, obediencia y eficacia–, son siempre los mismos, se trate del partido que sea. No es consecuente, por tanto, que los políticos se ataquen obstinadamente como si de intereses distintos se tratara. En unos o en otros, o en ambos a la vez, reside la voluntad enceguecida de hacer de la política un coto de intereses privados, intentando, eso sí, recabar la legitimación del pueblo.

Esta postura es hoy común, inalterable y pestilente en ciertos debates políticos. El televidente capta rápido: ¡Ya hieden! No van a informar, a reconocer lo bueno o lo malo, a dialogar, sino a denigrar y triturar, contra toda evidencia. Y, encima, los hay que, tachonados de oportunismo, no tienen pudor en acudir una y otra vez como si de modelos a seguir se tratara.

En el ámbito de la convivencia, la perduración de esta dialéctica partidista produce confusión y malestar y subrepticiamente va inoculando fobias de exclusión y menosprecio. El fenómeno no por ser cotidiano deja de ser preocupante. Un clima democrático no debiera ofrecer en sus instituciones cancha a estos falsos maestros de la política y de la convivencia. La misma ciudadanía debiera retirarles audiencia y demostrarles que la boca por la que ellos hablan no es altavoz del alma del pueblo.

Desgraciadamente, muchos ciudadanos piensan por lo que algunas de estas personas dicen en estos programas. Es hasta cierto punto lógico cuando el canal informativo es siempre el mismo. Pero es que la cosa va hasta el extremo de que, aún siendo evidente la falsedad, se les presta incondicional y regocijado asentimiento. Algo pasa ahí, que hace posible ese pacto, sellado sin razones, comportamiento típico del que procede con pre-juicio,es decir, sin criba de la razón.

Sería bueno, no obstante, no confundir el cinismo de los que proceden a sabiendas de ocultar y mentir, con la acrítica receptividad de muchos televidentes. Es inevitable que, en nuestro interior personal, aniden las ideas, pautas y sentimientos que desde diversas instancias se nos fueron introyectando. No todos han dispuesto luego de medios y circunstancias adecuadas que les permitieran valorar ese contorno, despojándolo de elementos exagerados, unilaterales e incluso falsos.

Dicho esto, considero escandaloso y un atentado contra la salud pública esa mediocraciapolítica, en la que se mueven ciertos periodistas, como investidos para pontificar sobre todo. Distorsionan la realidad y no tienen como deber primario informar lealmente, es decir, sin pre-juicios, y alimentan el tanque de visiones obsesivamente partidistas y rencorosas. Esta mediocraciapolítica ha olvidado que su misión no es halagar ni dar alas a un poder político desnaturalizado, sino acompañarlo críticamente, con apertura de reales alternativas posibles.

La insolencia, además de estúpida, es antidemocrática, y arranca de profesar que tan solo tal o cual partido es vehículo de verdad y de soluciones. Insolencia que trastueca hechos básicos como son los de pensar que sólo la derecha define bien la realidad de España, sólo la derecha asume y respeta la religión, sólo la derecha garantiza los valores morales, sólo la derecha gobierna y legisla de acuerdo a la herencia cultural de la católica España; o, por el contario, que sólo la izquierda es sospechosa de todos los males.

Vamos a ser sinceros, en este pre-juicio se agita el fantasma de las dos Españas: la de que por ser español hay que ser de derechas (neoliberal), la de que por ser de derechas hay que ser católico y la de que por ser católico hay que rechazar toda izquierda (socialismo). Esta división dual pura, apriorística , es la que está en la base del pre-juicio. Por las venas de muchos españoles corren todavía los miedos de enfrentamientos seculares, vividos casi siempre entre tradición y avance, imperialismo políticoreligioso y proyecto social revolucionario, entre sociedad premoderna y sociedad abierta pluralista.

Los tiempos no están ya para guerras fratricidas. Hemos avanzado, pero renacen los fantasmas, porque hay quien los agita.

Los católicos estamos aprendiendo a sentir y demostrar que, no por ser españoles, debemos ser católicos y que no por no ser católico se deja de ser verdadero español. Confesamos que hemos coaccionado muchas veces hasta imponer la fe y hemos prostituido el Evangelio legitimando intereses de los más ricos y poderosos, callando ante la injusticia e induciendo a resignación al pueblo. Eso no es la Buena Nueva del Evangelio. Han pasado décadas donde ha quedado claro que la libertad religiosa es un derecho de toda persona: cada uno es libre de ser creyente o ateo. Una buena o mala convivencia no depende de ser creyente o ateo, sino de ser un mal creyente o un mal ateo.

Los no católicos y, entre ellos los que sean ateos, deben admitir que la religión católica en sí, tal como brota del Evangelio, no es alienante, ni es opresora, ni cómplice del precapitalismo, del capitalismo o de ninguna otra suerte de neoliberalismo, sino defensa y lugar nato de los más pobres: los preferidos y auténticos vicarios del Dios de Jesús. Eso explica precisamente que los mismos católicos podamos denunciar y combatir todo desvío eclesiástico en contra.

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