LAICIDAD Y EMANCIPACIÓN: OTRO PROYECTO INACABADO DE LA MODERNIDAD

José A. Pérez Tapias

Número 80 (sept.-oct.’05)
– Autor: José A. Pérez Tapias –
 
Llevamos tantas décadas de crisis de la modernidad que a la postre hemos convenido en considerar postmoderna la época en que vivimos. No obstante, como no dejamos de buscar salidas al bloqueo en que nos sitúan las contradicciones de la modernidad en crisis, hay quien plantea, como el sociólogo alemán Ulrich Beck, el tránsito a una “segunda modernidad”, bien es verdad que dando el paso con las suficientes dosis de crítica y autocrítica para que entremos ahora en una “modernidad reflexiva”, como indica el también sociólogo Anthony Giddens. Propuestas de este tipo vienen a partir de planteamientos similares a los de Jürgen Habermas cuando hablaba hace años, frente a postmodernistas enfáticos, de que la modernidad, con todas sus crisis, llegaba hasta nosotros como “proyecto inacabado”, como herencia con una tarea que proseguir, por más que fuera necesario hacer una crítica sin contemplaciones de lo que había sido la modernidad. Marx y Nietzsche ya apuntaron por ahí, y pensadores posteriores como Heidegger, como Horkheimer y Adorno, o como Levinas, cada cual por su propio camino, ya profundizaron en esa crítica.

Herencias valiosas de la modernidad son, por ejemplo, la democracia constitucional y la afirmación de derechos humanos universales, o las ciencias y las tecnologías de que disponemos, por mencionar algunas especialmente relevantes. Sabemos también que los procesos de modernización han supuesto a veces graves distorsiones que han pervertidolos mismos logros de la modernidad, volviéndolos contra sus objetivos iniciales, aquellos que se inscribieron en el proyecto de emancipación humana al que la Ilustración dio expresión en las distintas esferas o ámbitos de la vida de individuos y sociedades. De ahí que las contradicciones de la misma modernidad hayan supuesto realidades de violencia y de nuevas formas de barbarie, como los sistemas totalitarios o los excesos tecnocráticos de una civilización tecnológica, que han desmentido de manera irrefutable las pretensiones mitificadoras de la tan moderna ideología del progreso.

Pero, aun con todo, ni en medio de una “globalizada postmodernidad” -quizá “transmodernidad” para quienes están en las periferias del Prime Mundo, como piensa Dussel-, podemos, en cierto sentido, dejar de ser modernos; tampoco en la manera de replantear a estas alturas las relaciones entre religión y política, que es de lo que se trata cuando hablamos de laicidad, estando obligados también en este terreno a proseguir, mediando la crítica y aprendiendo de la experiencia, un proyecto inacabado. La laicidad del Estado, y de otros ámbitos públicos, se cifra en logros y también se vive como proceso.

El punto en el que hoy se sitúa la reflexión es la consideración, que tratamos que sea universalmente compartida, de que la laicidad de los espacios públicos es una condición necesaria para la convivencia democrática. Cuando argumentamos a favor de ello, y actuamos en esa dirección en la práctica política, lo hacemos desde el convencimiento de que se trata de una exigencia de justicia que hemos ido descubriendo en la trayectoria histórica de las democracias constitucionales. La consolidación de un Estado como laico es elemento clave para que un Estado democrático de derecho, a la vez que afirma su soberanía, se configure como plenamente consecuentecon el reconocimiento igualitario de los derechos de la ciudadanía. La laicidad del Estado, como característica jurídico-política que entraña la institucionalización de una respetuosa separación entre lo político y lo religioso, supone la erradicación de toda situación de privilegio pretendida por cualquier confesión religiosa en sus relaciones con los poderes públicos. De esa forma se garantiza el respeto a los derechos de cada cual, pues se asegura su salvaguarda independientemente de sus creencias y prácticas en materia de religión, y se consigue un marco institucional para la exigible imparcialidad de gobiernos y administraciones públicas en su trato con las diferentes comunidades religiosas.

Tal laicidad del Estado es lo que concuerda con el respeto debido a los derechos democráticos de cada ciudadano, destacando a este respecto lo que supone en relación a libertad de conciencia, libertad de expresión, libertad de asociación y libertad religiosa,así como con el adecuado reconocimiento del pluralismo de una sociedad secularizada, es decir, liberada de injustificables tutelas de confesiones religiosas, que quiere vivir en democracia.

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LAICIDAD COMPARTIDA: RELIGIÓN Y DEMOCRACIA

José María Mardones

Número 80 (sept-.oct.’05)
– Autor: José María Mardones –
 
¿La religión ayuda a crear una sociedad laica, pluralista y democrática? ¿O necesariamente la religión es un apéndice retrógrado de una época histórica y social superada, cuyo destino es el olvido y la desaparición? He aquí la cuestión que nos planteamos y que lejos de ser retórica tiene la punzante realidad de unas sociedades democráticas que no terminan de saber qué hacer con la religión y de una religión que no termina de saber estar en estas sociedades denominadas laicas y democráticas.

Sin hablar de un mundo globalizado que nos sorprende cada día con noticias terribles donde el mundo de la democracia parece compadecerse muy poco con la justicia, con comportamientos imperialistas de puro interés y de violencia mortífera inhumana y la religión aparece implicada, al menos como incentivo, presunto legitimador ideológico o motivador de comportamientos fanáticos y barbaros.

¿Qué se requiere para que democracia y religión compartan un camino de humanización?

LA RELIGIÓN EN LA DEMOCRACIA

Para avanzar una respuesta positiva acerca de la colaboración entre religión y democracia en nuestras sociedades llamadas occidentales y modernas, tenemos que tener en cuenta cuál es, al menos en sus grandes líneas, la situación de la religión en la democracia. Los artículos anteriores ya han dejado claro la serie de vicisitudes de un proceso histórico-social que ha desembocado en la democracia y en unas sociedades laicas y pluralistas. Recojamos en breves afirmaciones los elementos positivos de una sociedad laica y democrática que son aportaciones para la convivencia entre las creencias y abren el camino hacia una religión potenciadora de la laicidad y de la democracia.

Un Estado democrático es un Estado laico

La modernidad nos condujo al aprendizaje de que un Estado democrático es un Estado laico. Es decir, un Estado que no está vinculado con una determinada religión o cosmovisión; más aún, no interviene a la hora de determinar el sentido último de la realidad y de la vida. Estas cuestiones quedan reservadas al individuo. Éste puede sostener cualquier ideología y visión del mundo, metafísica o religión, que juzgue oportuna para orientar su vida y proporcionarle sentido en medio de los interrogantes que suscita un mundo radicalmente ambiguo y una vida atravesada por la contingencia y la no disponibilidad.

El Estado moderno y democrático es, por tanto, pluralista desde el punto de vista de las religiones y cosmovisiones y se comporta neutralmente desde su postura respecto a las mismas. Convive con una pluralidad de visiones y no funciona como instancia determinante de su verdad o falsedad -algo dejado a la libre discusión de los individuos-, sino como mero regulador de una convivencia entre los ciudadanos poseedores de diversas orientaciones religiosas, existenciales o ideológicas.

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EL HAMBRE Y LA OPULENCIA; FLUJOS Y REFLUJOS DEL CAPITAL

José Ramón Montes

Éxodo 97 (ener.-febr.’09)
– Autor: José Ramón Montes –
 
El hambre, máxima expresión de la pobreza, ha sido compañera inseparable del largo devenir histórico de los seres humanos; las guerras, las pestes, las tormentas, las sequías y las inundaciones, trajeron siempre a las poblaciones el hecho terrible de no poder alcanzar la subsistencia. En la civilización mediterránea del trigo siempre se ha invocado al PAN como símbolo de seguir viviendo: es el mínimo, es el pan de cada día. También la opulencia ha estado siempre como característica típicamente humana. En cuanto algunos se diferenciaron de las mayorías aparecieron los palacios, las vestiduras lujosas y el ocio sin obligaciones, y como elemento fundamental el enfrentamiento, la revuelta, la confrontación: penuria y lujo están asombrosamente próximos en el espacio y en el tiempo, ese es el gran desafío.

La dicotomía hambre-hartazgo, miseria-opulencia, en definitiva la plasmación escandalosa de la iniquidad y la injusticia, es algo tan viejo como la historia de las sociedades humanas y en todos los tiempos fue objeto privilegiado de las reflexiones de filósofos, literatos, políticos y moralistas.

Nuestro tiempo no es en esencia tan diferente a las épocas pasadas: tal vez lo que sucede es el hecho de la gran VISUALIZACIÓN de las situaciones, sobre todo en los países ricos cuyos habitantes disponen de todos los medios escritos y audiovisuales por lo que, a pesar de las manipulaciones, puede decirse que “conocen” a grandes rasgos las situaciones. El conocimiento suele ser muy sesgado y en el llamado Occidente el sistema procura alejar los teatros de las situaciones; por ejemplo, el hambre es cosa de África, de Guatemala o de Afganistán por culpa de los talibanes, fanáticos y opuestos al desarrollo y a la modernización. Sin embargo el cuarto mundo, este de las zonas suburbiales del Norte, es generalmente tratado de refilón, evitándose profundizar en fenómenos como las causas últimas de los conflictos de las periferias francesas en el invierno de 2005.

Recientemente ha concluido 2008 en el que se ha conmemorado el sexagésimo aniversario de la DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS HUMANOS; y desde ATTAC, como movimiento esencialmente ciudadano, entendemos el hambre como la carencia por cualquier persona o familia, en cualquier parte del mundo en que resida, de aquellos elementos, servicios y equipamientos que le son reconocidos en aquel texto fundamental, evitando toda interpretación asistencialista o de limosna; se ha de hablar en todo caso de DERECHOS que el mundo en su conjunto, y en especial la ECONOMÍA, se han de encargar obligatoriamente de satisfacer.

ECONÓMICO IGUAL A OPULENCIA

En los usos habituales del lenguaje y en la cultura mediática oficial, la economía y sus asuntos se asocian a la ganancia, al éxito y a los estándares acomodados de vida o a aquella manera de existencia lujosa que llama la atención y según nos dicen son los grandes incentivos sin los que la actividad económica no puede florecer en las sociedades humanas. Dado que eso es verdad, la lucha por un mundo más justo y equitativo y por una utilización más adecuada de los recursos del planeta no sería un quehacer económico sino esencialmente POLÍTICO, SOCIAL, CULTURAL Y ECOLÓGICO.

TOM WOLFE, tal vez sin saberlo, publicó con su novela LA HOGURA DE LAS VANIDADES de 1987 el más agudo tratado de economía de los finales del siglo XX, con aquellos banqueros excéntricos y elitistas, aquellos lujos del vivir inigualados tal vez desde la Pompeya que devoró el Vesubio.

Con la hábil teoría del GOTEO, la economía liberal aún oficial bendice y canoniza el consumo opulento pues la producción y distribución de los elementos lujosos y superfluos alimenta la actividad y, dicen, fomenta el empleo, justificar lo más injusto.

En medio de la opulencia, de su actual reflujo se lamenta vehementemente la bajada de las ventas de coches de alta gama, cuando todo el mundo sabe que esos artefactos no convienen ni como instrumentos de transporte, ni como utilizadores de la energía. ¿Qué se lamenta entonces?: se lamenta el cuestionamiento de unas formas de vida, el escándalo evidente, los miedos de los privilegiados, pues hambre y opulencia no están lejos como se quiere hacer creer, están muy próximas y conviven en las mismas ciudades y si no que se haga un repaso por ejemplo de un país emergente como BRASIL en el que el contraste es flagrante y muy caliente, pues la distancia no lo suaviza.

Sociológicamente es muy fácil observar los efectos urbanos del feo encuentro entre el hambre y la opulencia que estalla a cada paso en los barrios acomodados y en las urbanizaciones privilegiadas y es la bunkerización, el miedo, representado en cámaras, rejas, vigilancia privada, aislamiento; se está llegando al absurdo de la OPULENCIA ENCARCELADA, soportada por gentes y grupos que hacen de la LIBERTAD su proclama continua y favorita. El viejo y evangélico contraste entre el banquete del rico y la lacerante pobreza de Lázaro sale al encuentro todavía cuando se recuerda que hace 54 años en BANDUNG se reunieron unos dirigentes honestos e ilusionados pensando que el tiempo iba a ir, al menos, paliando las injusticias del mundo; y que no muy lejos de aquel encuentro vive hoy el JEQUE DE BRUNEI en una isla petrolera y dicen que es el hombre más rico del mundo, y como en las leyendas infantiles, en sus palacios y en sus aviones privados hay grifos de oro y zapatos adornados con esmeraldas. ¿Qué dice de todo esto el FMI?, con toda seguridad no dice NADA y si en algo se pronuncia será en el sentido de que su majestad insular efectúa grandes y provechosas inversiones en el terreno energético, y en el consumo de bienes suntuarios que tanto fomentan los empleos más calificados como los de buceadores pescadores de perlas que rastrean las preciadas ostras en los mares cálidos con riesgo de sus vidas; sin hablar de las guerras, sufrimientos y latrocinios que la extracción y comercio de los diamantes vienen acarreando en SIERRA LEONA, REPÚBLICA DEL CONGO y otros desgraciados pueblos que guardan en sus subsuelos riquezas que labran su desgracia. Sí, economía es igual a opulencia y un signo de opulencia social está representado por nuestros teléfonos móviles sin los que ya no sabemos vivir, y es de general conocimiento que esos artilugios precisan de un mineral llamado coltán por cuya captura los corruptos de allá y los empresarios de acá han originado guerras desconocidas que han llevado la muerte y el exilio a millones de personas: ese mineral y otros que se utilizan para la producción de armamentos y municiones son la más clara expresión de una ECONOMÍA GLOBAL que sostiene la opulencia de unos cuantos y perpetúa el hambre y las carencias de muchos y muchas más.

HAMBRE, OPULENCIA Y MIGRACIONES

El hombre y la mujer de hoy con más o menos distorsiones están informados y conocen las grandes situaciones, de modo que los pobres y los hambrientos saben muy bien dónde habita la opulencia y dicen entender la consigna y la proclama liberal de eso que llaman el mundo sin fronteras; y se lanzan por tierra, por mar y hasta en avión hacia esos oasis de bienestar que las pantallas televisivas difunden y publicitan; parece que esos dos nombres opuestos se van a fundir en un abrazo y así parten las pateras, pero el mar es duro y amargo y las engulle, y los espaldas mojadas cruzan eso que los anglos llaman THE RIO GRANDE. Resulta que la opulencia es esquiva: los liberales afirman que es el premio al mérito y al trabajo pero el premio no se alcanza porque no se alcanza el instrumento que es el dichoso empleo; la integración cultural es difícil y esa opulencia incluso abandona a los autóctonos de los países de destino de las migraciones. Entonces resulta que todavía hay fronteras y violencias y peleas entre todos los expulsados de allí y también de aquí. Y una vez más habla la economía, esta vez con terminología pastelera –sí, sí, de repostería– y nos dice que no se sabe por qué pero es el caso que ha menguado la tarta de modo que en esa merienda estadística, muchos niños y niñas se quedarán sin su trozo esperado, con tanta ilusión que les hacía: las leyes económicas son inexorables y están construidas con el inapelable rigor matemático de profundísimos cálculos prácticamente infalibles; de modo que si recordamos el famoso naufragio del TITANIC de 1912, de los viajeros de primera clase perecieron el 30% mientras que de entre los miembros de la tripulación resultaron ahogados el 70%: así que la cosa resulta bastante explícita, la patera de 2009 es como la tripulación de 1912.

Es interesante repasar un reciente discurso de NICOLÁS SARKOZY en el que se puede leer entre líneas una línea etnicista de apoyo a los trabajadores blancos y por tanto en contra de la inmigración: la globalización es económica pero no humana.

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OTRAS VOCES Y OTROS MEDIOS DE LA IGLESIA

José Manuel Vidal

Número 84 (mayo-junio’06)
– Autor: José Manuel Vidal –
 
La información es una de las asignaturas pendientes de la Iglesia. Entre otras cosas, porque la institución comunica poco y mal. Y porque los medios oficiales u oficialistas, que le sirven de correa de transmisión, no se basan, a la hora de informar, en criterios profesionales, sino que anteponen la catequesis a la información. Pero hay otras voces de Iglesia, que se plasman en otros medios de Iglesia. Voces diferentes en medios alternativos, por los que fluye una información libre, veraz y realizada con más o menos fortuna, pero siempre con criterios profesionales.

Estoy cada vez más convencido que la Iglesia sabe y puede pero no quiere comunicar de verdad. Porque no pone ni los medios humanos ni los materiales adecuados para hacerlo. Y ésa es la prueba del algodón. Eso unido a que en la Iglesia apenas se rinden ni se piden cuentas. Cada cual hace buenamente lo que puede. Y así, en una sociedad de la información tan competitiva y profesionalidad como la actual, no se rompe el techo de cristal mediático.

La noticia religiosa se topa en los medios no confesionales con un techo de cristal muy difícil de romper. Hay en los medios como una especie de cansancio secular ante la noticia religiosa que no aporta nada nuevo, que dice siempre lo mismo, lo que ya escuchábamos de niños. Un techo de cristal que sólo se rompe con un buen titular y un ángulo noticioso llamativo. Y la Iglesia huye de los titulares como de la peste. Y ni siquiera comprende su función de “anzuelo”, para llamar la atención.

Es evidente que los medios funcionan con la lógica del mercado puro y duro: un producto para vender que tiene que satisfacer a sus compradores. Un producto ágil, rápido y, a veces, hasta superficial y espectacular. Si quiere “colocar” su producto en los medios, la Iglesia tiene que saber venderlo. Y no sabe ni quiere venderlo. Acostumbrada al monopolio del producto religioso, no está acostumbrada a la competencia y sigue pensando que, en plena época secularizadora, su “producto” se vende solo.

No se da cuenta que los medios funcionan con unas leyes implacables. Por ejemplo, la de la lucha por el espacio. Hay poco espacio y muchas noticias que compiten por él. La institución que no sepa vender el producto, se queda sin espacio, como le pasa tantas veces a la Iglesia. Pero no por campañas orquestadas ni por el odio de los medios a la Iglesia, a la que, en general, se trata siempre con guante blanco. Al menos, mucho mejor que a cualquier otro colectivo.

A mi juicio, para hacerse un hueco en los medios, la Iglesia tiene que pasar de la propaganda catequética a la información. Porque, como dice Norberto González Gaitano, profesor de Comunicación Social de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz (nada sospechoso, pues), “a menudo, los eclesiásticos pretenden una publicidad gratis o un tratamiento de favor o de guante blanco que la prensa, puntillosa de su independencia, no concede a los políticos ni al Gobierno ni a ninguna otra institución”.

También tiene que asumir la Iglesia la dualización o el maniqueísmo de los medios. No hay nada más parecido a un obispo que otro obispo. Pero los medios cultivan las diferencias y las agudizan. ¿Es posible contraponer a Blázquez y a Cañizares? Teológicamente quizás no. Mediáticamente, sí. Aunque sólo sea por la diferente imagen que proyectan.

La Iglesia tendría que asumir también la lógica del “star system”. Hay que personalizar la información y ponerle cara. Y cuanto más arriba esté la cara, mejor. Ya sabemos que teológicamente un presidente del episcopado no es el jefe de los obispos, pero mediáticamente, sí. Blázquez y Camino son el rostro de la Iglesia española, se quiera o no se quiera. Comunicar es un don. Una de las cualidades que ambos deberían tener (no la única, por supuesto) y cultivar es la de comunicar bien los mensajes que la Iglesia quiere transmitir a la sociedad.

Para salir en los medios, la Iglesia tiene que cambiar de lenguaje. Para comunicar con el mundo de hoy tiene que abandonar su lenguaje arcaico, preñado de términos abstractos y teológicos, que ya muy pocos entienden. “La gente ya no dispone de gramática eclesial”. ¿Saben quién ha dicho esto? Los propios obispo españoles. Pero siguen haciendo lo contrario. ¿Cómo se hace eso, en concreto? Con pastorales escritas en lenguaje actual y un equipo divulgativo que “traduzca” los documentos al lenguaje de hoy. Dennos titulares hechos o los vamos a buscar nosotros.

“Como Iglesia, tenemos miedo de los medios de comunicación. Somos reacios a trabajar con periodistas y huimos de las oportunidades que nos dan los medios para testimoniar y evangelizar…Fingimos respeto a la importancia de las comunicaciones en la Iglesia…pero seguimos mirando a los medios como ‘el enemigo’”, dice, en una radiografía perfecta, monseñor Juan del Rio, de formación periodista y de profesión obispo responsable de la comisión de medios de comunicación de la Conferencia episcopal.

Huir de los medios es alimentar el silencio y, como dice el cardenal Errázuriz en la revista Vida Nueva, “el silencio es un enemigo claro. Es importante que la Iglesia se pronuncie, sea cual sea el problema”. Y alimentar el silencio provoca la proliferación de rumores e intoxicaciones, de chismes y de medias verdades. Y el mensaje se torna cada vez más opaco y más gris. Para prejuicio de la Iglesia.

Asumir que la agenda informativa la marcan los medios y no puede imponerla la Iglesia, sólo proponerla. Además, la Iglesia no puede pedir a los medios ajenos lo que no exige a los propios. Por ejemplo, se quejan del poco espacio que se les concede en nuestros medios. ¿Es que los informativos de la cadena Cope abren muchas veces con noticias eclesiales? En estos momentos, los obispos están desautorizados para quejarse o decir lo más mínimo de los demás medios, cuando tienen uno en el que el insulto, el frentismo, el dualismo y la descalificación personal son armas utilizadas a tiempo y a destiempo. No pueden pedir respeto, cuando no lo cultivan en su propia casa. Jiménez Losantos le está haciendo más daño a la credibilidad de la Iglesia que todos los escándalo sexuales del clero juntos.

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LA APORTACIÓN DE LA TEOLOGÍA DEL PLURALISMO RELIGIOSO

José María Vigil

Número 83 (marz.-abril’06)
– Autor: José María Vigil –
 
En el tema del pluralismo y del diálogo intercultural, abordado por este número de ÉXODO, la «teología del pluralismo religioso» (TPR) tiene algo que aportar, sin duda, por dos razones básicas.

En primer lugar, porque el pluralismo de religiones es el mismo pluralismo cultural, o viceversa: porque no hay prácticamente un pluralismo cultural que no lleve dentro un pluralismo religioso. La TPR, entonces, está en su propio campo -no se entromete donde no debe, y tiene autoridad para hablar- cuando se trata de diálogo o de falta de diálogo entre culturas.

En segundo lugar, la TPR es la rama más joven de la teología. Para los inquisidores actuales, es también su enfant terrible, la que habría sustituido a la teología de la liberación -ya fenecida para ellos- en la vanguardia del peligro de la heterodoxia. Y es que, aunque muchos todavía no lo saben, la TPR no trata temas nuevos (no es una ampliación cuantitativa de la teología), sino que aborda «los temas de siempre» pero desde una epistemología nueva, desnuda de (algunos) axiomas culturales que no eran hasta ahora percibidos, ni mucho menos cuestionados. El resultado de este nuevo abordaje es una meta-teología que ya no puede casarse en exclusividad con una única religión, y que en ese sentido se ubica en lo que llamamos pluralismo religioso y hasta en la «interreligiosidad » -y en ese sentido también en la interculturalidad-. Su visión y su manejo de los distintos paradigmas religiosos puede ser elocuente para quienes se las tienen que ver y manejar distintos paradigmas culturales en conflicto.

Dicho esto para justificar la presencia de esta «aportación de la TPR» en este número de ÉXODO dedicado al diálogo y a los conflictos interculturales, recordaré, en primer lugar, la estrecha relación entre religiosidad e identidad cultural; a continuación pasaré a presentar una selección de las tesis (o mejor, hipótesis) mayores de la TPR, que, según digo, pueden ser elocuentes para quienes tratan los temas y conflictos culturales. Y acabaré subrayando la importancia de la difusión de la TPR, como una tarea concientizadora y liberadora, constructora de la paz intercultural.

Identidad religiosa e identidad cultural

Es bueno recordar y poner inmediatamente sobre la mesa una realidad incontestable: la identidad cultural incluye, en principio, la identidad religiosa. Hasta hoy día -y «todavía hoy día» en la mayor parte de los casos-, toda cultura es, normalmente, cultura religiosa. En el siglo pasado la población del mundo se multiplicó por 3,74, casi se cuadriplicó, pero el sector de población de los «no creyentes» pasó del 0,2%, en 1900, al 12,7% de la población mundial, en el año 2000: un factor de multiplicación de más de 63 veces. Fue, en efecto, el grupo «religioso » que más creció. No obstante, hoy por hoy, casi el 90% de la población mundial está encuadrada en alguna de las grandes religiones mundiales, y las personas se definen a sí mismas como personas con identidad cultural religiosa.

Hay que hacerse consciente también de que, para las personas y culturas que no han pasado todavía por el proceso de la secularización, la religión les aporta siempre la parte más esencial y fundamental de su identidad: les hace sentirse en el mundo verdadero (el mundo religioso y divino, frente al engañoso mundo profano o del mal), funge para ellos como la fuente principal de conocimiento y de valores, y como la fuente del principal conocimiento. Desconocer el papel de la religión en las culturas tradicionales, es desconocer el mundo cultural.

Con un autor poco sospechoso de connotaciones eclesiásticas, Samuel Hungtinton, quiero recordar aquí que «en el mundo moderno, la religión es una fuerza central, tal vez ‘la’ fuerza central que moviliza a las personas… Lo que en último análisis cuenta para las personas no es la ideología política ni los intereses económicos, sino las convicciones de fe, la familia, la sangre y la doctrina. Es por estas cosas por las que las personas combaten y están dispuestas a dar su vida». Afrontar, tratar el tema del diálogo intercultural de espaldas a lo religioso es condenarse de entrada al fracaso.

Pues bien, en este ámbito religioso donde las masas se enfervorizan y adquieren conocimientos revelados y valores absolutos por los que dar la vida o quitarla a los demás, dogmas, exclusivismos, condenaciones y canonizaciones, la TPR viene siendo acusada de introducir el «relativismo» por sus enemigos, y a la vez viene siendo reconocida por sus admiradores como la única salida para la paz del mundo (según el conocido pensamiento de Gandhi popularizado por Küng: «Sólo habrá paz en el mundo si hay paz entre las religiones…»). Ése es un signo de que su aportación puede resultar valiosa para quienes tratan el tema intercultural. Pasemos, por eso mismo, a presentar algunas de sus posibles aportaciones.

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BIOTECNOLOGÍA, ECONOMÍA Y POLÍTICA

José Ramón Amor

Éxodo 90 (sept-oct.’07)
– Autor: José Ramón Amor –
 
La importancia económica que supone ya la biotecnología es grande. Según el Instituto Nacional de Estadística existen 500 compañías biotecnológicas en España, que emplean a 80.000 personas y tienen una cifra de negocio de 20.000 millones de euros. El crecimiento anual es del 20% en términos de facturación, número de empleados y gasto en I+D. Si bien España está alejada de los países líderes de la UE (Alemania, Reino Unido y Francia) y el tamaño de su sector corresponde todavía al de economías de menor envergadura (Finlandia, Bélgica u Holanda), su crecimiento en los últimos años sólo es superado por Irlanda.

Cataluña y Madrid presentan el mayor número de empresas, seguidas de Valencia, Andalucía, País Vasco y Galicia. El 39% de las empresas se dedica a la biotecnología sanitaria o roja. Las aplicaciones agroalimentarias o biotecnología verde son el 18% y la industrial o blanca el 12%. Las empresas con aplicaciones en más de un área son el 33%.

La salud humana es el principal campo de aplicación de la biotecnología en todo el mundo. Entre las áreas más dinámicas destacan la oncología, las enfermedades infecciosas, la diabetes, los trastornos autoinmunes y las patologías relativas al Sistema Nervioso Central, con especial énfasis en las enfermedades neurodegenerativas. En las últimas semanas todos hemos oído hablar del Yondelis, primer fármaco oncológico desarrollado por una empresa española (Zeltia) a partir de una molécula marina y que ya va a comenzar su comercialización.

Como señala ASEBIO 2006, los avances de las compañías españolas en terapia celular merecen una mención específica, por ser un área en la que ostentamos una situación poco frecuente de liderazgo internacional. En 2005 la compañía Cellerix se convirtió en la primera empresa europea en obtener un acta de medicamento huérfano para un medicamento celular en la Agencia Europea del Medicamento, concretamente para su producto Cx401, en el tratamiento de fístulas complejas. A este desarrollo clínico (que iniciará en breve un ensayo en el que participarán más de 400 pacientes de 5 países, con un coste de 12 millones de euros) se sumó en 2006 la obtención de un segundo estatus de medicamento huérfano para Cx501, en el tratamiento de la epidermolisis bullosa, una enfermedad rara y sin tratamiento. La Caja de Ahorros de Guipúzcoa y San Sebastián (Kutxa) financiará parcialmente el primer ensayo con la piel quimérica diseñada para tratar a los niños que sufren esta grave enfermedad.

Las aplicaciones biotecnológicas blancas constituyen un grupo heterogéneo con importantes perspectivas de crecimiento. Las tecnologías bioenergéticas cuentan en España con un referente internacional en Abengoa Bioenergy. La fabricación de bioplásticos es otro nicho de negocio en el que las empresas españolas comienzan a posicionarse.

La biotecnología agroalimentaria interviene en Europa en procesos que suponen entre el 13% y el 23% de volumen de negocio total de la industria alimentaria. El control biológico de plagas y los bioestimulantes son dos áreas en las que operan compañías biotecnológicas españolas como NewBiotechnic o Seaweed Canarias. En ambos casos, con productos de investigación propia en el mercado y una importante actividad de desarrollo de negocio en el ámbito internacional. En lo que se refiere al cultivo de variedades de plantas transgénicas, España siguió siendo en 2006 el referente europeo con 53.667 hectáreas sembradas, lo que supone un aumento del 0,8% respecto a 2005.

En los últimos meses los Ministros de Medio Ambiente de la UE desautorizaron a la Comisión Europea y a los tribunales de la Unión al permitir a Austria y Hungría prohibir unilateralmente el cultivo de variedades transgénicas previamente aprobadas en toda Europa y avaladas por el dictamen científico de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria. Esta situación muestra la debilidad de las instituciones europeas y hace planear serias dudas sobre la capacidad de la UE para alcanzar una economía basada en el conocimiento, como se definió en los objetivos de Lisboa.

A pesar de la ausencia de litigios entre agricultores, en 2006 se ha abierto un nuevo frente de debate entre defensores y detractores de esta tecnología relacionado con la coexistencia de variedades MG con variedades convencionales y ecológicas. Las empresas de semillas y los agricultores usuarios de agrobiotecnología reclaman unas normas de coexistencia proporcionadas y basadas en estudios científicos. “El borrador actual del Real Decreto que prepara el Ministerio de Agricultura al respecto no atiende a dictámenes científicos y pone en peligro el desarrollo futuro del área”, afirma ASEBIO 2006.

Según los datos publicados recientemente por el Instituto de Prospectiva y Estudios Tecnológicos de la UE, las variedades de maíz mejorado genéticamente cultivadas en España han permitido aumentar a los agricultores eL margen de beneficio bruto del maíz en un 12%. Habida cuenta de su amplia y continuada aceptación en España, donde las variedades MG están añadiendo valor, y de la opinión favorable de los consumidores –un 74% de los españoles apoyan estas variedades según el Eurobarómetro 2005–, las autoridades deberían facilitar su empleo sin discriminaciones para que la competitividad de la agricultura española no se vea perjudicada, opina ASEBIO 2006.

“Sorprendentemente, las mismas autoridades que reconocen importantes problemas medioambientales como la falta de agua, erosión del suelo, o aumentos en las emisiones de C02 muy superiores a los comprometidos en el Protocolo de Kyoto, no están favoreciendo con sus decisiones la aprobación y el empleo de las variedades mejoradas con la tecnología más moderna y que podrían disminuir el impacto sobre el medio ambiente de cada unidad de alimento o biocombustible producido. Estos obstáculos al progreso de la agricultura en España son también un lastre añadido a la balanza comercial, ante la enorme cantidad de granos que se deben importar para la industria de alimentos para animales y, asimismo, dificultan la viabilidad de una producción de biocombustibles eficiente y sostenible”.

Más de 150 científicos españoles han exigido mediante la declaración Ciencia, progreso y medio ambiente la despolitización de los transgénicos y un mayor peso de los argumentos científicos en la toma de decisiones por parte de las autoridades competentes. Entre los firmantes cabe resaltar a investigadores de la talla de Margarita Salas, Juan Carlos Izpisua o Santiago Grisolía, miembros de Reales Academias Científicas, numerosos catedráticos universitarios y varios directores de centros de investigación del Centro Superior de Investigaciones Científicas.

Se solicita una estrategia promovida desde Presidencia de Gobierno que permita el desarrollo de políticas coherentes en los siete Ministerios que tienen competencias directas relacionadas con el desarrollo biotecnológico –Educación y Ciencia; Industria, Comercio y Turismo; Medio Ambiente (MMA); Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA); Sanidad y Consumo (MSC); Economía y Hacienda (MEH); Trabajo y Asuntos Sociales (MTAS)–. En la actualidad algunos de estos ministerios (MMA y MSC) promueven políticas difíciles de conciliar con la innovación biotecnológica. Otros (MEH o MTAS) no han demostrado suficientemente su implicación en el desarrollo de un modelo económico que apueste por los sectores basados en el conocimiento. Hace unas semanas Rodríguez Zapatero se hacía eco de esta petición, al señalar la necesidad de un Plan Estratégico de la Biotecnología.

GLOBALIZACIÓN REPRODUCTIVA

Para la mayoría de las personas tener hijos es una de las tareas más simples de la vida. Pero en un número significativo de progenitores potenciales, el mecanismo para engendrar bebés falla. Para muchos de ellos la infertilidad es una terrible maldición. Algunos se resignan a su destino. Otros adoptan. Muchos llegan a ser devorados por su deseo de concebir y están dispuestos a hacer lo que sea necesario para engendrar un hijo propio: quieren algo que para ellos es irremplazable, y para tenerlo pagarán lo que sea necesario. El mercado de la fertilidad es vigoroso, competitivo y está en constante expansión. Debora L. Spar señala que en 2004 más de un millón de estadounidenses se sometieron a alguna forma de tratamiento de fertilidad y, de este modo, participaron en una industria de casi 3.000 millones de dólares. Me ha resultado muy sugerente el libro de esta profesora de la Harvard Business School.

En el nivel básico de esta industria están los proveedores que ofrecen sus componentes más elementales: esperma, óvulos y hormonas. Uno de los proveedores líderes de este mercado es Cryos International Sperm Bank, una firma de Dinamarca que vende su esperma en todo el mundo. Los donantes se buscan a través de material promocional distribuido en las ciudades universitarias u otros sitios atractivos. Contribuyen con una cantidad fija de muestras durante un periodo breve, y reciben unos 75 dólares por muestra. Cada muestra produce entre 3 y 6 ampollas de esperma, y cada ampolla se vende entre 250 y 400 dólares.

Las hormonas se usan solas en algunos casos o junto con la fertilización in vitro o la inseminación intrauterina. La firma más importante en el mercado mundial es Serono (Suiza): en 2004 había conseguido ingresos mundiales por valor de 2.500 millones de dólares, y un beneficio neto de unos 500 millones, que la convirtieron en la tercera compañía de biotecnología más grande del mundo. Los tratamientos de fertilidad representaban el 32 % de sus ventas.

Los óvulos son más caros. A diferencia de la donación de esperma que, a lo sumo, incluye un compromiso de 15 minutos y sentirse ligeramente incómodo, la donación de óvulos es un procedimiento difícil. ¿Por qué una joven saludable iba a correr el riesgo de ayudar a una mujer extraña? En 2004 se estaban pagando entre 3.000 y 8.000 dólares por donación, aunque podían pagarse hasta 50.000 por los de una donante de 1,78 de altura.

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LAICIDAD CRISTIANA

José M. Castillo

Número 80 (sept.-oct.’05)
– Autor: José M. Castillo –
 
El Evangelio es la piedra dura en la que siempre nos vamos a partir los dientes sin poder digerirlo y asimilarlo por completo y de verdad. Porque hay algo, en el mensaje de Jesús, que no nos entra en la cabeza. Se trata de que la mediación esencial entre los humanos y Dios no es “lo sagrado” y sus bellos símbolos, sino “las relaciones humanas” y sus complicadas exigencias. De forma que la “buena noticia”, que trajo Jesús a este mundo, comporta, antes que ninguna otra cosa, este anuncio sorprendente: la medida de nuestra lejanía de Dios o de nuestro acercamiento a Dios no está en la observancia de lo sagrado, sino en la relación con lo humano.

Cuando Jesús habló del juicio final (Mt 25, 31-46), el juicio definitivo y último queDios hará de la historia, de las naciones y de los individuos (se interprete eso como se interprete), una cosa queda clara: el Evangelio no hace mención alguna, en esemomento decisivo, ni de la fe ni de la religión, ni siquiera de Dios, sino únicamente de la relación que cada cual tuvo y mantuvo con lo humano, con lo más humano que hay en la vida, que es el sufrimiento de quienes peor lo pasan en este mundo. Si el Evangelio tiene razón, queda patente que, en última instancia, a Dios sólo le interesa una cosa: cómo nos relacionamos con los demás, con mención expresa de aquellos que normalmente nos resultan más desagradables: los que pasan hambre y sed, los que no tienen qué ponerse, los enfermos, los encarcelados y los inmigrantes. Está visto que, si Jesús decía la verdad, eso es lo que le importa a Dios. Y en lo que Dios se fija. Exactamente la misma enseñanza que se desprende de la parábola del buen samaritano (Lc 10, 30-35). Por algo será que, en esa historia, los que pasan de largo, ante el hombre robado, apaleado y moribundo, son precisamente los representantes oficiales de la religión, mientrasque el hereje samaritano es el que se nos presenta como modeloa imitar. Por una sola razón: porque, aunque las creencias del samaritano no andaban “como Dios manda”, aquel individuo, tan poco religioso y tan mal religioso, al darse de cara con el sufrimiento humano, “se le conmovieron las entrañas”, que es lo que literalmente dice el Evangelio (èsplagchnísthe) (Lc 10, 33).

Ahora bien, esto es lo que nunca acabamos de integrar en nuestras vidas. Seguramente porque, mientras “lo sagrado” nos da seguridad , dignidad y poder, “la relación con lo humano” es fuente de incesantes problemas. A fin de cuentas, lo sagrado es un objeto que nosotros manejamos, en tanto que las relaciones con otras personas provocan situaciones en las que posiblemente no tenemos más salida que dejarnos manejar. Por eso nos resistimos con uñas y dientes a aceptar que Jesús, efectivamente, le dio otro sentido, otra orientación a la experiencia de lo religioso. Esta nueva orientación consiste, nada menos, en que la religiosidad que arranca de Jesús no es ya la religión de “lo sagrado”, sino la religión de “lo humano”, esdecir, la “religión laica”, que hoy unos no entienden y otros combatencomo el enemigo número uno a batir precisamente por los más religiosos de siempre. En esto está ahora mismo el fondo del problema.

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EVANGELIO Y EVOLUCIÓN DE MODELOS DE LA MORAL SEXUAL

Benjamín Forcano

Número 82 (ener.-febr.’06)
– Autor: Benjamín Forcano –
 
1. ¿Por qué la jerarquía eclesiástica se opone al cambio de la moral sexual?

La pregunta es pertinente. Llevamos décadas esperando el cambio. El concilio Vaticano II dio razones para el cambio. Investigaciones y publicaciones de muchos téologos formularon exigencias y aplicaciones de ese cambio. El pueblo (los simples fieles) ha contemplado con impaciencia ese cambio y, al final, ha visto con casancio y hasta con decepción cómo se reafirmaban las normas de siempre. _ La pregunta, ciertamente, apunta a la jerarquía eclesiástica, porque es ella la que sella, al parecer como inmutables, las normas recibidas, se empeña en hacerlas cumplir y vela para que no se altere el depósito de la ortodoxia católica. Crece así la opinión de una jerarquía dogmática, insensible, poco menos que incompetente para abordar temas que requieren una respuesta actualizada. _ No habría mayor dificultad en admitir que la jerarquía procede así, llevada de su celo por conservar la verdad, ya que lo contrario significaría para ella apartarse de la tradición y ser infiel al Evangelio. Pero, con no menos seguridad se puede afirmar que su posicionamiento es, en buena parte, infundado y desfasado. _ En cuestiones morales importantes, de poco sirve empeñarse en caminar ciega o impositivamente. Vivimos, es cierto, en un mundo contradictorio y mil veces incoherente, pero al que no se le puede argumentar con tópicos, abstracciones o recomendaciones. Necesita razones. _ La realidad empuja a no zafarse sino a dar la cara y comprobar la consistencia de las propuestas morales. _ Las encuestas nos dicen que en un porcentaje, que va del 60 al 75 %, las acciones y conducta de los cristianos de a pie, -el pueblo fiel- no se acomoda a la normativa oficial. En relación con el control de la natalidad, las relaciones sexuales prematrimoniales, la indisolubibilidad matrimonial, la masturbación, la homosexualidad, el uso del preservativo en el caso del sida, la valoración del placer se- xual, el estatuto de inferioridad de la mujer, etc., por una parte va la normativa oficial y por otra la vida. Hay una disociación.

2. Heredar el pasado no equivale a seguirlo ciegamente

Este hecho delata un desajuste, una disfunción grave, que no es razonable desatender. Cuando una persona muestra síntomas de desarreglo, su salud cae bajo sospecha y enseguida inicia estudios sobre esos síntomas para poder establecer el diagnóstico y luego el tratamiento. _ La Iglesia es como un organismo vivo, en el que los órganos dirigentes forman parte de él y a los que no les puede resultar indiferente el estado de su funcionamiento. Lo dice el mismo concilio Vaticano II: “Hay instituciones, mentalidades, normas y costumbres heredadas del pasado que no se adaptan bien al mundo de hoy. De ahí la perturbación en el comportamiento y aún en las mismas normas reguladoras de éste” (GS, Nº 7). _ ¿Se puede sostener, hoy en día, científica, antropológica, filosófica, teológica y bíblicamente que el matrimonio es un contrato exclusivamente para procrear; que el goce sexual es, por sí mismo, antinatural e ilícito; que la relación sexual cobra razón de ser sólo en su subordinación a la procreación; que el grado de acercamiento a Dios depende del grado de apartamiento y renuncia de la sexualidad; que la masturbación es objetivamente pecado grave; que la homosexualdiad es una desviación y que su actuación es una perversión; que la indisolubilidad del matrimonio es un valor absoluto, que nunca y por ningún motivo se puede derogar; que todo bautizado casado, que se recasa civilmente, vive en un estado de concubinato y de pecado público; que el condón no puede usarse ni siquiera en caso de sida, etc.? _ Frente a esta disociación entre la normativa oficial y la vida real, se dan dos posiciones: una más dura, conservadora y pegada al pasado; y otra, más flexible, progresista y abierta al futuro. _ La tensión existe y, lejos de disminuir, parece aumentar, decantándose hacia la derecha en escalada progresiva. Dos posturas, de externa y aparente tolerancia, pero de activa y secreta intransigencia.

3. O se admite el hecho del cambio o no habrá renovación

¿Es imposible una solución? Como otros muchos, pienso que sí hay solución, pero a condición de que se quiera reconocer el hecho del cambio. O se admite el cambio y entonces habrá renovación; o no se lo admite, y entonces las cosas seguirán como siempre. _ Y me apresuro a decir que es aquí donde está la cuestión. Porque nos encontramos en el siglo XXI, cuya situación no podemos parangonar con la de siglos anteriores. Este siglo viene precedido de un hecho que marca la civilización occidental: la modernidad. Y la modernidad significa igualdad, democracia y pluralismo. _ Pero la Iglesia se atrincheró en la Edad Media y se puso a la defensiva contra la modernidad. Por lo que la Iglesia se opuso a la ciencia, la libertad, los derechos humanos y el progreso. Todo un corte, que distanciaba y contraponía, y que hacía que al cristianismo se lo considerara como sinónimo de reaccionario, integrista y antirrevolucionario.

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LA LEY DE LOS MATRIMONIOS HOMOSEXUALES

Benjamín Forcano

– Autor: Benjamín Forcano –
Un paso más en el camino de la libertad y la tolerancia
 
LA REALIDAD TOMA LA PALABRA

Me refiero naturalmente a la realidad humana. Porque humana ha sido siempre la realidad homosexual. Desde siempre, en casi todos los pueblos y culturas, ha existido esa realidad aunque no en todas ha sido idéntica la manera de valorarla.

Nos encontramos aquí con un tema que, de inmediato, nos asombra. Ha sido una constante su existencia y, sin embargo, han sido muchos los siglos de encubrimiento y de dolor. Al fin, parece amanecer una nueva luz, que la estudia y reconoce.

Es cierto que la cultura heredada o dominante determina en gran parte los comportamientos de la sociedad. ¿Pero, qué ha ocurrido para que hoy, a poca distancia de lo anterior, las cosas comiencen a verse de otra manera?

La sociedad española -y el resto del mundo- se ha dividido en torno al tema del matrimonio homosexual: unos a favor y otros en contra. El sustrato de esa división está en la cultura, que alberga dos visiones distintas de percibir y entender. La división estaba latente, ha venido creciendo, pero ha sido hoy cuando el estudio histórico y la evolución cultural han permitido su manifestación pública.

La realidad de los sujetos sufrientes se ha hecho palabra, ha podido ser escuchada y ha originado debates, cuestionamientos y ha obligado a repensar el mundo heredado. El efecto del enfrentamiento –tanta veces ejercido negativamente en la historia desaparece si se cambia la causa cultural que lo produce. No hay conflictos sin ideas que los sustenten.

Afortunadamente, el clima de una mayor libertad y pluralidad, los estudios históricos y científicos, nos han hecho salir del rechazo mutuo y del dogmatismo para encaminarnos a la escucha mutua y al diálogo. Es la hora del encuentro, del escuchar y comprender, del reflexionar y del activo respeto a las razones del otro. La verdad es de todos y entre todos debe ser fijada.

LA PRÁCTICA DE LA HOMOSEXUALIDAD EN LA EUROPA PREMODERNA

Sé que a muchos este punto les va a sorprender y, naturalmente, manifestarán inmediato rechazo. Pero, se impone aludir a él por ser rigurosamente histórico y servir para rectificar la imagen dogmática de que la homosexualidad ha sido siempre prohibida por el cristianismo. Rectificar en este punto, se nos ha dicho con palabras oficiales, sería capitular como nunca en uno de los puntos clave de la doctrina cristiana. La traición a la Biblia, a la Tradición y al Magisterio tendría aquí su grado máximo de postración.

Casi como preámbulo imprescindible, considero importante registrar la investigación realizada por John Boswell, – 12 años de trabajo publicada en sus dos volúmenes “La Boda de las Semejanzas”, con un total de 606 páginas (Muchnik Editores).

John Boswell , apoyado en fuentes documentales extraordinarias, presenta una tesis estremecedora: “La iglesia primitiva (siglos VI al XIII) no sólo era tolerante con las relaciones románticas y eróticas entre varones, sino que las santificaba ceremonialmente”.

Expongo algunos de sus puntos fundamentales. Un lector moderno tiene una preocupación prácticamente obsesiva por el amor romántico y las pautas del emparejamiento en las sociedades antiguas. Pero, muy pocas de las culturas premodernas convendrían en admitir que “el fin de un hombre es amar a una mujer y el fin de una mujer es amar a un hombre”, sería esto una pobrísima medida del valor humano. De igual manera, el lector moderno supone casi universalmente que el amor romántico va unido inextricablemente al matrimonio, lo cual es un error histórico.

En el Occidente moderno es notable el horror ante la homosexualidad, a partir sobre todo del siglo XIV. Pocas culturas han convertido la homosexualidad en ese tabú moral primario y singular que ha sido para la sociedad occidental: “el pecado innombrable”, “el vicio inmencionable”, “el amor que no se atreve a pronunciar su nombre”. La magnitud de esta repulsión llega a considerar los actos homosexuales como más horribles que el mismo asesinato, el matricidio, el abuso de menores, el incesto, el canibalismo, el genocidio, e incluso deicidio, pues estos son mencionables, en tanto que los actos homosexuales no lo son y expresan categoría moral inferior. Debido a su condición de tabú los actos en cuestión no eran nombrados ni analizados, eran los pecados peores.

Son históricamente innegables las uniones litúrgicas entre personas del mismo sexo, por más que la sociedad occidental propenda en términos generales a excluirlas por pensar que el matrimonio es esencialmente unión de macho y hembra. A quienes están habituados a rechazar esas uniones entre personas del mismo sexo, les resultará difícil entender que esas uniones no son en la tradición occidental una aberración extraña.

En la investigación de Boswell encontramos algunas claves para la comprensión del tema.

1. El matrimonio no es declarado sacramento hasta el siglo XIII.

Antes del año 1000, la bendición (eclesiástica) de un matrimonio contraído de manera laica se consideraba un favor. La Iglesia no interfería en las bodas, las ceremonia eclesiástica era vista como un simple corolario de la boda pública, lo cual daba lugar a una gran flexibilidad de formas rituales y diversidades regionales. Los seres humanos de las sociedades cristianas se casaban, pero seguían las costumbres étnicas antiguas, algunas equivalentes a las leyes romanas y de las cuales derivó el derecho de la Iglesia.

En la Edad Media el motivo del matrimonio no era precisamente el amor, aun cuando existiera conexión entre uno y otro. Aunque a regañadientes, fue aceptado el concubinato y era corriente el divorcio. El divorcio y el nuevo matrimonio tras la muerte de un cónyuge fue oficial. Sólo posteriormente comenzaron a prohibirlos los primeros teólogos y fueron ellos y los canonistas quienes se esforzaron en cierta medida en exhortar al pueblo bajo que el matrimonio heterosexual era la única relación erótica legítima entre un hombre y una mujer y que debían hacerlo mediante un pacto exclusivo y permanente. De hecho, la Iglesia tuvo que esperar hasta el cuarto concilio Lateranense (1215) para declarar al matrimonio sacramento y elaborar reglas canónicas en el modo de celebrarlo.

2. La ceremonia de unión es entre personas del mismo sexo

La ceremonia de unión entre personas del mismo sexo “es cierto que tienen lugar en colecciones manuscritas de todo el mundo cristiano –desde Italia a la isla de Patmos y el monasterio de Santa Catalina en el monte Sinaí- y se encuentran en algunos de los manuscritos litúrgicos griegos más antiguos de que se tiene noticia. Sin embargo, en la época en que esos manuales se imprimieron , el prejuicio en Occidente contra cualquier forma de interacción entre personas del mismo sexo es muy pronunciado.

La ceremonia durante el siglo XII, época de florecimiento de ceremonias matrimoniales litúrgicas, se transformó en un oficio completo durante el cual se encendían las velas, ambas partes colocaban las manos sobre los Evangelios, unían la derecha, las manos eran atadas con la estola del sacerdote (o se cubría con esta ambas cabezas, además de incluir una letanía introductoria (como la de Barberini 1), la coronación, la plegaria del Señor, la Comunión , un beso y, a veces, un paseo alrededor del altar. Lo más probable es que dichas ceremonias se desarrollaran a través del incremento de la práctica local y de clérigos individuales elocuentes.

La ceremonia tiene lugar en una amplia variedad de contextos, pero el más corriente, con mucha diferencia, es el del matrimonio, por lo general en el orden siguiente: esponsales heterosexuales, ceremonia de un primer matrimonio heterosexual, ceremonia de un segundo matrimonio heterosexual, (oficio diferente, con énfasis menor en la procreación), y oficio de unión entre personas del mismo sexo. Alrededor del treinta por ciento de los manuscritos consultados para este estudio el matrimonio heterosexual aparece inmediatamente antes o inmediatamente después de la ceremonia de unión entre individuos del mismo sexo” ( Cfr. Las Bodas de la Semejanza, pp. 321-323).

En esta ceremonia cabe resaltar tres elementos importantes: 1º) Solemnizan una unión voluntaria y emocional entre dos personas. 2º) La ceremonia es homosexual en el sentido más obvio de esta palabra (de un solo sexo). Si lo era con sentido erótico es tan difícil de responder como en el caso de parejas heterosexuales sin hijos: “El vivir juntos por un largo tiempo y el compartir un hogar debieron ser determinantes decisivos de una pareja compuesta por un hombre y una mujer en su contexto social concreto (es decir, entre vecinos, amigos y parientes), tuvieran o no hijos o hubieran o no participado en un servicio religioso en la Iglesia. Y en el caso de la ceremonia de unión entre personas del mismo sexo, o más probable es que, a ojos de los cristianos corrientes, el que ambas personas permanecieran ante el altar con las manos unidas (símbolo tradicional del matrimonio) , el que fuesen bendecidas por el sacerdote, compartieran la comunión y ofrecieran luego un banquete a la familia y los amigos –todo ello, parte de la unión entre individuos del mismo sexo en la Edad Media- significase un matrimonio”(Idem, pp. 327-330).

Todo esto nos dice que, por inesperada e inquietante que parezca, es innegable la antigua ceremonia cristiana de unión entre personas del mismo sexo, que tenía lugar en iglesias y era oficiada por sacerdotes.

LA PRÁCTICA HOMOSEXUAL EN EL OCCIDENTE MODERNO

1. Nuevo hecho: obsesión contra la homosexualidad

“A partir del siglo XIV, escribe Boswell, Europa occidental fue dominada por una furiosa obsesión contra la homosexualidad, considerada como el más horrible de los pecados” (Idem, p. 447).

La unión entre personas del mismo sexo comenzaron a ser consideradas como sospechosas y, en muchos lugares, a ser prohibidas y castigadas por la cárcel y la pena capital. La evolución hacia la prohibición y desaparición fue muy lenta, pues se trataba de un ritual antiguo, muy arraigado y que, pese a todo, seguía practicándose en muchas partes con la misma naturalidad que el matrimonio heterosexual. Más que argumentos en contra, operaba una especie de repulsión visceral y, en virtud de ella, las ceremonias fueron poco a poco reprimidas y en los rituales litúrgicos se observaban hojas arrancadas, mutiladas o deformadas.

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LA IGLESIA CATÓLICA ANTE EL DIÁLOGO INTERRELIGIOSO

Juan José Tamayo

Éxodo 95 (sept.-oct.’08)
– Autor: Juan José Tamayo –
 
Durante los últimos cincuenta años se han producido dos transiciones de distinto signo en la Iglesia católica ante el diálogo interreligioso: la primera, del anatema al diálogo; la segunda, en sentido inverso, del diálogo al anatema. Este artículo intenta analizar ambas transiciones.

EL CONCILIO VATICANO II: DEL ANATEMA AL DIÁLOGO

El Concilio Vaticano II dio pasos gigantescos, para su tiempo, en el acercamiento a otras religiones, si tenemos en cuenta que todavía estaba vigente el axioma excluyente: “Fuera de la Iglesia no hay salvación” e imperaba la doctrina agustiniana sobre la necesidad de la gracia de Cristo para salvarse, que excluía toda posibilidad de las virtudes en los paganos así como la posibilidad de la justificación de los justos paganos.

En un clima así, la actitud acogedora del Vaticano II hacia los cristianos no católicos era el comienzo de un cambio –muy incipiente todavía– de paradigma. “La Iglesia –afirma el Concilio– se siente unida por varios vínculos con todos los que se honran con el nombre de cristianos, por estar bautizados, aunque no profesen íntegramente la fe, o no conserven la unidad de comunión bajo el sucesor de Pedro”.

Hay un reconocimiento explícito de las religiones judía y musulmana. Los comienzos de la fe cristiana se remontan a los patriarcas, Moisés y los profetas. Los cristianos son hijos de Abrahán según la fe. Los apóstoles y muchos de los primeros discípulos que anunciaron el evangelio de Cristo eran judíos, como lo fue el mismo Jesús de Nazaret. La Iglesia reconoce el patrimonio común que tiene con los judíos y deplora todas las manifestaciones de antisemitismo que se han producido en la historia.

Similar aprecio muestra el Vaticano II hacia los musulmanes, que profesan la fe de Abraham, adoran al mismo Dios misericordioso que los cristianos, veneran a Jesús de Nazaret y llevan una vida moral que se traduce en el ayuno, la limosna y la oración. El Concilio invita a superar las desavenencias y enemistades del pasado entre cristianos y musulmanes, y a promover “unidos la justicia social, los bienes morales, la paz y libertad para todos los seres humanos”.

El Concilio toma en serio las religiones orientales y descubre en ellas valores hasta entonces rechazados. Del hinduismo destaca sus investigaciones en torno al misterio divino, la inagotable fecundidad de los mitos y la búsqueda de liberación de las angustias de la condición humana. Del buddhismo subraya el reconocimiento de la insuficiencia radical de este mundo, así como la enseñanza del camino a través del que los seres humanos pueden adquirir la plena liberación.

El mundo de las religiones ya no es condenado. La Iglesia católica reconoce todo lo que de verdadero y santo hay en ellas y “considera con sumo respeto los modos de obrar y de vivir, los preceptos y doctrinas, que, por más que discrepen en mucho de lo que ella profesa y enseña, no pocas veces refleja un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres” y “exhorta a sus hijos a que, con prudencia y caridad, mediante el diálogo y la colaboración con los adeptos de otras religiones, dando testimonio de la fe y la vida cristiana, reconozcan, guarden y promuevan aquellos bienes espirituales y morales, así como los valores socioculturales que en ellos existen”.

Otro documento importante del Vaticano II fue la Declaración de Libertad Religiosa, que hacía suya la doctrina de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948), donde podemos leer: “Cada persona goza del derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión. Este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencias, tanto de manera personal como comunitaria con otros, en público o en privado, y a manifestar su religión y creencias en la enseñanza, en la práctica, en el culto y en la observancia”. El Concilio fundamenta la libertad religiosa en la dignidad de la persona y en los derechos inalienables que de ella emanan, y la considera un derecho fundamental de la persona humana y de las comunidades, como enseguida vamos a ver.

En el plano institucional, la eliminación del adjetivo “pérfidos” aplicado a los judíos en la liturgia del Viernes Santo fue un paso adelante en el acercamiento a los judíos. El encuentro de Pablo VI con Atenágoras supuso un cambio de paradigma en las relaciones con la Iglesia ortodoxa. Cabe destacar el compromiso personal e institucional de Juan Pablo II al pedir perdón en reiteradas ocasiones —más de cien— por las actuaciones nada evangélicas de la Iglesia católica con otras religiones: cruzadas, excomuniones de reformadores, Inquisición, etc. El papa Juan Pablo II ha propiciado encuentros de oración con líderes religiosos de todo el mundo (Asís, 1986, 1999; San Pedro de Roma, 2002). En sus numerosos viajes mantuvo encuentros con seguidores y dirigentes de distintas tradiciones religiosas. Se han producido acuerdos sobre cuestiones doctrinales multisecularmente discutidas, como el de la Justificación con la Iglesia luterana y el de la Eucaristía con la Iglesia anglicana. Son todos ellos pasos firmes, sinceros, auténticos en el camino del diálogo interreligioso.

También se han producido avances en el diálogo interreligioso a través de importantes iniciativas en pro de la paz en el mundo. La propia teología de la liberación del Tercer Mundo es un buen lugar de encuentro y una excelente plataforma para el diálogo entre teólogos de distintas religiones. Cabe citar finalmente la celebración de los Parlamentos de las Religiones del Mundo durante los últimos quince años; en Chicago, (1993), en Ciudad del Cabo (1999) y en Barcelona (2004).

LA DECLARACIÓN DOMINUS IESUS: DEL DIÁLOGO AL ANATEMA

Y sin embargo, no tardaron en surgir los miedos y, en consecuencia, la marcha atrás. Por cada paso adelante que se da en el acercamiento, el diálogo y los proyectos comunes, la jerarquía católica da dos pasos hacia atrás y retrocede a la época preconciliar. Las sospechas, amonestaciones y condenas se ciernen ahora contra los escritores y teólogos católicos que han emprendido el camino del diálogo interreligioso. Tissa Balasuriya (María y la liberación humana), Jacques Dupuis (Hacia una teología cristiana del pluralismo religioso), Roger Haight (Jesús, símbolo de Dios) y Tony de Mello, cuyas obras fueron condenadas diez años después de su muerte.

El texto del más alto magisterio oficial de la Iglesia católica que dinamita los puentes del diálogo interreligioso dentro de la Iglesia católica es la Declaración Dominus Iesus, de la Congregación para la Doctrina de la Fe, publicada en 2000 bajo la presidencia del cardenal Ratzinger y ratificada por el propio Papa, que supone un paso atrás de más de cuarenta años.

Discriminación de las Iglesias protestantes y ortodoxas

La Declaración abrió una brecha muy profunda entre las iglesias cristianas que tardará en cerrarse. ¿Cómo se puede afirmar sin sonrojo que la Iglesia católica es “la Iglesia verdadera” y que las “iglesias particulares” (ortodoxas) y las “comunidades eclesiales” (protestantes y anglicanas) “no son Iglesia en sentido propio”? (n. 17). Si de las Iglesias cristianas pasamos a los no cristianos, el tono de la declaración vaticana resulta todavía más ofensivo, por no decir insultante. ¿Cómo puede afirmarse, si no, que “si bien es cierto que los no cristianos pueden recibir la gracia divina, también es cierto que objetivamente se hallan en una situación gravemente deficitaria si se compara con la de aquellos que, en la Iglesia, tienen la plenitud de los medios salvíficos”? (n. 22, subrayado mío).

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