La gran encrucijada. Crisis ecosocial y cambio de paradigma

Miguel Ángel de Prada

El final de 2019 está siendo prolífico en acontecimientos referidos al tema del texto que vamos a comentar. El propio autor, Santiago A. Cantalapiedra, comienza citando el 6º Informe de la ONU sobre Perspectivas del medio ambiente mundial, presentado en Nairobi en el mes de marzo, en el que «los resultados obtenidos son tan claros como desalentadores: la situación global del planeta ha empeorado sustancialmente desde que se publicó la 1ª edición hace más de 20 años». Se constata que ha avanzado la concienciación sobre algunos problemas, pero también que los países no están caminando en la dirección adecuada. En suma, «la gravedad y celeridad del deterioro ecológico hace que solo podamos actuar ya sobre la amplitud de la tragedia».

En noviembre, la revista BioScience publicó un nuevo informe sobre el cambio climático que revisa la literatura de los últimos 40 años y ha sido avalado por más de 11 mil científicos de todos los países. El informe declara la “emergencia climática” ante la cual «los científicos tienen la obligación moral de avisar con claridad a la humanidad de cualquier amenaza catastrófica». Para salir al paso de esta emergencia proponen 6 medidas dirigidas al cambio de ‘modelo energético’, los ‘contaminantes’ (también los de corta vida), el cuidado de la naturaleza, el cambio de modelo de producción y consumo de alimentos, el cambio en la medida del crecimiento y el modo de conseguirlo (energías limpias); y el reto dispar de la demografía en el Sur y en el Norte. Pero los 6 puntos, en opinión de D. Vieites, del CSIC y uno de los científicos firmantes, se reducen a uno: ‘la necesidad de un cambio social masivo’. También para P. Acebes, de la UAM y firmante del documento, los 6 puntos están íntimamente unidos y son interdependientes, por lo que todo se resumiría en una idea: ‘el planeta es finito, y los recursos, limitados’. La consecuencia es nuestra responsabilidad. Y qué decir de la celebración en Madrid de la COP25 en los primeros días de diciembre. ¿Otra COP política y otra decepción ciudadana? Ante eso se ha celebrado una antiCumbre ciudadana con una gran movilización intergeneracional, exigiendo actuar ya ante la ‘emergencia climática’ declarada recientemente por la UE y el propio gobierno español.

El texto de Santiago A. Cantalapiedra, como el informe de los 11 mil científicos, recoge y sistematiza las múltiples perspectivas que presenta en el momento actual la denominada ‘emergencia climática’ para incidir en que no se trata de crisis aisladas, sino que constituyen una ‘crisis de civilización’. Crisis general que estalla en diferentes frentes y atañe a todo el sistema capitalista. En feliz expresión «No existen dos crisis separadas, una social y otra ambiental, sino una única e inseparable crisis o la crisis de las muchas crisis» (p. 12). A ello se dedica la I Parte. La crisis Ecosocial (pp. 17-65). Las formas de denominar esta situación pueden parecer grandilocuente, pero se ajusta a lo real: la gran Fractura; la gran Recesión, la gran Involución y el gran Vaciamiento. Como conclusión, ‘la democracia se encuentra asediada por el capitalismo’.

En la Parte II. Cambio de época y Nuevo orden (pp. 67-139), se aborda el gran cambio producido en la ‘era del antropoceno’, cuando la acción humana incide tan negativamente en el equilibrio ambiental, y el ‘nuevo orden social’ resultante está siendo autoritario, involutivo y motor de expulsiones de población de sus tierras y hasta la propia biosfera estaría siendo expulsada de su espacio vital, como recuerda S. Sassen, ‘para encontrarnos con tierras y aguas muertas’.  El ‘nuevo orden‘ supone la era de las consecuencias del cambio producido: las pulsiones extractivistas y el modo de vida imperial. Ahora ya nos encontramos ante el reto de asumir responsabilidades y lograr articular otras propuestas, que será el tema de la III Parte. Pero antes quisiera volver sobre el capítulo 7 de la II Parte por la novedad temática que puede suponer para algunos lectores: ‘El capitalismo en la era digital’. Partiendo de la situación actual de una ‘economía de los datos’, gestionados por el big data, y de la mercantilización del nuevo espacio de la información y el deseo humano, llegando al modelo de capitalismo de plataformas que no producen valor, sino que lo extraen, las consecuencias son ahondar la crisis ecosocial, la precarización laboral y la inseguridad social. La última Parte reclama El cambio de Paradigma (pp. 141-203): pasar de las necesidades del capital a las necesidades humanas, y saltar desde el desarrollismo al ‘buen vivir’. En suma, se proclama que los recursos económicos estén al servicio de la calidad de vida de las personas y de los pueblos.

Llegados hasta aquí podemos decir que el texto de Santiago A. Cantalapiedra ha conseguido presentar de modo breve (en menos de 200 página) un recorrido bien articulado, bien documentado y bien presentado de la preocupación que da lugar al título La Gran Encrucijada. Un texto recomendable como introducción a los retos y a las posibles salidas, implicativas de cambios personales y sociales. Pero, además, los lectores se van a encontrar con un último capítulo; todo un descubrimiento: Capt. 11. Las religiones como eco-sofías (págs 171-203). Escribir de religiones, hoy día, puede llegar a ser un acto de valentía en el debate sobre la conservación del planeta y es casi una extrañeza. Decimos ‘casi’ porque el autor presenta las múltiples fuentes en que se basa: K. Löwy, K. Armstrong, X. Zubiri, J. Riechman, T. Eagleton, I. Gonzalez Faus, J. Mª Mardones, Jon Sobrino, H. Küng, R. Díaz Salazar, Z. Bauman, E. Torralba, B. Sousa de Santos, L. Boff, J. Dominguez, M. Fraijo, I. Ellacuría, E. Dussel, F. Houtart, J. Hinkelammert, y tantos otros que han ido cimentando el camino. Entre ellos, los lectores de Éxodo podrán reconocer a muchos colaboradores habituales. La aproximación que se realiza a la religión tiene que ver con la situación actual, con la valoración de éstas como saberes sapienciales y con la necesidad de generar nuevas subjetividades para afrontar el atolladero civilizatorio en el que nos encontramos. El eje central de este capítulo y la conclusión es que «vivimos tiempos críticos en los que desperdiciar experiencias y saberes puede ser, además de un acto de ignorancia, un grave error» (p. 197). La reflexión trata de recuperar conceptos tradicionales de las religiones, como conversión personal y colectiva, pero el redescubrir estos conceptos y las herramientas de las religiones como sabidurías que sirvan de eje a las conductas y mentalidades hacia la sostenibilidad, no debe hacerse como un retorno al pasado, sino una vuelta por el pasado en dirección a un futuro emancipador. Incluso se precisa integrar las cosmovisiones de pueblos colonizados con lo mejor de la modernidad (no eurocéntrica) y del pensamiento científico y técnico. Tenemos el reto de elaborar una ecología de saberes. En suma, para afrontar la gran crisis no sobra nada. Pero no toda religiosidad es válida, sino las que proclaman valores y visiones contrahegemónicas: las teologías liberadoras, políticas en el sentido de cerrar las fisuras entre discursos y prácticas. Las teologías y religiosidades pluralistas, de la liberación, poscoloniales y feministas pueden alumbrar una ética planetaria donde la espiritualidad y la ética de la tierra, de la Gran Madre, del universo como una realidad pan-relacional, serán hermanas gemelas.

Casi como un apéndice de este cap. 11, se aborda la encíclica de Francisco Laudato si (pp. 197-203), de la que se resalta ser la primera encíclica ecosocial de la historia con una visión de la ecología integral, que culmina en la llamada a la ‘conversión ecológica’: cambios en la forma de percibir la naturaleza y cambios profundos en los estilos de vida, modelos de producción y consumo, y en las estructuras consolidadas de poder en el sistema actual (capitalista). Bueno, esta categoría no aparece en todo el texto de la encíclica y sería uno de los límites, al no entender el sistema existente como sistema de explotación y dominación, junto con la falta de reconocimiento de las mujeres. Pese a todo, las aportaciones son más que las limitaciones y la ‘sabiduría que destila’, siguiendo a J. Hinkelammert, surge de la experiencia de una derrota como la esperanza cristiana surge de la experiencia de un fracaso (…). La esperanza que alienta las religiones proféticas permite mirar al futuro sin negar los nubarrones que se ciernen sobre el presente’. Es el núcleo de la espiritualidad de la esperanza.

A propósito del Sínodo amazónico

Evaristo Villar

El Sínodo que se está celebrando en estos días en Roma (6 al 27 de octubre 2019) y cuyo tema es La Amazonia, Ecología integral: misión de la Iglesia, me suscita algunos interrogantes como los siguientes: ¿hay motivos para esperar un nuevo impulso de renovación espiritual en la Iglesia católica o la férrea coraza de su estructura acabará apagando este nuevo intento?

Es importante el eco que este evento está suscitando entre las capas sociales más conscientes y comprometidas en momentos que, como el actual, el contexto geopolítico no es precisamente prolijo en buenas noticias: arde el Planeta y sin haber salido aún de la crisis sistémica de comienzos de siglo ya se están dibujando nubarrones de la nueva que se acerca. En este contexto “preinvernal”, ¿será capaz de proyectar este Sínodo, en una gran parte de la humanidad, una “primavera” similar a la que siguió al Vaticano II y a la Conferencia de Medellín de los años sesenta del pasado siglo?

Algunas amenazas. La transcendencia de este acontecimiento se detecta no solo externamente en la oposición de los organismos financieros, económicos y políticos, sino también en el clericalismo interno que pretende descalificar doctrinalmente el Instrumentum laboris del sínodo como herético y panteísta, apóstata e insensato. A la vista de tales descalificaciones es indudable que su convocatoria no está pasando desapercibida para estos grandes lobbies de intereses privados. En el fondo, se trata de descalificar el magisterio del papa Francisco, expresado en documentos tan relevantes como la Evangelii Gaudium, Laudato Si o Episcopalis Conmunio donde, más allá de una “ecología verde”, el papa aboga por una “ecología integral”.

Los grandes aciertos
. Contrariamente a las descalificaciones, los aciertos de la convocatoria de este sínodo podemos concentrarlos en dos planos: el “lugar simbólico” elegido como referente y “la vida plena” que se dado como tema dominante.

1º Defensa de la Amazonia. Dejó dicho Gandhi que “la tierra es suficientemente grande para alimentar a la humanidad, pero pequeña para saciar la codicia de unos pocos”. El agronegocio y las grandes empresas mineras están confirmando en muchos lugares del planeta, y principalmente en la Amazonia, este aserto. Vale la pena recoger la descripción que organizaciones internacionales como la Rede Eclesial Panamazónica y Amerindia hacen de este espacio emblemático:

“La Amazonia es un territorio que se extiende a través de nueve países: Brasil, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Venezuela, Suriname, Guayana y Guayana Francesa. Tiene casi 8.000.000 Km2 que forman un bioma, eso es, un sistema vivo de interacciones orgánicas, esencial para el equilibrio del planeta. Cada metro cuadrado del bioma de la Amazonia tiene más diversidad que cualquier otro lugar del planeta. En esa región, viven 35 millones de personas, dispersas por la selva, las orillas de los ríos, por los campos y también grandes ciudades. De esa población, casi tres millones pertenecen a pueblos indígenas que intentan mantener sus culturas propias y hablan 340 idiomas diferentes. Ellos se relacionan armoniosamente con la naturaleza, con otros humanos y con Dios. Forman comunidades, agredidas en su conexión con la Tierra y en sus valores culturales y espirituales. La inmensa diversidad de vida (la biodiversidad) garantiza a todos alimentos, medicinas, aceite y otros regalos que ni siquiera se pueden calcular. El bioma regula la distribución de lluvia en todo territorio brasileño y aún por Uruguay, Argentina y Paraguay… Basta saber esto para darse cuenta de que la preservación y defensa de la Amazonía es fundamental para el equilibrio del clima del planeta”.

2º Defensa de la ecología integral. El empeño por sintonizar con una de las grandes sensibilidades de la sociedad informada actual, esto es, la defensa del planeta, es otro de los aciertos de esta convocatoria. La presencia de la juventud, siguiendo la llamada de la joven activista sueca medioambiental Greta Thumberg, está llenado nuestras calles y plazas. Pero, más al fondo, el sínodo en un intento de superar la lógica antropocéntrica, utilitarista y explotadora del planeta, apuesta por una “lógica ecocéntrica”, es decir, de respeto a “la vida integral” de la tierra y de la humanidad; no como entidades contrarias, yuxtapuestas o superpuestas, sino como supraorganismo vivo, inter-retro-conectado y portador sentido. La vida del ser humano no sería posible sin esta sinergia y conexión con el planeta tierra.

Otros temas también esenciales. Este motivo capital viene orquestado con otros temas que, sin ser centrales, son esenciales para mantener “la misión de la Iglesia” en la hora del mundo actual y la defensa de la ecología integral. Se trata, más allá del celibato (un carisma siempre importante en la Iglesia), del perfil del sacerdocio ministerial en relación con la Eucaristía, sustentado por hombres y mujeres capaces de mantener viva la comunidad cristiana. Dada la actual situación de la Iglesia católica, ambos temas, sacerdocio y celibato, serán objeto de debate y discernimiento en las sesiones del Sínodo. ¿Estarán sus decisiones a la altura de las expectativas que han suscitado?

Europa desalmada. ¿Qué hacer con la Unión Europea?

Evaristo Villar

José Antonio Pérez Tapias
Europa desalmada
¿Qué hacer con la Unión Europea?
Colección Contextos. Lengua de Trapo y Ctxt

La perseguían los nacionalismos y el neoliberalismo la raptó. Esta frase, que enmarca el comienzo del libro, resume lúcidamente la visión de Pérez Tapias sobre la UE actual. Su descolocación en el contexto mundial y su incapacidad para ubicarse en un mundo globalizado, su manera antidemocrática de afrontar la crisis económica y el crecimiento de las desigualdades sociales, su inadecuada respuesta a la cuestión migratoria y la crisis de los refugiados y las graves deficiencias para abordar el terrorismo yihadista demuestran suficientemente que el proyecto de Europa ha muerto. “Se mantiene por razón del euro, pero con ello no salvará su alma”.

Se necesita “reinventarla de nuevo”, convencido –con Étienne Balibar– de que, ante los grandes desafíos que Europa tiene planteados, “lo imposible es necesario”. Y en este camino se pregunta “¿cómo ser Europa después de Europa?” Su respuesta va ofreciéndola a lo largo del libro.

El síntoma agónico de una Europa en discordia. El “terremoto del brexit” ha sido fruto no solo de la xenofobia y del sueño neoimperialista del UPK, también de la burocracia europea y de su creciente déficit democrático. La reconstrucción solo será posible desde la superación de las “identidades excluyentes” y la construcción de “un marco supraestatal de las soberanías compartidas en aras de un proyecto común” (22)

Camino de servidumbre: cómo el TTIP y el CETA evidencian una Europa contradictoria. Los Tratados de “libre” comercio representan la servidumbre de la política a las grandes corporaciones transnacionales. El intento, actualmente paralizado, del TTIP (entre la UE y EEUU) y el CETA (UE y Canadá) representan la pretensión neoliberal de desregular totalmente los mercados ya sean del capital, de bienes y servicios y del trabajo. “El libre comercio es la cuartada para maniatar la democracia” (26). La UE necesita defenderse de la presión que ejercen estos monopolios sobre los Estados y los políticos.

Resistencia de Antígona y advertencia de Ulises. El sacrificio de Grecia y la Europa que se desintegra. En el rito sacrificial organizado por la Troika con Merkel de gran sacerdotisa, Grecia (por su inmensa deuda externa) fue el chivo expiatorio para aplazar al dios capital. Ningún ángel llegó a salvarle, como a Isaac, a última hora… Pero el “no” del referéndum del pueblo griego, como la desobediencia de Antígona a la despótica ley de Creonte, quedará como un hito ante el despotismo de la tecnocracia. Porque –podría decir Ulises– “¿de qué le sirve a Europa salvar el euro, si pierde su alma?” (37)

La alergia al otro y la Europa que se avergüenza de sí. No se resuelve políticamente el fenómeno de la inmigración y refugio levantando nuevos muros en la frontera, ni campos de concentración dentro y fuera de su espacio físico. No se puede seguir cerrando los ojos al cementerio del Mare Nostrum… La UE, por dignidad y justicia, necesita superar “la alergia al otro”, recordando la inmigración y colonización pasadas, así como la actual neocolonización.

El terror de una guerra espectral. Ante el “terror yihadista” indiscriminado y martirial, y ante el infierno sirio… mayor unión de Europa, neutralización de las causas y reconstrucción de la democracia robada a las víctimas.

La amenaza del nuevo fascismo no solo por el “gobierno de los banqueros”, sino también por el “encanallamiento” de los Estados que recortan la democracia e imponen la posverdad. “El trumpismo” que conduce directamente al fascismo y la xenofobia tienen su correlato en Europa. Solo desde la solidez de una sociedad anclada en los principios de verdad, libertad, igualdad y fraternidad se podrá hacer frente al sentimiento y simplicidad de tal amenaza.

¿Europa después de Europa? “El proyecto de Europa está muerto” (87) y ni siquiera la “Grosse koalition” alemana con el liderazgo de Mérkel ha conseguido reanimarlo. Será tarea de los poetas resucitar un nuevo proyecto que rescate la memoria de la mejor alma europea, articulando libertad e igualdad con justicia, integrando la inmigración, escuchando la voz que llega desde África y toda la verdad de la historia realizada en AL.

El libro se cierra con una entrevista hecha al autor por Miguel Mora, director de Contexto y Acción, donde fueron apareciendo inicialmente los temas presentados, y ahora reelaborados, de este libro.

Libros de Éxodo

Benjamín Forcano

José Mª Castillo, El Evangelio marginado, DDB, Bilbao, 2019

El tema abordado por el autor es el siguiente: “Afirmo que la Iglesia vive en una contradicción que es la peor de todas en las que puede vivir. Porque se trata de la contradicción entre la Iglesia y el Evangelio” (p. 11).

La contradicción la experimentó el mismo Jesús al entrar en conflicto con las autoridades religiosas de su pueblo: los sacerdotes: “Los más religiosos y observantes del judaísmo del siglo primero no soportaron a Jesús, lo consideraron como un peligro de muerte para ellos mismos” (p. 16). Pero, según Casillo, el conflicto no acabó entonces, sino que continúa perpetuándose en la Iglesia de hoy (cfr. p. 18).

  1. ¿A qué se renuncia cuando se margina el Evangelio?

Los discípulos de Jesús lo son, primero de todo, porque son llamados a vivir en unión íntima con su persona. Como él, asumen una nueva manera de entender y vivir la vida, que equivale a proclamar el reino de Dios, a desvelar el plan salvador del Padre.

Seguir a Jesús es asumir su proyecto de vida

A la clase sacerdotal de Israel le caracterizaba la alianza con el poder político de Roma, que ellos ejercían desde la enseñanza del poder religioso. Y eso es lo que a Jesús le predisponía en contra, porque el poder crea clases, una, que impone y disfruta, y otra, que debe someterse y soportar toda suerte de sufrimientos (p. 100).

Jesús, con su vida, alteró el orden del imperio y de la religión. Los denunció día a día, pues una minoría social acaparaba la mayor parte de la riqueza. Su estilo de vida era desestabilizador y solía castigarse con el cruel castigo de la crucifixión.

¿Cuándo se inició el desconocimiento y marginación del Evangelio?

Según Castillo: “El primer hecho extraño que ocurrió ya en los orígenes del cristianismo, por lo que se refiere a la relación entre la Iglesia y el Evangelio, consiste en que la iglesia nació, se organizó y empezó a vivir y actuar sin conocer el Evangelio de Jesús” (p. 19).

La Iglesia es mencionada diversas veces por San Pablo en sus Cartas, escritas antes de los años 60. Pero Pablo no habla nada en ellas del Evangelio de Jesús. Por dos razones, porque no conoció personalmente a Jesús y porque los Evangelios no aparecen escritos hasta después de los 70, cuando Pablo ya no pudo conocerlos.

Pablo pensó y organizó la Iglesia sin el Evangelio, es decir, sin destacar el ámbito humano de Jesús, sí el ámbito divino, referido al Hijo de Dios, resucitado de entre los muertos. Lo divino tenía más peso y a lo divino debía supeditarse todo lo humano.

En el pensamiento de Pablo, Jesús murió por nuestros pecados para redimirnos mediante un sacrificio expiatorio de sangre, cambiando así lo que fue la vida de Jesús un recuerdo peligroso, por un sacrificio redentor, llegando a sustituir el sacrificio existencial de Jesús por el sacrificio ritual de los sacerdotes y del templo: “Pablo se atiene más bien al sacrificio ritual, que es el que ha prevalecido en la teología de la salvación, de la liturgia y de la vida de la Iglesia, como si Dios necesitara el “sacrifico” y la “expiación” del Crucificado para redimir al hombre del pecado” (p. 25).

A pesar de todo, nadie puede negar la importancia del apóstol Pablo en los orígenes y expansión de la Iglesia, la cual, gracias a él, logró convertirse en una religión universal.

Pero resulta igualmente cierto que su expansión en la cultura del Imperio tuvo un precio muy alto: “Un precio del que Pablo no pudo darse cuenta por la sencilla razón de que no conoció a Jesús ni se había enterado de su historia en este mundo. De ahí que lo más probable es que Pablo no estuviera informado del enfrentamiento que Jesús vivió con la religión y que le llevó a la muerte en cruz” (p. 41).

Libros de Éxodo

Sergio Álvarez Davó

Michael Löwy, Cristianismo de liberación. Perspectivas marxistas y ecosocialistas, Barcelona, El Viejo Topo, 2019.

En esta obra, Michael Löwy analiza la configuración del cristianismo de liberación. Para realizar este trabajo, revisita en primer lugar el pensamiento sobre la religión de los principales intelectuales marxistas. Más allá de Marx y Engels, otorga especial relevancia a las obras de  tres marxistas innovadores: Ernst Bloch, Walter Benjamin y José Carlos Mariátegui. Ellos se interesaron por un tipo de catolicismo que presentaba una crítica y una “afinidad negativa” con el capitalismo. A estos autores les dedica varios capítulos en los que expone brillantemente la originalidad de sus planteamientos sobre religión y liberación.

Walter Benjamin relaciona teología y marxismo, mesianismo judío y materialismo histórico, lucha de clases y salvación. Desde esta relación efectúa una crítica a la modernidad y al progreso tecno-científico en nombre de valores modernos como la igualdad y la democracia. La influencia de Max Weber en Walter Benjamin se percibe en su concepción del capitalismo como una religión del culto perpetuo al dinero concebido como un “dios Plutón”. Según este autor, el materialismo histórico es incapaz por sí solo de ganar la partida al capitalismo. Por ello, necesita establecer una relación dialéctica con la teología que, aunque resulte “fea” en la modernidad, es la única que puede aportarle un espíritu vivificante. De forma parecida, Ernst Bloch piensa que la religión mesiánica representa la quintaesencia de la utopía. Considera que es necesario hacer inmanentes los deseos religiosos de esperanza. Esto se lograría fusionando las corrientes fría y cálida del marxismo y subordinándolas: el frío análisis debe ponerse al servicio del fervor religioso revolucionario.

Löwy relaciona el pensamiento de Ernst Bloch y Walter Benjamin con el del marxista peruano José Carlos Mariátegui. Aunque este último no conocía las obras de los anteriormente citados, existe un parecido en sus ideas. Esto se debe a que estos autores son herederos del romanticismo, entendido como contracorriente de la modernidad que impugna el advenimiento de la civilización moderna del progreso a toda costa en nombre de valores antiguos y religiosos. Ellos no reivindican una regresión a un pasado idealizado, sino una alternativa hacia un futuro mejor. Este es el sentido de la reivindicación del “comunismo inca” realizada por Mariátegui. Este autor pretendía superar las dicotomías místico/secular e idealista/materialista. Influenciado por Unamuno y Sorel, subraya la dimensión agónica y mítica del socialismo. Un socialismo comprendido como una agonía revolucionaria, una nueva vía de reencantamiento del mundo, un nuevo mito heroico que proporciona sentido a la vida allí donde el capitalismo se lo arrebata.

El pensamiento de Walter Benjamin, Ernst Bloch y José Carlos Mariátegui se cristaliza en América Latina dando lugar a una importante corriente de pensamiento: la Teología de la liberación. Michael Löwy destaca que esta corriente es la reflexión teórico-práctica de un amplio movimiento social latinoamericano mucho más complejo al que denomina “cristianismo de liberación”. Se trata de un movimiento transversal que no se entiende sin la influencia de pensadores heterodoxos socialistas y sin la autoorganización de los laicos cristianos en comunidades eclesiales de base. El cristianismo de liberación afirma que su opción preferencial es la lucha por los pobres, pero no como objetos de caridad, sino como sujetos de su propia liberación, tomando el libro del Éxodo como paradigma.

El análisis de este movimiento cristiano que realiza Löwy nos proporciona un brillante ejemplo de las posibilidades que la religión emancipadora presenta en la esfera pública. Es indudable que la contribución del cristianismo de liberación ha sido imprescindible para la victoria de numerosos movimientos y partidos izquierdistas en América Latina. Asimismo, en las páginas finales de este libro se nos presenta la propuesta ecosocialista defendida por teólogos de la liberación y por el propio Michael Löwy. Forma parte de la implacable crítica del cristianismo de liberación al capitalismo depredador que acaba con la Tierra como Pachamama y con la forma de vida de los pueblos indígenas y campesinos que viven en ella. Sin duda, por el ritmo que lleva este proceso destructor, por el clamor medioambiental que se escucha en diversos lugares del mundo y por las luchas ecologistas existentes, este libro de Michael Löwy deberá ser releído muchas veces en estos tiempos.

Comunidad Santo Tomás de Aquino, Madrid. Una experiencia cristiana en la brecha

Evaristo Villar

Ante lo que nos está pasando en este primer cuarto del s. XXI, muchos pensamos que, tanto desde el plano de la razón como desde la fe, necesitamos “proyectar espacios de esperanza” para recobrar el sentido y no detener violentamente el curso de la historia.

Necesitamos hacer frente a la “posverdad” que se está instalando como táctica en los discursos de nuestros dirigentes políticos y necesitamos deshacer las falacias de los medios y redes de desinformación que están contaminando a la ciudadanía. ¿No es un contrasentido que el coste de estos medios de desinformación esté recayendo, en gran parte, sobre la espalda del honrado contribuyente?

Es necesario hacer oír, también, nuestra voz ante los silencios políticos de las jerarquías religiosas. Porque hay silencios que desconciertan y escandalizan la buena fe de los creyentes. ¿Callarse ante el proceso de exhumación del dictador del Valle de los Caídos y sobre el parasitismo de una familia cobijada bajo las hazañas lucrativas de un abuelo sanguinario? ¿Cómo querer normalizar cristianamente a un golpista que lleva sobre su espalda tantas muertes aun no honradas?

Necesitamos saber si el presidente de la CEE, por ejemplo, se va a reunir en Roma a fínales de este mes de febrero con los titulares de todas las conferencias episcopales del mundo para tratar sobre la pederastia sin haber recibido a las víctimas, como es voluntad del papa. Necesitamos saber qué alcance van a tener los pronunciamientos de algunos jerarcas sobre un sector humano, religiosamente humillado, como el LGTBI. ¿Cómo seguir dogmatizando, por otra parte, la ley eclesiástica del celibato (no hablo del celibato opcional)? ¿O cómo seguir defendiendo, contra la sensibilidad actual, las inmatriculaciones hechas al amparo de una ley franquista?

Me viene a la memoria la decidida postura del Jesús del Evangelio de Marcos frente a las prácticas inhumanas de los dirigentes de su tiempo y, sobre todo, ante su torpeza para discernir los “signos de los tiempos”: “Tienen ojos para ver, dice, y no ven, tienen oídos para oír y no oyen” (Mc 7 y 8).

Y es que hay una imagen del mundo y de las estructuras de las iglesias que está cayendo y otra que está emergiendo. El futuro no es ya una ficción, es una realidad. Por más que la filosofía política y otros intereses quieran amarrar nuestros pies a una realidad que se pretende inamovible, la utopía ya está entrando por la puerta. El cambio de era supone un cambio de página también en la Iglesia. Y la responsabilidad no está solo en los profetas que lo vienen anunciando, sino principalmente en los dirigentes que parecen no “estar en el tiempo”. ¡Hay una Iglesia que se mueve y otra que se muere!

La Comunidad de Santo Tomás de Aquino, un presente con memoria y promesa

Tiene una larga historia. Más de 30 años luchando por reformar la sociedad y la Iglesia. No voy a relatar su largo y laborioso proceso de transformación desde la Parroquia Universitaria de Madrid hasta la comunidad que es hoy. Hay algún libro que hace puntualmente este relato. Me refiero al titulado Una experiencia comunitaria de liberación, editado por Ediciones Khaf del Grupo Editorial Luis Vives en 2012. Me limitaré, por razones de espacio, a recoger la impresión que reflejan sobre esta comunidad dos de los obispos profetas y testigos vivos más destacados entre los cristianos y cristianas españoles y latinoamericanos. Me refiero al obispo claretiano y poeta Pedro Casaldáliga y al obispo agustino Nicolás Castellanos, que renunció a la diócesis de Palencia para irse de misionero en Bolivia. Casaldáliga hace la presentación del libro y Castellanos, el epílogo.

Pedro Casaldáliga. “Este libro es una crónica evangélica y evangelizadora, unos Hechos de los apóstoles, un testimonio de una comunidad viva, adulta, corresponsable, encarnada en la hora y en el lugar, en un proceso a veces conflictivo, pero siempre suficientemente lúcido y esperanzado”… No se trata de una comunidad que vive solo algunas dimensiones cristianas y que podría olvidar otras mayores. El libro recoge los apartados mayores del proceso y reafirma el cultivo diario de la formación permanente, de la dimensión celebrativa y de los compromisos colectivos.

Hay que leer este libro, esta crónica de los hechos de los apostólicos en hora y lugar bien concretos y desafiadores, con voluntad fraterna de compartir su riqueza espiritual ayudando a tejer “la red de comunidades” y cultivando siempre las dos grandes dimensiones de la mística y la militancia. Difícilmente encontraremos otras comunidades con la madurez y la fidelidad con que esta comunidad querida está viviendo el Evangelio.

Yo tengo fuertes lazos afectivos y pastorales con esta comunidad madrileña (y mundial). La solidaridad ha sido siempre y seguirá siendo una especie de sacramento a orillas del camino para esta comunidad solidaria y samaritana. El libro termina apelando a Jesús de Nazaret, nuestro Camino, Verdad y Vida. Porque si algo ha de crecer en cada uno de nosotros y en nuestras comunidades, es la pasión por el Jesús del Evangelio y por los pobres del Reino”.

Nicolás Castellanos. “La Comunidad de Santo Tomás de Aquino se interroga como nos interrogamos muchos: ¿cómo ser cristiano en una sociedad marcada por la pluralidad social, política, moral. cultural, religiosa?; ¿cómo ser creyente en una Iglesia, al decir de mucha gente conspicua, anquilosada en el pasado, carente de un discurso atractivo para la sociedad de hoy, con crisis demoledora, inmersa en un “invierno eclesial”, escasamente valorada entre las demás instituciones, al menos en España, sin conectar con la nueva cultura del diálogo democrático, de tolerancia y pluralismo?

En su respuesta, se diseña el camino por los raíles del Evangelio y del Concilio Vaticano II, y se muestra el rostro de otra manera de ser Iglesia enamorada, esposa, madre, samaritana, que camina del brazo de Dios en el tiempo y en a historia y se mueve con agilidad en la cultura actual.

Se trata de un relato humano y humanizador, teológico, teologal y pastoral, liberador y transformador. En esta comunidad corre la vida a borbotones, se hace praxis el núcleo fundamental cristiano. Se plasma en el seguimiento y discipulado de Jesús, que expresa la cercanía de Dios Padre, Madre, Ternura, Misericordia, Amor; se experimenta la pasión por el Reino, se vive la opción evangélica por los pobres, y se expresa la profecía y se vive en parresía. Y en este proceso, no han faltado nunca las huellas martiriales. Ya lo decía Peguy: ‘Tener la verdad es empezar a sufrir; defenderla es empezar a morir”.

 

Desde el último banco. Las mujeres en la Iglesia

María José Arana

Situada “en el último banco” de la Iglesia, Lucetta Scaraffia observa atentamente muchos aspectos de la Iglesia Católica. El lugar desde el que se otea el horizonte no es indiferente porque como señalaba Engels, no es lo mismo mirar y sentir la realidad “desde una choza que desde un palacio”, así que “el último banco” descubre muchas cuestiones imperceptibles desde otros lugares.

Lucetta se acomoda ahí para observar y hablar de la realidad de la Iglesia desde su condición de mujer bien asumida que afina su mirada y sensibilidad, y desde su condición de católica, interiorizada, y amada. Y ese amor a la Iglesia, palpita en todo el ensayo y desde él, sólo desde él, mira con esperanza hacia el futuro.

Otra perspectiva importante en la que se sitúa esta historiadora, evidentemente es la de la historia, echando de menos esta dimensión en la práctica y visión eclesiástica: “La Iglesia (Institución), no ama la historia” (p. 20), y es que sin ella se distorsionan y se pierden muchos aspectos, entre ellos los que tienen que ver con la propia identidad eclesial; esta pérdida “significa sustancialmente no saber quién se es” o como diría Bernard Lonergan, olvidar esto es como el que padece “amnesia” y se olvida de quién es; es perder el sentido del desarrollo “en el tiempo y perder el nexo con los contextos culturales y sociales en los que fueron vividas y elaboradas estas cuestiones”, aleja de la realidad, empobrece y deforma la investigación… , y que tristemente la Iglesia ha ignorado.

Así pues, la autora entra a muy grandes rasgos desde la Historia y se fija en puntos tan importantes como la formación, la mística, los ministerios, teología, el reparto de poder, e incluso medioambiente, etc., así como otras desventajas y desigualdades que pesan sobre ellas. También se va “encontrando” en “visita rápida” con algunas mujeres de Iglesia más significativas de distintas épocas, sacando a la luz cuestiones conocidas y menos conocidas de la vida y significado de aquéllas en la Tradición Cristiana y del Evangelio. Ese amor a la Iglesia la lleva a descubrir riquezas muy poco exploradas y promueve entrar en ellas desde una mirada femenina para encontrar respuestas, hoy, ahondando en la Tradición para intentar hallar raíces que orienten el futuro…

Un recorrido ágil que va recogiendo aportaciones de pensamiento, místicas, teológicas e incluso biográficas de estas mujeres a las que sin duda y como ella pone en evidencia, la Iglesia no les ha prestado atención ni oído desperdiciando un precioso bagaje de sabiduría y gracia. . Y lo hace contextualizando bien y teniendo en cuenta la mutación profunda de la Humanidad por caminos sociales y, sin duda, también antropológicos.

Son recorridos valientes que evidencia con claridad la riqueza que se pierde –“tesoro ignorado”–, así como las situaciones de desigualdad e inferioridad que ellas han padecido.

Scaraffia no olvida el ámbito de la espiritualidad e incluso de la santidad al que las mujeres no han dejado de aportar generosamente a la Iglesia y en la Iglesia. Recogerlo es un arte, una filigrana de gran valor que aporta un talante inestimable al texto. Desgraciadamente este ámbito suele olvidarse con excesiva frecuencia. Sería muy interesante continuar entrando y descubriendo lo que la autora insinúa como “la santidad nueva”…

Un asunto de incuestionable centralidad en la vida humana y en la preocupación de la Iglesia y especialmente de las mujeres católicas es el de la sexualidad en sus diversos aspectos, ámbito al que la autora dedica el mayor espacio.

Aborda cuestiones tan candentes como la “revolución sexual”, el aborto y su legalización señalando como el punto más dramático al vincular este “derecho” con el de libertad y emancipación de las mujeres, la píldora y anticonceptivos, con la consiguiente separación entre sexualidad y procreación; se asoma a otras cuestiones como homosexualidad, bioética y reproducción asistida, concepción de la igualdad y consecuentemente de la teoría de género (punto en el que a mi entender quizás haría falta más y diferente aportación y profundización de la que aquí se maneja), consecuentemente aparece la cuestión de la identidad del ser humano… Y, por supuesto, la familia, tema central del Sínodo y cuestión fundamental para la sociedad y para la Iglesia.

En toda esta problemática detecta el exceso de prohibiciones, en muchos casos las carencias y echa de menos una mayor atención a la experiencia y a la voz de las mujeres. Realmente la jerarquía acusa una gran sordera y falta de sensibilidad sobre la aportación de las mujeres tan imprescindible. Pero también subraya los que considera aciertos de la Iglesia.

Lucetta se atreve a entrar, aunque sea rápidamente en algo en lo que normalmente no se suele expresar y es el hecho de que no pocos católicos /as “no siguen las normas de la Iglesia respecto al comportamiento sexual”. De hecho, sabemos que son no “solo no pocos”, sino que la cosa está muy generalizada, y por lo tanto, ¿no será éste un asunto en el que se tendría que entrar desde esta situación? Evidenciar este punto tiene una importancia capital y unas consecuencias a las que, sin duda, habría que atender con urgencia.

Hay que agradecer a Lucetta este pequeño ensayo sencillo pero lleno de sabiduría y profundidad; un trabajo sereno y valiente muy necesario hoy. En él queda bien claro que cualquier renovación de la Iglesia o/y de la sociedad civil, ha de contar plenamente con ellas, las mujeres, porque: “Si la Iglesia no recurre a este tesoro ignorado, a esta riqueza escondida, es difícil, creo yo, que pueda iniciar un plan de renacimiento para el futuro próximo”… (p. 103).

Carta al arzobispo de Madrid

Varios Autores

Señor D. Carlos Osoro Sierra

Arzobispo de Madrid

Archidiócesis de Madrid

Calle de Bailén, 8, 28013 Madrid

Estimado señor.

Hemos conocido con estupor y enorme indignación la propuesta de la familia Franco de que los restos del dictador, una vez exhumados del Valle de Cuelgamuros, sean trasladados, con honores, a la catedral de La Almudena en el centro de Madrid.

Franco fue un general golpista que instauró una dictadura y secuestró la soberanía nacional por la fuerza durante 40 años, y el máximo responsable de un régimen de represión y terror ejercido, de múltiples formas, sobre cientos de miles de personas.

El entierro de Franco en La Almudena, un lugar público a pocos metros de la Plaza de Oriente, donde la dictadura organizaba los actos de exaltación del régimen, supondría una vejación y una humillación para las miles de víctimas del franquismo, para sus familias, y para el conjunto de la sociedad.

Asimismo, si finalmente se enterrase al dictador en La Almudena, la catedral y el centro de Madrid se convertirían en un centro de peregrinación de los nostálgicos del franquismo y de los fascismos europeos, y, como respuesta, en un lugar de movilización antifascista. Ello tendría consecuencias enormemente negativas para la imagen de Madrid, y para la convivencia de los vecinos y vecinas de la ciudad, y sus visitantes.

Una democracia no puede honrar a un dictador, como han expresado reiteradamente los organismos internacionales de Derechos Humanos. Solicitamos de ustedes, desde las diferentes responsabilidades que ejercen actualmente, que tomen las medidas necesarias para que Franco no sea enterrado en la catedral de La Almudena tras su salida del Valle de Cuelgamuros.

Las asociaciones y colectivos firmantes nos oponemos frontalmente a que este hecho se produzca, y hacemos un llamamiento público a la ciudadanía para que exprese su desacuerdo y se movilice, con el fin de impedir que se consume tal escarnio.

Fdo: Julián Rebollo Cuéllar (DNI: 1.055.143 H), en nombre de todos los colectivos y organizaciones firmantes. Tel: 610 25 24 00

Domicilio para notificaciones: C/Carretas, nº 14, 2º H, 28012 Madrid

nivallenialmudena@gmail.com

ADHESIONES a 25-Octubre-2018

Agrupación de Familiares de la Fosa de El Escorial

Agrupación Republicana de Coslada

Agrupación Republicana de Móstoles

Alternativa Sindical de Trabajadores (AST)

Amical de Mauthausen y otros campos

Amical de Ravensbruck

Archivo Guerra y Exilio (AGE)

ARMH Argentina

Asamblea 15-M Prosperidad

Asociación Amigos de las Brigadas Internacionales (AABI)

Asociación Católicas por el Derecho a Decidir

Asociación Española para el Derecho Internacional de los Derechos Humanos (AEDIDH)

Asociación Foro por la Memoria Democrática

Asociación Marcos Ana

Asociación Memoria Histórica de Cartagena (MHC)

Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Valladolid

Asociación Pozos de Caudé (Teruel)

Asociación Todos los Niños Robados son también mis Niños

Asociación Víctimas del Estado (Avices)

Associació de Memòria Històrica Guadassuar per la República

Associació de Veïns i Veïnes del Barri Gòtic de Barcelona

Associació pro–Memòria als Immolats per la Llibertat a Catalunya

Attac-Catalunya

Ateneo Republicano de Carabanchel

Club de Amigos de la Unesco de Madrid (Caum)

Colectivo Al Servicio de la República (ASR)

Colectivo Republicano Tercer Milenio

Comisiones Obreras (CCOO)-Madrid

Convocatoria Cívica

Coordinadora de Redes Cristianas

Coordinadora Mesa de Memoria Histórica del Distrito de Latina (Madrid)

Coordinadora Navarra de Pueblos por la Memoria BIDEKOMITXINGORRIA

Ecologistas en Acción

Encuentro Estatal de Colectivos de Memoria Histórica y de Víctimas del Franquismo

Europa Laica

Farinatos por la Memoria de Ciudad Rodrigo

Federación Asturiana Memoria y República (FAMYR)

Federación de Asociaciones de Memoria Histórica de la Región de Murcia (FAMHRMU)

Federación de Republicanos (RPS)

Federación Estatal de Foros por la Memoria

Federación Regional de Asociaciones de Vecinos de Madrid

Foro para la Recuperación de la Memoria Democrática Las Vegas (Madrid)

Foro por la Memoria de Canarias

Foro por la Memoria de Castilla la Mancha

Foro por la Memoria de Castilla y León

Foro por la Memoria de Guadalajara

Foro por la Memoria de la Comunidad de Madrid

Foro por la Memoria de Segovia

Foro por la Memoria de Toledo

Foro por la Memoria de Zamora

Foro por la Memoria del Alto Guadalquivir

Foro por la Memoria del Bajo Guadalquivir

Foro por la Memoria del Valle del Tiétar y de la Vera

Foro por la Memoria en Argentina

Foro por la Memoria Histórica de Málaga

Foro Social de la Sierra del Guadarrama

Fòrum per la Memòria Popular de Catalunya

Fòrum per la Memòria Popular de Tarragona

Fundación Internacional Baltasar Garzón (FIBGAR)

Ganemos Madrid

Grupo Verdad y Justicia de Valladolid

Iniciativa social Sanfermines78:Gogoan,Herri Ekimena

IRIS-Mémoires d’Espagne (Toulouse)

IU-Distrito Centro

Izquierda Unida

Izquierda Unida de Madrid

Juventud Comunista de España (marxista-leninista)

La Comuna- PresXs del Franquismo

Manifiesto en contra del franquismo en las Fuerzas Armadas

Memoria en Acción

Memòria Històrica i Democràtica del Baix Llobregat (AMHDBLL)

Memoria y Libertad

Mesa del Foro Local de Carabanchel (Democracia Participativa, Laicismo, Transparencia y Memoria Histórica)

Mujeres Republicanas

Partido Comunista de España (marxista-leninista)

Partido Comunista de España (PCE)

Partido Comunista de Madrid

Plataforma contra la Impunidad del Franquismo

Plataforma de Afectados por la Hipoteca- Stop Desahucios Madrid

Podemos

Podemos Comunidad de Madrid

Red Roja

RPG-7 Crew

Socialismo Mostoleño (SOMOS)

Solfónica 15-M

Unión General de Trabajadores (UGT)-Madrid

Unión Republicana (UR)

Yayoflautas Madrid

Lo que nos está pasando. Un comentario

Juanjo Sánchez

IGNACIO SÁNCHEZ-CUENCA, Atado y mal atado. El suicidio institucional del franquismo y el surgimiento de la democracia, Alianza Editorial, Madrid, 2014, 367 págs.

Esta no va a ser una reseña al uso de un libro. Quiere ser, más bien, tan solo un comentario de algunos puntos o momentos de este excelente libro de Ignacio Sánchez-Cuenca, uno de los analistas más rigurosos y lúcidos de la historia social y política de este país, que ha aceptado, además, regalarnos el primer artículo de análisis, en la sección A fondo, de este número de ÉXODO.

Un comentario de datos y reflexiones que, en mi opinión, iluminan y ayudan a interpretar “qué es lo que nos está pasando”, como decimos en el título de la colaboración del autor en este mismo número de la revista. Porque eso es, justamente, lo que nos interesa, aquí y ahora, de este lúcido libro.

Un comentario, por tanto, claramente situado y motivado por “lo que está pasando” en nuestros días en este país. ¿Y qué es “lo que está pasando”? Está pasando lo que pasa también a nivel europeo e incluso a nivel global: la avalancha de una peligrosa oleada de pensamiento y actitudes autoritarios, cargados de furia y resentimiento, que invaden nuestra sociedad y sus instituciones y están poniendo en peligro las bases y el espíritu de la democracia.

Una oleada autoritaria de extrema derecha que, en nuestro suelo y país, se reviste de la ideología particular que tuvimos que soportar durante más de cuarenta años: un régimen dictatorial, que Franco, su artífice, pensó dejar “atado y bien atado” para la posteridad tras su desaparición.

Y bien, la primera de las tesis o reflexiones que sostiene Ignacio Sánchez-Cuenca es que, como ha expresado genialmente en el título de su libro, ese régimen dictatorial quedó “atado, sí, pero muy mal atado”. Que bastó tan solo un año para que ese nudo atado del franquismo pudiera ser desatado y deshecho.

Pero lo más sorprendente de este hecho –señala el autor– es que no se debió a una revolución o acción violenta de la oposición. El nudo fue desatado por las mismas fuerzas del régimen sucesor de la dictadura, votando a favor de la famosa Ley de Reforma Política el 18 de noviembre de 1976. Lo cual constituyó una decisión de consecuencias absolutamente decisivas: fue, sin duda, afirma Sánchez-Cuenca, el episodio más importante de la transición española a la democracia” (p. 11)

Y es que fue, ciertamente, una decisión singular y difícilmente imaginable. La Ley de Reforma Política, subraya el autor, “significó el suicidio del régimen. Las Cortes franquistas sancionaron una Ley que hacía posible la desaparición del sistema político del franquismo.” (p. 12) Un cambio, sin duda, drástico y profundo, que “supuso, efectivamente, una suerte de suicidio institucional”, una especie de “voladura controlada” (p. 12) una “forma de abdicación colectiva (p. 13) o, como ya entonces políticos y periodistas lo calificaron, un “harakiri” en toda regla.

¿Cómo pudo darse tamaña decisión?, pregunta con toda razón el autor Y añade sin dudar: “A mi juicio, esta es la cuestión fundamental de la transición española”. (p. 14) Extraña por eso sobremanera que no haya encontrado mayor eco entre los historiadores, de forma que aún nadie haya dado a ese decisivo interrogante “una respuesta rigurosa”. A ese objetivo dedicó Sánchez-Cuenca la investigación que recoge este fascinante libro.

¿Cómo interpretar este hecho extrañamente singular? –se imponía, sin duda preguntar. ¿Acaso se trató de una decisión fruto de la magnanimidad del franquismo, o tal vez de una conciencia lúcida de haber llegado la hora de dejar paso a la democracia? Evidentemente, nada más lejos de la realidad. Como señala el autor, “la élite franquista se propuso dirigir y mantener el control sobre el proceso de cambio político”. Y así fue, de hecho, a todo lo largo de la de la andadura hacia la democracia. Porque había que garantizar a toda costa “el continuismo legal” de la transición: “el nuevo régimen tenía que nacer del viejo” (p.13). La legalidad de lo que surgiera debía brotar de la legalidad de lo viejo. Esta función de control sobre el proceso condicionó fatalmente la transición española.

La condicionó desde la propia transición. Ignacio Sánchez-Cuenca pone, con razón, especial énfasis en subrayar este afán controlador, y lo hace con gran originalidad: desmontando el profusamente comentado “mito” de la ejemplaridad de nuestra transición. Lo que aparentemente podría percibirse como “magnanimidad” o grandeza de espíritu: la increíble “singularidad” de la decisión a favor de la Ley de Reforma Política por parte de las Cortes franquistas a costa de su propia existencia, ese impensable suicido institucional del franquismo, se reveló, sobre todo en la “primera transición” (desde la muerte de Franco hasta la aprobación de la Ley de Reforma Política), radicalmente engañosa. El autor lo muestra con acierto y lucidez analizando minuciosamente hasta qué punto el famoso y profusamente encomiado espíritu de diálogo de pacto y consenso entre las fuerzas del régimen y las del cambio político brilló más bien justamente por su ausencia en la mencionada primera fase de la transición. Hasta la aprobación de la Ley de Reforma Política –afirma Ignacio—“nada se negoció” (p. 328) El elogiado consenso es, en verdad, un mito construido proyectando sobre esta primera fase de la transición lo que solo se dio en la segunda fase, a raíz de las primeras elecciones en las que las fuerzas de izquierda lograron un empate con las fuerzas del sistema franquista. Es decir, el consenso no fue obra de la magnanimidad de las fuerzas franquistas, sino fruto de la presión de la oposición, sin la cual, ciertamente, no se habría llegado a un cambio realmente democrático. Mientras lo que hicieron las fuerzas franquistas hasta ese momento fue controlar y torpedear cuanto conducía a ese cambio, ya fuera la aprobación de la decisiva Ley de Reforma Política, la Ley de Amnistía o la legalización de todos los partidos, incluido el Partido Comunista, piedra de toque de una real voluntad democrática.

Pero esta actitud en absoluto magnánima, no de pacto y consenso, sino de control y vigilancia, siguió condicionando, más allá de la transición, nuestra andadura democrática con intentos de interrumpirla o por lo menos de controlarla. ¿No es justamente ese talante lo que heredaron del franquismo los partidos de la derecha intransigente, la arrogancia de afirmarse en la práctica, velada o abiertamente, árbitros de la calidad democrática y el derecho de ser los sujetos naturales del poder político, del gobierno en este país?

¿No es esa actitud, justamente, la que está detrás de “lo que nos ha sucedido” y de “lo que nos está pasando” en nuestros días? ¿No aclara ella la furia con la que se han abordado, desde esas fuerzas extremas (“¡A por ellos!”), importantes acontecimientos de nuestra vida democrática reciente, como, sobre todo, el problema catalán o también la moción de censura al gobierno popular, descalificando a ambos como “golpismo”, pero también, y ya situándose al límite de la Constitución y la democracia, la reacción virulenta contra la exhumación de los restos de Franco y la declaración abierta de adhesión al franquismo?

¿No era y es esto “lo que nos está pasando”? ¿Esto, que hunde sus raíces en aquella historia que Ignacio Sánchez-Cuenca disecciona lúcidamente en este libro?… Aunque tal vez debamos ya decir “lo que nos ha pasado” o lo que nos estaba pasando”, pues tras la aciaga noche pasada del 2 de diciembre, todo puede ser peor… ¡La amenazante oleada autoritaria, aquí con tintes franquistas, nos ha alcanzado de lleno!

La fresa en Huelva: capitalismo heteropatriarcal en estado puro

Yayo Herrero

Trabajadoras temporeras de la fresa

En el pasado mes de mayo, un grupo de trabajadoras temporeras de la fresa en Huelva denunciaron haber sufrido abusos sexuales y amenazas por parte de empleadores o capataces.  Casi de forma inmediata, comenzaron a ser metidas en autobuses de vuelta a Marruecos, sus lugares de origen. El Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT), acogió y protegió a estas mujeres para garantizar el ejercicio de sus derechos.

Una vez que saltó el escándalo, se señaló la falta de procedimientos y perspectiva de género,  la opacidad sobre el número de mujeres que trabaja y las condiciones en que lo hace en este sector. Siendo cierto, sin embargo, no estamos solo ante un problema de falta de protocolos. Es un problema estructural que tiene que ver con la noción de producción en el capitalismo globalizado y con la trasformación de la agricultura en un proceso industrial, centrado en la maximización de los beneficios, que explota personas y naturaleza en un contexto patriarcal.

En esta ocasión, fue un reportaje de la revista alemana Correctiv y Buzzfeed News, lo que hizo saltar la liebre de los abusos hacia las jornaleras en España, Italia y Marruecos. No es la primera vez que este tema salta a la esfera pública, aunque sí la que más repercusión ha tenido.

Resulta curioso que en plena efervescencia del #YoSiTeCreo y del movimiento mundial #MeToo, las organizaciones agrarias, diversas ONG y sindicatos reaccionaran, no exigiendo de forma inmediata la investigación de los presuntos abusos y la protección preventiva de las trabajadoras, sino pidiendo a la fiscalía que investigase si el reportaje presentaba indicios constitutivos de delito. Les preocupaba que la generalización de la sospecha de abusos a todo el sector, que compite en el mercado de la fresa con otros países, pudiese provocar pérdidas en el negocio. Solamente el SAT permaneció al lado de las trabajadoras, acompañándolas solidariamente.

Trabajo a destajo en condiciones de semiesclavitud

En 2010, un artículo de Lidia Jiménez y Jerónimo Andreu titulado “Víctimas del oro rojo”, publicado en suplemento dominical de El País, señalaba que los abusos sexuales a las trabajadoras eran “un secreto a voces”, y constataba que, hasta ese momento, nunca habían prosperado las denuncias contra los responsables de una actividad económica competitiva en Europa.

Yo misma tenía experiencia directa del negacionismo sobre la situación de las trabajadoras. Hace ya varios años, en una reunión a la que asistían representantes de organizaciones agrarias, sindicatos, movimiento ecologista y de la administración, se llamó la atención sobre el hecho de que las mujeres temporeras, entonces mayoritariamente de Europa del este,  trabajaban a destajo en condiciones de semiesclavitud. Eran precarias y tenían un salario mísero. Tan ínfimo, que muchas trabajaban con pañal porque no podían permitirse parar ni para ir al baño. La reacción fue muy similar. El representante de la mayor organización agraria exigió muy airado que se retirase la afirmación y algunos de los sindicatos presentes, en principio sindicatos de clase, dijeron amable pero firmemente que no les constaba esta situación y que, de ser cierta, lo que tenían que hacer las jornaleras era denunciar.

Nadie sabía nada. Sin embargo, varios años antes, un equipo investigador de la Universidad de Huelva había realizado un informe titulado “Las mujeres migrantes, la trata de seres humanos con fines de explotación y los campos de fresa de Huelva”  que advertía sobre la situación que ahora se denunciaba.

¿Por qué esa resistencia a investigar? ¿Por qué la negación? ¿Por qué denunciar a quien denuncia? ¿A estas alturas alguien tiene dudas de que es perfectamente probable que trabajadoras extranjeras, solas y pobres, incluso aisladas físicamente, viviendo en las fincas, entre los invernaderos, corren el riesgo de sufrir abusos sexuales? ¿No es un hecho evidente y real que las y los jornaleros migrantes están mal pagados, son explotados y que de forma reiterada han surgido conflictos? ¿No habría que investigarlo, aunque solo fuese para aplicar el principio de precaución?

Producción y economía capitalista

Las fresas sirven para satisfacer una necesidad humana, la de la alimentación. Esa es su función social, su verdadera utilidad como producción. Sin embargo, para la economía convencional, para “el sector”, las fresas, los alimentos, no son importantes por las necesidades humanas que satisfacen, sino por los beneficios económicos que generan.

La economía capitalista ha desconectado la producción de las necesidades humanas. Lo que cuenta, lo que tiene valor, es lo que se factura, independientemente de si lo producido es necesario socialmente o no. Se termina considerando mejor y más competitiva aquella fresa que para ser producida contamina y explota, que la que se pudiese obtener sosteniblemente y de forma justa. “La buena producción” es la que consigue una alta rentabilidad económica abaratando los costes de producción (trabajo e insumos). Los beneficios económicos enriquecen a los intermediario y esconden la explotación y sufrimiento de las trabajadoras, el reforzamiento de los patriarcados, desiguales pero aliados, y los problemas de insostenibilidad, salud y supervivencia futura derivados de contaminar, agotar bienes finitos y cambiar hasta el clima. Tal y como suele decir Gustavo Duch, “el sistema en cuestión ha sido diseñado para producir algo parecido a alimentos, a costes muy bajos, tanto económicos, sociales como ecológicos; pero que puedan producir altos beneficios a quienes se dedican a su comercialización. Los alimentos, lejos de ser considerados como una necesidad y un derecho, se entienden como una mercancía sin más”.

El no saber, el mirar a otro lado, responde a aplicar una especie de omertá no escrita. Lo sagrado es el sector y sus beneficios y proteger lo sagrado exige una lógica sacrificial. Todo merece la pena ser sacrificado con tal de que crezca “el sector”: personas, tierra, dignidad, derechos… “Ojo, no se puede poner en riesgo un sector que factura casi 300 millones de euros”, dicen.

La situación de las jornaleras marroquíes no constituye una mala práctica aislada y puntual, no es un fallo del Sistema y de sus protocolos. Es una expresión del sistema en estado puro. Escondidas, debajo del brillo visible de las cifras y los beneficios, están las consecuencias terribles de esa forma de producir. En los lugares oscuros e invisibles del desarrollo, se viven los efectos sobre territorios concretos y vidas cotidianas de un forma de entender la economía insostenible, capitalista, racista y patriarcal.

Todas esas tensiones se encuentran en el conflicto de las temporeras de la fresa.

Monocultivo de la fresa y ecología

Ecologistas en Acción de Huelva lleva años denunciando que el monocultivo masivo de fresa tiene importantes consecuencias sobre el territorio, entre otros daños se encuentran la deforestación de grandes superficies, la contaminación de acuíferos y el uso generalizado de pesticidas prohibidos.

Con frecuencia, el cambio de uso del suelo se ha realizado sin tener el permiso correspondiente, que se termina concediendo años más tarde bajo la política de hechos consumados. El pacto de silencio reinante en la zona hace que las denuncias caigan en saco roto y se trabaje con total impunidad.

Una vez arrebatado el terreno al pinar, la preparación del suelo para el cultivo se realiza aplicando productos químicos de síntesis, derivados de un petróleo declinante. La desinfección del suelo provoca un empobrecimiento del mismo, así como una grave contaminación de las aguas subterráneas que afectan al acuífero del que se nutre el Parque de Doñana.

Explotación laboral en los invernaderos

La explotación laboral constituye una parte indisociable de este modelo agrario. Los bajos salarios son condición necesaria para que el sector sea competitivo y tenga un “alto valor añadido”. A mayor explotación, mayores beneficios.

En el inicio del despliegue de los cultivos, era la población autóctona la que trabajaba la tierra. Al escalar posiciones y mejorar los ingresos,  dejaron de trabajar directamente en los cultivos y fueron reemplazados, inicialmente, por hombres procedentes de diversos lugares de África. Desde entonces, han sido constantes los conflictos con los trabajadores de los invernaderos. Las duras condiciones del trabajo provocaron conflictos, revueltas, violencia y movilizaciones que trataban de llamar la atención sobre el salario, la dificultad de integrarse en los pueblos cercanos y el confinamiento en barracones y cortijos, a menudo sin agua u otros servicios básicos. Los conflictos fueron respondidos a través de narrativas con tintes racistas y estigmatizadores que legitimaban la explotación y el aislamiento de los temporeros. Todas estas tensiones son bien conocidas y han sido reflejadas en estudios como, por ejemplo, los del antropólogo Ubaldo Martínez Veiga. Para él, son una manifestación del capitalismo tardío que lleva consigo una idea abstracta del trabajo como fenómeno intercambiable que circula, con independencia de las personas materiales de carne y hueso, entre las diversas unidades productivas. Los efectos perversos de este proceso se agudizan cuando los trabajadores son trabajadores extranjeros sin papeles ni derechos.

Explotación e indefensión de las mujeres temporeras

La situación de explotación e indefensión es aún mayor cuando las temporeras son mujeres. De forma más reciente, y a partir de los conflictos con los trabajadores africanos, la contratación ha empezado a desplazarse hacia mujeres procedentes de los países del este de Europa y de Marruecos. Quienes contratan creen que las mujeres dan menos problemas que los hombres. Para no decir que son menos conflictivas, se argumenta con autoridad y convicción que las mujeres son más aptas para la recogida de la fresa porque “tienen los dedos más delicados” – como si los hombres tuviesen dificultades congénitas para ejercer la función prensil sin espachurrar la fresa o las mujeres no fuesen capaces, si lo desean, de espachurrar la fruta– y presentan una morfología que las capacita genéticamente para estar más tiempo agachadas, recolectando.

Muchísimos campesinos en todo el mundo arrancan patatas del suelo y recolectan los frutos de plantas rastreras y matas agachados. Terminarán seguramente deslomados y agotados pero no creo que se hayan planteado jamás que su cuerpo está menos preparado genéticamente para adoptar una postura recolectora, y al vivir de lo que recolectan, tienen buen cuidado de usar sus dedos con cuidado para no destruir el fruto que recogen.

El patriarcado, otra vez más, se alía con el capitalismo. Se contrata a mujeres pobres, jóvenes, que no estén obesas, preferentemente casadas y que tengan hijos a su cargo, menores de 14 años, para asegurar que vuelven a sus países. Se sabe que ellas vuelven a casa si dejaron allí a seres vulnerables de los que hacerse cargo. No es tan seguro que los hombres se vean obligados a volver a casa para hacerse cargo de quienes dejaron allí.

Una vez en su zona de trabajo, solas, sin conocer el idioma, en entornos profundamente machistas, trabajan a destajo y en condiciones duras por un jornal menor que el de los temporeros explotados varones. En ocasiones, acosadas por ”manijeros”, capataces y empleadores que amenazan con apuntar menos kilos de los que recogen y despedirlas si no consienten en ser manoseadas y abusadas.

Las jornaleras de la fresa marroquíes son aplastadas por una alianza perversa entre el capital y diversas formas de patriarcados que se refuerzan entre sí: el que las ve como un cuerpo-máquina con dedos delicados –genéticamente conformado para agacharse–, explotables, sumisas y nada sospechosas de pretender quedarse en España por tener responsabilidades de cuidados; el de los capataces y manijeros, que estando también probablemente explotados, encuentran alguien sobre quien ejercer el poder y ante quien sentirse virilmente dominadores; y el de los hombres de sus propios países, sus maridos, ante los que, dicen las jornaleras, deben esconder los abusos que sufren para no ser repudiadas y poder volver a casa.

Toda esta concatenación de violencias contra los territorios y contra las personas –de clase, de origen, de género– forman parte estructural de una determinada forma de producir. No son casos puntuales o aislados.

Quizás por eso hay tantas resistencias a investigar y denunciar, quizás por eso, en lugar de aplicar el principio de precaución y proteger a las mujeres trabajadoras, primero se duda de ellas y se advierte de los riesgos que puede correr “un sector tan competitivo”. Con la prioridad puesta en los beneficios, todo merece la pena ser sacrificado con tal de que el sector se mantenga y crezca.

Es de agradecer que el SAT y otros colectivos solidarios y feministas estén prestando atención, visibilizando, y acogiendo a estas mujeres, a las que se trata de expulsar para que no denuncien. Hasta para poder denunciar hace falta una comunidad que te sostenga y te apoye. Las mujeres con la cara cubierta se manifestaban gritando  “no bien, no bien”. Emociona que  dos palabras sencillas pueden expresar tanta dignidad, tanto valor. Las temporeras marroquíes no son sumisas ni dóciles.

Son mujeres valientes esas que denuncian, que saben que el precio de las fresas en el mercado no justifica su explotación y su dolor. No compra ni sus dedos, ni su cuerpo.