ANÁFORA DE LOS REYES MAGOS

Evaristo Villar

Celebraciones
– Autor: Evaristo Villar –
 

ANÁFORA DE LOS REYES MAGOS
TEXTOS PARA LAS LECTURAS
ORACIÓN DE LA COMUNIDAD
Los Tres Reyes Magos

-Yo soy Gaspar. Aquí traigo el incienso.
Vengo a decir: La vida es pura y bella.
Existe Dios. El amor es inmenso.
¡Todo lo sé por la divina Estrella!

-Yo soy Melchor. La mirra aroma todo.
Existe Dios. Él es la luz del día.
La blanca flor tiene sus pies en lodo.
¡Y en el placer hay la melancolía!

-Yo soy Baltasar. Traigo el oro. Aseguro
que existe Dios. Él es el grande y fuerte.
Todo lo sé por el lucero puro
que brilla en la diadema de la Muerte.

-Gaspar, Melchor y Baltasar, callaos.
Triunfa el amor, y a su fiesta os convida.
¡Cristo resurge, hace la luz del caos
y tiene la corona de la Vida!

Rubén Darío

Epifanía

¿Sólo para los tres Magos
esa tu palabra inmensa?
¿Sólo tres vasallos, Rey… ?
¡No malgastes la estrella!
Que se congreguen en tu gruta
todas las caravanas de la tierra.
Llama a las del Oriente entumecido
—que trajo las primeras
y en la hora del alba—. Al Occidente
llámalo… como si no estuviera.

¡Todas a Ti, aunque se turbe Herodes!
(¿No quieres, Madre, que tu Fruto sea
para todos, como el de Eva…?)

Pedro Casaldáliga


La luz de la nueva Jerusalén

¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz;
la gloria del Señor amanece sobre ti!
Mira: las tinieblas cubren la tierra;
los oscuridad, los pueblos;
pero sobre ti amanecerá el Señor,
su gloria aparecerá sobre ti;
y caminarán los pueblos a tu luz,
los reyes al resplandor de tu aurora.

Echa una mirada en torno, mira:
todos esos se ha reunido, vienen a ti;
tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las taren en brazos.
Entonces lo verás, radiante de alegría;
tu corazón se asombrará, se ensanchará,
cuando vuelquen sobre ti los tesoros del mar
y te traigan las riquezas de los pueblos.

Te inundará una multitud de camellos,
de dromedarios de Madián y de Efá.
Vienen todos de Sabá, trayendo incienso y oro
y proclamando las alabanzas del Señor.
A los rebaños de Cadar los reunirán para ti
y los carneros de Nebayot estarán a tu servicio;
subirán a mi altar como víctimas gratas
y honraré mi noble casa.

¿Quiénes son esos que vuelan como nubes
y como palomas alLpalomar?
Son navíos que acuden a mí
en primera línea las naves de Tarsis,
para traer a tus hijos de lejos,
y con ellos su plata y su oro,
por la fama del Señor, tu Dios,
del santo de Israel, que así te honra.

Isaías 60, 1-9

Visita de los Magos

Jesús nació en belén de Judea en tiempos del rey Herodes. En esto, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:
-¿Dónde está ese rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a rendirle homenaje.

Al enterarse el rey Herodes se sobresaltó, y con él Jerusalén entera; convocó a todos los sumos sacerdotes y letrados del pueblo, y les pidió información sobre dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron:
– En Belén de Judea, así lo escribió el profeta:

Y tú, Belén, tierra de Judá,
no eres ni mucho menos la última
de las ciudades de Judá;
pues de ti saldrá un jefe
que será pastor de mi pueblo, Israel

(Miq 5,1).

Entonces Herodes llamó en secreto a los magos, para que le precisaran cuándo había aparecido la estrella; luego los mandó a Belén encargándoles:
-Averiguad exactamente qué hay de ese niño y, cuando lo encontréis, avisadme par ir yo también a rendirle homenaje.

Con este encargo del rey, se pusieron en camino; de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta pararse encima de donde estaba el niño. Ver la estrella les dio muchísima alegría.

Al entrar en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas le rindieron homenaje; luego abrieron sus cofres y como regalos le ofrecieron oro, incienso y mirra.

Avisados en sueños de que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.

Mateo 2,1-12

P. Alcemos nuestras voces como el Spirit
para elevar a Dios nuestra alabanza.
Decid los que vivís acosados por el tiempo:
el Señor es nuestro ahora, nuestro siempre.
Los que os fatigáis siguiendo el curso de los acontecimientos:
el Señor es la noticia, nuestro evangelio;
decid los que andáis tentados por el tener y la acumulación:
el Señor es nuestra dádiva, nuestro único bien;
y, en fin, los que os sentís sin afecto y olvidados:
el Señor es nuestro hogar y nuestro consuelo.

A. Porque el hallazgo
más valioso para el hombre
está en saber cambiar de mentalidad y el corazón;
su búsqueda más certera:
el rescate de la verdad y del gozo
que anida en el secreto íntimo de las cosas.
Porque “donde está tu tesoro, allí está tu corazón”.

L1. Como las múltiples aguas del subsuelo
se agolpan y brotan en la superficie,
anegando y fertilizando la tierra;
como la raíz, que mantiene en pie al árbol,
llena de vida sus ramas y hojas, sus flores y frutos,
también la dádiva del tiempo y los saberes,
los bienes y los afectos nace siempre desde dentro,
desde el hondón del alma,
religando y solidarizando en su expansión
todas las cosas que toca.

L2. Con la terca repetición del reloj,
que vuelve al mismo punto en cada ciclo,
vuelve cada año la fiesta de los reyes magos
para recordarnos la pasión por la búsqueda
y el gozo del hallazgo y de la entrega.

A. De rodillas ante el pesebre,
bajo la luz caminante de la estrella,
los magos adoran a Dios, misteriosamente
velado sobre las pajas de un pesebre;
y le ofrecen su tiempo y sus saberes,
su afecto junto con los dones.
Porque quien encuentra un tesoro
en el campo o una perla de gran valor
vende cuanto tiene para adquirirlos.

P. En el siguiente canto nos unimos
al coro universal de la creación y del cosmos
para expresar nuestro reconocimiento
y nuestra alabanza al Dios
que, veladamente oculto,
se revela a quien lo busca con pasión:

A. SANTO, SANTO, SANTO …
…………………………………….

P. Epifanía está siempre al alcance de la mano,
coronando el final de una búsqueda que,
hecha con fe y esperanza,
hace posible la dádiva y la entrega, la caridad.
La epifanía, como la vida misma,
es presencia y promesa:
sin donación no es posible la existencia,
pero la dádiva tampoco es posible
sin la promesa de lo inesperado.

L3. Como aprendimos del genial libro
"El Nombre de la Rosa":
levantas el nombre,
desentrañas el símbolo,
y allí está, fresca y lozana, está la rosa.
Lo mismo pasa en la Epifanía:
quitas los reyes y apagas la estrella,
apartas el oro, el incienso y la mirra
y allí está, palpitante y viva,
la búsqueda, el hallazgo y la entrega.

A. Lo entendió bien Jesús
haciendo de su vida una dádiva
y de su historia personal una promesa.

P. Te pedimos, Padre, que hagas bajar
hasta nosotros esa estrella,
que es la presencia del Espíritu, para que,
a su luz, podamos desvelar tu presencia
en la entrega generosa de Jesús.
Quien, en la noche en que iba a ser entregado….
……………………………………..

P. Desde el lenguaje velado de estos símbolos,
como desde la presencia secreta de Dios
en la vida de Jesús,
reconocemos y proclamamos que
aquí está Jesucristo,sacramento para nuestra fe,
nuestra esperanza y caridad.

L4. Como el pez, sumergido en la corriente del río,
pierde la noción del agua, nosotros,
envueltos en la voracidad del tiempo,
perdemos el rastro de la vida:
de la vida que nace y crece,
de la vida que se da en amor
y del amor que se da en vida,
de la vida que se recibe por amor
y del amor que se recibe en la vida.
Vivimos superficialmente cuando reservamos
para nosotros el tiempo,
olvidándonos de que somos
parte importante de la Gran Vida.

L5. No por disfrutar de muchos placeres
se alcanza mayor felicidad;
tampoco la acumulación de noticias
va a hacer de ti una persona mejor informada;
la realidad siempre es dialéctica
y precisa desvelar su sentido:
al otro extremo del amor
puede estar creciendo el odio.
Ver solamente la cara oscura de la realidad
te asemeja a quien, en el rosal, ve sólo las espinas
sin disfrutar de la belleza de la flor.

A. Haz, Señor, que nuestra denuncia
de los males de este mundo
no nos prive de reconocer la justicia y el amor,
la generosidad y la ternura
de quienes están haciendo de su vida
un don gratuito y una dádiva.
“Porque toda buena dádiva y todo don perfecto
desciende del Padre de las luces”.

L6. Nuestra enfermedad social es el egoísmo
que se impone descaradamente:
(es bueno todo lo que favorece mis intereses,
mi ambición, mi pasión por acumular…).
Pero también hay personas que,
con generosidad sin límite y servicio desinteresado,
dan luz y calor a este mundo nuestro
frío y calculador.

A. Oh Señor, siguiendo la donación
y entrega absoluta de Jesús,
vamos a poner el corazón en las personas
y en las cosas de nuestro ancho mundo.
Porque la generosidad atrae generosidad;
y lo que somos, eso provocamos en los demás.
Anima tú con tu gracia y tu presencia
esta nuestra decisión.
Te lo pedimos por Jesucristo, tu testigo
y nuestro hermano mayor. Amén.