Aportación de la mujeres a la transformación de la Iglesia: 2. En América Latina y en España

Evaristo Villar
  1. Aportación de las mujeres en América Latina

En el siglo xx se abandona el talante de sometimiento que el cristianismo había mantenido desde la colonización en AL. Desde el giro copernicano que supuso el Vaticano II (1962-1965) y la resignificación pastoral hacia los pobres de la II Conferencia de Medellín (1968) se orientó hacia la Teología de la Liberación, inicialmente formulada por Gustavo Gutiérrez (Teología de la Liberación. Perspectivas, 1971).

Desde entonces surgió una dislocación de la Iglesia desde el centro a la periferia. Surgieron millares de Comunidades de Base, el pueblo se apropió de la Biblia, se multiplicaron los laicos delegados de la Palabra acompañando a las masas populares y campesinas, comenzó la transformación y radicalización de la vida religiosa, así como el reconocimiento de los pueblos indígenas y afrodescendientes… Fue un hervidero de ideas, de reflexión teológica, de compromiso social y de experiencia espiritual. A partir de entonces, el desarrollo de la nueva teología se abrió en tres vertientes: la surgida desde la praxis pastoral de la Iglesia (desde la reflexión bíblica y espiritual), la que emerge desde los grupos revolucionarios (basada en el compromiso político de los cristianos revolucionarios), la que se hace a partir de la historia (desde la dimensión más directamente sociopolítica) y la que va naciendo desde la praxis natural de los pueblos latinoamericanos (ligada al análisis histórico-cultural).

En este contexto se pueden entender las distintas corrientes de empoderamiento y autovaloración de las mujeres en A.L. Así las organiza la filósofa y feminista Sandra Harding en World Sciences Report 1996, documento elaborado para la Unesco: corriente liberal (que defiende los valores de la libertad, dignidad, igualdad y autonomía), la corriente socialista/marxista (que vincula la desigualdad socioeconómica a la desigualdad sexual) y la corriente radical (centrada en la crítica al patriarcado o dominación del hombre sobre la mujer).

En este preciso contexto, vinculado a los diferentes tonos y corrientes, nacen también las diferentes corrientes de teología hecha por las mujeres en A.L. Estamos asistiendo a un cambio de paradigma en las relaciones del hombre y la mujer. Este cambio está forzando la superación del patriarcalismo y entrando en el empoderamiento de la mujer. Y esto solo se consigue deconstruyendo las imágenes de sometimiento y construyendo otras nuevas que inspiren prácticas más igualitarias y humanizadoras entre los dos sexos. Esto es lo que están haciendo antropólogas, filósofas, científicas y teólogas con gran maestría y creatividad. El trabajo de estas mujeres consiste en ir construyendo una alternativa al relato patriarcal centrado en la dominación, el pecado y la muerte y estableciendo una relación nueva con la vida, el poder, lo sagrado y la libertad.

Un ejemplo de esto aparece en el mensaje a los pueblos de América Latina y del Caribe, celebrado del 30 de agosto al 2 de septiembre en el salvador, del III Encuentro continental de Teología Latinoamericana y Caribeña que, a los 50 años de la II Conferencia de Medellín, selló el viraje de la Iglesia hacia los pobres y su liberación. Contó este evento con una gran representación de teólogas. Dice así en su 5 punto: “Nos unimos a las luchas de las mujeres que, en todos los países, son víctimas de distintos tipos de violencia. En estos 50 años reconocemos la contribución de las teologías negras, las de los pueblos originarios y, de manera especial, la propuesta hecha por la teología feminista de pensar una Iglesia fundamentada de hecho en el discipulado de iguales. Asumimos la causa de las víctimas de abusos sexuales cometidos contra niños, adolescentes, contra mujeres y contra hermanos y hermanas LGBT. Es urgente cambiar la estructura patriarcal y clerical de nuestras iglesias”.

Una de la más brillantes es la teóloga y religiosa brasileña Ivonne Gebara, que, preguntada por el hecho de que la mujer, siendo mayoritaria en la Iglesia, no tenga un papel clave en la misma —no puede ser ordenada sacerdote, no tiene derecho a acceder a cargos que implican autoridad, solo puede aspirar a ser madre y virgen—, dice lo siguiente: “Creo que el problema no es que nosotras como mujeres accedamos a ser papas. El problema es que este modelo jerárquico (jerarquía no solo social sino también sexual) tiene que cambiar. La cuestión no es que la Iglesia establezca que las mujeres sean ordenadas, sino más bien el que exista una concepción distinta del ser humano. La salida no es ordenar a las mujeres, sino empezar a cambiar las relaciones, contenidos y acciones… Existe una idea de naturaleza que hay que cambiar; el sacerdocio de las mujeres no es esencial, sino que se reconozca su derecho a pensar, actuar, tener liderazgo, decir cosas distintas que los hombres y que sean reconocidas por eso. Hay que crear nuevas relaciones en la sociedad; eso quiere decir que también hay que repensar los contenidos teológicos, porque hay cosas que ya no se pueden sustentar, que han sido válidas en un mundo teocéntrico y medieval, donde todo era organizado desde una imagen de Dios como “padre todo poderoso, creador del cielo y de la tierra”, pero ahora ya no se tiene esa idea de Dios. Los nuevos paradigmas de la ciencia, los movimientos ecológicos, feministas, etc., han hecho cambiar la mentalidad, por lo que ya no se puede decir lo mismo que antes”.

  1. Aportación de las teólogas españolas

Las teólogas españolas no han ido a la zaga en este empeño. Desde el convencimiento de Teresa de Cepeda y Ahumada en el s. XVI (“no hay virtud de mujer que los jueces, todos hombres, no tengan por sospechosa”), las teólogas españolas han realizado considerables aportaciones a la transformación de la sociedad y de la Iglesia. Se ha llegado hasta el punto de que, esta misma revista Éxodo por primera vez aparezca un número dedicado a “las teologías feministas” y todas las colaboraciones aparezcan firmadas por mujeres. Sin quererlo ni pretenderlo, la presencia de las colaboraciones firmadas por varones ha sido dominante en los ya casi 150 números publicados desde el principio en 1989.

Es verdad que al duro recorrido por la igualdad de las mujeres en España, a pesar de los importantes avances realizados, “le quedan muchos retos pendientes hasta conseguir la autonomía personal y el reconocimiento social”, como piensa María José Clavo Sebastián, investigadora de Igualdad y Género en la Universidad de la Rioja. Pero “ya no hay marcha atrás en lo conseguido por las mujeres”, afirma Rosa Cursach, directora del Institut Balear de la Dona. Hasta “rozar el horizonte de lo increíble” como piensa la filósofa y teóloga Montserrat Escribano-Cárcel.

Son muy conscientes de estar viviendo en una Iglesia “no pensada para ellas”. Y esto necesitan reflexionarlo, como dice Mª Luisa Paret, no solo desde la teología, sino desde la propia praxis. Pero también saben perfectamente que “la historia de la Salvación fluye a través de ellas” y esto abre “un tiempo de nueva creatividad eclesial para las mujeres creyentes”. Se trata, en definitiva, de “soñar una Iglesia con nuevas relaciones y llegar a una eclesiología de la comunión compartida”, como afirman reiteradamente Silvia Martínez, doctora en Educación y Presidenta de la Asociación de Teólogas Españolas y Neus Forcano, Filóloga y miembro del Instituto Superior de Ciencias Religiosas de Barcelona que, por su parte, afirma que “las mujeres no somos ni queremos ser tratadas como un complemento”.

En definitiva, “no se trata de más participación de las mujeres en la Iglesia pues ya son mayoría”, como afirma la teóloga y perteneciente al Equipo de Redacción de Éxodo Pilar Yuste. Actualmente tenemos, sigue diciendo, “una Iglesia con cuerpo de mujer y cabeza de varón. De lo que se trata es de mayor capacidad de acción”. Tampoco se necesita una teología de la mujer, pues ya existe, sino de abrirse a su escucha.