ANÁFORA SOBRE EL AMOR

Evaristo Villar

Celebraciones
– Autor: Evaristo Villar –
 

ANÁFORA SOBRE EL AMOR
TEXTOS PARA LAS LECTURAS ORACIÓN DE LA COMUNIDAD
SIEMPRE que haya un vacío en tu vida,
llénalo de amor.

En cuanto sepas que tienes delante de ti
un tiempo baldío, ve a buscar el amor.

No pienses: "sufriré". No pienses: "me engañarán".
No pienses: "dudaré".

Ve simplemente, regocijadamente
en busca del amor. Ama como puedas…

Pero ama siempre.

No te preocupes por la finalidad de tu amor.
él lleva en sí mismo su propia finalidad.

No le juzgues incompleto si no responde
a tus ternuras: el amor lleva en sí
su propia plenitud.

Siempre que haya
un vacío en tu vida, llénalo de amor.

Amado Nervo

YA puedo hablar las lenguas de los hombres
y de los ángeles,
que si no tengo amor
no paso de ser una campana ruidosa
o unos platillos estridentes.

Ya puedo hablar inspirado
y penetrar todo el secreto del saber;
ya puedo tener toda la fe,
hasta mover montañas, que,
si no tengo amor, no soy nada.

Ya puedo dar en limosnas todo lo que tengo,
ya puedo dejarme quemar vivo, que,
si no tengo amor de nada me sirve.

El amor es paciente, es afable;
el amor no tiene envidia,
no se jacta no se engríe,
no es grosero ni busca lo suyo.

No se exaspera ni lleva cuentas del mal,
no simpatiza con la injusticia, simpatiza con la verdad.
Disculpa siempre, se fía siempre,
espera siempre, aguanta siempre.

El amor no falla nunca.

1Cor 13,1-6.

P. Bajo el ruido estrepitoso de los tambores de guerra,
pegado el oído al grito desgarrado
de una humanidad dividida,
sobre una tierra, en fin,
chapoteada por la codicia y la usura,
nos llega otra vez, entre sueños,
el ángel de la anunciación pregonando:
"Alegraos, porque también hoy es posible el amor".

L1. Con el Evangelio
de tus buenas noticias en la mano,
nos va emergiendo, Señor,
desde la espesa emulsión de este mundo nuestro,
el contorno verdadero de tu imagen:
Tú eres el Dios del amor; el amor mismo eres tú.

A. Las lágrimas de ternura
que humedecen las mejillas del Padre bueno
y el caluroso abrazo hacia el hijo pródigo, eres tú.
Tú eres la mirada que, infatigable,
espera siempre un regreso
y la corazonada que
deshiela la frialdad del hermano mayor.
Eres tú la desbordante alegría que corona la fiesta.

L2. Gracias, Padre/Madre, porque
en Jesús de Nazaret
hemos contemplado, como en un espejo,
el reflejo de tu amor:
él ha llevado el amor hasta el extremo,
hasta más allá de la vida y de la muerte
.

A. Tú mismo, desde su corazón de hombre,
estabas amando a la humanidad…
Porque "tanto has amado al mundo, Dios nuestro,
que nos has entregado a tu propio Hijo",
unimos hoy nuestras voces para cantarte:
SANTO, SANTO, SANTO.

A. En su forma de entrega
a lo abandonado de este mundo
hemos llegado a descubrir, Dios nuestro,
lo que es llevar la vida hasta el extremo.
Ya el mismo Jesús nos lo había advertido:
"Nadie tiene mayor amor
que el que entrega su vida por los demás"
.

L3. Constatamos en su palabras que,
en cuestión de amor,
no existe el término medio,
no podemos andar buscando equilibrios;
porque "si posees bienes de este mundo
y ves a tu hermano en necesidad,
¿cómo va a estar en ti el amor del Padre?"

A. En su forma de perdonar
y de amar al enemigo
nos ha citado Jesús al borde de lo imposible:
¿Cómo "podríamos amar a Dios
mientras odiamos al hermano?"
Con su mandato del amor nos ha llevado
hasta la puerta de la mayor de las utopías:
"Amad a vuestros enemigos
para que seáis hijos de vuestro Padre del cielo".

P. Envía ahora sobre nosotros tu Espíritu, Señor,
ese Espíritu que guió los pasos de Jesús
por nuestra historia.
Que ese mismo Espíritu
transforme la pobreza de nuestros dones
en pan de vida y en vino de salvación para nosotros
y nos disponga a celebrar la Pascua del Señor Jesús.
Quien, en la noche en que iba a ser entregado…

A. Acepta, Padre, nuestro deseo de superar la frialdad,
y acrecienta, con tu presencia,
nuestra solidaridad y ternura hacia los necesitados
de pan y de afecto, de trabajo y libertad.

L4. Vela, Señor, porque la sabiduría
y el talento de tu Iglesia no se conviertan
en "campana ruidosa o platillo estridente"
donde la misericordia y la ternura estén ausentes.

A. Porque el amor es afable y servicial,
no se jacta ni se engríe,
no es grosero ni busca lo suyo.

L5. Cuida, Señor, de que en tus profetas
y cristianos de la base,
que con ardor y con fe pueden "mover montañas",
no esté nunca ausente la tolerancia y la comprensión.

A. Porque el amor no se irrita,
no toma cuentas del mal,
no se alegra con la injusticia
y simpatiza con la verdad.

L6. No dejes que tus mejores testigos,
los que comparten los bienes y
hasta se dejan quemar vivos por los demás
caigan en la autosatisfacción y la fatuosidad.

A. Porque el amor no es jactancioso ni envidioso,
el amor disculpa siempre, se fía siempre,
espera siempre, aguanta siempre.

L7. Acuérdate de nuestro obispo Pedro
y de nuestros familiares, comuneros y amigos
que ya han muerto y cuye fe sólo tú conoces.

A. Padre de bondad,
permíteles a ellos y a nosotros
gozar la bienaventuranza de tu amor
tierno y jovial;
para que, en el Espíritu de Jesús,
podamos darte alabanza y bendición
por los siglos de los siglos. Amén.