Senda de Cuidados

La sostenibilidad de un proyecto para sostener la vida

Sostener. Ocho letras que se deslizan hacia abajo sedimentando un suelo sobre el que apoyar nuestros pasos, sobre el que sustentar nuestras vidas. Ese suelo está construido de afectos que nutren el sustrato, de manos que ayudan a mantener el equilibro en pasos difíciles, que agarran fuerte cuando hay que saltar grietas, de voces que orientan en el camino, de hogares que dan cobijo y reposo al cansancio… En definitiva, ese suelo está compuesto, ante todo, de cuidados que sostienen cotidianamente la vida.
Senda de Cuidados es una asociación desde la que intentamos ser un apoyo en los momentos de mayor vulnerabilidad, cuando más sostén hace falta, ofreciendo cuidados dignos a las personas que lo necesitan, a la par que luchamos por dignificar el trabajo de cuidados.

Las sensibles, comprometidas y generosas manos de Ana Peñas han puesto imagen a nuestra aventura. Ana ya había mostrado una enorme capacidad para representar la vida cotidiana desde el punto de vista de las personas mayores a través del cómic que protagonizan sus abuelas Estamos todas bien, galardonado con el Premio Nacional del Cómic en 2018. En este dibujo, Ana muestra a Amalia y Lucre, dos cuidadoras y luchadoras por los derechos en el empleo de hogar de las que estamos muy orgullosas en Senda. Esperamos que el cuidado mutuo que sostiene que simboliza la imagen, oriente nuestros pasos en las luchas y desafíos que están por venir.

 

Mientras tanto, en Senda, seguimos trabajando en la intermediación laboral –poniendo en contacto a familias que necesitan cuidados con trabajadoras y trabajadores bajo un contrato que respeta unas condiciones laborales mínimas–, en el empoderamiento de las trabajadoras –mediante la dinamización de una asamblea en la que se encuentran, comparten sus experiencias y proponen acciones conjuntas, y mediante una escuela de formación política recientemente iniciada–, y en la denuncia de las situaciones de abuso –el Observatorio Jeanneth Beltrán de Derechos en el Empleo de Hogar y de Cuidados, impulsado por las trabajadoras de Senda, recopila información sobre tales abusos de cara a su visibilización y denuncia pública–.

 

Todas estas tareas nos conducen, no sin dificultades de todo tipo (carencias en la financiación, trabas burocráticas, invisibilización del colectivo de trabajadoras de hogar y de cuidados, persistencia de las discriminaciones, etc.) hacia un horizonte de reconocimiento de derechos en el campo laboral y de la dependencia, y al fortalecimiento de comunidades de trabajadoras y de afectados por las políticas que cuidan antes el capital que la vida.

Una muerte feliz, Hans Küng, Trota, 2018

Miguel Ángel de Prada

A los 86 años y con sabor a testimonio confesional, H. Küng concluyó en 2015 este breve texto que no tiene formato de libro profesoral, sino de puzle. Confiesa en el ‘Prólogo personal’, la gratitud porque se le hayan concedido las fuerzas para acabarlo y que ‘no aspira a aclarar definitivamente la compleja cuestión de la eutanasia, sino que más bien pretende contribuir a un proceso de debate continuo y aportar la voz de un teólogo cristiano afectado él mismo de una manera existencial por esta problemática” (p.14). En la ‘Introducción. ¿Puede ser una felicidad o una suerte morir?’, declara que el ars moriendi le ha tenido ocupado desde los años 50, cuando murió de un tumor su hermano Georg a los 22 años y, posteriormente, cuando falleció después de 10 terribles años de enfermedad su colega profesoral Walter Jens en 2013 con el que había escrito Morir con dignidad. Un alegato a favor de la responsabilidad. Las experiencias de las terribles enfermedades de su hermano y su colega y, sobre todo, la vivencia de que a W. Jens se le pasó el tiempo de decidir con consciencia sobre su muerte, le marcaron profundamente.  En el III volumen de sus memorias, Humanidad vivida (2013), relata el historial propio de sus enfermedades (parkison actualmente y otras dolencias) y en el último capítulo, El atardecer de la vida, expone claramente su postura en relación con el tránsito hacia la muerte. Para H. Küng, “en mi modo de entender las cosas, aplazar indefinidamente mi vida temporal no se corresponde con el arte vivir ni con mi fe en una vida eterna. Llegada la hora, yo debo decidir responsablemente (en el caso de que pueda hacerlo y si no, habiéndolo manifestado previamente) el momento y el modo de mi tránsito hacia la muerte. Si se me concediera este deseo, me gustaría morir consciente y despedirme digna y humanamente de mis seres queridos. Morir feliz  no significa una muerte sin nostalgia ni dolor por la despedida, sino una muerte con una completa conformidad, una profundísima satisfacción y una paz interior (pp. 16-17).

Tal fue la repercusión en la opinión pública alemana de esta posición ante la eutanasia de un teólogo católico, que el canal ARD de la televisión alemana le hizo una entrevista ese mismo año 2013. La trascripción de la entrevista, titulada De la felicidad a la contradicción,  también  se recoge en el libro (págs. 21-31). La periodista Anne Will no ahorra ahondar en los temas más espinosos y le pregunta directamente: ‘¿por qué desea terminar con su vida, si percibiera indicios de una demencia incipiente?’ La respuesta es también directa: Porque no soy de los que piensan que la vida terrenal lo es todo… No creo que vaya a morir en una nada…, sino que voy a morir en una última realidad… y que desde allí encontraré una nueva vida. Esta es mi convicción por la fe. Y esta me permite, naturalmente, ser algo más soberano en lo relativo a la duración y a la perserverancia en esta vida” (p. 22-23) Y de nuevo le pregunta: “Su iglesia entiende la vida como un regalo de Dios. Y, en consecuencia, el suicidio es una negativa al sí de Dios al ser humano. ¿Está ud. realizando, de algún modo, una última protesta dirigida a la iglesia oficial?”. La respuesta: “Creo que la dirección de la iglesia debería esforzarse por una actitud diferente en relación con la eutanasia. (Gran parte de) la población alemana considera correcto que en la última fase de la vida una persona se valga del suicidio dependiendo de las circunstancias. La iglesia ha quedado simplemente rezagada en la reflexión y en la decisión (…) Como persona creyente, creo que la vida me ha sido regalada por Dios a través de mis padres, pero esto  quiere decir que ese regalo de la gracia de Dios significa también para mí responsabilidad. ¿Por qué ha de cesar esa responsabilidad en su última fase”? H. Küng aclara que nos encontramos en una situación similar a cuando trató la iglesia católica el asunto del control de la natalidad (Humanae vitae, 1968), declarando la anticoncepción pecado mortal. En su opinión, simplemente la iglesia tomó una decisión equivocada y provocó mucho sufrimiento en los fieles y una clara disociación entre la doctrina eclesial y las prácticas de los fieles. “Yo quiero que la iglesia ayude al ser humano en el tránsito hacia la muerte y que no sólo le proporcione la extremaunción. Se trataría de ayudar a morir bien a una persona que desea morir” (p. 25)

Esta postura tan decidida  y su participación con W. Jens en la Sociedad Alemana por una Muerte digna, le valió el Premio especial Arthur Koestler 2013. En el breve discurso de respuesta, H. Küng se muestra agradecido, a pesar de que sabía que por recibirlo tendría que contar con un aluvión de renovadas críticas. De modo conciso declaró que “no defiendo ni planeo ningún suicidio (…) Sin embargo, defiendo mi responsabilidad en mi muerte en un momento dato, una responsabilidad de la que nadie puede desposeerme” (p. 38). Las reacciones a favor y en contra de estas declaraciones no se hicieron esperar y el autor las recoge a lo largo de todo el texto pero especialmente en el apartado Primeras reacciones (pp. 32-35). Es más, con una de ellas comienza el libro: ”Está ud. poniendo en peligro la obra de toda su vida con su decidida acción en defensa de la responsabilidad propia en el tránsito hacia la muerte” (p.13); otras muchas declaraciones son también autocuestionantes, como la siguiente: “Entendemos que esté desesperado, a la vista de la fragilidad de su salud y que escriba: ’no quiero seguir viviendo como una sombra de mí mismo’ (…) Una muerte mediante eutanasia activa, en un centro sanitario comercial de pago suizo, eso es indigno de un H. Küng al que adoramos por su valentía y su rectitud. Eso decepcionaría a miles de personas que se han orientado y fortalecido con las máximas de sus libros, en especial ‘Ser cristiano’ (p.98).

Para el autor su posicionamiento sólo puede valorarse adecuadamente si se conoce algo de los esfuerzos de toda su vida por otros asuntos, como la cuestión de Dios, la vida eterna, el proyecto de ética mundial, etc. No pretende decepcionar a nadie, sino proponer un debate. Lo que podemos llamar segunda parte del libro, “Aclaración y Profundización” (pp. 39 -106) se dedica, precisamente a ir desmenuzando estas cuestiones. Los títulos de los 8 capítulos siguientes son sumamente ilustrativos e invitamos al lector a adentrarse en ellos. Después de recoger, de nuevo,  las Experiencias cruciales (I) que le han marcado en sus convicciones al respecto, la enfermedad y muerte de su hermano Georg y de su colega W. Jen, junto con las reflexiones sobre las experiencias cercanas a la muerte, dedica los capítulos II al VI a las Normas de ética médica (II), el Esfuerzo por un tránsito a la muerte digno del ser humano (III), ¿Qué es Eutanasia? (IV), distinguiendo la eutanasia sin reducción de la vida (aplicación de anestésicos), la eutanasia pasiva con reducción de la vida como efecto secundario (indirecta o con interrupción de la prolongación artificial de la vida); y la eutanasia activa con reducción de la vida de manera directa, ésta es la modalidad más controvertida. Dada la inseguridad jurídica entre la eutanasia indirecta y la directa, el autor solicita acabar con la misma. Responsabilidad también en el tránsito hacia la muerte (V), y Un cambio de paradigma (VI), exponiendo la visión transformada del principio de la vida individual desde ser una decisión de Dios en la que no debe intervenir el ser humano a la generalización de la anticoncepción; respecto al final de la vida se estaría produciendo el mismo cambio y H. Küng no desea que se repita el mismo error de la iglesia que con la Humanae Vitae (1968).

Pero sin duda, los dos últimos capítulos pueden ser los más sabrosos para los lectores de Éxodo. El capítulo VII apuesta por abordar directamente La dimensión religiosa del tránsito hacia la muerte (VII), la fundamentación razonada sobre la vida eterna. En este punto nos ofrece la confesión personal con que le espetó hace poco su hermana: “Crees realmente en la vida después de la muerte?”; “Sí, le respondí con convicción, pero no porque hubiera demostrado racionalmente esa vida, sino porque he conservado esa confianza racional en Dios y porque en la confianza en el Dios eterno también puedo confirmar en mi propia vida eterna” (p.91). Repasa la “creencia en un infierno” y reflexiona que de un Dios misericordioso no pueden estar excluidos los muertos; del mismo modo se plantea “¿Soñar con el cielo?”,  no como lugar, sino una manera de ser, el ámbito de Dios del que no está excluida la tierra. Y concluye este capítulo con que “la felicidad eterna es cuando la persona finita se dirige a la infinitud”. El último capítulo, lo titula de modo provocativo, ¿Es poco cristiano un tránsito autodeterminado hacia la muerte?  (VIII). Por supuesto la respuesta es negativa, afirmando la legitimidad cristiana de esta postura porque “En la muerte,  (seremos) mantenidos por Dios”. No es convencional la distinción entre “Seguimiento e imitación de Cristo”; imitación significa bíblicamente, según H. Küng, comprometerse con Cristo y con su camino y que cada cual recorra el suyo propio. La figura de Jesús como siervo sufriente sigue siendo un ejemplo único para la capacidad de soportar el sufrimiento inevitable, un consuelo para los enfermos terminales. Sin embargo, la terrible muerte impuesta para él en la cruz no debe servir para rechazar las posibilidades actuales de la medicina para mitigar el dolor, ni para rehusar la decisión responsable sobre el momento y el modo de la muerte propia. Por ello, el seguimiento de la cruz y la eutanasia no se excluyen (p.100). Bajando a lo cotidiano, para H. Küng la postura de Juan Pablo II y su peculiar identificación con el crucificado, al consentir que su enfermedad y su tránsito hacia la muerte se hicieran públicos, y cómo justificó su apego a la santa sede diciendo que Jesús no se bajó de la cruz, dejando que su entorno gobernara la iglesia, fue desacertada. El caso contrario estaría en Benedicto XVI que dimitió en cuanto las responsabilidades del cargo, por edad y fuerza, le sobrepasaron. Este comportamiento le merece respeto, aquel no.

¿La doctrina eclesiástica es coherente con las distintas prácticas de autodeterminación del propio tránsito hacia la muerte que se han ido produciendo en la historia de la iglesia?  Siguiendo a A. Monclús (La eutanasia, una opción cristina), distingue diversas épocas y diversas posiciones eclesiales. Antes de Constantino, y durante las persecuciones, se aprobaba el suicidio para no ser víctima de tortura o violación, pero todo cambió con la visión pesimista de Agustín de Hipona, cuando la eutanasia se condena como crimen y pecado. Sin embargo, siguió existiendo un espacio para considerar la eutanasia una opción cristiana, como los casos de los mártires, las cruzadas, las guerras de religión o llegando a admitir principios como la guerra justa o la pena de muerte. El final del libro recoge la oración con que cerró el III volumen de sus Memorias junto con el deseo de que “la Iglesia reconozca los signos de los tiempos” y llegue “a introducir, una liturgia personal para el tránsito hacia la muerte digna de estas personas“.

Sobresalto final. Durante la impresión del texto, H. Küng vivió una grave crisis de salud; pareció que se le iba de las manos el control de la vida, encontrándose en la situación que siempre quiso evitar desde la experiencia de la enfermedad del su colega W. Jens. La editorial y el autor reflexionaron si el deseo central expresado en el texto había quedado desbaratado y el libro se había vuelto superfluo. Pero no, el deseo de mantener el control sobre la vida hasta el último segundo seguía siendo una concepción ideal; nada había cambiado, aunque se reforzó la opinión de que ante la primera grave crisis de salud, toda persona debe emprender las acciones médicas posibles por restablecer la salud. El texto de H. Küng es reconfortante para quienes tienen fe y buscan orientación desde posiciones disidentes con las clásicas de la iglesia. Quizá ofrezca un punto para el diálogo con personas agnósticas (suicidio ‘por balance de la vida’) pero ninguno con otras tradiciones religiosas distintas de las grandes religiones, que no conciben ‘la vida eterna’ pero son las abanderadas del ‘buen vivir’. Por otro lado, el contexto de su reflexión se ajusta en exceso al ámbito alemán; parece obviar los grandes esfuerzos por conseguir una legalidad plausible, que se están realizando en el resto del mundo. En el caso español, en este mismo número de Éxodo se recoge la trayectoria del Movimiento por una Muerte Digna (DMD), liderada en su tiempo por el pionero doctor Montes.

Sembradores de esperanza. Lectura crítica

José Arregi

Presento una lectura crítica de “Sembradores de esperanza”, documento de la Conferencia Episcopal Española sobre el cuidado de la vida en su fase final, presentado el 4 de diciembre de 2019.

  1. Elementos positivos. Es de agradecer la sencillez y claridad de estilo, y el acento puesto en el “respeto” (22 veces), la “dignidad” (53 veces), el “cuidado” (46 veces).

Subrayo la afirmación de que el “derecho a morir con dignidad” incluye el “derecho a no sufrir inútilmente” y el “derecho a que se respete la libertad de conciencia” (22), y de que “la vida en este mundo es un don y una bendición de Dios, pero no es el valor supremo absoluto” (30), aunque pienso que el documento no es del todo coherente con estas dos premisas.

Creo que es un importante paso adelante el que, tímida y veladamente, se admitan como lícitos tratamientos del dolor “aunque pueda derivarse un acortamiento de la expectativa de vida” (25), más concretamente la “sedación paliativa” (59) como “recurso extremo” (24), e incluso la “sedación paliativa profunda, que tiene como finalidad la supresión total de la conciencia” (29). Esto último es una novedad magisterial que introdujo el Pontificio Consejo para los Agentes Sanitarios en 2017, yendo más allá de lo enseñado por Pío XII en 1957 y por la Sagrada Congregación para la Doctrina de la fe en 2007. Supera la tradición, aunque no lo diga.

  1. Observaciones críticas. El documento se presenta en forma de 60 preguntas abiertas, que son en realidad 60 respuestas cerradas. El capítulo central (nn. 33-44) se titula “La eutanasia y el suicidio asistido son éticamente inaceptables”. La condena sin matices se sostiene sobre manipulaciones y tergiversaciones de las posiciones favorables a la eutanasia legal.

Manipulan, por ejemplo, la Resolución de la Asociación Médica Mundial (AMM) de 2019. Afirma ésta que “se opone firmemente a la eutanasia y al suicidio con ayuda médica”, pero afirma igualmente que “el médico que respeta el derecho básico del paciente a rechazar el tratamiento médico no actúa de manera contraria a la ética al renunciar o retener la atención no deseada, incluso si el respeto de ese deseo resulta en la muerte del paciente”. El documento episcopal cita la primera afirmación, no la segunda, y oculta la evolución de la AMM, que en 2018 consideraba que el médico que ayuda a poner fin a la vida de una persona comete “un acto inmoral”, pero esta valoración ha desaparecido en 2019, cosa que no se menciona en el documento episcopal.

Tergiversan sistemáticamente los argumentos de quienes defienden la legalización de la eutanasia. Por ejemplo: el sufrimiento insoportable y la libertad del paciente.

Sufrimiento insoportable

Afirma el documento que la Iglesia considera ilícito causar la muerte “con el fin de evitar cualquier dolor” (59), sugiriendo que tal sería el caso de quienes defienden la eutanasia. Es una grosera falsificación. En la eutanasia legal se trata de sufrimiento insoportable, y, aun reconociendo que las medidas paliativas pueden hoy poner remedio a casi todas las situaciones de dolor, nadie –de ningún modo la institución eclesial– puede decidir por nadie (el propio paciente o, en su caso, sus familiares más próximos) el límite exacto de lo insoportable en todas las circunstancias.

 

Por lo demás, el documento da a entender que los defensores de una ley de eutanasia afirman que la vida pierde dignidad por el mero hecho de sufrir (5), que el dolor y el sufrimiento “se deben eliminar a toda costa” (5), “a todo precio” (9), y que convierten “la ausencia de dolor en el criterio exclusivo” de la dignidad de la vida (9)”.

Todo ello es enteramente falso. La eutanasia se plantea solo para aquellos casos en los que el sufrimiento insoportable o el estado de la persona (por ejemplo, una vida vegetativa…) impiden un mínimo de calidad de vida humana. Y solo por libre decisión del propio paciente o de la persona que la representa autorizadamente. Nadie afirma que cualquier dolor haya que eliminar a toda costa, ni que la ausencia de dolor sea “el criterio exclusivo” de la dignidad de la vida. Depende del dolor y de las condiciones en que se elimina.

Me parece no solo peligroso sino también teológicamente falsa la afirmación de que “por Cristo y en Cristo se ilumina el enigma del dolor y de la muerte, que fuera del Evangelio nos envuelve en absoluta oscuridad” (51). Igualmente, peligroso y falso me parece decir que, en “la providencia amorosa de Dios respecto a cada persona”, “el dolor —aunque no podamos explicarlo en toda su amplitud y profundidad— tiene un sentido” (53). No puedo creer en un Dios que permitiría o provocaría nuestro sufrimiento por alguna razón que solo El conoce. Y considero muy problemático hablar de “quien ha captado la dimensión sobrenatural del sufrimiento” (52), y muy aventurado afirmar que “sin sentido de trascendencia, el ser humano tiene mayor dificultad para afrontar el sufrimiento y el dolor (14), a no ser que se deje claro, cosa que no sucede, que el “sentido de transcendencia” no está ligado a ninguna religión. Es necesario aprender a sufrir, como aprender a morir, pero es engañoso recurrir a “Dios” para encontrar el por qué del sufrimiento.

Libertad de decisión

El documento de la CEE incurre en una burda tergiversación cuando dice desde el principio que “lo que subyace al actual debate es un concepto de libertad concebida como voluntad absoluta desvinculada de la verdad sobre el bien” (1). Y es víctima de un grave malentendido cuando afirma que “la vida humana es un bien que supera el poder de disposición de cualquier persona o institución” (59); lo dice una institución eclesial que ha dispuesto de la vida humana más que ninguna otra en la historia. El “Dios” de los obispos sigue siendo el monarca supramundano a cuyo poder está sometida la vida, la libertad y el destino de los humanos y de todos los seres.

Fatal malentendido antropológico y teológico

Mientras no cambien esa imagen de Dios, la jerarquía eclesiástica será sembradora de verdades y de normas divinas más que sembradores de esperanza.

La gran encrucijada. Crisis ecosocial y cambio de paradigma

Miguel Ángel de Prada

El final de 2019 está siendo prolífico en acontecimientos referidos al tema del texto que vamos a comentar. El propio autor, Santiago A. Cantalapiedra, comienza citando el 6º Informe de la ONU sobre Perspectivas del medio ambiente mundial, presentado en Nairobi en el mes de marzo, en el que «los resultados obtenidos son tan claros como desalentadores: la situación global del planeta ha empeorado sustancialmente desde que se publicó la 1ª edición hace más de 20 años». Se constata que ha avanzado la concienciación sobre algunos problemas, pero también que los países no están caminando en la dirección adecuada. En suma, «la gravedad y celeridad del deterioro ecológico hace que solo podamos actuar ya sobre la amplitud de la tragedia».

En noviembre, la revista BioScience publicó un nuevo informe sobre el cambio climático que revisa la literatura de los últimos 40 años y ha sido avalado por más de 11 mil científicos de todos los países. El informe declara la “emergencia climática” ante la cual «los científicos tienen la obligación moral de avisar con claridad a la humanidad de cualquier amenaza catastrófica». Para salir al paso de esta emergencia proponen 6 medidas dirigidas al cambio de ‘modelo energético’, los ‘contaminantes’ (también los de corta vida), el cuidado de la naturaleza, el cambio de modelo de producción y consumo de alimentos, el cambio en la medida del crecimiento y el modo de conseguirlo (energías limpias); y el reto dispar de la demografía en el Sur y en el Norte. Pero los 6 puntos, en opinión de D. Vieites, del CSIC y uno de los científicos firmantes, se reducen a uno: ‘la necesidad de un cambio social masivo’. También para P. Acebes, de la UAM y firmante del documento, los 6 puntos están íntimamente unidos y son interdependientes, por lo que todo se resumiría en una idea: ‘el planeta es finito, y los recursos, limitados’. La consecuencia es nuestra responsabilidad. Y qué decir de la celebración en Madrid de la COP25 en los primeros días de diciembre. ¿Otra COP política y otra decepción ciudadana? Ante eso se ha celebrado una antiCumbre ciudadana con una gran movilización intergeneracional, exigiendo actuar ya ante la ‘emergencia climática’ declarada recientemente por la UE y el propio gobierno español.

El texto de Santiago A. Cantalapiedra, como el informe de los 11 mil científicos, recoge y sistematiza las múltiples perspectivas que presenta en el momento actual la denominada ‘emergencia climática’ para incidir en que no se trata de crisis aisladas, sino que constituyen una ‘crisis de civilización’. Crisis general que estalla en diferentes frentes y atañe a todo el sistema capitalista. En feliz expresión «No existen dos crisis separadas, una social y otra ambiental, sino una única e inseparable crisis o la crisis de las muchas crisis» (p. 12). A ello se dedica la I Parte. La crisis Ecosocial (pp. 17-65). Las formas de denominar esta situación pueden parecer grandilocuente, pero se ajusta a lo real: la gran Fractura; la gran Recesión, la gran Involución y el gran Vaciamiento. Como conclusión, ‘la democracia se encuentra asediada por el capitalismo’.

En la Parte II. Cambio de época y Nuevo orden (pp. 67-139), se aborda el gran cambio producido en la ‘era del antropoceno’, cuando la acción humana incide tan negativamente en el equilibrio ambiental, y el ‘nuevo orden social’ resultante está siendo autoritario, involutivo y motor de expulsiones de población de sus tierras y hasta la propia biosfera estaría siendo expulsada de su espacio vital, como recuerda S. Sassen, ‘para encontrarnos con tierras y aguas muertas’.  El ‘nuevo orden‘ supone la era de las consecuencias del cambio producido: las pulsiones extractivistas y el modo de vida imperial. Ahora ya nos encontramos ante el reto de asumir responsabilidades y lograr articular otras propuestas, que será el tema de la III Parte. Pero antes quisiera volver sobre el capítulo 7 de la II Parte por la novedad temática que puede suponer para algunos lectores: ‘El capitalismo en la era digital’. Partiendo de la situación actual de una ‘economía de los datos’, gestionados por el big data, y de la mercantilización del nuevo espacio de la información y el deseo humano, llegando al modelo de capitalismo de plataformas que no producen valor, sino que lo extraen, las consecuencias son ahondar la crisis ecosocial, la precarización laboral y la inseguridad social. La última Parte reclama El cambio de Paradigma (pp. 141-203): pasar de las necesidades del capital a las necesidades humanas, y saltar desde el desarrollismo al ‘buen vivir’. En suma, se proclama que los recursos económicos estén al servicio de la calidad de vida de las personas y de los pueblos.

Llegados hasta aquí podemos decir que el texto de Santiago A. Cantalapiedra ha conseguido presentar de modo breve (en menos de 200 página) un recorrido bien articulado, bien documentado y bien presentado de la preocupación que da lugar al título La Gran Encrucijada. Un texto recomendable como introducción a los retos y a las posibles salidas, implicativas de cambios personales y sociales. Pero, además, los lectores se van a encontrar con un último capítulo; todo un descubrimiento: Capt. 11. Las religiones como eco-sofías (págs 171-203). Escribir de religiones, hoy día, puede llegar a ser un acto de valentía en el debate sobre la conservación del planeta y es casi una extrañeza. Decimos ‘casi’ porque el autor presenta las múltiples fuentes en que se basa: K. Löwy, K. Armstrong, X. Zubiri, J. Riechman, T. Eagleton, I. Gonzalez Faus, J. Mª Mardones, Jon Sobrino, H. Küng, R. Díaz Salazar, Z. Bauman, E. Torralba, B. Sousa de Santos, L. Boff, J. Dominguez, M. Fraijo, I. Ellacuría, E. Dussel, F. Houtart, J. Hinkelammert, y tantos otros que han ido cimentando el camino. Entre ellos, los lectores de Éxodo podrán reconocer a muchos colaboradores habituales. La aproximación que se realiza a la religión tiene que ver con la situación actual, con la valoración de éstas como saberes sapienciales y con la necesidad de generar nuevas subjetividades para afrontar el atolladero civilizatorio en el que nos encontramos. El eje central de este capítulo y la conclusión es que «vivimos tiempos críticos en los que desperdiciar experiencias y saberes puede ser, además de un acto de ignorancia, un grave error» (p. 197). La reflexión trata de recuperar conceptos tradicionales de las religiones, como conversión personal y colectiva, pero el redescubrir estos conceptos y las herramientas de las religiones como sabidurías que sirvan de eje a las conductas y mentalidades hacia la sostenibilidad, no debe hacerse como un retorno al pasado, sino una vuelta por el pasado en dirección a un futuro emancipador. Incluso se precisa integrar las cosmovisiones de pueblos colonizados con lo mejor de la modernidad (no eurocéntrica) y del pensamiento científico y técnico. Tenemos el reto de elaborar una ecología de saberes. En suma, para afrontar la gran crisis no sobra nada. Pero no toda religiosidad es válida, sino las que proclaman valores y visiones contrahegemónicas: las teologías liberadoras, políticas en el sentido de cerrar las fisuras entre discursos y prácticas. Las teologías y religiosidades pluralistas, de la liberación, poscoloniales y feministas pueden alumbrar una ética planetaria donde la espiritualidad y la ética de la tierra, de la Gran Madre, del universo como una realidad pan-relacional, serán hermanas gemelas.

Casi como un apéndice de este cap. 11, se aborda la encíclica de Francisco Laudato si (pp. 197-203), de la que se resalta ser la primera encíclica ecosocial de la historia con una visión de la ecología integral, que culmina en la llamada a la ‘conversión ecológica’: cambios en la forma de percibir la naturaleza y cambios profundos en los estilos de vida, modelos de producción y consumo, y en las estructuras consolidadas de poder en el sistema actual (capitalista). Bueno, esta categoría no aparece en todo el texto de la encíclica y sería uno de los límites, al no entender el sistema existente como sistema de explotación y dominación, junto con la falta de reconocimiento de las mujeres. Pese a todo, las aportaciones son más que las limitaciones y la ‘sabiduría que destila’, siguiendo a J. Hinkelammert, surge de la experiencia de una derrota como la esperanza cristiana surge de la experiencia de un fracaso (…). La esperanza que alienta las religiones proféticas permite mirar al futuro sin negar los nubarrones que se ciernen sobre el presente’. Es el núcleo de la espiritualidad de la esperanza.

A propósito del Sínodo amazónico

Evaristo Villar

El Sínodo que se está celebrando en estos días en Roma (6 al 27 de octubre 2019) y cuyo tema es La Amazonia, Ecología integral: misión de la Iglesia, me suscita algunos interrogantes como los siguientes: ¿hay motivos para esperar un nuevo impulso de renovación espiritual en la Iglesia católica o la férrea coraza de su estructura acabará apagando este nuevo intento?

Es importante el eco que este evento está suscitando entre las capas sociales más conscientes y comprometidas en momentos que, como el actual, el contexto geopolítico no es precisamente prolijo en buenas noticias: arde el Planeta y sin haber salido aún de la crisis sistémica de comienzos de siglo ya se están dibujando nubarrones de la nueva que se acerca. En este contexto “preinvernal”, ¿será capaz de proyectar este Sínodo, en una gran parte de la humanidad, una “primavera” similar a la que siguió al Vaticano II y a la Conferencia de Medellín de los años sesenta del pasado siglo?

Algunas amenazas. La transcendencia de este acontecimiento se detecta no solo externamente en la oposición de los organismos financieros, económicos y políticos, sino también en el clericalismo interno que pretende descalificar doctrinalmente el Instrumentum laboris del sínodo como herético y panteísta, apóstata e insensato. A la vista de tales descalificaciones es indudable que su convocatoria no está pasando desapercibida para estos grandes lobbies de intereses privados. En el fondo, se trata de descalificar el magisterio del papa Francisco, expresado en documentos tan relevantes como la Evangelii Gaudium, Laudato Si o Episcopalis Conmunio donde, más allá de una “ecología verde”, el papa aboga por una “ecología integral”.

Los grandes aciertos
. Contrariamente a las descalificaciones, los aciertos de la convocatoria de este sínodo podemos concentrarlos en dos planos: el “lugar simbólico” elegido como referente y “la vida plena” que se dado como tema dominante.

1º Defensa de la Amazonia. Dejó dicho Gandhi que “la tierra es suficientemente grande para alimentar a la humanidad, pero pequeña para saciar la codicia de unos pocos”. El agronegocio y las grandes empresas mineras están confirmando en muchos lugares del planeta, y principalmente en la Amazonia, este aserto. Vale la pena recoger la descripción que organizaciones internacionales como la Rede Eclesial Panamazónica y Amerindia hacen de este espacio emblemático:

“La Amazonia es un territorio que se extiende a través de nueve países: Brasil, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Venezuela, Suriname, Guayana y Guayana Francesa. Tiene casi 8.000.000 Km2 que forman un bioma, eso es, un sistema vivo de interacciones orgánicas, esencial para el equilibrio del planeta. Cada metro cuadrado del bioma de la Amazonia tiene más diversidad que cualquier otro lugar del planeta. En esa región, viven 35 millones de personas, dispersas por la selva, las orillas de los ríos, por los campos y también grandes ciudades. De esa población, casi tres millones pertenecen a pueblos indígenas que intentan mantener sus culturas propias y hablan 340 idiomas diferentes. Ellos se relacionan armoniosamente con la naturaleza, con otros humanos y con Dios. Forman comunidades, agredidas en su conexión con la Tierra y en sus valores culturales y espirituales. La inmensa diversidad de vida (la biodiversidad) garantiza a todos alimentos, medicinas, aceite y otros regalos que ni siquiera se pueden calcular. El bioma regula la distribución de lluvia en todo territorio brasileño y aún por Uruguay, Argentina y Paraguay… Basta saber esto para darse cuenta de que la preservación y defensa de la Amazonía es fundamental para el equilibrio del clima del planeta”.

2º Defensa de la ecología integral. El empeño por sintonizar con una de las grandes sensibilidades de la sociedad informada actual, esto es, la defensa del planeta, es otro de los aciertos de esta convocatoria. La presencia de la juventud, siguiendo la llamada de la joven activista sueca medioambiental Greta Thumberg, está llenado nuestras calles y plazas. Pero, más al fondo, el sínodo en un intento de superar la lógica antropocéntrica, utilitarista y explotadora del planeta, apuesta por una “lógica ecocéntrica”, es decir, de respeto a “la vida integral” de la tierra y de la humanidad; no como entidades contrarias, yuxtapuestas o superpuestas, sino como supraorganismo vivo, inter-retro-conectado y portador sentido. La vida del ser humano no sería posible sin esta sinergia y conexión con el planeta tierra.

Otros temas también esenciales. Este motivo capital viene orquestado con otros temas que, sin ser centrales, son esenciales para mantener “la misión de la Iglesia” en la hora del mundo actual y la defensa de la ecología integral. Se trata, más allá del celibato (un carisma siempre importante en la Iglesia), del perfil del sacerdocio ministerial en relación con la Eucaristía, sustentado por hombres y mujeres capaces de mantener viva la comunidad cristiana. Dada la actual situación de la Iglesia católica, ambos temas, sacerdocio y celibato, serán objeto de debate y discernimiento en las sesiones del Sínodo. ¿Estarán sus decisiones a la altura de las expectativas que han suscitado?

Europa desalmada. ¿Qué hacer con la Unión Europea?

Evaristo Villar

José Antonio Pérez Tapias
Europa desalmada
¿Qué hacer con la Unión Europea?
Colección Contextos. Lengua de Trapo y Ctxt

La perseguían los nacionalismos y el neoliberalismo la raptó. Esta frase, que enmarca el comienzo del libro, resume lúcidamente la visión de Pérez Tapias sobre la UE actual. Su descolocación en el contexto mundial y su incapacidad para ubicarse en un mundo globalizado, su manera antidemocrática de afrontar la crisis económica y el crecimiento de las desigualdades sociales, su inadecuada respuesta a la cuestión migratoria y la crisis de los refugiados y las graves deficiencias para abordar el terrorismo yihadista demuestran suficientemente que el proyecto de Europa ha muerto. “Se mantiene por razón del euro, pero con ello no salvará su alma”.

Se necesita “reinventarla de nuevo”, convencido –con Étienne Balibar– de que, ante los grandes desafíos que Europa tiene planteados, “lo imposible es necesario”. Y en este camino se pregunta “¿cómo ser Europa después de Europa?” Su respuesta va ofreciéndola a lo largo del libro.

El síntoma agónico de una Europa en discordia. El “terremoto del brexit” ha sido fruto no solo de la xenofobia y del sueño neoimperialista del UPK, también de la burocracia europea y de su creciente déficit democrático. La reconstrucción solo será posible desde la superación de las “identidades excluyentes” y la construcción de “un marco supraestatal de las soberanías compartidas en aras de un proyecto común” (22)

Camino de servidumbre: cómo el TTIP y el CETA evidencian una Europa contradictoria. Los Tratados de “libre” comercio representan la servidumbre de la política a las grandes corporaciones transnacionales. El intento, actualmente paralizado, del TTIP (entre la UE y EEUU) y el CETA (UE y Canadá) representan la pretensión neoliberal de desregular totalmente los mercados ya sean del capital, de bienes y servicios y del trabajo. “El libre comercio es la cuartada para maniatar la democracia” (26). La UE necesita defenderse de la presión que ejercen estos monopolios sobre los Estados y los políticos.

Resistencia de Antígona y advertencia de Ulises. El sacrificio de Grecia y la Europa que se desintegra. En el rito sacrificial organizado por la Troika con Merkel de gran sacerdotisa, Grecia (por su inmensa deuda externa) fue el chivo expiatorio para aplazar al dios capital. Ningún ángel llegó a salvarle, como a Isaac, a última hora… Pero el “no” del referéndum del pueblo griego, como la desobediencia de Antígona a la despótica ley de Creonte, quedará como un hito ante el despotismo de la tecnocracia. Porque –podría decir Ulises– “¿de qué le sirve a Europa salvar el euro, si pierde su alma?” (37)

La alergia al otro y la Europa que se avergüenza de sí. No se resuelve políticamente el fenómeno de la inmigración y refugio levantando nuevos muros en la frontera, ni campos de concentración dentro y fuera de su espacio físico. No se puede seguir cerrando los ojos al cementerio del Mare Nostrum… La UE, por dignidad y justicia, necesita superar “la alergia al otro”, recordando la inmigración y colonización pasadas, así como la actual neocolonización.

El terror de una guerra espectral. Ante el “terror yihadista” indiscriminado y martirial, y ante el infierno sirio… mayor unión de Europa, neutralización de las causas y reconstrucción de la democracia robada a las víctimas.

La amenaza del nuevo fascismo no solo por el “gobierno de los banqueros”, sino también por el “encanallamiento” de los Estados que recortan la democracia e imponen la posverdad. “El trumpismo” que conduce directamente al fascismo y la xenofobia tienen su correlato en Europa. Solo desde la solidez de una sociedad anclada en los principios de verdad, libertad, igualdad y fraternidad se podrá hacer frente al sentimiento y simplicidad de tal amenaza.

¿Europa después de Europa? “El proyecto de Europa está muerto” (87) y ni siquiera la “Grosse koalition” alemana con el liderazgo de Mérkel ha conseguido reanimarlo. Será tarea de los poetas resucitar un nuevo proyecto que rescate la memoria de la mejor alma europea, articulando libertad e igualdad con justicia, integrando la inmigración, escuchando la voz que llega desde África y toda la verdad de la historia realizada en AL.

El libro se cierra con una entrevista hecha al autor por Miguel Mora, director de Contexto y Acción, donde fueron apareciendo inicialmente los temas presentados, y ahora reelaborados, de este libro.

Libros de Éxodo

Benjamín Forcano

José Mª Castillo, El Evangelio marginado, DDB, Bilbao, 2019

El tema abordado por el autor es el siguiente: “Afirmo que la Iglesia vive en una contradicción que es la peor de todas en las que puede vivir. Porque se trata de la contradicción entre la Iglesia y el Evangelio” (p. 11).

La contradicción la experimentó el mismo Jesús al entrar en conflicto con las autoridades religiosas de su pueblo: los sacerdotes: “Los más religiosos y observantes del judaísmo del siglo primero no soportaron a Jesús, lo consideraron como un peligro de muerte para ellos mismos” (p. 16). Pero, según Casillo, el conflicto no acabó entonces, sino que continúa perpetuándose en la Iglesia de hoy (cfr. p. 18).

  1. ¿A qué se renuncia cuando se margina el Evangelio?

Los discípulos de Jesús lo son, primero de todo, porque son llamados a vivir en unión íntima con su persona. Como él, asumen una nueva manera de entender y vivir la vida, que equivale a proclamar el reino de Dios, a desvelar el plan salvador del Padre.

Seguir a Jesús es asumir su proyecto de vida

A la clase sacerdotal de Israel le caracterizaba la alianza con el poder político de Roma, que ellos ejercían desde la enseñanza del poder religioso. Y eso es lo que a Jesús le predisponía en contra, porque el poder crea clases, una, que impone y disfruta, y otra, que debe someterse y soportar toda suerte de sufrimientos (p. 100).

Jesús, con su vida, alteró el orden del imperio y de la religión. Los denunció día a día, pues una minoría social acaparaba la mayor parte de la riqueza. Su estilo de vida era desestabilizador y solía castigarse con el cruel castigo de la crucifixión.

¿Cuándo se inició el desconocimiento y marginación del Evangelio?

Según Castillo: “El primer hecho extraño que ocurrió ya en los orígenes del cristianismo, por lo que se refiere a la relación entre la Iglesia y el Evangelio, consiste en que la iglesia nació, se organizó y empezó a vivir y actuar sin conocer el Evangelio de Jesús” (p. 19).

La Iglesia es mencionada diversas veces por San Pablo en sus Cartas, escritas antes de los años 60. Pero Pablo no habla nada en ellas del Evangelio de Jesús. Por dos razones, porque no conoció personalmente a Jesús y porque los Evangelios no aparecen escritos hasta después de los 70, cuando Pablo ya no pudo conocerlos.

Pablo pensó y organizó la Iglesia sin el Evangelio, es decir, sin destacar el ámbito humano de Jesús, sí el ámbito divino, referido al Hijo de Dios, resucitado de entre los muertos. Lo divino tenía más peso y a lo divino debía supeditarse todo lo humano.

En el pensamiento de Pablo, Jesús murió por nuestros pecados para redimirnos mediante un sacrificio expiatorio de sangre, cambiando así lo que fue la vida de Jesús un recuerdo peligroso, por un sacrificio redentor, llegando a sustituir el sacrificio existencial de Jesús por el sacrificio ritual de los sacerdotes y del templo: “Pablo se atiene más bien al sacrificio ritual, que es el que ha prevalecido en la teología de la salvación, de la liturgia y de la vida de la Iglesia, como si Dios necesitara el “sacrifico” y la “expiación” del Crucificado para redimir al hombre del pecado” (p. 25).

A pesar de todo, nadie puede negar la importancia del apóstol Pablo en los orígenes y expansión de la Iglesia, la cual, gracias a él, logró convertirse en una religión universal.

Pero resulta igualmente cierto que su expansión en la cultura del Imperio tuvo un precio muy alto: “Un precio del que Pablo no pudo darse cuenta por la sencilla razón de que no conoció a Jesús ni se había enterado de su historia en este mundo. De ahí que lo más probable es que Pablo no estuviera informado del enfrentamiento que Jesús vivió con la religión y que le llevó a la muerte en cruz” (p. 41).

Libros de Éxodo

Sergio Álvarez Davó

Michael Löwy, Cristianismo de liberación. Perspectivas marxistas y ecosocialistas, Barcelona, El Viejo Topo, 2019.

En esta obra, Michael Löwy analiza la configuración del cristianismo de liberación. Para realizar este trabajo, revisita en primer lugar el pensamiento sobre la religión de los principales intelectuales marxistas. Más allá de Marx y Engels, otorga especial relevancia a las obras de  tres marxistas innovadores: Ernst Bloch, Walter Benjamin y José Carlos Mariátegui. Ellos se interesaron por un tipo de catolicismo que presentaba una crítica y una “afinidad negativa” con el capitalismo. A estos autores les dedica varios capítulos en los que expone brillantemente la originalidad de sus planteamientos sobre religión y liberación.

Walter Benjamin relaciona teología y marxismo, mesianismo judío y materialismo histórico, lucha de clases y salvación. Desde esta relación efectúa una crítica a la modernidad y al progreso tecno-científico en nombre de valores modernos como la igualdad y la democracia. La influencia de Max Weber en Walter Benjamin se percibe en su concepción del capitalismo como una religión del culto perpetuo al dinero concebido como un “dios Plutón”. Según este autor, el materialismo histórico es incapaz por sí solo de ganar la partida al capitalismo. Por ello, necesita establecer una relación dialéctica con la teología que, aunque resulte “fea” en la modernidad, es la única que puede aportarle un espíritu vivificante. De forma parecida, Ernst Bloch piensa que la religión mesiánica representa la quintaesencia de la utopía. Considera que es necesario hacer inmanentes los deseos religiosos de esperanza. Esto se lograría fusionando las corrientes fría y cálida del marxismo y subordinándolas: el frío análisis debe ponerse al servicio del fervor religioso revolucionario.

Löwy relaciona el pensamiento de Ernst Bloch y Walter Benjamin con el del marxista peruano José Carlos Mariátegui. Aunque este último no conocía las obras de los anteriormente citados, existe un parecido en sus ideas. Esto se debe a que estos autores son herederos del romanticismo, entendido como contracorriente de la modernidad que impugna el advenimiento de la civilización moderna del progreso a toda costa en nombre de valores antiguos y religiosos. Ellos no reivindican una regresión a un pasado idealizado, sino una alternativa hacia un futuro mejor. Este es el sentido de la reivindicación del “comunismo inca” realizada por Mariátegui. Este autor pretendía superar las dicotomías místico/secular e idealista/materialista. Influenciado por Unamuno y Sorel, subraya la dimensión agónica y mítica del socialismo. Un socialismo comprendido como una agonía revolucionaria, una nueva vía de reencantamiento del mundo, un nuevo mito heroico que proporciona sentido a la vida allí donde el capitalismo se lo arrebata.

El pensamiento de Walter Benjamin, Ernst Bloch y José Carlos Mariátegui se cristaliza en América Latina dando lugar a una importante corriente de pensamiento: la Teología de la liberación. Michael Löwy destaca que esta corriente es la reflexión teórico-práctica de un amplio movimiento social latinoamericano mucho más complejo al que denomina “cristianismo de liberación”. Se trata de un movimiento transversal que no se entiende sin la influencia de pensadores heterodoxos socialistas y sin la autoorganización de los laicos cristianos en comunidades eclesiales de base. El cristianismo de liberación afirma que su opción preferencial es la lucha por los pobres, pero no como objetos de caridad, sino como sujetos de su propia liberación, tomando el libro del Éxodo como paradigma.

El análisis de este movimiento cristiano que realiza Löwy nos proporciona un brillante ejemplo de las posibilidades que la religión emancipadora presenta en la esfera pública. Es indudable que la contribución del cristianismo de liberación ha sido imprescindible para la victoria de numerosos movimientos y partidos izquierdistas en América Latina. Asimismo, en las páginas finales de este libro se nos presenta la propuesta ecosocialista defendida por teólogos de la liberación y por el propio Michael Löwy. Forma parte de la implacable crítica del cristianismo de liberación al capitalismo depredador que acaba con la Tierra como Pachamama y con la forma de vida de los pueblos indígenas y campesinos que viven en ella. Sin duda, por el ritmo que lleva este proceso destructor, por el clamor medioambiental que se escucha en diversos lugares del mundo y por las luchas ecologistas existentes, este libro de Michael Löwy deberá ser releído muchas veces en estos tiempos.

Comunidad Santo Tomás de Aquino, Madrid. Una experiencia cristiana en la brecha

Evaristo Villar

Ante lo que nos está pasando en este primer cuarto del s. XXI, muchos pensamos que, tanto desde el plano de la razón como desde la fe, necesitamos “proyectar espacios de esperanza” para recobrar el sentido y no detener violentamente el curso de la historia.

Necesitamos hacer frente a la “posverdad” que se está instalando como táctica en los discursos de nuestros dirigentes políticos y necesitamos deshacer las falacias de los medios y redes de desinformación que están contaminando a la ciudadanía. ¿No es un contrasentido que el coste de estos medios de desinformación esté recayendo, en gran parte, sobre la espalda del honrado contribuyente?

Es necesario hacer oír, también, nuestra voz ante los silencios políticos de las jerarquías religiosas. Porque hay silencios que desconciertan y escandalizan la buena fe de los creyentes. ¿Callarse ante el proceso de exhumación del dictador del Valle de los Caídos y sobre el parasitismo de una familia cobijada bajo las hazañas lucrativas de un abuelo sanguinario? ¿Cómo querer normalizar cristianamente a un golpista que lleva sobre su espalda tantas muertes aun no honradas?

Necesitamos saber si el presidente de la CEE, por ejemplo, se va a reunir en Roma a fínales de este mes de febrero con los titulares de todas las conferencias episcopales del mundo para tratar sobre la pederastia sin haber recibido a las víctimas, como es voluntad del papa. Necesitamos saber qué alcance van a tener los pronunciamientos de algunos jerarcas sobre un sector humano, religiosamente humillado, como el LGTBI. ¿Cómo seguir dogmatizando, por otra parte, la ley eclesiástica del celibato (no hablo del celibato opcional)? ¿O cómo seguir defendiendo, contra la sensibilidad actual, las inmatriculaciones hechas al amparo de una ley franquista?

Me viene a la memoria la decidida postura del Jesús del Evangelio de Marcos frente a las prácticas inhumanas de los dirigentes de su tiempo y, sobre todo, ante su torpeza para discernir los “signos de los tiempos”: “Tienen ojos para ver, dice, y no ven, tienen oídos para oír y no oyen” (Mc 7 y 8).

Y es que hay una imagen del mundo y de las estructuras de las iglesias que está cayendo y otra que está emergiendo. El futuro no es ya una ficción, es una realidad. Por más que la filosofía política y otros intereses quieran amarrar nuestros pies a una realidad que se pretende inamovible, la utopía ya está entrando por la puerta. El cambio de era supone un cambio de página también en la Iglesia. Y la responsabilidad no está solo en los profetas que lo vienen anunciando, sino principalmente en los dirigentes que parecen no “estar en el tiempo”. ¡Hay una Iglesia que se mueve y otra que se muere!

La Comunidad de Santo Tomás de Aquino, un presente con memoria y promesa

Tiene una larga historia. Más de 30 años luchando por reformar la sociedad y la Iglesia. No voy a relatar su largo y laborioso proceso de transformación desde la Parroquia Universitaria de Madrid hasta la comunidad que es hoy. Hay algún libro que hace puntualmente este relato. Me refiero al titulado Una experiencia comunitaria de liberación, editado por Ediciones Khaf del Grupo Editorial Luis Vives en 2012. Me limitaré, por razones de espacio, a recoger la impresión que reflejan sobre esta comunidad dos de los obispos profetas y testigos vivos más destacados entre los cristianos y cristianas españoles y latinoamericanos. Me refiero al obispo claretiano y poeta Pedro Casaldáliga y al obispo agustino Nicolás Castellanos, que renunció a la diócesis de Palencia para irse de misionero en Bolivia. Casaldáliga hace la presentación del libro y Castellanos, el epílogo.

Pedro Casaldáliga. “Este libro es una crónica evangélica y evangelizadora, unos Hechos de los apóstoles, un testimonio de una comunidad viva, adulta, corresponsable, encarnada en la hora y en el lugar, en un proceso a veces conflictivo, pero siempre suficientemente lúcido y esperanzado”… No se trata de una comunidad que vive solo algunas dimensiones cristianas y que podría olvidar otras mayores. El libro recoge los apartados mayores del proceso y reafirma el cultivo diario de la formación permanente, de la dimensión celebrativa y de los compromisos colectivos.

Hay que leer este libro, esta crónica de los hechos de los apostólicos en hora y lugar bien concretos y desafiadores, con voluntad fraterna de compartir su riqueza espiritual ayudando a tejer “la red de comunidades” y cultivando siempre las dos grandes dimensiones de la mística y la militancia. Difícilmente encontraremos otras comunidades con la madurez y la fidelidad con que esta comunidad querida está viviendo el Evangelio.

Yo tengo fuertes lazos afectivos y pastorales con esta comunidad madrileña (y mundial). La solidaridad ha sido siempre y seguirá siendo una especie de sacramento a orillas del camino para esta comunidad solidaria y samaritana. El libro termina apelando a Jesús de Nazaret, nuestro Camino, Verdad y Vida. Porque si algo ha de crecer en cada uno de nosotros y en nuestras comunidades, es la pasión por el Jesús del Evangelio y por los pobres del Reino”.

Nicolás Castellanos. “La Comunidad de Santo Tomás de Aquino se interroga como nos interrogamos muchos: ¿cómo ser cristiano en una sociedad marcada por la pluralidad social, política, moral. cultural, religiosa?; ¿cómo ser creyente en una Iglesia, al decir de mucha gente conspicua, anquilosada en el pasado, carente de un discurso atractivo para la sociedad de hoy, con crisis demoledora, inmersa en un “invierno eclesial”, escasamente valorada entre las demás instituciones, al menos en España, sin conectar con la nueva cultura del diálogo democrático, de tolerancia y pluralismo?

En su respuesta, se diseña el camino por los raíles del Evangelio y del Concilio Vaticano II, y se muestra el rostro de otra manera de ser Iglesia enamorada, esposa, madre, samaritana, que camina del brazo de Dios en el tiempo y en a historia y se mueve con agilidad en la cultura actual.

Se trata de un relato humano y humanizador, teológico, teologal y pastoral, liberador y transformador. En esta comunidad corre la vida a borbotones, se hace praxis el núcleo fundamental cristiano. Se plasma en el seguimiento y discipulado de Jesús, que expresa la cercanía de Dios Padre, Madre, Ternura, Misericordia, Amor; se experimenta la pasión por el Reino, se vive la opción evangélica por los pobres, y se expresa la profecía y se vive en parresía. Y en este proceso, no han faltado nunca las huellas martiriales. Ya lo decía Peguy: ‘Tener la verdad es empezar a sufrir; defenderla es empezar a morir”.

 

Desde el último banco. Las mujeres en la Iglesia

María José Arana

Situada “en el último banco” de la Iglesia, Lucetta Scaraffia observa atentamente muchos aspectos de la Iglesia Católica. El lugar desde el que se otea el horizonte no es indiferente porque como señalaba Engels, no es lo mismo mirar y sentir la realidad “desde una choza que desde un palacio”, así que “el último banco” descubre muchas cuestiones imperceptibles desde otros lugares.

Lucetta se acomoda ahí para observar y hablar de la realidad de la Iglesia desde su condición de mujer bien asumida que afina su mirada y sensibilidad, y desde su condición de católica, interiorizada, y amada. Y ese amor a la Iglesia, palpita en todo el ensayo y desde él, sólo desde él, mira con esperanza hacia el futuro.

Otra perspectiva importante en la que se sitúa esta historiadora, evidentemente es la de la historia, echando de menos esta dimensión en la práctica y visión eclesiástica: “La Iglesia (Institución), no ama la historia” (p. 20), y es que sin ella se distorsionan y se pierden muchos aspectos, entre ellos los que tienen que ver con la propia identidad eclesial; esta pérdida “significa sustancialmente no saber quién se es” o como diría Bernard Lonergan, olvidar esto es como el que padece “amnesia” y se olvida de quién es; es perder el sentido del desarrollo “en el tiempo y perder el nexo con los contextos culturales y sociales en los que fueron vividas y elaboradas estas cuestiones”, aleja de la realidad, empobrece y deforma la investigación… , y que tristemente la Iglesia ha ignorado.

Así pues, la autora entra a muy grandes rasgos desde la Historia y se fija en puntos tan importantes como la formación, la mística, los ministerios, teología, el reparto de poder, e incluso medioambiente, etc., así como otras desventajas y desigualdades que pesan sobre ellas. También se va “encontrando” en “visita rápida” con algunas mujeres de Iglesia más significativas de distintas épocas, sacando a la luz cuestiones conocidas y menos conocidas de la vida y significado de aquéllas en la Tradición Cristiana y del Evangelio. Ese amor a la Iglesia la lleva a descubrir riquezas muy poco exploradas y promueve entrar en ellas desde una mirada femenina para encontrar respuestas, hoy, ahondando en la Tradición para intentar hallar raíces que orienten el futuro…

Un recorrido ágil que va recogiendo aportaciones de pensamiento, místicas, teológicas e incluso biográficas de estas mujeres a las que sin duda y como ella pone en evidencia, la Iglesia no les ha prestado atención ni oído desperdiciando un precioso bagaje de sabiduría y gracia. . Y lo hace contextualizando bien y teniendo en cuenta la mutación profunda de la Humanidad por caminos sociales y, sin duda, también antropológicos.

Son recorridos valientes que evidencia con claridad la riqueza que se pierde –“tesoro ignorado”–, así como las situaciones de desigualdad e inferioridad que ellas han padecido.

Scaraffia no olvida el ámbito de la espiritualidad e incluso de la santidad al que las mujeres no han dejado de aportar generosamente a la Iglesia y en la Iglesia. Recogerlo es un arte, una filigrana de gran valor que aporta un talante inestimable al texto. Desgraciadamente este ámbito suele olvidarse con excesiva frecuencia. Sería muy interesante continuar entrando y descubriendo lo que la autora insinúa como “la santidad nueva”…

Un asunto de incuestionable centralidad en la vida humana y en la preocupación de la Iglesia y especialmente de las mujeres católicas es el de la sexualidad en sus diversos aspectos, ámbito al que la autora dedica el mayor espacio.

Aborda cuestiones tan candentes como la “revolución sexual”, el aborto y su legalización señalando como el punto más dramático al vincular este “derecho” con el de libertad y emancipación de las mujeres, la píldora y anticonceptivos, con la consiguiente separación entre sexualidad y procreación; se asoma a otras cuestiones como homosexualidad, bioética y reproducción asistida, concepción de la igualdad y consecuentemente de la teoría de género (punto en el que a mi entender quizás haría falta más y diferente aportación y profundización de la que aquí se maneja), consecuentemente aparece la cuestión de la identidad del ser humano… Y, por supuesto, la familia, tema central del Sínodo y cuestión fundamental para la sociedad y para la Iglesia.

En toda esta problemática detecta el exceso de prohibiciones, en muchos casos las carencias y echa de menos una mayor atención a la experiencia y a la voz de las mujeres. Realmente la jerarquía acusa una gran sordera y falta de sensibilidad sobre la aportación de las mujeres tan imprescindible. Pero también subraya los que considera aciertos de la Iglesia.

Lucetta se atreve a entrar, aunque sea rápidamente en algo en lo que normalmente no se suele expresar y es el hecho de que no pocos católicos /as “no siguen las normas de la Iglesia respecto al comportamiento sexual”. De hecho, sabemos que son no “solo no pocos”, sino que la cosa está muy generalizada, y por lo tanto, ¿no será éste un asunto en el que se tendría que entrar desde esta situación? Evidenciar este punto tiene una importancia capital y unas consecuencias a las que, sin duda, habría que atender con urgencia.

Hay que agradecer a Lucetta este pequeño ensayo sencillo pero lleno de sabiduría y profundidad; un trabajo sereno y valiente muy necesario hoy. En él queda bien claro que cualquier renovación de la Iglesia o/y de la sociedad civil, ha de contar plenamente con ellas, las mujeres, porque: “Si la Iglesia no recurre a este tesoro ignorado, a esta riqueza escondida, es difícil, creo yo, que pueda iniciar un plan de renacimiento para el futuro próximo”… (p. 103).