Teologías del Sur. El giro descolonizador

Fernando Bermúdez

Este  libro es una reflexión interdisciplinar sobre los desafíos más importantes que se les plantean hoy a las religiones y a las teologías. El autor, Juan José Tamayo, destacado teólogo de la liberación, se ha adentrado en un nuevo paradigma teológico, cuestionando el eurocentrismo de la teología, en actitud de diálogo con las distintas disciplinas: filosofía, antropología, sociología, psicología, ciencias sociales.

El libro es fruto de varios años de estudio, investigación y viajes del autor por los pueblos del Sur global, muy particularmente en Haití y República Dominicana.

Las páginas introductorias del libro son el pórtico que da acceso al libro y permiten una mejor comprensión del mismo. En ellas el autor ofrece la genealogía del nuevo paradigma. Señala que las religiones, sobre todo las monoteístas, tienden a dar respuestas del pasado a preguntas del presente sin ser conscientes de que cuando sabían todas las respuestas, les cambiaron las preguntas. Si quieren intervenir en los procesos históricos de liberación deben estar atentas a las nuevas preguntas, recreando el pasado.

En el capítulo primero hace un análisis histórico-crítico de las religiones hegemónicas, sobre todo, del cristianismo colonial africano, del cristianismo autista asiático, del  catolicismo romano y de la colonización del mundo islámico, que han impuesto la uniformidad y han anulado  el pluriverso  religioso y cultural de los pueblos. El cristianismo colonial, con raíces en el cesaro-papismo, es marcadamente patriarcal, clerical, autoritario, impositivo,  dogmático, legalista y monopolizador de la verdad. En América Latina, en concreto, la cruz fue imponiéndose por la espada, destruyendo las culturas autóctonas.

Sin embargo, señala Tamayo, dentro de cada credo aparecen, asimismo, movimientos de resistencia en defensa del respeto a la diversidad cultural de los pueblos y a la dignidad de las personas. En América Latina destacan las figuras de Antonio Montesinos, Bartolomé de las Casas y Vasco de Quiroga.  En  las últimas cinco décadas han surgido las teologías de la liberación que reformulan la fe del pueblo creyente latinoamericano en perspectiva emancipadora y orientan a la praxis transformadora de las estructuras coloniales injustas. La teología de la liberación se ubica en el mundo de los marginados y en el horizonte del socialismo humanista, actualmente del socialismo del siglo XXI..

La teología clásica cristiana se limitó al estudio de dogmas y con frecuencia cayó en el dogmatismo, sin tener en cuenta la realidad social o, peor aún, legitimándola. Vivió, por utilizar la expresión kantiana, en una larga minoría de edad –¿culpable?- histórica, étnica, social y patriarcal.  El autor cita al arzobispo anglicano William Temple, invitado por Juan XXIII y Pablo VI como observador al Concilio Vaticano II, quien definía al teólogo clásico como “una persona muy sensata y sesuda que pasa toda una vida encerrada entre libros intentando dar respuestas exactísimas y precisas a preguntas que nadie se plantea”. El paradigma de las Teologías del Sur, por el contrario, no pasa de largo ante los sufrimientos de los seres humanos y de la tierra, sino que busca, como el Buen Samaritano de la parábola evangélíca, aliviarlos a través del doble principio de la compasión y la liberación.

En los siguientes capítulos analiza las teologías emergentes  poscoloniales. Hace un riguroso e interesante  recorrido por las teologías del Sur global: africana y asiática, latinoamericana y negra estadounidense. Ubica cada una de ellas en sus respectivos contextos geoculturales, políticos y económicos y presta especial atención a las corrientes feministas y pos/decoloniales.

Uno de los espacios de diálogo interreligioso e intercultural en el que el autor ha abierto brecha, es la teología y la sociología del mundo musulmán, tema que en occidente es poco conocido. Señala que en algunos países musulmanes y en el seno de las comunidades musulmanas europeas y norteamericanas está surgiendo una teología de la liberación, cuyos ejes temáticos son: la crítica del monoteísmo intolerante, que desemboca en fundamentalismos, la recuperación de los más bellos nombres de Dios, misericordioso, clemente, compasivo y abogado de los pobres, la primacía de la ética de la liberación sobre el dogma y la lectura feminista del Corán.

El último capítulo, “Sumak Kawsay y teología indígena”, es una joya. Nos introduce en la cosmovisión indígena del “buen vivir y convivir” con la naturaleza, el cosmos, los antepasados, la comunidades,  todos los seres humanos. Las personas son parte del ecosistema. La cosmovisión indígena interpreta el mundo como un sistema interrelacionado y con un orden espiritual que demanda respeto y gratitud. Todo lo que está en la Madre Tierra y en el universo es sagrado.

Existe una identificación con la Madre Tierra, la Pacha Mama. El autor trae a la memoria al obispo de Riobamba y defensor de los indios, Leónidas Proaño, como referente de la teología indígena vivida, al sociólogo belga de la liberación François Houtart y su propuesta de defensa de los Bienes Comunes de la Tierra y de la Humanidad,  y al presidente del Estado Plurinacional de  Bolivia, Evo Morales, con sus diez mandamientos.

Las teologías emergentes, que expone aquí Juan José Tamayo con rigor y profundidad, son creadoras de discursos alternativos a las teologías eurocéntricas de carácter colonial, intentan responder a los grandes desafíos de nuestro tiempo, particularmente, a la globalización neoliberal, a la pobreza estructural, a la exclusión social, a la creciente desigualdad, al antropocentrismo depredador de la naturaleza, a la democracia sometida al asedio del mercado, a los fundamentalismos, al patriarcado, a los fenómenos migratorios, al racismo étnico-cultural y epistemológico, al militarismo…

Estas teologías cuestionan en su raíz los sistemas de dominación, presentan nuevas alternativas de carácter liberador y caminan por las sendas del diálogo interreligioso e intercultural, interétnico e interdisciplinar en actitud de búsqueda permanente, y lo hacen en dirección a la Utopía de Otro Mundo Posible, que constituyen la base de este libro.

Es este un libro sugerente y muy recomendable para cuantas personas trabajan por un mundo libre de dominaciones, pero sobre todo para las teólogas y los teólogos de las diferentes tradiciones religiosas y espiritualidades.

Dejar hablar al sufrimiento, condición de toda verdad. Hacia otro modo de ver, pensar y actuar…para que no se repita

Juanjo Sánchez

Estos dos pensamientos no son de Reyes Mate, sino de Adorno, pero son el nervio que atraviesa su último libro. Un libro sorprendente desde el título, El tiempo, tribunal de la historia, pero sobre todo extraño, es decir singular, interpelante… por su contenido. Un atrevido desafío al pensamiento y a la praxis, a la cultura y la política dominantes en nuestro tiempo, en Occidente.

Un libro en completa sintonía con su producción anterior y, a la vez, completamente nuevo. Una obra de madurez y sin embargo sumamente original: vertebrada por la noción de tiempo, más exactamente, por la reivindicación de un tiempo nuevo para nuestro tiempo, un tiempo alternativo, que interrumpa y quiebre la lógica del tiempo dominante, que se haga cargo del desafío del sufrimiento en la historia (y de su expresión máxima en el Holocausto) y tome en serio el deber de recordarlo –el deber de memoria– para que no se repita…, un tiempo “que salve”, como el “ángel de la historia” que evocaba Walter Benjamin…

Ese tiempo nuevo, dice Reyes. es el tiempo bíblico, mesiánico, apocalíptico, tiempo que viene de lejos, y nace “como respuesta al sufrimiento”. Tiempo nuevo que obliga a re-pensar y a pensar de otra manera todo, la historia y el presente, “los problemas de nuestro tiempo”; un tiempo que comporta “otro tipo de racionalidad”, una racionalidad que cuestiona al pensamiento dominante, al conservador pero también al crítico que no es suficientemente radical: un tiempo, “tribunal de la historia”.

El libro lo divide el autor en dos partes: en la primera desnuda y deconstruye el tiempo que finalmente se impuso en la historia sobre el tiempo mesiánico y que ha hecho historia hasta nuestros días: el tiempo del progreso, cuyo éxito fue posible al precio de dar la espalda al sufrimiento en la historia. Por eso en la segunda parte sale “al rescate” del tiempo mesiánico-apocalíptico y del nuevo pensamiento que suscita y alimenta, un pensamiento invertido, el único que puede alumbrar ”otro mundo posible”.

El impulso que lleva a desmontar el tiempo dominante brota, en efecto, de la conciencia del “precio” del progreso: el sufrimiento de las víctimas. El progreso, como ha subrayado Baumann, genera pirámides de “residuos humanos”. Y eso obliga a rebajar los humos del hombre moderno y a remontarse a otros orígenes, más allá de la Modernidad, en busca de inspiración. Reyes no tiene reparo alguno en hacerlo hasta … el mismo “mito”, donde se guarda una sabiduría tan extraña como lúcida: el relato bíblico –recuerda– inicia la historia, el tiempo, con una acción libre, pero transgresora, del ser humano, causa del mal y el sufrimiento. El sufrimiento no es algo natural, sino obra humana, es decir, una injusticia. Y la historia se abre para responder del mismo y al mismo. Ahí radica, como decíamos, el sentido del tiempo mesiánico: reparar el sufrimiento en la historia

Es por eso un mesianismo diferente, pobre, débil… y difícil. Tras el retraso de la llegada del Mesías entró en una crisis profunda y solo fue restablecido al precio de su “espiritualización”. Tal fue la obra, en parte, de Pablo y sobre todo de Marción, que sustituyó el tiempo mesiánico, apocalíptico, por el tiempo gnóstico. Un tiempo que, desinteresándose del mundo, puso paradójicamente las bases para su afirmación. La historia dejó de ser lucha contra el sufrimiento y se convirtió en ideología del progreso.

Y esa fue la idea fuerza que dio origen a las modernas filosofías de la historia y filosofías políticas que se convirtieron en el pensamiento dominante en Occidente: la conversión de la debilidad del mesianismo (y del Dios de Jesús – podríamos añadir) en poder, como denunció con toda lucidez Horkheimer. Y justamente en ese momento histórico el hombre desplaza a Dios de la historia porque no responde al escándalo del sufrimiento humano. Pero ¿y él? ¿responde él, el hombre ilustrado, emancipado, secularizado, al sufrimiento humano? ¿se hace cargo de él? ¿carga con él? ¿lo salva? …Con gran fuerza abre Reyes Mate en los capítulos centrales de esta primera parte del libro esos graves interrogantes y con ellos alcanza su relato toda su hondura y seriedad. Porque, en su opinión, esos interrogantes –en definitiva, la pregunta decisiva por la injusticia del sufrimiento y su futuro– “siguen sin respuesta”.

Y ante ellos no valen excusas ni mítico consuelo, ni recurso a patrones dominantes en nuestra cultura moderna, como la utopía ilustrada, secular, la vuelta a Marx, la ciencia o la reivindicación de los derechos humanos…, que han dado muestras suficientes de fallos y déficits importantes. El caso de Marx es especialmente paradigmático. Marx –observa críticamente Reyes– privilegia al proletariado no tanto por ser el “despojo” de la historia, cuanto por ser la clase ascendente, la fuerza del futuro…

Diferente es, en cambio, para Reyes, el caso Albert Camus. Frente a la mayoría de sus contemporáneos intelectuales, él, Camus, sí cargó con la responsabilidad ante el sufrimiento humano y con “la tarea de la compasión”. Y lo hizo con radicalidad: como “el modo de ser humano”, y de forma incondicional: tomando absolutamente en serio el desafío de la universalidad del sufrimiento. Y de ahí la relevancia para él del sufrimiento de los inocentes y su interpelación a Dios –a la “justicia divina”– precisamente él, el gran agnóstico, junto con Dostoievski…

La figura de Camus se convierte en paradigmática porque estuvo a la altura de la responsabilidad que se pedía a un intelectual ante el sufrimiento: antes del desastre (Auschwitz), ser “avisador del fuego” y después, ser consecuente con el deber de memoria y “re-pensar todo desde la perspectiva de sus víctimas.

Es justamente, como decíamos, a lo que Reyes dedica la segunda parte de su libro: a rescatar la dimensión mesiánica, apocalíptica, del tiempo, y con ella configurar aquel pensamiento nuevo, capaz de alumbrar “otro mundo posible”. Y lo hace en tres pasos.

El primero, un re-planteamiento radical de la relación entre religión y razón, más precisamente, de la génesis y por tanto de la constitución de la racionalidad, labor fundamental que Reyes viene haciendo desde muy pronto en todas sus publicaciones, por lo menos desde La razón de los vencidos, de 1991. Es, sin duda, un nervio y una de las claves de su “nuevo” pensamiento, apoyado en Max Weber, pero sobre todo en Walter Benjamin, su gran inspirador. La primera de sus Tesis sobre la historia, en la que propone la singular y sorprendente alianza entre razón (materialismo histórico) y teología (mesianismo), marca la pauta. No, evidentemente, una “vuelta atrás” al mito, sino un “salto mortale” hacia otra dimensión, hacia el futuro que viene de más atrás, del “pasado de los vencidos”: la “reserva de sentido” guardada en la memoria. Esa que reivindicaba Kafka con toda lucidez ante su padre, tan asentado en la modernidad.

De ese primer paso sigue inmediato el segundo: una visión invertida, alternativa de la historia como “historia de sufrimiento” y de lucha contra él, sostenida por la esperanza en el Mesías, por la “estrella de la redención” (Rosenzweig), cuya luz evocó Adorno tan certeramente.

Y desde estos dos pasos despliega Reyes finalmente algunas de las claves del nuevo pensamiento que surge del tiempo apocalíptico rescatado contra el tiempo gnóstico del progreso. Un pensamiento que exige ante todo un “giro epistémico”: “pensar desde y contra la injusticia del sufrimiento”, es decir, aquella racionalidad alternativa a la razón occidental dominante evocada más arriba, que expresaron de forma lapidaria Horkheimer y Adorno en un aforismo de la Dialéctica de la Ilustración: “solo hay una expresión de la verdad: el pensamiento que niega la injusticia”, y que había adelantado ya lúcidamente Benjamin en su profunda convicción: “La esperanza nos es dada por aquellos que carecen de ella.”

Es este un pensamiento amasado en la memoria del sufrimiento, un pensamiento por eso radicalmente lúcido frente a la tentación de la inocencia y a las trampas de la victimación, y un pensamiento que se expresa y verifica en la praxis de la compasión (“el sufrimiento nos es dado por mor de la compasión”, decía Hermann Cohen), del “hacerse cargo del sufrimiento del otro”, del “hacerse prójimo”, como también decía Jesús, y así, del hacerse sujeto, del hacerse humano.

En cuanto tal, es un pensamiento singular, extemporáneo, pero justo por ello, sumamente actual y necesario. Frente a la religión dominante del capitalismo que lleva “al desastre”, a la negación de lo humano, el pensamiento impulsado por el tiempo mesiánico, apocalíptico, juzga, niega la historia y el presente para afirmar –para “salvar”– lo humano que está en peligro. “Donde hay peligro, allí crece también la salvación”, dijo esperanzado el poeta Hölderlin.

El libro culmina en una evocación, tan excelente como inquietante, de la muerte que, en el horizonte del “tiempo mesiánico”, no podía ser sino “un alegato en pro de una vida antes de la muerte”, es decir, una apuesta decidida, teórica y práctica, por “otro mundo posible”.

Al entregarme su libro para la reseña, Reyes Mate me decía: “Es mi filosofía de la historia”. Lo es, sin duda, pero es mucho más. En este libro, Reyes nos entrega las claves de su obra completa (hasta el momento), la propuesta de aquel modo de pensar diferente, alternativo, que brota del impulso del tiempo mesiánico y que puede poner las bases para hacer realidad esa propuesta. “Si otro mundo es posible –advierte convencido– será porque hay una alternativa al tiempo de nuestro tiempo.” Un libro provocador, sin duda, que dará que pensar.

Recuperando el patrimonio inmatriculado

Coordinadora Estatal Recuperando

RECUPERANDO es la coordinadora estatal que agrupa a una veintena de plataformas y entidades tanto laicas como cristianas, que luchan por la recuperación del patrimonio inmatriculado por la Iglesia Católica.

Con ocasión de la apertura del Año Europeo del Patrimonio Cultural que se celebra el 13 de febrero en Palencia, RECUPERANDO denuncia el expolio del patrimonio realizado por parte de la Iglesia Católica en base a las inmatriculaciones realizadas desde 1946 a 2015 a tenor del artículo 206 de la Ley Hipotecaria y 307 de su reglamento ya derogados, que representa un grave riesgo para el patrimonio cultural en el estado español.

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La simbiosis entre la Iglesia católica y la dictadura franquista generó un procedimiento privilegiado por el que decenas de miles de bienes quedaron privatizados. El artículo 206 de la Ley Hipotecaria reformada en 1946 equiparó la Iglesia católica a las administraciones públicas para inmatricular bienes. El artículo 304 del Reglamento Hipotecario establece en 1947 que las certificaciones requeridas para la inmatriculación de bienes por la Iglesia Católica serán expedidas por los obispos respectivos. La Iglesia Católica, acogiéndose a esta vía excepcional y con un coste irrisorio, ha inscrito a su nombre miles de bienes que pertenecen a los pueblos, siguiendo un procedimiento que no conlleva publicidad alguna.

Este privilegio debiera haber desaparecido al aprobarse la Constitución que declaraba el Reino de España como aconfesional, pero se mantuvo vigente hasta 2015.

Desde 1946 hasta 2015 se ha producido en el Estado español un expolio monumental. La Mezquita de Córdoba, la Giralda de Sevilla, la mayoría de las catedrales, miles de iglesias y ermitas, pero también casas curales, cementerios, fincas, e, incluso, frontones, plazas, murallas, etc., con todo lo que contienen en su interior, han sido inscritos en los Registros de la Propiedad por la Iglesia católica con el simple certificado del obispo correspondiente sin acreditar título de propiedad alguno. Se trata, por tanto, de una escandalosa apropiación de bienes de diversa índole.

Uno de los problemas más graves de este proceso es su total opacidad. En algunas Comunidades Autónomas y Ayuntamientos se ha podido disponer de informaciones parciales, pero el Gobierno del PP se sigue negando a dar a conocer el detalle de los bienes inmatriculados. La coordinadora RECUPERANDO presentó el 9 de febrero de 2017 un escrito en el Congreso de los Diputados solicitando esta información. No obstante, en su última respuesta (19/10/2017) el Gobierno declara que “se ha pedido al Colegio de Registradores de la Propiedad una relación de todas las inmatriculaciones llevadas a cabo por vía del artículo 206 de la Ley Hipotecaria, que fue derogado por la Ley 13/2015, de 24 de junio, de Reforma de la Ley Hipotecaria, desde 1998 hasta la citada derogación”.

Fernando Giménez Barriocanal, vicesecretario para Asuntos Económicos de la Conferencia Episcopal Española, reconoció públicamente la existencia de entre 30.000 y 40.000 inmatriculaciones. Sospechamos, además, que se refiere a las realizadas después de 1998. Si a ello añadimos el valor incalculable de muchos de esos bienes, podremos comprender la magnitud de este expolio.

Este patrimonio usurpado exige un costoso mantenimiento que la Iglesia pretende, y muchas veces consigue, que sea financiado por las administraciones públicas. Pero ese patrimonio se convierte en objeto de negocio con las restricciones que su pretendido propietario quiera imponer.

En resumen, la inmensa mayoría del patrimonio histórico-artístico del Estado español está privatizado como consecuencia de las inmatriculaciones. La Iglesia católica impone sus criterios e importes para acceder a los mismos. En otros muchísimos casos, los abandona hasta la ruina. Esta es la amenaza más grave para el patrimonio en España.

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Un caso paradigmático en Palencia: el monasterio de Santa Cruz de la Zarza

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) confirmó el 25 de abril de 2017 sus sentencias anteriores condenando al Estado español a abonar una indemnización de 615.600 € por no haber protegido el derecho a la propiedad frente a una inmatriculación de la Iglesia católica. Se ponía fin a un litigio iniciado en 1994.

Como la coordinadora RECUPERANDO afirmó en su día, esa sentencia representa “un varapalo sin precedentes contra el privilegio registral de los obispos y la pasividad del Estado hacia la apropiación de miles de inmuebles”. Por ello, es necesario restaurar la “legalidad conculcada por esta violación continuada y masiva de los Derechos Humanos mediante las inmatriculaciones”.

Pero hay otro aspecto que resulta especialmente relevante en esta inmatriculación: el monasterio de Santa Cruz de Ribas, también llamado de Santa Cruz de la Zarza, de estilo cisterciense-protogótico del siglo XII es hoy un establo en ruinas. Lamentablemente es el destino de muchos de los bienes inmatriculados.

Pero hay más. Esta semana la Iglesia subasta la casa parroquial de Grijota a 6 Km de aquí. Las casas de los curas las levantaron los pueblos y se la dejaban al cura, como le dejaban casas al maestro, al médico, al secretario… La diferencia es que, cuando estos se fueron, dejaron las casas, y cuando se van los curas, los obispos las venden, porque para eso las han inmatriculado.

Por otra parte, la Diócesis de Palencia pretende registrar la propiedad de la iglesia de San Francisco, bien de interés cultural, y sus edificaciones anejas. Sede de las Cortes de Castilla y residencia real, ha conocido desde su fundación en el siglo XIII los más diversos usos.

La apropiación de nuestro patrimonio histórico-artístico no cesa.

defendemos el patrimonio como bien de dominio público.

 

Laicidad y laicismo a la altura de nuestro tiempo

Juanjo Sánchez
  1. Díaz-Salazar, Democracia laica y religión pública, Taurus, Madrid 2007, 206 pp. R. Díaz-Salazar, España laica. Ciudadanía plural y convivencia nacional, Espasa, Madrid 2008, 319 pp.

Estos dos libros de Rafa Díaz-Salazar responden a un contexto de hace ya diez años, pero mantienen una sorprendente actualidad porque el debate que los suscitó en su momento sigue lamentablemente abierto: como reza el título de este número de nuestra revista ÉXODO, “la laicidad sigue siendo un asunto pendiente”. Pero, además, porque su contenido rebasa el debate de aquella coyuntura y aborda el debate más amplio que está en el fondo sobre una concepción de la laicidad a la altura de nuestro tiempo.

Como ha dejado reflejado en la espléndida ENTREVISTA que nos ha concedido en este número, Rafa, sociólogo y cristiano comprometido, conoce como pocos los pliegues de la realidad política, social y moral de nuestro país, así como las complejas relaciones históricas entre la iglesia, el Estado y la sociedad, y por tanto también los entresijos de los planteamientos de la laicidad y de sus debilidades.

Los dos libros forman una obra conjunta y el debate de fondo que en ellos se aborda es el de la relación entre democracia laica y religión pública y, más ampliamente, el de la tensión entre ciudadanía plural y convivencia nacional. Un debate de gran calado que Rafa analiza con todo rigor, con un amplio y bien fundado conocimiento de sus dimensiones y facetas –a la vez que en un lenguaje transparente y ágil–, y con una valentía y lucidez que sorprenden.

En el primero, el autor parte de un dato sociológico: la repolitización de la religión en los países del capitalismo avanzado, y a la vez de una tesis: el carácter público de la religión en la mayoría de esos países. Y a partir de ahí plantea el lugar de la religión en las sociedades democráticas modernas, recabando para ello el apoyo de dos grandes del pensamiento político, Rawls y Habermas, con quien finalmente se identifica más, por dos razones: porque es necesario ir “más allá del liberalismo” y porque con Habermas se concilian claramente tres decisivos principios en este debate de fondo: la laicidad de Estado y sociedad, la autonomía de las leyes y, a la vez, el carácter público de la religión y por tanto su derecho a intervenir en la esfera pública y a que su voz sea escuchada.

Pero, claro está, el debate comienza justamente ahí: cuando no se respeta la conciliación de esos principios. Por ejemplo, cuando la religión deviene en fundamentalismo ético y religioso con implicaciones políticas. Es la peligrosa tendencia que está tomando en varios países, concretamente la sostenida por la jerarquía católica española dominante. El segundo capítulo del libro contiene un análisis riguroso y exhaustivo y una lúcida denuncia de esta perversión del catolicismo en nuestro país y de sus lamentables consecuencias.

Para arrojar luz sobre este drama que tan negativamente afecta al cristianismo, el autor hace también un fino análisis del debate llevado a cabo entre el entonces cardenal Ratzinger y el filósofo crítico Habermas. De donde emanan dos convicciones sustanciales: 1) no cabe diálogo con la razón desde una postura dogmática de la verdad, y 2) la razón crítica, y por tanto, la laicidad, no bebe solo de su propia fuente, y hará por eso bien en escuchar la voz y en estimar la motivación ética que le puede venir, en el ámbito pre-político, de la religión (así como de otras instancias culturales o morales laicas, agnósticas o ateas).

Porque la religión, concretamente el cristianismo, no se agota en modo alguno en el integrismo religioso-político de jerarquía y fieles neo(teo)conservadores que pretenden imponer su verdad a toda la sociedad. Hay un cristianismo laico –recuerda y subraya Rafa– que puede ser, que es efectivamente, una fuente de genuina inspiración y motivación de compromiso en favor de una democracia post-liberal, republicana y socialista. Una fuente que, sin embargo, buena parte del laicismo más radical de nuestro país parece seguir ignorando o desdeñando incomprensiblemente.

Al primer estudio añade por eso Rafa un segundo, España laica, en el que, con la misma clarividencia y razón, analiza las razones históricas e ideológicas de esa mirada sesgada del laicismo español, a diferencia del laicismo europeo, y donde pone las bases para una ciudadanía abierta y plural, para un laicismo incluyente capaz de generar una convivencia más integral, más rica, más justa, más humana.

La actuación integrista de la iglesia neo(teo)conservadora hace más que comprensibles las voces que se alzan frente a ese laicismo incluyente (véase Ramoneda, Flores de Arcais, Savater…). Pero la propuesta de Rafa, que rechaza de plano esa actuación, es de largo alcance y suficientemente lúcida como para ser escuchada y tomada en serio. Y no solo, precisamente, por los creyentes.

Documento de la paz 2017: La igualdad que soñamos

Coordinadora de Crentes Galeg@s

Pues sí, ahora que el siglo xxi se hace mayor de edad, lo declaramos con convicción: soñamos con la igualdad. Tenemos ilusión, no somos ilusas; sabemos de las dificultades, no somos ingenuos. Somos hijos e hijas de una larga tradición humanizadora: la que va desde el profetismo de la antigüedad a los hombres y mujeres revolucionarias de los últimos siglos, la que viene desde el Evangelio hasta la declaración de los Derechos Humanos. Tenemos los pies en la realidad, pero, desde nuestra raíz cristiana, nos convoca y nos moviliza la fe compartida en una humanidad única, aunque no la veamos realizada; nos sentimos llamadas e impulsados por la esperanza en una fraternidad radical, contra toda apariencia, imprudentemente abiertas a un futuro más justo.

Porque la igualdad que soñamos ya está asomando. Es frágil, pero ya está entre nosotros, protegida en el pueblo, en los derechos y en las instituciones históricamente peleadas y conquistadas; está ahí, maravillosamente incompleta. Por eso celebramos –y defendemos– cada pequeña victoria de ese amor en acción que se llama derecho social, sanidad universal, igualdad de género, inclusión del extranjero, coeducación pública o pensión digna.

La igualdad que soñamos la soñamos despiertos porque el avance de los derechos y la igualación en las oportunidades son la expresión política de la ternura, de la ternura de las sociedades y de los pueblos y de las mejores utopías de la humanidad.

La igualdad que soñamos tiene enemigos

Vemos, no obstante, que la igualdad cotiza a la baja. Se llevan más la riqueza impúdica, el marcar las distancias o el defender sin pudor la iniquidad, mantenida con techos y muros de cristal, invisibles. Y también con muros de los otros, obscenos, con concertinas. Tragamos a menudo discursos como que la redistribución de la riqueza, esa que equipara algo a los desiguales y rescata a aquellos que la sociedad desecha, resulta “disfuncional”, un obstáculo para la competitividad y el crecimiento. Y hay quien, instalado en la fortuna o en el enchufismo, elabora finísimos argumentos para distinguir entre pobreza merecida e inmerecida.

Sí, constatamos, con poco margen para la duda, que estamos en tiempos críticos para la igualdad como proyecto colectivo, para seguir soñándola, apretándola, avistándola a pesar de la niebla densa de los discursos y de las propagandas dominantes. Está cuestionada, asediada, despreciada por estudiosos economistas liberales, por modelos sociales agresivos y triunfadores o, incluso, por desgracia, por políticas y movimientos de odio al diferente que resucitan los peores fantasmas de esta vieja Europa.

La igualdad que soñamos sale de la crisis malherida

La recesión y la crisis que vivimos tuvieron mucho de fraude a nuestros sueños colectivos. No admitimos entonces, y no podemos admitir ahora, que salgamos de la crisis mucho más desiguales de lo que entramos. Los indicadores hablan: la diferencia entre la renta media de las familias más ricas y de las familias más pobres se ha disparado; la denominada “intensidad de la pobreza” es mayor, la brecha salarial sigue aumentando. Las mujeres que volvieron a sus hogares con la crisis para cuidar dependientes no están volviendo a ocupar puestos de trabajo y las que lo consiguen es en condiciones más precarias respecto de los hombres. Y, lo que es más significativo, la pobreza se ha incrementado entre los que están en edad de trabajar y entre los jóvenes y se ha feminizado todavía más. Es una constatación unánime: el publicitado crecimiento económico de esta economía “reajustada” no está significando mejoras en la equidad. Es lo que la propia OCDE llama en sus informes “crecimiento en desigualdad”.

Hemos salido de la crisis por la derecha. Los derechos laborales están deturpados, anémicos, se hacen contratos en unas condiciones de precariedad, falsedad e incerteza impensables hace tan sólo quince años. Hoy en día las personas jóvenes, incluso las mejor preparadas, no pueden conducir un proyecto vital con los ingresos y garantías que le ofrece nuestro mercado laboral. Por eso, simplemente, ya no están entre nosotros.

Pagar más de la mitad de tus ingresos para acceder a una vivienda, tener que trabajar los dos miembros de la pareja en turnos imposibles por salarios “híper” mínimos, o trabajar 60 horas para que te coticen media jornada es incompatible con crear una familia. Procrear es una heroicidad que no se compensa con una caja finlandesa, un cheque bienvenida o con propaganda innecesaria en forma de “plan” contratada a empresas amigas sobre la maravillosa experiencia de la maternidad.

La propaganda oficial es especialmente hiriente para las mujeres cuando, en un contexto en el que aguantan despidos improcedentes por embarazo o acoso sexual en el trabajo, siguen percibiendo menos salario por idéntico trabajo; cuando los patrones –nunca mejor dicho– culturales y de comportamiento siguen dando por supuesto que la parentalidad es un trabajo femenino; cuando son ellas, tantas veces en exclusiva, las que cuidan sin reconocimiento ninguno de las personas dependientes, incluso renunciando a su carrera profesional y sin que ese trabajo, una vez “reajustada” la ley, sirva para cotizar a la Seguridad Social. También, más aún, cuando se sigue ejerciendo una violencia machista –alarmantemente vigente en la adolescencia ciberdependiente–  sobre las mujeres o cuando se utiliza el cuerpo de las mujeres como mercancía.

La desigualdad, cuando crece, se ceba en los más vulnerables. Creamos bolsas de exclusión porque la integración parece ser un premio para los perfectos, que, curiosamente, acostumbran a ser familia de los poderosos. Sí, aún hay clases. Incluidos y excluidas. Discapacidades, culturas distintas, minorías, enfermedades mentales… y también parados crónicos, fracasadas escolares, habitantes de los márgenes, sobrevivientes en la jungla urbana. La cultura de la pobreza tiende a consolidarse y reproducirse, de padres a hijos, de madres a hijas. Sólo los servicios públicos de calidad y las prestaciones y pensiones son efectivos para paliar, para coser y cicatrizar las grietas sociales.

La solidaridad interna, ese cemento moral de las sociedades, se resiente. Pero la primera víctima son los extraños, los otros, los diferentes. Es como si nos vacunasen contra el sentimiento de vergüenza. Acogemos a una parte mínima, ridícula, de las familias de refugiados sirios que nos comprometemos a acoger, familias con menores que huyen de una guerra infame… y no sentimos culpa ni vergüenza. Incluso montamos argumentarios sobre el terrorismo infiltrado o, en palabras de obispo, sobre que “no todo es trigo limpio”. Pero deberíamos estar avergonzados. Tanto como si nuestros gobernantes admitiesen sobornos en la adjudicación de contratos o fuesen amigos de narcotraficantes. La vergüenza es condición de la dignidad. Van juntas. Nos resistimos a la desvergüenza. Tenemos razones para indignarnos.

La igualdad que soñamos no es barata

Crecer en igualdad no es un sueño etéreo. Tiene concreción ya, tiene expresión social y tiene política económica.

Sabemos que es fácil decirle al cuerpo electoral lo que quiere oír. Por ejemplo, que la igualdad es barata. Pero no es así.

Crecer en igualdad necesita un plan. Y un plan no es una proclama, no son un montón de eslóganes, no es una rabieta opositora. Tampoco es suficiente con tomar la calle, aunque haga falta empujar la historia y contrapesar la tendencia dominante con nuestras indignaciones. Un plan implica saber cómo y de dónde vamos a obtener los recursos financieros para construir la igualdad que queremos, para deconstruir el desorden económico y social. Un plan implica hacer números y propuestas concretas y formular una fiscalidad más eficiente y justa.

Efectivamente, necesitamos una nueva fiscalidad igualadora y una nueva moral fiscal. No puede ser que el impuesto de sociedades pasase de un 21% de la recaudación total en 2013 a tan sólo un 13% en 2015. No puede ser que se les dé un tratamiento tan favorable a las rentas derivadas de los dividendos (con un máximo de tributación del 21%, con independencia de su volumen), comparado con el trato dado a las rentas del trabajo (que pueden alcanzar el 45%). No es admisible que 34 de las 35 empresas que cotizan en el IBEX tengan sedes en paraísos fiscales.

La igualdad que soñamos es una tarea

Nuestra conciencia fiscal ha ido creciendo. Sabemos ahora de la gravedad del fraude fiscal y de la importancia e inconveniencia de tener un 25% de economía en negro. También de hacerle caneos al IVA. Pero no nos ayuda a mejorar nuestra conciencia fiscal la falta de ejemplaridad de los gobernantes, famosos y grandes empresas. Necesitamos una inspección fiscal eficaz e independiente del poder político. Que vaya de arriba a abajo.

Y necesitamos superar fronteras. El capital ya las superó bien superadas. Las normas que lo controlan y regulan van muy por detrás. No son admisibles los paraísos fiscales, ni la incapacidad de las autoridades globales –comenzando por las europeas– para armonizar los tributos que se deben imponer a las grandes corporaciones y para establecer tasas sobre las grandes operaciones especulativas de capitales –como la conocida tasa Tobin– con las que financiar los programas de solidaridad global que nuestro mundo precisa, esos que mitigarían los grandes flujos migratorios de gente hambrienta o desesperada. Los representantes del pueblo deben tener poder sobre las corporaciones multinacionales, y no a la inversa.

Estamos delante de la revolución de la robótica. Los gobiernos y los legisladores deben anticiparse a sus efectos sobre la clase trabajadora y sobre los sistemas de protección, que son los garantes de la igualdad. No podemos permitirnos una masa de excluidos tecnológicos sin futuro ni lugar en la sociedad. Los incrementos de productividad que producen los robots, expulsando mano de obra, deben tener su propia cotización y tributación fiscal. Es tiempo de retomar en serio el debate de la Renta Básica universal e incondicional. Porque el “trabajo” ya no se reduce al “empleo”. Porque esa renta, en Galicia, unida a incentivos inteligentes a la actividad y residencia rural permitiría políticas de reequilibrio demográfico del territorio que son un desafío inaplazable en nuestra tierra.

Hay mucha dignidad y derechos que devolver a la clase trabajadora, comenzando por jornadas y contratos legales y el derecho al descanso: en sectores feminizados como el comercio, ¿que ha sido del derecho intocable al descanso dominical o del fin de semana, en otros momentos defendido por sindicatos e iglesias?

Queremos llamar la atención sobre la necesidad de una clara apuesta por la coeducación, por una educación que no siga reproduciendo los estereotipos de género, que fomente la igualdad y la no violencia, en las familias, en los centros educativos, en los medios de comunicación social o en la Iglesia. La educación necesita un plan, no se puede improvisar.

Habrá más igualdad, armonía e inclusión social si hay una educación pública de calidad, bien dotada en medios, contenidos y métodos, con los mejores funcionarios –seleccionados bajo los principios de igualdad, mérito y capacidad– y motivadora para el alumnado. Esa es la mejor estrategia para romper el fatalismo de la reproducción intergeneracional de la exclusión social y laboral. Es la mejor vacuna contra la desigualdad.

Es necesario que sigamos defendiendo el sistema de sanidad pública que tanto trabajo costó levantar. No es barato. Es, por ejemplo, incompatible con las bolsas de corrupción, con la distracción de millones de euros públicos hacia los bolsillos privados de los partidos y las cuentas corrientes suizas de los gobernantes. No tenemos dinero para sobornos ni mordidas porque hacen falta para quirófanos y doctoras. Necesitamos ser tan rigurosos en el control del gasto sanitario como en el descontrol del fraude fiscal y de la corrupción.

Las pensiones públicas ejercieron durante la crisis el papel de principal herramienta de igualación y compensación de las bancarrotas familiares. Fueron el principal estabilizador anticíclico. Es necesario, efectivamente, un debate sobre la viabilidad del sistema de pensiones, pero no para privatizarlo ni recortarlo, sino para hacerlo fiscalmente viable.

Los servicios sociales públicos son la expresión de nuestra solidaridad colectiva. Junto con la acción generosa, incisiva y eficaz de las organizaciones sociales solidarias tejen una malla de protección para todos aquellos que están en desventaja. No podemos permitirnos un sistema de servicios sociales anémico porque la atención a los menores en riesgo, a las personas con discapacidad, a las dependientes, a los individuos y minorías excluidas por las más diversas razones son el verdadero termómetro de nuestra conciencia social.

No puede haber igualdad si no se hace ya un pacto de estado contra la violencia de género, si no se legisla para erradicar los abusos sobre la mujer. Habrá igualdad cuando las mujeres puedan caminar por la calle sin miedo, cuando todos los niños y niñas se sientan seguros en su hogar, cuando cualquier mujer, independientemente de la ropa que vista o de sus hábitos sociales, se pueda sentir protegida por la justicia.

Por fin, como comunidad de comunidades cristianas, sabemos que la igualdad comienza por la propia casa. Necesitamos construir comunidades eclesiales igualitarias, fraternas, sin discriminación de funciones en función de género, inclusivas con la diversidad social y de identidades y culturas. Esa es la mejor forma, no hay otra, de comunicar la Buena Nueva, haciéndola realidad cada día, desde dentro, desde lo concreto, desde la cocina de nuestra casa común.

Llamamiento a un proceso constituyente

Miguel Ángel de Prada

Empezando por el Apéndice. El proceso de elaboración del texto

El lector del presente texto se encuentra ante un proceso inusual, puesto que se trata de una obra de elaboración colectiva, acorde con el procedimiento tal como se piensa que deba ser el debate constituyente, donde “el proceso social en el que se decantan las ideas y aspiraciones es más importante que el producto final” (p.84)

Dos revistas, Esbozos y Éxodo, con el apoyo de la Cátedra Tierra Ciudadana de la U. Politécnica de Valencia, convocaron un seminario destinado a profesionales, personas de la academia y activistas sobre tres ejes (el capitalismo actual, los movimientos político-sociales y el proceso constituyente), “donde lo que importaba era que las preguntas estuvieran bien formuladas, de modo que contribuyeran a reconocer una solución y el camino a seguir” (p.82).

El seminario tuvo lugar en Madrid desde enero a septiembre de 2016, en reuniones mensuales.  La metodología combinó dos niveles de participación: en el primero, cada una de las personas implicadas presentó un tema de los propuestos en sesión presencial para ser debatido. El resultado de cada sesión se trasladó al conjunto de participantes no presenciales, segundo nivel, quienes presentaron sus comentarios por internet y fueron incorporados al resumen inicial. Junto a los textos elaborados para el seminario se presentaron otros 9 trabajos ya publicados de los propios participantes.  Todo el material reunido se comenzó a trabajar en pequeños grupos para convertirlo en los borradores de cada uno de los capítulos del libro final, que fueron de nuevo debatidos y corregidos colectivamente. Terminado el primer borrador de los capítulos, un equipo de 5 personas revisó el conjunto entre octubre y noviembre para homogeneizarlo. El resultado se distribuyó de nuevo al conjunto de participantes de ambos niveles y, con la incorporación de sus aportaciones, se llegó al texto definitivo que se publica. Al cuerpo central le precede el prólogo de A. Garzón y lo cierra el epílogo de J.A. Pérez Tapias (en un guiño calculado a dos de los interlocutores posibles en el espacio socio-político actual).

Análisis y propuestas: el cuerpo central del texto

El resultado conseguido es un texto de firma colectiva, contenido riguroso aunque sometido a debate, y lectura ágil con el objetivo de una amplia divulgación. Pero una pretensión parece recorrer los 5 capítulos del texto: establecer una posición clara contra las veleidades del reformismo constitucional como situación inevitable en la España de hoy. La propuesta de un proceso constituyente terminará en mera Reforma si no se afianza la construcción de poder popular por medio de prácticas instituyentes. La tarea de construir mayorías democráticas se torna así en un objetivo central, dado que si se llegara al gobierno sin base social, se fracasará; pero si la base social se encuentra fuera de instituciones que la representen, no se consolidará.

El párrafo final confirma que “este llamamiento a un proceso constituyente no persigue otra cosa que subrayar la necesidad de elaborar colectivamente otro proyecto de país (…), que no puede esperar a que tengamos la fuerza y la capacidad suficiente para llevarlo a cabo, sino que se construye desde ahora mismo…” (p.68). Es un aviso para superar el fatalismo elitista.

Los dos primeros capítulos analizan la Constitución del 78 y el proceso de transición que la soportó como un modelo agotado ya, y el contexto de crisis actual nacional y en la UE que pueden llevar al espejismo de la segunda transición involucionista. Los dos siguientes capítulos presentan los escenarios probables de la reforma constitucional, dada la correlación de fuerzas actual, y la necesidad de construir mayorías para pensar un futuro proceso constituyente. De modo propositivo, el quinto y último desgrana los contenidos estratégicos de una nueva constitución, fruto de un nuevo proceso constituyente. Las líneas sugeridas se encuentran muy abiertas y se expresan con frescura. Así en el tema del ‘Estado en transformación’, se plantea que “la soberanía no puede ser un falso punto de partida, sino una meta a la que sirve la constitución” (p.59), y que “el pueblo español no es una realidad previa inamovible, sino un concepto jurídico que sirve sobre todo a efectos constitucionales”; tanto la República como el Federalismo pueden ser puntos de partida, mas el objetivo final será la articulación de la sociedad bajo la solución que se consensúe. La pregunta clave del proceso constituyente, se dice en la “Arquitectura política y social” (p.60) es ‘qué queremos construir, qué modelo de sociedad queremos dejar sentado en la constitución”: organización política (dejar paso a la democracia participativa, políticas de igualdad y laicismo, municipalismo y Europa en perspectiva internacionalista y solidaria); economía y medio ambiente; derechos sociales (reconocidos y, sobre todo, garantizados contra la ley mordaza, por ejemplo) y nuevos derechos constitucionalizados (el derecho a la alimentación, al agua y la renta básica de inserción). Pero todo este programa quedará vacío sin la condición necesaria, la construcción del sujeto constituyente (p.68) que se forja en las luchas y creaciones alternativas, que se constituye como actor político discutiendo la hegemonía del poder con un proyecto de país que se constitucionaliza.

Llamamiento, no manifiesto ni pronunciamiento

El texto se presenta bajo la forma de ‘llamamiento’, realizado por un grupo de personas no adscritas y dirigido al conjunto del país. No es un manifiesto al que adherirse; no es un pronunciamiento al que seguir obedientemente. ¿Alguien escucha los llamamientos? Nos recuerdan los autores la vigencia de este debate desde las Asambleas ciudadanas constituyentes de Sevilla, en 2011. Pero la cuestión clave no es desde hace cuánto tiempo, sino bajo qué forma se reabre el espacio social: como tiempo de espera hasta nuevas elecciones o como espacio constituyente de los nuevos derechos y deberes (p.51).

Catorce personas han lanzado este llamamiento pero no se trata de la tarea ímproba de catorce personas ‘buenas’. Tal como señalan, “este proyecto de país necesita ser pensado y discutido ampliamente y finalmente quedar plasmado en una nueva constitución” (p.68). El llamamiento es pues a iniciar conjuntamente ese proceso de debate colectivo sobre el que se han ido delineando sus etapas principales. Lector, si has llegado hasta aquí, hay pendiente ante ti un inicio de camino en el que no te encontrarás solo; no hay promesa de llegada a ningún puerto pero se alumbra otra oportunidad para la democracia participativa.

Proposición de Ley de Garantía del  derecho básico a la Alimentación en la Comunidad de Madrid

Ayuntamientos de la Comunidad de Madrid

 

Presentada por los Ayuntamientos de Madrid a la Mesa de la Asamblea de Madrid.

 

Esta primera versión (6 de julio de 2017) de Iniciativa Legislativa Municipal (ILM) (Proposición de Ley de Garantía del Derecho Básico a la Alimentación en la Comunidad de Madrid), elaborada por los servicios jurídicos de Ahora Madrid, será negociada por los distintos grupos políticos del Ayuntamiento para su posterior aprobación en Pleno. Su revisión definitiva será enviada para su estudio y tramitación en otros ayuntamientos de la Comunidad de Madrid. Aprobada por todos los ayuntamientos que se sumen a la propuesta, la ILM será finalmente presentada a la Comunidad de Madrid para su debate y posterior aprobación. 

* Para más información sobre la versión final de este diocumento y su proceso, consultar www.exodo.org/ilm

Articulado del proyecto de ley

TÍTULO PRELIMINAR

Disposiciones generales

Artículo 1. Objeto de la Ley.

La presente Ley tiene por objeto regular  y garantizar de forma efectiva y digna el derecho básico y fundamental de todas las personas a la  alimentación.

A estos efectos se define el derecho a la alimentación como el derecho a tener acceso regular, permanente y sin restricciones a la alimentación, ya sea directamente o a través de la compra, a un nivel suficiente y adecuado, tanto en términos cualitativos como cuantitativos, que corresponda a las tradiciones culturales de la población a la que el consumidor pertenece, y que garantice una vida psíquica y física, individual y colectiva, satisfactoria, digna y libre de temor.

Artículo 2. Ámbito de aplicación.

La presente Ley será de  aplicación a todas las personas  físicas que residan  en el ámbito territorial de la Comunidad de Madrid.

Las Administraciones Públicas de la Comunidad de Madrid y sus municipios garantizarán el cumplimiento de la Ley y promoverán las condiciones para hacerla efectiva en el ámbito de sus respectivas competencias aplicando las medidas que se ajusten a los fines y principios inspiradores contenidos en la  Ley.

Artículo 3. Fines y Principios generales.

La presente ley tiene como fin  principal el impulso por las Administraciones públicas de la Comunidad de Madrid de medidas que garanticen el  pleno ejercicio del derecho humano básico a la alimentación, las cuales habrán de respetar los  siguientes principios:

  1. a) Principio de universalidad del derecho a la alimentación.
  1. b) Principio de no discriminación por motivo de nacimiento, raza, sexo, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.
  1. c) Principio de equidad en el acceso a la alimentación que legitima la realización de acciones específicas en determinados grupos de personas más vulnerables para garantizar la igualdad y equidad en el disfrute del derecho, como las mujeres, niños/as y adolescentes, personas mayores y personas con diversidad funcional.
  1. d) Principio de responsabilidad pública en la efectividad del derecho, tanto en la planificación como en la gestión y garantía de suficiencia financiera. Las personas titulares del derecho podrán impugnar en vía administrativa y judicial las disposiciones normativas y resoluciones administrativas que les afecten directamente.
  1. e) Principio de coordinación y colaboración interadministrativa.
  1. f) Principio de colaboración con las entidades públicas y privadas de interés social.
  1. g) Principio de normalización e integración social por el que sea eliminada cualquier situación de estigmatización de las personas.
  1. h) Principio de respeto de las personas y su
  1. i) Principio de participación activa de las personas en situación de necesidad alimentaria en la toma de decisiones de la Administración pública que afecten al acceso al derecho.
  1. j) Principio de celeridad y simplificación administrativa en el reconocimiento del derecho a la alimentación.
  1. k) Principio de Transparencia que obligue a las Administraciones Públicas responsables a facilitar toda la información sobre las medidas y actuaciones realizadas dándole publicidad asequible a la población y difusión a través de los medios apropiados.

TÍTULO I

Régimen jurídico del reconocimiento del derecho a la alimentación

Artículo 4. Reconocimiento del derecho

La Comunidad de Madrid reconoce el derecho universal de todas las personas físicas que residan en su ámbito territorial a tener acceso de manera regular, permanente y libre, sea directamente o mediante compra por dinero, a una alimentación cuantitativa y cualitativamente adecuada y suficiente, que corresponda a las tradiciones culturales de la población y garantice una vida psíquica y física, individual y colectiva, satisfactoria y digna.

Artículo 5. Obligaciones de las Administraciones Públicas.

  1. La Comunidad de Madrid y los municipios de su ámbito territorial en el ámbito de sus respectivas competencias están obligadas a respetar, promover y garantizar la efectividad del derecho a la alimentación disponiendo todos los recursos presupuestarios, materiales, personales y organizativos necesarios para facilitar su acceso a todas las personas residentes en su ámbito territorial que se encuentren en situación de necesidad alimentaria.
  1. Las Administraciones públicas se coordinarán y colaborarán en la realización de los estudios de la situación real de malnutrición en la población residente en los municipios de la Comunidad de Madrid.

Artículo 6. Competencias  de los municipios

  1. A los efectos de la presente Ley, en ejercicio de su autonomía los municipios asumirán las siguientes competencias:
  1. Evaluación e información de las situaciones de insolvencia alimentaria de la población que corresponda a su ámbito territorial.
  2. Promoción de la coordinación de todas las intervenciones públicas y de la cooperación con las entidades privadas para garantizar el derecho a la alimentación.
  3. Adopción de medidas de gestión de los recursos públicos que garanticen de manera efectiva, digna y equitativa el derecho a la alimentación de las personas en situación de necesidad alimentaria.
  4. Aprobación mediante Ordenanza municipal del procedimiento administrativo en el que se agilice y simplifique la actuación de identificación y reconocimiento de los derechos de las personas que vayan a recibir recursos públicos.

TÍTULO II

Medidas de garantía del derecho a la alimentación

Artículo 7. Fondo de emergencia alimentaria de la Comunidad de Madrid

  1. A fin de garantizar de manera efectiva el derecho a la alimentación en la Comunidad de Madrid, se creará un Fondo de emergencia alimentaria en el que constarán específicamente los recursos materiales, presupuestarios y organizativos públicos de la Comunidad de Madrid  que se destinarán específicamente a cubrir las necesidades de emergencia alimentaria.
  1. Corresponde a la Comunidad de Madrid regular el acceso de los municipios a los recursos públicos del Fondo de emergencia alimentaria, los cuales deberán presentar previamente información y evaluación sobre las situaciones de necesidad alimentaria de su población y  un diagnóstico de todos los recursos disponibles en su municipio.

Artículo 8. Plan municipal  de Mejora del Acceso a la  alimentación suficiente y adecuada.

Cada municipio presentará a la Comunidad de Madrid un Plan de mejora  del acceso a la alimentación que podrá incluir las distintas medidas y servicios que en el ámbito de su competencia tengan como objeto garantizar de forma efectiva el derecho a la alimentación de acuerdo con los principios y fines de la Ley, y en particular las siguientes:

  1. Gestión pública del servicio de acceso a la alimentación a través de una Tarjeta individual monetaria.
  1. Medidas organizativas con aumento de la plantilla municipal para la agilización de la gestión municipal de la Renta mínima de Inserción y del servicio complementario de acceso a la alimentación.
  1. Creación de centros municipales de cultura alimentaria.
  1. Inclusión de medidas de garantía de acceso a la alimentación en todos los programas sociales de atención a personas que se encuentren en situación de necesidad alimentaria.
  1. Promoción del empleo de personas en situación de necesidad alimentaria en empresas de inserción social…

Artículo 9. Creación del Observatorio de la Emergencia Alimentaria de la Comunidad de Madrid.

  1. Con la finalidad de fomentar una amplia participación social en la vigilancia del pleno ejercicio del derecho a la alimentación, se crea el Observatorio de la Emergencia Alimentaria de la Comunidad de Madrid como un órgano de carácter consultivo al que corresponden las siguientes funciones:
  1. Investigar la situación alimentaria de las personas que residen en la Comunidad de Madrid.
  2. Evaluar los resultados obtenidos en relación a la aplicación de la Ley conforme a sus principios.
  3. Publicar y difundir los aprendizajes y resultados obtenidos de las medidas destinadas a garantizar el derecho a la alimentación en aplicación de la presente Ley.
  1. Su composición, funcionamiento y organización se regularán mediante disposición reglamentaria aprobada por el Gobierno de la Comunidad de Madrid
  1. El Observatorio de Emergencia Alimentaria elevará anualmente un informe a la Asamblea de Madrid.

Artículo 10. Coordinación institucional.

La Comunidad de Madrid se coordinará con los municipios en la determinación de los recursos públicos  necesarios para garantizar de manera efectiva y permanente el derecho a la alimentación de las personas que residan en su ámbito territorial cuando, conforme a la valoración de los servicios sociales municipales, se encuentren en situación de emergencia social y carente de medios de subsistencia.

Artículo 11. Fomento de la Participación ciudadana.

En cada municipio se creará un órgano administrativo que fomente y facilite la  participación de  las personas que se encuentren en situación de necesidad alimentaria en el proceso de elaboración y aprobación de las políticas públicas municipales de garantía del derecho a la alimentación, así como en el control y seguimiento de las mismas.

Disposición Adicional Transitoria.

Se creará una comisión parlamentaria de la Asamblea de Madrid que tenga como competencia proponer las modificaciones presupuestarias necesarias que permitan la redistribución de los recursos para la ejecución  en los municipios de la Comunidad de Madrid de las  medidas de garantía del derecho a la alimentación  amparadas en la presente Ley.

ANEXOS

  1. Documento en que se detallan las razones que aconsejan, a juicio de las corporaciones firmantes, la tramitación y aprobación por la Asamblea de Madrid de la Proposición de Ley.
  1. Certificación del Secretario de cada Ayuntamiento del acta en que conste el acuerdo corporativo de ejercitar la iniciativa legislativa, así como el texto de la proposición de Ley, y que acredite el voto favorable de la mayoría absoluta de los miembros de la Corporación Municipal.

Certificación expedida por el Instituto Nacional de Estadística que acredite el número de habitantes censados en cada municipio

La verdad de la justicia y el poder de la memoria

Juanjo Sánchez

Hace ya diez años que nuestro incansable colaborador José Antonio Pérez Tapias, quien también escribe el artículo que abre y enmarca este número de nuestra revista ÉXODO, publicó un excelente libro con el sugerente título Del bienestar a la justicia. Aportaciones para una ciudadanía intercultural. Un título que reflejaba perfectamente el hilo rojo de su contenido: una propuesta rigurosa y original de una filosofía política que ponga en su centro la lucha por la justicia más allá de la consecución del bienestar, sostenida por una ciudadanía consciente a la altura de nuestro mundo globalizado e intercultural.

Una propuesta, ciertamente, poco común en nuestros tiempos de pensamiento y no menos de política light, de inagotables tertulias, de innumerables y confusos mensajes, de planteamientos ligeros, de compromisos convencionales, de utopías desechadas como juguetes rotos, de democracia depotenciada a mera conquista y gestión del poder, a programas de palabras vacías que no pasan de papel mojado, a políticas corroídas por la lacra de una corrupción que no parece tener límite…

Frente a todo ello, la propuesta de Pérez Tapias es una propuesta recia, de utopía y grandes, pero críticos y conscientemente frágiles relatos de compromisos de justicia e igualdad contra la lógica injusta e insaciable capitalista, de Estado solidario más allá del mero bienestar, de socialismo como democracia radical, abierta al mundo globalizado, a un cosmopolitismo cultural. Una propuesta de política de derechos humanos tomados en serio, replanteados desde la radicalidad de la interpelación del rostro de los otros y de la responsabilidad de una respuesta a sus reclamos. Una propuesta de diálogo de civilizaciones, de ciudadanía transcultural y solidaria y de laicidad abierta e igualmente solidaria como reconocimiento de los otros.

Una propuesta de este calibre no podría sustentarse sobre coordenadas de cualquier tejido. El lector se sorprenderá de encontrar al comienzo mismo del libro un capítulo, el segundo, dedicado a la verdad. Si entra y se demora en él percibirá enseguida que no se ha equivocado de libro, que solo sobre una “reflexión ético política”, como la titula el autor, de esta categoría resulta coherente y consistente la vigorosa y relevante propuesta que sigue a continuación.

Este capítulo, que Pérez Tapias titula “Verdad de la justicia y poder de la mentira”, es un potente contrapunto a la atmósfera viciada de la posverdad que invade nuestro espacio y penetra hasta nuestro pensamiento, pervirtiendo nuestros planteamientos y compromisos, nuestro talante moral y nuestra vida política.

No lo pone fácil nuestro amigo, sin duda. Aunque su escritura es transparente y llena de dinamismo, su lectura exige esfuerzo: nada propio de estos tiempos, es verdad. Pero la aventura merece la pena.

Este capítulo de su libro nos permite tomar conciencia de las grandes líneas del pensamiento que define nuestro tiempo de posmodernidad y de “muerte de Dios”, sobre la que rieron y se mofaron los contemporáneos de Nietzsche, pero que llegan hasta nosotros hoy y nos envuelven y ciegan en la nebulosa de la posverdad, como ya lo advirtió con sorprendente lucidez, hace ya más de veinte años, el admirable José Saramago en su Ensayo sobre la ceguera.

Y nos descubre luminosamente cómo la verdad no es una cuestión banal de la que podamos desentendernos alegremente, porque es una cuestión de justicia, de reconocimiento de los otros y de derechos humanos, de la cual pende nuestra dignidad y felicidad. La dignidad y la felicidad de todos, no solo la nuestra o solo la de los nuestros.

Y nos hará sentir, tras su lectura, la “necesidad democrática de una política de verdad que resista a la mentira organizada”, escribe nuestro amigo y colaborador. La sentiremos como una responsabilidad que nos atañe íntimamente en cuanto ciudadanos y demócratas.

Leyendo este libro, y concretamente el capítulo comentado sobre la verdad, entiende uno por qué José Antonio Pérez Tapias es una de las voces más lúcidas, más limpias y comprometidas que se pueden escuchar en medio del vocerío que llena de ruido el ágora de nuestra convivencia y nuestra esfera pública. Tal vez por ello mismo no sea precisamente la voz que más gente sigue. La verdad es luminosa, no es propaganda.

Trump

Juan Diego García

El presidente Trump encarna toda la crisis del sistema capitalista mundial, precisamente como representante de la primera potencia de Occidente.

Su decisión de anular o al menos restringir la deslocalización de empresas estadounidenses en otros países (el caso de México es el más sonado), le enfrenta al núcleo más rico del empresariado de su país que realiza esas inversiones en el extranjero buscando ventajas muy significativas: costes laborales inferiores, ausencia real de restricciones medioambientales, influencias especiales sobre las autoridades locales para evadir impuestos, normas favorables para retorno de ganancias a sus sedes centrales y un poder político que va inclusive  más allá del que ya gozan en sus propios países.

El traslado de estas empresas al extranjero no solo deja sin empleo a millones de trabajadores en los Estados Unidos (muchos de los cuales constituyen la base electoral del nuevo presidente), sino que en tantos casos arruinan las industrias locales de los países “agraciados” con esta inversión extranjera, pues sus empresas no están en capacidad de competir con las transnacionales. O sea, desempleo en ambas partes y beneficios enormes para los empresarios gringos y coimas generosas para los políticos locales que facilitan esta estrategia. Tan o más grave para los intereses del gran capital estadounidense es el retiro de Estados Unidos del Acuerdo Transpacífico y la amenaza de hacer lo propio con México y Canadá (NAFTA), medidas que no se compensan en absoluto con el anuncio de un tratado de libre comercio con el Reino Unido.

¿Puede Trump sin consecuencias afectar al núcleo más duro del capitalismo estadounidense? El poder enorme del nuevo presidente puede revelarse como más formal que real. Su mayoría parlamentaria se puede diluir si se considera que la casi totalidad de sus miembros dependen financieramente de esas grandes compañías, las mismas que participan tan activamente en la “deslocalización”. Lo mismo puede afirmarse del entramado judicial cuyos vínculos con el llamado “Stablishment” o sea, el núcleo duro del gran capital no son menores. Ya ha comenzado la oposición de jueces y fiscales a las medidas racistas del nuevo inquilino de la Casa Blanca. Los otros factores de poder también pueden jugarle una mala pasada a Trump: el funcionariado civil, los servicios de inteligencia y las fuerzas armadas, a pesar de las generosas medidas que se han tomado en favor del complejo militar-industrial.

Tampoco se distingue el nuevo presidente por su tacto en el manejo de las relaciones internacionales (aunque, ciertamente, en este aspecto tampoco se distinguen sus predecesores, tan dados a  la arrogancia y la imposición grosera). Su deseado acercamiento a Rusia para aislar a China se produce cuando Moscú refuerza aún más sus vínculos con Pekín, y su displicencia en el tratamiento a la Unión Europea podría inclusive llevar a un acercamiento de ésta con Rusia. Es toda una incógnita qué va a suceder en las relaciones con América Latina y el Caribe, no solo respecto a Cuba y Venezuela, sino también respecto al proceso de paz en Colombia. ¿Podrá Trump eliminar o al menos disminuir los vínculos comerciales ya tan sólidos entre Brasil y Argentina con China? Y, en general, ¿conseguirá recuperar espacios en el continente desalojando al gigante asiático y a otros competidores fuertes como Rusia, Japón y la misma Unión Europea? Si Estados Unidos deja México, ya hay empresarios del Viejo Continente deseosos de ocupar su lugar.

Por otra parte, resulta más que dudoso que Trump tenga éxito en su propuesta electoral más sonada de hacer a los Estados Unidos nuevamente la primera potencia mundial. De hecho, la Guerra Fría se reproduce ahora sobre otros presupuestos y el enfrentamiento Este-Oeste se mantiene, pero esta vez con una China Popular convertida ya en tantos aspectos en la primera potencia mundial, y Rusia recuperando mucho del terreno perdido tras la disolución del Campo Socialista. Ya no entra en juego tan solo el equilibrio nuclear (que también), sino que en la esfera económica nuevos actores compiten exitosamente con los Estados Unidos por materias primas, mercados y zonas de influencia por todo el planeta.

Las medidas que afectan a inmigrantes, feministas, minorías étnicas y activistas de derechos civiles pueden darle a Trump un cierto margen de acción, al menos para congraciarse con sus votantes, esa “América profunda” tan cercana al racismo, la xenofobia, la religiosidad más primitiva y agresiva, la apología de la ignorancia y la defensa de los valores más reaccionarios y ajenos a cualquier pensamiento moderno (patriarcalismo, homofobia y tantas proclamas que despiden un nauseabundo olor a neofascismo). De hecho, ya se registran sus peores expresiones, no solo desde la misma Casa Blanca, sino desde los sectores sociales que han llevado a Trump al gobierno. Hasta el Ku Klux Klan  se atreve de nuevo a desfilar y los llamados “supremacistas blancos” ocupan cargos decisivos en la nueva administración.

La construcción del muro contra México, la expulsión masiva de “ilegales”, las medidas contra la inmigración y los refugiados, y tantas otras disposiciones similares en modo alguno son nuevas en los Estados Unidos. Obama y sus antecesores expulsaron a millones de personas “sin papeles”  (Obama casi tres millones), el muro solo tiene que terminarse (la mayor parte ya fue construida por los antecesores de Trump), y el belicismo que ahora se anuncia con bombo y platillos ha sido una constante en la historia de ese país. Obama, Clinton (y su señora esposa) están lejos de poder presentarse como adalides de la paz mundial, tal como lo ponen de manifiesto las guerras en Libia, Irak, Afganistán, Pakistán, Palestina, Ucrania, los Balcanes y ahora Siria, además de las intervenciones bélicas en África y el nada democrático papel de la diplomacia gringa en los asuntos al sur del Río Grande. Agresiones que tampoco han conseguido devolver a los Estados Unidos la deseada supremacía mundial; en tantos aspectos estas intervenciones solo arrojan un balance de derrotas estratégicas, difícilmente solucionables con las bravuconadas del nuevo mandatario en Washington.

Trump es sin duda la cara más fea del imperialismo estadounidense, pero la otra, la “amable”, de personajes como Obama o la señora Clinton no lo es menos. En el fondo son las dos caras de una misma moneda, de la misma potencia imperial que decae sin remedio. Ojalá las mayorías sociales de esta gran nación consigan torcer el rumbo de los acontecimientos, superen la pesadilla de un loco manejando sus asuntos y abran otras vías a su propio destino como nación, sin tener que recurrir a las fórmulas del pasado dando al Stablishment la oportunidad de recuperar el control.

Selección y presentación de libros de teología de y sobre las mujeres

Ana Unzurrunzaga
  • Aquino, Pilar, y Támez, Elsa, Teología feminista latinoamericana, Editorial Abya Yala, 1998

Este es un libro de hace ya casi 20 años, pero no podemos hablar de teología feminista y obviar nombrar a teólogas latinoamericanas como Ibone Gebara, Consuelo Vélez y las dos autoras de este libro. En la primera parte, Mª Pilar Aquino, tras situar el marco de la teología feminista en Latinoamérica, sus raíces históricas y momentos claves, presenta las formulaciones de dicho quehacer teológico y sus principios rectores. En la segunda, Elsa Támez hace un recorrido histórico centrándose en la hermenéutica feminista en Latinoamérica desde la década de los 60 y presenta los métodos exegéticos utilizados y las modalidades en la exposición. Teología feminista en Latinoamérica y teología de la liberación van unidas, como queda patente en el libro.

  • Schussler Fiorenza, Elisabeth, Cristología Feminista Crítica, Editorial Trotta, 2000

Hablar de Teología feminista en Europa es hablar de esta teóloga. Es un libro serio y denso académicamente hablando, en el que la autora muestra cómo los relatos y las enseñanzas del Nuevo Testamento fueron desde casi los inicios, revestidos de un lenguaje kyriocéntrico. Sirviéndose de este neologismo –acuñado por ella– como instrumento hermenéutico, la autora desvela el modo en que las identidades cristianas fueron moldeadas desde los comienzos en estructuras masculinistas y excluyentes, y propone un nuevo marco de interpretación. .

  • Navarro Puerto, Mercedes, y Miguel, Pilar de (eds.), Diez palabras clave en Teología Feminista, Editorial Verbo Divino, 2004

Este libro –como se recoge en él– es un foro virtual en exposición, discusión y debate. La mayoría de las teólogas que escriben en él provienen del campo de la Biblia, pero hay alguna especialista en teología sistemática, dogmática y moral. Unas están en el ámbito académico y otras no y la mayoría alimentan su pensamiento de la pertenencia a grupos de mujeres. El orden en que se presentan los diez términos no es arbitrario sino que pone en práctica las claves de la metodología crítica feminista: la experiencia, la historia y el presente abierto.

  • Arriaga Flórez, Mercedes (ed.), Teología Feminista I, Arcibel Editores, 2007

Todo el libro es un mapa que guía sistemáticamente al lector a través de una introducción a la metodología teológica feminista, una antropología feminista, la historia de las teologías feministas, las claves de la exégesis y hermenéutica feminista y una teología sistemática feminista. Como se recoge en sus páginas, la Teología Feminista por muy diversa que sea, comparte el común objetivo de la transformación de las personas, las relaciones y las instituciones en las que vivimos. Intenta llegar donde nos hacemos las preguntas más importantes apelando al saber acuñado por muchas mujeres e impregnado de fuertes experiencias vitales y de fe.

  • Johnson, Elisabeth A., La que es: el misterio de Dios en el discurso teológico feminista, Editorial Herder, 2009

Este libro es una obra de teología en sentido estricto: una llamada original y urgente a la reflexión sobre Dios desde una perspectiva femenina y decididamente feminista. ¿Cuál es el modo adecuado de hablar de Dios a la luz de la realidad de las mujeres? Las ideas sobre Dios son construcciones culturales vinculadas al tiempo y al lugar en que han sido concebidas y el discurso que presenta Johnson en su obra tiene lugar en el seno reactivador de la pura vitalidad de Dios, a la que se refiere con el símbolo LA QUE ES.

  • Forcades i Vila, Teresa, Teología feminista en la historia, Fragmenta Editorial, 2011

Teresa Forcades recupera una serie de figuras femeninas que han vivido la confrontación entre el discurso teológico sobre la mujer y su propia experiencia de Dios. Para ella, la teología feminista es una teología crítica que pone de manifiesto aspectos de la interpretación recibida que generan contradicciones, y ofrece alternativas teológicamente consistentes que permiten superarlas.

  • Manfred, Hauke, La Teología feminista. Significado y valoración, BAC Editorial, Madrid 2013.

Este profesor de teología dogmática en Lugano (Suiza) nos introduce en el movimiento feminista desde los orígenes proporcionando un análisis de todos los aspectos que afectan a la teología y también a la pastoral. Esta reflexión publicada hace sólo tres años está centrada en el área alemana y en la gran influencia de los estudios que se están promoviendo en EEUU y el área anglosajona. No sólo hace una descripción de la Teología feminista sino que expone una valoración crítica que puede ayudar a comprender los postulados de la teología católica en este siglo xxi. Eso sí, esta monografía puede resultar desconcertante para personas poco entendidas en estos temas.

  • Bara Bancel, Silvia (ed.), Mujeres, mística y política. La experiencia de Dios que implica y complica, EVD 2016.

Una espléndida introducción de Juan Martín Velasco sobre el fenómeno místico da pie a una exposición de testimonios de mujeres místicas de distintas épocas, lugares y estados de vida, que nos hace descubrir cómo la mística y la política pueden ir de la mano. Este es el undécimo libro de la colección Aletheia de la Editorial Verbo Divino,  impulsada por la Asociación de Teólogas Españolas (ATE). El término griego aletheia (“verdad”) en su origen alude a la necesidad de evitar que algo quede oculto o sea ocultado, que pase desapercibido o se olvide, que caiga en el silencio. Y a esto se dedica la colección, a sacar a la luz la presencia y la voz de la mujer en los textos bíblicos, en la historia de la Iglesia y en la teología. Por eso, éste y  cualquiera de los diez títulos anteriores son un estímulo para una espiritualidad feminista liberadora en el siglo xxi.