Selección y presentación de libros de teología de y sobre las mujeres

Ana Unzurrunzaga
  • Aquino, Pilar, y Támez, Elsa, Teología feminista latinoamericana, Editorial Abya Yala, 1998

Este es un libro de hace ya casi 20 años, pero no podemos hablar de teología feminista y obviar nombrar a teólogas latinoamericanas como Ibone Gebara, Consuelo Vélez y las dos autoras de este libro. En la primera parte, Mª Pilar Aquino, tras situar el marco de la teología feminista en Latinoamérica, sus raíces históricas y momentos claves, presenta las formulaciones de dicho quehacer teológico y sus principios rectores. En la segunda, Elsa Támez hace un recorrido histórico centrándose en la hermenéutica feminista en Latinoamérica desde la década de los 60 y presenta los métodos exegéticos utilizados y las modalidades en la exposición. Teología feminista en Latinoamérica y teología de la liberación van unidas, como queda patente en el libro.

  • Schussler Fiorenza, Elisabeth, Cristología Feminista Crítica, Editorial Trotta, 2000

Hablar de Teología feminista en Europa es hablar de esta teóloga. Es un libro serio y denso académicamente hablando, en el que la autora muestra cómo los relatos y las enseñanzas del Nuevo Testamento fueron desde casi los inicios, revestidos de un lenguaje kyriocéntrico. Sirviéndose de este neologismo –acuñado por ella– como instrumento hermenéutico, la autora desvela el modo en que las identidades cristianas fueron moldeadas desde los comienzos en estructuras masculinistas y excluyentes, y propone un nuevo marco de interpretación. .

  • Navarro Puerto, Mercedes, y Miguel, Pilar de (eds.), Diez palabras clave en Teología Feminista, Editorial Verbo Divino, 2004

Este libro –como se recoge en él– es un foro virtual en exposición, discusión y debate. La mayoría de las teólogas que escriben en él provienen del campo de la Biblia, pero hay alguna especialista en teología sistemática, dogmática y moral. Unas están en el ámbito académico y otras no y la mayoría alimentan su pensamiento de la pertenencia a grupos de mujeres. El orden en que se presentan los diez términos no es arbitrario sino que pone en práctica las claves de la metodología crítica feminista: la experiencia, la historia y el presente abierto.

  • Arriaga Flórez, Mercedes (ed.), Teología Feminista I, Arcibel Editores, 2007

Todo el libro es un mapa que guía sistemáticamente al lector a través de una introducción a la metodología teológica feminista, una antropología feminista, la historia de las teologías feministas, las claves de la exégesis y hermenéutica feminista y una teología sistemática feminista. Como se recoge en sus páginas, la Teología Feminista por muy diversa que sea, comparte el común objetivo de la transformación de las personas, las relaciones y las instituciones en las que vivimos. Intenta llegar donde nos hacemos las preguntas más importantes apelando al saber acuñado por muchas mujeres e impregnado de fuertes experiencias vitales y de fe.

  • Johnson, Elisabeth A., La que es: el misterio de Dios en el discurso teológico feminista, Editorial Herder, 2009

Este libro es una obra de teología en sentido estricto: una llamada original y urgente a la reflexión sobre Dios desde una perspectiva femenina y decididamente feminista. ¿Cuál es el modo adecuado de hablar de Dios a la luz de la realidad de las mujeres? Las ideas sobre Dios son construcciones culturales vinculadas al tiempo y al lugar en que han sido concebidas y el discurso que presenta Johnson en su obra tiene lugar en el seno reactivador de la pura vitalidad de Dios, a la que se refiere con el símbolo LA QUE ES.

  • Forcades i Vila, Teresa, Teología feminista en la historia, Fragmenta Editorial, 2011

Teresa Forcades recupera una serie de figuras femeninas que han vivido la confrontación entre el discurso teológico sobre la mujer y su propia experiencia de Dios. Para ella, la teología feminista es una teología crítica que pone de manifiesto aspectos de la interpretación recibida que generan contradicciones, y ofrece alternativas teológicamente consistentes que permiten superarlas.

  • Manfred, Hauke, La Teología feminista. Significado y valoración, BAC Editorial, Madrid 2013.

Este profesor de teología dogmática en Lugano (Suiza) nos introduce en el movimiento feminista desde los orígenes proporcionando un análisis de todos los aspectos que afectan a la teología y también a la pastoral. Esta reflexión publicada hace sólo tres años está centrada en el área alemana y en la gran influencia de los estudios que se están promoviendo en EEUU y el área anglosajona. No sólo hace una descripción de la Teología feminista sino que expone una valoración crítica que puede ayudar a comprender los postulados de la teología católica en este siglo xxi. Eso sí, esta monografía puede resultar desconcertante para personas poco entendidas en estos temas.

  • Bara Bancel, Silvia (ed.), Mujeres, mística y política. La experiencia de Dios que implica y complica, EVD 2016.

Una espléndida introducción de Juan Martín Velasco sobre el fenómeno místico da pie a una exposición de testimonios de mujeres místicas de distintas épocas, lugares y estados de vida, que nos hace descubrir cómo la mística y la política pueden ir de la mano. Este es el undécimo libro de la colección Aletheia de la Editorial Verbo Divino,  impulsada por la Asociación de Teólogas Españolas (ATE). El término griego aletheia (“verdad”) en su origen alude a la necesidad de evitar que algo quede oculto o sea ocultado, que pase desapercibido o se olvide, que caiga en el silencio. Y a esto se dedica la colección, a sacar a la luz la presencia y la voz de la mujer en los textos bíblicos, en la historia de la Iglesia y en la teología. Por eso, éste y  cualquiera de los diez títulos anteriores son un estímulo para una espiritualidad feminista liberadora en el siglo xxi.

Creencia en Dios, soberanía humana

Juanjo Sánchez

Un nuevo libro de Manuel Fraijó, a quien nuestros lectores conocen bien, está siendo noticia desde hace ya unos meses. Su presentación en nuestra revista se estaba retrasando ya excesivamente por no coincidir en el momento un número con una temática de algún modo cercana al contenido y a los interrogantes del mismo: Avatares de la creencia en Dios. Para no retrasarla más, he buscado una vertiente que, si bien no es tema explícito del libro, constituye uno de los hilos rojos que lo atraviesan. La inteligencia y la lucidez con las que Manolo recorre, entrelaza e ilumina los avatares de la creencia en Dios reflejan, en efecto, una convicción sostenida a lo largo y ancho de su libro: la creencia en Dios, cuando es auténtica, constituye una fuente de inspiración, de esperanza y de sentido, es decir, si se me permite la licencia, de empoderamiento y soberanía del ser humano.

Una sola ojeada al índice de contenidos permite constatar una vez más las grandes cuestiones que mueven su pensamiento, desde sus primeros escritos hasta los últimos artículos, dos de los cuales, publicados poco después de la aparición del libro: ¿Solo una hamaca vacía? y ¿Por qué no lo hablamos? merecían sin duda estar en él. Esas cuestiones han tenido siempre que ver con el mal en el mundo y el sufrimiento de los seres humanos y a la vez con la esperanza y el sentido indefectiblemente ligados para él a la creencia en Dios y en la resurrección de Jesús, el Crucificado, que lo revela como un Dios de vivos y no de muertos, de sentido y no de frustración.

Dos de las entrevistas que abren el volumen, una de ellas, la segunda, concedida a nuestra revista ÉXODO, conducen de la mano a los lectores por los propios avatares del autor a lo largo de su trayectoria vital e intelectual, siempre a vueltas con Dios, con la religión y con el sentido de la vida de los humanos y del mundo. Y lo hace, como siempre, a su vez de la mano de los grandes pensadores que ha dado la mejor filosofía y teología, de los que él mismo ha bebido y a los que cita con frecuencia y lucidez, en el momento y el lugar acertados. Su relato se enriquece con ellas y se traba con la vida, convirtiendo su lectura en un recorrido sumamente enriquecedor y por momentos apasionante.

Uno de esos momentos se alcanza, sin duda, con el texto central del libro, que recoge las densas, y a la vez transparentes, reflexiones que Fraijó ofreció en las XXI Conferencias Aranguren. En ellas aborda uno de los temas más actuales y de mayor relevancia y gravedad para las grandes cuestiones planteadas en el libro: la reivindicación y el debate sobre una “religión sin Dios”. Pocos podrían abordar este debate con mayor competencia e imparcialidad que él. Pocos han sondeado con mayor intensidad y rigor, y con más exquisita delicadeza, la cuestión de Dios y sus avatares desde la Modernidad a nuestros días. Desde su tesis doctoral hasta su último artículo, arriba mencionado, ¿Solo una hamaca vacía?, este ha sido su tema. Y en este texto central ofrece una síntesis magistral de ese recorrido.

La actual reivindicación de una “religión sin Dios” no le pilla, ciertamente, de sorpresa. Él sabe muy bien que la “ausencia” de Dios es una experiencia clave en la mejor teología cristiana. Pero el destino de las innumerables víctimas de la historia cuyo grito cayó, histórica y definitivamente, en el silencio de la tierra, es también para él una experiencia demasiado seria que espera imperiosa una respuesta con sentido. Por eso cuestiona un desenlace plano y sin fisuras de la Modernidad en la muerte de Dios o, menos aún, en su ligera y banal negación. “¿A quién encomendar (a las víctimas) –pregunta–, o de quién esperar su salvación?”… No es esta una cuestión de la que se pueda pasar página alegremente: en ella está en juego la dignidad de los humanos, y por tanto su soberanía, no ciudadana, pero sí humana, aquella que tan vigorosamente reclamó el filósofo de la esperanza, Ernst Bloch, a quien por lo mismo Fraijó tanto gusta citar.

En la tercera parte del libro se recogen diversas conferencias que Manolo impartió en diferentes situaciones y momentos. Pero salta a la vista cómo en todas ellas da vueltas a los mismos interrogantes que respondía y a la vez dejaba abiertos en los textos anteriores: el mal, el futuro, la vida y el más allá, la esperanza… Y en todos ellos surge la cuestión de Dios como horizonte que sustenta la esperanza. Como horizonte, no como afirmación dogmática que no conoce la perplejidad y la duda inherentes a la finitud. Pero horizonte sin el cual difícilmente podrá darse una espiritualidad que merezca tal nombre, ni laica ni religiosa.

No podía faltar en este nuevo libro un capítulo dedicado a alguno de sus más próximos y más valorados pensadores: José G. Caffarena, Hans Küng y W. Pannenberg. Pensamiento (filosofía y teología) y biografía siempre estuvieron entrelazados en su reflexión.

El libro se cierra con una serie de artículos en los que se vuelve a escuchar el eco de las cuestiones centrales, ligadas ahora más a los avatares de la actualidad. En uno de ellos, que lleva el mismo título que este libro, Fraijó cita al gran Maestro Eckhart, quien era conocido como “el hombre del ‘sí’ y del ‘no’”, es decir del pensamiento dialéctico, abierto, sobre todo en la cuestión de Dios. Y en su nuevo libro sostiene con no menor lucidez esa misma apertura respetuosa. Leerlo es siempre una amable, pero irresistible, invitación a ese pensamiento abierto de Dios que no aliena nuestra dignidad ni autonomía, sino que las acrecienta, y así nos empodera.

 

 

 

Juan García y Pascual Serrano, Los gobiernos españoles contra las libertades

Evaristo Villar

Hay una conclusión no escrita que recorre las páginas de este necesario y clarificador libro, la convicción de que en la dialéctica entre libertad y seguridad siempre acaba imponiéndose la segunda sobre la primera. Y hay también una ley que brota de forma inexorable cuando ciertos hechos sorprenden al ser humano y golpean violentamente su sensibilidad; la reacción de las sociedades en esos momentos, alimentada por el miedo y/o el deseo de venganza, no considera una pérdida volver sobre sus pasos e hipotecar su libertad. “El Estado entonces, afirman los autores, puede pedirles prácticamente lo que quiera a sus ciudadanos en términos de ataque a las libertades porque estos se lo otorgarán” (p. 7).

Estos comportamientos, que entre nosotros identificábamos más bien con la pasada dictadura, se constata —en este estudio crítico sobre el proceso legislativo desarrollado durante la Transición en España— que ni la Constitución, ni la implantación de la democracia formal han logrado erradicarlos. Todos los gobiernos (desde la UCD pasando por el PSOE hasta recalar en el PP) han mantenido, y a veces incrementado, esos restos de franquismo contra las libertades, insertados en nuestro ordenamiento legislativo y judicial. El ejemplo más elocuente lo tenemos en la creciente protesta social contra la escalada de medidas represivas que ha generado el último gobierno del PP. Añadiendo, además, que las mareas internas contra el recorte de libertades se han sentido secundadas por la denuncia de las más altas instituciones mundiales.

El libro se articula en cinco capítulos en los que sus autores van demostrando, paso a paso y con suficientes ejemplos prácticos, el que parece ser el propósito general del estudio y que resulta evidente a lo largo de todo el libro, es decir, el “retroceso de las libertades en España” que todos los gobiernos de la Transición –con el rechazo de las minorías críticas pero con el silencio de la mayoría social y parlamentaria–, han venido practicando. A este respecto, el título mismo es bien elocuente: “Los gobiernos españoles contra las libertades”.

En el primer capítulo, “Involución legislativa”, se constata que, so pretexto de combatir el terrorismo, los gobiernos, y de forma creciente, además del recorte de las libertades ciudadanas en la legislación, han venido reforzando (y hasta duplicando servicios) tanto los agentes de seguridad (cuerpos policiales y Guardia Civil) como las instancias judiciales (Audiencia Nacional, Tribunal Superior, Tribunal Constitucional). Observando de cerca este proceso de deterioro, uno se percata del “clima de desconfianza” que los gobiernos y sus instancias legislativas y judiciales rezuman con respecto a la sociedad. Más que instrumentos para el servicio de una convivencia pacífica y solidaria, parecen pensados para ponerla a raya por medio de la represión y, a veces, hasta de la tortura.

En el segundo capítulo, titulado “legislando contra el enemigo interior”, se hace un extenso y pormenorizado estudio centrado en las “leyes de seguridad ciudadana” –desde la Ley Corcuera de 1992 o “Ley de la patada en la puerta” hasta la “Ley Mordaza” de Rajoy de 2015–, que, a juzgar por su contenido, más bien parecen inspiradas en “la dialéctica amigo-enemigo” del filósofo y político nazi Carl Schmitt que en la Utopía de Tomás Moro. Se advierte fácilmente en este proceso legislativo cómo se van reduciendo las libertades constitucionales de expresión, información y manifestación y cómo el poder ejecutivo se va imponiendo y eludiendo paso a paso el control judicial.

El tercer capítulo, que se titula “legislando contra el enemigo exterior”, se centra en la política migratoria. Una legislación y unas políticas que, desde la creación en 1995 de los CIEs en aplicación de los acuerdos de Schengen, se han venido recrudeciendo, llegando en los últimos años a aberraciones del calibre de la privación inicial de la asistencia sanitaria, expulsiones en caliente o a las represiones y concertinas en Ceuta y Melilla, etc. Por su parte, la persecución del terrorismo “islamista” o “Yihadista” –sobre todo después de los atentados del 11-S en Nueva York, 11-M en Madrid, 7-J en Londres y 13-N en parís– está llegando al extremo de no distinguir “entre combatientes extranjeros que mantengan conductas ilícitas y aquellos que cometen actos terroristas” (150).

El Capítulo IV, “Cómo oponerse ante la represión de un Estado de derecho”, manifiesta la difícil ruta a seguir en la defensa de los derechos humanos ante las más altas instancias jurídicas tanto en España como en la UE. Es paradigmático, a este propósito, el caso del Tribunal Constitucional en España, dirigido por Francisco Pérez de los Cobos que mantuvo su filiación y militancia en el PP aun siendo magistrado de ese alto tribunal. ¡Qué difícil disipar, con semejante trayectoria, la sospecha de parcialidad en este tipo de dirigentes, cuando se sabe que ha sido impuesto por un partido que ha disfrutado de mayoría absoluta en las dos cámaras! Algo similar ocurre con las instancias jurídicas europeas, impuestas por el poder dominante y conservador.

Resulta casi imposible aceptar que una legislación regresiva para la ciudadanía pueda ser un instrumento útil para hacer frente a la delincuencia y el terrorismo. En su informe anual del 2015/16 Amnistía Internacional ha hecho un estudio de la legislación española en materia de seguridad ciudadana y ha mostrado, desde el punto de vista del respeto a los Derechos Humanos, su preocupación y denuncia. Antes lo habían hecho otras instituciones internacionales de altísimo rango ante la Ley Mordaza, el “régimen de incomunicación”, la “tortura”, la “libertad de expresión”, “las devoluciones en caliente”, etc.

El libro se cierra en su V y último capítulo con el título “El eterno equilibrio entre seguridad y libertad” en el que se aconseja al legislador –además de hacer “pocas normas”, y que la “ciudadanía sea consciente de ellas y las cumpla”, p 178– a moverse con cautela entre el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (que autoriza, por motivos de seguridad, a las Estados firmantes a restringir el ejercicio de algunos derechos) y los Principios de Siracusa de 1985 que señalan los límites de tal restricción. Lo que, en estos últimos años, parece que se ha olvidado en la legislación española donde “se aprecia, a juicio de los autores, una clara tendencia: la de ir incorporando medidas sancionadoras, disminuyendo garantías jurídicas y eliminando libertades” (p. 179).

Se trata de un libro necesario a tener en cuenta para conocer en qué marco jurídico y político estamos viviendo y, sobre todo, para mantener la tensión social hacia una ciudadanía libre y democrática.

La crisis española

Juan Diego García

Más allá de reformas seguramente necesarias pero que en el fondo no afectan el funcionamiento del modelo neoliberal vigente, los partidos políticos españoles no ofrecen al electorado medidas que constituyan salidas que permitan hacer frente a las enormes deficiencias de su sistema económico y político.

La derecha tradicional- el Partido Popular y los partidos nacionalistas de la burguesía catalana y vasca- como la nueva derecha –el partido Ciudadanos- continúan apostando por el mantenimiento del actual sistema si bien con ciertas reformas que adecenten la vida política. Pero las líneas básicas del modelo económico estos partidos las comparten en lo fundamental. Los apoyos de la banca, los más destacados grupos económicos y los medios de comunicación comprueban, si había alguna duda, la lealtad de estos partidos con el orden vigente.

La izquierda presenta un panorama bastante complejo. El Partido Socialista mantiene un cierto lenguaje contestatario pero le resulta difícil afirmar su carácter de fuerza de izquierda si se consideran los antecedentes de las décadas pasadas. En el modelo económico el PSOE aunque mantiene sus viejas consignas de transformación social en la práctica ha asumido como propios los fundamentos del neoliberalismo y tampoco escapa a las prácticas del clientelismo y la corrupción que tanto contribuyen al desgate de la política y a la misma pérdida de legitimidad del sistema. El descontento de amplios sectores con el modelo neoliberal por sus efectos perjudiciales en el nivel de vida de las mayorías sociales no significa aún un rechazo al capitalismo como tal pero es creciente el convencimiento en grupos significativos  acerca de la necesidad de buscar alternativas para alcanzar un orden social diferente.

El nuevo partido Podemos sufre ahora un cierto desgaste debido a errores en la gestión interna y a la eliminación no siempre bien explicada de propuestas iniciales de fondo (no pago de la deuda o la revisión de las relaciones con la Unión Europea, entre otras), algo que podría interpretarse como una reacción comprensible frente al fracaso griego. Pero el manejo de los asuntos internos y sobre todo la rebaja en sus reivindicaciones mayores si pueden haber restado simpatías sobre todo entre los sectores con mayor nivel de compromiso y militancia política. Muchos de los desilusionados pueden volver entonces sus querencias hacia Izquierda Unida –la fuerza tradicional de la izquierda española-;  al menos así parecen mostrarlo las más recientes encuestas que registran un ascenso en su favor y un descenso de los apoyos a Podemos. Los acercamientos de Podemos al PSOE –que tiene ya un acuerdo con Ciudadanos bastante más acorde con el programa de la derecha- solo acrecienta estos riesgos del desgaste de su clientela, sobre todo entre los sectores con mayor activismo y nivel de politización.

Pero la izquierda es más que Podemos e IU. En Cataluña, Madrid, Valencia y Galicia las fuerzas de la izquierda están representadas igualmente  por aliados de Podemos que tienen su propia identidad, en una multiplicidad de siglas y tendencias que reflejan bien las carencias de España como estado nacional moderno: son demasiadas las regiones o naciones que reivindican su propia identidad y eso se refleja también en el tejido de las organizaciones políticas que se ven abocadas a la necesidad de dar un tono muy particular a sus formas de ser, so pena de no encontrar eco social suficiente.

La multiplicidad de fracciones y grupos no afecta solo a los partidos nuevos de  la izquierda. El mismo PSOE muestra sensibilidades bastante agudas según regiones, si bien más que diferencias ideológicas se trata de la lucha entre “barones” por el control de sus propias clientelas y por su influencia dentro del partido. No es mejor el panorama en la derecha catalana, ahora dividida y enfrentada y que tampoco escapa a los escándalos de clientelismo y corrupción. Solo la burguesía vasca parece a salvo de divisiones internas (al menos que se sepa). El PP tampoco puede ya ocultar sus grandes divisiones. Los sectores “duros” (encabezados por José María Aznar) hacen públicas sus críticas al presidente Rajoy (que les resulta muy “moderado” y hasta mediocre) aunque tampoco presentan alternativas sólidas; más bien, apuestan al desgaste del presidente esperando quizás la oportunidad de recuperar al dirección del partido. La corrupción galopante que tanto afecta al PP y los resultados nefastos de las políticas de austeridad llevan al partido a conservar tan solo sus votantes cautivos perdiendo los apoyos de otras épocas de suerte que ahora, sin respaldos suficientes tiene que buscar alianzas con la nueva derecha de Ciudadanos y con el mismo PSOE (para lo cual la derecha parece contar con el apoyo a veces nada discreto de la vieja guardia de este partido, en particular de Felipe González).

Ni los problemas estratégicos del modelo económico (que descansa de forma tan preponderante y riesgosa en la construcción y el turismo), ni la manera como se desarrolla hoy la Unión Europea (en manos y en beneficio sobre todo de los banqueros alemanes), ni las relaciones de España con el mundo (en particular aquellas que atan al país al carro de la guerra de los Estados Unidos) parecen ser preocupaciones destacables en los programas de los partidos de derecha o de izquierda, a excepción probablemente de Izquierda Unida, una fuerza muy debilitada seguramente por sus propios errores no menos que perjudicada por el sistema electoral vigente que garantiza la hegemonía del bipartidismo PSOE-PP.

No se sabe con certeza qué va a suceder en los próximos días. Es probable que se alcance algún tipo de acuerdo que permita formar gobierno. Pero en tal caso y dada la actual correlación de fuerzas cualquiera de las alternativas posibles dará como resultado un gobierno débil que tendrá que gestionar una economía en crisis, soportado por un sistema político desprestigiado y con la amenaza de una probable nueva crisis económica mundial. Los recientes compromisos militares de España con la OTAN y en particular con los Estados Unidos solo ensombrecen más las perspectivas de futuro en un panorama de conflictos bélicos y terrorismo que algunos no dudan en interpretar como una guerra generalizada.

Si no se forma gobierno habrá nuevas elecciones generales seguramente con resultados muy similares a los actuales. Repetidas estas condiciones (con algunos cambios menores) sorprende que ningún partido se atreva entonces a preguntarse acerca de un futuro tan incierto y a ofrecer en consecuencia alguna alternativa realista. Si es así, lo más probable es que se imponga la fórmula de los grandes grupos económicos, o sea una alianza entre PP, PSOE y Ciudadanos, convenientemente apoyada por los poderes que gobiernan la UE, es decir, en lo fundamental por el consorcio siniestro de la banca europea, a la cabeza de la cual se encuentran los banqueros alemanes.

Algunos libros interesantes sobre la figura del Jesús histórico

Ariel Álvarez Valdés
  1. Gnilka, Jesús de Nazaret. Historia y mensaje, Editorial Herder, Barcelona 1993.

Joaquín Gnilka es un teólogo católico alemán y renombrado exegeta. Aunque esta obra ya tiene sus años, sigue siendo actual en muchos puntos. Se sitúa en la línea de la crítica histórico-literaria de la tradición alemana. Se trata de un manual para teólogos y también para estudiantes de teología. Mesurado, quizá un poco aséptico en su visión de Jesús.

Gnilka sitúa la investigación histórica de Jesús en el contexto del mundo político, religioso y social de su tiempo. Trata de centrarse en la afinidad y en las tensiones que experimentó Jesús con su entorno cultural. En su momento abrió muchos caminos de investigación, y significó un gran aporte para conocer mejor la personalidad y la autoridad de Jesús, así como el conflicto que estalló entre él y las autoridades de su tiempo.

A lo largo de doce capítulos, va analizando, entre otros temas, la investigación sobre Jesús, la situación política de Israel en su tiempo, la situación espiritual y religiosa, su mensaje, sus discípulos, sus enseñanzas, el conflicto final, su proceso y ejecución, y culmina con un epílogo pascual.

 

  1. D. Crossan, Jesús. Vida de un campesino judío, Editorial Crítica, Barcelona 1994.

John Dominic Crossan es un exegeta, historiador y publicista estadounidense de origen irlandés. Ha sido monje católico, de los hermanos Servitas, pero dejó el sacerdocio para dedicarse con más libertad al estudio de la vida de Jesús, viviendo y trabajando en USA. Ha tenido gran éxito mediático con la difusión de sus escritos e ideas.

Se siente cómodo dentro de la llamada “tercera ola” de la investigación de la historia de Jesús, y forma parte del Jesus Seminar, un grupo académico interdisciplinar e interconfesional de estudiosos que se dedican a analizar la historia de Jesús. Crossan ve a Jesús de Nazaret como sabio y carismático ambulante, amigo de la mesa compartida y testigo de la gratuidad divina. Ha unido, y sigue uniendo, la visión de un Jesús contra-cultural y “sabio”, al estilo de los cínicos de su tiempo, con una intensa crítica social, que proviene de la tradición profética de Israel, en la línea de un catolicismo liberal y liberador, de anglosajón de origen irlandés. Sus aportaciones al estudio de la historia de Jesús siguen siendo importantes.

Crossan ha sido fuertemente criticado por numerosos exegetas, ya que, en su esfuerzo inicial por desacreditar la imagen de Jesús que ofrece el fundamentalismo bíblico, termina por considerar tardíos todos los Evangelios canónicos, incluyendo el Evangelio de Marcos (considerado por la mayoría de los estudiosos de alrededor del año 70), y además, llega a devaluar el Evangelio de Juan a tal punto que no le atribuye casi ninguna importancia para el estudio del Jesús histórico.

El libro Jesús. Vida de un campesino judío está dividido en tres partes. La primera, dedicada a la situación política que imperaba en la Palestina de Jesús. La segunda, sobre los distintos esfuerzos y reacciones del pueblo judío  para afrontar aquel yugo imperial. La tercera, centrada en la figura de Jesús de Nazaret.

Años después Crossan publicó un resumen dirigido a un público más amplio de este libro, titulado Jesús: biografía revolucionaria, Editorial Grijalbo, Barcelona 1996.

 

  1. P. Meier, Un judío marginal. Nueva visión del Jesús histórico Vol. I-IV, Editorial Verbo Divino, Estella 1998-2012.

John P. Meier es un jesuita norteamericano, exegeta e historiador, de origen católico. Actualmente quizá sea el autor que ha estudiado de manera más completa y detallada la figura de Jesús de Nazaret, en los últimos decenios. Comenzó escribiendo algunos libros sobre el evangelio de Mateo y el origen del cristianismo, pero después se centró en la elaboración de su obra Un judío marginal. Se trata de una obra monumental, a la que se viene dedicando desde hace más de veinticinco años.  De ella ha publicado ya cuatro volúmenes.

El primero, sobre el encuadramiento histórico y las raíces de la persona de Jesús. En él plantea el problema de los hermanos de Jesús como otros hijos de María. También la cuestión del nacimiento de Jesús en Nazaret, y no en Belén.

El segundo volumen, es sobre el mensaje del Reino. En la edición española, debido a su gran tamaño, este volumen ha sido editado en dos tomos. El 2/1, sobre la figura de Juan Bautista, y el 2/2, sobre los milagros. En el primero de ellos estudia el período desconocido del discipulado de Jesús entre los seguidores de Juan el bautista.

El tercer volumen, es sobre los compañeros de Jesús y los competidores que tuvo. Investiga los diferentes grupos de personas que siguieron o rodearon al Maestro: los Doce, los discípulos, los seguidores, las multitudes ocasionales, las mujeres. Luego detalla la relación de Jesús con los fariseos, los saduceos, los esenios y otros grupos.

El cuarto volumen, se centra en la interpretación de la Ley y el mensaje del amor anunciado por Jesús. Analiza cómo interpretaba Jesús ciertas cuestiones legales judías como el sábado, los alimentos impuros, los juramentos, el divorcio, y la ley del amor.

En el original inglés, la obra todavía no ha sido terminada. Meier anunció que aún le quedan por abordar temas importantes, como el de las parábolas, los títulos de Jesús, y sobre todo el juicio, pasión y muerte de Jesús.

La obra de Meier es quizás la más significativa e influyente de los últimos decenios, no sólo entre los católicos, sino también entre los protestantes y los agnósticos. Actualmente esta obra es considerada un punto de referencia básico para el estudio de la vida histórica de Jesús de Nazaret, y un texto ineludible para quien quiera hoy adentrarse seriamente en este tema.

A lo largo de su obra, Meier presenta a Jesús como un pretendiente mesiánico, maestro sabio y carismático asesinado. Está escrita de forma clara, atractiva y apasionada, y en ella estudia, de un modo crítico y muy detenido, todos los temas básicos sobre el mensaje y la vida de Jesús, como profeta del reino de Dios (en la línea de Elías) y como pretendiente mesiánico (en la línea de David).

 

  1. Theissen – A. Merz, El Jesús histórico, Editorial Sígueme, Salamanca 1999.

Gerd Theissen es un teólogo de origen alemán, de tradición protestante, y profesor de Nuevo Testamento. Ha sido y sigue siendo el mejor analista social de la vida de Jesús y del cristianismo primitivo. Es psicólogo y sociólogo, y un pensador de fondo. Y tiene el mérito de haber sido uno de los primeros en haber abordado el estudio del Nuevo Testamento desde una perspectiva sociológica.

La coautora de esta obra, Annette Merz, es una teóloga protestante alemana, y profesora de Nuevo Testamento. Ambos se han unido para producir este excelente libro. Escrito en 1996, es un compendio escolar, casi enciclopédico, sobre el marco social y la identidad del mensaje y la vida de Jesús de Nazaret.

El libro consta de cuatro partes. La primera, sobre las fuentes del estudio del Jesús histórico. La segunda, sobre el marco histórico de la vida de Jesús. La tercera, sobre su actividad y predicación. Y la cuarta, sobre su pasión y trágico final.

Los autores presentan a Jesús como profeta carismático, maestro y poeta. Esta obra es quizás el mejor estudio de conjunto, de tipo escolar pero a la vez ampliamente abarcador, sobre el marco social del mensaje y la vida de Jesús. Los autores, de un modo sistemático, han buscado situar a Jesús en el contexto de la cultura económica, política, social y religiosa de su tiempo. Creen que la vida y el mensaje de Jesús sólo se entiende si se lo sitúa en el trasfondo del despliegue cultural, social y religioso de la humanidad, en el Antiguo Oriente.

Theissen ha popularizado muchas de sus aportaciones, en forma novelada, en una obra titulada La sombra del Galileo, de Editorial Sígueme, Salamanca 1985.

 

  1. Vidal, Los tres proyectos de Jesús y el cristianismo naciente, BEB 110, Editorial Sígueme, Salamanca 2003.

Senén Vidal es un crítico textual, exegeta e historiador católico español, y uno de los mejores conocedores de san Pablo en el ámbito español. Su obra sobre los tres proyectos de Jesús es un estudio original, profundo y excelente sobre la evolución mental y vocacional del profeta de Nazaret. Tiene el mérito de asumir, de un modo más crítico que J. P. Meier, el esquema de fondo de la personalidad de Jesús. Distingue de una forma realista y bien fundamentada, los tres momentos de su biografía profética. Primero: sostiene que fue por un tiempo profeta apocalíptico de conversión, en el ambiente de Juan el Bautista, cuyo bautismo recibió e impartió, en el desierto de la ribera oriental del Jordán. Segundo, tras la prisión de Juan, y viendo el fracaso del bautista en su tarea de inaugurar el Reino, Jesús asume su vocación de mensajero y profeta del Reino de Dios en su tierra de Galilea. Tercero: expone el momento en que Jesús se presentó al final de su vida como pretendiente mesiánico, lo cual lo llevó a ser en Jerusalén.

Su planteo es muy lúcido y valioso, sobre todo en las dos primeas partes del libro. En la tercera, su postura es un poco más tradicional e influida por la dogmática cristiana posterior.

Vidal ha realizado una versión resumida, sin notas tecinas y más divulgativa en su libro: S. Vidal, Jesús el Galileo, Editorial Sal Terrae, Santander 2006.

 

P. Sanders, Jesús y el judaísmo, Editorial Trotta, Madrid 2004 (original de 1985).

Es un protestante norteamericano, profesor de Nuevo Testamento, y uno de los más importantes investigadores contemporáneos del Jesús histórico, el cual ha contribuido de manera efectiva y decisiva a la visión de que Jesús era miembro de un movimiento de renovación religiosa del judaísmo.

Alejado de las “etiquetas” de la “tercera ola” y del Jesus Seminar, se confiesa agnóstico respetuoso.

El libro se divide en tres secciones. La primera, aborda la cuestión fundamental de la teología de la restauración de Israel. La segunda trata sobre el Reino de Dios y los distintos aspectos en el ambiente judío. La tercera, sobre el conflicto final que lo llevó a la muerte.

En su obra presenta a Jesús como profeta escatológico, testigo de la gratuidad de Dios, mensajero, preparador y testigo de un Reino inminente, que ha de manifestarse a partir del pueblo de Israel (simbolizado por el grupo de Los Doce, de Jesús) hacia todas las naciones. No lo considera un profeta político, en el sentido militar. Tampoco considera que haya sido condenado por rechazar las estructuras económico-sociales, sino más bien por haber anunciado el fin de toda política institucional, expresada en términos de poder, tanto la de Roma, la de los sacerdotes jerosolimitanos, y los posibles celotas judíos. Sostiene que anunció y preparó la llegada de un Reino distinto del de los sacerdotes y políticos de sus tiempos, y que por ello fue condenado. Este llamado de atención sobre el Jesús judío religioso, ofrecido precisamente por un agnóstico confeso como Sanders, quien es sin duda el mejor conocedor del judaísmo de su tiempo, constituye una de las aportaciones básicas al conocimiento de la historia de Jesús en la investigación contemporánea.

 

E. Brown, La muerte del Mesías I-II, Editorial Verbo Divino, Estella 2004-2006 (original de 1994).

Raymond Eduard Brown es un teólogo católico norteamericano, y experto en exégesis bíblica de fama mundial. Ha sido uno de los primeros académicos católicos en aplicar el método histórico-crítico a las Sagradas Escrituras.

Es ampliamente conocido en el ambiente bíblico por su Comentario al Evangelio de Juan, hoy convertido en una obra clásica. Esta obra monumental es uno de los estudios más detallados y completos que existen sobre la pasión y muerte de Jesús de Nazaret. En él recoge y evalúa los distintos temas del conflicto de Jesús con su entorno.

En su análisis estudia simultáneamente los relatos de la pasión y muerte de Jesús confrontando a la vez la narración de los cuatro evangelistas. Desde esta perspectiva, intenta descubrir los respectivos mensajes evangélicos de los autores canónicos, y a la vez detectar el trasfondo histórico de aquellos sucesos. Al articular las cuatro narraciones evangélicas en un solo relato unificado, pero destacando sus diferencias, este comentario es una herramienta sumamente útil para descubrir las características literarias y teológicas de los autores de los Evangelios. Todo esto en un lenguaje comprensible para el lector moderno, a la vez que erudito y exhaustivo.

En el volumen primero, analiza los hechos que van desde el prendimiento de Jesús en Getsemaní hasta el momento previo a la crucifixión. Allí estudia su captura en el monte de los Olivos, la posibilidad del juicio ante el Sanedrín, las vejaciones de la guardia judía, el proceso ante el gobernador Poncio Pilato, el suicidio de Judas, y el escarnio y maltrato por parte de las autoridades romanas. En el volumen segundo estudia los detalles de la crucifixión, los acontecimientos posteriores a la muerte de Jesús, la reacción de los presentes, y la sepultura de Jesús.

 

­R. Aguirre – C. Bernabé – C. Gil, Qué se sabe de Jesús de Nazaret, Editorial Verbo Divino, Estella 2009.

Los autores son profesores españoles de Nuevo Testamento en la Universidad de Deusto, y combinan el estudio, la docencia y la divulgación de cuestiones en torno a Jesús, el Nuevo Testamento y el cristianismo primitivo.

Esta obra aborda casi todos los temas importantes en torno a la vida, el mensaje, la misión y la muerte en la cruz de Jesús de Nazaret.

Comienza con una breve historia de la investigación, desde sus orígenes a fines del siglo XVIII hasta el presente. Sigue luego un análisis del contexto de la vida de Jesús. Los orígenes familiares, su educación, y su relación con Juan el Bautista. Estos autores, a pesar de ser católicos, se abren a la posibilidad de que los hermanos de Jesús fueran realmente hermanos carnales

El capítulo siguiente está dedicado a la enseñanza de Jesús. El él se analiza el anuncio de Jesús sobre el reino de Dios, aunque no menciona el hecho de que este reino de Dios, tal como lo imaginaba Jesús, iba a cumplirse aquí en la tierra, y concretamente en la tierra de Israel. A continuación, sigue un estudio sobre los hechos de Jesús, las sanaciones y exorcismos que realizaba. Los autores eliminan como no históricos los llamados “milagros contra la naturaleza”. El siguiente apartado es sobre las relaciones de Jesús, es decir, los destinatarios del Reino, los discípulos en general, el grupo de los Doce, y las mujeres. Cuando abordan los últimos días de su vida, su condena y su muerte, aceptan que Jesús fue condenado por el poder romano por considerarlo culpable de un delito político.

Una obra muy recomendable por su amplitud, su claridad y su poder de síntesis, de parte de los autores.

La Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible y la deriva de la sociedad global

Carlos Gómez Gil

Una nueva cumbre mundial en Naciones Unidas con el pomposo nombre de “Agenda 2030 para el desarrollo sostenible”, nuevos acuerdos aprobados desde el convencimiento de ser incumplidos desde el momento mismo de adoptarse como ya se ha hecho con otros muchos anteriores, más promesas vacías, renovadas palabras huecas, alegrías, parabienes y felicitaciones que sonrojan a cualquiera que conozca en detalle la naturaleza de lo que se anuncia a los cuatro vientos en comparación con las políticas que cada día llevan a cabo quienes han firmado los solemnes acuerdos de la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible.

La nueva hoja de ruta del desarrollo mundial, aprobada en la 70º Asamblea General de las Naciones Unidas con la rúbrica de 190 jefes de estado mundiales, ha sido presentada con la fanfarria habitual, anunciándonos tanta dicha y felicidad para los habitantes de este castigado planeta que no se acaba de entender bien que haya tardado tantos años en acordarse. Sin embargo, cualquiera que repase las hemerotecas y los documentos institucionales posteriores a la Cumbre del Milenio, en la que se aprobó la Declaración del Milenio que daba cuerpo a los Objetivos de Desarrollo del Milenio del año 2000, aprobados también con gran júbilo por la 55º Asamblea General de Naciones Unidas, encontrará las mismas alegrías, los mismos anuncios de júbilo y satisfacción, junto a oxidadas promesas de erradicar el hambre y la pobreza en el mundo, alcanzar el 0,7% y convertir el planeta en un paraíso de bienestar para los más desdichados.

Lo del 0,7% se ha convertido ya en un clásico desde que este compromiso mundial fue acordado también por las Naciones Unidas en el año 1972 hasta el punto que de la misma forma que no hay boda en la que se deje de gritar “vivan los novios”, no hay cumbre mundial en la que todos los países se comprometan a dar el 0,7%. Pero ahora, en esta nueva Agenda de Desarrollo Sostenible lo retrasan para el año 2030, una curiosa forma de decir que la comunidad internacional no tiene ninguna intención de dar respuesta a un solemne compromiso adoptado hace más de cuarenta años, que se dice pronto.

Pero si la Agenda de Desarrollo Sostenible (ODS) es la sucesora de los compromisos y acuerdos recogidos en los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que abarcaban desde el año 2000 hasta 2015, no se entiende bien que no se haya procedido a realizar una evaluación exhaustiva y minuciosa del cumplimiento político y técnico de estos acuerdos, más allá de los avances macroeconómicos derivados del crecimiento de la economía mundial que se nos vende como si fueran un logro de las políticas de cooperación mundial. Esto sucede, por ejemplo, con la reducción de la pobreza en el mundo a partir de la cuantificación del Banco Mundial del dólar diario de la meta 1 del objetivo 1 de los ODM, vinculado esencialmente al formidable crecimiento de la economía en China e India, pero acompañado de un gigantesco avance de la desigualdad, la destrucción medioambiental y el deterioro de la salud, como demuestran las catástrofes apocalípticas que con periodicidad se producen en estos países, dejando un rastro de centenares de muertos y heridos. Sin hablar de los graves problemas metodológicos para el acceso a datos precisos sobre la evolución de la pobreza en el mundo. El propio BM estima que se carece de datos precisos para monitorear la pobreza en la mitad de los 155 países estudiados y que no menos de 57 países contaban con una o ninguna estimación sobre las tasas de pobreza. Por tanto, avanzamos en construir acuerdos que no están anclados en datos precisos.

Sin embargo, en esta ocasión, la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible se aprueba coincidiendo con uno de los dramas humanitarios y políticos más grandes que se viven en Europa y Oriente Medio desde la Segunda Guerra Mundial a raíz de la crisis de los refugiados sirios, dejando patente la dejadez y el abandono deliberado de los países occidentales en atender sus obligaciones más elementales hacia la vida de cientos de miles de personas. Creo que es un buen termómetro de la verdadera validez de unos acuerdos para el año 2030, cuando en este desgraciado 2015 van a dar por finiquitado los anteriores Objetivos de Desarrollo del Milenio sin realizar la mínima autocrítica sobre las razones y responsables de su incumplimiento, y cuando a las puertas de Europa y en los propios países centroeuropeos a cientos de miles de refugiados, mujeres, niños, ancianos y heridos, se les niega hasta la atención más elemental a la que tienen derecho como recoge la Convención de Ginebra de 1951 y el Protocolo de Nueva York de 1967 que obliga a todos los países firmantes. ¿Para qué presentar ampulosos acuerdos repletos de palabrería hueca si a las puertas de nuestras casas podemos hacer realidad cosas tan simples como impedir que se ahoguen quienes huyen del horror de una guerra y no lo hacemos?

A diferencia de los Objetivos del Milenio, que contaban con 8 objetivos, 18 metas y 48 indicadores, los Objetivos de Desarrollo Sostenible cuentan con 17 objetivos y 169 metas, dejándose los indicadores para marzo de 2016, cuando serán finalmente aprobados. Estos ODS ponen un mayor hincapié en elementos más ambiguos que serán de aplicación tanto para los países empobrecidos como para los países desarrollados, siendo así una agenda de carácter universal. En esta ocasión, se diluyen algunos de los problemas más graves y precisos en materia de lucha contra la pobreza, siendo sustituidos por otros conceptos más imprecisos, plásticos y ambiguos, como la desigualdad, la sostenibilidad, el crecimiento económico, la promoción de sociedades pacíficas o promover los derechos. Todo ello alimentado por la apoteosis del mercado, al que bajo la excusa de promover sectores dinámicos de la economía, apoyar al sector privado y al libre comercio, se le da una relevancia como nunca ha tenido en la historia de unos acuerdos de esta naturaleza por la comunidad internacional, mediante esas perversas alianzas público-privadas que tanto daño están haciendo en no pocos espacios de las políticas de la cooperación mundial. De hecho, esta dimensión económica del mercado es la más importante en el conjunto de los ODS, hasta el punto que se han eliminado objetivos y metas que puedan entorpecer su avance. Por ejemplo, la FAO propuso algo tan sensato como una apelación a la limitación de la especulación con los alimentos básicos en los mercados mundiales de valores agrícolas si de verdad se quería no ya acabar, sino reducir el hambre en el mundo, algo que finalmente se eliminó. Algo parecido sucedió con el objetivo referido a los derechos humanos, donde se sustituyó el peligroso término de “garantizar” por otro más impreciso de “promover”. Ahora bien, cómo vamos a creer que países como Estados Unidos van a promover los derechos humanos siendo como es, junto a Somalia y Sudán del Sur, los únicos países del mundo que se niegan a firmar la Convención de los Derechos del Niño de 1989, país que también junto a buena parte de los países europeos se niegan a firmar la Convención de los Derechos de los Trabajadores inmigrantes de 1990, por señalar solo algunos tratados internacionales en materia de derechos humanos de los muchos que se niegan a suscribir países firmantes de los ODS. Y eso por no hablar de ese objetivo 16 que se compromete a promover sociedades pacíficas, todo un sarcasmo cuando ha sido solemnemente suscrito por los principales países exportadores de armas en el mundo y generadores de conflictos.

Precisamente por ello no hay compromisos vinculantes ni son de obligado cumplimiento, sin que se hayan articulado sanciones para aquellos países signatarios de la Agenda 2030 ni tampoco mecanismos de imposición y control sobre su respeto. Todos los Objetivos de Desarrollo Sostenible son simplemente voluntarios, cada país los llevará a cabo si los estima conveniente y tenemos sobradas razones para saber cuales son las conveniencias de buena parte de los Estados firmantes de estos acuerdos.

Ahora bien, en línea con lo que se ha señalado desde algunas organizaciones sociales, cuatro son los puntos de debilidad sobre este nuevo acuerdo de Naciones Unidas que le restan valor y capacidad de transformación en los avances sobre el desarrollo mundial. En primer lugar, la negativa a establecer mecanismos claros contra los flujos financieros ilícitos, la eliminación de los paraísos fiscales, y actuar contra la evasión fiscal que tanto daño hace a los Estados y en particular a los países en desarrollo. En segundo, la imposibilidad de que quienes vendan, promuevan y fomenten el comercio de armas en el mundo digan comprometerse con la promoción de la paz, que es tanto como decir que Volkswagen ha venido luchando contra las emisiones de CO2 en el mundo. En tercer lugar, la imposibilidad de eliminar la pobreza en el mundo desde un sistema económico, político e institucional basado en alimentar situaciones de pobreza y acumulación formidables. Y, por último, erosionar las políticas de cooperación mundial y los compromisos en materia de lucha contra la pobreza que son sustituidos por la fe absoluta en unos mercados y un sistema económico que ha alimentado un disparate de escala global sin mecanismos correctivos, de control o de supervisión.

Mención aparte merece el Gobierno de España, que ha protagonizado el mayor proceso de destrucción de unas políticas de cooperación y ayuda al desarrollo en menos tiempo jamás visto en la historia de los países donantes, con unas políticas de recorte y desmantelamiento de servicios públicos que han alimentado pobreza y desigualdad a niveles que lideran las estadísticas de la Unión Europea, con una fuerte involución en materia de derechos sociales y civiles, pero que firma sin reparo alguno estos objetivos, señalando que las alianzas público-privadas en las que van a entrar todos los sectores de la sociedad van a ser muy productivas. No esperábamos menos de este Gobierno que ha construido sus políticas a base de cinismo y falsedades. Pero sí esperábamos mucho más de unas ONGs que, salvo honrosas excepciones, han alabado con elogios sonrojantes unos acuerdos, una cumbre e incluso el documento oficial elaborado por el Gobierno español del PP cuya lectura solo certifica la deriva social, política y moral de las políticas de solidaridad en nuestra sociedad.

Carlos Gómez Gil es Doctor en Sociología, profesor universitario de cooperación al desarrollo e investigador de RIOS (Red de Investigadores y Observatorio de la Solidaridad), codirigiendo la revista Esbozos.

En la espiral de la energía. Obra maestra del ecologismo social

Carlos Pereda

En dos tomos se recoge el legado intelectual de Ramón Fernández Durán, completado y actualizado por su compañero ecologista Luis González Reyes. Se trata de un proyecto ambicioso y en cierto modo colectivo que Ramón venía fraguando antes de su prematura muerte (mayo de 2011). Recuerdo con cariño sus visitas a Colectivo Ioé para debatir borradores o recabar documentación (así conoció a Quijano y a Dussel), o la cena promovida por Éxodo en la que le pusimos en contacto con Víctor Toledo, etnólogo mexicano autor de La memoria biocultural, al que mostró su plan general de la obra que ahora reseñamos.

Una obra interdisciplinar y de largo aliento, que trata de comprender la crisis profunda de la sociedad actual a la luz de la historia de la humanidad y con la vista puesta en el futuro. Nada menos. El relato está muy documentado y lleno de referencias concretas de gran interés (68 páginas de bibliografía) y se inicia con dos capítulos que arrojan una luz nueva sobre las primeras sociedades (paleolítico y primera revolución agraria) que ocupan el 95% de la historia humana y en las que prevaleció la cooperación, no había estado ni patriarcado y el sistema económico se basaba en la donación y la reciprocidad. Sin embargo, en los últimos seis mil años han prevalecido las relaciones de dominación, desde los primeros imperios esclavistas hasta la revolución industrial y la era trágica del petróleo y la globalización capitalista.

Se podría criticar el trabajo de unilateral pues toma la energía como factor clave del cambio social, “pero no sólo” añade el subtítulo entre paréntesis, lo que podemos comprobar al observar las siete dimensiones que se investigan sistemáticamente en los sucesivos períodos históricos: la economía, las formas de organización política, las agrupaciones sociales, el sistema cultural, la lucha entre dinámicas de igualdad y de dominación, la relación con el entorno y, por supuesto, la cantidad, calidad y tipo de energía disponible. Con estos mimbres la tesis que se desarrolla es que el fin de los combustibles fósiles (petróleo, gas, carbón…) va a colapsar el sistema urbano-industrial propio del capitalismo ya que no existe ninguna fuente de energía, ni combinación de ellas, que pueda sustituir al petróleo y al resto de combustibles fósiles, ni en cantidad ni en calidad.

La necesidad capitalista de acelerar de manera constante la acumulación de riqueza le impide reconocer con tiempo suficiente los límites físicos del planeta que no sólo implican el fin de la energía barata sino también el cambio climático y la pérdida de biodiversidad. Ni siquiera los movimientos sociales están preparados para afrontar de manera constructiva una crisis civilizatoria que es a la vez energética, material, productiva, financiera, política y cultural. Un proceso terminal que va a suponer el hundimiento general de los actuales sistemas de gobierno, de los valores de la modernidad y de las infraestructuras de todo tipo producidas por el complejo agroindustrial capitalista.

El último capítulo de la obra ofrece un panorama de política ficción del futuro postcapitalista que nos espera. Según los autores, se volvería a un metabolismo agrario basado en lo local y en energías solares, pero en un entorno degradado, con una primera etapa muy dura en la que se reforzarían las relaciones de dominación y el descenso de población sería inevitable. Sin embargo, a más largo plazo el nuevo contexto podría dar lugar a sociedades más igualitarias, justas y sostenibles, sobre todo si las fuerzas sociales que defienden la cooperación logran sobreponerse a las que se basan en la dominación

Thomas Piketty, El capital en el siglo XXI

Miguel Ángel de Prada

Ha sido fulgurante el éxito editorial del texto y su autor en España: en un solo año, 2014, ha tenido la primera edición y una reimpresión. Llega a la reseña de Éxodo por el contenido que aborda, un tema central en las preocupaciones de la revista como es el de las desigualdades. El autor lo investiga tanto en el reparto de los ingresos por trabajo como en el de la propiedad del capital. El esfuerzo investigador recoge aportaciones de múltiples equipos y más de 15 años de trabajo del autor, recopila información sobre los últimos tres siglos principalmente en el continente europeo, EEUU y Japón. Su repercusión mediática se observa en los debates suscitados, como el del 1% más rico frente al 99%, convertido en lema del movimiento social (‘somos el 99%’), o el más sangrante de la acumulación por el 0,1% de la población frente al 99,99% restante.

Incitación a la lectura

¿Habría algún argumento que motive la lectura de un tomo de economía con más de 660 páginas? Veamos si las últimas palabras del texto lo consiguen: Principalmente todos los ciudadanos deberían interesarse seriamente por el dinero, su comportamiento, los hechos y las evoluciones que lo rodean. Quienes tienen mucho nunca se olvidan de defender sus intereses. Negarse a usas cifras rara vez favorece a los más pobres” (p. 649). En suma, es una cuestión de interés propio y, en mayor medida, en cuanto de menos recursos se disponga; es lo que denomina el juego de los más pobres (p. 647). Y, para facilitar esta tarea, T. Piketty comienza por reconocer la pretenciosidad del propio título, que en su opinión tendría que haberse titulado más directamente El capital a principios del siglo xxi, dada la incapacidad para predecir la forma que adquirirá el capital porque en su perspectiva la historia de los ingresos y de la riqueza siempre es profundamente política, caótica e imprevisible, y nadie puede saber qué forma adquirirán los cambios. Sin embargo, enfatiza la utilidad del estudio histórico de las desigualdades, señalando que el objetivo del libro es tratar de extraer “de la experiencia de siglos pasados algunas modestas claves para el porvenir, sin una ilusión excesiva sobre su utilidad real, pues la historia siempre inventa sus propios caminos” (p. 50).

Del mismo modo, Piketty expone su argumentario sin recurrir a complejas fórmulas matemáticas, como suelen hacer los economistas, a quienes considera distraídos de los verdaderos problemas de la gente e interesados en resolver o plantear pequeñas fórmulas que solo les interesan a ellos. Cuando recurre a ellas (en muy pocas ocasiones), las expone de modo que pueda entenderlas cualquier lector interesado sin formación especial. Según Piketty, el economista, la economía, lo mismo que cualquier ciudadano, debe estar al margen de las preocupaciones de la vida, ni separar éticamente los medios de los fines. La democracia jamás puede ser competencia de expertos, como tampoco la economía. El asunto de la distribución es demasiado importante para dejarlo en manos ajenas, atañe a todo el mundo. El papel de la investigación es informar el debate pero no pondrá fin al conflicto social.

Pero no busque el lector una posición radical en este autor, ni siquiera en el tema de la desigualdad. Para él mismo, puede haber distinciones sociales si se fundan en la utilidad común porque las desigualdades no plantean problemas en sí (p. 46) y, en todo caso, no se trata de cuestionar el capitalismo, aunque solo funcione en base a la desigualdad, sino sus disfunciones excesivas. El autor trata de contribuir modestamente a determinar los modos de organización social, las instituciones y políticas más apropiadas para instaurar real y eficazmente una sociedad justa en el marco de un Estado de derecho.

Marco de comprensión y principales resultados

El interés de T. Piketty es volver a situar el tema de la distribución en el centro del análisis económico, como lo fue en los clásicos desde Ricardo, pasando por Marx, hasta el más optimista Kuznets en plena época de la guerra fría. El tema tiene gran importancia en el momento actual porque los resultados del estudio de las fuentes indican que “desde la década de 1970, la desigualdad ha crecido significativamente en los países ricos (…), donde en la década 2000-2010 la concentración de los ingresos recuperó el nivel récord de la década de 1910-1920” (p. 29); con un siglo de diferencia, la situación vuelve a ser insostenible. En el momento actual se puede hacer con mayor precisión este tipo de análisis gracias al fácil manejo informático de ingentes fuentes de datos sobre los ingresos del trabajo y sobre los patrimonios en muchos países durante décadas y, en algunos casos, siglos.

La primera conclusión del estudio de fuentes históricas inéditas sobre ingresos y patrimonios es “que hay que desconfiar de todo determinismo económico: la historia de la distribución de la riqueza es siempre profundamente política y no podría resumirse en mecanismos puramente económicos (…); depende de las representaciones que se hacen los actores económicos, políticos y sociales, de lo que es justo y de lo que no lo es, de las relaciones de fuerza entre esos actores y de las elecciones colectivas que resultan de ellos; es el producto conjunto de todos los actores interesados” (p. 36).

La segunda conclusión constituye “el quid del texto y es que la dinámica de la distribución de la riqueza pone en juego poderosos mecanismos que empujan alternativamente en el sentido de la convergencia y de la divergencia, y que no existe ningún proceso natural y espontáneo que permita evitar que las tendencias desestabilizadoras y no igualitarias prevalezcan permanentemente” (p. 36). La principal fuerza de convergencia (para la reducción de la desigualdad) es para el autor “el proceso de difusión de los conocimientos y de inversión en la capacitación y la formación de habilidades”; este sería el mecanismo central que permite, al mismo tiempo, el aumento general de la productividad y la reducción de las desigualdades, tanto en el interior de cada país como entre países. Lo que advierte el autor es que la fuerza de convergencia puede ser dominada por fuerzas de sentido contrario, divergentes, que amplifican las desigualdades. Así, la falta de inversión en la formación de habilidades puede impedir que grupos sociales completos gocen del desarrollo o que sean desplazados por otros grupos. Por tanto, las fuerzas convergentes sólo son parcialmente naturales, también dependen de las políticas seguidas en materia de educación, de acceso a la formación y a cualificaciones apropiadas, como de las instituciones creadas en dicho campo (p. 38).

Entre las fuerzas divergentes netas, Piketty señala las más inquietantes, en la medida en que pueden producirse en un momento en el que todas las inversiones adecuadas en competencia se hayan realizado y cuando todas las condiciones de la eficacia de la economía del mercado estén presentes. Dos son las principales: las personas con remuneraciones más elevadas, que pueden separarse rápidamente del resto; y las fuerzas vinculadas al proceso de acumulación y concentración de la riqueza en un mundo de bajo crecimiento y un elevado rendimiento del capital (pp. 38-43). Este proceso es potencialmente el más desestabilizador y la principal amenaza para la dinámica de la distribución de la riqueza a largo plazo. La explicación, según el autor, es por la vuelta a un régimen de crecimiento relativamente lento, dado que entonces la riqueza originada en el pasado adquiere naturalmente una importancia desproporcionada (p. 41). En el esquema propuesto, las fuerzas de divergencia no son perpetuas, son una de las trayectorias probables, pero no tiene que ver con la imperfección del mercado. Antes al contrario, mientras más perfecto sea el mercado del capital, más posibilidades hay de cumplirse la desigualdad. Es lo que denomina “el pasado devora al porvenir” (p. 643) y que se presenta como la gran contradicción lógica del capitalismo.

¿Hay salidas que eviten la desigualdad en esta competencia entre fuerzas hacia la convergencia o hacia la divergencia? En opinión del autor “es posible imaginar instituciones políticas públicas que permitan contrarrestar los efectos de esta lógica implacable, como sería un impuesto mundial y progresivo sobre el capital, pero su instrumentación plantea problemas considerables en términos de coordinación internacional” (p. 43). También plantea en la 3ª Parte el esbozo de un Estado social en el siglo xxi y aborda el tema de la deuda pública y su correlato, la acumulación óptima del capital público. En último término, “para retomar el control del capitalismo, verdaderamente no hay más opción que apostar por la democracia hasta sus últimas consecuencias” (p. 645), lo que implicaría “contener el crecimiento sin límite de las desigualdades patrimoniales mundiales que hoy crecen a un ritmo insostenible a largo plazo, algo que debería preocupar incluso a los fervientes defensores del mercado auto-regulado” (p. 644). Fortunas tan desmesuradamente desiguales tienen poco que ver con el espíritu empresarial y carecen de utilidad para el crecimiento. De este modo se vuelve al comienzo del texto, cuando se citó el art. 1º de la declaración de los derechos del hombre y del ciudadano para señalar que solo las distinciones sociales pueden fundarse sobre la utilidad común. Pero si abre la puerta a pensar las desigualdades con utilidad común, ¿quién lo determinaría?

Guía de lectura. Aquí y ahora

El texto es largo. Si el lector cuenta con poco tiempo la propuesta es que se aproxime a la Introducción y a la Conclusión. En la primera, en 35 páginas (pp. 15-50) el autor expone los objetivos de su trabajo, los resultados principales y las bases en que se asienta. Y de modo más resumido aún, en apenas 7 páginas (643-649) la Conclusión vuelve a repetirlo. Si el lector cuenta con más tiempo, le será de interés trabajar las dos últimas partes de las cuatro en que se divide el texto: la tercera aborda el tema de “La estructura de las desigualdades” y la cuarta, las propuestas para “Regular el capital en el siglo xxi”. Para los más interesados se ofrece la posibilidad de ampliar el texto completo con la consulta a las bases de datos en línea (piketty.pse.erns.fr/capital21c).

Las categorías que emplea el autor sobre las clases patrimoniales o rentistas y la de los nuevos salarios de los super-ejecutivos, ya habían sido adelantadas años ha por el sociólogo e historiador Alfonso Ortí al enfrentar las viejas clases patrimoniales y las nuevas clases funcionales (para la gestión del capital). Del mismo modo, el lector puede aprovechar las claves que ofrece el sugerente texto de L. E. Alonso y C. J. Fernández sobre Los discursos del presente. Un análisis de los imaginarios sociales contemporáneos, Siglo XXI. España, 2013. Aproximación desde la economía a la sociología y que trata de desvelar la articulación de sentido que engarza las expectativas de individuos y grupos en las últimas décadas para la construcción de identidades y de futuros. Esas expectativas a las que se refiere frecuentemente Piketty como factores que explicarían la historia de la distribución del capital y el ingreso más allá de factores economicistas, pero de las que nunca dice nada y podría darse a entender que se desarrollan fuera de la historia social.

Se trata de un estudio sobre el capital casi a escala mundial, pero ¿se dice algo sobre la situación en España? Las bases completas de datos, que pueden consultarse en la red, reúnen datos de los principales países con series históricas y fuentes fiables sobre ingresos y patrimonio y, entre ellos, se recogen los de España. No se alude a lo que ocurre en España en el texto, mientras que se exponen ampliamente los casos de Francia, Reino Unido y Alemania, entre los continentales y Estados Unidos y Japón. Sin embargo, el lector puede consultar el Barómetro social de España (www.barometrosocial.es) para verificar cómo el crecimiento del capital ha sido muy superior al del trabajo en toda la serie considerada de las dos últimas décadas: 1994-2013 y cómo los salarios ven disminuida su parte en el reparto del ingreso nacional; también se podrá observar cómo la distribución desigual de los salarios se agranda por seis en la del patrimonio.

Y de repente, Teresa (Jesús Sánchez Adalid)

Evaristo Villar

1. “El domingo 3 de junio de 1576, de madrugada, una sublime procesión sale de la catedral de Sevilla. Amanece un día pletórico de luz y en la calle hay un alboroto inusitado. Se ve gente luciendo galas de fiesta, caballeros con buenos jubones y capas… las damas han sacado de los baúles sus vestidos suntuosos de primavera… que se ponen tradicionalmente para el oficio religioso y la procesión del Corpus Christi, y que esa misma tarde vuelven a guardar hasta el próximo año. El cortejo está ya delante del palacio del arzobispo, que sale acompañado por la clerecía y se sitúa detrás de la custodia de plata, en la que va el Santo Sacramento. Las campanas repican con solemnidad, en toque de gloria. Las autoridades se congregan custodiadas por soldados en uniforme de gala. Entre música, cohetes y nubes de incienso, todos avanzan en perfecto orden” (533)…

Si algún foráneo, ignorando lo que está ocurriendo, osa preguntar “¿qué está pasando si todavía no es el Corpus?”, la respuesta podría ser unánime: Don Cristóbal Rojas de Sandoval, arzobispo y máxima autoridad religiosa en Sevilla, solo sometido a la Suprema Inquisición, “va a llevar el Santo Sacramento al convento de las monjas carmelitas descalzas que ha fundado la madre Teresa de Jesús, y que hoy se inaugura en la calle Pajarería” (534)…

Días antes, fray Tomás Vázquez, ministro extraordinario de la Suprema Insumisión, por mandato expreso y en nombre del Gran Inquisidor de todas las Españas, don Gaspar de Quiroga y Vela, le había comunicado a la monja Teresa de Cepeda y Ahumada la sentencia absolutoria, dictada el 29 de abril de 1576 por el Consejo de la Suprema y General Inquisición.

Llegada la procesión al nuevo convento de las Carmelitas Descalzas, y colocado el Sacramento en el sagrario, el arzobispo “que ha rezado de hinojos frente al altar”, se dispone a marcharse. Entonces Teresa de Jesús va hacia él, se arrodilla y le pide la bendición. “Don Cristóbal la mira, con ojos vidriosos; la bendice y, acto seguido, hace algo del todo inesperado: la toma por los codos y la alza. Ella se resiste, humildemente, pero finalmente está de pie frente a él. Entonces el arzobispo, entre el pasmo de todas las miradas, se arrodilla ante la monja y pide a su vez la bendición (535)”.

Así acaba este caso que el Inquisidor General había resuelto siguiendo el informe del dominico P. Domingo Báñez, que, fiel a su máxima Bomum est faciendum et malum vitandum, concluía su informe con estas palabras: “Para poder juzgar justamente todo lo que le sucede a la madre Teresa y aquello que escribe en su Libro de la vida, deberemos tener en cuenta la cima alcanzada por ella cuando le llega el deseo de coger la pluma para llevar al papel lo que Dios ha hecho con ella: cómo ha sido su relación con él, es decir, cómo ha sido su oración… Ella no ha buscado nada por sí misma, nada para sí. Diríase que a estas alturas de su vida Dios mismo la ha avasallado. Sin quererlo, Teresa está viviendo momentos de extraño embeleso y enajenación. El misterio la cerca, la aprisiona y la saca fuera de sí. Pero todo esto sucede dichosamente… Quien no capte esto, quien no sea capaz de verlo con los ojos del alma, no podrá entrar en el misterio de la vida de Teresa… Al leer a Teresa de Jesús se siente uno invadido por un sentimiento que se agranda y crece: Él es el protagonista de su vida. Sin Él no hay historia, no hay vida” (444).

Conocida ya la sustancia de este libro, me parece interesante declarar en esta presentación otros aspectos que pueden ayudarnos a entrar mejor en la comprensión de la obra de Jesús Sánchez Adalid. En primer lugar, la elección de un tema tan frecuentemente ignorado en la vida de Teresa; luego, unas palabras sobre el género del relato; y, finalmente, algunas impresiones personales sobre el gran esfuerzo que ha hecho el autor para acercarse y acercarnos a una personalidad tan rica y singular como la de Teresa de Ávila.

 

2. Es de agradecer a Jesús Sánchez la brillante introducción que hace en el complejo contexto de la vida de Teresa de Jesús. El contexto no es otro que la convulsa situación política y religiosa del siglo XVI, el “siglo de oro español”. Con una población de unos 6 millones de habitantes, España está viviendo una enorme efervescencia en todas las dimensiones. Política y militarmente, con Carlos V y Felipe II, está envuelta en conflictos bélicos internos con los moriscos, en Europa con la guerra de los 30 años, con América Latina con la implantación de la colonización; culturalmente con el florecer de las letras (Miguel de Cervantes), la arquitectura (Juan de Herrera), las artes plásticas (el Greco), y en la música (Tomás Luis de Vitoria). En esta agitación política y cultural sobresalen los grandes contrastes económicos, como se advierte en la Celestina o el Lazarillo de Tormes: la riqueza de los grandes y la miseria que afecta a la mayoría social. Religiosamente la convulsión que levanta la Reforma de Martín Lutero y el humanismo antifanático de Erasmo de Rotterdam provoca la Contrarreforma en el campo católico que, desde el Concilio de Trento, se traduce en un exasperante control de la ortodoxia y un dirigismo asfixiante en las prácticas religiosas. El ambiente cerrado y reactivo contra toda apertura sospechosa de modernista recrea el mejor contexto para que surjan por todas partes alumbrados, iluminados y quietistas que acaban llevando a las personas a grandes aberraciones religiosas y sociales (pp. 107, 257). La jerarquía reacciona entonces con la Inquisición.

En este contexto cerrado, dominado por el miedo y la sospecha y sometido a la omnipotencia de la Inquisición, descubre el autor a Teresa de Ávila. Entre las muchas dimensiones de esta mujer extraordinaria que se van a poner de relieve durante la celebración del presente V Centenario de su nacimiento me parece un acierto de Jesús Sánchez haber centrado su obra en el lado “más peligroso” de la santa del Ávila, el que roza y desafía, sin pretenderlo, la ortodoxia oficial. Y en este envite, Teresa va a salir, de entre aquellas aguas enturbiadas por los éxtasis, las visiones y las revelaciones de mujeres y hombres deseosos de notoriedad y de poder, “como un río limpio”, en expresión del P. Báñez (p. 447). El autor introduce en su extenso relato a tres mujeres que, por su notoriedad y excentricismo, fueron siempre una amenaza para la honestidad de Teresa, dados sus orígenes judeoconversos (542): La frailesa (94), la Beata de Piedrahita y, sobre todo, Magdalena de la Cruz (pp. 128, 151, 207). Como hemos señalado antes, de todo esto sale Teresa muy airosa gracias a la extraordinaria defensa que hizo de ella y de su experiencia mística el dominico P. Báñez ante el Inquisidor General.

En un ambiente tan enrarecido como este, contrasta el gran temple y fortaleza de esta mujer, frecuentemente enferma, que está empeñada a llevar al Carmelo a la primitiva observancia, siguiendo la reforma franciscana de Cisneros (548). De su ingenio y gracejo quedan muy buenas anécdotas. “Sabed, padre, le dice a un franciscano cuando rondaba los 50 años, que en mi juventud me dirigían tres clases de cumplidos; decían que era inteligente, que era una santa y que era hermosa; en cuanto a hermosa, a la vista está; en cuanto a discreta, nunca me tuve por boba, en cuanto a santa, solo Dios sabe”. Y esta otra dirigida a fray Juan de la Miseria que le hizo el único retrato que se conserva: “¡Me habéis pintado fea y legañosa, Fray Juan, que Dios os lo perdone!”. En otra ocasión que estaba para firmar las escrituras de compra de un terreno para la fundación de Valladolid, el notario sopló al oído de su secretario: “Por un beso de esta mujer me daría por bien pagado”. Ella que lo oyó, le acercó la cara. El notario, sorprendido, se pregunta: “¿Qué quiere?”. “Que me bese”, dice ella con dominio de la situación. Así se hizo, y ante le azoramiento del notario, ella dice serenamente: “Nunca una escritura me ha resultado tan barata”. El juicio de Fray Luis de León es contundente: “Nadie la conversó que no se perdiese por ella” (p. 458).

 

3. El género literario en que nos presenta Jesús Sánchez su imagen de Teresa de Jesús es la novela histórica. “Desde el principio, dirá, tuve claro que no debía hacer una biografía, ni una novela biográfica, ni una historia novelada. Sería una novela histórica pura: un relato de ficción incrustado en un escenario histórico que se percibe como real y que tiene detrás, aunque de manera poco perceptible, una seria investigación” (p. 555). Se trata, pues, de una ficción basada en fuentes históricas y que pretende rellenar las lagunas, siempre existentes, desde el criterio de la verosimilitud.

Por otra parte, la obra pretende constituirse en puente que permita la llegada al pasado desde el interés del presente. Y esto me parece un gran acierto. Porque no cualquier acontecimiento del pasado resulta significativo para el presente. En esto la novela histórica juega con ventaja. No tiene por qué perderse en detalles biográficos que, siendo ciertos, carecen de interés para el momento que estamos viviendo. Hay hechos históricos que, por su riqueza, proyectan su luz más allá de su acontecimiento. Su proyección se alarga en la historia humana. Y, en esto, la figura de Teresa, desde esta dimensión de su rebeldía contra una realidad corrupta y su empeño en transformarla, aun a costa de levantar sospechas entre los guardianes de las esencias patrias, es un buen ejemplo para los días que estamos viviendo. De forma más camuflada, pero al fin y al cabo un parecido contexto sociorreligioso

—de control, autoritarismo, sospecha y miedo, discriminación de género, etc.— que le tocó vivir a Teresa se ha venido reproduciendo hasta nuestros días. ¿Llamarlo Santa Inquisición? Hasta hace bien poco todo eso se llamaba en la Iglesia Santo Oficio. No obstante, al lado de estas prácticas aberrantes, siempre surge la nobleza de una figura como la de Teresa y la de un honesto testigo como el Padre Domingo Báñez, capaces de señalar proféticamente por dónde va la verdad y la humanidad más auténtica.

4. No sería justo con el extremeño Jesús Sánchez, ­teólogo y jurista, profesor en el Centro Universitario Santa Ana de Almendralejo, si no dijera que su obra, en línea con toda su producción literaria, me deja un sabor de honestidad con la historia y de enorme creatividad en la ficción. De sincero apego y hasta de amor a la protagonista del relato. No en vano dice él que “esta novela ha supuesto para mí un intenso trabajo. Hasta ahora, el mayor esfuerzo de investigación y documentación que he hecho desde que empecé a escribir novelas” (555).

Pero también hay que agradecer a Jesús Sánchez su habilidad de relator que va integrando en una dicción clara y precisa el léxico y hasta el estilo de la época que recuenta. El contexto sociopolítico y cultural religioso que se descubre deja suficientemente claro el control absoluto que ejercía la “Santa” Inquisición sobre todas las instituciones y las vidas de las personas. Desde aquí se agranda más la figura de personas que, como Teresa de Jesús, supieron mantener su libertad de conciencia aun a costa de poder acabar en las mazmorras de la Inquisición o en la hoguera. Y esta libertad de conciencia la ve clarividentemente viva y encarnada Jesús Sánchez Adalid en Teresa de Ávila.

 

2015: nihil obstat. El fin de dos milenios de exclusión para elección de mujeres al episcopado

Miguel Ángel de Prada

El 16 de diciembre de 2014 fue noticia la elección de la mujer sacerdote Libby Lane para el episcopado de Stockport en el Reino Unido. ¿Por qué fue novedad informativa la elección de una mujer para obispa en la iglesia anglicana, si otras iglesias de la misma comunión anglicana han ordenado ya a 29 mujeres? Desde la década de los 70 en muchas de las 40 provincias de la iglesia anglicana, autónomas e interdependientes en comunión con el arzobispo de Canterbury, se ha ido aprobando la ordenación de mujeres tanto al sacerdocio como al episcopado. En todas se ha producido un gran debate doctrinal y legislativo desde entonces. La primera mujer promovida al episcopado fue Barbara Clementine Harris, en la diócesis de Massachusetts, EE.UU., en 1990, en la progresista iglesia episcopaliana, rama del anglicanismo, que también ordenó como obispo al primer sacerdote homosexual, Gene Robinson, o casó a dos mujeres sacerdotes lesbianas. En este caso no “obstat sexus” ni para el acceso de las mujeres ni para la ordenación de homosexuales. También en Nueva Zelanda, la primera obispa anglicana, Penny Jamieson, lo fue en 1990. Recientemente la primera mujer en acceder al episcopado de las 12 provincias anglicanas de África, Ellinah Ntombi Wamukoya, es obispa de Swazilandia desde julio de 2012. Incluso en la tradicional República de Irlanda, la rama irlandesa de la iglesia anglicana, minoritaria en la misma, se adelantó un año (diciembre de 2013) con la elección de Pat Storkey como obispa de la diócesis de Meath y Kidere, cerca de Dublín. El proceso parece imparable y ya en diciembre de 2014, un mes después de que el Sínodo general de la Iglesia de Inglaterra autorizara la ordenación de mujeres al obispado, con la modificación de la ley canónica, a partir de 2015, ha sido elegida la reverenda Libby Lane como obispa de Stockport. El cambio del proceso legislativo comenzó en el Sínodo de 2012 tras el voto en contra por 6 votos; sin embargo, en julio de 2014, el Sínodo general anglicano dio luz verde al principio de ordenación de mujeres al episcopado, y el Comité eclesiástico del Parlamento tramitó la legislación, que el 17 de noviembre ha recibido la sanción final. La ceremonia de consagración será en la catedral de York el 26 de enero de 2015. Han pasado 20 años desde la autorización para la ordenación de mujeres, 1994, y en 2010, por primera vez, se ordenaron más mujeres (290) que hombres (273) en la Iglesia de Inglaterra. El año 2015 se adivina clave porque hay varias sedes episcopales vacantes; sin duda conoceremos más nombramientos de mujeres.

¿Novedad o presentimiento para la iglesia católica? Entre el sí y el no

Las palabras del papa Francisco en la Evangelii Gaudium dejan claro que “es necesario ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva en la Iglesia (…), se ha de garantizar la presencia de las mujeres también en el ámbito laboral y en los diversos lugares donde se toman las decisiones importantes, tanto en la Iglesia como en las estructuras sociales” (nº 103). Es el sí. Pero inmediatamente afirma que “El sacerdocio reservado a los varones, como signo de Cristo Esposo que se entrega en la Eucaristía, es una cuestión que no se pone en discusión, pero puede volverse particularmente conflictiva si se identifica demasiado la potestad sacramental con el poder” (nº 104). Es el no. Aunque continúa: “Aquí hay un desafío para los pastores y para los teólogos que podrán ayudar a reconocer mejor lo que esto implica con respecto al posible lugar de la mujer allí donde se toman decisiones importantes en los diversos ámbitos de la Iglesia“ (nº 104) En suma, y con bastante claridad: sí pero no, aunque tal vez…

Pensando las repercusiones

Podemos aventurar que pronto veremos mujeres que han accedido al episcopado en la tele, tanto en las noticias diarias como en las tertulias habituales. Será la normalización cultural del país. ¿Pero veremos mujeres en los puestos de responsabilidad eclesial en España? Tal como ha declarado Hilary Cotton, del Movimiento Mujeres e Iglesia del Reino Unido: “No se trata de llevar una túnica morada, sino de cambiar la cultura de la iglesia para que goce de equidad”.

Sin duda ya está abierta la guerra de denominaciones: mujeres sacerdotes, mujeres sacerdotisas; mujeres obispas, obispesas… La lucha por la apropiación de la denominación mostrará, como en cualquier otro ámbito de la vida social, un proceso de normalización lingüística que no se prevé corto en el país de los eufemismos.

El cambio contra la discriminación de la mujer en las iglesias, ¿vendrá de la mano del estado? Es lo que ha ocurrido en los países escandinavos, en donde los Parlamentos (Dinamarca, 1949, y Suecia, 1958) impusieron la normalización ciudadana para el acceso al episcopado. Ambos países son de tradición luterana. El caso de Suecia es paradigmático: los obispos luteranos en 1957 votaron contra la ordenación de mujeres como pastoras y obispas pero, dado que la ley sueca exige que la legislación eclesiástica pase tanto por la Asamblea eclesial como por el Parlamento nacional, éste obligó a impedir la discriminación por sexo. En 1958 la Asamblea eclesiástica aprobó la ordenación de mujeres y en 1960 fue ordenada la primera. La legislación también admitió la “cláusula de conciencia” para los obispos que no comulgaran con el cambio. En un proceso similar, ¿la iglesia española exigirá la separación de poderes para no verse obligada a prohibir la discriminación en su seno por motivo de sexo?; ¿el estado actuará para evitar la discriminación actual en la iglesia? En suma, ¿se derogará el “obstat sexus” o, de nuevo, “con la iglesia hemos topado”?. Por más que se insista en que el debate no deba iniciarse, no se podrá encerrar bajo “siete candados como el sepulcro del Cid” porque España no es diferente. El V Centenario del nacimiento de Teresa de Ávila podría suponer un impulso hacia la equidad en la Iglesia.