ANAFORA DE LA PAZ

Evaristo Villar

Celebraciones
– Autor: Evaristo Villar –
 

ANÁFORA DE LA PAZ
TEXTOS PARA LAS LECTURAS ORACIÓN DE LA COMUNIDAD
Donde tú dices ley,
yo digo Dios.
Donde tú dices paz,
justicia y amor,
¡yo digo Dios!

Donde tú dices Dios,
¡yo digo libertad,
justicia
y amor
Pequeño Poema,
de Pedro Casaldáliga

Hermanos, aunque los ángeles bélicos/ negros/ tizones/ de hollín
se dispongan frente a frente/ viento contra viento,
tenemos motivos para celebrar la paz;
aunque tú/yo él/ nosotros seamos torres sin mando
y estemos en medio de los ángeles bélicos/ negros /tizones /de hollín,
tenemos motivos para construir la paz;
aunque sea de noche y el día no se vislumbre/ aunque sea
de noche y oscura,
tenemos razones para construir, celebrar y darnos la paz.

¿Acaso no notáis ahora/ ya, a pesar de tantos llares
y de tanta tizne descubierta, algo de paz entre nosotros?

Yo diría que está amaneciendo; que la madrugada empuja;
que la fuente de donde mana la aurora está brotando.
Yo diría que se está desplegando sobre nosotros/ sobre el
mundo una bandera del color de la esperanza;
que una luz levanta el vuelo; que un viento fresco penetra
nuestros huesos.

Yo diría que la noche se está apagando;
que las palabras venenosas se están muriendo;
que sobre los solares de la guerra está
brotando el olvido.

Sí, algo de Paz notamos ahora/ ya. Pero no basta. Hemos de
conseguir una Paz grande, una Paz verdadera para todos los
hombres/ para todo, una Paz cosmos/ cristal/ transparencia.
Hermanos, será cosa de asomarse a los balcones y empuñar
nuestro olivo/ nuestras rosas, abanderar corazones,
enarbolar alegrías y echar al vuelo todas las palomas
de todos los palomares.
Laurentino Heras

Yo he venido al mundo como luz,
para que ninguno que cree en mí quede a oscuras.
Al que escucha mis palabras y no las cumple
yo no le juzgo;
no he venido para juzgar el mundo, sino para salvarlo.
El que me rechaza y no acepta mis palabras
ya tiene quien le juzgue:
el mensaje que he comunicado,
ése lo juzgará el último día.
Os doy un mandamiento nuevo:
que os améis los unos a los otros;
igual que yo os he amado, amaos
también entre vosotros.
En esto conocerán que sois discípulos míos:
en que s améis unos a otros.
Paz es mi despedida; paz os deseo, la mía;
y no os la deseo como la desea el mundo.
Evangelio de San Juan 12, 13, 14

P. ¡Qué hermosos son sobre los montes
los pies del mensajero que anuncia la paz!

L1. Son como el monótono discurso de la lluvia
sobre la tierra matinalmente grávida;
como las manos del labrador
que esparcen con generosidad la semilla
y se cierran amorosamente sobre la espiga,
mientras las aspas del molino
sueñan con un viento joven
que absuelva de la angustia (del hambre)
hasta las profundidades del mar.

Todos. ¡Qué hermosos son sobre los monte
s
los pies del mensajero que anuncia la paz!

L2. Como la alegría del heroico pescador
que recoge las redes
sobre la caprichosa cresta de las olas.
Se aplacará la violencia desatada del huracán,
mientras la luna allana la escabrosa senda del pastor;crecerá la concordia
en el barrio sombrío de la ciudad,
sin más atenuante que el cansino
chorro de la fuente.

Todos. ¡Qué hermosos son sobre los montes
los pies del mensajero que anuncia la paz!

L3. El austero sermón de la montaña llegará conmoviendo
hasta el territorio más intimo del hombre;
ninguna mariposa morirá de tristeza,
ni la carta ilusionada del niño
quedará sin ventana de reyes;
y la lámpara de la ilusión seguirá encendida
hasta el alba
en una tierra ya felizmente recreada.

P. Reconocemos que son hermosos
sobre los montes
los pies del mensajero que anuncia la paz.
Por eso te dedicamos nuestro canto:

Todos. HOY, SEÑOR, TE DAMOS GRACIAS
POR LA VIDA, LA TIERRA Y EL SOL;
HOY, SEÑOR, QUEREMOS CANTAR
LAS GRANDEZAS DE TU AMOR.

L4. Nos acercamos, Señor, a esta mesa
que rebosa de la presencia de tu Espíritu,
de la promesa de un pan
que tú hiciste para todas las mesas
y de un vino, para encender todas las ilusiones
y esperanzas.

P. Recordamos que, en la Cena de despedida,
Jesús tomó el pan en sus manos, lo bendijo,
lo partió y lo repartió entre todos diciendo…
y lo mismo hizo con la copa de vino…

……………

Todos. Anunciamos tu muerte
y proclamamostu resurrección
como vindicación de las víctimas
y como victoria sobre la injusticia de tanta guerra.

P. Tú eres y seguirás siendo, Señor,
un Dios fracasado
mientras los hombres no salgamos
de nuestros enredos legales,
mientras sigamos siendo insolidarios
y agrandemos las divisiones
que llenan de violencia, de guerra
y de muerte nuestra tierra.
A ti, Señor, que eres el Dios de la vida,
del amor y de la paz te suplicamos:

L5. Porque la guerra es expresión de la violencia acumulada que llevamos dentro,
que fijamos en nuestras instituciones de convivencia,
que dejamos derramarse
en nuestras manifestaciones sociales…:

Todos. Donde hay odio, ponga yo amor;
donde hay ofensa, ponga yo perdón;
donde hay discordia, ponga yo unión;
donde hay error, ponga yo verdad.

L6. Porque la guerra es expresión de inseguridad
en el presente y de miedo al futuro;
de silencio en la comunicación
y de competitividad por el poder;
de intolerancia ideológica y de tristeza en la vida…
:

Todos. Donde hay duda ponga yo fe;
donde hay desesperación, ponga yo esperanza;
donde hay tinieblas, ponga yo luz;
donde hay tristeza, ponga yo alegría.

L7. Porque todos estamos convocados
a hacer de la tierra una casa común;
de las razas, etnias y pueblos,
una familia de hermanos y hermanas;
de las religiones, una humanidad única y plural,
sin fundamentalismos que nos dividen
ni exclusivismos que nos convierten en enemigos…:

Todos. Señor, haz de mi un instrumento de paz:
que no me empeñe tanto en ser consolado
como en consolar;
en ser comprendido como en comprender;
en ser amado como en amar.
Pues, dando, se recibe; olvidando, se encuentra; perdonando, se es perdonado;
muriendo, se resucita a la vida eterna.

L8. Porque, donde tú dices Dios, él dice paz;
donde tú dices Dios, él dice libertad, justicia y amor.
Y donde tú dices libertad, justicia, amor,
el que es “más íntimo que nuestra misma intimidad”,
dice, soy yo…:

Todos. Que la luz interior ilumine nuestro espíritu;
que la bondad del corazón sea
la fuerza de nuestra vida;
que el Espíritu de amor, no-violencia y paz
transforme nuestros corazones,
la cultura violenta de todos los pueblos
y resucite nuestros muertos.
Por los siglos de los siglos. Amén